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INTRODUCCIÓN
Se ha dicho con verdad que los Salmos -para el que les presta la debida atención a fin de llegar a entenderlos- son como un resumen de toda la Biblia: historia y profecía, doctrina y oración. En ellos habla el Espíritu Santo (“qui locutus est per prophetas”) por boca de hombres, principalmente de David, y nos enseña lo que hemos de pensar, sentir y querer con respecto a Dios, a los hombres y a la naturaleza, y también nos enseña la conducta que más nos conviene observar en cada circunstancia de la vida.
A veces el divino Espíritu nos habla aquí con palabras del Padre celestial; a veces con palabras del Hijo. En algunos Salmos, el mismo Padre habla con su Hijo, como nos lo revela San Pablo respecto del sublime Salmo 44 (Hebreos 1, 8; Salmo 44, 7 s.); en otros muchos, es Jesús quien se dirige al Padre. Sorprendemos así el arcano del Amor infinito que los une, o sea los secretos más íntimos de la Trinidad, y vemos anunciados, mil años antes de la Encarnación del Verbo, los misterios de Cristo doliente (Salmos 104-106); sus pruebas Salmos 101; 117, etcétera); el grandioso destino deparado a él, y a la Iglesia de Cristo (Salmos 64; 92-98), etc.
David es la abeja privilegiada que elabora -o mejor, por cuyo conducto el mismo Espíritu Santo elabora- la miel de la oración por excelencia, e “intercede por nosotros con gemidos inefables” (Romanos 8, 26). Todo lo que pasa por las manos del Real Profeta, dice un santo comentarista, se convierte en oración: afectos y sentimientos; penas y alegrías; aventuras, caídas, persecuciones y triunfos; recuerdos de su vida o la de su pueblo (con el cual el Profeta suele identificarse), y, principalmente, visiones sobre Cristo, “sus pasiones” y “posteriores glorias” (I Pedro 1, 10-12). Profecías de un alcance insospechado por el mismo David; detalles asombrosos de la Pasión, revelados diez siglos antes con la precisión de un Evangelista; esplendores del triunfo del Mesías y su Reino; la plenitud de la Iglesia, del Israel de Dios: todo, todo sale de su boca y de su arpa, no ya sólo al modo de un canto de ruiseñor que brota espontáneamente como en el caso del poeta clásico[1], sino a manera de olas de un alma que vuelca, que “derrama su oración”, según él mismo lo dice (Salmo 141, 3), en la presencia paternal de su Dios.
Por eso la belleza de los Salmos es toda pura, como la gracia de los niños, que son tanto más encantadores cuanto menos sospechan que lo son. Este espíritu de David es el que da el tono a sus cantos, de modo que la belleza fluye en ellos de suyo, como una irradiación inseparable de su perfección interior, no pudiendo imaginarse nada más opuesto a toda preocupación retórica, no obstante la estupenda riqueza de las imágenes y la armonía de su lenguaje, a veces onomatopéyico en el hebreo.
La oración del salmista es toda sobrenatural, Dios la produce, como miel divina, en el alma de David, para que con ella nos alimentemos (Proverbios 24, 13) y nos endulcemos (Salmo 118, 103) todos nosotros. Por eso la entrega el santo rey a los levitas, que él mismo ha establecido de nuevo para el servicio del Santuario (II Paralipómenos capítulos 22-26). Y no ya sólo como un Benito de Nursia que funda sus monjes y los orienta especialmente hacia el culto litúrgico: porque no es una orden particular, es todo el clero lo que David organiza en la elegida nación hebrea, y él mismo elabora la oración con que había de alabar a Dios toda la Iglesia de entonces… y hoy día la Iglesia de Cristo (cf. el magnífico elogio de David en Eclesiástico 47, principalmente los vv. 9.12.) ¿Y qué digo, elabora? ¿Acaso no es él mismo quien lo reza y lo canta, y hasta lo baila en la fiesta del Arca, inundado de gozo celestial, al punto de provocar la burla irónica de su esposa la reina? A la cual él contesta, en un gesto mil veces sublime: “¡Delante de Dios que me eligió… y me mandó ser el caudillo de su pueblo Israel, bailaré yo y me humillaré más de lo que he hecho, y seré despreciable a los ojos míos!...” (II Reyes 6, 21 s.).
¿Qué mucho, pues, que Dios, amando a David con una predilección que resulta excepcional aun dentro de la Escritura, pusiese en su corazón los más grandes efluvios de amor con que un alma puede y podrá jamás responder al amor divino? ¿Y cómo no había de ser ésta la oración insuperable, si es la que expresa los mismos efectos que un día habían de brotar del Corazón de Cristo?
Después de esta breve introducción general, pasemos a hacer algunas observaciones de orden técnico.
Se dividen los 150 Salmos del Salterio en cinco partes o libros: I Libro, Salmos 1-40; II Libro, 41-71; III Libro, 72-88; IV Libro, 89-105; V Libro, 106-150.
La mayoría de los Salmos llevan un epígrafe, que se refiere o al autor, o a las circunstancias de su composición o a la manera de cantarlos. Estos epígrafes, aunque no hayan formado parte del texto primitivo, son antiquísimos; de otro modo no los pondría la versión griega de los Setenta. Según éstos, el principal autor del Salterio es David; siendo atribuidos al Real Profeta, en el texto latino, 85 Salmos, 84 en el griego y 73 en el hebreo. A más de David, se mencionan como autores de Salmos: Moisés, Salomón, Asaf, Hemán, Etán y los hijos de Coré. No se puede, pues, razonablemente desestimar la tradición cristiana que llama al libro de los Salmos ‘Salterio de David’, porque los demás autores son tan pocos y la tradición a favor de los Salmos davídicos es tan antigua, que con toda razón se puede poner su nombre al frente de toda la colección. En particular no puede negarse el origen davídico de aquellos Salmos que se citan en los libros sagrados expresamente con el nombre de David; así, por ejemplo, los Salmos 2, 15, 17, 109 y otros (Decreto de la Pontificia Comisión Bíblica del 1° de mayo de 1910.)
Huelga decir que el género literario de los Salmos es el poético. La poesía hebrea no cuenta con rima ni con metro en el sentido riguroso de la palabra, aunque sí con cierto ritmo silábico; mas lo que constituye su esencia, es el ritmo de los pensamientos, repitiéndose el mismo pensamiento dos y hasta tres veces. Este sistema simétrico de frases se llama ‘paralelismo de los miembros’.
En cuanto al texto latino de los Salmos de la Vulgata (y el Breviario), hay que observar que esto no corresponde a la versión de San Jerónimo, sino a la traducción prejeronimiana tomada de los Setenta, y divulgada principalmente en las Galias, por lo cual recibió la denominación de ‘Psalterium Gallicanum’. El doctor Máximo sólo pudo revisar dicha versión en algunas partes, porque estaba introducida ya en la Liturgia.
Recientemente, las investigaciones abnegadas de los exégetas modernos (Zorell, Knabenbauer, Miller, Peters, Wutz, Vaccari), lograron completar la obra de San Jerónimo, reconstruyendo un texto que corresponde en lo más posible al texto hebreo original.
El 24 de marzo de 1945 autorizó el Papa Pío XII para el rezo del Oficio Divino una nueva versión latina hecha por los Profesores del Instituto Bíblico de Roma a base de los textos originales.
La presente traducción sigue los mismos principios que la edición del Pontificio Instituto Bíblico y la completa con una crítica del texto, fundada en las mejores ediciones modernas. De esta manera los “pasajes oscuros” del Salterio han dejado de existir casi todos, y clero y laicos pueden disfrutar de las delicias que nos brinda el genio inspirado del Rey Profeta.
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SALMO 1
1 ss. San Jerónimo llama a este primer Salmo “el prólogo del Espíritu Santo al Libro de los Salmos”, porque aquí se traza el camino que conduce a la felicidad. Esta consiste en seguir las normas que para ello nos da Dios (véase Salmo 24, 8 y nota). “No es quizá sin intención que el libro comienza por esta palabra: Dichoso. Todo el Salterio describirá la dicha verdadera e indicará los caminos que llevan a ella o de ella nos apartan” (Desnoyers). Véase todo el Salmo 118 y sus notas. Los que no siguen la enseñanza del Señor no participarán de esta felicidad. Entre los burladores: En II Pedro 3, 3, el Apóstol, como observa Pirot, señala a estos mismos burladores a propósito de la Parusía del Señor (cf. versículo 5) e indica como remedio contra ellos, lo mismo que aquí (versículo 2) el pensamiento siempre puesto en las palabras de los profetas y de los apóstoles (II Pedro 3, 2).
3. Véase Jeremías 17, 8. Nótese la maravillosa promesa que esto encierra. Al que se siente incapaz de dar fruto, Dios le asegura aquí la fecundidad con una sola condición: meditar constantemente las divinas palabras, las cuales son más dulces que la miel (Salmo 118, 103) y nos capacitan para toda obra buena (II Timoteo 3, 16-17).
4. Como paja: literalmente, la cascarilla ligera del trigo: “cuando el buen grano sea separado de la pajuela. Cf. Mateo 3, 12” (Fillion).
5. No estarán en pie: La Vulgata dice: no resurgirán. Los LXX: no resucitarán. Muchos intérpretes refieren esto al día del juicio, el gran día de Yahvé, “cuando se hará el discernimiento definitivo”. (Cf. Lucas 20, 35; 21, 36; I Corintios 15, 20 ss.; Sabiduría 5, 1; Efesios 6, 13; I Tesalonicenses 4, 15 ss. Ni los pecadores, etc. La separación de los buenos y de los malos no tendrá lugar hasta el juicio, “en que aparecerá incontestado el reinado de Cristo sobre la tierra” (Bover-Cantera). El P. Ubach observa que la reunión de los justos también podría “aludir a la asamblea de los tiempos mesiánicos (Isaías 65, 8, 25; Malaquías 3, 11, 12 17 y 18), en la cual los israelitas piadosos, reunidos en Palestina, habrán de servir a Yahvé fielmente y ser colmados de sus bendiciones”.
6. Camino: “En sentido metafórico se llama «camino» la conducta o modo de proceder de los hombres. Dios conoce o atiende con especial benevolencia y providencia al camino que siguen los justos, mientras la conducta de los impíos lleva a éstos a la ruina” (Prado).
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SALMO 2
1. El Salmo segundo, correlativo del Salmo 109, aunque carece de epígrafe, ha de atribuirse como éste al Rey Profeta, pues los apóstoles lo citan como vaticinio hecho “por boca de David” (Hechos 4, 25) y así lo ha declarado la Comisión Bíblica (Denz. 2133). Algunos autores se inclinaban a atribuirle una fecha más reciente que la de David, “a causa de la doctrina mesiánica y escatológica muy desarrollada y sumamente precisa”, lo cual lo hace más admirable aún. En efecto, “la aplicación de este Salmo al Mesías es atestiguada, para los judíos, por el Targum, y para los cristianos por Hechos 4, 25 s.; 13, 33; Hebreos 1, 5; 5, 5; Apocalipsis 2, 27; 19, 15 y la tradición unánime de los intérpretes. Contestar el valor de este Salmo mesiánico sería desconocer la muy antigua realidad histórica de la esperanza del Mesías entre los Hebreos” (Desnoyers). Véase también Romanos 1, 4; Apocalipsis 12, 5. Lagrange lo llama “el Salmo mesiánico por excelencia”.
2. Se confabulan los príncipes: Gramática concuerda este pasaje con Apocalipsis 19, 19. Su Ungido: palabra que dio lugar en hebreo a “Mesías” y en griego a “Cristo” (Jristós). Aquí se refiere, por encima de David -quien como rey era también ungido- al “Ungido” por excelencia, Cristo Jesús. Muchos siglos antes de Él se anuncia en este “oráculo profético” la conjuración que si bien se inició en Israel contra el cetro de Jesús (Lucas 1, 32 s.; Juan 19, 15 s.; cf. Mateo 11, 12; Lucas 16,16; 19, 14), ha continuado desde entonces contra sus discípulos, y sólo en los últimos tiempos -a los cuales parece estar próximo el mundo de hoy- asumirá plenamente la forma aquí anunciada: la apostasía de las naciones (cf. Salmo 47, 5; Ezequiel 38 y 39; Lucas 18, 8; II Tesalonicenses 2, 3 ss. y notas) en vísperas del triunfo definitivo del divino Rey que al final de este Salmo nos promete.
3. Denuncia el pensamiento de los enemigos que se estimulan unos a otros con palabras jactanciosas. Cf. Jeremías 2, 20; 5, 5; Mateo 12, 14; Lucas 19, 14; Juan 11, 47 ss. y especialmente Hechos de los Apóstoles 4, 25-28, donde se mencionan en el complot, junto a Israel, a Herodes (idumeo) y a Pilatos (romano).
5. “Los versículos 5 y 12 se refieren al gran día de Yahvé tan frecuentemente anunciado por los profetas y que revela en su lejano misterio la primera y la segunda venida del Mesías, más o menos confundidas en una misma perspectiva” (Calès). Cf. S 117, 24 y nota.
6. Llegado el momento previsto en el Salmo 109, 2 ss. el Padre lanzará este anuncio como un “quos ego” y en respuesta a la rebeldía de los poderosos. Cf. Salmo 44, 5 ss.; 71, 2, etc. Según los LXX y la Vulgata, que algunos prefieren aquí al Texto Masorético, es el mismo Mesías quien habla aquí -y quizá en todo el Salmo- anunciando a su favor el “decreto divino” que detallará en versículos 7-9.
7. El Mesías publica el Decreto paterno. Lagrange ve en él “la nueva era de inocencia y de justicia en Jerusalén, estándole sujetas las naciones extranjeras”. Calès ve lo mismo “implícitamente o por modo de consecuencia” (Cf. Hebreos 1, 5; 5, 5 y notas). Yo mismo te he engendrado en este día. Desmoyers observa que “las palabras en este día parecen mostrar que el Salmo se refiere, en sentido literal, a un rey que el día de su entronización es hecho hijo de Yahvé”. En realidad se trata del día que el Padre sienta a su diestra al Mesías resucitado (Salmo 109, 1 ss.; Romanos 1, 4; Hebreos 1, 5; 5, 5 y notas). Igual aplicación hace Le Hir, y Bossuet expresa que esta glorificación como Hijo de Dios otorgada al Mesías es “una consecuencia natural y como una extensión de su generación eterna” (sobre ésta véase Salmos 92, 2; 109, 3 y notas). Es en efecto lo que Jesús esperaba del Padre al pedirle para su Humanidad Santísima “aquella gloria que en Ti mismo tuve antes que el mundo existiese” (Juan 17, 5). Maravilloso don que Él quiere también para nosotros (Juan 17, 22 s.) y que disfruta ya como Sacerdote para siempre (Salmo 109, 4) esperando que el Padre le ponga sus enemigos a sus pies (versículo 9; cf. Marcos 16, 11; Hebreos 10, 13). Sobre esta filiación divina del Mesías glorificado, cf. Salmo 88, 27.
9. Cf. Salmos 44, 5-7; 109, 2 y 5 s.; Hebreos 1, 8; Apocalipsis 2, 27; 12, 5; 19, 5; Daniel (capítulo 2) expresa este mismo triunfo de Cristo sobre sus enemigos, en la célebre profecía de la estatua quebrantada por la piedra. Isaías (63, 1-6) lo expresa en la alegoría del lagar en el que la sangre de los enemigos salpica los vestidos del Vencedor, repetida en Apocalipsis 19, 5. Cf. también Isaías 11, 4 y 61, 1-2, citado por el mismo Jesús en Lucas 4, 18-19.
10 ss. Vuelve a hablar el profeta, o quizás continúa el Mesías según glosa San Agustín diciendo: “Aquí me veis levantado por Rey de Sión, y no os apesadumbre, oh reyes de la tierra. Esforzaos más bien por comprender lo que es vuestra realeza y elevad vuestras mentes. Es vuestra gloria el ser dóciles y sumisos a Aquel que os da el poder y la inteligencia y el saber perfecto.” Besad sus pies (así también Bover-Cantera, Nácar-Colunga, Vaccari, Ubach, Calès, Rembold y otros). Es un acto de sumisión y de temeroso respeto. “Este homenaje, usado antiguamente en Babilonia, en Asiria, en Egipto, lo es todavía en el cercano Oriente y en la corte pontificia” (Desnoyers). Otros vierten: Besad al Hijo (Crampon), o simplemente: rendidle homenaje.
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SALMO 3
1. Absalón, el hijo ingrato y rebelde, había colocado a David en las más penosas angustias de modo que el padre, abandonado, tuvo que huir de Jerusalén con un puñado de fieles (II Reyes capítulos 15-18).
4. Mi escudo: expresión grata a David (cf. Salmo 5, 13), el cual, perseguido y desamparado, cifra su única defensa en el Señor.
5. Santo monte: el monte Sión de Jerusalén (cf. Salmo 2, 6), donde David erigió un altar y un tabernáculo para el Arca de la Alianza, con un amor que Dios no había de olvidar (cf. Salmo 131; Ezequiel 45, 4 y notas; Hechos 15, 16). Su hijo Salomón levantó allí el primer templo.
9. El santo rey perdona a su pueblo infiel e implora sobre él la bendición de Dios. Hermoso ejemplo de amor a los enemigos en el Antiguo Testamento (cf. Salmo 7, 5 y nota; Mateo 5, 43 y nota).
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SALMO 4
1. Todo el Salmo respira paz y confianza en Dios, por ello la Iglesia lo incorporó al Oficio de Completas que se reza todas las noches. El título en la Vulgata dice “Para el fin” y según San Jerónimo: “al vencedor”.
3. Hijos de hombres: designa en el lenguaje de la Sagrada Escritura frecuentemente a los ricos y poderosos; aquí a los rebeldes que se han levantado contra David.
4. Al santo suyo: o sea su fiel David. Nótese el amor con que el santo rey atribuye todos los méritos a Dios. Figura en esto a Jesucristo, que todo lo atribuye al Padre (cf. Juan 3, 16; 6, 32; 11, 42; 12, 49-50; 14, 13; 15, 8; 17, 1 ss. etc.) Por eso se dice que Dios es admirable en sus santos (Salmo 67, 36), pues nada pudieron tener éstos que no lo recibieran de Él. Cf. Salmo 20, 6 y nota. “De donde clarísimamente se debe creer que aquella tan grande y admirable fe del ladrón a quien Dios llamó a la patria del paraíso (Lucas 23, 43), del centurión Cornelio, a quien fue enviado el ángel del Señor (Hechos 10, 3), y de Zaqueo, que llegó a recibir al mismo Señor (Lucas 19, 6), no fue don de la naturaleza sino de la generosidad de Dios” (Denz. 200).
5. Temblad: la Vulgata dice: Airaos, y San Pablo (Efesios 4, 26) coincide con ella al citar este versículo según los LXX. Este otro sentido queda también confirmado como bueno por la autoridad del Apóstol.
6. Sacrificios de justicia, o sea, de obediencia a la Ley de Dios, superiores a los de iniciativa propia (cf. Eclesiástico 35, 1; I Reyes 15, 22; Proverbios 21, 3; Oseas 6, 6, citado en Mateo 9, 13; Zacarías. capítulo 7, etc.).
7. Los bienes: es decir, los días felices. La luz de tu rostro: el favor, el auxilio de Dios.
8. En la Vulgata se refiere este versículo a los enemigos bien abastecidos; en el hebreo, a David mismo.
9. Apenas me acuesto: ¡Qué remedio contra los insomnios que suelen venir del corazón inquieto! Cf. Salmo 62, 7 y nota.
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SALMO 5
2. El santo rey dirige sus plegarias matutinas a Dios, pidiéndole que le libre de sus enemigos.
5 ss. La confianza del salmista se funda en el testimonio de su conciencia: Él no ha tratado mal a sus perseguidores, según lo vemos en Salmo 7, 5. Sobre el testimonio de la conciencia, véase Romanos 9, 1 y nota.
8. En tu santo Templo: Los israelitas piadosos asistían a los sacrificios cotidianos en el Templo o dirigían al menos su mirada hacia el Santuario. Cf. Salmo 27, 2; III Reyes 8, 22 y 30; Daniel 6, 11.
9. Empieza aquí la súplica propiamente dicha. A causa de mis enemigos: Antes de pedir justicia contra ellos, el santo rey pide para él la rectitud y confía en que Dios lo conduzca por camino llano frente al peligro que aquellos significan con su perfidia y mal ejemplo (versículo 10 y nota). Es lo que Jesús nos enseña a pedir en Lucas 11, 4, huyendo de la presunción que se cree bastante valiente para soportar la prueba. Cf. Juan 13, 37 s.
10. Cf. Salmo 9b, 7; 13, 3; Romanos 3, 13. Como el sepulcro abierto es una imagen de la muerte, así los pecados de los impíos son la ruina de otros, ante todo, los pecados de la lengua: mentiras, calumnias, intrigas. Véase el poder de las malas lenguas en Santiago 3.
11. El salmista pide la humillación de sus adversarios, no por sentimientos de venganza, sino porque son enemigos de Dios, como lo expresa al decir: su rebeldía es contra Ti. Cf. Salmo 108, 1 y nota.
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SALMO 6
1. Este Salmo es el primero de los siete que se llaman penitenciales, o sea, de arrepentimiento (Salmos 6, 31, 37, 50, 101, 129, 142), porque son la expresión más viva de un alma que se siente culpable y pide al Señor perdón, confiada en Su infalible misericordia. Cf. Salmo 50 y notas. En octava: quiere decir, según el Targum, para la cítara de ocho cuerdas.
2. Expresión usada igualmente al comienzo del Salmo 37. Muestra la conciencia humilde de quien, sabiéndose incapaz de afrontar un juicio justiciero, no pierde sin embargo la esperanza, porque conoce el Corazón de Dios. Y muestra también que este verdadero Padre no es insensible, como podría suponerlo una fría concepción abstracta del infinito (Salmo 147, 9 y nota), sino que, habiéndonos hecho a imagen Suya, nos mandó luego a Jesús, que es su vivo retrato (Hebreos 1, 3), para que, por los afectos del Hijo en su Humanidad Santísima, conociésemos palpablemente el Corazón amante y misericordioso de Dios Padre (cf. Lucas 15, 20; Juan 11, 33 ss.) que ya el Antiguo Testamento nos anticipaba. Cf. Salmo 102, 13 y nota.
4. ¿Hasta cuándo? es decir: ¿Hasta cuándo me afligirás? Es la apremiante súplica de la confianza filial.
6. En el sepulcro: Hebreo: en el scheol (cf. Job 19, 21 ss.). No se trata del infierno en el sentido cristiano, sino sólo del lugar de los muertos (Simón-Prado). Los israelitas no conocían las verdades del Evangelio que arrojan plena luz sobre el más allá, y consideraban que los difuntos aguardaban en ese lugar triste y oscuro en espera de la resurrección (cf. Job 19, 25). Sólo la secta herética de los saduceos negaba este dogma (Lucas 20, 27); Hechos 23, 8). Nótese la razón que alega el salmista: los muertos no pueden ya alabar a Dios, idea muy frecuente en los libros del Antiguo Testamento (Salmos 29, 10; 87, 12; 113, 17; 114, 9; 145, 4; Eclesiástico 17, 25 s.).
9 s. Con súbita explosión de júbilo repite por tres veces que Dios lo ha escuchado. Apartaos, etc. Jesús aplica estas mismas palabras en Lucas 13, 27, contra los que practican una vacua piedad exterior. Véase allí la nota.
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SALMO 7
1. Sobre el título cf. versículo 7 ss. y Salmo 8, 1 y nota. Cus, de la tribu de Benjamín: sin duda alguna cortesano por cuyas calumnias Saúl fue instigado a perseguir a David.
3. Literalmente dice: arrebate mi alma; hebraísmo que se refiere a la vida.
4. Eso: Alude al crimen del cual le acusan falsamente.
5. Precioso rasgo que retrata a David. ¿Cómo había de hacer mal a un amigo él, que aun a sus injustos perseguidores salvó, lejos de vengarse? (I Reyes 24, 11; 26, 9). Como figura de Jesús, el santo Rey de Israel nos da un anticipo del Evangelio. Cf. Mateo 5, 38 s.; Salmo 3, 9; Éxodo 21, 24.
6. La vigorosa imprecación del salmista delante de Dios muestra la rectitud de la conciencia sin repliegues. Es lo que expresa el refrán: “Al buen pagador no le duelen prendas.”
7 ss. El Salmo, que aquí cambia de ritmo, se hace profético y anuncia el juicio de las naciones (cf. Salmo 9 y notas). Allí, públicamente, quiere ser juzgado el salmista, sin temor, como corresponde al que ama. Es lo que enseña San Juan en I Juan 4, 17 s. Cf. Lucas 21, 25 y 26, en contraste con los trágicos acentos del Dies irae. Algunos piensan que el título “los lagares” del Salmo siguiente (cf. Salmo 8, 1 y nota) pertenece al presente Salmo y tiene el sentido de vendimia o juicio según Isaías 63, 3; Apocalipsis 14, 18-20; 19, 15.
8. En lo alto: Ubach vierte: en el aire. Cf. I Tesalonicenses 4, 16 s.
10. “Nuestras obras, sean de hecho o de palabra, son patentes a los hombres; pero la vida profunda del alma, con sus intenciones, sus deseos, sólo la conoce, examina y mide Aquel que sondea el corazón y las entrañas” (San Agustín). Cf. I Reyes 16, 7; I Paralipómenos 28, 9; II Paralipómenos 6, 30; Jeremías 11, 20.
11. Coincidiendo con lo que precede (versículo 7 ss. y nota), vemos aquí la confianza inquebrantable del que no mira al Señor como un acusador sino como su Salvador. Esta confianza, que es la característica del real profeta, debe llenar de esperanza a todos los cristianos, en particular a los perseguidos y necesitados. La peor de las herejías, dice Pío XI, es la de mirar a Dios como un juez implacable, en vez de mirarlo como un Padre misericordioso.
12. Fuerte y paciente: La Vulgata, los LXX y caracterizados autores mantienen estas palabras, sin las cuales no quedaría claro el concepto del salmista y aparecería el Señor como un Juez simplemente justo, es decir, despojado de su atributo esencial que es la misericordia, según la cual “su omnipotencia se manifiesta sobre todo en perdonar y compadecerse.” (Colecta del Domingo X de Pentecostés). Vemos aquí que Él es ciertamente terrible, pero sólo para los que no quieren aceptar la bondad que nos brinda su amor.
15. Profunda fórmula que parece un retrato psicológico de Judas y de todos los traidores. La corrupción se inicia en el entendimiento.
16 ss. El malvado no sacará provecho alguno de su iniquidad, teniendo ésta su castigo en sí misma. La injusticia que uno concibe contra su víctima engendra injusticia contra el autor. Cf. Isaías 59, 4; Proverbios 1, 18; Salmo 24, 8.
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SALMO 8
1. El título de “los lagares” podría indicar que este Salmo había de cantarse en la fiesta de la vendimia o Tabernáculos. Según otros: para el instrumento ghittit (cf. Salmo 80, 1 y nota) o según la melodía de los geteos, habitantes de Get, ciudad de Filistea. Para otros, los lagares tiene el sentido de vendimia y pertenece al Salmo anterior que anuncia el juicio de las naciones. Cf. Salmo 7, 7 ss. y nota. El tema del Salmo es la grandeza de Dios y la nada del hombre, no obstante lo cual, al crearlo, le dio la realeza sobre todas las cosas. En sentido más alto lo acomoda San Pablo a Cristo, Rey y cabeza de la humanidad redimida.
2. ¡Cuán admirable! ¡Y cuan poco lo admiramos no obstante que Él ha derrochado magnificencia en la naturaleza! (cf. Salmo 103 y notas). ¿Cuántos se detienen a admirar los crepúsculos o las estrellas, más sublimes que las montañas o el mar? Jesús fue profetizado con el nombre de “Admirable” (Isaías 9, 6). Y así se presentará, según San Pablo, cuando aparezca en gloria y majestad (II Tesalonicenses 1, 10) como en la Transfiguración (Marcos 9, 1). Cantan los cielos, etc.: Texto corrupto, diversamente entendido. Algunos vierten como la Vulgata: Rebasa los cielos; y así es como San Agustín lo aplica alegóricamente a la Ascensión del Señor.
3. De la boca, etc.: Véase Mateo 21, 16. “Como si dijese: la gloria y majestad del Creador ha sido estampada en el sol y en todos los seres creados, con letras tan claras y patentes, que hasta los niños y lactantes saben leerlas” (Ubach). Y esto “confunde a los enemigos de Dios”, mostrando que están cegados por la soberbia. Cf. Romanos 1, 18-20. En efecto sólo aquellos que conservan el espíritu de niño, la infancia espiritual, comprenden la sabiduría de la Creación: “Te glorifico, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has tenido encubiertas estas cosas a los sabios y prudentes y las has revelado a los pequeñuelos.” (Mateo 11, 25).
6 s. Alude, claro está, al hombre antes de la caída (cf. Sabiduría 2, 24 y nota). A Dios: Los LXX dicen: a los ángeles, y San Pablo, en Hebreos 2, 6 ss., refiere estas palabras a Jesucristo, tomando un poco en sentido temporal, para indicar la humillación del Verbo encarnado (Filipenses 2, 7), y mostrar luego que Dios ha coronado al Hijo de gloria y honor, constituyéndole Rey de todas las cosas (Salmo 9 a, 8 ss.; I Corintios 15, 25; Hebreos 2, 8).
8. Compárese Génesis. 1, 28 (sobre Adán) con Job 39, 9; y véase Génesis 3, 18; Sabiduría 10, 2 y nota. Grande fue, pues, la decadencia del hombre en el orden natural, y mayor aún en el sobrenatural, de modo que el II Concilio Arausicano (Denz. 174-200) declaró que el hombre “de suyo sólo tiene pecado y mentira”. Con todo, gracias a los méritos de Cristo nuestro Salvador, los que creen en Él con fe viva nacen de nuevo en el Bautismo (cf. Juan 1, 13; 3, 3; I Pedro 1, 23; Romanos 6. 4) y en sentido sobrenatural llegan a ser, mucho más que Adán, verdaderos hijos de Dios (I Juan 3, 1), partícipes de la naturaleza divina (II Pedro 1, 4) como el Nuevo Adán (I Corintios 15, 45) y llamados a su mismo amor (Juan 17, 23 y 26) y a su misma gloria (II Pedro 1, 2).
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SALMO 9A
1. El comienzo enigmático designa al parecer la melodía de este Salmo o la manera de cantarlo. San Jerónimo vierte: “por la muerte del Hijo” y explica la versión de la Vulgata (“por los ocultos arcanos del Hijo”) mediante la suposición de que los judíos no quisieron revelar al rey Ptolomeo la pasión y la resurrección del Mesías (Anecd. III, 3, 12). Otros consideran más bien que “se trata, según toda apariencia, del gran día mesiánico, o del gran juicio escatológico, o mejor dicho de ambos a un tiempo, entrevistos en una misma perspectiva. Yahvé será entonces el refugio de todos los oprimidos, de todos aquellos que lo hayan buscado, hayan confesado su Nombre y puesto en Él su confianza” (Calès). Cf, versículo 17 y nota.
4. Mis enemigos: Como en otros Salmos, David habla aquí en nombre de todo el pueblo escogido (cf. Salmo 101, 1 y nota). Se trata de las naciones gentiles, como se desprende de los versículos 6, 9 y 16 (cf. versículo 6 y nota). Espiritualmente puede aplicarse a los enemigos interiores, de los cuales el suplicante triunfará por el auxilio divino.
6 s. A los gentiles: Algunos han propuesto sustituir la lección “goyim” (gentiles) por “ghe’im” (orgullosos), pero tal cambio, además de no tener a su favor ningún testigo antiguo, estaría manifiestamente en contra del versículo 7 b (has destruido sus ciudades), y también de 9 b y 12 b. Para siempre: como en Salmo 9 b, 16. Cf. Apocalipsis 16, 19; 19. 19 ss. 8 ss. Cf. Salmo 71, 2. Véase los Salmos 95-98 y notas.
11 Nótese la importancia del conocimiento espiritual de Dios. El conocer su nombre, que es “Padre” (Gálatas 4, 6; Juan .17, 4, 26; Lucas 11, 2), es el fundamento de la esperanza (véase Salmo 90, 14). Otra gran enseñanza de este versículo es la seguridad, que siempre tenemos, de encontrar a Dios como al Padre admirable del hijo pródigo (Lucas 15, 20), con sólo buscarlo (cf. Sabiduría 6, 14-15; Juan 6, 37).
12. Cf. Salmos 64, 2; 67, 17; 73, 2; 75, 3; 131. 13 s.; Ezequiel 40, 2.
15. La hija de Sión: Personificación poética de Jerusalén. Cf. Salmo 101, 22.
17. Santo Tomás cita este pasaje aplicándolo a los últimos tiempos junto con Jeremías 23, 6 y Apocalipsis 11, 15, para señalar el triunfo final del Mesías, que está anunciado por los profetas.
20. ¡No prevalezca el hombre! Conclusión paralela a la del Salmo siguiente 9 b, 18. Es la condenación del humanismo por el cual el hombre quiere sustituir a Dios (cf. Salmo 11, 5; II Tesalonicenses 2, 4; Apocalipsis 18, 7, etc.). Aun los paganos condenaron esta tendencia en el mito de Prometeo.
21. El terror: Otra lección, según la Vulgata: Establece sobre ellos un legislador: el Mesías. Con este versículo termina el Salmo 9 según el texto hebreo, comenzando con el versículo 22 el Salmo 10. A partir de aquí hasta el Salmo 147, salvo algunas excepciones (cf. Salmos 113-115), la numeración de los Salmos según la versión griega de los LXX y la Vulgata queda retrasada en una unidad con respecto, a la usada en el texto hebreo. Ello no obstante, al disponerse la nueva versión del Salterio según los textos originales, en el Motu Proprio “In cotidianis precibus” del 24 de marzo de 1945, se conservó la misma numeración de la Vulgata, sin duda por no introducir dificultad, dado que las citas de los Salmos fueron hechas desde antiguo con arreglo a ella. A esto nos atenemos también nosotros, advirtiendo sin embargo, que en general las ediciones bíblicas según los textos originales llevan en los Salmos la numeración del hebreo, cosa que conviene saber a los estudiosos para evitar confusión.
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SALMO 10 (9)
3. Blasfema: literalmente en hebreo: bendice: “antífrasis” que entre los hebreos por eufemismo significa: maldice, blasfema (cf. Job 1, 5).
5. Menosprecia a todos sus adversarios: literalmente, resuella a bocanadas sobre ellos. Gesto característico de desprecio en Oriente (Manresa, Ubach, etc.). Sobre el misterio de la prosperidad de los impíos véase los Salmos 36, 48, 52, 73, etc.
11 ss. San Pablo cita este pasaje en Romanos 3, 14, junto con Salmo 13, 3. Retrato maestro de la diabólica confianza con que procede el impío prepotente. Es que “la codicia mundana produce la fortaleza de los gentiles”, dice San Próspero. Y añade, por contraste: “en cambio, la fortaleza de los cristianos es producida por el amor a Dios, el cual se derrama en nuestros corazones, no por arbitrio de la voluntad que tiene origen en nosotros, sino por el Espíritu Santo que se nos ha dado”. Cf. también Romanos 5, 5.
13. Vemos aquí las consecuencias de creer en un Dios pasivo. Si creemos que Dios se olvida de nosotros, también le olvidaremos a Él.
14. Si bien el salmista se entristece al ver que los impíos prosperan, su firme esperanza de que Dios será el amparo de los débiles se verá cumplida en los versículos 16 y siguientes.
16 ss. Para siglos eternos: «Y su reino no tendrá fin» (Credo de la Misa). Como en Salmo 9 a, 8 ss., el salmista, en lenguaje profético, da por llegada ya su gran esperanza. Cf. Lucas 1, 32; I Corintios 15, 25; Hebreos 2, 8; Salmo 71, 5 ss., etc.
18. Sobre esta formidable sentencia contra la gloria del hombre, véase Salmo 9 a, 20 s. y nota.
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SALMO 11 (10)
1 ss. El santo rey, angustiado por sus enemigos, tiene plena confianza en el Señor que no abandona al justo. Por eso rechaza el consejo de huir a los montes, que se le da en los versículos 1-3.
3. Como observa San Jerónimo, este texto se refiere al orden público. Quiere decir: si los principios fundamentales de la justicia y del orden se han derrumbado, no hay esperanza alguna para el justo. Lo único que puede es huir. Así suena la voz de los consejeros del rey, sin embargo éste tiene puesta su confianza en Dios. Véase los versículos 5-8, en los cuales se muestra cuán lejos está Dios de esa pasividad que los impíos le atribuyen en el Salmo 9 b, 13 (cf. nota).
5. El segundo hemistiquio dice en la Vulgata: “el que ama la maldad odia su alma”, concepto distinto del presente pero que hallamos también en la divina Escritura (cf. Salmo 7, 14; Tobías 12, 10).
6. Recuerda la suerte de las ciudades de Sodoma y Gomorra, que el Señor exterminó haciendo llover sobre ellas azufre y fuego (Génesis 19, 24). Véase Apocalipsis 14, 10 s. “El cáliz”: la suerte destinada por Dios (véase Salmo 15, 5; Isaías 51, 17; Jeremías 25, 15).
7. Los rectos verán su rostro: Es lo que el Señor dice en la sexta bienaventuranza (Mateo 5, 8; véase Salmo 23, 4).
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SALMO 12 (11)
1 s. Sobre el “título” cf. Salmo 6, 1. David compuso este Salmo probablemente en los días amargos de la persecución de Saúl (I Reyes capítulos 18 ss.), cuando veía bien que sólo en Dios podía poner su confianza. Así también este Salmo es para nosotros un precioso oasis de oración para huir de “este siglo malo” que nos rodea (Gálatas 1, 4). “Sálvame Tú”, pues vano sería esperar que algún hombre pudiese salvarme. Es el concepto que vemos en el grande anuncio mesiánico de Isaías 59, 16 ss., que San Pablo menciona en Romanos 11, 26.
5. ¿Para qué necesitamos de la Palabra de Dios si tenemos nuestra elocuencia? ¿Para qué queremos la revelación si tenemos nuestra ciencia? Véase I Corintios capítulos 1, 3, donde se nos muestra de una manera cruda lo que vale la palabra y la ciencia de los hombres.
6. “Piensan los ricos que sus riquezas les permiten despreciar al pobre, maltratarlo y, si es necesario, pueden comprar la benevolencia de los jueces… pero los maltratados tienen armas más poderosas: tienen el llanto y los sollozos, y las mismas injurias que, recogidas en silencio, dignamente, ablandan y obligan al cielo” (San Juan Crisóstomo). Aquel que lo desea: Es la doctrina de Salmos 32, 22; 80, 11 y del Magníficat (Lucas 1, 53). El que se cree suficiente y no necesita de Dios es abandonado a sus propios extravíos (Salmo 80, 13). Así obraron los fariseos que rechazaron a Cristo, porque Él había venido para los enfermos y pecadores (Mateo 9, 12; Marcos 2, 17; Lucas 5, 32), y ellos se creían sanos y justos (Lucas 18, 9). Cf. Juan 2, 24 y nota.
7. Es decir, las que preceden (versículo 6) no son deleznables palabras de hombre como las del versículo 5, sino promesa certísima de Dios, que cuida mucho su Palabra de honor, y no la mezcla con la escoria de la doblez, porque en Él no cabe vanidad ni egoísmo. Es éste uno de los conceptos que más nos llevan a preferir la divina Escritura sobre todo otro libro, como lo demuestra elocuentemente Helio en el prólogo de su obra “Palabras de Dios”. Cf. Salmo 17, 31; Proverbios 30, 5 y todo el Salmo 118, dedicado a explicarnos las maravillas que obra en nosotros la divina Palabra.
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SALMO 13 (12)
2. “Esconder el rostro” o hacerse sordo es como estar ausente. David sabe que su Dios lo está oyendo, y por eso, aun en medio de la extrema impotencia y aparente abandono en que se halla —probablemente durante la persecución de Saúl— no vacila en presentar al Señor, con audacia filial, su apremiante queja. Confortado luego su espíritu con esta oración, no tarda en abrirse a la gozosa perspectiva que vemos al final. Este Salmo nos estimula así, como muchos otros, a seguir ese mismo camino de oración que David, inspirado por el Espíritu Santo, enseña aquí con su palabra y con su ejemplo; y es un precioso exorcismo contra el pérfido enemigo que intenta sembrar en nuestra alma el desaliento y la tristeza, inevitables siempre que falta la esperanza.
5. Es frecuente en la Escritura este pensamiento contra la arrogancia de los enemigos soberbios (cf. Deuteronomio 32, 27; Salmo 24, 3). Espiritualmente puede aplicarse al peor enemigo, Satanás, cuya fuerza es mayor que la nuestra propia (Salmo 58, 4), pero es siempre vencida por la gracia (I Juan 2, 13-14), si tenemos fe (I Pedro 5, 8-9; Romanos 1, 17, etc.).
6. Otros vierten con la Vulgata: mas yo tengo mi confianza, etc., lo cual da también un matiz de hermosa piedad. La versión del nuevo Salterio Romano que aquí seguimos, parece más apremiante al presentar crudamente, al Dios que tanto ostenta sus atributos de misericordia y fidelidad, esa idea de que pueda quedar confundido quien ha confiado en Él. Bien sabe David que esto es imposible (cf. Salmos 24, 2; 30, 6; 124, 1, etc.), y por eso, como Jesús en Juan 11, 41 s., anticipa a Dios la gratitud y la alabanza, como si ya hubiese recibido lo que espera de ese “Padre de las misericordias y Dios de toda consolación” (II Corintios 1, 3). También la Virgen nos muestra su corazón “exultante” a causa de la salud que viene de Dios (Lucas 1, 47).
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SALMO 14 (13)
1. Este Salmo, que coincide casi por completo con el 52, nos ofrece un cuadro pavoroso, como para quitarnos toda ilusión sobre el mundo y los hombres, empezando por los que dominan en el propio Israel. Además nos ilustra sobre el tema siempre actual: la impiedad es fruto de la falta de rectitud (Hababuc 2, 4; Juan 3, 19-21), pues nadie puede ser justo si le falta la fe (Romanos 1, 17; Gálatas 3, 11; Hebreos 10, 38 y notas), ni justificarse sino por ella (Romanos 3, 24-31). Insensato, o necio, es en el lenguaje bíblico el impío que no piensa en la Providencia de Dios ni en la sanción del pecado, porque nunca se concentra en sí mismo y vive siempre ‘extravertido’, mareado por la fascinación de lo. fugaz (cf. Sabiduría 4, 12 y nota). De ahí proviene, según nos enseña el profeta Jeremías, la desolación de la tierra (Jeremías 12, 11).
2. Notemos que ya no se trata aquí de falta de moral sino de la falta de ese conocimiento de Dios que es el primer homenaje que le debemos. De esa falta procede todo lo demás (Romanos 10, 17; Gálatas 5, 6; Juan 17, 3, 17, etc.).
3. La Vulgata añade aquí todo un párrafo que proviene sin duda de Romanos 3, 13-17, donde San Pablo cita sucesivamente diversos pasajes de las Escrituras (Salmo 5, 10-11; Salmo 139, 4, etc.).
4. “Apostrofe a los sacerdotes responsables de la moralidad de Israel y por eso culpables de la general corrupción que en él señorea. Sobre análogos reproches hechos a los sacerdotes, véase Jeremías 2, 8; Oseas 4, 6 s.; Malaquías 1, 6; 2, 2” (Ubach). ¡Nunca entenderán! Tremenda sentencia, que concuerda con la que Jesús fulmina a los fariseos, escribas y doctores: “vosotros moriréis en vuestro pecado” (Juan 8, 21-24). El pecado es, ante todo, un error (cf. Isaías. 1, 3; I Juan 2, 3-4; 3, 6; 4, 8, etc.), pero es el error culpable del que rechaza la luz (Juan 3, 19 s.), pues ésta no se niega a nadie, y los pequeños la ven aún más que los sabios (Lucas 10, 21). Por eso Dios castigará, abandonándolos a la más ciega ofuscación, a los que han de ser víctimas del Anticristo “por no haber recibido el amor de la verdad" (II Tesalonicenses 2, 10 ss.). Devoran a mi pueblo: cf. versículo 6 y Salmo 52, 5 y nota. Recuérdese el lamento de Jesús sobre las ovejas abatidas y esquilmadas (Mateo 9, 36). Cf. Ezequiel 34 y notas. El versículo 7 muestra que el Salmo abarca también a los gentiles, enemigos exteriores del pueblo escogido, como observa Crampón.
5. Temblarán: La Vulgata habla de ese miedo sin causa, que es característico del alma que no está en paz con Dios. Cf. Levítico 26, 17 y 36; Proverbios 28, 1; Sabiduría 17, 10. Así lo observamos en Salmo 52, 6, donde se entrevé ya el cumplimiento de este anuncio contra los que esquilmaban al pueblo.
7. Algunos ven aquí una referencia al cautiverio babilónico, opinión que no cuadra bien con el origen davídico del Salmo. Se trata, como en Salmo 125, de “la salvación más completa y más definitiva, predicha por los profetas: la liberación y el reino mesiánico, que transformarán de manera maravillosa el destino de Israel” (Calès).
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SALMO 15 (14)
1. Tabernáculo: El santuario del Templo. Tu santo monte: El monte Sión de Jerusalén. Se refleja aquí, como en el Salmo 23, el gozo que David experimentara con motivo del traslado del Arca de la Alianza desde la casa de Obededom al monte santo de Jerusalén (II Reyes 6, 12 ss.). “Guárdese este Salmo, dice San Hilario, en el seno; escríbase en el corazón, imprímase en la memoria, y de día y de noche cave el pensamiento en este tesoro de riquezas condensadas, para que poseída esa opulencia en los días de nuestra peregrinación terrenal y mientras vivimos en el seno de la Iglesia, lleguemos al descanso de la gloria del Cuerpo de Cristo.” Cf. la síntesis de Santiago 1, 27.
2. La rectitud del corazón; ¡he ahí todo! Es lo único que el Señor nos pide, pues todo lo demás lo da Él (Mateo 5, 8; Juan 1, 47; Santiago 4, 8; Salmo 10, 8 y nota.
4. No estimar al inicuo, aunque sea poderoso, es una gran señal de rectitud y de ese difícil desprecio del mundo que Jesús nos enseña tantísimas veces de un modo especial, cuando nos dice “lo altamente estimado entre los hombres es despreciable a los ojos de Dios" (Lucas 16, 15). Véase en el Salmo 100 el criterio que David, como rey, observaba a este respecto.
5. Según la Ley de Moisés estaba prohibido tomar intereses del capital prestado (Éxodo 22, 24; Levítico 25, 36 s.; cf. Nehemías 5, 11).
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SALMO 16 (15)
1. Himno es la probable traducción de la voz hebrea Miktam, cuyo sentido es oscuro y admite, también la versión “inscripción” (cf. Salmo 56, 1). Los rabinos solían llamar a esta plegaria “Salmo de oro”, por lo acabado y sublime de su inspiración. Su carácter mesiánico se deduce de muchos términos que no pueden aplicarse a David ni a otros, sino solamente a Jesús. Esta es la interpretación unánime de los Santos Padres y de los apóstoles mismos (Hechos 2, 25 ss.; 13, 35 ss.). De no haber admitido los judíos la interpretación mesiánica de este Salmo, carecería de sentido esa argumentación de los apóstoles. Presérvame, pues me refugio en Ti: Vemos aquí anticipada la doctrina de Jesús: “que te sea hecho según tu fe”. La confianza con que esperamos es la medida de lo que recibimos. El que nada espera, nada recibe (cf. Salmos 16, 7; 17, 31; 32, 22).
2. Es decir: Dios es para nosotros el único bien verdadero (cf. Salmo 72, 25; Romanos 16, 27 y nota). El sentido absoluto con que se expresa esta verdad ayuda a entender los versículos que siguen. La Vulgata también expresa aquí una hermosa verdad: “Tú eres mi Dios porque no necesitas de mis bienes” (cf. Salmos 49, 7-13; 39, 7; Isaías 1, 11). San Pablo lo confirma elocuentemente en Hechos 17, 25.
3 s. Pasaje estropeado en el texto. Esta interpretación, que es la de Lagrange, Gunkel, Ubach, etc., tiene, como dice este último, “la ventaja de dar un sentido satisfactorio a toda la estrofa y presentar el versículo 3 como una contraposición muy relevante de los sentimientos que el salmista ha expresado en el versículo 2”. En esta expresión irónica y despectiva habría quizá una alusión a los ídolos cananeos o fenicios y a las libaciones de sangre humana. Cf. Isaías 57, 1 ss.
5 s. El salmista, que como refugiado se encuentra en un país pagano, recuerda la noble herencia que le cupo en suerte: el país prometido, la verdadera religión, el culto del Altísimo. La felicidad que siente el santo profeta al acordarse de este privilegio debe estimularnos a amar y cultivar como la más preciosa herencia nuestra fe de cristianos, que hoy comporta, para el creyente verdadero, promesas aún más altas que las de Israel (cf. Efesios 1, 1 ss.; Hechos 28, 23 ss. y nota), aunque sabemos que el nombre de “cristiano” será objeto de la burla y odio del mundo (Hechos 11, 26; I Pedro 4, 16 y notas).
7. Es la alabanza y gratitud a Dios por el don de penetrar las cosas espirituales, que el hombre simplemente intelectual no posee (I Corintios 2, 14 s.; 12, 2 y notas); don que sólo se da a los pequeños (Lucas 10, 21) y que lleva al alma recta a la sabiduría, con la cual nos llegan todos los bienes (Sabiduría 7, 11).
8. Empieza aquí la importante cita dogmática que San Pedro hace de este pasaje como profecía en Hechos 2, 25-28 (cf. nota). Considerado desde otro punto de vista, para la vida espiritual, este constante cultivo de la presencia de Dios, es, según San Buenaventura, la más preciosa espiritualidad, pues a cada instante aumenta en nosotros las virtudes teologales, por nuevas luces del Espíritu Santo, y equivale a la oración constante de que nos habla San Pablo (I Tesalonicenses 5, .17); pues este divino Espíritu ora en nosotros con gemidos inefables (Romanos 8, 26) y derrama en nuestros corazones la caridad de Dios (Romanos 5, 5). Esa presencia delante del Padre ha de ser filial, es decir, eminentemente confiada, teniendo en cuenta que Él nos mira con infinito amor y bondad (cf. Salmo 102, 13), y se traslada Él mismo a nuestra alma juntamente con Jesús (cf. I Juan 3, 1; Juan 14, 23, etc.).
9. Descansará segura: En la esperanza de la resurrección (San Agustín).
10. Alma: Significa vida, todo el hombre. Aquí se muestra a todas luces el carácter mesiánico de este Salmo. David no habla por su propia persona, sino en representación de Jesucristo, quien predice su Resurrección (véase Hechos 2, 25 ss. y 13, 34 ss.).
11. Las delicias de tu diestra: Aquí no se trata ya sólo de la unión espiritual con el Esposo, que el Cantar presenta como el abrazo de su diestra (Cantar de los cantares 2, 2; 8, 3 y notas); en sentido mesiánico alude a la Humanidad santísima del mismo Cristo sentado para siempre a la diestra del Padre y recibiendo la misma gloria que eternamente tuvo el Verbo en el seno de la divina Trinidad (cf. Juan 14, 10 ss.; 16, 16 y 28; 17, 21 ss.). Allí está Él desde su Ascensión hasta que venga para hacer nuestro cuerpo semejante al suyo (Hechos 3, 20 s.; Filipenses 3, 20 s.). Y entretanto sólo piensa en rogar por nosotros (Juan 14, 16; Romanos 8, 34; Hebreos 7, 25), pues la gloria que Él ansia dar al Padre consiste en obtener para nosotros el sumo bien (Juan 17, 2 y nota).
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SALMO 17 (16)
1. David es perseguido por implacables enemigos, entre los cuales descuella uno por su ferocidad, probablemente Saúl. De ser así, este Salmo fue compuesto tal vez en la situación peligrosa que se pinta en I Reyes 23, 25 ss. Es una oración ideal para los que sufren persecución a causa de la fe (cf. Mateo 5, 10; Juan 16, 1-4). “Que no brota de labios hipócritas”: Aquí lo vemos todo entero a David, con esa alma desnuda, tan amada de Dios. Nada tiene él que invocar de propio, pues bien sabe que “ningún viviente es justo delante de Dios” (Salmo 142, 2), pero una sola cosa puede alegar y es que no está ocultando al Señor la verdad, esa verdad de su propia miseria. ¿No es acaso esa sinceridad lo que mueve a Dios a justificarnos, como lo vemos en el Miserere? Cf. Salmo 50, 8 y nota.
2. Que seas Tú quien me juzgue y no otro, porque sólo Tú eres sabio, y además eres misericordioso. Tales sentimientos, que el Espíritu Santo puso en el exquisito corazón de David y que fácilmente podemos hacer nuestros al rezar este Salmo, nos llenan de consuelo y dan al Señor grandísima gloria, porque son un supremo acto de fe, de amor y de esperanza.
4. Es la oración del predicador y del apóstol que busca, antes que la sabiduría humana, la Palabra de Dios y todo lo afronta por ella (cf. Salmo 39, 10 ss.; I Pedro 4, 11; Romanos 3, 19, etc.). El ansia de los apóstoles era anunciar la Palabra con toda libertad, es decir a pesar de las amenazas contrarias (Hechos 4, 29 y 31; 9, 27: 14. 3; 18, 26; Filipenses 1, 14; Efesios 6, 19; Col. 4, 3), “para que la Palabra de Dios corra y sea glorificada” (II Tesalonicenses 3, 1). Véase la norma de Jesús en Mateo 10, 27.
5. Si sus pasos no titubearon fue gracias a que escogió ese camino que está en las palabras de Dios. En Salmo 17, 37 vemos que sus pies no flaquearon porque Dios “le ensanchó la entrada”.
8. Como a la niña de tus ojos: ¡Qué audacia! ¿Quién se atrevería a decir eso a un rey? Sólo un hijo que se sabe amadísimo habla así. Es el lenguaje de la fe; por eso le dice resueltamente en el versículo 6: te invoco porque sé que Tú responderás. “¡Oh si el frecuentar esta oración nos hiciera crecer en la fe hasta llegar a esa certeza!” ¿Y acaso podríamos dudar de que así será si lo hacemos? No hay nada tan importante como creer que Dios es bueno y que nos ama. Y sin duda es también lo más difícil, pues pocos lo creen de veras.” Cf. Efesios 2, 4 y nota. Bajo la sombra de tus alas: Análoga expresión usa el Señor Jesús en Mateo 23. 27. “Dos alas tiene Dios: su misericordia y su verdad; con la misericordia mira a los pecadores: con la verdad a los justos” (San Buenaventura).
10. Elocuente definición del fariseo: cerrado para no entender y no tener que humillarse (Mateo 13, 15; Hechos 28, 27; Juan 3, 19).
11 s. En Juan 15, 20 Jesús nos previene que este espionaje que hicieron con Él lo harán igualmente con los que seamos sus discípulos. Cf. Marc. 3, 2; Lucas 6, 7; 14, 1; 20, 20. Cf. Lucas 12, 3 y nota.
13 s. La vehemencia de sentimientos del santo rey acumula aquí tantos conceptos que el pasaje ha quedado oscuro y con muchas variantes. Al final expresa la falaz prosperidad del impío, mientras el justo vive de su fe (Romanos 1, 17). En seguida vemos el triunfo de ésta en el versículo 15.
15. Con tu gloria: Con verte glorioso; otros traducen: “con tu semejanza” (cf. Filipenses. 3, 20 s.). Santo Tomás concluye su himno Pange Lingua pidiendo igualmente a Jesús: “que, viendo revelada tu faz, sea yo feliz al contemplar tu gloria” (cf. Juan 17, 24 y nota). Así David consiente en no ser feliz hasta ver el rostro del Salvador. Desprecia esos bienes que a veces son prodigados a los hombres mundanos que confían en este siglo enemigo de Dios (versículo 14), y es como si le dijera a Cristo: no son tus dones lo que yo deseo, eres Tú (cf. Salmo 26, 8). Como David, todos los que amamos a Jesús seremos saciados cuando aparezca en su gloria triunfante (cf. Apocalipsis 19, 11 ss.; 22, 12; I Tesalonicenses 4, 16-17; Marcos 9, 1). Según el Catecismo del Concilio de Trento, debemos anhelarlo como los Patriarcas suspiraban por la primera venida. Digámosle, pues, constantemente la oración con que termina toda la Biblia y que es como su coronamiento y su fruto: “¡Ven, oh Señor Jesús!” (Apocalipsis 22, 20 y nota; cf. Isaías 64, 1).
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SALMO 18 (17)
1. David entona esté grandioso Salmo al Dios de los ejércitos por la victoria obtenida sobre sus enemigos. Fue compuesto por el rey profeta probablemente poco antes de concluir su gloriosa vida. Véase el paralelo en II Reyes capítulo 22.
3. Mi roca: No es fácil apreciar, sin honda meditación, todo lo que significa para nosotros el poder decir esta palabra, tan reiterada en la Biblia. El que tiene conciencia de que no puede contar con su propia nada, ni menos con los demás, que también son la nada, comprenderá lo que es la dicha inmensa de tener una roca que es firme siempre y más acogedora que una madre. San Pablo parece citar este versículo según los LXX en Hebreos 2, 13, refiriéndose a la confianza del propio Cristo en el Padre celestial.
4. El celebrante de la Misa, después de consumir la Hostia y antes de hacerlo con el cáliz, exclama con el Salmo 115: “¿Qué daré al Señor por todo lo que Él me da?” Y más adelante pronuncia este versículo para mostrarnos que la oración que alaba la misericordia divina es el mejor homenaje que nuestra miseria puede rendir al Amor del Padre. Así lo enseña San Pablo en Hebreos 13, 15 y esto es lo que hace David en los Salmos. Cf. Salmos 12, 6; 49, 23; 68, 31 s., etc.
8 ss. En Salmo 96, 3 se muestra en forma semejante la Parusía de Cristo. Esta ira sublime con que Dios acude misericordiosamente en socorro de David, su amigo, nos muestra lo que será “la ira del Cordero” en el gran día del Señor, cuando Cristo venga con gloria a premiar a los que lo esperan y a confundir a los que no quieren ser sus amigos (cf. Apocalipsis 6, 16 s.; 19, 11 ss.; I Tesalonicenses 4, 16; II Timoteo 4, 8, etc.).
11. “Los querubines” son el trono del Señor y le sirven de carroza. Véase en Éxodo capítulo 25 su descripción y su posición en el Arca de la Alianza. Cf. Salmo 79, 2; Ezequiel 1, 4 ss.
14 Cf. II Pedro 3, 10 ss. “El trueno” significa la voz de Dios (Salmo 28, 3 ss.; Job 37, 2 ss.).
15. Saetas: El rayo (Salmo 76, 17).
17. Me arrebató: cf. versículo 8 ss. y nota. Las muchas aguas aparecen igualmente en Apocalipsis 17, 1 y su significado se explica en Apocalipsis 17, 15 como representativo de los pueblos gentiles. Véase Salmo 137, 7; 143, 7, donde se formula una súplica semejante.
20. Anchura: Seguridad que Dios presta a David, su amigo fiel. El segundo hemistiquio nos descubre expresamente cómo, si Dios nos hace misericordia, es a causa de su amor por nosotros, aunque ello nos parezca cosa increíble al pensar que merecemos todo lo contrario. Esta luz, que aparece en innumerables pasajes, es la llave por excelencia que nos abre el sentido de las Escrituras y los secretos pensamientos de Dios (Jeremías 29, 11; 31, 3; Isaías 55, 8; Salmo 32, 11; 102, 13; Efesios 2, 4; I Juan 4, 10 y 17, etc.).
21. David no se alaba a sí mismo sino que siempre lo atribuye todo a Dios que lo había preparado, como observa San Agustín. Por lo demás, no olvidemos que David es figura de Cristo, el único que puede hablar así de su propia justicia, pues todos los demás nos salvamos por misericordia gracias a los méritos de su redención. Cf. Juan 8, 29 y 46; II Concilio Arausicano Canon 22.
22 ss. Aquí vemos de donde viene la limpieza señalada en los versículos 21 y 25: de haber tomado por normas de vida no las iniciativas propias (como las de Salmo 11, 5), sino lo que enseña Dios con sus divinas Palabras (versículo 23). El versículo 24 confirma la desconfianza del salmista en sí mismo, consciente de la debilidad humana.
26 s. Es la doctrina del Padrenuestro (Mateo 6, 12-15). Vemos así claramente cómo no nos conviene obrar sólo según la humana equidad, para que Dios no nos trate según la justicia, sino guiarnos por la caridad, para que Él la tenga abundante con nosotros (cf. Mateo 7, 2; Lucas 6, 38; Mateo 18, 21-35, etc.). Y temblemos de aparecer dobles en su presencia.
28. Muchas profecías coincidentes con este pasaje anuncian que la salvación de Israel le vendrá cuando esté en el fondo de su abatimiento. Cf. Salmo 101, 21; Sofonías 3, 12 y notas. Este versículo forma el Ofertorio de la preciosa y poco conocida Misa votiva “contra paganos”, que, como la precedente “de la propagación de la fe”, está llena de riquezas bíblicas.
29. “Nuestra luz no nos viene de nosotros; Dios es la claridad que nos ilumina. Por nosotros mismos somos tinieblas; pero Dios esclarece esas tinieblas con los resplandores de su misericordia y de su amor” (San Agustín). Cf. Salmo 35, 10. Dios es la luz (I Juan 1, 5), y su iluminación nos viene por el Evangelio de su Enviado Jesucristo (Juan .1, 4; 8, 12; 12, 46; II Timoteo 1, 10). Las palabras “quien mantiene encendida” no figuran en II Reyes 22, 29. Ubach las suprime también aquí, como añadidas.
31. Delicioso elogio del divino Padre y de su Palabra. Cf. Salmos 11, 7; 118, 140; II Timoteo 1, 8. Estos y muchos otros textos nos hacen comprender la falacia de los que impíamente tildan de escandalosa la Sagrada Escritura porque se expresa con la claridad propia de la Verdad absoluta, sin los rodeos literarios de los hombres. Estos han llegado a decir que “las palabras sirven a cada uno para ocultar lo que piensa” en tanto que Dios, en sus Palabras, nos muestra las más íntimas verdades de nuestro interior (Hebreos 4, 2) y hasta nos descubre, como lo reveló Jesús, los arcanos mismos de la Trinidad (Juan 15, 15). Cf. I Corintios 2, 10.
32. Confirma lo observado en el versículo 3 y nota.
34. Sobre las cumbres: Durante la persecución de Saúl, David pasó varios años entre montañas y cuevas (I Reyes capítulos 22-26).
37. Cf. Salmo 16, 5 y nota.
40 ss. Notemos la perfecta simplicidad de niño con que se expresa David. Es como si dijera: soy el primer asombrado de verme fuerte, pues todo es puesto por Ti, oh Señor, sobre mi nada. Así también habló María Santísima en Lucas 1, 48. Todo lo que sigue de este Salmo pone de relieve el estupendo triunfo de esa humildad de David.
44. Cabeza de las naciones: David extendió su dominio sobre pueblos ajenos basta las orillas del Éufrates. Pero también encierran estas palabras un sentido profético siendo el reino de David figura del reinado de Cristo (San Atanasio y San Agustín). Cf. Salmo 71.
45 s. El salmista desarrolla el pensamiento del versículo 44. De todas las partes vienen pueblos para someterse al rey victorioso.
50. San Pablo (Romanos 15, 9 ss.) cita este pasaje junto con Salmo 116, 1 y con Isaías 11, 10 donde se anuncia que de la raíz de Jesé o Isaí (el padre de David) saldrá el que ha de regir a las naciones gentiles, las cuales esperan en Él.
51. Y su linaje por toda la eternidad: Confirmase aquí la trascendencia mesiánica del versículo anterior. Cf. Salmo 88, 25 ss.; Eclesiástico 47, 13; Lucas 1, 55. Al escribir esto, David pensaba sin duda que iba a cumplirse inmediatamente en su familia, ignorando aún que la promesa, extendida a Salomón con carácter condicional (cf. Salmo 88, 31 ss.; II Reyes 7, 12-17), quedaría demorada por culpa de éste y de sus descendientes (cf. III Reyes 11, 31 ss.), hasta los tiempos mesiánicos. Cf. Salmo 95, 10 ss. y notas.
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SALMO 19 (18)
1. Este Salmo se compone de dos partes distintas en estilo, ritmo y materia, cantando el poeta inspirado, en la primera (versículos 2-7), la gloria del Señor tal cual se manifiesta en la naturaleza, mientras en la segunda parte ensalza la santa Ley y las doctrinas por Dios reveladas.
2. Los cielos atestiguan: como una prueba viviente para todo el que no quiera cegarse. Deduzcamos de aquí una gran enseñanza que San Pablo confirma: el que no reconoce en la naturaleza la realidad de Dios “es inexcusable” (Romanos 1, 20). Vano será entonces darle argumentos filosóficos si no se rinde a las Palabras reveladas, que son fuerza divina (Romanos 1, 16) y que dan la evidencia interior de la verdad (Juan 4, 42) a todo el que quiera verla con rectitud (Juan 7, 17). El que no es recto no quiere ver la verdad (Juan 3, 19) y entonces es inútil predicarle, pues no entendería (Sabiduría 1, 3-5; Mateo 5, 8; 11, 25). Así se explica que Jesús, cuya consigna por excelencia fue la de predicar el Evangelio (Marcos 16, 15), nos diga sin embargo que dar perlas a los cerdos es inútil y también peligroso (Mateo 7, 6). Dios se resiste a los soberbios (Santiago 4, 6) y es porque, como hemos visto, los soberbios le resisten a Él. ¿No es sorprendente que de las cuatro tierras de la parábola del Sembrador (Mateo 13, 1 ss.) una sola dé fruto? Por eso, en este siglo perverso, hemos de callar a veces “aún lo bueno” (Salmo 38, 3). Cf. Salmos 118, 16; 119, 5 ss. y notas. Predica, aunque sin palabras (versículo 4), pues trasmite en la sucesión de los días y de las noches (versículo 3) el testimonio con que las creaturas, por el solo hecho de existir, confiesan al Creador y lo alaban como diciéndole con el Salmo 8: “¡Oh Yahvé, Señor nuestro, cuan admirable es tu Nombre en toda la tierra!” Cf. Salmo 103 y notas. Hasta la noche, por oscura que sea, repite, en el misterioso lenguaje de su silencio, el mensaje que todas las cosas creadas se trasmiten unas a otras.
4. Es decir que, como lo expresa San Pablo (Romanos 1, 18-20), nadie puede excusarse de no entender ese mensaje de las creaturas pues aunque no tenga el valor de las palabras expresas de la divina Escritura (versículo 8 ss.), donde la Revelación nos descubre los secretos del orden sobrenatural (cf. Salmo 17, 31 y nota), está empero lejos de ser inaccesible, ya que lo percibimos en todas partes (versículo 5). San Pablo nos enseña también (I Corintios 14, 10) que todas las cosas tienen voz. Y en Romanos 10, 18 cita el versículo 5, aplicándolo por analogía a la predicación de los apóstoles.
7. Así anuncia Jesús su Parusía, que se realizará con la rapidez del relámpago (Mateo 24, 27). Admiremos este don del sol, tan magníficamente descrito. La costumbre de verlo cada día nos hace olvidar sus incalculables beneficios, como que es imagen de nuestro Padre celestial (véase la introducción al Libro de la Sabiduría). Agradezcámoslo como nos lo enseña el Eclesiástico 42, 15-16; 43, 2-5.
8 ss. Comienza aquí el elogio de la Palabra divina. Cf. Salmo 118, en el que se describe su pre excelencia de manera maravillosa. Ley, testimonios, enseñanzas, juicios, etc., son allí otros tantos términos para indicar la Palabra de Dios; cada uno de ellos refleja un nuevo aspecto de la divina Revelación, que la piedad del salmista, divinamente inspirado, nos descubre y ofrece a nuestro deleite y provecho. Hace sabio al hombre sencillo: Es decir, que el recto de corazón, aunque sea ignorante, tiene la verdadera capacidad espiritual y luces de oración para entender los pensamientos de Dios y nutrirse de ellos. Es éste un concepto que la Escritura se complace en repetir de mil maneras (cf. Salmo 118, 130; Proverbios 1, 4; Sabiduría. 10, 21; Lucas 10, 21; I Corintios 3, 18 y notas) y que San Pablo aplica al decir que Dios no está lejos de ninguno, como que en Él vivimos y nos movemos y somos (Hechos 17, 27 s.).
10. El temor: Es decir, como observa Páramo, la Ley o Palabra de Dios, en cuanto engendra en el hombre la reverencia. Ésa palabra de Dios permanece para siempre: Así también lo dice explícitamente San Pedro (I Pedro 1, 23 y 25). De modo que el lenguaje que se habla en el cielo es el que tenemos a nuestro alcance en las divinas Escrituras (Salmo 118, 89), por donde se comprende que el amor a la Palabra, “Evangelio eterno” (Apocalipsis 14, 6), sea señal de elección.
11. Codiciables: Cf. Salmo 118, 14, 72, 127 y 162; Proverbios 3, 13-15; 8, 10 y 19; Sabiduría. 7, 8-11; Job 28, 12-19. Sabrosos: Cf. Salmo 118, 103; Proverbios 16, 24; Ezequiel. 3, 3; Eclesiástico 24, 27.
14. Nótese que esta soberbia se presenta aquí como vinculada al menosprecio de la Palabra (cf. Salmo 1, 5). No se trata ya de blasfemia expresa, sino de la prescindencia indiferente, y en verdad “no hay mayor desprecio que el no hacer aprecio”. El que de tal soberbia se libra quedará fácilmente exento del pecado, pues será obediente a la fe (II Corintios 10, 5), la cual obra por la caridad (Gálatas 5, 6), que es la plenitud de la Ley (Romanos 13, 10).
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SALMO 20 (19)
1. Del versículo 8 se deduce que David compuso este Salmo cuando salió para combatir a los ammonitas y sirios que tenían hasta cuarenta mil caballos y setecientos carros de guerra (II Reyes 10, 15 ss.; I Paralipómenos 22, 16 ss.). Algunos Padres lo consideran como Salmo mesiánico, lo cual parece confirmarse por su relación con el Salmo siguiente que es, según todos admiten, una prolongación del presente (cf. Salmo 20, 1 y nota), y por la atribución de ambos al mismo rey David.
2 ss. Son votos del pueblo que implora a Dios por la salud del rey en la batalla. El Nombre de Dios es su ser y su potencia infinita: “Su nombre es su ser y su ser es su nombre” (Cáceres). Jesús nos reveló que ese nombre por excelencia es el de “Padre”. Así hemos de llamarlo cuando hablemos de Él y cuando conversemos con Él en la oración (Mateo 6, 9; Juan 17, 6; 20, 17; Gálatas 4, 6, etc.). Tal es el Nombre que “nos defenderá”, como aquí se dice. ¿A quién llama el hijo para que lo defienda sino a su padre?
8 s. Los pueblos confían, hoy como ayer, en los armamentos bélicos (cf. Isaías 31, 1 ss.; II Paralipómenos 32, 7); Israel, empero, pone toda su confianza en el Señor (Deuteronomio 17, 16; 20, 1; Isaías. 36, 9; Salmo 12, 16 s.). El resultado opuesto de ambos sistemas se ve en el versículo 9, que, según algunos, podría referirse a la victoria de II Reyes 10, 18, y según otros, alude a un triunfo más definitivo de Israel, como en Salmo 46, 4; 47, 5 ss., etc.
10. De aquí el título de la canción nacional británica: God save the king.
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SALMO 21 (20)
1. Según la opinión común, este Salmo es como la segunda parte del precedente, formando la acción de gracias después de la derrota de los enemigos. En sentido típico debemos ver en este rey a Cristo, según resulta de los versículos 5, 7, y 10.
5. Solamente en Cristo “el Hijo de David” ha de cumplirse la promesa de la duración eterna de la casa de David. El mismo sentido se desprende del versículo 7.
6. Este versículo como los anteriores, contiene el verdadero elogio de todo hombre santo, amigo de Dios. Por eso son muy usados en la Liturgia. En ellos no se alaban virtudes propias de hombre alguno, sino las maravillas que la gracia obra en nosotros (Eclesiástico 15, 5 y nota). Lo vemos en el lenguaje del Ángel con María, reina de todos los santos, al felicitarla por haber hallado gracia ante Dios (Lucas 1, 28 y nota). A Él hemos de admirar en sus santos (Salmo 67, 36 según la Vulgata), y por eso ellos se ocultaron a sí mismos para no robarle al Padre la gloria (Isaías 42, 8; 48, 11; I Timoteo 1, 17). No otra cosa hizo el mismo Jesús adorando constantemente al Padre, atribuyéndole todas las obras que Él hacía y repitiéndonos expresamente que Él no buscaba su gloria (Juan 8, 50) sino la del Padre que lo envió (Juan 7, 18).
7. Con el gozo de tu vista: Véase Salmo 16, 15 y nota.
10. Como en un horno encendido: Manifiesta el rápido exterminio de los enemigos en el gran día de la venganza que sucederá al de la misericordia, aun presente para nosotros (Isaías 61, 2; Malaquías 4, 1 ss.).
14. Fillion comenta este final diciendo: “Israel será colmado de felicidad al celebrar para siempre estas manifestaciones del divino Poder.”
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SALMO 22 (21)
1. El título por el pronto socorro parecería indicar el contenido del Salmo. Según otras variantes, suele decirse que estaba destinado para el sacrificio matutino o que el título es, como en otros Salmos, la indicación técnica del modo de cantarlo, según la tonada de “la cierva perseguida”. Sobre el carácter profético y mesiánico de esté Salmo no cabe duda alguna, ya que Jesús en persona pronunció desde la Cruz las palabras con que empieza (Mateo 27, 46; Marc. 15, 34) y los Evangelios ven cumplido en su Pasión el versículo 19 (Mateo 27, 35; Juan 19, 23-24). Es perfecta la consonancia de los sufrimientos descritos aquí con la historia de la Pasión del Redentor y el anuncio final de su triunfo. Compárese todavía el versículo 8 con Mateo 27, 29-43 y Marcos 15, 29-32; el versículo 9 con Mateo 27, 43; el versículo 16 con Juan 19, 28; el versículo 17 con Mateo 27, 31. San Agustín dice que “la Pasión de Cristo aparece luminosa como en un Evangelio en este Salmo que más parece una historia que un vaticinio”.
2 ss. El segundo hemistiquio es texto incierto. Preferimos conservar el de los LXX y de la Vulgata, que coincide con el sentido del versículo 7 según el cual el Mesías toma sobre sí nuestros pecados llamándolos Suyos.
3. Y no te cuidas de mí: así también Zorell. Según otros: Y no hay descanso para mí.
4 ss. Tú estás, etc.: Es decir, no es que estés ausente o no me oigas. Si no me atiendes como atiendes a los otros (versículo 5 s.) es porque yo no lo merezco.
7 ss. Este pasaje, paralelo de Isaías 53, 1-9, nos muestra el aspecto más hondo de los dolores de Jesús, el abismo infinito de la abyección que quiso tomar en favor nuestro. “Se hizo pecado”, según la voluntad del Padre (II Corintios 5, 21) y, al hacerlo, revistiéndose de nuestra inmundicia para que fuésemos partícipes de su santidad, mereció y afrontó el repudio de ese Padre que tenía en Él todas sus complacencias. Él mismo nos hizo saber que su Padre lo había abandonado, y aquí justifica ese abandono diciendo que así debe ser tratado Él a causa de sus pecados, que son los nuestros (cf. Salmo 68, 6; Ezequiel 4, 4 ss. y notas). Si meditamos esto, creeremos mejor en el amor con que somos amados y comprenderemos algo de la Pasión del alma de Cristo y de su sudor de sangre en Getsemaní, cuando vio que todo se perdería para aquellos que se empeñasen en rechazar su amistad. Porque si a tanto precio nos adquiere en la Cruz, es “para que le permitamos ser nuestro amigo”.
9. Cf. Mateo 27, 41-43.
12. ¿Puede haber una lección tan indeciblemente penetrante como esta actitud indefensa, de infantil debilidad, que Él nos muestra aquí delante del Padre? Cf. Salmo 68, 21 y nota.
13 s. “Los fuertes toros” y el león representan la ferocidad y saña de los enemigos, y de aquel populacho que el Viernes Santo, movido por los pontífices, bramó: ¡Crucifícale! ¡Crucifícale!
15 ss. Es la descripción viva de la Pasión del Salvador: sus fuerzas se agotan; son desarticulados todos sus huesos (Juan 19, 36), su vida se deshace como la cera y el corazón deja de latir. Son nuestros pecados los que lo impelieron a entregarse por nosotros a los verdugos: tal es el significado de la frase con que lo retrató el Bautista: el Cordero de Dios que lleva los pecados del mundo (Juan 1, 29; véase Levítico 16, 8). Pero consolémonos sabiendo que un día el Cordero triunfará también como León de Judá (cf. versículo 29 ss.; Apocalipsis 5, 5), y digámosle desde ahora, con la Liturgia: ¡Ven, oh Rey, ven, Señor Jesús! (Lucas 19, 38; Apocalipsis 22, 20).
17. Imagen tomada del Oriente, donde los perros y buitres comen los cadáveres de los animales no enterrados. Tan consumida está la vida del Señor que los perros ya lo rodean para lanzarse sobre su cadáver.
19. La coincidencia de esta profecía con la historia no puede ser más exacta. Véase Juan 19, 23 s.
20. A esto aludiría el título del Salmo: Por el pronto socorro.
22. Escúchame: Algunos vierten: me has escuchado. Terminaría así la súplica de Jesús con una certeza de triunfo que lo llevaría a formular en el versículo 23 la promesa que cumplirá apenas resucitado, enviando a Magdalena a encontrar a mis hermanos y anunciarles que Dios es “mi Padre y vuestro Padre, mi Dios y vuestro Dios” (Juan 20, 17).
23 ss. En esta segunda parte del Salmo, se describe el fruto de la Pasión (23-32): I. Él pueblo de Israel dará gracias a Dios y lo alabará por la redención concedida (23-27); II. Todas las naciones adorarán al verdadero Dios (28-30); III. El Mesías mismo vivirá y anunciará la gloria de Dios (31-32) (Salterio Romano). Los dos versículos siguientes contienen la alabanza anunciada en el 23. “Ya habéis oído, dice San Agustín, cuánto padeció y cuánto rogó... Escuchad ahora por qué padeció tanto: “Anunciaré tu Nombre a mis hermanos” (cf. Hebreos 2, 12). El mismo Jesús nos enseña esto en su Oración al Padre, diciendo que Él se sacrifica para que sus discípulos seamos verdaderamente santificados por la verdad del Evangelio (Juan 17, 17) y que ha consumado su obra dándonos a conocer al Padre (ibíd. versículo 4 y 6), porque en ese conocimiento consiste la vida eterna (ibíd. 3). Por lo cual dará a conocer más y más ese Nombre paternal de Dios, es decir, ese amor paterno con que nos mira, a fin de que, creyendo en ese amor, que es el Espíritu Santo, lo recibamos en toda su plenitud, (ibíd. 26) y lleguemos a ser uno con Jesús y con el Padre (ibíd. 11, 21, 22) “hasta consumarnos en la unidad” (ibíd. 24). Los que teméis a Yahvé: ¿Cómo temerle, siendo Él tan bueno? Es que no se trata del miedo servil sino del santo temor filial, que nace del amor y temblaría ante la idea de ofender o disgustar a un Padre que no vaciló en darnos su Hijo (véase Salmo 110, 10 y nota).
26. Mi alabanza: La ofrecida en el versículo 23. Nótese que es el Mesías quien habla.
27. Se hartarán: Alude a la Ley mosaica según la cual, en los sacrificios que se hacían en acción de gracias, el oferente distribuía una parte de la víctima a los pobres, celebrando con ellos un banquete.
28 ss. Como en Salmo 68, 11-37 y en Isaías 53, 10-12, después de anunciar claramente la Pasión que para redimirnos habría de padecer el Verbo hecho Hombre, se predicen aquí sus glorias posteriores. (I Pedro 1, 11), o sea su triunfo universal en la tierra con la conversión de Israel (Salmo 121, 4; Romanos 11, 25 ss.) y también de todas las naciones gentiles (Salmo 101, 16 s.), previa la derrota del Anticristo (Apocalipsis 19, 11 ss.), y el encierro de Satanás (Apocalipsis 20, 1-3) tal como pedimos cada día al fin de la Misa al rogar “por la libertad y exaltación” de la santa Iglesia y para que el Arcángel San Miguel reduzca al abismo “a Satanás y los otros espíritus malignos que andan por el mundo”. Esta es la época en que habrá, dice Santo Tomás, doble motivo de gozo, y que todas las creaturas esperan, según San Pablo, como en dolores de parto (Romanos 8, 19-22). Lejano parece tanto gozo en nuestros aciagos días, pero mayor es el motivo para esperarlo si puede servirnos de consuelo al presente: “No es Dios como el hombre para que mienta… ni mude... Habiendo hablado ¿no cumplirá su palabra? (Números 23, 19). No podrá, pues, impedirlo la tristeza de este siglo malo (Gálatas 1, 4) en que Cristo anunció persecución a sus discípulos (Juan 15, 18 ss.; 16, 1 ss.) y enseñó que la cizaña estará mezclada con el trigo (Mateo 13, 24 s.).
29. Cf. Salmos 2; 46; 71; 95-98; 109. etc.
30. No sólo los vivos sino también los muertos y las generaciones aún por nacer (versículo 31 s.) reconocerán y adorarán al verdadero Dios. Cf. I Pedro 3, 19 (Vaccari).
31. Cf. Salmo 44, 18 y nota.
32. Cf. Salmos 47, 14; 101, 19.
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SALMO 23 (22)
1. Dios cuida de Israel y lo provee en todas las necesidades como un pastor lo hace con sus ovejas. Véase Génesis 49, 24; Isaías 40, 11; Jeremías 23, 4; 31, 10; Ezequiel 34, 12 ss.; I Pedro 2, 25; 5, 4. Jesucristo se atribuye el mismo nombre y oficio de Pastor (Juan 10, 11 ss.). David invoca aquí a Dios como Pastor de su propia alma y nos trasmite así sentimientos de inefable consuelo y una esperanza que se extiende a todos los días de la vida (versículo 6; cf. Salmo 70) y también hasta los días sin fin.
4. Tu bastón y tu cayado: Aluden al oficio del pastor, que con ellos guía las ovejas y las defiende contra los lobos. Sólo es menester que reconozcamos, como los niños, nuestra incapacidad y la necesidad que tenemos de ser guiados y defendidos. Si el hijo se hace grande —dice Santa Teresa del Niño Jesús— y pretende valerse por sí mismo, el padre lo deja entregado a sus propios recursos. Por eso ella, consciente de que nada podemos por nosotros mismos, resolvió ser siempre como un párvulo delante del Padre celestial. Lo asombroso es que esto, que el mundo consideraría un acto de egoísmo poco honroso, sea precisamente lo que Jesús enseña como el sumo secreto para poseer el Reino y aun ser allí el más grande (Mateo 18, 1-4).
5. Es un Dios quien, por ser nuestro Padre, nos invita a un festín suntuoso, derramando sin tasa ricos perfumes de su gracia sobre las cabezas de los convidados y haciendo rebosar las copas de sus bendiciones.
6. Bondad y misericordia me seguirán: En esta doctrina y en la del Salmo 58, 11: “la misericordia de mi Dios se anticipará”, funda San Agustín su explicación sobre las maravillas de la gracia preveniente y subsecuente, diciendo: “La gracia de Dios previene al que no quiere, para que quiera; y, después que ha querido, lo sigue para que no deje de querer” (Scío). Véase Salmo 31, 8 y nota.
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SALMO 24 (23)
1. Sin duda destinado en Israel al uso litúrgico, este Salmo dialogado se rezaba el primer día de la semana. Es muy probable que David lo compusiera para el traslado del Arca al Tabernáculo de Sión (II Reyes 6) y que luego haya servido, como observa Podechard para acompañar la vuelta del Arca victoriosa (cf. II Reyes 11, 11) y toda otra traslación de la misma (cf. III Reyes 8, 1 ss.). Varios expositores le atribuyen carácter mesiánico, representando la entrada del Arca a Jesucristo triunfante (versículos 8-10). De Yahvé es la tierra: cf. Salmo 49, 12; Éxodo 9, 9; Deuteronomio 10, 14; Hechos 17, 24; I Corintios 10, 26. Dom Puniet observa que Cristo quebró la dominación de Satanás y la tierra entera le fue sometida para siempre, según la expresión de San Pablo en Hebreos 2, 5.
2. La Escritura señala más de una vez este alarde de poder que los antiguos admiraban en el Creador y del cual se gloría Él mismo. Cf. Salmos 103, 9; 135, 6; Génesis 1, 9; Job 38, 6, etc.
4. Las palabras Ni juró con doblez alteran el metro del verso hebreo. Muchos expositores las consideran como una glosa marginal y Rembold las suprime.
7 ss. Portones antiquísimos: Los de la antigua Jebús o Jerusalén- “Es un apostrofe, invitando a las puertas (de Sión) a romper sus lindes, a engrandecerse y sublimarse (para dejar paso al Arca). Y estas palabras suenan con acento de majestad y de triunfo indecible” (Calmet). Cf. Salmo 117, 19 y nota. Según algunos, la pregunta que aquí reiteran los Portones (versículos 8 y 10) y la respuesta que reciben, confirmaría el carácter mesiánico de todo el Salmo, en cuyo caso la pregunta y respuesta del versículo 3 s. también aludirían al Mesías, único digno de recibir el Reino (cf. Daniel 7, 13 s.; Mateo 25, 31; Lucas 1, 32; Apocalipsis 5, 3 ss.). Según otros, las condiciones del versículo 4 serían, como en el Salmo 14, para todo el que aspira a ser admitido en Su Reino. La solución depende tal vez de como se interprete el versículo 6, en el cual, como observa Fillion, generación tiene el sentido de raza (cf. Lucas 21, 32 y nota) y Jacob podría también estar en genitivo, significando “tal es la raza... de Jacob”. ¿Quizá la reiteración de la pregunta (versículos 8 y 10) aludiría a un doble triunfo: el del Mesías y el de “su Dios y Padre”, a quien Él, según I Corintios 15, 24 25, entregará un día el Reino? Cf. Salmo 109 y notas.
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SALMO 25 (24)
3. Ninguno que espera en Ti es confundido: Lo absoluto de esta afirmación hace que ella sea un enorme acto de fe (cf. Salmo 12, 5 y nota), siempre que estemos convencidos y no la digamos solamente con los labios, como por costumbre. No es cosa fácil creer de veras que Dios es bueno y nos ama. Pero esa cosa es precisamente lo único que se nos pide: cuando Pedro empezaba a dudar se hundía (Mateo 14, 30 s.; cf. Mateo 6, 30; 8, 26; 16, 8). De ahí que sea tan precioso el trato continuo con las divinas Escrituras, pues con la Palabra de Dios se alimenta y crece esa fe, según lo enseñan tantas veces San Pedro y San Pablo y según lo vemos aquí mismo en los versículos 4, 5. 8, 9, 12 y 14.
4 s. Muéstrame, etc.: (cf. Salmo 142, 8): He aquí el espíritu con que ha de estudiarse la Palabra de Dios: un deseo ambicioso de conocer los atractivos de su verdad y las ventajas de su salvación y una voluntad recta de saber lo que a Él le agrada, para poder complacerlo, pues en vano lo pretenderíamos si Él no nos lo enseña (cf. Sabiduría 9, 10 y nota y la oración del domingo XVIII después de Pentecostés). Jesús revela que quienquiera busque a Dios con ese espíritu, lo hallará. Véase Juan 7, 17 y nota.
6. Recuerda el salmista la historia del pueblo escogido. Desde antiguo tuvo Dios compasión de su pueblo, mostrándose como su Padre y protector en tiempos de los patriarcas en la salida de Egipto, en el desierto y en la conquista del país prometido (cf. Salmos 77 y 104-106).
7. San Agustín comenta este versículo (según la Vulgata), diciendo: “Perdóname, Señor, no sólo estos delitos de mi mocedad y de mis ignorancias antes de que te conociera, sino también aquellos en los cuales aún ahora, cuando vivo en la fe, caigo o por flaqueza o por las oscuridades que envuelven esta vida.”
8. Aquí vemos cómo los preceptos de Dios son ante todo instrucciones para nuestra felicidad, como de un buen padre para indicar el camino a su hijo que va de viaje, a fin de que no se extravíe. ¿Acaso perdería Dios algo con nuestros pecados? (Job 35, 6 ss.). Cf. Jeremías 8, 22; Salmos 80, 12-15; 102, 7; 142, 8; 118, 92; Gálatas 3, 19 ss.; 5, 18-23.
9. Amaestra a los dóciles (cf. la nota al versículo 4), y no a los otros, pues es inútil hablar a quien no desea aprender (cf. Juan 12, 39 s.). A ésos los entrega al extravío del propio corazón (Salmo 80, 13) y de la credulidad a los falsos profetas (II Tesalonicenses 2, 10). Por eso también a nosotros nos enseña Él a “no dar lo santo a los perros ni las perlas a los cerdos” (Mateo 7, 6).
10. Cf. Tobías 3, 2; Lucas 1, 50. Los que tal buscan ¿serán acaso muchos? Véase la tremenda respuesta del Salmo 13, 2-3.
13. Poseerá la tierra: “La tierra por excelencia, la rica región de Canaán, prometida por el Señor a Abrahán y a sus descendientes” (Fillion). Véase Salmo 36, 11 y Mateo 5, 4.
14. ¡Es decir que Dios nos revela sus secretos! Así lo dijo Jesús a sus íntimos (véase Mateo 13, 11; Juan 15, 15; cf. Salmo 50, 8). Nótese que “las promesas” están entre esos secretos destinados a los que cultivan la intimidad familiar de Dios (cf. Isaías 48, 6 y nota). Los demás hombres miran esas cosas con indiferencia (cf. I Tesalonicenses 5, 20 y nota). Muchos, por ejemplo, oyen con frecuencia en la Misa primera de difuntos la Epístola tomada de I Tesalonicenses 4, 13-16, pero ¿cuántos son los que se detienen a considerar y estudiar las asombrosas promesas que ella contiene? Y así tantas otras, como Mateo H, 25; 18, 4; Lucas 21, 36; 22, 30; Juan 17, 24; Efesios 1, 3 ss.; Filipenses 3, 20 s.; I Juan 3, 2, etc.
15. Él saca, etc.: Sólo Él, y no nuestra habilidad, puede librarnos de las tentaciones, ya que Satanás es más fuerte que nosotros. Eso es lo que Jesús nos enseñó a pedir al final del Padrenuestro: líbranos del Malo, o sea del tentador. De ahí que podremos evitar el pecado si hacemos vida de oración, es decir, si conservamos los ojos puestos en Él, como aquí se dice (cf. Salmo 118, 11). Es la misma espiritualidad que nos ensena San Pablo al decir que tengamos los ojos puestos, no en nosotros mismos (cf. Salmo 118, 37 y nota), sino “en Cristo, autor y consumador de la fe” (Hebreos 12, 2).
16. Nótese cómo conoce David el amor misericordioso con que es amado por el Padre celestial. No le da más que un argumento: su propia miseria. Cf. Salmo 85, 1 y la oración de María en Caná (Juan 2, 3).
17. El corazón “ensanchado” es el fruto y sello característico del trato familiar con Dios (cf. Salmo 118, 32 y nota), que es lo que da la libertad de espíritu, y es la única vida propia de los hijos de Dios (Romanos 8, 15; Santiago 2, 12; Gálatas 5, 13; Juan 8, 32, etc.) y que, según las bellas revelaciones de Santa Gertrudis, fue en ella lo que más agradó a Jesús.
18. Estoy cargado y agobiado: A éstos precisamente llama Jesús en Mateo 11, 28 para hacerlos descansar.
19. Cf. Salmos 34, 19; 68, 5; Juan 15, 25. Si nos creyéramos capaces de defendernos solos contra los enemigos, no podríamos decir con sinceridad esta oración (cf. versículo 15 y nota). David la dice bien convencido de su total impotencia propia (cf. Salmos 34, 19; 68, 5), y por eso, cuanto más pequeño se muestra (I Reyes 17, 39), más seguro está del Señor, que lo lleva a los más asombrosos triunfos, como el de Goliat (véase I Reyes 17, 45 ss.). Cf. Lucas 1, 49 ss. y nota.
20. Cf. Salmo 12, 5 y nota; 30, 2.
21. Se expresa aquí un precioso concepto, contenido también en el Salmo 118, 63 y 64: la profunda atracción que une a los que comparten el mismo espíritu y una misma esperanza (cf. Tito 2, 13). ¿No era éste acaso el ideal de Jesús para sus discípulos cuando les mandó amarse ante todo entre ellos, y el que expresó a su Eterno Padre la noche de la Cena? Porque espero en Ti: Según esto, David aludiría a que las almas rectas estaban de su parte, contra sus perseguidores. Según otra versión, el primer hemistiquio diría: integridad y rectitud me custodian.
22. En el Salmo, que es alfabético, este versículo queda como suplementario, fuera del alefato. Cf. Salmo 23, 33.
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SALMO 26 (25)
1. Este Salmo, clamor del alma escandalizada ante la corrupción del mundo, pertenece quizás a los tiempos en que David se vio obligado a huir de Saúl, o más probablemente de Absalón, lejos del Arca del Señor (II Reyes 15, 25). De ahí su ardiente deseo de volver a ver el santo Tabernáculo (versículos 6-8). Hazme justicia: Vulgata: júzgame, es decir, sé Tú mi Juez. Cf. Salmo 16, 2 y nota; 42, 1, etc.
2. ¡No permitas que en mí haya doblez! Cf. Juan 1, 47; 3, 19; Santiago 4, 8. Este saludable horror al contagio del mundo prueba la auténtica humildad de David. Quiere que Dios lo sondee hasta el fondo, como sólo puede penetrarlo Él (Salmo 138, 1 ss.), y extirpe con fuego cuanto pueda desagradarle.
3. He aquí todo un programa para andar según la verdad: tener siempre ante los ojos de la fe la bondad con que Dios nos ama (cf. Efesios 2, 4 y nota). No hay peligro, entonces, de querer apartarnos de Él, pues “donde está vuestro tesoro está vuestro corazón”. La Verdad es Cristo (Juan 14, 6), y del amor que Él nos tiene nada hay capaz de separarnos (Romanos 8, 35 ss.).
4 s. Ni con los inicuos y malvados, que abiertamente se apartan de Dios (cf. Salmos 1, 1; 100, 3 ss.), ni con los fingidos e impíos, que invocan a Dios por conveniencia y con doblez. Cf. Salmo 113 b, 1 y nota; Mateo 23, 1 ss.; I Juan 2, 15-17.
6. Los versículos 6-12 se recitan en el Lavabo de la Misa según el texto de la Vulgata. Lavarse las manos delante del pueblo era señal de no ser culpable de homicidio (Deuteronomio 21, 6 s.). También lo hizo Pilatos para protestar de su inocencia en el proceso contra Jesús (Mateo 27, 24). Es, pues, un; “gesto” que requiere conciencia recta. David no fue siempre un inocente, pero sí un penitente de perfecta contrición.
7. Se trata de levantar la voz delante de todos, y no de “oír”, como dice la Vulgata.
8. Sobre el amor de David por la Casa del Señor, véase en II Reyes 7, 2 ss., su ansia de edificar el Templo, y en III Reyes 7, 51. los tesoros que dejó él cuando supo que Dios había destinado a su hijo Salomón para construirlo. La Vulgata dice: “Amo el decoro.” A este respecto cf. sobre el Tabernáculo, Éxodo 25, 30, y sobre el Templo, III Reyes 6; Ezequiel 40 ss.
10. Sobre el “soborno” véase Deuteronomio 16, 19; I Reyes 8, 3; 12, 3 y las tremendas admoniciones de los Salmos 57 y 81 contra los magistrados.
12. Aquí, como en varios otros finales, el salmista nos muestra haber conseguido ya lo que antes pedía, como para estimular nuestra confianza en la oración. Sobre las asambleas o solemnidades, cf. Levítico 23; Números 28, 18 y 25, etc.
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SALMO 27 (26)
1. La fecha y ocasión de este Salmo se indican en los LXX por el epígrafe: “Antes de ser ungido”, referente sin duda a la segunda unción de David (II Reyes 2, 4), como rey de Judá, es decir, cuando aún le esperaba, no la persecución de Saúl, que ya había muerto (ibíd.), pero sí la guerra civil con sus sucesores (II Reyes 2, 8 ss.). No se trata, pues, de la unción como rey de todo Israel, como afirman algunos, pues ésta sólo tuvo lugar en II Reyes 5, 3 y fue la tercera, ya que la primera tuvo lugar en I Reyes 16, 13. Este Salmo expresa la más plena confianza en Dios y el ardiente anhelo por la Casa del Señor: virtudes ambas características del santo poeta.
4. Las palabras habitar... vida, exceden la medida del verso y son probablemente una cita marginal del Salmo 22, 6. Sobre el ansia de David por el Santuario, véase Salmo 25, 8 y nota. Cf. Salmo 41, 5 y nota.
5. Recuerda un episodio relatado en I Reyes 21, 6: David, desfallecido de hambre, encontró amparo y alimento (los panes de la Proposición) en el Tabernáculo del Señor. Jesús cita el pasaje en Mateo 12, 3 ss., para dar una bellísima lección a los fariseos.
6. Sacrificios de júbilo: Al son festivo de las trompetas y acompañados de las aclamaciones del pueblo (cf. I Reyes 4, 5; II Reyes 6, 15).
8. La traducción es según Rembold. Tenemos aquí una de las más exquisitas luces místicas para la vida espiritual: no pretender “conocerse a sí mismo” como los paganos, sino salir de sí mismo y “fijar los ojos en Cristo, autor y consumador de la fe” (Hebreos 12, 2). Cf. Salmo 118, 37 y nota. También tiene una trascendencia escatológica, como anhelo de contemplar a Aquel que viene. Cf. versículo 14; Salmo 16, 15; I Juan 3, 2; Apocalipsis 22, 20 y notas.
10. Sobre esta suavidad de la divina misericordia, superior en firmeza al amor materno, véase Isaías 49, 15 y 66, 13, de donde Santa Teresa de Lisieux dedujo la doctrina del amor misericordioso. Es ese amor el que allanará siempre nuestra senda a pesar de los feroces enemigos (versículo 11); lo halla todo el que de veras busca la amistad del divino Padre y de Jesús. Cf. Juan 15, 18 ss.
12. Que respiran crueldad: La Vulgata usa aquí una expresión que se había hecho célebre: “La iniquidad se ha mentido a sí misma.”
13. Si no creyera: “El sentido en el texto masorético queda incompleto, debiendo sobreentenderse: desgraciado de mí o cosa parecida. Suprimiendo la partícula condicional, el sentido es claro: Creo que he de ver (o gozar) los bienes o bondad del Señor” (Prado). En la tierra de los vivientes: Cf. 51, 7; 96, 1; 114, 9; 141, 6; Job 19, 25-27; Isaías 38, 11; Zacarías 12, 10; Apocalipsis 1, 7, etc. San Agustín exclama en este pasaje: “¡Oh bienes del Señor, dulces, inmortales, incomparables, sempiternos, inconmutables, y cuándo os veré, oh bienes del Señor! Creo que los tengo que ver pero no en la tierra de los que mueren, sino en la tierra de los que viven.” Cf. I Corintios 15, 51 ss. (texto griego) y I Tesalonicenses 4, 15-17.
14. ¡Aguarda a Yahvé!: Como los patriarcas ansiaban la venida del Mesías, así hoy nuestros suspiros han de ser por su retorno. Es la “bienaventurada esperanza” (Tito 2, 13) a que nos convidan las Escrituras y con la cual termina su última página (Apocalipsis 22, 17 y 20). “Se observará tal vez, dice un autor, que la expectativa de que Jesús retorne cuando menos lo esperamos, podría retraernos del interés por emprender trabajos de apostolado y aun empresas de progreso temporal, pues quedarían sin valor cuando Él viniese. Tal es, contesta, el lenguaje propio de la mundanidad. ¿Lamentaremos acaso que Jesús haya insistido en ese anuncio? ¿Le diremos que ha estado imprudente en hacerlo y que no pensó bien en las consecuencias? La verdad es que toda objeción de nuestra parte a esta tan dichosa esperanza no puede explicarse sino por una evidente ausencia de amor y deseo de que Él venga, y por un apego a este mundo, que hace insoportable la continua probabilidad de su venida. Porque ¿quién se quejará de que en todo momento haya probabilidad de que le ocurra un inmenso bien? Observemos además que tales quejas (cf. II Pedro 3, 3 s.) serían infundadas en cuanto al retraimiento de las obras espirituales, pues, como han observado muchos, fue esa esperanza lo que hizo la santidad de los primeros cristianos.” Cf. Santiago 5, 9; II Pedro 3, 14 s.; I Juan 4, 17; Apocalipsis 22, 10 y notas. Y en cuanto a las empresas temporales, no se trata de no hacerlas, sino de no poner en ellas el corazón, como lo dice claramente San Pablo (I Corintios 7, 29-31).
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SALMO 28 (27)
1. Súplica semejante a la del Salmo anterior, pronto se transforma en jubilosa gratitud al ver que ha sido escuchada (versículo 6 ss.). Sordo: otros vierten: mudo.
2. El interior de tu santuario: En hebreo “debir”, o sea el Santo de los Santos, la parte más sagrada del Tabernáculo y luego del Templo (III Reyes 6, 18 ss.; 8, 6). Sobre esta forma de orar hacia Jerusalén, cf. III Reyes 8, 22 y 30; Daniel 6, 10.
3. Siempre el horror a la doblez e hipocresía, que finge lo que no siente (Lucas 12, 1), y quiere acomodar a Dios con el mundo (Mateo 23. 1 ss.).
4. No es imprecación, sino apelación a la Justicia divina. San Agustín ve cumplida la palabra del santo Profeta en la destrucción de Jerusalén por los romanos. Y San Jerónimo añade: para que entiendan por los siniestros lo que no entendieron por los beneficios.
5. Es la ignorancia culpable de los que cierran los ojos para no ver. Jesús la enrostra muchas veces a loa fariseos (cf. Juan 12, 37-41), y San Pablo también a los paganos que no saben ver en la naturaleza las obras de Dios (Romanos 1, 20 s.).
6 ss. Esta segunda parte del Salmo nos muestra cuan presto ha escuchado el Señor la oración de su amigo. “Por eso... lo alabo”: La acción de gracias se traduce siempre en alabanza (cf. Lucas 1, 46 ss.).
8. El ungido es el rey David; en sentido típico, Cristo.
9. Tu heredad: Tu pueblo. Israel se llamaba herencia del Señor por ser el pueblo escogido y objeto de las bendiciones divinas (cf. Deuteronomio 4, 20). Apaciéntalos: Vulgata: gobiérnalos (cf. Hechos 20, 28 y nota). Este pasaje, inscrito en el frente de la Catedral de Buenos Aires, se reza en el “Te Deum”, himno compuesto a base de diversos textos bíblicos según la Vulgata.
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SALMO 29 (28)
1. Salmo de David. Los LXX y la Vulgata añaden a este epígrafe: en la consumación del Tabernáculo (cf. Amos 9, 11; Hechos de los Apóstoles 15, 16). Hijos de Dios: Parecen ser aquí los ángeles del cielo, según el Targum (cf. Salmo 88, 6 ss.; Job 1, 6 ss., etc.). Como advierte Fillion, según los LXX y la Vulgata, serían los hombres, pues el texto dice allí: “presentad al Señor corderos”. Véase Salmo 81, 6; cf. Salmo 50, 21; 65, 15. Igual sentido tiene la antigua versión siríaca y la traducción de San Jerónimo según el hebreo.
2. En su Santuario: Aquí también la siríaca confirma el sentido de los LXX y de la Vulgata.
3 ss. El salmista nos, hace asistir, como en visión profética, a una tremenda tempestad semejante al diluvio universal, que parece trastornar los fenómenos más poderosos de la naturaleza. “Pero el Salmo tiene una aplicación directa al misterio de Cristo, como la simple lectura lo hace presentir” (Puniet). Repite siete veces “la voz del Señor”, para expresar la elocuencia del terrible trueno, que es la voz de Dios en la biblia de la naturaleza y simboliza el poder de la Palabra divina (cf. 103, 7 y nota). En Apocalipsis 10, 3-4 hay un misterioso pasaje sobre la voz de los siete truenos, única que a San Juan le fue prohibido revelarnos, y Delitzsch dice que este Salmo, con esa repetición septenaria, podría llamarse el de los siete truenos. Cf. el Salmo 67, 34 ss. que concluye como éste, y Salmo 96. 2 ss., donde vemos un cataclismo semejante, que termina también, como aquí (versículos 11 s.), con la paz de Sión en el Reino eterno del Señor, que colma de bendiciones a su pueblo. Así también, como dice Dom Puniet, la voz del Padre, oída en forma de trueno, aseguraba a Cristo que Él triunfaría finalmente sobre el mundo (Juan 12, 28 ss.).
6. Schirión (o Sarión) es el antiguo nombre fenicio del Líbano (o Hermón). Los LXX y la Vulgata leyeron: yeschurún (amado). De ahí el “amado” de la Vulgata. Sin duda el texto hebreo corresponde mejor al paralelismo de los miembros, elemento principal de la poesía hebrea.
10. Cf. Salmo 9 b, 16; Jeremías 10, 10. La expresión final es frecuentemente usada en las profecías para designar las naciones gentiles, según lo explica el Apocalipsis. Cf. Salmo 17, 17; Isaías 17, 12; Jeremías 51, 13; Daniel 7, 3; Apocalipsis 17. 1 y 15. El segundo hemistiquio y el primero del versículo 11 forman la antífona de la Comunión de la Misa de Cristo Rey, lo que confirma su trascendencia mesiánica, expresada en las palabras “para siempre”. Véase los textos bíblicos de esa bella Misa en la cual se pide, como en el Padrenuestro, el advenimiento del Reino eterno y universal de verdad y vida, santidad y gracia, justicia, amor y paz, que Cristo entregará a su Padre cuando todas las creaturas se hayan sujetado a su imperio (Prefacio), rogando al Padre que le entregue ese Reino (Salmo 71, 1 del Introito y Apocalipsis 5, 12) según las promesas del Salmo 2, 8 (Ofertorio), del Salmo 71, 8 y 11 y de Daniel 9, 14 (Gradual) y recordando su Parusía como Rey de reyes en Apocalipsis 19, 16 (Aleluya).
11. Como hace notar Delitzsch, el Salmo empieza con un “gloria a Dios en las alturas” y termina con “paz en la tierra” (cf. Lucas 2, 14). Véase igual concepto al final del Salmo anterior (27, 9) y en Salmo 67, 36.
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SALMO 30 (29)
1. Él sentido del “epígrafe”, confirmado por el de la Vulgata, alude a la inauguración del palacio real que David levantó en el monte Sión (II Reyes 5, 11), quizá después de convalecer de una enfermedad. En tiempo de los Macabeos, o quizá de Esdras y Nehemías, este Salmo sirvió para solemnizar la fiesta de la Purificación del Templo y del culto. De ahí que algunos interpretan así el epígrafe: “Salmo (Cantico para la dedicación del Templo) de David”.
4. Del sepulcro: La enfermedad ha sido, pues, muy grave. Nótese también el sentido típico: la referencia a Cristo que resucitó del sepulcro (en hebreo “scheol”, lugar de los muertos).
5. Gracias al Nombre de Su santidad: En la Biblia el nombre es como la persona misma, su esencia. Por eso el nombre define lo que es su portador. Jesús nos descubre que en Dios ese nombre es “Padre”, y lo llama “Padre Santo” (Juan 17, 25), destacando su infinita perfección (cf. Romanos 16, 27 y nota). De ahí que nos enseñe en el Padrenuestro a “santificar su Nombre”, es decir, a llamarlo Santo, como en Israel, y tenerlo por tal. Es lo que hace la Virgen María en el Magníficat cuando exclama hablando del Padre: “¡Santo es su Nombre!” La Iglesia extiende la alabanza al divino Hijo, consubstancial al Padre, diciéndole: “Tú solo eres Santo” (Gloria de la Misa).
6 ¿Quién no ha experimentado esto hallándose enfermo? Cf. Salmo 129, 6 y II Pedro 1, 19, donde esa aurora será la de la venida de Cristo, que ahora esperamos alumbrándonos con las profecías “como antorchas que lucen en lugar oscuro”. Este Salmo debiera estar escrito, para consuelo, en las salas de todos los hospitales. San Atanasio y San Gregorio aplican también este hemistiquio al pecador arrepentido: “Por ingente que sea el número de los pecados, la contrición los convierte de repente en alegría” (San Atanasio). Acerca de ese punto véase Salmo 50 y notas.
7. Como solemos hacer todos, se había sentido inconmovible en su buena salud y Dios le mostró con la enfermedad cuan frágiles somos. Vemos una vez más cómo no hay circunstancia de la vida que no esté reflejada en este océano de sabiduría que es la Sagrada Escritura, y cómo, si Dios nos manda pruebas, es porque son indispensables para abrir nuestros ojos carnales, cegados por “la fascinación de la bagatela” (Sabiduría 4. 12). Puede verse a este respecto nuestro libro sobre “Job y el problema del mal, del dolor y de la muerte”.
10. Motivo muy frecuente en las plegarias de los hombres piadosos del Antiguo Testamento. Dios nada ganaría con la muerte de un hombre; al contrario, perdería un adorador (Salmo 6, 6; Isaías 38, 18 ss.). Véase especialmente el Salmo 115, 6 y nota y las admirables lecciones del Oficio de Difuntos (tomadas todas del Libro de Job). Te alabará el polvo o proclamará tu felicidad: Son las dos formas de honrar a Dios: la oración y la predicación o apostolado.
11 ss. Nada más edificante que esta contagiosa alegría de la gratitud. Desataste mi cilicio (versículo 12): A veces se han aplicado estas palabras a la Resurrección del Señor, pero hemos de ser muy cautos en esas acomodaciones, pues vemos que el versículo 10 podría aplicarse a todos menos al Redentor divino, cuya Sangre, lejos de ser inútil como la nuestra, fue al contrario el precio, infinitamente valioso, de nuestra salvación. Monseñor Saudreau trae a ese respecto una bella palabra de San Ignacio de Loyola que, señalando a San Francisco de Borja la necesidad de reprimir la tendencia inmoderada a las maceraciones corporales, le hacía notar que de éstas sólo quedan unas cuantas gotas de sangre nuestra, que poco valen, en tanto que tenemos a disposición toda la Sangre preciosísima de Cristo cuyo mérito es infinito. La traducción del versículo 11 es según los Setenta y la Vulgata.
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SALMO 31 (30)
1. La Vulgata dice: “Para el fin. Salmo de David. Para el éxtasis”. Quizás es una referencia al versículo 23, como diciendo: para la extrema angustia. Compuesta, efectivamente, en un exceso de abandono e impotencia, esta oración de David parece, como lo han dicho muchos de los Padres, prefigurar los sufrimientos de Cristo moribundo. Al pronunciar Él en alta voz desde la Cruz el versículo 6, nos enseñó que éste es el Salmo ideal para el creyente que medita en la muerte, deseoso de mirarla con los sentimientos de dulce y omnímoda confianza que agradan a ese divino Padre que todo lo arregla siempre como conviene a nuestro mayor bien (Romanos 8, 28). “La fe sostiene al salmista cuando se acuerda de las misericordias pasadas. El desaliento lo amenaza si piensa en la desolación presente, mas luego se disipa la niebla y el sol de la divina bondad ilumina su alma.” Es que conoció el don de Dios (Juan 4, 10) y vio que “la inteligencia de las cosas espirituales no consiste en conocer cosas que nosotros le demos o le prometamos a Él, sino cosas que Él nos da y nos promete”. Todo nuestro mal está en que nada nos cuesta tanto como creer de veras que Él es bueno y nos ama ya antes que nosotros lo amemos (I Juan 4, 10 y 16).
2. Con este versículo (según la Vulgata) concluye el Te Deum. Cf. Salmo 27, 9 y nota.
3. Lo roca: Sobre esta idea, inefablemente consoladora, véase Salmo 17, 3 y nota.
6. He aquí la última Palabra de Cristo en la Cruz (Lucas 23, 46) y la última de San Esteban, primer mártir de Cristo (Hechos 7, 59). Dios fiel: ¡Dios leal! Sabemos que ninguna alabanza agrada más a la ternura del Padre que esta confesión de su lealtad, pues Él mismo nos muestra en toda la Escritura como la cosa de que más se gloría, su fidelidad, unida a su misericordia, que también vemos aquí en versículo 8. Cf. Salmo 12, 6 y nota; 24, 10; Tobías 3, 2, etc.
7. Dar culto a vanos ídolos (cf. Baruc 6, 1 ss.) es también poner su esperanza en el mundo y en los hombres, que no pueden salvarnos (cf. Jeremías 17, 5 y nota). “Son tus ídolos también esas riquezas en que confías, esos honores y dominios que ambicionas... a costa de tu alma y de tus deberes, el crédito fugaz de un día” (San Agustín).
9. Cf. Salmo 4, 1; 17, 20 y notas.
10 ss. Nótese la elocuencia de este cuadro que se presentó al Salvador. Sobre el consuelo en los días de la vejez, véase el Salmo 70.
11. Es la suprema impotencia del que va a morir. Se siente incapaz de valerse en el cuerpo y también incapaz para la oración. ¡Entonces es cuando hemos de entregarnos confiados en el amor generoso del Padre que nos creó y en los méritos del Hijo que nos redimió!
12. Situación precaria del que, habiendo perdido todo lo que atrae al mundo egoísta, se ve abandonado de sus amigos y expuesto a la saña de sus enemigos. Los Evangelios muestran cómo ese abandono y esa saña se cumplieron, más que en nadie, en el mismo Señor Jesús. Y los Salmos nos enseñan, como San Pablo, que “El Señor está junto a los que tienen el corazón atribulado” (Salmos 33, 19; 137, 7, etc.) y que el Padre de las misericordias nos consuela en todas nuestras tribulaciones y hace abundar nuestros consuelos en Cristo, así como abundaron los padecimientos de Él por nosotros, de modo que al ser consolados podamos consolar a otros, y el ver a otros consolados nos sirva de esperanza sabiendo que lo seremos también nosotros (II Corintios 1, 3-7). Sublime doctrina que bastaría, si fuese conocida, para desterrar de los hombres toda envidia.
16. Satanás y sus demonios han de querer perseguirnos más que nunca en la hora de la muerte. ¡Solamente Tú eres más fuerte que ellos! (véase versículo 18).
18 s. Cf. Salmo 12, 5 s. y nota. Reducidos al silencio del abismo (hebreo: scheol). Calès observa que el salmista pide a Dios justicia según el espíritu de la Ley antigua, y añade agudamente: “los que de esto se escandalizan harán bien tal vez en examinarse a sí mismos sobre el escándalo farisaico”. Espiritualmente puede aplicarse a Satanás (cf. Apocalipsis 20, 18), cuyo nombre significa acusador (cf. Apocalipsis 12, 10), y sus demonios, para que no conturben, con visiones aterradoras, el alma que debe estar llena de la esperanza de ver al Dios del amor y de la felicidad, que es al mismo tiempo el Padre del perdón, como nos lo muestra Jesús de un modo indubitable en la parábola del Hijo pródigo (Lucas 15, 20 ss.). Cf. Salmo 34, 10.
20. El primer hemistiquio coincide con lo que dice la Virgen en Lucas 1, 50. El segundo acentúa el concepto: delante de los hombres, como Jesús en Mateo 10, 32 s. Libre ya de la tentación, el alma descubre el inefable consuelo que Dios le tenía reservado para ese supremo momento: “Dichosos los muertos que mueren en el Señor” (Apocalipsis 14, 13).
21. Con tu propio rostro: Otros: “con el misterio de tu presencia”. Siguiendo la aplicación de este Salmo a la muerte del creyente, más allá de las luchas transitorias, vemos aquí al alma sumergida ya en los consuelos de Dios, liberada dé las injusticias humanas y “descansando de sus trabajos” (Apocalipsis 6, 11; 14, 13) en espera de la “redención del cuerpo” (Romanos 8, 23; Apocalipsis 6, 10) que Cristo le traerá en su Venida con la plenitud de su gloria. Cf. Lucas 21, 28; Juan 17, 24; Filipenses 3, 20 s.; Apocalipsis 22, 12.
22. En ciudad fuerte: Continúa el concepto anterior. Algunos lo aplican históricamente a Siceleg (I Reyes 27, 5 ss.). Otros (Wutz, Gunkel) traducen con San Jerónimo: en la hora de la angustia.
23. Así, en el delirio de la agonía puede el hombre llegar a desesperar de su salvación. Mas vemos aquí, como en Isaías 49, 14 ss.; II Corintios 1, 8 ss., etc., que en ese momento crítico es cuando el socorro divino se apresura a mostrarnos que Él nunca dejó de cuidar de nosotros (I Pedro 5, 7). Entonces, al colmo de la aflicción sucede el exceso de gozo, como en el ejemplo que Jesús pone en el evangelio de San Juan 16, 21.
25. Esta es la virilidad cristiana: tener ánimo, no porque se confía en sí mismo, como los estoicos paganos, sino porque se cuenta con Dios como un niño con su padre.
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SALMO 32 (31)
1. Maskil: Esto es, doctrinal, de instrucción. Este Salmo forma parte de los siete Salmos penitenciales (con los números 6, 37, 50, 101, 129 y 142) y se cree que David lo compuso después de su pecado con Betsabee. San Pablo cita este versículo para mostrar que el perdón de Dios es obra gratuita de su misericordia (Romanos 4, 7).
2. A quien Yahvé no imputa: No dice que no la tenga o no la haya tenido. En esto está la gran enseñanza doctrinal: lo que nos interesa es lo que Él piensa y juzga de nosotros. La realidad verdadera sólo es la que existe en Su mente divina. Por eso San Pablo no se cuida del juicio de los hombres, ni siquiera del suyo propio, pues dice: “Dios es quien me juzga” (I Corintios 4, 3 s.). Y como ese Juez es soberanamente libre (Santiago 4, 12; cf. Salmo 147, 9 y nota), hace misericordia a quien le place (Romanos 9, 11-16), por lo cual una sola cosa importa y es cultivar su amistad para poder contar con su benevolencia en nuestra nulidad, como Ester con el rey Asuero (Ester 5, 2 s.; 7, 2 ss.). Nadie podrá pedirle cuenta a Él de las privanzas que quiera tener con nosotros, y así lo enseñó Jesús en la parábola de los obreros de la última hora (Mateo 20, 8 ss.). Así explica Santo Tomás que “el amor cubre la multitud de los pecados” (Proverbios 10, 12; I Pedro 4, 8), siendo notorio que a nuestros íntimos solemos disimularles cosas que se castigarían en un simple mercenario. Esto ayuda a entender la asombrosa doctrina que San Juan nos revela al decir que el que ha nacido de Dios “no hace pecado” (I Juan 3, 9; 5, 18). Cf. Romanos 8, 28-31.
3 s. Nótese la clásica descripción del infierno de los remordimientos; mientras calla su miseria el salmista sufre hasta dar gritos de dolor. En el versículo 5 vemos cómo se decide a confesarse culpable. El segundo hemistiquio del versículo 4 es según la Vulgata.
5. Aquí está la doctrina central del Salmo: no temer presentarnos a Dios sucios como somos, pues es Él quien nos limpia y no nosotros. San Juan expone esta doctrina en I Juan 1, 8 ss. La meditación de tan estupenda y dulcísima verdad basta para transformar un alma y librarla de la peor arma de Satanás, que es la desconfianza, con la cual nos aleja de nuestro Padre celestial. Cf. Salmo 50; Job 14, 4; 25, 4; Isaías 43, 25; Eclesiastés 7, 21; Marcos 2, 7; Juan 13, 8. etc.
6. Que te invoquen todos: Usando de tan consoladora certeza dice San Ambrosio: “No pudiendo afrontarte como Juez, suspiro por tenerte como Salvador y te descubro, Señor, mis llagas y mi vergüenza” (Oración de preparación a la Misa). Sobre este tiempo de la misericordia en que Él puede ser hallado, cf. Juan 6, 37. El diluvio de agua simboliza según algunos el tiempo de las grandes pruebas; según otros, el terrible destino que espera a los que rechacen este llamado de la misericordia. Cf. Apocalipsis 6, 16; 14, 10-11, 19-20; 19, 21; 20, 14.
8. “Yo te aleccionaré”: Esto también es fundamental. Así como nada podemos en el orden de la moral, si no es por el auxilio gratuito de Dios que se nos anticipa y nos acompaña hasta el fin (cf. Salmo 22, 6 y nota), así también en el orden de la inteligencia necesitamos la iluminación de Dios (Lucas 24, 45; Hechos 16, 14; I Juan 5, 20). De ahí que el gran Salmo 118 implore constantemente esa inteligencia. Véase en dicho Salmo los versículos 18, 34, 73, 169, etc.
9 s. Es éste uno de los muchos pasajes donde Dios nos alecciona preciosamente (versículo 8), mostrándonos cómo le aflige tener que hacernos sufrir. ¡No quiere llevarnos por la fuerza y le duele que huyamos de Él con desconfianza! Cf. Salmo 48, 13: Tobías 6, 17; Proverbios 26, 3. Su ley es “la Ley perfecta de la libertad” (Santiago 1, 25). “Cuando el hombre descuida lo que lo hace superior a los animales, destruye, deturpa y borra en sí mismo la imagen de Dios” (San Agustín).
11. “Alégrense los demás en las riquezas y honras del mundo; otros en la nobleza de sus linajes; otros en los favores y privanzas de los príncipes; otros en la preeminencia de sus oficios y dignidades. Mas vosotros que presumís tener a Dios por vuestro, que es vuestra heredad y vuestra posesión, alegraos y gloriaos más de verdad en este bien, pues es tanto mayor que todos los otros, cuanto es más Dios que todas las cosas” (Fr. Luis de Granada). Cf. Jeremías 9, 23; I Corintios 1, 31; II Corintios 10, 17.
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SALMO 33 (32)
1. Este precioso Salmo, que según la Vulgata es de David, contiene, como el 102, uno de esos estupendos elogios de Dios en los cuales desahoga su admiración nuestra alma cuando el Espíritu Santo la mueve al agradecimiento. Alabar al Padre es lo propio de los rectos de corazón así como el cantar, dice San Agustín, es propio del que ama. De ahí que Dios, tan perdonador y paciente con los pecadores, como lo mostró Jesús en cada página del Evangelio, sea implacable con la falsa religiosidad que lo alaba sólo de boca (Mateo 15, 8; cf. Isaías 29, 13 y la nota de San Bernardo), y proclame indignado que “abomina del incienso” (cf. Isaías 1, 11 ss.; S- 49, 8 y 16; Sabiduría 9, 10 y notas). Cualquiera siente profunda repugnancia al recibir manifestaciones de afecto por parte de personas de cuya indiferencia tiene pruebas ciertas. “El beso de Judas no sólo no ha concluido para el Maestro, sino que se ha extendido hasta hoy día bajo el título de la mundana cortesía.”
2. Cf. Salmo 56, 9 y nota.
3. Nótese el contraste entre esta sonora alegría de los buenos tiempos de Israel y el Salmo 136, 3 s. Volveremos a ver esta alegría en el cántico final (Salmo 150, 5 s. y notas). Cf. Salmo 88, 16; 99, 4 ss.
4. Sobre la rectitud de Dios cf. Salmo 30, 6 y nota.
5. Las ama y por eso las ejercita, como se ve en los versículos siguientes. La justicia es cosa propia de Dios, pues Él es el único justo (II Macabeos 1, 25) y la fuente de toda justicia o santidad. Cf. Salmo 31, 2; 35, 6; Romanos 16, 27. En el Nuevo Testamento justicia es la santidad que Dios nos da mediante la fe en su Hijo Jesucristo (Romanos 3, 25 s.; Mateo 6, 33). Jesús es llamado el Justo, y no practicó la justicia en el sentido pagano de dar a cada uno lo suyo, sino que Él pagó “lo que no había robado” (Salmo 68, 5) y estableció la ley de caridad que debemos practicar a imitación suya, perdonando al prójimo cuantas veces nos ofendiere (Mateo 18, 22). Esta ley es obligatoria, pues si no la cumplimos no seremos perdonados por Dios, sin lo cual todos estamos seguros de ir al infierno (Mateo 6, 15; Santiago 2, 13). “El párroco deberá recordar a los fieles cuánto sobrepuja la bondad y misericordia de Dios a la justicia” (Catecismo Romano III, capítulo 2, 36). Dios, dice Santo Tomás, no obra nunca contra la justicia, pero sí obra más allá de la justicia, como lo muestra Jesús en la parábola de los obreros (Mateo 20, 13; Juan 3, 16-17, etc.). Entre los groseros errores de Miguel Bayo (de Bay) que la Sede apostólica condenó por boca del Papa Pío V, está el que dice que las obras buenas de los justos no recibirán más premio que el que merezcan según la justicia (Denz. 1.014).
6. Su ornato: La Vulgata dice su belleza, es decir, los astros y estrellas, que se llaman también la milicia o el ejército del cielo. Cf. Isaías 40, 26.
7. Véase Job 38, 22 ss. Los abismos: Cf. Génesis 1, 9 ss. Sobre las maravillas de la naturaleza, véase el Salmo 103 y sus notas.
9. Cf. versículo 6. Ese infinito poder de Dios se ejerce por su Palabra o Verbo (Juan 1,13; Salmo 148, 5). El Verbo se hizo hombre, tomando en su Humanidad santísima el dulce hombre de Jesús. Jesús es la Palabra (el Logos) del Padre, quien todo lo hace por amor a Él, para Él y por medio de Él (cf. I Corintios 8, 6). Aquí, como en Salmo 148, 5, se trata de que todas las creaturas agradezcan al Padre ese don de la existencia que les dio por el Hijo. Bien se ve por esto que el concepto cristiano del Logos es muy distinto del que esa voz griega tenía en los filósofos antiguos, para los cuales significaba “la razón”. La diferencia entre ambos es tanta como la que hay entre la tierra y el cielo (Isaías 55, 8 ss. y notas), entre lo humano y lo divino (Salmo 91, 6; Sabiduría 17, 1 y notas), entre lo natural psíquico y lo sobrenatural espiritual (I Corintios 2, 10-16 y notas). La confusión o mezcla de estos conceptos lleva a los extravíos contra los cuales nos previene San Pablo en Colosenses 2, 8. Cf. Hechos 17, 16 ss. y notas.
10. Pocos creen de veras en esto, aunque la misma historia contemporánea lo confirma a cada paso con los más sorprendentes acontecimientos (cf. I Corintios 1, 19-20; Isaías 8, 10; 19, 3; 29, 14; 28, 9; 55, 8 s.; Salmo 93, 11). ¿Qué podría esperar aquí abajo la humanidad cuando cae bajo el capricho omnímodo de los tiranos, sino fuera por esta altísima Providencia que los deshace en el momento oportuno, aunque por un tiempo azote con ellos a los pueblos para saludable humillación? Él es el que se ríe de los poderosos (Salmo 2, 4), que endiosando el poder dicen, con el filósofo Hegel: “El Estado es la idea moral realizada, la esencia de la moralidad que ha llegado a tener conciencia de sí misma, el todo moral, la voluntad divina presente, encarnada, universal, lo infinito y absolutamente racional, el espíritu convertido en real, viviente, obrando y desarrollándose: el espíritu total.” Cf. Salmo 11, 5; 16, 4 y notas.
11 ss. Alude el salmista a los falaces planes de los gentiles, que conspiran para arruinar al pueblo de Dios, al cual Él llama su herencia (cf. Deuteronomio 4, 6 ss.; 33, 29) y sobre el cual tiene inagotables designios de misericordia. Cf. Salmo 104, 14 ss. y nota. Este versículo y el 19 forman el Introito de la nueva Misa del Sagrado Corazón. Véase Salmo 17, 20 y nota.
15. Él, que formó el corazón, etc.: Se refiere a que Él es el creador de todos sin excepción (cf. Zacarías 12, 1). San Agustín, aplicándolo en sentido espiritual, dice: “Con las manos de su gracia y con las de su misericordia forma Dios los corazones, cada uno de por sí, pero sin romper la unidad que los junta a todos en Cristo.”
17. Engañoso: literalmente: mentiroso, porque hace creer con su apostura que nadie podrá vencerlo. Admirable verdad que debiera hacernos desconfiar sistemáticamente de toda grandeza humana, no ya sólo de los caballos sino de los imperios, que Dios disipa como el humo. Véase Salmos 17, 35; 43, 7; 48, 7; I Reyes 14, 6.
22. Este versículo, que forma el final del Te Deum, contiene una admirable doctrina. Así como, según el Padrenuestro, Dios nos perdona en cuanto nosotros perdonamos, así también Él nos hace misericordia en la proporción en que la esperamos. Es el sentido de las palabras de Jesús: Según vuestra fe, así os sea hecho (Mateo 9, 29). Véase Salmos 16, 7; 36, 40; 146, 11. De ahí la importancia máxima que tiene el creer en la misericordia de Dios, fruto del amor con que nos ama. Pero es muy difícil creer en esta maravilla si no conocemos bien todo el Evangelio (véase I Juan 4, 16; Efesios 2, 4; Gálatas 2, 20. etc.). En efecto, el saberse amado por Dios es el resorte más poderoso y eficaz que existe para la vida espiritual; pero el que no conoce la predilección de Dios por los miserables no puede sentirse amado por Él, a menos de creerse merecedor de ese amor e incurrir en detestable presunción farisaica. En cambio, el que a través de mil revelaciones de Cristo ha descubierto esa sorprendente inclinación del Padre hacia el hijo pródigo, como Jesús la tuvo hacia los pecadores y enfermos, hacia Magdalena, hacia la adúltera, hacia Zaqueo, etc., se coloca en la más auténtica humildad, pues funda esa fe no en sus méritos sino en su miseria y necesidad. Tal es la importancia insuperable de estudiar a fondo el Evangelio, pues sin eso en vano pretenderemos comprender algo tan asombroso como esa “debilidad” de Dios hacia los que nada merecen.
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SALMO 34 (33)
1. El “epígrafe” explica las circunstancias históricas que originaron este Salmo. David se había refugiado en Gat, ciudad de Filistea, donde el rey Abimelec (llamado Aquis en I Reyes 21, 13), le dio hospedaje, pero lo despidió cuando David, para salvar su vida, se fingió loco (véase I Reyes 21, 13-15).
3 ss. Los afligidos: Es lo que pide el contexto. Algunos vierten: los humildes. Como vemos a continuación, el santo rey profeta se empeña en que todos sepamos cómo fue socorrido él, para que todos confiemos igualmente cuando estamos en tribulación o humillación. Así enseña Jesús a obrar en Lucas 8, 39. Cf. Mateo 11, 28 ss.
6. Miradlo a Él: Hay aquí toda una espiritualidad (cf. Salmo 26, 8 y nota), que a nosotros nos es más fácil que a Israel, pues podemos ver al Padre en el Rostro de su Hijo y Enviado, que es su retrato perfectísimo. Véase Juan 14, 9; Hebreos 1, 3.
9. Gustad: Ponderad, saboread y veréis la bondad de Dios (I Pedro 2, 3). “Al gusto de Dios se sigue la caridad y ojos despabilados para ver y penetrar secretos divinos” (San Juan de la Cruz). Es lo que se expresa en Salmo 36, 4.
10. ¿No es un anticipo de la “añadidura” que Jesús promete de parte del Padre en Mateo 6, 33 (cf. Salmo 36, 25)? El Evangelio dice que esos bienes y bendiciones temporales se nos pondrán delante, es decir, vendrán por obra directa de Dios, si antes buscamos la gloria Suya que Él nos ofrece. No es, pues, que el Evangelio esté hecho para dar normas de buen éxito en la vida temporal, como esos libros que prometen el triunfo en los negocios o la técnica para ganar millones. El Evangelio es “del Reino de Dios”, que hoy está reducido a las almas, pues el mundo y su gloria tienen por príncipe a Satanás (Juan 14, 30; Lucas 4, 6; I Juan 5, 19). Por eso Jesús no enseña secretos humanos ni reglas de organización o burocracia privada o pública, sino que atribuyendo “al César lo que es del César” (Mateo 22, 17), promete que si damos “a Dios lo que es de Dios”, Él nos dará, como da a los pájaros, cuanto necesitamos, en esta vida transitoria, pues nuestro Padre sabe qué necesitamos aun antes de que se lo pidamos (Mateo 6, 8 y 32); Conviene meditar si creemos eso debidamente.
11. Nótese la consonancia con el Magníficat (Lucas 1, 53). Los que tienen hambre de la verdad y sed de amor son colmados por Dios (Salmo 80, 11; Mateo 5, 6; Juan 7, 37 s.). Los que se sienten satisfechos con su propia suficiencia no lo buscan y por eso no lo encuentran (cf. Lucas 11, 9 s.).
12 ss. Esta segunda parte del Salmo reviste carácter didáctico y recuerda mucho los Libros sapienciales. Su tema cabal es el temor de Dios (véase Proverbios 1, 7; Eclesiastés 12, 13). Observar los mandamientos del Señor es tener días dichosos porque para eso los ha dado Él (Salmo 24, 8 y nota). Cf. I Pedro 3, 10-12.
16. Véase Eclesiástico 15, 20; Hebreos 4, 13.
17. Sobre esta extirpación cf. versículo 22 s.; Salmo 36, 9.
19. He aquí una revelación con la cual podemos comunicar indecibles consuelos a los que sufren. Así como en las caídas ha de consolarnos el saber que ellas son ocasión para que podamos crecer tanto más en el amor cuanto más haya que perdonarnos (Lucas 7, 47), así también se nos enseña aquí que a mayor tribulación corresponde más envidiable compañía y asistencia del Padre celestial (cf. Mateo 5, 4). Por eso Santiago da como remedio a la tristeza la oración (Santiago 5, 13). Véase cómo recurrió a ella el mismo Jesús y fue consolado (Lucas 22, 41-43). La misericordia es lo propio de Dios (Salmo 32, 5 y nota; I Juan 4, 8; Efesios 2, 4); de ahí que Él esté especialmente cerca de los atribulados, como lo enseña Jesús en Lucas 15, 11 ss. con el ejemplo de aquel padre admirable. Es característico de todo padre el resistir a los soberbios y acoger a los humildes (Lucas 1, 52; Proverbios 3, 34; Isaías 66, 2; Santiago 4, 6; I Pedro 5, 5).
20. Pruebas, porque el oro necesita ser acrisolado (I Pedro 1, 7; cf. Juan 15, 2). Muchas tribulaciones les vendrán precisamente por ser justos, pues Jesús enseña que el mundo no podrá soportar a los verdaderos discípulos (Juan 15, 18 ss.). Pero Jesús nos descubre que en ello hay una bienaventuranza como para saltar de gozo (Lucas 6, 22 s.) y que es la peor calamidad el ser aplaudido por los hombres (Lucas 6, 26). Y nos recuerda para firme confianza, que Él es el vencedor del mundo (Juan 16, 33). Cf. Salmo 26, 5 ss.; 27, 6, etc. “Los apóstoles, decía el gran obispo von Keppler, han sido puestos, según San Pablo, para basura del mundo; en cambio el Anticristo tendrá una estatua ordenada por el falso profeta.” Véase I Corintios 4, 13; Apocalipsis 13, 14.
21. Obsérvese el sentido mesiánico en Juan 19, 33-39.
22. Algunos traducen como la Vulgata: “La muerte de los pecadores es desgraciada.”
23. No pecará: Así también Calès. Otros vierten: no perecerá (cf. versículo 17). Según lo primero, no solamente evitará el castigo sino, lo que es más, se librará de ofender al divino Padre. No significa esto que vivamos sin defectos (buenos para humillarnos) pero sí libres del pecado. Santa Teresa de Lisieux le pide que sólo le deje los defectos que no le disgusten a Él.
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SALMO 35 (34)
1. En este Salmo el Rey profeta, perseguido probablemente por Saúl, habla como figura de Cristo y presenta al Padre bajo la imagen guerrera de un caudillo invencible, como lo hace Moisés en su cántico de Éxodo 15, 3, donde “Yahvé es un fuerte campeón”. Sólo el Señor salva al perseguido y castiga a los perseguidores. Cf. Salmo 34, 11 y nota.
2. En las palabras del salmista palpita la oración de Cristo paciente, por lo cual vemos frecuentemente este Salmo en el Oficio de Pasión, y aun como Introito en la Misa del Martes Santo. También hemos de ver aquí la voz permanente de la Iglesia, pues toda ella, como dice San Agustín, es Cristo paciente (cf. versículo 11 ss. Salmo 33, 20 y notas). Cada uno de nosotros hallará, pues, hondo consuelo sobrenatural, como en el Salmo 16 y otros, uniéndose con ellos a la oración de Cristo, especialmente en los momentos de persecución que Él anunció a los suyos.
3. Dile a mi alma para que yo lo sepa y lo crea de veras. Dios hace constantemente con nuestra alma prodigios de amor. Pero esas realidades divinas pasan desapercibidas si no las captamos mediante el conocimiento y la fe viva (I Corintios 2, 14).
4. Cf. Salmo 69, 4.
7. Sin causa: Cf. versículo 19. Véase, en sentido mesiánico, Salmo 68, 5.
9. Son los mismos sentimientos de la Virgen en el Magníficat (Lucas 1, 47). Pero aquí brotan aún en medio del dolor, mostrando cómo es de intenso el júbilo de sentir segura la protección del Omnipotente (cf. Salmo 123. 8).
10. Del prepotente: Claro está que esto es verdad también respecto del Diablo y sus demonios. Cf. I Juan 4, 4; Salmos 17, 18; 30, 18.
11 ss. Se cumplió esto al pie de la letra en la Pasión del Señor. “En estas palabras seguimos oyendo la voz de Cristo, la voz de la cabeza y la voz del cuerpo de Cristo. No separes nunca a la esposa del esposo: son dos en una misma carne; dos también en una misma voz. Padeció la cabeza, padezca el cuerpo; o más bien: padeció la cabeza para ejemplo del cuerpo. El Señor padeció voluntariamente; ella, necesariamente; Él, por compasión; ella, por condición. Sus dolores voluntarios son nuestro consuelo en los nuestros merecidos; para que, al padecer nosotros nuestros dolores, pongamos la mirada en Aquel que es la cabeza” (San Agustín). Cf. Salmo 33, 6; 58, 1 y notas.
13 s. Modelo de amor a los enemigos (véase Lucas 6, 27-35).
15. Véase esto en la Pasión de Jesús (Marcos 14, 65).
16. Los LXX y la Vulgata añaden aquí al principio: “quedaron disipados, mas no arrepentidos”. Burladores de torta redonda (así también Desnoyers): Expresión gráfica, como quien dijera: los que, hartos de placeres y honores del mundo, se reúnen alrededor de un festín para ridiculizar a los que comparten lo que San Pablo llama la “locura” de Cristo crucificado (I Corintios 1, 23). Cf. Salmo 1, 1 y nota. Rechinaron contra mí sus dientes: Una de las cosas sorprendentes que nos hace notar la Biblia es ésta de que el pecador siempre odia al justo, aunque no le haya hecho sino bienes, como se ve en los versículos 12 y sigs. (véase Salmo 36, 12; 111, 9 s., etc.). Por eso vimos que ese odio es gratuito (versículos 7 y 19). Jesús nos da la clave de ese odio en Juan 7, 7; 15, 19 y 17, 16.
17. Cf. versículo 22.
19. Véase Juan 15, 25; Salmo 24, 19.
21. Notemos el paralelismo con el Evangelio: después de ensayar los falsos testigos (versículo 11; cf. Mateo 26, 59 ss.). Caifás exclama como aquí: “vosotros mismos habéis oído la blasfemia: para qué necesitamos ya de testigos?” (Mateo 26, 65).
24. ¡Júzgame Tú! Cf. Salmo 16, 2 y nota.
28. Sobre la alabanza perpetua dice San Agustín: “Cuando cantas, alaban a Dios tu lengua y tu pecho; y cuando calla la lengua y tomas tu sustento, no te excedas, y alabas a Dios. Dale a tu cuerpo el descanso, y haciéndolo santamente, alabas a Dios. Ocúpate en negocios, si quieres, pero no defraudes, y alabas a Dios. Aplícate al cultivo de tus tierras y no litigues, y alabas a Dios. En la pureza de tus obras vas tejiendo las estrofas de tu himno a Dios todo el día.” Cf. Lucas 11, 23; Romanos 14, 6; I Corintios 10, 31; Hechos 2, 46; I Tesalonicenses 5, 10 y 17 y notas.
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SALMO 36 (35)
1 ss. David empieza mostrándonos el proceso interior de la conducta del impío; luego se vuelve al Señor para alabar su bondad y justicia y termina señalando la caída de los soberbios.
4. No se cuida de entender: He aquí todo el misterio de los fariseos, que ya creían saberlo todo sin necesidad de buscar lo que ha dicho Dios (cf. Salmo 11, 5), y que en el fondo rehuían el saberlo porque era incompatible con su orgullo (Juan 8, 43). Jesús no cesa de increparlos con sus más terribles palabras (véase Mateo 23, 13; Juan 3, 19; 5, 39; 7, 17; 8, 24 s. y 45 ss.; Hebreos 12, 19, etc.). No debemos creer que haya pasado del todo “la generación esa” (Mateo 23, 36; 24, 34) y que el mal fuese sólo de aquellos judíos, y no de todos los tiempos. Cf. Romanos 11, 17-21.
6 ss. Como un contraste que le permite olvidar el triste cuadro precedente, el salmista pasa a ofrecernos una grandiosa descripción de los atributos de Dios. Su misericordia sobrepuja a su justicia como el cielo a las montañas (cf. Salmo 32, 5 y nota), y se extiende aún a los animales. Cf. Lucas 12, 24. A la sombra de tus alas (versículo 8): Véase la expresión de Jesús en Mateo 23, 37.
10. Algunos Padres ven aquí el misterio de la Santísima Trinidad: el Padre, a quien se dirige el salmista; el Hijo, luz que es fuente de vida (Juan 1, 4 y 9); y el Espíritu Santo, que irradia la luz de la gracia ganada por Cristo. Cf. Salmo 4, 7 ss.; 118, 105: Juan 8, 12; 12, 46; 17, 17; II Timoteo 1, 10; I Juan 1, 5.
11. Sobre los que te conocen: Este privilegio, a favor de los que se interesan. por conocer los misterios que Dios se ha dignado revelarnos en su palabra, no puede sorprendernos después de lo dicho en el versículo 4. El mismo Jesucristo enseña que la vida eterna es conocer a Dios Padre y a su Hijo Jesucristo como Enviado por el Padre (Juan 17, 3); y San Pablo revela que las llamas del fuego son para los que no conocieron a ese Padre y no obedecieron al Mensaje evangélico de ese Hijo. Cf. II Tesalonicenses 1, 8; Salmos 9, 11; 90, 14.
13. Como en visión profética el salmista nos muestra ya cumplido el juicio de Dios. Cf. Salmo 1, 5 y nota.
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SALMO 37 (36)
1 ss. En el original es alfabético así como el Salmo 24, el 118, etc. empezando cada sentencia con una letra del alfabeto (alefato) hebreo. En su substancia es una exposición maravillosa de la divina Providencia, cuya lectura y meditación, como decía San Isidoro de Sevilla, es medicina soberana contra las murmuraciones y las inquietudes del alma frente a esos escándalos atroces que harían vacilar, si posible fuera, aun a los elegidos (Mateo 24, 24). Véase también a este respecto los Salmos 48, 72 y 93. “No te acalores” (cf. versículo 8): No se trata precisamente de no envidiar la suerte de los malos que parecen triunfar, sino de evitarnos, por la inalterable confianza en Dios, toda alteración de la serenidad, que es la condición normal de la sabiduría. Ésta es de carácter universalista, totalista; su aspiración no tiene límites y busca lo supremo, porque vive en lo absoluto, y de ahí que no se altere con tristeza ni con alegría, por acontecimientos cuyo interés sólo es parcial. Así como, en la prosperidad de las propias obras de apostolado no se entrega a una entera complacencia —como suele hacerlo el hombre natural— pues ve que la humanidad sigue sufriendo y que Cristo no ha sido aun plenamente glorificado en la tierra, así tampoco se aflige demasiado al ver cómo avanza el “misterio de la iniquidad” (II Tesalonicenses 2, 7), pues Dios sabe muy bien cuándo ha de intervenir. “A mí la venganza, dice el Señor” (Romanos 12, 19; II Tesalonicenses 1, 6). La Fe y la Esperanza saben hallar aún entonces motivos de gozo por lo mismo que la Sabiduría lo tiene así previsto y anunciado en las profecías como preámbulo del sumo bien que esperamos. Cf. Mateo 24, 10 ss.; Lucas 17, 26 ss., etc.
4. “Esta promesa es uno de los más prodigiosos testimonios del amor y bondad con que nos mira Dios. El que la medita halla en ella un programa completo de santidad: es el programa de María que eligió esa mejor parte (Lucas 10, 42) la cual ‘no le será quitada’ porque raros son los que la codician, o sea, como dice Rudolfo el Cartujo, que nadie se la disputará.” “¿Cómo explicar tal desprecio de esa felicidad temporal y eterna sino por la muerte de una fe que en vano intentaría perpetuarse con obras serviles hechas sin amor? El puro temor servil, dice Santo Tomás, procede de una fe informe, y la fe que salva no es esa sino la fe viva, es decir, animada por la caridad” (P. de Segor).
5. El concepto que el santo Rey quiere destacar es el de que Dios no es pasivo, sino que, muy al contrario, se goza en tomar a su cargo nuestros asuntos siempre que nos confiemos a Él (Santiago 1, 6; 4, 3; 1 Pedro 5, 7; Marcos 11, 23 s.). Como un paralelo de las figuras de Marta y María, Santo Tomás nos recuerda también las de Lía y Raquel, haciendo notar que aquélla, muy prolífera y de ojos legañosos (Génesis 29, 17), “pare mucho, pero ve poco”.
7. Sobre este silencio, cf. Salmo 38, 2 ss. y notas.
8 s. Nuevo estímulo para la actitud valiente y tranquila del sabio frente al mal y aun a la propia persecución. No es esto valor estoico, pues no se funda en la propia suficiencia, harto falible, sino en la certeza de una indefectible protección (cf. Salmo 111, 8). Véase también Salmo 3, 7; 22, 4; 26, 1; 55, 5; 117, 16; Mateo 10, 28; Romanos 8, 31, etc. “Serán exterminados” (versículo 9): Cf. versículo 20; Salmo 33, 17. “Heredarán la tierra”: La bienaventuranza prometida por Jesucristo en el Sermón de la Montaña (Mateo 5, 4). Allí se aplica a los mansos; aquí a los que saben confiar en la bondad del Padre. Cf. también los versículos 11, 22, 29 y 34.
12. Para ponernos en guardia y quitarnos ilusiones, se nos revela aquí una verdad muy importante: no nos libraremos de que nos odien, y en eso estará el sello anunciado por Jesús a sus verdaderos discípulos (versículo 32; Salmo 34, 16; Juan 15, 19; 16, 1 ss.; 17, 14; Hechos 7, 54; Mateo 5, 10; Marc. 10, 30; II Corintios 4, 9; II Timoteo 3, 12; Lucas 19, 14; 21, 17; I Juan 3, 13, etc.).
13. Cf. Salmo 2, 4.
16. Véase Proverbios 16, 8. La moderación, fruto de un permanente contacto con el Evangelio, es un tesoro de paz que San Pablo llama “granjería grande” (I Tim. 6, 6).
20. Son innumerables las variantes propuestas para este texto trunco en que falta el segundo estiquio y otros están alterados. Manresa propone: Perecen los impíos y los enemigos del Señor, fallecen como lo más aflorado de las manadas, como humareda van esparcidos. Rembold vierte: Solamente perecen los impíos y sus hijos pedirán pan; los enemigos del Señor son como la gloria del campo, la cual se deshace en humo y se desvanece (cf. Isaías 40, 6). Wutz nos ha parecido el más aproximado a la mente del salmista.
21. Si Jesús manda prestar sin interés (Lucas 6, 34 s.; cf. versículo 26) y no resistir al malo (Mateo 5, 39 ss.), no es ciertamente porque Él apruebe la conducta del que no devuelve. Sobre esta obligación el Catecismo Romano (3, 8) cita Proverbios 21, 6 y Hababuc 2, 6. Cf. principalmente el notable Eclesiástico 29.
23. Admirable afirmación de la Providencia. ¿Quién no se sentirá consolado por esta verdad si cree de veras en ella? Cf. Jeremías 10, 23; Proverbios 21, 1 y nota. Pidamos todos aumento de fe para poder practicar esas cosas que son agradables a Dios (Mateo 10, 30; Hebreos 11, 6; Sabiduría 9, 10).
25. Preciosa verdad que vemos cumplida en la vida de Tobías padre e hijo. Cf. Salmo 127 y notas. Jesús lleva esta doctrina hasta revelar que la conducta de Dios con nosotros será exactamente la que nosotros queramos. En Marcos 4, 24, hablando a sus discípulos, les dice primero: “Mirad lo que oís” (como diciendo: admirad la maravilla que voy a prometeros, de conseguir todo lo que queráis). Y entonces añade: “Con la medida con que midiereis, se medirá para vosotros, y aún se añadirá”. Es decir que de nosotros depende recibir una misericordia sin límites, y que ésta será siempre mayor que cuanto imaginábamos. Cf. Denz. 1014.
27. Habitarás por siempre: “No serás arrojado de la tierra prometida, sino que gozarás en ella perpetuamente de los bienes materiales y espirituales concedidos a sus moradores, en premio de tu fidelidad a la Ley, resumida en apartarse del mal y practicar el bien” (Prado).
29. “La raza de los impíos será extirpada; la de los buenos será providencialmente mantenida en el suelo sagrado de Palestina” (Fillion). Véase versículo 34.
30 s. Cf. Introito del Común de Confesores y Abades; Proverbios 31, 26; Isaías 51, 7.
32 ss. Parece a veces que triunfase el impío asechando al hombre probo, pero al fin es Dios quien triunfa siempre. Cf. versículo 12 y nota; Salmo 48, 6-7 y nota.
34. ¡Cuenta con Yahvé! Es como si dijera: Apuesta en favor de Él y no te fallará. ¡Por cuántas personas y por cuántas cosas apostamos, dice un autor, poniendo en ellas nuestra fe, aunque sabemos —o deberíamos saber— que son falibles! ¿No habrá nadie que quiera apostar en favor de Dios? ¿Nadie que quiera acordarle “crédito en descubierto”? Nótese que tal crédito es la sola condición que su honor divino exige (versículo 40) para colmarnos de sus bienes. Pero este contar con Dios tiene otro aspecto no menos importante en nuestra acción apostólica, como lo señala elocuentemente un autor moderno: “El objeto de todo apostolado es mostrar la verdad de la fe, presentando las soluciones tales como Dios las ha revelado, y Él sólo las ha revelado como soluciones en función de Su propia y continua actividad.” Cf. Mateo 6, 33; Juan 5, 17. El apostolado que se llama social e intelectual fracasa muchísimas veces porque el hombre se empeña en presentar las soluciones en forma tal (lógica, erudita, humanista, temporal) que ellas puedan ser verdaderas por sí mismas, sin esa intervención de Dios, sin que Él tenga en ellas ningún papel activo que desempeñar, de modo que en definitiva pudieran ser verdaderas aunque Dios ya no existiese. Fácilmente se comprende que esto se oponga más que ninguna otra cosa a Sus designios paternales, arrebatándole la gloria de su Providencia, sustituyéndolo por la técnica de una ley fija y quitando a las almas toda ocasión de recurrir a Él. Asistirás: cf. versículo 9 y 38.
37 s. Texto muy diversamente vertido. El sentido parece ser que, aun en esta vida, le quedarán hijos y bienes que aseguren su posteridad, mientras que los impíos perecen sin ellos (versículo 38). San Ambrosio aplica el pasaje a los bienes que deja el justo a sus hijos, a las buenas obras que hizo durante su vida, a los hijos virtuosos que deja herederos de su piedad, y a la posesión de la eternidad reservada para los justos.
40. ¡Porque a Él se acogieron! Véase Salmo 32, 22 y nota.
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SALMO 38 (37)
1. Este Salmo, que comienza como el Salmo 6, es el tercero de los siete penitenciales, y contiene la más honda descripción de un alma penitente, víctima del dolor y de la persecución. Los santos Padres han visto en él muy de veras la oración de Cristo doliente, víctima de los pecados del mundo, los cuales Él ha tomado sobre sí (versículos 4, 5 y 19) para poder purgarlos. El versículo 21 muestra que es un santo quien habla en él, o sea que aquellas culpas no eran suyas. La Vulgata agrega al epígrafe las palabras “en Sábado”, probablemente para indicar que el Salmo se recitaba durante la parte de la ofrenda llamada “recuerdo” (Levítico 2, 2; 24, 7), sacrificio de harina y aceite que se quemaba sobre el altar. Según San Agustín y San Gregorio, significarían estas palabras: “para recuerdo de la quietud perdida junto con el estado de inocencia, o de la prometida en la resurrección de los justos”.
3. Palabras desgarradoras y sublimes en boca de Cristo, que encierran todo el misterio de la Redención; Dios, a ruego de su Hijo santísimo, dejó que sobre Éste cayera el castigo tremendo que los viles esclavos del pecado merecíamos por todas nuestras infamias hasta el fin de los tiempos (véase Hebreos 10, 5-10; cf. Salmo 39, 7 y nota). Ejerció sobre Él la justicia para que a nosotros nos quedase la misericordia (Romanos 4, 25). Cf. los Salmos 21 y 68.
4. Jesús llama suyas nuestras culpas, y así cargado con ellas, se muestra a su Padre en estado de pura contrición, es decir: sin intentar la menor explicación o justificación (cf. Salmo 21, 7). En esta abyección suprema, aceptada por quien era la Santidad infinita, consistió la Pasión del alma de Jesús, la agonía que se manifestó en Getsemaní por el sudor de sangre. Véase Salmo 39, 13.
6 ss. Insensatez: Pecado. En el Antiguo Testamento, especialmente en los Libros sapienciales, el pecado es llamado “necedad”, “locura”, porque no la hay más grande que sublevarse contra la Omnipotencia, la Sabiduría y la Bondad del Padre celestial. Es Jesús quien así se proclama necio y culpable, en lugar nuestro. Nosotros, en cambio, queremos siempre aparecer dignos de aprobación y aun de aplauso (cf. Juan 5, 44 y nota); y si alguien nos llama necio, consideramos que el “honor” nos obliga a rebelarnos. ¡Feliz quien comprende el abismo que hay entre el mundo y Cristo! Sobre la falacia del concepto mundano del honor, véase Ezequiel 16, 55 y nota. En los versículos que siguen tenemos una de las más intensas pinturas que existen de la sacratísima Pasión de Jesús, que nos ayuda grandemente a unirnos a Él, a mirarlo y admirarlo como el Santo por excelencia, cuyos ejemplos y lecciones nos ilustran y santifican infinitamente más que si estudiáramos a todos los santos. Hablando a su clero el sabio y piadoso Mons. Keppler, buen conocedor de la Sagrada Escritura, le hacía notar cómo ella se empeña en mostrarnos, en contraste con la conducta de Jesús, siempre acertada y aleccionadora (cf. Juan 8, 46), las miserias y caídas de los apóstoles, las vanas promesas de Pedro, las bravatas de Tomás (Juan 11. 16) y su falta de fe (Juan 20, 24 ss.) y la incomprensión de todos ellos, los cuales —decía— “se gozarán hoy sumamente de haber quedado bien humillados e insignificantes en el Evangelio, para que sus fallas nos sirvieran de enseñanza y estimulo, y su oscuridad, lo mismo que el silencio casi absoluto que el Evangelio guarda sobre la Virgen, dejasen ver en toda su plenitud al Modelo que nuestros ojos han de contemplar constantemente, según San Pablo, como «autor de nuestra fe» (Hebreos 12, 2)”.
12. Algunos traducen el segundo hemistiquio: “Mis allegados me hacen oprobios desde lejos”: Véase Job 2, 13.
13. ¡Oír que nos están calumniando, ver la sinrazón, la ceguera que triunfa y se impone, y aceptarla con gusto porque así procurará el bien de los que amamos, que son esos mismos enemigos que nos están dañando! Así obró Jesús, y así tras Él, pero con Él, sus amigos. Él estuvo solo y redimió en carne propia. Nosotros, por la fe, unidos a Él que habita y sufre en nuestro corazón.
14 s. Así pinta Isaías a Jesús, silencioso como la oveja que sin protesta ni resistencia se deja llevar a la muerte (Isaías 53, 7; Salmo 38, 3). Así también lo vemos en el Evangelio (Mateo 26, 63; Marcos 14, 61).
16. Tú responderás (como observa Calès, mejor que Tú escucharás): Por eso yo me callo como un mudo (versículo 14 s.). Aquí está el secreto de esa fortaleza de Jesús en su Pasión: su solo consuelo era el saber que el Padre lo amaba a pesar de todo. Esta certeza es también para nosotros la única fuerza y alegría en las pruebas de esta vida que huye.
17. Vemos aquí pintado lo que es el mundo, que se envalentona tanto más cuanto más nos ve caídos. Hasta el día en que resolvemos despreciarlo y buscar la felicidad en Jesús, y la descubrimos en su conocimiento y su amor.
18. ¡Qué palabras en boca de Jesús! Cf. Salmo 68, 21 y nota. “El verdadero sentido debe ser que el pecador penitente está seguro de no tener por sí solo bastante fuerza y fe para salir de su abatimiento físico y moral” (Desnoyers). De aquí la doctrina de la Iglesia: “Ningún miserable es librado de sus miserias, sino aquel a quien la misericordia de Dios se anticipa.” Esta doctrina se apoya en los Salmos 78, 8; 58, 11; 76, 11 (Denz. 187).
19 ss. Él contraste con lo que sigue define maravillosamente la posición de Cristo, el Redentor. El mismo que es hostilizado porque se empeña en lo bueno (versículo 21) y es odiado sin causa (versículo 20), se presenta aquí como si fuese pecador (cf. versículo 5). ¿Qué culpas son ésas sino las nuestras? ¡A Él correspondió en grado sumo la bienaventuranza de ser perseguido por causa de la justicia! (Mateo 5, 10). Si al Salmo 36 le discuten muchos modernos el origen davídico, no obstante la afirmación del epígrafe, suponiendo que, por su estilo y forma, puede ser “postexílico”, la presente oración nos parece en cambio muy propia del Rey Profeta que, ya inocente y perseguido, ya culpable y arrepentido como en el Salmo 50, expresó como nadie, junto a los esplendores del Rey venturo, los más íntimos lamentos del alma de Cristo.
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SALMO 39 (38)
1. Iditún, jefe de coro, contemporáneo de David, uno de los músicos del Santuario (I Paralipómenos 23, 1; II Paralipómenos 5, 12), tal vez el mismo que Etán (I Paralipómenos 15, 17).
2. Sobre esta sabiduría de ver en todo los designios de Dios y callarse aunque prospere el enemigo, véase Salmo 36, 7 s. y nota. San Ambrosio lo aplica al silencio de Jesús ante sus jueces y traidores movidos por Satanás (Mateo 26, 63; Marcos 14, 61; Juan 19, 9; Salmo 37, 14 y nota).
3. ¡Aun el bien! Muchas veces el silencio tiene un valor supremo y ninguna elocuencia puede aventajarlo. Tal vez no está en ese momento a nuestro alcance “le mot qu'il fallait dire”, mostrándonos así que Dios no nos mueve a hablar (cf. Mateo 10, 19), sin duda por la inutilidad e inconveniencia de dar “el pan a los perros o las perlas a los cerdos” (Mateo 7, 6). Cf. Salmo 18, 1 y nota.
4. Suele citarse esto como elogio de la meditación que enciende el amor. La idea es muy exacta, pero el sentido aquí es más bien de dolor (Cardenal Gomá). Es en efecto esa desesperación que nos invade, no sólo cuando somos personalmente víctimas de la injusticia (porque entonces quizá es más fácil perdonar sabiendo que tal es la obligación fundamental que nos impone el Sermón de la Montaña [cf. Mateo 7, 2 y nota]), sino sobre todo cuando vemos algo que se está haciendo mal y ansiamos protestar y rectificarlo. Pero sabemos que todo es inútil, que no escucharán o probablemente se burlarán de nuestra evidente razón, porque no verán o no querrán ver esa razón. Para esos casos en que parece que la indignación va a estallar en nosotros, es este Salmo un remedio heroico. Apenas entramos a entenderlo vemos que, suceda lo que sucediere (cf. Mateo 24, 6), no hay motivo para alterarse. No somos tan importantes como para que de nosotros dependa el destino del mundo ni su responsabilidad. Dios está por encima de todo, y todo lo ve. Si Él lo permite (versículo 10), sabe bien por qué lo hace. Callémonos tranquilos, confiando sólo a Él (versículo 9) nuestra salvación y justificación frente a la iniquidad. Cf. Salmo 36, 1 y nota.
5. Cf. Salmos 9a, 21; 89, 12 y nota. Mudo frente a la iniquidad de los hombres, el salmista estalla en un desahogo frente a Dios, semejante al del Salmo 31, 4 s. Con Él no necesitamos usar de esa prudencia de la serpiente, sino, al contrario, se nos permite y se nos manda tener la sencillez de la paloma (Mateo 10, 16). Véase II Corintios 5, 13 y nota sobre ese desahogo sin límites que podemos disfrutar a solas con nuestro Padre divino, como un niñito que aún no conoce la vergüenza en brazos de su madre (Isaías 66, 13 y nota). ¿Qué nos importa ser débiles y aun sucios, feos, antipáticos, si sabemos que Él nos ama lo mismo? No habría un suicida más si se le hiciese conocer cómo es el corazón de Dios.
7. Es el destino de los avaros: trabajar toda la vida y no saber para quién ni por qué. Cf. Salmo 48, 11; Eclesiastés 4, 7 ss.; Eclesiástico 11, 20; Lucas 12, 20; I Timoteo 6, 17 ss.
10. Es decir, ya vuelvo a mi silencio (versículo 3; cf. 5. 37, 14-s.), porque eres Tú quien todo la gobierna y sabes mejor que yo lo que me conviene. Bellísima prueba del amor (cf. Salmo 118, 102; Mateo 26, 39).
12. Plausiblemente opinan varios autores que aquí se trata, como en Génesis 3. de la caída del hombre en general, a causa de la culpa de Adán, que lo ha reducido a un estado sumamente miserable (cf. Sabiduría 2, 24 y nota; Denz. 174 ss.) del cual sólo la Redención de Cristo puede sacar, mediante un nuevo nacimiento sobrenatural, a los que creen en ella (Juan 1, 12 s.; 3, 3). No se trata, pues, de cada hombre individualmente, pues en tal caso no es ésta la regla, como lo pretendían los amigos de Job, sino que Dios suele esperar al pecador con indecible longanimidad y misericordia (cf. Sabiduría 11, 24 ss. y notas), porque su justicia no es de este mundo, según lo vemos en los Salmos 36, 48, 72, 93, etc.
13. Al revés de lo que hace el mundo, el salmista no se recomienda por sus méritos o abolengo sino por su miseria (cf. Salmo 50, 5 s. y notas) y la de sus padres, pobres peregrinos en este destierro. Cf. I Pedro 2, 11; Hebreos 11, 13-16. Notemos la lección de humildad que a este respecto nos da el salmista. El amor al propio padre y madre es la primera regla de la caridad y también de la justicia en el sentido equitativo, pues en el orden natural les debemos cuanto somos, y también porque son para nosotros verdaderos representantes de Dios, de donde les viene la inmensa autoridad que tienen sobre los hijos, como nos lo muestra la divina Escritura en la época de los patriarcas. Pero es muy distinto el caso de los antepasados como solían invocarlos los fariseos ante Jesús, y también los mundanos de todos los tiempos, con orgullo de raza, de patria, de familia (cf. I Timoteo 1, 4). Para reducir a su justo límite lo que debemos a esos antepasados, basta pensar que el primero de ellos, el fundador de la estirpe, se entregó a Satanás con toda su descendencia (véase Salmo 39, 13; Sabiduría 2, 24 y notas). Gracias a nuestro padre Adán nacemos de derecho propiedad del diablo y sólo nuestro Salvador Jesucristo pudo otorgarnos el nuevo nacimiento en el bautismo, mediante la fe, que necesitamos para salir de ese dominio, cuyos lazos nos persiguen hasta el fin de esta vida. ¿Podrá alguien con esto sentirse orgulloso de su nacimiento e invocar como ilustre tan humillante ascendencia? Cf. Salmo 78, 8.
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SALMO 40 (39)
1. Sacado de un gran peligro, entona el santo rey este himno para contar las maravillas del auxilio de Dios y pedir nuevas gracias en sus tribulaciones. Como el 37, aplicado a los dolores de Cristo por San Gregorio, Belarmino, etc., este Salmo es mesiánico en sentido típico (Knabenbauer, Calès, etc.), es decir: la oración y los actos del salmista, aunque no haya en ellos nada que no pueda aplicarse directamente a él, son una elocuente figura de los de Cristo, y especialmente de su misión evangélica en los versículos 7-11, de la Pasión redentora (versículos 12-18). San Pablo cita los primeros en Hebreos 10, 5-10, según los LXX que, en vez de: me has dado oídos (versículo 7), dicen: me has dado un cuerpo, y de ahí que él aplique a la oblación de Cristo este pasaje que aquí se refiere más directamente a su obediencia y su predicación. “Contienen estos versículos un pensamiento interesantísimo, que es el tema del primer sermón de Isaías (1, 2) contra la falsa piedad de Judá. El sacrificio que Dios desea no es el de los becerros, sino el de la voluntad, con la perfecta obediencia a su Ley. Esto se realizó plenísimamente en Cristo... y en este aspecto el Salmo es mesiánico” (Nácar-Colunga).
3. Maravillas de la oración: por ella Dios nos levanta del cieno (Salmo 112, 7) para elevarnos más que antes de la prueba (Lucas 7, 47; Santiago 1, 12; I Pedro 1, 7). Entonces nos enseña el cántico nuevo (versículo 4) de la gratitud que dilata los corazones (Salmo 118, 32), y aun hace que otros se edifiquen con los favores que Él obró en nuestra alma (Mateo 5, 16).
5. No se alude aquí al que busca simplemente las cosas vanas e ídolos (cf. el texto Vulgata), sino al que, por tener fe en los hombres (Jeremías 17, 5), cae fácilmente en manos de lobos con piel de oveja (Mateo 7, 15 y nota).
6. Excede, etc.: Cf. Salmo 138, 17 s.; Isaías 55,9, etc. Santo Tomás, en el himno Lauda Sion, expresa esta misma ansia impotente de cantar en forma digna las maravillas del Salvador, diciendo al lector: “Atrévete cuanto puedas: nunca lo alabarás bastante porque Él es superior a toda alabanza.”
7 ss. Junto al ansia de alabar (versículo 6), el corazón agradecido de David siente la de ofrecer a Yahvé algo que le muestre su gratitud (cf. Salmo 115 b, 3 s.; I Paralipómenos 21, 24; Levítico 7, 12 s.). Pero él sabe bien, como en Salmos 49, 8-14; 50, 18, etc., que no es eso lo que agrada a Dios sino la fidelidad de nuestra adhesión a Él (cf. Mateo 26, 39). “No es conforme a la santidad de Dios y a sus designios que se inunde de víctimas el Templo, manteniendo las costumbres en oposición a la Ley” (Manresa). Ahora bien, hay un “rollo” (versículo 8) —que San Roberto Belarmino identifica con la “suma de las Sagradas Escrituras”— donde Él nos muestra con sus propias palabras lo que verdaderamente le agrada y cuál es su voluntad (cf. Salmo 4, 6; Sabiduría 9, 10 y notas; I Reyes 15, 22; Isaías 1, 10 ss.; Oseas 6, 6; Miqueas 6, 6 ss., etc.): Por eso es que nos “ha dado oídos”, es decir, un órgano horadado, abierto, para recibir sus palabras (cf. Isaías 50, 5 y nota; Deuteronomio 6, 4; Jeremías 7, 23 ss.; Hebreos 1, 1 s.; Apocalipsis 1, 3). “He aquí que vengo” (versículo 8), o sea: te ofrecería aquellos sacrificios si Tú los quisieras (cf. versión Ubach y Knabenbauer), mas como no es eso lo que te agrada, heme aquí simplemente deseoso de hacer tu voluntad tal como está en tu Libro, poniendo en tu Ley mi deleite y guardándola en lo más íntimo de mi corazón (versículo 9; cf. Salmo 36, 31; 118, 11 y passim). En vez de: es mi deleite, Vaccari vierte hermosamente el versículo 9a: hacer tu gusto, oh Dios mío, mi amado. En Hebreos 10, 5 ss. (véase allí la nota) San Pablo hace una sublime aplicación de estos versículos, tomados de los LXX, al Verbo Encarnado, siendo, como dice Vaccari, “apropiados a Jesucristo venido a la tierra para hacer la voluntad de su divino Padre. Cf. Juan 4, 34; 6, 38”. Vemos así como la Encarnación fue espontánea, hecha por amor al Padre cuyo Nombre ansiaba dar a conocer (versículo 10; Juan 1, 18; 17, 4, 6 y 26), como había de ser también espontánea su oblación (Juan 10, 18 y nota; Isaías 53. 7; Filipenses 2, 8) por su pueblo y por nosotros todos (Juan 11, 51 s.; Efesios 5, 2) y por cada uno en particular (Gálatas 2, 20).
10. Véase Salmo 16, 4 y nota. La grande asamblea: Ante todo, el pueblo israelita; después, la reunión de las naciones en la Iglesia. Así lo había de practicar y ordenar el mismo Jesús (cf. Mateo 10, 5-6; Lucas 24, 47; Hechos 13, 46; 3, 26; Romanos 2, 10; 9, 4; II Corintios 3, 14).
11. ¡He aquí el lema ideal para el predicador cristiano! “¿Cuál es —se pregunta San Agustín— la causa principal de la venida del Señor? ¿No es acaso para que se haga manifiesto a todos el amor de Dios para con nosotros?” Y Santo Tomás, afirmando igual doctrina, concluye: “Nada invita al amor como la conciencia que se tiene de ser amado.”
12. Es muy de David este sabio pensamiento de recordar la pasada protección de Dios para mejor confiar en la futura (Salmo 62, 7 y nota).
13. Desmaya: A la vista de los pecados. Tal experimentó Jesús en Getsemaní (Lucas 22, 41-44) al ver los pecados del mundo entero, que Él tomó por suyos (cf. Salmo 37, 1 y nota). Los versículos 14 ss. nos muestran una vez más aquella dolorosa oración del Señor cuando va a inmolarse, es decir cuando, habiendo quedado bien establecido que Israel rechaza su misión (Mateo 16, 13 ss.) en la cual Él cumplió la voluntad del Padre (versículo 9), anunciando el Evangelio del perdón (versículo 10 s.; Marc. 1, 15 y nota) y dando a conocer su Nombre de Padre (Juan 17, 4, 6 y 26). En ese momento resolvió Él en forma libérrima, y sin que nadie se lo imponga (Juan 10, 18), entregar su vida para que de este modo pueda cumplirse aquella voluntad del Padre no obstante ese rechazo por parte de Israel. Porque tal voluntad del Padre era que los hombres se salvasen escuchando al Hijo (Juan 6, 38-40); mas, ya que no lo escucharon, Jesús resuelve dar su vida para que aquella voluntad salvífica pueda cumplirse aún después de aquel rechazo; ante lo cual el Padre no puede sino amar más a tan sublime Hijo (Juan 10, 17) y darle el mandamiento de que recobrase esa vida, resucitando su Humanidad santísima (ibíd. 10, 18). Entre tanto, Jesús sufre espantosamente, como lo vemos aquí y en todos los Salmos de la Pasión; pero, aun en medio de esos tormentos prefiere siempre que se haga la voluntad del Padre y no la Suya (Mateo 26, 39), es decir, no una voluntad paterna de que el Hijo padezca (Mateo 26, 53), sino aquella misma voluntad salvífica que, no logrando cumplirse mediante el ofrecimiento de la Buena nueva, se cumpliese mediante el poder de la Sangre redentora, tomando el Señor sobre Sí toda la suma de dolores que Satanás el acusador (Apocalipsis 12, 10) habría tenido derecho de reclamar para todos y cada uno de los pecadores en virtud de su triunfo edénico sobre Adán como cabeza de la humanidad (cf. Sabiduría 2, 24 y nota). Así Jesús, en su aparente derrota de la Cruz, nos libró de “la potestad de la tiniebla” (Lucas 22, 53), arrebatándole el “quirógrafo” de acusación que podía tener contra nosotros (Colosenses 2, 14), al aceptar para Sí todo lo que Satán pudiese reclamar contra los hombres, para lo cual Él ocultó al maligno su condición de Hijo de Dios (Mateo 4, 7 y nota) a fin de no impedir que Satanás moviese a Judas a entregarlo (Juan 13, 27). Por eso la muerte del divino Cordero no tuvo la forma ritual de un sacrificio, sino que encubierto bajo la forma de un proceso legal, fue un alevoso crimen, cuya ejecución ni siquiera estuvo en manos de los sacerdotes que le acusaban, sino en las de simples soldados.
17. La salvación que de Ti viene: Así también Calès, Vaccari, Nácar-Colunga, etc. Nuestra salvación y toda la eficacia de nuestra oración pende de la conciencia que tenemos de nuestra nada y maldad y la confianza que depositamos en la bondad y misericordia de nuestro Dios y Redentor (cf. Mateo 21, 22; Salmo 32, 22 y nota). De ahí que sólo puede ser salvado por Cristo el que lo acepta como su Salvador y lo mira como a tal (Juan 1, 14 ss.). No sabemos el número de estos salvados, pero sí sabemos que no son los que pertenecen al mundo, sino solamente los que siguen a Cristo, solamente aquellos que el Padre le dio “entresacados” del mundo y odiados por él. Véase Juan 15, 19; 17, 6 y 14 ss. y nota.
18. El Señor cuida de mí: Es un acto de perfecto abandono, hecho desde ahora por el que se confiesa incapaz de cuidarse por sí mismo. Otros: El Señor cuidará, o cuida Tú, Adonai (Ubach). No tardes: Cf. versículo 14. Así termina también el Salmo 69, que coincide casi a la letra con los versículos 14-18 del presente.
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SALMO 41 (40)
1. David compuso este Salmo refiriéndose muy probablemente a la infame traición de Aquitófel en la revuelta de Absalón (II Reyes 16); pero su alcance mesiánico es evidente y no podría negarse sin temeridad, dice San Crisóstomo, pues Jesús mismo se lo aplica en Juan 13, 18. Todas las estrofas exhalan una confianza inquebrantable en Dios misericordioso que hace feliz a quien piensa en los pobres y cuya bondad no abandona al perseguido. Es la quinta bienaventuranza (Mateo 5, 7). La expresión: que sabe comprender, que recuerda a la Vulgata: qui intelligit, denota algo que sólo se adquiere con el verdadero interés que da la caridad sobrenatural. Sin ella se podrá practicar ampliamente la beneficencia, pero sólo el amor de misericordia, a imitación del que tiene por nosotros el Padre (Lucas 6, 36 y nota) y el Hijo (Juan 13, 34; 15, 12), puede darnos esa comprensión íntima de las almas, que es condición preciosa e indispensable para que no sea estéril el apostolado. Cf. I Corintios 13, 1 ss.
3. De aquí se toma, según la Vulgata, la plegaria que en la Liturgia se hace por el Papa.
4 ss. Vemos cuan consoladora es esta promesa para los que caminamos hacia la disolución de este cuerpo, sin más excepción que los aludidos por San Pablo en I Tesalonicenses 4, 16 s. La ternura con que el divino Padre nos sostiene en tales pruebas, hasta hacerlas amables, contrasta con los versículos 6-10 donde se nos descubre y enseña, con cruda elocuencia, lo que podemos esperar de los hombres.
5. Notemos el argumento que se usa para pedir: ¡no se alega un mérito sino una culpa! ¿Podríamos hablar así a un juez si no tuviéramos la seguridad de estar en presencia de una bondad sin límites? Cf. Salmo 50 y notas.
7. Recuérdese el caso de los amigos de Job
10. Ha alzado contra mí su calcañar, o sea: me dio un puntapié. Con tal sentido aplica Jesús estas palabras a la traición de Judas (Juan 13, 18). Sobre Judas cf. Juan 17, 12; Hechos 1, 16. David tiene así una vez más el honor incomparable de ser figura de Jesucristo también en cuanto a la traición de sus amigos: véase Salmo 54, 14.
11. El salmista fue devuelto por Dios a la prosperidad y triunfó de todos sus enemigos (II Reyes 19). Su hijo Salomón se encargó de castigar a esos enemigos como de premiar a los amigos (III Reyes 2). Véase a este respecto Salmo 108, 1 y nota. En sentido mesiánico vemos igualmente que el Padre resucitó a Jesús y lo constituyó Juez de vivos y muertos (Hechos 2, 31-36; 10, 42).
13. En mi integridad: Así el nuevo Salterio Romano (incolumem) y varios modernos. Otros vierten a causa de mi integridad, o inocencia, lo cual parecería acentuar el sentido mesiánico frente a la confesión del versículo 5.
14. Doxología final que no pertenece a este poema sino que fue añadida como terminación del primer libro de los Salmos. Amén, palabra hebrea, pasada de la liturgia judía a la cristiana, significa en verdad, ciertamente; y, como bien observa Desnoyers, “más que un deseo, como nuestro ‘así sea’ es una adhesión para asociarse a una oración o a un deseo formulado en nuestra presencia”. Conclusiones semejantes se hallan al final de los demás libros (Salmos 71, 19; 87, 53; 105, 48).
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SALMO 42 (41)
1. Empieza el segundo Libro, que contiene los Salmos 41-71, llamados Elohistas, porque en ellos Dios se llama generalmente, en vez de Yahvé, Elohim (plural hebreo con que comienza el Génesis), si bien en realidad el grupo de los Salmos Elohistas dura hasta el Salmo 82, y aún más allá en ciertos casos (cf. Salmo 83 de inspiración análoga al presente). Este cántico lleva el nombre de los hijos de Coré, y su autor es, según se cree, un levita de entre ellos, alejado de Jerusalén, probablemente hacia las laderas del monte Hermón (versículo 7). San Roberto Belarmino lo atribuye a David, lo mismo que el Salmo 42, que es como su continuación y que en los LXX y la Vulgata dice: De David, palabras que hoy se tienen por apócrifas. Sobre el epígrafe véase el Salmo 31, 1 y nota; sobre los hijos de Coré: I Paralipómenos 6, 16 ss.; 9, 19 y 26.
3. Expresa la nostalgia del Santuario y quizá de ver el Arca de la Alianza que allí estaba (cf. Números 17, 10; Éxodo 25, 16; 27, 41; Apocalipsis 11, 19; 15, 5; II Macabeos 2, 4 s.; Ezequiel 41, 26 y nota). No se trata, pues, del deseo de la muerte (cf. II Corintios 5, 4 y nota), de la cual los hebreos no esperaban la inmediata visión de Dios (Salmo 6, 6 y nota). Véase la esperanza que a este respecto existe para el cristiano según lo enseña San Pablo (véase I Tesalonicenses 4, 16 s.; I Corintios 15, 22, 23, 51 y 52 [texto griego].
4. Intensa figura del hombre de fe en nuestra condición presente: desear, andar por todas partes en busca de Dios, entre las burlas del mundo (cf. Cantar de los Cantares 3, 1 ss.). “Busco a Dios en cada cosa creada y no lo hallo. Dentro de mi alma es donde Dios tiene su mansión (Juan 14, 23); aquí está, de aquí me mira amorosamente y me gobierna y me llama y me apremia” (San Agustín).
5. San Roberto Belarmino comenta este texto como una gozosa esperanza porque lo toma de la Vulgata (“transibo in locum Tabernaculi admirabilis”). El hebreo expresa lo más agudo de la nostalgia (cf. versículo 6 s.).
7 s. Misar significa pequeño (de ahí la versión de la Vulgata). El salmista precisa el lugar de su destierro: las fuentes del Jordán y el monte Hermón, es decir, el extremo norte de Palestina, donde vive gente pagana. La imagen de las cataratas (versículo 8) está tomada quizás de esa región montañosa, y muestra con viva elocuencia la incesante sucesión de las pruebas que lo abruman.
9. El texto ha sufrido. La interpretación que damos es a nuestra manera de ver la más conforme al contexto de toda esta lamentación, según el cual no parece que el cántico de la noche fuese prometido como gratitud por las gracias anheladas en el día, sino más bien una nueva súplica: la que sigue a continuación (versículo 10 s.) hasta que vuelve el estribillo de esperanza (versículo 12).
12. “Se trata de la nación entera de Israel, trasplantada al destierro y desolada al recordar los esplendores litúrgicos perdidos lejos de Jerusalén... Pero una voz se hace oír, que dice: ¡valor! Un día volverán esas alegrías y se podrán cantar de nuevo las alabanzas del Altísimo” (Dom Puniet). Véase Ezequiel 37, 21-28.
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SALMO 43 (42)
1. Este Salmo, con que comienza la Misa, es continuación del anterior. El conjunto forma tres partes terminadas por un mismo refrán: 41, 1-6; 7-12; 42, 1-5. Sobre el probable autor, cf. nota 1 del Salmo 41, ¡Hazme justicia... y aboga en mi causa! ¿Quién, que no fuese Él admitiría que se le invocase como abogado y juez a un tiempo?
3. Tu luz y tu verdad: San Agustín pone a estas palabras la siguiente glosa: “Invocando la verdad y la luz de Dios, sentimos que sus destellos han descendido hasta nosotros para remontarnos a Él. Dios es esencial verdad y esencial lumbre (I Juan 1, 5), y la inquietud y la sed del alma por la luz es inquietud y sed de Dios mismo.” De ahí que sea digno de respeto y agradable a Dios todo hombre que busca sinceramente la verdad. Jesús enseña que un tal hombre acabará sin duda por encontrarla (Juan 7, 17 y nota). “Tu santo monte”: El monte Sión, en el que está el Tabernáculo del Señor. Tiene también este Salmo un sentido eucarístico, mostrándonos cómo la luz y la verdad de Dios que hallamos en las Escrituras reveladas, son el camino digno hacia el Sacramento del Altar, pues la divina Palabra aumenta la fe (Romanos 10, Í7), por la cual vamos al amor (Gálatas 5, 6). A su vez en la Comunión pedimos que ella nos confirme en la luz de la verdad. Véase la Poscomunión del 13 de agosto y la Imitación de Cristo, IV, 11.
4. La alegría de mi gozo (así también San Jerónimo), es decir, lo que hace que mi gozo sea realmente tal. Como se ve, la expresión es bellísima, y no se trata de que Dios alegre solamente nuestra juventud, como dice la Vulgata, pues Él alegra también nuestra vejez, que es cuando más lo necesitamos (cf. Salmo 70). El texto Vulgata quedaría igual al hebreo con decir jucunditatem, en lugar de juventutem. Bover-Cantera vierte: El Dios de mi alegrona y de mi regocijo.
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SALMO 44 (43)
1. Sobre el epígrafe véase Salmos 31, 1; 41, 1 y notas.
2. En los días antiguos: En que Dios estableció su pueblo en el país de Canaán. El salmista, hablando en nombre del pueblo (cf. Salmo 101, 1 y nota), hace un paralelo entre esta gloriosa época de la historia de Israel y los males que lo afligen. Algunos han creído que su época es tal vez la sangrienta invasión de los idumeos, mientras el rey David ausente combatía a los sirios (Salmo 59, 1; II Reyes 8, 13; I Paralipómenos 18, 12). Según otros, se refiere a las guerras de Senaquerib en tiempos de Ezequías, o a la toma de Jerusalén por Nabucodonosor, pues habla de la dispersión entre los gentiles (versículo 12), si bien se observa que aquélla no fue, como la de hoy, entre todas las naciones (cf. versículo 10; Ezequiel 37, 23 y notas). El Salmo nos muestra, en forma intensamente patética, cómo es la mano de Dios la que humilla y la que exalta a su querido pueblo.
3. Los plantaste a ellos: los israelitas. Israel, figurado a veces por una higuera (Lucas 13, 7 ss.; Mateo 24, 32), a veces por un olivo (Romanos 11, 17 ss.) y por la vid (Isaías 5, l ss.), todos los cuales figuran en la parábola de Jueces 9, 7 ss., se compara aquí a un árbol plantado por Dios en la tierra de promisión (Salmo 79, 9-13), y tan amado de Él que no vaciló en destruir naciones para extenderlo. Véase a este respecto los Salmos 104-106 y la sublime oración de Esdras (Nehemías 9, 6 ss.), que resumen los privilegios de que Dios colmó a su pueblo predilecto e ingrato.
4 s. Cf. Salmos 17, 35; 32, 17 y nota. Jacob (versículo 5): Sinónimo de Israel, significa no solamente el patriarca epónimo, sino todo el pueblo, o sea las doce tribus.
10 ss. Recuerda que en los gloriosos tiempos antiguos Dios mismo solía acompañar a su pueblo en el Arca de la Alianza y hacía ganar las batallas. ¡Qué contraste con el tiempo que el salmista describe! El pueblo está vencido y los enemigos triunfantes escarnecen a Israel. Compárese tan doloroso cuadro con la situación del pueblo hebreo en nuestros días, disperso en las naciones. Este Salmo es una oración ideal para rogar por los destinos de ese pueblo, que Dios sigue amando a pesar de todo (Romanos 12, 28) y cuyo esplendoroso retorno anuncian las Escrituras (Romanos 11, 25 ss.; cf. Salmo 41, 12 y nota; 101, 21 ss.).
13. Vendiste: Cf. Deuteronomio 32, 30. La venta, como observa Fillion, era por permuta, de manera que el segundo hemistiquio significaría que nada ganó en el cambio. Como se ve en Isaías 50, 1 y nota, esa venta sin precio no fue definitiva. Cf. Oseas 3, 3 ss.
14. Igual expresión en Salmo 78, 4.
18. Según lo que vimos en el versículo 13 y nota, esto indicaría que se cumplió la condición recordada en Oseas 3, 3, es decir, la de no caer de nuevo en la fornicación de la idolatría. El versículo 21 parece confirmarlo.
20. Lugar de chacales: Isaías, según el texto hebreo, usa esta misma expresión hablando de Babilonia. Cf. Isaías 13, 22 y nota.
23. Por tu causa: El salmista insiste en que los israelitas no sólo sufren por sus pecados, sino también por el carácter singular con que Dios los había marcado y separado de entre los pueblos paganos. Nótese la aplicación que de este versículo (que en Vulgata es 22) hace San Pablo a nosotros en Romanos 8, 36.
24 ss. El sublime atrevimiento de este lenguaje muestra la confianza segura con que Israel hace esta súplica final, tanto más confiada cuanto que no espera salvarse por merecimientos propios sino por la piedad de Dios (versículo 27).
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SALMO 45 (44)
1. Los LXX y la Vulgata dicen en el epígrafe: Para aquellos que han de ser mudados, es decir, según S, Jerónimo, los santos, los cuales —dice San Atanasio y San Cirilo— serían tanto del judaísmo como de la gentilidad (cf. I Corintios. 15, 51 s.; I Tesalonicenses. 4, 16 s., texto griego). Otros leen Azucenas de la Ley como en el Salmo 79, 1 (cf. nota). Es este Salmo proféticamente mesiánico. De ahí el título: Canto de amor, o Cántico al Amado (San Jerónimo). Es de notar que, según San Roberto Belarmino y otros, este Salmo sería de David, no obstante hallarse incluido en la colección atribuida a los Coreítas, así como sabemos que el Salmo 2, tenido por anónimo, es también del Rey Profeta, porque así se declara en Hechos 4, 25. Describe a “Cristo como Rey” que se presenta en gloria y majestad (versículo 4), y luego su esposa la reina en toda su hermosura. La interpretación rabínica vio en ella la figura de Israel elegida de entre los pueblos como esposa de Dios, idea por lo demás común entre los profetas (Oseas 2, 16 y 19; Isaías 50, 1; Ezequiel 16, 8), así como vio en el Rey al futuro Mesías. La tradición cristiana es unánime en reconocer en este excelso Personaje a Cristo como Rey triunfante en el día de su advenimiento, cosa que, como dice San Agustín, sólo por ignorancia crasa podría desconocerse, ya que la Carta a los Hebreos cita expresamente los versículos 7 y 8 como dirigidos a Jesús por su Eterno Padre (Hebreos 1, 8). Por aquí vemos que así como en muchos otros Salmos habla Cristo, cuya oración se nos revela como un divino secreto, por boca del salmista que vivió mil años antes, así también se nos descubre aquí el infinito amor del Padre celestial a su Verbo encarnado, a quien alaba y anuncia su triunfo en lenguaje de un lirismo incomparablemente sublime. El testimonio de San Pablo basta para no detenerse en atribuir a este Salmo, como algunos han hecho, un puro sentido histórico, relativo tal vez a las bodas de Salomón con la hija del Faraón de Egipto, si bien esta conjetura, como ubicación del Salmo o como fondo histórico de una gran parábola contenida en él, puede ayudar para la interpretación profética de algunos pasajes aun misteriosos (cf. versículo 11 y nota). A este respecto Fillion, recordando a Vigouroux, expresa que no vacila en ver en este admirable Salmo, “lo mismo que en el Cantar de los Cantares, una especie de parábola, como las del festín de las bodas en el Evangelio (Mateo 22, 2-4), de las vírgenes prudentes y las vírgenes necias (Mateo 25, 1-13)”, es decir, una enseñanza que, sin expresar necesariamente hechos reales, contiene la revelación de verdades espirituales o proféticas, o de ambas a un tiempo. Y en verdad bien parece que si así no fuera, tanto aquí como en el Cantar, ni la Sinagoga, ni San Pablo que lo cita, habrían mirado como poema sacro, digno del Salterio, un epitalamio que ni siquiera mencionase al pueblo santo y fuese simplemente el desmedido elogio de un hombre (¿y de cuál?), cosa nada frecuente en la Biblia. En la Reina (cf. versículo 10), sin perjuicio de lo antes indicado (cf. Salmo 43, 13 y nota), aparece sin duda la Iglesia Esposa, el día de sus bodas con el Cordero (cf. Apocalipsis 19, 7 s.; 21, 9). En realidad la Iglesia de los Hechos era el Israel de Dios (Gálatas 6, 16), formada en Pentecostés de puros judíos fieles que constituían el resto de Israel (Romanos 9, 27 ss.), y extendida durante el tiempo de los Hechos con muchos gentiles injertados en el olivo de Israel (Romanos 11, 16 ss.), que luego cambió en la medida que !a salvación fue enviada directamente a los gentiles. Si consideramos la profecía de San Pablo sobre el retorno de Israel (Romanos 11, 25 s.), olivo castizo (Jeremías 11, 16; Oseas 14, 6), no hay dificultad en identificar con ello a la Iglesia Esposa, a la cual según el Apocalipsis le será dado para sus bodas con el Cordero vestirse de blancura y esplendor (Apocalipsis 19, 7-9) como la novia que aquí vemos. San Bernardo se complace en ver aquí a la Virgen María a quien la Liturgia aplica a menudo, por acomodación, pasajes de este Salmo como lo hace también a muchas santas (cf. las Misas “Dilexisti” y “Vultum tuum” del Común de Vírgenes, cuyos introitos, gradual, ofertorio, etc., están formados por versículos de este Salmo, algunos de los cuales literalmente tratan de Cristo, como el 1, 3, 5, 8, etc.).
3. Cuadro de Cristo pintado por el mismo Dios. Nótese el contraste entre este Cristo triunfante y el doliente que pinta Isaías en su primera venida (Isaías 53, 2). Cf. el retrato del Esposo en el Cantar de los Cantares (Cantar de los Cantares 5, 10-16), libro para cuya interpretación se ha visto la llave en este misterioso Salmo, si bien hay que reconocer que ambos nos ocultan aún muchos arcanos de orden profético, que en su tiempo serán descubiertos. Véase la introducción al Cantar. “La gracia derramada en sus labios” son sus palabras. Por eso dice San Agustín que el Evangelio es la boca de Cristo. Cf. Lucas 4, 22; Juan 1, 17.
4 ss. Sobre estos atributos esplendorosos del León de Judá triunfante (Apocalipsis 5, 3; 19, 11 ss.), véase los Salmos 2, 9 a y b, 46, 71, 92, 95 98, 109, 147; Isaías 9, 6; 11, 1 ss., etc., y la Liturgia de Cristo Rey y del tiempo de Adviento. El versículo 6 indica, como en Salmo 109, 6, el día de la venganza contra “los enemigos del Rey”: Cf. versículo 10 y nota; Lucas 4, 19; Isaías 61, 1 ss.
5. Esto es por la verdad desconocida (algunos vierten: cabalga sobre la palabra de la verdad) y por la justicia oprimida. Desnoyer traduce: por la virtud infortunada. Para ello cabalgará victorioso (Apocalipsis 19, 11-21) y realizará formidables hazañas. Cf. Salmos 71, 12 ss.; 109, 6; Isaías 11, 4 ss., etc.
7. Obsérvese que aquí y en el versículo 8 el Mesías es llamado Dios y que San Pablo utiliza este versículo en Hebreos 1, 8-9, para demostrar la superioridad de Cristo sobre los ángeles, siendo también uno de los textos citados en la Encíclica “Quas Primas” de Pío XI acerca de la dignidad de Cristo Rey. Sobre el cetro o vara cf. Salmos 2, 8 s.; 109, 2; Isaías 9, 6; 11, 1-4; Daniel 7, 14, etc.
8. Detestas: Cf. Salmo 138, 21 s. y nota. Esto explica la implacable antinomia que vemos por ej. en el Magníficat, según el cual, a la misericordiosa exaltación de los que menos la pretenderían, seguirá la más tremenda confusión de todos los soberbios (cf. Salmo 109, 5 s.). Oh Dios, el Dios tuyo te ungió: Como observa Dom Puniet, este pasaje es paralelo al de 109, 1: “Dijo Yahvé a mi Señor: siéntate a mi diestra”, que San Pablo cita en Hebreos 1, 13, esto es a continuación del versículo 7 (cf. nota anterior). Así lo entendió también San Jerónimo, al decir que el primero de los dos Nombres divinos está en vocativo y el segundo en nominativo. Varios autores modernos, considerando esto incompatible con el sentido histórico que atribuyen al Salmo como escrito para alguno de los reyes de la familia davídica, se esfuerzan en poner el primer Elohim con minúscula, o suponerlo en genitivo, y en aplicar el segundo al Padre, como si allí se dijese: “Yahvé, tu Dios”. Todo ello no solucionaría la dificultad, pues siempre quedaría en pie la afirmación de que el trono de este Rey subsistirá eternamente (versículo 6), cosa que por otra parte se repite mucho en Salmo 71; en 92, 2, etc., y en tantos pasajes de los profetas (cf. Isaías 32, 1) y que no puede explicarse de ningún rey, aunque fuese davídico. Es de agregar que entonces quedaría más oscura la atribución no davídica de este Salmo (cf. versículo 9 y nota; Salmo 41, 1 y nota), siendo además difícil suponerlo dirigido históricamente a ningún rey posterior a Salomón, después de verse caer las grandes esperanzas puestas en éste, y dividido su reino (cf. Salmo 71, 5 y nota). Acerca del “trono y reino” aquí anunciados (versículo 7) dice Ubach que se manifestarán esplendorosamente en el momento del juicio universal y perdurarán para siempre. “Con óleo de alegría”: Esa alegría de Cristo, superior a toda otra, es la misma que Él nos ofrece desde ahora como un bálsamo divino que, viniendo del Padre y pasando por Él, se derrama sobre nosotros. Cf. Juan 15, 11; 16,24; 17, 13 y 24.
9. La mirra, etc., recuerda el exquisito aroma que exhala desde el principio el Esposo del Cantar (Cantar de los Cantares 1, 3). Los palacios de marfil son mencionados en la Biblia con respecto a Samaría (cf. III Reyes 22, 39; Amós 3, 15), la capital del Israel del norte, cuya reunión con Judá anunciaron los profetas (cf. Ezequiel 37, 15 ss.; Isaías 11, 12, etc.). Donde te alegraron (algunos añaden: las cítaras): “¿Dónde lo alegraron a este Rey triunfante sino en los palacios de su Padre que le sentó a la diestra y le hizo Señor después de sacarlo del sepulcro?” Cf. Hechos 2, 23 y 36.
10. Hasta aquí el salmista habla al Esposo, pues la reina es mencionada en tercera persona y sólo en el versículo 11 habla con ella. Las hijas de reyes que vienen al encuentro del Esposo parecen formar el cortejo de la esposa (cf. versículo 15; Cantar de los Cantares 6, 8 s.; Mateo 25, 1; I Tesalonicenses 4, 16 s.). A tu diestra... la reina: En sentido literal véase versículos 1 y 11 y el elogio de la esposa en Cantar de los Cantares 4 y 6. Cf. III Reyes 2, 19. En cuanto al sentido acomodaticio, observa Fillion que este Salmo es recitado en todas las fiestas de María, y Grignion de Montfort, recientemente canonizado, piensa que, en la segunda venida de Jesús, María a quien mira como la primera coronada en el Reino de Cristo triunfante (cf. 5° misterio del Rosario), ha de ser un medio “para que los hombres amen y conozcan a su divino Hijo”, y entonces “la llamarán dichosa todas las generaciones” (Lucas 1, 48). Vestida de oro: Véase versículo 10. Ofir, es nombre de un nieto de Éber (Génesis 10, 29) y señala un país no ubicado hoy con certeza, probablemente la costa oriental de África. De él hacía traer Salomón el oro más precioso (cf. III Reyes 9, 28 y nota). En Isaías 13, 12 (texto hebreo) vuelve a mencionarse este oro al hablar de los grandes acontecimientos del gran día del Señor, día de la venganza contra los enemigos del Rey, aludidos aquí en el versículo 6.
11. Oye, hija, etc.: No puede dudarse que ésta es la misma esposa y reina del poema. En el fondo histórico es fácil comprender el consejo dado a una princesa extranjera de que olvide su pueblo y su casa para seguir al esposo. En el terreno profético si bien, como dice Desnoyers, “todo lo que concierne a la nueva esposa, se presenta en un texto mal conservado, difícil, y las interpretaciones son sumamente diversas”, Vaccari muestra con claridad, en la reina y sus damas respectivamente, a Israel y las naciones (versículos 1 y 10), y recuerda las bodas del Mesías con la nación regenerada, “compuesta de una parte elegida de Israel y de las naciones convertidas al Evangelio”. Un piadoso comentarista anónimo del siglo XVIII, autor de ocho tomos sobre los Salmos, aplica las palabras olvida a tu pueblo, etc., a la conversión de Israel, diciéndole: “Olvida la sinagoga… Desecha el vano temor de desobedecer a Moisés. Él no escribió sino para anunciar al Mesías” (cf. Génesis 12, 1; Hechos 21, 20 s.; Romanos 11, 25 s.). Callan dice que “debemos entender por la esposa a la Iglesia del Antiguo Testamento, traída a perfección por su unión con Cristo”. Dom Puniet menciona aquí el texto de Oseas 2, 13-20. En cuanto a los que dicen simplemente que se trata de Israel hecha universal en la Iglesia actual, ello parece más bien cortar la dificultad que resolverla, pues la nación israelita, lejos de continuar hoy como pueblo escogido, fue rebelde y rechazada (cf. Isaías. 54. 1 y nota), y a raíz de ello San Pablo anunció el envío de la salvación a los gentiles, a quienes explayó el misterio del Cuerpo místico (Hechos 28, 25 ss. y notas), como designio que había estado oculto desde toda la eternidad, es decir, ajeno a la vocación de Israel (Efesios 3, 9; Col. 1, 26; cf. Hebreos 8, 4 y nota). Es éste uno de esos puntos interesantes y misteriosos sobre los cuales, como lo señala el Pontífice Pío XII, “se puede y debe ejercer libremente la agudeza e ingenio de los intérpretes católicos”, los cuales “en manera alguna deben arredrarse de arremeter una y otra vez en las difíciles cuestiones todavía sin solución” (Encíclica “Divino Afflante Spiritu”).
12 s. Texto incompleto, diversamente vertido. Tu Señor: hebreo Adonai, tu dueño, como Esposo. Por eso: inclínate ante Él (cf. III Reyes 1, 16), y, entonces, ante ti se inclinará, etc. (versículo 13). Así Calès, Ubach, etc. Otros traducen: si Él es tu Señor te servirán, etc. El sentido, como anota el nuevo Salterio Romano, es que la esposa se entregue toda al Rey, de donde ella misma recibirá honores. Aun la rica Tiro, la rival de Jerusalén, y que se alegró de su ruina (Ezequiel 26, 1 y nota), vendrá simbolizando el homenaje de todas las naciones. Tu favor: literalmente: tu faz.
14. La hija del rey: Se supone que es la misma reina del versículo 10. Entra: Así lee el nuevo Salterio Romano, lo cual parece una acertada aclaración de este texto oscuro, pues la lección adentro se atribuye a error de copista y choca con el contexto, ya que la reina no está aún en el interior, sino que precisamente se indicaría aquí su ingreso, con bellas vestiduras (cf. Apocalipsis 19, 8), en el palacio del Rey, al cual entran también tras ella sus amigas (versículos 15-16). Cf. Salmo 101, 17 y nota. Otros leen: bajo sus joyas (Calès), o, en corales (Wutz, Ubach), o, perlas engastadas en oro son sus vestidos.
15. Detrás de ella: Variante adoptada por las mejores versiones en vez de con él o del dativo a ti, que chocaría con la mención del Rey en tercera persona, que hace el versículo 16. Las vírgenes, etc.: Las naciones amigas de Israel. Cf. Mateo 25, 32 y 41; 10, 42.
17. Algunos (cf. Dom Puniet) consideran que este final va dirigido a la esposa, a quien se prometería hijos en lugar de sus padres que debió abandonar (versículo 11) por seguir al Esposo. En lugar de sus padres ingratos tendrá hijos fieles y la promesa de Éxodo 19, 6 será reiterada en I Pedro 2, 9. Cf. Romanos 11, 25 s. Sin embargo, casi todos lo refieren al Rey Mesías. En el lugar de sus padres según la carne (Romanos 9, 3), esto es, Abrahán y los patriarcas y el mismo rey David, estarán aquellos príncipes que “formarán la más augusta de las prosapias reales” (cf. Mateo 8, 11 s.), y Él “repartirá entre ellos el gobierno del mundo, puesto que su reino es universal (Apocalipsis 1, 6)” (Fillion). Cf. Lucas 19, 17 ss.; Apocalipsis 5, 10 y 20, 6.
18. Haré tu nombre memorable: Así dice el Texto Masorético como si hablase aquí el salmista aludiendo a que su poema será para ello un monumento “aere perennius”, con harto mayor motivo que los del pagano Horacio. No debemos olvidar que, como vimos en el versículo 1, es el divino Padre en persona quien, habla aquí por boca del salmista. Muchos traductores optan sin embargo por el plural, “recordarán”, según los LXX y otras versiones, en cuyo caso aludiría directamente al alcance universal de la alabanza. Cf. Salmos 21, 31; 71, 11 y 17; Malaquías 1, 11 ss.
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SALMO 46 (45)
1. La. Vulgata dice en el epígrafe: para los misterios, y los Padres le atribuyen carácter profético, alusivo a la liberación de la Iglesia y triunfo final de Cristo sobre todos sus enemigos, cosas que en tiempo de David (y aun hoy en parte) eran secretos arcanos de Dios (San Roberto Belarmino).
3. Fenómenos extraordinarios, como los que están anunciados para los últimos tiempos. En Mateo 24, 6 Jesús nos dice precisamente que no nos turbemos al verlos (Lucas 21, 25 ss.; Isaías 13, 9 ss.; Ezequiel 36, 1 ss.; Joel 2, 31; 3, 1-15, etc.).
4. El final contiene el estribillo, que se repite en los versículos 8 y 12 a modo de dichoso consuelo en medio de la gran tribulación general. Cf. Lucas 21, 36; Apocalipsis 9, 4.
5. Estas aguas pacíficas, que contrastan con la furia del mar (versículo 4) y que correrán por medio de Jerusalén, contrastando también con su habitual sequía serían “de la Jerusalén futura, de la Jerusalén ideal, establecida, como la de Ezequiel, sobre un plano nuevo” (Desnoyers). Véase Ezequiel 47, 1 ss. y nota. Cf. Apocalipsis 22, 1. Alegóricamente suelen citarse estas aguas como el río de la gracia, que en medio de tantas catástrofes del mundo figura las múltiples riquezas espirituales y favores prodigados por Dios a la Iglesia.
9 ss. Son las maravillas prometidas en Isaías 2, 4; Oseas 2, 18; Miqueas 4, 3; cf. Salmo 75, 4 y nota, etc.
11. “Ved que yo solo soy Dios, sin el cual nada podéis y en el cual todo lo podéis. Cuando yo haga esas maravillas apareceré sublime (II Tesalonicenses 1, 10) ante todas las naciones y ante todo el orbe de la tierra. Porque al fin del siglo, todos, queriéndolo o no, conocerán el supremo imperio de Dios y se someterán a él” (Belarmino).
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SALMO 47 (46)
1. El nuevo Salterio Romano titula este Salmo “Dios, Rey vencedor, asciende al trono” y resume así su contenido: “I. Dios, magno Rey, sujeta a su pueblo todas las naciones (2-5). II. Después de la victoria sube a su trono celestial (6-7). III. Reina entonces sobre todas las naciones y todos los príncipes y poderosos de la tierra (8-10). El Salmo trata de la victoria final de Dios y de la institución del reinado universal mesiánico. Israel y los gentiles constituyen un solo reino del Mesías.”
2. Es preludio de un himno de victoria. Dios mostrará una vez más su poder en favor de su pueblo, asegurándole de nuevo el país de promisión (cf. Génesis 13, 15; Deuteronomio 30, 5; II Reyes 7, 10; Amos 9, 15; Isaías 27, 13; Jeremías 16, 15; Ezequiel 20, 40; Sofonías 3, 20; Zacarías 10, 6, etc.).
4. Cf. Salmo 101, 16 s.; Isaías 49, 22 s.; Miqueas 4, 1 s.; Malaquías 3, 12, etc.
5. Nuestra heredad: El país de Canaán dado a Israel por herencia. Sobre el amor que Dios tuvo a Israel, y le conserva aún después de la Cruz, según enseña San Pablo, cf. Romanos 9, 1-5; 11, 28; Deuteronomio 7, 7 s.; 10, 14 s.; Isaías 43, 1 ss.; 63, 8 s.; Jeremías 31, 3; Ezequiel todo el sublime capítulo 16; Oseas 2, etc.
7. Los versículos que siguen invitan a los israelitas y a los gentiles a rendir homenaje al Dios de Abrahán.
10. “Se congregan en un solo pueblo adorador del verdadero Dios, del Dios de Abrahán, los jefes de las naciones gentiles, trayendo consigo a sus súbditos” (Vaccari). Véase Salmo 95, 8 ss.; Isaías 60, 15 s.; Zacarías 8. 20-23; 14, 16. Esta reunión, que no fue plena en los tiempos apostólicos a causa de la defección de Israel, se realizará plenamente después que los judíos se conviertan a Cristo (cf. Deuteronomio 4, 30; Jeremías 30, 3; Juan 10, 16; Romanos 11, 26), como lo dice Santo Tomás (véase Salmo 9 a, 17 y nota). Se han dado a Dios: Ya no hay más lucha después de la victoria definitiva del Señor, y Él domina desde lo más alto, es decir, desde su trono en el cielo (versículo 6 s.; cf. Salmo 75, 3 s.; Ezequiel 40, 2 y notas). Algunos, en vez de poderosos, traducen broqueles.
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SALMO 48 (47)
1. Este Salmo celebra a la Jerusalén liberada, en honor de Dios su libertador. Fillion lo llama “canto de victoria como los dos precedentes”.
3. “El monte Sión entonces no era sino el gozo del pueblo judío; pero destinado a ser centro de paz y de delicias para todo el universo. Cf. Salmo 46; Isaías 2, 2 ss.; Lamentaciones. 2, 15” (Fillion). La ciudad del gran Rey: Es el nombre de Jerusalén, según lo enseñó Cristo (Mateo 5, 35) y el gran Rey es Él mismo, como lo hemos visto en el Salmo 44, etc. Extremo norte: Pasaje diversamente traducido: a las vertientes del Norte (Prado); remate boreal (Bover-Cantera); se yergue bello al lado del Norte (Nácar-Colunga); es como decir, el lugar más eminente, donde debía estar “el tabernáculo o palacio del Augusto Rey” (cf. Isaías 14, 13; Salmo 2, 6). El monte Sión con el Templo formaba antiguamente la extremidad norte de Jerusalén. Pero es muy posible que el poeta no aluda a la situación geográfica, sino “a la creencia de una montaña santa situada al norte, una especie de poético Olimpo, y quiere decir que el monte Sión es la verdadera montaña santa, el verdadero Olimpo” (Bover-Cantera).
5. Véase Salmo 2, 2; Apocalipsis 16, 14-16; 19, 19; 20, 7; Ezequiel 38.
8. Las naves de Tarsis, región situada en el Mediterráneo occidental (probablemente España; según otros, el norte de África). Cf. Isaías 2, 16; 33, 21; Ezequiel 27, 25.
9. Como lo habíamos oído por boca de los profetas. Cf. versículo 15 y nota; Deuteronomio 4, 30; Salmo 43, 2; Isaías 59, 20, citado en Romanos 11. 26 s., etc.
13 s. Reparad en la ciudad santa, examinad la insuficiencia de sus escasos medios de defensa y veréis que sólo Dios nos ha salvado (cf. Salmo 32, 17 y nota). Pensamiento que los Salmos no se cansan de repetir, porque los hombres no creen en esto. Aun los que nos llamamos creyentes no siempre vivimos de esa fe. Si lo hiciéramos, todos seríamos felices y santos (Hebreos 10, 38; Mateo 6, 33; I Corintios 1, 27 ss.).
15. Véase Isaías 4, 5; 24, 23; Ezequiel 37, 26 ss.; Joel 2, 32; Daniel 7, 14; Abdías 17; Miqueas 4, 7; Apocalipsis 11, 15; 14, 1 s., etc.
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SALMO 49 (48)
2. Oíd: Solemne llamamiento de la Sabiduría. Así también habló Moisés en el gran mandamiento: “Schma Israel” (Deuteronomio 6, 4). Hace resaltar el salmista en cuatro versos (2-5) la importancia del tema que va a tratar: la prosperidad de los pecadores no es más que apariencia. Los gozos y bienes de este mundo son falaces. Solamente el necio confía en ellos. Sobre los privilegios supremos que da la Sabiduría, véase Proverbios cap. 8 ss.; Sabiduría 6 ss.; Eclesiástico 24 y 39; 51, 18-38; Daniel 12, 3; Mateo 5, 19, etc. Jesús resumió todas esas maravillosas promesas al decir que María, la que escuchaba, eligió la mejor parte (Lucas 10, 42).
5. Parábola y enigma (hebreo: maschal): Género literario muy frecuente en la sabiduría bíblica, para expresar un pensamiento profundo, en forma viva y animada por imágenes. Puede traducirse por refrán, proverbio, sentencia didáctica. Mi oído: Cf. Salmo 77, 2 citado por Mateo 13, 35; allí es la boca del Maestro que habla en parábolas; aquí, el oído que las escucha. ¡Escuchar es lo único que se nos pide para hacernos felices! Cf. Jeremías 7, 22 s.; Juan 6, 65 y 69; 12, 47 ss.; 15, 7; II Timoteo 3, 16 s., etc.
6 s. No temerlos, porque su vida es fugaz, como lo indica el estribillo (versículos 13 y 21). Cf. II Paralipómenos 32, 7 s.; Mateo 10, 28; Salmo 36, 36, etc.
8 ss. Texto oscuro, con muchísimas variantes. El salmista quiere decir: A pesar de las riquezas nadie puede rescatarse de la muerte. La Vulgata dice que ni el hermano puede en este caso redimir a su hermano (cf. Levítico 25, 25; Exequiel 21, 29 s.). Nadie ofrecerá a Dios un rescate que valga, porque es incalculable el precio de un alma para que viva en paz eternamente y no caiga en el abismo. Como vemos, de la muerte corporal se pasa a mostrarnos el misterio de sabiduría tan solemnemente anunciado al principio, y es la necesidad de un Redentor, sin el cual estamos todos perdidos (versículo 16). Es lo que dice Jesús en Marcos 8, 37. Si se tratara simplemente del cuerpo, no habría tal parábola, como lo anunció el salmista, pues nadie ignora que el hombre es mortal.
11 ss. Entretanto el justo verá perecer (versículo 6 y nota) a los sabios lo mismo que a los insensatos; verá a aquellos ricos que lo perseguían, morir dejando a otros sus riquezas (Salmo 38, 7), y verá reducidos a la suma estrechez del sepulcro, por generaciones y generaciones, a los que pensaron perpetuarse (versículo 18), dando sus nombres a sus tierras. ¿Qué elocuencia más viva que la de esta verdad escrita hace tres mil años? Por tanto, concluye el versículo 13, aun en la cumbre de los honores, el hombre no dura: es semejante a los animales, destinados todos a perecer. Dom Puniet hace notar la similitud de este pasaje con Eclesiastés 3, 19-21.
14. Los que se glorían de su suerte, es decir, de la propia, creyendo que será durable la prosperidad del momento actual. También puede aplicarse a los admiradores de esos tales, que los imitan envidiando su efímero oropel y nunca aprenden a escarmentar en cabeza ajena.
15. A la mañana: “En la aurora del día que los hará eternamente felices” (Fillion). Cf. II Pedro 1, 19; Filipenses 3, 20 s. Dominarán sobre ellos: Literalmente: los pisotearán. Cf. Daniel 7, 22; 12, 2; I Corintios 6, 2; Apocalipsis 2, 26 ss. Al final otros vierten que no habrá (para los impíos) la alta mansión (cf. Isaías 63, 15).
16. Dios será mi Redentor según lo dicho en versículo 8 ss. y nota. Él me tomará consigo: El nuevo Salterio Romano hace notar que igual verbo se usa para el arrebato de Enoc (Génesis 5, 24) y de Elías (IV Reyes 2, 9 s.). Véase I Tesalonicenses 4, 17; Juan 14. 3.
18. Triste epitafio para los mundanos.
21. Véase versículo 13. No comprende, esto es, desaparece como los brutos, sin haber llegado a entender ni la vanidad de este mundo ni el misterio de Dios. Según I Corintios 2, 14. el hombre natural, o sea puramente racional, “no comprende las cosas que son del Espíritu de Dios”, es decir que sólo puede ser sabio el que se eleva mediante la fe viva a la inteligencia de “las profundidades de Dios” (I Corintios 2, 10). De ahí la tremenda palabra de Jesús en Lucas 18, 24 s.
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SALMO 50 (49)
1. Asaf, un levita de la familia de Gersón, era maestro de música en tiempo de David (I Paralipómenos 6, 4-28; 15, 17 y 19). Doce Salmos llevan su nombre. En éste reprueba la religión formulista, que se cifra en prácticas exteriores, especialmente en el ofrecimiento de víctimas. El pueblo de Israel no había renegado de Dios de un modo expreso, sino a la inversa: había caído en un mecanismo formulista que confundía los sacrificios del corazón con los ritos y ceremonias del culto. Los sacrificios del corazón son las alabanzas de Dios y el amor del prójimo (versículos 14 y 20). Resuena aquí la doctrina de Jesucristo, quien más tarde reprobó tantas veces en los fariseos esta misma deformación, que es en realidad el disfraz de la verdadera religión.
3. El Todopoderoso aparece en medio de un terrible huracán a fin de que sea manifiesta su grandeza y se estremezcan sus enemigos. Cf. Salmo 28, 3 ss.; 79, 2; 96, 3; Mateo 24, 30.
4 ss. La teofanía toma la forma de un juicio sobre Israel (cf. Miqueas cap. 6; Apocalipsis 14, 14 ss.). El juez es el mismo Dios (versículo 6) y empieza por llamar a los que tal vez se creen muy piadosos (versículo 5), para apostrofar después a los prevaricadores (versículo 16 ss.). De modo semejante nos revela San Pedro que el juicio ha de empezar por la casa de Dios (I Pedro 4, 17 s.).
8 ss. Pasaje importante en el cual Dios nos descubre su criterio sobre la falsa devoción. Cf. Miqueas 6, 6 ss.; Salmo 39, 7; 50, 18 s.; Isaías 1, 11; Oseas 6, 6; Zacarías 7, 1 ss.; Mateo 9, 13; 12, 7, etc. y notas.
11. “Con Él estaban, dice San Agustín, las cosas porvenir; con Él están presentes las que pasan, y las que vienen no desalojan a las pasadas. Con Él están todas las cosas por un conocimiento de la inefable Sabiduría puesta en el Verbo, y el mismo Verbo lo es todo.”
14. Valiosa doctrina, pues nos enseña qué es lo que a Dios le agrada: la alabanza (Salmo 68, 31 ss.; Hebreos 13, 15; Romanos 10, 10; I Pedro 2, 4 ss.). De ahí que el Padrenuestro empiece con la alabanza del Padre, a quien se debe todo honor y gloria (I Timoteo 1, 17; 6, 16 y notas). Es claro que, como lo vemos en la segunda parte del Salmo (versículo 16 ss.), esta alabanza no ha de proceder tan sólo de los labios (Isaías 29, 13; Mateo 15, 8), sino de un corazón recto (Salmo 32, 1).
16. Así como los sacrificios prescritos por Moisés no son de suyo, suficientes, tampoco bastaría alabar a Dios sin hacer su voluntad (Mateo 7, 21). Véase el terrible discurso de Jesús contra los fariseos, escribas y doctores de la Ley, que hipócritamente la enseñaban y no la cumplían (Mateo 23; Lucas 11, 37 ss.). Nos muestra aquí el salmista la altura de la Ley de la caridad compendiada en el “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico 19, 18; Deuteronomio 6, 5; Lucas 10, 27; Marcos 12, 31; Mateo 22, 39; Romanos 13, 9; Gálatas 5, 14; Santiago 2, 8). El Mandamiento nuevo de Jesús, al confirmar esta ley, la cifra en la imitación del amor con que Él mismo nos amó (Juan 13, 34; 15, 12; I Juan 4, 19).
23. Alabanza: Es el tema principal de todo este Salmo (versículo 14 y nota): honrar a Dios, no con la letra de la Ley, sino “en espíritu y en verdad” (Juan 4, 23). El sacrificio de alabanza comporta la proclamación de los beneficios sin fin que Él nos hace (Salmos 88, 2; 102, 2; 106, 22). Es el perfecto acto de fe, pues proclama lo que es la esencia de Dios: su caridad (I Juan 4, 8), o sea, un amor que se traduce en misericordia a favor nuestro. Por eso la oración más repetida en la Biblia es la alabanza de su bondad (Salmo 135; I Paralipómenos 16, 34 y 41; II Paralipómenos 7, 6; 20 y 21, etc.). El último hemistiquio confirma una doctrina que surge a cada página de las divinas Escrituras: el grado de sinceridad de cada hombre para con Dios, es la medida de las luces que tendrá en materia espiritual. De ahí que tantos sencillos entienden más que los tenidos por sabios. Cf. Lucas 10, 21; Salmo 118, 99 s. y notas.
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SALMO 51 (50)
1. Este Salmo, el celebérrimo “Miserere de David” (el 4° de los siete Salmos penitenciales), es la expresión más perfecta de contrición, la confesión más sincera de un corazón arrepentido, la manifestación más profunda de un alma que no busca su propia justicia sino la que nos viene de Dios, según enseña San Pablo (Filipenses 3, 9 s.). Por esto resulta, a la vez que la más alta alabanza de la misericordia de Dios, un himno de gratitud y confianza. David, movido por el Espíritu Santo, lo arranca de su corazón culpable y contrito después del adulterio cometido con Betsabee (II Reyes caps. 11 y 12). Es, pues, el acto de contrición ideal, y la Iglesia lo recita en el Oficio de Laudes. Identificarse plenamente con el espíritu de este Salmo es tener perfecta contrición, por lo cual nada más precioso que aprenderlo y tenerlo como un vademécum para renovar en todo momento con nuestro Padre celestial el estado de plena intimidad en el amor, que nos viene de nuestra justificación en Cristo y que tantas veces parece nublarse a causa de las miserias nuestras y de las tentaciones con que a cada instante nos asalta el Maligno.
3 ss. ¡En la medida de tu misericordia!: Es como pedir a un poderoso que nos ayude según todo su poder, es decir, que no nos dé una limosna cualquiera, sino una inmensa fortuna. En el mercado de Dios ninguna audacia es excesiva, porque Él mismo nos llama a “comprar sin dinero” (Isaías 55, 1 s.). Nótese que toda la fuerza de esta confesión y su valor ante Dios está en la fe en su misericordia (Salmo 49, 23 y nota) que perdona por pura bondad al arrepentido, sin derecho alguno por parte de éste. Es exactamente lo que hizo el padre del hijo pródigo (Lucas 15, 11 ss.). David no intenta justificación ni explicación alguna, sino al contrario: su propia miseria y el reconocimiento de su absoluta impotencia son el argumento (cf. Salmos 39, 18; 85, 1) que conmueve el corazón del Padre (Salmo 102, 13 s.). El que esto medite no tardará en sentir un ansia por aniquilarse de humillación ante semejante Padre. ¡Entonces es cuando Él más nos prodiga su gracia! (Santiago 4, 6; I Pedro 5, 5).
5. Porque yo reconozco mi maldad: Único fundamento que David aduce por su parte para ser perdonado. Así lo vemos confirmado en el versículo 8 (cf. nota). Pensemos si un juez de la tierra nos absolvería de un delito con sólo decirle que en efecto somos culpables. Tal es la diferencia entre lo humano y lo divino.
6. Contra Ti solo, es decir, no se trata de injuria más o menos leve contra otras creaturas, sino que el ofendido en todo pecado es directamente ese Creador y Padre a quien todo lo debemos. ¡Y sin embargo Él perdona tan fácilmente, a todo el que se arrepiente de corazón! Tengas razón: He aquí la piedra de toque de la verdadera contrición: un deseo de que sea Dios quien tenga razón, aun contra nosotros. Es todo lo contrario de lo que nuestra soberbia ambiciona tan fuertemente: tener razón, salirse con la suya (cf. Job 40, 3 ss.). Los hombres se excusan ante otro hombre diciéndole: discúlpeme usted, no lo hice por maldad, fue sin querer. David le dice a Dios todo lo contrario: perdóname porque soy culpable y malo, porque lo hice a propósito. No me excuso, ni te pido que me disculpes. Al contrario: me acuso y sólo espero que, después de establecida bien claramente mi responsabilidad, y aún más, que soy deudor insolvente, entonces Tú me perdones la deuda, pura y simplemente, por la sola virtud de tu asombrosa misericordia: “non aestimator meriti sed veniae...” El mismo concepto expresa la oración de San Agustín, diciendo: “tienes, Señor, ante Ti reos confesos. Sabemos que si no perdonas, con razón nos destruirás”. Aquí comprendemos lo que significa el “negarse a sí mismo” (Mateo 16, 24 s.; Salmo 48, 8 y nota; II Corintios 10, 5). Entonces es cuando resplandece la gloria de la gracia de Dios (Efesios 1, 6) por la gratuidad de su perdón, obra de su amorosa misericordia y de la riqueza de su gracia (Efesios 2, 7 ss.) y tanto mayor cuanto más confiamos en ella (Salmo 32, 22 y nota).
7. Los Padres citan este pasaje como prueba del pecado original. El hombre es sin la gracia, incapaz del bien en el orden sobrenatural, a raíz de la naturaleza viciada. “Es don de Dios si pensamos rectamente y si apartamos nuestros pasos de la falsedad y de la injusticia; ninguna cosa buena puede hacer el hombre sin que Dios se la conceda para que la haga; cuantas veces hacemos el bien es Dios quien obra, en nosotros y con nosotros para que lo hagamos” (Denz. 195, 182, 193).
8. A pesar de lo precedente, que equivaldría a una condenación sin remedio, David sabe —y ésa es la sabiduría íntima aquí mencionada— que el confesar sinceramente, es decir arrepentidos, nuestra culpabilidad, es tan agradable a Dios (cf. versículo 18 s.), que basta para moverlo al gratuito perdón y olvido de nuestras deudas (cf. Salmo 31, 5 y nota; I Juan 1, 8 s.). De esta sabiduría, es decir, de este conocimiento del corazón de Dios, le viene a David la sorprendente audacia con que va a pedir (versículo 9) un salto inmediato del fondo de la abyección a la cumbre de la santidad (cf. versículos 6 y 12 y notas) y la absoluta condonación de todas sus deudas (versículos 4 y 11).
9. Alusión al rito con que declaraban limpios a los leprosos (Levítico 14. 4 ss.). Nótese que no dice “me lavaré” sino: ¡me lavarás Tú! (véase el caso de Pedro en Juan 13, 6 ss.). Quedaré más blanco, etc.: Aquí se nos enseña la perfecta humildad: yo no soy más que un pobre pecador, pero hay algo más fuerte que él y es tu misericordia infinita y omnipotente. Esto es lo que ha hecho de grandes pecadores los más grandes santos (cf. Job 7, 21; 14, 4; Lucas 7, 47; Filipenses 4, 13, etc.).
10. No hay alegría mayor que la de sentirse perdonado. Jesús nos enseña que esa alegría está a disposición de todos, cuando nos dice: “Al que venga a Mí no lo echaré fuera” (Juan 6, 37). La palabra de consuelo y de gozo está así siempre a nuestra disposición en las Sagradas Escrituras (Romanos 15, 4).
11. Borra: San Ambrosio señala esta maravilla: que Dios mira el arrepentimiento como un acto meritorio, no obstante ser lo menos a que estamos obligados. Además, el perdón hace renacer los méritos perdidos por el pecado, en tanto que éste se borra para siempre con la Sangre de Cristo. Cf. Ezequiel 18, 22 s.; Juan 1, 29; I Pedro 4, 8, etc. Así se borró el de David (II Reyes 12, 13).
12. Un corazón sencillo: Esto es, simple sin pliegues, o sea sin doblez, que es lo mismo que recto (cf. Juan 1, 47 y nota). Es decir que David pide aquí el espíritu de infancia (cf. Salmo 130), que fue en efecto la más preciosa característica del gran rey poeta y profeta. Por eso sin duda le reveló Dios Su sabiduría (versículo 8), tal como habrá de enseñar Jesús en Lucas 10, 21. Las expresiones “crea y renueva” indican una nueva creatura formada por el Espíritu Santo (cf. Ezequiel 11, 19; 36, 26; Tito 3, 5). San Pablo explica esto en la admirable Epístola a los Romanos, caps. 6-8.
13. No me rechaces: A todos nos parece, por cierto, que su santidad ha de mirarnos con repugnancia, y en verdad ello sería harto lógico (versículo 6), de modo que nunca podríamos, por nuestras propias reflexiones, convencernos de que no es así. Sólo en este don asombroso de las palabras de Dios descubrimos que es todo lo contrario: basta recordar cómo obró el padre con el hijo pródigo (Lucas 15, 20 ss.). Cf. Salmo 102, 13; Isaías 1, 18; 66, 2; Juan 6, Z7. “No me quites el espíritu de tu santidad”: He aquí la esencia de toda oración, la que hemos de tener siempre en los labios; la que más agrada al Padre y más nos conviene a nosotros. ¿Acaso no es éste el “pan supersubstancial” que Jesús nos enseñó a pedir cada día? (Mateo 6, 11; Lucas 11, 3 y notas). Si bien miramos, ningún hijo pide a su padre que le dé de comer, pues esto lo hace él sin que se lo pidan. ¿No se ofendería el padre si su hijo le recordase cada día la obligación de alimentarlo? En cambio, ese don del Espíritu sí que debemos pedirlo como una maravillosa limosna de la santidad divina (Lucas 11, 13; I Tesalonicenses 4, 7 s.; Santiago 1, 5 y notas), mostrando al Padre que lo aceptamos y deseamos con ansia. Pues sin ello no lo tendremos, ya que el Espíritu no se impone a nadie por la fuerza, sino que, respetando la libertad, sólo permanece en quien lo desea (Cantar de los Cantares 3, 5), y por el contrario, se aleja de los que se sienten capaces de valerse y manejarse sin Él (Salmo 80, 13). Si esto pedimos, como hijos del Padre (Romanos 8, 14; Gálatas 4, 6), podemos estar seguros de tener también el otro pan, pues nos será “dado por añadidura” (Mateo 6, 33). Pero se dirá, después que vino Cristo, el Espíritu habita en nosotros permanentemente (Juan 14, 17). Así es en efecto la admirable promesa del Padre (Lucas 24, 49 y nota), mas no por eso hemos de empeñarnos menos en asegurárnoslo, pues sabemos que nuestra carne y nuestra psiquis conspiran contra Él (Gálatas 5, 17; I Corintios 2, 14) y no podemos nunca dormir sobre los laureles. Porque no tenemos el Espíritu incorporado a nosotros de un modo natural sino sobrenatural, por el cual nuestra nueva creatura (versículo 12) sólo se levanta sobre el cadáver del hombre viejo (I Corintios 5, 17; Gálatas 6, 15; Efesios 4, 22-24; Colosenses 3. 10).
14. Sobre la alegría véase versículo 10 y nota; Juan 17, 13; 15, 20. Espíritu de príncipe es el que nos corresponde como hijos de Dios (Gálatas 4, 5-7; II Timoteo 1, 7; I Juan 4, 18 s.; Romanos 8, 2; Juan 15, 15, etc.) y significa a un tiempo la humildad de quien necesita ser dirigido por otro, y la confianza de quien se sabe hijo de un gran señor. Son los sentimientos que vemos en la Virgen María (cf. Lucas 1, 48 s. y notas), y cuadran admirablemente a David, por lo cual preferimos mantener esta versión antes que la de espíritu generoso (así Nácar-Colunga, Prado, etc.), que algunos aplican a Dios y otros al salmista. Éste no intenta aquí llegar a poder darse patente de bueno, ni siquiera a creerse tal, pues bien sabe que somos malos, sino de tener todo el amor de Dios que cabe en ese corazón que se reconoce malo y que, precisamente por eso, es acepto como bueno para Él.
15. Esto es: les enseñaré tus caminos de misericordia y perdón que has usado conmigo, y ellos también volverán a Ti como yo he vuelto. “La fe en el amor que Dios nos tiene es lo que nos hace amarlo” (Beato Pedro Julián Eymard). Cf. Salmo 39, 4 y nota.
16. De la sangre: Otros vierten: de las sangres. Algunos, p. ej. Bover-Cantera, interpretan esto por la sangre de Urías, marido de Betsabee, y sus compañeros (II Reyes 11). Pero, como ya antes se ha tratado del perdón, creemos más bien, como Dom Puniet, Desnoyers y otros, que David pide ser librado de los caminos sangrientos y aun quizá de todo lo carnal que se opone a lo espiritual (cf. Isaías 4, 4; Mateo l6, 17; Juan 1, 13; I Corintios 15, 50; Gálatas 5,17).
17. Con estas palabras comienza siempre el Oficio divino, como para mostrarnos que sin el Espíritu Santo no podemos dar al Padre ninguna alabanza que le sea grata (cf. Romanos 8, 26; I Corintios 12, 3; Santiago 4, 3; Isaías 6, 5 s., etc.).
18. La Vulgata dice: Si quisieras sacrificios en verdad te los ofrecería. El original es, como vemos, más terminante. Aquí aprendemos cuál es el sacrificio que a Él le agrada. Cf. Salmos 39, 7; 49, 8-13 y notas; 33, 19; Proverbios 15, 8; Isaías 1, 11; Oseas 6, 6; Daniel 3, 39 s., etc., y notas.
19. Las palabras entre corchetes se consideran como glosa.
20 s. Por tu misericordia, o sea, aunque no lo merezcamos. Véase Jeremías 30, 13 y nota; Lucas 2, 14. Reconstruye: Es decir: hazlo Tú mismo. Coincidiendo con la observación precedente, el hebreo es aquí más terminante que la Vulgata, la cual dice: para que sean edificados. Versículos discutidos. Algunos, y no pocos intérpretes, los consideran como añadidos durante el cautiverio babilónico, cuando los desterrados veían en este Salmo la expresión de su dolor. La Comisión Bíblica considera como posible esta interpretación (mayo 1° de 1910). Otros, como Fillion, no la comparten. La Biblia de Gramática correlaciona este pasaje con Salmos 68, 36; 121, 6; 146, 2; Malaquías 3, 3 s. Puede verse también Isaías 66, 21; Jeremías 23, 15-33; Ezequiel 40, 39; 43, 7, 16; Oseas 3, 4 s.; 5. 65, 15. En este final, como en el Salmo 101 y otros, se extiende proféticamente a toda la casa de Jacob, con referencia a la restauración de Jerusalén, el pedido que se empezó formulando individualmente en favor de David (cf. Salmo 101, 14 ss. y notas). Las palabras entre corchetes del versículo 21 se consideran glosas explicativas que algún copista dejó incorporadas al texto. El versículo 21 es usado en el Misal romano como antífona de la Comunión del domingo X después de Pentecostés.
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SALMO 52 (51)
1 ss. Perseguido por Saúl, David se había refugiado en Nobe, donde estaba el Tabernáculo y donde el Sumo Sacerdote Aquimelec lo acogió y proveyó de pan y armas. Denunció este hecho a Saúl el idumeo Doeg, quien fue entonces encargado por aquél de dar muerte a Aquimelec y a otros ochenta sacerdotes, lo que realizó del modo más repugnante contra aquel modelo de pastor (I Reyes 22, 6 ss.). David, enterado por Abiatar del infame suceso, habría dirigido aquí su indignado apostrofe y su confianza en Dios vengador. Algunos exégetas sostienen que el título (versículo 2) se trasladó erróneamente de otro Salmo y que aquí se trata de la traición de un levita. Ubach opina que el Salmo “es obra de un sacerdote o levita del Templo de Jerusalén, perseguido y calumniado por un enemigo prepotente y miembro probablemente de su misma clase”. Sobre el epígrafe Maskil (Vulgata: Salmo de Inteligencia), véase Salmo 31, 1 y nota.
3 ss. Texto incompleto. Otras versiones dicen irónicamente con el versículo 3 b: oh héroe de ignominia, y suprimen como texto dudoso la subsiguiente referencia a Dios, que nos parece la más adecuada al contexto (versículo 7 ss.; Salmo 52, 2). Cf. Crampón. La pintura que sigue es de la mayor elocuencia y tonifica nuestra fe al mostrarnos que sólo en el invisible pero indefectible brazo de nuestro Padre celestial está la eficaz protección del justo contra el poderoso cuya causa parece triunfar en este mundo. Cf. los Salmos 36, 48, 72, etc.
9. ¡He aquí el hombre! Puede ser el retrato de muchos mundanos. Compárese con la misma expresión aplicada por Pilato a Jesús doliente: ¡Ecce Homo! (Juan 19, 5).
10. El olivo es símbolo de la felicidad. El salmista opone a la prosperidad, efímera del traidor las bendiciones de que goza el hombre fiel que confía en la bondad del Padre (Salmo 32, 22 y nota). En ambos tipos podría verse aquí el contraste entre el espíritu de Saúl y el de David.
11. Porque obraste: Una vez más el salmista nos muestra que su oración ha sido escuchada. La mano poderosa de Yahvé, que nos parece mirarlo y tolerarlo todo pasivamente, ha obrado como Él solo sabe (cf. Lucas 1, 51 ss.), mientras el creyente buscaba su fuerza en la confiada quietud. Cf. Salmo 36, 5 s.; Eclesiástico 2, 2; Isaías 30, 15. Porque es bueno: Tal es el mejor elogio y la alabanza que más le agrada (cf. Salmos 53, 8; 135, 1 ss.). ¡Qué sería de nosotros, propiedad suya y nacidos sin nuestra intervención ni voluntad, si, en lugar de ese Dios bueno que así se nos revela en sus propias palabras, hubiéramos descubierto que Él, omnipotente y soberano, era un espíritu maléfico semejante a Moloc y Baal y que nos había creado para gozarse en nuestro mal! Dios trata bien a sus amigos. En cambio el mundo los trata mal, pero el Señor los libra de toda tribulación (Salmo 33, 20).
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SALMO 53 (52)
1 ss. Con pocas diferencias, este Salmo es el mismo que el Salmo 13. Véase las notas de aquél. Es oscura la significación de Mahalat, palabra que no se encuentra en ese Salmo paralelo y que los exégetas modernos explican como indicación de una melodía triste. En efecto, tratándose en aquél “de una terrible amenaza contra los sacerdotes, proferida en estilo profético” (Ubach), parecería que la obra de la divina venganza allí anunciada se viese aquí como cumplida (cf. versículo 6 con Salmo 13, 5). En su corazón: Pero no en sus palabras, pues según el contexto se ve que dicen lo contrario (II Timoteo. 3, 5). Estos insensatos recuerdan a los infatuados de Salmo 118, 5 ss.
5. Como comen pan, etc.: Así el nuevo Salterio Romano. Ubach prefiere: comen el pan de Yahvé; su Nombre no invocan, y anota: “El pan de Yahvé es según Levítico 21, 6, 8, 17; Números 28, 2, el sacrificio a Él ofrecido; y los que de este pan se alimentan son los sacerdotes (cf. Levítico 21, 22; Oseas4, 8, etc.).” Cf. Salmo 13, 4 y nota.
6. Cf. versículo 1 y nota. ¡Tiemblan de miedo! Un estudio bíblico sobre este punto ha publicado el Apostolado Litúrgico del Uruguay con el título de El Imperio del Miedo, mostrando este sentimiento como propio de la tiniebla humana por haberse apartado de Dios que es la luz. Los que te esquilmaban: Se dirige a Israel. La Vulgata dice: Dios dispersó los huesos de los que agradan a los hombres. Cf. I Juan 2, 15. Están desconcertados: Asombro de la falsa conciencia que ha vivido rutinariamente engañándose a sí misma. Es el gran desencanto que Jesús anuncia en Lucas 13, 27 y San Pablo en I Corintios 3, 15; II Tesalonicenses 2, 11 s.
7. Cf. Salmo 13, 7 y nota. Cuando cambie, etc.: Ubach traduce literalmente la expresión hebrea: “en restableciendo Yahvé el restablecimiento de su pueblo”, y anota: “Algunos traducen: ‘la cautividad de su pueblo’ e interpretan toda la estrofa como un suspiro del salmista por el retorno a Jerusalén del pueblo cautivo en Babilonia. Pensamos que este sentir no tiene aplicación en el presente Salmo.” Cf. Isaías 59, 20, citado por San Pablo en Romanos 11. 26.
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SALMO 54 (53)
1. Maskil: Véase Salmo 31, 1 y nota.
2. El título indica que David compuso este Salmo cuando moraba fugitivo entre los cifeos, y éstos, para congraciarse con Saúl, lo traicionaron. Pone el santo rey, como siempre, toda su confianza en Dios, y sabemos que, como siempre, Su providencia vino en su auxilio y le salvó milagrosamente por una irrupción de los filisteos, que obligaron a Saúl a retirarse (I Reyes 23, 19 s.),
5. Soberbios: Así el nuevo Salterio Romano (cf. Salmo 85, 14) y Bover-Cantera, siguiendo algunos textos que dicen: “sedim”. El texto masorético dice extranjeros (“zarim”), pero se ha preferido la otra lección porque los cifeos no eran extranjeros con respecto a David. Debe sin embargo dejarse a salvo la posibilidad de que el salmista tuviese algún motivo para llamarlos así, tanto más cuanto que así también dicen los LXX y la Vulgata, y la expresión es frecuente en los Salmos (cf. Salmo 143, 7 y nota). Crampón, Callan, Nácar-Colunga, etc., mantienen la versión extraños.
6. ¿No es cierto que todo hombre vive buscando en qué poner su fe y su confianza? Esa dicha de encontrarlo es lo que aquí nos comunica el santo Rey. Cf. Salmo 16, 6.
8. Sacrificios voluntarios: No prescritos por la Ley, y sin esperar recompensa. “Si a Dios le alabas para que te obsequie, ya no le alabas con voluntad alegre y generosa; ya no amas a Dios desinteresadamente” (San Agustín). Alabar el Nombre de Dios porque es bueno es la alabanza que Dios prefiere (Salmo 51, 11 y nota). Vemos aquí como un anticipo del Nuevo Testamento, en que Jesús nos reveló que el nombre de Dios es “Padre”, y San Juan nos enseñó que Dios es amor (I Juan 4, 16). La justicia nos atraería el castigo; su sabiduría le hace ver nuestra nada; su santidad le baria aborrecer al pecador. Sólo la misericordia da la razón última de su amor (Mons. Guerry).
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SALMO 55 (54)
1. Sobre el epígrafe véase Salmos 31, 1; 53, 1 y notas.
3. Trascienden a través de estas estrofas las ansiedades que David experimentó en los días más tristes de su vida, cuando los enemigos, entre ellos probablemente también su hijo Absalón (versículo 14), sembraban desolación y ruina en las calles de Jerusalén. En sentido típico este Salmo de tan dolorosas experiencias se aplica a Jesucristo vendido por Judas (versículo 14 y nota). Las palabras entre corchetes son un agregado que alarga el estiquio y no añade, antes bien quita fuerza a la expresión.
4. Alusión a los gritos del pueblo rebelde e instigado por agitadores, que pide la muerte del rey. Pintura anticipada de aquella escena ante el tribunal de Pilato, donde los soldados romanos lo llenan de golpes e injurias mientras el pueblo judío, que antes lo seguía y lo aclamaba como rey, movido por la Sinagoga, grita a voces: “¡Crucifícale!” (Mateo 27, 23).
7 ss. Véase Jeremías 9, 2 s. Ansia de soledad y silencio, lejos de los horrores de la ciudad (cf. Eclesiástico 7, 16 y nota); envidiable vocación que nos brinda la mejor parte, la de María, la que nadie nos disputará, porque el mundo prefiere la ciudad, inventada por Caín (Génesis 4, 17). En el retiro nos habla Dios al corazón (Cantar de los Cantares 1, 8; 8, 5; Oses 2, 14) y su palabra nos da el Espíritu “que siempre está pronto” (Mateo 26, 41; II Timoteo 3, 16 s.) y que produce fruto infaliblemente (Salmo 1, 1-3). He aquí la escondida senda de los sabios. Cf. Eclesiástico 39, 1-3.
10. Piérdelos: Literalmente: trágalos, aludiendo quizás al castigo de Coré y los levitas (cf. versículo 16). Divide sus lenguas: Evidente alusión a Babel (Génesis 11, 7-9).
11. Extraña ronda de protección, imagen de la turbulencia y anarquía que reina en la ciudad y que puede aplicarse a tantas situaciones de la historia. El rey parece perdido. Sólo Dios puede sacarlo de la ruina inminente.
14. Se trata sin duda de Aquitófel “consejero y compañero de mesa del rey” (II Reyes 15, 6 ss.). Este traidor, cuya felonía es tanto más dolorosa para el amigo cuanto mayor era la intimidad, es figura de Judas (cf. Salmo 40, 10 y nota).
16. Vivos aún desciendan al sepulcro: Como en el caso de Coré, Datán y Abirón, a quienes tragó la tierra (Números cap. 21). Y en ellos mismos, o, en medio de ellos: Probablemente fue añadido como glosa.
18. Alude a los tres tiempos en que solían rezarse las oraciones cotidianas en el Templo y en la casa del rey. Estos lamentos y gemidos, muy frecuentes en el pueblo escogido y en los amigos de Dios, muestran que no es malo quejarse como un hijo débil. Al Padre celestial le agrada consolarnos. Véase Job capítulo 6. El estoicismo no es espíritu cristiano, porque se funda en la soberbia que confía en sí misma.
22. Esta elocuencia que abunda en los Salmos para pintar al vivo la humana iniquidad, suele parecer excesiva y pesimista al que no está familiarizado con la Escritura y penetrado de nuestra innata decadencia a causa del pecado. Muy a menudo la olvidamos o llegamos a creer que Cristo la borró automáticamente con su muerte. Grave error que falsea no pocas veces nuestra vida espiritual. Jesús, el Maestro manso y humilde de corazón, fue más crudo que nadie para dejar bien sentada la triste verdad de que por naturaleza estamos inclinados al mal (cf. Juan 2, 24 y nota). Su bondad infinita y su misericordia, hija de un verdadero amor, no fueron para elogiarnos como buenos sino a la inversa para perdonarnos si confesamos nuestra miseria (I Juan 1, 8 s.), pues vino a buscar a los pecadores (cf. Lucas 5, 32 y nota). Véase también en Eclesiástico 12, 10; 19, 24; 26, 12; 27, 14, etc., varios datos preciosos para conocer en el trato diario la doblez de los hombres, precisamente cuando se muestran tan amables.
23 s. No se cansa Dios de repetirnos la invitación a que confiemos en Él (cf. I Pedro 5, 7) y la promesa de que Él obrará maravillas a cambio de esa confianza (cf. Salmos 32, 22; 36, 5 y el caso del rey Asá en II Paralipómenos 16, 12 s). Jesús lleva esa promesa al máximo imaginable (Mateo 6, 30 ss.), pero allí mismo nos llama “de poca fe”, porque ve muy bien que nos falta la confianza absoluta. A través de toda la Biblia nos enseña Dios que el progreso en la vida espiritual no responde a tal o cual fórmula de ascética más o menos técnica, sino simplemente a creer más. Y esa fe, que también es don del Padre, crece en la medida en que crecemos en el conocimiento de sus palabras, pues eso es precisamente la fe: el crédito y asentimiento prestado a la palabra de Dios que revela. Se refiere de un santo que en sus últimos años le decía a Dios: “Padre, estoy empezando a creer que es verdad lo que Tú me dices en la Escritura: que me quieres como a hijo y me prometes lo mismo que a tu Hijo Jesús.” Y como un compañero se extrañase de que recién empezara a creer, le contestó el santo: “Si yo supiera creer en eso de veras, aunque sólo fuese tanto como solemos creer en las promesas de otro hombre, ya me habría muerto de felicidad. ¿Quieres más prueba de que nuestra fe no es ni siquiera como el grano de mostaza? (Mateo 17, 20). Y sin embargo ése es el único pecado de que no nos acusamos nunca ante Dios, porque no creemos cometerlo, y aun somos capaces de decir: ‘yo tengo mucha fe’.” Y agregaba: “Lo que más nos halaga a todos es que nos quieran, y sobre todo las personas importantes o los príncipes. Viene Jesús y nos dice que su Padre nos ama tanto como a Él y que Él nos ama como lo ama a Él su Padre. Y nosotros leemos esto y seguimos tan indiferentes. ¿Por qué, sino porque no lo creemos? ¿Te sorprende ahora que yo esté recién empezando a creer?”
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SALMO 56 (55)
1. El epígrafe indica probablemente el poético nombre de una canción que se traduce también: “Paloma de los lejanos terebintos” (Jonat élem rehoquim). y haría pensar en las nostalgias espirituales del Cantar. Contiene este Salmo la súplica —pronto seguida por la ardiente gratitud— de David, cuando los filisteos de Gat lo prendieron (I Reyes 21, 10-15). El rey se hallaba escondido en el país de los filisteos, donde su único consuelo era su arpa, en cuyas cuerdas traducía las angustias de su alma afligida. Como observa Calès, nada hay que contradiga el título que atribuye el Salmo a David como tantos otros de esta colección elohística, aún algunos de los atribuidos a los coreítas (cf. Salmos 41, 1; 44, 1 y nota). Sobre Miktam véase Salmo 15, 1 y nota. Los Santos Padres reconocen en este Salmo los sentimientos de Cristo en el tiempo de su Pasión.
4. Texto inseguro. Algunos traducen a la inversa: pero lejos de mí el temor (Rembold). Otros suprimen la parte corrompida del texto y dejan simplemente, como Ubach: “Cuando temo, en Vos confío”. Esta confesión de miedo, propia de un niño (cf. Salmo 54, 18 y nota), es sumamente agradable al Padre celestial y constituye una característica de la sublime espiritualidad de David en su trato con Dios, lo que no le impidió por cierto ser un héroe invicto en las batallas, porque la mano de su Dios lo sostenía precisamente a causa de esa humildad infantil (Mateo 18, 3 s.). Lo mismo ocurrió a Jacob (Génesis 32, 7) en vísperas de luchar con un ángel y vencerlo (ibíd. 22 ss.), y a Elías que, después de huir de miedo al rey Acab (III Reyes 19, 3), le hace frente con gran valor en cuanto Dios lo conforta (III Reyes 21, 17 ss.).
5. Se repite en el versículo 11 como estribillo. Me gloriaré, esto es: aun celebraré el cumplimiento de las promesas de Dios (como en Salmos 41, 6 y 12 y 42, 5). Con gran confianza puesta en Dios, el santo rey prorrumpe dos veces en alabanzas anticipadas, como Jesús en Juan 11, 41 s. Tal confianza es una de las más preciosas lecciones que hemos de aprender en los Salmos.
7. Espiando para ver si hallan de qué acusarme: es la actitud de los fariseos con Jesús (Mateo 22, 15; Lucas 11, 54; 20, 20; Marcos 12, 13) y la actitud del mundo con los amigos de Dios (Eclesiástico 27, 26; Jeremías 18, 22). Véase la advertencia que el Señor nos hace en Juan 15, 20. Cf. Salmo 16, 11.
8. Texto incierto. Abate los pueblos: así la mayoría. Otros vierten simplemente: abátelos.
9. ¿No parece una audacia de David el creer que el Señor Dios se toma semejante trabajo? Pues tal es la fe que agrada a Dios y Jesús nos enseña más aún: que los cabellos de nuestra cabeza están todos contados por su Padre (Lucas 12, 7; 21, 18). En Cantar de los Cantares 2, 7 vemos que el Amado está siempre vuelto hacia nuestra alma, como no pudiendo pensar más que en ella. “En tu libro”: Así se nos enseña en Salmo 138, 16, que es un himno a la omnisciencia del Padre celestial.
10. Así también Calès. Otros vierten, entonces retrocederán mis enemigos el día que yo te invocare: en esto conozco, etc. (cf. Salmo 40, 12). Preferimos aquí la versión que coincide con la Vulgata y que augura ya la consoladora experiencia interior de que habla el Apóstol en Romanos 8, 16. San Agustín, comentando el texto de la Vulgata, llama gran ciencia a este saber que Dios es tuyo, tuyo siempre que no estás lejos de Él, o sea que no le huyes tú porque quieres. ¡La amistad no se interrumpe nunca por causa de Él! (cf. Juan 6, 37). De esta certeza de tener a Dios consigo viene, claro está, la seguridad de que los enemigos retrocederán. Es lo que dice San Pablo: “Si Dios está con nosotros ¿quién contra nosotros?” (Romanos 8, 31).
13. Sobre sacrificios de alabanza, véase Salmo 49, 23 y nota.
14. Tú has librado... mis pies de la caída: Mucho nos importa recordar esto, pues nadie puede librarse de pecar sino por la gracia divina. Cf. Salmo 50, 7 y nota; Romanos 14, 4; 16, 25; Santiago 1, 21; Judas 24.
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SALMO 57 (56)
1. No destruyas, indica probablemente el título de la melodía. Sobre Miktam cf. Salmo 15, 1 y nota. Aquí parece significar himno recordatorio. Según la Vulgata: “para inscribirse en una columna”. Salmo parecido al anterior en fondo y forma, y no menos sublime en los sentimientos. La cueva que aquí se menciona puede ser la de Odollam (I Reyes 22, 1 ss.), o más bien la de Engaddí (I Reyes 24, 1 ss.). David que confía siempre, y cuya confianza nunca sale fallida, entona durante aquella noche (cf. versículo 9) esta suprema apelación de amparo, cuando su vida pendía de un hilo.
2. A la sombra de tus alas... hasta que pase la calamidad: Hoy más que nunca hemos de refugiarnos junto al Corazón del Padre ante las calamidades que el mundo padece y la iniquidad y apostasía que se entroniza, recordando el dolor de Elías ante la prevaricación de su pueblo (III Reyes 19, 9 ss.). No olvidemos que fue el mismo Jesús quien nos descubrió su deseo de protegernos así, al amparo de sus alas, como la gallina a sus polluelos (Mateo 23, 37).
3. Lo reconoce como a su bienhechor habitual. Tal es la verdadera base de nuestra a-mistad con Dios (Salmo 102, 2 ss.): pensar bien de Él, sin lo cual no podemos amarlo. Es la primera lección que nos da la Sabiduría (Sabiduría 1, 1). “La vida espiritual ha de estar fundada no en la falaz arena del amor que nosotros pretendemos tenerle a Dios sino en la roca del amor que Dios nos tiene.” Cf. I Juan 4, 10; Romanos 11, 35; 5, 8 s.; 8, 39 s.; Efesios 2, 4 y nota.
4. Son las dos características con que siempre se nos muestra a Dios (cf. Salmos 39, 12; 88, 15 y nota, etc.), y a su Enviado Jesucristo: misericordia en sus promesas y fidelidad en cumplirlas. Cf. versículo 11; Números 23, 19.
5. Sobre esta frecuente insistencia con que se nos presenta la maldad humana, véase Salmo 54, 22 y nota. Tanta es la fuerza de estas expresiones que San Agustín las aplica en sentido alegórico a los demonios, diciendo (según el texto de la Vulgata): para sacarnos de la boca de esos verdaderos leones (I Pedro 5, 8) que vomitan llamas de su boca; para eso vino Cristo a este mundo. Su lengua, cortante espada: Véase sobre lo que es la lengua el célebre capítulo 3 de Santiago.
6. Es un estribillo (cf. versículo 12), y expresa admirablemente, junto con un suspiro mesiánico de David, lo que ha de ser a un tiempo nuestra pasión y nuestra esperanza: la gloria del Padre, que le viene toda por el Hijo (Mateo 3, 16), en el común Espíritu de amor, y que se ha de manifestar cuando su Enviado, Cristo, antes Víctima dolorosa, aparezca a los ojos de todos como el gran Triunfador. Cf. Mateo 26, 64; II Tesalónica 1, 10; Filipenses 3, 20 s.; Apocalipsis 1, 7, etcétera.
7. Desde aquí vemos, como tantas otras veces, que la oración ha sido escuchada. El alma del rey David va a desbordar en esa gratitud tan propia de los Salmos, que estalla aquí en un lirismo incomparable, queriendo apresurar el amanecer (versículo 9) después de aquella noche terrible. Cf. II Pedro 1, 19; 3, 12.
8. Los versículos 8-12 se encuentran también en el Salmo 107, 2-6, donde se ve su trascendencia mesiánica (cf. versículo 10).
9. Salterio y citara: literalmente “nébel y kinnor”, los instrumentos hebreos. Despertaré a la aurora, pero no en el sentido dé ‘me despertaré yo’, sino de ‘la despertaré a ella’. El salmista con su sublime entusiasmo no sólo despierta a su instrumento, sino que se anticipa a la misma aurora para cantar al Señor.
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SALMO 58 (57)
1 ss. Acerca del epígrafe véase Salmo 56, 1 y nota. En este Salmo impetuoso y sarcástico el poeta apostrofa, como en el Salmo 81, a los magistrados inicuos, y les anuncia, como dice Ubach, “la alegría que sentirá el justo el día en que se haga manifiesta, con su duro castigo, la existencia de un Dios que hace justicia en la tierra”.
2. Que habláis justicia: Que la dictáis en vuestros fallos. Dioses (cf. Salmo 81, 1 y 6), es decir, jueces, gobernantes, “grandes dignatarios del estado teocrático de Israel, que eran como los representantes de Dios ante el pueblo”. La expresión hijos de los hombres, según consenso casi unánime, está en acusativo más bien que en vocativo.
3. El versículo es fuertemente irónico. Venden al peso: Con la balanza que debiera servir para la justicia. Sobre la tierra: o en el país. Sobre la iniquidad de los jueces cf. Isaías 1, 23; 5, 23.
4. Desde el seno materno: No solamente como todo hombre, que nace y es concebido en pecado (Salmo 50, 7), pues eso es para Dios un motivo más de hacerles misericordia (Génesis 8, 21; Sabiduría 12, 10 ss.), sino como quien siguió desde el principio un mal camino del cual es difícil apartarse, según enseñan los Libros sapienciales. Cf. Eclesiastés 1, 15. Véase también Eclesiástico 1, 16 y nota.
5 s. La comparación con esa clase de áspides sordos voluntarios, “según lo refiere cándidamente San Agustín” (Calès), hace resaltar la astucia de los jueces parciales que falsean la justicia y no quieren escuchar la razón. Cf. Salmo 35, 4. Es el pecado que Jesús increpa mil veces a los fariseos. Cf. Juan 3, 19 ss.; 12, 37-50; 15, 22 ss.; Salmo 139, 4; Proverbios 21, 13; Eclesiástico 12, 13; Jeremías 8, 17.
8. El segundo hemistiquio se traduce de muy diversas maneras: sean abatidas las flechas de su arco (Manresa), que no pueden lanzar más que dardos despuntados (Nácar-Colunga), si lanzan sus saetas sean como sin punta (Sánchez Ruiz), sean cortados como el heno que se pisotea (Rembold). etc.
9. Era creencia popular que el caracol se derretía al arrastrarse, hasta consumirse en su baba.
10. Es quizá un refrán popular que significa: antes que vuestra malicia tome grandes proporciones o que hayáis ejecutado vuestros planes, os destruya Dios como el viento arrebata y derrama los fuegos y ollas improvisados en el desierto.
11 s. El justo se alegrará viendo la justicia divina sobre los jueces injustos, como una maravillosa novedad que por fin le muestra el orden divino establecido sobre la tierra. Es ésta una idea muy frecuente en las profecías (cf. Salmo 9 a, 17; 67, 24; 149, 6-9; Isaías 11, 3 ss.; Jeremías 23, 5, etc.), en contraste con el frecuente triunfo actual de la iniquidad que también nos muestra intensamente el salmista (Salmo 36, 48, 72, 93, etc.). Cf. Salmo 58, 1 y nota. El mal que pesa sobre el impío no alegra al justo como un mal, dice Santo Tomás, sino en cuanto es un triunfo de Dios. Cf. Salmo 108, 1 y nota. En la sangre: Apocalipsis 14, 20.
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SALMO 59 (58)
1. Acerca del epígrafe, véase Salmo 56, 1 y nota. La situación histórica a que se refiere este título es la descrita en I Reyes 19. Saúl, que en su odio contra David había intentado coserlo a la pared con una lanza, mandó después soldados para asesinarlo en su propia casa, logrando David escaparse con el auxilio de su mujer Micol. Sin embargo vemos que el salmista hace hablar a todo Israel (cf. Salmo 101, 1 y nota), pidiendo venganza contra los gentiles (versículos 6, 9, 14), lo cual ha hecho que la crítica le negase la paternidad davídica, pudiéndose no obstante deducir que el Salmo, cuyo texto nos llega muy sufrido, hubiese sido adoptado por un escritor inspirado (Calès) para convertirlo en plegaria nacional que pide la liberación mesiánica (versículo 14. Cf. la oración de Eclesiástico 36). Hemos de ver siempre, en estos Salmos de tribulación y de súplica, los acentos anticipados de la Pasión. Pasión, dice San Agustín, la de un día y la de siempre: la Pasión de Cristo Señor nuestro, cabeza y cuerpo juntamente; su padecimiento de un día en su carne y su padecer incesante en su Cuerpo místico del cual es la cabeza inseparable.
5. Este lenguaje muestra que el Salmo es mesiánico, pues nadie, ni el real Profeta, puede hablar así con Dios, no siendo Jesús (cf. 142, 2; Lucas 18, 19: I Juan 1, 8 ss., etc.). Algunos hacen comenzar este versículo en 4 c.
7. La imagen está tomada del Oriente, donde durante la noche los perros salvajes y chacales andan rondando las ciudades, aullando y buscando alimento (repetido en el versículo 15).
8. ¿Quién hay que nos oiga?: Así piensan los impíos. Cf. Salmo 13, 1; 35, 2.
10. Así también Rembold (cf. versículo 18).
11. La misericordia de mi Dios se me anticipará (cf. Calès, Vaccari, Ubach, etc.). Fundado en este texto y en Salmo 78, 8, dice el Concilio de Orange II, que “ningún miserable es librado de sus miserias, sino aquel a quien la misericordia de Dios se anticipa” (Denz. 187).
12. Algunos vierten el segundo hemistiquio como la Vulgata: no los mates; no sea que mi pueblo olvide. Es idea frecuente en el Antiguo Testamento que los enemigos de Dios y de su pueblo han de servir de ejemplo para que todos reconozcan un día la justicia divina y la impotencia de los impíos (cf. Joel capítulo 3).
14. Hasta que ya no existan: Esto confirma nuestra versión del versículo 12. Otros vierten con la Vulgata: en el día de la desolación”. Como se ve por los versículos 6, 9 y 12 es ésta una profecía sobre la ruina de las naciones enemigas del pueblo de Dios. Cf. Salmo 57, 11 y nota; Salmos 9 a, 20; 82, 19. etc. “Se verá de este modo que Yahvé reina en Israel y extiende su dominio hasta los confines del universo” (Calès).
15. Vuelvan, etc.: Sería como un recuerdo del vuelven del versículo 7. Así también Rembold. Este anochecer, como la mañana del versículo 17, parece tener sentido escatológico. Cf. nota al versículo 14.
18. Admirable oración al Padre celestial que todo hombre de fe puede hacer suya. Cf. Salmo 53, 8 y nota.
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SALMO 60 (59)
1. Acerca del epígrafe véase Salmos 44, 1; 56, 1 y notas. Los versículos 8-14 de este Salmo se repiten exactamente al final del Salmo 107, cuya primera parte está formada del Salmo 56, 8-12, lo cual puede por tanto ayudar para el estudio del presente.
2. En vano se ha buscado explicación satisfactoria a este versículo Se ha pensado, de acuerdo con el epígrafe, en los combates que se relatan en II Reyes 8, 3 ss., 10, 6 ss. y I Paralipómenos 18; pero en aquella ocasión murieron dieciocho mil (no doce mil).
3. Vuelve a nosotros, o también: Restáuranos. Cf. Deuteronomio 30, 1 ss.
4 ss. Descripción del desastre que Dios ha dejado caer sobre su pueblo. El terremoto es imagen de la devastación.
5. Vino de vértigo. Cf. Isaías 51, 22; Jeremías 25, 15.
7. No obstante la calamidad que sufre, Israel no duda del amor de predilección que Dios le tiene, como se lo demuestra toda su historia. Cf. Salmos 104-106; Romanos 11, 28 ss.
8. En su santidad: Es decir, como un juramento. Otros: en su santuario (cf. Salmo 150, 1). Triunfaré: Desde este Salmo, dice Dom Puniet, hasta el 71, se anuncian las conquistas del Señor, simbolizadas por las del rey de Israel. Siquem (Génesis 12, 6) y Sucot, ciudad de Transjordania (Génesis 33, 17), representan respectivamente las regiones occidental y oriental del rio Jordán.
9. Galaad: Región situada en la orilla oriental del Jordán. Manasés: Una de las doce tribus israelitas, que tenía ciudades en Cisjordania y Transjordania. Efraím: La tribu más poderosa de las diez del norte de Palestina. Judá mi cetro (cf. Génesis 49, 10): David, rey y salmista a un tiempo, hablando de parte de Dios, en sentido mesiánico, quiere expresar que toda la Palestina, el país de los hijos de Jacob, será su territorio, su tierra santa. “Dios, dice Ubach, habla en la persona de un guerrero victorioso.”
10. Moab: País situado al este del mar Muerto. Edom o Idumea: País lindante con Palestina en la parte S. E. Los filisteos habitaban la costa del Mediterráneo entre Jafa y Gaza. Estos países paganos u hostiles serán humillados. Echaré mi calzado: Como acto de posesión (cf. Rut 4, 7). Sobre Edom y su destino, que tal vez es el más terrible de todos, como hijo de Esaú y hermano infiel del pueblo santo, véase la profecía de Abdías, totalmente destinada a Edom. Cf. Hababuc 3, 3 y 6 y nota, etc.
11. Vuelve aquí a hablar David para reconocer que sólo el poder de Dios puede hacer esas conquistas. La ciudad fortificada: Algunos piensan que podría ser Petra o Sela (que significa piedra), ciudad de los idumeos (IV Reyes 14, 7; Isaías 16, 1). Según exponen Calès y otros, se trata probablemente de Bosra, “la ciudad inaccesible”, el corazón de Edom, lo cual coincidiría con otros lugares de la Escritura relativos a la venganza sobre aquella ciudad. Cf. Salmo 75, 11 y nota; 107, 11; Isaías 63, 1 ss.
13 s. San Agustín, aplicando en sentido espiritual estas palabras guerreras, dice: “También el alma, cuando se recoge en el santuario de su interior, donde Dios la espera y la ama, hace proezas inenarrables, triunfando de las potestades adversas, inmensas en número y poder.” Cf. Filipenses 4, 13.
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SALMO 61 (60)
1. Véase II Reyes 17, 22 ss. David se hallaba fuera de su país huyendo de Absalón. Los que tienden a dudar del epígrafe suponen aquí una plegaria de los cautivos de Babilonia, pero se encuentran con las dificultades de los versículos 6 y siguientes Otros, para evitarlas, conjeturan que sería escrito por un levita expatriado en tiempo de la monarquía, viendo no obstante en el versículo 8 un eco de la promesa davídica de II Reyes 7, 14. Espiritualmente se suele aplicar las palabras de este Salmo a nuestra vida de peregrinación en este mundo.
3. De la tierra: De la tierra santa. Como observa Fillion, David se encontraba del otro lado del Jordán, en Mahanaim, provincia de Galaad (II Reyes 17, 24; cf. Génesis 32, 2; Jeremías 13, 26; Cantar de los Cantares 7, 1, texto hebreo); y aunque no era eso la extremidad del país “el corazón no se cuida de exactitud rigurosa en las medidas, pues la distancia le parece inconmensurable”. Bover-Cantera piensa en un país muy remoto; Prado en Transjordania. La roca: La colina rocosa de Jerusalén. El Texto Masorético añade: Inaccesible para mí, lo cual se explica de suyo, tanto en sentido histórico cuanto en el profético. Espiritualmente vemos aquí la confesión de nuestra impotencia, contra la cual no podemos luchar sin la gracia. Y a pesar de esto, Dios nos ofrece la roca, ¡la santidad por los méritos de su Hijo! Cf. I Tesalonicenses 4, 3 y 7 s.; Romanos 5, 5. Cf. Génesis 19, 16 y nota.
4. Texto usado frecuentemente en preces litúrgicas. Cf. Salmo 70, 3; Proverbios 18, 10; Joel 3, 16.
6. La herencia: Otros leen aquí: el deseo, como en Salmo 20, 3. Es la segunda parte del Salmo, donde la oración ya ha sido escuchada. “Evidentemente David tiene aquí en vista el trono del cual había sido despojado y sobre el cual contaba con que Dios había de restablecerlo” (Fillion).
7 s. “Esta mención del rey en tercera persona no dificulta la atribución de este Salmo a David, como no lo hace la expresión «tu siervo», también en tercera persona, con que el poeta se designa a sí mismo en otros Salmos” (Desnoyers). Por lo demás, “como lo han admitido sucesivamente los intérpretes judíos y cristianos, el lenguaje de David va mucho más allá de él, y conviene sobre todo al «Rey Mesías» (expresiones del Targum) pues sólo en Él la realeza de David debía durar eternamente. Cf. II Reyes 7, 12-16; Lucas 1, 32-33” (Fillion). “En el sentido típico, muy por lo menos —añade Calès— hay razón para creer que el Mesías está expresado a través del rey teocrático. Más aún, es muy posible que el autor sagrado haya tenido conciencia de expresarlo en eminente sentido literal. He aquí en todo caso, cómo el Targum interpreta los versículos 7 y 8: “Tú añadirás días a los días del Rey Mesías. Sus años serán como las generaciones de este mundo y las del mundo que vendrá. Él reinará para siempre delante de Yahvé. La bondad y la verdad del Señor del mundo lo guardarán”.
9. Lleno de gratitud, el salmista alabará a Dios siempre y le ofrecerá continuas acciones de gracias. Cf. Ezequiel 37, 24 s.
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SALMO 62 (61)
1. Sobre Iditún: Véase Salmo 38, 1 y nota.
2 s. Esto es: no te apoyes ni busques consuelo, amor ni bondad fuera de Él, porque no lo hallarás. De aquí tomó quizá San Agustín su célebre oración: “Nos hiciste para Ti, y nuestra alma está inquieta hasta que descanse en Ti.” Oh alma mía: Así también Ubach, que señala el parecido de este Salmo con el Salmo 4, compuestos tal vez ambos en la rebelión de Absalón (II Reyes 15-18) o en la del malvado Sebá (II Reyes 20, 1 ss.). Otros vierten alma en nominativo. Este pasaje se repite como estribillo en 6 s.
4. El grito de angustia, hondamente patético, recuerda aquel período en que Absalón pretendía destronar a su padre. La comparación con la pared ruinosa evidencia que ningún firme apoyo humano tenía el rey. Pero él pone toda su esperanza en Dios solo y no duda un instante (versículo 7).
5. Su lugar (así en el Texto Masorético, siguiendo el contexto): Lo que más aprecia David es su indubitable carácter de ungido de Dios (Salmo 88, 21), que le desconocían a él como habían de hacerlo con Cristo (Juan 10, 33; 19, 21). Bendicen, etc.: Sobre esta doblez véase Salmo 56, 5 y nota. Este desacuerdo entre los labios y el corazón lo señala Jesús especialmente con respecto a la oración (Mateo 15, 8), citando palabras de Isaías 29, 13.
6 ss. San Pablo insiste sobre la infalibilidad de esta confianza (Romanos 8, 31; cf. Salmo 26, 3), que es ciertamente la más envidiable de las riquezas para ser feliz. Santiago acentúa la necesidad de que se funde en Dios exclusivamente (Santiago 1, 6-8).
9. Derramad vuestros corazones (cf. Salmo 36, 5): Esto es, vaciadlos de sus inquietudes y secretos más íntimos, desnudad vuestras ocultas vergüenzas ante este único confidente. No necesitáis detallar ni vuestras necesidades ni vuestras bajezas, pues Él ya las conoce y las mira con infinita delicadeza. Basta con pensarlas delante de Él, es decir, teniendo conciencia de que se las estamos confesando voluntariamente sin querer aparecer a sus ojos mejor de lo que somos (cf. I Juan 1, 8ss; Lucas 5, 32). Sólo Él puede curarlas porque es Dios; y quiere hacerlo porque nos ama con ternura de Padre. David es en esta materia un modelo estupendo, y por eso en los Salmos hallamos los tesoros más preciosos para la oración. Cf. Salmo 50 y notas.
10. Los poderosos: Calès traduce las gentes de condición, es decir, los que el mundo estima coma personas importantes. Recordemos la formidable revelación de Lucas 16, 15. Los fariseos enemigos de Jesús eran los más honorables de su tiempo. Véase lo que Él les dice en Mateo 21, 31 s.
11. Preciosa norma: No es malo el tener bienes —que Dios nos da en depósito— sino el amarlos “como propios” (cf. Juan 10, 12), porque entonces se hacen rivales de Dios y Él es muy celoso de nuestro corazón. Cf. Deuteronomio 4, 24; Eclesiástico 31, 8; I Timoteo 6, 7-19; Santiago 5, 1 ss.; 4, 4 s., etc. Vemos aquí, que, contra lo que suele pensarse, es más difícil ser fiel en la prosperidad que en el dolor. “Santa Bárbara cuando truena”, dice el refrán español, porque en la necesidad solemos humillarnos y pedir remedio. En cambio, como enseña Jesús, es más fácil al camello pasar por la aguja que a un rico tomar el camino del Reino (Lucas 18, 24 s.). Por la misma razón. es imposible que la semilla llegue hasta dar fruto entre los abrojos (Mateo 13, 22). Es decir que la atención prestada a las riquezas nos distraerá de atender a las Palabras que Dios nos dice, y éstas se nos borrarán como la imagen del espejo de que habla Santiago (1, 23 s.).
12. Una... y otra, etc.: Forma de expresión hebrea (cf. Proverbios 30, 15 ss.; Amos, 1, 6 ss.). El nuevo Salterio Romano vierte: Una cosa habló Dios: estas dos escuché; Nácar-Colunga: Una vez habló Dios, y estas dos cosas le oí yo. Las dos cosas son: Dios es poderoso, por lo cual puede salvarnos; y es a la vez misericordioso, por lo cual quiere socorrernos. ¿Qué sería de nosotros si sólo fuera lo primero sin lo secundo? ¿Si hiciera justicia con nosotros? (cf. Salmos 129, 3; 142, 2). Lo dicho aquí del Señor concuerda con Juan 1, 17.
13. Según sus obras: Él mismo nos da también las obras mediante su gracia, porque sin Él nada podemos hacer (Juan 15, 5; I Corintios 4, 7; 15, 10; II Corintios 3, 5; Filipenses 2, 13; I Paralipómenos 29, 14, etc.), y mediante su providencia (Efesios 2, 8), de manera que cuanto hacemos de bueno es también obra suya, por lo cual todo el mérito y la alabanza han de ser para el Padre, de quien procede el Hijo que nos redimió y el Espíritu que nos santifica. Dice a este respecto Santo Tomás: “En Dios toda obra de justicia presupone una obra de misericordia o de pura bondad, y se funda en ella. En efecto, si Dios llega a deber algo a su creatura, es en virtud de un don que Él mismo le ha hecho antes, y así cuando debe recompensar nuestros méritos, es porque nos ha dado la gracia para merecer y aun antes nos creó por pura bondad. De esta manera la misericordia divina es como la raíz o principio de todas las obras de Dios, las penetra con su virtud y las domina. Por esta razón sobrepuja a la justicia, la cual viene únicamente en segundo término.” Es de notar también que el Papa Pío V condenó la doctrina de que las almas no reciben mayor premio que el que merecen en justicia (Denz. 1.014). Cf. Salmo 62, 12 y nota.
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SALMO 63 (62)
1. Judá: Así también los LXX. La Vulgata dice: Idumea. El fondo histórico es, según todas las probabilidades, aquel triste periodo en que el rey estaba vagando por los desiertos de Judá, en los primeros días de la sublevación de su hijo Absalón (II Reyes 15, 23 ss.).
2. El sentido es: como mi cuerpo desfallece en esta tierra sin agua, así mi alma tiene necesidad de Ti. Figura frecuente y muy expresiva en Palestina, donde la falta de agua convierte en desierto tierras de suyo fertilísimas. Cf. Salmos 41, 2; 125, 4; 142, 6. De ahí que Jesús se ofrezca como el agua viva que necesitan las almas sedientas (cf. Juan 4, 10-14; 7, 37 s.; Apocalipsis 7, 17; 22, 1 y 17; Amos 8, 11 ss. y nota).
3. El santo rey, olvidando todas las fatigas, vuelve su vista hacia Sión y nada desea más que volver al Señor y a su santuario (cf. Salmo 26, 4). El apóstol San Pablo enseña a colmar esa ansia en todo momento, haciendo que Cristo habite en nuestros corazones por la fe. Véase esta admirable revelación en Efesios 3, 8-19 (Epístola de la Misa del Sagrado Corazón).
4 s. Lo que nos mueve a alabar a Dios y a predicarlo con ansias de apostolado, no es tanto su poder y los demás atributos que pueda suponer en Él la filosofía, cuanto la misericordia con que nos ama su corazón paternal. Cf. Salmo 53, 8 y nota. David no sólo prefiere esa misericordia a la vida, a los atractivos de la vida presente (y era un poderoso rey quien así hablaba), sino que, como vimos en el versículo 2, no quiere vivir de propia suficiencia, sino de la gracia. Véase Isaías 55, 1 ss., donde se recuerdan esas misericordias que como enseña San Pedro, siguiendo al mismo David, no se aprecian sino por experiencia (I Pedro 2, 3; Salmo 33, 9).
5. Levantaré mis manos (cf. Salmo 27, 2): He aquí una hermosa actitud que parece debiera conservarse en la oración, pues es notable que, no obstante el carácter de la predicación apostólica, apartada de toda tendencia ritualista, como correspondía al Mensaje de Jesús “en espíritu y en verdad” (Juan 4, 23), San Pablo lo indica así a los hombres en I Timoteo 2, 8. Cf. Salmos 27, 2; 118, 48; 133, 2; 140, 2; Lamentaciones 2. 19; 3, 41.
6. Médula y gordura: Es la gracia divina que, dilatando el corazón, inspira la alabanza (Salmo 118, 32 y nota). “No te alabarían, Señor, mis labios si no me previniese tu gracia. Don tuyo es, gracia tuya es el que yo pueda y acierte a alabarte” (San Agustín).
7 s. En mi lecho: Aprovechemos esta lección de David para llenar de dulzura nuestros insomnios, fijando suavemente el pensamiento en recordar, como nos lo enseña también el Salmo 76, 12 ss., los indecibles bienes recibidos del Padre celestial (Salmo 102, 2ss.), y sobre todo el don supremo: su propio Hijo (Juan 3, 16); y el don del Hijo: su propia vida temporal (Juan 10, 18) y su misma vida divina y gloriosa (Juan 6, 57; 17, 22); y el don del Espíritu como luz y fuerza (Lucas 11, 13; Juan 14, 26; 16, 23); como santidad gratuita (I Tesalonicenses 4, 8 y nota); como sello de semejanza con Dios y “arras de nuestra esperanza” (II Corintios 1, 22 s.; Efesios 1, 13) y en las promesas dichosísimas que nos han sido hechas. Cf. Filipenses 3, 20 s., etc. El que se acostumbra a meditar (Lucas 2, 19) las palabras de Dios que contienen tales dones, tales bondades y tales promesas, centuplica su fe y entonces descubre que el amor a la Palabra de Dios es una cosa inmensa. Véase Salmos 29, 6; 70, 1; 76, 5; 118, 55.
9. Tu diestra me sustenta: Esto es, de un modo permanente como la vid a los sarmientos (Juan 15, 1 ss.). Sin ella, no sólo caería en el pecado sino que mi ser volvería a la nada, pues en Él tenemos la vida, el movimiento y el ser, como dijo San Pablo a los del Areópago en Hechos 17, 28. Cf. Salmo 103, 29 s., y nota. Notemos que dice: “me sustenta si mi alma se adhiere”. No es que nosotros tengamos que darle antes algo a Él, pues Él nos amó primero (I Juan 4, 10; Romanos 11, 35; Job 41, 2) y es bueno también con los desagradecidos y los malos (Lucas 6, 35). Es simplemente una cuestión de aceptación, de comunicación con Él. El agua viva se da gratis (cf. versículo 2; Apocalipsis 22, 17 y nota) y sólo es cuestión de tomarla. El que no la quiere, claro está que no tendrá la vida, así como un remedio sólo sana al que confía en él y se decide a tomarlo. Puede Dios hacer una excepción en los niños aun no conscientes, pues hasta los lactantes pueden glorificarlo (Mateo 21, 16; Salmo 8, 3), y de ellos es el Reino de los cielos (Mateo 19, 14). Pero el hombre es libre y debe libremente aceptarlo o rechazarlo (Cantar de los Cantares 3, 5, y nota; cf. Mateo 20, 25 y nota), y debe hacerlo en forma definida, pues Jesús declara que si uno no está con Él, está contra Él (Lucas 11, 23). Entretanto, “nuestra confianza con Dios debe llegar hasta confesarle nuestra falta de confianza en Él”, puesto que es Él, como dice San Agustín, quien nos da aún eso que nos pide.
12. Que jura por Él: Que le adora como a Dios. Jurar por Dios significa reconocerlo como Señor y Juez (cf. Deuteronomio 6, 13). En tanto que, etc.: Como ha observado Duhm, este final que aquí está fuera de metro, completa muy bien la última estrofa del Salmo anterior, por lo cual parece haber existido un error de copista.
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SALMO 64 (63)
2 ss. David, en medio de sus calumniadores, aguardaba humildemente la mano auxiliadora de Dios, como tipo y figura de Jesucristo, el Cordero de Dios. Libra mi vida: Los LXX vierten: libra mi alma, lo cual significaría, no solamente: defiéndeme, sino también: dame fortaleza para que no tema aun cuando me amenacen.
4 s. Las lenguas malignas (espadas y saetas) tratan de socavar la buena fama del rey. Véase Salmo 56, 5 y nota. A mansalva (versículo 5): Otros vierten: sin temor; la Siríaca: sin ser vistos.
6. ¿Quién nos verá? Es la falaz confianza de todo malhechor. Pero Jesús nos dijo que nada quedará oculto (Lucas 12, 2s.).
7. El texto es oscuro y de diversa interpretación. Lo hemos vertido, como Calès, en la forma que nos parece más adecuada al contexto, con el sentido, intensamente dramático, de un elogio al hombre, cosa muy propia de los malhechores. Otros prefieren presentarlo como una reflexión del Salmista: “¡Oscuro abismo es el corazón del hombre!” San Agustín lo aplica, según la Vulgata, a los cálculos fallidos de los enemigos de Jesús, que creyeron impedir su Resurrección poniendo guardias en el sepulcro (Mateo 27, 62 ss.).
8. Les manda, etc.: Así el nuevo Salterio Romano. Otros usan el futuro.
10 s. Este final en que la súbita caída de los calumniadores servirá de escarmiento a todos, no es por cierto lo que ocurre actualmente en la vida ordinaria, y además contrasta con el resultado que tendrán las plagas del Apocalipsis (Apocalipsis 9, 20 s.; 16, 9 ss.). De ahí que es de pensar que, más allá del caso personal del salmista, se proyecta aquí la luz “del juicio mesiánico y del juicio escatológico” (Calès).
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SALMO 65 (64)
1. En el texto hebreo no se hace mención de Jeremías ni de Ezequiel ni tampoco del cautiverio, como en la Vulgata, donde una nota añadida al epígrafe, sin duda como intento de interpretación profética y contradictoria con la atribución davídica que él mismo contiene, llevó a algunos a interpretarla del cautiverio de Babilonia, como hace notar Ubach, el cual destaca al respecto “las expresiones universales y mesiánicas” (versículos 6 y 9). así como el retorno de la fertilidad a Palestina (versículos 10-14), lo cual va también más allá de una simple cosecha anual. En realidad este misterioso Salmo que, como se ve en las primeras palabras del título, pertenece a David aunque ha sido diversamente explicado por los intérpretes, es una de las más preciosas perlas del Salterio, un himno rebosante de júbilo por los dones y designios de la Providencia, y de gratitud de todos los hombres por la prosperidad extraordinaria (versículo 10 ss.) prometida para los tiempos mesiánicos (cf. Salmo 71, 16 s. y notas), tanto a Israel fiel a Cristo (cf. Salmo 96, 8 y nota), como a las naciones todas de la tierra (versículo 6; cf. Salmo 95, 8 ss.; 96, 1 y notas).
2. En Sión: Cf. Salmo 96. 8; Isaías 2, 3 s.; 60, 5 s.; Miqueas 4, 1 ss.; y en general los Salmos 47, 65, 67, 71, 75, 13., etc.
3. Este versículo y el anterior, tomados en sentido figurado, forman el Introito de las Misas de Difuntos, junto con un texto de IV Esdras que aunque no canónico, es mirado con respeto por la Iglesia (véase el Apéndice del tomo IV de nuestra edición de la versión de la Vulgata).
5. No elige el hombre a Dios, sino que es Él quien lo elige y llama (Juan 15, 16; Romanos 8, 28-30). Felices también los gentiles que serán llamados un día como Israel (Romanos 9, 24 ss.; 11, 30; Hebreos 11, 9 s.; 12, 22); dichosos sobre todo, digamos hoy, los llamados, en virtud del “misterio escondido desde todos los siglos”, a formar parte del Cuerpo Místico de Cristo (Efesios 1, 1 ss.; 3, 9; Col. 1, 26). “Elijas”: El subjuntivo concuerda con el futuro: “nos hartaremos”.
6. “Es decir de los pueblos que habitan los extremos límites de nuestro globo” (Fillion). Esta referencia universal como en Salmos 21, 28; 96, 1, etc., confirma el carácter profético del Salmo, pues en tiempos de David no esperaban en Dios todas las naciones, ni aun ahora vemos que así sea, como lo hace notar el P. Callan (Salmo 95, 10 y nota). Cf. Salmo 75, 10.
7 s. Revestido de poder: Gramática cita aquí Salmo 92, 1. Sosiegas, etc.: La grandeza del Señor se manifiesta, según el salmista, en el dominio de los mares y de los pueblos (cf. Salmo 88, 10), los cuales son parecidos a los mares en cuanto al estruendo y tumulto (cf. Isaías 17, 12 s.; Lucas 21, 25; Apocalipsis 17, 15). Bien es verdad que el mundo ofrece siempre semejanza con el mar, según lo señalaba ya San Agustín: “Todo es lucha y frenesí; quien, codiciando una heredad, suspira porque alguien muera; quien busca cómo enriquecerse con los despojos de otros; quien levantarse al cimas de donde primero sean otros precipitados: todos se combaten y se devoran los unos a los otros”.
9. Tus portentos: Otros: tus señales. Fillion anota: “Prodigios realizados para salvar a los israelitas” (véase Mateo 24, 29 ss.; Lucas 21,25ss.; Joel 2,30; Hechos 2, 17-20; Apocalipsis 6, 15 s., etc.). Tú llenas de alegría el Oriente y el Occidente (cf. Salmo 18, 7; Mateo 24, 27). La expresión encierra también una verdad con respecto a los poemas indescriptibles de color y opulencia que el buen Padre nos ofrece cada día al salir y al ponerse el sol, y que muy pocos observan o admiran, aunque en ellos se nos brinda, por pura obra divina y sin intervención humana, el espectáculo mi maravilloso que hoy pueden contemplar los ojos humanos sobre la tierra.
10. Como vemos en el versículo anterior, parecería que esta visita, que trae tanto gozo a la naturaleza entera (cf. Salmo 95, 1), no carece de aspecto dramático en cuanto a los enemigos (como se ve también en Salmos 96, 1-3; 67, 20-36, etc.), si bien aquí se contemplan especialmente los beneficios. Lo mismo se nota en el Salmo 65 hasta el versículo 10. Sobre la prosperidad de la tierra, véase versículo 11 ss. y nota. El rio de Dios: Según San Hilario, en sentido alegórico, el Espíritu Santo; Según San Atanasio, el Evangelio; según otros, el río de la gracia, etc. En igual sentido se dice que los trigales (Vulgata: comida), significan el Pan eucarístico, cosa en que no conviene ningún autor moderno, por donde vemos, según han repetido con insistencia los últimos Pontífices, no menos que la Comisión Bíblica, la necesidad de mirar con la debida prudencia esas interpretaciones que no resulten del sentido literal y mientras no se haya establecido éste (véase las Encíclicas Providentissimus Deus, Spiritus Paraclitus y Divino Afflante Spiritu, etc.). Algunos traducen: arroyo en vez de río, si bien, como lo hace notar Scío, la expresión río de Dios es un hebraísmo que significa río grandísimo, y así lo vemos en Salmo 67, 16 con respecto a los montes de Basan. Este río, que “algunos aplican al Jordán, otros al Nilo” y que según otros sería la lluvia, parece ser el mismo de Salmo 45, 5. Cf. Salmo 71, 6.
11 s. Cuadro de la asombrosa fecundidad prometida a la tierra, a la manera de la que describe el Salmo 71, 16 s y el Salmo 106, 33 ss., etc. Cf. Isaías 11, 6 ss.; Zacarías 8, 12; Amos, 9, 13, etc. Véase en Salmos 71, 11 y 95, 10 las observaciones del P. Callan sobre estos felices anuncios.
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SALMO 66 (65)
1 ss. Según los LXX y la Vulgata se llama en el epígrafe: Salmo y Cántico de la Resurrección, y así es llamado hoy todavía en la Iglesia griega, sin duda por los versículos 8 s. en que Israel invita a las naciones a celebrar con él a Dios, como en los Salmos 95-98. por algo que le es de gran trascendencia, significando la derrota definitiva de sus enemigos (versículos 7 y 17). Es ignorado en absoluto ese importante acontecimiento que parece recalcado por la nota “selah” que va en tres de las cinco estrofas, y Fillion dice que “es imposible determinar, ni aun aproximadamente, cuál pudo haber sido esa liberación, siendo cierto al menos que no se trata aquí del fin de la cautividad babilónica, pues ningún detalle señala su recuerdo.”
4. La tierra entera. Como observa Calès, “Israel sabe que un día debe salir de él la salvación para todos los otros pueblos, y por eso los invita aquí a bendecir a Yahvé por un inmenso beneficio que ha recibido”. De ahí que “todo este pasaje es mesiánico pues profetiza, al menos de una manera indirecta, la conversión de todos los pueblos al verdadero Dios” (Fillion). Cf. Salmo 71, 11.
5. Sublime: El adjetivo, más que para los designios, se usa como alabanza al mismo Dios que los concibió. Así también Calès, Ubach, etc. Los LXX y la Vulgata dicen: terrible, refiriéndose a la venganza que Él ha tomado sobre los enemigos de Israel. En esta predilección que muestra Dios por su pueblo, como la muestra también por las almas débiles, perseguidas, humildes, llegando en su misericordia con sus amigos hasta tomar terribles venganzas sobre sus enemigos, vemos explicado un punto fundamental de la doctrina evangélica: si Jesús prohíbe toda venganza y hace obligatorio el perdón, aun hasta la renuncia del propio derecho, no es para que triunfe impunemente la injusticia, sino porque Dios se encarga de la venganza. Véase por una parte Mateo 5, 39 ss.; 6,14; 7,2; Eclesiástico 28, 1 ss.; Romanos 14.4; I Corintios 6, 6 s.; y por la otra Romanos 12, 19; I Tesalonicenses 4, 6; II Tesalonicenses 1, 6-8; Salmos 67, 6; 102, 6; 108, 1.
6. Alusión a dos episodios importantes de la historia de Israel para confirmar la idea general del Salmo (cf. Salmo 67 y nota): la salida de Egipto con el paso del Mar Rojo (Éxodo 14 y 15), y la entrada de los hebreos en Palestina con el paso del Jordán (Josué 3, 5-47).
8 s. En estos dos versículos se contiene íntegro el breve Salmo 116 en que Israel, colmado de gratitud, invita, como es frecuente en los Salmos mesiánicos, a las naciones gentiles para que alaben a Dios por las maravillas que ha obrado con él. “Es sin duda porque la vocación privilegiada de Israel debe terminar finalmente en la salvación de todo el universo” (Calès). Mantuvo en vida: Nácar Colunga: Él ha conservado nuestra vida, es decir, sin que perezcamos del todo (cf. versículo 20 y nota) no obstante los grandes desastres que recuerda a continuación. Así vemos aún hoy a ese pueblo como un testimonio, como el “reloj de Dios a través de la historia”. Cf. Romanos 11, 15 y 25.
12. En los monumentos egipcios y asirios vemos cómo el vencedor en su carro triunfal pasa sobre los cuerpos de los vencidos. Véase sobre esa humillación de Israel la promesa del profeta Isaías (51, 23).
15 Cf. Salmo 50, 21; Ezequiel 44, 18, etc.
16. Preciosa lección que coincide con la del arcángel Rafael (Tobías 12, 7) y la del mismo Jesucristo al endemoniado de Gerasa (Lucas 8, 39). De ahí la norma: “Contemplata aliis tradere”, que propone Santo Tomás de Aquino para la predicación: trasmitir a los demás las luces que Dios nos ha dado en la oración y el estudio de sus divinas Palabras.
17 s. Estaba pronta, etc.: Así el Texto Masorético (Calès, Vaccari, etc.). Cf. Zacarías 12, 10; Ezequiel 11, 19; 36, 26, etcétera. Ubach lo señala igualmente, si bien prefiere el texto crítico según Duhm, que traduce: Él me exaltó por sobre los que me odian, y supone que el estiquio debe agregarse como complemento al versículo 12. Sobre esta disposición para orar (versículo 18), véase Santiago 4, 8; I Juan 3, 21 s.; 5, 14 s.
20. Y no retiró de mí su misericordia: Como en el versículo 9, Israel se congratula de que su Dios no dejó que su caída fuese para siempre. Véase lo que Dios dice a David sobre Salomón en II Reyes 7, 14 ss., comparándolo con el réprobo Saúl (cf. Salmo 88, 31-38). Es lo que vemos también en los versículos 13 y 18 del Salmo 117 (citado por Jesús en Mateo 23, 39), de asunto semejante al del presente Salmo, cuyo universalismo (cf. versículos 5 y 6), conviene a la época en que profetizaba Isaías, el vidente mesiánico por excelencia, que “vio con su grande espíritu los últimos tiempos y consoló a los que lloraban en Sión” (Eclesiástico. 48, 27 s.). Cf. Isaías 35, 5 y nota. Ello confirma que se asigne a este Cántico una fecha anterior al cautiverio de Babilonia.
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SALMO 67 (66)
2. Fórmula con que los sacerdotes bendecían al pueblo (cf. Núm. 6, 25). El salmista pide a Dios que bendiga a su pueblo para instrucción de las naciones (Crampón). La Liturgia lo ha elegido por eso para la hermosa Misa por la propagación de la Fe, junto con la grandiosa oración del Eclesiástico (36, 2-19), en que Israel pide la conversión de los gentiles. Vemos aquí la vocación apostólica de Israel entre las naciones (versículo 3) cuyo incumplimiento le reprochó Ezequiel (36, 19 ss.), y San Pablo (Romanos 2, 34), y que los profetas anuncian con frecuencia (cf. Salmo 64, 2; 65, 8 y nota; 101, 17; Ezequiel 36, 23 ss.; Romanos 11, 26, etc.).
3 s. Vaccari traduce: Al conocerse... te alabarán, etc. Tal es la bendición que esperaban ver cumplirse para Israel los justos del Evangelio: la Virgen (Lucas 1, 54 s.); Zacarías (Lucas 1, 74 s.); Simeón (Lucas 2, 32); Ana (Lucas 2, 38); José de Arimatea (Lucas 23, 51) y los discípulos (Lucas 19, 51). Por camino y salvación entienden los Padres a Cristo, cuyo rostro ansiaban ver en su primera venida los santos de Israel, como nosotros debemos ansiar la segunda para verlo triunfante (cf. Apocalipsis I, 7; Tito 2, 13, citado por el Catecismo Romano I cap. 8, 1). Algunos repiten este estribillo también después del último versículo.
5. Sobre este reino mesiánico, en el cual reinará la justicia, cf. Salmo 71, 2; Jeremías 23, 5 ss.; Salmo 101, 29 y nota; 116, 1 s.; Romanos 15, 11 s., etc.
7. Como observa Ubach, el pueblo al agradecer los beneficios que había recibido, “desea que inmediatamente esta manifestación de su bondad hacia Israel la conozcan y veneren todos los habitantes de la tierra”. Es la idea que vemos en Salmo 101, 16 s. “No hay Salmo en que el Profeta se interese más viva y ardientemente por la conversión de todos los pueblos. Sus ruegos deben enseñarnos con qué sentimiento hemos de rogar por el retorno de Israel” (Ed. Babuty). La tierra ha dado su fruto: “Todo el Salmo nos lleva a ver en esta expresión algo más que una rica cosecha: las bendiciones de que Dios habrá colmado a la tierra y a la gran familia humana” (Fillion). Cf. Salmo 64, 11; 84, 13 y notas. En sentido acomodaticio Pedro Lombardo lo aplica diciendo: María dio a luz a Jesús (cf. Isaías 4, 2). Así también se aplica esta frase en forma proverbial cada vez que el alma se reconoce un nuevo yerro: la tierra ha dado su fruto, como diciendo: ¿qué otra cosa puedo dar yo de mí mismo? ¿Cómo extrañarse de que el hombre dé los frutos de miseria propios de su degeneración original?
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SALMO 68 (67)
1 ss. La idea principal de este admirable Salmo sobre la grandeza de Dios, cual se manifiesta en la historia y destino de Israel, difícilmente se entiende si no se tiene en cuenta su carácter profético y mesiánico, según el cual es un proceso que después de mostrar las hazañas antiguas del Dios de Israel, termina en definitiva, como muchos otros Salmos (cf. Salmos 21 y 68), con un himno al señorío universal de Cristo Rey. Como indica el P. Callan, señalando el tono davídico del Cántico, el poeta recuerda los poderosos favores de Dios a su pueblo en el éxodo de Egipto, en el desierto, en la conquista y establecimiento en la Tierra prometida. Después muestra el entronizamiento de Dios en Sión, y cómo “su cuidadosa protección abraza las edades por venir, de modo que al fin las naciones se apresurarán a rendir, junto con ella, homenaje universal al Dios de Israel”.
2 ss. Alzase Dios: Alusión a las palabras pronunciadas cada vez que se ponía en movimiento el Arca (Números 10, 35), la cual era figura de la presencia y el poder de Dios en la tierra (cf. Ezequiel 41, 26 y nota). Es, pues, una señal de que el Señor ha resuelto poner fin a la iniquidad (versículo 3 s.; 23 s.; 29 ss.).
5. En vez de a través del desierto otras versiones dicen, sobre las nubes, Cf. versículo 34 s.
6 s. Es decir, está ya triunfador en Sión (versículos 17 y 36). Así parece ver proféticamente el salmista a Aquel que, como protector de los débiles, ha acogido de nuevo a su pueblo (cf. Salmos 145, 7; 146, 2 y notas), como antes lo sacó de Egipto para llevarlo a una tierra espléndida (versículo 7), según va a relatar en los versículos 8 ss., quedando sin entrar en el hogar de Palestina solamente los rebeldes de Números 14, 26-32, mencionados en Hebreos 3, 17 s., “a causa de su incredulidad”.
8 s. Versículos tomados del Cántico de Débora (Jueces 5, 4 s.), que recuerdan las apariciones de Dios en el desierto después de la salida de Israel de Egipto, principalmente las escenas del Monte Sinaí (Éxodo 19). Véase también Jueces 5, 4. Las palabras repetidas entre corchetes son inseguras y faltan en el griego.
10. Tu heredad, es decir, el pueblo israelita, que es la herencia del Señor (cf. Salmo 105, 5 y nota; Deuteronomio 4, 20; 9, 26 y 29, etc.). La lluvia generosa es el maná que llovió en el desierto durante el viaje hacia la Tierra Prometida, a cuya conquista se alude desde el versículo 12. Cf. Éxodo 16, 3 s.
12. Cumple su palabra de entregar a Israel la Tierra Santa a pesar de sus moradores (cf. Salmo 77, 54 s. y nota; 134, 10-12; 135, 16 ss.). Las buenas nuevas de la conquista (otros: las anunciadoras de victoria) son las que vemos en el versículo 13 ss. El sentido de este pasaje en la Vulgata: “Dios dará, a los que evangelizan, una palabra de gran poder”, encierra también una importantísima verdad sobre el poder de la palabra evangélica. Cf. versículo 34; Salmo 18, 8; Isaías 52, 7; Romanos 11, 16; II Timoteo 3, 16; Hebreos 4, 12.
13 s. Alude a los reyes derrotados por Moisés y Josué (cf. Salmo 134, 11 y nota). La gran oscuridad de este pasaje hace suponer una alteración en el orden de los textos. Su sentido general es mostrar, en elocuente contraste con la cobardía de algunas tribus de Israel (cf. Números capítulos 31 y 32; Jueces 5, 16 s. y 20), la obra paternal y gratuita del Omnipotente (versículo 15) que dispersaba a los enemigos y allanaba todas las dificultades. Prueba de ello es que son las mujeres de Israel (Rembold vierte: la hermosa de la casa) quienes, mientras los hombres descansan, reparten el botín, sin duda, precioso para ellas, pues contenía esos adornos de alas y plumas, despojo probablemente de los jefes vencidos. Hay en esto una alusión irónica a Jueces 5, 28 ss. (Cántico de Débora), donde vemos a las mujeres cananeas pretendiendo que Sisara hubiese, a la inversa, conquistado despojos sobre Israel, entre los cuales habría trajes de diversos colores para adorno de la esposa (véase el texto hebreo). “La paloma seria Israel, cuyas armaduras y armas brillaban como el oro y la plata. Para otros se trataría del Arca.” (Bover-Cantera).
15. El Omnipotente (Schaddai): Nombre usado otra vez en el Salmo 90, 1. Como observa Calès, en este cántico de alabanza, eminentemente teocéntrico, “Elohim” figura no menos de 24 veces a título de nombre propio, sustituyendo a “Yahvé”, y aun tres veces más como nombre común de la divinidad, siendo también reemplazado 5 veces, en este sentido, por Él. Yahvé aparece también dos veces en forma plena, y dos en la forma abreviada: Yah. Y Adonái (“el Señor”), es empleado siete veces. El Salmón: Montaña situada al norte de Transjordania. Otro monte del mismo nombre se halla cerca de Siquem (Jueces 9, 38). Su blancura como de nieve proviene quizá de los huesos o despojos de los enemigos.
16 s. Montes grandes: literalmente: Monte de Dios (hebraísmo por monte grande; cf. Salmo 64, 10 y nota). Es un apostrofe a los montes de Basan que a pesar de sus altas cumbres y de su opulencia (cf. Amos 4, 1 y nota; Miqueas 7, 14) no han sido elegidos para trono de Dios, por lo cual miran con celos al pequeño monte Sión en el que Dios habilitará para siempre (versículo 17; cf. Salmo 64, 2 y nota; Ezequiel 37, 26 ss.). Esto enseña a ser humilde en la gloria, porque la elección de Dios es gratuita; de pura misericordia elige lo más bajo para ensalzarlo. Cf. Salmo 142, 6; Ezequiel 36, 21 s.; Lucas 1, 52; Salmo 112, 7; Romanos 11, 6 s.; 9, 15; 11, 32; I Corintios 1, 26-31.
18. Esto es: son innumerables los espíritus celestes que sirven a Dios (cf. Daniel 7, 10 y la carroza de los querubines en Ezequiel 1, 4 ss.), que hallan en Él su felicidad y están atentos al menor de sus deseos (cf. Daniel 10, 13 y nota) como ministros de sus misericordias o de sus venganzas. Cf. Salmo 102, 20; Mateo 26, 53; Apocalipsis 9, 16. Sobre los Ángeles de la Guarda véase Salmo 90, 11 y nota. Viene el Señor del Sinaí al Santuario, es decir, el profeta contempla cómo Dios traslada gloriosamente su residencia del monte Sinaí, donde dio la Ley antigua, al monte Sión, donde reinará para siempre según el versículo 17. Véase Salmo 75, 5; Jeremías 23, 5; Ezequiel 37, 24; Oseas 3, 5; Daniel 7, 14; Miqueas 4, 7; Lucas 1, 32; Hebreos 12, 22. Cf. Ezequiel 10, 18; 11, 22 s.; 43, 2-5 y notas. “Ambos montes significan ambas Alianzas.” Cf. Jeremías 31, 31; Hebreos 8, 8. Jesús reveló que la Nueva sería con su Sangre (Lucas 22, 20; 24, 27 y 44 ss.).
19 ss. A lo alto: al monte Sión (versículo 2 y nota). Cautivos: Algunos suponen que se trata de pueblos vencidos que son llevados como tributos que se ofrecen al Señor. San Pablo (Efesios 4, 8) hace una cita parcial de este pasaje según los LXX, a propósito de los carismas del Espíritu Santo, que Cristo, al subir al cielo el día de la Ascensión, “llevando cautiva la cautividad”, recibió para los hombres, como dones gratuitos que Él ganó con su Redención y que enriquecen durante esta vida el alma de cada uno. El versículo en los LXX termina diciendo: “eran rebeldes para que Tú habitaras entre ellos” (cf. Juan 12, 34; Lucas 16, 16; Isaías 35, 5 y notas). Aquí se trata de “hombres recibidos como presentes”, hombres que el Mesías triunfante lleva, como dichosos cautivos, para que habiten junto a Dios, incluyendo aún a aquellos que fueron rebeldes y que, vencidos luego por la gracia, se arrepintieron para aprovechar la salvación del Dios que salva y lleva nuestras cargas (versículo 20) y cuya salvación nos hace escapar de la muerte (versículo 21). Interpretando esto en sentido cristiano, y sin perjuicio de lo que significa para los destinos de Israel según se ve en todo el Salmo (cf. versículo 29), nos parece coincidir plenamente esta profecía con las palabras de Jesús al Padre: “Los que Tú me diste quiero (esos hombres que son presente Tuyo): que estén conmigo en donde Yo esté, para que vean (experimenten) la gloria mía que Tú me diste, porque me amabas antes de la creación del mundo” (Juan 17, 24; cf. Juan 6, 39). Así lo prometió Él mismo a los suyos, diciéndoles: “Cuando me haya ido y os haya preparado el lugar, vendré otra vez y os tomaré junto a Mí, a fin de que donde Yo estoy estéis vosotros también” (Juan 14, 3; cf. I Tesalonicenses 4, 16 s.). Fillion hace notar que “la primera parte del Salmo se termina por este gran pensamiento profético: el celestial conquistador, que avanza al principio del poema contra sus enemigos numerosos, se sienta ahora en su trono para siempre, después de haber sometido el mundo a su imperio”.
22. Que se pasean en sus delitos: Calès vierte: que te odian (cf. versículo 2).
23 s. Se refiere a los enemigos de Israel. El Señor los descubrirá en los rincones más apartados, en la montaña de Basan (cf. versículo 16), y si es preciso, hasta en el fondo del mar. Tal será la obra del gran campeón (cf. Isaías 59, 17) en el día de la venganza (Salmo 57, 11; Isaías 61, 2; 63, 1 ss.; Apocalipsis 19, 15; Salmo 2, 9, etc.). En ella empleará su poderío (versículo 29). Cf. Joel 3; Salmo 65, 5 y nota.
26 ss. He aquí lo que el poeta contemplaba desde el versículo 6: la llegada del Señor al monte Sión acompañado por los representantes de todas las tribus reunidas (cf. Ezequiel 37, 15-23). Nombra a dos del Norte o de Israel: Zabulón y Neftalí; y a dos del Sur, o de Judá: Judá al frente de todas por ser la estirpe real del Mesías (cf. Salmo 59, 9), y Benjamín. Cf. Isaías 27, 13; Jeremías 3, 18; 31, 1-3 y 31-33; 33, 14 ss.; Ezequiel 16, 53; 20, 40 ss.; 27, 21 s.; Zacarías 8, 13, etc.
29 ss. Calès titula este pasaje (versículos 29-32): “Súplica por el triunfo mesiánico” y expresa que en ella “se le ruega que acabe su obra y realice todas sus promesas; que suscite el reino mesiánico y lleve a todos los pueblos a su templo para adorar al Huésped divino y llevarle presentes... El orgulloso Egipto y la misteriosa Etiopía deberán, de grado o por fuerza, tender hacia Él manos suplicantes y los poderosos dominadores de la tierra tendrán que prosternarse ante su faz”. Vaccari hace notar que “este mismo pensamiento se halla también en Isaías 60, 1-14; Ageo 2, 7-10; Tobías 13, 11 e igualmente en el Salmo 71, 9 s.”
30. “El Santuario del monte Sión será un centro para las ofrendas que toda la tierra llevará” (Fillion). Cf. Salmos 64. 2; 75, 12; Isaías 25. 6; Ezequiel 40, 2 y nota.
31. Texto inseguro. Sobre la bestia, cf. Isaías 19, 6; Ez- 29, 3 s. y también Salmo 79, 14; Daniel 7, 8; Apocalipsis 19, 20 y notas. Poderosos, dominadores: Literalmente: toros y novillos, imágenes de los gentiles representados por Egipto, Babilonia, Asiria y otros (cf. Isaías 12, 12 y nota). Suprime a los ávidos de plata: Así también Rembold. Algunos (cf. Vaccari) quitan a este pasaje todo carácter trágico, presentándolo como festivo: “Su cortejo desfila con la canela y la multitud de los toros con los novillos de los pueblos; se prosternan con lingotes de plata; avanzan los pueblos que quieren hacer ofrendas.” Pero la economía general del Salmo muestra (cf. versículo 2 s.; 23 s.) que, como en todas las profecías semejantes, al triunfo del Mesías corresponde la derrota, confusión y tremendo castigo de sus enemigos. Cf. I Corintios 15, 25; Salmo 109, 1; Hebreos 2, 8 y 10, 13. Dispersa las naciones, etc.: “Es la paz mesiánica universal” (Fillion). Cf. Salmo 57, 11 y nota; Isaías 2, 4; Oseas 2, 18; Salmo 45, 10. ¡Cuán lejos estamos de esa dichosa edad!
33. Invitación paralela a la de los Salmos 95 ss. Cf. Isaías 2, 3; 60, 5; Miqueas 4, 2, etc.
34 s. Cabalga por los cielos: Cf. versículo 5; Salmo 17, 11. Su voz poderosa: Véase Salmo 28, 3 y 10 y notas, que termina como éste; cf. Isaías 30, 30. Su majestad es sobre Israel (versículo 35): El hebreo da un sentido distinto de la Vulgata, que dice: Dad gloria a Dios a causa de Israel, expresión que es también usada en Salmos como el 48 y el 96, semejantes a éste (cf. Isaías 54, 15 y nota). Es de advertir sin embargo que la actual edición de Gramática ha tomado el sentido del hebreo diciendo: Dad gloria a Dios: sobre Israel está su magnificencia y en las nubes su poder, y citando como paralelo el Salmo 28, 2. Scío ve aquí “la humanidad de Cristo en el día tremendo del juicio, cuando aparecerá en las nubes, lleno de poder y de majestad”. Véase la insistencia con que se habla de nubes en Mateo 24, 30; 26, 64; Hechos 1, 9-11; Apocalipsis 1, 7; 14, 14; I Tesalonicenses 4, 17, etc. Entonces será llamado el Admirable, como lo indica San Pablo en II Tesalonicenses 1, 10, cumpliéndose así la profecía de Isaías 9, 6 en Aquel que en su primera venida no fue sino despreciado y reprobado (Isaías 53, 2 ss.). Este doble aspecto de Jesús: sus sufrimientos y posteriores glorias (I Pedro 1, 11), lo nuevo y lo antiguo (Mateo 13, 52), la adorable Víctima del amor y el Triunfador glorioso y admirable está sintetizado, en Isaías 49, 7, y sobre todo en Isaías 61, 1 ss., del cual Jesús cita sólo la primera parte cuando aplica ese texto a su primera venida en Lucas 4, 18 s., separando así el año de la reconciliación, que Él vino a predicar, del día de la venganza que aquí se anuncia.
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SALMO 69 (68)
1. Sobre el sentido del epígrafe véase nota al Salmo 4, 1. Se trata de un Salmo profético paralelo al Salmo 21. Ambos se cumplieron al pie de la letra en cuanto se referían a la Pasión de Cristo, a la cual suele aplicarse el Salmo en sentido literal. Algunos lo hacen en sentido típico, pero, aunque ello nada les restaría de su valor como profecía mesiánica, parece difícil aplicar aún a David todos los detalles que tan perfectamente se ajustan a Cristo, odiado sin causa (versículo 5 y Juan 15, 25); devorado por el celo de su Padre (versículo 10 a y Juan 2, 17); sufriendo en sí los ultrajes dirigidos a Dios (versículo 10 b y Romanos 15, 3); recibiendo el ofrecimiento de vino con hiel (versículo 22a y Mateo 27, 34); abrevándose de vinagre (versículo 22 b y Mateo 27, 48; Marcos 15, 23; Lucas 23, 36; Juan 19, 29), y sobre cuyos enemigos recaerán las imprecaciones de este Salmo (versículo 23 s. y Hechos 1, 16 y 20; Romanos 11, 7-10).
2. ¡Sálvame! Así como el Miserere (Salmo 50) expresa la contrición de David, este otro expresa algo que pareciera imposible: la contrición de Jesús, “hecho pecado” por amor nuestro (versículo 6) y mostrándonos en sus palabras el espíritu con que el pecador debe dirigirse al Padre: espíritu de amor filial, confianza y pequeñez.
5. Devolver lo que no he robado: Locución proverbial que en boca de Cristo adquiere un sentido infinitamente sublime, inmensamente desgarrador y dichoso a un tiempo, puesto que en ella se encierra todo el misterio de la Redención, tal como lo contemplamos en Salmo 39, 13 y nota. “Es Cristo, dice San Atanasio, quien tomó sobre sí nuestros pecados y padeció por nosotros tormentos indecibles.” Cf. Salmo 87, 8; Isaías 53, 4 ss.; Gálatas 2, 20; I Pedro 2, 21-24; I Juan 3. 5, etc.
6. He aquí donde el Salmo va más allá del sentido típico y se nos muestra literal y exclusivamente propio del Señor Jesús, porque en nadie sino en Él se explicaría la aparente contradicción entre este versículo y la Víctima inocente del versículo 5. Jesús llama suyos nuestros pecados (véase Ezequiel 4, 4 y nota) y los presenta en dos palabras, pues sabe que el Padre ya los conoce. ¡Cuán fácil es orar sabiendo esto! (véase lo que dice Jesús en Mateo 6, 7 ss.). Algunos explican este pasaje como si su sentido fuera: “me acusan de locura e iniquidad, mas Tú sabes, Señor, si he cometido nada que sea insensato o malo”. Pero ello quitaría, como hemos visto, lo más sustancial de la Pasión del Hijo de Dios, hecho Él mismo, en lugar nuestro, “pecado” (II Corintios 5, 21) y “maldición” (Gálatas 3, 12; Deuteronomio 21, 23).
7 ss. Jesús pide que las almas rectas no se escandalicen al verlo aparecer como derrotado, fracasado y hasta con un aspecto físico tan diferente de su serena belleza de otros días. Véase Salmo 21, 7 s.; Isaías 53, 2 ss.; Salmo 44, 3. Quiere mostrarnos cuán grande es el peligro que corremos de escandalizarnos de Él. Véase Mateo 11, 6 y nota; 13, 21 y 57; 24, 10; 26, 33; Marcos 14, 27; Lucas 7, 23; Juan 16, 1 ss.; Romanos 9, 33: I Pedro 2, 8.
8. Por tu causa, esto es, por llevar hasta el fin Tu voluntad de salvar a los hombres, que Tú quisiste realizar por mi predicación (Juan 6, 38-40; cf. Salmo 39, 7 y nota), pero que Israel, movido por Satanás, rechazó hasta llevarme a esta muerte que Yo acepté libérrimo y sin que nadie me la impusiera (Juan 10, 18), como el pastor que pone su vida por las ovejas en manos del lobo (Juan 10, 11-12).
9. Es éste un capítulo importante de la persecución sufrida por Jesús y anunciada a sus verdaderos discípulos: el alejamiento de amigos y parientes. Cf. Job 19, 13 y 19; Salmo 30, 12; Isaías 53, 3; Miqueas 7, 6; Mateo 10, 36; Lucas 4, 24; 12, 51 ss.; Juan 1, 11; 7, 5; 16, 1 ss., etc.
10. Me devora el celo de tu casa: Este texto, que los discípulos aplicaron a Jesús cuando vieron su santa indignación por arrojar a los mercaderes del Templo (Juan 2, 17), forma la primera antífona del Oficio de Tinieblas en la Semana Santa. Los baldones... cayeron sobre mí: porque miraba como propios los intereses de su amado Padre. Tal ha de ser la suerte de los discípulos: como la del Maestro (Juan 15, 20). “El que vive en el mundo como en su elemento y encuentra que todo va muy bien y saca ventajas de ostentar su fe, será fácilmente querido y respetado, mas no será por cierto discípulo de Cristo.” Cf. 1 Juan 4, 4; Lucas 6, 26; I Corintios 4, 13; I Timoteo 6, 5, etc. Es el honor más grande para un cristiano: ser perseguido por los que rechazan o traicionan a Dios. Cf. Mateo 5, 10 ss.; Lucas 6, 22 s.; Hechos 5, 41; II Timoteo 3, 13; I Pedro 4, 15 s.
11 s. Los mismos bienes que hacía se los tomaban a mal (cf. Lucas 5, 21; Juan 6, 52 y 60; 8, 48 ss., etc.), y no sólo se burlaban de Él hasta los borrachos (versículo 13): también le abofeteaban los criados (Juan 18, 22) y le escupían los soldados (Marcos 14, 65; 15, 19), como lo había anunciado Él mismo (Marcos 10, 34; Lucas 18, 32). Y Él ¿qué hacía entretanto? Dirigir en silencio su oración a Dios (versículo 14). ¡Qué discurso habría podido pronunciar Jesús arengando a las multitudes cuando lo sacaron como Ecce Homo a los balcones de Pilato! (Juan 19, 5). ¡Qué argumentos para demostrar la iniquidad de esos ataques y la injusticia legal de todo su proceso! ¡Con qué augusta majestad no habría podido el divino Pontífice decirles quién era Él y quiénes eran ellos, los que lo atacaban! ¡Con qué facilidad no habría podido confundirlos, y con qué facilidad destruirlos, enviándoles “más de doce legiones de ángeles”! (Mateo 26, 53). “Pero Jesús callaba”: Jesus autem tacebat (ibíd. 63). Él era el cordero que guarda silencio (Isaías 53, 7) y que ruega por los transgresores (ibíd. 12), y en forma idéntica nos envió a nosotros, sus discípulos “como corderos entre lobos” (Mateo 10, 16) para ser “odiados de todos” (ibíd. versículo 22), y no por nuestros defectos, sino precisamente “a causa de su Nombre” (ibíd.). y para que demos ejemplo de no resistir a los malos (Mateo 5, 39) y roguemos por los que nos persiguen (ibíd. versículo 44); porque no es el discípulo más que el maestro (Juan 15, 18-20). Pues los que tenemos su Palabra no somos del mundo, así como Él no es del mundo (Juan 17, 14). He aquí el camino que Jesús nos muestra: soportar en silencio los ataques, sin sorprendernos de ser vituperados por el Nombre de Cristo (I Pedro 4, 12) y de que el mundo nos odie, como enseñó el discípulo amado (I Juan 3, 13), y sin defendernos pretendiendo que defendemos con ello la causa de Dios. Ese silencio de Jesús lo anunció Isaías con palabras que repite el Evangelio, diciendo: “No se oirá su voz en las plazas” (Mateo 12, 20; Isaías 42, 3). Así entresacados por Él del mundo (Juan 15, 19), excluido y apartado nuestro nombre como pernicioso por causa del Hijo del Hombre, no somos vigorosos sino débiles (Apocalipsis 3, 8), para que la fe no se funde en sabiduría de hombres, sino en una fuerza divina (I Corintios 2, 5); somos hechos necios para ser sabios (ibíd. 3, 18); hechos basura del mundo a ejemplo de Cristo (ibíd. 4, 13), pues Él elige a los necios y débiles para confundir a los sabios y fuertes (ibíd. 1, 27), porque la necedad de Dios es más sabia que los hombres y la debilidad de Dios más fuerte que los hombres (ibíd. 1, 25). Es, pues, en esta doctrina de la cruz, que es necedad para los que se pierden, donde está nuestra fuerza (ibíd. 1, 18). Sólo por ese camino prometió el triunfo no temporal pero sí eterno; no ahora (Mateo 24, 9 ss.; Lucas 18, 8; Apocalipsis 13, 7) pero sí cuando venga Él (Lucas 22, 28-30; Apocalipsis 19, 11 ss.), que ha vencido al mundo (Juan 16, 33).
13. A la puerta de la ciudad solían reunirse los ciudadanos y los ociosos para discutir los asuntos comunes y comunicarse las noticias. También los ancianos se sentaban allí para juzgar los crímenes. Cf. versículo 5; Salmos 24, 19; 34, 19; y Juan 15, 25.
14. Tiempo favorable: Es la expresión de Isaías 49, 8. Cf. Isaías 61, 1 s.; Lucas 4, 16 ss. y notas.
15 ss. Dirige aquí al Padre la oración dolorosísima que anuncia en el versículo 14. Es una súplica apremiante. hecha con la humildad y confianza filial de un débil niño (como son las de Job [véase Job, caps. 6 y 7]), es decir, muy ajena al estoicismo pagano, que cifra la virtud en soportar orgullosamente el dolor. Igual enseñanza de su infancia espiritual nos da Jesús en Getsemaní (Mateo 26, 39).
21. Titubeo: ¡Qué abismo infinito de humildad y anonadamiento en esta queja que parece la de un débil y es de Aquel por quien y para quien fueron hechas todas las cosas! Cf. Salmo 21, 12. Este versículo, tomado de la Vulgata, que dice: improperios y miseria aguardó mi corazón, forma el Ofertorio de la Misa del Sagrado Corazón de Jesús. Cf. Isaías 53, 3-5.
22. Estas expresiones hiel y vinagre, que para David son meras metáforas, se verificaron literalmente en Cristo moribundo (Mateo 27, 34 y 48).
23. Cristo era el sumo bien para Israel: la mesa y el manjar listo para el banquete (cf. Mateo 22, 4 y Lucas 14, 17). Despreciado, Él fue para la mayoría de su pueblo ocasión de ruina según lo anunciara Simeón (Lucas 2, 34) y el que era la roca de salvación fue piedra de tropiezo. Cf. Salmo 117, 22; Mateo 21, 42; Isaías 8, 14; 28, 16; I Pedro 2, 6.
24. “No vean”: Esta ceguera (cf. versículo 28), que el Espíritu Santo sanciona aquí como una sanción divina por boca del salmista, hizo llorar al Señor sobre Jerusalén porque no había conocido su visita (Lucas 19, 41-44), permanece aún sobre Israel rebelde, impidiéndole entender el Antiguo Testamento (II Corintios 3, 14) y será también, según revela San Pablo, la que pierda a todos los que han de perecer con el Anticristo, a los cuales “por no haber aceptado el amor de la verdad para salvarse, les enviará Dios poderes de ensaño para que crean a la mentira” (II Tesalonicenses 2, 10 s. y nota).
26. Jesús lo cita en Mateo 23, 38. Véase allí la nota. Cf. Hechos 1, 20.
27. Cf. Salmo 39, 7 ss. y 13 y notas.
29. Sobre el Libro de la vida véase Salmo 55, 9; Filipenses 4, 3; Apocalipsis 3, 5; 20, 15; 22, 19.
31 s. Aquí, lo mismo que al final del Salmo 21, admiramos la sublimidad del Corazón de Jesús que, en medio de sus tormentos indecibles, alaba al Padre por haberle permitido el gozo de padecerlos por nosotros (cf. Juan 10, 17): y se regocija de los frutos que su Redención producirá para la gloria del Padre, la cual no solamente consiste en la salvación de los llamados por Él (Juan 6, 37-40; 17, 2 y nota) sino también en la alabanza de su bondad (versículo 31 7 35; Salmo 135, 1 ss. y nota) reconocida por todos (Ef. 1, 6, 12, 14; 2, 7). Esto le es más agradable que cualquier holocausto (versículo 32; cf. Salmo 49, 23) y se cumplirá un día universalmente (versículo 35; cf. Salmos 71, 11 y 19; 95, 11; 148, 14; 149, 6 ss.; Isaías 49, 13, etc.).
36 s. Sorprendería esta promesa después de la tremenda imprecación precedente, si no hubiera mediado el perdón que Cristo mismo imploró desde la Cruz (Lucas 23. 34). Son muy frecuentes en la Escritura los casos en que Dios perdona a los pecadores y aun declara que se arrepiente de las calamidades que había anunciado para su pueblo (cf. Salmo 105, 45; Jeremías 26, 3, 13, 19; 3, 1 ss.; Ezequiel cap. 16; Oseas cap. 2, etc.). Por eso, dice Santo Tomás, las profecías conminatorias no siempre se cumplen, porque llevan como implícita la condición de no mediar el arrepentimiento. Sobre la contrición de Israel, Véase Ezequiel 11, 19 s.; Zacarías 12, 10 y notas. Iguales promesas que las de este Salmo vemos en Salmos 21, 27-32; 50, 20 s.; 101, 17, etc., y quizá se habrían cumplido ya para Israel si en el tiempo que le fue concedido durante la predicación apostólica hubiese escuchado el mensaje evangélico que les anunciaba en Cristo resucitado el cumplimiento de todo lo prometido por los profetas (Hechos 3, 19 ss. y notas. Cf. Hebreos 8, 4 y nota). “Según algunos comentadores, estos tres versículos (35-37) serían mucho más recientes que el resto del Salmo y no habrían sido compuestos sino en tiempo del cautiverio de Babilonia. No vemos, sin embargo, en ellos ningún detalle que no pudiese provenir del mismo David” (Fillion). En cuanto al Salmo entero, el P. Callan observa que “si tiene una notable semejanza con Jeremías, ello no prueba sino que fue conocido por el doloroso profeta y usado por él”. Cf. Jeremías 4, 10; 9, 15; 10, 13; 15, 15; 23, 15; 24, 9; 38, 6; Lamentaciones 1, 1 y 9; 3, 14 y 63, etc.
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SALMO 70 (69)
1 ss. El Salmo 69, salvo escasas variantes, es idéntico al Salmo 39, 14-18. Véase allí las notas. Sobre el epígrafe cf. Salmo 37, 1 y nota. El salmista acude a Dios para pedirle misericordia y ayuda para sí y todos los que en Él confían. El versículo 1 omite, como observa Calès, el “plegue a Ti” del Salmo 39, y sustituye Yahvé por Elohim, como en los versículos 5 y 6.
2. Es la invocación que se repite siempre al comenzar el Oficio divino.
5. Los que aman tu auxilio: Los pequeños, que no se sienten humillados de recurrir a Ti, ni se sienten capaces de vivir sin tu socorro. Es la bienaventuranza de los pobres en espíritu (Mateo 5, 3 y nota). Nos pasamos la vida escondiéndonos delante de Dios con el peor de los complejos de inferioridad. ¡Qué alivio cuando nos damos cuenta de que Él es el único con el cual podemos desnudarnos enteramente dejando caer hasta el último velo de nuestra, intimidad sin peligro de escandalizarlo ni sorprenderlo, antes bien con la seguridad de complacerlo, como al buen médico de nuestra infancia a quien descubríamos sinceramente nuestro mal, seguros de que lo curaría! Si nos acostumbramos a hacer de Dios nuestro confesor, decía un misionero, llegaremos a entender la alegría que le produce nuestra sinceridad, cualesquiera sean nuestras culpas (Lucas 15, 7) y comprenderemos que el peor disgusto para el Padre del hijo pródigo sería el pretender que no tenemos fealdades, pues Él sabe que eso no es verdad. Cf. Salmos 31, 5; 50, 8 y notas. Enfermos curados podemos ser todos, y aun mejor que sanos (Lucas 7, 47 y nota). Pero sanos no podemos nacer ninguno (Lucas 5, 31 s.; 13. 1 ss.). ¿No es acaso indispensable a todos nacer de nuevo? (Juan 3, 3). Cf. Ef. 4, 23 ss.; Col. 3, 10.
6. Coincide con el postrero y apremiante llamado que pone término al Apocalipsis y a toda la Biblia. Cf. Apocalipsis 22, 20 y nota.
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SALMO 71 (70)
1ss. Los LXX traen en el epígrafe, sin duda tomado de una antigua tradición judía, una alusión a los hijos de Jonadab, los célebres Recabitas elogiados en Jeremías 35 (cf. IV Reyes 10, 15 y 23; I Paralipómenos 2, 55). Quizá llegado a la ancianidad, el Rey Profeta se consuela en este Salmo, considerando las maravillas que el Señor hiciera en su favor (cf. III Reyes 1, 4 y nota), y esa experiencia (versículos 7 y 20) lo confirma en la confianza (cf. Salmo 62, 7 s. y nota) de que Dios no lo abandonará en sus últimos días (versículos 9, 14, 18, 21). El versículo 1 fue tomado para el final del Te Deum (cf. Salmo 32, 22) y es el mismo con que comienza el Salmo 30. Ambos Salmos son una oración ideal para los ancianos que quieren hallar en Dios fuerza y alegría, habiendo visto la falacia de todo lo humano. Si este poema se colocase a la vista de todos sería una inagotable fuente de consuelo para los desvalidos de este mundo.
2. Por obra de tu justicia: No porque yo lo merezca (cf. Salmos 129, 3; 142, 2) sino porque Tú eres el Justo, el Santo, el Misericordioso. Cf. Romanos 3, 26 y nota.
4 ss. Dios mío (Elohai, como en el versículo 12). El objeto de mi confianza (versículo 5): Así también Calès. Desde el seno materno (versículo 6): cf. Salmo 21, 10.
7. Se asombraron de que mi nulidad pudiese tanto, y eras Tú quien obraba en mí. David, mejor que nadie, podía decir esto al recordar las maravillas con que Dios lo exaltó al verlo humilde como un niño. Cf. II Reyes 7, 18 ss.
8. Sobre el valor de la alabanza véase Salmos 49, 14; 55, 12; 56, 8, etc.
9. “En el tiempo de la vejez:” ¿Quién no sentirá la necesidad de hacer esta oración? Es un móvil elocuentísimo para llevarnos a la humilde confianza sobre todo ante promesas como las del versículo 20 c.; Salmos 22, 6; 90, 10s.; 91, 14; 102, 5, etc.
10 s. En estas persecuciones David fue fiel figura de Cristo (cf. Salmo 21, 9; Mateo 27, 43).
13. Pensamiento muy frecuente en los Salmos. Cf. Salmos 21, 12; 34, 22; 39, 15, etc.
15 s. Bien que no conozco su medida: O sea que la magnitud de tu bondad y de tus dones sobrepuja a cuanto yo pudiera pensar (cf. Salmos 91, 6; 138, 17). De ahí que en Salmo 50, 3 David lo invoque según toda “la medida de su misericordia”. Algunos, como Desnoyers, traducen: no tengo la ciencia de su número. Allioli entiende por esta ciencia la sabiduría oculta de donde nació mas tarde la Cábala judía. Así el sentido sería el mismo que se deduce de la Vulgata: “como yo no entiendo de literatura me internaré en la consideración de las obras del Señor”, lo cual coincide con la asombrosa y muy olvidada revelación de Jesucristo: el Padre ocultó, a los sabios lo que reveló a los pequeños (Lucas 10, 21; Proverbios 9, 4; Isaías 28, 9; I Corintios capítulos 1-3). Nada extraño tiene, pues, que el salmista sólo quiera cantar una alabanza: la de ese divino Padre que así desconcierta a todos los cálculos y previsiones humanas, y no quiera proclamar otra justicia que la del “solo Justo” (cf. Romanos 16, 27; Salmo 93, 11 y notas).
17. Sobre este carácter de Dios como Maestro de jóvenes y viejos, que tanto solemos olvidar, véase Salmos 17, 36; 93, 10; 118, 99 s.; Deuteronomio 4, 1; Isaías 28, 9 y 46,4; Oseas 10, 12; Miqueas 4, 2; Mateo 22, 16; Lucas 12, 12; Juan 6, 45; 14, 26; 16, 13, etc.
18 s. ¡Qué ideal: ansiar vivir, sólo para dar a conocer a la generación joven las cosas que ha obrado el poder de Dios puesto al servicio de su misericordia! Es lo que dijo en el Salmo 65, 16 y lo que hizo el mismo Jesús (Juan 17, 6, 26). Cf. Salmo 21, 31; Tobías 13, 3 s.
20 s. He aquí el balance de su vida. Lo mismo puede decir todo el que mira hacia lo pasado y recuerda cómo la Providencia lo ha guiado y salvado con tanta sabiduría como bondad y paciencia. Cf. Salmos 33, 20; 102, 2 ss.; 56, 3 s.; 22, 1 ss.; 62, 7, etc. Tu magnificencia (versículo 21): Como bien observa Calès, aunque el texto actual dice “mi” en vez de “tu”, esta última lección está abonada tanto por el contexto y por muchos manuscritos de los LXX y de la Vulgata cuanto por el sentido que siempre corresponde a Dios. La Biblia es ante todo el libro de la gloria divina y de la pequeñez humana, y nada sería más inexplicable en ella que la oración de un hombre diciendo a Dios: “Acrecienta mi grandeza.”
23 s. “Cantar es propio del que ama.” Cf. versículos 6 y 8; 118, 54, etc. “Todo el día”: Véase Salmo 1, 2.
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SALMO 72 (71)
1. “Según la tradición, tanto judaica como cristiana, este Salmo trata del Mesías y de su Reino” (Salterio Romano). Como vemos en el hemistiquio final, es obra del mismo David, que en sus últimas palabras anunció “un Justo dominador de los hombres… como la luz de la aurora cuando se levanta el sol en una mañana sin nubes” (II Reyes 23, 30), y a quien el Espíritu Santo mueve tantas otras veces, y especialmente en el espléndido Salmo 44, a cantar las glorias del Vástago divino que ha de sentarse en su trono para siempre (Lucas 1, 32 s.). De ahí que esté dedicado al Pacífico, que así se traduce el nombre de Salomón, el cual fue asimismo figura de Jesucristo. Los que no ven en este Salmo más que el encumbramiento de un gran rey, tropiezan con los atributos que se le dan en los versículos 10 y siguientes, superiores a cuanto podía esperar ningún rey de la historia humana. Rey... Hijo del Rey: Como observa Ubach, el Mesías es a un tiempo ambas cosas. Lo primero, porque así fue constituido por el Padre Eterno (cf. Salmos 2 y 109 y notas); lo segundo, por doble razón: como Verbo del Padre y como descendiente y heredero de David. Sobre esta entrega de la investidura real que aquí se pide, véase Lucas 19, 11-15 y los textos que la Misa de Cristo Rey contiene junto con este versículo que va en el Introito: 2, 8; 28. 10 s.; Daniel 9, 13; Apocalipsis 1, 6; 5, 12 y 19, 16.
2. Gobierne: Así el nuevo Salterio Romano. Otros vierten en futuro: gobernará. Gobernar, reinar y juzgar son una misma cosa en la Sagrada Escritura. (Cf. Salmo 95, 10 y nota. A los humildes tuyos: Lo característico del reino mesiánico consiste en que los humildes serán tratados con justicia. “En tal reino no habrá lugar para el egoísmo, favoritismo, venganza o tiranía. Por tiempos será necesaria una especial atención, pero ésta será para los pobres y afligidos” (Callan). Véase versículos 4 y 12 ss.; Salmos 57, 11; 81, 8 y notas; Isaías 11, 4; 25, 4; 61, 1. ¡Qué condenación del mundo actual!
3. Cf. versículo 16. La participación de la naturaleza en las bendiciones mesiánicas se vaticina igualmente en Isaías 32, 16; 45, 8; Salmo 84, 12, etc. Véase Salmo 95, ll y nota.
5. Permanecerá: Las mejores versiones y autores usan así el futuro, que por lo demás se impone desde el versículo 12, en lugar del optativo que algunos han preferido en los versículos 5-8 y que parecería favorecer a los que quisieran quitar al Salmo todo valor mesiánico y de profecía, como si, no pudiendo aplicarse a ningún hombre, se redujera a un ideal del salmista que soñase con un reino así, universal, eterno, una mezquina aspiración a eternizar lo temporal y actual, sin gloria para Cristo.
6. Sobre el prado segado: Otros traducen más brevemente: sobre el césped. Nos parece más intensa la otra expresión, que indica el momento más oportuno para que llueva sobre un mundo segado, como en Amos 7, 1, Cf. Isaías 45, 8; 61, 1 s.; 64, 1; Lucas 18, 8 y notas; Apocalipsis 14, 14 ss.
7. “Sobre la paz de los tiempos mesiánicos, cf. Isaías 2, 4; 11, 3-4” (PiIlion). Cf. también Salmo 45, 10 y nota. Jesús nos da Su propia paz, para que no se turbe nuestro corazón (Juan 14-24) en medio de este siglo malo (Gálatas 1. 4), cuyo príncipe es Satanás. como dice el mismo Jesucristo en Juan 14, 30.
8. “Desde el mar occidental (Mediterráneo) hasta el mar oriental (sinum Persicum), desde el río (Éufrates) hasta los confines de la tierra (islas y tierras del extremo occidente), es decir por todo el orbe” (Salterio Romano). Así lo indican también Vaccari, Callan, etc., entendiendo este último por mar oriental el Océano Indico. Véase Amos 8, 12; Salmo 64, 11 y nota; 88, 26; Miqueas 4, 7; 5, 1 citado por Mateo 2. 6; Lucas 1, 32; Oseas 3. 5; Ezequiel 34, 24; 37, 24 a.; Jeremías 23, 5 ss.; 33, 15 s.; Daniel 7, 14, 27, etc.
9. “Nadie podrá resistirse al dominio del Mesías. De grado o por fuerza todos tendrán que reconocer su dignidad regia. Cf. Salmo 2; Isaías 49, 23” (Páramo). La paráfrasis caldaica vierte: “se humillarán los próceres”. Cf. Salmo 67, 27 ss. y nota.
10. Tarsis: Ciudad situada en la España meridional o una de las islas del Mediterráneo occidental. Las islas en el lenguaje bíblico son las tierras del Occidente (cf. Salmo 96, 1). Sabá: Parte de Arabia; según otros, la costa oriental de África. Las regiones citadas representan el mundo entonces conocido, para indicar que toda la tierra reconocerá el imperio del Mesías.
11. En su reciente edición el P. Callan, O.P., Consultor de la Pontificia Comisión Bíblica, hace notar que, “sabiéndolo o no, el salmista estaba describiendo el carácter y el Reinado del Rey mesiánico”; que tal descripción “no concuerda con ningún rey humano de Israel, ni aun David o Salomón” y que “el Rey mesiánico no ha traído todavía a una actual fruición sobre la tierra todos estos benéficos resultados” pues “todo gobernante digno de ese nombre debe… extender su régimen sobre todos sus súbditos el más pequeño como el más grande”. ¿Cuándo llegará ese dichoso día? Véase el prefacio de la Misa de Cristo Rey que contempla ese día con palabras del Salmo 44, 8 y nos presenta ese reinado de santidad, amor y paz en que todas las creaturas le estarán sujetas (véase Hebreos 1, 8 y 13; 2, 8; I Corintios 15,25). Él entregará entonces el Reino a su Dios y Padre (I Corintios 15, 24). En este triunfo universal de Cristo con su Iglesia (Apocalipsis 19, 6-9), del solo rebaño con el único Pastor (Juan 10, 16), en que, como dice Santo Tomás, le servirán unidos judíos y gentiles, se cumplirá plenamente lo que pedimos en el Padrenuestro (Mateo 6, 10).
12 ss. Cf. versículo 2. El amor al pobre y al humilde es el distintivo del Mesías, el cual les promete que triunfarán. Se anunció el Evangelio a los pobres (Mateo 11, 5; Lucas 7, 22) durante el año favorable o de reconciliación, que Jesús señaló en Lucas 4, 18 s., citando a Isaías 61, 1. A continuación (Isaías 61, 2), el Profeta vaticinó el día de la venganza en que los pobres verán el triunfo. No es otro el cuadro que María describe en su contemplación de Lucas 1, 51 ss., y así también lo anunció Jesús en Mateo 11, 5; 12, 28; Lucas 17, 21, etc., y el Bautista (Mateo 3, 10 y 12) y el sacerdote Zacarías (Lucas 1, 71) y el anciano Simeón (Lucas 2, 30), y así lo esperaba el pueblo creyente (Lucas 19, 11) hasta que rechazado y muerto el Mesías Rey (Lucas 19, 14; Juan 19, 15 y 19). su suave yugo sufrió violencia por parte de su pueblo (Juan 1, 11; Mateo 11, 12; Lucas 16, 16), sin más reconocimiento que el de un día en que lo aclamaron como “Rey en nombre del Señor” (Lucas 19, 38); “Hijo de David” (Mateo 21, 9) y “Rey de Israel” (Juan 12, 13) bendiciendo el advenimiento del reino davídico (Marcos 11, 10). Mas es tanto el anhelo de su advenimiento, que aun después de la Resurrección los apóstoles reiteran al Señor la pregunta (Hechos 1, 6 s.), ansiosos de verlo en su anunciado triunfo y de ver triunfar con Él a los humildes en su Reino feliz. A la luz de estos anuncios podemos apreciar la grandeza de la fe de María frente al Calvario, tan distinto de lo que Ella debía esperar (cf. Lucas 1, 32; Isaías 35, 5; Ag. 2, 20 y notas).
15. Vivirá: Según lo que precede parecería referirse más a los pobres que al Rey, Es muy probablemente una glosa añadida, pues altera el metro del verso. Le darán: En el sentido impersonal de: “se le dará” (Prado). El P. Lagrange lo entiende en el sentido de que el Rey dará al pobre. A causa de Él: Variante más plausible que rogarán por Él, lo que no puede entenderse al pie de la letra como si intercediesen por Jesús. Dom Calmet dice: adorarán a Dios continuamente a causa de Él; y en la nota vierte: Él rogará siempre por ellos y derramará todo el día sobre ellos sus bendiciones. San Agustín hace notar que desde ahora rogamos a causa de Cristo cuando en el Padrenuestro pedimos al Padre que venga su Reino.
16. “Se predice la abundancia del trigo y la multitud de los hombres. Cf. en los profetas las descripciones de la fertilidad de la tierra, v. gr. Amos 9, 13; Joel 3, 18” (Salterio Romano).
17. “La paz y la prosperidad reinarán sobre la tierra y todas las naciones serán benditas realizándose así la antigua promesa dada a Abrahán” (Callan). Cf. Génesis 12, 3; 22, 17; Gálatas 3, 8 y lo que María expresa en Lucas 1, 54 s. y Zacarías en Lucas 1, 73 (cf. versículo 12 y nota).
20. Esta nota no quiere decir que en los libros que siguen no haya Salmos davídicos, sino sólo que aquí se cierra una colección. En lo sucesivo hallaremos otros Salmos de David, lo cual no obsta que el presente sea, como se cree, el último que él escribió, próximo ya a su muerte (San Roberto Belarmino). San Jerónimo explica: “acaban los Salmos de David porque en este Salmo escribió la plenitud y el fin de las cosas”.
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SALMO 73 (72)
1. Empieza aquí el tercer libro, que comprende los Salmos 72 a 88, algunos de los cuales son también elohistas como éste (cf. Salmo 41, 1 y nota). Sobre Asaf (II Paralipómenos 29, 30), léase la nota del Salmo 49, 1. Es el presente un Salmo didáctico, en el que se trata un problema teológico: ¿Cómo se explica la felicidad de los pecadores? Y ¿cómo es ésta compatible con la justicia de Dios? Véase el mismo tema tratado en los Salmos 36, 48, 93, etc. ¡Cuán bueno es Dios! Es ésta la más alta y preciosa de todas las verdades de nuestra fe. Pero ¿la creemos de veras? El Catecismo Romano encarece, a los párrocos la necesidad de predicar a los fieles “las riquezas de la benignidad de Dios hacia los hombres. Porque habiéndole ofendido nosotros con innumerables maldades…, nos mira con el mayor amor y tiene un cuidado especial de nosotros. Y si cree alguno que Dios se olvida de los hombres, es insensato y hace al Padre de las misericordias grave injuria”. Para Israel: Lección del Texto Masorético que coincide con los LXX y la Vulgata y que conservan Vaccari, Crampón, Dom Puniet, etc. La mayoría de los modernos, por razones de ritmo, en vez de “leyisrael” (para Israel), leen “layyaschar”: para el hombre recto. Los rectos de corazón o simples son los que no tienen doblez en su corazón. Simple quiere decir “sin pliegue” (cf. Juan 1, 47 y nota). Para ellos es la alegría (Salmos 96, 11; 106, 42); para ellos la luz, aun en las tinieblas (Salmo 111, 4 ); para ellos los beneficios (Salmo 124, 4); para ellos la salvación (Salmo 7, 11) y la gloria (Salmo 31, 11); de ellos es el amor (Cantar de los Cantares 1, 3); de ellos, como de los niños, es la alabanza que a Dios le agrada (Salmos 32, 1; 8, 3; Mateo 21, 16).
2 ss. Esta abierta confesión del salmista muestra cuán grande y fuerte es esa tentación contra la fe. Y si flaqueamos en el pensar bien de Dios (Sabiduría 1, 1) ¿qué nos queda, puesto que sólo podemos vivir de esa fe? (cf. Hababuc 2, 4; Romanos 1, 17; Gálatas 3, 11; Hebreos 10, 38 y notas). La necesidad de evitar este tropiezo será cada día mayor a medida que avance, como lo tiene anunciado Dios, “el misterio de la iniquidad” (II Tesalonicenses 2, 3-12; Mateo 24, 6-27, etc.). Cf. Salmo 45, 3 y nota. Dios nos da para ello sus remedios en Romanos 10, 17; Mateo 26, 41; Juan 7, 14; I Corintios 2, 10-15; II Timoteo 3, 16.
6 ss. Pintura admirable de cómo la prosperidad y el triunfo, en vez de hacerlos agradecidos a los beneficios de Dios, sacian por el contrario y embriagan a los soberbios, cuyo mayor castigo, como observa San Agustín, es no ser castigados (versículo 18), pues la megalomanía seguirá creciendo de modo que sea más vertical y horrible su caída, como lo enseña la Virgen en Lucas 1, 51-53 y lo muestra a veces, aun en esta vida, la experiencia histórica. “Un hombre, dice Salomón, domina sobre otro hombre para su propio mal” (Eclesiastés 8, 9 ss. texto hebreo).
10. Texto diversamente entendido. Algunos, p. ej. Nácar-Colunga, vierten en 10 b: Sorbiendo sus aguas a boca llena (cf. Job 15, 13). Según esto, el mal tendrá trascendencia pública porque los falsos profetas no se limitan a desfogar sus pasiones sino que arrastran a las masas, ignaras e impresionables (cf. Eclesiastés 1, 15). Así el Viernes Santo, movido por el sacerdocio de Israel (Marcos 15, 10-11), gritó “crucifícale” (Juan 19, 15) el mismo pueblo que el domingo había dado por restaurado en Jesús el trono de David (Marcos 11, 10), proclamándolo Rey de Israel en nombre del Señor (Lucas 19, 38; Juan 12, 13). Así lo seducirá el Anticristo (II Tesalonicenses 2, 10 ss.) y no parará hasta que en el Templo lo miren como a Dios (II Tesalonicenses 2, 4) y la tierra entera lo adore a él (Apocalipsis 13, 12) y a su estatua (ibíd. 15). Pero el contexto muestra que aquí es otro el problema: el pueblo no alaba a esos impíos afortunados, como hace con los falsos profetas (Lucas 6, 26), sino que admira su prosperidad precisamente porque se percata de que son impíos (versículo 12). El problema que plantea Asaf está en la reflexión que esta prosperidad sugiere al pueblo escandalizado (versículos 11-14), el cual naturalmente tiende también a imitarlo “para llenarse de la misma abundancia” (Puniet). Tal es el sentido general de los LXX y la Vulgata, conservado por otros (cf. Ubach) y que coincide con Malaquías 3, 13 ss.
11 s. Si la prosperidad de los impíos constituye una tentación para muchos, es porque no advierten que los juicios de Dios son eternos. Si la caridad del Padre celestial lo mueve a detener el castigo, según Él mismo nos lo dice en Sabiduría 11, 20-26; 12, 1-27; Romanos 3, 28 s.; II Pedro 3, 9; Apocalipsis 6. 10 s., ¿nos quejaremos acaso de que Él sea demasiado bueno? “¿Quién eres tú, dice San Pablo, para juzgar al que es siervo de otro?” (Romanos 14, 4). La sabiduría está, pues, como lo enseña el sapientísimo Salmo 36, en conservar la serenidad, fundada sobre la segura confianza en Dios, sin alterarse frente a la iniquidad ostentosa. “Vi al impío... como un cedro... pasé de nuevo y ya no estaba” (Salmo 36, 35 s.).
15. Como ellos (así el nuevo Salterio Romano), es decir, como el pueblo en los versículos 11-14. Otros ponen los versículos 13 y 14 en boca del mismo salmista. De todos modos ello es para él también una tentación (cf. versículo 21 s.), contra la cual se defiende “fuerte en la fe” (I Pedro 5, 9; cf. II Reyes 11, 15 y nota), como digno “hijo” que no puede desconfiar de su Padre aunque no entienda a veces sus designios.
16 ss. Difícil: Humanamente; a continuación se aclara el misterio.
20. Tú, Señor: así el nuevo Salterio Romano. Según otros se aludiría sólo a los mismos impíos que al despertar ven la falacia de lo que soñaron. En realidad bien sabemos que Dios no dormía sino en apariencia. Cf. Salmo 77, 65, donde Él parece despertarse “como un gigante adormecido por el vino”.
21 s. ¡Cuán fácil es ver claro después que se va la tentación! Lo importante es dejar que pase el mal momento “en quietud y confianza” (Isaías 30, 15) “no agitando el espíritu durante la oscuridad” (Eclesiástico 2, 2). De ahí sacó San Francisco de Sales su famosa comparación de las tentaciones con las abejas, que no pican sino al que se alborota. Cf. Salmo 36, 5; Lamentaciones 3, 22-26; Santiago 5, 13.
24. Por tu consejo: Véase sobre este magisterio de Dios Salmo 70, 17 y nota.
25. Glosando este bellísimo versículo, dice Fray Luis de León: “Porque si miramos lo que, Señor, sois en Vos, sois un océano infinito de bien; y el mayor de los que por acá se conocen y entienden es una pequeña gota comparado con Vos, y es como una sombra vuestra, oscura y ligera. Y si miramos lo que para nosotros sois y en nuestro respeto, sois el deseo del alma, en quien hallamos descanso y a quien, aun sin conoceros, buscamos en todo cuanto hacemos.” Cf. Salmo 15, 2. San Pablo revela que Dios saciará esta doble ansia nuestra en Cristo “reuniendo en Él las cosas del cielo y las de la tierra” (Efesios 1, 10).
27. Se prostituyen: Es decir, cometen adulterio espiritual, idolatría. “Reposarse y juntarse el espíritu en cualquier otra cosa fuera del orden divino, dícese y es una fornicación espiritual” (Sto. Tomás). Cf. Santiago 4, 4; Apocalipsis 18, 3.
28. He puesto, etc.: Cf. Salmo 9, 15 y nota. El Señor Dios: Muchos traductores sólo leen: el Señor porque así lo indica el ritmo. Como vemos, el presente Salmo es una verdadera medicina espiritual para alegrar nuestro ánimo, según lo hizo con el propio salmista que empezó esta meditación con la mayor inquietud y la terminó lleno de consuelo divino.
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SALMO 74 (73)
1. Sobre el título véase el Salmo 31, 1 y nota. Las opiniones sobre el origen de este Salmo varían, como en muchos otros, porque no se conocen circunstancias históricas que coincidan con él. Los que lo suponen compuesto inmediatamente después de la destrucción de Jerusalén por los babilonios (587 a. C.) tropiezan con los versículos 8 y 9 sobre las sinagogas y sobre la falta de profetas, pues en aquel tiempo clamaba Jeremías en Jerusalén y Ezequiel en Babilonia (cf. Jeremías 30, 3 y nota); y los que proponen aplicarlo a la persecución de Antíoco Epífanes en tiempo de los Macabeos, no explican la amplitud de la devastación (versículos 3-7). Teodoreto, “cuyas observaciones sobre Nabucodonosor y Antíoco no parecen desprovistas de fundamento” (Calès), veía la solución en considerar que el Salmo encierra, como tantos otros, una visión profética y alude a la destrucción de Jerusalén por Tito (año 70 d. C.) en que el abandono de Israel pareció ser “para siempre” (versículo 1; 76, 8). Cf. Daniel 9, 27; Romanos 11, 11 y 25 s. La primera parte tiene una emocionante descripción de la ruina del Templo; en la segunda, empero, trae motivos de esperanza en la salvación del pueblo predilecto (cf. Salmo 79, 5 y 18). En Isaías 64, 9-12 hay un lamento semejante al de este versículo y Dios le responde en el capítulo 65.
2. Tu grey: El pueblo de Israel (cf. Salmos 78, 13; 99, 3; 94, 7; Jeremías 23, 1, etc.). Hiciste tuya... tu herencia: Cf. Salmos 77, 54; 79, 16; Éxodo 15, 16; Deuteronomio 33, 6; Isaías 63, 9 y 17; Jeremías 10, 16; 51, 19. El monte Sion: Cf. Salmos 67, 17; 131, 13, etc.
3. Dirige tus pasos: Algunos vierten: el escabel de tus pies y dicen que “éste es aquí el templo, como en Salmos 98, 5; 131, 7; Isaías 60, 13; Ezequiel 43, 7; o bien toda Jerusalén, como en Lamentaciones 2, 1” (Vaccari). Cf. Mateo 23, 39 y nota.
4 ss. Sobre esta dolorosa elegía véase Salmos 78 y 79; 88; 131, etc.
6. Sus puertas: Así el nuevo Salterio Romano. Prado traduce: “sus entalladuras.”
9. Nuestras señales: Dos prodigios que Dios hacía en todo tiempo a favor de su pueblo (cf. 64, 9 y nota). Así lo pide también la gran oración del Eclesiástico (Eclesiástico 36, 6). Sobre estos prodigios cf. Salmo 77, 4 ss. Algunos, en vez de señales, vierten “enseñas”: cf. Oseas 3, 4. “Ya no hay profeta”: Véase el citado texto de Oseas; Amos, 8, 11 ss.; etc.
12 ss. Nuestro Rey: Así los LXX. La esperanza que anima al salmista estriba en la grandeza del Dios de Israel, que obró siempre maravillas a favor de su pueblo (versículo 9 y nota) y en las promesas que le tenía hechas desde antiguo. Cf. versículo 20; Lucas 1, 70.
13 s. Alusión al paso del Mar Rojo y al castigo de Egipto (Éxodo 14, 21). Cf. Isaías 27, 1; 51, 9; Ezequiel 29, 3; 32, 2.
15. Hiciste brotar: Recuerda las aguas milagrosas del desierto (Éxodo 17, 6; Números 20, 8; Salmo 77, 15). Secaste ríos perennes, por ejemplo, el Jordán (Josías 3, 14 ss.).
19. Tu tórtola: Israel (Cantar de los Cantares 2, 14). Cf. Salmo 78, 2. Tus pobres: Cf. Salmos 9, 19; 67, 11.
20. Tu alianza: La antigua existente (Génesis 17, 7 s.; Levítico 26, 44 s.) y la nueva prometida (Jeremías 33, 21). Cf. Salmos 104, 8 y nota; 105, 45 ss.
21 ss. Todo el Salmo es, como se ve, una invocación que no ha perdido actualidad y que nos sirve también a nosotros para recurrir al Señor en tiempos de impiedad como los que vivimos (véase el lamento de Elías en III Reyes 19, 10 ss.). Los dos Salmos que siguen describen el triunfo de Dios y son como la respuesta a esta apremiante oración del salmista por Israel. Cf. Salmos 78, 79 y 82.
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SALMO 75 (74)
1. Sobre el epígrafe véase Salmo 56, 1 y nota. Este Salmo, rebosante de fe y entusiasmo, enaltece la justicia y el poder de Dios, que castiga a los malvados y cambia la suerte a favor de su pueblo. “Su color mesiánico escatológico es marcado” (Páramo) y algunos, como observa Ubach, lo consideran como una respuesta al “¿hasta cuándo?” del Salmo precedente versículo 10.
3 s. En los versículos 3 y 4 habla directamente Yahvé, quien consuela al justo recordándole que Él obrará, pero a su tiempo. Véase a este respecto Mateo 24, 42 44; Marcos 13, 32 y notas. El Salmo 2, 8 parece atribuir al Mesías la iniciativa y lo mismo Daniel 7, 13 y Apocalipsis 5, 7. Cf. Apocalipsis 12, 5; Salmo 72, 11 y nota; 101, 14; Isaías 60, 22; Malaquías 3, 17; Hechos 1, 7, etc. Ahora es todavía el “tiempo favorable”, de la reconciliación (Salmo 68, 14; Lucas 4, 16 ss.). Entonces será el día de la venganza (Isaías 61, 1 s.).
5. Vuelve a hablar el salmista para prevenir a los soberbios antes que Dios cumpla lo que dice en el versículo 11, donde Él vuelve a tomar la palabra.
8. Abate y ensalza a quien Él quiere y tanto a los individuos como a los reinos (cf. Salmo 109, 5 s.; 147, 9; I Reyes 2, 7-10; Daniel 2, 21), pues no debe a nadie cuenta de sus actos (cf. Romanos 9, 14-23). En cuanto a los primeros, Él se ha dignado hacernos saber que los que se hacen pequeños como niños, ésos serán los ensalzados. Y lo mismo sucederá con las naciones: cf. Mateo 20, 13 ss.; Santiago 4, 12; Lucas 1, 48-53; 18, 34; Isaías 51, 9; Salmo 32, 10 y 22, etc.
9. El cáliz es símbolo del castigo de Dios. Cf. Apocalipsis 14, 10; 16, 19; Isaías 51, 17-22; Jeremías 25, 15-17; Ezequiel 23, 31-33. Continúa el sentido del versículo 8: de Israel, que lo bebió antes (Salmo 59, 5), el cáliz pasará a las naciones (Fillion). Cf. Romanos 11, 17-24 y 30-32; Jeremías 25, 28 s. “Las heces (los desechos) al fondo de la copa son figura de los últimos tiempos y de una justicia que ya no tendrá misericordia” (Anónimo francés). Cf. Apocalipsis 10, 6 s.
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SALMO 76 (75)
1. Este Salmo es como una continuación del anterior. Los LXX añaden al epígrafe: “sobre el asirio” que en los oráculos proféticos como el presente simboliza a las naciones de la gentilidad, siempre opresores de Israel (Isaías 5, 25 y nota). La cautividad de Asiria en que cayeron las 10 tribus del norte fue el comienzo de la dispersión de Israel entre las naciones (IV Reyes 17, 6). Aunque pudiera haber sido cantado por la victoria sobre Senaquerib, rey de los asirios, en 701 (IV Reyes 19, 35; Isaías 37, 36 s.), opinión que no comparte San Agustín ni los críticos modernos. El Salmo tiene carácter mesiánico y escatológico (Goma, Dom Puniet, Vaccari, Scío, etc.). San Roberto Belarmino no duda de que en su más alto sentido predice la victoria de los justos contra sus enemigos visibles e invisibles. “El salmista entrevé, a través de la victoria contra Assur, los triunfos mesiánicos sobre todo el universo. Ninguna razón seria, aquí sobre todo, favorece la hipótesis macabea, que fue para algunos una especie de obsesión, de la cual ya se ha vuelto” (Calès). Cf. Salmos 79, 1; 82, 9.
2 s. Véase Salmos 47. 2; 64, 2; Ezequiel 40, 2 y notas. Salem es Jerusalén, que significa (visión o ciudad de) paz.
4. “Rompió las armas enemigas, reduciéndola a la impotencia y puso fin a las guerras (cf. Salmo 45, 9 ss.; Isaías 2, 4; Oseas 2, 8; Zacarías 9, 10; Ezequiel 39, 9 )” (Vaccari).
5. Desde los montes eternos: Cf. versículo 3; Salmo 67, 18 y nota. Sobre este versículo y los siguientes hace notar Calès que “la simple venida de Yahvé ha acabado con sus enemigos”. Cf. Isaías 11, 4; Daniel 7, 11; 8, 25; II Tesalonicenses 2, 8; Apocalipsis 19, 15 y 20. Majestuoso, sustantivado. Otros expositores: Poderoso, esto es, no ya débil niño como en Belén. Cf. Isaías 9, 6; II Tesalonicenses 1, 10.
6 s. Suprema humillación de la soberbia fuerza humana. Cf. versículo 4; Ez, 38 y 39; Apocalipsis 19, 11 ss. y notas.
9 ss. Desde el cielo, etc.: Cf. Apocalipsis 14, 14 ss. A juicio (versículo 10): Salmo 9, 8 s.; Isaías 2, 19 ss.; 31, 7 ss.; 32, 1 ss.; Hababuc 2, 20; Apocalipsis 6, 16. A todos: La amplitud universal del concepto sobrepuja a un simple acontecimiento histórico (cf. Salmos 64, 6; 71, 2 y nota; Isaías 11, 4; Sofonías 2. 3).
11. El nuevo Salterio Romano ha adoptado sabiamente la misma lección que Schmidt y otros modernos, rectificando las versiones que leían Adam (hombre) en vez de Edom (véase igual caso en Hechos 15, 17 y nota), y hemot (que se traducía por pensamiento o por ira), en vez de Hamath (Emat). Ambos son pueblos vecinos de Israel (versículo 12). Edom, la hermana pérfida de Israel, aparece la primera en ser castigada, pues cuando el Señor se muestra en las profecías pronto a juzgar a las naciones, viene del Monte Farán en Idumea (Hababuc 3, 3) y tinto en sangre de Bosra (Isaías 63, 1). Cf. Salmo 59, 11; Apocalipsis 14, 18-20; 19, 13-15. Emat (o Hamat), ciudad y reino de la Siria.
12 s. Traigan ofrendas: Cf. versículo 3; Salmo 67, 18 y 30. Al Temible: Cf. Salmos 46, 3; 109, 5. etc.
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SALMO 77 (76)
1. Sobre Iditún véase Salmos 38, 1 y 61, 1. En su primera parte este Salmo refleja los sentimientos de Israel gravemente afligido basta que con el versículo 11 cambian el estilo y el pensamiento, y el salmista se siente consolado por el recuerdo de los prodigios del amor y la bondad de Dios para con su pueblo. De ahí que “todo el Salmo conviene a maravilla en los momentos de angustia, para buscar la serenidad y volver a hallarla: las consolaciones pasadas son garantes de las futuras para aquel que ora del fondo del corazón” (Calès).
4. Tengo que gemir: Esto es, parecería que su espíritu se sentía con ello más deprimido aun, y es porque no se abría con Él en franca amistad filial, pues lo estaba juzgando, como se ve en los versículos 8 ss. Cf. Sabiduría 1, 1 y nota. En cambio, si cavilo, es decir, si trato de explicarme por mis propias reflexiones el misterio, con prescindencia de Dios, entonces llego a la desesperación al comprobar la impotencia de mi pobre mente humana.
8 ss. En el pasado había hecho Dios grandes milagros en pro de Israel. ¿Por qué ha cesado ahora su auxilio? ¿Acaso se ha olvidado de su pueblo? Tal es la angustiosa pregunta que brota de los labios del salmista afligido, como en Salmos 73, 1 y 88, 50. Sin embargo vuelve pronto a confesar su confianza en el Señor (versículos 12 ss.), sabiendo que nada le duele tanto como el que dudemos de su amor y misericordia para con nosotros. Cf. Mateo 6, 30; 8, 26; 14, 31, etc. También .a nosotros se nos plantea el mismo problema. A él se alude en II Pedro 3, 4-9.
10. El Catecismo Romano (IV, Primera petición del Pater noster) cita este versículo con Hababuc 3, 2 y Miqueas 7, 18, y agrega: “En el momento en que nos creemos perdidos y absolutamente abandonados de Dios, es precisamente cuando Él nos busca con una bondad infinita y está cuidando de nosotros. Aun en su ira detiene la espada de su justicia y sigue derramando sobre nosotros los tesoros de su misericordia inagotable.” Cf. Salmo 77, 37 y nota.
11 ss. Tentación semejante a la del Salmo 72. Para ahuyentar esa desconfianza, el salmista se pone a recordar los mil favores recibidos (cf. Salmo 70, 20 y nota), especialmente por su pueblo (Salmos 77, 104, 105 y 106). El versículo 11 es citado en Denz. 188 según la Vulgata, donde ese cambio se entiende no de una mudanza operada en Dios, sino a la inversa, hecha por Dios en el salmista alegrando su espíritu abatido hasta ese momento.
16. Jacob y José: Suelen entenderse como si dijera Judá y Efraím, representando ambos reinos el de Judá y el de Israel, en el cual Efraím, hijo de José, tenía la preponderancia (véase Salmo 79, 9 y nota). Pero mejor quizá puede entenderse de José, en cuanto salvador de sus hermanos, pues fue como un nuevo padre para los hijos de Jacob en Egipto.
17 ss. Evocación viva de la salida de Egipto y del paso del Mar Rojo, después de la esclavitud en que habían caído allí los israelitas. Cf. Éxodo capítulos 14-15; 19, 16-18.
18 s. Tus dardos: Los rayos. Del versículo 19 (Vulgata) está tomado el Introito de la Misa de la Transfiguración. El texto latino del nuevo Salterio Romano ha vertido este pasaje en latín con acento clásico y bello lirismo virgiliano. San Agustín, en sentido alegórico lo aplica como si fuese una profecía de la conversión de la tierra por la predicación del Evangelio.
21. Tomado de Números 33, 1. A menos que se haya extraviado el resto de la estrofa, el salmista parece detenerse de golpe ante este recuerdo (cf. Salmo 77, 1 y nota). ¿A qué seguir? Ya ha sido escuchado (versículo 2) y ha sustituido su amarga tentación por una confianza inquebrantable en el Dios de Israel, “cuyos dones y elección son irrevocables” (Romanos 11, 28 s.). Cales hace notar que se ignora la fecha y ocasión del Salmo y refuta una vez más el empeño de referirlos todos al tiempo de los Macabeos (cf. Salmo 75, 1 y nota).
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SALMO 78 (77)
1. s. Como un eco superabundante del Salmo anterior, todo el presente cántico, lo mismo que el de Moisés (Deuteronomio 32) y los Salmos 104, 106, etc., es una síntesis de la historia del pueblo israelita. El salmista la llama parábola y cosa recóndita, porque, los acontecimientos históricos de Israel nos muestran, como aquí, los misterios del Corazón de Dios, manifestados por su Providencia (cf. versículos Salmo 22, 23 y sus notas; Efesios 3, 9 s.; Romanos 16, 25; Colosenses 1, 26; I Pedro 1, 20) y encierran enseñanzas profundas para las generaciones venideras (véase también Nehemías 9, 6 ss.; Hechos 7). En la historia de ese pueblo está prefigurada la de todos los pueblos y de todos los hombres. San Mateo (13, 35), tomando el versículo 2 en sentido profético, señala su cumplimiento en las parábolas de Jesús. “Escucha” (otros vierten: “estate atento”): Esta palabra es siempre el paternal llamado de Dios a su pueblo. No va a pedirle nada ni a ordenarle cosas duras: sólo quiere que le preste atención para que comprenda hasta dónde lo ha amado. Cf. versículo 7; Deuteronomio 6, 4; Jeremías 7, 23 ss. y notas.
3 ss. Esta tradición de padres a hijos es cosa muy amada de Dios, siempre que perpetúe las cosas dichas por Él. Cf. Éxodo 12, 26 s.; 13, 8 y 14; Deuteronomio 4, 9 s.; 6, 7 y 20; 11, 19; Josías 4, 6 s.; Joel 1, 3, etc. Vemos también que según los apóstoles se continúa ese espíritu patriarcal que hace de los padres y madres los maestros naturales de sus hijos (versículo 5) para hacerles conocer a Dios y a su Palabra, así como también el marido a la mujer (véase I Timoteo 3, 15 s.; II Timoteo 1, 5; I Corintios 14, 35; I Pedro 3, 1. Cf. Proverbios 22, 6; Eclesiástico 25, 5, etc.). En cambio Jesús dice todo lo contrario cuando se trata de las tradiciones humanas, a causa de las cuales son olvidados los mandamientos de Dios. Cf. Mateo 15, 6 ss.; Marcos 7, 7; Gálatas 1, 12 y 14; Colosenses 2, 8; Tito 1, 14.
5 ss. Que conozcan lo que es Dios, en su bondad, para que pongan en Él su esperanza y su confianza (versículo 7) y de ese modo, es decir con amor de hijos, cumplan la divina voluntad: tal es el plan de Dios que se manifiesta en toda la Escritura y que Jesús resume en Juan 17, 26.
8. Estos epítetos sobre la rebeldía y dureza de Israel contra el Dios amante que quería ser su maestro (Deuteronomio 32, 12; Isaías 54, 13; Salmo 70, 17; Jeremías 31, 34), se repiten muchas veces en la Sagrada Escritura. Cf. lo que dice Moisés sobre este pueblo en Deuteronomio 32, 5. Véase también la advertencia que San Pablo nos hace para que no corramos la misma suerte que ellos (Romanos 11, 17-24).
9. Los hijos de Efraím, la tribu más poderosa en los tiempos de la conquista de Canaán. Josué era oriundo de esta tribu, pero no rebelde como ella. Volvieron las espaldas: no en sentido de huir de los enemigos por cobardía, pues eran los más guerreros (cf. Jueces 8, 1 ss.), sino porque, a pesar de serlo, no quisieron destruir a los cananeos de Guécer (Jueces 1, 29) y habitaron con ellos como las demás tribus, quebrantando así el pacto con Dios (versículo 57). Él les echó en cara esto (Jueces 2, 1 ss.) y en castigo dejó subsistir a aquellos pueblos para que sirviesen de tentación de Israel (Jueces 3, 1 ss.). No se trata aquí, pues, del pacto violado según se indica en IV Reyes 17, 13-15 al narrar la caída del reino del Norte, pues allí se alude a ambos reinos, en tanto que aquí se habla especialmente de Efraím como tribu (versículos 9-11; 67-72), y no como nombre extensivo a las diez tribus de Israel por oposición a Judá (versículo 67 s.), según se usa por ejemplo en Ezequiel 37, 16 ss. Cf. Salmo 76, 16 y nota. También era de la tribu de Efraím, Jeroboam, el que se rebeló contra la casa de David (III Reyes 12, 25 ss.; II Paralipómenos 10, 16), pero este cisma, origen sin duda de que el nombre de Efraím se extendiese a las diez tribus, fue después de la muerte de Salomón y este Salmo es de Asaf el gran contemporáneo de David, y habla de hechos antiguos.
12. Tanis (cf. versículo 43), capital de los faraones de Egipto en tiempos de Moisés, escenario de los acontecimientos relatados en Éxodo capítulos 5-11. Cf. Isaías 19, 11 y 13; 30, 4.
13 s. Recuerda el paso del Mar Rojo y la nube que guiaba a Israel (Éxodo 14, 22 y 13, 21).
15 s. Cf. Éxodo 17, 6; Números 10, 1 ss. y Salmo 104, 41, donde se refiere el prodigio de las aguas sacadas de la roca.
17. Lo propio del hombre es la ingratitud (versículo 32, etc.) y todos somos así. La explicación se encuentra en el versículo 22.
18 ss. Recuerda el maná del desierto y luego el milagro de las codornices (versículos 26 ss.). Cf. Éxodo 16, 2 ss.; Números 11, 4-23. El hablar mal de Dios (versículo 19) consistía en desconfiar de su bondad (cf. Sabiduría 1, 1).
21. Fuego: El de la cólera divina (Números 11, 1).
22. Nótese cómo no se habla precisamente de los pecados contra la Ley sino de la falta de fe confiada, porque de esta falta proceden los demás pecados. Es toda la economía del Cristianismo: de las virtudes teologales proceden, por obra de la gracia, las virtudes morales (Gálatas 5, 6). De aquí que para reformar las costumbres hemos de empezar por dar a conocer el Corazón de Dios, predicando su Palabra, que es la que engendra la fe (Romanos 10, 17) y le hace dar frutos (Mateo 13, 1-23; II Timoteo 3, 16 s.; Salmos 1, 2 s.; 118, 11, etc.).
23 ss. Véase Éxodo 16, 13-21; Números 7-9.
25. Pan de fuertes: Otros vierten: Pan de ángeles: el maná, figura del pan bajado del cielo que es Cristo. Cf. Juan 6, 32 ss.; I Corintios 10, 3.
26 ss. Véase Éxodo 16, 13; Números 11, 31-35. (Ábrego: viento sur).
29. Lo que habían deseado: Para su mal. ¡Tremenda forma de castigo que debe hacernos temblar antes de quejarnos de Dios! Cf. Salmo 80, 13 y nota.
30 s. Y aquel lugar fue llamado sepulcro del deseo (Números 11, 33; 33, 17), en recuerdo de que la ira de Dios se encendió contra la desconfianza de su pueblo y su pretensión de saber mejor que Él lo que les convenía. ¿No fue acaso semejante el pecado de Adán y el de Babel? ¿No fue igualmente torpe y desconfiada la actitud de los hombres, incluso de los discípulos, cuando Jesús les anunció que su Cuerpo es comida y su Sangre es bebida? (Juan 6, 53 y 61). Por lo demás, la necesidad de castigo sigue viéndose en los versículos 32, 41, etc.
34. San Agustín observa ya que el pueblo de Israel, que siempre vuelve a rebelarse contra Dios, es figura del hombre de todas las edades y tiempos. ¡Si al menos reconociéramos nuestra miseria! Ello bastaría para que Dios se apresurase a perdonar (cf. Lucas 15, 20; Juan 6, 37).
36 s. Cf. esta misma queja en boca de Jesús (Mateo 15, 8 citando a Isaías 29, 13).
38. Patente contraste entre lo que somos nosotros y lo que es Él (Salmo 76, 10 y nota). “La justicia, dirigida hacia la purificación de las personas y de los pueblos y para atraerlos hacia sí, siempre sigue estando por debajo de la justicia del padre, inspirado y dominado por el amor” (Pío XII).
39. “¡Por eso, porque el hombre es tan poca y endeble cosa, Dios se siente más inclinado a perdonarle!” (Manresa). Cf. Salmo 102, 13-14; Job 10, 9; Génesis 6, 3; 8, 21. Espiritualmente este texto aplicado al soplo del Espíritu Santo (cf. Salmo 103, 29 s.) nos hace entender mejor la palabra de Jesús en Mateo 26, 41. Si lo único que puede sostenernos es el espíritu, no siendo éste cosa nuestra sino prestada, resulta evidente la necesidad de buscarlo y pedirlo constantemente por la oración a Dios y la meditación de su Palabra (Salmo 62, 9; Lucas 11, 13; Santiago 1, 5 y 21).
41. El Santo de Israel: el mismo Dios.
42 ss. Descripción de las plagas de Egipto (Éxodo capítulo 7 ss.), asombrosa manifestación del amor de Dios a su pueblo, amor que después del abandono de Israel por su incredulidad (Hechos 28, 25 ss.; Romanos 11, 20) se mostrará una vez más en los últimos tiempos (Isaías 63, 4 ss.; Joel 3; Romanos 11, 23-31, etc.).
44. Primera plaga. El versículo 45 recuerda la 4ª y la 2ª; el 46 la 8ª; el 47 la 7ª; el 48 la 5ª; el 49 la 9ª; el 50 la 6ª. No se menciona la tercera plaga: los mosquitos (Éxodo 8, 16 ss.) quizá por comprenderla en la de las moscas (versículo 45 a).
48. Así Rembold. Cf. Calès.
49. Ejecutores de calamidad. Otros: ángeles malos. Véase Sabiduría 18, 15 y nota. Cf. Apocalipsis 7, 1 ss.; 9, 14 s.; 15, 1, etc.
50. Para la traducción cf. Rembold y Calès.
51. Cam, hijo de Noé, es, según el Génesis (10, 6), progenitor del pueblo de Egipto, que en hebreo es llamado Misraim. Primicias del vigor se llama a los primogénitos (Génesis 49, 3; Deuteronomio 21, 17). Cf. Salmo 126, 4.
52 s. Notemos el amor y ternura que pone Dios en esta expresión. Cf. Isaías 63, 9-14; Salmos 76, 21; 79, 2; Oseas 12, 13, etc.
54 s. Los montes (quizá: los límites). Se trata de toda la Palestina (Josías 13, 7), región montañosa (cf. Éxodo 15, 17). Su diestra, no el esfuerzo de Israel. Véase los admirables pasajes del Deuteronomio 7, 7-24; 9, 1 ss.; Salmo 67, 6-13 y notas. Expulsó a los gentiles (versículo 55): Véase Salmo 79, 9; Sabiduría 12, 6. Son incontables los casos como éste en que Dios hace ostentación de su amor y preferencia por el pueblo escogido (Deuteronomio 32, 8 ss.; Salmo 104, 14 y 44, etc.). Repartió la heredad: Cf. Josías 13, 6; 17, 1 ss. Cf. Ezequiel 47, 13-23.
57. Fallaron como un arco torcido: Para notar la elocuencia de esta figura obsérvese que se trata aquí nuevamente de los efraimitas, hábiles arqueros (versículo 9). Ellos tuvieron en su tierra el honor de poseer el Tabernáculo (versículo 60).
58. Lugares altos: En los collados hacían culto idolátrico a manera de los cananeos (cf. Deuteronomio 12, 2; Levítico 26, 30). Todos los profetas tuvieron que luchar más tarde contra ese culto en los lugares altos.
60 s. El Tabernáculo, su Morada (cf. Jeremías 7, 12), había sido puesto en Silo (tribu de Efraím) en tiempo de Josué (Josías 18, 1). El Arca de la Alianza, llamada su fortaleza y su gloria (versículo 61), cayó en poder de los filisteos (I Reyes 4, 4 y 11) y no regresó más allí, donde había estado instalada en tiempo de los Jueces (I Reyes 4, 21). Cf. Ezequiel 41, 26.
63. No fueron desposadas: Porque los jóvenes habían perecido.
65. Es Dios mismo quien se aplica este símil de asombroso vigor para mostrarnos el celo con que defiende a los suyos (cf. Lucas 1, 71; Juan 10, 28-30 y nota).
66. Alusión a la enfermedad vergonzosa que sufrieron los filisteos mientras el Arca estaba en su territorio (I Reyes 5).
67 s. Dios eligió el monte Sión como sede del Tabernáculo, en señal de la preponderancia de Judá sobre Efraím. Cf. versículo 9 y nota; Salmos 67, 17 y 28; 79, 2; 80, 6; 86, 3; I Paralipómenos 28, 4; Amos 9, 11; Hechos 15, 16 s.
69. Cf. Salmos 88, 30; 148, 1 y 7; Isaías 65, 17; 66, 22; Efesios 1, 10; II Pedro 3, 13, etc.
70 ss. Véase la admirable elección de David, figura de Cristo: ¡Era “el más pequeño” y apacentaba ovejas! Véase I Reyes 16, 11 ss.; II Paralipómenos 6, 6; II Reyes;, 2; 7, 8 (cf. Amos 7, 15; Lucas .5. 10); Ezequiel 34, 23; 37, 24 s,; Miqueas 7, 14; Salmos 88, 21; 131, 11 ss.; Eclesiástico 45, 31; 47, 2 ss.
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SALMO 79 (78)
1 ss. Según la opinión más común entre los exégetas católicos, este Salmo, como el 73, deplora la suerte del Templo y de la Ciudad santa hollada por los gentiles y la humillación del pueblo hebreo, que dura hasta hoy según lo anunció Jesús (Lucas 21, 24). Y así como en los Salmos 74 y 75 Dios responde a ese lamento con las promesas de restauración, así también el Salmo 79 contiene la esperanza de ésta. La atribución al tiempo de los Macabeos ha sido abandonada, como en tantos otros Salmos, pues éste ya se recitaba entonces como más antiguo (cf. I Macabeos 7, 17, que cita los versículos 2 s.) y se reconoce que la destrucción de la ciudad por Antíoco no fue tan grave como lo que aquí se menciona. San Atanasio y otros veían en éste un Salmo profético del tiempo de David, y la liturgia judía lo recita aún cada viernes junto al Muro de las Lamentaciones, último recuerdo del Templo desaparecido desde la destrucción de la ciudad por Tito, que Jesús anunció en Mateo 24. Un montón de ruinas: Cf. Salmo 73, 2 y 7; Isaías 1, 8; 63, 18 s. y 64, 1; Jeremías 51, 51; Ezequiel 25, 1 ss. y nota.
5. Cf. Salmos 70, 5; 73, 1; 77, 21; 84, 6; 88, 47.
6 s. La profecía de Jeremías, lamentando la desolación de Jerusalén, termina con estas mismas palabras (Jeremías 10, 25). La edición vaticana de Gramática cita aquí muy a propósito la oración de Eclesiástico 36 y II Tesalonicenses 1, 8, que muestra cómo será en los últimos tiempos esa venganza de Dios sobre los que no lo conocieron. Cf. versículo 10 y nota.
8 s. Expresión de humildad poco común en nuestro tiempo (cf. Salmo 38, 13 y nota); es un verdadero acto de contrición colectiva (Lamentaciones 3, 42 y nota). Cf. Isaías 64, 9 ss. Por la gloria de tu Nombre (versículo 9): En Salmo 53, 8 y nota vimos el significado de esta gloria.
10 ss. La venganza: Para defender este pasaje contra los que se escandalizan de él, un exégeta protestante se ha fundado en que “los salmistas eran hombres” y en la injusticia y brutalidad sufridas por el judaísmo. La explicación es puramente humana y poco sobrenatural, como si la oración de este Salmo y de tantos otros análogos no fuese inspirada. Mejor lo explicaba ya San Agustín diciendo que no desea el salmista que vengan males sino que presagia la ineludible acción de la justicia y vaticina las cosas futuras. En efecto, los profetas anuncian muchas veces tal venganza (cf. Joel 3, 1 ss.) y en Apocalipsis 6, 10 y 19, 2 encontramos igual expresión, acompañada esta vez de júbilo en el cielo. Los que después de esto se escandalizasen, lejos de defender la Ley de Dios (cf. Mateo 5, 39-48; 18, 21 ss., etc.) estarían juzgando a Dios, lo cual es una soberbia que Él no tolera a pesar de ser tan bueno con los demás pecadores. Septuplicado (versículo 12): Cf. Génesis 4, 15 y 24; Levítico 26, 21 y 28; Proverbios 6, 31; Eclesiástico 7, 3; 40, 8, etc.
13. Ovejas de tu grey: Véase Salmos 94, 7; 99, 3. Cantaremos, etc.: “Como se hace en el Apocalipsis, se pedirá que el Salvador, para siempre victorioso, vengue sobre las potestades del mal la sangre de los que le dieron testimonio; y se hará buena justicia. Después de triunfar por un tiempo, el autor de todo mal será castigado y relegado para siempre al fondo del abismo y llegará el reinado de la paz y de la justicia” (Dom Puniet). Cf. Isaías 43, 21; Jeremías 23, 5; 33, 15 s.; Apocalipsis 6, 9-11; 20, 1-10, etc.
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SALMO 80 (79)
1. Acerca del epígrafe léase la nota al Salmo 44, 1. Sobre el contenido véase el Salmo 78, 1 y nota. Éste Salmo, como el anterior, es una apremiante oración “que pide a Dios socorro para la atribulada nación israelita en figura de una viña que plantó el mismo Dios (cf. Isaías 5, 1-7; Jeremías 2, 21)” (Vaccari). Arrancada del suelo de Egipto y trasladada al país de promisión, la abandonó el Viñador divino y la vendimian los transeúntes (Salmo 88, 42 ss.). Cf. Génesis 49, 22; Isaías 3, 14; 5. 5; Jeremías 12, 10 s. Muchos suponen que se trata aquí en particular de las diez tribus del norte, cautivas en Asiria (cf. v 2 y nota), pues el epígrafe en los LXX dice: Sobre los asirios. Es el caso del Salmo 75, 1. Véase allí la nota.
2 s. Pastor de Israel: Véase Génesis 48, 15: 49, 24. Cf. Salmos 21, 1; 73, 1; 77, 52. El nombre de Benjamín (tribu del reino de Judá) sorprende aquí entre los de Efraím y Manasés, hijos de José, cuyas tribus hacen pensar en el reino del Norte. Es posible que se trate de un agregado, tanto más cuanto que afecta al ritmo del verso. Mas no podría asegurarse, pues la restauración pedida en el Salmo (cf. versículo 4) comporta siempre, según los profetas, la reunión de las doce tribus. Cf. Isaías 11, 11-13; Jeremías 30, 3; Ezequiel 37, 15 ss. Véase Salmos 67, 26; 84, 2 y notas. El texto del versículo 3 es usado muchas veces en la Liturgia de Adviento para apresurar la venida del Señor. Cf. II Pedro 3, 12; I Corintios 16, 22; Apocalipsis 22, 17 y 20; Catecismo Romano I 8, 1 in fine.
4. Estribillo repetido varias veces (véase los versículos 8 y 20). “Por Rostro se entiende muy a propósito a Jesucristo, porque es la cara de Dios, esto es, imagen o figura especial del Eterno Padre” (Scío). Véase versículo 17; Juan 14, 9; Hebreos 1, 3; Sabiduría 7, 26. Cf. Isaías S9, 20 citado en Romanos 11, 26.
5. Contra la oración de tu pueblo: Así literalmente. Algunos proponen leer contra el resto de tu pueblo. Cf. Salmos 73, 1; 78, 5.
9. Tu viña: Cf. versículo 1 y nota. Arrojaste a los gentiles: Los pueblos cananeos. Cf. Salmos 43, 3; 77, 54 y nota.
12. Indica la extensión del reino que abarca los países desde el mar (Mediterráneo) hasta el río (Éufrates). Véase Deuteronomio 11, 24; cf. Ezequiel 47, 13 ss.
14. Jabalí: Uno de los enemigos más feroces de las viñas. Quizá es Asiria o Babilonia, que suelen tener en los profetas un sentido figurado (Isaías 5, 25; capítulos 12-14; I Pedro 5. 13. Cf. Jeremías 51, 8 e Isaías 21, 9 con Apocalipsis 14, 8 y 18, 2: Jeremías 51, 6 y 45 con Apocalipsis 18, 4; Jeremías 50, 29 con Apocalipsis 18, 6; Isaías 47, 8 con Apocalipsis 18, 7, etc.). Las bestias del campo simbolizarían, según Fillion, “los enemigos de Israel, sean próximos (como Edom, los árabes devastadores. etc.), sean lejanos como Asur” (cf. Ezequiel 25, 4 y nota). Otros, continuando la interpretación restringida al Norte, ven aquí a los pobladores trasplantados a Samaria en IV Reyes 17, 24 ss. El griego y la Vulgata vierten: “la fiera singular”, lo que haría pensar en Daniel 7, 7 s. Cf. Salmo 67, 31 y nota.
16 s. Texto inseguro. Algunos suponen que 16 b fue transportado por error del versículo 18 (véase allí la nota). Retoño o renuevo, lo mismo que pimpollo, es nombre del Mesías (Isaías 11, 1 y también 4, 2; 53, 2; Jeremías 23, 5; 33. 15; Zacarías 3, 8; 6, 12; cf. Mateo 2, 23), descendiente de Judá, lo cual, unido a lo que exponemos en las notas 1 y 18, dificultaría más la opinión de que este Salmo sólo aludiese a las diez tribus. Sobre tu Rostro (versículo 17), cf. versículo 4 y nota. Igual amenaza está anunciada al Anticristo (Isaías 11, 4; II Tesalonicenses 2, 8; Apocalipsis 19, 21). Cf. versículo 14 b y nota.
18. El Hijo del hombre y Varón de tu diestra, lo mismo que retoño (cf. versículo 16 y nota), es el Mesías, como dice la Paráfrasis Caldaica y observan los santos Padres. Véase versículo 4 y nota; Daniel 7, 13; Mateo 24, 30; Apocalipsis 5, 5-7; Salmos 88, 21 ss.; 109, 1 ss.; Hechos 2, 34; 7, 55 s., etc. Joüon hace notar que esta designación que Cristo se da en Mateo 26, 64 y Marcos 14, 62 es visiblemente alusiva a Daniel 9, 13. Algunos opinan que el “varón de tu diestra” es Israel, y citan Deuteronomio 33, 12; pero, allí no hay tal nombre sino el de Benjamín, y éste tampoco significa eso, sino hijo de la diestra (Génesis 35, 18). En cuanto a Israel sólo es llamado “hijo” aludiendo a Efraím (Oseas 11, 1-3) e “hijo primogénito” con relación a toda la nación (Éxodo 4, 22), mas no “hijo del hombre”, título que, tomado por antonomasia, se entiende siempre del Verbo encarnado, lo mismo que el de “Varón de tu diestra” (Salmo 109, 1 y 5).
20. Vuelve una vez más el estribillo que, con los versículos 2 y 3, forma “como el resumen de este Salmo de espera: ¡Ven, oh Señor Jesús!” (Dom Puniet). La cuestión de la fecha del Salmo está lejos de haberse aclarado, pero no hay ninguna razón seria para pensar en la época macabea y, sólo por suposición algunos piensan en 722, año de la deportación de Efraím.
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SALMO 81 (80)
1. Acerca de la nota por el tono... los lagares, véase Salmo 8, 1 y nota. El rebosante júbilo de este Salmo manifiesta su carácter de himno recordatorio de las grandes maravillas de la salida de Egipto, aludiendo a la fiesta de los Tabernáculos (cf. Números 29, 12 y nota) y otras (cf. versículo 4 y nota), pues se entiende aquí todo el periodo del Éxodo que suele llamarse “día de la salida de Egipto” (Jeremías 7, 22 s.). Su fin es además didáctico: enseñar la fidelidad para con el Señor que ha colmado de bienes a su pueblo.
4. Novilunio: “La luna señala los días festivos... de ella ha tomado nombre el mes” (Eclesiástico 49, 7 s.). Cf. Salmo 103, 19 y nota. Aquí significa el primero del mes de Tischri, que se celebraba con solemnidad especial por ser el comienzo del año nuevo, y se llamaba Fiesta de las Trompetas (Números 29, 1; 10, 10; Levítico 23, 23-26). He aquí un punto de gran interés para la reforma del calendario, pues fue establecido por Dios (versículo 5).
5 s. Israel, Jacob y José: Parecen usarse aquí como sinónimos para significar a todo el pueblo de Israel. Cf. Salmo 79, 1 s. y notas.
6 ss. No se trata de que Israel oyese entonces la ignorada lengua egipcia. Es el salmista quien, hasta el fin del Salmo, va a trasmitir a su pueblo, como una profecía, la voz de Dios que él escuchó.
7. Libré: Es Dios quien habla y el salmista lo refiere; por eso se menciona al pueblo en tercera persona. Recuerda la servidumbre de Egipto, donde tenían que hacer trabajos propios de esclavos (Éxodo 1, 8-14; 2, 23-25).
8. Desde aquí hasta el final habla Dios directamente a su pueblo por boca del salmista. La nube tempestuosa alude a la aparición de Dios en el monte Sinaí (Éxodo 19, 9), Las aguas de Meribá (o de la contradicción): así se llama la célebre estación del desierto donde murmuraron los israelitas contra Dios por falta de agua (Éxodo 17, 1-7). Allí mismo fue donde Moisés incurrió en la única sanción de Dios que mereció en su santa vida (Números 20, 2-13), por culpa que el mismo Yahvé imputa al pueblo (Salmo 105, 32).
9. Admiremos la suavidad paternal de Dios: pudiendo mandar, suplica, y sólo impone preceptos para nuestro bien (cf. Salmos 24, 8; 48, 1; 77, 1; 94, 8 y notas).
10 s. Es el primer mandamiento (Éxodo 20, 3). “Abre bien tu boca” (versículo 11): Tan asombrosa benevolencia no puede sorprender de parte de un Padre para con sus hijos. Pero es necesario abrir bien la boca: desear, tener hambre, ponerse en estado de recibir. ¡Sólo pierde los dones de Dios el que los desprecia! (cf. Lucas 1, 53; Salmo 33, 11; Mateo 5, 6; Juan 4, 10; Salmo 32, 22, etc.). Israel cayó porque no tuvo esa hambre de las cosas de Dios y su apetito se abrió más al plato de lentejas de los paganos que a los privilegios de la primogenitura que Él le había dado (versículo 13 y nota).
12. Meditemos en la infinita amargura de este lamento divino. Es el mismo de Jesús en Juan 5, 40.
13. ¡No hay peor castigo que esa libertad que con tanto ahínco defendemos! (cf. Hechos 14, 15). El Señor los dejaba entregarse a sus vicios y concupiscencias como los paganos, cuyos “gimnasios” imitaron (I Macabeos 1, 15 s.; II Macabeos 4, 9 ss. y notas), de manera que cosechasen frutos muy amargos (Romanos 1, 28).
14 ss. Este anhelo y estas promesas que Dios formuló a Israel “muchas veces y de muchas maneras por los profetas” las repitió últimamente “por su Hijo, a quien constituyó heredero de todo” (Hebreos 1, 1 y 2; Romanos 15, 8). Su desprecio y rechazo fue lo que hizo llorar a Cristo sobre Jerusalén porque ella no había conocido el tiempo de su visita (Lucas 19, 41-44; cf. Mateo 23, 39). Y todavía los apóstoles volvieron a reiterarle ese llamado (Lucas 13, 6 y nota): véase el gran discurso de San Pedro dirigido a Israel (Hechos 2, 12-26 y notas).
16. Los enemigos se someterían al Dios de Israel y entonces el pueblo escogido viviría para siempre en una paz y felicidad maravillosas. Trasciende aquí el reino mesiánico. Cf. Baruc 3, 13; Salmo 71, 7 y nota.
17. En sentido figurado, la Liturgia aplica al Pan eucarístico las palabras sobre la flor de trigo y pone este versículo en el Introito que se reza en la Misa del Santísimo Sacramento (Corpus Christi). Cf. Salmo 147, 3.![]()
SALMO 82 (81)
1. Este Salmo es, como el 57, un testimonio de la tremenda severidad con que han de ser juzgados los poderosos de la tierra. Dioses: Los príncipes y jueces como representantes de la autoridad divina (versículo 6). Cf. Éxodo 21, 6¡ 22, 7 s.; Deuteronomio 1, 17; Sabiduría 6, 4; Romanos 13, 1; I Pedro 2, 13.
4. La magistratura es como un sacerdocio. Véase Proverbios 24, 11; Sabiduría 1, 1. El que no tiene esa vocación debe alejarse del poder.
5. Dios interrumpe su apostrofe a los jueces (sólo en este versículo), para señalarnos, con toda su espantosa gravedad, la existencia y los efectos de esta ignorancia culpable y a veces voluntaria. Mil veces habla de ella la Escritura, como que es un sello del farisaísmo, falto de rectitud (cf. Salmo 35, 4 y nota; Juan 3, 19; 7, 17; Proverbios 2, 13; Eclesiástico 21, 12; I Juan 1, 6; 5, 20; Juan 12, 46, etc.). La calamidad que resulta de estas tinieblas, en que caen los que debieran ser luz para los demás, es tan grave que hace vacilar hasta los fundamentos de la tierra. Cf. Mateo 5, 13-16; 24, 11 s.; Jeremías 23, 1 ss.; Malaquías 2, 7 ss., etc.
6. Jesucristo cita este versículo (Juan 10, 34 ss.) para demostrar que tiene derecho a llamarse Hijo de Dios. ¡Hoy podemos serlo también nosotros gracias a Él! (Juan 1, 12; 20, 17; Gálatas 4, 5 s.; I Juan 3, 1; Romanos 8, 16-29, etc.). Pero ello será si la sinceridad de nuestra fe hace efectivamente de nuestro bautismo un nuevo nacimiento (Marcos 16, 16; Juan 3, 3; Romanos 6, 3 ss.; I Juan 3, 9; Colosenses 2, 12 y nota).
7. A pesar de su alta dignidad, los jueces y príncipes han de morir como los hombres ordinarios y serán juzgados y castigados con una severidad incomparablemente mayor. Véase Sabiduría 6, 6-8.
8. Como anota la nueva versión de Benziger, hay aquí una apelación a Dios para que asuma su autoridad como soberano sobre toda la humanidad. Bover-Cantera anota: “Parece hablar del Mesías, Juez que ha de gobernar toda la tierra.” “Que venga, dice Fillion, a ejercer la justicia, pues que los jueces de la tierra lo hacen tan mal.” Páramo ve igualmente aquí .a Cristo como Rey y Dueño de las naciones, a las que juzgará en su día. Cf. Salmos 79, 16; 95-98, etc. Los reyes y altos personajes llevarán la peor parte en aquel juicio supremo (Salmo 109, 5; Apocalipsis 19, 18), y los pobres la mejor (versículo 3 s.; Salmo 71, 2 y nota).
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SALMO 83 (82)
1 ss. Una confederación de pueblos que intentan borrar el nombre del pueblo de Dios y que llevan los nombres de los circunvecinos de Israel, con Asiría a la cabeza, es el objeto de este Salmo, que recuerda por su asunto el Salmo 2 y cuyo contenido se ha tratado en vano de ubicar históricamente, volviendo los autores a discutir entre los tiempos de los Macabeos (I Macabeos 5), los de Nehemías (Nehemías 4), etc. Calès hace notar, sobre los primeros, que ya no existían entonces tales pueblos, y sobre los últimos, que se trata de situaciones muy distintas de las que contempla el Salmo, observando que “Edom, Moab, los filisteos, los asirios, aparecen ya a los profetas como el tipo y el símbolo de esos enemigos por venir del futuro reino mesiánico”. Conviene también aplicar hoy esta plegaria del salmista a la iglesia de Dios rodeada, como aquí Israel. de adversarios poderosos, tanto humanos (Juan 15, 20 ss.; 16, 1 ss.; Mateo 10, 24, 24, 9, etc.) como diabólicos (I Pedro 5, 8; EL 6. 12; II Tesalonicenses 2, 4; Apocalipsis 13, 7; I Juan 2, 18 s., etc.). Cf. Salmo 73, 21 s. y nota.
6. Alianza contra Dios y su Cristo. Cf. Salmo 2, 2; 47, 5; Apocalipsis 16, 16; 19, 19; 20, 7.
7 ss. Los diez pueblos enemigos están al sur (idumeos, ismaelitas, amalecitas), al este (los agarenos, los hijos de Lot: Moab y Ammón), al norte (Tiro, Gebal, Asiria) y al oeste (los filisteos). Cf. Salmos 75, 1 y 11; 79, 1, etc. Es de notar la diferencia entre esta coalición de vecinos que, aprovechando la decadencia de Israel, procurarán instalarse en Tierra Santa con ayuda del Asirio (versículo 9), símbolo quizá de naciones más distantes (cf. Isaías 5,. 25 y nota), y la invasión de Gog anunciada en Ezequiel 38 y 39, que vendrá del Norte, con pueblos más lejanos (Ezequiel 38, 2-6; 39, 2 y notas), y encontrará a Israel ya reunido en su tierra (Ezequiel 38, 8-12), aunque no definitivamente hasta después de rechazada esa invasión (Ezequiel 39, 21-29).
10 s. El suplicante ruega a Dios renueve los castigos realizados en tiempo de los Jueces contra los enemigos de Israel (Jueces 4, 2; 5, 20 y 26).
12 s. Tratase de reyes de los madianitas vencidos por Gedeón. Cf. Jueces 7, 25; 8, 3 ss. Sobre el versículo 13, cf. Ezequiel 25, 4; Oseas 9, 3 y notas.
14 ss. Estas imágenes, tomadas de los fenómenos de la naturaleza, nos recuerdan que Dios emplea como azote de sus enemigos todas las fuerzas naturales. Véase Salmo 1, 4; Sabiduría 5, 21; Romanos 8, 19 ss. Cf. Salmo 67, 31; Isaías 10, 12-16; 17, 13, etc. Calès supone que los versículos 14 y 16 son glosas, pues alteran el ritmo de las estrofas. Véase la nota siguiente.
17 ss. Para que busquen tu nombre: otros: busquen la paz. Todo el pasaje, tal como está, es una imprecación semejante a las de Salmos 34, 4; 68, 28 s.; 69, 4, etc., y habría que interpretar: para que busquen vanamente, pues no puede pensarse en una conversión de los enemigos ya que según el versículo 18 perecerán confundidos para siempre (cf. Salmos 58, 14; 78, 10 ss. y nota; Daniel 3, 44 s.). Si, como otros proponen, se restablece el ritmo en las estrofas pasando por alto los versículos 15 y 18 (y no los versículos 14 y 16), queda también aclarado el sentido.
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SALMO 84 (83)
1. Sobre el epígrafe véase Salmo 8, 1 y nota. Se advierte en este Cántico de peregrino una semejanza con los Salmos 41 y 42, con los cuales empieza el grupo de los elohistas que se continúa aquí, como vemos, no obstante tenerse por terminado en el Salmo 82 (cf. Salmo 41, 1 y nota). La oración por el rey, que contiene el versículo 10, muestra que el presente Salmo es anterior al cautiverio de Babilonia. El salmista está lejos del Santuario y se consume en ardiente anhelo por volver a él. De ahí que este Salmo haya sido elegido por la Liturgia, junto con los dos que le siguen, para la preparación a la Misa, procurando alejar de la tendencia -demasiado humana- a mirarla como una obligación (assueta vilescunt). Desde sus primeras palabras este sublime poema prepara nuestro corazón al amor.
3. Recuerda el Salmo 41, 3 y sobre todo la exclamación de David en Salmo 62, 3 (véase allí la nota). Cf. Salmo 15, 9. La carne no desea espiritualmente a Dios, pues los deseos de ella son contra el espíritu (Gálatas 5, 17). Por eso las emociones sentimentales no bastan, como bien nos lo dice Tomás de Kempis, pues Dios quiere ser adorado “en espíritu y en verdad” (Juan 4, 23). Pero en cambio la carne tiene necesidad de Dios en todo momento, “como tierra sin agua”, puesto que sin Él no podríamos subsistir (Salmo 103, 29 s. y nota). Un día venturoso, también la carne deseará como el espíritu, y ese día es el que desde ahora anhelamos como objeto de nuestra “dichosa esperanza” (Tito 2, 13). Véase la nota al versículo 5.
4. Creemos, como Zenner, Calès y otros, que debe ponerse aquí, antes del versículo 4, el versículo 11, que no está en su lugar, tanto por el sentido cuanto por la simetría de las estrofas. “Si a los pajarillos que el Padre celestial alimenta y viste (Mateo 6, 26 ss.), también les da vivienda junto al Santuario ¿cómo no habrá para nosotros abrigo y calor junto al Altar, pues Jesús nos dice que para el Padre valemos más que muchos pajarillos? (Mateo 10, 31; Juan 10, 29). Del árbol de la Cruz, que pareció tronchado por la tormenta, nació un retoño para dar sombra a nuestro nido... junto al Calvario: es el Altar del Sacrificio eucarístico, donde Jesús sigue ofreciéndose constantemente al Padre por nosotros en estado de Víctima (Apocalipsis 5, 6), como cuando nos decía que también las bestias tienen guarida y solamente El no hallaba piedra -por no decir corazón- en que posar su cabeza” (P. de Segor). Cf. Hebreos 7, 24 s.
5. Los que moran en tu casa: En primer lugar los levitas y sacerdotes, cuya función era la alabanza del Altísimo (I Paralipómenos 23, 5 ss.) y los sacrificios (Hebreos 8, 4 y nota). Sobre este grande deseo de morar en el Templo de Jerusalén, cf. Salmo 26, 4. Según esto pensemos cuan ardientes han de ser nuestros anhelos de ver a Jesús cuando Él vuelva (Apocalipsis 1, 7) y entrar con Él; unidos a Él (Juan 14, 3; Apocalipsis 19, 6 ss.); asemejados a Él (Romanos 8, 29; Filipenses 3, 20 s.; I Juan 3, 2), identificados con Él (Juan 17, 20-24), en la Jerusalén celestial donde el mismo Jesús será la lumbrera (Apocalipsis capítulos 21 y 22).
6. Cuya fuerza viene de Ti: De hecho nadie la tiene sin Él, que nos la da por su Hijo (Juan 15, 5), mediante su Espíritu (Lucas 11, 13 y nota). Pero aquí se trata de los que esto saben, de los pequeños que viven implorando esa fuerza y desconfiando de la propia. Para ellos el camino santo no es ya una ley sino un imán, según el gran secreto que reveló Jesús al decir que nuestro corazón estará allí donde esté lo que miremos como nuestro tesoro. Por eso dice el Salmo que esos tales son felices. Deseamos ardientemente, para cuantos esto lean, esa dicha de creer de veras que la voluntad del Padre celestial no es tiránica sino amable.
7 s. Valle de lágrimas: Bover-Cantera, Prado y otros vierten: valle árido. Según este bello pasaje, que recuerda a los Salmos graduales como el 121 y el 124, etc. (cf. Salmo 119, 1 y nota), “la fe y el santo entusiasmo de los peregrinos transformaba en regalados oasis las más áridas regiones que habían de atravesar y producía sobre estos desiertos el mismo efecto que una lluvia bienhechora o una fuente de aguas vivas” (Fillion). Entretanto, esperando el día en que el Dios de los dioses se mostrará en Sión (LXX. Vulgata, etc.; cf. Salmo 101, 17), recogemos, aunque este Salmo no es contado entre los didácticos, la profunda lección espiritual que nos da aquí sobre el amor como única fuerza que nos hace capaces de cumplir el Evangelio. Así lo enseña Jesús en Juan 14, 23 s. El amor es la plenitud de la Ley (Romanos 13, 10). Y sólo él nos hace entender que el yugo de Cristo no sólo no pesa (Mateo, 11, 30; I Juan 5, 3) sino que nos da reposo (Mateo 11, 29). Véase Eclesiástico 3, 4; Isaías 40, 31; Kempis libro III, capítulo 5: ‘Maravillosos efectos del amor divino’. Cf. Salmo 41, 3 y nota.
10. Tu ungido: ‘No el Cristo por excelencia, sino David, que era también el ungido del Señor de una manera muy real’ (Fillion). Él, como Rey teocrático de Israel, estaba ‘especialmente consagrado para representar a Dios y figurar anticipadamente al Mesías venidero’ (Calès). Según Scío este rey de Israel es directamente Jesucristo, por cuyo amor pedimos al Padre que nos mire con ojos de misericordia (cf. Salmo 71, 15 y nota). Toda la oración de la Iglesia implora a Dios por el amor de su Hijo y a este respecto el Concilio III de Cartago (canon 23), del año 397, quiso evitar la frecuente confusión de las divinas Personas, disponiendo que “nadie en las preces nombre al Padre en lugar del Hijo o al Hijo por el Padre. Y cuando se asiste al altar, la oración ha de dirigirse siempre al Padre” (Mansi III, 884). Cf. Orígenes contra Celsum 5, 1; De orat. 15.
12 s. Todo nos lo da el Señor: la gloria eterna y la gracia para alcanzarla; y también los bienes de esta vida (Tobías 11, 18; Mateo 6, 31 ss.). Sólo quiere que éstos no se conviertan en ídolos, rivales de Él. Cf. Mateo 6, 24; I Timoteo 1, 4 ss. y notas.
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SALMO 85 (84)
1 ss. Es éste uno de los más bellos Salmos del Salterio, henchido de profecías mesiánicas; es al mismo tiempo una oración para pedir su cumplimiento definitivo, escrita probablemente en tiempo de Zorobabel (520 a. C), o sea cuando profetizaban Ageo y Zacarías después del regreso de Babilonia, en el cual sólo volvieron dos de las doce tribus (Judá y Benjamín) y continuaron las culpas y humillaciones del pueblo elegido, que duran hasta hoy. Sin mencionar la persona del Mesías davídico, el Salmo trata de lo que será su obra como bien observa Calès, agregando: “la salvación llevada a su perfecto cumplimiento”. La restauración “postexílica” no era sino su figura y como la garantía y un primer preludio de aquélla. Mas ¡cuán lejos se estaba de su plena y perfecta realización! Un débil resto había vuelto de Babilonia y su estado permanecía sumamente precario: dominio extranjero, vejaciones de parte de los pueblos vecinos, miseria material, miembros indignos en la comunidad... Cf. Salmo 113 b, 1 y nota y los Salmos 73, 78, 79, 82, 117, etc.
2. Has trocado, etc.: otros: has hecho volver a los cautivos de Jacob (Crampón). Jacob significa las doce tribus, procedentes de sus doce hijos; en aquel entonces (cf. nota anterior), permanecían en el destierro las diez del Norte, cautivas en Asiria, que nunca volvieron. Cf. Salmo 79, 2 y nota.
3. Es el perdón anunciado en Salmos 13, 7; 125, 1; Isaías 59, 20 s., etc. Israel lo daba quizá por cumplido, si es que los versículos 2-4 se referían a la reciente liberación. Pero también podría ser este pasaje, como el 125, 1, una visión profética de los anhelados bienes que piden los versículos 5 ss. Cf. Romanos 11, 26; Hebreos 8, 12.
5. San Jerónimo pone Jesús en vez de Salvador, señalando así la realidad mesiánica que late en este Salmo (cf. Salmo 79, 4). Sobre el versículo 6 cf. Salmos 76, 8; 78. 5; 88, 47.
7 s. Son los que el celebrante pronuncia (según la Vulgata) después del Confíteor, al comienzo de la Misa. Envíanos tu salvación (versículo 8), esto es al Mesías (cf. Salmo 79, 3 y nota; la. 64, 1).
9. Quiero escuchar: He aquí la actitud ideal del creyente (cf. Salmo 77, 1 y nota; I Reyes 3, 10). Es la “buena parte” que eligió María (Lucas 10, 39 y 42). Entonces las palabras de Dios siempre nos hablan de paz, porque sus pensamientos son “de paz y no de aflicción” (Jeremías 29, 11). Si desde ahora buscamos las palabras de su Evangelio, veremos que el divino Libro no es un código penal sino un testamento de amor (Salmo 80, 9 y nota). “Vosotros, decía un famoso predicador, que tanto teméis al infierno, y con razón, ¿cómo no tembláis ante vuestra indiferencia por conocer lo que ha hablado Dios?” De corazón: ‘¿Queréis que sea vuestra la paz del Señor? Volveos de corazón al Señor; no a mí, no a ningún hombre. El corazón que descansa en el hombre se despeña’ (San Agustín). Cf. Jeremías 11, 3; 17, 5.
10. La Gloria, es decir, Dios, que según Ezequiel (11, 23) se había retirado del Templo. Cf. Zacarías 2, 5; Ageo 2, 10 y nota; Apocalipsis 21, 3.
11. El reinado del Mesías producirá los más abundantes frutos espirituales: misericordia y verdad, justicia y paz. Tal es lo que expresa el lema del Sumo Pontífice Pío XII; “Opus justitiae pax”, tomado de Isaías 32, 17, donde el profeta anuncia estas prosperidades.
12. “Así, pues, la bondad misericordiosa de Yahvé va a encontrarse con la lealtad de su pueblo; y la justicia o socorro libertador de parte de Dios comprenderá la felicidad pacífica de Israel. Del cielo, intervención redentora; de la tierra, leal fidelidad. Y como complemento y cumplimiento normal, de arriba la lluvia y el rocío fecundantes; de abajo, la fertilidad y productividad del suelo (versículo 13)… Dios va a venir mesiánicamente, trayendo con Él la redención y la paz perfectas” (Calès). Cf. Isaías 9, 7; 11, 1-16; 32, 17 s.; 45, 8; 58, 8; 61, 11; Ezequiel capítulos 34 y 37; Oseas 2, 18; Zacarías 8, 12; Salmo 71, 11 y nota.
13 s. “Habrá completa armonía entre la tierra y el cielo, entre las virtudes morales y los bienes materiales” (Páramo). Se cumplirá entonces lo que pedimos en el Padrenuestro: que venga Su reino y se haga Su voluntad en la tierra como se hace en el cielo.
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SALMO 86 (85)
1 ss. Esta oración de David, según reza el epígrafe, nos lo presenta una vez más como figura de Cristo doliente, perseguido por los soberbios (versículo 14), débil por sí mismo y necesitado de socorro (cf. los Salmos 21, 34, 37. 39, 68, etc.), y que invoca esa indigencia como título para ser oído con absoluta seguridad (versículo 7) por el corazón amante y misericordioso de Dios (versículo 15) que lo ha escuchado siempre (versículo 13). Nuestra miseria, dice San Crisóstomo, es la voz que invoca al Señor y la que más lo mueve a estar con nosotros (Salmo 39, 18). San Agustín, y con él Sto. Tomás, ven aquí el principal sentido de la bienaventuranza de los pobres en espíritu (Mateo 5, 3): “pobres, es decir, humildes, que se estiman pobres... que tienen poco espíritu de soberbia... pobres en el espíritu porque es el Espíritu Santo quien da la humildad”. Cf. Denz. 179; Salmo 102, 13 s.; Proverbios 29, 33; Isaías 66, 2; Mateo 23, 12; Lucas 1, 48; Apocalipsis 3, 17; Sabiduría 10, 10 y nota. ¡Toda la infancia espiritual estriba en esto! De ahí que el salmista, sin temer a sus enemigos, siente la necesidad de alabar esas maravillas de Dios (versículos 8 ss.) y anunciar la gloria universal del Reinado mesiánico (versículo 9), y le pide ante todo que lo haga fiel (versículo 11), no vacilando luego en pedir milagrosos privilegios para confundir a sus enemigos que son los de Dios (versículo 17). Resulta así tan completa esta plegaria que ha sido llamada “Paternóster del Antiguo Testamento”.
2. Porque soy santo (hebreo: hasid), esto es, no porque soy bueno o tengo méritos (cf. versículo 1), sino porque te pertenezco como amigo y devoto (cf. Salmo 4, 4) y siendo cosa tuya no podrás dejar que me pierda. Gran argumento: es el mismo que dará Jesús para explicar por qué se sacrifica por sus ovejas: porque son suyas (Juan 10, 11 ss.).
4. “No se pudre en la tierra, dice San Agustín, el corazón que se eleva a Dios si tienes trigo en los sótanos, lo subes al granero para que no se pudra, y si tanto cuidas del trigo, y para salvarlo lo subes, ¿por qué dejarás que tu corazón empobrezca sin levantarlo y subirlo?” Y nótese que aquí no se trata de elevar el corazón para apenarlo, sino para alegrarlo.
9. Que un día todos los pueblos, juntamente con el pueblo israelita, adorarán al verdadero Dios es anuncio común de los profetas (cf. Salmos 21, 28 ss.; 46, 10; 64, 1; 65, 4; 101, 16 s. y notas; Isaías 2, 3-4; 66, 18 y 23; Zacarías 14, 16; Jeremías 10, 7; Apocalipsis 15, 4, etcétera).
11. Se alegre en temer (así los LXX y Calès): No ciertamente en tener miedo, pues lo primero que Jesús nos dice es que no se turbe vuestro corazón (Juan 14, 1), sino de saber que estamos entregados a ese camino que nos hace andar en la verdad (Juan 14, 6; cf. Salmo 118, 1 y nota). La expresión hebrea que señala ese santo temor de Dios nada tiene que ver con ese miedo desconfiado que aleja del amor y es excluido de éste (I Juan 4, 8), sino que indica una total reverencia y fiel sumisión. Es el temor filial de ofender a un Padre infinitamente bueno (cf. Salmos 18, 10; 110, 10; Eclesiástico 1, 16). El temor servil procede de la fe informe (Sto. Tomás). Cf. Proverbios 1, 7; Sabiduría 17, 11.
13. Abismo: Algunos conservan el hebreo scheol. No significa el infierno o gehena en el sentido del Evangelio sino el lugar de los muertos (cf. Salmo 6, 6 y nota; Deuteronomio 32, 22).
15. ¡He aquí la verdadera fisonomía del Padre, retratada por el Espíritu Santo! ¿Cómo no amarlo si realmente lo creemos así? (cf. Éxodo 34, 6). Y si no lo creemos ¿cómo creeremos que fue capaz de darnos su Hijo? (cf. Juan 3, 16; I Juan 3, 16; 4, 9; Romanos 5, 8 ss.; 8, 32). La expresión tardo en airarte, parece que pudiera aludir aquí a los enemigos contra los cuales se pide auxilio, como indicando que a veces tarda en castigarlos por si se arrepienten (cf. Salmo 72, 11 s. y nota), pero por eso mismo podemos contar siempre con su lealtad.
16. Hijo de tu esclava: Equivale a tu siervo. En esta oración de Cristo esa expresión nos trae a la memoria el dulce recuerdo de la Virgen, que se llamó a sí misma la esclava del Señor (Lucas 1, 38).
17. Aplicado a Jesús, como lo hace San Agustín, este confiado ruego de David nos recuerda los incontables milagros del Salvador, que Él nunca hacía en beneficio propio sino como pruebas de su misión mesiánica. Véase Salmo 108, 27 y Juan 17, 1, donde aparece igualmente el Corazón de Cristo sólo preocupado por el amor al Padre y, por Él, a las almas qué Él le dio.
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SALMO 87 (86)
1. Es uno de los Salmos más hermosos; breve en la forma, pero apretado en ideas. Como en Salmos 75, 3; 84, 10; 85, 9; 131, 13, etc., y con un lirismo que lo lleva a empezar ‘ex abrupto’, canta el salmista la gloria de Sión y el reino mesiánico sobre todas las gentes. Montes santos: ‘Las colinas de Sión y Moriah sobre las cuales está edificada Jerusalén’ (Fillion). Ambas fueron elegidas para el Santuario y favorecidas con manifestaciones de Dios (Génesis 14, 18; 22, 2; II Reyes 24, 18). Cf. Salmos 2, 6; 67, 16 y nota; Miqueas 4, 1 s.
2. Ama más a Sión que al resto de Israel. Samaria cayó en semipaganismo (IV Reyes 17, 41) y sus diez tribus nunca volvieron del cautiverio de Asiria. En cambio “la salvación viene de los judíos”, como dice Jesús (Juan 4, 22). Cf. Salmo 77, 67 s.; Isaías 49, 14 ss.; 59, 20 (citado en Romanos 11, 26); 60, 10 y 15; Jeremías 3, 17 s.; Mateo 27, 37. etc. Algunos lo aplican a la Jerusalén celestial, más amada que la otra porque ella es, dicen, la esposa del Cordero. Pero ello sería sólo una acomodación, pues el texto no compara aquí ambas ciudades sino a una con el resto de Israel. Por otra parte, San Pablo nos revela que el ‘Misterio’ del Cuerpo místico estuvo escondido desde la eternidad hasta que a él se le encomendó anunciarlo como apóstol de los gentiles (Efesios 3, 8 s.; Colosenses 1, 25 s.), y también les dice a los hebreos que Abrahán y los patriarcas aspiraban ya a la ciudad celestial (Hebreos 11, 10 y 16; cf. 12, 22). Las puertas, como hacen notar los comentaristas, indican una ciudad, en contraste con la vida nómade. Según el Salmo 121, 3. Sión será la ciudad modelo y según Isaías 1, 24-27, después de purificada, “será llamada ciudad del justo, ciudad fiel”. Cf. Isaías 24, 23.
3. “Alude a los destinos gloriosos a que, según los profetas. Dios ha destinado a la Ciudad santa” (Páramo). Llama la atención en todos ellos la magnitud y extensión de esas promesas (cf. Salmo 64, 2 y nota; Ezequiel 40, 2; Mateo 23, 39). “Es el sentido de todos los Salmos graduales (119-133)” (Dom Puniet). Ciudad de Dios: Jesús, en Mateo 5, 35, la llama la ciudad del gran Rey (cf. Salmo 47, 2-3). Lesètre dice a este respecto que, según Baruc 5, 2. “Dios pondrá la mitra de honor sobre la Jerusalén restaurada” (cf. Salmo 68, 36). Cosas gloriosas: ‘Las que a continuación se dicen de ser Sión la metrópoli espiritual de todos los pueblos’ (Prado). Un “selah” (repetido en el versículo 6) subraya la profundidad y trascendencia de estas palabras misteriosas.
4. “El salmista cede la palabra a Yahvé para dejarle pronunciar una profecía que tiene su paralelo en Isaías 2, 2 s. y 11, 10” (Ubach). Véase esos pasajes con sus notas y variantes según el hebreo. Por Rahab aquí se entiende Egipto, como en Isaías 30, 7 (texto hebreo). En el fondo esto no contradice a los muchos autores que ven en Rahab a la ramera que reconoció a Dios (Josías 2, 9 ss.) y fue salvada (Josías 6, 17 y 25); cuya fe elogia San Pablo (Hebreos 11, 31) y a quien Jesús comprende en su profecía contra la Sinagoga (Mateo 21, 31), pues hasta los pueblos más adversos a Israel vendrán a Sión para adorar a Dios (Mateo 8, 11). Filistea, etc., es decir, las naciones de todos los rumbos no sólo vendrán a Jerusalén (Isaías 49, 12; 60, 5), sino que la tendrán por patria suya.
5 s. Calès, refutando a algunos que ‘exorcizan como pueden el espectro desagradable del profetismo mesiánico’, dice que ‘tenemos aquí un oráculo de la conversión universal de las naciones a Yahvé como en Isaías 2, 2-4 y en tantos otros pasajes de los profetas, paralelos o análogos. Los nombres propios citados por el salmista lo son a título de ejemplos. Y más adelante es cuestión simplemente de “registro de los pueblos”. Y Sión es aquí ante todo la Sión literal, metrópoli del reino davídico. Pero su concepto no se detiene allí, sino que se baña en la luz lejana y misteriosa de las esperanzas mesiánicas’. Sobre estos nuevos hijos de Sión, cf. Isaías 49, 21. En el versículo 6 Yahvé es representado ‘como llevando personalmente los registros, anotando uno por uno’ (Prado).
7. Todas mis fuentes están en Ti: Tal sería, según varios autores, el título de la danza festiva, cuyo sentido parece ser la alabanza de Sión como centro espiritual de todos los pueblos (cf. Isaías 59, 19 ss. citado en Romanos 11, 26; Isaías 60, 10-22, etc.). Otros entre ellos Vaccari, prefieren conservar la lección de los LXX según la cual estarán llenos de gozo cuantos moren allí.
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SALMO 88 (87)
1. Sobre “Mahalat”, véase Salmo 52, 1 y nota. Hemán era cantor y levita (I Paralipómenos 6, 16-23). Ezrahita: hijo de Ezrah. Aparece en este Salmo un afligido que canta el misterio del dolor llevado al sumo extremo. Pero no desespera porque su corazón descansa en Dios y su confianza inquebrantable, arguye ante el divino Padre con esa porfía sin límites que tanto nos inculcó Jesús y que parecería inconveniente a los que ignorasen la parábola del amigo importuno (Lucas 11, 5 ss.), de la viuda y el juez inicuo (Lucas 18, 1 ss.) y tantas otras lecciones que a millares nos dan las páginas sagradas. Como los Salmos 16, 17, 22, 27, 30, 34, 53, 55, 56, 70, 76, 90, 93, 139, etc. (además de los Salmos penitenciales y de los mesiánicos), es éste un verdadero tesoro para hallar consuelo en la oración.
2. Entre las discutidas variantes del Texto Masorético conservamos el claro y hermoso sentido de los LXX y de la Vulgata que concuerda muy bien con todo el contexto.
6. Como los muertos: Por amados que hayan sido, los dejamos solos en la sepultura pues nada podríamos hacer con sus cuerpos. Por la misma razón éstos ya no son para Yahvé objeto de especial providencia como lo eran cuando vivían (I Pedro 5, 7). Cf. versículo 11.
8. Estos sentimientos y filiales quejas se parecen mucho a los de Job, que la Iglesia ha elegido para el Oficio de Difuntos y que son instrumento riquísimo de verdadera piedad. Véase Job 7, 16-21; 10, 1-12; 13, 22-28; 14, 1-6 y 13-16; 17, 1-3 y 11-15; 19, 29-27; 10, 18-22. Respecto del sentido mesiánico véase Salmo 68, 5 y nota.
9. El alejamiento de los que se decían nuestros amigos es una desilusión infaltable para el que sufre la adversidad y para el verdadero seguidor de Cristo. Véase versículo 19: Salmo 68. 9 y nota; el Kempis libro II, capítulo 9: “La privación de todo consuelo”.
11 ss. Para los muertos: ¿Acaso las reservarías para ellos (cf. versículo 6 y nota) y no para nosotros que tanto te necesitamos? Se levantan: En presente. En futuro no podría decirse esto, pues sabemos que resucitarán (I Corintios 15, 23 y 51 ss.; I Tesalonicenses 4, 13 ss.) y así también lo esperaban los antiguos justos para la venida del Mesías (Salmos 15, 9 s., 26, 13; Job 19, 25 ss.). Entretanto el Scheol era para ellos el oscuro destino de los muertos (cf. Salmos 6, 6; 113 b, 17 y notas) y no contemplaban la propia glorificación de cada uno sino como obra del Cristo venidero, siendo esto lo que les hacía suspirar por su advenimiento. Igual cosa se nos inculca en el Nuevo Testamento, donde se habla constantemente no de la muerte de cada uno sino de la Parusía del Señor (cf. Marcos 13, 33 ss.; Lucas 17, 28-36; Romanos 8, 23; Filipenses 3, 20 s.; I Tesalonicenses 5, 1-4; I Pedro 1, 7; 5, 4; II Pedro 3, 12; Apocalipsis 22, 12, etc.), donde aparecerá nuestra gloria definitiva, y no ya del alma sola, sino también del cuerpo (cf. II Corintios 5, 3-10; Apocalipsis 6, 9 ss., y notas); no ya individual, sino con toda la Iglesia, que se unirá a Jesús como el cuerpo a la Cabeza en las Bodas del Cordero (Apocalipsis 19, 6 9), para ver finalmente glorificado sobre la tierra a Aquel que en su primera venida no tuvo sino dolores para conquistarnos esa gloria. Tal ha de ser el ansia de la Iglesia que somos todos nosotros, como la novia —así la llama el Apocalipsis— que anhela sus nupcias (Apocalipsis 22, 17 y 20; Cantar de los Cantares 8, 14 y notas).
14 ss. Yo en cambio, es decir: no soy mudo como esos muertos sino que día y noche te estoy rogando (versículo 1). ¿Cómo, pues, no me escuchas (versículo 15) si estoy tan necesitado? (versículo 16 ss.). Así concluye el Salmo, siendo tal vez el único en que no se deja entrever al final el consuelo de haber sido ya escuchada la oración. Esto, que lo hace aún más precioso como ejercicio espiritual de nuestra fe, es sin duda lo que ha hecho colocar este Salmo en el Oficio de los dolores de María el viernes de Pasión, porque Ella, como Abrahán, sufrió ante todo y más que nadie la prueba de su fe al ver que las promesas gloriosas del Ángel (Lucas 1, 32 s.), lejos de realizarse ya entonces (Lucas 1, 54 s.), terminaban al pie de la Cruz. Cf. Juan 19, 25 ss. y nota.
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SALMO 89 (88)
1 ss. Varias veces figura el nombre de Etán, como el de Asaf, entre los levitas cantores del Templo constituidos por David (I Paralipómenos 6, 31 ss.), lo mismo que Hemán, quien figura como autor del Salmo anterior. En el presente, que empieza con un himno (1-19), el contenido central es profético (20-38), terminando en forma elegíaca que suspira por la decadencia actual del pueblo que recibió tales promesas. ‘El punto especial sobre el cual quiere insistir el salmista es la alianza, garantizada por un solemne juramento, que Yahvé contrajo con la dinastía davídica: esta dinastía debe guardar el trono para siempre’ (Calès). Aunque no es un Salmo precisamente sapiencial es llamado Maskil, debido quizá por las enseñanzas que contiene de historia y profecía.
2. Es el anhelo supremo del alma que cree en el amor paternal de Dios y ansía que todos lo vean. Es el lema de Santa Teresa de Lisieux. Cf. Salmo 49, 14 y nota.
3. Sobre misericordia y fidelidad véase versículo 15; Salmo 116, 2 y notas. Afirmaste: se refiere a la solemne promesa que sigue en el versículo 4 s.
5. He aquí el tema principal de este Salmo como del Salmo 131 (véase allí las notas): la promesa de la realeza eterna de David, que se lee en II Reyes 7, 10-16. Es de notar que el mismo Rey Profeta creyó entonces que esa promesa se cumpliría ininterrumpida y eternamente desde Salomón. Así lo dice en su sublime plegaria (II Reyes 7, 24-29) y lo repite en su último cántico (II Reyes 23, 5). Pero la promesa hecha después a Salomón llevaba una condición (III Reyes 6, 11-13; 9, 4-9) que fue violada (III Reyes 11, 11). Así lo confirma el profeta Ahías en III Reyes 11, 29-39 y el mismo David en su lecho de muerte (III Reyes 2, 3 s.). Véase versículo 31 ss. y nota. Tratase, pues, de un Salmo mesiánico porque la promesa hecha a David se cumplirá en Jesucristo (Lucas 1, 32; Isaías 9, 7; 22, 22; 55, 3; Daniel 7, 14; 7, 27; Miqueas 4, 7, etc.; cf. Salmo 44, 7 y nota).
7 ss. Los hijos de Dios: Son aquí los ángeles en sentido lato, como se ve por el contexto (cf. Job 1, 6; 38, 7). El salmista quiere destacar la absoluta e infinita superioridad y omnímoda autoridad de Dios sobre todos los seres creados, por elevados que estén (cf. Daniel 4, 14 y 10, 13 y notas). Lo mismo hace San Pablo en Hebreos 1, 4-14, no ya con respecto al Padre sino al Verbo encarnado, Jesús.
9. ¿Quién como Tú? (cf. Salmo 76, 14). Es el grito de guerra que da nombre al Arcángel Miguel: ¿Quién como Dios? (hebreo: Mi-ca-Él). Cf. Daniel 10, 13 y 21; 12, 1; Judas 9; Apocalipsis 12, 7 ss. Yah: forma abreviada de Yahvé: el Ser por excelencia (cf. Éxodo 3, 14 y nota). Es decir que su Nombre es sinónimo de la verdad (Juan 17, 17), esencialmente opuesto a lo que no es, la mentira. De ahí que esté como circundado por su fidelidad. Cf. versículo 15.
10. Cf. Job 38, 11.
11. Rahab, monstruo en que se personifica la soberbia y rebelión (en hebreo significa excitado, conmovido); las aguas que al principio cubrían la tierra (Génesis 1, 2, 6-9) se representan aquí en poética personificación como enemigos con quienes Dios lucha (cf. versículo 10; Salmo 73, 13; Job 9, 13; 26, 12; Isaías 51. 9s.). Así lo explica, p, ej., Bover-Cantera. Según otros, Rahab es Egipto (cf. Salmo 86, 4) (Salterio Romano). Calès opina que aquí también puede ser Egipto si por los enemigos dispersos se alude a las naciones gentiles.
12. Es frecuente en ambos Testamentos esta forma de alabar a Dios mediante un acto de fe en Él como Creador y Señor de todo (cf. Hechos 4, 24).
13. ‘En la Transfiguración, el Tabor y el Hermón se estremecieron a la vista de la gloria de Cristo’ (Calès). Por eso sin duda el Salmo se dice en esa fiesta.
15. ¿Quién es el rey de la tierra que puede atribuirse semejante elogio? La bondad misericordiosa (hésed) y la fidelidad (emunáh), con que nos conserva su amor y nos cumple sus promesas, están siete veces repetidas en este Salmo y son los dos títulos de gloria que más invoca Dios en las Escrituras. ¿Puede haber mayor motivo de felicidad y de confianza para nosotros? Cf. Números 23, 19; Salmo 99, 5, etc.
16 ss. En este pasaje (versículos 16-19) en que es muy discutido el Texto Masorético, nos parece más claro el sentido de los LXX que, como la Vulgata, usa los verbos en futuro (así también Vaccari), ya que el triste estado actual de Israel que lamenta el salmista (versículos 39 ss.) no permite suponer esta alegría como presente, sino más bien como preámbulo a los gloriosos anuncios proféticos que siguen (versículos 20 ss.). “El alegre llamado” podría ser el de Salmo 97, 6 (cf. Salmo 109, 3 y nota). Sobre la alegría en la Nueva Alianza, véase Salmo 150, 5 s.; Isaías 66, 10; Juan 17, 13, etc.; Filipenses 4, 4; Romanos 14, 17; I Pedro 1, 8.
18. Por favor tuyo: Lo único que no hay que quitar a Dios es el honor: la gloria de ser el solo excelente, y bueno y generoso y sabio (Isaías 42, 8; 48, 11; Romanos 16, 27; I Timoteo 1, 17; Judit 24). Todo lo demás nos lo da Él. hasta la felicidad eterna y su propio Hijo (Juan 3, 16) en quien Él tiene puesta su complacencia (Mateo 17, 5). Por eso Jesús niega que pueda tener fe el que busca su propia gloria (Juan 5, 44), y llama lobos rapaces a los falsos profetas, porque es un robo el apropiarse de una parte de gloria y alabanza, por mínima que sea, ya que toda ella pertenece exclusivamente a su Padre. En esto consiste principalmente el abismo que separa el Evangelio y el mundo. Este mira como virtud y suele llamar noble altivez lo que para Dios no es más que soberbia. Afirmar la propia personalidad es el consejo que daba Séneca, Volverse niño negándose a sí mismo, en la propia personalidad es, como sabemos, lo esencial en el discípulo de Jesucristo (cf. I Corintios 1, 29). pues los niños serán los primeros en el Reino, y los que no sean como ellos no entrarán (Mateo 18, 1 ss.).
20. En los versículos siguientes el salmista se refiere al vaticinio del profeta Natán acerca de la perpetuidad del reino de David (II Reyes 7, 8-16). El “héroe” que recibe la corona es, como veremos, David (versículo 21), el cual es asimismo figura de Cristo. Cf. Bar. 5, 2; Ezequiel 37, 24-25.
21. He descubierto: Notable expresión, como diciendo: he hecho un hallazgo, que estaba escondido en su insignificancia (cf. I Reyes 13, 14; 16, 1-13). En Hechos 13, 22 se cita este versículo haciendo de David, no obstante su pecado de II Reyes 11, un elogio insuperable, que se confirma en III Reyes 11, 34; Eclesiástico 47, 9, etc. y se explica en Hechos 7, 46. David, como María Santísima, halló gracia ante Dios (Lucas 1, 30), es decir, le fueron agradables, porque ambos eran pequeños (Proverbios 9, 4 ss.).
27. Tú eres mi Padre: ‘Apelación que responde a aquella por la cual Yahvé ha dicho a su Ungido: Tú eres mi Hijo, en el Salmo 2, 7’ (Desnoyers). Cf. versículo 28 y 37; Salmo 109, 3 ss.
28. Primogénito. Así llama San Pablo a Jesús (Romanos 8, 29; Colosenses 1, 15-18).
31 ss. En II Reyes 7, 14 ss. se explica cómo la profecía pasa aquí del Hijo de David (Cristo), objeto de la promesa infalible y sin término, al hijo inmediato de David (Salomón), en quien la promesa fue condicional (versículos 3-5), y a sus descendientes, cuyas faltas no impedirán el cumplimiento de la promesa hecha a David (versículos 35 ss.).
37 s. Por tercera vez repite Dios la solemne promesa (cf. versículo 4s.; 20ss.). Como el sol, etc. Cf. Salmo 71, 5; Jeremías 30, 20 ss., etc. Es la misma promesa de II Reyes 7, 16. Testigo fiel en el cielo. Texto inseguro. Si consideramos la frase en sus diversos aspectos, el testigo sería, según algunos, el propio Dios que garantizaría su promesa. Otros piensan en la misma luna; otros, en el arco iris de la alianza con Noé (Génesis 9, 13 s.). Varios modernos proponen otra lección que significaría más bien: estable para siempre como las alturas de los cielos. La nota musical “selah”, en el original, acentúa la importancia de todo este pasaje.
39 s. Desde aquí hasta el versículo 52 se desarrolla el cuadro de la realidad triste y oscura; están derrotados el ejército y el poder del ungido, es decir, del rey. Se cumplen las sanciones anunciadas en los versículos 31 y sigs.
47. ¿Te esconderás para siempre? Es el lamento cien veces repetido de Israel durante su larga prueba. Cf. Salmo 76, 8; 78, 5; 84, 6. Según Isaías esto se vincula con la ceguera del pueblo de Dios. Cf. Isaías 6, 9-13 y nota a este último.
48. Lo que es la vida: El nuevo Salterio Romano dice: Cuan breve es mi vida. Según algunos, habría de entenderse de la vida del salmista o de la del rey, que es de edad avanzada y está ansioso por ver el cumplimiento de las promesas del Señor (cf. Números 23, 23; Tobías 13. 20; Salmo 101, 24 s.); pero, conforme al contexto (cf. versículo 49), parece evidente que tiene un alcance general, como lo observa Fillion, y se refiere a todo Israel en el sentido de que, siendo tan frágil la vida humana, y tan dura la que lleva el pueblo de Dios según los versículos 39 ss. (cf. Salmo 79, 13 s.), no sólo el rey sino todos caerían en las garras del scheol (versículo 49) y jamás podrían cumplirse entonces las esplendorosas promesas davídicas (versículo 50).Y esto es tanto más real cuanto que los israelitas están como ovejas condenadas al matadero (Salmos 43, 22; 78, 11; 101, 21 ss.) y los gentiles se han propuesto borrar su nombre de la tierra (Salmo 73, 8; 82, 5). En tal caso ¿para qué habría Dios creado a los hombres si el pueblo escogido había de perecer de esa manera? Este es el sentido del segundo hemistiquio según los LXX y la Vulgata, que conservamos como Ubach y otros. Las versiones del Texto Masorético, diversamente entendidas, insistirían sobre la fugacidad de la vida: “acuérdate de qué ‘nada’ hiciste a los hombres” (Fillion), aludiendo a que Adán fue hecho de barro. Pero no es menos cierto que fue hecho inmortal, a pesar del barro, por lo cual no parece viable tal lección ni la que dice que Dios creó a los hombres caducos, pues no fue Él quien hizo la muerte (cf. Sabiduría 2, 23-24 y notas). Algunos piensan que los versículos 48-49 son transportados del Salmo 89, sea como texto o nota marginal.
49. Como se ha visto en la nota anterior, no podría suponerse en este versículo una afirmación doctrinaria o universal sobre la mortalidad de todo hombre, que estaría aquí fuera de lugar. Por lo demás es natural que el salmista no conociera (cf. Salmo 87, 11 y nota) el misterio que San Pablo explica en I Corintios 15, 51 ss. (texto griego), según el cual hoy sabemos que los que vivamos en el momento de la segunda venida de Cristo, “seremos arrebatados… en nubes hacia el aire al encuentro del Señor” (I Tesalonicenses 4, 17).
51 s. Pide el castigo de las naciones que humillan a Israel a causa de la decadencia a que Dios lo abandona. Véase Joel 3; Judit 16, 20; Isaías 4, 11; 49, 25 s.; Ezequiel 38, 16 ss.; II Macabeos 6, 14; Sofonías 3, 8; Deuteronomio 32, 35, etc.
53. Doxología que termina el libro tercero de los Salmos.
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SALMO 90 (89)
1. En este Salmo, que encabeza el libro cuarto del Salterio (Salmos 89-105), se medita saludablemente la fugacidad y caducidad de nuestra vida (cf. Salmo 88, 48-49 y notas), lo que nos mueve a reconocer nuestra nada y entregarnos con la confianza de un niño a la amorosa sabiduría de nuestro Padre celestial que se digna tomar a su cargo nuestros pasos. Su afinidad con el grandioso cántico de Deuteronomio 32 es innegable. Aunque algunos lo han dudado, Fillion sostiene ampliamente que el Salmo pertenece a Moisés, “el varón de Dios” (Deuteronomio 33, 1). Tan venerable origen, confirmado por “el color antiguo del estilo”, rodea de un encanto especial a este bellísimo tesoro de piedad que “bastaría para hacer bendecir la memoria y la religión de Moisés” (Herder). Tú eres: Según los mejores autores, las palabras nuestro refugio, que algunos conservan, son sin duda una glosa que perturba el ritmo y también el sentido, pues aquí sólo se trata de Dios (cf. versículo 2 y nota).
2. En contraste con la inestabilidad del hombre (versículo 3 ss.), cuyas generaciones son —ya lo decía Homero— como las de las hojas, se nos muestra aquí la estabilidad del Eterno, que era antes que los montes, etcétera. Ahora sabemos que, así como el Padre era eternamente —“Principio sin principio”— así también “en el principio el Verbo era” (Juan 1, 1). “Principio principiado”, no hecho pero sí engendrado, el Hijo debe al Padre todo su Ser, pero es tan eterno como el Padre, pues Él lo engendra también “desde la eternidad y hasta la eternidad”, como un espejo perfectísimo de Sí mismo (Hebreos 1, 1-3; Sabiduría 7, 26). Por eso la Sabiduría, que es el Hijo, puede decir como aquí de su propia eternidad: “El Señor me tuvo consigo al principio de sus obras.” Véase este admirable pasaje en Proverbios 8, 22-36 y notas.
3. Véase en Génesis 3, 19 esta sanción que Dios se vio obligado a imponer al primer hombre (cf. Romanos 5, 12; Sabiduría 2, 24 y nota) y que la Iglesia nos recuerda el Miércoles de Ceniza. Adán significa hombre, y de ahí que algunos traduzcan: “hijos de hombres”.
4. San Pedro cita este versículo en II Pedro 3, 7 s. La Sagrada Escritura usa con frecuencia el concepto de día con un sentido especial. Cf. Isaías 13, 9; 34, 8; 61, 2; 63, 4; Sofonías. 1, 15 (de donde se tomó el primer verso del Dies Irae); Apocalipsis 20, 4-6, etc.
5. Este versículo reza en la versión de Bover-Cantera: Son a modo de sueño, que cuando quiere amanecer disipas; cual verdeante hierba. Es un pasaje oscuro, vertido diversamente, pero que expresa sin duda, como todo el contexto, este concepto de la fugacidad de nuestra vida. Véase las incomparables figuras que nos da sobre esto el libro de la Sabiduría (5, 9-13).
7. Como anota Fillion, habla aquí Israel, el mismo pueblo en cuyo favor se ora en los versículos 13 ss.
9. Como un suspiro: LXX y Vulgata dicen: como una tela de araña, figura frecuente en la Biblia (cf. Job 8, 14; Isaías 59, 5; Oseas 8, 6). Fray Luis de Granada, comentándolo en ese sentido, dice: “Los días de nuestra vida los gastamos como las arañas, porque así como este animal trabaja noche y día… y todo este trabajo tan largo y tan costoso no se ordena a más que hacer una red muy delicada para cazar moscas, así el hombre miserable ninguna cosa hace sino trabajar día y noche con espíritu y cuerpo, y todo este trabajo no sirve más que para cazar moscas que son cosas de aire y de muy poco valor.”
10. Nos volamos: Así, literalmente (cf. I Corintios 7, 31 y nota). Notemos el decrecimiento de la longevidad: en Génesis 5 la vida se cuenta casi por siglos, hasta la edad de Adán (930 años) y de Matusalén (969). Desde el diluvio la redujo Dios a 120 años (Génesis 6, 3). En tiempo de David ya se consideraba muy anciano a uno de 80 años (cf. Salmo 88, 48 s. y nota). Véase también sobre la duración de la vida, Eclesiástico 18, 8; cf. Isaías 65, 20.
12. Para pedir esta sabiduría del corazón (cf. Salmo 50, 12; Sabiduría 1, 5 notas), que es el mayor de los bienes (Proverbios 8, 11) y con la cual nos vienen todos los demás (Sabiduría 7, 11), véase la oración de Salomón (III Reyes 3, 5-13) y la exhortación de Jesús, hijo de Sirac (Eclesiástico 41, 18-38). Nada es más fácil que obtenerla: basta desearla de corazón (Sabiduría 6, 12 ss.) Enséñanos a contar nuestros días, esto es, a conocer, para no apegarnos, su fugacidad, en la cual muy difícilmente llegamos a creer. Cf. Salmo 38, 5.
15. Alégranos, etc.: Aunque tiene aquí un matiz distinto de la Vulgata (que dice: nos alegraremos, etcétera), este hermoso concepto filial, que muestra la humillación y la prueba como lección saludable de la cual luego nos alegramos, es muy propio de la Biblia (Salmo 118, 71 y 75; Daniel 9, 8, etc.). Sería ideal para escribirlo en las plazas públicas de todos los países azotados por la guerra, como un acto de contrición colectiva (cf. Lamentaciones 3, 42 y nota). Pero bien sabemos que el mundo no sigue esos caminos. Los pueblos, después del dolor, tienen más sed de “pan y circo” y el orgullo herido se aumenta con el azote; y se hace entonces más culpable, como el pobre que es soberbio (cf. Eclesiástico 25,4 y nota). Esto, que la historia nos muestra, lo confirman las profecías. Cf. Apocalipsis 9, 21; 16, 9 y 11 y notas.
17. Conduce Tú: Véase la terminante afirmación de Jeremías 10, 23 y la indignación de Dios en Isaías 23, 9-12 contra los que han obrado con mucha actividad pero sin tomarlo en cuenta a Él. Estas palabras de Dios aumentarán nuestra fe y nos librarán de ese funesto concepto de un Dios pasivo, que es el mayor desprecio, tanto para su celosísima Providencia (cf. Mateo 6, 33), cuanto para su Sabiduría y Santidad que Él nos presenta siempre como la única fuente de todo bien (cf. Juan 15, 5 y nota). ¡Cuántas veces, en los trabajos temporales y aun en los que pretenden ser apostólicos, obramos tan ensimismados en nuestro propio modo de ver, como si ese Dios a quien visitamos por la mañana en el templo hubiese dejado de existir hasta el día siguiente! Cf. Salmo 85, 1 y nota; 126, 1 ss.; Mateo 5, 36; 10. 30; Hechos 17, 28; Romanos 9, 16; I Corintios 3, 6 s.; Filipenses 2, 13; Isaías 26, 12; etc. El final que va entre corchetes no está en los LXX (Codex B) y algunos autores lo suprimen.
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SALMO 91 (90)
1 ss. Es este Salmo “el himno triunfal de la confianza en Dios” (Vaccari). Su tema es la protección que Dios otorga a los que tienen puesta en Él su esperanza (véase Salmo 32, 22). La Iglesia lo pone en las Completas del Domingo. El Salterio Romano usa, como Vaccari, el vocativo: Tú, que te abrigas, en concordancia con el versículo 3. Muchos otros (Rembold, Calès, Crampón, Ubach, etc.) mantienen como LXX y Vulgata la tercera persona: El que se acoge... descansará. En realidad el hebreo no tiene ni una ni otra forma sino que empieza refiriéndose (como si fuese un título) al que se aloja en lo secreto del Altísimo como para pasar la noche en la tienda del Omnipotente (Schaddai, como en Salmo 67, 15), y luego sigue en primera persona: Digo a Yahvé, etc. De ahí que algunos propongan para todo la primera persona: Habitando… digo, etc.
4. Lo que aquí se dice del Padre celestial lo dice también Jesús de sí mismo en Mateo 23, 27. Su fidelidad: La enseñanza sobre esa lealtad de Dios, indefectible y protectora (cf. Salmos 24, 10; 88, 15 y nota), es aplicable también a la verdad de Dios, la cual nos defiende como un escudo (así la versión de los LXX), tanto de nosotros mismos cuanto de Satanás y del mundo, contra las tremendas seducciones del error. Cf. Salmos 26, 1; 111, 7; Proverbios 3, 3; 20, 28 y Juan 8, 32; 14, 6; 17, 3 y 17; Efesios 4, 14; II Tesalonicenses 2, 10 y notas.
5 s. Es decir que para él tanto da el que los enemigos sean visibles u ocultos.
7. Lo que Dios nos ofrece aquí es, como podemos observar, un verdadero privilegio, de ésos que Él se complace en prodigar a sus amigos íntimos (cf. Salmo 24, 14; Éxodo 35, 31; Mateo 6, 33; Juan 14, 23, etc.), sin que nadie pueda pedirle cuenta de sus preferencias (Mateo 20, 13; Romanos 9, 15; Santiago 4, 12, etc.).
9. Pues dijiste: Así también Crampón, Calès, Rembold, etc. Es el acto de confianza que se hizo en el versículo 2. Tal es la única condición de tantos beneficios (versículos 1 s. y 14).
11. En Mateo 4, 6 y Lucas 4, 10 el diablo aplica esta promesa al Mesías, pero ella, como se ve por el contexto, es para todos los que confían en Dios (cf. versículos 2, 9 y 14) y contiene la consoladora noticia de los Ángeles de la guarda. Sobre la misión de estos amigos celestiales, véase Hebreos 1, 14; Judit 13, 20; Tobías 8, 3; 12, 12; Lucas 16, 22; Hechos 12, 15; Mateo 18, 10; Génesis 48, 16; Salmo 67, 18 y nota.
13. Jesús hizo a sus discípulos igual anuncio (Marcos 16, 18; Lucas 10, 19), que se cumplió al pie de la letra durante los tiempos apostólicos (cf. Hechos 28, 6; Hebreos 8, 4 y nota), con toda clase de milagros (Hechos 3, 1 ss.; 5, 12-16; 19, 12; 20, 9-12; 28, 6 y 8). La Escritura deja de hablar de ellos y de los carismas visibles desde que San Pablo declara solemnemente el fin de su misión entre los judíos (Hechos 28, 28) y empieza a explayar a los gentiles el “misterio escondido” de la Iglesia (Efesios 3, 9; Colosenses 1, 26). Cf. Filipenses 2, 27; I Timoteo 5, 23; II Timoteo 4, 20, donde el gran apóstol y taumaturgo no hace ya intento alguno de milagro, ni en adelante se menciona en el Nuevo Testamento ningún otro suyo ni de los demás apóstoles.
14. Toma la palabra el mismo Dios para confirmar, como en el versículo 9, que la confianza en Él (y su conocimiento, del cual proviene esa confianza) es lo que nos asegura estos privilegios (cf. Salmos 9, 11; 35, 11; 32, 22). Notemos que conocer a Dios es conocer sus pensamientos, no sólo su existencia. Para lo primero Él nos da su Palabra, donde nos muestra su corazón, su Espíritu, su voluntad, su amor, sus hechos, sus promesas (cf. Salmo 91, 6 y nota). Para lo segundo basta la naturaleza. Cf. versículo 7 y nota.
15. “Cuando te vieres atribulado, dice el Doctor de Hipona, no temas, ni quieras pensar que Dios no está contigo. Ten fe, y Dios estará contigo en aquella hora de prueba… Dormía Cristo en la nave y los hombres estaban a punto de perecer. Si Él parece dormido para ti, es que en tu pecho la fe está dormida; porque Cristo vive en ti por la fe” (Efesios 3, 17).
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SALMO 92 (91)
1. Precioso cántico que convida a alabar a Dios y darle gracias por sus obras (versículos 5-7), no sólo por las cosas creadas (Salmos 8; 103; 148), sino especialmente por la humillación de los malvados (versículos 8-10) y las bendiciones de los justos (versículos 11-16). Sobre la suma excelencia de esa alabanza, véase Salmos 49, 14; 88, 2 y notas.
2. Bueno es: El salmista (probablemente David) quiere expresar que esa alabanza de nuestro Padre celestial no sólo es cosa digna y debida, sino que también es una felicidad para el alma. Cf. Salmo 113 b, 2 y nota.
3. Al alba... y por las noches: Esto es, en todo momento: cf. Salmos 5, 5; 118, 147 s. y 164 (según el Talmud este Salmo litúrgico se cantaba por la mañana). La misericordia y la fidelidad son los atributos cuya proclamación más agrada a Dios, según toda la Escritura (Salmos 24, 10; 84, 11; 88, 15; Tobías 3, 2, etc.).
4. Cantar Salmos es entregarse a Dios con toda el alma y servirle con alegría. “Los que hacen el bien con ánimo triste no cantan” (San Agustín).
5. Me gozo en las obras de tus manos: ¡Qué lema para esculpirlo en toda casa de artistas cristianos! “Esta espiritual alegría se recibe, como dice fray Luis de Granada, cuando el hombre, mirando la hermosura de las creaturas, no para en ellas, sino que sube por ellas al conocimiento de la hermosura, bondad y caridad de Dios que tales y tantas cosas creó.” Véase Salmo 103, 1 ss. De ahí, pues, que la contemplación de la naturaleza, y de una manera especial la admiración y gratitud por el crepúsculo que el Creador nos obsequia cada día, y donde sabemos que para nada se ha mezclado la mano del hombre, sea para el divino Padre como una oración (cf. Salmo 8, 2 y nota).
6. Tus pensamientos: Nótese el contraste con los pensamientos nuestros (Salmos 93, 11; 145, 2; 32, 11 y notas). Sobre lo que piensa Dios y sobre los designios de su corazón respecto de nosotros trae la Biblia asombrosas revelaciones (cf. Salmo 90, 14; Sabiduría 17, 1 y notas), que se armonizan todas entre sí como propias de un Padre, cuya esencia es el amor, y culminan en la mayor de todas, la de Juan 3, 16. El que descubre así ese máximo secreto de Dios, su idiosincrasia, por así decir, de Padre “dominado por el amor” (Su Santidad Pío XII) y en consecuencia por la misericordia (Salmo 102, 13 s.) ha encontrado la llave de las Sagradas Escrituras. “El gran misterio del cristianismo es el misterio del Corazón de Dios” (Pío XII).
7 s. No lo reconoce porque es insensato, pues para descubrir al Creador en la naturaleza basta la razón (Denz. 2.145), Cf. Salmos 8 y 18. De ahí el reproche de San Pablo a los incrédulos (Romanos 1, 18 ss.). La fe va más lejos y penetra los pensamientos de Dios, que merecen nuestra atención mucho más que las simples manifestaciones de su poder (I Corintios 2, 10). San Pablo enseña que, así como el hombre insensato no se detiene a contemplar esa otra biblia que es la naturaleza, el hombre puramente natural nunca podrá entender los pensamientos divinos sin la luz sobrenatural de la fe (I Corintios 2, 14, texto griego y nota; cf. Lucas 10, 21). Sobre la vanidad de la ciencia humana, véase Eclesiastés 1. 13 s.; Kempis III, capítulo 43. No entiende esto: Podría referirse a lo que precede o también a lo que sigue en el versículo 8: el misterio del mal triunfante (cf. Salmo 72, 11 s. y nota). Algunos (cf. Ubach), en vez de aunque broten, etc., traducen: Si brotan… y florecen… (es porque) están destinados, etc., con lo cual se ve quizá más intensamente, no sólo que los malvados y sus triunfos de un día son un juguete en el plan de Dios, que sabe sacar de ellos mayor bien para sus amigos, sino también el tremendo destino de los que ya tuvieron aquí abajo “sus bienes”. Cf. Lucas 16, 25 y nota. Los artesanos del crimen (cf. I Macabeos 9, 23 texto griego).
10. La repetición: los enemigos tuyos parece ser un agregado.
11. Mi fuerza: Literalmente mi cuerno. Aceite nuevo: Es decir, fresco, que era el más apreciado. La Vulgata lo tomó en el sentido de un reflorecimiento de juventud en la vejez (cf. versículo 15 y Salmo 70). Otros vierten: óleo purísimo; Nácar-Colunga: verde aceite. En II Reyes 19, 22, David, triunfante de los traidores y repuesto en el trono sobre todo Israel, exclama que ha sido nuevamente ungido.
12. Se alegran: Como quien ya no tiene que temerlos. Páramo vierte: se apacientan. Según otros: miran con desprecio.
13 s. Usados en la Liturgia del Común de Confesores. En contraste con los que pasan como el heno (versículo 8), el justo será como los árboles seculares (cf. Isaías 65, 22) en la casa de Yahvé.
15. Fructificarán Así también traduce San Jerónimo. Cf. versículo 11. Sobre esta prosperidad en la vejez, véase Salmo 70, 9 y nota.
16. La gloria del anciano creyente está en mostrar a sus hijos y a todos, con la austeridad de sus canas, para que nunca pierdan la serenidad y la confianza en Dios, cuán “irreprochable” es la Providencia de Dios, cuyos caminos a veces nos parecen tan oscuros. El anciano ya sabe por experiencia que en el tren de la vida y de la historia, que parece lanzado sin freno en un precipicio, hay un oculto maquinista, Dios, sin el cual nada sucede y que de todo sabe sacar mayor bien para sus amigos (Romanos 8, 28). Y por eso, para el hombre de espíritu, ya no es motivo de escándalo la aparente prosperidad de los impíos. Cf. Salmo 72 y notas.
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SALMO 93 (92)
1. Como observa Vaccari y lo mismo Páramo y otros, este Salmo ‘es el primero de una serie de ocho himnos, hasta el Salmo 99 inclusive, que cantan a Dios como Rey de todo el mundo, y que poniéndose en aquel momento ideal en que Él será reconocido como rey por todos los pueblos, aclaman su subida al trono’. De ahí que ‘la aclamación que empieza por esas palabras vibrantes, va a continuar hasta el Salmo 99: Aclamad al Señor, tierras todas (Dom Puniet). Reina Yahvé: Literalmente sería, como otros vierten: Yahvé se ha hecho Rey, o ha empezado a reinar; muestra el día en que Dios adquiere una cualidad nueva: la de rey, y ‘se adorna con las aparatosas investiduras que suelen éstos llevar en su coronación’ (Bover-Cantera). Con iguales palabras empiezan los Salmos 96 y 98, proféticos y mesiánicos, que ofrecen muchos datos para la interpretación del presente, lo mismo que los Salmos 44, 71 y 109. ‘Los Santos Padres, lo mismo que los rabinos judíos, lo aplicaban generalmente a la época del Mesías’, pues el poema ‘muy rico en pensamientos no obstante su brevedad, y que abre una notable serie de Salmos teocráticos, nos muestra por anticipación al Señor reinando sobre la tierra entera y celebra esa realeza perfecta’ (Fillion). El Salmo se reza hoy en los Laudes del domingo; antiguamente se cantaba, como observa Puniet, en las Vísperas del sábado, conforme al epígrafe que lleva en la Vulgata. Se ha revestido, etc.: Calès señala una relación con Isaías 51, 9 y 52, 7. Cf. Salmo 64, 7. Se ciñe las armas: así también Páramo. Cf. Salmo 44, 4. Da estabilidad, etc.: Véase sobre esto II Pedro 3, 10-13; Isaías 65, 17; 66, 22; Apocalipsis 21, 1.
2. “Se describe su ascensión al trono y el acto de ser reconocido y aclamado por todos los pueblos” (Páramo). Véase Lucas 1, 32; Daniel 7, 14 y 27; Salmo 79, 18; Isaías 9, 7; Apocalipsis 5, 9 s. Fijado está etc.: Así también Desnoyers, Puniet, Ubach, etc., como LXX y Vulgata. El Rey existe desde toda la eternidad como Persona divina. pero no habrá tomado posesión del Reino sino en el tiempo fijado por Dios. Calès hace notar que entre los exégetas antiguos y modernos, son muchos los que lo han aplicado al Reino de Cristo, viéndolo de distinta manera: unos “en su Iglesia militante como triunfadora de los reyes de la tierra, de los rebeldes y de los perseguidores; otros, en la Iglesia triunfante, cuando la justicia y la paz hayan sido adecuada y definitivamente establecidas por el juicio final”. El P. Callan anota que “el salmista aclama la soberanía de Yahvé no sólo sobre Israel sino sobre todo el mundo” y que después de haber sido humillado y cruelmente perseguido, Israel, “ahora el Señor ha intervenido y rescatado a su pueblo de sus acérrimos enemigos”. Cf. Salmo 71, 11 y nota; 2, 6-8; 109, 1-3; Hechos 1, 7; Lucas 19, 11-27; Apocalipsis 11, 15 y 17; 19, 6. La Biblia de Sales, comentando este último texto del Apocalipsis, después de señalar la caída de Babilonia, pone la siguiente nota de Martini: “Según nuestra manera de entender, Dios comienza a reinar y a ejercitar el sempiterno y absoluto imperio que tiene sobre todas las cosas, solamente cuando, ejecutadas sus venganzas y castigados los enemigos, demuestra contra éstos su absoluta potestad no menos que su generosa bondad hacia los elegidos reunidos en su reino por todos los siglos.”
4. Pero, más poderoso, etc.: Así también Vaccari, Páramo, y otros. Cf. s. 97, 7 s.; Hababuc 3, 8-13; Lucas 21, 25.
5. Tus testimonios, etc.: En sentido doctrinal; porque nada es más fiel que la divina Palabra (Salmo 18, 8), justificada en sí misma (ibíd. versículo 10) y que no necesita testimonio de los hombres (Juan 5, 34 ss.). El sentido profético, concorde con el contexto, y confirmado según Gramática en Apocalipsis 19, 9 y 22, 6, indica la fidelidad firmísima de estos anuncios sobre los tiempos en que Dios grabará su Ley en los corazones y todos los conocerán (cf. Jeremías 31, 31-34, citado en Hebreos 8, 8-11 y en 10, 16 s.). La casa de Dios cuya santidad se anuncia es, dice Ubach, el Templo de Jerusalén. Calès se pregunta si se alude al de Salomón o de Zorobabel; pero, como dice Vaccari, se trata de un templo que ya no será violado como lo fueron esos dos, y cuya santidad quedará confirmada para siempre (Isaías 11, 9; 65, 24; Ezequiel 37, 28; 40, 1 y note). Cf. también Apocalipsis 19, 6-9 donde vemos que la esposa del Cordero será santa en todos sus miembros porque se habrá preparado para las Bodas.
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SALMO 94 (93)
1. Veinte opiniones diversas, dice Fillion, se han formado entre los que niegan el origen davídico de este Salmo, que es un recurso a Yahvé contra los inicuos opresores de Israel. Preferimos seguir la indicación de los LXX, que lo atribuyen a David, reconociendo con Teodoreto que es un vaticinio de tiempos futuros, como lo son tantos otros de los Salmos davídicos. En cuanto trata de la fugaz prosperidad de los soberbios y el triunfo final dado por Dios a los humildes y débiles, coincide con los Salmos 36. 48 y 7-2, poniendo especialmente el acento contra los abusos de los que detentan la autoridad (cf. versículo 20).
3 s. Véase Salmos 30, 18; 65, 5 y notas. Cf. Judas, 15.
5. Tu heredad: Israel. Como María en Caná (Juan 2, 3), la oración expone simplemente a Dios la angustia del pueblo, seguro de que su Corazón no necesita más. Cf. versículo 14.
6. El salmista defiende a los débiles, porque ellos son los privilegiados del amor de Dios (Salmos 67, 6; II Macabeos 8, 28; Santiago 1, 27). Cf. las quejas de los profetas en Isaías 1, 23; Jeremías 5, 28; Ezequiel 22, 7; Amós 4, 1, etc.
7. No lo ve: “Tu paciencia, Señor, que les esconde tu justicia, los lleva finalmente a la incredulidad, porque no pueden comprender que Tú veas y no castigues” (Anónimo francés del siglo XVIII). Cf. Salmos 63, 6; 72, 11; Job 22, 13; Eclesiástico 16, 16; Sofonías. 1, 12.
8 ss. Habla a los prepotentes, cegados por el orgullo; mas la admonición puede servir también a las víctimas que desconfían del divino auxilio. Cf. Isaías 66, 9.
10. Vemos aquí que Dios es también juez de las naciones y no sólo de los individuos. Cf. Joel 3, 1 ss. y notas; Mateo 25, 31 s. Las palabras entre paréntesis restablecen, según lo propuesto por varios modernos, el sentido y el paralelismo en este pasaje, muy diversamente vertido.
11. ¡Una cosa vana! Así literalmente. Otros vierten: un soplo (cf. Salmo 91, 6 y nota). San Pablo cita este versículo en la primera Epístola a los Corintios (3, 20), cuyos cuatro primeros capítulos son la más elocuente refutación y condenación que existe de la suficiencia humana, ¡Cuántos libros de pretendidos pensadores y de falsos profetas se habrían podido evitar mediante aquel monumento de doctrina cristiana que nos enseña a hacernos necios para ser sabios! Véase Job 5, 13; Sabiduría 9, 13 s.; Isaías 40, 23; Romanos 1, 22; 3, 4 y 27; Gálatas 1, 12; Salmo 115, 2; Colosenses 2, 8; I Tesalonicenses 5, 21; I Juan 4, 1; Mateo 7, 15 ss.).
12. Tu Ley: Otros vierten: tu enseñanza. Ley está en el sentido lato, como en el Salmo 118, y no se trata solamente de los diez mandamientos, sino de las incalculables lecciones de sabiduría que nos ofrece la Palabra de Dios, Cf. Salmo 118, 99 s.; Eclesiástico 24, 39 y nota. Sobre esta bienaventuranza, que contrasta diametralmente con el versículo anterior, cf. Lucas 11, 28; Apocalipsis 1, 3; Salmo 1, 1 ss. y nota.
13. He aquí la grande y rara sabiduría con que Dios favorece a los que en Él confían: saber esperar sin turbación del ánimo hasta que suene la hora que sólo Él conoce. Cf. Salmo 36, 1 ss.
14 s. Muestra el salmista que Israel no debe desesperar nunca en ese estado de persecución que para él es endémico (Calès), porque cuenta con promesas divinas que no pueden fallar y “los dones y vocación de Dios son inmutables” (Romanos 11, 29). Cf. Deuteronomio 9, 27-29; 30, 1 ss.; Nehemías 1, 8 ss.; Romanos 11, 2, etcétera. En el versículo 15 anuncia una reforma de la vida conforme a las leyes de la justicia divina, con la cual ‘triunfarán los de recto corazón’ (Rembold). Cf. Salmo 71, 12 s. y nota; Isaías 65, 17; 66, 22; II Pedro 3, 13.
16. Claramente se nos enseña aquí que si somos perseguidos injustamente no busquemos consuelo en los hombres, pues no hemos de hallarlo. El segundo hemistiquio condena la cobardía y respeto humano. Cf. Apocalipsis 21, 8; Mateo 13, 21; 11, 6; Juan 16, 1 ss.; Romanos 9, 33; Lucas 9, 26.
17. Esto, contrastando con el versículo anterior, es lo que produce en el ánimo de David ese sentimiento exquisito, tan propio de él y tan envidiable, que él hablando con Dios llama “la alegría de tu salvación” (Salmo 50, 14). Es la alegría del niño, pura y plena, que parecería audaz e insensata en esta vida llena de peligros y que sin embargo no comporta la menor presunción, pues la confianza en que reposa no se funda para nada en suficiencia propia, ni en otros hombres, sino enteramente en ese sostén gratuito y universal que el niño espera de su padre porque sabe que es amado y no porque lo merezca. Por eso David llama a esto alegría “de tu salvación”, porque no podría concebirse sino en quien tiene la felicidad de contar infaliblemente con su salvador (cf. versículo sig. y nota).
18. ¡Doctrina de consuelo incomparable para los pequeños! Apenas me confieso a mí mismo que soy incapaz vuela a socorrerme toda la fuerza del Padre omnipotente (Isaías 66, 2; II Corintios 3, 5). ¡Todo lo contrario del que confía en sí mismo! ¿Qué tratado teórico, sea filosófico o doctrinal, podría compararse a esta enseñanza viva? Cualquiera, aun el más párvulo, y éste mejor que nadie (Lucas 10, 21), puede entender la lección que aquí se enseña de confianza en la realidad sobrenatural que, más que explicaciones técnicas, necesita ser creída simplemente, como un hijo cree a su padre. Tal es el valor educativo de la Palabra de Dios.
19. Véase Salmo 89, 13 y nota. Entre esos consuelos el primero consiste en saber esta doctrina infinitamente consoladora, que es la misma expuesta por San Pablo en II Corintios 1. La “perfecta alegría” que se cuenta de San Francisco (“Florecillas” parte 1, capítulo 7) no consistía en el hecho exterior de que lo recibiesen mal y le negasen hospitalidad en una noche lluviosa. Consistía en el hecho interior de poder conservar el corazón alegre a pesar de cualquier hecho exterior.
20. ¿Acaso serías tú cómplice del impío tribunal que sanciona injusticias en forma legal? ¡Formidable denuncia, aplicable a los jueces prevaricadores de todos los tiempos! Véase los Salmos 57 y 81 especialmente dedicados a ellos. La sede (así también Vaccari) expresa un concepto más amplio que el de tribunal, pues en realidad se extiende a todos los que abusan del poder (cf. Salmo 52 y notas). La imprecación recuerda las de Jesús contra los fariseos, escribas y doctores de la Ley (Mateo 23, 14 ss.; Lucas 11, 39 ss.), que pretendían obrar en nombre de Dios mientras reprobaban y condenaban a su Hijo Jesús. Cf. Salmo 108, 7; I Reyes 14, 32 ss.; Juan 16, 2; III Juan 9 ss.
23. Nada más confortante que esta segura esperanza de la justicia que un día llegará. Cf. Salmos 7, 17 s.; 67, 2; 88, 11; 91, 10, etc.
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SALMO 95 (94)
1. Todo este Salmo es una invitación a alabar al Dios Creador del mundo y de los hombres y Pastor de Israel, que se manifiesta en las obras de sus manos y en la historia de su pueblo. San Jerónimo, en vez de nuestra salvación, traduce: nuestro Jesús, viendo en el Salmo la profecía mesiánica. Sirve de fervorosa introducción al Oficio divino de cada día y está lleno del espíritu del santo Rey Profeta, todo de fe y amor filial. Contiene también, como observa Dom Puniet, una exhortación a permanecer fiel a la Palabra de Dios, o sea a meditar y a recordar a cada hora esa Palabra que abundantemente se lee en el Breviario. Para Yahvé: en dativo (así también la versión en inglés de Benziger). Es una idea delicadísima, la de un hijo que se alegra para su Padre, sabiendo que el corazón paterno gozará con verlo contento. Cf. Salmo 93, 17 y nota; Filipenses 4, 4. Sobre la alabanza véase Salmo 49, 14.
3. Cf. Salmo 95, 5. Ello no obstante, Dios les reprocha a menudo que lo han cambiado por otros dioses (cf. Jeremías 2, 11).
4 ss. En el Breviario actual (aun no reformado con el nuevo Salterio), este Salmo tiene algunas variantes (caso único) conservadas de la antigua versión latina, llamada Salterio romano. En los demás Salmos la Vulgata adoptó la revisión de San Jerónimo (Salterio galicano). La versión misma del Doctor Máximo, empero, hecha “según la verdad hebrea”, no se incorporó al uso litúrgico.
6. Inclinarse y doblar la rodilla son manifestaciones de adoración que corresponden a Dios (Isaías 45, 24) y a su Hijo (Filipenses 2. 10). Cf. Hechos 10, 26 y nota. Jesús las practicó Él mismo, adorando a su Padre hasta postrarse con el rostro en tierra. Cf. la nota a Filipenses 2, 7 s.
7. Las ovejas que Él cuida: Dios se muestra muchas veces como pastor de Israel, y Jesús también se atribuye ese oficio (Éxodo 13, 21; Isaías 63, 11; Salmos 76, 21; 99, 3; Juan 10; Mateo 9, 36; 26, 21; Lucas 12, 32). Ojalá oyerais hoy, ya que no la oísteis antes. Cf. Salmo 77, 1 ss. y nota.
8 ss. San Pablo recuerda nuevamente estas palabras a los hebreos de su tiempo (Hebreos 3, 7-11), y las extiende a la necesidad de oír el Evangelio (Hebreos 2, 3; 12, 25). Meribá y Masá: nombres de dos lugares donde los israelitas murmuraron contra Dios (Éxodo 17, 1-7; Números 20, 1 ss.). Vuestros padres me provocaron: Alude a esa murmuración en el desierto cuando les faltaba el agua. Doloroso reproche contra nuestra continua ingratitud, que puede verse reiterado sin cesar a través del Salmo 77. También Jesús hubo de repetirlo muchas veces (Marcos 8, 17 s.; Juan 12, 37 ss., etc.).
10. Cuarenta años: El tiempo de la peregrinación por el desierto (Números 14, 34).
11. Mi reposo: La tierra de promisión (Números 14, 22). Véase cómo toma este pasaje San Pablo en el capítulo 4 de la Epístola a los Hebreos, refiriéndose al “solemne descanso” prometido al pueblo de Dios, a la manera como Él descansó el séptimo día de la Creación Cf. Salmo 71, 1 y nota.
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SALMO 96 (95)
1. El nuevo Salterio Romano resume así el contenido de este Salmo: ‘El salmista contempla en su mente al Señor viniendo al fin de los tiempos para constituir el reino mesiánico (13). I. Exhorta a todos a que alaben a este gran rey (1-3); II. Porque éste es el solo Dios, lleno de majestad, poder y esplendor (4-6); III. A Él tributen alabanza todos los pueblos, ofrézcanle sacrificios, préstenle adoración, porque Él mismo ha empezado a reinar (7-10); IV. También la naturaleza llénese de exultación porque Dios viene a gobernar la tierra (11-13).’ Salmo de origen davídico, pues figura como tal en I Paralipómenos 16, 23-33, no puede tener relación directa con el cautiverio de Babilonia, aunque quizá fuese adaptado al culto del segundo Templo después del cautiverio babilónico, sin perjuicio de su carácter profético que contempla la plenitud del reino mesiánico. Como los Salmos 96-98, presenta a Israel en un estado de libertad y santidad que no tuvieron al volver de Babilonia las tribus de Judá y Benjamín (Salmo 84, 1 y nota; Esdras 4, 1; capítulo 9 y 10; Nehemías 9, 36; capítulo 13; Isaías 59, 21; Hebreos 8, 8-11; Ezequiel capítulo 40-48). Cántico nuevo (cf. Isaías 42, 10; Salmo 32, 3): “Los cánticos antiguos no son ya suficientes para celebrar esta nueva e inaudita manifestación de Dios como rey de toda la tierra” (Salterio Romano). De ahí el carácter solemne de la introducción, igual a la del Salmo 97 y extensiva a toda la tierra.
3. Aquí y en los versículos 7 ss. vemos la misión apostólica de Israel entre las naciones. Cf. Salmo 64, 2; 65, 8; 66, 3 ss.; 101, 16 s.; 125, 2; Isaías 54, 15; 55, 5; 60, 3; Ezequiel 36, 23; Miqueas 5, 7; etc.
6. Sobre esta gloria y belleza, cf. Salmo 44, 3 ss.; 64, 7; Marcos 13, 26; Lucas 9, 26-32.
8 ss. Los pueblos gentiles acudirán para rendir culto al Dios de Israel. Cf. versículo 3; Salmo 46, 10 y notas. Profecías semejantes se hallan en Isaías 2, 2 ss.; 42, 7 ss.; 60, 6, etc.
9. Véase Salmo 96, 4; Marcos 13, 22.
10. Anunciad, etc.: Este versículo ha sido aplicado por la Liturgia en el Aleluya de las misas del viernes de Pascua y de la Invención de la Santa Cruz (3 de mayo), añadiéndole: reinará sobre el madero, como lo hace también el himno Vexilla Regis de Venancio Fortunato, que atribuye a David la frase, “regnavit a ligno Deus”; por su parte el nuevo Salterio Romano anota: “Reina el Señor (cf. Salmo 92, 1): da firmeza al universo y gobierna a los hombres con justicia.” Véase Salmos 71, 2; 109, 5, etc. Comentando este Salmo en su autorizada edición reciente, el P. Callan se pregunta cuál es la situación que hoy hallamos en el mundo, y si hay algo sobre la tierra que corresponda al cuadro pintado en el Salmo, ya que ‘ante todo debe notarse que el salmista no estaba soñando ni exagerando cuando escribió este poema, sino hablando como mensajero de Dios y declarando realidades por venir’. Después de señalar que las multitudes están lejos de conocer a Cristo, se pregunta si alguna vez será diferente la situación, y concluye que tal renovación parece seguramente remota, pero aun cuando ‘poco se ve que dé esperanza de semejante cambio, él debe finalmente llegar si es conforme al plan divino que la visión del salmista se verifique en esta parte temporal de la era mesiánica’. Y añade ese mismo autor, que entretanto cada uno puede, mediante la imitación de la vida de nuestro Señor Jesucristo, ‘apresurar la venida de ese tiempo bendito en que hombres y naciones, tierra y mar y toda la naturaleza vivirán y se alegrarán en paz y armonía, unidos en un cántico nuevo universal y sin fin, de amor y fraternidad’.
11 ss. En el tiempo mesiánico ¿cómo no daría señales de alegría la naturaleza inanimada, que participa también de la salvación? Cf. Romanos 8, 22; Salmo 71, 3 y notas. Viene para gobernar la tierr”, etc. (versículo 13): ‘A restablecer la justicia y a implantar en el mundo la felicidad de la era mesiánica’ (Páramo). El Santo Padre Pío XII ha citado este Salmo al decir que después de las tribulaciones que en la actualidad sufre la Iglesia, llegará la hora, de santo regocijo, en que el Padre celestial, por medios desconocidos por las mentes o los deseos de los hombres, restaurará la justicia, la calma y la paz entre las naciones. Cf. Salmo 97, 9.
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SALMO 97 (96)
1. El título que tiene en la Vulgata alude a la tierra restaurada y recuerda las promesas de Génesis 13, 14 s.; 15, 18: Ezequiel 20, 40-42; 36, 33-35, etc. San Agustín y otros Padres ven en la tierra restituida la humanidad plenamente redimida por Cristo, el Rey poderoso y justo Juez que ha de venir con gloria y confundirá a los impíos pero alegrará a los suyos (cf. Lucas 21, 28; Romanos 8, 23). “También este Salmo, como el precedente, trata del advenimiento del reino de Dios. I. En una magnífica teofanía aparece el Señor para el juicio (1-8); II. Confunde a los cultores de ídolos y salva de sus enemigos a los justos, dándoles luz y alegría (7-12)” (Salterio Romano). El carácter mesiánico de este Salmo está declarado por San Pablo (cf. versículo 7 con Hebreos 1, 6). Reina Yahvé: ‘Con esta fórmula se proclama la realeza divina sobre el mundo en forma parecida a como eran aclamados los reyes en el pueblo hebreo’ (Prado). “La multitud de las islas: hebreo: iyyim, esto es, las costas marítimas, regiones a las cuales tienen acceso las naves; luego, tierras situadas allende el Mar Mediterráneo, ya sean islas o litorales. Cf. Isaías 41, 1-5, etc.” (Salterio Romano). Véase el comienzo de los Salmos 92 y 93.
2 ss. Teofanía que recuerda la aparición del Señor en el Sinaí (Éxodo 19, 16 ss.; 20, 18 ss.). El Salterio Romano la asemeja a la de Salmo 17, 8-16 y Hababuc 3, 3-12. Cf. Salmo 49, 3; I Corintios 3, 13; II Pedro 3; 10, etc.
3. El Dies Irae nos recuerda: “Cuando venga a juzgar el siglo por el fuego” (Cf. Salmo 89, 4 y nota).
5. Véase Miqueas 1, 4; 4, 13; Zacarías 4, 14.
6. Cf. Salmo 49, 6; Isaías 61, 11.
7. Ángeles todos de Dios: El Texto Masorético dice: kol elohim (todos los dioses), pero tanto los LXX como la Vulgata y la Peschitto han traducido “ángeles”; y como bien observa Calès, sería poco natural que el salmista hiciese adorar a Dios por seres que no existen, como son los dioses. San Pablo dice también ángeles según los LXX, al citar e interpretar este versículo, aplicándolo al triunfo de Jesús en su segunda venida, cuando el Padre “introduzca de nuevo a su Primogénito en el mundo” (Hebreos 1, 6). También lo ha considerado así la liturgia, que con los versículos 7, 8 y 1 de este Salmo ha formado el célebre Introito que se repite en la Misa los seis domingos después de Epifanía. Así, pues, hemos mantenido el texto como lo hace San Pablo, es decir, poniéndolo en boca del mismo Padre celestial como una orden dada a los ángeles, y que al oírla Sión (versículo 8 y nota), la llenará de gozo. Es interesante observar que, según los LXX, este texto figura también cuando se anuncia la sangrienta venganza del Señor en el Cántico de Moisés (Deuteronomio 32, 43), que luego vemos mencionado en Apocalipsis 15, 3 cuando aparecen las siete plagas finales de la ira de Dios. El nuevo Salterio Romano, comentando ese pasaje del Cántico de Moisés, dice que ‘predica el triunfo del pueblo de Israel que ciertamente será castigado por un tiempo, pero que enmendado y purgado por el Señor será protegido y librado.’
8. El triunfo del Señor será también triunfo y gloria de Israel y de su Santuario en Sión (Páramo). Cf. Salmos 47, 12; 86, 4 y nota; Lucas 2, 32. “Las ciudades de Judá literalmente: las hijas de Judá, hebraísmo para significar otras poblaciones y lugares de la región” (Salterio Romano).
10. “Si amas a Cristo debes aborrecer lo que Él aborrece” (San Agustín).
11 ss. Cuadro típico de la felicidad del tiempo mesiánico.
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SALMO 98 (97)
1. “I. El salmista se inicia con la magnífica victoria que Dios, sin ayuda de ningún poder humano, ha obtenido en favor de su pueblo (1-3); II. Exhorta a todos los pueblos al regocijo (4-6); III. Aun la naturaleza muestra también su exultación por el justo juez que viene (7-9). Este Salmo tiene gran semejanza con el Salmo 95 (96); los versículos 7 y 9 son casi los mismos. Como allí, también aquí se trata del reino mesiánico” (Salterio Romano). Dios mismo, fiel a sus promesas, ha obrado la salvación (cf. Isaías 52, 7-10; 59, 16-21: Hebreos 8, 9-11). El pretérito es profético, viendo el salmista los hechos venideros como pasados. Tanto los Santos Padres como la Liturgia coinciden en afirmar el carácter profético de este Salmo, cuyos vaticinios se habrán de cumplir en Jesucristo. La victoria: “Sería difícil encontrar en la historia israelita un hecho al que pudieran convenir las palabras del salmista. Ni siquiera el retorno del destierro babilónico ofrece base suficiente para fundamentar la grandiosidad de los efectos atribuidos a la intervención divina en favor de su pueblo. Lo más probable es que se trata de la inauguración ideal de la era mesiánica, presentada por los profetas como una victoria de Dios y del pueblo de Israel sobre los gentiles” (Prado).
3. Véase las palabras de la Virgen María en Lucas 1, 54 s.
4 ss. Cf. Salmos 95, 1 y 2; 67, 26 ss. y nota. Es la apoteosis del Rey Mesías que sube al trono entre los sonidos de todos los instrumentos de música (v. 5 s.) y de toda la naturaleza (versículo 7 s.).
7 s. Cf. Salmo 95, 11-13; Lucas 21, 25.
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SALMO 99 (98)
1. “También este Salmo trata del reino de Dios, contemplando. especialmente la santidad del Señor, manifestada en su reino. Esta santidad resalta en el epifonema de los versículos 3, 5 y 9, por el cual se divide el Salmo en tres estrofas desiguales: I. Se afirma el reino, sobre todos los pueblos, del Señor que está presente en el Templo, sentado sobre- los querubines (1-3); II. Propia de su reino es la justicia, que ejerce en el pueblo de Israel (4); III. Otra virtud de su reino es la gracia con que habló a Moisés, Aarón y Samuel, a quienes había sido propicio aun cuando los castigo en su desobediencia (6-8). En el epifonema de los versículos 5 y 9, el pueblo es exhortado a prosternase ante el Señor presente sobre el arca” (Salterio Romano). El vate ve destruidas todas las naciones amotinadas contra el Señor (Salmos 2, 2; 47, 5; 109, 5 s.; II Tesalonicenses 2, 8; Apocalipsis 16, 14 ss.; 17, 14; 19, 19), que tiene su trono en Sión (Salmo 64, 2) y mira proféticamente hacia Cristo. Rey y Señor de los tiempos futuros. “Diferenciase este Salmo de los anteriores en que al celebrar a Cristo-Rey llama la atención no sobre la alegría, sino sobre el terror que ha de experimentar la tierra en el advenimiento de su reinado” (Bover-Cantera). Se conmueve la tierra: Cf. Salmos 95, 9; 96, 4; Apocalipsis 6, 12; 16, 17 s. Sobre los querubines: Cf. Salmo 79, 2; Éxodo 25, 22; I Reyes 4, 4; II Reyes 6, 2.
4. Sobre esta justicia véase Salmo 71, 2 y nota.
5. Escabel de sus pies: El arca santa. Cf. I Paralipómenos 28, 2; Salmo 131, 7. Varias veces se da ese nombre también a toda la tierra (Isaías 66, 1; Hechos 7, 49), y así lo dice Jesús en Mateo 5, 35. Muchas veces en sentido profético se dice esto de los enemigos de Cristo, a quienes el Padre pondrá bajo sus pies (Salmo 109, 1; Mateo 22, 44; Hechos 2, 35; Hebreos 1, 13; I Corintios 15, 25, etc.). Aquí se trata, como lo dicen los versículos 2 y 9, del trono y santuario del gran Rey en Sión (Salmo 64, 2; Ezequiel 43, 7 y notas). Sobre el misterio del Arca, véase Ezequiel 41, 26 y nota.
6. Moisés recibe aquí el rango de sacerdote aunque no lo era. También a David aceptó Dios que le ofreciera holocausto, lo cual era función sacerdotal (II Reyes 6, 17 ss.). En cambio rechazó a Saúl que hizo lo mismo (I Reyes 13, 9; 14, 34-37; 15, 12 ss.). Cf. Apocalipsis 1, 6; 5, 10. En cuanto a Samuel, véase lo que profetizó su madre al presentarle a Dios en Silo (I Reyes 2, 10).
8. Castigaste: Alude a que Moisés y Aarón, por falta de confianza en Dios, no pudieron entrar en la tierra de promisión (Números 20, 12; 27, 14; Deuteronomio 3, 23-29). En cuanto a Samuel, léase I Reyes 8, 1 ss.; 16, 1.
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SALMO 100 (99)
2. “Salmo breve, dice San Agustín, y bellísimo.” Una de las hermosas odas del Salterio, que termina el ciclo iniciado en Salmo 92, 2 (cf. nota). Se predice la universalidad del reino mesiánico (Páramo). De ahí que se invite a toda la tierra a peregrinar al Santuario (versículo 2; Isaías 56, 6 y 7; 2, 3), para cantar las alabanzas del Dios de Israel (Salmo 64, 2 y nota). Con alegría: Cf. Salmos 49, 14; 88, 16; 91, 2 ss.; 94, 1 y notas. Prado cree que este versículo representa una fórmula o antífona litúrgica.
3. Ovejas de su aprisco: Cf. Salmo 94, 7; Juan 10, 16 y notas.
4. Entrad por sus puertas: Véase el Salmo 117, 19-20 y nota.
5. Cf. Salmo 88, 9 y nota; Salmo 135, etc. Es en la misericordia donde se muestra la omnipotencia de Dios (Sto. Tomás).
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SALMO 101 (100)
1. Escogido por Dios para regir a su pueblo, y deseoso de formularse un programa para su vida, tanto privada como pública, David, el rey incomparable, figura del mismo Cristo, traza aquí, con verdadero “espíritu de príncipe” (Salmo 50, 14) un cuadro ideal del buen soberano, tan paternal y humilde como enérgico, dejando así a los gobernantes un modelo de sabiduría política. Véase el elogio que Dios le hace en Eclesiástico 47. Quiero cantar, etc.: Pasaje muy probablemente alterado o quizá añadido para el uso litúrgico, y cuya crítica resultaría muy extensa. Más fácil sería leer, como algunos: quiero observar la bondad y la justicia delante de Ti, Yahvé. Pero nuestra versión, concordante con el nuevo Salterio Romano, tiene en su apoyo tanto el texto hebreo masorético, cuanto el griego de los LXX y la versión del hebreo de San Jerónimo, además del latín de la Vulgata, y no nos atrevemos a corregir tantos testimonios, a base de conjeturas. El poeta quiso sin duda decir que, al proclamar aquí su deseo de seguir la rectitud que agrada a Dios, entendía honrarlo como si le cantara un himno.
2. Repetimos aquí lo observado sobre el versículo 1. No pocos y buenos autores vierten: Atenderé la causa de los justos cuando vinieren a mí (a cualquier hora), con lo cual el contexto conservaría perfecta unidad. En efecto, la administración de justicia fue siempre la más alta función del soberano, hasta la división de los poderes que es creación relativamente moderna. Por eso, en la Biblia, juzgar es sinónimo de gobernar (cf. Salmos 71, 2; 95, 10 y notas), y David lo hacía personalmente (II Reyes 8, 15). Ello no obstante, seguimos el sentido textual, en el cual ese cuándo (en hebreo: matai) significa interrogación o admiración. Por lo demás, nada supera en belleza y espíritu a ese anhelo que el rey poeta y profeta deja escapar como un suspiro en el que expresa ‘el voto ardiente por el pronto advenimiento divino’ (Calès). David iba a ser, y lo fue, un rey poderoso y grande; pero, como lo hemos visto en la serie de Salmos precedentes (cf. Salmos 92-99), él contaba con la promesa mesiánica de un reinado muy superior (II Reyes 7, 9 ss.; Ezequiel 37, 24 s., etc.). También para nosotros hay un suspiro igual en Apocalipsis 22, 17 y 20. Dentro de mi casa: El que no empieza por cultivar la rectitud elemental en su vida doméstica ¿cómo podría tenerla para gobernar un pueblo? Es lo que San Pablo dice de los obispos (I Timoteo 3, 4 s.) y de los presbíteros (Tito 1, 6).
5. No lo soportaré: Demasiado bien sabía el sabio rey David que las personas altaneras y ambiciosas son capaces de suprimir a los débiles y violar el derecho.
6. Es decir: solo los hombres piadosos serán mis consejeros y .sólo los probos serán mis colaboradores (cf. S- 24, 21; 118, 63, 74, 79).
7. El mentiroso no durará en mi presencia: David, a quien Dios eligió por su corazón (I Reyes 16, 7), tiene los mismos sentimientos que Dios (Hechos 13, 22; cf. Filipenses 2, 5): odia la mentira porque Dios la odia (Proverbios 6, 17; 13, 5). Nótese que en I Reyes 21, 2 David no mintió a Aquimelec, como algunos creen, pues él mismo era el verdadero rey ya ungido (I Reyes 16, 13).
8. La Ciudad de Yahvé: Jerusalén (cf. Salmo 86, 3). La legítima autoridad temporal tiene por derecho divino esa atribución disciplinaria, puesto que no hay verdadera potestad si no viene de Dios. Cf. Romanos 13, 1 y 4; I Corintios 5, 5; I Pedro 2, 13 s.
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SALMO 102 (101)
1 ss. El salmista empieza formulando un lamento individual, para aplicarlo después como una honda y vigorosa expresión del dolor de Israel y entonar “un canto profético a la restauración de Sión y a la conversión de los gentiles al culto del Dios verdadero” (Ubach). De ahí que algunos supongan que los versículos 14-23 formaban un Salmo distinto. Pero ‘esta división no parece ser necesaria’ (Salterio Romano), y en otros textos vemos igual sistema usado por David, Isaías, etc. (cf. Salmos 9 a, 1; 105, 4; 130, 3; Isaías 63, 15). Este Salmo es colocado por la Liturgia entre los penitenciales porque todos podemos aplicarnos su impetración, pero su alcance es mesiánico (cf. versículo 26 y nota), y las profecías grandiosas que contiene muestran que, muy por encima de la vuelta de Babilonia, se contempla, como en los Salmos 92-99, la nueva Alianza prometida al pueblo escogido de Dios. Cf. Salmos 64, 6; 71, 11; 84, 1; 95, 5; Hebreos 8, 8 ss. y notas.
2. La Iglesia ha adoptado esta invocación en sus preces litúrgicas.
4. Véase la gran profecía de Ezequiel (capítulo 37) que anuncia la resurrección de esos huesos. Sobre las expresiones que usa el salmista; cf. Salmos 36, 20; 47, 3.
5 s. La piel se pega a los huesos por la flacura (cf. Job 19, 20), es decir, no precisamente por los gemidos sino porque éstos lo hacen olvidarse del alimento. Si este olvido ha secado el corazón, es que no se trata sólo de comida, sino del pan de la Palabra de Dios, cuyo abandono tanto reprocharon a Israel los profetas (cf. Salmo 80, 12; Jeremías 7, 22 s.; 15, 16; Lucas 4, 4; Juan 5, 47). Hay también en todo el cántico muchas reminiscencias de antiguos Salmos, especialmente del 21, del 68 y del 78 (Fillion).
7. Pelicano: Véase Isaías 34, 11; Sofonías. 2, 14. El búho es pájaro que habita en las ruinas. Cf. Isaías 14, 22.
10. La ceniza es símbolo de dolor y de duelo. Cf. Job 42, 6; Salmos 41, 4; 79, 6; Ezequiel 27, 30.
11. Después de levantarme: Aquí comenzamos a ver que las miserias que lamenta el salmista ‘no son las suyas personales sino las del pueblo’ (Nácar-Colunga), esas que aun vemos en Israel, tanto más dolorosas cuanto mayor fue la altura de donde cayó.
12. En Salmos 108, 23; 143, 4, etc., vemos que estas expresiones son familiares a David en sus Salmos.
13. Tú permaneces (cf. Salmos 9 a, 8; 134, 13; Lamentaciones 5, 19). “En medio de su depresión y angustia es consolado por el pensamiento del eterno e inmutable Dios, que no puede fallar en sus promesas hechas a Israel por los profetas (cf. Isaías capítulos 30 y 49; Jeremías capítulos 25, 29, 30 y 31). Todavía restaurará Él a Sión para alabanza y gloria de su Nombre en las futuras generaciones” (Callan).
14. Empieza aquí la “oración ardiente por el pronto restablecimiento de Sión y previsión segura del reino mesiánico universal” (Calès). Cf. Salmo 117, 13; Isaías capítulos 40 ss.; Lucas 1, 54 s.; Romanos 15, 8; Mateo 23, 39; Hechos 3, 20 ss.
15. Ya tus siervos aman sus piedras (así también Vaccari). Un escritor moderno se refiere a este pasaje para compararlo con el ansia actual de los israelitas por volver a Palestina, considerando este hecho como un raro indicio providencial de su futura conversión; pues, dice, este deseo ‘ya no augura una liberación como en la salida del cautiverio babilónico, sino un esfuerzo doloroso por ocupar de nuevo palmo a palmo la tierra prometida, y tiene que ser muy intensa su pasión para que, aun sin fe religiosa en muchos de ellos, se mantenga hasta arriesgar la vida frente a dificultades humanamente insalvables’.
16 s. Admirable promesa mesiánica: todos los pueblos y reyes adorarán al verdadero Dios. Esto no se cumplió en el regreso de Babilonia (Salmo 95, 1 y nota); está vinculado, como expresa Sto. Tomás, a la conversión de Israel. “La gloria divina está interesada en la restauración de Israel. Naciones y reyes temerán y honrarán a Yahvé cuando comprueben que Él ha reedificado a Sión y ha desplegado su magnificencia; que ha escuchado la plegaria de aquellos a quienes los enemigos habían despojado y que parecían perdidos sin esperanza” (Calès). Cf. Deuteronomio 4, 30; Salmos 64, 6; 71, 11 y notas; Romanos 11, 25-32; Isaías 60, 22. “Según una de las más grandiosas ideas de los profetas, la restauración de Israel tendrá por coronamiento la conversión de las naciones. Así se establecerá el reino de Dios sobre la tierra” (Desnoyers). La misma idea expresa Bover-Cantera y la llama “tradición”. Cf. versículo 23; Salmos 95, 3; 125, 2; Romanos 11, 12; Ezequiel 37, 28; Isaías 60. 3 ss., etc. Él se mostrará en su gloria (versículo 17): Cf. Salmo 83, 8; Mateo 24, 30; Apocalipsis 1, 7.
18. La oración humilde será irresistible para Dios. Cf. Isaías 48, 10; Sofonías. 3, 13; Salmos 89, 15; 118, 71; Esdras 9, 15; Nehemías 9, 33; Daniel 3, 28-31; 9, 7, etc.
19 s. Cf. Salmo 21, 31 s. Se habrá inclinado, etc. (versículo 20): Así también Calès y otros, de acuerdo con el contexto.
21. El auxilio vendrá en el máximum de la humillación, pobreza y persecución. Cf. versículo 18; Salmos 17, 28; 43, 12 y Salmos 78, 79 y 82, citados todos en la Misa “contra paganos”.
22 s. Cf. Salmo 64, 2 y nota. “Todos los pueblos y todos los príncipes tienen más interés de lo que piensan en la vuelta de Israel. Nadie ignorará lo que serán los últimos judíos. Su celo será igual a sus luces… y se puede conjeturar lo que harán cuando toda la nación se convierta, por el cambio prodigioso que unos pocos, reservados por la gracia, produjeron en el mundo al principio del Evangelio” (Anónimo francés del siglo XVIII).
24 s. El salmista vuelve a su tono plañidero de los versículos 4-12 y, dirigiendo de nuevo su mirada al estado miserable de Israel, pide a Dios una demora que le permita presenciar la restauración de la nación y de Sión (Ubach). Cf. Salmos 88, 48; 105, 4 y notas; Tobías 13, 20.
26. San Pablo nos enseña que estas palabras de Dios son dirigidas a Cristo para anunciarle su triunfo (Hebreos 1, 10-12).
27. Tú los mudarás: “Se entrevé aquí una escatología cósmica junto a la escatología mesiánica” (Calès). Cf. II Pedro 3, 10-13; Isaías 65, 17 ss.; Salmos 103, 5; 118, 90.
29. Leamos y digamos en unión de espíritu apostólico la magnífica oración de Eclesiástico 36, que la Iglesia recoge en la Misa por la propagación de la Fe y en la cual Israel, después de pedir la conversión de los gentiles, nuestros antepasados (versículos 1-5), ruega también (versículos 13-19) por el cumplimiento de estas profecías relativas a su propia santificación (Salmo 117, 25 y nota; Isaías 60, 10-22; Jeremías 3, 17-20; Ezequiel 11, 17-19; 36, 22-31; 37, 21-28; Oseas 2, 14-24; 3, 4-5).
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SALMO 103 (102)
1. Es este Salmo el cántico de las misericordias del Señor. Hemos de leerlo con frecuencia, como un baño de divina frescura que restaura por entero la confianza de nuestra fe, acribillada cada día por los dardos del Maligno impostor, que reina en todas partes como que es el “príncipe de este mundo” (Juan 14, 30). Confiesa el rey profeta sus propias culpas y las de su pueblo para hacer resaltar la infinita bondad del Padre que está en los cielos. Los críticos modernos discuten a David la paternidad de este Salmo, sosteniendo que contiene citas implícitas de libros posteriores y aramaísmos traídos de Babilonia. Pero sus opiniones están lejos de ser bastante persuasivas para destruir el testimonio que nos dan, tanto el Hebreo como los LXX y la Vulgata, en favor del real poeta, cuyo corazón ha mostrado tantas veces, en palabras y en hechos, el espíritu de infancia que a raudales brota de esta insuperable oración (cf. versículo 13 s. y nota). En cada versículo de ella iremos viendo otras tantas pinceladas amorosas que nos esbozan, como un anticipo evangélico, el retrato del divino Padre que había de completarnos Jesús en cada paso de su enseñanza y de su vida, como el sumo objeto de su misión (cf. Juan 17, 2 s. y 26 y notas). ¿Y quién más indicado para ese anticipo, que David, aquella alma asombrosamente amada de Dios, que Él eligió tantas veces para ser figura de su Hijo, para cantarlo, y que hasta en su carne fue predestinado para ser el abuelo de Jesús?
2. ¡No quieras olvidar todos sus favores! ¡Fórmula divina, camino de la más alta y verdadera santidad! ¡Saberse amado, creerse amado no obstante saberse miserable! “La fe en el amor de Dios es lo que nos hacer amar a Dios” (Beato Pedro Julián Eymard). Cf. Salmos 56, 3; 76, 11 y notas; I Juan 3, 16; 4, 16; Juan 3, 16.
5. Harta de bienes tu vida: La ternura de Dios nuestro Padre nos quiere ver aún en esta vida, siempre alegres (Filipenses 4, 4); sin preocupaciones (Mateo 6, 25-34); nos da cuanto necesitamos materialmente (ibíd. 33); nos defiende de los enemigos (Salmos 29, 2; 34, 1 ss.; 36, 5 s.) y nos da también el mayor de los bienes de aquí abajo, que es la paz (Juan 14, 27) y el gozo (Juan 15, 11; 16, 24; 17, 13) tales como los tenía el mismo Jesús. Lo que no nos da en esta vida —-¡felizmente!— es la saciedad, ese paroxismo o éxtasis de felicidad que buscaba Fausto para poder decirle al tiempo: ‘detente’. ¿Cómo podría ser eso en este siglo malo? (cf. Gálatas 1, 4 y nota), puesto que el reino de Cristo no es ni puede ser de este mundo (Juan 18, 36), ya que cuando Él venga no hallara la fe en la tierra (Lucas 18, 8). Cf. Colosenses 3, 3 s. Es decir que el divino Padre prodiga con abundancia (I Timoteo 6, 17), a los que se confían a Él (Salmo 32, 22), todo cuanto es posible dar, salvo lo que nos haría arraigarnos aquí abajo, en esta fugaz tienda de campaña (Jeremías 35, 10) y entregar el alma al diablo como quiso hacerlo Fausto. ¡Líbrenos el Dios de bondad de tener aquí ‘nuestros bienes’ (Lucas 16, 25 y nota) de modo que nada pueda Él darnos después por no haberlo deseado nosotros! Cf. Salmo 80, 11 y nota. Se renueva: Toma por imagen la muda de las plumas del águila, con la cual esta ave rejuvenece su vigor y fuerza (Isaías 40, 31). Otra preciosa imagen sobre el águila es la promesa de Éxodo 19, 4, repetida en Apocalipsis 12, 14.
6. Es decir que Él es santo en todas sus obras, de modo que tenemos en Él, como lo enseña Jesús el modelo de cuanto Él mismo nos manda obrar (cf. Mateo 5, 48 y nota). Y además toma a su cargo la venganza de los oprimidos (cf. Salmo 65, 5 y nota). De ahí el mal de querer hacerse justicia por sí mismo, pues Dios enseña a no resistir directamente al que es malo (Mateo 5, 39) y nos dice que Él odia más que nada al pobre que es soberbio (Eclesiástico 25, 3). Es ésta una gran luz para los que quieren trabajar con fruto espiritual en el apostolado social (cf. Eclesiástico 28, 1-14; Efesios 6, 5 ss. y nota).
7. Cf. Salmos 24, 8; 147, 8 s. y notas.
8 ss. Tardo en airarse: Véase Salmo 72, 11 y nota. Empieza aquí un cuadro maravilloso de la caridad divina del Padre, que Jesús nos pone como modelo (Lucas 6, 36) y cuyas cualidades describe San Pablo en I Corintios 13. No está siempre acusando (versículo 9), como suele hacer nuestro mezquino corazón cuando nos sentimos ‘muy moralistas’, dispuestos siempre a ver la paja en el ojo ajeno, sin advertir la viga en el propio (Mateo 7, 3 ss.); ni se mantiene enojado para desanimar al pecador, sino que va a su encuentro como el Padre del hijo pródigo (Lucas 15, 20), y cuando éste se propone pedirle que lo trate como a siervo, antes que tenga siquiera tiempo de decírselo, ya lo está amando como a predilecto y obsequiándolo como a príncipe (ibíd. 15, 19 y 21 ss.).
11. Así como su sabiduría dista de la humana (Isaías 55, 8), así también se eleva su misericordia sobre toda posible bondad nuestra (Salmo 91, 6 y nota) y sobre toda comprensión de nuestra mente (Efesios 3, 18 s.). Bien lo sabía la Virgen cuando habló en Lucas 1, 50.
12. ¡Tan lejos de nosotros! Es decir que esa misericordia con que Él nos mira no es solamente para compadecerse de nuestras penas, sino también de nuestras culpas y caídas, para no sorprenderse de ellas, ni impacientarse, ni cansarse de perdonarnos, pues sabe que somos polvo (versículo 14) y lo tiene muy presente. El que esto cree de veras vivirá en una amistad íntima y amorosa con Él, que no podrá ser interrumpida por nuestras miserias, pues aun en las eventuales caídas no dudará en volver a cada instante a esa amistad, seguro del perdón, y con ello, lejos de apagarse el amor, crecerá, pues ama más el que ha sido más perdonado (Lucas 7, 47). Cf. Salmo 50 y. notas. Grabemos para siempre: en nuestro corazón esta dulcísima verdad que debería estar escrita en todas las paredes, porque la confusión del ánimo en el pecador es la mayor arma del diablo para hacerlo dudar del perdón y mantenerlo así alejado de Dios (cf. Eclesiástico 5, 5 y nota). En tanto que con la admiración de su misericordia, que aquí se nos inculca, crecerá también en nosotros el deseo de agradecer con nuestra alabanza a ese Padre (Salmo 49, 14) por medio de su Hijo y Hermano nuestro Jesús, por quien recibe Él “todo honor y gloría” en la unidad de amor que es el Espíritu Santo.
13. Aquí el retrato de Dios asume toda su plenitud, y se nos descubre el secreto más íntimo, como preludiando la suprema revelación de Jesucristo: Dios nos ama porque es Padre y como un Padre (cf. Salmo 17, 20, pasaje cuya paternidad nadie disputa a David). El que esto cree, entiende todo (cf. la nota a Salmo 77, 37). En el Nuevo Testamento hallamos la total explicación del misterio de la paternidad divina, que no procede de la simple creación, como en todos los demás seres, sino de la regeneración que el Espíritu Santo realiza en nosotros por la gracia en virtud de los méritos de Cristo (Juan 1, 12; Gálatas 4, 4-7; Efesios 1, 5 y nota; I Juan 3, 2; Colosenses 2, 12).
14. Nuestra misma naturaleza, tan débil y expuesta a peligros, provoca la misericordia de Dios. Cuanto más endebles somos nosotros, tanto mayor es su ternura y bondad (cf. Génesis 8, 21; Salmo 53, 8 y nota). Por eso Cristo no vino a buscar justos sino pecadores (Lucas 5, 32 y nota).
15. Es muy hermosa la nota de San Agustín: “Dios, que es Padre, que conoce la obra de sus manos, envió su Verbo; y a ese Verbo, que es eterno, lo hizo hermano de esa flor del heno, que se seca y marchita al primer soplo (Isaías 40, 6 ss.). Para que tú, hierba de sepulcro, pudieras inundarte de eternidad dichosa, quiso participar de tu frágil condición el que es eterno y dichoso por esencia.”
16. Ni siguiera, etc.: Así también Páramo, Nácar-Colunga, etc. Según otros, es el lugar quien no lo reconocerá; y según los LXX y Vulgata es él quien no conocerá el lugar. Nos parece más llena de sentido nuestra versión, que coincide con las bellas figuras usadas en Sabiduría 5, 10 ss.
17. Palabras de la Virgen en el Magníficat. Ubach suprime como probable agregado lo que va entre corchetes.
18. Piedra de toque de la buena fe. Si tengo verdadero deseo de cumplir lo que dice el Evangelio, ya me preocuparé de conocerlo y recordarlo. Sin esto ¿cómo lo podría cumplir? Cf. II Tesalonicenses 1, 8; 2, 10-12; en cambio, la Palabra de Dios, conservada en el corazón, nos da la fuerza para no pecar (Salmos 1, 2-3; 118, 5-6, 11 y 104; Lucas 2. 51; 11, 28; Romanos 1, 16; I Corintios 15, 1 s.; II Timoteo 3, 16 s.; Colosenses 3, 16; Hebreos 4, 12; Santiago 1, 21, etc.).
19 s. El universo: otros: todas las cosas. Según la Vulgata: Dominará sobre todos los reinos. Este pasaje es “un eco de los Salmos teocráticos (cf. Salmo 92, 1)” (Fillion). Cf. también Salmo 92, 2 y Salmo 96, 7, que coincide con el versículo 20. Este último forma el Introito de la Misa de San Miguel y de todos los Ángeles.
21 s. Todos sus ejércitos. Otros: todo su ejército. Nombre que en la Sagrada Escritura se da preferentemente a las estrellas y que significa también todas las fuerzas de la naturaleza que obran de concierto y en maravillosa armonía (cf. Salmo 103), como un ejército obediente a la voz del Generalísimo, que también lucha por Él cuando Él lo manda (Sabiduría 5, 21 ss.; 16, 17; 19, 18 ss.). Cf. Salmo 82, 14 y nota. El salmista quiere decir: los ángeles en el cielo (versículo 20), los astros en el firmamento (versículo 21) y todas las creaturas sobre la tierra (versículo 22) forman acordes alabando a Yahvé ‘porque es bueno, porque su misericordia es para siempre’ (Salmo 135).
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SALMO 104 (103)
1. Este Salmo, que empieza y termina con las mismas palabras que el anterior, forma con él como un díptico. Así como el Salmo 102 empieza y termina bendiciendo a Dios por las maravillas de su misericordia, así lo hace también el presente con respecto a las maravillas de la naturaleza y como una estupenda oda a la mano creadora y conservadora de Dios, que deberíamos llevar siempre con nosotros, como el Benedicite de Daniel 3, para alabar la Providencia del Creador y pedirle que nos enseñe a admirar su obra. Véase los Salmos 8 y 148. Cf. Salmo 91, 1 y nota.
2 ss. Reviven ante nuestros ojos los primeros días del Génesis, cuando los abismos se llenaban de aguas y la tierra se preparaba para los seres vivientes. Vemos que el salmista sigue el orden de la creación: 1° y 2° día, versículos 1c-4; 3°, versículos 5-18; 4°, versículos 19-23; 5° y 6°, versículos 24-30; conclusión, versículos 31-35.
3. Cf. Génesis 1, 7. El poeta ubica sobre el firmamento las aguas superiores, de las cuales bajan las lluvias (cf. Salmos 113 b, 16; 138, 8; Daniel 3, 60). A título de curiosidad observaremos que en éste y otros textos, como los de Apocalipsis 8, 12 y 12, 4 según los cuales caerán sobre la tierra muchas estrellas (que hoy se consideran millones de veces mayores que ella), trató de apoyarse aquella nueva y curiosa teoría de que todo el universo está encerrado en nuestro globo y que nosotros no caminamos sobre la superficie exterior y convexa de su corteza, sino sobre la cara interior cóncava, como verticales con la cabeza hacia el cielo que se hallaría en el centro del globo, encontrándose fuera “las tinieblas exteriores” (Mateo 8, 12; 22, 13; 25, 30) hacia las que iría a dar el “pozo del abismo” (Apocalipsis 9, 2 s.; 20, 1). Tu carrosa: Cf. Salmo 67, 18. Cabalgas, etc.: Cf. Salmo 17, 11.
4. Cf. Salmo 148, 8. San Pablo, según los LXX, lo aplica a los ángeles (Hebreos 1, 7), en cuanto este nombre significa también nuncio o mensajero.
6. La habías cubierto (así también San Jerónimo y otros): Es decir, durante el caos (cf. II Pedro 3, 5-6; Génesis 1, 1-2). El cambio producido después (versículo 7) es referido generalmente al tercer día de la creación. Esto, como la afirmación del final del versículo 5, parece que ha de entenderse sin perjuicio de los cataclismos anunciados para los últimos tiempos. Cf. Salmos 101, 27; 113 a, 7 y nota; Isaías 24, 18 s.; II Pedro 3, 5 ss.; Apocalipsis 20, 11; 21, 1, etc.
7 s. Son las aguas (no los valles) quienes huyen hasta el lugar destinado (versículo 8). Hemos puesto guiones para señalar así el sentido, que quedaría aclarado si estos cuatro hemistiquios se ordenasen así; 1, 3, 2, 4. Los libros santos ven muchas veces la voz de Dios en el trueno. Cf. Job 26, 14; 37, 4 s.; 40, 4; Salmo 28, 3; Juan 12, 29; Apocalipsis 10, 4. Cf. Salmo 103, 6 y nota.
9. El mismo Dios nos llama la atención sobre este prodigio permanente de cómo los inmensos mares no se tragan los continentes. Cf. Salmos 23, 2; 135, 6; Job 26, 10; 38, 8-11; Proverbios 8, 29; Jeremías 5, 22. Otra maravilla: que las límpidas aguas del manantial atraviesen sin ensuciarse las capas de la tierra (Salmo 77, 16).
12. San Pablo enseña que ese canto, como todo otro sonido, tiene una significación (I Corintios 14, 10 y nota).
14. San Agustín pone aquí la siguiente glosa: “Del suelo humano brota otro pan divino, que inunda al hombre de la vida divina cuando los labios humanos difunden los acentos del Verbo encarnado y mantienen con ellos la vida espiritual y sobrenatural de la humanidad.”
15. La Sagrada Escritura aborrece la embriaguez, pero elogia las cualidades del vino tomado con moderación y acción de gracias a Dios, de quien procede todo bien (cf. Jueces 9, 13; Eclesiástico 31, 35; 40, 20; Proverbios 31, 6 s.; I Timoteo 5, 23).
19. La luna fue hecha para medir los meses. Dato de gran interés que hoy no se toma en cuenta. Cf. Salmo 80, 4 y noto; Génesis 1, 14; Eclesiástico 43, 6-8. De ahí que algunos han propuesto volver al mes lunar. Cf. Colosenses 2, 16.
21. Imploran: Con esos rugidos (véase versículo 12 y nota). Cf. versículos 14 y 27; Salmos 110, 5; 144, 15; Job 38, 41. Jesús nos muestra cómo el Padre celestial los alimenta, y aun viste a las flores, para enseñarnos a confiar en Él (Mateo 6, 26 ss.).
23. Al revés de las bestias que merodean por la noche. Vemos aquí cómo el trabajo es ley del hombre y agrada a Dios (Génesis 3, 19; I Tesalonicenses 4, 11; II Tesalonicenses 3, 10).
24. ¡Cuán variadas! Así también Calès. Sobre esta continua novedad de que Dios hace alarde, cf. Isaías 48, 6 ss. y nota. Tus riquezas, es decir, tus dominios, pues que Tú los creaste (Salmos 49, 9-13). Mucho ayuda esta reflexión para comprender que no somos dueños de nuestros bienes, sino administradores de lo ajeno, que felizmente podemos aprovecharlo para ganar ventajas con la limosna como en Lucas 16, 1 ss. Jesús llama allí ajenos a nuestros bienes actuales, en tanto que llama nuestros a los eternos (Lucas 16, 12 y nota).
26. Las naves: Según otros, debiera leerse: los monstruos imponentes, o: las águilas del mar. Ese leviatán indica un monstruo marino, aquí probablemente la ballena. En Isaías 27, 1 es una serpiente, pero en sentido figurado y escatológico; en Job 40, 20 ese mismo nombre parece aplicarse al cocodrilo.
27. ¡Ellos esperan que les dé y Él les da! Dios no vende como los comerciantes sino que da como los padres, sin pedir nada más que amor y confianza. Los animales son aquí ejemplo para los hombres de poca fe. Cf. Salmos 32, 22; 80, 11; 83, 3 y notas. ‘Abre la boca y cierra los ojos, nos decía nuestra madre cuando quería sorprendernos con una golosina. ¿Qué habríamos dicho si alguien nos hubiese sugerido que no cerrásemos los ojos porque ella podría darnos un veneno? ¿Y qué habría pensado ella si, desconfiando, le hubiésemos exigido una previa explicación? Así obra Dios, como nuestra madre (Isaías 66, 13). Apliquemos esta doctrina a nuestro trato con Él, y seremos perfectos. Porque en vano queremos tener vida espiritual si no partimos de la base de que somos amados por El. ¿Cómo podríamos, sin eso, creer el misterio de la Redención?’
29 s. Profunda enseñanza: Lo propio de toda creatura es el no ser por sí misma. Apenas el Creador dejase de sostener lo que creó, automáticamente volveríamos a la nada (cf. Salmo 62, 9; Sabiduría 1, 7 y notas). La Liturgia, en el Veni Creator, adapta al Espíritu Santo el versículo 30, trasladándolo de la vida física (cf. Romanos 8, 11) a la vida sobrenatural de las almas (Salmo 118, 91 y nota). “Como a Él se atribuye el principio de la vida en los seres vivientes, se le atribuye asimismo el principio de la vida sobrenatural. Cuando Él es enviado y entra en un alma se verifica la nueva creación sobrenatural y se renueva la faz de la tierra” (Manresa).
31. Como se alegró al principio, cuando todo era puro (Génesis 1, 12, etc.), volverá a alegrarse cuando las creaturas regeneradas dejen de estar sujetas al pecado el día de “la redención de nuestros cuerpos” (Romanos 8, 19-23). Cf. Lucas 21, 28; Efesios 1, 10; Hechos 3, 20 s.; 1, 6 s.; Colosenses 1, 5; 3, 4; I Tesalonicenses 1, 3 y 10; Génesis 3, 17 s.
33 s. ¡Vivir cantando! ¿No es una ironía en este valle de lágrimas? Lo sería ciertamente si se tratase de la expansión lírica y ruidosa con que el mundo traduce ostensiblemente las alegrías sentimentales del corazón de carne... que no tarda en traicionarlo convirtiendo su canción en llanto al menor contratiempo. “Para esos cantos alegres no está hecho este tiempo de prueba en que la Iglesia, con el Amado ausente, cuelga su arpa en los árboles junto a los ríos de Babilonia” (alusión al Salmo 136, 1 ss.; véase allí las notas). Ello no obstante, el programa que Dios ofrece a los que lo aceptan por amigo íntimo es un canto interior de ininterrumpida alabanza como el que aquí vemos, un canto que no podrán impedir ni las prisiones de San Pablo —que se gozaba alabando entre sus cadenas y despreciando la libertad (Hechos 16, 25 ss.)— ni las catacumbas, que obligaban a los creyentes a esconderse como malhechores, reprobados a ejemplo de Cristo (Lucas 22, 37), ni el encierro para orar en el propio aposento “corrido el cerrojo de la puerta” (Mateo 6, 6), seguros con todo de que “al Padre que ve en lo secreto” séanle gratos mis acentos, como anhela aquí David (versículo 34). Cf. Salmos 3, 4 y nota; 49, 14; 145, 2; Apocalipsis 3, 20; Lucas 10, 21 y 42; Mateo 6, 33; Juan 13, 23; 15, 11 y 15; Gálatas 4, 6 s.; I Juan 4, 18; Cantar de los Cantares 2, 14.
35. No haya más impíos. Cf. Isaías 60, 18 y 21; Jeremías 3, 17; Ezequiel 11, 18 s.; 36, 26 s.; Oseas 3, 5; Mateo 13, 41; Apocalipsis 20, 9. La expresión Hallelú Yah (de donde viene el aleluya), que la Vulgata pone al principio del Salmo siguiente, significa: “Alabad a Yah”: alabad al Señor (véase Apocalipsis 19, 1 y nota) y se repetirá, como comienzo o final, en muchos de los Salmos que siguen.
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SALMO 105 (104)
1. Los dos Salmos que vienen son correlativos, y hemos indicado su asunto en los respectivos títulos. El 104 muestra a Yahvé fiel con su pueblo ingrato. El 105 muestra a Israel ingrato con su Dios fiel. El presente abarca especialmente desde el Pacto con Abrahán hasta la entrada de Israel en la tierra prometida. Los primeros quince versículos que se encuentran también en I Paralipómenos 16, 8-22, fueron cantados en el traslado del Arca al monte Sión. Los demás revisten carácter didáctico y tienen por objeto excitar en el corazón del pueblo teocrático la gratitud para con su fiel protector, mediante el recuerdo de sus promesas y sus bondades. Cf. Salmo 102, 2 y nota. Estas síntesis de la historia de Israel son frecuentes en la Biblia, y siempre tienen gran elocuencia y ofrecen honda enseñanza. Cf. Salmos 77, 105 y 106; Judit 5, 5 ss.; Nehemías 9, 6 ss.; Hechos 7, etc. Entre los gentiles: Cf. Salmo 95, 3 y nota; Isaías 12, 4.
3 s. Alégrese: al descubrir cuan bueno ha sido. Y para eso: fijaos, es decir, detened vuestra atención en Él y no queráis vivir siempre olvidándolo como si fuese cosa secundaria. ¡Mirad cómo Él no se olvida! (versículo 8).
5. Las sentencias: Los castigos que Dios infligió a Egipto y Canaán en favor de Israel. Cf. Éxodo 6, 6; 7, 4; 12, 12, etc.
6. Este llamado no ha de sonar como ajeno para nuestro espíritu, pues también nosotros somos hijos de Abrahán por la fe (Romanos 4, 16; Efesios 2, 12 ss.).
8. Su alianza: Las promesas dadas a los patriarcas (versículo 9 ss.) y confirmadas después con nuevas promesas a David y a los profetas. Cf. Génesis 12, 7; 13, 14 s.; 15, 18; 22, 16 ss.; 26, 3 ss.; 28, 13 s.; etc. La primera promesa de Dios es hecha en el Paraíso y se llama Protoevangelio (Génesis 3, 15). Noé recibe más tarde otra, con el arco iris por testigo (Génesis 9, 8 ss.; Salmo 88, 35). La promesa por antonomasia (la Tierra Santa y el Mesías) es llamada Alianza patriarcal porque era el fundamento del pacto que hizo Dios con Abrahán (Génesis 17). Después vino la llamada Antigua Alianza con Israel, mediante Moisés y la Ley (Éxodo 20 ss.), pero sin abolir las promesas anteriores (Gálatas 3; Lucas 1, 55 y 73). Luego la promesa hecha a David (II .Reyes 7, 14; cf. Salmo 88, 31 y notas). Sobre la nueva Alianza prometida por los Profetas a Israel y Judá, cf. Jeremías 31, 31 ss. (citado por Hebreos 8, 8 ss. y 10, 16 s.). Pero aunque ellos rechazaron a Cristo (Juan 1, 11), Él se hizo mediador de esa Alianza con su sangre (Lucas 22, 20). Cf. Mateo 23, 39; Juan 19, 37; Isaías 59, 20 s., citado por Romanos 11, 26 s.
12 s. Recuerda la primitiva vida nómada de los patriarcas en Canaán. Sólo una tumba tuvieron en propiedad: la cueva de Macpelá (Génesis 23, 4; 24, 30; cf. Hebreos 11, 8 ss. y notas). Ello no obstante, no los despreciaba el Dios de los humildes, y los cuidaba como su preciosa herencia. Véase, sobre estos orígenes, el patético capítulo 16 de Ezequiel.
14 ss. Cf. versículo 44; Ester 9, 16; Joel 3, 1 ss.; Romanos 11, 28, etc. Dios hace ostentación de su predilección por su pueblo y no admite que nadie le pida cuentas de ella ni se escandalice de su divino beneplácito, que todo lo hace por amor (Salmo 135, 17 ss.). Humillando así nuestro entendimiento para aceptar sin reparo sus designios (II Corintios 10, 5) es como sacaremos de la Escritura el fruto de la sabiduría (Romanos 11, 29-36).
15. Mis ungidos... mis profetas: Los patriarcas, depositarios de las promesas divinas (Génesis 20, 7; 27, 27 ss.; 49, 1 ss. etc.) y aun todos los israelitas, que Dios cuida como la pupila de sus ojos (Dom Puniet).
17 ss. Es una recapitulación de la historia de José que, vendido por sus hermanos, después de grandes desventuras llegó a ser administrador de la casa y reino del Faraón de Egipto (Génesis capítulos 31 ss.).
18. Alude a la prisión de José en Egipto.
21. La Liturgia lo aplica al patriarca San José para señalar su poder ante Dios.
22. Sobre el joven que enseña al anciano, cf. Salmo 118, 99 s.
23. La Tierra de Cam es el mismo Egipto (Génesis 46), que los hebreos llaman Misraim porque este hijo de Cam propagó allí su descendencia.
24 s. Véase Éxodo 1,9 ss. Mudó (versículo 25): Es el endurecimiento de que habla Éxodo 7, 3.
26. Véase Éxodo capítulo 4; Hebreos 5, 4.
28 ss. Se resistieron: Los egipcios. Sigue la enumeración de las plagas que Dios les mandó entonces (Éxodo capítulos 7-11) que (omitiéndose la 5ª. y la 6ª.) van alternadas así: 1ª. versículo 29; 2ª. versículo 30; 3ª. versículo 31 b; 4ª. versículo 31 a; 7ª. versículo 33; 8ª. versículo 34; 9ª. versículo 28; 10ª. versículo 36. Cf. Salmo 77, 43 ss. y notas.
36. Véase Éxodo 12, 29.
37. A ellos: A los israelitas, y Él mismo les mandó que despojasen de esas riquezas a los egipcios (Éxodo 12, 35 s.; Sabiduría 10, 19 y nota).
39. Una nube: Cf. Salmo 77, 14; I Corintios 10, 1. Sobre los prodigios que siguen, léase Éxodo 13, 21; 14, 6; 16, 14 ss.; Números 20, 8 ss.
44. Véase versículo 14 y nota; Deuteronomio 32, 8.
45. Para que guardaran: Literalmente: para que guarden; forma llena de ternura si se considera que el Salmo se escribió mucho después y cuando bien se sabía ya que no los habían guardado (cf. Salmo 105, 1 y nota). Es que el salmista no ha querido poner aquí ninguna nota de reproche, sin duda para no empañar este poema de pura misericordia. El contraste con 1a ingratitud del pueblo ha quedado para el Salmo siguiente.
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SALMO 106 (105)
1. Continúa el Salmo anterior (cf. Salmo 104, 1 y nota). En ambas epopeyas se celebra a Dios por la historia milagrosa de Israel; en el primero, desde los patriarcas hasta Moisés; en el segundo, desde el éxodo de Egipto, abarcando los cuarenta años del desierto, la conquista de la tierra de Canaán y la época siguiente, y terminando con una aspiración mesiánica (versículo 47 s.) que figura también en I Paralipómenos 16, 35 s., no obstante lo cual se le supone posterior al cautiverio babilónico como la oración de Eclesiástico 36. Celebrad a Yahvé porque es bueno: Con esta alabanza a la eterna Bondad empiezan también los Salmos 106, 117 y 135. Véase en este último la nota inicial.
2. Las hazañas de Yahvé: Cf. Salmo 32, 10; Isaías 51, 9; Lucas 1, 51.
4. Acuérdate; etc.: Vaccari y Páramo hacen notar que ‘pide tener parte en la felicidad de la era mesiánica que espera ha de venir pronto’ y comparan este voto con el de Lucas 23, 42 s. (texto griego) donde el Buen Ladrón pide a Jesús que le reserve un lugar cuando venga en la gloria de su reino. Cf. versículo 47 s.; Salmos 71, 7; 101, 24.
5. Que yo vea: Habla en nombre de Israel (Fillion). Cf. Salmo 101, 1 y nota. Tobías anhela esto para sus descendientes (Tobías 13, 20). La Vulgata, en vez de: me gloríe, dice: Tú te gloríes. Con tu herencia: con el pueblo de Israel que es la herencia, la propiedad de Yahvé. Cf. Isaías 19, 25; Deuteronomio 9, 29; 32, 9; III Reyes 8, 50 s.; Salmo 73, 2; Eclesiástico 44, 12, etc.
6. Este versículo “tiene el valor de una pública confesión” (Vaccari). Compárese esto con nuestras naciones gentiles modernas que, decoradas con el nombre de civilización cristiana, exaltan sistemáticamente a sus antepasados y sentirían ofendido el honor nacional si se les dijese que había en su historia algo de qué avergonzarse. ¿Puede llamarse cristiana la formación de una juventud que crece imbuida en tales ideas que, como dice Pío XI, no conciben el patriotismo propio sin el menosprecio del fronterizo? “He aquí una de esas grandes mentiras convencionales que nadie remueve públicamente por razones que se consideran de buen gusto”, pero que muestran cuán lejos se está de vivir el Cristianismo.
7. Nuestros padres… se rebelaron: Reminiscencia de la salida de Egipto y del paso del Mar Rojo. Cf. Éxodo 5, 21; 14, 11 s.
8 ss. “A causa de su Nombre”: Cf. Salmo 113 b, 1 y nota; Ezequiel 20, 9; 36, 22 ss.
13. No aguardaron, esto es: no supieron esperar confiados en su amorosa Providencia (Éxodo 16, 17). La raíz de tantos males y errores fue para Israel, como lo es para nosotros, el no querer creer que Dios nos ama y todo lo tiene previsto para nuestro bien, muchísimo mejor que cuanto podríamos prever nosotros. Véase Mateo 6, 25-34; Job 38, 1, 4; 39, 9 y notas.
14. Alude al descontento con el maná exquisito que Dios les daba (Éxodo 17, 2; Números 11, 4).
15. La consunción: Así el hebreo. Otros vierten: tabes, o mortandad, o hastío. Cf. Números 11, 20 y 33.
16 s. Datan y Abirón, cómplices de Coré, el cual por orgullo levítico y envidia de los escogidos de Dios, se sublevó contra Moisés y Aarón, y fueron todos exterminados por el mismo Dios. Cf. Números capítulo 16.
19 ss. Sobre esta idolatría de todo el pueblo, en que se extravió tan horriblemente Aarón, véase Éxodo capítulo 32; Romanos 1, 23, Sabiduría 12, 24; 18, 21; Jeremías 16, 20; Salmo 113 b, 4 ss. Sobre la insensatez de adorar obras de hombres, véase los notables capítulos 13 de la Sabiduría y 6 de Baruc y la revelación asombrosa de los celos de Dios en Deuteronomio 32, 11-43; Santiago 4, 4, etc. Su gloria (versículo 20): Es decir, Yahvé, que es llamado “Gloria de Israel su pueblo”. Así también llamó Simeón al Mesías (Lucas 2, 32). Nada más patético que este contraste entre Él y la figura de un animal… y sin embargo las preferencias estuvieron por esta última. ¿Acaso el padre Adán no había preferido a la serpiente? ¿Acaso no había de ser aún preferido Barrabás a Jesús? No fue éste ciertamente el último triunfo del diablo. Véase lo que se anuncia en Lucas 18, 8; Apocalipsis 13, 7; 20, 7, etc., para mantenernos en saludable vigilancia y temor de nosotros mismos, no dudando de que somos muy capaces de hacer eso y aun peor, apenas nos soltásemos de la mano de Dios. Cf. Juan 2, 24; 15, 5 y notas.
22. Cf. Salmo 104, 23 y nota.
23. En la brecha, es decir, como en la guerra para cubrir con su cuerpo a su pueblo. Sublime audacia que el mismo Dios elogia en su amigo Moisés, figura del Redentor. Cf. Éxodo 32, 10 ss.; Números 14, 10 ss.; Deuteronomio 9, 25 ss. Cf. también versículo 32 y el retrato de Moisés “amado de Dios y de los hombres”, en Eclesiástico capítulo 45.
24. Despreciaron: Es la queja constante de Dios por el desprecio del don de su amor, que hacemos por desconfianza en su bondad, por no creer que en Él está nuestro bien y nuestra felicidad. Cf. Deuteronomio 1, 26 y 35; Juan 5, 40; 6, 56-61; Apocalipsis 3, 20; Cantar de los Cantares 8, 7.
27. Véase en Levítico 26, 33 ss. y sobre todo en Deuteronomio 28, 64 ss. este tremendo, anuncio que se está cumpliendo todavía.
28. Baalfegor es el Baal que tenía su templo en Fegor: un ídolo de Moab a cuyo culto vergonzoso se dedicaron los israelitas (Números 25, 1 ss.).
29. Véase esta plaga en Números 25, 4 s.
30 s. Es de admirar cómo Dios aprobó y bendijo la audaz hazaña de Fineés, inspirada en la santa indignación por el celo de la gloria divina. Bastó este acto de un hombre para salvar a todo el pueblo (Números 25, 7 ss.). Cf. Juan 2, 14 s. Para siempre jamás (versículo 31): Dios prometió a Fineés, hijo del sacerdote Eleazar y nieto de Aarón, un sacerdocio perpetuo (Números 25, 10-13). Véase Eclesiástico 45, 30; Ezequiel 44, 15 y nota. Cf. Salmo 109, 4 y nota.
32 s. Cf. Salmo 80, 8 y nota; Números 20, 2 ss. Deuteronomio 32, 51. Aquí y en el versículo 16 notamos el amor con que Dios excusa a Moisés.
34. Cf. Éxodo 23, 24; Números 33, 52; Deuteronomio 7, 1, 2, 16 y 24; 12, 2 s.; Jueces 1, 21 y 27-36. Igual desobediencia cometió Saúl en el caso de los amalecitas (I Reyes 15, 2, 9 ss.).
37 s. Cf. Deuteronomio 12, 29 ss.; Ezequiel 16, 20 y 21; Jeremías 19, 5; IV Reyes 3, 27; 16, 3; Jueces 11, 35.
39. Con sus propias obras: Parece referirse no sólo a esas prácticas idolátricas, sino a los mismos ídolos, que eran obra de manos de hombre. “Fornicaron”: Porque ‘el único marido de Israel es Yahvé (cf. Oseas 2, 2; 16, 19 s.)’ (Salterio Romano).
40 ss. Véase Jueces 2, 11 ss. Muchas veces se retiró de su pueblo el Señor, mas nunca para siempre (Romanos 11, 11 ss.). Nosotros los gentiles, llamados hoy a participar de su herencia (Efesios 2, 11 ss.), no hemos de gloriarnos (Romanos 11, 18 y 25), pues nos aguardan pruebas mucho peores: “cosas estupendas y prodigios hasta el punto de desviar, si fuera posible, aun a los escogidos” (Mateo 24, 24). Cf. Lucas 18, 8; II Tesalonicenses 2, 3 s.; Mateo 24, 11 s.; II Pedro 3, 3 s.; I Timoteo 4, 1; II Timoteo 3, 1 ss.; Judas 18; I Apocalipsis 13, 8; 16, 14: 19, 19; 20, 7 s.; Salmo 109, 5 s., etc.
43 ss. Muchas veces: Léase el elocuente resumen de aquellas vicisitudes en Jueces 2, 10-27. Es la voluntad porfiada del hombre, que quiere perfeccionar a Dios en vez de obedecerle como un niño, sabiendo que sus caminos no son nuestros caminos (Isaías 55, 8 s.).
46. Algunos expositores ven aquí una alusión al cautiverio babilónico y al decreto de Ciro (II Paralipómenos 36, 22 ss.; Esdras 1, 1 ss.; Salmo 95, 1 y nota).
47. Apunta aquí de nuevo la esperanza mesiánica que vimos en el versículo 4, tal como en Salmo 101, 14 ss. Congréganos... para que celebremos, etc.: Es éste uno de los textos que se cita en la cuestión de saber si el pueblo hebreo volverá a su tierra, y si volverá justificado (cf. Salmo 125, 6 y nota) o, como parece deducirse de otros pasajes, tendrá que sufrir allí la purificación final, y si ésta comprenderá las doce tribus o solamente a Judá. Vaccari concuerda este pasaje con Eclesiástico 36, 13 y Calès comenta: “El salmista y los que él representa no dudan de las promesas mesiánicas. Piden que sea pronto y que Israel sea reunido de nuevo en Palestina juntado de entre las naciones... y cifre su dicha en alabarlo de eternidad en eternidad.” Cf. Salmo 84, 1 y nota.
48. Con esta doxología se concluye el cuarto libro de los Salmos.
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SALMO 107 (106)
1. Aunque se ignora su autor, este riquísimo poema que inicia el libro quinto y último de los Salmos, empieza con las mismas palabras que los dos anteriores (cf. Salmo 105, 1 y nota). Se le considera posterior a la cautividad de Babilonia, y algunos suponen que la segunda parte (versículos 33-43) formase un cuerpo distinto, con ecos de Job y sobre todo de Isaías (cf. versículo 33 y nota). Su tema, como el de los anteriores, se inspira en la vida de Israel y su destino. Si la historia es “la maestra de la vida” (Cicerón), ninguna otra puede enseñarnos tanto como esta Historia sagrada, porque en ella hunde sus raíces el verdadero espíritu del cristianismo (Romanos 11, 17), aunque algunos lo hayan olvidado para buscar en el humanismo pagano o neopagano las fuentes de lo que llaman cultura. De ahí que este Salmo muestre también, a quien quiera verla, esa providencia de Dios que ama a los hombres y los corrige y los perdona como a hijos (cf. Hebreos 12, 3-13), y muestre asimismo cómo el Dios que por su Hijo nos mandó perdonar las injurias hasta infinitas veces (Mateo 18, 22), empieza por darnos el ejemplo, puesto que Él mismo se ofreció de modelo (Lucas 6, 36; Efesios 4, 32). Así también perdonaría hoy a hombres y pueblos apenas se volvieran a Él. Cf. Nehemías 9; Lucas 15, 20.
2. Alusión a la providencia de Dios en la esclavitud de Egipto y los diversos cautiverios sufridos por Israel; más adelante recuerda su bondad con las caravanas extraviadas (versículos 4-9); los presos (10-16); los enfermos (17-22); los navegantes (23-32) y en el himno final (versículos 33-42) lo alaba por sus promesas a los hambrientos y oprimidos, añadiendo, como triste moraleja, la pregunta del versículo 43 que recuerda la de Jesús en Lucas 18, 8.
3. Ha congregado: Gramática cita aquí Salmo 105, 47; Deuteronomio 30, 3; Eclesiástico 36, 13; Isaías 11, 12; 43, 5; 56, 8; Jeremías 29, 14; 31, 8 y 10; Ezequiel 20, 34 y 41 y 39, 27, pasajes todos alusivos a la restauración mesiánica esperada por Israel y no sólo a la vuelta de Babilonia (aun el de Jeremías 29, 14), pues entonces su condición continuó siendo precaria y no se cumplieron tales esperanzas (cf. Salmo 84, 1 y nota). Es decir que, como anota aquí acertadamente Nácar- Colunga: “este Salmo que nos describe como pasado el cautiverio babilónico termina pintándonos la restauración con colores claramente mesiánicos, cosa frecuente en los profetas que desarrollan el mismo tema”. El texto habla en efecto de los cuatro puntos cardinales (cf. Ezequiel 37, 23 y nota) y es indudable que estos congregados son los mismos a quienes se invita a cantar el himno final de gratitud (versículo 32). Véase versículos 33 ss. y notas.
4 ss. El salmista se refiere en este cuadro a la peregrinación de los israelitas por el desierto; y en ellos pueden verse hoy retratados todos los que buscan habitación y refugio. El versículo 6 (véase Salmo 105, 44) se repite en los versículos 13, 19 y 28 como un estribillo que recuerda la infatigable misericordia del Padre celestial (Salmo 102, 13 s.).
8. Al estribillo del socorro (cf. nota anterior) corresponde este estribillo de la gratitud, repetido también en los versículos 15, 21 y 31.
10 ss. Segundo cuadro (versículos 10-16): los cautivos; descripción de su culpa y de sus sufrimientos; recurso a Dios, auxilio y acción de gracias.
17 ss. Tercer cuadro (versículos 17-22): los enfermos, sus dolores y cómo Dios los cura. Envió su Palabra para sanarlos (versículo 20): Nótese que la Palabra de Dios aparece personificada. Así lo fue en Cristo, el Logos o Verbo de Dios (Juan 1, 1-8), que vino a curar a todos los afligidos, publicando el Evangelio del perdón en el “año de reconciliación” (Lucas 4, 18 s.; Isaías 61, 1). y vendrá por segunda vez en el “día de la venganza” (Isaías 61, 2; 59, 18; 63, 1-6; Apocalipsis 19, 13, etc.).
22. Sacrificios de alabanza... con júbilo. Alguien quizá no entenderá bien esto, porque la idea de sacrificio ha sido a veces deformada, como si significase dolor, en vez de obsequio u ofrecimiento hecho por amor. La esposa entrega su vida entera al esposo, y en manera alguna piensa en el sufrimiento, ni menos que el esposo se gozará en verla sufrir. Esta alegre entrega del corazón que canta su dicha y gratitud al Padre celestial es lo que a Él le agrada, según nos lo dice aquí y muchas otras veces (cf. Salmos 49, 14; 4, 6 y notas) y lo que nos lleva a amarlo con preferencia a todo otro amor (cf. Salmo 118, 32 y nota).
23 ss. Cuarto cuadro (versículos 23-32); los navegantes, a los que Dios conduce al puerto a través de los peligros. Este pasaje debiera estar escrito en todas las naves, bien visiblemente, como preciosa meditación y estímulo. En los viajes, como en la travesía de la vida, “todos juntamente peligran en la tempestad”, dice San Agustín, y él mismo añade en otro lugar: “Siempre y en todas partes y por todas las cosas sea Dios alabado; no nuestros méritos ni nuestras fuerzas ni nuestro saber. Cuantas veces nos viniere el remedio a nuestra tribulación amemos a Aquel a quien hemos invocado en nuestra amargura.”
33 ss. Cuadro quinto: El Señor convierte lo fértil en árido; mas, luego su misericordia hará todo lo contrario, como veremos en los versículos 35-38. “Los versículos 33-41, si bien pueden entenderse en sentido universal de la providencia de Dios, parecen aquí ilustrar más bien el modo de ayudar Dios a su pueblo en su regreso del destierro y su restablecimiento en Palestina. Las mismas metáforas se hallan en Isaías 35, 7; 41, 18; 42, 15; 50, 2, para describir ese retorno del exilio” (Salterio Romano). Cf. también Isaías 30, 2; 43, 19 s.; 45, 2; 66, 20. Ello no impide que este final forme parte orgánica del Salmo (cf. versículo 1 y nota), siendo precisamente, como parece anunciarlo el versículo 32, ese himno de alabanza que han de cantar los salvados y en que se “describe la felicidad de los israelitas vueltos del destierro” (Páramo) y “el floreciente estado de la nación reconstituida” (Vaccari). Cf. versículo 3. En ello se fundan los autores que “traducen los verbos en futuro y refieren este cuadro a los tiempos mesiánicos” (Crampón). Mas no es necesario que los verbos estén en futuro si se trata de un presente profético que da como realizado lo que anuncia, lo mismo que en los versículos 2 y 3 (véase allí las notas).
35. Cf. Isaías 30, 35; 36, 6 s.; 41, 18; 43, 19 s.
36. Contraste con los versículos 4 y 7.
39 ss. Esto es, los que tan humillados fueron a través de su historia, alcanzarán esta gran prosperidad señalada en los versículos 35 ss. (cf. Salmo 71, 16 y nota), gracias a Aquel que se compadece del caído y humilla al soberbio. Cf. Salmo 112, 7 ss. y notas y el versículo final de Miqueas que coincide con el final del Magníficat (Lucas 2, 54 s.).
42. Esta satisfacción de los justos, frente a la confusión de los impíos que ya no tendrán más pretexto para murmurar de la divina Providencia (Job 5, 16), es con harto motivo una de las grandes características de los tiempos mesiánicos y constituye una suprema aspiración de justicia que en vano se perseguirá mientras la cizaña esté mezclada con el trigo (Mateo 13, 30 y 41) y la red contenga “peces de toda clase” (Mateo 13, 47 ss.). Cf. Salmos 51, 8; 58, 17; 63, 11; 71, 12 ss.; Isaías 60, 18 y 21, etc.
43. Véase el final de Oseas (14, 5-10), donde el profeta formula igual pregunta después de hacer análogas promesas a Israel. Se resume así la enseñanza de esta admirable historia: conocer a Dios, como Padre, y hacerse pequeño para entender los misterios de su misericordia (Lucas 10, 21). Cf. también la tremenda respuesta que el Salmo 13, 2 da a una pregunta semejante. Según la versión de Vaccari, “el sabio observará tales cosas y se entenderán las misericordias del Señor”.
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SALMO 108 (107)
1 ss. Este Salmo se compone de dos fragmentos de otros dos, ambos davídicos y elohistas (cf. Salmo 41, 1 y nota): el Salmo 56, 8-12 forma los versículos 1-6 y el 59, 7-14 forma los versículos 7-14. El versículo 7 combina notablemente ambas secciones, cuya unión armoniosa da un marcado sabor mesiánico a este Salmo que, como observa Calès, tiene una individualidad propia y, aunque hubiese sido combinado después de Babilonia, es todo de David puesto que lo son sus partes. Compárense las notas respectivas.
5. Más grande que los cielos: Matiz de diferencia con Salmo 56, 11 que dice: “grande hasta el cielo”. Quizá procede de algún copista.
6. Y brille: Este segundo estiquio, que termina lapidariamente el Salmo 56, es precedido aquí de la conjunción y, como para unirse al versículo 7 que, perteneciendo al Salmo 59, forma aquí el nexo entre ambas secciones.
8. Por su santidad: Es decir: lo juró, como en Salmo 88, 36. El nuevo Salterio Romano dice: en su Santuario; Bover-Cantera: desde su Santuario. Triunfaré: Así también Vaccari, Páramo, Nácar-Colunga, Ubach, etc. Otras versiones dicen: me gozaré.
11. Inaccesible: El Salmo 59, 11 decía fortificada.
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SALMO 109 (108)
1. Es uno –quizá el más característico– de los Salmos imprecatorios (cf. Salmos 34, 4 ss.; 68, 23-29; 136, 7 ss.). Escrito por David, muy probablemente cuando la traición de Aquitófel (II Reyes 15, 12 y sigs.), figura de Judas (Salmos 40, 10; 54, 14 ss.), es evidente su alcance mesiánico, al menos en sentido típico, pues recuerda fuertemente, en algunos pasajes, la Pasión de Cristo, y San Pedro Io cita como alusivo al Iscariote (Hechos 1, 16 ss.). La sabiduría de Dios, que siempre es misteriosa (Salmo 50, 8; I Corintios 2, 7 ss.), nos ofrece aquí un contraste estupendo entre la ira divina (versículos 6-19) y su suavidad inefable (versículos 21 ss.), y nos muestra, en el versículo 20, que el rey profiere esas imprecaciones hablando en la santa presencia del Señor, no como hombre que maldice a otro (Job 31, 30; Salmo 58, 13), sino como profeta que anuncia de parte de Dios (versículo 27) las venganzas (Salmos 57, 11 s.; 65, 5 y 93, 1 ss. y notas) que su amor tomará por sus amigos calumniados (Sto. Tomás). Así también habla Cristo en el Salmo 68, lo cual no le impidió rogar en la Cruz por sus enemigos. Cf. Mateo 5, 11 s.; Proverbios 25, 21 citado por Romanos 12, 20. Gloria mía (cf. Salmo 105, 20). Según otros, en perífrasis: objeto de mi alabanza. Tal es aproximadamente el sentido según los LXX: que Dios no quede silencioso ante la alabanza que le tributa el salmista. La Vulgata pone: no calles mi alabanza, evidente error de copista, pues no es Dios quien alaba al hombre, y bien lo sabía el humildísimo David.
3 s. Sin motivo: Es lo que caracteriza la suprema iniquidad cometida con Jesús. Cf. Salmos 24, 19; 34, 19; 68, 5; Juan 15, 25.
4. Por lo que me debieran amar: Así también Rembold, concordando con LXX y Vulgata: en vez de amarme. Según el Texto Masorético sería: a cambio de mi amor, lo cual está dicho ya en el versículo 5. Me acusan: literalmente: hacen conmigo obra de Satán (cf. versículo 6 y nota). Hago oración: El hebreo termina con elocuente brevedad: Y yo: oración (cf. 119, 7).
5. En boca de Jesús es una queja infinitamente desgarradora. David, que en su medida sufrió también de calumnias e ingratitudes, “nos aparece en todo este pasaje manifiestamente como tipo de Jesucristo” (Fillion).
6. El acusador: Tal es el sentido de la palabra hebrea: Satán, equivalente a la griega: diábolos o diablo (cf. Apocalipsis 12, 10). ¡No puede pintarse situación más dramática para un reo! Cf. Salmo 93, 20 y nota.
7. Su oración sea pecado. Cf. Isaías 1, 13; Malaquías 1, 7-9. Véase versículo 17 y nota.
8. Citado por San Pedro cuando los apóstoles eligieron a San Matías en el lugar dejado por el traidor Judas (Hechos 1, 16 ss.). Ministerio: La Vulgata vierte episcopatum, en el sentido de función.
14 ss. Las palabras entre corchetes ya están en el versículo 15 y son sin duda una glosa, pues no figuran en el Siríaco. La culpa de sus padres: “Todo el que imita la maldad de su perverso padre se hace reo también de los pecados de éste; mas el que no sigue la maldad del padre, de ningún modo será gravado por su delito” (San Gregorio). El Catecismo Romano (III, 2, 36) citando a Éxodo 20, 5 s. manda a los párrocos recordar a los fieles “cuánto sobrepuja la bondad y misericordia de Dios a la justicia, pues, airándose hasta la tercera y cuarta generación, extiende hasta millares la misericordia”. Algunos intérpretes, fundados en Ezequiel 18, 20 y Génesis 8, 21, etc., traducen Éxodo 20, 5 en el sentido de que Dios tiene en cuenta la mala herencia de esos hijos, para hacerles mayor misericordia (cf. Mateo 9, 11; 18, 13; Lucas 7, 43; 12, 48). Cf. Ezequiel 18, 4 y nota.
16. Claramente se indica la causa de tantas maldiciones: la falta de misericordia (cf. Oseas 6, 6; Mateo 9, 13; 12, 7). Porque la caridad, origen de tantos bienes, no es sólo un mérito: es una obligación (Lucas 6, 27-38), y su falta acarrea todos los males, hasta la condenación a la gehena eterna (Mateo 25, 34-45).
17. Así como las bendiciones que damos vuelven a nosotros (Lucas 10, 6), así las maldiciones caen sobre la propia cabeza. Véase versículo 7 y nota, y la terrible imprecación a los sacerdotes en Malaquías 2, 1-3.
20. Véase versículo 1 y nota. Algunos suprimen: de Yahvé, por razones rítmicas, considerándolo una glosa como en el versículo 14.
21 s. Aquí, como en Salmo 68, 30 ss., en cuanto David aparta los ojos de la maldad que condenaba, vuelve instantáneamente a la exquisita y confiada humildad de un niño, la cual es siempre el sello de su oración, anticipo de la de Cristo (cf. Salmos 85, 1; 114, 1 y notas, etc.). Un moderno estudioso de los Salmos señala acertadamente que tanto las anteriores imprecaciones como las del Salmo 68 son de David y nadie podría atreverse a afirmar que él habría tomado esas ni otras venganzas de sus enemigos si los hubiese tenido a mano, pues bien demostró él todo lo contrario en la misericordia con que trató a su gran perseguidor Saúl cuando estuvo a merced suya (I Reyes 24, 1 ss. y notas), no obstante las grandes pruebas de paciencia a que éste lo tenía sometido (cf. Salmo 56, 1 ss. y notas). Cf. también la conducta de David en Salmo 7, 5.
22 ss. Infortunado, etc.: Tal como el que pinta el versículo 16. El honor de Yahvé, que Él cifra en ser misericordioso (cf. Efesios 1, 6 y nota), está en que Él libre al débil del prepotente (cf. Salmo 71, 4). Así será para Él toda la gloria (versículo 27). Cf. Salmo 85, 17.
28. Recordemos, como un escudo invencible, esta fórmula, que encierra la plenitud del espíritu evangélico. ¿Qué puede importarnos la maldición del mundo, si Él está contento? Jesús llega a decir que en estos casos nos pongamos a saltar de gozo, y nos equipara a los profetas. Cf. Mateo 5, 11 s.; Lucas 6, 22 ss.; Salmo 50, 14; Romanos 8, 31.
30. Una vez más, vemos el valor de la alabanza como instrumento de gratitud (Salmos 49, 14; 106, 22), en contraste con la mala lengua (cf. Santiago 3, 1 ss.).
31. “A la derecha”: Como su abogado defensor en el juicio (cf. I Juan 2, 1). Nótese la oposición con el versículo 6. San Agustín dice aquí: “Satán se coloca al lado de Judas, que ambicionó acumular riquezas; ¡en cambio, junto al pobre está Dios! Él es la riqueza del pobre.”
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SALMO 110 (109)
1. “Breve por el número de las palabras, grande por el peso de las sentencias” (San Agustín), este Salmo, paralelo del Salmo 2 y “el más célebre de todo el Salterio” (Vaccari), goza del privilegio de haber sido interpretado por Jesús mismo (Mateo 22, 41-46). Después de señalar allí como autor a David, de modo que nadie pudiese negarlo (Comisión Bíblica, 19 de mayo de 1910), el Señor prueba con él a los judíos la divinidad de su Persona. Prueba también que el Padre le reservaba el asiento a su diestra glorificándolo como Hombre (Salmo 2, 7 y nota) —según dice el Credo: “Subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre”— y destaca sus derechos como Mesías Rey, que Israel desconoció cuando Él vino y “los suyos no lo recibieron” (Juan 1, 11; cf. Isaías 35, 5 y nota). Estos derechos los ejercerá cuando el Padre “le ponga a todos sus enemigos bajo sus pies para reunirlo todo en Cristo, las cosas del cielo y las de la tierra” (Efesios 1, 10) y someterlo todo a Él (versículo 2), en el día de su glorificación final (versículo 3), porque “al presente no vemos todavía sujetas a Él todas las cosas” (Hebreos 2, 8; 10, 12-13; cf. Marcos 16, 11 y nota). No hay pasaje, en todo el Antiguo Testamento que no sea tan citado en el Nuevo como este Salmo, y San Pablo no se cansa de citarlo como mesiánico (1 Corintios 15, 24 ss.; Efesios 1, 20 ss.; Colosenses 3, 1; Hebreos 1, 3; 5, 6; 7, 17; 8, 1; 10, 12-13), porque el Mesías es aquí proclamado Hijo de Dios (versículos 1 y 3), Rey futuro (versículos 2 y 3) y Sacerdote para siempre (versículo 4). Para cada una de estas proclamaciones habla solemnemente Dios en Persona, es decir, el Padre, tres veces sucesivas (versículos 1, 2, 4). En lo restante es David quien confirma la profecía explicando su sentido. “A mi Señor”: A Cristo, al cual David llama proféticamente mi Señor (en hebreo “Adoní”: cf. versículo 5 y nota) como a Hijo de Dios (Salmo 2, 7). Vano parece detenerse a mostrar que esto no pudo dirigirse a Salomón, ni siquiera como “tipo” de Cristo, pues aquel “rey pacífico” nunca se pareció en nada al formidable Guerrero que aquí vemos. “Siéntate a mi diestra”: Que esto no se refiere al Verbo eterno antes de su Encarnación, sino a Cristo después de su Ascensión, consta de muchos textos (Hechos 2, 34; 7, 55; Romanos 8, 34; Hebreos 1, 8; I Pedro 3, 22). Sentarlo a su diestra como Hombre, equivale a otorgar a su Humanidad santísima la misma gloria que como Verbo tuvo eternamente y que Él había pedido en Juan 17, 5. Cf. Salmo 2, 7 y nota. Hasta que Yo ponga, etc.: Esto es, hasta que llegue la hora (Hebreos 10, 12 s.) en que el Padre se disponga a decretar el triunfo definitivo del divino Hijo (versículos 2 y 3) que en su primera venida fue humillado (versículo 7). Equivale al otro artículo del Credo, según el cual desde la diestra del Padre “vendrá otra vez con gloria a juzgar a vivos y a muertos y su reinado no tendrá fin”.
2. Lo entregará Yahvé: Como lo anuncia Él en Salmo 2, 6: “Yo he constituido a mi Rey sobre Sión mi santo monte”, diciendo luego a Cristo: “Pídeme y te daré en herencia las naciones y en posesión los términos de la tierra” (Salmo 2, 8). “El Héroe está asociado a Dios con una intimidad que hace pensar en la del Hijo del Hombre en Daniel 7, 13 s. y aun la sobrepuja por la precisión con que está expresada” (Calès). Desde Sión impera, etc.: Así también Rembold, Ubach y otros. Esta puntuación es más exacta que si dijera: “Lo entregará Yahvé desde Sión”: pues, como bien dicen Calès, Lesétre y otros, “su imperio partirá desde Sión (Isaías 2, 3) y se extenderá sin límites, sin que ningún adversario pueda resistirle”; y así acabamos de ver que en Salmo 2, 6 el Rey es constituido sobre Sión y no desde Sión (cf. Miqueas 4, 1 ss.; Salmos 43, 3; 64, 2; 67, 16 s.; 75, 3; 131, 13, etc.). Es, como dice el Crisóstomo, una predicción de que un día Cristo someterá a su Reino la totalidad de sus enemigos, los judíos (Romanos 11, 26 s.) y los gentiles (Salmo 71, 11).
3. El Texto Masorético está muy lastimado (algunos piensan que intencionalmente para destruir la riqueza mesiánica de la profecía), siendo muchas las variantes que se proponen. Felizmente se conserva el texto de los LXX, fundado en un hebreo mucho más antiguo que el masorético, y a él podemos atenernos en estos casos. Como explica Teodoreto, el sentido de este versículo es el mismo de Salmo 92, 2 (cf. nota), a saber: aunque Tú eres omnipotente, pues el Padre te engendró igual a Él desde la eternidad, manifestarás ese poder cuando vengas para el juicio y llenes de esplendor a tus santos. Tuya será la autoridad en el día, etc.: Literalmente: Contigo el principado en el día, etc. La Vulgata tradujo principado por principio. El hebreo dice aproximadamente: Tu pueblo (o los príncipes) presuroso estará contigo el día de tu fortaleza sobre las santas montañas (cf. versículo 5; Zacarías 13, 9; Romanos 11, 25 ss.). Otros, en vez de fortaleza, dicen llamado (cf. Salmo 88, 16 y nota). En vez de tu poderío, algunos vierten: tu nacimiento, pero, aunque así lo anunció el ángel a María (Lucas 1, 32 s.), sabemos que “el primer advenimiento fue en la humildad y despreciado” (Canon de Muratori, Ench. Patr. 268), y Aquel a quien los Magos buscaron como el Rey de los judíos (Mateo 2, 2) de acuerdo con Miqueas 5, 2 (cf. Mateo 2, 6), lejos estuvo de ejercer entonces tal reinado sobre su ingrato pueblo (ni menos esa violencia con las naciones, descrita en los versículos 5 y 6). Así Él mismo lo declaró a Pilato sin perjuicio de confirmar su dignidad real (Juan 18, 33-38). En los resplandores de la santidad (tuya), pues el Salmo es esencialmente un elogio de Cristo mismo, y destaca de este modo el resplandor de su aspecto el día de su venida en gloria, como lo mostró en la Transfiguración (cf. Marcos 9, 1 y nota). Otros vierten: En los esplendores de tus santos (cf. Judas 14 y nota Filipenses 3, 20 s.; I Tesalonicenses 4, 16 s.). Bover-Cantera traduce: entre sagrada pompa; Prado: en fulgor santo. Él te engendró: Wutz, Rembold y otros usan también aquí el verbo en tercera persona, lo cual, como dice Calès, queda bien al contexto. Después de hablar el Padre en versículo 2 b, es el salmista quien habla en el versículo 3. Mientras en el versículo 1 y en el Salmo 2, 7 se trata de la glorificación de Cristo Hombre a la diestra del Padre, este texto, así vertido, alude a la generación eterna del Verbo, de donde se deduce la divinidad de Jesucristo por identidad de su naturaleza con la del Padre (cf. Hebreos 1, 3; Sabiduría 7, 26 y notas). Del seno. Otros: como Rey (Wutz); cual rocío (Bover-Cantera, Nácar-Colunga, Prado). Rembold vierte así el último hemistiquio: El Señor te ungió Rey en los montes santos (cf. Salmo 2, 6). Otros, según el Texto Masorético, leen así este final: En las bellezas de la santidad desde el seno de la aurora: tú tienes el rocío de tu juventud, cosa, como se ve, demasiado insegura frente al texto que adoptamos, sólidamente apoyado, como hemos visto, por el contexto y los lugares paralelos. Sobre la procedencia divina de Jesús, cf. Isaías 4, 2; 7, 14; 9, 6; Miqueas 5, 2; Zacarías 13, 7, etc. Antes del lucero: Esto es, antes de toda creatura. Quizá podría verse en el lucero una alusión a Satanás cuya derrota por el Mesías anuncia precisamente este Salmo. Es de notar que fuera de algunas menciones intrascendentes en Job (11, 17 y 38, 32), el nombre de Lucero (Lucifer) sólo se usa una vez más en el Antiguo Testamento: en Isaías 14, 12 donde es aplicado al rey de Babilonia, figura de Satanás o en todo caso de la potestad anticristiana (cf. Jeremías 51, 53; Apocalipsis 17 y 18). En cambio en el Nuevo Testamento ese mismo nombre (en griego Heósforos, variante: Fósforos) es usado una sola vez (II Pedro 1, 19), con referencia a la Parusía de Cristo, el cual había sido simbolizado por la Estrella de Jacob (Números 24, 17) y anunciado en su Nacimiento por una estrella (Mateo 2, 2). En su segunda venida se llama a Sí mismo la Estrella Matutina (Apocalipsis 22, 16), anunciando con ese nombre el galardón de su Reino (Apocalipsis 2, 28), galardón que es Él mismo (Apocalipsis 22, 12).
4. San Pablo, en la Epístola a los Hebreos, es el gran intérprete de este Salmo y especialmente de este pasaje, al que dedica casi íntegramente seis capítulos (de 4, 14 a 10, 25), citándolo constantemente para armonizarlo con el versículo 1 (Hebreos 5, 5-10; 6, 20; 7, 28; 8, 6; 10, 12 s.) y también con Salmo 2, 7 (Hebreos 5, 5 s.), lo que muestra una vez más la correlación de ambos oráculos. Revela así maravillosamente el celestial sacerdocio de Cristo, que no se arrogó Él, sino que esperó a que el Padre se lo diera con el juramento que aquí vemos (Hebreos 5, 4-6; 7, 17 y 28; 8, 6). Y así “una vez perfeccionado (por su Pasión) vino a ser causa de sempiterna salud para todos los que le obedecen, siendo constituido por Dios Sumo Sacerdote a la manera de Melquisedec” (Hebreos 5, 9 s.; 6, 20), es decir, con un sacerdocio para siempre porque su vida es indestructible (Hebreos 7, 16), dado que Él, resucitado, ya no puede morir como morían los demás sacerdotes (Hebreos 7, 23). Él permanece para siempre (Hebreos 7, 24; Romanos 6, 9; I Timoteo 6, 16; Apocalipsis 1, 18) y vive para interceder por nosotros (Hebreos 7, 25; 9, 24), “sentado a la diestra del Padre” (versículos 1 y 5; Hebreos 8, 1) como Ministro del Santuario celestial (Hebreos 8, 2; 9, 11 y 24) y Mediador del Testamento nuevo (cf. Hebreos 8, 6-13; 9, 15; 10, 15-18), lo cual exigía la previa muerte del testador (Hebreos 9, 16 s-; cf. Hechos 3, 22 y nota); y como el sacerdocio requiere víctima que ofrecer (Hebreos 8, 3), Él ofrece su Sangre (Hebreos 9, 14), pues “como Sumo Sacerdote de los bienes venideros... por la virtud de su propia sangre entró una vez para siempre en el Santuario, después de haber obtenido redención eterna” (Hebreos 9, 11-12). Por lo cual “hemos sido santificados una vez para siempre por la oblación del Cuerpo de Jesucristo” (Hebreos 10, 10), quien, “ofreciendo por los pecados un solo sacrificio” (Hebreos 10, 12), a diferencia de los antiguos sacerdotes que sacrificaban víctimas cada día, “para siempre está sentado a la diestra de Dios aguardando lo que resta para que sus enemigos sean puestos por escabel de sus pies” (Hebreos 10, 12-13). Muestra en fin el Apóstol a los Hebreos, cuán grande es la significación de este versículo que él llama “juramento posterior a la Ley” (Hebreos 7, 28) y merced al cual tenemos “confiado acceso al Santuario celestial” (Hebreos 10, 19) para recurrir al “gran Sacerdote establecido sobre la casa de Dios” (Hebreos 10, 21), al cual, dice, “lleguémonos con corazón sincero, en plenitud de fe” (Hebreos 10, 22) y caridad de unos con otros (ibíd. 24) y “confesión de nuestra esperanza” en su gloriosa venida (ibíd. 23 y 25). A la manera de Melquisedec (así también Vaccari, Bover-Cantera, Cales, Wutz, Ubach, Sánchez Ruiz, etc.). Véase sobre esto Hebreos 7, 1 ss., donde San Pablo muestra la admirable figura de Cristo que fue Melquisedec, sacerdote y rey (Génesis 14, 18; cf. Zacarías 6, 12 s.; Ezequiel 44, 3; 45, 15 ss. y 22 ss.; 46, 2 ss.) de Salem o Jerusalén (Salmo 86, 3 y nota), de paz (cf. Salmo 45, 10; Isaías 11, 6-9) y de justicia (cf. Salmo 71, 2 y 7; Isaías 32, 1; Jeremías 23, 5 ss.; 33, 15 ss.). Su sacerdocio fue distinto del de Aarón, no obstante las promesas hechas a éste y a sus descendientes (Éxodo 40, 12 s.; Números 25, 13; Eclesiástico 45, 19; cf. Salmos 105, 30; 117, 2), porque ellos murieron, en tanto que Melquisedec “vive” (Hebreos 7, 8) y “permanece sacerdote a perpetuidad” (ibíd. versículo 3). Sobre sacerdocio cf. Eclesiástico 24, 14; Hebreos 8, 4; I Pedro 2, 9; Apocalipsis 1, 6; 5, 10.
5. El Hijo está hoy a la diestra del Padre como en el versículo 1, ejerciendo su Sacerdocio (versículo 4) en una continua intercesión por nosotros (Hebreos 7, 24 s.), a la espera de que el Padre le cumpla la promesa del versículo 2 (Hebreos 10, 12 s.), para cumplir Él a su vez las hazañas del versículo 6. Leemos, pues, al principio Adoní (mi Señor) y no Adonai (el Señor), lo mismo que Ubach, Wutz, Calès y otros porque, como muy bien lo dice este último, “es el Mesías quien está a la diestra de Yahvé, de igual modo que en el versículo 1 s., y quien realiza lo que se expresa por los verbos de los versículos 5-7. No hay otra solución posible para el versículo 7, porque no es Dios Padre quien bebe del torrente en el camino. Y por lo tanto tampoco es Él quien ejecuta los actos enumerados en los versículos 5 y 6, a menos de admitirse una incoherencia (cf. Mateo 26, 64; Lucas 22, 69). Destrozará, etc.: algunos vierten: “destroza”, etc., poniendo los verbos en presente profético (cf. Salmos 2, 9; 44, 4-6; 67, 22), En el día de su ira, esto es, de la ira del Cordero (Apocalipsis 6, 16). Cf. versículo 6; Sofonías 1, 14 ss.; Mateo 23, 41; Romanos 2, 5 y 8; II Tesalonicenses 1, 7-10. Como observan los comentadores, este juicio, en el cual no se alude a la suerte de los justos, es descrito con los caracteres de una batalla terrible, donde el Mesías no economiza sus fuerzas pero en la que obtiene también un triunfo deslumbrante. Cf. Apocalipsis 16, 14 y 16; 17, 14; 19, 19.
6. Juzgará: Otros vierten: hará justicia. Sobre el significado de esta expresión véase los Salmos 92-99; 100, 2 y nota. Cf. Salmo 88, 28; Apocalipsis 11, 15. Las naciones: literalmente: los gentiles, como en el Salmo 2, 8 (cf. Ezequiel 30, 3; Daniel 2, 45; Lucas 21, 24; Romanos 11, 25). Amontonará cadáveres: También en esta violencia concuerda con el Salmo 2, 9. Cf. Salmo 110, 7; Joel 3, 9-17; Zacarías 14, 1-4; Mateo 25, 32; Lucas 19, 27; Apocalipsis 19, 11-21 s. La cabeza: Así literalmente y en singular. El sentido parece ser: al jefe, como leen algunos, refiriéndose al Anticristo. Cf. versículo 5 y nota; Salmo 149, 6-9; Apocalipsis 2, 27; 19, 15. Rembold vierte así: Juzgará a los gentiles inflados de soberbia.
7. Los Santos Padres han visto en este versículo el contraste entre ambas venidas del Mesías (cf. versículo 3 y nota), o sea, entre este gran triunfo anunciado a Cristo Rey y el supremo rebajamiento de su Encarnación (cf. Filipenses 2, 7 s. y nota) y de su Pasión, en la cual, para ir del Cenáculo a Getsemaní, atravesó y quizá bebió del torrente Cedrón (Juan 18, 1), como lo había hecho, en un momento semejante, el mismo David, que tantas veces fue figura de Él (II Reyes 15, 23). Cf. Isaías 61, 1 s. y nota. Los modernos tienden a interpretar este pasaje en el sentido de que el Héroe divino, como los guerreros de Gedeón (Jueces 7, 5 s.), apenas beberá un sorbo de agua al pasar, no dándose tregua ni retirándose a descansar hasta el completo aniquilamiento de los enemigos. Entonces, cuando no existan ya los que dijeron como en la parábola: “No queremos que éste reine sobre nosotros” (Lucas 19, 14 y 27), lo veremos a nuestro amable Rey, que tiene “un Nombre sobre todo nombre” (Filipenses 2, 9), levantar triunfante para siempre la sagrada Cabeza que nosotros coronamos de espinas (Juan 19, 2 s.) y que los ángeles adoraron (Juan 20, 7). Lo veremos y lo verán todos (Apocalipsis 1, 7), aun los que le traspasaron (Zacarías 12, 10; Juan 19, 37) y celebrarán su triunfo los ángeles, que están deseando ver aquel día (I Pedro 1. 7-12).
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