
1. Al principio, es decir, cuando no existía aún nada de lo que se encierra en las palabras “cielo y tierra”. Desde antiguo se ha observado la semejanza de este pasaje con Juan 1, 1: “En el principio era el Verbo”. De ahí que algunos Padres y Teólogos sostengan que el autor sagrado se refiere aquí al Hijo por el cual todo fue hecho (Juan 1, 3). Cf. Proverbios 8, 22. A favor de esta opinión pueden alegarse otros pasajes, por ejemplo: Hebreos 1, 2; Apocalipsis 3, 14; 22, 13 y especialmente Colosenses 1, 18, donde el Apóstol llama a Cristo “el principio” y dice que “por Él fueron hechas todas las cosas, las de los cielos y las que están sobre la tierra, las visibles y las invisibles, sean dominaciones, sean principados, sean potestades. Todas las cosas fueron creadas por medio de Él y para Él (Colosenses 1, 16). Es de notar que el mismo Jesús se llama “el principio” en Juan 8, 25 (Vulgata). Creó: de la nada; no de alguna materia preexistente, como se lee en las cosmogonías paganas. El verbo hebreo ‘bará’ se usa específicamente para señalar la actividad divina y la creación ex nihilo. “Hacer una cosa cuando no existía nada, es producir de la nada, es crear en el sentido filosófico de la palabra” (Ceuppens). “Dios”, en hebreo Elohim, es un plural que viene de Él o Eloah (=el Fuerte). Sale en el Antiguo Testamento más de 2.500 veces y tiene los siguientes significados: a) Dios, b) los falsos dioses (Éxodo 12, 12), c) los vicarios de Dios: los ángeles, príncipes, jueces (Salmo 96, 7 comparar con Hebreos 1, 6; Salmo 81, 6 comparar con Juan 10, 34; cf. I Reyes 28, 13). Elohim lleva por regla general los atributos y verbos en singular, como en este versículo (cf. También el versículo 26, lo que prueba claramente que no se trata como dicen los racionalistas, de un resto de politeísmo. Al contrario, el politeísmo es una depravación del monoteísmo primitivo, cuyas huellas se han conservado, fuera de la Biblia, hasta nuestros días, en algunos pueblos “salvajes” que viven muy retirados y sin mayor contacto con los otros. Los investigadores modernos, sobre todo la escuela antropológica del P. W. Schmidt, han descubierto en aquellos pueblos la creencia de un Dios supremo, creador de todas las cosas, muy justo y muy bueno, legislador y juez de los hombres. No hay, pues, duda, de que el politeísmo es un producto de la apostasía de la religión primitiva. “El cielo”, incluso los ángeles (cf. El pasaje de Colosenses 11, 16, citado más arriba) y “la tierra”: el orbe entero, sin excluir nada. Orígenes y San Agustín entienden por cielo las cosas espirituales, por tierra las materiales.
2. Confusión y caos: El hebreo usa dos palabras que suenan onomatopéyicamente: tohu y bohu, y que se repiten en Jeremías 4, 23. Los Setenta vierten invisible y carente de orden. Algunos autores modernos ven en este versículo una alusión a un cataclismo anterior a la actual organización de la tierra; opinión que no tiene fundamento en la construcción gramatical del texto hebreo. Los que en el versículo primero incluyen la creación de los ángeles ven aquí una misteriosa conexión con la caída de los ángeles, cuyos sustitutos, por decirlo así, iban a ser los hombres, para los cuales Dios, en su infinita bondad preparaba la tierra. En Isaías 14, 9-14 el profeta nos describe la caída del príncipe de los ángeles bajo la figura del rey de Babilonia que lleva el nombre apocalíptico de Lucifer (Luzbel), y San Juan nos describirá su derrota en los últimos tiempos (Apocalipsis 12, 7 ss.). Muy poco sabemos de la rebelión de Satanás, pues Moisés no relata explícitamente la creación de los ángeles, sino que la presupone. “El abismo”: las aguas revueltas que rodean la tierra aprisionada por ellas (Ceuppens). Los antiguos se representaban la tierra rodeada por todas partes de inmensas profundidades. La palabra hebrea “tehom” (abismo) corresponde a la babilónica “tiamat”, que es la personificación del océano. “El Espíritu de Dios”: el Espíritu Santo. Así lo explican los Santos Padres. La Liturgia del Sábado Santo sigue la misma interpretación. Solamente San Efrén, Teodoreto y algunos modernos lo entienden del viento, pues en hebreo las dos cosas, espíritu y viento, son expresadas por la misma palabra. “Se movía”: el verbo hebreo significa moverse lentamente, revolotear (cf. Deuteronomio 32, 11) a la manera de las aves. Cf. la paloma como símbolo del Espíritu Santo en el Nuevo Testamento (Mateo 3, 16). Nácar-Colunga traduce: “estaba incubando”, como para dar forma y hermosura al universo. El Espíritu Santo es el artífice que sacó de este caos un mundo bien ordenado. Es, pues, un error creer que el Espíritu Santo solamente se manifiesta desde su venida el día de Pentecostés y que haya estado inactivo en los tiempos antiguos. “En los albores de la Creación, junto a la masa caótica de materia pasiva e incapaz de producir algo por sí misma, el autor sagrado coloca, en contraste admirable, la presencia benigna del Espíritu de Dios, que todo lo vivifica. Y junto a los umbrales del Nuevo Testamento, el libro de la Sabiduría nos habla de una Sabiduría que en algunos capítulos se identifica con Dios.” Cf. Sabiduría 1, 5 s. El Espíritu Santo actúa a lo largo de todo el Testamento Antiguo, siempre moviéndose sobre el caos del mundo y formando el Reino de Dios sobre la tierra. Si los hombres no lo reconocieron, es porque el misterio del Espíritu no se reveló de una vez, sino poco a poco hasta descorrer Dios la plenitud de sus secretos por medio del Verbo hecho carne. Si combinamos esta verdad con lo dicho en 1, 1 y nota, y especialmente con Juan 1, 3 donde el Apóstol dice que por Cristo “fueron hechas todas las cosas”, vislumbramos ya en los primeros versículos de la Biblia el misterio de la Trinidad y la eterna preocupación de Dios Trino por nuestra salvación. “Se insinúa aquí, dice San Buenaventura, la Trinidad entera: el Padre con el nombre de Dios Creador, el Hijo con el nombre de Principio, y el Espíritu Santo con el Espíritu de Dios” (Breviloq.). Son de admirar estas luces que Dios nos hace ver desde el Antiguo Testamento sobre el misterio de los misterios. Cf. v. 26; 18, 2; Éxodo 3, 6; Números 6, 24 s; Eclesiástico 50, 22; Isaías 6, 3 y 8, etc.
3. Comienza con este versículo el relato de las obras de la creación que se dividen en dos clases: “opus distinctionis” (creación de los espacios y lugares) y el “opus ornatus” (acción de llenar y poblar los espacios). A la primera clase de obras dedica el autor sagrado los tres primeros días; a la segunda, los días siguientes. Parece haber aquí una contradicción con el versículo 14, donde se narra la creación del sol, fuente de la luz. La contradicción desaparece, si tomamos la voz “luz” en sentido lato: energía, que Dios concentrará en el sol (v. 14). Oigamos sobre este punto un físico moderno: “En nuestro siglo este “grave error” del Génesis se ha disipado, y muy lejos de ver aquí un error, vemos un acierto científico verdaderamente sorprendente. Hoy sabemos que luz y materia no son sino distintas formas de una misma cosa: la energía. Sabemos también que de todas las formas de la energía es la luz la más pura y la única que pudo existir sin un soporte material; si bien en nuestras aplicaciones corrientes, nosotros obligamos a la materia a que nos devuelva luz” (J. Domínguez Casanueva, Estudios, Santiago de Chile, abril 1949, pág. 17).
4. Era buena, no sólo por su belleza o sus buenos efectos, sino por ser la realización de una idea del Creador, pues todo lo que hace Dios es bueno; lo malo entró en el mundo por el pecado (cf. Sabiduría 2, 24 y nota).
5. Tarde y mañana: el comienzo y el fin del día. Para los hebreos comenzaba el día con la puesta del sol, de manera que, por ejemplo, el sábado comenzaba el viernes al caer la noche. Los “días” de la creación no han de entenderse como intervalos de 24 horas, sino que pueden tomarse, como dice la Pontificia Comisión Bíblica, en sentido lato de período (Denz. 2128). Los Padres, p. e., San Crisóstomo, San Basilio, San Ambrosio, prefieren entender esa palabra en su sentido propio. Entre los exégetas modernos hay algunos (Bea, Simón Prado) que ven en los días de la creación un esquema literario “que sigue una línea progresiva desde las cosas imperfectas hasta las perfectas”. No faltan quienes los explican como resultado de una visión, mediante la cual Dios expusiera a Adán o a Moisés el desarrollo de la creación.
6. Firmamento: la bóveda del cielo en que parecen colocados los astros. La palabra hebrea significa “sólido”.
7. Las aguas que están bajo el firmamento son los mares, ríos, fuentes; por aguas superiores, en cambio, se entienden aquellas que parecen estar almacenadas sobre el firmamento, de donde caen sobre la tierra, en forma de lluvias. Como se ve, Moisés no habla en términos científicos, sino según las apariencias y con expresiones populares, como también lo hace el salmista, quien en el Salmo 32, 7 se refiere a las aguas del mar recogidas en un odre. Cf. 7, 1; 8, 2; Salmos 77, 23; 103, 3; 148, 4; Daniel, 3, 60.
9. Lo seco: los continentes que surgen de la masa informe y caótica (v. 2)
11. Los expositores no concuerdan en la interpretación de este versículo. Algunos distinguen solamente dos clases de plantas, otros sostienen que se trata de tres: hierbas, hortalizas y árboles frutales, lo cual concuerda mejor con el texto hebreo. “Brote”: porque la tierra poseía ya las plantas en potencia por el soplo del Espíritu de Dios (v. 2). Ceuppens (Quaestiones selectae ex Historia Primaeva) no cree que aquí el hagiógrafo insinúe la creación de cada especie y excluya el transformismo (mitigado).
14 ss. “Lumbreras”: aludidas ya en el v. 5. “Sirvan de señales”: Aquí se señala su función, que consiste ante todo en servir de reloj para los hombres e indicarles las estaciones del año, los días y las fiestas. Cf. Salmo 103, 19-23. Es de notar que las cosmogonías paganas fueron incapaces de conservar este concepto de la función de los astros y les dieron el carácter de dioses. “A los dioses Schamasch y Sin, Re y Tot, que en Babilonia y en Egipto realmente “dominaban” como representantes de los astros, el autor les atribuye tan poca importancia como el Salmista en Salmo 135, 8 s. De lo contrario no hubiera elegido esta expresión” (Heinisch). La lumbrera mayor (v. 16) es tipo de Cristo que en Malaquías 4, 2 es llamado “Sol de Justicia”. Cf. Isaías 60, 19; Zacarías 3, 8; Lucas 1, 78; Apocalipsis 21, 23, y especialmente el Prólogo del Evangelio de San Juan (Juan capítulo 1). Esta denominación ha sido trasplantada a la Liturgia, en donde sirve para ordenar el año litúrgico. El “Sol de Justicia”, Cristo, es el centro del movimiento cíclico de todas las solemnidades místicas de la Iglesia.
20. Seres vivientes, literalmente: almas. El sentido primitivo de la palabra es aliento, hálito, vida. De ahí que se use en el sentido de alma en todo el Antiguo Testamento y también en el Nuevo (Cf. Mateo 10, 39 y nota). La Vulgata vierte: produzcan las aguas reptiles de alma viviente y aves que vuelen sobre la tierra debajo del firmamento del cielo. El término “produzcan” dio lugar a la creencia de que los peces y también las aves fuesen productos del agua. Así lo interpretan, entre otros, San Cirilo de Alejandría, San Juan Damasceno, muchos escolásticos y el autor del himno de vísperas del jueves:
Magnae Deus potentiae,
qui fertili natos aqua
partim relinquis gurgiti
partim levas in aëra.
22. Dios bendice los animales, pero no las plantas, porque, según interpretan algunos, los animales son capaces de percibir la bendición. Mejor sería decir que Dios bendijo todas las cosas creadas, incluso las plantas, aunque Moisés no lo relata expresamente.
24. Produzca, porque la tierra es la materia (prima) de la cual Dios se sirve para crear los animales (cf. v. 25 y 2, 19). Los autores católicos no concuerdan en la interpretación; unos dicen que Dios creó los animales directamente; otros, en forma mediata; otros opinan que el hagiógrafo prescinde de expresarse sobre este punto y se limita a afirmar la causalidad en todo lo que se refiere a la vida. No se debe mezclar la Biblia con teorías modernas.
26. “La solemnidad de la fórmula indica claramente que se trata de la obra más importante. Dios entra en consejo consigo mismo, e invoca la plenitud de su ser, del cual es revelación la Trinidad” (Náca-Colunga). La creación del hombre difiere de las otras creaciones en tres puntos: a) En vez de dar una orden a la materia prima, es el mismo Dios quien pone mano a la obra; b) Dios crea el hombre según Su imagen y semejanza; c) el hombre es constituido señor de toda la creación visible. “Al hombre”: en hebreo sin artículo, lo cual quiere decir que ha de entenderse en sentido colectivo. Imagen y semejanza: San Basilio, San Jerónimo y otros Padres distinguen entre imagen y semejanza. Esta se referiría a los dones sobrenaturales, aquélla a los naturales. Los modernos, p. ej., Hummelauer, se inclinan a ver en la unión de ambos términos una expresión enfática, que significaría imagen perfecta. ¿En qué consiste la semejanza del hombre con Dios? No en el cuerpo, sino en el espíritu, que es un soplo de Dios (2, 7), una centella del Espíritu divino. “Dios creó al hombre por puro amor, y le dio como destino no solamente una existencia natural, sino que, movido por su afecto paternal, le hizo partícipe de la misma vida divina. Dios dio la vida a la creatura humana, pero al mismo tiempo la ensalzó por encima de sí misma, incorporándola a la naturaleza divina (cf. II Pedro 1, 4). Adán era, por medio de la gracia santificante, un verdadero hijo adoptivo de Dios y como tal también socio de la naturaleza divina. Y por cuanto esta “justitia originalis” había sido dada juntamente con la naturaleza, constituía un bien añadido a la naturaleza perfecta del hombre, y estaba destinada a ser transmitida a toda la humanidad” (Sheeben). En el Nuevo Testamento se restauró esta grandiosa idea de la semejanza del hombre con Dios mediante nuestra inserción vital en Cristo. Léase sobre este insondable misterio el primer capítulo de la Carta de San Pablo a los Efesios, especialmente el v. 10. Sobre Cristo como imagen del Padre véase Colosenses 1, 15 y Hebreos 1, 3. De ahí que algunos vean en esta expresión del Génesis al Hijo, quien es “todo en todos” (Colosenses 3, 11).
27. Tenemos en este versículo la primera prueba de la poesía hebrea, cuya característica es el paralelismo de los hemistiquios. Es de notar que toda la narración muestra cierto ritmo poético. Varón y mujer, es decir, varón y mujer aparte, dos individuos, no un individuo con dos sexos (cf. Mateo 19, 4). Tampoco creó varios géneros humanos, como San Pablo explica en el discurso del Areópago. (Hechos 17,26).
28. Dios aparece en todo este capítulo como Rey del universo, por el hecho mismo de la Creación. Los libros todos del Antiguo Testamento, especialmente los Salmos, celebran tal reinado (Salmos 28; 47; 92; 94; 103; 104; 144; Tobías 13, 1-6; Ester 13, 9-14; Isaías 37, 16; etcétera). Dentro del Reino de Dios, el hombre ocupa un lugar preferido y es también rey, porque a él le entregó Dios el señorío sobre la creación visible, pero tal privilegio se trocó en duro trabajo a causa de la caída del hombre, por lo cual todas las cosas creadas, hasta las inanimadas aguardan “con ardiente anhelo” la libertad de la “servidumbre de la corrupción” (Romanos 8, 19 y 21 y notas).
31. Sobre el “carácter histórico” de los acontecimientos narrados en este capítulo se han escrito muchísimos artículos y libros, principalmente con el fin de establecer la concordancia de las Ciencias naturales con la Biblia, sin que se haya logrado probarla. “Poco servicio hacían a la Biblia los autores del siglo pasado, que querían concordar los trascendentales relatos del Génesis con las teorías de La Place. Era comparar lo incomparable; era no tener idea de lo que es la Biblia” (Celada). La Sagrada Escritura no quiere ser un manual de ciencias, sino que se limita a describir los fenómenos físicos en un lenguaje popular y a veces poético (cf. la nota al versículo 5). Esto lo admite también la Pontificia Comisión Bíblica en su respuesta del 30 de junio de 1909 (Denz. 2121-2128 que transcribimos al final del capítulo tercero) y en la Carta del Cardenal Suhard de París (del 16 de enero de 1948) sobre los once primeros capítulos del Génesis. “Por eso, dice en la citada carta el P. Vosté, secretario de la Comisión Bíblica, invitamos a los sabios católicos a estudiar estos problemas sin parcialidad, a la luz de una sana crítica y de los resultados de las otras ciencias interesadas.” Sin embargo, hay que tener en cuenta el carácter histórico de los hechos que se relacionan con los fundamentos de la religión cristiana, como, por ejemplo: la creación de todas las cosas por Dios, la creación particular del hombre, la unidad del género humano, la felicidad original de los primeros padres, su caída, la promesa del futuro Redentor y la institución divina del sábado. Algunos, muy pocos, admiten también un evolucionismo o transformismo mitigado, que no pretende suprimir a Dios ni extender su desarrollo al alma humana, y creen que esta explicación concuerda más con la infinita sabiduría de Dios. Así, por ejemplo, el P. Bea, en la X Semana Bíblica Italiana (1948), no excluye que Dios se haya servido de un organismo ya formado para, modificado, infundir en él un alma racional. La Iglesia no ha aprobado esta tesis, pero tampoco la ha condenado. “Estas teorías conservan, por consiguiente, su mayor o menor probabilidad intrínseca según la fuerza de las razones en que se basan, y su mayor o menor probabilidad extrínseca según la cantidad y calidad de autores que la propagan”. (M. Torres). Todas estas cuestiones están relacionados con lo que se llama “el género literario” (histórico, didáctico, poético, profético, apocalíptico). Entre los católicos es el P. Hummelauer quien más ha contribuido a la investigación de la forma literaria de estos capítulos. Otra cuestión, coherente con esta última, es la del tiempo de su fijación por escrito. Una transmisión escrita no es del todo imposible, pues la invención de la escritura es mucha más antigua que la del alfabeto, el cual no es sino la última etapa del desenvolvimiento de la escritura. “El archivo común de los conocimientos, dice Ricciotti, era la memoria, y no la escritura; en otras palabras, el pensamiento vivo era preferido a su momia embalsamada en la escritura. Esta momia se buscaba cuando más en los casos en que se necesitaba un documento material que atestiguara -como un contrato-, una ley, un monumento, etcétera. (Historia de Israel, núm. 190). Ricciotti trae argumentos contundentes que prueban la importancia que tuvo la memoria entre los pueblos antiguos. La Comisión Bíblica, en una Respuesta dada el 27 de junio de 1906, admite que Moisés para componer su obra se haya servido de fuentes, sacando de ellas algunas cosas a la letra y otras compendiadas. Nada dice de la composición de esas posibles fuentes, ni de la forma de su transmisión en los tiempos anteriores a Moisés.
1. El ornato, en hebreo “sabaot” (ejército). El “ejército del cielo” son las estrellas. Cf. Deuteronomio 4, 19; 17, 3; IV Reyes 17, 16; 21, 3 y 5; Nehemías 9, 6; Isaías 40, 20, etc. La misma palabra se usa en otros lugares como denominación de los ángeles. Cf. Josué 5, 14; III Reyes 22, 19; II Paralipómenos 18, 18. Sobre la creación de los ángeles véase 1, 1 y nota (final). El “ornato de la tierra” son todas las cosas creadas en ella y todas sus fuerzas.
2 s. El día séptimo, o sea, el sábado (que originariamente significaba “siete”), recibe aquí su institución divina. Dios lo santificó (v. 3): Expresión antropomórfica. Dios nunca descansa a manera del hombre. Si Dios no obrase sin cesar, toda la creación volvería a la nada. (Cf. Salmo 62, 9; 103, 29; Sabiduría 1, 7); por lo cual Jesús pudo decir en día de sábado: “Mi Padre hoy como siempre está obrando” (Juan 5, 7). De este versículo se sigue que la institución del sábado o día de descanso es anterior a la legislación sinaítica, la cual la supone (cf. Éxodo 16, 23 y 30). El pueblo de Israel debió descansar después de los seis días de trabajo, y lo mismo la tierra cada siete años (Éxodo 23, 10; Levítico 25, 1 ss.; Deuteronomio 15, 1 ss.), en memoria del séptimo día en que Dios “descansó” después de la Creación. Algunos Santos Padres van más lejos y ven también en la historia del mundo un plan septenario: cuatro milenios antes de Cristo, dos milenios después de Cristo y un milenio de reinado de Jesucristo. Los demás pueblos antiguos no conocían el sábado; los egipcios tenían décadas de días; los babilonios daban el nombre de sábado (schabatu) el día 15 del mes (plenilunio), el cual era para ellos un día de penitencia. El “séptimo día” de los cristianos es, según tradición apostólica, el domingo, el “día del Señor”, porque Cristo resucitó en ese día (cf. I Corintios 16, 2).
4. El autor sagrado vuelve al tema de la creación del hombre, la que nos narra con nuevos detalles. Yahvé Dios, en hebreo “Yahvé Elohim”. Sobre el nombre de Elohim véase 1, 1 y nota. Yahvé significa, etimológicamente, “El que” es, el Viviente, el Eterno. Cf. Éxodo 3, 14, donde Dios mismo se da este nombre, el cual solamente le corresponde a Él, cualquier dios pagano es un no ser, un producto de la imaginación, o a lo más, la representación de un espíritu maligno (cf. I Corintios I, 5; Gálatas 4, 8). Los críticos han llamado la atención sobre el hecho de que en este capítulo y en el siguiente, el escritor sagrado use el nombre de Yahvé, combinándolo con Elohim y formando un compuesto “Yahvé Elohim”. Los más avanzados han atribuido a este fenómeno tanta importancia, que sostienen que en este versículo comienza a escribir otro autor, el “yahvista”. De esta manera destruyen la unidad del Pentateuco y lo reparten entre diversos autores: yahvistas, elohistas y otros, llegando al extremo de negar por completo su origen mosaico. Es verdad que la diversidad de los nombres de Dios es una particularidad notable del Pentateuco. La conocían ya los grandes exégetas de la antigüedad. San Crisóstomo y San Agustín, quienes, no obstante ello, sostenían el origen mosaico y la unidad de los cinco primeros libros de la Biblia. Hoy sabemos que esa particularidad tiene poco peso, pues las versiones antiguas, los Setenta y el Samaritano, no coinciden en este punto con el texto hebreo masorético, lo cual prueba que el uso distinto de los nombres de Dios no tiene tanta importancia como le atribuyen los críticos, si bien se puede admitir que Moisés tuvo a mano fuentes de diverso estilo y diversos nombres de Dios. En todo caso, ha de sostenerse que Moisés es el autor del Pentateuco.
6. Fuente: Traducción incierta. La palabra correspondiente hebrea aparece sólo dos veces en la Biblia, aquí y en Job 36, 27. Su significado sería más bien “humedad”, “líquido”. Más tarde, en Babilonia, significaba “agua que corre en canales”.
7. El sentido de este versículo es: Dios creó el cuerpo del hombre del barro de la tierra, como el de los animales, y le inspiró el alma, de modo que en el hombre se juntan dos mundos, el corpóreo y el incorpóreo o espiritual. Sobre el evolucionismo y transformismo véase la nota a 1, 31, final. La expresión antropomórfica “insufló en sus narices (cf. Isaías 2, 22) quiere expresar simbólicamente que el alma no fue formada a manera del cuerpo, de la materia preexistente, sino creada por Dios directamente de la nada y unida al cuerpo (Santo Tomás). Compárese esta expresión con una semejante del Nuevo Testamento, que trata del Espíritu Santo. Jesús “sopló hacia los discípulos y les dijo Recibid el Espíritu Santo” (Juan 20, 32). “Aliento de vida”: ¿No se puede ver también aquí una alusión al Espíritu Santo, como en 1, 2? Cf. Job 33, 4: “El Espíritu de Dios me ha hecho, y el soplo del Todopoderoso me da vida”, y en Salmo 32, 6: “Por la palabra del Señor se hicieron los cielos, y sus huestes todas por el aliento de su boca.”
8. Edén, palabra antigua sumeria. Los sumerios fueron los antecesores de los babilonios, a los cuales dejaron su cultura y la escritura cuneiforme. Edén significa en sumerio campo abierto, llanura donde prosperan todos los frutos; de ahí que en hebreo tenga el significado de delicias. La Vulgata traduce “jardín de delicias”, y en vez de “al oriente” vierte “desde el principio”, pues en hebreo las dos cosas se expresan por la misma palabra.
9. “El árbol de la vida” servía para contrarrestar la natural caducidad del cuerpo. Según San Tomás, el fruto de ese árbol libraba el cuerpo de la muerte solamente por algún tiempo, y para evitar la muerte Adán tenía que comer siempre de nuevo. “El árbol del conocimiento” servía para ver si Adán optaba por el bien o por el mal. Su nombre le viene de los efectos que de sus frutos se esperaban (Santo Tomás).
11. De los cuatro ríos sólo conocemos los dos últimos, el Tigris y el Éufrates, los dos grandes ríos de Mesopotamia, que desembocan en el Golfo Pérsico. Havilá: tierra desconocida, localizada por algunos en la Cólquida, en el Cáucaso. Más tarde encontramos ese mismo nombre en el norte de Arabia (Génesis 25, 18; I Reyes 15,7; cf. Génesis 10, 7 y 29).
12. Bedelio: resina odorífera. Piedra de ónice: Nácar-Colunga traduce ágata. Bover-Cantera conserva el nombre hebreo schoham.
13. Cus o Kusch, en tiempos históricos nombre de Etiopía. Se cree que los cusitas (etíopes) originariamente vivieron en el Cáucaso, de donde, al emigrar hacia el sur, se llevaron el nombre de Kusch. “¿Dónde hay que buscar el sitio del paraíso?” Tomando como punto de partida los ríos conocidos, el Tigris y el Éufrates, que nacen en Armenia, tendríamos que identificar esta región con el país del paraíso. En tal caso el Fisón sería idéntico con el Fasis, y el Gihón con el Araxes o uno de los ríos de aquellas montañas. Heinisch busca el paraíso en Aserbeidschan, en la región de los lagos de Wan y Urmia. Otros recurren a la hipótesis de Syce, que busca el paraíso en la región del Golfo Pérsico, entre Mesopotamia y Arabia. Algunos lo buscan en la India, China, Madagascar, Abisinia, Perú, etc. “Después de leer estas opiniones, llegamos a la conclusión de que, si bien el texto bíblico hace la impresión de querer describir la región próxima al paraíso, es muy difícil determinarlo” (Enciso). Sin embargo, se mantiene la fe en su existencia. San Justino, San Agustín, Santo Tomás y otros Padres y Doctores de la Iglesia creen que Enoc y Elías tienen su morada en el paraíso terrenal.
15. Para que lo labrara: Aún antes de su caída, Adán tenía que cultivar la tierra. Le era preciso trabajar, no para procurarse alimento con el sudor de su frente, como después del pecado, sino para ejercitar su inteligencia y sus fuerzas, de tal manera que no se cansase, pero que no estuviese tampoco sin hacer nada (San Juan Crisóstomo. Homilías sobre el Génesis).
16 s. He aquí la primera prohibición que Dios impuso a los hombres. De hecho, Adán era señor de toda la tierra (1, 28), gozaba del privilegio de estar exento de enfermedades y de la muerte y vivía en íntima amistad con su Creador, que le había elegido para fundar y difundir el Reino de Dios sobre la tierra; pues todas las obras de Dios respecto del hombre, desde el primer día de la existencia del género humano hasta el fin de los tiempos, tienen por objeto el establecimiento y desarrollo de Su Reino. Su omnipotencia le permitiría hacerlo sin nosotros, pero su infinita bondad desea nuestra colaboración, para que seamos partícipes de un destino inefablemente dichoso. Cf. II Pedro 1, 4; I Juan 3, 1. Si este Reino fracasó aparentemente tan pronto fue por culpa de los primeros padres; y si hasta el presente sufre violencia (Mateo 11, 12), la culpa la tenemos nosotros. En los versículos que siguen, narra el autor sagrado la historia del primer revés del Reino de Dios sobre la tierra, a causa de la desobediencia de los protoparentes, los que dieron más crédito a la serpiente que a su Padre y Creador. (Cf. Sabiduría 2, 24 y nota). “Morirás” (v. 17): Se refiere a la muerte física, pues antes de la caída el hombre no estaba sometido a ella, como lo afirma la Sabiduría: “Por la envidia del diablo entró la muerte en el mundo” (Sabiduría 2, 24). Lo mismo dice San Pablo en Romanos 6, 23: “El salario del pecado es la muerte”. (Cf. Romanos 45, 12.
18 ss. Adán ejerce el señorío sobre los animales, dándoles nombres que corresponden a su naturaleza, mas al mismo tiempo se da cuenta que no tienen semejanza con él. Siente su aislamiento en el mundo que le rodea, y esto es precisamente lo que Dios le quiere sugerir al presentarle los animales. Tenemos también aquí uno de los antropomorfismos tan frecuentes en este capítulo. No quiere decir que Dios haya organizado un desfile de todos los animales, sino que Adán, al ver las diversas clases de animales, le puso los nombres correspondientes a su naturaleza. Se puede probar lingüísticamente que los primeros nombres de los animales, como también los de las plantas y de todas las demás categorías de cosas, eran genéricos y no especiales como lo son hoy. La especificación se produjo poco a poco, sobre la base de los nombres primitivos puestos por Adán. “No es bueno que el hombre esté solo”. Comentando estas palabras, dice Fray Luis de León: “Dios por su persona concertó el primer casamiento que hubo, y les juntó las manos a los dos primeros casados y los bendijo, y fue juntamente como si dijésemos, el casamentero y el sacerdote” (La Perfecta Casada).
21. Un profundo sueño: La voz hebrea significa sueño profundo y extático. Los Setenta traducen “éxtasis”. Cf. 15, 12; I Reyes 26, 12; Isaías 29, 10.
22. De la costilla… formó una mujer: ¿Ha de entenderse esto en un sentido literal o en sentido figurado? Hay quienes ven en estas palabras solamente una figura que quiere expresar la igualdad de naturaleza entre el hombre y la mujer. A esto se opone el texto de I Corintios 11, 7, donde San Pablo afirma que “no procede el varón de la mujer, sino la mujer del varón”. Por eso la interpretación tradicional veía siempre en la creación de la mujer una acción “especial” de Dios, aunque la costilla puede ser un símbolo para indicar la identidad de naturaleza. Pero puede admitirse que en hebreo “costilla” y “costado” se denominan por la misma palabra, por lo cual no es falso lo que algunos catecismos enseñan, a saber, que Eva fue creada del costado de Adán. La narración bíblica quiere también decir que la mujer es compañera del hombre, pero que éste es su cabeza, como dice San Pablo: “Las mujeres estén sujetas a sus maridos, como al Señor, por cuanto el hombre es la cabeza de la mujer, así como Cristo es la cabeza de la Iglesia, que es su cuerpo, del cual Él mismo es Salvador. De donde, así como la Iglesia está sujeta a Cristo, así las mujeres lo han de estar de sus maridos en todo” (Efesios 5, 22-24). Cf. Génesis 3, 16. No hay duda de que Adán y Eva son padres de todo el género humano. En esto estriba el dogma del pecado original y de la Redención por Jesucristo, y el precepto de amar a todos los hombres como a hermanos. La Sagrada Escritura atestigua varias veces esta verdad fundamental. Cf. Génesis 3, 20; 10, 32; I Paralipómenos 1, 1; Tobías 8, 8; Sabiduría 7, 1; 10, 1; Eclesiástico 17, 1 ss.; Hechos 17, 26. Eva formada del costado de Adán es, según los santos Padres, figura de la Iglesia, la que salió del costado de Jesucristo. Como Eva es figura de la Iglesia, así lo es Adán respecto de Cristo. Cf. II Corintios 11, 2; Efesios 5, 25-32; Apocalipsis 19, 7 s.
23. Varona: Así dice el hebreo y también la traducción de Scío. Usando la palabra varón en su forma femenina “varona”, hoy caída en desuso, se ve perfectamente que, ante Dios, la mujer y el hombre tienen el mismo valor, aunque no la misma posición.
24. Este versículo atestigua la institución divina del “matrimonio”, fundamento de la sociedad humana, cuya célula es la familia. El hombre y la mujer serán una carne, lo que implica la indisolubilidad y unidad del matrimonio, como lo explica Jesús en Mateo 19, 7-8, donde cita nuestro pasaje y agrega: “A causa de la dureza de vuestro corazón os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres, mas al principio no fue así”. Es éste uno de los pocos pasajes en que Jesucristo ha dado normas a las ciencias profanas; en este caso para la etnología e historia de la cultura. Sin embargo, debemos comprobar que los eruditos modernos, salvo muy pocas excepciones, no hacen caso de esa palabra de Cristo, sino que sostienen que al principio las relaciones entre varón y mujer obedecían a la ley de la promiscuidad y que los primeros hombres vivían en poligamia. Son ésos los mismos etnólogos que sostienen también que, al comienzo de la historia del género humano, reinaba el politeísmo y no el monoteísmo, con lo cual desprecian expresamente a Dios, quien dice claramente que al principio todo estaba bien, muy bien (1, 31). Esto significa que la depravación, el politeísmo y la poligamia son la segunda etapa de la cultura humana, no la primera. Su consecuencia fue, como veremos en los caps. 6 y 7, el diluvio.
25. Adán: otros traducen el hombre. “En hebreo sólo a partir de 4, 25 aparece el nombre (Adán) sin artículo y como propio, cuando por haberse hablado ya de otros hombres era preciso individualizarlo.” (Bover-Cantera). Para mayor claridad lo usamos ya ahora. “No se avergonzaban”, porque eran como niños. Este pequeño detalle arroja no poca luz sobre el estado extraordinariamente feliz de los primeros padres. “El misterio del estado original es tan grande y maravilloso que recién la revelación del Logos encarnado, la revelación del Nuevo Testamento, no ha proporcionado sobre él una claridad beatificadora, en especial la profunda teología de San Pablo, la que, por la inspiración divina de sus Epístolas se eleva a la esfera de la infalible revelación divina, y no puede, por tanto oponerse a la doctrina de Cristo, como si fuese especulación rabínica o “exaltación” dogmática de la sencilla enseñanza de Jesús, contenida en los sinópticos” (Rhaner, Teología Kerigmática). Solamente la doctrina de la filiación divina, que San Pablo explica particularmente en la Carta a los Efesios, es capaz de darnos una idea del estado primitivo que se perdió por el pecado. Si Cristo vino al mundo para restaurar lo que Adán había perdido, fue para darnos de nuevo la capacidad de ser hijos de Dios como lo fue Adán.
1. La serpiente: no un ser fantástico, sino una verdadera serpiente (como se deduce del v. 14), de la cual se sirvió el diablo, el cual en el Apocalipsis se llama “la antigua serpiente” (Apocalipsis 12, 9; 20,2). Algunos, como p. ej. Ceuppens, prefieren entender directamente el diablo en forma de serpiente. Los antiguos creían que tenía patas (cf. las representaciones en las catacumbas) y que era semejante al dragón que en la antigüedad llevaba también el nombre de serpiente. En la serpiente apareció Satanás por primera vez como Ángel de luz (II Corintios 11, 14), táctica que desde entonces usa con creciente éxito. “El más astuto”, en este caso de un modo especial, por ser el diablo. Sobre el carácter mentiroso y envidioso de este enemigo número 1 de género humano, véase Sabiduría 2, 24; Juan 8, 44: II Corintios 4, 4; Apocalipsis 12, 9, etc. El es padre de la mentira, de lo cual tenemos la primera prueba en este mismo pasaje, donde se maravilla de un precepto que cita en forma exagerada, pues Dios no dijo: “No comáis de todos los árboles”, pero “no-todo” significa en hebreo “ninguno”. El diablo se dirige a Eva, aprovechando la curiosidad y flaqueza de la mujer, y su influencia sobre el marido. El hecho de que la serpiente hablase como un ser racional no extrañaba a Eva, porque antes de la caída Adán y Eva vivían como niños, y toda la naturaleza que los rodeaba era para ellos un milagro, de manera que prácticamente no atendían a la diferencia entre lo natural y lo milagroso. El P. Páramo explica este fenómeno psicológico que tan hábilmente aprovecha el diablo, citando las palabras de San Cirilo, quien dice que Eva, como acababa de salir de las manos de Dios, pudo entrar en duda de si habría algún animal más perfecto que los otros, que pudiese hablar; o si acaso le hablaba algún ángel por medio de la serpiente, sin conocer que fuese bueno o malo. Es de notar que Satanás no pronuncia el nombre de Yahvé (Señor), sino solamente el de Elohim (Dios), lo mismo que Eva en la respuesta (v. 3), mientras que en toda esta narración el nombre de Dios es Yahvé Elohim (Yahvé Dios).
2 s. La respuesta de Eva muestra pleno conocimiento del precepto de Dios, pero agrega: ni lo toquéis, lo cual Dios no había dicho en 2, 17.
4 s. La serpiente, viendo la debilidad de Eva, va más lejos, tachando de mentiroso al mismo Dios, y prometiendo más cosas que el Creador: inmortalidad, omnisciencia, felicidad absoluta, y ante todo igualdad con Dios. De ninguna manera moriréis: mentira sarcástica, como se manifiesta después en el versículo 7. Eva toma las palabras en otro sentido que el tentador maligno. Conocedores del bien y del mal (versículo 5): Estas palabras pueden significar dos cosas: a) conoceréis todas las cosas, las buenas y las malas; o 2) sabréis la diferencia entre lo bueno y lo malo. Otra forma de sarcasmo diabólico: pues esto se realizó, pero muy de otra manera. El diablo no sospechaba que el ansia del mismo Dios consistía precisamente en otorgar a los hombres su propia vida divina, pero no por vía de rebelión, sino por vía de obediencia a su mandato. Notamos ya en este primer encuentro del diablo con el hombre el signo característico de toda rebeldía contra Dios, esa contradicción esencialmente diabólica, que consiste no ya sólo en la monstruosa ingratitud de aprovechar un don para ofender al donante, sino en la indecible estupidez de pretender que somos algo frente al que nos sacó de la nada. Tal fue la actitud de los ángeles rebeldes (cf. Isaías 14, 12 ss. y nota)), y tal fue igualmente el móvil del primer pecado del género humano, cometido bajo los auspicios del diablo. Otra característica, no menos significativa, se revela en esta primera aparición de Satanás en el escenario de la tierra: su audacia en penetrar en el jardín de Dios, el paraíso, y llevar su ataque contra el mismo centro del Reino de Dios que estaba en sus primeros comienzos. De la misma manera se metió también en el colegio más santo del mundo, el de los apóstoles, por medio de su representante Judas. Estemos seguros que el enorme éxito que tuvo con este método le ha inducido a seguirlo y a perfeccionarlo. Por eso, si queremos localizar a Satanás, no hemos de buscarle en el desierto, sino metido en los centros y en los puntos neurálgicos y bien disfrazado como “ángel de la luz” (II Corintios 11, 14). Solamente así se explica el misterio de la apostasía bajo formas de piedad, de la cual habla San Pablo en II Tesalonicenses 2, 3 ss.
6. Eva se deja engañar por el diablo y sus propios apetititos. Dio también a su marido: San Agustín agrega: “con palabras persuasivas”. Ha de excluirse todas las teorías modernas que consideran este primer pecado como un pecado de niño irresponsable, o un pecado de magia, o un pecado sexual. Toda la tradición lo toma como un acto de desobediencia y aunque la desobediencia de Eva precedió a la de Adán, no hay duda de que éste es la causa primera del pecado original y de su propagación, por ser nuestra cabeza y la causa primera de la generación. Santo Tomás y muchos Teólogos opinan que a pesar de la caída de Eva, no habría habido transmisión del pecado original si Adán no hubiera pecado. Comienza aquí el drama del género humano, que se desarrolla de pecado en pecado hasta el último pecado del último hombre, sólo interrumpido por el entreacto de la Redención. Mas en el último acto veremos, como afirma San Pedro, el gran milagro de la “restauración de todas las cosas” (Hechos 3, 21), y en esto se funda nuestra “bienaventurada esperanza” (Tito 2, 13). Cf. Mat 19, 28. Los racionalistas han realizado grandes esfuerzos por dar al relato bíblico de la caída de Adán un carácter mitológico, pero no han encontrado sino un sello babilónico del tercer milenio a. C. En el sello aparecen dos personajes, sentados en escabeles a ambos lados de un árbol. Detrás de la primera persona, que según el vestido puede ser una mujer, hay una serpiente colocada verticalmente. En realidad, nadie conoce el verdadero sentido de la escena grabada en el sello.
7. Se les abrieron los ojos, no para adquirir nuevos y más elevados conocimientos, ni mucho menos para ser como Dios, sino para reconocer su propia miseria y el terrible engaño de que habían sido víctimas. Perdieron todos los dones sobrenaturales, la gracia santificante, la inocencia, justicia y santidad original y la amistad de Dios; hasta sus dones naturales comenzaron a flaquear, se despertó la concupiscencia, la carne empezó a rebelarse contra el espíritu, y detrás de todos los males se cernía la muerte y la corrupción de todo el género humano. La caída de Adán tiene mucha semejanza con la del Ángel caído. Ambos sobrepasaban sus derechos buscando en cierto modo arrebatar el Reino de Dios para sí mismos; ambos negaban la autoridad que correspondía Dios solo. Mas la sublevación del Ángel fue definitiva e irreparable; la caída del hombre, en cambio, será reparada por un Redentor que por su obediencia restaurará el Reino de Dios sobre la tierra, destruido por la desobediencia de Adán. La higuera es el primer árbol cuyo nombre aparecen en la Biblia, el segundo es el olivo (8, 11).
9. ¿Dónde estás? No es una simple pregunta, sino la voz del buen pastor que busca la oveja perdida, como si dijera “¿En qué situación estás? ¿A qué extremo te ha reducido tu pecado, que huyes de tu Dios a quien antes buscabas?” (San Ambrosio).
10. Tuve miedo: He aquí la primera palabra del hombre después de la caída: tuve miedo; las primeras angustias de un corazón humano, el primer remordimiento de una conciencia perturbada, que se transmitirá de generación en generación hasta llegar a nosotros, como las ondulaciones producidas por una piedra lanzada en las aguas alcanzan la ribera.
11. “De dos dolores nos habla aquí la Sagrada Escritura: del dolor de Dios y del dolor del hombre. El pecado es el dolor de Dios, su consecuencia es el dolor del hombre. El pecado nos aleja de Dios, el dolor nos acerca a Él. El pecado es separación de Dios, el dolor, unión con Él” (Elpis).
14. El “castigo” se dirige no tanto a la serpiente como al diablo. No quiere decir que la serpiente hubiera tenido patas antes del pecado del paraíso, ni que en adelante se alimentaría del polvo de la tierra, como lo explicaban por ej. Flavio Josefo y Lutero. Arrastrarse sobre el pecho y comer polvo son metáforas que señalan la más profunda humillación (cf. Miqueas 7, 17). Especialmente la segunda metáfora era muy usada entre los pueblos orientales. En la mitología babilónica el polvo era el manjar de los condenados en el infierno. San Judas nos revela que el diablo, pese a su caída y la sentencia pronunciada contra él, sigue siendo de altísima categoría, de modo que San Miguel no se atrevió a maldecirlo directamente, sin que le dijo: “Te reprenda el Señor” (Judas v 9), palabras que repetimos todos los días en el exorcismo que León XIII mandó rezar después de la misa para implorar el encierro de Satanás, que se realizará cuando sea vencido definitivamente (Apocalipsis 12, 7-12) y 20, 10). Entretanto le es dada cierta libertad, como lo vemos en el primer capítulo del libro de Job y en muchos pasajes del Nuevo Testamento, por ej. En I Pedro 5, 8. Cf. también Juan 14, 30: II Corintios 2, 10s; 4, 4 y notas.
15. Brilla aquí el primer rayo de luz después de la caída del hombre. El corazón paternal de Dios tiene preparada una salida, tan compasiva como insospechada: la futura reparación y salvación por medio de un nuevo Adán, Cristo (cf. Romanos 5, 12 ss.), por donde se ve “que en el pensamiento de Dios el Cordero inmaculado se inmola desde el principio del mundo y pone a la humanidad caída en vías de redención” (Eschoyez). Cf. Apocalipsis 13, 8. La nueva versión italiana explicada por el P. Vaccari, profesor del Pontificio Instituto Bíblico, explaya el misterio de este versículo con las siguientes palabras: “La descendencia de la mujer vencerá al demonio de la misma manera que el hombre aplasta la cabeza de una serpiente. La descendencia de la mujer es, en general, el género humano; más principalmente, el Salvador Jesucristo, que es la Cabeza de toda la humanidad (Colosenses 1, 15, 18). Él venció por propia virtud al demonio, lo que los otros hacen en virtud de Él. Contiene, pues, este versículo el primer anuncio del futuro Redentor. Se le da por ello el nombre de “Protoevangelio” (“primera Buena Nueva”). Al triunfo del Salvador va asociada su madre, la magna Señora, que se contrapone a Eva (Lucas 1, 26-38).” En vez de “éste” (el linaje) dice la Vulgata “ésta” (la mujer), lo que dio lugar a muchas discusiones, porque el texto hebreo y todas las versiones antiguas se oponen a esta traducción. El mismo San Jerónimo atestigua que también la primera versión latina, la Itala, traía igualmente el pronombre masculino, y no el femenino. “Le aplastarás el calcañar”: Cristo fue clavado en la Cruz, por obra de la serpiente (Satanás) y sus cooperadores, y así obtuvo Satanás una aparente victoria, mas el verdadero vencedor fue Cristo, que con la muerte de Cruz aplastó al enemigo del género humano, el cual al fin (Apocalipsis 20,10) será precipitado en el “lago de fuego y azufre.” Entretanto, “ronda como león rugiente, buscando a quien pueda devorar” (I Pedro 2, 4; cf. Judas v. 5). Así se explica la misteriosa palabra de San Pablo en I Corintios 6, 3: “¿No sabéis que juzgaremos a los ángeles?”
16. La sumisión de la mujer al marido, que tantas veces repite San Pablo (Romanos 7, 2; I Corintios 11, 3 ss.; Efesios 5, 22, 24 y 33; Colosenses 3, 18) es, según estas palabras de Dios, una ley natural y divina. Hoy se tiende a olvidar esta norma primitiva, que no significa esclavitud de la mujer, sino su legítima posición dentro de la familia, ya que no puede haber dos cabezas en el mismo cuerpo.
19. En ese momento el hombre empezó a morir, faltándole el fruto del árbol de la vida (v. 22). Desde entonces sentimos que el hombre es polvo. “De la tierra y a la tierra”, he aquí las palabras lapidarias que el dedo de Dios escribió sobre el escudo del género humano. “Todos los hombres no son más que polvo y ceniza”, dice ya el Eclesiástico (17, 31). Mas, si bien el cuerpo se descompone, el alma es un soplo de Dios (2, 7), que no se descompone ni muere (Sabiduría 3, 1-4), y aun el cuerpo descansa en la esperanza de la resurrección (Juan 5, 28 s; Romanos 8, 23; I Corintios 15, 42). De aquí arranca un nuevo concepto de la vida. Somos lo que somos, hijos de Adán y herederos de su carne depravada. Solamente los méritos de Cristo nos dan capacidad para sobreponernos a esta degeneración de la carne y vivir según el espíritu; pero esto, que sólo se da a los que creen con fe viva, no quita nada de nuestra decadencia natural; ya que la vida según el espíritu es un “nuevo nacimiento” en Cristo y presupone la muerte de nuestro “hombre viejo”, para que “caminemos en nueva vida” (Romanos 6, 4). San Pablo explica este misterio a los Efesios, diciéndoles: “Dejad vuestra pasada manera de vivir y desnudaos del hombre viejo, que se corrompe al seguir los deseos del error; renovaos en el espíritu de vuestra mente y vestíos del hombre nuevo, creado según Dios en la justicia y en la santidad de la verdad” (Efesios 4, 22-24; cf. Efesios 3, 9). Esto, sin duda, es menos frecuente de lo que creemos; pues para ello debe el hombre renunciarse a sí mismo (Lucas 9, 23), lo cual no es difícil si estamos convencidos de esa decadencia en que nacemos, pero es muy difícil para el que tiene esa suficiencia de sí mismo, tan en boga hoy día, pues nadie deja lo que cree bueno, en tanto que es fácil dejar lo que sabemos malo y perjudicial.
20. “Eva” significa literalmente: productora de vida, madre. La misma palabra encontramos, aunque con una pequeña diferencia morfológica, en el nombre de Yahvé (el que es, el viviente). “Adán” significa barro, polvo.
22. ¿Han de entenderse estas palabras de Dios como una simple aserción o en sentido irónico? Son más bien expresión de la compasión del divino Padre, cuyos ojos prevén las calamidades que han de venir sobre los pobres hombres que habían aspirado a ser como Él (v. 5).
24. “Por el pecado del hombre se cerró el paraíso terrenal, en señal de haberse cerrado el celestial” (Sto. Tomás); nos queda sólo la esperanza de la “restauración de todas las cosas”, de la cual habla San Pedro en Hechos 3, 21, y el consuelo de que los ríos del paraíso siguen regándonos místicamente en los Sacramentos. “Los querubines”: ángeles de orden superior; son en el Salmo 17, 11 la “carroza” de Dios, el cual se sienta sobre los querubines (I Reyes 4, 4; Salmo 79, 2; Isaías 37, 16). Es de notar que Dios permitía y ordenaba (Éxodo 25, 18; III Reyes 6, 23) la representación plástica de los querubines, no obstante, la prohibición, establecida por Él en el Decálogo, de no hacer imágenes ni figura alguna de las cosas que hay en el cielo y en la tierra (Éxodo 20, 4). También los asirios y babilonios conocían a los querubines (Karibu) y colocaban sus figuras en las puertas como guardianes celestiales de templos y palacios, mas los representaban medio hombre y medio animal, dándoles cuerpo de toro o león, alas de águila y cabeza de hombre con tiara y dos cuernos, símbolos de su divino poder. Cf. la descripción de los querubines en la visión de Ezequiel 1, 5 ss. “La fulgurante espada”, símbolo de la llameante espada divina, la encontramos también en la mitología pagana, donde tiene a veces la forma de tridente. Terminada la explicación de los tres primeros capítulos creemos conveniente llamar de nuevo la atención a la “Respuesta” de la Pontificia Comisión Bíblica del 30 de junio de 1909 que Bover-Cantera sintetiza como sigue: “Los tres primeros capítulos del Génesis contienen narraciones de hechos verdaderos, es decir que responden a la realidad objetiva y verdad histórica; no fábulas mitológicas o cosmogónicas, ni meras alegorías o símbolos destituidos de fundamento objetivo, ni leyendas ejemplares, parte históricas, parte ficticias (Dub. 2). Hay que admitir el sentido literal histórico en los hechos que atañen a los fundamentos de la religión cristiana, cuales son, entre otros: la creación del universo por Dios al principio del tiempo; la peculiar creación del hombre; la formación de la primera mujer, hecha del primer hombre; la unidad del género humano; la felicidad original de los primeros padres en estado de justicia, integridad e inmortalidad; el precepto dado por Dios al hombre para probar su fidelidad; la transgresión del precepto divino, por persuasión del diablo bajo la apariencia de serpiente; la caída de los primeros padres de aquel estado primitivo de inocencia; además la promesa de un futuro Reparador (Dub.3). No hay que entender siempre en sentido propio y material todas las expresiones, que a las veces son evidentemente metafóricas o antropomórficas (Dub. 5). Siendo la mente del hagiógrafo no dar un tratado científico de la naturaleza, sino más bien un conocimiento popular, no hay que interpretar su lenguaje con rigor científico (Dub. 7) La palabra “yom” (día) puede entenderse en sentido impropio o lato (Dub. 8).
1. “He adquirido”: Alusión al nombre de Caín, que puede traducirse “adquisición”. Caín, el primogénito, es el hijo de la rebeldía, el representante del espíritu de este mundo, mientras que Abel es el heredero de las promesas mesiánicas, el justo, que creía en el futuro Redentor (cf. Hebreos 11, 4).
3 s. Se menciona aquí el primer sacrificio. Seguramente los dos hijos de Adán no son los inventores del sacrificio, sino que siguieron la costumbre de su padre. El sacrificio es la expresión espontánea de los sentimientos del hombre que reconoce su dependencia de Dios. No había aún sacerdotes; el padre de familia era también sacerdote. “De la grasa”: las partes grasas del animal como fue establecido más tarde por la Ley de Moisés (cf. Levítico 4 versículo 8, 19 y 35).
7. Texto difícil, que se traduce de muy diversas maneras. San Clemente Romano, parafraseándolo según los Setenta, le da la siguiente explicación: “¿Por qué estás tan sobremanera entristecido, y por qué decaído tu rostro? ¿No es cierto que, si rectamente ofrecieras, mas no repartieras rectamente, pecaste? Sosiégate; tu ofrenda volverá a tu poder y de nuevo serás su dueño” (I Carta Corintios IV, 4). San Crisóstomo combina las palabras de este versículo de otra manera, y ve aquí una alusión a la envidia de Caín que teme por la primogenitura. Según esta interpretación, Dios quiere decir: Aunque acepté el sacrificio de Abel, no por eso te privaré de la primogenitura. Abel no la ambiciona, al contrario, su afecto hacia ti es invariable, y tú lo dominarás. Entre los modernos es Nácar-Colunga quien sigue a San Crisóstomo. Dice en la nota: “Parece referirse al amor que Abel sentía por Caín como hermano, que debía ser para éste un motivo para desistir de su odio, junto con la seguridad de que, como primogénito que era, siempre había de dominar sobre él.”
8. Como por su sacrificio, así también por su muerte Abel es figura de Cristo, por el cual la Iglesia ha incluido su nombre en el Canon de la Misa: “Dígnate mirar esta ofrenda con propicios y benignos ojos y acéptala como te dignaste aceptar el sacrificio de tu siervo Abel, el justo.” “Mató”: He aquí el primer homicidio, fruto de la envida (I Juan 3, 12) y del desorden producido por el primer pecado, ¡Cómo se habrán abierto los ojos de Adán al ver por primera vez a un muerto! ¿Y Eva? Una escritora moderna analiza este tema con acertada delicadeza psicológica: “Cuando Dios desterró a Eva del paraíso, le dijo que iba a sufrir dolores, pero ello no pudo comprenderlo, pues nunca había sufrido dolor alguno. Supo lo que es dolor cuando dio a luz a sus hijos, pero era dolor físico, dolor que el gozo de tener un hijo hacía olvidar bien pronto. Pero cuando su hijo Abel fue muerto; cuando él a quien había dado la vida yacía delante de ella, sin vida; cuando ella que había conocido hasta entonces únicamente la inmortalidad, vio a su hijo sometido a la ley de la mortalidad, sintió todo el peso del dolor, experimentó el dolor en toda su profundidad. Y recién entonces supo valorar el castigo de Dios, y quizás el castigo tan tremendo le hizo comprender por primera vez cuán tremenda fue su culpa. La Sagrada Escritura cubre con respetuoso silencio el dolor de la primera madre.”
9. “¿Soy yo acaso el guarda de mi hermano?” Es ésta, exactamente, la pregunta del individualismo moderno. De ahí que necesitemos tantas leyes sociales, tantas instituciones y organizaciones, que en vano se esfuerzan por neutralizar las desastrosas consecuencias del lema cainista. El individualismo no se cura desde afuera sino por el espíritu del Sermón de la Montaña (Mateo Caps. 5-7) y la observancia del gran mandamiento del amor, que nos obliga a ver en cada hombre un hermano que nos ha sido confiado por el mismo Creador y Padre del género humano. Citando este versículo, dirige el Cardenal Mercier esta exhortación a su clero: “Nosotros somos los que tenemos las primeras responsabilidades. Nosotros hemos de marchar al frente del pueblo fiel, y confiados en la fe de su bautismo y en las riquezas inagotables de la misericordia divino, hemos de invitarlo a seguirnos, y resueltamente debemos facilitarle el camino” (Vida Interior, p. 75).
10. “No es la voz de Abel la que acusa, no es su alma, sino la voz de la sangre que has derramado…. Si tu hermano se calla, la tierra te condena” (San Ambrosio, De Caín, II, 9).
11 s. El castigo de Caín es de doble naturaleza: la tierra no le dará fruto, y él mismo ha de andar errante de un cabo a otro de la tierra. Aún es esto, Caín es el tipo del hombre moderno, que no sabe que solamente en Dios podemos encontrar la tranquilidad. “El mundo de hoy se halla en continuo movimiento, a pie, en tranvía, en automóvil, en ómnibus, en tren, a bordo de un barco, como si todos fuésemos hijos de Caín. ¿Quién dominará el cainismo moderno, que es tan fratricida como el del cuarto capítulo del Génesis?” (Mons. Keppler).
13. Mi culpa es demasiado grande: He aquí el primer hombre que no espera perdón. ¡Cuántos pecadores no conocen tampoco la grandeza de las misericordias del Padre Celestial, e imitan a Caín en la desconfianza y desesperación! “Este nuevo pecado fue sin comparación mucho mayor que el mismo fratricidio que poco antes había cometido” (Scío). “El pecado seguido de la desesperación no tiene ya remedio” (San Agustín, Homilía 21).
15. Siete veces: número redondo que el lenguaje de los antiguos pueblos orientales significa la plenitud. “Una señal”: un estigma cuya forma y carácter no sabemos. Caín no será víctima de la venganza humana; el mismo Dios se reserva el castigo del primer homicida, el que no da señales de arrepentimiento. Cf. el caso de Judas, que tiene mucha semejanza con el de Caín. Ambos derraman sangre inocente y matan al justo, ambos a dos creen que su pecado es demasiado grande, por lo cual se rehúsan a implorar la misericordia de Dios, ambos mueren impenitentes y se condenan a sí mismos, pues Dios no puede perdonar al que no quiere ser perdonado.
16. Nod no es propiamente nombre geográfico, sino una alusión a la vida de fugitivo que Caín tendrá que llevar en adelante, en la “tierra de nadie”, sin patria, sin hogar.
17 ss. Enoc, no el justo del mismo nombre, del cual se habla en 5, 21. Nótese que los cainitas se distinguieron por lo que hoy llamamos civilización. El mismo Caín fundó la primera ciudad y algunos de su linaje inventaron los instrumentos más necesarios para la vida técnica y la música (v. 20 y 21). No hay, pues, duda de que la civilización primitiva era preferentemente cainita, no solamente en su origen, sino también en su espíritu, que era exclusivamente materialista. Por eso Dios la borró de la tierra en el diluvio (6, 5 ss.). También la poligamia trae su origen en los cainitas (v. 19), que con ello cambiaron por completo el orden natural instituido por Dios en 2, 24. Mateo 19, 8.
23 s. Este primer poema de la humanidad, que en la literatura lleva el nombre de “la canción de la espada”, arroja luz sobre el materialismo y cruel egoísmo de la raza de Caín, el más lamentable documento de la humanidad primitiva, la que rápidamente pierde el conocimiento de los valores morales y se dedica al culto de la fuerza. “Yo maté”: Algunos traducen: “yo mataré”. Lamec se gloría de ser peor que Caín. “Sabrá vengarse ampliamente si uno lo hiere, no sólo ‘siete veces’ -con lo cual impíamente alude a la palabra divina (v. 15)- sino ‘setenta veces siete’. Su brazo le bastará, no tendrá necesidad de Dios como Caín” (Fillion). Preferimos la lección de la Vulgata en vez del hebreo, que dice “setenta y siete veces”.
25. Set significa “sustituto” o “reemplazante”, a saber, de Abel. Set es el primer eslabón del linaje de los justos elegidos para conservar la revelación divina y el ideal del Reino de Dios sobre la tierra. Le siguen los patriarcas Noé (6, 8ss), Sem (9, 26 s), Abraham (12, 1), Isaac, Jacob, etc.
26. Se comenzó a invocar el nombre de Yahvé: Esta es la traducción que en general se da a este misterioso pasaje. Se refiere, según algunos, al comienzo del culto público (Vaccari). Otros creen que en aquel tiempo comenzaron los hombres a invocar a Dios con su nombre de Yahvé, que es el más grande de todos sus nombres (cf. 2, 4 y nota; Éxodo 3, 14) y el único que expresa su ser (“el que es”). Otros traducen: En aquel tiempo comenzaron a llamarse hijos de Dios (cf. 6, 2), en contraposición a los hijos de los hombres, lo cual significaría la separación definitiva entre los cainitas y los descendientes de Set, o sea, entre “los hijos de Dios” y los “hijos de los hombres” (cf. 6, 2 y nota).
1. Adán, como padre del género humano según la carne, es figura o tipo de Cristo, el restaurador del género humano en sentido espiritual. Cf. Romanos 5, 12 ss.; I Corintios 15, 21 s. y 45-47; Efesios 1, 10.
5. “La longevidad de los patriarcas” es un problema no explicado aún suficientemente, porque conocemos muy poco los antiguos sistemas cronológicos. Sabemos, p. ej., que los babilonios adjudicaban a sus primeros reyes muchos más años que la Biblia a los patriarcas, p. ej., a Enmeduranna, rey de Sipar, 72.000 años, según otra versión, 21.000. Mas ante todo hay que tomar en cuenta que, antes del diluvio, las condiciones de vida eran diversas de las actuales, y que en la tradición del texto de este capítulo hay muchas diferencias entre el hebreo, el samaritano, el de los Setenta y de la Vulgata, lo que prueba que no tenemos seguridad sobre el valor exacto de los números. Entre los modernos muchos invocan el carácter simbólico de los números, muy usado en la Antigüedad, otros recurren a la posibilidad de lagunas en esta genealogía, dando al verbo “engendrar” el significado de varias generaciones, como sucede también en la genealogía de Cristo. Cf. Mt. 1, 1 ss y nota. Interesante es el modo como San Jerónimo explica la longevidad de los patriarcas: “Luego que la serpiente antigua, enredado ya el primer morador del paraíso en lazos de víboras, lo arrojara a estas tierras, trocada la eternidad en mortalidad, la sentencia divina dilató la vida del hombre, como una segunda inmortalidad, por espacio de novecientos y más años. Después, al recrudecer poco a poco el pecado, la impiedad de los gigantes provocó el naufragio universal del mundo. Entonces, limpiado el mundo, por decirlo así, como por un bautismo, la vida del hombre se redujo a más corto término” (Ep. ad Paulam). Véase Salmo 89, 10.
24. Del patriarca Enoc, que desapareció sin haber visto la muerte, dice la Sagrada Escritura en otro lugar: “Enoc agradó a Dios y fue trasladado al paraíso para predicar a los pueblos la penitencia” (Eclesiástico 44, 16, Vulgata; cf. 49, 16). En la carta de San Judas leemos que el patriarca Enoc anunció a los impíos el castigo, y San Pablo lo alaba como ejemplo de fe (Hebreos 11, 5). Muchos Padres sostienen que Enoc ha de venir por segunda vez, como Elías, para combatir al Anticristo, y la exégesis tradicional toma a Enoc y a Elías por los dos testigos de Apocalipsis 11, 3, ss. Hay un libro que lleva el nombre de Enoc, pero por ser apócrifo no ha sido recibido como canónico, aunque gozaba de mucho prestigio en la era patrística.
29. Alusión al nombre de “Noé”, que significa consuelo o consolador.
2. ¿Quiénes son esos hijos de Dios? No se trata aquí de reminiscencias mitológicas, pues la Biblia no ofrece mitologías sino verdades. La interpretación judía, y también la de muchos Padres ha visto en los hijos de Dios a los ángeles. Santo Tomás empero, dice que los ángeles, aunque asumen a veces una apariencia corpórea, no tienen cuerpos materiales y por lo mismo no realizan aquellos actos vitales que se indican en este pasaje. Además, el término “hijos de Dios”, no es exclusivo de los ángeles, sino que se aplica también al hombre, p. ej. en Deuteronomio 14, 1; Sabiduría 5, 5; Os. 1, 10 (Hebreos 2, 1). Las hijas de los hombres: las mujeres de la raza de Caín, que corrompieron a los “hijos de Dios”, es decir, a los hijos del linaje de Set. Tenemos aquí el primer fruto de los matrimonios mixtos.
4 s. Gigantes: hijos de los matrimonios aludidos en el versículo 2. Cultivaban la fuerza física bruta y pisoteaban los derechos de Dios y de los hombres. El profeta Baruc los llama diestros en la guerra (Baruc 3, 26), la que constituía su ocupación principal. La existencia de gigantes está atestiguada no solamente por la Biblia, aun para el tiempo después del diluvio (Núm. 13, 29; Deuteronomio 2, 10; 3, 11; etc.), sino también por las tradiciones orales de muchos pueblos, y ante todo por las excavaciones modernas. Famosos: tal vez por sus progresos técnicos como los cainitas (4, 17 ss y nota), pero mucho más por sus maldades, que les acarrearon el castigo del diluvio. Ante ellos, y ante todos sus contemporáneos, se presenta Noé como “predicador de la justicia” (II Pedro 2, 5), para recordarles las leyes de Dios, aunque su misión está condenada al fracaso, a pesar de los ciento veinte años que Dios le concede para su obra de profeta y predicador (cf. v. 12 s). No le hicieron caso, sino que “siguieron comiendo y bebiendo, tomando en matrimonio y dando en matrimonio, hasta el día en que entró Noé en el Arca”. (Mateo 24, 38).
6. Se arrepintió: Antropomorfismo, “Dios no es un hombre para arrepentirse” (I Reyes 15, 29). Se aflige su corazón paternal porque sabe que para la apostasía no hay otro remedio que el exterminio (cf. Hebreos 6, 4-8; 10, 26 ss.).
9. Anduvo con Dios, lo mismo que Enoc, su bisabuelo (cf. 5, 24), que vivió de la fe y por eso fue trasladado (cf. Hebreos 11, 5).
15. El codo grande o sagrado medía, en centímetros: 52,5 (medida egipcia) o 55 (medida babilónica); el codo pequeño o común, 45 y 49, respectivamente. Aquí se trata probablemente del codo sagrado, de manera que las medidas del arca eran, en metros: 157,5 por 26,5 por 15,75, o 165 por 27,5 por 16,5. San Agustín opina que estas proporciones del arca han sido tomadas del cuerpo, el cual extendido en el suelo es seis veces más largo que ancho y diez veces más largo que alto. El volumen del arca, en total alrededor de 450.000 codos cúbicos, ofrecía espacios suficientes para los animales y las provisiones.
16. Es de suponer que la ventana se extendía por toda la parte superior del arca. “La manera más natural de imaginarse el arca es suponer entre las paredes laterales y el techo un espacio libre, de un codo, para dar aires y luz al arca” (Nácar-Colunga).
18. El pacto consiste en salvar al patriarca y su familia y hacerlo segundo padre del linaje humano. Será el segundo ensayo de fundar el reino de Dios sobre la tierra, después de la apostasía de las generaciones antediluvianas; pero aun esta vez, como veremos más adelante, se le opondrá la mentalidad egoísta del hombre. Cf. 8, 21 y nota.
20. Vendrán a ti: Aunque se ha probado que en el arca cabían todos los seres vivientes, no deja de ser un milagro lo que aquí se dice de la reunión espontánea, sin cooperación humana, de tantos animales, ya que muchos eran salvajes. Obsérvese la distinción entre animales puros e impuros (7, 2), que es como una anticipación de la Ley de Moisés (cf. Levítico capítulo 11: Deuteronomio 14, 3 ss.). Vemos, pues, que la distinción entre bestias puras e impuras es más antigua que la Ley del Sinaí. La diferencia entre ambas clases consistía en que estaba prohibido comer carne de animal impuro o tocarlo, y que también para los sacrificios podían tomarse solamente animales puros.
5. Noé no sólo construyó el arca, sino que al mismo tiempo sufrió el desprecio de sus contemporáneos que lo tomaron por loco. Cf. 6, 4 s. nota; Eclesiástico 44, 17-19; Mateo 24, 37; Lucas 17, 26; Hebreos 11, 7; II Pedro 2, 5.
6. Seiscientos años: San Cirilo de Jerusalén subraya en este caso la longanimidad de Dios y dice: “Quinientos años tenía Noé cuando Dios le anunció el diluvio, y seiscientos cuando lo envió. ¿No ves la grandeza de la clemencia de Dios alargada por cien años más cuando podía haber dado el castigo en el momento de anunciarlo? Pero Él quiso retrasarlo a propósito para dar lugar a la penitencia” (Cat. II).
11. El mes segundo sería, según la era antigua babilónica, la segunda mitad de octubre y la primera de noviembre. Por el “grande abismo”, los antiguos entendían los espacios alrededor de la tierra, en cuyas profundidades se creía que había fuentes.
21. Toda carne, o sea, todos los seres vivientes que en sus narices tenían soplo de vida (v. 22) perecieron, pero no todos perdieron la vida eterna. Esto nos revela San Pedro en el misterioso pasaje de I Pedro 3, 19, donde habla de la predicación del Evangelio, por el mismo Jesucristo, en el infierno y nombra expresamente a los hombres del diluvio. Véase nota respectiva.
23. Se levanta aquí la pregunta: ¿Fue el diluvio una catástrofe “universal”, y en qué sentido? Antiguamente se sostenía con todo rigor la universalidad del diluvio, fundándose en los pasajes del Génesis 6, 7: “Exterminaré de sobre la faz de la tierra al hombre que he creado” (cf. 6, 13), y Génesis 9, 19: “Estos tres son los hijos de Noé, por los cuales fue poblada la tierra”. Cf. Sabiduría 14, 6: I Pedro, 3, 20: II Pedro 2, 5; 3, 6. Aducen asimismo el testimonio de los Padres y antiguos intérpretes que se han pronunciado unánimemente a favor de la universalidad del diluvio y ven, precisamente por ello, en el arca una figura de la Iglesia. Para resolver el problema de la universalidad conviene estudiarlo bajo sus distintos aspectos: 1) No necesitamos sostener la “universalidad zoológica”, pues no perecieron los peces, de los cuales la Biblia no habla en estos capítulos, como tampoco de los insectos, ya que el término: “todo lo que se arrastra sobre la tierra”, (7, 8) se refiere a los reptiles. La zoología conoce 8.000 especies de animales. Dos o siete parejas de cada especie serían unos 30.000 o 40.000 animales. ¿Cómo atenderlos en el arca, donde había solamente ocho personas? 2) Tampoco existe la necesidad de defender la “universalidad geográfica” del diluvio, pues, como dicen los representantes de las ciencias naturales, faltaba para ello el agua. Todas las aguas de la tierra no serían capaces de cubrir el orbe entero hasta las cumbres más altas de las montañas. 3) Queda, por consiguiente, abierta solamente la cuestión de la “universalidad antropológica”. Los que admiten el carácter parcial del diluvio en sentido antropológico (Hummelauer, Lesètre, Heinisch, Ceuppens, etc.) hacen notar que el autor sagrado habla solamente de un sector de la humanidad, es decir, de los hijos de Caín y Set, sin mencionar a los descendientes de los demás hijos de Adán, (cf. 5, 4), por lo cual, dicen, los capítulo 6 y 7 se refieren exclusivamente a ese reducido grupo de hombres de que se ocupa el autor del Génesis, puesto que los otros no entran en la narración. Afirman también que en hebreo la expresión “toda la tierra”, puede significar “todo el país”, es decir, el país del cual habla el hagiógrafo. Cf. Génesis 41, 54, donde “toda la tierra” también se toma en sentido restringido. En cuanto a la interpretación dada por los Padres, los defensores de esta hipótesis alegan que su unánime testimonio hace fe únicamente cuando explican verdades de fe. Con todo, hay que decir con Simón-Prado que la universalidad antropológica es probabilísima. Ningún acontecimiento bíblico ha dejado tantas huellas en las tradiciones de los pueblos como esta narración del diluvio. Cf. el mito babilónico de Utnapistim, el griego de Deucalión y Pirra, la leyenda de Manú en la India, el Popolvuh o Génesis de los antiguos guatemaltecos, etc.
4. Ararat: Armenia, cuyo nombre babilónico es Urartu. El día diecisiete: La Vulgata de San Jerónimo vierte: del día veintisiete.
7. Salía y retornaba: La Vulgata dice Salió y no volvió. Se ha probado que la Vulgata antigua traía un texto igual al hebreo, por lo cual la Comisión Pontificia, a cuyo cuidado está la revisión de la Vulgata, ha restaurado en este lugar la forma primitiva del texto.
11. “La paloma, dice San Buenaventura, volvió al arca, con un ramo de olivo en el pico. De igual modo, el alma que es semejante a la paloma, vuelve de nuevo al Señor, porque en él halla descanso” (Sermón del Sábado Santo). Desde entonces el ramo de olivo se toma como símbolo de la paz. Tanto la paloma como el aceite de olivos son también símbolos del Espíritu Santo, cuya obra pacificadora no debemos olvidar en esta primera reconciliación del género humano con Dios; pues la paz es, según San Pablo, “fruto del Espíritu” (Gálatas 5, 22). Sobre la actividad del Espíritu Santo en la creación véanse las notas a Génesis 1, 1 y 2.
21. Malos desde su niñez: Alusión al pecado original. Mucho más que nosotros mismos conoce Dios el corazón humano, ese corazón falaz que hoy es bueno y mañana malo, y siempre flaco, porque lleva en sí la herencia del pecado de Adán. Aun los paganos conocían esta flaqueza innata, la cual el poeta Horacio ha caracterizado con las clásicas palabras: “Nitimur in vetitum semper cupimusque negata” (II Ep. 1, 94). La inclinación de nuestra naturaleza corrompida nos lleva siempre a desear lo prohibido y seguir los movimientos desordenados que surgen de nuestro corazón, como confiesa humildemente el apóstol San Pablo: “Ya no soy, pues, yo quién lo hago, sino el pecado que habita en Mí” (Romanos 7, 17). Con todo Dios no hará venir otro diluvio, pues nuestra misma naturaleza, tan débil y expuesta a peligros, provoca su misericordia. Cuanto más endebles somos nosotros, tanto mayor es su ternura y bondad (cf. Salmo 53, 8 y nota). “El diluvio” es figura del juicio final, y también del Bautismo (I Pedro 3, 21); el arca, figura de la Iglesia, “la cual nos hace felices mediante la madera” (de la cruz), dice San Agustín.
3. Fundándose en este versículo, creen algunos expositores que antes del diluvio los hombres no comían carne y que Noé fue el primero en hacerlo después del diluvio. Citan a favor de su hipótesis lo que Dios había dicho a Adán: “Ved que os doy toda planta, portadora de semilla sobre la tierra y todos los árboles, los cuales tienen en sí fruto de árbol con semilla, para que os sirvan de alimento” (Génesis 1, 29).
4. Carne con vida, o sea, sangre, pues la sangre se consideraba como asiento de la vida y la vida como propiedad de Dios, por lo cual el comer sangre era una suerte de sacrilegio. La prohibición de comer sangre fue también uno de los preceptos que los apóstoles, respetando las costumbres de los judíos convertidos al cristianismo, impusieron, al menos transitoriamente, a los cristianos de la gentilidad (Hechos 15, 20). Más adelante se perdió el precepto, porque sólo había sido dado para los que estaban bajo la Ley antigua.
5. La efusión de la sangre humana había de vengarse hasta en las bestias que fueran causa de la muerte de un hombre (véase Éxodo 21, 28), porque el hombre es imagen y semejanza de Dios (Génesis 1, 26).
13. Servirá de señal del pacto: El arco iris, “el testigo fiel en el cielo”, como lo llama el salmista (Salmo 88, 38), no fue puesto para que Dios no olvidase sus promesas, sino para que nosotros, al ver esta señal, nos acordásemos de la misericordia que Dios nos ha prometido, y tuviésemos confianza en ella (San Juan Crisóstomo).
21. Los Padres dicen que Noé no pecó, pues bebió del vino sin conocer su fuerza.
25. “Canaán”, hijo de Cam (10, 6). Los descendientes de Cam, especialmente los canaanitas, serán esclavos. Esto se cumplió en la conquista del país de Canaán en tiempos de Josué, cuando los cananeos fueron subyugados por los israelitas. Se cree que también gran parte de los pueblos de África, siempre tratados como esclavos, son descendientes de Cam.
26 s. “Sem” estará en relación especial con Dios, que por eso es llamado “el Dios de Sem”. Efectivamente, eligió Dios la raza semita para fundar su nuevo reino sobre la tierra. Cf. la vocación de Abrahán, descendiente de Sem, en el capítulo 12 del Génesis. Y ¿no fueron también Cristo y los apóstoles miembros de un pueblo semita? Acerca de “Jafet” (v. 27) dice Noé que se dilatará y habitará en las tiendas de Sem. Esto puede entenderse en sentido geográfico, sin embargo, es preferible explicarlo en sentido espiritual. Por su conversión a la religión de Cristo, los pueblos de Europa, hijos de Jafet casi todos, entraron en las tiendas de Sem y se hicieron partícipes de las bendiciones dadas a Sem y su descendiente Abrahán. Las bendiciones de Sem y de Jafet son, pues indudablemente mesiánicas.
1. El capítulo 10 contiene la “tabla de las naciones”, es decir, la nómina de los pueblos antiguos. Para comprobar que Moisés no tenía la intención de enumerar todos los pueblos, basta recordar que, de los siete hijos de Jafet, sólo de dos se mencionan los descendientes. Hasta ahora los sabios no han logrado identificar todos los pueblos aquí enumerados.
2. Gómer: tal vez los cimerios, cimbros (germanos). Sobre “Magog”, un país situado al norte, véase Ezequiel 38, 2; 39, 6; Apocalipsis 20, 8. “Madai”: los medos (persas). “Javán”: los jonios (griegos), “Tubal” y “Mósoc”: países mencionados juntamente con Magog en Ezequiel 38, 2; según los cuneiformes, parte de Armenia. Algunos ven en Tubal el nombre de la ciudad de Tobolsk (Siberia). “Tirás”: los tracios, o más bien los terrenos o etruscos (Italia para los países occidentales).
3. Asquenaz: tal vez los escitas. Hoy día llevan este nombre los judíos que viven entre los pueblos del norte de Europa. Rifat y Togormá: probablemente pueblos del Asia Menor.
4. Elisá: según algunos, Chipre, que en las tablas de Tell el-Amarna lleva el nombre de Alaschia, según otros, Elis, región de Grecia. “Tarsis”: ciudad y país cuyo nombre se menciona muchas veces en el Antiguo Testamento, y que los arqueólogos generalmente identifican con Tartessus, ciudad de España. Según otros, una ciudad situada en Cerdeña o en el norte de África. “Kitim”: Chipre, donde la ciudad de Kition recuerda este nombre. “Dodanim”: los dárdanos (troyanos) cuyo nombre recuerdan los Dardanelos, estrechos que separan a Europa de Asia.
6. Cus: Etiopía y región de la Arabia meridional. Misraim: Egipto. Put o Punt, parte de Egipto o Libia. Canaán: Palestina.
7. Pueblos de Arabia. Sobre “Havilá” véase 2, 11 y nota. Sabtá o Sabatá: región de la Arabia meridional. Sabá, de donde vino la reina de Sabá (cf. III Reyes capítulo 10), también en la Arabia meridional.
9. Cazador delante de Yahvé: giro hebreo que quiere decir: cazador famoso. Cf. Jonás 3, 3, donde se dice de Nínive que era una ciudad grande delante de Dios, es decir, una ciudad grandísima.
10. Sinear: Babilonia, parte meridional de Mesopotamia.
12. La gran ciudad: Nínive, situada en la orilla oriental del Tigris, frente a la ciudad moderna de Mossul. Grande se llamaba Nínive porque cubría una superficie de tres jornadas de perímetro y contenía en tiempos de Jonás más de 120.000 pequeñuelos, lo cual equivale a una población total de más de medio millón de habitantes. Cf. Jonás 4, 11.
13. Pueblos del norte de África y vecinos de Egipto. Lahabim: tal vez los libios. Naftuhim: habitantes del delta del Nilo.
14. Patrusim: Alto Egipto. Caftor: Creta, patria de los filisteos. Cf. Deuteronomio 2, 23; Jeremías 47, 4; Am. 9, 7.
15. Sidón: los fenicios. Het: los heteos o hititas que en el segundo milenio antes de Cristo extendieron su reino desde el centro de Asia Menor hasta las fronteras de Egipto. La lengua de sus monumentos hasta ahora no ha sido descifrada por completo. Su centro fue la actual Boghazköi en Asia Menor.
16 ss. Pueblos de Canaán. Los “jebuseos”, antiguos pobladores de Jerusalén.
22. Pueblos de Mesopotamia. Elam: al sudeste de Babilonia. Asur: Asiria. Arfaxad: región montañosa al norte de Asiria. Lud: una tribu de Mesopotamia o Arabia; según otros: los lidios de Asia Menor. Aram: un pueblo semita que ocupó poco a poco gran parte de Siria y Mesopotamia.
23. Us: tal vez Basán, al norte de Transjordania. Géter: tal vez Gesur, entre Basán y el Hermón.
25. Fáleg: Este nombre recuerda la división de los pueblos, pues en hebreo tiene la misma raíz que el verbo “dividir”.
29. Ofir: parte de África, que de Ofir recibió su nombre.
32. “De este cuadro quedan excluidos todos los pueblos que moraban fuera del ámbito geográfico del autor sagrado, que era el de sus contemporáneos. La divina inspiración no ampliaba los conocimientos de los autores sagrados, que por otra parte, no interesaban al fin que se proponía” (Nácar-Colunga).
2. Sinear: Babilonia (cf. 10, 10). Parece que el nombre de Sinear o Senaar (Vulgata) es idéntico con el nombre del pueblo de los sumerios, los más antiguos pobladores de Babilonia, quienes transmitieron su cultura y la escritura cuneiforme a los pueblos semíticos que invadieron el país en el tercer milenio a. C. En aquellos tiempos la tierra de Babilonia no tenía la extensión geográfica de hoy, porque el golfo Pérsico se extendía hacia el norte más allá de la actual juntura del Tigris y Éufrates. Esta parte del golfo se llamaba el Mar Maratu.
3. En aquella región no hay piedras ni cal; por eso se sirven del barro para fabricar ladrillos y del betún en lugar de argamasa.
4. Cuya cumbre llegue hasta el cielo: Esta expresión no ha de tomarse en sentido literal, ya que se aplicaba también a otros templos de Babilonia. Es tal vez la traducción del nombre sumerio de la torre Etemenanki (Casa de los cimientos del cielo y de la tierra), que estaba un poco al norte del templo Esagila de Babilonia, cuya base era de 91,50 metros cuadrados. Algunos buscan los restos de esta torre en las ruinas de Birs Nimrud (“castillo de Nimrod”) en las cercanías de Babilonia, otros en la torre “Babil” de la ciudad de Babel. “Para que no nos dispersemos””: Era la voluntad de Dios que se dispersasen y repoblasen la tierra, como lo había mandado a Noé (9, 1). Pero revivió en ellos el espíritu de Caín, la rebeldía contra Dios, que siempre cunde en el mundo (cf. Judas v. 11). Eran inventores y progresistas, como el hombre moderno, que los imita en la construcción de torres babilónicas, en sentido técnico y más aún en sentido ideológico. En lugar de cumplir la voluntad divina edificaron una ciudad monstruosa, en la cual levantaron, como símbolo de su unidad espiritual, un templo, pues las torres babilónicas eran a su vez santuarios, en cuya cumbre había un templo o por lo menos un altar. La idea que los animaba consistía en crear no sólo un monumento, sino a la vez un centro idolátrico que les sirviese de lazo de unión. De ahí que Dios interviniera con tanta severidad. La soberbia, dice San Agustín, confundió las lenguas, la humildad de Cristo las unió de nuevo.
5. Yahvé descendió para ver: Uno de los antropomorfismos en que tan fecunda es la Biblia, en especial el Génesis. Véase antropomorfismos semejantes en 6, 6; 8, 21; Job 38, 13; Salmo 40, 4.
7. Confundamos su lengua: No deja de ser un fenómeno milagroso esta confusión de las lenguas, que se produjo por intervención del Altísimo. Hay, sin embargo, expositores que dan a este hecho un sentido figurado o naturalista y dicen que aquí se trata de un acontecimiento de orden puramente natural. La desunión en el pensar llevó a los hombres a separarse los unos de los otros, y una vez separados perdieron pronto la unidad de la lengua primitiva. En estas explicaciones hay que proceder con mucha prudencia, a fin de que no se pierda el contenido de la revelación. Cf. la Carta de la Pontificia Comisión Bíblica del 16 de enero de 1948, sobre la interpretación de los once primeros capítulos del Génesis. Véase 1, 31 y nota. Las consecuencias de la separación de los pueblos y de la confusión de las lenguas repercuten hoy todavía en la humanidad, manifestándose en una desastrosa desunión intelectual, cultural y política y en los nacionalismos extremistas –cultivados más que nunca en nuestros días– como fruto de los cuales presenciamos la supresión de naciones enteras, la explotación de los pueblos pobres y, ante todo, las incesantes guerras, que nunca fueron tan crueles como en nuestro siglo, a pesar de las tan numerosas instituciones internacionales y humanitarias.
9. El nombre de Babel (contracción de Balbel) significa en hebreo algo asó como confusión. Es una etimología popular en que se expresa el desprecio a Babilonia. En lengua babilónica significa Babili (Babel) “puerta de Dios”. La ciudad situada a orillas del Éufrates, adquirió desde muy antiguo extraordinaria importancia política. En el lenguaje de los profetas, Babel o Babilonia es la personificación del poder de los impíos (véase Apocalipsis 14, 8; 17, 5; 18, 2).
10 ss. La “genealogía” que sigue, tiene por objeto establecer la línea directa que enlaza a Abrahán con el padre del género humano. “La Sagrada Escritura nos muestra, a grandes rasgos, el entronque genealógico de Abrahán con Adán por la parte fiel a Dios y heredero de las bendiciones: Sem, en quien recaen las bendiciones de Noé (9, 26); Noé, único setita fiel (4, 8-9); Set, dado por Dios en lugar de Abel (4, 25); Protoparentes, depositarios y transmisores de la promesa llamada Protoevangelio (3, 15). De esta manera Abrahán, y por él el pueblo de Israel, llega a ser el heredero de todas las promesas de la bendición hechas por Dios a la Humanidad”. (Oñate).
28. Ur de los caldeos, ciudad situada al sur de Babilonia, sobre la orilla oriental del Éufrates. Las excavaciones hoy realizadas en aquel lugar, muestran que la ciudad natal de Abrahán existía ya en el tercer milenio antes de Jesucristo y era célebre por su templo de Sin (Luna).
31. Harán: más tarde llamada Carrhae, primer objeto del viaje, se halla en la región septentrional de Mesopotamia, a mitad de camino entre Ur de los caldeos y Canaán. También en Harán se veneraba al dios lunar Sin, y las tribus que se agrupaban alrededor de Harán eran de la misma raza que las de Ur. De ahí que la emigración de Ur se dirigiera preferentemente a la ciudad de Harán, la cual se hallaba, además, en el camino que llevaba desde Mesopotamia a las regiones siro-palestinas.
1. El Reino de Dios sobre la tierra peligró de nuevo por la maldad de los hombres (cf. capítulo 11). Respetando el libre albedrío del hombre, permitió Dios la nueva apostasía del género humano, como había permitido la de los cainitas y de los setitas contagiados de la rebeldía cainita (6, 1 ss.). Mas esta vez la bondad del Padre celestial no los anegó en el agua (cf. II Pedro 3, 7), sino que dio a su Reino otra estructura, fundándolo sobre una sola familia, fiduciaria exclusiva de la revelación divina hasta que viniese la revelación encarnada, Cristo. Este es el sentido de la vocación de Abrahán que, como un segundo Adán y Noé, entra en la historia. En adelante, se dividirá la historia en la de los gentiles, los cuales han dejado de ser destinatarios de la revelación, y en la de los descendientes de Abrahán, el pueblo elegido, el que será antorcha para todas las naciones, y al cual serán confiados “los oráculos de Dios” (Romanos 3, 2), es decir, las revelaciones divinas, hasta la venida del Mesías, de quien ellas dan testimonio. También el Libro de la Sabiduría relaciona la vocación de Abrahán con la corrupción de los hombres postdiluvianos: “Ella (la Sabiduría), cuando las gentes conspiraron a una para obrar mal, distinguió al justo (Abrahán) y le conservó irreprensible delante de Dios” (Sabiduría 10, 5).
2 s. ¿En qué consiste la promesa hecha a Abrahán? “Si admitimos el íntimo conexo con el Protoevangelio (3, 15) podemos deducir que esta bendición especialísima consiste en que la posteridad de Abrahán, el pueblo judío, será elegido por Dios para obrar una liberación universal y espiritual, y esto por uno de sus hijos, el cual triunfará plena y perfectamente sobre la serpiente diabólica” (Ceuppens). En efecto, son tres las promesas que el patriarca recibe: a) Dios le elegirá para hacer de él un gran pueblo; b) en Abrahán serán bendecidas todas las naciones; c) de su linaje saldrá el Salvador. Véase las promesas semejantes en 18, 8 y 22, 18. De esta manera Dios recompensa las duras fatigas del gran patriarca, el cual ha de abandonar su patria y sus parientes para servir a un Dios que sus padres apenas conocían. San Pablo no se cansa de destacar la fe heroica de Abrahán, que “esperaba contra toda esperanza” (Romanos 4, 18); pues cuando Dios le hizo la promesa de numerosa descendencia, Abrahán era ya anciano y no tenía hijos, y su mujer Sara era estéril (11, 30). En tal sentido todos los verdaderos cristianos son hijos de Abrahán. “Por Cristo y en Cristo somos de la descendencia espiritual de Abrahán” (Pío XI a los dirigentes de la Radio Belga, en 1938). Por lo tanto, la historia del pueblo de Abrahán debe tener el más conmovedor interés para nosotros, y los cristianos, que somos sus herederos espirituales, pues trata anticipadamente de Jesús, su origen terreno y su “carne”, que ahora está sentada en el trono de la diestra del Padre. Sólo mirándolo desde Cristo entendemos el Antiguo Testamento.
5. No conocemos la fecha exacta del viaje de Abrahán a Palestina. En general se cree que se realizó alrededor del año 2000 a. C. Últimamente algunos historiadores han propuesto atribuir el viaje de Abrahán al siglo XVIII o XVII a. C. (cf. 14, 1 y nota). “Canaán”, es decir, Palestina, en aquel tiempo un país muy fértil. El escritor egipcio Sinhue, que vivió en el siglo XVIII a. C., alaba el país de Canaán extraordinariamente, diciendo: “La tierra aquella es hermosa, Jaa es nombre de ella; hay higos en ella juntamente con racimos de uva. Abunda en ella el vino más que el agua; copiosa es su miel, sus olivos son numerosos; frutos de todas clases tienen sus árboles. Hay granos allí juntamente con trigo; no existe límite para los rebaños todos”. Los cananeos vivían en ciudades y lugares fortificados y permitían que las tribus nómadas apacentaran sus ganados en el país abierto. La venida de Abrahán con sus pastores y rebaños era para ellos una cosa insignificante, ya que el patriarca no molestaba a los habitantes de las ciudades, sino que venía e iba como uno de tantos jeques nómadas. Sin embargo, parece que más tarde se produjeron dificultades en el sur del país. Cf. v. 9 y nota.
6. Siquem, situada en el centro de Palestina, idéntica con la actual Balata, a dos kilómetros al sudeste de Nablús. Encina de Moré: la Vulgata vierte: valle ilustre.
7. A tu descendencia: Cf. 13, 15; 17, 8; 22, 18; 24, 7. El sentido espiritual de esta promesa nos lo revela San Pablo en Gálatas 3, 16, refiriéndolo al Descendiente por excelencia, el Mesías.
8. Betel, hoy día Beitin, a 16 kilómetros al norte de Jerusalén, conocida por el sueño de Jacob y más tarde por el culto que allí se tributó al ídolo del becerro.
9. Négueb: nombre de la parte meridional de Palestina, hoy día parte del Estado de Israel formado el año 1948. “Una narración de la biblioteca del antiguo reino de Ugarit, recientemente descubierto, nos cuenta como Él da a Kéret, dios de Sidonia, un enorme ejército, llamado “el ejército del Négueb”, para que luche con los invasores llamados terajitas (de Táreh, padre de Abrahán). El texto parece escrito aproximadamente hacia la fecha de la irrupción de los hebreos en el sur de Palestina. Las tablillas que contienen esa narración están incompletas, pero parece permiten deducir que los terajitas se establecieron en el país y los cananeos se vieron obligados a retirarse ante ellos” (Bover-Cantera).
13. Sara era, según Génesis 20, 12, hermanastra de Abrahán, o, según otra interpretación, su sobrina, y a la vez su esposa; lo cual no es extraño en aquel tiempo en que la Ley mosaica no existía aún (Levítico. 18, 9). La conducta de Abrahán se explica por la costumbre de los reyes de apoderarse de las mujeres extranjeras, matando a los maridos. En cambio, si se trataba de una mujer no casada, solían dar regalos a los hermanos de la misma. San Agustín nota que Abrahán se portó aquí con una sabiduría llena de luz. “En cuanto a la belleza de Sara que teniendo más de 65 años (cfr. Génesis 17, 17 con 12, 4), no parece que estuviera en estado de despertar la concupiscencia de un Faraón egipcio. Pero si se tiene en cuenta que el mismo fenómeno aparece más tarde en el episodio de Abimelec con Abrahán (Gen. 20) y de nuevo en Isaac (26, 7-11), y además que va íntimamente ligado no tanto con la longevidad ultra-centenaria de los patriarcas, sino también con la maternidad nonagenaria de Sara, y más generalmente con la fecundidad centenaria de los patriarcas, aparecerá claro que la Biblia quiere presentar este grupo de fenómenos como efectos de un privilegio que fue reservado a los progenitores del pueblo de Dios en cuanto tales” (Ricciotti, Historia de Israel, núm. 127).
1. Sobre el “Négueb” véase 12, 9 y nota.
4. Invocó el nombre de Yahvé: oró a Dios y le ofreció un sacrificio, dándole gracias por los beneficios recibidos en el viaje.
8. Lot era sobrino de Abrahán (14, 12). Se llamaba aquí hermano, porque el nombre de hermano se usaba entre parientes en general. Así habla también el Nuevo Testamento de los “hermanos” de Jesús, que en realidad no eran hermanos carnales sino sólo parientes. Cf. 14, 16; 29, 12 y 15; Mateo 12, 46 y nota.
10. Segor, una de las ciudades de la Pentápolis, que como veremos más adelante (19, 20), fue perdonada cuando la ira del Señor destruyó las demás: Sodoma, Gomorra, Adamá y Seboím.
11. “El más débil escogió lo más agradable” (San Ambrosio). Cuando uno obra sin caridad tendrá que arrepentirse. Dentro de poco Lot habrá de experimentar las consecuencias de su elección egoísta.
15. A tu descendencia: Véase 12, 2 y 7 y notas.
18. Hebrón, cuyo nombre más antiguo fue Kiryat Arbá (Josué 14, 15) y hoy se llama El Chalil, se halla situada a unos 40 kilómetros al sur de Jerusalén. El encinar de Mamré (Vulgata: valle de Mambré), es el lugar clásico de la historia de Abrahán. El P. Mader tiene el mérito de haber investigado la primitiva residencia del gran Patriarca, la cual lleva hoy el nombre de Haram Ramet el-Chalil (= santuario de la colina del Amigo (de Dios). Había allí un pozo y un altar. En Mamré hospedó Abrahán a los tres varones del capítulo 18.
1. El capítulo 14 es de singular importancia por los nombres y datos históricos en él contenidos. Amrafel podría ser el rey Hammurabi de Babilonia, del cual poseemos el famoso código penal que se conserva en el Louvre de París. Vivió alrededor del año 2000, o, según nuevas investigaciones, dos siglos más tarde, entre los años 1728-1686 a. C. “Administrador sagaz, de gran iniciativa, no sólo abrió canales utilísimos para la hidrografía babilónica, y construyó célebres templos, sino que además legó muy especialmente su nombre a la reunión de leyes, conocidas bajo el título de Código de Hammurabi, que mandó redactar a ejemplo de las sumerias precedentes, para armonizar la legislación de las dos razas, semítica y sumeria” (Ricciotti, Hist. de Israel, núm. 4). “Arioc” o “Eriaku”, nombre sumerio que corresponde al nombre semítico de Waradsin, rey de Elasar (Larsa), antigua residencia de reyes. “Codorlaómer” sería en lengua elarmita “Kudurlagamar”, aunque el nombre mismo no se ha encontrado hasta ahora en documentos históricos. “Tidal” es idéntico con Tudalias, nombre de varios reyes hititas. Las cinco ciudades (Sodoma, Gomorra, Adamá, Gím y Segor) formaban la Pentápolis. Cf. Sabiduría 19 6.
3. El Mar Salado es el Mar Muerto, cuyas aguas son especialmente salobres y espesas. Situado a 394 metros bajo el nivel común, es un testigo perenne del divino castigo de Sodoma. Véase capítulo 19.
5. Los refaítas o Refaím, vivían en la Transjordania y en un valle cerca de Jerusalén. Entre ellos se cuentan los susitas, los emeos y los eneceos o enakitas (cf. Deuteronomio 2, 10, 3, 11; Josué 17, 15; II Reyes 21, 16 ss. I Paralipómenos 20, 4 y notas). La arqueología ha descubierto sus sepulcros (dólmenes), desparramados en la región transjordánica por donde pasaron los reyes invasores.
6 s. Los horreos u horritas, eran los pobladores del monte de Seír o Edom. Fueron exterminados por los edomitas (cf. 36, 20; Núm. 20, 4 ss; 21, 4; Deuteronomio 2, 12 y 22). Kades (v. 7), en el norte de la península del Sinaí, donde habitaban los “amalecitas”. “Hazazón-Tamar”, o sea Engaddí (II Paralipómenos 20, 2), situada en la costa occidental del Mar Muerto, donde vivía una tribu de los “amorreos” (canaanitas).
13. Abram el hebreo: Aparece aquí, por primera vez en la historia, la palabra “hebreo”. Su origen y significado es oscuro. Abram lleva este nombre, o por ser descendiente de Eber (10, 25) o por haber venido de la otra parte (en hebreo “eber”) del Éufrates. El nombre parece ser idéntico con el de los Habiru de las tablas del Tell el Amarna.
14. Su hermano, en realidad sobrino (Véase v. 12). Entre los hebreos la palabra “hermano” significaba “pariente”. Cf. 13, 8 y nota. Dan: ciudad situada en el extremo norte de Palestina. El nombre es anticipado, porque en aquel tiempo la ciudad se llamaba Lais (cf. Jueces 18, 27 ss.).
18. Melquisedec, rey de Salem (Jerusalén: cf. Salmo 75, 3 donde Jerusalén lleva este mismo nombre), bendice a Abrahán, recibe diezmos de su mano y ofrece pan y vino al Altísimo. Se refieren al misterioso rey-sacerdote el Salmo 109, 4 y San Pablo (Hebreos 7, 1 ss.) haciéndonos ver que Melquisedec, sacerdote y rey, es figura de Cristo, el sumo sacerdote y sumo rey, y que su sacrificio de pan y vino es figura del Sacrificio del Nuevo Testamento (véase el Canon de la Misa y Catecismo Romano II, 4, 78). Hasta los nombres prefiguran la misión de Cristo. Melquisedec significa “rey de justicia”, y Salem significa “paz”. Sobre este pasaje se han suscitado muchas discusiones entre los exégetas católicos y protestantes. Según los primeros, Melquisedec ofreció allí un sacrificio de pan y vino en honor a Dios, como figura profética del sacrificio incruento que hoy se ofrece en la misa (cf. Denz. 938), mientras que los segundos pretenden que simplemente trajo pan y vino para agasajar a Abrahán como huésped. El texto de la Vulgata favorece claramente la primera interpretación, pues dice: “ofreciendo pan y vino porque era sacerdote del Dios Altísimo”. La reciente edición de la Biblia italiana auspiciada por el Pontificio Instituto Bíblico, vierte Aportó pan y vino siendo sacerdote, etc. y pone la siguiente nota: “Aportó (explica San Juan Crisóstomo, Homilía 36 N° 4), para refacción de las tropas de Abrahán, el cual en consideración al sagrado carácter de Melquisedec, figura de Cristo (cf. Salmo 109, 4; Hebreos 7), aceptó los dones, figura de la Eucaristía, y en cambio dio al sacerdote la décima parte de todo el botín (v. 20). Es obvio que Melquisedec haya ofrecido primero esos dones según el uso, al Altísimo, de quien era sacerdote”.
20. Le dio (Abram) el diezmo: San Pablo cita este pasaje en Hebreos 7, 4, para mostrar la superioridad del Sacerdocio de Cristo.
21. Dame gente: es decir, los prisioneros rescatados en la batalla. La Vulgata dice: “Da mihi animas” que Scío traduce muy exactamente: “dame las personas”, pues, “alma” significa en hebreo vida, todo el hombre, persona. Sin embargo, muchos autores de libros ascéticos usan esta palabra en el sentido de alma, y la aplican al celo de los misioneros y predicadores. El Cardenal Gomá pregunta con razón “¿Vale el texto para ponderar el valor de un alma y significar el ardor del celo apostólico?” (La Biblia y la Predicación, pág. 268).
1. Yo soy… tu recompensa sobremanera grande: Cf. la palabra de Jesús en el Nuevo Testamento: “He aquí que vengo presto, y mi galardón viene conmigo para recompensar a cada uno según su obra” (Apocalipsis 22, 12). ¿Por qué, pues, no amarlo, amarlo infinitamente?
2. Alude a la costumbre o ley babilónica, según la cual el mayordomo heredaba los bienes de su amo cuando esto no tenía hijos. En su respuesta usa Abrahán el nombre de Adonai (mi Señor), lo mismo que en el v. 8. Es para expresar su absoluta sumisión y fidelidad.
5. Le sacó fuera, etc.: “En el silencio de la noche está Dios. No le busquemos en el barullo del día, ni en el trabajo ruidoso; busquémoslo en el silencio de la noche, como Nicodemo, pues éste es el momento propicio en que Dios suele hablar al hombre. Habló a Samuel en el silencio sagrado de la noche, manifestándole Sus designios. Y en el silencio de la noche reveló a San José el sublime secreto de la Virgen e hizo anunciar a los pastores la venida de Cristo. Jesús mismo buscaba el silencio de la noche para comunicarse con el Padre y estar con Él en íntimos coloquios” (Elpis).
6. “Muchas obras buenas había hecho Abrahán, mas no por ellas fue llamado amigo de Dios, sino después que creyó, y toda su obra fue perfeccionada por la fe” (San Cirilo de Jerusalén, Catequesis V). Tan grande era la fe del Patriarca que no miraba a su edad ni a la esterilidad de su mujer. Creyó contra toda esperanza que Dios le daría descendencia. Por la fe en las divinas promesas había abandonado su patria; por la fe soportaba las más grandes aflicciones y penalidades; por la fe estaba dispuesto a renunciar a todo y hasta a sacrificar a su propio hijo, el hijo de la promesa (capítulo 22). Cf. Romanos capítulo 4 y 5; Gálatas 3; Santiago 2, 23. Por eso mereció ser llamado el padre de todos los creyentes (Romanos 4, 11). Los que creemos en Cristo, somos hijos de Abrahán por la fe.
12. Se trata de un rito acostumbrado entre los pueblos antiguos. Cf. Jeremías 34, 18 s. Al celebrar un pacto los contrayentes pasaban por entre los animales sacrificados, dando con ellos a entender que, en caso de quebrantar uno el pacto merecía la suerte de aquellos animales. Ese mismo rito estaba en uso también en Grecia y en Roma. De ahí los términos latinos: foedus ferire, foedus icere, foedus percutere. No fue un “sueño” natural, sino un éxtasis o arrobamiento, durante el cual Dios reveló a Abrahán el destino de sus descendientes en Egipto.
16. A la cuarta generación, es decir, después de unos cuatrocientos años (en cifras redondas). Véase versículo 13. Una generación era entonces de 100 años más o menos. Según Éxodo 12, 40 la cifra exacta es de 430 años.
17. La antorcha de fuego, que recorre el espacio intermedio entre las víctimas, es símbolo de Dios quien también cumple la ceremonia del pacto, que consistía en que los contrayentes pasaban por entre las víctimas.
18. El río de Egipto: no el Nilo, sino el Wadi el Arisch, que constituía la línea de demarcación entre Egipto y Palestina (Núm. 34, 5; Josué 15, 4: III Reyes 8, 65; Isaías 27, 12).
2. Para resolver el problema del heredero, o porque dudaba de la promesa de Dios, Sara propuso a Abrahán tomar por mujer a su esclava Agar. La propuesta de Sara está de acuerdo con la ley babilónica de entonces (Código de Hammurabi, art. 146), según el cual la esposa que no tenía hijos podía dar a su marido una esclava. El hijo del marido y de la esclava pasaba por hijo de la esposa, y si la esclava despreciaba a su dueña estéril, tenía ésta el derecho de castigarla como propiedad suya. Es éste precisamente el caso de Sara y Agar (v. 5). No hay que juzgar la conducta de Sara y Abrahán según las leyes cristianas, pues la monogamia no era todavía precepto (véase lo que dice Cristo en Mateo 19, 8). “Quiso Dios por este matrimonio de Abrahán con una esclava figurar misterios muy elevados” (Páramo). Cf. nota 15.
5. Juzgue Yahvé: “Sara culpa a Abrahán de aquello de lo cual ella misma es culpable, por lo que se ve que aun los más santos están expuestos a engañarse en la opinión de su propia justicia (Scío). San Ambrosio reprende a Sara por la dureza que mostró, pero San Agustín y otros Padres la defienden y la excusan.
7. Sur: parte del desierto de la península sinaítica.
11 s. El nombre Ismael quiere decir “Dios oye”. Ismael y sus descendientes, las tribus árabes, serán rebeldes contra todos. Lo son hasta el día de hoy.
13. “Atta El Roí” significa: “Tú eres el Dios que me ve”, es decir, Tú eres el Dios omni-vidente. ¿No he visto?, etc.: Texto oscuro, al cual se dan muy diversas traducciones y explicaciones. Agar parece admirarse de haber visto al Ángel de Dios sin perder la vida. Era opinión común que nadie podía ver a Dios o a su Ángel sin morir (cf. 32, 30; Éxodo 33, 20; Jueces 13, 21 ss.).
14. El Viviente es, en la Sagrada Escritura, nombre de Dios. Cf. Josué 3, 10; IV Reyes 19, 4 y 16; Salmos 4, 3; 83, 3: Os. 1, 10; Mateo 26, 63.
15. Sobre el carácter espiritual de las relaciones entre Sara y Agar habla San Pablo en la Epístola a los Gálatas. Agar, la esclava, es figura y tipo del Antiguo Testamento, cuya característica es la servidumbre y sumisión a la Ley; Sara, en cambio, es el tipo del Nuevo Testamento y de la “Jerusalén de arriba”. Por eso, aunque parece estéril, es más fecunda, por ser madre del hijo de la promesa (Isaac), en tanto que Agar, aunque fecunda según la carne, es estéril para el Reino de Dios, y su hijo Ismael no obtendrá bendiciones espirituales (Gálatas 4, 22 ss.). Cf. 17, 20.
1. El Dios Todopoderoso, en hebreo “El Schaddai”. Los nombres que Dios se da a Sí mismo tienen el más profundo significado. En Éxodo 3, 14 se da el nombre de Yahvé (el que es, el Eterno). Cf. 2, 4 y nota. Aquí oímos de su boca el nombre de Schaddai, con el cual solía manifestarse a los patriarcas (cf. Éxodo 6, 3). Es difícil darle una traducción adecuada; por eso algunos, por ejemplo, Nácar-Colunga, conservan la forma hebrea. Etimológicamente Schaddai señala la invencible fuerza de Dios, por lo cual las versiones prefieren los términos “Omnipotente” y “Todopoderoso”. “Sé perfecto”: La perfección de los patriarcas consistía en caminar en la presencia del Señor, oír en todo la voz de Dios y de sus ángeles y llevar la antorcha de la fe a través de los siglos más oscuros. “Los patriarcas eran entonces, como los apóstoles han sido después, la sal de la tierra. En vano buscaréis por el mundo, en aquellos remotísimos tiempos, al hombre pobre de espíritu, rico de fe, manso y sencillo de corazón, modesto en las prosperidades, resignado en las tribulaciones, de vida inocente y de honestas y pacíficas costumbres. El tesoro de esas virtudes apacibles resplandeció sólo en las solitarias tiendas de los patriarcas bíblicos” (Donoso Cortés).
5 s. El nombre no es una simple etiqueta, como hoy día suelen ponerse los nombres, sino la expresión de una idea que ha de realizarse en el portador del nombre. Así se explica que la nueva misión de Abrahán le acarrea un nuevo nombre. Abram, significa: Padre excelso; el nuevo nombre, Abrahán: “Padre de la muchedumbre”. De Abrahán salieron no sólo los israelitas, sino también los árabes (descendientes de Ismael, hijo de Abrahán), los idumeos, madianitas y otros. Los reyes que salieron de Abrahán fueron, entre otros, David, Salomón y el rey de reyes, Jesucristo. Véase 12, 2 y 3 y nota.
10 ss. Los racionalistas se rompen la cabeza en busca de una explicación satisfactoria de la “circuncisión” y su introducción en el pueblo escogido. Es cierto que también en algunos otros pueblos de la antigüedad, por ejemplo entre los egipcios y algunos pueblos semíticos, se conocía esta institución, pero lo que distinguía la circuncisión de Antiguo Testamento de todas las prácticas semejantes, aun anteriores, es su significado esencial y exclusivamente religioso, su carácter de sello de la alianza con Dios. Para Abrahán y su descendencia la circuncisión constituía una especie de Bautismo. “La circuncisión era el primero e imprescindible sacramento de la Antigua Alianza; daba derecho a las promesas y bendiciones del pueblo de Dios, y quien carecía de ella era excluido, como extranjero, de todos esos bienes. Por la circuncisión se obligaba el hombre al fiel cumplimiento de la Ley del Antiguo Testamento. Era un sello indeleble impreso en la carne para honra o para ignominia y reprobación, según que el circuncidado viviese en pureza y santidad o apartado de las virtudes. Pero… la circuncisión estaba prescripta sólo para Abrahán y su descendencia, hasta los tiempos del Redentor; el Bautismo, en cambio, es ley para todos los pueblos y para todos los tiempos, hasta el fin del mundo. La circuncisión era una señal corporal, que daba derecho a los bienes corporales y terrenos; el Bautismo no consiste sólo en un signo externo, sino que encierra en sí la gracia, imprime al alma carácter indeleble y comunica bienes mucho más elevados, espirituales y celestiales” (Schuster-Holzammer). Sin embargo, la circuncisión no alcanzaba a justificar a nadie por sí sola. Esto nos lo expone de una manera clásica e Apóstol de los gentiles en el cuarto capítulo de la Epístola a los Romanos. El patriarca Abrahán fue justificado por la fe, porque “la fe se le reputó a Abrahán por justicia” (Romanos 4, 9). Era justo delante de Dios antes de ser circuncidado porque “recibió la marca de la circuncisión como un sello de la justicia que había adquirido por la fe, cuando era aún incircunciso, para que fuese padre de todos los que creen en Él, sin estar circuncidados” (Romanos 4, 11). Cf. Romanos 6, 3 ss; Colosenses 2, 11. De ahí la definición del Concilio Tridentino: que la fe es “el principio de la humana salvación, el fundamento y la raíz de toda justificación” (Ses. VI, capítulo 8). Como se ve, Dios reprende, ya desde el Antiguo Testamento, la confianza orgullosa de los judíos en la circuncisión carnal, como lo hiciera más tarde San Pablo, cuando dice: “No es judío el que lo es exteriormente, ni es circuncisión la que se hace por fuera de la carne; antes bien, es judío el que lo es en lo interior, y es circuncisión la del corazón, según el espíritu y no según la letra, cuya alabanza no es de los hombres, sino de Dios” (Romanos 2, 28 s). Cf. Gálatas 5, 6; Efesios 2, 11. En el Antiguo Testamento véase Deuteronomio 10, 6; 30, 6; Jeremías 4, 4; Ezequiel 44, 7.
15. No sabemos por qué Dios cambió el nombre de Sara, pues Sarai y Sara son de la misma raíz y significan más o menos lo mismo: princesa, linaje real, y cierto el más preclaro de la tierra, como que fue ennoblecido por el mismo Hijo de Dios que se encarnó en él.
17. “Risa, no de desconfianza, sino de asombro y gozo ante lo grande e inesperado que no acababa de creer” (Jünemann).
18. Viva delante de Ti: sea objeto de tu especial protección.
20. Es la respuesta a la súplica de Abrahán en el versículo 18.
2. Que los tres eran una aparición de Dios, se desprende del versículo 1 y de los vv. 3 y 13 ss. La aparición bajo la figura de tres personas es, además una manifestación de la Santísima Trinidad. Así explican la narración los Santos Padres: “Abrahán vio a tres, y adoró a uno solo” (San Agustín). Partiendo de este pasaje, representa la Iglesia Oriental a la Santísima Trinidad, preferentemente, como tres jóvenes de igual figura y aspecto.
4 ss. Los Padres alaban la hospitalidad del santo patriarca que trata a los tres desconocidos como si fuesen sus hermanos. “Abrahán no encomendaba el servir a los huéspedes a sus siervos y criados, disminuyendo de tal modo el bien que hacía (por ejercerlo por manos ajenas), sino que él mismo servía a la humanidad necesitada, juntamente con su mujer, como si en esto hubiera encontrado un gran provecho. Él mismo lavaba los pies de los peregrinos, y él mismo traía sobre sus propios hombros un ternero gordo de la manada. Cuando los huéspedes estaban comiendo, él les servía en pie, como uno de sus criados, y sin comer él, ponía en la mesa los majares que Sara había guisado con sus propias manos” (San Jerónimo, Carta a Pamaquio).
12. Mi señor: Abrahán. San Pedro se refiere a este pasaje en su primera Epístola (3, 6), donde dice que la mujer, siendo más débil por voluntad de Dios, debe ser respetuosa y obediente al marido “como Sara que obedecía a Abrahán y lo llamaba señor”, y que es por este camino por donde ella llegará a ganar al marido (I Pedro 3, 1). También San Pablo recalca la voluntad divina de que la mujer tenga un papel subordinado en lo que se refiere al marido. “Quiero que sepáis, exhorta el gran apóstol de los Gentiles, que como Cristo es la cabeza de todo varón, así el varón es la cabeza de la mujer” (I Corintios 11, 3). “El (varón) es la imagen y gloria de Dios, mas la mujer es la gloria del varón; que no fue el varón formado de la mujer, sino la mujer del varón” (I Corintios 11, 7 s.). Los primeros cristianos, y aun las mujeres de la Edad Media, conocían estas sabias normas dictadas por los apóstoles y las observaban. Así, por ejemplo, Isabel la Católica, reina y heredera del trono de Castilla, llamaba a su marido “mi señor”, aunque le era igual en dignidad. Hoy día se habla de la “emancipación de la mujer”, pero no en provecho de su dignidad. Comprendan las mujeres cristianas que la felicidad de la mujer no consiste en la “emancipación” de las leyes naturales y divinas, pero sepan también los maridos que, en el matrimonio cristiano, ellos son los representantes de Cristo y que deben por lo tanto amar a sus mujeres “como Cristo amó a la Iglesia” (Efesios 5, 25), tratándolas “con toda discreción” (I Pedro 3, 1):
20. El “pecado de Sodoma” consistió en la perversión del orden de la naturaleza, vicio que se llama sodomía (véase 19, 4 ss.). El diálogo entre Dios y Abrahán enseña como Dios detiene su ira por amor e intercesión de los santos; muestra, además, la asombrosa llaneza de Dios en su trato con los hombres, y la rectitud de corazón del patriarca. “Diálogo bellísimo, dice Bover-Cantera, en que no se sabe qué admirar más, si la generosidad de Dios al escuchar la oración de su siervo y perdonar al pueblo pecador o el atrevimiento familiar a la vez respetuoso y la confianza humilde de aquel santo varón, que recibió el título de “amigo de Dios” por antonomasia”.
32. “¡Cuán ingeniosa es la caridad de Abrahán para solicitar el perdón de los culpables, al mismo tiempo que reconviene, digámoslo así, a la divina justicia, para que no confunda con ellos a los inocentes! No pide gracia particular por su sobrino, persuadido que se hallarían diez justos en Sodoma, en cuyo número entraría, o abandonándole enteramente a la providencia del Señor” (Scío).
1. Los dos Ángeles: Si los tres personajes son una representación de la Trinidad (cf. 18, 2 y nota), podemos ver en estos dos Ángeles al Hijo y al Espíritu Santo, “Que son enviados por el Padre; y por eso, porque el Padre nunca es enviado, no apareció allí, mas apareció en aquellos tres, pues el Padre apareció, pero nunca fue enviado” (San Buenaventura).
5. La perversa multitud, que sin siquiera respetaba el derecho de hospitalidad, intenta cosas abominables contra los huéspedes. Así se deduce de la respuesta de Lot, quien, para salvarlos, promete entregar a los malvados sus propias hijas, con tal que dejen en paz a los extranjeros. Notemos que éstos eran ángeles y figura de la divina Trinidad (véase 18, 2 y nota). Hasta eso llegó la bestialidad carnal de los hombres. Aquí se ve que las escenas crudas de la Sagrada Biblia, que algunos miran farisaicamente como escandalosas, son de la más alta edificación, enseñándonos que somos capaces de todas las monstruosidades, y mostrándonos la necesidad de la Redención.
11. Esto debió ser para Lot una prueba clara de que eran enviados por Dios.
14. Así dice Jesús que sucederá en su segunda Venida. (Cf. Lucas 17, 28).
16. Admirable imagen de la gracia, que nos salva aún a pesar de nuestra flaqueza, como dice la Iglesia en la Secreta de la cuarta Dominica después de Pentecostés.
22. Segor significa en hebreo “pequeño”. La ciudad se llamaba anteriormente Bela (cf. 14, 2 y 8). Lot intercedió por ella (v. 20), aduciendo su pequeñez. Tal es el privilegio de los pequeños (Sabiduría 6, 7).
24. Según Deuteronomio 29, 3 fueron alcanzadas por el castigo, las ciudades de Sodoma, Gomorra, Adamá y Seboím. La quinta ciudad de la zona fue perdonada y recibió el nombre de “Segor” (v.23). La catástrofe cuyo teatro era la parte meridional del lago que hoy se llama Mar Muerto, se realizó probablemente con intervención de causas naturales, betunes que se encendieron, volcanes, etc. Cf. Sabiduría 10, 7. Flavio Josefo, Eusebio, el mapa de Madaba y muchos expositores modernos, p. ej. Abel, Dhorme, Heinisch, Lagrange, ubican las ciudades destruidas de la Pentápolis en la parte meridional del Mar Muerto. Algunos modernos buscan su lugar en el norte del mismo mar, en la región de Teleilat el Ghassul, donde el P. Köppel hizo excavaciones, descubriendo una ciudad destruida por un incendio, alrededor del año 2000 a. C.
26. En Sabiduría 10, 7 se lee que aun subiste esa columna como “testimonio de un alma incrédula”. De ahí se ve que el castigo de la mujer de Lot no fue por su curiosidad, sino por su apego a la ciudad maldita. En vez de mirar contenta hacia el nuevo destino que la bondad de Dios le deparaba, volvió a ella los ojos con añoranza, mostrando la verdad de la palabra de Jesús: “Donde está tu tesoro, allí está tu corazón” (Mateo 6, 21). Dios le dio lo que deseaba, convirtiéndola en un pedazo de la misma ciudad que ella añoraba. Jesús alude a este ejemplo de apego al mundo en Lucas 17, 31 s., donde habla de su segunda venida: “En aquel día, quien se encuentre sobre la azotea y tenga sus cosas dentro de su casa, no baje a recogerlas; e igualmente, quien se encuentre en el campo, no se vuelva por las que dejó atrás. Acordaos de la mujer de Lot”. Comentando estas palabras de Jesús, escribe Fillion: “Así también el cristiano cuyo primer pensamiento, a la venida del Hijo del hombre, se fijare en la seguridad de sus bienes temporales, no sería digno del Reino de Dios”. Santa Teresa toma a la mujer de Lot como figura de aquellas almas que, si no viene el mismo Señor a mandarlas se levanten, son incapaces de orientarse: “Si estas almas no procuran entender y remediar su gran miseria, quedarse han hechas estatuas de sal, por no volver la cabeza hacia sí” (Moradas, I, 1, 6).
30 ss. El autor sagrado relata el incesto de Lot con sus hijas, con el fin evidente de explicar la mancha de origen que tenían los moabitas y ammonitas. San Agustín destaca que Lot fue menos culpable porque sus hijas lo habían emborrachado, y que éstas, a su vez, viviendo con su padre en una cueva, creían (v. 31) que, con la ruina de Sodoma y Gomorra, habían perecido todos los hombres, y que por lo tanto no podían contar con un marido para dar sucesión a su padre. La actitud de ellas en los vv. 33.35 muestra bien que no obraron sólo por pasión, y que Lot no supo quiénes eran. No juzguemos este episodio con criterio mundano. La Biblia es un archivo de muy diversos caracteres, santos y malvados, con santidad y maldad específica. “Son tipos, diríamos, creados por Dios, con un fin de ejemplaridad moral universal” (Car. Gomá). Es verdad que entre gente culta no se habla de cosas sucias o hediondas por razón de buen gusto. Y no se piensa que hay muchas cosas repugnantes en nuestro mismo cuerpo de carne (que está vivo o muerto), del que, sin embargo, se habla con gran interés -por curar sus enfermedades o por satisfacer sus pasiones- disfrazando entonces con eufemismos todas estas cosas repulsivas e innobles como son las enfermedades y las funciones animales del organismo. Lo que hace que la Biblia resulte intolerable para los mundanos es, más que nada, esa implacable y divina veracidad que brota a cada página y que, en síntesis, dice: Dios es todo, y el hombre es nada. “Maldito quien pone su confianza en el hombre… Bienaventurado el varón que confía en Yahvé” (Jeremías 17, 5-7).
1. Négueb, Cades y Sur, o sea el extremo meridional de Palestina. Gerar: ciudad filistea, a 13 kilómetros al sur de Gaza.
2. Sobre la conducta de Abrahán, que afirmaba que Sara era su hermana, véase 12, 13 y nota.
6 s. Dios mismo da testimonio de la rectitud de Abimelec (v. 7), por lo cual no lo castiga. ¡Cuán grande es la misericordia de Dios, que vela sobre nosotros para librarnos del pecado!
10. ¿Qué has visto? ¿Qué te vino a la mente? Abimelec se refiere al versículo 7, donde Dios dijo que Abrahán era profeta.
12. Sobre este punto véase 11, 27-31 y 12, 13 y nota.
16. Mil siclos: El siclo del peso común equivalía a 8,41 gramos, el siclo del peso sagrado a 16, 83 gramos. Para velar tus ojos, etc.: Texto oscuro. El rey se refiere, tal vez, al velo que Sara, como mujer de Abrahán, tendría que llevar. Es además, una censura de la conducta de Abrahán. Es como si dijera a Abrahán: Compra para tu mujer un velo, según costumbre, para que todos vean que es casada. Según otros, es un término jurídico idéntico a indemnización o condonación. Así por ejemplo, según Nácar-Colunga, los mil siclos son una reparación hecha a Abrahán por la injuria, aunque involuntaria; con esto le “lavaba la cara”, esto es, en lengua árabe, le restituía el honor. Bover-Cantera traduce: “te sirvan de sacrificio expiatorio” y agrega como nota: “Expiatorio, o lo que es lo mismo, este presente va hecho para ti, con el fin de cerrar los ojos a los que te rodean sobre cuánto ha pasado, y restablecer tu honor, acreditando tu honestidad”. “Así quedas justificada”: La Vulgata vierte: “Acuérdate que has sido aprehendida”. Otros: “Con esto todo está arreglado”.
6. Véase 17, 19. El nombre de Isaac significa risa (cf. 18, 10 ss.). Este nombre se relaciona con la risa que tuvo Sara (y que después negó) cuando se le dijo que iba a ser madre. El nombre puede expresar también la alegría que sintió Sara en el nacimiento de Isaac.
10 Ismael, el hijo de Agar, era de carácter indómito y pendenciero, y perseguía al pequeño e indefenso Isaac, tal vez por instigación de su madre, que sabía que Isaac era el hijo de la promesa.
12. Por Isaac será llamada tu descendencia: San Pablo (Romanos 9, 7 ss.) hace hincapié en esta palabra, para comprobar que no es la descendencia carnal, sino la libre elección de Dios, la que tiene las promesas. Ismael es figura del pueblo judío rechazado por su incredulidad. Isaac es figura de Cristo y del pueblo creyente del Nuevo Testamento. “Por consiguiente hermanos, no somos hijos de la esclava, sino de la libre” (Gálatas 4, 31).
18. Haré de él un gran pueblo: Cf. la promesa de Dios en 17, 20. De Ismael, hijo de Abrahán, nacieron muchas tribus árabes; otras son descendientes de Abrahán por medio de Keturá (cf. 25, 2 y 3). Por eso veneran los árabes a Abrahán como progenitor de su raza y le dan el nombre de Chalil, esto es, Amigo (de Dios). De ahí que la ciudad de Hebrón, donde se halla el sepulcro de Abrahán, se llama hoy día “El Chalil”. También los hijos de Ismael se dividieron en doce tribus, como los de Israel (25, 12-18). La Biblia se ocupa de ellos en muchas profecías (16, 10 ss.; 21, 13 y 18; Isaías 21, 13-17; Jeremías 9, 26: 25, 23 ss.; Ezequiel 25, 24; Salmo 71, 10, etc.). En cuanto a los antecedentes bíblicos del pleito actual palestinense, véase Génesis 17, 20 s.; 15, 18; 26, 2-5; Romanos 9, 7; Miqueas 7, 20, etc.
19. El corazón de Agar no se llenó de amargura contra los que habían ocasionado su triste situación, porque sabía que era la voluntad de Dios (v. 12); tampoco se entregó a la desesperación, sino que “alzó su voz y prorrumpió en lágrimas” (v. 16). Entonces le abrió Dios los ojos y le mostró una fuente de agua, donde encontró salvación para sí misma y para su hijo. Todos los días sacaba agua de allí, y así le fue soportable la vida en la soledad del desierto, lejos de los hombres. Los que vivimos en la soledad espiritual, ¿no encontramos acaso inmenso consuelo leyendo esta narración de la misericordia de Dios, que oyó las plegarias de una mujer desamparada?
21. Farán. Región septentrional de la península de Sinaí.
22. Probablemente el mismo rey de quien se trata en el capítulo 20. Este, viendo que Dios bendecía a Abrahán, quiso firmar un pacto con él para participar de sus bendiciones.
25. No es de extrañar que el Patriarca se quejara por el motivo de un pozo. El agua es tan escasa en esa región, que la posesión de un pozo equivalía a grandes riquezas.
31. Bersabee significa “Pozo del Juramento”.
2. Moriah: más tarde nombre de una colina. Sobre ella se construyó, según II Paralipómenos 3, 1, el Templo de Salomón. El lugar preciso del sacrificio de Abrahán sería la roca que domina la espléndida cúpula de la Mezquita de Omar (Fillión). El nombre de Moriah se explica de diversas maneras. Parece aludir a la aparición del Señor, como se deduce del versículo 14 (cf. II Paralipómenos 3, 1 ss.). Las dos pruebas más grandes que experimentó Abrahán fueron, primero el mandato de Dios de abandonar su patria y a sus parientes, y vivir como extraño en un país desconocido; segundo, la orden de sacrificar a su propio hijo. El santo patriarca no vaciló ni un momento, sino que se puso inmediatamente en marcha, para cumplir la voluntad de Dios. “A ningún padre pidió Dios sacrificio tan grande, mas ¡a cuántos llega el momento en que les quita de repente un ser querido! Hasta entonces les había parecido que el hijo era todo suyo por ser carne de su carne y sangre de su sangre; veían en él la prolongación de su propia vida. Pero llega el momento en que, sea por una grave enfermedad, sea por otra causa, peligra la vida del hijo; momento en que el Señor les pide el gran sacrificio. Unos desoyen su voz refugiándose en cierto fatalismo; otros se revelan haciendo valer derechos que no existen, pues Dios es siempre el dueño de la vida; algunos se someten, aceptan la voluntad divina y entregan su hijo. Se ponen en camino acompañando al hijo, que ni siquiera se da cuenta del sacrificio de los padres, quienes con angustia, esperan el momento en que será consumado su sacrificio. Muchas veces, como en el caso de Abrahán, Dios se conforma con sólo la prontitud de obedecer, de someterse, de aceptar Su voluntad; otras veces indica también el monte en el cual desea ver realizado el holocausto. Para María, el monte indicado fue el Gólgota; y ella, incondicionalmente, pronunció su “Fiat”, como en el día de la Encarnación” (Elpis).
8 ss. Abrahán, el hombre de fe inquebrantable, que esperaba contra toda esperanza (Romanos 4, 18), estaba convencido de que Dios tendría una solución, aun cuando fuese necesario el milagro de resucitar a su hijo (Hebreos 11, 19). Isaac es figura de Jesucristo ofrecido en la Cruz, pues, como dice San Jerónimo, “estando aparejado para morir, llevó la Cruz evangélica antes del Evangelio” (Carta a Pamaquio). Como Isaac tomó sobre sus espaldas la leña, así Cristo cargó con el madero de la cruz; y como Isaac se dejó atar voluntariamente, así Cristo, el Cordero de Dios, “fue sacrificado porque Él mismo lo quiso” (Isaías 53, 7). Pero hubo esta gran diferencia, que Dios salvó a Isaac del sacrificio, y en cambio -dice San Pablo- “no perdonó a su propio Hijo”. Tal es la asombrosa relación del amor y la misericordia del Padre, que se nos hace en Juan 3, 16. Abrahán es, pues, figura de aquel Padre que sacrificó a su Hijo Unigénito para la redención del mundo.
11. “El Ángel del Señor”; en sentir de muchos Padres, Dios mismo, o el Hijo de Dios que preparaba la Redención. Otros ven en él un verdadero Ángel que servía de intermediario entre Dios y los hombres (cf. Éxodo 3, 20-23).
12. Conozco que eres temeroso de Dios: En este “temor” se descubre la esencia de la religión antigua. Es un temor suavizado por el amor a Dios, cuyos mandamientos paternales causan miedo solamente en los que no los practican. “Aun en los pasajes en que ante Yahvé omnipotente y vengador el ‘temor’ tiende a predominar en el sentido más crudo de ‘miedo’… es éste un solo elemento y predominante cuando se quiera, de todo un complejo, de que también son parte primordial el ‘respeto’, la ‘reverencia’. En ocasiones los papeles se cambian, y el ‘temor’ queda como escondido en el fondo, mientras el ‘respeto’, la ‘reverencia’, concretados en la ‘piedad’ practicada, en la ‘religión’ -total ley divina- vivida, suben a primer plano, hasta tal punto que la expresión “timentes Deum” llega a ser el término consagrado que se da a quienes, piadosos para con Dios, en todo guardan su ley” (Asensio).
17. “Poseer la puerta” es un giro hebreo que significa vencer, conquistar, triunfar.
18. En tu descendencia: Jesucristo. Así lo explica San Pablo en Gálatas 3, 16. Cf. las promesas anteriores en 12, 3; 18, 18. Abrahán es nuevamente colmado de bendiciones por su obediencia, y contribuye a la gran bendición del mundo que culminará en Cristo. “Los justos y los santos son las columnas de la Iglesia y del mundo entero” (San Crisóstomo). “Porque has obedecido mi voz”: la obediencia a la palabra de Dios obra milagros, resucita a los muertos, engendra la vida del alma y la mantiene viva. Cf. el Salmo 118.
3. Los hijos de Het, son los eteos o hititas, pueblo no semítico, proveniente del Asia Menor, que había conquistado parte de Palestina y cuyos restos vivían todavía en la época de David. El heteo Urías, p. ej., era capitán del ejército de David.
4. A pesar de vivir largo tiempo en Canaán, Abrahán nada había adquirido en aquel país que Dios le había prometido (véase 13, 14-15); al contrario, tuvo que pagar una suma enorme por la adquisición de una cueva para dar sepultura a Sara (v. 16). San Pablo explica este misterio en Hebreos 11, 9-10. “Abrahán, comenta San Ireneo, no recibió su herencia en aquella tierra, ni siquiera un palmo, sino que siempre fue en ella peregrino y extranjero. Y cuando murió Sara, su esposa, queriendo voluntariamente los heteos darle lugar para sepultarla, no quiso recibirlo, sino que compró un monumento a Efrón, hijo de Seor heteo, por cuatrocientos siclos de plata, prefiriendo atenerse a la promesa de Dios y no queriendo aparecer como que recibía de los hombres lo prometido por Dios”.
9. Macpelá: La Vulgata vierte: cueva doble, pues éste es el significado del nombre. Era costumbre enterrar a los muertos en cuevas naturales o artificiales, cavadas horizontalmente en la ladera de la roca. El interior era ordinariamente abovedado, y a veces sostenido por columnas. No siempre se colocaban los cadáveres en los nichos de las paredes laterales, sino en fosas cavadas en el suelo y, más tarde, a veces en sarcófagos. La entrada era angosta y cerrada por una piedra.
18. Las formalidades de la compra del campo y aun los cumplidos que se hacen mutuamente el vendedor y el comprador, corresponden exactamente a las costumbres orientales, atestiguadas por otros documentos y observadas en parte aun hoy día, El precio de 400 siclos de plata equivale a 1.500 pesos argentinos, suma extraordinariamente grande para aquella época.
19. “Frente a Mamré”. La cueva de Macpelá está situada dentro de la actual ciudad de Hebrón. Mamré se halla a 3 kilómetros al Norte, en una colina que hoy día se llama Ramet el Chalil. Sobre el sepulcro donde fueron sepultados los restos mortales de Sara, y más tarde los de Abrahán, Isaac y Rebeca, Jacob y Lía, la emperatriz Elena erigió una iglesia, la cual, restaurada por los cruzados, fue transformada en mezquita por los conquistadores mahometanos. La entrada en este santuario está rigurosamente prohibida a todos los cristianos. Véase 13, 18 y nota.
1. Abrahán tenía a la sazón 140 años, su hijo Isaac 40 años (cf. 25, 20). Yahvé había bendecido, etc.: Así recompensa Dios a sus amigos. Véase Salmo 127. Del Señor son las riquezas. El justo del Antiguo Testamento las consideraba como una especial bendición de Dios y las aprovechaba para socorrer al pobre y a la viuda, como que son representantes de Dios, autorizados para participar de los bienes que Dios otorgó a los ricos. De ahí el elogio que el Eclesiástico hace al rico misericordioso (Eclesiástico 31, 8 ss.).
2. El administrador de la casa de Abrahán se llamaba Eliécer y era oriundo de Damasco (cf. 15, 20). Poner la mano debajo del muslo del que tomaba juramento era una forma solemne de jurar. Cf. 47, 20. Según Teodoreto significaría jurar por la circuncisión, señal de la alianza con Dios.
4. Los padres acostumbraban elegir esposa para su hijo, a fin de evitar que éste se dejara llevar, en la elección de la esposa, por la sola pasión, como ocurre muy frecuentemente en la actualidad. Abrahán puso por encima de todas las cosas la verdadera religión. La esposa de su hijo había de ser no sólo de la misma raza, sino también de una familia que adorase al verdadero Dios.
21. En la difícil tarea, el fiel mayordomo ponía toda su confianza en Dios, y no recurría a maniobras supersticiosas, muy en uso entonces. Su fe y esperanza en el Señor inclinaron a Este a condescender con sus ruegos haciendo eficaces estos medios, que, de por sí, parecían poco proporcionados para lograr el fin que deseaba (San Crisóstomo). De Abrahán no sabemos dónde encontró a su futura esposa; de Isaac y Jacob, empero, sabemos que encontraron a las suyas junto al pozo, Isaac por medio de su representante, y Jacob personalmente (29, 9 ss.). También Moisés, el gran caudillo de Israel, encontró a su futura esposa junto a un pozo en el desierto (Éxodo 2, 16 ss.). Los que confían en Dios encuentran esposa en cualquier lugar del mundo, no esposa cualquiera, sino la que Dios les ha destinado para ser madre de sus hijos.
33. El hecho de que Labán haga el primer papel en todo lo concerniente al casamiento de Rebeca, está de acuerdo a una costumbre antigua, según la cual, el hermano era como abogado y protector de su hermana. El padre aparece sólo en v. 50.
41. Maldición: el castigo de Dios en caso de no cumplir con el juramento.
47. El anillo en su nariz: Esta manera de adornarse las mujeres es hoy todavía frecuente en los países del oriente.
53. Los regalos no significaban la compra de la mujer, como sostienen algunos. Rebeca misma recibe también regalos y da expresamente su consentimiento (v. 58).
62. Véase 16, 13. Es el pozo que Dios mostró a Agar. En la región del Négueb: en Bersabee.
63. A meditar: Dice San Jerónimo que Isaac, como hombre justo, salía de su casa a hacer oración, y que en esto fue también figura de Cristo, quien, como dice el Evangelio (Lucas 5, 16), se retiraba a un lugar solitario para orar y meditar.
66. Rebeca se cubrió con el velo porque la costumbre exigía que la novia apareciera velada ante el novio hasta el día de las bodas. Observa San Ambrosio al respecto: Si la modestia es el principal adorno aun en las esposas ¿cuánto más conviene a las que han resuelto consagrar a Dios su virginidad?
67. Todo este capítulo encierra una tipología mesiánica. Abrahán es tipo de aquel rey que prepara las bodas de su hijo (Mateo 22, 2 ss.); Isaac representa a Cristo que ha de venir para recibir a la Iglesia su Esposa (I Tesalonicenses 4, 14 ss.; Apocalipsis 19, 7 y notas); Rebeca es tipo de la Iglesia (II Corintios 11, 2), y el administrador que no habla de sí mismo tipo del “amigo del esposo”, San Juan Bautista (Juan 3, 29), que prepara las bodas de Cristo con la Iglesia.
5. La principal herencia que Abrahán dejó a su hijo Isaac, no fueron los bienes materiales, sino la fe en Dios y la esperanza en Aquel que había de venir.
8. Fue a reunirse con su pueblo: Algunos traducen “con sus padres”, expresión muy frecuente, que implica a la vez la fe en la inmortalidad (cf. v. 17; 49, 32; Núm. 27, 13; 31, 2 etc.). Quiere decir: Abrahán murió, y su alma fue a reunirse con las de sus antepasados en el Limbo de los Padres, donde habían de estar hasta que Cristo les abriera las puertas del cielo (I Pedro 3, 18 ss.). Más tarde los israelitas llamaron a este lugar “el seno de Abrahán” (Lucas 16, 22). Cf. Job 10, 21; 14, 12 y notas.
10. Allí está sepultado Abrahán, quien, diríamos, más que otros grandes, merece ser incorporado al catálogo de los “inmortales” de la historia. Está sepultado, sí, para la historia profana, pero vive en la historia del Reino de Dios. Los que escriben la historia de los pueblos se inspiran generalmente en principios de vanidad propia y nacional, exaltan a los ambiciosos e intrigantes que consiguieron ventajas para su pueblo a costa de otros, y relegan al olvido a los que trabajaron por el Reino de Dios. Así por ejemplo, los historiadores antiguos no hablan de Abrahán; es Dios el que le dio fama inmortal haciéndole amigo suyo (Santiago 2, 23) y poniendo su estirpe como fundamento del Reino que había de extenderse sobre los dos Testamentos, puesto que Abrahán es padre de todos los creyentes (Romanos 4, 11), por consiguiente, también nuestro padre en la fe. Como tal forma parte, con Melquisedec, del Canon de la Misa; honra que vale más que todos los títulos que puede conferir el mundo. Comprendemos el orgullo del pueblo judío, que desgraciadamente se fundaba más en la descendencia carnal que en la fe del santo patriarca. “Tenemos por padre a Abrahán”, decían, como si la raza y la sangre le dieran una prerrogativa sobre los demás pueblos. El Bautista no vacila en lanzar contra este orgullo carnal una de sus más terminantes amenazas: “Yo os digo que Dios puede hacer que de estas piedras nazcan hijos de Abrahán” (Mateo 3, 9). Cuidémonos de no caer en el mismo error contentándonos con la fe del bautismo y descuidando el espíritu del Evangelio.
11. “Bendijo Dios a Isaac”, “para mostrar que éste era el verdadero sucesor de Abrahán, no sólo el heredero de las bendiciones espirituales, sino también de los bienes materiales” (Fillion).
12 ss. Sobre “Ismael” véase 21, 18 y nota. “Nebayot” (v. 13), probablemente los nabateos que en la época grecorromana vivían al sureste del Mar Muerto, “Kedar”: nómadas del norte del desierto de Arabia, “Yetur” (v. 15), tal vez los itureos del norte de Palestina (cf. Lucas 3, 1).
18. Esto es, desde la parte Norte de la península del Sinaí hacia el Este.
22. No dice dónde ni cómo la afligida madre consultó al Señor. Tal vez se dirigiera a un varón de Dios que, como Melquisedec, era intérprete de la voluntad divina.
23. Dos pueblos: los idumeos, descendientes de Esaú, y los israelitas, hijos de Jacob. El hijo mayor, a saber, el pueblo idumeo, servirá al pueblo de Israel. San Pablo cita este pasaje para explicar el dogma del libre beneplácito de Dios, que llama a quien quiere, “para que el designio de Dios se cumpliese, conforme a Su elección, no en virtud de obras” (Romanos 9, 12). Dios escoge a quien quiere, como se ve en el ejemplo de Esaú y Jacob. Este, el menor, fue elegido, mientras aquél, el primogénito, fue reprobado. Véase Génesis 25, 23; 27, 1 ss.; Romanos 9, 11 s. Si bien el amor de Dios a sus creaturas es universal, es también libérrimo, y todo lo que dispensa a los hombres es un don gratuito de su Gracia. “Dios es quien obra en vosotros, por un efecto de su beneplácito, no sólo el querer, sino el ejecutar” (Filipenses 2, 13). Como bien explica Santo Tomás, el amor con que Dios nos ama es la fuente de todo bien (cf. Juan 17, 26; Romanos 5, 5), de modo que “nadie sería mejor que su prójimo, de no ser más amado de Dios”. Es en tal sentido, añade el Angélico, como puede decirse que Dios prefiere siempre a los mejores, pues es Él quien, al poner su mirada en ellos, les infunde lo que nadie puede tener por sí mismo. Es el caso de la Virgen María, según la cual “puso Dios los ojos en su bajeza” (Lucas 1, 48) y a quien el Ángel dice simplemente “Hallaste gracia” (Lucas 1, 30). “No pudiendo agradar -dice una definición de la Iglesia- fuimos amados para ser hechos agradables” (Denz. 198). Véase Cantar de los Cantares 4, 15 y nota.
25. Esaú significa “velludo”; Jacob “el que ase el talón”, en sentido figurado: el que pone acechanzas (véase Oseas 12, 3).
27. “Con estos rasgos no sólo nos retrata a los dos hijos de Isaac, sino también, y acaso más, el carácter de los pueblos, como más tarde lo hace el padre en su bendición” (27, 27 ss.) (Nácar-Colunga).
30. La significación de Edom es “rojo”.
31. Jacob creía, sin duda, tener derecho a la primogenitura, porque su madre había recibido de Dios la promesa de que el mayor serviría al menor (cf. versículo 23). Las prerrogativas de la primogenitura eran: doble parte en la herencia paterna, mayorazgo entre los hermanos, y, en tiempos de los patriarcas, ejercicio del sacerdocio entre sus hermanos, además del privilegio de transmitir las divinas promesas. San Pablo llama a Esaú: “profanador” (Hebreos 12, 16), porque descuidaba los bienes espirituales. Como Caín es el padre de los homicidas, así Esaú es el padre y caudillo de los que renuncian a los dones de Dios. ¡Cuántos venden hoy la primogenitura de los hijos muy amados de Dios por el plato de lentejas que ofrece el mundo!
4. Serán benditas todas las naciones: Esta misma promesa fue dada a Abrahán en tres ocasiones (12, 3; 18,18; 22, 18), y será dada también a Jacob (28, 14). Encierra tres bendiciones: selección de un linaje para pueblo de Dios, extensión de la bendición sobre todos los pueblos y promesa de la salvación por medio de un descendiente de la familia patriarcal (cf. Gálatas 3, 16).
7. Para salvar su vida, Isaac recurre a la misma estratagema que Abrahán, diciendo que Rebeca es su hermana (véase caps. 12 y 20). Formalmente no es mentira, porque Rebeca era pariente de Isaac, y los parientes se llamaban hermanos, pero materialmente la conducta de Isaac no deja de provocar sorpresa.
8. Este rey Abimelec de Gerar parece ser hijo del rey Abimelec, amigo de Abrahán 821, 22 ss.). Tal vez dicho nombre se aplicaba a los reyes de Gerar, como título, tal como el de Faraón a los reyes de Egipto.
13. Por donde se ve que también el bienestar material viene del cielo, y que Dios no condena las riquezas sino el apego a ellas y su abuso. Cf. Eclesiástico 31, 8 ss., donde es alabado el rico que hace buen uso de sus tesoros, “porque podía pecar y no pecó, hacer mal y no lo hizo”. Lástima que los ricos renuncien tan fácilmente a esta bendición y se dejen cautivar por las apariencias de las riquezas, que, como dice el Crisóstomo, son anzuelos con que el demonio se apodera de nosotros.
22. Como hoy día las grandes naciones se pelean por los pozos de petróleo, así las reyertas por la posesión de un pozo de agua eran regla general en el desierto, donde el agua tiene más valor que la plata. Cf. Éxodo 2, 16. Isaac, siguiendo el ejemplo de su padre, siempre se mostraba pacífico y condescendiente, aunque se creía con derecho de prioridad.
26. Picol, probablemente un título. Significaría: “La boca de todos”, esto es, comandante general. Con esta explicación se desvanecen las dificultades nacidas de la coincidencia de los nombres en este capítulo y en el capítulo 21.
33. Sebá designa en hebreo dos cosas: el número siete y juramento. Bersabee significa, pues, “Siete Pozos” o “Pozo del juramento”. Debe haber una relación mística entre los dos significados, puesto que siete es el número sagrado. Algunos creen que el número siete llegó al significado de juramento por la costumbre que se narra en 21, 30 s. Allí mismo se dice también que el nombre del pozo fue puesto por Abrahán y que los pastores filisteos cegaron los pozos del patriarca (v.18), por lo cual Isaac lo abrió de nuevo y le restituyó el nombre que le había dado su padre.
35. Judit y Basemat, las dos mujeres de Esaú, eran hijas de un pueblo pagano, y eso turbó en gran manera la armonía del hogar del patriarca. No se amoldaron como lo hiciera la dulce moabita que dijo con humildad: “Tu Dios será mi Dios” (Rut 1, 16), sino que veneraban a otros dioses, introduciendo así la idolatría en la casa patriarcal. Isaac y Rebeca llevaban con amargura esta división espiritual de su familia. Más tarde, demasiado tarde, Esaú quiso reparar el daño, tomando por mujer una sobrina suya (28, 8).
7. Te bendeciré delante de Yahvé: Se daba mucha importancia a la bendición paterna, a la que se consideraba como una bendición de Dios, y con razón, pues la autoridad paterna es un reflejo de la autoridad del Padre celestial. Cf. Eclesiástico 3, 11; “La bendición del padre afirma las casas de los hijos”.
10. Rebeca se consideraba autorizada para ese proceder, porque conocía el designio de Dios: “El mayor ha de servir al menor” (25, 23; cf. Malaquías 1, 2); sabía además que Esaú había vendido la primogenitura, demostrando con ello cuán poco le importaban los bienes espirituales.
19. La maniobra de Jacob y Rebeca es gravemente pecaminosa, si los dos procedieron con pleno conocimiento del alcance de su acto, buscando solamente ventajas materiales. El aspecto cambia si ellos, inspirados en la profecía de Génesis 25, 23, o movidos por una voz interior, no vieron en sus actos sino el cumplimiento de la voluntad de Dios. “En este caso, más que a personas plenamente responsables de sus actos e impulsos, se tendría que ver en ellos actores puestos por Dios sobre el escenario, para cumplir las acciones por Él previstas y ordenadas. Teniendo en cuenta que la madre sabía por boca de Dios que “el mayor había de servir al menor” (25, 23), se llega a admitir la existencia de buena fe en la madre y en el hijo (Bierbaum. Piedras de escándalo en el Antiguo Testamento, página 134). Conocida es la palabra de San Agustín, quien ve en este caso un misterio, y no una mentira. Y en verdad, prescindiendo de lo humano, todo este episodio es una sublime figura del misterio de la Redención, en virtud de la cual nosotros, sin derecho alguno, nos vestimos con los méritos de Jesús, nuestro hermano mayor, y nos apropiamos las bendiciones del Padre Celestial, como lo hizo Jacob con su padre. Así lo enseña San Pablo en Romanos 6, 3; Gálatas 3, 27; Colosenses 2, 12, etc. Cf. la nota sobre el libre beneplácito de Dios en 25, 23.
27. La fragancia de los vestidos de Esaú se explica por el aroma de las hierbas y flores campestres de aquella región, que, según atestiguan los viajeros antiguos y modernos, despiden un olor extraordinariamente agradable.
28. La “bendición” que Isaac imparte a su hijo Jacob, se refiere primero a los bienes terrestres, mas en su segunda parte contiene una promesa mesiánica, pues por el Redentor es por quien son benditos todos los patriarcas, y por quien se postrarán los otros pueblos ante su hijo. “Jacob, recibiendo la bendición de Isaac, representa también a los escogidos, considerados en Cristo, que es su cabeza, el modelo de su predestinación, el principio de su santidad, y el autor de su glorificación. Jesucristo se presentó a su Padre en traje y figura de pecador, como Jacob en el de Esaú… Y por esto mereció la bendición de su padre; y descendió a la tierra sobre los escogidos el rocío de santidad, la lluvia de los dones y gracias del Espíritu Santo y el pan y el vino de las dulzuras, suavidades y consuelos celestiales” (Scío). San Ireneo refiere esta bendición al Reino que ha de venir, diciendo: “Si alguno no entiende estas palabras como predicción del Reino, caerá en gran contradicción, a la manera de los judíos, que se ven envueltos en confusión, pues no se cumplieron materialmente en Jacob” (Adversus Haeresis, V, 33).
36. Alusión al nombre de Jacob. Véase 25, 25 y nota.
37. El Patriarca, acatando los inescrutables planes de Dios, confirma las bendiciones dadas a Jacob. San Pablo alaba esta actitud como acto de fe (Hebreos 11, 20) y muestra que era un designio divino. Véase Romanos 9, 12-13 y Hebreos 12, 12.
40. La profecía que Isaac hizo de Esaú, se cumplió al pie de la letra. Los descendientes de Esaú, que se llamaban idumeos, vivían de la espada y de la rapiña; sometidos por los israelitas sacudieron muchas veces el yugo de sus hermanos, apoyando siempre a sus enemigos, de modo que su nombre, como el de Babilonia, se usaba como símbolo de los enemigos del Reino de Dios. Son muy numerosos los vaticinios y maldiciones contra Edom, p. ej.: Salmos 107, 10; 136, 7; Isaías 11, 14; 63, 1-6; Jeremías 49, 7-22; Ezequiel capítulo 35; toda la profecía de Abdías; Malaquías 1, 2 ss.
46. Las hijas de Het: Esaú se había casado con dos mujeres heteas. Véase 26, 34.
9. Por el matrimonio con una mujer descendiente de Abrahán, Esaú procuraba mejorar las relaciones con sus padres. Cf. 26, 34 y nota.
11. Sobre el significado simbólico de la “piedra” véase Núm. 20, 11 s. y nota.
12. La escala que toca al cielo, y los ángeles que bajan y suben, representan la protección que Dios dispensa a Jacob. El Crisóstomo ve en la escala una figura del Verbo Encarnado que juntó el cielo con la tierra. “Subían y bajaban”: San Jerónimo aplicaba esto en sentido moral, a los que caen y se levantan de la caída. “Hasta los santos caen si se descuidan; y los pecadores vuelven a tomar el lugar que tenían antes si limpian sus manchas con lágrimas de arrepentimiento” (Carta a Juliano).
14. Nótese la renovación de las promesas que Dios había hecho a Abrahán e Isaac, en particular la promesa mesiánica: serán benditas en ti y en tu simiente todas las familias de la tierra (véase 12, 3; 18, 18; 22, 18; 26, 4).
16. “Expresión muy natural y muy conforme con el instinto religioso de mirar a Dios morando en los cielos, como en su propia morada (Salmo 113b, 16), desde donde contempla la tierra, pero también en ciertos lugares de ésta, en que particularmente se revela y se hace sentir de los hombres” (III Reyes 8, 27 ss.). Nácar-Colunga.
18. El óleo es símbolo de la gracia del Espíritu Santo, que todo lo ilumina, vivifica y santifica. Mediante el óleo se consagraban las personas y cosas para el culto divino, como aun hoy sucede. En el prefacio de la consagración del altar, la Iglesia afirma el sentido típico de la piedra erigida y ungida por Jacob y pide a Dios que derrame sus gracias, como lo hizo sobre la piedra que Jacob erigió luego de ver al Señor en la visión de Betel. Así esta piedra es también figura de Cristo, el cual se llama “la piedra principal del ángulo” (Mateo 21, 42).
19. Betel quiere decir “casa de Dios”. La ciudad santificada ya por Abrahán 12, 8), estaba situada al norte de Jerusalén. Para nosotros Betel es figura de nuestras iglesias, que son verdaderas casas de Dios.
20. Lo que pide el patriarca es muy poca cosa, únicamente lo necesario para vivir. ¡Y después de veinte años vuelve a Canaán, hecho rico señor, y más rico como padre! Así colma Dios con bienes a los que no se los piden. Cf. el Magnificat (Lucas 1, 53).
1. País de los hijos de Oriente: Mesopotamia, donde habitaba su tío Labán en la ciudad de Harán.
5. No es cosa extraña el que Raquel esté en el campo pastoreando los ganados. Las hijas de los patriarcas no se entregaban a una vida cómoda, sino que trabajaban para acrecentar los bienes de la familia. Compárese este lugar con el capítulo 2 del Éxodo, donde se narra lo mismo de las hijas de Ragüel, príncipe de Madián.
12. Hermano. Jacob era sobrino de Labán. Era costumbre llamar hermanos a los parientes cercarnos. Véase el caso de Abrahán y Lot, que también se llaman hermanos (13, 8 y nota).
17. Ojos enfermos: Otros traducen: Ojos legañosos. Dios indemnizaba a Lía, dándole más hijos, de modo que la más despreciada y menos amada superaba a su hermana y rival Raquel.
20. Sirvió siete años. Al que ama, nada es duro. “Amemos, pues, nosotros siempre a Cristo, deseemos siempre sus abrazos, y fácil nos parecerá todo cuanto es difícil; breve, todo lo que es largo, y heridos por los dardos de su amor a cada hora y a cada momento podremos decir: «Ay de mí, que mi peregrinación se ha prolongado».” (San Jerónimo, Carta a Sta. Eustoquia).
24. Las bodas, que duraban en general una semana, se celebraban sin la presencia de la novia, por cuya razón Jacob demasiado tarde notó el engaño. El patriarca no tuvo la intención de casarse con Lía, pero una vez casado con ella por el ardid de Labán, no pudo devolverla, y así llegó a tener dos mujeres. Los santos Padres reconocen en esta historia el gran misterio de las dos Alianzas, significando Lía a la Sinagoga, y Raquel, a la Iglesia.
30. Casarse con dos hermanas no estaba prohibido por la ley premosaica. La ley babilónica, vigente entonces en Mesopotamia, lo permitía. Moisés en cambio lo prohíbe terminantemente (Levítico 18, 18).
32 ss. En los nombres de los hijos se expresan los pensamientos y deseos de la madre. “Lía no estaba dotada de atractivos para cautivar a un hombre y fue entregada por su padre a Jacob en la forma más humillante para una mujer. Jacob no la quería, ni la había deseado, ni pedido. La tomó engañado por Labán (v. 23). Lía no tenía a nadie que la amara. Más Dios sabe que nadie puede vivir sin amor; y la hizo madre. Dio ella a su marido seis hijos y una hija (30, 20 y 21). Con cada hijo que llevaba a su seno nacía en ella la esperanza de conquistar el amor de su marido, esperanza que siempre fue frustrada. Pero si ya no fue amada por su marido, fue amada por sus hijos; pues los hijos no se fijan en lo físico, sino que buscan el calor del amor materno, se refugian en los brazos de la madre, sobre su corazón, porque allí se saben aparados. Así el mismo Dios consoló a la afligida madre.” (Elpis.)
3. Propuesta análoga hizo en su tiempo Sara a Abrahán (16, 2). Según la ley babilónica la esposa que no tenía hijos podía dar a su marido una esclava (véase 16, 2 y nota). Sobre mis rodillas: término jurídico que quiere decir que la señora considera a los hijos de la esclava como hijos suyos.
8. ¡Qué rivalidad tan extraña! Las mujeres israelitas se disputaban el mayor número de hijos. Para ellas el nacimiento de un hijo era una señal de la bendición de Dios, y en realidad lo es. ¡Cuántas mujeres de hoy, aun cristianas, no lo saben!
15. La mandrágora, planta narcótica, se usaba como remedio. Las mujeres le atribuían, supersticiosamente, otras virtudes.
23 ss. Raquel fue estéril durante muchos años. Todas las demás mujeres de su marido llegaron a ser madres, menos ella que poseía su amor. Pero “se acordó” de ella el Señor (v 22) y le concedió, benignamente, un hijo. Raquel no se contentó con el hijo que Dios le había mandado. Quiso tener otro más, pues dijo “Añádame Yahvé otro hijo” (v. 23). Pidió otro hijo, más sin saber que iba a pagar esta nueva vida con la suya propia (35, 16 ss.).
32. Hay que anticipar que las ovejas y cabras de aquella región son en general de color negro. Además, Labán tomaba para sí todos los animales de varios colores (v. 35), dejando en manos de Jacob sólo los de color negro. ¿Cómo podrían entonces nacerle a Jacob animales de varios colores? Por eso la propuesta hecha por Jacob, de quedarse con los de varios colores parecía favorecer a Labán, quien estaba seguro de obtener de este modo el 99 % de las crías.
37. Para contrarrestar la avaricia de Labán, procuró Jacob proporcionarse a sí mismo lo que le correspondía. Según San Crisóstomo, el artificio servía solamente para encubrir el milagro que Dios hacía para indemnizar a Jacob.
40. Texto muy oscuro. Hemos preferido la traducción de Bover-Cantera que transcribimos al pie de la letra.
7. Diez veces: esto es, muchas veces (Orígenes). Véase Levítico 26, 26, donde el número diez también se usa en sentido de mucho.
9. Se manifiesta aquí que las industrias que Jacob aplicaba eran inspiradas por Dios, quien de esta manera recompensaba a su servidor.
11. El Ángel de Dios: Era el mismo Dios, como se ve por el versículo 13. Cf. 16, 7 y 28, 10-19.
17. Eran once hijos, el mayor de los cuales tenía alrededor de trece años. Benjamín, el menor, nació en Canaán (35, 16ss.)
19. Los “terafim” era, lo mismo que en Roma los “penates”, los espíritus tutelares de la familia. Es evidente que esta superstición venía de la familia de Labán. Los terafim aparecen varias veces en la historia de Israel (cf. IV Reyes 23, 24; Zacarías 10, 2).
21. El río: el Éufrates. Galaad, región transjordánica que se extiende entre los ríos Yarmuc y Yaboc, tributarios del Jordán, distante de Harán (Mesopotamia) unos 600 kilómetros.
24. Guárdate de decir… sea mala. Es un giro que quiere decir: Confórmate con lo sucedido.
36. ss. No sabiendo que Raquel había robado los ídolos, y sintiéndose agraviado por la conducta poco delicada de su tío, Jacob habla en tono de enojado y le echa en cara su desvergüenza. Véase al respecto los trabajos y sufrimientos que Jacob enumera en los versículos 38 y ss.
40. Estas palabras de Jacob suelen aplicarse también a los pastores de almas. El verdadero pastor imita a Jacob, vigila día y noche, sufre frío y calor y no se deja dominar por el sueño.
42. El Temor de Isaac, esto es, Dios. Otros: el Temido. Véase versículo 53, donde se encuentra la misma expresión. Jacob quiere documentar su fe en el Dios a quien adoraba su padre Isaac, el único y verdadero Dios, que hizo las promesas a sus padres. Labán, en cambio, invoca a las divinidades de su familia (v. 53), agregando al Dios de Abrahán el nombre del Dios de Nacor y de sus padres.
47 s. El montón de piedras que Jacob levantó tiene dos nombres: uno que le puso Labán en lengua aramea: “Jegar Sahaduta”, y otro hebreo: “Galaad”, con que lo denominó Jacob. Ambas denominaciones significan “majano del testimonio”. Masfá o Mizpá (v. 48) tiene el significado de atalaya, y quiere expresar la idea de que Dios vela sobre la alianza que acaban de pactar.
2. El nombre de la ciudad de Mahanaim (campamentos) recuerda el dicho de Jacob: “Este es el campamento de Dios”, lo que quiere decir: aquí se halla el ejército de los ángeles de Dios que van a luchar en mi favor y me procurarán la victoria sobre mis enemigos. La ciudad está situada en Transjordania, en los confines de Gad y Manasés, al norte del río Yaboc y a no grande distancia del río, y además no muy adentro den la montaña, y por consiguiente no muy lejos del Jordán (Fernández).
3. Seír: región entre el extremo sur de Palestina y el golfo de Akaba (Mar Rojo), idéntica en gran parte con el país de Edom o Idumea.
4. Nótese la humildad de Jacob, que da a su hermano el título de señor, como si fuese súbdito del mismo. Obraba así por el miedo que lo tenía aplastado, pues sabía que sería difícil aplacarlo.
11. El miedo en un personaje de la importancia del patriarca Jacob, este miedo casi infantil, que él mismo confiesa con filial sencillez en su oración, nos muestra cuánto debemos apartarnos del estoicismo pagano, que confía en la propia suficiencia y presenta el orgullo con apariencia de virtud. El que es pequeño, ése venga a mí, dice Dios (Proverbios 9, 4), y Jesús enseña que el que no se vuelve sencillo como un niño no entra en el cielo (Mateo 18, 3), en tanto que el más pequeño será el primero en el Reino (ibíd. 4). Tal es la doctrina de la infancia espiritual, que Santa Teresa del Niño Jesús expuso con el nombre de caminito de confianza y de amor, y al que el Papa Benedicto XV llamó el secreto de la santidad.
12. Tú mismo dijiste: Véase 28, 14 s. y nota.
22. El Yaboc, río de Galaad (Transjordania) y tributario del Jordán.
24. El que luchaba con el patriarca, pero sin emplear toda su fuerza, era el Ángel del Señor que representaba a Dios mismo, como se desprende de los versículos siguientes y de Oseas 12, 4 ss.
25. En esta lucha se ve el verdadero valor de Jacob, quien se declaraba miedoso, pero por la fuerza de la oración se convirtió en vencedor. Strack llama a este episodio “la lucha de oración de Jacob”, “la oración dramatizada”. Toda oración es una lucha del hombre con Dios, en la cual el que reza bien vence a Dios. Compárese las palabras de Jacob: “No te dejaré ir si no me bendices” (v. 26), con las de Dios a Moisés en Éxodo 32, 10: “Déjame, para que se encienda mi furor”; es decir, no te interpongas con tus súplicas, para que no me vea obligado a atenderlas.
28. Jacob se llamará en adelante Israel que significa “Combatiente de Dios”, o “Combatiente con Dios”; nombre que le dio el Ángel del Señor con quien luchó en la noche antes de encontrarse con su hermano, siendo más tarde confirmado por el mismo Señor (Génesis 35, 10). El cambio de nombre es señal de una nueva misión, porque los hombres de entonces no llevaban sus nombres como etiqueta sino como expresión de su ser. El nombre y su portador era, por decirlo así, una unidad ontológica, y no solamente una combinación casual, como hoy. Cf. al respecto el cambio de nombre de Abrahán en Génesis 17, 5. No se sabe exactamente cuál fue el sentido de la lucha de Jacob con el ángel. El patriarca se hallaba en grandes angustias, y lo que buscaba su alma era ayuda y consuelo en Dios. Así parece explicarlo el profeta Oseas: “Con su fortaleza Jacob luchó con el ángel y prevaleció sobre él y le venció; y con lágrimas se encomendó a él” (Oseas 12, 3 s.); por lo cual no necesitamos recurrir a las “pesadillas” de los racionalistas para explicar este pasaje. “El que considere con atención y una los datos con que la Biblia presenta a Jacob, antes y después de su lucha con Dios, encontrará un cambio sensible: antes era el realizador tortuoso y trabajado, después es el triunfador inconcuso y benigno” (Ricciotti, Historia de Israel, número 147).
30. Mirar a Dios y no morir por espanto parecía a Jacob un milagro. Era creencia común que el hombre mortal no pudiera ver a Dios sin morir en el mismo instante. Cf. 16, 13 y nota. “Fanuel” significa: Dios se apareció. Hallábase al sur de Mahanaim, entre este lugar y Sucot (cf. 33, 17).
32. No comen el nervio ciático: Se refiere a los animales.
4. Jacob consigue un milagro: la oración, la humildad y el ofrecimiento de sus bienes, provocan el desarme de Esaú. El amor fraternal vence los rencores y los hermanos se abrazan como si nunca hubiesen sido enemigos. ¡Qué lección para el hombre moderno, cuyo ideal son los soldados de Esaú armados hasta los dientes! Porque no saben que el desarme se produce por la oración, la humildad y la renuncia a los bienes materiales que tanto desea nuestro egoísmo individual y colectivo.
10. He visto tu rostro como quien ve el rostro de Dios. Lo dice por la bondad con que lo recibió. Aunque nos parezca exagerada la cortesía con que Jacob trata a Esaú, hay que reconocer sin embargo su fina prudencia. Los ricos presentes surtieron pleno efecto y se aplacó el furor de su hermano.
11. Bendición: Se refiere a los regalos, pues todos los dones son una bendición que de arriba viene (Santiago 1, 17). San Pablo aplica esta misma palabra a las limosnas que los cristianos de Corinto mandaron a Jerusalén (II Corintios 9, 5).
17. Sucot, más tarde ciudad, situada a 10 kilómetros de la desembocadura del Yaboc en el Jordán.
18. La ciudad de Siquem, esto es, el punto céntrico de Palestina. En el campo que Jacob allí compró, abrió un pozo, llamado más tarde pozo de Jacob, famoso por la conversación de Jesús con la samaritana (Juan 4). La Vulgata traduce: llegó a Salem, ciudad de los siquemitas.
19. Cien kesitas: cien monedas de plata. La Vulgata dice: cien corderos.
20. El-Elohé-Israel: El significado de este nombre es: Él (nombre de Dios) es el Dios de Israel, o: el fuerte Dios de Israel. Vulgata: Dios fortísimo de Israel.
2. Los “heveos”, un pueblo cananeo (10, 17; E. 3, 8; Josué 9, 7).
12. Según la costumbre antigua, el novio dotaba a la novia y hacía regalos a los parientes de la misma (véase capítulo 24).
14. Se nota en toda esta historia que los hijos de Jacob tienen la conciencia de ser un pueblo que no puede mezclarse con otros. Fue éste uno de los efectos de la circuncisión que, como se ve, Jacob practicaba también en Mesopotamia. Si después (v. 16), aparentemente, aceptan la propuesta de los siquemitas, de formar con ellos un solo pueblo, es para engañarlos y tener tiempo para preparar la venganza.
20. Era la puerta de la ciudad el lugar donde se trataban los asuntos públicos y judiciales.
25. Simeón y Leví, hijos de Lía, como Dina.
29. Nácar-Colunga sospecha que haya sido alterado el texto por los copistas que se habrían dejado llevar por su aversión a los samaritanos. “Se explica, dice, la muerte de Siquem y de su padre y el rescate de Dina, pero no la matanza de los siquemitas inocentes, sin excluir los niños y las mujeres.”
30. La respuesta definitiva al crimen perpetrado la dará Jacob antes de su muerte (49, 5-7). Las dos tribus de Simeón y Leví tendrán que llevar las consecuencias de su maldad.
2. Apartad los dioses extraños: los ídolos de Raquel (véase 31, 19) y aquellos de que se habían apoderado cuando despojaron la ciudad de Siquem (capítulo 34).
4. Las mujeres usaban los zarcillos no solamente como atavío, sino también como amuletos supersticiosos.
5. El terror de Dios: Hebraísmo que quiere decir: un terror pánico Cf. Éxodo 23, 27; Deuteronomio 11, 25.
7. El-Betel, que significa: el Dios de Betel. Cf. 28, 10 ss.
10 ss. Dios confirma a Jacob las promesas del capítulo 28 (v. 11-15) y el cambio de nombre (cf. 32, 28 y notas).
14. Era costumbre levantar monumentos de piedra (en hebreo: massebah) con el fin de conmemorar acontecimientos de significado religioso (cf. 28, 18).
16. Efrata: ciudad y región de Belén, denominada así por su fertilidad; pues Efrata significa fértil, y Belén (Betlehem) casa del pan, cf. Rut, 1, 2; Miqueas 4, 2.
18. Benoní: hijo de mi dolor. Benjamín: hijo de la diestra o hijo de buen augurio; corresponde al nombre de Buenaventura (en griego Eustaquio).
20. Los judíos y mahometanos veneran la tumba de Raquel, en un monumento sepulcral erigido en el camino de Jerusalén a Belén. Véase 48, 9.
21. Migdal-Eder, que quiere decir Torre de ganado; según San Jerónimo, un kilómetro y medio al este de Belén. Es muy verosímil que sea éste el lugar donde los ángeles se aparecieron a los pastores para anunciarles el nacimiento de Jesús.
22. El castigo de este crimen véase en 49, 4.
29. Muy poco es lo que la Sagrada Escritura narra de la vida del patriarca Isaac; sin embargo, podemos considerarlo como una de las figuras más grandes de la historia del Reino de Dios. Como hijo de la promesa (17, 15 s. 18, 9 ss.) heredó también las revelaciones divinas. Era pacífico como su padre Abrahán (26, 16 ss.), muy amante de sus padres (26, 67) y de carácter contemplativo (24, 63). Servía al Señor con sinceridad, a ejemplo de su padre, y construyó un altar en Bersabee. Dios consoló al santo patriarca, renovándole la promesa dada a Abrahán de que uno de sus descendientes sería el Mesías (26, 2-4); promesa que recuerda por boca de San Pablo: “Por Isaac será llamada tu descendencia”, es decir, la descendencia espiritual (Romanos 9, 7; Gálatas 4, 28). De este modo, los cristianos somos hijos de Abrahán por linaje de Isaac. Sobre Isaac como figura de Jesucristo, véase 22, 8 ss.; Hebreos 11, 9 y notas. El “Testamento de Isaac”, un libro difundido en los primeros siglos del Cristianismo, es apócrifo, y su autor nada tiene que ver con el patriarca de la Biblia.
1. El autor sagrado concluye con este capítulo la historia de Esaú, para dedicarse en adelante, exclusivamente, a la historia de Jacob. Esaú se llama aquí Edom (=Rojo). También las mujeres de Esaú tienen otros nombres que en 26, 34 y 28, 9.
8. Seir: la región montañosa al sur del mar Muerto, dividida por un profundo valle que se llama Arabá. Véase 32, 3 y nota.
20. El horreo: Los horreos o hurritas fueron los primeros habitantes de Seír (cf. 14, 6), que vivían allí en cuevas y eran, como se cree, de raza no semita. Formaban, en la primera mitad del milenio segundo, un gran reino, cuyo centro se hallaba en Mesopotamia. En Seír fueron exterminados por los idumeos (Deuteronomio 2, 12 y 20).
24. Las aguas calientes. Así traduce San Jerónimo. Sentido oscuro.
25. Los hijos de Aná, no los de Aná del versículo antecedente, sino los hijos del homónimo del versículo 20.
31. Las palabras: antes que los hijos de Israel tuvieran rey, que presuponen la existencia de reyes de Israel en tiempos del autor, han de tenerse como glosa añadida por un redactor posterior a Moisés. Cf. I Reyes capítulo 8-10.
2. Diez y siete años: Vulgata: dieciséis.
3 ss. Un traje talar: Otros: una túnica de varios colores. Así también la Vulgata. Los hermanos de José no comprendían el cariño de su padre hacia el hijo predilecto, que era mejor educado que ellos y no participaba en sus fechorías (cf. v. 2). En sentido espiritual Jacob es figura del Padre Eterno, y José figura de Jesucristo, el “Hijo amado” (Marcos 12, 6).
7. Los sueños con que Dios favoreció a José aumentaron la envidia y el odio de los hermanos, porque los miraban como una expresión de ambición de reinar y tomar el mando sobre toda la casa de Jacob. De ahí que tramen su ruina, sin saber que con ello serán la causa de su elevación y gloria. Pues los designios de Dios deben cumplirse; cumplirse al pie de la letra. Tenemos en esta narración un ejemplo clásico de los caminos de la divina Providencia, que sabe convertir en bien las maquinaciones de la malicia humana, como lo dice el mismo José en 50, 20.
11. Como Jacob mismo había recibido en sueños instrucciones divinas, miraba el caso con respeto y no le parecía imposible que los sueños de su hijo significaran grandes acontecimientos.
17. Dotain, localidad situada a unos 60 kilómetros al norte de Jerusalén y unos 100 kilómetros al norte de Hebrón, donde vivía Jacob.
22. Las cisternas secas se usaban también como prisiones. Véase el caso del profeta Jeremías, quien sufrió la misma suerte (Jeremías 38, 6).
25. Ismaelitas, árabes, descendientes de Ismael, hijo de Abrahán. En versículo 28 se llaman madianitas. Cf. Jueces 8, 22 ss.
28. Por ser odiado por sus hermanos y vendido por pocas monedas, José es figura de Jesucristo. También Jesús fue perseguido por su propio pueblo y vendido como José por unas monedas de plata. Pero para ambos la humillación fue el comienzo de la glorificación: Jesús triunfó en la cruz y José en los sufrimientos de la esclavitud. Pues Dios empieza a elevar cuando humilla, y cuanto más quiere ensalzar, más deprime. “Los hermanos vendieron a José por no honrarle, y él fue honrado y enaltecido precisamente porque lo vendieron” (San Gregorio, in Gen.).
34. El rasgar los vestidos y cubrirse de saco eran señales de dolor y de luto, no sólo entre los judíos sino también en otros pueblos del Oriente.
35. Scheol llamaban los israelitas el lugar donde moraban las almas de los difuntos. Aquí se manifiesta la fe del patriarca en la inmortalidad, que en el pueblo de Israel se desarrollará hasta llegar a la fe en la resurrección (Job 19, 25; Proverbios 7, 27; Isaías 14, 15; Ezequiel 32, 21). Generalmente, la Vulgata traduce “Scheol” por infierno, y da a esta palabra su significado antiguo, que se ha perdido en las lenguas modernas. El “infierno” de la Vulgata se refiere, por consiguiente, no al lugar de los condenados, sino al “limbo de los padres” o “seno de Abrahán”. Cf. el “descendit ad inferos” del Credo.
36. Eunuco, no en sentido propio, pues no lo fue, sino en sentido de oficial o funcionario. Faraón: Título de los reyes egipcios. Su significado es “Casa Magna”. Reinaban aquel tiempo en Egipto una dinastía extranjera, la de los Hyksos, invasores asiáticos.
1. “Moisés interrumpe aquí la narración de los hechos de José, para dar lugar a la historia y genealogía de Judá, antes que a la de los otros hermanos. En primer lugar, porque de Judá, por medio de Tamar, había de nacer el Salvador del mundo. Y en segundo lugar, para que los judíos no menospreciasen a los gentiles, puesto que la tribu de Judá, que era la más noble de todas, descendía de los cananeos por medio de una mujer gentil” (Scío). El P. Páramo completa este pensamiento, llamando la atención sobre el hecho de que en la genealogía de Cristo se haga mención de Tamar (y de Rahab y Betsabee), “para confundir la soberbia de los hombres y hacer ver que el misterio de la Redención fue obra toda de la misericordia de Dios, y para alentar al mismo tiempo a los gentiles”. “Adullamita”: de Odollam, lugar situado al suroeste de Belán. Cf. Josué 15, 35; I Reyes 22, 1.
8. Vemos aquí una institución según la cual el cuñado tenía que casarse con la viuda de su hermano, si éste moría sin dejar hijos. La institución recibió el nombre de levirato (levir = cuñado). Los hijos nacidos del matrimonio del levirato eran considerados como hijos del hermano difunto. Véase Deuteronomio 25, 5.
9. Enseña esta narración que el uso del matrimonio sin querer tener hijos provoca el castigo de Dios (v. 10), por ser un pecado contra la naturaleza. Este castigo se cumple también hoy en las familias contagiadas por el onanismo, vicio que de Onán trae su nombre. Dios no los hace desaparecer tan rápidamente como Onán, los abandona más bien a la comodidad, a los placeres de la vida y a las pasiones vergonzosas (Romanos 1, 26), de modo que degeneran sin remedio, extirpándose a sí mismos. Nótese que el móvil de Onán no fue tan perverso como el del maltusianismo de hoy, por lo cual éste es aun más detestable. Tenemos en este episodio un ejemplo de pedagogía divina, que envuelve los preceptos morales en historias. Hay un caudal de verdades morales que de esta manera nos han sido transmitidas en la Biblia. “Dictada por Dios principalmente, con un fin religioso, es decir, santificador, prepondera en ella la verdad normativa a la de simple especulación… Pero la misma enseñanza moral suele darse en historias, y éstas se convierten en regla viva, en moral ‘vivida’, como hoy se dice, cuyas reglas se graban profundamente en el espíritu de los oyentes” (Cardenal Gomá, Biblia y Predicación, pág. 118).
18. El cordón servía para llevar el sello, el cual pendía del cuello y era, por regla general, un cilindro horadado.
25 s. Judá la condena como adúltera, sin pensar que él mismo fue la causa del crimen por el cual la quiere entregar a las llamas. También hoy día se consideran honestos los hombres que por una parte abusan de una mujer y por otro la condenan como mala. Judá reconoció después su culpa (v. 26).
27. Hay que saber que las mujeres de Israel se sentían deshonradas si no tenían descendencia, de la cual bien podía nacer el Mesías (cf. en Jueces 11 el caso de la hija de Jefté). Y en realidad, los mellizos que de Tamar nacieron, figuran en la genealogía legal de Jesucristo, según San Mateo (1, 3). ¡Abismo de humillación que aceptó el Verbo Eterno, cuyo amor al Padre y a los hombres lo llevó a despojarse a sí mismo (Filipenses 2, 7) por buscar misericordiosamente a los pecadores! Véase Mateo 9, 13.
4. José ejercía el cargo de administrador o intendente. En los monumentos egipcios los administradores están representados con una vara o un mamotreto en la mano, y un estilo o pluma de junco en la oreja, símbolo de su autoridad.
7. Algunos críticos niegan la autenticidad de este episodio, objetando que contradice a las costumbres egipcias. Vigouroux los refuta alegando como prueba la “Historia de los dos Hermanos”, novela egipcia que remonta a los tiempos de Putifar.
9. Pecar contra Dios: He aquí el fundamento de la moral. Pecar contra el prójimo es pecar contra Dios. José es capaz de resistir a la mala mujer, porque se acuerda del Supremo Juez que todo lo ve y todo lo sabe; pues “la presencia de Dios es, como dice San Basilio, un remedio contra todos los vicios”. En José tenemos un perfecto modelo de la castidad, que nos enseña cómo hemos de portarnos en la tentación. San Ambrosio y San Agustín lo llaman mártir de la castidad.
10. Todos los días: Da asco ver cómo insiste en corromper a un joven. De tales mujeres dice San Jerónimo: “No tienen otro cuidado que comer y beber y lo que es anexo a esto… Borrachas y lascivas insinúan toda maldad, y son capaces de enmollecer aun mentes férreas y plegarlas a disoluciones… Hasta el adulterio de la lengua les gusta” (Ad Eustoquia 9, 29).
20. José, castigado siendo inocente, es, también en esto, figura de Cristo, el cordero inmolado. Véase 37, 28 y nota; Isaías 53, 7; I Pedro 1, 19; Apocalipsis 5, 6.
8. Los egipcios estaban muy inclinados a la superstición (cf. Éxodo 7, 11) y acudían a los adivinos para hacerse interpretar los sueños. De aquí que José advierta que la interpretación de los sueños sólo viene de Dios. Es lo que Daniel dice a Nabucodonosor en un caso semejante (Daniel 2, 27-28).
15. Nótese la delicadeza de José que no acusa a sus hermanos. La caridad le movió a no publicar las injusticias de su prójimo, y la humildad, a que ocultase las propias virtudes (Crisóstomo).
19. Los egipcios decapitaban primeramente a los condenados, luego los colgaban en un palo.
20. Alzar la cabeza de alguno significa tributarle honores, restituirlo a su cargo. La misma expresión se usa en la liberación de Jeconías (IV Reyes 25, 27).
23. José es sometido a una nueva prueba. Le olvidan los que recibieron sus beneficios. Dios tiene la costumbre de no librar de las pruebas a los hombres llenos de virtud. Manifiesta en ellos su poder y les da ocasión de crecer en la virtud. “De los hombres, José nunca encontró ayuda o apoyo. Su madre murió siendo él todavía niño; el poder de su padre era limitado y no podía defenderlo cuando le hacían mal; y sus hermanos… la envidia les hizo olvidar que tenían el mismo padre, que fueron criados bajo el mismo techo y adoraban al mismo Dios. Putifar, que no tenía más que ventajas por la estadía de José en su casa, lo hizo recluir en la cárcel, y el copero a quien había hecho tan gran favor, se olvidó de él. Y con todo, José no se amargaba ni llevaba su suerte con la muda resignación de quien no tiene esperanza” (Elpis). Encontramos aquí el rasgo principal de la fisonomía espiritual del privilegiado hijo de Jacob: su confianza en Dios, que le hace olvidar tantas y tan grandes injusticias. El hombre que confía en Dios saca de esta misma confianza la gracia para sobreponerse a todas las dificultades. Con la ayuda de Dios traspasará el justo toda muralla, como dice el Salmista (Salmo 17, 30).
1. El río es el Nilo a cuya inundación Egipto debe su vida económica, especialmente la fertilidad de sus campos.
8. Debido a la superstición de los egipcios, los adivinos y hechiceros eran allí tan numerosos, que formaban un propio gremio y eran tratados como sabios.
14. Los egipcios no se dejaban crecer la barba. Sólo los prisioneros y los que estaban de luto, llevaban barba. En nuestro caso el ceremonial que sigue José, especialmente afeitado (cabeza y barba) pertenecía al protocolo de la corte.
16. Admiremos la humildad de José que no reclama para sí ningún honor ni se atribuye la capacidad de interpretar sueños, como tampoco en 40, 8. Dios es quien da la interpretación, inspirando a su siervo. En esto consiste también la diferencia entre los falsos profetas y los verdaderos. Aquellos presentan sus propias invenciones como inspiraciones divinas, éstos hablan solamente cuando Dios los inspira y sólo dicen lo que Él les ordena decir.
33. ss. José no sólo explica los sueños del Faraón, sino que traza también los principios de un sistema económico, adaptado a los tiempos de necesidad. No es lo que hoy llamamos “economía dirigida”, pues abarca solamente el trigo. “El quinto en estas circunstancias no era una carga excesiva, y menos en Egipto, donde la fertilidad de la tierra depende del riego del Nilo, y éste de la distribución de las aguas, que han sido siempre el principal cuidado de los gobiernos en el país de los faraones” (Nácar-Colunga).
38. Lleno del espíritu de Dios. Fue el Espíritu Santo quien inspiró no solamente a los profetas, que escribieron los libros sagrados, sino también a muchas otras personas. Cf. el cántico de María, hermana de Moisés (Éxodo 15, 20 s.), el de Débora la profetisa (Jueces 5) y el de Ana, madre de Samuel (I Reyes 2), que también hablaron inspiradas por el Espíritu Santo.
40. También en su encumbramiento es José figura de Cristo. Salió José de la cárcel; Jesucristo del sepulcro. José fue exaltado por rey de Egipto; Jesucristo por el Rey del Universo. Llamaron a José “salvador del mundo” (v. 45); Jesucristo lo es en persona. La exaltación de José es un milagro de la Providencia de Dios, quien eleva a los humildes y huilla a los soberbios. Mirad a José, dice San Crisóstomo; de cautivo llegó bien pronto a ser el jefe de todo el Egipto; ésta es la ventaja de las aflicciones sufridas valerosamente; su paciencia fue inquebrantable, las pruebas no le abatieron, y Dios, después de haberle experimentado, le halló digno y le bendijo. (Homilía ad pop.) Cf. el Magnificat de la Virgen (Lucas 1, 52).
45. Safnat Panea: Palabra egipcia, que San Jerónimo traduce por “salvador del mundo. Otros lo interpretan: “dador de vida”, o “Dios dijo: éste vive”. Preferimos la traducción de San Jerónimo, ya que corresponde mejor al contexto. Los honores y las distinciones son otras tantas pruebas de la elevada posición que José ocupaba en el país del Faraón. En esto, y en su castidad, la Iglesia lo compara con el patriarca San José, esposo de María Santísima, y aplica a él los versículos 41, 55; 45, 8 y 49, 22. On, en griego Heliópolis, ciudad conocida por el templo de Ra (Sol), situada al norte de El Cairo. Cf. Ezequiel 30, 17.
55. Id a José: ¡Qué bien se aplican estas palabras también al patriarca homónimo de Nazaret, que tuvo como súbdito a Aquel que lleva todo el universo en su mano, y alimentó con el trabajo de sus manos al mismo Jesucristo! Por eso su poder es tan grande como su gloria en el cielo. Dios jamás le negará un pedido que sea para gloria de su Hijo y para nuestra salud eterna.
1. No se sabe por qué José no comunicó a su padre la elevación a la dignidad de virrey. Probablemente por miedo de sus hermanos, y además porque todo lo dejaba a la divina Providencia.
6. Se postraron delante de él: Se cumplió así el sueño (37, 7). José los trataba con dureza, no para tomar venganza sino para probarlos (v. 15).
15. “Jurar por la vida del rey” era costumbre entre los pueblos antiguos, donde el rey poseía todo el poder como representante de Dios. Por lo cual no se puede decir que José haya caído en idolatría. Su fe en el verdadero Dios está fuera de duda (véase 40, 8; 41, 16 y 25; 42, 18).
18. Soy temeroso de Dios: Lo dice como para darles la seguridad del cumplimiento de la promesa que les acaba de hacer. Vivirán con la condición de que hagan lo que les había ordenado (v. 15).
21. “Se ve cuán útiles son las tribulaciones que Dios nos envía. El dolor nos saca la v oz de la verdad, para que confesemos con sinceridad y detestemos eficazmente nuestros delitos; y la pena nos abre los ojos, que había cerrado la culpa” (Scío).
24. Simeón era el mayor de los hermanos después de Rubén, el cual (Rubén) se había esforzado en otro tiempo por librar a José (37, 21); por eso no es castigado.
38. El único: de su madre Raquel.
3. “Aquel hombre”: José. Cf. versículo 5 y 7.
9. La oferta de Judá es más generosa aun que la de Rubén, que había ofrecido como rehenes a sus dos hijos (42, 37). Jacob no quiere abusar de la magnanimidad de sus hijos, sino que, fiel a su conducta, lo deja todo en manos de Dios, conformándose con lo que “ha de ser” (v. 11) según los designios de Dios. Su confianza en Dios no será frustrada.
11. Los frutos aquí indicados escasean en Egipto, por lo cual Jacob juzga conveniente obsequiar con ellos al gobernador de aquel país. La miel era especialidad de Hebrón, ciudad de Jacob, y se exporta aun hoy día al país del Nilo. Resina: una especie de bálsamo, que se usaba para curar las heridas. La mejor resina venía de Galaad. Cf. Jeremías 8, 22; 46, 11; 51, 8; Ezequiel 27, 17.
12. En los preparativos del viaje se pone de manifiesto no sólo la prudencia del patriarca, sino también su honradez y la intención de evitar equivocaciones.
16 ss. Parecería extraño recibir a los hermanos con tantos honores precisamente en el momento que ellos esperaban todo lo contrario. Su miedo subió de punto cuando fueron transportados a la casa de José, donde temían ser asaltados y reducidos a servidumbre (v. 18). El cambio se debe a la presencia de Benjamín, cuya llegada significaba para José un día de fiesta.
30. Un lugar donde llorar: Aquí se descubre el corazón de José, quien no busca el mal sino el bien de sus hermanos, aunque sigue probándolos para estar seguro de su arrepentimiento. ¿Hay amor fraternal más emocionante que el de José para con Benjamín? Nótese también la veneración al padre, que se revela en el v. 27.
32. Los egipcios no comían con extranjeros porque tenían otro régimen de alimentación. Aborrecían la carne de ciertos animales y evitaban el trato con los pastores, como se ve en 46, 34.
5. Los egipcios usaban copas para adivinar, creyendo que el adivino veía en el fondo de la copa figuras e imágenes de cosas futuras. El texto sagrado no quiere decir que José practicaba el supersticioso arte de adivinar, porque todo lo que dispone tiene por objeto probar a sus hermanos (véase versículo 15). Por lo demás, se había hecho famoso por la interpretación de los sueños del Faraón, lo cual, a los ojos de los egipcios, no era otra cosa que adivinación.
Rasgaron sus vestidos, en señal del dolor que los sobrecogió. Cf. 37, 34 y nota.
16. En la conducta de los hermanos se refleja la culpa común y la disposición para sobrellevar el justo castigo. El conocimiento del pecado es el comienzo de la enmienda y del arrepentimiento, y éste nos consigue el perdón. Así lo vemos en la parábola del Hijo Pródigo (Lucas 15, 11 ss.), y en esta historia en que José hace las veces del Padre Celestial.
27. Mi esposa: Se refiere a Raquel, de la cual tuvo dos hijos, Los demás hijos eran de Lía, Bilhá y Silfá.
34. Las palabras de Judá que sale fiador de su hermano menor, cuya desaparición causaría la muerte del querido padre, son la más conmovedora manifestación de sentimientos fraternales. También en ellos pudo ver José la prueba de que sus hermanos se habían convertido.
7. Para una gran salvación, es decir, para salvar a los suyos, dándoles de comer y preparando para ellos una nueva patria en Egipto donde podrán multiplicarse y llegar a ser un gran pueblo. (Éxodo 1, 9).
8 Padre del Faraón: Título que se daba al dignatario más alto del reino, como se ve por los documentos de la XIX dinastía de Egipto. Cf. Ester 13, 6, donde el rey Asuero honra a Amán con ese mismo título. También en esto es José figura de José de Nazaret, padre adoptivo del gran Rey, nuestro Redentor, con la ilimitada influencia que tal dignidad representa. Cf. 41, 45 y nota.
10. Gosen o “Gesen”: nombre de una región situada en la orilla occidental del actual canal de Suez, rica en pastizales.
19. Llevaos carros: Siendo pastores nómadas los patriarcas no tenían carros ni caballos; tampoco se dedicaban a la agricultura. Por eso el Faraón los provee de carros.
20. Vuestros ojos no miren: etc.: La Vulgata traduce: No dejéis nada de vuestro equipaje.
22. Vestidos de fiesta; literalmente: vestidos para cambiar, o sea, vestidos que no se usan todos los días, sino sólo para las fiestas.
24. No os peleéis en el camino. “¿No somos todos, como los hijos del patriarca Jacob, hijos del mismo Padre, aunque teniendo diferentes madres? Cruzamos el mismo desierto, afrontamos los mismos peligros, y tenemos el mismo anhelo: ir a casa al encuentro del Padre. Todo esto que nos es común debería unirnos, en vez de provocar disputas en el camino que nos conduce al Padre, pues así no prestamos atención a los peligros, erramos el camino y sucumbimos al enemigo. Sí, en cambio, vemos en el prójimo únicamente al hijo de nuestro Padre, nos inclinamos hacia él con amor; y este amor es tan grande que dejamos las disputas y rivalidades que nos separan de nuestros hermanos. Sabemos que a los hijos de Raquel amaba Jacob muy particularmente, pero esto no le impedía abrazar con amor paterno a los demás hijos. Así también el amor hacia el Padre común nos debe ayudar a pasar por encima de todo lo que nos separa”.
28. “Es el «Nunc dimittis» de Jacob. Con ver a su hijo vivo se da ya por satisfecho y muere contento” (Nácar-Colunga). Cf. 46, 30.
1. Bersabee, una de las residencias de los patriarcas, en el extremo sur de Palestina. Cf. 21, 31; 26, 33. Jacob no quiere dejar el país sin conocer la voluntad de Dios, por lo cual ofrece sacrificios y ora al Señor, quien le manifiesta su voluntad en una visión nocturna, añadiendo a las promesas dadas anteriormente la de hacerlo en Egipto padre de una nación numerosa.
3 s. “Lo cual no fue como a nuestro entender suena. Porque sabemos que el santo viejo Jacob murió en Egipto, y no volvió a salir vivo y era que se había de cumplir en sus hijos, a los cuales sacó de allí después de muchos años, siéndoles Él mismo la guía en el camino” (San Juan de la Cruz, Subida del Monte Carmelo II, 17).
12. Cf. capítulo 38, donde se narra la muerte de Er y Onán. En su lugar entran Fares y Zara.
27. San Esteban (Hechos 7, 14) habla de 75 almas, siguiendo la versión griega, la cual menciona, por anticipación, otros descendientes de la familia de José (cf. Núm. 26, 35 s.; I Paralipómenos 7, 20 s.). A la cifra de 70 y 75 hay que añadir multitud de criados y esclavos con sus familias.
34. Por ser pastores, los israelitas no pudieron vivir en el valle del Nilo donde todo campo fértil estaba reservado a la agricultura y horticultura. No es, pues, de extrañar el que para Jacob quede reservada la región de Gosen, lindante con la península de Sinaí, que parecía más apropiada para pastores. La emigración de Jacob a Egipto se realizó 215 años después de salir Abrahán de su patria, cuando los Hyksos eran dueños del delta del Nilo. Los Hyksos, un pueblo asiático, o más bien un conglomerado de tribus nómadas, se sentían ellos mismo extranjeros en Egipto y simpatizaban sin duda con los inmigrantes que venían de Palestina. “Los egipcios detestan a todo pastor de ovejas”, probablemente por razones nacionalistas, porque esos pastores eran semitas. “Pero aun esta condición de apartados debía satisfacer al pequeño clan (de los hijos de Jacob) que se preparaba a ser pueblo: su conciencia nacional resultó al fin más compacta y sus tradiciones étnicas y religiosas se conservaron inmunes a toda infiltración” (Ricciotti, Hist. de Israel, núm. 196).
7. Jacob bendijo al Faraón: Hoy día se diría: “lo saludó”, porque hemos despojado también el saludo de su carácter religioso. Sobre las formas antiguas de saludad cf. Lucas 1, 28 y nota. Véase también el versículo 10, donde Jacob se despide del Faraón bendiciéndolo.
9. El patriarca se considera como peregrino en la tierra (Salmo 118, 54). Su verdadera patria es el cielo. ¿Quién no recuerda las palabras del Apóstol: “No tenemos aquí ciudad fija sino que vamos en busca de la que está por venir” (Hebreos 13, 14)?
11. Ramesés: Así se llamaba más tarde la región de Gosen, según el nombre de la ciudad de Ramesés, fundada o restaurada por el rey Ramesés II de Egipto.
15. Danos pan: Jesús incorporó esta petición al Padrenuestro, como una de las más fundamentales, dándole un sentido espiritual; danos hoy nuestro pan sobrenatural (Mateo 6, 11 y nota). Dadnos pan, dicen también hoy los pueblos devastados por la guerra y azotados por el hambre, y piden aun más: el pan supersubstancial que está en manos de sus pastores.
21. Hizo pasar… a las ciudades: Otra traducción: redujo al pueblo a esclavitud.
24. Cf. 41, 33 ss. y nota. Otros pueblos daban la décima parte en concepto de impuesto. Los egipcios podían dar más dada la fertilidad del suelo y el poco trabajo que necesitaba el cultivo de sus campos, cuyos frutos son, más que productos del trabajo, regalos del Nilo. Dueños modernos hay, que exigen a los arrendatarios una cuota harto superior a la que tenían que pagar los egipcios.
26. Hasta el día de hoy, es decir, hasta el tiempo en que escribió Moisés.
29. Sobre esta forma de tomar juramento véase 24, 2 y nota.
31. Se postró sobre la cabecera de su lecho: para adorar a Dios en acción de gracias, como lo hizo David al fin de su vida (III Reyes 1, 47). La versión griega de los Setenta, y San Pablo (Hebreos 11, 21) traen otro texto, cuyo sentido es que Jacob acataba el señorío de José, y en él, como figura, la realeza de Cristo.
3. Luz: Betel, donde Jacob vio aquella escala mística en cuya cumbre estaba Dios (28, 13).
5. El patriarca declara hijos adoptivos a Manasés y Efraím, quienes disfrutarán de los mismos derechos que sus propios hijos. De esta manera obtuvo José doble herencia, como si fuera el primogénito, Rubén, el mayor de los hijos de Jacob, perdió los derechos de la primogenitura, por el crimen relatado en 35, 22.
6. Llevarán el nombre de sus hermanos: quiere decir: no formarán tribus, sino que se unirán a sus hermanos.
12. Sacándolos de entre las rodillas: Jacob los había tomado entre sus rodillas conforme al rito de adopción. Cf. 30, 3; 50, 23.
15. El Ángel: Jacob atribuye indistintamente a Dios y al Ángel de Dios los beneficios recibidos en Canaán, lo que hace suponer la identidad de los dos nombres, lo mismo que en el capítulo 18. Cf. 32, 24 y nota. Nótese la triple invocación de Dios, seguida de una tríplice bendición. ¿Es ésta una alusión a la Santísima Trinidad? Pues la Trinidad divina se refleja en todas las cosas, para que todas le rindan homenaje.
17. Como se ve, es antiquísima la costumbre de imponer las manos para impartir la bendición. Se consideraba la mano derecha como la que transmitía más las bendiciones del padre. En el Nuevo Testamento se imponen las manos al que ha de recibir al Espíritu Santo (Hechos 8, 17) y en el Sacramento del Orden (I Timoteo 5, 22; II Timoteo 1, 6).
19. Efectivamente, la tribu de Efraím llegó a ser más poderosa que la de Manasés, y tuvo influencia preponderante en el reino de Israel, que se formó después de la muerte de Salomón.
20. Por ti, es decir, por Efraím. Algunos traducen, a título de conjetura: “por vosotros”. El sentido es: en adelante se citará esta bendición como tipo de felicidad y prosperidad.
22. Una porción: El texto griego dice “Sikima”, que, según San Jerónimo, sería idéntica con la ciudad de Siquem o Sicar. De ahí la opinión de algunos expositores que dicen que Jacob aquí regala a José la ciudad de Siquem; opinión que parece apoyada por el Evangelio, que habla de una heredad situada cerca de Siquem, la que Jacob dio a José (Juan 4, 5).
1. Este capítulo es una perla de la literatura hebrea, poesía y profecía a la vez. Antes de morir, el venerable patriarca, iluminado por Dios, da a conocer los futuros destinos de sus hijos y del pueblo de Israel, fundándose, como observa Vigouroux, ora en el carácter y en los nombres de sus hijos, ora en las promesas divinas dadas a los patriarcas.
4. Rubén, que por su pecado perdió los derechos de la primogenitura (35, 22), desaparece muy pronto del escenario histórico, desparramándose entre los pueblos vecinos.
7. Los dividiré, por sus crueldades contra los siquemitas (cf. 34), Simeón y Leví no reciben bendición alguna. Las dos tribus serán esparcidas entre las otras. Efectivamente, la tribu de Simeón fue incorporándose a la de Judá, y Leví recibió solamente ciudades, pero no territorio como las otras tribus.
9. Véase Apocalipsis 5, 5, donde Jesús es llamado “el león de la tribu de Judá”, porque en Él se cumplió esta profecía, en su verdadero sentido.
10. La interpretación corriente, desde los Santos Padres hasta hoy, atribuye a esta profecía carácter mesiánico. Cetro significa el predominio de Judá, que ejerció “cierta supremacía sobre las otras tribus hasta los tiempos del Mesías” (Ceuppens), aunque en los últimos dos siglos antes de Cristo el bastón de mando se hallaba en manos de los Macabeos de la tribu de Leví. “Schiloh”: palabra hebrea que ha experimentado las más diversas interpretaciones. San Jerónimo vierte: “El que ha de ser enviado”. Otros interpretan: el “Pacífico”, o “la paz”, es decir, la paz mesiánica, el rey pacífico por excelencia, como lo vieron los profetas (cf. Isaías 9, 51; 11, 3 ss.; 42, 2 s.; Zacarías 9, 10). Algunos protestantes ven aquí, sin suficiente motivo, una alusión a la ciudad de Silo, donde por un tiempo estuvo el Arca de la Alianza. Bover-Cantera traduce: “aquel cuyo es el mando”. Otros vierten: “aquél que es para él”, es decir para el cetro, o “aquel cuyo es” (el cetro) (Simón-Prado, Nácar-Colunga, etc.). Todas estas traducciones, menos la que busca aquí una alusión a la ciudad de Silo, reconocen el carácter mesiánico de la profecía (inclusive los rabinos y el Targum de Onkelos, que traducen: “Hasta que venga el Mesías, al cual corresponde el reino”), y aplican este pasaje a Cristo, el vástago de la estirpe de Judá (Apocalipsis 5, 5), quien “reinará sobre la casa de Jacob por los siglos de los siglos, y cuyo reinado no tendrá fin” (Lucas 1, 33). Cf. II Reyes 7, 14 ss.; Ezequiel 21, 27 y nota. “A Él obedecerán las naciones”: Otro rasgo de la gran profecía acerca del Mesías al cual algún día se someterán todos los pueblos. Cf. Salmos 2, 7 ss.; 21, 28; 85, 9; Isaías 2, 2; 53, 10 y el triunfo de Cristo Rey en Apocalipsis 19, 11 ss.
11. s. Son imágenes de la prosperidad que Dios dispensará a la tribu y reino de Judá. Para recalcar el significado mesiánico, Cornelio a Lápide y muchos otros no toman como sujeto de la frase a Judá sino a Schiloh.
13. El territorio de Zabulón se extendió más tarde, desde el Mar de Galilea hasta el Mediterráneo y el país de los sidonios.
14. Isacar será un pueblo pacífico y trabajador, viviendo contento dentro de sus límites, en la fértil llanura de Esdrelón, pagando tributos a otros pueblos. Esto se verificó al pie de la letra.
16. Dan, que en hebreo significa juez, extenderá sus límites con prudencia y astucia. Véase Jueces 18, 28 ss. San Jerónimo ve aquí una alusión profética a Sansón, hijo de esta tribu. San Agustín empero, aplica el versículo 17 al Anticristo, descendiente de la tribu de Dan según ciertos escritores apocalípticos.
17. Se cumplió en la toma alevosa de Lais por la tribu de Dan (Jueces 18, 7 ss.).
18. Texto oscuro, aunque el sentido es muy mesiánico. ¿Piensa acaso Jacob en las futuras luchas de la tribu de Dan con los filisteos?
19. Gad marchó al frente de los israelitas cuando entraron en Canaán, pero después tuvo que luchar contra los madianitas y ammonitas, y perdió parte de su territorio.
20. El territorio de Aser, situado al norte del Carmelo, será fértil y proporcionará productos preciosos.
21. El ciervo es símbolo de la rapidez. De la tribu de Neftalí procede el héroe Barac, que a manera de un rayo derrotó a los enemigos.
22. Texto dudoso. La Vulgata vierte: Hijo que crece, José, hijo que crece y de hermoso aspecto; las doncellas corrieron sobre el muro (para verle).
23. Alusión a los hermanos de José que le calumniaron -esto significan las saetas- o a los enemigos con los cuales habrán de luchar las tribus de José en la conquista de Canaán.
24. El Fuerte de Jacob, esto es, Dios. Cf. Salmo 131, 2 y 5; Isaías 1, 24; 49, 26; 60, 16. “El Pastor”: Es otro nombre de Dios. Véase lo que dice Jacob en 48, 15: “El Dios que ha sido mi Pastor desde que existo hasta el día de hoy”. “La Roca de Israel”: Así llama Jacob al Señor, por la protección que le ha dado durante toda su vida, y que siempre presta a los que en Él confían. También en otros lugares de la Biblia, (texto masorético) Dios es llamado Roca, p. ej. Deuteronomio 32, 4 y 18; II Reyes 23, 3; Salmo 17, 2; Isaías 30, 29. En el Nuevo Testamento, Roca es uno de los nombres de Cristo (I Corintios 10, 4; Efesios 2, 20; I Pedro 2, 4, por donde se ve, una vez más, la unión de los dos Testamentos. Es interesante el hecho de que en la Constitución del nuevo Reino de Israel, fundado el año 1948, se haya dado a Dios el nombre de “Roca de Israel”.
25. Profecía acerca de la fertilidad del futuro país de José (Efraím).
26. Los tesoros de los collados perennes: La Vulgata viere: hasta que viniese el deseo (o Deseado) de los montes eternos: Los antiguos veían en los montes eternos a los Santos y Patriarcas del Antiguo Testamento, cuyo deseo era ver al Deseado (Cristo). La aplicación a Cristo tropieza, sin embargo, como observa Scío, con la dificultad de que las tribus de José no vieron la venida del Mesías, ya que fueron llevadas al cautiverio de Asiria (722 a. C.) y no volvieron más. Los modernos ven en la “bendiciones de los montes” el rocío y los frutos de la tierra. “Eternos” se llaman porque han sido creados hace muchos siglos y resisten a la destrucción de los tiempos (Simón-Prado). Cf. Deuteronomio 33, 15; Ezequiel 36, 2; Hababuc 3, 6. “Príncipe entre sus hermanos”: La Vulgata dice: “El Nazareo”, o sea el consagrado a Dios, de entre sus hermanos.
27. Se refiere este versículo a la valentía y al carácter indómito de los “benjaminitas”, de cuya tribu procederá el primer rey Saúl, no menos indómito. De la misma tribu saldrá también San Pablo, “lobo rapaz” en doble sentido, primero como perseguidor de la Iglesia, y después de su conversión como intrépido misionero.
32. En la vida de Jacob se deja palpar el poder de la vocación divina, que transformaba poco a poco su carácter y lo capacitaba para lo espiritual, que antes no se notaba en él. Las principales etapas de su educación espiritual son la visión de Betel (28, 10-19), la persecución y opresión de parte de su hermano Esaú y de su tío Labán, la lucha con el Ángel (32, 22 ss.), la vuelta a Betel y la destrucción de los ídolos de su familia (35, 1 ss.), la pérdida de su hijo José (capítulo 37) y otras pruebas que Dios le hizo sobrevenir. Con Jacob termina uno de los períodos más importantes de la historia del Reino de Dios y de la Revelación divina que, por medio de él alcanzó una claridad hasta entonces no conocida. El Mesías saldrá de su estirpe, de Judá, su hijo, y traerá la salud para la humanidad entera. Por eso el Eclesiástico alaba a Jacob con las siguientes palabras: “Dios lo distinguió con sus bendiciones y le dio la herencia, repartiéndosela entre las doce tribus; y le concedió que en su linaje siempre hubiese varones piadosos amados de todas las gentes” (Eclesiástico 44, 26, s.).
4. Durante el duelo José no podía dejar su casa, por lo cual se sirve de intermediarios para entregar su pedido al Faraón.
11. Abel-Misraim significa “llanto de los egipcios”. No se menciona más en la Biblia.
18 s. “¿Estoy yo acaso en lugar de Dios?” José quiere decir: Dios mismo lo ha dispuesto todo, no puedo oponerme a sus designios. “Después de la muerte de Jacob se hace nuevamente presente la inquietud, y aun la angustia, en el alma de los hermanos de José. No creen todavía en el amor de su hermano, en su perdón; por el contrario, temen su venganza porque no creen en su desinterés; su conducta es como la nuestra cuando dudamos del perdón de Dios. En presencia de José, repiten el ‘gesto’ predicho en el sueño que tanto los irritara, y le dicen: ‘Somos tus servidores’… Esta historia es de una actualidad permanente para cada uno de nosotros, si nos proponemos meditarla.”
20. San Pablo expresa el mismo pensamiento cuando dice: “Sabemos que todas las cosas cooperan para el bien de los que aman a Dios” (Romanos 8, 28). Cada desengaño que nos preparan los hombres nos acerca a Dios y nos invita a entregarnos a Él con plena confianza pues Él nunca nos desilusiona. ¡Cuántas veces nos enseña la experiencia que Dios convierte en bien lo que antes pareció un mal inaguantable!
24. Os visitará: Locución hebrea que significa: os afligirá. Alusión a la opresión que sufrieron más tarde en Egipto.
25. Cuando los israelitas salieron de Egipto, llevaron consigo los restos mortales de José y lo sepultaron en Siquem, en la tierra de promisión (Éxodo 13, 19; Josué 24, 32).
26. Murió a la edad de ciento diez años. El Génesis es el libro de los ancianos ¡Qué figuras de ancianos se hallan allí! Los patriarcas Noé, Abrahán, Isaac, Jacob, José, etc. “Os preguntaré: ¿no querríais volver a ver en sus páginas a aquellos viejos y grandes amigos de vuestra infancia, y oírles deciros cómo hay que envejecer, de qué modo se debe morir? En cuanto a mí, ese libro me recuerda los días en que nuestra buena abuela nos leía al anochecer algún capítulo en la “Biblia de Royaumont”.
Hecha la lectura, ella cerraba el libro dejando en él sus lentes para señalar la página de la próxima lección, en tanto que los niñitos maravillados de aquellos nombres, enternecidos y asombrados de aquellos relatos, la preguntaban, viéndola tan viejecita: “Abuela, ¿y tú los viste?” (Mons. Baunard, Le Vieillard, pág. 359).