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NÚMEROS 1
1. Sobre la Introducción al Libro de los Números, véase la nota introductoria al Pentateuco.
2. Familias y casas paternas: Así se llaman las divisiones dentro de las doce tribus. La familia israelita comprendía cierto número de casas, en las que habitaban los descendientes de un mismo antepasado o patriarca. Todos los que pertenecían a la misma familia se llamaban hermanos. Es de notar que Dios mismo ordena el censo e índica los nombres de los que han de llevarlo a cabo, pues que Israel es su pueblo y exclusiva propiedad suya.
16. Millares: Cifra redonda, nombre de un grupo de la tribu. Cf. Miqueas 5, 2.
20. Se había efectuado un censo indirecto nueve meses antes (Éxodo 38, 26) con el mismo resultado. Otro censo tuvo lugar en el último año (Núm. 26); su resultado difirió muy poco del primero. Ya se ve cumplida en parte la extraordinaria promesa hecha a Abrahán de que su descendencia se multiplicaría como las estrellas del cielo y las arenas del mar (Génesis 22, 17).
45 s. Este número de los empadronados, todos aptos para la guerra, supone una población total de dos millones y medio, lo mismo que los otros censos (Éxodo 38, 26 y Núm. 26, 51). El número de los primogénitos o familias, en cambio, asciende solamente a 22.273 (cf. 3, 43), lo cual corresponde a una población total de 120.000-150.000 personas, calculando seis o siete cabezas por familia. Por eso las cifras del censo, tal como hoy se presentan en el texto tropiezan con reales dificultades históricas y demográficas. Más ello no autoriza para rechazar el valor histórico de los relatos. Algunos autores dan a las cifras un valor simbólico y no aritmético, tal como el de muchos números de los profetas. Otros buscan la solución en interpolaciones sistemáticas de los judíos posteriores, que habrían introducido estas cifras elevadas para hacer resaltar más la obra de la Providencia de Dios, quien tantas veces habla prometido multiplicar a Israel, haciéndole numeroso como las estrellas del cielo y las arenas del mar. Según Flinders Petrie, la palabra hebrea elef (mil) podría significar también “grupo”. Otros suponen que pudo usarse entonces el sistema sexagesimal, según el cual mil significaría sesenta. Aun falta una explicación segura. Es éste uno de los puntos que exigen un nuevo estudio de los intérpretes católicos, en conformidad con las normas de Su Santidad Pío XII en la Encíclica “Divino Afflante Spíritu” (Nácar-Colunga, Introducción al Éxodo).
49. La tribu de Leví está excluida de este censo, por cuanto su sagrado ministerio es incompatible con la guerra y con las funciones temporales. Fuera de eso, el cuidado del Tabernáculo y todo cuanto atañe al Santuario, ocupaba a los levitas de tal manera que no podían ausentarse de él. San Pablo da igual norma para el sacerdocio de la Nueva Ley (II Timoteo 2, 4).
51. El extraño; es decir, el que no pertenece a la tribu levítica. Cf. I Reyes 6, 19; II Bey. 6, 6 s.
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NÚMEROS 2
3. Judá encabezará en adelante al pueblo, y no Rubén el primogénito, quien perdió virtualmente los derechos de primogenitura a consecuencia de un crimen de incesto (Génesis 35, 22). También en las marchas, Judá está a la vanguardia.
17. ¡Dios en medio de su pueblo, aun en las marchas! El Tabernáculo tenía que ocupar el centro y estar rodeado por los levitas, para que éstos, en todo momento, pudiesen defenderlo. Es ésta una figura de las escoltas del Santísimo en las procesiones eucarísticas.
32. Cf. 1, 45 s. y nota.
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NÚMEROS 3
1. Los descendientes de Aarón y Moisés: Aarón es mencionado el primero, porque era el mayor. “En realidad esta lista menciona solamente a los descendientes de Aarón, los que heredaron la dignidad de su padre. El papel de Moisés, exclusivamente personal, no pasó a sus hijos, a los cuales encontramos solamente registrados entre los levitas. Cf. I. Paralipómenos 23, 14” (Fillion).
4. Sobre la muerte de Nadab y Abiú véase Levítico 10, 1 ss. y nota.
12. Los levitas son míos: “La razón de que se empadronara a sus miembros a poco de nacer y no a los veinte años, como en las demás tribus, es que los levitas eran consagrados a Dios en lugar de los primogénitos de Israel, y, siendo éstos de toda edad, si no se hubiera contado sino a los levitas de veinte años, su número, ya reducido, habría resultado insuficiente para el fin a que el Señor los destinaba. Cf. Éxodo 13, 2-3; Levítico 27, 26” (Bover-Cantera).
13. Todos los primogénitos son míos: Véase Éxodo 22, 29; 24, 20. También los primeros frutos de los árboles frutales son propiedad suya (Levítico 19, 24). La tribu de Leví fue ofrecida a Dios en sustitución de los primogénitos de todas las tribus, los que por derecho pertenecían a Dios. Su número ascendía, como se ve en v. 39, a veinte y dos mil hombres. Entre los hijos de Leví era privilegiada la familia de Aarón, hermano de Moisés, a la cual fue entregada para siempre la dignidad sacerdotal, mientras los restantes levitas estaban destinados a hacer los trabajos ordinarios, es decir, ayudar a los sacerdotes, custodiar el Tabernáculo, limpiar los utensilios y llevarlos sobre sus hombros o en carro durante el viaje, etc.
39. En realidad, si sumamos las cifras arriba mencionadas, sale la suma de 22.300 levitas. 300 más de los que aparecen aquí. Para explicar la diferencia, los expositores suponen un error de copista o sostienen que los 300 son los primogénitos de la tribu de Leví, que por eso mismo no podían sustituir a los primogénitos de las otras tribus. Sin embargo, el número e 300 primogénitos parece pequeño en comparación con 22.000 hombres.
47. El siclo del Santuario pesaba 16,83 gr.
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NÚMEROS 4
1 ss. Se hace en este capítulo un segundo censo de los hijos de Leví (cf. capítulo 3), para hacer la distribución de los ministerios sagrados. Los trabajos más honrosos están a cargo de los Caatitas: el transporte del Arca de la Alianza y de los objetos más sagrados (v. 15).
6. Véase Éxodo 25, 5 y 25, 15.
11. El altar de oro: el de los inciensos. Véase Éxodo 30, 1-10; 37, 25-28.
13. Se trata del altar de los holocaustos. Véase Éxodo 27, 1-9; 38, 1-8.
15. Más tarde los sacerdotes mismos solían llevar el Arca de la Alianza (Deuteronomio 31, 9).
18 ss. El linaje de Caat estaba en continuo peligro de tocar los objetos sagrados y morir por ello (cf. II Reyes 6, 6; I Paralipómenos 13, 9). Por eso manda Dios que los sacerdotes envuelvan esos objetos y que los caatitas no se atrevan siquiera a mirarlos. De la misma manera la Iglesia prohíbe a los laicos tocar las formas consagradas de la Eucaristía. Cf. I Reyes 6, 19.
36 ss. Las cifras no concuerdan con el censo del capítulo 3, porque aquí se trata solamente de los levitas que tenían más de treinta años de edad y menos de cincuenta.
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NÚMEROS 5
4. La ausencia del campamento se extendía por todo el tiempo durante el cual se mostraba la enfermedad o impureza. Como paralelo tenemos en el Nuevo Testamento el caso del incestuoso de Corinto, que por San Pablo fue excluido de la comunidad cristiana hasta que diera pruebas de arrepentimiento (I Corintios 5,1 ss.).
6 ss. Véase capítulos 5 y 6 del Levítico.
9 s. Véase Éxodo 29, 24: Levítico 7, 30; 7, 34 y notas.
12 ss. El sacrificio de los celos, que había de ofrecerse cuando una mujer casada era sospechosa de adulterio, es una muestra de cuánto apreciaba la Antigua Ley la conservación de la castidad conyugal. Sólo en casos muy graves había de realizarse este sacrificio, que constituye una especie de juicio de Dios, y un procedimiento de fortísima eficacia para averiguar la culpabilidad o inocencia de la mujer acusada, sometiéndola a los más terribles castigos en caso de ser cierta la infidelidad. La Historia sagrada no relata ningún caso de este sacrificio; es, pues, de suponer que la infidelidad de la mujer israelita era sumamente rara. Recurrir al juicio divino a fin de aclarar un asunto jurídico o moral, no era extraño a los pueblos antiguos. En Babilonia la mujer sospechada de adulterio tenía que echarse al río (Ley de Hammurabi). Si se salvaba de las aguas, probaba con ello su inocencia. Cf. la “prueba del agua” y otras ordalías empleadas en la Edad Media. Un sabio consejo para no ser celoso se nos da en la Biblia: “No seas celoso de tu querida esposa para que no se valga de las malas ideas que tú le sugieres” (Eclesiástico 9, 1).
15. Un décimo de efa. El efa tenía 36 litros.
17. Agua santa: agua que se usaba en el Santuario. No había agua bendita como hoy día en las iglesias.
18. La ofrenda de recuerdo: a fin de que la mujer se acuerde de su pecado, o para que Dios tenga presente el crimen de la mujer adúltera para castigarla.
22. Con el “Amén” confirma la mujer la imprecación del sacerdote. Aquí aparece en la Biblia por primera vez la voz “Amén”, palabra con que la Iglesia concluye todas las oraciones. Su significado es “Verdad”, y su sentido “cúmplase lo dicho”. Es la más breve oración, por medio de la cual el pueblo se acoge a la oración de la Iglesia en una continua invocación de la divina misericordia.
23 s. La mujer ha de beber el juicio de Dios. San Pablo alude a esta idea en I Corintios 11, 29, donde habla de los que comulgan indignamente y dice: “El que come y bebe, no haciendo distinción del Cuerpo (de Cristo), come y bebe su propio juicio”.
28. Tendrá hijos: De aquí se deduce que las maldiciones de los vv. 21 y 22 acarreaban a la culpable, enfermedades y esterilidad.
31. Pagará su iniquidad, ya con el cumplimiento de las maldiciones, ya con la muerte (véase Levítico 20, 10 y Deuteronomio 22, 22). Meditemos, frente a esto, los excesos de la misericordia de Jesús en el episodio de la mujer adúltera (Juan 8, 1-11).
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NÚMEROS 6
2 ss. El nazareato (o nazireato, de “nazir”) es una de las instituciones más sagradas del Antiguo Testamento. Nazareo (nazir) significa “separado”: el nazareo se segrega del mundo y sus placeres, para consagrarse por completo a Dios, sea por determinado tiempo o para siempre. De ahí que el nazareo no pueda tomar bebidas embriagantes, puesto que éstas son símbolos de los placeres mundanos. Tenía que evitar la presencia de un cadáver, ya que el cadáver es imagen de la corrupción o impureza. Tampoco podía cortarse la cabellera, porque toda su persona pertenecía a Dios. La Ley autorizaba también a las mujeres a hacer el voto del nazareato. Comúnmente duraba treinta días, pero podía ser emitido para toda la vida. Así, por ejemplo, por orden de Dios, Sansón fue destinado al nazareato ya antes de nacer (Jueces 13, 5). De igual manera Samuel fue consagrado por su madre Ana (I Reyes 1, 11). y la consagración de San Juan Bautista la anuncia el Ángel en Lucas 1, 15. Otros ejemplos de nazareato se encuentran en los Hechos de loa Apóstoles (18, 18; 21, 23 ss.). El apóstol Santiago el Menor siguió observando todo el rigor de la disciplina de los nazareos; lo cual explica la veneración que los mismos judíos tenían por él. Ejemplos de mujeres nazareas nos relatan Flavio Josefo y la Mischna (Berenice, hermana del Rey Agripa, y Helena, reina de Adiabene). El Nazareo por excelencia fue Jesús (cf. Mateo 2, 23; Isaías 11, 1), por su perfecta separación del mundo (Hebreos 7. 26). y por no cumplir su propia voluntad sino la del Padre (Juan 4, 34; 5, 30; 6, 39). El nazareato es, según San Gregorio, figura de los santos solitarios y de los religiosos que se separan del mundo para vivir con Dios. La figura ha sido superada en el Nuevo Testamento, pues los ritos del Antiguo Testamento eran solamente pedagogos que preparaban a la humanidad para Cristo (Gálatas 3, 24). En Lucas 10, 41 Jesús enseña expresamente la superioridad de la vida contemplativa.
15. Panes ácimos: Cf. Éxodo 12, 8 y nota.
21. Según sus recursos: literalmente: lo que alcanzaren sus manos, es decir, los sacrificios que quiera ofrecer voluntariamente.
24 ss. He aquí la fórmula clásica de la bendición litúrgica del Antiguo Testamento (cf. Eclesiástico 50, 22). Es la que hoy llamamos Bendición de San Francisco. El alma cristiana descubre en la triple repetición del nombre de Yahvé una intima revelación del Dios Uno y Trino; pues diciendo: Yahvé te… guarde, indica el poder y la protección del Padre; y diciendo: haga Yahvé brillar sobre ti su Rostro y tenga misericordia de ti, señala al Hijo como Mediador de la gracia y misericordia. Yahvé… te conceda la paz, es la manifestación del Espíritu Santo, pues la paz es fruto del Espíritu Santo (Gálatas 5, 22). Fray Luis de León, refiriéndose a la manifestación de Cristo bajo el nombre de Rostro, dice en su hermoso libro “Los nombres de Cristo”: “No podemos dudar sino que Cristo y su nacimiento entre nosotros son estas faces (Rostro) que el sacerdote pedía en este lugar a Dios que descubriese a su pueblo; como Teodoreto y como San Cirilo, lo afirman doctores santos y antiguos. Y además de su testimonio, que es de grande autoridad, se convence lo mismo de que en el Salmo 66, en el cual, según todos lo confiesan, David pide a Dios que envíe al mundo a Jesucristo, comienza el profeta con las palabras de esta bendición y casi la señala con el dedo y la declara, y no le falta sino decir a Dios claramente: «La bendición que por orden tuya echa sobre el pueblo el sacerdote, eso, Señor, es lo que te suplico, y te pido que nos descubras ya a tu Hijo y Salvador nuestro».”
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NÚMEROS 7
1. La construcción de la Morada (Tabernáculo) se cuenta en Éxodo capítulo 40, y también su inauguración por el mismo Dios (Ex, 40, 32 ss.). Por eso se cree comúnmente que los acontecimientos aquí narrados van en forma de apéndice, fuera del orden cronológico. Sobre el tributo para el Tabernáculo véase Éxodo 30,12.
9. Los caatitas no recibieron ni carros ni bueyes, porque no los necesitaban; llevaban a hombros las cargas que les tocaba transportar durante el viaje.
18. Monotonía llama el hombre moderno a esta tan minuciosa enumeración de las ofrendas de cada una de las tribus. En vez de decir doce veces lo mismo, se podría resumir todo en una frase, y en vez de 72 versículos bastarían unos pocos. ¡Cuidado con este juicio! Tenemos aquí no sólo un ejemplo del estilo hebreo que se complace en repetir las mismas cosas, sino también, un acto del amor paternal de Dios, que apunta los dones de las tribus de su pueblo tan cariñosa y circunstanciadamente como un padre de familia que, al examinar los regalos de sus hijos, en el día de su onomástico o de sus bodas de plata, abraza a cada hijo en particular y no se contenta con expresar sus satisfacciones en forma global. Es el corazón del Padre que habla en estos versículos, literariamente monótonos y secos, pero escritos por inspiración divina, como toda la Escritura, para que sepamos que Dios anota en el libro de la vida los servicios más pequeños hechos en honor suyo. Véase en el Nuevo Testamento la actitud de Jesucristo respecto de los honores y regalos que recibía de los hombres (Mateo 25, 45; Juan 12, 7) y su actitud en el caso de la viuda que dio la ofrenda mínima y recibió el más grande elogio.
85. 2.400 siclos, o sea, 40 kilos más o menos.
89. Véase Éxodo 25, 22, donde, Dios promete hablar con Moisés desde encima del propiciatorio y en medio de los dos querubines.
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NÚMEROS 8
2. Sobre el candelabro véase Éxodo 25, 31-40; 37, 17-24; Levítico 24, 1-4. Coloca las siete lámparas, etc.: La Vulgata dice parafraseando: Dispón, pues, que tas lámparas miren al norte, enfrente de la mesa de los panes de la proposición. Deben alumbrar hacia aquella parte a la que mira el candelero. En la edición Sixtina de la Vulgata faltan las palabras dispón… proposición. San Jerónimo, el traductor de la Vulgata, parece haber tenido otro texto hebreo o se trata tal vez de una glosa (Vercellone). Nótese que las lámparas estaban frente a los panes, como antiguamente el Evangelio estaba frente a la Eucaristía (véase Imitación de Cristo, Libro IV, capítulo 11). Son numerosos los significados simbólicos que se han dado al candelabro de oro. Flavio Josefo ve en los siete brazos una figura de la santidad de Yahvé, Filón la de los siete planetas. Verdad es que en la Biblia el número siete reviste carácter sagrado y juega un papel tan extraordinario que se le puede llamar el número de la perfección. Para nosotros el candelabro de oro es figura de las velas que alumbran nuestras Iglesias, y simboliza particularmente la lámpara del Santísimo.
10. Probablemente sólo los príncipes de las doce tribus impusieron las manos, no todos los hombres. La imposición de las manos significa que los levitas son ofrendas consagradas a Dios, en lugar de los primogénitos de todo el pueblo. Cf. Éxodo 13, 2 y nota.
11. Como ofrenda mecida: Acerca de este rito cf. Éxodo 29, 24 ss. Levítico 7, 30 y notas. Cf. v. 21.
19. A fin de que no sean castigados: Véase 16, 5; 17, 12 s.
24. Según 4, 3 los levitas comenzaban a ejercer el servicio del Santuario a la edad de treinta años. Se trata, pues, aquí de una modificación de aquella disposición. En I Paralipómenos 23, 24 y 27 vemos que David dispuso que los levitas sirvieran en el Templo después de haber alcanzado la edad de veinte años.
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NÚMEROS 9
3. Entre las dos tardes: hebraísmo. Significa el intervalo entre la puesta del sol y la obscuridad. Cf. Éxodo 12, 6. Ritos, literalmente justificaciones. Se llaman justificaciones porque su fin era hacer justo al hombre. Es muy importante recordar esto para entender p. ej. el largo y admirable Salmo 118, que es el elogio de la palabra de Dios. Hombre justo, según enseña San Pablo, no es el que hace tales o cuales obras, sino aquel a quien Dios ha justificado.
6. El cordero pascual tenía carácter de sacrificio, por lo cual los que habían tocado un cadáver, estaban inmundos y no podían participar en la celebración de la Pascua. Véase 19, 11.
12. Cf. Éxodo 12, 46 y nota; Salmo 33, 21; Juan 19, 36.
15 ss. La Morada, o Tabernáculo del Testimonio, es el Santísimo del Tabernáculo. San Pablo cita este episodio diciendo: “Nuestros padres estuvieron todos bajo la nube” (I Corintios 10, 1-2). Cf. Éxodo 40. 34-38. La importancia de la presencia de Dios o de su Ángel bajo las apariencias de la nube y del fuego es un acontecimiento tan extraordinario, que solamente tiene paralelo en la presencia de Cristo bajo las especies de la Eucaristía. “El Señor que había prohibido el uso de toda imagen en el culto (cf. el primer mandamiento del decálogo), satisfacía así a las necesidades psicológicas de su pueblo, haciendo sensible su presencia por medio de cosas que no pudiera reproducir (Deuteronomio 4, 15 s.). Por estos signos el pueblo sentía a su Dios cerca de sí. Sin peligro de confundirle con imágenes reproducibles” (Nácar - Colunga. Introducción al Éxodo).
23. Una sola vez no obedecieron a la nube de fuego, y fueron castigados por despreciar esa amorosa providencia paternal que los iba llevando como de la mano (14, 40).
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NÚMEROS 10
5. Cuando tocareis alarma: Bover-Cantera vierte: Cuando tocareis un toque prolongado; Nácar-Colunga: un toque estrepitoso; la Vulgata: si su sonido fuese más prolijo e interrumpido.
11. Se alzó la nube, después de haberse detenido un año más o menos en el Monte Sinaí. (Véase Éxodo 19, 1.)
12. El desierto de Farán se extiende en la parte norte de la península de Sinaí, entre el Wadi el-Arabá al este, y el desierto de Sur al oeste. Es una región árida, abrasada de sol y muy molesta para los viajeros. Su nombre moderno es Et-Tih. El orden de marcha corresponde a lo dispuesto en el capítulo 2.
29. Hobab, hijo de Ragüel o Jetró, era cuñado de Moisés. Probablemente había llegado a los israelitas cuando Jetró se entrevistó con Moisés en el desierto (Éxodo 18, 1 as.). Hobab no accedió a los pedidos de Moisés, pero parte de su tribu recibió más tarde herencia en Israel, como se ve en Jueces 4, 11.
31. Podrás servirnos de ojo: locución que quiere decir: podrás servirnos de guía. Cf. Job 29, 15.
33. Para buscarles un lugar de descanso: No solamente los guía, sino que se empeña también en buscar para ellos el mejor lugar, hasta que finalmente puedan descansar en la tierra prometida. San Pablo toma este descanso del pueblo de Dios en sentido mesiánico (Hebreos 4, 1 ss.).
35. Este versículo debería ser la consigna de todos los que luchan por el honor de Dios. David lo cita en Salmo 67, 2, al recordar los poderosos favores de Dios en el éxodo de Egipto, en el desierto y en la conquista de la Tierra de promisión.
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NÚMEROS 11
3. Taberá significa incendio. Cf. los nombres de Masa y Meribá, que asimismo deben su origen a las murmuraciones del pueblo (Éxodo 17, 7). Cf. V. 33.
4. Gente adventicia: Bover-Cantera traduce: chusma. Quiere decir que la murmuración no tuvo su origen entre los israelitas, sino que provino de la gente extraña que los acompañaba desde la salida de Egipto (Éxodo 12, 38). Esa turba, siempre inquieta y desalentada por las fatigas del viaje, tuvo ardiente deseo de comer carne a manera de los egipcios, y contagió con sus apetitos a los israelitas. Esto explica una vez más el empeño que Dios mostraba en evitar que el pueblo escogido se mezclase con los paganos. Véase Éxodo 12, 38 y nota.
7. Véase: Éxodo 16, 31 ss.
11 ss. Esta queja de Moisés es más bien una plegaria. El gran profeta ofrece su vida, porque no se cree capaz de soportar el cargo que Dios le ha confiado. Comentando este desahogo del fiel profeta expone San Agustín que los llamados al ministerio pastoral no cumplen fielmente con las obligaciones de su cargo cuando se entregan al reposo; deben, al contrario, hacer frente a los errores y pasiones de los hombres. Israel tenía ya sus capitanes y tribunos (Éxodo 18, 17 s.), pero solamente para atender a los asuntos administrativos y militares. Los asuntos importantes, especialmente los que se referían a la relación del pueblo con Dios los atendía Moisés mismo, y para ello necesitaba de los ancianos, como colaboradores.
17. Tomaré del Espíritu que está sobre ti: No hay duda, pues el mismo Dios lo dice, que el Espíritu Santo obraba en Moisés. En su manera de gobernar al pueblo y atender los asuntos administrativos y judiciales de la gente, le asistía el Espíritu Santo. Esto arroja nueva luz sobre el poder civil, que también viene de Dios, como lo confirma San Pablo: “No hay potestad que no esté bajo Dios, y las que hay, han sido ordenadas por Dios” (Romanos 13, 1). Dios dijo a Moisés que tomaría de su Espíritu para ponerlo sobre los ancianos, “a fin de que lleven juntamente contigo la carga del pueblo y no la lleves tú solo.” Ahora bien, ¿cómo llevaba Moisés la carga del pueblo? “El mismo Moisés nos lo hace saber en otro lugar: «El pueblo viene a mí para consultar a Dios. Cuando tienen alguna querella vienen a mí, y yo me pronuncio entre ellos, haciéndolos saber los mandatos de Dios y sus leyes» (Éxodo 18, 15 s.). Esto mismo era, por lo tanto, lo que aquellos setenta ancianos hacían movidos por el Espíritu que Dios puso en ellos, y que la Biblia llama profetizar” (Enciso, Estud. Bibl. 1946, p. 373). Cf. v. 25 y 26. De ahí que los ancianos no comenzaran su actividad anunciando lo futuro, sino que su misión “profética” consistió en ayudar a Moisés en el gobierno del pueblo; con miras a su misión les fue dado el Espíritu que les capacitaba para gobernar en conformidad con Moisés. También San Pablo toma el don de la profecía en un sentido más amplio cuando dice: “El que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consuelo” (I Corintios 14, 3). Esto no impide sospechar que los ancianos al tomar posesión de su nuevo cargo, se hayan, tal vez, entregado a transportes extáticos, “pero no volvieron a hacerlo” (v. 25).
18 ss. De suyo no es cosa mala comer carne. Todos los pueblos se alimentan con carne y Dios no lo prohibió en ninguna época de la historia, aunque algunos lo afirman, fundándose en Génesis 1, 29 s. y 9, 3. Aquí, empero, se trata de una cuestión de honor, más aún de la recta espiritualidad. Los que tienen náusea del pan celestial, proporcionado por Dios todos los días, ofenden con ello al dador, lo desprecian y lo desechan (v. 20). Su conducta es la de hijos desagradecidos y faltos de amor. Solamente así se comprende el resentimiento de Dios expresado en el v. 20. Estos ingratos son figura de los que desprecian el pan del cielo, que es Cristo. De ahí el tremendo castigo (v. 33).
25. Véase v. 17 y nota. No volvieron a hacerlo. Así también los Setenta. La Vulgata dice al revés: no cesaron de allí en adelante. La institución de los ancianos se mantuvo hasta los tiempos de Cristo, aunque en forma modificada. En tiempos de Jesucristo el Sanedrín, o Gran Concilio, se componía de “los jefes principales, los escribas y los ancianos”.
29. ¡Ojalá que todos... fuesen profetas! Admiremos esta libertad de espíritu, que no pretende monopolizar el don de Dios. De la misma manera se expresa el Apóstol respecto de los gentiles en varias ocasiones. En la Carta a los Corintios exhorta a los cristianos a codiciar el don de la profecía (I Corintios 14, 39); a los Tesalonicenses les dice: “No apaguéis el Espíritu” (I Tesalonicenses 5, 19), y en la Epístola a los Filipenses excusa a los que predican a Cristo por “emulación”, y se consuela con el pensamiento de que Cristo es predicado, aunque “con pretexto” (Filipenses 1, 17 s.). El más hermoso ejemplo de libertad espiritual nos lo dio Jesús en Marcos 9, 38 s. Cuando los discípulos le dijeron: “Maestro, vimos a un hombre que expulsaba demonios en tu nombre, y el tal no nos sigue, por lo que se lo impedimos, porque no anda con nosotros”, les dijo Jesús: “No se lo impidáis, porque nadie, haciendo milagro en mi nombre será luego capaz, de hablar mal de mí”. Cf. Lucas 9, 54 s.
32. Véase Éxodo 16, 12 s.; Salmo 77, 26 ss.; 104, 40. Diez gómor son 3.644 litros, cantidad suficiente para alimentar una familia durante todo un año.
33. El nombre del lugar significa: Sepulcros de la concupiscencia. Véase v. 3 y nota.
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NÚMEROS 12
1. La mujer de Moisés, Seforá, hija de Jetró de Madián (país situado en los límites de Arabia y de la península de Sinaí), es llamada aquí, en sentido despectivo, “mujer de Cus”, o sea, etiopisa. Es para estigmatizarla como extranjera y quitarle el prestigio que tenía como esposa de Moisés. Es posible también que Seforá se haya preciado de ser más que María, la cual, lo mismo que Aarón, temía quizás que una mujer de raza, no israelita desacreditase la autoridad del caudillo. El Señor, siempre fiel, sale inmediatamente en defensa de su amigo, con una severidad que sólo se aplaca ante la caridad del mismo Moisés. En sentir de San Jerónimo y Ambrosio las murmuraciones de María y Aarón son figura de la envidia judía por la extensión del reino de Dios sobre los pueblos gentiles.
3. Hombre muy manso: “Moisés que mostraba tanto celo cuando se trataba de la gloria del Señor, no desplegaba sus labios, y sufría en silencio las injurias propias, y que se murmurase de él por unas personas tan cercanas como eran sus hermanos. Era en esto imagen y fiel discípulo de aquel Señor, que siendo manso y humilde de corazón (Mateo 11, 29) y que no respondiendo cuando se le cargaba de injurias (I Pedro 2, 23), se inflamaba en santo celo por la gloria de su Padre, contra los profanadores de su Templo y transgresores de su Ley” (Scío). Bea propone otra versión: Estaba Moisés muy afligido (Institutiones Biblicae, I, pág. 87).
7. Mi siervo: Es el título más honroso que Dios confiere a los hombres santos del Antiguo Testamento. Así le llama a Abrahán (Génesis 26, 24) y a Job (Job 1, 8). La Virgen Santísima se llama “sierva del Señor” (Lucas 1, 38), y el mismo Cristo lleva en las visiones de Isaías el nombre de siervo. Fiel en toda mi casa, es decir, en el pueblo de Dios. Cf. v. 3; 16, 15. San Pablo cita este versículo comparando a Moisés con Cristo, que fue “fiel como hijo sobre su propia casa, que somos nosotros” (Hebreos 3, 5 s.). Cf. I Timoteo 3, 5 y nota.
8. Cf. Éxodo 33, 11. Cara a cara, esto es, en forma visible y como amigo, sin manifestarle la divina esencia, la cual no puede ver el hombre mortal (Éxodo 33, 20 y nota). Cf. Deuteronomio 34, 10. Los profetas vieron algo de la grandeza de Dios, pero no a Él mismo. Cf. Isaías 6, 1 ss.; Ezequiel 1, 4 ss.; Amós 9. 1; Hababuc 3, 3 ss., etc.
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NÚMEROS 13
1 ss. Véase Deuteronomio 1, 20 ss.
16. Oseas se llamará en adelante Josué. El nombre significa salvador, lo mismo que Jesús: por lo cual Josué es llamado a veces Jesús (cf. Hechos 7, 45, texto griego). El nombre indica la misión que tendrá Josué, a saber, salvar a su pueblo, conduciéndolo a la tierra prometida.
17. Négueb: la parte meridional de Palestina.
21. Esto es, desde el extremo sur hasta el extremo norte de Palestina. El desierto de Sin (hebreo Tsin, no el desierto de Sin mencionado en Éxodo 16, 1) se extendía al sur de Palestina. La ciudad de Rehob estaba en la región del Líbano (Jueces 18, 28), y Hamat en Siria.
22. Hijos de Enac: gigantes. Véase v. 33; Deuteronomio 1, 28; 2, 10; Josué 11, 21. Tanis, en hebreo Zoan, probablemente residencia de los Faraones en tiempos de Moisés. Zalama la atención que la fecha de la fundación de Hebrón, donde se encuentra la tumba de los progenitores del pueblo hebreo, esté combinada con la fundación de Tanis, ciudad dé Egipto. ¿Cuál ha de ser la razón sino el que esta última se supone mejor conocida de los lectores del Pentateuco? Este detalle sería inexplicable en este capítulo si se lo supone escrito mucho tiempo después del Éxodo, cuando los hebreos habitaban ya desde siglos en Palestina y conocían muy bien a Hebrón y muy poco a Tanis (Vigouroux, Polyglotte). Cf. Salmo 77, 12 y 43.
23. El Valle de Escol, o Torrente del Racimo, como traduce San Jerónimo, se busca al sudoeste de Hebrón.
26. Cades, situada en la parte norte del desierto de Farán, a ochenta kilómetros al sudeste de Bersabee.
32. La tierra consume a sus moradores: Parece aludir a ciertas epidemias que tal vez reinaban en el país, o a las continuas luchas de unos con otros, o bien ha de tomarse en sentido metafórico: no es posible vivir y prosperar en él. Todo el relato es una burda mentira, y constituye una ofensa para Dios, quien les había prometido ese país. De ahí el terrible castigo de los exploradores mentirosos (14, 36-37) y también del pueblo que les dio crédito (14, 23). Nada duele tanto a Dios como la desconfianza en su corazón de Padre. Su misericordia desciende sobre nosotros en la medida en que esperamos en Él (Salmo 32, 22; Marcos 9, 22).
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NÚMEROS 14
5 s. Se postraron rostro en tierra, para rogar a Dios que les ayudase en suprimir la rebelión del pueblo. Rasgar los vestidos (v. 6) era señal de dolor e indignación. Véase en Eclesiástico 46, 9-12 el elogio de Josué y Caleb.
13 ss. “Moisés intercede por el Israel culpable. Hermosa figura de Nuestro Señor Jesucristo «semper vivens ad interpellandum pro nobis», Hebreos 7, 25” (Fillion). A pesar de que los rebeldes habían injuriado a Moisés éste intercede por ellos y pide perdón por el pecado del pueblo. Véase lo que se dice sobre Moisés en Salmo 105, 23. Cf. Éxodo 32, 12; Deuteronomio 9, 26; 32, 27; Ezequiel 22, 30 y nota.
18. Rico en misericordia, etc.: Cf. Éxodo 20, 5; 34, 6 s.; Salmo 85, 15; 144, 8. Si no miramos así a Dios, como de una bondad esencialmente activa, no lo podemos amar, porque no esperamos de Él sino exigencias y castigos. ¿Es así como quisiéramos que nuestros hijos pensaran de nosotros? ¿Cómo entonces no llenar para con nuestro Padre Celestial ese requisito esencial de la caridad, “haciendo con Él lo que queremos que nuestros hijos hagan con nosotros”? (véase esta “regla de oro” en Mateo 7, 12 y nota). El hombre soberbio no se aviene a esta regla y no quiere creer en la misericordia de Dios, pues confía en sus propias fuerzas, y en vez de amar al divino Padre teme solamente sus castigos. Es el caso de los fariseos, que no pecaban por incredulidad —porque eran los más fervorosos en creer en Dios— sino por falta de amor. Moisés conoce el abismo del corazón misericordioso de Dios, quien busca siempre un motivo para no castigar, pues cifra su honor en proteger a su pueblo y conservar la gloria de Su nombre (v. 21). Véase Éxodo 32, 12; Deuteronomio 9, 27; Ezequiel 20, 9.
22. Diez veces, esto es, muchas veces. La cifra determinada se pone algunas veces por la indeterminada.
24. Además de Caleb, Josué (v. 30) podrá entrar en el país prometido. Están exentos del castigo también los levitas, cuya tribu no estaba representada entre los exploradores, de manera que encontramos p. ej. a Eleazar, hijo de Aarón, con Josué, repartiendo el país de Canaán (Josué 14, 1). Moisés y Aarón, aunque de la tribu de Leví, murieron antes de entrar en Canaán, por haber dudado de la misericordia de Dios (20, 10 ss.).
28 s. San Pablo recuerda este castigo en I Corintios 10, 10, y agrega: “todo esto les sucedió a ellos en figura y fue escrito para amonestación de nosotros, para quienes ha venido el fin de las edades”. Que habéis murmurado contra Mí: De aquí deducen algunos que no solamente fueron perdonados los niños y las mujeres, sino también los hombres que no murmuraron.
30. Este juramento se recuerda en el Salmo 94, 8-10; con que comienzan todos los días los Maitines del Oficio divino. Cf. Hebreos 3, 15.
33. Vuestras infidelidades: El hebreo dice: vuestras fornicaciones, ya que la alianza entre Dios e Israel se consideraba como un matrimonio y la infidelidad del pueblo y su apostasía como fornicación y adulterio. Los cuarenta años son recordados en Hebreos 7, 36; 13, 18.
37. Habían difamado el país: Esta rebeldía y soberbia (véase vv. 40 ss.) es lo que más ofende al corazón paternal de Dios, porque duda de su bondad y le cree capaz de traicionarnos. En eso consistió el pecado de Adán. Lo mismo hacen los que se atreven a criticar las Sagradas Escrituras o se escandalizan de ellas en vez de creer que la palabra de Dios es un instrumento de santificación, como Jesús mismo nos enseñó (Juan 17, 17). Cf. Romanos 1, 16; Santiago 1, 21.
45. Hormá, ciudad situada en la frontera meridional de Palestina. Recibió su nombre por los acontecimientos narrados en Núm. 21, 3 y Jueces 1, 17. En lengua hebrea su significado es destrucción.
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NÚMEROS 15
2 ss. Los versículos 2-16 son leyes que completan las de Levítico capítulos 1-3.
4 ss. Véase Éxodo 29, 40.
12. El texto hebreo de los versículos 12-16 es más extenso que la traducción de la Vulgata.
19. Ofreceréis una ofrenda alzada. San Jerónimo, que conocía las costumbres hebreas, dice que estas ofrendas alzadas comprendían entre la cuadragésima y sexagésima parte de toda la masa. Cf. Éxodo 29, 24 y nota.
22 ss. La Ley antigua llama pecado las faltas hechas por ignorancia, de modo que se comprendía bajo el nombre de pecado cualquier olvido de la Ley u omisión indeliberada de un precepto. Por esos pecados de ignorancia se ofrecía todos los años un becerro (Levítico 4, 13 ss.; 4, 27 ss.). Aquí vemos modificada la ley anterior.
30. Con mano alzada, esto es, deliberadamente y con desprecio de la Ley. Véase Levítico 4, 2 y nota.
33. Se trata aquí de la aplicación de la Ley en un caso que parecía dudoso. Por tanto lo entregaron a Moisés.
36. Le apedrearon: ¿Y hoy día? Son muy pocos los cristianos que conocen y practican el descanso dominical. El domingo es para la mayoría día de diversiones profanas y hasta de pecados. Si hoy viniera Moisés ¿no apedrearía a ciudades enteras? Cf. Éxodo 20, 8 ss.; 31, 12 ss. Nehemías 13, 15 ss.
38. Flecos, o borlas, en hebreo "tsitsith". En cumplimiento de esta prescripción los israelitas llevaban borlas en los cuatro remates del manto. Así, cada día, cuando sus ojos veían las borlas recordaban los beneficios y mandamientos de Dios. El formulismo de los fariseos había hecho de esto una práctica puramente material, por la que Jesús los reprocha en Mateo 23,5. Cf. Deuteronomio 22, 12; Éxodo 13, 9 y nota. En la dispersión se introdujo la costumbre de llevar debajo de los vestidos un escapulario con borlas en los cuatro ángulos. Para el tiempo de la oración usaban un manto especial. Todavía hoy es costumbre de los judíos investir de esta prenda a los jóvenes de trece años.
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NÚMEROS 16
1 ss. En este capítulo se nos presenta el primer intento conocido de crear un sacerdocio laico, independiente de la autoridad instituida por Dios. Moisés, que no era sacerdote, reconoció inmediatamente el alcance de este movimiento que en caso de imponerse hubiera socavado los fundamentos del régimen teocrático. Por eso no fue la mansedumbre (cf. 12, 3) la que le impulsó esta vez a interceder por los malhechores, sino que movido por el santo celo, pidió a Dios que no aceptara la oblación de los malhechores (v. 15). Coré, primo hermano de Moisés y Aarón, parece haberse sublevado por pura ambición y envidia, porque, siendo de la misma familia, quería participar en los honores y privilegios de los sacerdotes. No reconocía la idea de un sacerdocio instituido por Dios, proclamaba la igualdad de sacerdotes y laicos, y negaba prácticamente la autoridad de Aarón como jefe espiritual del pueblo. Movimientos semejantes encontramos también en las épocas cristianas, desde los gnósticos hasta las sectas modernas, todas las cuales coinciden en negar lo que dice San Pablo en Hebreos 5, 4. “Nadie se toma este honor sino el que es llamado por Dios como lo fue Aarón”. Por eso San Agustín compara a Coré con los herejes que dividen el Cuerpo místico de Cristo. Cf. 19, 6; I Corintios 12, 4 ss.; Éfeso 4, 11. Datan y Abirón tenían muy otros motivos para sublevarse. A ellos no les importaba tanto la autoridad espiritual. Eran rubenitas, hijos del primogénito de Jacob y por eso creían tener derecho a ejercer cierta autoridad sobre las otras tribus. No podían comprender que Dios hubiese entregado todo el poder en manos de Moisés y Aarón, que eran de la tribu de Leví. Estos dos movimientos, el de los levitas que aspiraban a la dignidad sacerdotal, y el de los rubenitas que buscaban recuperar los derechos de la primogenitura, que habían perdido (cf. Génesis 49, 4 y nota), se unieron, y organizaron un motín que amenazaba destruir toda la obra que Moisés había hecho por orden de Dios.
14. Sacar los ojos para que no vean lo que sucede. Es el argumento de todos los demagogos.
15. Moisés se irritó en gran manera: Moisés aguantó con toda mansedumbre las injurias dirigidas contra él, mas ahora se llena de santa ira, porque acusan al mismo Dios. San Pablo nos da igual ejemplo en II Timoteo 4, 14 ss.
22. Dios de los espíritus…, o sea autor de la vida. Cf. Génesis 6, 3; 7, 22.
30. Scheol: La Vulgata vierte: Infierno. Es la morada de los muertos donde hay mansiones para los justos y los injustos. No pereció toda la familia de Coré, sino que quedaron salvos sus hijos (Núm. 26, 11 y 58). En tiempos de David algunos de su descendencia fueron cantores en el Templo y compusieron Salmos (I Paralipómenos 6, 22; II Paralipómenos 20, 19. Salmos 41-48, etc.). Véase Salmo 105, 17; Sabiduría 18, 20 s.; Judas v. 11.
37. Son santificados, es decir, han sido usados para el culto y por eso están sustraídos al uso profano.
48. La acción mediadora de Aarón, que intercedió por su pueblo y alcanzó que cesase la mortandad, es figura de Cristo, el verdadero Mediador entre Dios y los hombres. Por eso se llama a Cristo “Pontífice”, el puente que nos lleva al Padre. Cf. Juan 14, 6: “Nadie va al Padre, sino por Mi”.
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NÚMEROS 17
1 ss. “Este episodio de las varas sirvió para confirmar la divina elección de Aarón para el sacerdocio. Los autores de los Evangelios apócrifos se inspiraron en él para inventar otro semejante, que servirla para elegir esposo a la Virgen María. Tal es el origen de la vara florida de San José” (Nácar-Colunga).
4. Ante el Testimonio, o sea, en el Santísimo del Tabernáculo, ante el Arca de la Alianza, en la cual se conservaba el Testimonio, es decir, las tablas de la Ley (Éxodo 31, 18).
10. En la vara de Aarón, primeramente seca y luego floreciente, ven los santos Padres una figura de Cristo, primero humillado y muerto y después resucitado. También ven en ella una imagen de la santa Cruz, leño seco, que luego produjo frutos de gracia. San Pablo nos recuerda que esta vara se guardaba en el Arca (Hebreos 9, 4). San Bernardo ve en ella una figura de la Santísima Virgen.
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NÚMEROS 18
1. Llevaréis las culpas de vuestro sacerdocio: sois responsables por las faltas en el ejercicio de vuestro ministerio y en todo lo que se refiere al Santuario y al culto. Cf. 17, 12-13.
9. Comienza a enumerar los emolumentos de los sacerdotes. Vivían del Santuario, correspondiéndoles ciertas porciones de las víctimas, las primicias de los frutos, los primogénitos de los animales y el precio de rescate de los hijos primogénitos. Con esto podían sustentarse honradamente y dedicarse por completo al servicio de Dios (cf. v. 20; 1, 49 y notas). En el Nuevo Testamento el sustento de los sacerdotes está asegurado por el ejercicio de las funciones sagradas, sobre todo por la predicación del Evangelio: “¿No sabéis que los que desempeñan funciones sagradas, viven del Templo, y los que sirven al altar del altar participan? Así también ha ordenado el Señor, que los que anuncian el Evangelio, vivan del Evangelio” (I Corintios 9, 13-14).
11. Ofrendas mecidas: Véase Éxodo 29, 24 y nota.
14. Sobre la consagración por anatema véase Levítico 27, 21 y 28 s. Cf. Éxodo 22, 20 y nota.
18. Véase Levítico 7, 28-34.
19. Pacto de sal: pacto inalterable. “La sal es símbolo de 1a perpetuidad, porque conserva la carne” (Jümemann), los antiguos acostumbraban comer sal cuando hacían un pacto. Cf. II Paralipómenos 13, 5; Levítico 2, 13 (la sal de la Alianza).
20. No tendrás herencia. Cf. 35, 3-8. Yo soy tu porción: De ahí el nombre de clero, pues así se traduce en griego porción. Ningún otro nombre expresa mejor la condición del sacerdote, su íntima relación con Dios, y su necesario desprendimiento de los bienes materiales. Dios lo dispuso así para que los sacerdotes atendieran únicamente el servicio del Señor, el cual, habiéndolos provisto de todo lo necesario para la vida, debía ser la única riqueza y el único premio a cuya posesión habían de aspirar con sumo cuidado. Por eso el sacerdote avaro peca más gravemente que el laico, puesto que su profesión es ocuparse de Dios y esperar de Él el cumplimiento de su promesa: “Yo soy tu porción”. Es lo que dice también el Eclesiástico (45, 27). Cf. Salmo 15, 5 s.; II Timoteo 2, 6.
21. A los levitas les correspondían los diezmos de los frutos con tal que entregasen el diezmo de estos diezmos al Santuario, es decir, a los sacerdotes (v. 25-32). En general, el levita llevaba una vida humilde y muchas veces se le menciona con el pobre, probablemente porque no se cumplía la ley de los diezmos. Cf. Deuteronomio 12, 12 y 18 s.; 16, 11 y 14.
28. Este versículo dice en la Vulgata: Y de todas las cosas de que recibiereis primicias, ofreced al Señor, y dadlas al sacerdote Aarón.
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NÚMEROS 19
2 s. La Sinagoga cumplía este precepto todos los años en el Monte de los Olivos (San Jerónimo). Coincidencia simbólica, porque allí comenzó también Jesucristo a derramar su sangre para purificarnos de los pecados. Cf. nota 11 ss.
4. Fuera del campamento: Véase Levítico 4, 12 v nota.
9. Sobre el concepto de pecado (infracción involuntaria) véase Levítico 4, 2 y nota, Lo mismo en el v. 17.
11 ss. El rito de la vaca roja es uno de los más misteriosos del ceremonial levítico. Se trata de purificar al hombre del contacto con la muerte y, cosa singular, todos los que participan en la confección del agua purificadora quedan ellos mismos impuros (v. 7-10). La muerte es, en efecto, el signo de la impureza por excelencia. Es el salario del pecado (Romanos 6, 23), y a la vez su consecuencia. El rito de la vaca roja simboliza, en primer lugar, la purificación del alma después del pecado. La vaca debe ser roja, porque este color significa el pecado (cf. Isaías 1, 38), y por esta misma razón no puede ser inmolada en la proximidad del Tabernáculo, sede de la santidad y de la vida. Con su sangre hace el sacerdote aspersiones, semejantes a las que se hacen por el pecado del Sumo Sacerdote y de todo el pueblo (Levítico 4, 6 y 17), pero las hace desde lejos, pues esta víctima cuya ceniza purifica, contiene ella misma una impureza contagiosa. Los Santos Padres ven en el rito de la vaca roja una figura del sacrificio de Cristo, quien murió fuera de la ciudad (cf. Hebreos 13, 11-13), y en el agua purificadora una imagen del Bautismo, que recibe su virtud santificadora del sacrificio de Cristo. San Pablo se refiere a este misterio en Hebreos 9, 13 s., diciéndonos: “Si la sangre de machos cabríos y de toros, y la ceniza de la vaca santifica con su aspersión a los inmundos y los purifica en la carne, ¿cuánto más la sangre de Cristo, que por su Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mácula a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?”
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NÚMEROS 20
1. Sobre el desierto de Sin véase 13, 22 y nota, María, en hebreo Miryam, profetisa y hermana de Moisés y Aarón, es figura de la Madre de Nuestro Señor Jesucristo. “Ella fue quien salvó a Moisés de las aguas, estuvo estrechamente unida con el sumo sacerdote Aarón, como hermana suya, y fue coadjutora de Moisés en la gran obra de la independencia de su pueblo. Profetizó y entonó su magnífico himno triunfal, celebrando el fin de la esclavitud y anunciando las futuras misericordias del Señor; en este himno ve la Iglesia una figura de canto de júbilo por la Redención” (Schuster-Holzammer).
11 s. Dos veces, porque le faltaba la plena fe en la bondad de Dios (c. 12). Pensaba que Dios en vista de las reiteradas murmuraciones del pueblo (cf. 27, 14; Deuteronomio 3, 24 ss.; 32, 51) le negaría el agua, lo cual habría significado la muerte de todos y la anulación de la promesa divina de introducirlos en la tierra de promisión. De este modo Dios pasaría por mentiroso, y sus promesas no tendrían más valor que las de los hombres que prometen y no cumplen (cf. Romanos 11, 29). Por eso la duda de Moisés y Aarón no se dirigía contra la bondad de Dios, sino más bien contra su santidad y fidelidad. Esto quiere decir el término: “No me habéis santificado” (v. 12), y sólo este concepto explica el grave castigo que Dios pronunció contra ambos. Ni Moisés, figura de la Ley, ni Aarón sacerdote de la Antigua Alianza, pudieron entrar ni introducir al pueblo en la tierra prometida. Esto estaba reservado a Josué (que quiere decir Jesús) para mostrar que sólo Cristo sería el Redentor capaz de llevarnos al cielo (San Jerónimo). San Pablo nos explica el misterio de la peña: “La piedra era Cristo” (I Corintios 10, 4). De sus labios brotaron las aguas de la vida (Juan 7, 37 ss.; Éfeso 5, 26), las palabras del Evangelio, “que es fuerza de Dios para salvación de todos los que creen” (Romanos 1, 16). Muchas veces encontramos en la Biblia la piedra como figura de Cristo. Cf. Génesis 28, 11 s.; Éxodo 17. 12: Josué 4, 20, etc. Él es también la piedra angular: Cf. Salmo 117, 22; Mateo 21, 42; Hechos 4, 11; Romanos 9, 33; I Pedro 2, 7.
13. Meribá significa querella, contradicción. Así se llama en adelante este lugar en la Escritura. Cf. Salmos 80, 8; 94, 8; 105, 32 (donde se explica cómo Moisés llegó a pecar contra Dios).
17. Los edomitas o idumeos eran hijos de Esaú, hermano del patriarca Jacob, y por lo tanto parientes de los israelitas. Su país se extendía desde el Mar Muerto hacia el Mediodía. El camino real es el que usan el rey y su ejército.
22. El monte Hor está cerca de Cades, en la parte occidental de los montes de Seír (Edom). Se llama hoy Dschebel en Nebi Harún.
24. Con su pueblo; esto es, con sus padres, en el seno de Abrahán. El Eclesiástico dedica a Aarón los versículos 7-27 del capítulo 45. “San Jerónimo y otros santos Padres observan que ni Aarón, en quien comenzó el sacerdocio levítico, ni María, que representaba los profetas, ni Moisés, que representaba la Ley, pudieron introducir al pueblo de Dios en la tierra de promisión, sino que estaba reservada esta gloria y poder a Josué, imagen de Jesucristo” (Páramo).
26. Véase Éxodo 29, 29 y nota.
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NÚMEROS 21
1. Arad, hoy Tell Arad, es decir, ruina de Arad, situada a unos 25 kilómetros al sur de Hebrón. Por el camino de Atarim: Vulgata: por el camino de los exploradores.
2. Destruiré completamente: El hebreo usa el término “cherem”, en griego “anatema”, lo que quiere decir que hicieron el voto de consagrar al exterminio todas aquellas ciudades. Cf. Éxodo 22, 20 y nota.
3. Sobre Hormá véase 14, 45 y nota.
5. Este pan miserable: Así habla un pueblo que comía el maná, el pan celestial, el “pan angélico”, como, lo llama el Salmista (Salmo 77, 25). Les parece insípido porque lo reciben gratis diariamente y no piensan en el Autor de ese don, ni le dan gracias. San Pablo los trata, por eso, como tentadores de Dios (I Corintios 10, 9), porque despreciar un don es despreciar al donante. Los israelitas ingratos son como hijos que comen durante años enteros los mejores manjares de la mesa de sus padres, sin reflexionar sobre el amor y el trabajo con que éstos se los preparan. Lo mismo sucede con el maná de la nueva Alianza, la Eucaristía, que muchos toman sin pensar en el amor de Aquel que “los amó hasta el fin” (Juan 13, 1).
8 s. Una serpiente: La palabra hebrea significa también abrasador, por lo cual algunos autores vierten: una serpiente abrasadora. Vulgata: serpiente de bronce. Esta serpiente de bronce, remedio contra las mordeduras de las serpientes, era, como dice Jesús a Nicodemo, figura de la Redención, símbolo del alzamiento de Cristo en la Cruz, y recibió su virtud solamente por Aquel que se dejó elevar en la Cruz para salvarnos de la mordedura de la antigua serpiente (cf. Juan 3, 14 s.). “De la misma manera, para escapar de la muerte eterna, bastará mirar confiadamente al Cordero inmolado en la Cruz. Es decir, para inducir a la humanidad a recurrir a la misericordia divina, el Altísimo mandó a su Verbo que tomase carne y sufriese treinta años sobre la tierra para someterse finalmente a los dolores e ignominias de la Pasión” (Pinard de Boullaye). De aquí se deduce el inmenso valor del crucifijo, al que el cristiano debe llevar siempre consigo y tener en su casa con preferencia a cualquier otra imagen. La serpiente de bronce se conservó en el Templo hasta el tiempo del rey Ezequías, quien la hizo pedazos, para evitar su culto idolátrico (IV Reyes 18, 4).
10 ss. Nácar-Colunga describe esta última etapa del viaje de la siguiente manera: “De Farán sigue Israel en dirección sur hasta Asiongaber (hoy golfo de Aqaba), bordeando por el oeste los montes de Seír; luego pasan al este de ellos, y siguen en dirección norte, pero sin tocar la tierra de Moab y Ammón, que dejan a la izquierda, hasta llegar a la tierra de los amorreos, Sehón y Og, a quienes piden permiso para pasar hasta bajar al valle del Jordán, enfrente de Jericó”.
13. El Arnón divide a los moabitas de los amorreos. Es el río principal que desde el oriente desemboca en el Mar Muerto.
14. El Libro de las guerras de Yahvé no se ha conservado. “Era una colección de cantos de guerra, donde se celebraba las gestas de Yahvé por medio de los israelitas y en favor de ellos” (Crampón). Heinisch lo identifica con el Libro de los Justos, citado en Josué 10, 13; II Reyes 1, 18. La cita del Libro de las Guerras de Yahvé es incompleta. Comenzaba tal vez así: Atravesamos victoriosos...
20. Fasga: Montaña en la parte septentrional de Moab.
24. Yaboc, nombre del río principal de Transjordania y afluente del Jordán. Cf. Génesis 32, 22.
29. Pueblo de Camos: Los moabitas. Camos era el ídolo principal de los moabitas. Cf. III Reyes 11, 7 y 33; IV Reyes 3, 27.
33. Basan es nombre de la región que se extiende al este del Mar de Galilea. Su nombre posterior es Gaulanitis, Traconitis, Batanea.
34. Estos dos grandes triunfos, relatados también en Deuteronomio capítulo 3, son a menudo rememorados en la Biblia como otras tantas pruebas de la misericordia de Dios con su pueblo. Cf. Salmos 134, 11 y 135, 19 s.; Josué 2, 10; Nehemías 9, 22.
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NÚMEROS 22
2 ss. Balac, rey de Moab, renuncia a la resistencia activa y busca, en unión con los madianitas, vecinos de su país (v. 4), otro remedio para deshacerse de los israelitas. Recurre a la magia, que estaba muy en boga entre los pueblos paganos. Envió una embajada al más famoso mago que conocía y que vivía junto al Rio (v. 5), es decir, en la región del Éufrates. Su nombre era Balaam. Balaam temía a Yahvé, como se ve por el versículo 8, y tal vez también los prodigios que Yahvé hiciera en favor de su pueblo. Lo cierto es que sus vaticinios sobre Israel fueron inspirados por Dios. Santo Tomás toma a Balaam por profeta del demonio, mas añade que éstos no siempre hablan por revelación de los demonios, sino que algunas veces por revelación divina. Véase 24, 14 y nota. Balaam es el prototipo de los falsos profetas y predicadores que juran no decir otra cosa que la palabra de Dios, mas en realidad no se distinguen del mundo contrario a Dios, buscan su propia ventaja y dan consejos (cf. 31, 16) que pervierten a las almas rectas. A pesar de haber sido prevenido dos veces (v. 12 y 20) por el mismo Yahvé, Balaam no se sometió interiormente a la voluntad de Dios, sino que bendijo a Israel de mala gana porque temía la espada del ángel que le había amenazado en el camino. San Pedro se refiere a este profeta al hablar de la codicia de los falsos maestros y predicadores que “con halagos atraen las almas superficiales y su corazón está versado en la codicia; son hijos de la maldición que, dejando el camino derecho, se han extraviado para seguir el camino de Balaam, hijo de Beor, que amó el salario de la iniquidad” (II Pedro 2, 14 s.). Cf. Judas 11 y Apocalipsis 2, 14 y notas.
7. El estipendio de mago: lo que se daba a los magos en recompensa de sus conjuros. Balac no escatimaba los regalos, puesto que una maldición eficaz hubiera librado a él y a su pueblo.
22. El Ángel de Yahvé: o el mismo Yahvé, como en Génesis 32, 24, o, según Orígenes el Arcángel San Miguel, protector del pueblo de Israel (Daniel 10, 13 y 12, 1).
28. SI texto no permite dudar de que se trataba de un suceso milagroso. Si un ser irracional se pone a hablar es por obra de Dios, quien de esta manera confunde el soberbio entendimiento de los hombres. Por esto dice San Pedro que el animal hablando en voz humana, reprimió la locura del profeta (II Pedro 2, 16); y San Agustín observa que el milagro no consistió en que Dios diese entendimiento a un animal, sino en que por boca de éste hizo oír a Balaam de una manera comprensible lo que quería decirle.
36. Ir-Moab, o Ar-Moab (cf. 21, 28; Deuteronomio 2, 9 y 18). La Vulgata traduce: una ciudad de Moab, lo cual corresponde al sentido etimológico del nombre de la ciudad.
39. Kiryat-Husot: También este nombre ha sido traducido por San Jerónimo según la etimología: la ciudad que estaba en los últimos términos de su reino.
41. Bamot-Baal, o sea alturas de Baal, un monte no lejano del Fasga (21, 19 s.).
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NÚMEROS 23
1. Nótese el número siete, de carácter sagrado también entre los pueblos paganos.
7. De Aram: de Mesopotamia. Cf. Deuteronomio 23, 5.
8 ss. Esta primera bendición de Balaam quiere decir: Israel es una nación bendita de Dios (v. 8), un pueblo separado de todos y a la vez numeroso como el polvo (v. 10). Lo primero lo notamos en todo el Antiguo Testamento; lo segundo se cumple hoy en el milagro patente del pueblo judío, único de la antigüedad que subsiste todavía y vive en medio de todos los pueblos sin mezclarse con ninguno; en la tercera se confirma la promesa hecha a Abraham (Génesis 13, 16), que aún está por cumplirse hasta el fin de los tiempos, cuando Israel se convierta a Cristo (Romanos 11, 26). Lo veo (v. 9). es decir, a Israel. Los justos (v. 10): los hijos de Israel, que habían pasado por la prueba de las serpientes abrasadoras (21, 4 ss.). Su estado moral no era óptimo, pero aquí se trata de su elección como pueblo de Dios y no de la conducta del individuo. Las profecías de Balaam se refieren literalmente a Israel, y típicamente a los cristianos. Merced al sacrificio de Cristo en la Cruz (Juan 3, 14) tenemos la confianza de ser justificados ante Dios; pues “si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros?” (Romanos 8, 31).
14. Al Campo de los Atalayas: Vulgata: a un lugar elevado.
18 ss. También este segundo vaticinio contiene tres bendiciones: Dios está en Israel y protege a su pueblo, anticipándoles los triunfos del Mesías (v. 21 y 22); Israel adora al verdadero Dios y no tolera ni agüeros ni adivinos (v. 23); Israel se alzará contra sus enemigos como un león (v. 24). Véase 24, 17.
22. Búfalo: Otras traducciones: toro salvaje, unicornio, rinoceronte. El sentido es: Dios protege a un pueblo con fuerza sobrehumana.
28. Fegor: monte al norte del Fasga (21, 20; 23, 14), donde se daba culto a Baalfegor (25. 3).
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NÚMEROS 24
4. Recibe visión: literalmente: el que cae, es decir, el que tiene accesos de éxtasis. Es lo que se dice en otras palabras en el versículo 3: el hombre de ojos cerrados: arrebatado en éxtasis, el vidente tiene cerrados los ojos del cuerpo, pero abiertos los del alma. Cf. I Reyes 19, 24; Ezequiel 2, 1; Daniel 8, 18; Apocalipsis 1, 17.
5 ss. La tercera profecía de Balaam describe la fertilidad de la tierra prometida (v. 5-7) y el invencible poder del pueblo de Dios (v. 7-9).
7. Llama la atención la mención de Agag en esta profecía. Un rey de ese nombre reinó sobre Amalec en la época de Saúl, cuya derrota se narra en I Reyes capítulo 15. A ése o tal vez a otro rey de Amalec, parece referirse Balaam. Algunos opinan que el nombre de Agag era común a los reyes de Amalec como el de Faraón a los de Egipto.
14. En la Vulgata este versículo tiene otro sentido; dice: Esto no obstante al volverme a mi pueblo daré un consejo sobre lo que tu pueblo hará con este pueblo en los tiempos postreros. A este consejo se refiere, quizás, Moisés en 31, 16. Su cumplimiento vemos en 25, 1 ss. Por eso dice Santo Tomás de Aquino que el don de profecía puede ser dado a un pecador, pues no es para su beneficio sino para el de otros.
15 ss. En su cuarto y último vaticinio Balaam anuncia, bajo la figura de una estrella, la gloria más grande de Israel. La estrella simboliza a Cristo, quien será la verdadera luz del mundo (Juan 1, 9; Lucas 3, 32; Apocalipsis 22, 16; Isaías 9, 2; 42, 6; 60, 1-3). El brillo de las estrellas es símbolo natural de la grandeza de un rey. De ahí que los antiguos relacionaban la aparición de una estrella con el nacimiento de un gran rey (Virgilio, Eclog. 9, 47; Horacio, Od. 1, 12, 26). Cf. Mateo 2, 2. El cetro (v. 17) significa el reino de Cristo, “rey de los reyes y Señor de los señores” (Apocalipsis 19, 16). Sólo en Él y en ningún otro rey de Israel, ni siquiera en David, se cumplió esta profecía. (Cf. Génesis 49, 10; Salmos 2, 9; 109, 2; Lucas 1, 32; Apocalipsis 2. 27; 19, 15).
17 s. Los hijos de Set: Algunos vierten: los hijos de Seir (los edomitas), que se mencionan en el v. 13; otros: los hijos del tumulto. En todo caso se trata de los enemigos del Mesías. El tipo de esos enemigos es Edom, que varias veces fue vencido por Israel.
19. Los restos de la ciudad, o sea, todos los enemigos, hasta el último.
20. Amalec fue el primer pueblo que atacó a Israel, por lo cual representa a todas las naciones enemigas.
21 s. Los cineos habitaban en Madián, al sur de Edom. Una parte de ellos se unió con los Israelitas (Jueces 1, 16; 4, 11), y la otra con los amalecitas. Fueron subyugados cuando los reyes asirios redujeron a esclavitud todos los pueblos de aquella región, probablemente bajo Asarhaddón, alrededor del año 676 a. C.
24. Kitim: Chipre; en sentido más amplio todos los países occidentales, especialmente Grecia e Italia. De ahí la traducción de San Jerónimo: Italia. Cf. Génesis 10, 4. Eber: Vulgata: hebreos. Indica aquí los pueblos del otro lado (del Éufrates). Este es el sentido etimológico del nombre. Termina, pues, la profecía con el anuncio de la ruina de los grandes reinos. Sólo el reino de Dios subsistirá.
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NÚMEROS 25
1. Sitim, o Setim, abreviación de Abel-Hassittim, situada en la ribera oriental del Jordán, frente a Jericó.
3. Baalfegor, o Fegor (v. 18), era una divinidad obscena, a la cual daban culto los moabitas. Véase 23, 28.
9. San Pablo (I Corintios 10, 8) habla de 23.000, pero añade: “en un solo día”, así que no entran en su cuenta los que fueron muertos por los caudillos (v. 5).
12. Su celo por Dios le valió a Finés el pacto de1 sacerdocio. “Finés sucedió, en efecto, a Eleazar en la dignidad de Sumo Sacerdote (Jueces 20, 28). Más tarde, después de una interrupción momentánea que duró desde Helí a David, Sadoc, del linaje de Finés, fue instalado en las funciones pontificales, que permanecieron en la familia de Finés hasta la caída del Estado judío” (Fillion). Se alaba a Finés también en Salmo 105, 30 s. y Eclesiástico 45, 28-31. Cf. I Paralipómenos 6, 4 s.
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NÚMEROS 26
2 ss. Cf. el relato del primer censo (capítulo 1). En algunas tribus son las cifras inferiores a las del censo anterior, a causa de las pérdidas narradas en 11, 33; 14, 15; 21, 7; 25, 9. Además de estos dos censos hubo un censo indirecto con motivo de la recaudación de los tributos para el Santuario.
10. Véase capítulo 16.
14. La disminución catastrófica de la tribu de Simeón se explica por el castigo referido en el capítulo precedente, el que afectó, más que a las otras tribus, a la de Simeón, porque uno de sus príncipes había pecado por lujuria. Cargaba, además, sobre Simeón la maldición de Jacob (Génesis 49, 6 s.). En lo sucesivo la infeliz descendencia de Simeón desaparece casi completamente de la historia.
19. Véase Génesis 38, 3 s.
33. El episodio de las hijas de Salfaad se narra en el próximo capítulo.
51. El resultado del censo anterior fue: seiscientos tres mil quinientos cincuenta hombres (1, 46). Solamente siete tribus crecieron en número, las otras disminuyeron, especialmente la tribu de Simeón (cf. v. 14 y nota). Véase 1, 45 s. y nota.
54. Admiremos la justicia divina que reparte el país según el número de los hijos de cada tribu; única medida para evitar catástrofes de carácter social. Cf. Josué 11, 23; 14, 1. En otro lugar (Levítico 25, 13 ss.) dispone Dios que en el año jubilar las posesiones vendidas vuelvan a formar parte de la heredad de sus dueños anteriores.
61. Véase 3, 2 ss.; Levítico 10, 1 ss.
65. Morirán. Cf. 14, 22 s. San Pablo dice que no pudieron entrar en el país prometido a causa de su incredulidad (Hebreos 3, 19) y compara su conducta con la de los judíos que no creyeron en Cristo y fueron reemplazados por los gentiles (Hebreos 4, 1 ss.). Cf. Mateo 8, 10-12; Romanos 11, 30-32.
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NÚMEROS 27
3. El pecado de Salfaad consistió, según los intérpretes en haber murmurado, como todos los demás, en la sedición provocada por los exploradores (14, 1 ss.). La solución de este caso se da en los versículos 7-11, donde una vez más admiramos la bondad de Dios que no permite que una familia pierda la posesión de sus padres. Cf. Josué 17, 4.
12. Abarim: la montaña que se extiende a la orilla oriental del Mar Muerto, desde el Arnón hacia el norte. El monte Nebo forma parte de esta montaña.
13. Te reunirás con tu pueblo: Sobre este término que implica la fe en el más allá, véase Génesis 25, 8; 35, 29; 49, 32; Núm. 20, 24; 31. 2; Deuteronomio 10, 6, etc.
14. Véase 20, 11 s. y nota; Deuteronomio 1, 37; 32, 51; Salmo 105, 33. Sobre el desierto de Sin, véase 13, 21 y nota.
15. “Semejante a Jesucristo cuando dice a las mujeres de Jerusalén que no lloren sobre Él, sino sobre los hijos de ellas, Moisés, en vez de entristecerse o prorrumpir en vanas quejas, atiende al porvenir de aquellos que le han sido encomendados y por quienes de buena gana daría la vida” (Bover-Cantera).
18. Varón de espíritu: He aquí el nombre más honorífico que se puede dar al jefe de un pueblo, y a la vez la piedra de toque de la vocación auténtica de un gobernante. El mundo de hoy está en peligro de perder el espíritu y lo ha perdido ya en gran parte; el desorden espiritual, cultural, económico y político ya no se deja tapar con palabras, y la escasez de hombres de espíritu es tan alarmante, que no sabemos adónde vamos a parar. Los dirigentes de los pueblos deben estar llenos del espíritu de Dios, conocedores de su ley y dóciles instrumentos de su voluntad, tal como Moisés. Josué y los ancianos de Israel, que recibieron parte del espíritu que residía en Moisés (cf. 11, 10-30; Deuteronomio 34, 9). También los Jueces necesitaban el espíritu de Dios para gobernar (cf. Jueces 3, 10; 6, 34; 11, 29; 13, 25), lo mismo que los Reyes. A Saúl le invadió “el espíritu de Dios y se puso a profetizar” (I Reyes 10, 10). David sabía muy bien que Dios le había ungido con su espíritu. Por eso, al levantarse de su pecado pide ante todo que Dios le restituya el espíritu (Salmo 50, 12 ss.). Véase la doctrina de San Pablo sobre los carismas en I Corintios 12, 1 ss.
21. Josué había de ser caudillo del pueblo, pero no como Moisés, el que no solamente reunía en su mano el gobierno del pueblo, sino también los asuntos espirituales y hablaba con Dios cara a cara. Para conocer la voluntad de Dios Josué tenía que recurrir al Sumo Sacerdote.
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NÚMEROS 28
1. Los tres capítulos siguientes traen varias disposiciones relacionadas con los sacrificios y votos, las cuales, en gran parte, no son nuevas. Es muy posible que algunas leyes de la legislación del Sinaí hubiesen caído en el olvido, por lo cual Moisés se vio obligado a inculcarlas de nuevo. Cf. especialmente Levítico capítulo 23.
2. Mi manjar: puede significar los sacrificios y las ofrendas en general, o solamente los panes de la proposición. San Jerónimo traduce: los panes.
4. Entre las dos tardes; o sea, al crepúsculo vespertino.
5. Un efa contenía 36,44 litros, un hin 6,7 litros.
11. Al principio de vuestros meses; o sea, en las calendas o neomenias. “La fiesta de las Calendas, o primer día del mes, y los sacrificios que en ella se celebraban fueron instituidos por Dios para conservar la memoria de la creación del mundo, o mejor dicho, para reconocer la providencia y sabiduría del Supremo Gobernador del universo, dueño absoluto del tiempo y de las estaciones, cuyas vicisitudes y cambios señala la luna. A imitación de los israelitas, nos asegura Horacio en una de sus sátiras (I, IX, 69, 70) que honraban también los gentiles el primer día de cada mes hasta con prácticas ridículas, como la de bostezar tres veces los adoradores de la Luna, vueltos hacia el astro nocturno” (Bover-Cantera).
16 ss. El primer mes: el Nisán que corresponde en parte a marzo, en parte a abril. Sobre Pascua, cf. Éxodo 12, 6-18: Levítico 23, 5; Núm. 9, 3; Deuteronomio 16, 1.
26. Por la fiesta de las Semanas se entiende la fiesta de Pentecostés que se celebraba cumplidas las siete semanas después de Pascua. Cf. Éxodo 23, 16; 34, 22; Levítico 23, 10 ss.; Deuteronomio 16, 10.
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NÚMEROS 29
1. Todas las fiestas indicadas en este capítulo se celebraban en el mes de Tischri (sept.-oct.), con el cual comenzaba el año civil. Véase Levítico 16; 23, 26 ss.
7. El día décimo es el día de la Expiación. Afligiréis vuestras almas: con contrición y ayuno. Véase Levítico 16, 29 y nota. Un bellísimo ejemplo de contrición y ayuno de todo un pueblo tenemos en Nehemías capítulo 9.
12. El día quince del mes de Tischri empezaba la fiesta de los Tabernáculos, la que duraba siete días. Cf. Éxodo 23, 16; 34, 22; Levítico 23, 39 ss.; Deuteronomio 16, 13 ss.
18. Conforme al rito, expuesto en los versículos 3 ss., 9 s., etc.
35. Asamblea solemne: En hebreo se usa el término “atséret”, cuyo sentido es obscuro. Significaría, según algunos, reunión obligatoria, según otros, abstención del trabajo. Cf. Levítico 23, 36; Deuteronomio 16, 8; II Paralipómenos 7, 9; Nehemías 8, 18.
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NÚMEROS 30
3 ss.- Sobre los votos véase Levítico capítulo 27. Aquí se trata la misma materia bajo otro aspecto y se fijan las normas, según las cuales el padre o el marido pueden anular el voto de una mujer, Cf. Deuteronomio 23, 21 ss.; Eclesiástico 5, 4; Mateo 5, 33-37.
10. Tiene validez: Es que la viuda y la repudiada no estaban bajo la potestad de nadie.
14. Mortificarse, en hebreo afligir el alma. Véase 29, 7 y nota. No se trata de voluntarias maceraciones del cuerpo, pues este concepto es extraño a la Biblia. Cf. Colosenses 2, 23 y nota.
15. Algunos días: Otra traducción: de un día a otro, o sea durante veinte y cuatro horas.
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NÚMEROS 31
2. El mandato de tomar venganza de los madianitas se explica por los acontecimientos relatados en el capítulo 25. Serás reunido con tu pueblo: véase 27, 13 y nota.
6. Finés había mostrado su celo por la Ley de Dios en el día de la matanza de los que fornicaban con las mujeres madianitas (capítulo 25). Seguramente por eso le tenía por el más indicado para aniquilar a ese pueblo lujurioso e idólatra.
8. Balaam, hijo de Beor: el mago que de mala gana bendijo a los israelitas, y después dio el consejo de seducirlos mediante las mujeres madianitas. Cf. v. 16; 22, 2 ss. y nota.
16. En el caso de Fegor. Vulgata: por el pecado de Fegor. Véase v. 6 y 8; 22, 2 ss. y notas.
18. De esto se sigue que fueron matadas todas las mujeres casadas y las que habían participado en la seducción del pueblo. Las demás tenían la posibilidad de ser recibidas en el pueblo de Israel como mujeres o como esclavas. Con todo no se extinguió el pueblo de las madianitas. En tiempo de los Jueces invadieron a Palestina y fueron derrotados por Gedeón (Jueces caos. 6 y 7).
24. Quedaréis limpios, pues estaban impuros por haber tocado a los muertos y los objetos del botín.
28 ss. Dios no sólo da normas para el reparto del botín, sino que se reserva también una parte del mismo para el Santuario, o sea, para los levitas, que eran los encargados del servicio de su santa Morada (v. 30). En adelante habrá otras reglas, variables según las circunstancias. Véase I Reyes 30, 24 s.
48. Dios da la victoria (Proverbios 21. 31; I Macabeos 3, 19), por lo cual los generales victoriosos regalan al Santuario lo más precioso del botín, todos los objetos de oro. A la misma idea responde la costumbre de muchos generales modernos, de entregar su espada a un Santuario.
52. O sea, mil kilos de oro, más o menos.
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NÚMEROS 32
3. Las nueve ciudades estaban todas en Transjordania, entre los ríos Yaboc y Arnón y no pertenecían a la tierra prometida (capítulo 34). Las dos tribus y media, que por ser más ricas en ganados reclaman para sí también los mejores pastos, desaparecen con el tiempo casi por completo, y las ciudades mencionadas cayeron en manos de los amonitas y moabitas. Los rubenitas perdieron ya en la época de los Jueces la conciencia de pertenecer a la comunidad israelita (Jueces 5, 16), y desaparecen de la historia de la misma manera que la tribu de Simeón (véase 26, 14). Así su riqueza se convirtió en ruina y se cumplió la profecía de Jacob (Génesis 49, 3). Estas tribus hambrientas de tierra son el tipo de los que confunden sus propios intereses con los del reino de Dios, ignorando que “el reino de Dios no consiste en comer y beber” (Romanos 14, 17).
8 ss. Véase los capítulos 13 y 14: Deuteronomio 1, 19 ss.
19. Al otro lado: En Cisjordania, o sea en Palestina propiamente dicha. En esta ribera: en Transjordania.
25. Mi señor: Moisés.
29. Efectivamente pasaron todos el Jordán, como se ve en Josué 4, 12 s.
33. Esa mitad favorecida de la tribu de Manasés se componía mayormente de los hijos de Maquir (v. 39).
38. Mudándoles los nombres: Esto se refiere a las dos ciudades de Nebó y Baalmeón, porque Nebó y Baal son nombres de dioses paganos. Pusieron (nuevos) nombres, probablemente los propios, como era costumbre de los vencedores.
41. Sus aldeas: las de los amorreos. Havot-Jaír, esto es, las aldeas de Jaír.
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NÚMEROS 33
1 ss. Es éste el capítulo más atrayente para geógrafos y arqueólogos bíblicos. “El autor sagrado nos da aquí las etapas que hizo Israel en su viaje desde Egipto hasta el sitio en que está. Son cuarenta, como los años de la peregrinación, número sin duda simbólico. De éstas, sólo diez y ocho nos son conocidas. La crítica introduce aquí una corrección textual muy justificada, que resuelve no pocas dificultades: Los versículos 36b-41 a deben transponerse después del 30a. No nos es posible hoy identificar todos los nombres de estos lugares, pero sí podemos seguir el itinerario general de Israel” (Nácar-Colunga). Según San Jerónimo son 42 las estaciones. San Ambrosio ve, en este itinerario, simbolizados los varios grados y progresos que debemos subir hasta llegar a la tierra de promisión, el cielo.
4. Según tradición judía en la noche que salieron los israelitas. Dios derribó los ídolos de Egipto. Cf. Isaías 19, 1.
36. Esionguéber, que aquí se menciona por primera vez, se hallaba sobre el golfo de Akaba. De allí zarparon las naves de Salomón y del rey Josafat que traían el oro de Ofir (III Reyes 9, 26; 22, 49; II Paralipómenos 8, 17; 20, 36).
37. Hor: el monte en que murió Aarón. Cf. 20, 22 y nota.
40. Négueb: región meridional de Palestina.
52. Sus simulacros: Vulgata: títulos. Lugares altos: los santuarios, lugares de culto. Los pueblos de Canaán no tenían templos, sino que celebraban sus fiestas en lugares elevados. Véase Deuteronomio 7, 5; 12, 2; IV Reyes 23, 13.
55. Cf. Josué 23, 13; Jueces 2, 3; Salmo 105, 36 s.
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NÚMEROS 34
1. En este capítulo Dios traza el mapa de la tierra prometida, la que abarca el territorio cisjordánico desde el Líbano hasta Cadesbarnea y hasta la punta meridional del Mar Muerto.
3. El Mar Salado: nombre bíblico del Mar Muerto. Se llama salado porque casi la cuarta parte de su agua es sal.
4. La subida de Acrabim. Vulgata: la subida del Escorpión; lo cual significa lo mismo. Los palestinólogos la ubican al sudoeste del Mar Muerto.
5. El arroyo de Egipto, hoy Wadi el Arisch, que desemboca en el Mediterráneo al sur de Gaza.
6. El Mar Grande: el Mediterráneo.
7. Hor: La Vulgata dice: monte altísimo. No es idéntico con el monte Hor en que murió Aarón (cf. 20, 22 y nota) sino uno de los montes del Líbano, probablemente el Dschebel Akkar.
8. La entrada de Hamat o Emat. Es un término que quiere decir: por donde se va a Hamat, o, en el camino de Hamat. Cf. 13, 21.
11. Riblá, no la de la Siria (IV Reyes 23, 33). Ayin: Vulgata: la fuente de Daphnis. Mar de Kinéret: el lago de Genesaret. Cf. Deuteronomio 3, 17; Josué 11, 22; 19, 35.
17. La repartición misma se narra en los capítulos 14-19 del libro de Josué.
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NÚMEROS 35
2 ss. Los levitas no recibieron heredad entre sus hermanos, porque su heredad era Dios (18, 20; 26, 62; Deuteronomio 10, 9; 18, 1). Vivían del Santuario y de los diezmos que en ciertas ocasiones no alcanzaban para su sustento (cf. 18, 21; Deuteronomio 12, 12 y notas).
5. Dos mil codos: el codo tenía medio metro aproximadamente.
8. Véase Josué capítulo 21.
11 ss. Cf. Deuteronomio 19, 1 ss.; Josué 20, 2 ss. Los pueblos semíticos no hacían ninguna diferencia entre homicidio involuntario y premeditado. En ambos casos daban libertad de acción al vengador de la sangre, o sea al pariente más cercano, al cual correspondía el derecho y la obligación de vengar la sangre del muerto. La Ley mosaica introdujo una mitigación, creando ciudades de refugios para aquellos que por error o descuido causaban la muerte de una persona. El homicida voluntario, en cambio, no gozaba del derecho de refugiarse en una de esas ciudades. La mala intención del matador se probaba por los indicios señalados en los versículos 16-21 (cf. Éxodo 22, 2 s.). La Ley prohibía librarse de la “deuda de sangre” por medio del rescate (v. 31; Génesis 9, 6); de lo contrario sufriría menoscabo el principio de la igualdad de pobres y ricos ante la Ley. Sobre la expiación del homicidio véase Deuteronomio 21, 1-9; 27, 24 s. Al vengador de la sangre se le da en hebreo el nombre de “redentor” (goël), lo cual nos recuerda que nuestro Redentor y Vengador es Cristo, en su primera venida por medio de la Cruz, y en su segunda por la fuerza de la espada que sale de su boca (Apocalipsis 19, 15; cf. Isaías 63, 1-6). No menos simbólica es la institución de refugios para los inocentes. En el Antiguo Testamento al mismo Dios se llama Refugio (Salmos 17, 3; 45, 2; Isaías 4, 6), y en el Nuevo nuestro refugio es Jesucristo (cf. Romanos 8, 33 s.; Hebreos 6, 18 s.).
14. En la otra parte del Jordán: Transjordania; puesto que éste es el nombre bíblico de Transjordania.
25. La muerte del Sumo Sacerdote pone fin a los derechos de venganza. San Gregorio Magno ve en esto prefigurada la amnistía que nos mereció Jesucristo, el Pontífice de nuestras almas (I Pedro, 2. 25). Cf. Hebreos 8, 1.
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NÚMEROS 36
1. Véase 27, 1-11.
2. A mi señor: a Moisés. Cf. 32, 25.
4. Véase Levítico 25, 13 ss.
6 ss. Esta ley es de gran importancia social, porque impide que por el traslado de bienes una tribu se enriquezca a costa de otra. La tribu de Leví no estaba sujeta a esta ley porque no tenía posesiones. Sus hijos podían pasar a otras tribus sin ninguna dificultad. Así, por ejemplo, Santa Isabel, la madre del Bautista, de la tribu de Leví, pudo ser pariente de la Santísima Virgen (Scío, Crampon).