MIQUEAS

La Sagrada Escritura conoce dos profetas que llevan el nombre de Miqueas o Mica; uno que vivió en el reino de Israel (III Reyes 22, 8 ss.) en tiempos del rey Acab (813-854), y otro que profetizó en el reino de Judá (Jeremías 26, 18), reinando Joatam (138-136), Acaz (136-121) y Exequias (721-693). Este segundo nos dejó el presente libro. De su vida solamente sabemos que era oriundo de Morasti (Moréset), pequeño lugar situado cerca de Eleuterópolis (hoy Beit Dschibrin) al suroeste de Jerusalén. La Iglesia lo venera como mártir y celebra su fiesta el 15 de enero.

El marco histórico en que se encuadra la actividad de Miqueas es determinado por los tres reyes mencionados en 1, 1: apogeo de Judá bajo Joatam; humillación e invasiones enemigas en el reinado de Acaz y Ezequías; idolatría y vicios que provocaron la restauración del culto por este santo rey.

El libro se compone de tres discursos. El primero (capítulos 1-2) se dirige contra los reinos de Israel y Judá, a los cuales predice la ruina, pero también el regreso del cautiverio y la erección del reino mesiánico. El segundo discurso (capítulos 3-5) trae amenazas contra los príncipes y jueces, contra falsos profetas y malos sacerdotes, contra Sión y el Templo, el cual será destruido en castigo de las maldades, pero al mismo tiempo promete felicidad futura, gloria para Jerusalén como centro de todos los pueblos, la restauración del reino de David y la venida del Mesías que nacerá en Belén. El tercer discurso (capítulos 6-1) contiene exhortaciones al arrepentimiento, anuncia el perdón y muestra el camino de la salvación. Concluye el Libro con un himno rebosante de promesas y de esperanzas.

Miqueas se distingue por la belleza y sublimidad de su lenguaje, que es “terrible, desnudo y audaz en las conminaciones (3, 12), elevado y grandioso en las promesas (4, 1 ss.; 5, 1 ss.), tierno y patético en sus quejas y lamentos (6, 1 ss.)”. Tiene mucha semejanza con su contemporáneo Isaías, junto con el cual Miqueas inaugura el siglo de oro de la literatura hebrea.

MIQUEAS 1

1. Sobre el marco histórico véase lo dicho en la nota introductoria.

3 s. Nótese la solemne invitación a todos los pueblos. Las imágenes aquí empleadas recuerdan las de Salmo 17, 8 ss.; 67, 9; Hababuc 3, 3 ss., etc.

5. Por Jacob se entiende la casa de Israel, esto es, el reino de las diez tribus, con su capital Samaría. Su pecado era el culto de Baal y los dos becerros de Betel y Dan (cf. Oseas 4, 15; 14, 4 y notas). Judá y Jerusalén pecaban por los lugares altos (cf. Lev. 26, 30; IV Reyes 15, 35; 16, 4, etc.).

7. Se refiere, en sentido más amplio, a los donativos y exvotos que se ofrecían a los ídolos. En el estilo de los profetas toda clase de idolatría se llama prostitución o fornicación. Véase Jeremías 3, 20; Ezequiel 16; Oseas capítulos 1-2; 5, 7. etc.

8. Descalzo y desnudo, en señal de luto (cf. II Reyes 15, 30) o para simbolizar la cautividad (cf. Isaías 20, 2ss.).

10 ss. No digáis nada en Gat (o Get), ciudad de los filisteos, para que no se alegren viendo vuestra miseria (cf. II Reyes 1, 20). En lo siguiente emplea Miqueas una serie de juegos de palabras, inimitables en las lenguas modernas, todos ellos referentes a las localidades vecinas. Miqueas se sirve de ellos de tal modo que el nombre de la ciudad signifique a la vez su destino. Así, por ejemplo, las palabras “no vayáis a llorar” alude al nombre de Acó (o Bekaim); “en el polvo”, al nombre de Betrafa, etc. La Vulgata traduce los nombres de las ciudades según la etimología. Las ciudades aludidas están situadas en la parte sudoeste de Judea, patria del profeta. Laquís (versículo 13) es llamada el origen del pecado en alusión a los carros de guerra de Salomón (III Reyes 9, 10; 10, 26), que indujeron a los reyes de Judá a poner su confianza en los armamentos más que en Dios. Véase 5, 10 y nota.

15. Un heredero: irónicamente: el rey de Asiria, que se apoderaba de Maresá (Moréset) La cueva de Odollam, donde David se ocultó (I Reyes 22, 1 ss.) servirá nuevamente de refugio para la gloria de Israel (los príncipes).

16. Alude a los ritos de duelo acostumbrados entre los pueblos paganos. Véase Lev. 19, 27 y nota; Deuteronomio 14, 1; Isaías 15, 2; 22, 12; Jeremías 16, 6, etc. Cuando contemplamos, a través de la historia, lo que el pueblo hebreo sufrió desde aquel tiempo, vemos que no exageraban los profetas cuando hablaban de tan tremendo luto. Si así sufrió el pueblo elegido por rechazar el amor de su Dios (cf. 2, 6), ¿qué no será con las naciones de los gentiles, llamados en la Biblia “pueblo necio” (Deuteronomio 32, 21; Romanos 10, 19), si ellos, admitidos de limosna a la salvación (Efesios 2, 1 ss.) gracias a la defección de Israel (Romanos 11, 12 y 15) rechazan el Nuevo Testamento (Hebreos 6, 4 ss.; 10, 29) hasta al punto que Jesús anuncia en Lucas 18, 8? Es el caso de aplicarnos el proverbio que el divino Maestro usa en Lucas 23, 31. Cf. 5, 3 y nota. Véase el contraste con 2, 11 y nota.

MIQUEAS 2

1 ss. Son amenazas contra los poderosos y ricos que por medio de injusticias se apoderaban de los campos y casas de otros. Véase como ejemplo el caso de Nabot en III Reyes 21. La suerte cambiará. Precisamente aquellos que se han hecho ricos a costa de los pobres, se verán más castigados en los desastres que pronto van a sucederse en cadena. El sermón de Miqueas conserva, como vemos, su actualidad en todos los tiempos.

4. Es la elegía que se entonará sobre los ricos cuando el enemigo los despoje. El pueblo escogido se pregunta cómo es que Dios le quita su parte. Y se contesta trágicamente: Para repartirla a los infieles.

5. La congregación de Yahvé: el pueblo de Israel, el elegido de Dios. El versículo se refiere al reparto por sorteo de la tierra entre las familias de cada tribu. Cf. Josué 14, 1 ss.; Salmo 15, 4 s. Véase Ezequiel 48, 29 y nota; Oseas 5, 10.

6 s. Texto muy diferente según las versiones. Aquí parece hablar alguno sobre la inutilidad de la predicación porque no será oída. Según otros: porque la predicación no alejará el oprobio. Según los Setenta, será inútil llorar en la asamblea, porque Dios no suspenderá el castigo. Dice la casa de Jacob (versículo 7): Parece aquí que confían ciegamente en que Dios no podrá castigarlos. Otra versión: Oh tú que te llamas casa de Israel, ¿acaso el Señor no tiene paciencia? Otros: Lo casa de Israel ¿no dice que se ha acordado de la magnanimidad de Yahvé? Según los Setenta, parece que habla Dios por el profeta y dice: Lo casa de Jacob ha provocado al Espíritu del Señor: ¿No son éstas sus costumbres? Es muy difícil saber cuándo habla uno u otro.

8 ss. Miqueas sigue hablando en nombre de Dios y se vuelve de nuevo contra los dirigentes que cometen violencias y crueldades: asalto a pacíficos viajeros, opresión de viudas y huérfanos, y que, no contentos con expoliar el manto de sus víctimas, les toman hasta la túnica que va debajo. Es notable que tal sea el ejemplo tomado por Jesús (Mateo 5, 40 y Lucas 6, 29) para enseñarnos a sufrir injusticias. Con ello vemos bien el plan de Dios: el profeta increpa duramente a los victimarios, y les anuncia los más tremendos castigos. Jesús se dirige a las víctimas y, precisamente porque Dios se reserva tomar por ellas esa venganza (Romanos 12, 19; II Tesalonicenses 1, 6; Lucas 18, 7 s.), les dice que, lejos de defenderse, y menos aún de atacar, ofrezcan al injusto más de lo que toma, con lo cual aumentará el castigo que Dios le dará (Romanos 12, 20). Aquí está, como vemos, una profunda verdad de la sociología cristiana. El Sermón de la Montaña no es para que triunfen los malos, sino para que Dios haga triunfar a las víctimas, según lo que está anunciado del Mesías (véase Lucas 4, 18 ss. y el Magníficat, el Salmo 71, etc.). Mi loor (versículo 9), porque de la boca de los pequeñuelos Dios se ha preparado alabanza (Salmo 8, 3; cf. Mateo 21, 16).

10. Se reitera la condenación de los opresores. Parece anunciarles el destierro. Véase versículo 4 y 5.

11. La Vulgata comienza este verso con una exclamación del profeta: ¡Ojalá no fuera yo un varón que tiene espíritu! El profeta desearía no serlo, para no estar obligado a anunciar castigos. Las palabras se dirigen contra el pueblo en general, y especialmente contra los falsos profetas, que no poseen el espíritu de Dios. La característica de los falsos profetas era anunciar cosas agradables (cf. 1, 16; 5, 3 y notas). Por eso eran creídos y aplaudidos, como dice Jesús (Lucas 6, 26; Juan 5, 43).

12 s. Como un suspiro de alivio, el profeta parece pasar inmediatamente de las palabras conminatorias de los versículos 8-11 a las radiosas promesas de restauración, en que la paz no será falsa (cf. 5, 5). Lo mismo se nota en Amós 9, 8-15. Los santos Padres y los intérpretes modernos ven en estos dos versículos, no sólo anunciado el regreso de la cautividad babilónica, sino también una profecía mesiánica. Marchará delante de ellos Aquél que les abrirá el camino, el caudillo, el Mesías. “El (Mesías es el caudillo restaurador, el Mesías es el rey del estado restaurado, y en él (en el Mesías) va personalmente Yahvé a la cabeza. En el versículo 12 se expone la restauración bajo la idea de reunión, en el versículo 13 se describe el agente y el modo como se lleva a cabo. Y ambas ideas, el «que» y el «cómo» aparecen proyectadas cual silueta luminosa que se recorta sobre las tinieblas de Egipto, como la columna de fuego a través del negro desierto, o como el cielo claro abierto entre las montañas densas de agua en el paso del Mar Rojo” (Gil Ulecia). Véase 7, 15; Éxodo 13, 21.

MIQUEAS 3

1. Jacob e Israel no significan aquí el reino del norte, sino el de Judá, como se ve en el versículo 12.

2 ss. Alusión a las injusticias con que los dirigentes del pueblo trastornan la Ley. Los términos son muy expresivos y muestran la atrocidad de los crímenes cometidos por avaricia, la que según San Pablo no es sino otra forma de idolatría (Efesios 5, 5).

3. Devorar la carne de alguno significa robarle los medios de subsistencia y reducirlo a la pobreza. Véase Salmo 13, 4; Isaías 3, 15.

4. Véase 6, 6-7; Oseas 5, 6 y nota.

5. Para adormecer las conciencias prometen la paz en vez de predicar el arrepentimiento. Véase 2, 11 y nota; Isaías 5, 20; 57, 19 y nota. “En lugar de denunciar los crímenes de los grandes y del pueblo, les prometen un futuro próspero, para que los mantengan opíparamente, y amenazan con la venganza divina a los que son demasiado pobres o demasiado íntegros para darles dinero” (Crampón). Véase Zacarías 6, 6 y nota.

7. No habrá respuesta de Dios. Véase Ezequiel 20, 3; 14, 1 ss. y nota.

8. En vivo contraste con esos “ciegos, guías de ciegos” (Mateo 15, 14), se levanta en este versículo la magnífica figura del santo profeta, que ve su misión no en agradar a los dirigentes sino en decir a Jacob sus prevaricaciones, o sea, en tocar las conciencias explicando la Palabra del Señor. En esto consistía, tanto su apostolado como su patriotismo.

10. Edificáis a Sión con sangre: Levantáis en Jerusalén edificios suntuosos con los bienes adquiridos por opresión e injusticia. Véase Jeremías 22, 13-17; Hababuc 2, 12.

12. Jerusalén y el Templo serán destruidos. Profecía que se cumplió con la destrucción de la ciudad por Nabucodonosor (a. 587 a. C). A este pasaje se refiere Jeremías 26. 18. Arada como un campo: Esto se cumplió después de la destrucción de Jerusalén por los romanos (70 d. C). Cubierta de selva: Véase el cumplimiento en los tiempos de los Macabeos cuando crecieron árboles en los patios del Templo (I Macabeos 4, 38).

MIQUEAS 4

1 ss. Los versículos 1-4 se encuentran casi textualmente en Isaías, contemporáneo de Miqueas, y tienen su eco en Zacarías 8, 20 ss. “Todas las naciones acudirán algún día al Templo de Jerusalén y reconocerán a Yahvé como único maestro suyo” (Fillion). Véase Isaías 2, 2 ss.; Salmo 45, 9 a. y notas. El monte de la Casa de Yahvé: el Sión (véase Éxodo 40, 2), De Jerusalén sale la Ley, la instrucción de las naciones (versículo 2), y de ahí la multitud de pueblos que afluyen allí como a su centro espiritual (cf. Jeremías 31, 12). Es ésta una profecía de la misión apostólica entre las gentes obrada por un magisterio divino salido de Jerusalén (cf. Salmo 95, 3 y nota), como ya lo vimos en los comienzos de la Iglesia. Véase la introducción al Libro de los Hechos de los Apóstoles.

3 ss. Reinará: Aunque se refiere visiblemente al Mesías en Persona (véase Isaías 2, 4; Joel 3, 12, etc.), también se podría tomar como sujeto de la frase la palabra de Yahvé (versículo 2), la cual tiene la fuerza de convertir a los hombres (cf. Hebreos 4, 12; Mateo 4, 4; Juan 12, 42, etc.). En realidad, San Juan llama al Hijo de Dios, que asumió la naturaleza humana, “la Palabra”, es decir, en griego Logos y en latín Verbum (Juan 1, 1), que también se identifica con la Sabiduría (cf. Eclesiástico 1, 1 y nota). El convertir las espadas en rejas de arado y el descansar debajo de la parra e higuera (versículo 2) son imágenes de la paz característica de la era mesiánica (Isaías 2, 4), e indican una seguridad perfecta. Véase Salmo 45, 9 ss.; Isaías 2, 4; Oseas 2, 18; Zacarías 3, 10.

6 s. “Muestra como Dios restablecerá a su pueblo después de haberlo castigado, y como reinará de nuevo sobre este Israel transfigurado. En aquel día: En la época que más arriba (versículo 1) se llama el fin de los días... Se le asocia otra imagen, que compara la nación teocrática a una esposa infiel, repudiada y castigada por su esposo místico” (Fillion). Los restos: véase 2, 12 y 5, 3 y nota.

8. El antiguo poderío: Sión volverá a la antigua potestad regia. “Anuncio del restablecimiento de la realeza davídica, después que ella haya sido aniquilada por la destrucción de Jerusalén (3, 12)” (Crampón). La restauración de la teocracia davídica en los profetas no es otra que la restauración mesiánica: el reino eterno de Dios que reina desde el collado de Sión por medio del Mesías (cf. Ezequiel 40, 2; Amós 9, ti y notas, etc.). Y tú, torre del rebaño, collado de la hija de Sión. Es éste un hebraísmo que designa la colina sobre la cual estaba edificada la antigua ciudadela de Sión, y en sentido más amplio toda la ciudad.

9 s. Cf. 5, 3 y nota. Habitarás en el campo (versículo 10): Alusión al cautiverio babilónico. La mención de Babilonia es tanto más notable cuanto que, en tiempos de Miqueas, Asiria poseía la hegemonía, y no Babilonia.

11. Ahora: “Este «Ahora» puede ser escatológico y mirar a los últimos tiempos, como en Zacarías 14 y en Ezequiel 38-39” (Nácar-Colunga). Sea profanada: La Vulgata dice: sea apedreada, porque ésta era la pena de las adúlteras. Jerusalén se comportaba como una adúltera por cuanto era infiel al Señor y se entregaba al culto de los dioses ajenos.

12. No conocen los designios de misericordia que Dios tiene para con Israel y los terribles castigos que Él prepara contra los gentiles, enemigos de su pueblo (véase Ezequiel capítulos 25-32; Joel 3, 1 ss.). Cf. Salmo 149, 6-9; Abdías 12 ss. Los pueblos paganos que castigan a Jerusalén no son más que instrumentos en la mano de Dios, pero no han entendido; creían ser superiores a Israel y a su Dios, y atribuyen la victoria a sus vanos dioses; motivo por el cual Yahvé los castigará más severamente que a su propio pueblo (cf. Isaías capítulo 10). La derrota de los enemigos será definitiva, y el Señor reinará eternamente desde Sión (Abdías 17 y 21).

13. Gil Ulecia hace notar que la alusión de Ezequiel 38, 17 garantiza la autenticidad de los versículos 11-13, y añade que en este último se trata “directamente, según toda apariencia, del triunfo escatológico sobre los réprobos; cf. Joel 3, 2, 9-13; Ezequiel 38-39; Apocalipsis 20, 7-10, etc.”.

MIQUEAS 5

1. En el hebreo este versículo es 4, 14. Interpretación dudosa. Empieza en la versión de Nácar-Colunga diciendo: Tú ahora rodéate de muros, Bet Gader. Es éste un nombre propio, que traducido significaría, según la versión de la Vulgata: Hija del ladrón, queriendo aludir, sin duda, a las injusticias de los jefes del pueblo escogido.

2. Grandiosa profecía mesiánica. que reúne los fundamentos de la doctrina cristológica: la eternidad y divinidad del Mesías (cf. Proverbios 8, 22 s.); su consubstancialidad al Padre, su realeza y su reinado. Efrata (los Setenta leen: Casa de Efrata) es el antiguo nombre de Belén y significa la fértil (Génesis 35, 16; 48, 7; Rut 1, 2). Millares: No quiere decir que Belén tuviera mil familias, constituía más bien una subdivisión de la tribu de Judá (Éxodo 18, 21 ss.; Números 1, 16; 10, 4; Zacarías 9, 7 en el texto hebreo, etc.). Belén (Betlehem) significa: casa del pan... y lo fue del Pan vivo que descendió del cielo y da vida al mundo (Juan 6, 33) y es nuestro pan supersubstancial (Mateo 6, 11). De ti me saldrá: Es Dios quien habla, Yahvé, Esposo de Israel y Padre del Mesías que nació de Judá “secundum carnem” (Romanos 9, 5). El apostrofe podría también dirigirse a Judá (a quien pertenece Belén), si se pusiese un punto después de “millares”, quedando así eliminada la preposición “de”. Esto coincidiría con la profecía de Jacob (Génesis 49, 10) dé que el Mesías saldría de Judá. Véase Ezequiel 21, 27 y nota. La inmensa trascendencia de este “glorioso pasaje mesiánico” se ve en la interpretación terminante que los príncipes de los sacerdotes y los doctores de la Ley dieron a Herodes de este anuncio de un dominador “que ha de regir a mi pueblo de Israel” (Mateo 2, 6; Juan 7, 42) y a quien los magos llamaban Rey de los judíos (Mateo 2, 2; cf. Lucas 1, 32). Un autor moderno propone una síntesis de las profecías mesiánicas en la forma siguiente: Jesús, anunciado por Juan Bautista como venido para el juicio (Mateo 3, 10; Lucas 3, 9), vino a cumplir las profecías que lo anunciaban como Mesías Rey de los judíos (Mateo 5, 17). Siendo rechazado por la violencia (Mateo 11, 12; Juan 1, 11), Él ofreció, a los que creyeron, hacerlos hijos de Dios (Juan 1, 12) y jueces con Él en el día de su venida para el juicio. (Mateo 19, 28; Apocalipsis 3, 21; 20, 4). Al efecto, después de resucitar, les dio en prenda su Espíritu Santo que había prometido en el nombre del Padre (Lucas 24, 49; Juan 14, 16; Hechos 1, 4; 2, 2-4; II Corintios 1, 22; 5, 5), y los reunió bajo su Ley de caridad (Juan 13, 34; 15, 12) en la Iglesia formada por los gentiles (Juan 12, 52; Hechos 13, 46) y perseguida como Él lo fue (Juan 15, 18 16, 4; I Juan 3, 13; I Pedro 4, 12 ss.), prometiéndoles volver (Juan 14, 18 y 28; 16, 16) y celebrar, cuando se haya cumplido todo, sus Bodas con la Iglesia en la Jerusalén celestial (Apocalipsis 19, 6-9; 21, 2 ss.). Y cuando Él haya triunfado de todos sus enemigos (I Corintios 15, 25), entregará el reino a su Dios y Padre (I Corintios 15, 24), a quien se sujetará también el mismo Hijo para que el Padre sea todo en todas las cosas (I Corintios 15, 28).

3. Concuerda este texto maravillosamente con Isaías 7, 14, el cual se refiere a la concepción virginal de Jesús. Algunos intérpretes lo relacionan con Apocalipsis 12, 2-6 y con la conversión final de Israel (cf. 4, 10; Isaías 66, 7). Por esto: sobre la relación de causalidad que establecen estas palabras, Gil Ulecia cita, y considera la más acertada, la interpretación de van Hoonacker, que dice: “La cosa motivada es la determinación del momento hasta el cual no será librado el pueblo, y el motivo es el advenimiento del Rey Salvador; puesto que un príncipe salido de Belén gobernará a Israel, que será oprimido o maltratado por sus enemigos hasta el tiempo en que dará a luz la que ha de dar a luz. Que Israel será sometido al sufrimiento, resulta de 4, 14” (es decir 5, 1 de la Vulgata). Los restos de sus hermanos: en la opinión de algunos “el resto de los hermanos del Mesías: aquellos de los judíos que habrán sobrevivido a las calamidades antes predichas”. Son los restos de que se habla en 4, 7; Joel 2, 32; Isaías 11, 12; etc. Según otros, el profeta anuncia la unidad del futuro Israel mesiánico, en que los de Judá volverán a unirse con los de Israel (Jeremías 3, 18; Ezequiel 37, 15 ss-, etc.). Hay también quienes aplican este concepto de hermanos a otros pasajes. Cf. Salmo 21, 23; Hebreos 2, 12 y 16 s.; Juan 20, 17; Mateo 25, 40, etc.

4. Estas palabras nos hablan de la gloria y universalidad del reino del Mesías, su poder y soberanía, “que no son otros que el poder y soberanía del mismo Yahvé. Si el Rey-Mesías fuera solamente hombre, sería incapaz de estar revestido de ellos. Esta frase es paralela a Isaías 9, 5 y 11, 2, y atestigua, como esos pasajes, la divinidad del Mesías. En consecuencia, 5, 4 arroja luz divinizante sobre 5, 2… y al mismo tiempo la recibe de él, pues la razón de estar -el Mesías honrado con atributos divinos no es otra que sus orígenes divinos también” (Gil Ulecia). El mismo autor hace notar que antes vimos los orígenes del Mesías, y que ahora este versículo es la descripción magnífica de su imperio o las cualidades con que estará adornada su actividad como rey-emperador; el modo, el poder, la paz, su magnificencia (glorificación) y su amplitud (universalidad)”.

5 s. Este será la paz: Beneficio en que se encierra todo lo que los hombres necesitan para vivir en seguridad y tranquilidad. Cf. Isaías 9, 6. Cuando el asirio penetrare: Crampón pone aquí una nota de gran importancia para la inteligencia de las profecías escatológicas: “El asirio figura como tipo de los enemigos de los últimos tiempos.” Véase Isaías 5, 25 y nota: 30, 28 y 31; 31, 4-8; Salmo 75 y 82 y notas, etc. El Israel de Dios, con la garantía de un príncipe grande, el Mesías, nada tendrá que temer de ningún enemigo. Análogo significado ha de- atribuirse a la expresión la tierra de Nimrod (Babilonia), que es otra figura de los enemigos del Reino de Dios. Siete pastores y ocho príncipes, defensores del Reino, pero súbditos del Mesías. Siete es el número de la perfección, y ocho el de la superabundancia. El sentido es: Dios enviará tantos libertadores cuantos se necesiten.

7 ss. Estos versículos tratan de la acción misional de Israel y de la eficacia divina que de allí ha de salir (cf. Salmo 95, 3 y nota; Isaías 37, 31 s.). Del reino mesiánico se derramarán bendiciones sobre todas las razas y naciones. Pero Israel será también como un león en medio .de los pueblos, los pisoteará y desgarrará, siendo la ruina para muchos (cf. Isaías 60, 12; Lucas 2, 34). Es de notar que en Apocalipsis 5, 5 Jesús es llamado el león de la tribu de Judá (cf. Génesis 49, 9). Ni espera nada de los hijos de los hombres: Véase 4, 3 y nota. Tal había sido el gran pecado de Israel. Cf. Oseas 14, 4; Zacarías 11, 8 y nota.

10. Caballos y carros simbolizan los armamentos de guerra de Israel. Esto no es amenaza, sino promesa. Cf. 4, 3. Cuando las naciones hayan sido reducidas a la impotencia, Israel no necesitará ya instrumentos bélicos. Cf. 1, 10 y nota (in fine).

11. La purificación religiosa de Israel ha de extenderse a la destrucción de la idolatría. Sólo habrá conocimiento y culto del Dios verdadero. Arruinaré las ciudades: Porque en la edad de oro mesiánica no harán falta esos grandes centros de corrupción. ¡Qué contraste con lo que presenciamos en nuestro tiempo!

13. Piedras de culto (en hebreo: massebah): piedras representando a Baal. Ascheras: troncos de árboles o ramas que simbolizaban a Astarté. Véase Deuteronomio 16, 21.

14. Toda esta depuración del pueblo de Dios es la condición de su acción misional entre los demás. “Israel, una vez santificado, podrá ejercer su juicio contra las naciones aun rebeldes” (Crampón). Dios se mostrará benigno con su pueblo, mas castigará severamente a los gentiles rebeldes.

MIQUEAS 6

1 ss. Yahvé denuncia la ingratitud de su pueblo. Cf. Deuteronomio 32, S y siguientes; Isaías 1, 2. Los versículos 3 s. forman parte de los “Improperios” en la Liturgia de Viernes Santo, en los que se recuerda lo que Jesús sufrió en su Pasión por obra de la Sinagoga (véase Mateo 27, 27 y nota). Cf. Jeremías 2, 5-6; Amós 2, 10. María o Miriam (versículo 4), hermana de Moisés y Aarón, la cual era profetisa. Véase Éxodo 15, 20.

5. Sobre Balaam véase Números capítulos 22-24. Sitim fue la última estación de la peregrinación del pueblo israelita por el desierto (Josué 3, 1); Gálgala, el primer campamento en el país de Canaán (Josué 4, 20).

6 s. Pregunta del pueblo arrepentido que reconoce su culpa pero conoce muy mal el corazón de Dios, pensando en ofrecerle animales, que no le interesan (Salmo 49, 12 ss.; 50, 18 s.; 39, 7), y aún sacrificios humanos que Él detesta (Jeremías 7, 31 y nota).

8. Palabras inmortales de Miqueas que condena el falso afán de aplacar a Dios con obras puramente exteriores. Lo principal es la práctica de la justicia y el espíritu de misericordia. Lo mismo dice el Señor a los fariseos (Mateo 9, 13; 12, 7). Cf. Deuteronomio 10, 12; I Reyes 15, 22; Salmo 50, 18; Isaías 2, 11 ss.; Jeremías 6, 20; Oseas 6, 6 y nota; Amós 5, 21 y 24; Santiago 1, 27.

9. Dios vuelve a acusar, denunciando en primer lugar las injusticias sociales y la falta de honradez.

10. Texto oscuro: San Jerónimo traduce: Aun el fuego está en la casa del impío, los tesoros de mal dad, y la medida menor, llena de ira. Bover-Cantera: ¿Puedo soportar la casa del impío, los tesoros de iniquidad, y un efa escaso, digno de la ira divina? El efa tenía 36 litros. Aquí, como en el versículo siguiente, Dios se dirige contra las injusticias en el comercio. Cf. Deuteronomio 25, 13-16; Amós 2, 6-8.

14. Alusiones a los castigos: hambre e invasión enemiga. Véase Lev. 26, 24-26; Deuteronomio 28, 38-40.

16. Amrí y su hijo Acab, reyes de Israel, son representantes de la injusticia que cunde también en Judá. Véase la maldad de Acab narrada en III Reyes 21.

MIQUEAS 7

1 ss. Humilde súplica del pueblo que confiesa que no hay más hombres justos en su medio. Buscar a un justo en Judá es tan difícil como encontrar racimos en una viña vendimiada. Véase Salmo 9 B, 3-11; 13, 2-3; Oseas 4, 2; Amós 2, 6-8: Romanos 3, 11 ss.

4. Imágenes de la corrupción entre los príncipes, y el egoísmo brutal en el pueblo. Lo único que hacen bien es el mal. El día anunciado por tus centinelas: el día del castigo predicho por los profetas. Cf. Isaías 21, 6; Jeremías 6, 17; Ezequiel 3, 17. Tu visita: tu castigo.

6. La malicia, es tan grande que ni siquiera los pertenecientes a la misma familia pueden fiarse el uno del otro. Lo mismo dice Jesús en Mateo 10, 21.

7. El santo profeta permanece inconmovible en la confianza en Dios, lo mismo que Isaías en un caso semejante. “Si Dios está con nosotros, dice San Pablo, ¿quién contra nosotros?” (Romanos 8, 31). Cf. Salmo 54, 23; 26, 1.

8. Enemiga mía: Es todo el pueblo el que habla. La enemiga puede ser Asiria o Babilonia. Sobre Dios como luz véase Salmo 26, 1; sobre el Mesías como luz, cf. Isaías 9, 2; 42, 16; 50, 10; 60, 1 ss.; Lucas 1, 78 s.; Juan 1, 9.

10. Alegría de Israel al ver humillada a su enemiga. Así se caracteriza la liberación mesiánica como triunfo sobre los enemigos del pueblo de Dios. Cf. Salmo 108, 1.

11. El profeta se coloca en lo futuro, en los días de la reconstrucción de Jerusalén, tomándola como tipo del porvenir mesiánico. La Ley: sin duda la del Antiguo Testamento, por la cual los judíos estaban separados de los demás pueblos. La abolición de la Ley da a los gentiles la oportunidad para entrar en la comunidad del pueblo de Dios. En vez de Ley lee Bover-Cantera frontera: en aquel día la frontera estará más distante.

12. El rio: el Éufrates. El sentido es: vendrán de todas partes del mundo. Se refiere a la universalidad del Reino mesiánico.

13. La tierra: Según algunos intérpretes: Judá; según otros, los pueblos paganos.

14. Oración del profeta a Dios para que apaciente a su pueblo como en tiempos antiguos. Toma como imagen los más ricos pastos de Palestina (Carmelo, Basan y Galaad).

15 ss. Yahvé accede a los ruegos de su siervo (versículo 15-17). Su omnipotente brazo repetirá los prodigios de la salida de Egipto. La liberación de Israel de aquella servidumbre es un tipo de la salud mesiánica (cf. Isaías 11, 11 y 15; Oseas 2, 15 s.; Jeremías 23, 7; Mateo 2, 15; I Corintios 10, 1-6). Los efectos del nuevo milagro de Dios son estupendos: confusión entre los pueblos paganos, pero no una confusión estéril. Es un “timor salutaris” (Knabenbauer). Se doblan ante Él y lamen el polvo, en señal de sumisión y adoración, y se someten a Yahvé por medio del Mesías. Esto se entiende por los paralelos (Salmo 71, 9; 17, 46, donde David es tipo del Mesías).

18 s. El santo profeta prorrumpe en un himno entusiasta ante la grandeza del Reino que Dios le manifestó. Así como Dios lo comparó con la salida de Egipto, así también los acentos de Miqueas recuerdan los de Moisés en Éxodo 15. La nota característica de este epílogo es la alegría, que tiene su origen en la seguridad de saber que Dios ha perdonado las culpas (cf. Isaías 43, 25; Daniel 9, 24). En su infinita misericordia las arrojará a lo más profundo del mar (versículo 19), donde los pecados de Israel quedarán invisibles. Los Padres y comentaristas antiguos han aplicado esta frase al paso del Mar Rojo y también al Bautismo. Allí fueron destruidos los egipcios de tal modo que los israelitas jamás volvieron a verlos (Éxodo 14, 13). Del mismo modo Dios entrega para siempre al olvido nuestros pecados cuando en el Bautismo somos “sepultados con Cristo en la muerte” (Romanos 6, 4). Es toda una imagen de la gracia divina, la cual, infundida en nuestra alma mediante la justificación, produce como primer efecto la destrucción de la noche atroz del pecado (Sto. Tomás). La remisión de que habla Miqueas es general y definitiva e incluye a todos, como lo dice también San Pablo. Véase Romanos 8, 1. Cf. Salmo 50, 9; 76, 10; Isaías 1, 18 y notas.

20. Jacob y Abrahán se mencionan aquí no sólo como representantes del pueblo judío, sino de todas las naciones. Israel y las gentes todas tendrán parte en la salud mesiánica. Este verso “es un amén profético de carácter preciso que ensalza la verdad y gracia de Yahvé y apela a su fidelidad (Lucas 1, 58) recordando el juramento en el que descansan cual sobre roca inconmovible (Hebreos 6, 16-18) las profecías mesiánicas que las naciones incircuncisas habrían de recoger del seno del pueblo escogido (Génesis 12, 3; 18, 18; 22, 18; 26, 4; 28, 14, etc.)… Así acaba Miqueas conmemorando la «veritas et gratia» con que comenzaría San Juan (Juan 1, 14 y 17)” (Gil Ulecia). Este versículo muestra el mismo sentido que el final del Magnificat. Véase Lucas 1, 55 y nota.