


![]()
INTRODUCCIÓN
El libro de Josué narra la conquista de la Tierra prometida, llevada a cabo después de la muerte de Moisés por Josué, el nuevo caudillo y sucesor de Moisés.
El libro se divide en dos partes, de las cuales la primera (capítulos 1-12) relata el paso del Jordán, la toma de Jericó, las batallas de Hai y Gabaón y otros sucesos relacionados con la ocupación del país. La segunda parte (capítulos 13-22) trata del reparto de la tierra de Canaán entre las doce tribus que la recibieron en suerte. Termina como el Deuteronomio, con la renovación de la Alianza (capítulos 23 y 24).
El título no quiere decir que Josué mismo sea el autor del libro. Sin embargo, hay indicios de que el conquistador hiciera uso del arte de escribir (Josué 24, 26). La tradición judía y muchos santos Padres le atribuyen a él mismo la composición del libro, mientras que los modernos en su mayoría, son de opinión contraria, sosteniendo que el autor no fue Josué sino otro escritor, que utilizó relatos y documentos, escritos por Josué y otros en tiempos de la ocupación de Canaán.
El libro fue redactado antes del establecimiento de la monarquía en Israel, pues al tiempo que se escribía, estaban los gabaonitas todavía al servicio del Santuario. Ahora bien, por otra fuente (II Reyescapítulo 21) sabemos que Saúl, el primer monarca los persiguió hasta el exterminio. En Josué 6, 25 leemos que Rahab y su familia vivía aun al tiempo de la composición del libro. Esta observación permite suponer que el libro fue escrito por un contemporáneo de Josué.
El objeto del Libro de Josué es mostrar la fidelidad de Dios en el cumplimiento de su promesa de dar a su pueblo la tierra de Canaán.
Los datos del Libro de Josué son confirmados indirectamente por las tablas cuneiformes del archivo de Tell el-Amarna, las que describen la situación política de entonces de la misma manera que el Libro sagrado. No había gobierno central ni jefe superior, sino que una multitud de reyezuelos vivían entre sí en constante hostilidad y sólo se unían cuando un común y poderoso enemigo los amenazaba.
![]()
JOSUÉ 1
1. Josué, antes Oseas (Números 13, 9) es llamado en hebreo Jehoschúa (el Señor salva). Es idéntico con el nombre de Jesús, del cual Josué fue figura, como salvador y caudillo de su pueblo, al que introdujo en la tierra prometida. Cf. en Eclesiástico 46 el elogio de Josué, el cual fue grande “según el nombre que llevaba”.
3. Cf. Deuteronomio 11, 24. Dios les da el país con tal que lo ocupen. Ésta es la economía divina: el Señor del cielo y de la tierra nos alimenta y nos viste gratis (Mateo 6, 25-34), y nos ofrece el pan supersubstancial (Mateo 6, 11) para el alma, sin que demos nada equivalente de nuestra parte; lo único que exige es que echemos manos de los bienes con que su bondad nos viene colmando (cf. I Timoteo 6, 12).
4. El Mar Grande: el Mediterráneo. Con el nombre de tierra de los heteos se designa aquí el país de Canaán porque los heteos lo tenían ocupado en la época patriarcal. El mismo nombre se da a Canaán en los cuneiformes babilónicos.
5. No te dejaré ni te abandonaré: Palabras citadas por San Pablo en Hebreos 13, 5; para inspirarnos confianza y alejarnos de la avaricia.
8. “Parecerá tal vez cosa extraña que, a un general de ejército como Josué, destinado para la conquista de unas regiones llenas de poderosos enemigos, le dé un expreso mandamiento de que se aplique día y noche a la meditación de la Ley de Dios, y de que la tenga continuamente en la boca. Pero no lo parecerá, siempre que consideremos que es la misma eterna Sabiduría la que nos asegura aquí, que el único manantial de donde deben sacar los príncipes la verdadera prudencia, es la Ley, divina” (Scío).
12 ss. Las tribus de Rubén y Gad y la media tribu de Manasés, habían recibido sus herencias luego de la ocupación del país transjordánico con la condición de que ayudasen a sus hermanos en la conquista de la tierra cisjordánica (Canaán). Cf. Números 32, 17 ss.; Deuteronomio 3, 18 ss.
17. Solamente que Yahvé esté contigo: No es una limitación de la obediencia que acaban de prometerle, sino más bien un deseo y una súplica: ¡Quiera Dios siempre estar contigo!
![]()
JOSUÉ 2
1. Las mujeres públicas mantenían posadas (como se ve en el art. 109 del Código de Hammurabi), de manera que no es de extrañar que los exploradores por no tener albergue en la ciudad se hospedaran en casa de Rahab. Una posada o casa pública les pareció, además, apropiada para evitar las sospechas del rey de Jericó. Como se sigue de los versículos 9 y ss. Rahab creía y estaba convencida de que los israelitas eran el pueblo de Dios.
11. Esta admirable profesión de fe en una mujer pagana y de tan baja condición nos ayuda a comprender las tremendas palabras de Jesús contra los príncipes de los sacerdotes y ancianos del Sanedrín: “Los publícanos y las rameras os precederán en el Reino de Dios” (Mateo 21, 31). Los santos Padres ven en esta mujer una figura de las naciones paganas que más tarde se convirtieron al cristianismo (Fillion).
15. Véase igual hazaña hecha por San Pablo (Hechos 9, 25; II Corintios 11, 33) y por David (I Reyes 19, 12). Vivía en el muro: Para entender esto, hay que saber que las ciudades cananeas, no obstante ser muy pequeñas, tenían anchísimas murallas. Dice al respecto Mallon: “Del muro cananeo de Jerusalén, junto al cual pasó más de una vez Abrahán, se conservan dos trozos, uno de los cuales está intacto. El muro tiene una anchura que varía entre seis y ocho metros y está formado por dos paredes de grandes piedras rudamente encuadradas. Como las piedras son muy desiguales, las dos paredes no son siempre paralelas, ni dan siempre la misma anchura. El espacio comprendido entre las dos estaba lleno de tierra y cascajo”.
18. El cordón de hilo escarlata es, en la interpretación de los santos Padres, figura de la Sangre de Cristo. San Pablo elogia la fe de Rahab (Hebreos 11, 31), y Santiago (2, 25) aprecia la obra de caridad que hizo con los exploradores. No hay duda de que la ramera renunció a su mala vida y se adhirió a los israelitas. Por su casamiento con Salmón, Rahab figura en la genealogía legal de Cristo (Mateo 1, 5), lo cual no deja de ser una piedra de escándalo para los fariseos antiguos y modernos. Es porque no entienden lo que Jesús dijo en la Sinagoga de Cafarnaúm; “La carne para nada aprovecha” (Juan 6, 63). A tal punto desprecia el Señor esas preocupaciones humanas sobre el honor de la familia y las virtudes de los antepasados, que Él, la Santidad misma, elige entre las mujeres de su ascendencia no sólo a Rut (Mateo 1, 5) que era moabita (Rut 1, 1-4), es decir, descendiente de los hijos del incesto (Génesis 19, 37), sino también a la ramera Rahab (Josué 6, 25; (Mateo 1, 5); a la incestuosa Tamar (Génesis 38, 11 ss.; Mateo 1, 3). Aun Sara, la mujer legítima de Abrahán perteneció un tiempo al Faraón de Egipto hasta que Dios lo castigó (Génesis 12, 11-19). Por fin debiendo ser de la semilla de David según la carne (Romanos 1, 3) como debía ser de la de Adán para borrar el pecado, Jesús elige para sí la rama de la adúltera Betsabee (II Reyes 11, 22 ss.; Mateo 1, 6), habiendo podido elegir a cualquiera de las otras mujeres de David (cf. II Reyes 3, 2 ss.).
![]()
JOSUÉ 3
3. Los sacerdotes levitas: “Ordinariamente eran los caatitas, simples levitas, los que llevaban el Arca (Números 4, 15; 7, 9, etc.); mas en ocasiones solemnes la llevaban los sacerdotes. Véase 6, 6; III Reyes 8, 3, etc.” (Vigouroux, Polyglotte).
4. No os acerquéis a ella, para no haceros culpables de la pena de muerte. No era lícito tocar el Arca (II Reyes 6, 6 ss.).
5. Santificaos, esto es, purificaos legalmente (Éxodo 19, 15; Josué 7. 13).
12. Véase 4, 2.
13. La Vulgata agrega: y las aguas que hay de la parte de abajo, seguirán su corriente.
15. Siendo el tiempo de la siega en que crecen de nuevo las aguas del Jordán (por derretirse en esta estación las nieves del Hermón), no fue posible vadear el río, operación que dificultaba aun más la gran muchedumbre de mujeres, niños, ancianos y rebaños. En aquella región la corriente es extraordinariamente impetuosa debido al desnivel de 200 metros que existe entre el Lago de Genesaret y el Mar Muerto. El paso del Jordán es un suceso milagroso que no tiene explicación natural alguna y recuerda el paso del Mar Rojo (Éxodo 14, 21), que Rahab menciona en el versículo 10 del capítulo anterior. San Gregorio y San Agustín reconocen en el milagro del retroceso de las aguas del Jordán hacia su origen, los efectos del Bautismo, por el cual el hombre vuelve a su Principio del cual se había desviado. Cf. Romanos 6, 6 ss.; Efesios 2, 5 s.; Colosenses 3, 1 ss.
16. El Mar del Arabá, el Mar Salado; esto es, el Mar Muerto, en el cual desemboca el Jordán.
![]()
JOSUÉ 4
4. Los doce hombres escogidos representan, según San Agustín, no sólo a las doce tribus de Israel, sino también a los doce apóstoles que son las piedras fundamentales de la Iglesia, juntamente con los Profetas (Efesios 2, 20).
6. Nótese este admirable método de catequizar a los niños. Ante todo hay que despertar su atención apelando a su curiosidad. Cuando ellos viendo el monumento preguntasen a su padre: “Padre ¿qué es esto?”, le corresponde a éste hablarles de las grandezas de Yahvé para que le conozcan y le amen y observen su santa Ley. Es de notar también que, según la Sagrada Escritura, son los padres los que deben dar esta primera instrucción religiosa. Reiteradas veces les inculca Dios tal deber a través de las páginas de la Biblia. Cf. Éxodo 13, 14; Deuteronomio 6, 2 s.; 31, 19; Josué 4, 6 y 21; etc.
12. Véase Números 32, 28 ss.
18. Desbordándose, etc.: Los israelitas atravesaron el Jordán en el primer mes (versículo 19), es decir, en la estación primaveral, cuando el río alcanza el máximum de crecida y llena todo el valle, ocupando un espacio de 400 m. a 3 km. de ancho. Las nieves del Hermón, unidas a las lluvias de enero y febrero son las fuentes de tan inmensa crecida.
19. Cf. 5, 9. Gálgala no era ciudad, sino solamente un campo fortificado y lugar notable por las doce piedras, las que más tarde le dieron carácter de santuario (cf. I Reyes 10, 8; Oseas 4, 15; Amós 5, 5). Algunos creen que San Juan Bautista aludió a esas piedras en su predicación de penitencia, cuando dijo: “Yo os digo que poderoso es Dios para hacer que de estas mismas piedras nazcan hijos de Abrahán” (Mateo 3, 9); pues no había otras piedras en aquella región porque toda la tierra es de aluvión. San Jerónimo dice que las piedras se veían todavía en su tiempo. Una iglesia cristiana se levantó en aquel lugar. Se han conservado algunos restos de la iglesia.
![]()
JOSUÉ 5
2 s. La circuncisión era el signo externo de la alianza de Abrahán con Dios (Eclesiástico 44, 20), siendo por eso obligatoria para todos sus descendientes (cf. Génesis 17, 7-14; Romanos 4, 11). Durante su estadía en Egipto y en el viaje por el desierto los israelitas habían descuidado la ley de la circuncisión, por lo cual Dios la inculca de nuevo. “Ignoramos los motivos de esta omisión. Pero vemos que en todo caso el autor sagrado se creyó en la necesidad de señalar el hecho. Ni vemos que lo atribuya a pecado, el cual vendría a recaer sobre los conductores del pueblo” (Nácar-Colunga). Collado de Aralot (versículo 3): Vulgata: Collado de los prepucios, lo que significa lo mismo.
9. El oprobio de Egipto: la esclavitud de Egipto. El oprobio termina al entrar en la tierra de promisión y al renovarse la circuncisión. El texto hebreo se sirve de un juego de palabras para esclarecer la etimología del nombre de Gálgala que, según los hebraístas probablemente significa “cerco”, es decir, el círculo de las piedras que Josué colocó allí (4, 20). Los arqueólogos dan a estos círculos de bloques fijos en el terreno el nombre de “cromlech”. Los encontramos también en otros países, por ejemplo, en Gran Bretaña y Escandinavia.
12. Cesó el maná, el pan del cielo, figura de Cristo humanado. Cf. Éxodo capítulo 16; Salmo 77, 25 s.; Juan 6, 31-32 y 49-50; I Corintios 10, 3.
13. El Ángel que se aparece a Josué, es, tal vez, el mismo que acompañó ya antes al pueblo de Israel para guiarlo y protegerlo (Éxodo 23, 20 y 23). Algunos expositores creen que este príncipe celestial fue San Miguel (Daniel 10, 21; 12, 1).
16. Cf. Éxodo 3, 5; Hechos 7, 33.
![]()
JOSUÉ 6
1 ss. Las ciudades cananeas eran muy pequeñas. Jericó tenía un perímetro de sólo 778 metros, o sea, un poco más que la Basílica de San Pedro de Roma. Su fortaleza consistía en su enorme muralla que “le permitía esperar con toda tranquilidad cualquier ataque, aun de sitiadores más expertos que los israelitas” (Ricciotti). Como demuestran las excavaciones realizadas por Sellin y Garstang, Jericó estaba rodeada de murallas en doble cordón, una de las cuales tenía 8-9 metros de alto por 3-4 de ancho, de manera que la ciudad era un baluarte inexpugnable. Agréguese a ello que los israelitas no poseían armas ni instrumentos para tomar una fortaleza. La caída de Jericó no se puede explicar sino por la intervención de Dios. Él es quien toma la ciudad, para manifestar su poder y enseñarnos que fortalezas y armas, y otros inventos de la sabiduría humana, son una nada ante el sonido de sus trompetas, “porque escrito está: Destruiré la sabiduría de los sabios, y anularé la prudencia de los prudentes” (I Corintios 1, 19; cf. II Corintios 10, 4 s.). El dar vuelta a la ciudad con el Arca tenía solamente carácter simbólico. El pueblo había de reconocer que el derrumbamiento de las murallas no era obra de los hombres sino de Dios. Por eso San Pablo explica este asombroso triunfo como obra de la fe (Hebreos 11, 30).
5. Sonidos más continuados: Vulgata: la voz de la trompeta más larga e interrumpida.
6. Trompetas de cuerno de carnero: Vulgata: Trompetas del jubileo, es decir, las trompetas que se usaban para anunciar el año del jubileo (Levítico 25, 9).
13. Nótese el frecuente empleo del número sagrado siete en este relato que abarca siete días y siete vueltas al séptimo día, con siete sacerdotes portadores de siete trompetas.
17. Anatema significa destrucción completa; es decir muerte de los habitantes y de los ganados, y destrucción de todo lo demás. Quien se apoderaba de alguna cosa anatematizada, se tornaba, él mismo, anatema.
20. Esto se nos recuerda en II Macabeos 12, 15. Las excavaciones recientes comprueban que los muros cayeron hacia afuera, aunque sin duda se exceptuaba la casa de Rahab, que estaba en el muro (2, 15). Cf. Levítico 27, 28 y nota. No es necesario recurrir a un terremoto, como lo hacen Haupt y otros modernos, puesto que el derrumbamiento de los muros se realizó cuando el pueblo levantó el grito y resonaron las trompetas, conforme a lo predicho en el versículo 5.
23. Véase Hebreos 10, 31, donde el autor sagrado nos dice que Rahab fue salvada por haber recibido en paz a los exploradores. “El hilo colorado (cf. 2, 18) que era la señal de que su casa tenía que ser salvada, es figura de la pasión del Señor, por la cual los hombres se salvan de la perdición” (Zschokke-Dóller).
25. Tenemos aquí una importante noticia sobre el tiempo de la composición del Libro de Josué. Fue compuesto mientras vivía aún Rahab y su familia.
26. Se cumplió la maldición de Josué en tiempos del impío rey Acab, cuando Hiél de Betel reedificó la ciudad sacrificando a sus propios hijos (III Reyes 16, 34).
![]()
JOSUÉ 7
2. La ciudad de Hai estaba situada al noroeste de Jericó, junto al camino entre ésta y Betel. Su sitio se identifica con Et-Tell.
6. Rasgó sus vestidos, en señal de duelo y dolor. Cf. Génesis 37, 34; I Reyes 4, 12; II Reyes 1, 2; Job 1, 20; 2, 12. etc.
7 ss. Josué sabe rezar como Moisés. En sus palabras no hay nada de justificación o excusa del pecado, ningún recurso humano, ninguna mención de propios méritos. El único motivo que alega es el honor de Dios, la gloria de su santísimo Nombre (versículo 9). ¿Qué pensarían los paganos al ver derrotado al pueblo de Dios? Despreciarían la santidad de su nombre, y esto es lo que Dios no puede permitir. La oración auténtica debe comenzar siempre con el “Santificado sea tu Nombre” (Mateo 6, 9).
12. Han venido a ser anatema, por haber sustraído algo del botín consagrado a Yahvé.
15. Para echar suertes se tomaban unas varitas o tablitas de madera, en las cuales se escribía un sí y un no, o los nombres de los participantes. No hay nada que decir en contra de esta forma extraordinaria de buscar al culpable, porque Dios mismo lo había ordenado (versículo 14). De la misma manera procedieron los apóstoles para elegir al que debía sustituir a Judas el traidor (Hechos 1, 26).
21. Sinear, o Senaar: Babilonia. Cf. Génesis 11, 2 y nota. Un sido equivalía a 16,38 gramos.
![]()
JOSUÉ 8
3. Treinta mil: el versículo 12 habla solamente de cinco mil. Bover Cantera pone aquí la siguiente nota: “Unos lo juzgan falta de copista, otros que fueron dos las emboscadas, o que de los 30.000 soldados solamente 5.000 se utilizaron. El P. Fernández cree que, como G. (Setenta), el texto primitivo pasaba de 11b al 14; lo restante sería anotación marginal pasada al H (texto hebreo masorético)”.
14. El Arabá: el valle del Jordán.
19. Apenas hubo él extendido la mano: Recuerda la acción de Moisés en el combate contra los amalecitas (Éxodo 17, 11), pero hay una diferencia: Moisés alzó las manos para orar, en tanto que Josué blande la lanza (versículo 18 y 26). Cf. Salmo 43, 3 s.
22. Ni sobreviviente ni fugitivo: Véase Deuteronomio 7, 2.
30 ss. La erección de un altar, el ofrecimiento de holocaustos y víctimas pacíficas, y la grabación de la Ley en piedras, obedecen a los preceptos dados por Moisés (Deuteronomio 11, 29; 27, 2 ss.). Se cree que no se trata de la Ley completa, sino del Deuteronomio, es decir, de la renovación de la Alianza que Moisés hizo en los campos de Moab (Deuteronomio 6, 1-7, 11). Otros piensan en el Decálogo. El monte Garizim, de 885 metros y el monte Ebal, de 924 metros de altura están situados en el centro de Palestina, al sur y al norte del valle de Siquem. En el valle estaba el Arca de la Alianza. No hubo lugar más apropiado para renovar la promulgación de la Ley que estos dos montes que dominan el país y pueden verse de larguísima distancia. Cf. Juan 4, 20.
![]()
JOSUÉ 9
3 ss. Gabaón, ciudad situada a unos 10 km. al Noroeste de Jerusalén y a 40 al Oeste de Gálgala. Sus habitantes eran heveos (11, 19) o amorreos (II Reyes 21, 2). Hoy día la localidad se llama Ed-Dschib. Los gabaonitas fingían haber hecho un viaje extraordinariamente largo y venir de una región muy lejana. En esto consiste su engaño.
7. Véase Éxodo 23, 23; 33, 2; Deuteronomio 7, 1.
9. Por la fama de Yahvé: Con esto los gabaonitas dan a conocer que tienen conocimiento del verdadero Dios y que están dispuestos a incorporarse al pueblo de Dios, como en realidad lo hicieron (versículo 26; II Reyes 21, 2).
14. No consultaron: Cf. el ejemplo de David en I Reyes 23, 11; 30, 8; II Reyes 2, 1; 5, 19.
17. Las ciudades de que aquí se hace mención están todas al Norte y Noroeste de Jerusalén.
21. Por el juramento que habían prestado los israelitas ya no podían exterminarlos, por lo cual los degradaron al oficio más humilde de todos: cortar la leña y acarrear el agua para el Tabernáculo. De esta manera fue resuelto el dilema y a la vez sellada la total sumisión de los gabaonitas y su conversión a la religión de Israel. Saúl, llevado por un falso celo quebrantó el juramento que los israelitas habían hecho a los gabaonitas y mandó exterminarlos, lo cual fue motivo de la ira de Dios y trajo grandes calamidades sobre la casa de Saúl. Cf. II Reyes capítulo 21.
23. Cf. Deuteronomio 29, 11. Véase versículo 27.
![]()
JOSUÉ 10
1. Nótese que aquí por primera vez sale en la Biblia el nombre actual de Jerusalén. En tiempos de Abrahán la ciudad se llamaba Salem (Génesis 14, 18). En los siglos xv y xiv a. C. su nombre era Urusalim, como se desprende de las tablillas de Tell el-Amarna, y su rey llevaba el nombre de Abdijiba o Putijiba. El nombre hebreo de Jerusalén termina en dual, de lo que se deduce que desde antiguo se componía de dos ciudades: la baja y la alta (Jebús). El sentido de este nombre ilustre, que designa a lo que Cristo llamó, como David, “La ciudad del Gran Rey” (Salmo 47, 3; Mateo 5, 35) es: Ciudad de Paz.
2. Gran temor: Cf. Éxodo 15, 15; Deuteronomio 11, 25.
3. Las ciudades mencionadas se hallan al Sur y Sudoeste de Jerusalén. Allí está también Guécer (versículo 33).
11. Grandes piedras, esto es granizo, semejante al que sobrevino sobre los egipcios (Éxodo 9, 24), o al que contribuyó a la victoria de Samuel sobre los filisteos (I Reyes 7, 10). Véase Eclesiástico 46, 6; Apocalipsis 8, 7; 16, 21.
13. El sol se detuvo: Para expresar el hecho milagroso, el autor sagrado habla según las apariencias. No le importa cómo Dios suspende por algún tiempo el curso de los astros. De todas maneras hay que sostener que se trata de un milagro (cf. Eclesiástico 46, 5; Isaías 28, 21), por lo cual no satisfacen las explicaciones que le quitan ese carácter. Los que fundan su interpretación sobre las apariencias meteorológicas insinúan que tal vez la nube de granizo haya ocultado al sol como en un ocaso, o que se haya dado un fenómeno de refracción solar sobre la nube de granizo, o algo semejante. El libro del Justo (Vulgata: el libro de los Justos), que Josué cita, era probablemente una colección de canciones. El mismo libro se cita en II Reyes 1, 18. Cf. Números 21, 14, donde se cita un libro semejante. Ambos escritos se han perdido.
21. Véase Éxodo 11, 7.
24. Poned vuestro pie, etc.: Los vencedores acostumbraban poner el pie sobre el cuello de los vencidos, como se ve en los monumentos asirios. Cf. Salmo 109, 1; Isaías 26, 5 s.; Malaquías 4. 3; I Corintios 15, 25; Hebreos 2, 8.
26. Los hizo colgar. Cf. 8, 29. El castigo corresponde a la ley marcial de entonces y al mandato de Dios de exterminar a los cananeos. Véase Deuteronomio 21, 23.
40. Négueb: región meridional de Palestina. Sefelá: la llanura entre las montañas de Judá y el Mediterráneo.
42. En las ruinas de Tell el-Amarna se han encontrado cartas en que esos pueblos piden auxilio al Faraón contra la invasión de los Habiri, que probablemente son idénticos con los hebreos.
![]()
JOSUÉ 11
2. Hasor, hoy El-Kedah, cuyas ruinas fueron descubiertas por Garstang. Kinéret: Genesaret de Galilea. Dor, ciudad situada al Sur del monte Carmelo, a orillas del Mediterráneo.
3. Dice Flavio Josefo que eran 30.000 hombres de a pie, 10.000 de a caballo y 20.000 carros.
5. El lago de Merom, hoy Bahr el Huleh, es atravesado por el Jordán y se encuentra al Norte de Galilea, entre el monte Hermón y el mar de Genesaret. Se trató, a lo que parece, de una coalición de todos los pueblos del norte de Palestina.
8. Sidón: ciudad y puerto importante de Fenicia, llamada “la Grande” por su fama y sus riquezas.
9. Desjarretó sus caballos, para que no pudieran usarse para la guerra. Esta medida que Josué tomó por orden de Dios (versículo 6), se comprende por el hecho de que los israelitas no poseían caballos ni carros de guerra, ni tenían otro medio semejante para defenderse. Israel había de confiar sólo en Dios (Éxodo 15, 1 y 4; Deuteronomio 17, 16; 20, 1; Salmos 19, 8; 146, 10).
16. Sobre Négueb y Sefelá véase 10, 40. La montaña: la región montañosa ocupada más tarde por Judá. La montaña de Israel, llamada más tarde montaña de Efraím (Samaría).
17. Seír: Edom, al sudeste de Palestina. La montaña desnuda, en hebreo Har Halak, quizás nombre de un monte al sudoeste del Mar Muerto.
19. Sobre Gabaón véase 9, 3 y nota.
20. Endurecer el corazón: Este misterio nos lo explica San Pablo en Romanos 9, 15 ss. Cf. el endurecimiento del corazón del Faraón en Éxodo 7, 13 y 22; 8, 11, 15 y 28. etc.
21. Sobre los enaceos o gigantes véase Números 13, 22 y nota. Volvieron poco después al país, y fueron derrotados nuevamente por Caleb y Otoniel (15, 14; Jueces 1, 10). Gasa, Gat y Azoto eran ciudades filisteas. De Gat procedió más tarde el gigante Goliat.
23. La paz no fue duradera, muchos de los vencidos volvieron a atacar a los israelitas, de modo que éstos tuvieron que volver a reanudar las actividades bélicas, perdiendo ciudades que antes habían conquistado (capítulo 15; Jueces capítulo 1). “Se había hecho la conquista, pero en el estado en que se hallaba se puede considerar más como una penetración a mano armada que como una verdadera conquista. En primer lugar se hallaba lejos de ser total; en muchos puntos del centro, especialmente en los más fortalecidos, los cananeos no habían sufrido la menor perturbación; peor estaba la periferia, donde muchos pueblos ni siquiera habían tenido contacto con los israelitas Si hoy los israelitas habían sido superiores en armas a los cananeos, mañana éstos podían salir victoriosos en el desquite, dejando de un lado el que la civilización de éstos, más desarrollada y más fina, ofrecía siempre la posibilidad de una victoria de otro género mediante la sumisión espiritual de los recién llegados” (Ricciotti).
![]()
JOSUÉ 12
2. Cf. Número 21, 21 ss.; Deuteronomio 2, 24 ss. y notas.
3. Kinéret: Genesaret. Mar del Araba, o Mar Salado: el Mar Muerto. El Fasga se eleva al Este del Mar Muerto.
4. Números 21, 33 ss.; Deuteronomio 3, 1 ss. y notas. Los Refaím se cuentan entre los gigantes. Parece que fueron de los primeros habitantes de Palestina; pero cuando Josué ocupó el país sólo encontró restos de ellos (Deuteronomio 3, 11; Josué 17, 15). De esos gigantes trae su nombre el Valle de Refaím al sudoeste de Jerusalén.
7. Este lado del Jordán, o sea, en Cisjordania.
9 ss. Los treinta y un reyes (versículo 24) eran más bien reyezuelos, pues les pertenecía, si descontamos la parte no conquistada, un territorio de 10.000 kilómetros cuadrados, o sea a cada uno 330 kms.2, por término medio.
18. Lazaron: Algunos leen Sarán.
23. El rey de Goím en Gilgal: Otra traducción: rey de las gentes en Galilea.
![]()
JOSUÉ 13
1. Josué era anciano, teniendo a la sazón alrededor de 90 años. Cf. 24, 29.
2. Este versículo reza en la Vulgata: toda la Galilea, los filisteos y todo Gesur. Gesur: pequeño reino al oriente del Mar de Galilea.
3. Schihor (Sihor): Vulgata río turbio. Es nombre del Nilo. Aquí tal vez el “Torrente de Egipto” (15, 4 y 47), que era la frontera entre Egipto y Palestina, hoy Wadi el-Arisch. Según otros un canal fronterizo en esa misma región. Acarón, Anoto, Ascalón, Gat: ciudades de los filisteos.
5. Gebal: ciudad de Fenicia, al norte de Palestina. Hamat o Emat, hoy Hama, ciudad de Siria, a orillas del Orontes.
9. El Arnón: afluente oriental del mar Muerto.
11. Galaad: región septentrional de Transjordania. Los demás territorios mencionados en este versículo, se hallan al norte de Galaad.
14. No le dio herencia: Cf. Números 18, 20 y nota; 35, 3-8; Ezequiel 48, 8 ss.
22. Véase Números 21, 21-24; 31, 8.
27. Mar de Kinéret: Lago de Genesaret.
30. Aldeas de Jaír: Cf. Números 32, 41.
33. Cf. versículo 14; Números 18, 20 y nota.
![]()
JOSUÉ 14
1. Eleazar, que ocupaba el cargo de Sumo Sacerdote después de la muerte de su padre Aarón, participa en la repartición como representante de Dios, quien le da a conocer su voluntad mediante las suertes llamadas “Urim” y “Tummim” (Éxodo 28, 30; Levítico 8, 8; 13, 19).
2. San Pablo cita este episodio en Hechos 13, 19. “Quiso Dios que el repartimiento de la tierra de promisión se hiciera por suerte no solamente para quitar todo motivo de quejas y resentimientos, sino principalmente para que se acreditara la verdad de las predicciones de Jacob (Génesis 49) y de Moisés (Deuteronomio 33), y por consiguiente la infalible providencia con que el soberano dueño del orbe cumplía a su pueblo lo que había prometido” (Páramo).
6 ss. Cf. Números 14, 24; 32, 12. Caleb se refiere a la promesa del versículo 9, que Moisés le había hecho en el desierto, como recompensa a la fidelidad y vigor que Caleb había demostrado en la exploración de la tierra de Canaán (Números 13). Los 45 años incluyen, por lo tanto, los 38 años que los israelitas anduvieron por el desierto. Véase en el versículo 11 un ejemplo de buena salud conservada por Dios a su fiel Caleb. Esto se cita como lección en Eclesiástico 46, 11-12.
15. Arba fue el hombre: La Vulgata introduce aquí el nombre de Adán y vierte: Allí está enterrado Adán... Debido a esta lección se creía antiguamente que Adán había sido sepultado en Hebrón. En realidad se trata solamente de otra traducción del vocablo “Adán”, el cual tiene en hebreo dos sentidos: hombre y Adán. Enaceos: gigantes. Véase 11, 21 y nota.
![]()
JOSUÉ 15
1 ss. Se cumplió así lo establecido por Moisés en Números 34, 3 ss. El desierto de Sin: parte septentrional de la península del Sinaí. Mar Salado (versículo 2): Mar Muerto. Subida de Acrabim (versículo 3): Vulgata: subida del Escorpión: al sur del Mar Muerto. Sobre el torrente de Egipto (versículo 4) véase 13, 3 y nota.
8. La ciudad de Jerusalén no le tocó en suerte a Judá, sino a Benjamín (18, 16 y 28). Allí habitaban en esa época los jebuseos, que más tarde fueron sometidos por la tribu de Judá, en cuyo poder cayó primeramente la parte occidental y, bajo David, también la fortaleza de los jebuseos (II Reyes 5). Valle de Ben Hinnom, o simplemente Valle Hinnom: se extiende al sur y en parte también al oeste de Jerusalén. Allí se levantó en tiempos de los Reyes una estatua de Moloc, que dio al valle el carácter de lugar de abominación. De ahí que su nombre, en hebreo Ge-Hinnom, en griego Gehena, fuese usado para designar el Infierno. Cf. IV Reyes 23, 10; Mateo 5. 22.
9. Kiryatyearim: situada a 12 kilómetros al Oeste de Jerusalén, célebre por el Arca de la Alianza que allí estuvo veinte años (I Reyes 7, 2).
14. Hijos de Enac, o enaceos: Véase 11, 21 y nota.
17. Otoniel: Es el mismo que se menciona entre los Jueces de Israel. Cf. Jueces 3, 9-11.
18. Como ella bajara: Vulgata: dio un suspiro.
19. Una bendición, es decir, lo que ella pedía: más tierra y manantiales. También San Pablo usa la palabra “bendición” en sentido de regalo, donación (II Corintios 9, 5).
22 ss. La lista de las ciudades de Judá es la más completa, lo mismo que la descripción de sus fronteras (versículo 1-12), porque, después de la eliminación de los hermanos mayores (cf. Génesis 49, 3-7 y notas), es a Judá a quien corresponderá el cetro (Génesis 49, 10 y nota).
59. Entre los versículos 59 y 60, la versión griega de los Setenta intercala otras once ciudades. Como se ve, tocaron a Judá más ciudades que a las otras tribus, y su territorio era geográficamente más extenso que el de cualquier otra tribu. Sin embargo, hay que observar que por una parte comprendía regiones medio desiertas, y que, por la otra, las ciudades filisteas adjudicadas a Judá conservaron su independencia y no fueron sometidas.
![]()
JOSUÉ 16
1 ss. A Efraím, hijo de José, le tocó en suerte la parte central de Palestina, que más tarde recibió el nombre de Samaría. Sus ciudades principales eran Siquem y Silo, donde fue establecida el Arca (18, 1). Esta región era más fértil que el territorio de Judá.
2. Betel: el lugar donde Jacob tuvo el sueño de la escala. Su nombre antiguo fue Luz (Génesis 28, 19).
8. Para terminar en el mar: Según el contexto, el Mediterráneo. La Vulgata dice: hasta el Mar Salado.
![]()
JOSUÉ 17
1 ss. Manasés fue la única tribu que recibió porción en Transjordania (13, 30 ss.) y a la vez en Cisjordania. Su herencia cisjordánica se hallaba al Norte de Efraím, entre el monte Carmelo y el río Jordán, pero parece que no estaba rigurosamente separada de la de su hermano Efraím.
3. Véase Números 27, 1 ss.; 36, 1 ss.
11. Tres distritos: Texto oscuro. Bover-Cantera traduce: la región de los tres collados; la Vulgata: la tercera parte de la ciudad de Nofet.
12. No los extirparon, desobedeciendo a Dios que había mandado exterminarlos.
14. Esperaban que Josué, que también era de los hijos de José (de la tribu de Efraím), les diese un privilegio, mas el noble caudillo respetó fielmente lo que la Providencia había dispuesto en las suertes.
![]()
JOSUÉ 18
1. Silo, hoy Selún, a 30 kilómetros al norte de Jerusalén, se halla casi en el centro del país, en la tribu de Efraím, entre Jerusalén y Siquem. Es muy probable que este lugar fuera escogido para el santuario, porque Josué, el jefe del pueblo, pertenecía a Efraím. En Silo quedó el Arca hasta los tiempos de Samuel; sólo de vez en cuando la sacaban los israelitas para llevarla consigo a la batalla.
2 s. “Estas palabras de Josué nos indican más claramente con qué lentitud se realizó la conquista efectiva de Canaán por las tribus. No hemos de imaginarnos a estos comisionados como geógrafos que miden el territorio para repartirlo luego, sino como expertos que examinan el territorio no ocupado y aprecian las condiciones del terreno y las facilidades de la ocupación por las tribus que quedaban sin haberse posesionado de la suya” (Nácar-Colunga).
3. Las siete tribus se habían quedado en Gálgala, no sólo porque allí estaba todavía el Arca, sino porque les faltaba el espíritu conquistador. De ahí que Josué los reprenda como ociosos.
11 ss. El territorio de Benjamín estaba entre los de Efraím, al norte, y el de Judá, al sur. Dentro de sus confines se hallaba la futura capital del país, Jerusalén (versículo 28), más no lograron expugnarla; su ciudadela quedó en manos de los jebuseos hasta los tiempos de David (cf. II Reyes 5, 6 ss.).
16. Todos estos lugares forman parte de la Jerusalén moderna. Sobre el valle de Ben-Hinnom véase 15, 8 y nota.
18. Arabá: nombre del valle del Jordán.
![]()
JOSUÉ 19
1 ss. En medio de la herencia de los hijos de Judá. Así se cumplió la profecía del patriarca Jacob (Génesis 49, 5-7). Bersabee y Seba (versículo 2) es lo mismo; de lo contrario, las ciudades no serian 13, sino 14.
10. La porción de Zabulón es la zona meridional de Galilea (cf. Mateo 4, 15).
17. Isacar obtiene la porción más fértil de todo el país: la llanura de Esdrelón (Jesreel), situada entre Samaría y Galilea, teniendo el Carmelo al occidente, y el Jordán al oriente.
22. El Tabor, monte célebre por la Transfiguración del Señor (Mateo capítulo 17).
26. El Carmelo: el famoso monte de este nombre que se alza sobre el mar en la región de Haifa. Hay una localidad homónima en Judá (15, 55). El territorio de Aser era muy fértil y' abundaba de trigo y aceite (cf. Gen, 49, 20).
32. El territorio asignado a Neftalí comprende la parte septentrional de Galilea y la ribera occidental del lago de Genesaret.
47. Lésem-Dan, o Lais, llamada más tarde Cesárea de Filipo, donde tuvo lugar la célebre confesión de San Pedro (Mateo 16, 16). El episodio de la conquista danita se narra en Jueces capítulo 18. Las otras ciudades de Dan están al oeste de Judá, Benjamín y Efraím, pero sin lindar con el mar.
49. Admiremos el espíritu de Josué: tan sólo después de repartir a todos la suerte recibe la suya.
![]()
JOSUÉ 20
2 s. El primer refugio era el Tabernáculo (cf. Éxodo 21, 14; III Reyes 2, 31). Después de la ocupación de todo el país se hicieron necesarios más asilos, tres de los cuales fueron establecidos por Moisés en tierra transjordánica. A ellos agrega Josué tres refugios situados en los confines de las nueve tribus de Cisjordania, o sea, en la Palestina en sentido estricto. Cf. sobre esta institución los capítulos Números 35; Deuteronomio 4, 43; 19. Siguiendo el ejemplo de la Ley de Moisés, la Iglesia ha conferido a las iglesias y otros lugares sagrados el derecho de asilo (can. 1.179 del Derecho Canónico). Vengador de la sangre (versículo 3) era el pariente más próximo del muerto (cf. II Reyes 14, 7).
6. La muerte del Sumo Sacerdote producía automáticamente una amnistía. Vemos aquí una imagen del verdadero Pontífice Jesús, por cuya muerte recibimos la remisión de nuestros pecados.
![]()
JOSUÉ 21
1. Por estar consagrada a Dios en lugar de los primogénitos de todo el pueblo, la tribu de Leví no obtuvo terreno propio, sino solamente domicilios en 48 ciudades desparramadas por todo el país. De ellas quedaban reservadas para los sacerdotes las 13 más cercanas a Jerusalén. Fuera de las ciudades sólo tocó a los levitas una pequeña franja para apacentar sus ganados (Números 35, 1-8). Cf. 13, 33; Números 18, 20 y nota.
3. “Esta dispersión debió de contribuir a la instrucción y mayor edificación del pueblo, ya que los levitas formaron en cada uno de los puntos donde se establecieron unas a manera de comunidades o colegios” (Bover-Cantera).
9 ss. Véase I Paralipómenos 6, 54 ss., donde tenemos la misma lista de las ciudades de los sacerdotes y levitas, salvo algunas diferencias en la ortografía de los nombres.
36 s. Béser con su ejido... Mefaat. En la Vulgata encontramos la variante: Bósor en el desierto, Misor, Jaser, Jetsón y Mefaat.
41. Todo el país: Cf. Éxodo 23, 23; Deuteronomio 11, 22 ss. Ha de entenderse en el sentido de que todavía les incumbe conquistarlo en gran parte, porque habían quedado importantes restos de los cananeos.
43. Cf. 23, 14 s.; Números 23, 19; III Reyes 8, 56.
![]()
JOSUÉ 22
4. Cf. 13, 8; Números 32, 33.
8. Con vuestros hermanos, es decir, con aquellos de vuestra tribu que habían permanecido allende el Jordán, para guardar las primeras conquistas. Este precepto caritativo no era sólo de consejo sino de obligación (Números 31, 27). También lo impuso David respecto al botín tomado a los amalecitas (I Reyes 30, 24-25);
16. La transgresión que les achacan las otras tribus puede verse en la erección de un altar fuera del lugar donde estaba el Tabernáculo; lo que Finés y los jefes tachan de separación y apostasía (cf. Éxodo 20, 24; Levítico 17, 3-8; Deuteronomio 12, 4 ss.). Las dos tribus y media contestan que al erigir el altar no tenían otra intención que la de dejar constancia de su pertenencia al pueblo de Israel y dar un testimonio para la posteridad: contestación que satisfizo a las demás tribus.
17. La maldad de Fegor: Cf. Números capítulos 25 y 31. 20. Sobre Acán véase el capítulo 7, especialmente los versículos 24-26.
22. El supremo Dios, en hebreo: el Dios de los Dioses. Esta doble afirmación, y la repetición del nombre de Yahvé, da más solemnidad a lo que dicen, al par que con ello hacen una bella profesión de fe.
28. La figura del altar, literalmente: el modelo del altar. La Vulgata dice solamente el altar.
31. Habéis librado a los hijos de Israel: Es admirable el celo sacerdotal de Finés que antes temía que Dios descargase su ira sobre todo el pueblo por la supuesta idolatría. Ahora se ve libre de esta preocupación.
34. Todo este capítulo es un hermoso cuadro de la felicidad de Israel mientras fue fiel a su Dios. Pronto veremos, en el libro de los Jueces, sus frecuentes infidelidades, que obligaron al Señor a dejarlos caer en la esclavitud, de la que los libertaba cada vez que se arrepentían.
![]()
JOSUÉ 23
2. La reunión tuvo lugar a los 20 o 30 años de la conquista, probablemente en Silo, donde se hallaba el Tabernáculo. La fecha se deduce de la comparación de Josué 14, 10 con 24, 29, suponiendo que Josué y Caleb tuvieran más o menos la misma edad.
11. Amar a Yahvé Dios vuestro: Reaparece siempre el mandamiento del amor, que es para Dios la plenitud de la Ley. El que ama a su Padre no quiere ofenderlo y en ese amor halla la fuerza que necesita para vivir como verdadero hijo (Juan 14, 23-24).
12. Cf. Éxodo 34, 15.
13. Véanse Números 33, 55; Jueces 2, 3.
16. Como Moisés, así también Josué les predice el derrumbamiento del pueblo en caso de violar la alianza con Yahvé (cf. Levítico 26, 14 ss.; Deuteronomio 28, 15 ss.).
![]()
JOSUÉ 24
1. Se congregaron en Siquem y se presentaron delante del Señor. Parece que el Arca fue trasladada por algunos días de Silo a Siquem para renovar la Alianza. Siquem se prestaba tanto por su posición geográfica –estaba en el punto céntrico del país–, como por su tradición histórica, pues era el lugar donde Abrahán ofreció el primer sacrificio en tierra cananea (Génesis 12, 7) y donde la familia de Jacob enterró los ídolos (Génesis 35, 4).
2 ss. Del rio: el Éufrates. Josué resume a continuación toda la historia primitiva del pueblo de Israel. Cf. Génesis 11, 26; 11, 31; 21, 2; 25, 26; 36, 8; 46, 6; Éxodo 3, 10; 12, 37; Números 21, 24; 22, 5; Josué 3, 14; 6, 1 ss.; 11, 3.
13. Incesantemente se preocupa el Señor de recordarles que todo lo recibieron de su bondad paternal, para disuadirlos de esa suficiencia orgullosa y rebelde que era propia de aquel pueblo... y lo es también del hombre moderno.
14. A juzgar por estas palabras había aún en Israel restos de culto idolátrico, secreto, por supuesto. El culto público de ídolos había sido suprimido con todo rigor. Véase Génesis 31, 19 y 34; Amós 5, 26; Hechos 7, 42 s.
20. Cf. I Paralipómenos 28, 9; Esdras 8, 22; Isaías 65, 11 s.
26. Escribió estas cosas en el libro de la Ley de Dios; esto es, al final de la Ley de Moisés, que se guardaba junto al Arca de la Alianza (Deuteronomio 31, 26).
29. El gran conquistador del país de Canaán es figura de Jesucristo, por cuanto lleva el mismo nombre que Jesús, y condujo a los israelitas a la tierra de Promisión, imagen del Reino de los Cielos que nos ha conquistado Jesucristo. Josué es uno de los pocos personajes del Antiguo Testamento que no se atrajeron ningún reproche del Espíritu Santo. “Es un modelo de fe y confianza en Dios. Cuando el pueblo desespera de poder conquistar Palestina, Josué con Caleb le dice: «Yahvé está con nosotros, no les tengáis miedo» (Números 14, 9). Esta frase es como la explicación de su vida entera. Es también un modelo de docilidad; pues aun en el apogeo de su poder, se sometió como un niño a todas las prescripciones que Yahvé le diera directa o indirectamente por medio de Moisés o del Sumo Sacerdote Eleazar”.
32. Véase Génesis50, 24; Éxodo 13, 19; Génesis 33, 19.