INTRODUCCIÓN

Con el libro de Job volvemos a los tiempos patriarcales. Job, un varón justo y temeroso de Dios, está acosado por tribulaciones de tal manera que, humanamente, ya no puede soportarlas. Sin embargo, no pierde la paciencia, sino que resiste a todas las tentaciones de desesperación, guardando la fe en la divina justicia y providencia, aunque no siempre la noticia del amor que Dios nos tiene, y de la bondad que viene de ese amor (l Juan 4, 16) y según la cual no puede sucedernos nada que no sea para nuestro bien. Tal es lo que distingue a este santo varón del Antiguo Testamento, de lo que ha de ser el cristiano.

Inicia el autor sagrado su tema con un prólogo (capítulos 1-2), en el cual Satanás obtiene de Dios permiso para poner a prueba la piedad de Job. La parte principal (capítulos 3-42, 6) trata, en forma de un triple diálogo entre Job y sus tres amigos, el problema de porqué debe sufrir el hombre y cómo es compatible el dolor de los justos con la justicia de Dios. Ni Job ni sus amigos saben la verdadera razón de los padecimientos, sosteniendo los amigos la idea de que los dolores son consecuencia del pecado, mientras que Job insiste en que no lo tiene.

En el momento crítico interviene Eliú, que hasta entonces había quedado callado, y lleva la cuestión más cerca de su solución definitiva, afirmando que Dios a veces envía las tribulaciones para purificar y acrisolar al hombre.

Al fin aparece Dios mismo, en medio de un huracán, y aclara el problema, condenando los falsos conceptos de los amigos y aprobando a Job, aunque reprendiéndolo también en parte por su empeño en someter a juicio los designios divinos con respecto a él. ¿Acaso no debemos saber que son paternales y por lo tanto misericordiosos? En el epílogo (capítulo 42, 1-16) se describe la restitución de Job a su estado anterior.

La historicidad de la persona de Job está atestiguada repetidas veces por textos de la Sagrada Escritura (Ezequiel 14, 14 y 20; Tobías 2, 12; Santiago 5, 11), que confirman también su gran santidad. Según la versión griega, Job era descendiente de Abrahán en quinta generación, y se identificaría con Jobab, segundo rey de Idumea. Pero esta versión se aparta considerablemente del original. De todos modos, es cosa admitida, que Job no pertenecía al pueblo que había de ser escogido, lo cual hace más notable su ejemplo.

El autor inspirado que compuso el poema, reuniendo en forma sumamente artística las tradiciones acerca de Job, vivió en una época, en la cual la literatura religiosa estaba en pleno florecimiento, es decir, antes del cautiverio babilónico. No es de negar que el estilo del libro tenga cierta semejanza con el del profeta Jeremías, por lo cual algunos consideran a éste como autor, aunque está claro que Jeremías es posterior y reproduciría pasajes de Job. Cf. Jeremías 12, 1 y Job 21, 1; Jeremías 11, 1 y Job 19, 23; Jeremías 20, 14-18 y Job 3 3-10; Jeremías 20, 11 y Job 3, 11, etc. Otros lo han atribuido al mismo Job, a Eliú, a Moisés, a Salomón, a Daniel. Ya San Gregorio Magno señala la imposibilidad de establecer el nombre del autor.

Job, cubierto de llagas, insultado por sus amigos, padeciendo sin culpa, y presentando a Dios quejas tan desgarradoras como confiadas, es imagen de Jesucristo, y sólo así podemos descubrir el abismo de este Libro que es una maravillosa prueba de nuestra fe. Porque toda la fuerza de la razón nos lleva a pensar que hay injusticia en la tortura del inocente. Y es Dios mismo quien se declara responsable de esas torturas. Esta prueba nos hace penetrar en el gran misterio de “injusticia” que el amor infinito del Padre consumó a favor nuestro: hacer sufrir al Inocente, por salvar a los culpables. ¡Y el castigado era SU HIJO único!

Las lecciones del Oficio de Difuntos están tomadas totalmente del Libro de Job y comprenden sucesivamente los siguientes pasajes: 7, 16-21; 10, 1-7, 8-12; 13,22-28; 14, 1-6, 13-16; 17, 1-3, 11-15; 19, 20-27; 10, 18-22.

JOB 1

1. Us, país situado probablemente en la Arabia Pétrea, al sur del mar Muerto, donde según se dice, existen aún hoy día las tribus a las cuales pertenecían los amigos de Job (temanitas, suhitas, naamatitas). Viviendo según la ley natural, sin conocer la Ley de Moisés, conservaba Job las tradiciones de los patriarcas y adoraba a Dios con sencillez de corazón. Job, el más poderoso entre los orientales, es una ilustración de Eclesiástico 31,8-11, donde el Espíritu Santo alaba al hombre rico “que es hallado sin culpa y que no anda tras el oro”; que puede pecar y no peca, hacer mal y no lo hace; que mediante sus riquezas puede oprimir al pobre y no lo oprime, cometer injusticia y no la comete. Perfecto y recto: San Jerónimo vierte sencillo y recto, es decir, sin doblez, como un niño. En esto consiste el más cumplido elogio del alma que agrada a Dios. Cf. Juan 1,47; Mateo 18,3 s.; Lucas 11,34; Santiago 4,8, etc. Temeroso de Dios; Véase la nota en Génesis 22,12, donde se ve que en esto se cifra la religión práctica, aplicada a la vida.

3. Por orientales han de entenderse los árabes que vivían al este y sudeste de Palestina.

5. Maldecido, literalmente: bendecido: locución antifrástica, por blasfemado. Este temor de Job es una lección para los padres que nunca creen a sus hijos capaces de obrar mal. Aun después de casados los hijos, los padres no pueden dejar de sentirse en cierto sentido, responsables por ellos.

6. Los hijos de Dios: los ángeles. Cf. Salmo 88,7 y nota. Satanás en hebreo quiere decir adversario, acusador, calumniador. Se le llama también diablo, del griego diábolos (calumniador). Los demás espíritus infernales se llaman demonios. Cf. 41,24 y nota. La existencia de Satanás y su actividad es atestiguada por el mismo Jesucristo, el cual le da el nombre de “príncipe de este mundo” (Juan 12,31; 14,30; 16,11); título que mejor que un libro entero nos explica su poder y nos da la clave para, comprender las vicisitudes del Reino de Dios en la tierra y la profecía de Cristo sobre la poca fe en el día de su Parusía (cf. Lucas 18,8 y nota; 1 Pedro 5,8). Sobre los métodos del diablo véase Génesis 3,4 s. y nota.

8. Mi siervo: Sobre el sentido de este título véase Números 12,7 y nota.

9. El diablo cumple aquí su oficio de calumniador, acusador de los hombres (Apocalipsis 12,10), mentiroso y padre de la mentira (Juan 8,44).

12. Este permiso de Dios prueba que el diablo no es dueño de nada de este mundo si Dios no se lo da. Se ve pues, que mintió en lo que dijo a Jesús en Lucas 4,6. Cuando Cristo le llama príncipe de este mundo (Juan 14,30), no se refiere a la creación, sino al mundo de los mundanos (cf. Juan 7,7; 14,17, etc.).

15. Los sabeos, según los cuneiformes, un pueblo nómada de la Arabia septentrional, que más tarde encontramos en el sur de la misma península. Hoy todavía hacen los nómadas semejantes incursiones en las comarcas vecinas.

16. Fuego de Dios: el rayo. Cf. 12 y nota. “Con esta expresión parece incitarse a Job para que se vuelva contra Dios como causante de sus desgracias” (Vaccari).

17. Los caldeos habitaban en la parte sur de Babilonia, o sea en el límite nordeste de Arabia.

20. Rasgarse los vestidos y cortarse los cabellos era señal de duelo. Véase Génesis 37,29; Levítico 10,6; Isaías 15,2; Jeremías 7,29.

21 s. Sublime escena, que recuerda la de Tobías 2,10 ss., donde se cita el caso de Job Notemos también en Santiago 5,11, la magnanimidad de Dios que se digna elogiarlo porque no pecó en la adversidad, así como en Eclesiástico 31,8 ss. elogia al rico que no peca en la abundancia. Debemos someternos a la voluntad de Dios y darle gracias por todo, aun por las aflicciones. “No hay fe más grande y viva que la de quien cree que Dios dispone todo para nuestro bien espiritual, cuando parece que nos destruye y trastorna nuestros mejores planes, cuando permite que nos calumnien, cuando altera nuestra salud de un modo irremediable, o permite cosas aún más dolorosas” (Garrigou-Lagrange, Providencia y Confianza en Dios, IV, 2).

JOB 2

2 s. Acabo de dar una vuelta por ¡a tierra: Es propio del salteador por excelencia andar girando en busca de presa (1 Pedro 5,8). Cf. 1,7. Dios le dice: ¿Has reparado en mi siervo Job?, pues no hay ninguno como él en la tierra. El mismo Dios reconoce la virtud extraordinaria de Job, quién en otro tiempo fue señor rico y padre más rico aun, y ahora está despojado y desnudo. Y como en todos esos acontecimientos que le habían sucedido, no había pecado ni hablado palabra necia, se regocija el Señor con la victoria de su siervo y la toma, como dice San Jerónimo, como propio triunfo (A Juliano, II).

4. Piel por piel, dice el gran salteador que conoce las timideces del hombre. San Antonio, el Doctor Evangélico, aplica esta escena a la vida espiritual, que es una lucha perpetua, diciendo: “Mortales como sois, mortificad la piel del cuerpo, para que en la resurrección final la recibáis glorificada” (Sermón de Natividad).

5. Te maldice: También aquí, como en 1,5 dice el hebreo bendecir, en vez de maldecir. Es este, más que un problema filológico, un fenómeno espiritual, que como se ve en Judas versículo 9, significa reconocer el absoluto dominio de Dios, que es el único a quien compete el poder de maldecir. De ahí que hasta San Miguel no se atreva a maldecir a Satanás y le diga solamente: “Reprímale Dios” (ibíd.). Cf. versículo 9; 1 Reyes 21,10; Salmo 9b,3 y nota.

7. Ulcera maligna: según la versión griega, la lepra.

8. Sobre ceniza. San Jerónimo vierte: sobre un estercolero. Los estercoleros se hallaban fuera de los sitios habitados; servían de paradero para los expulsados de sus habitaciones (Isaías 47,1). Las basuras se quemaban y ellos se abrigaban sobre la ceniza caliente. Aquí la expulsión se debe al hecho de que la enfermedad de Job era contagiosa.

9. Maldice: Cf. versículo 5. Admiremos, como una figura de Cristo, el abismo de paciencia de Job para no airarse contra semejante mujer. Véase Tobías 2,22.

10. Mujer necia: La necedad equivale, según la Biblia, a la impiedad. Véase los libros de los Proverbios y de la Sabiduría. Tal es el sentido de “fatuo” en Mateo 5,22. Nótese que la perfecta resignación de Job no le impedirá desahogarse en humildes quejas como veremos en 7,11 y ss. Los mismos Salmos (cf. el 21, el 34, el 68, etc.), expresan las quejas de Jesús doliente pero siempre confiado en el Padre. En esto está todo. Dios es quien envía las aflicciones. Él, que todo lo dispuso, ha destinado desde la eternidad una cruz a los que le aman; ha decidido despojarnos del hombre viejo y revestirnos del nuevo por medio de la gracia y mantenernos en ella por medio de la paciencia en las tribulaciones. ¿Quién, sabiendo esto, se atreverá a huir de los padecimientos y mirarlos con horror, ya que nos están destinados como una gracia por la infinita bondad de Dios?

11. ¡Consolarlo! Ya veremos que hacen todo lo contrario. Es para mostrarnos que nada hemos de esperar del mundo. Los LXX dicen que eran tres reyes, es decir, jefes de tribus, lo mismo que Job.

13. Los árabes aun hoy, al visitar al enfermo pariente y amigo, suelen mirarlo sin pronunciar palabra. Sólo interrogados por él contestan. Aquí termina el prólogo y empieza el poema propiamente dicho.

JOB 3 

1 ss. La maldición del día de su nacimiento y otras maldiciones que profiere Job en el curso de la narración, han de entenderse como expresión de la magnitud de su dolor y no como rebeldía, puesto que Dios nos lo presenta como gran ejemplo de paciencia. Cf. 2,10 y nota. Escuchemos la explicación de Fray Luis de León: “Muchos se trabajan en dorar estas maldiciones de Job y en excusarlas de culpa. Y porque les parece que maldecir uno su nacimiento, en la manera que aquí Job le maldice, es señal de ánimo impaciente y desesperado, hacen fuerza a lo que dice, y lo tuercen por diferentes maneras, y a mi parecer sin razón. Persuádome yo que los que de estas palabras se asombran y les buscan salida, nunca hicieron experiencia de lo que la adversidad se siente ni de lo que duele el trabajo, que, si la hubieran hecho, ella misma les enseñara que no se encuentra (no choca) con la paciencia que el puesto en desventura y herido sienta lo que le duele, y publique lo que siente con palabras y señas. Ni menos es ajeno del buen sufrimiento, que desee el que padece, o no haber venido el mal que tiene, o salir de él presto y en breve, que es todo lo que Job hace y dice en este lugar… Cristo, ejemplo de perfecta paciencia, aunque en los males que padeció, calló siempre, en lo último de ellos al fin se queja, y con voz dolorosa y grande, vuelto a su Padre, le dice: «¡Dios mío. Dios mío! ¿por qué me desamparaste?». En que mostró que no era impaciencia el quejarse, y que era de hombres, como Él verdaderamente lo era, el sentir el dolor y el querellare cada uno de lo que le duele” (Exposición del Libro de Job).

8. Job se sirve de expresiones populares. Los que maldicen los días son ciertos agoreros, especialistas en maldecir y capaces de despertar a Leviatán, es decir, al dragón que, según la creencia popular, vive en el mar, o al dragón celeste que según la mitología oriental intenta devorar el sol y la luna. Véase 40,20 ss.

12. El padre reconocía el niño como suyo recibiéndolo en las rodillas (Génesis 30,3; Salmo 21,11).

13. Reposaría: Job da como indiscutible la inmortalidad del alma. Más adelante expondrá el dogma de la resurrección (cf. 14,12 ss.; 19,25 ss.; Salmo 26,13).

14 s. Mausoleos; Vulgata: soledades. El texto “parece aludir a los mausoleos, pirámides, etc., que aislados del osario común y aun en sitios apartados se erigen los grandes personajes; monumentos, por otra parte, quizás ya por entonces expoliados (tal significa el vocablo etimológicamente)” (Bover-Cantera).

17. Cesan, etc.: Los impíos no ejercerán más sus violencias. Ver en Salmo 30,21 ss. cómo la muerte nos libra de la malicia de los hombres.

24. En vez de comer me alimento con suspiros: Otros traducen: antes de comer. El sentido es: los gemidos son mi pan.

25 s. Lo que temía: Según otros, no se referiría al pasado, sino al presente. Muchos repiten con Job la misma queja. La vida temporal está llena de aflicciones y pasa entre agitaciones y trabajos penosos. “¿Quién es el que no se halla martirizado por los dolores, atormentado de cuidados, y poseído de temores? Lloramos y reímos; la tristeza acompaña a la alegría; tenemos hambre y nos saciamos; pero, apenas saciados, el hambre nos asedia nuevamente. La sed agota nuestras fuerzas, el calor abate, el frío hiela. Suspiros, lágrimas, sollozos de todas partes; miserias universales, variadas infinitamente y sin número. El rico tiene sus aflicciones, y a menudo muy grandes: el pobre no cesa de tenerlas; los pequeños están expuestos a su influencia, y los grandes no se hallan exentos de ellas” (San Gregorio, Moralia).

JOB 4

1. Se abre la discusión de los tres amigos con Job que se cierra con el capítulo 31. Fillion los caracteriza de la siguiente manera: “Elifaz es el más digno, el más moderado y más reflexivo de los tres; habla con la autoridad y clarividencia de un profeta que ha recibido sus mensajes del cielo. Él da el tono al comienzo de cada una de las fases de la discusión. Baldad es representante de los sabios de la antigüedad; ha observado los acontecimientos de la vida, conoce los proverbios de los antiguos y se apoya sobre las lecciones del pasado; más su argumentación y su lenguaje son menos ricos que los de Elifaz, a la par que son menos simpáticos para Job. Sofar es fogoso, sin moderación, inclinado a invectivas y giros ofensivos, que para él tienen la fuerza de pruebas. Él será el primero en ser reducido a callarse”.

5 ss. Meditemos, para no imitarla nunca, la falta de caridad de este amigo. Pretendía consolar a Job (2,11) y no hace sino aumentar su dolor y quitarle el único consuelo que lo sostenía, o sea, la paz de la conciencia, que se sentía amiga de Dios. Esta dureza con el prójimo, so pretexto de virtud, es la característica del farisaísmo. Cf. Eclesiástico 18,15 ss.; Lucas 6,31; Mateo 23,4 y 13. Elifaz quiere probar que no es el justo quien perece sino el impío. Tal es, sin duda, la regla (Salmos 1 y 36, etc.), pero a veces aparece lo contrario (cf. Salmo 72), y sólo Dios sabe el secreto mientras llega la hora de la justicia. También Job, al final, tuvo grandísima prosperidad, aun en esta vida (cf. Salmo 33,20).

10. El león es imagen del malhechor que será exterminado por Dios.

17. Más puro que su Hacedor. Claro está que nadie puede justificarse por sí mismo ante Dios (Salmo 142,2). Pero Job no pretende tal cosa, como el mismo lo dice en 9,2. Sobre este problema de la justificación véase también 25,4; 1 Reyes 8,46 y notas.

18. Sus mismos ministros: los ángeles. Cf. 15,15; Salmo 102,20; 2 Pedro 2,4; Judas 6.

21. Se les corta el hilo de su vida: La imagen es tomada de la tienda de campaña. Cortar las cuerdas que sujetan la tienda al suelo equivale a destruirla. Cf. 2 Pedro 1,14, donde el Príncipe de los Apóstoles usa esta imagen, haciendo alusión a su muerte. Sin sabiduría, porque pusieron su confianza en lo perecedero y no en el único bien, que es Dios.

JOB 5

1. Los santos: los ángeles.

2. Vemos aquí el espíritu altanero de Elifaz. ¿Por qué le dice esto a Job, que no es iracundo ni envidioso?

3. Cf. Salmo 36,35 s.; Jeremías 12,2 s. Maldije su morada: Vulgata: maldije su belleza; el griego: fue consumida su morada.

4. En la puerta, porque en la puerta de la ciudad se reunía el tribunal. Por sentencia de jueces serán condenados sus hijos sin encontrar defensor alguno.

6 ss. Quiere decir: El dolor no es producto de la naturaleza, sino que brota de la actitud del hombre, el cual es por consiguiente la causa de sus padecimientos. Job contestará luego a esta tesis, que es falsa, porque nuestra naturaleza sumamente decaída por el pecado original, quedó entonces sujeta a los trabajos, a los dolores y a la muerte (cf. Génesis 3,16-19).

7. Nuestra versión de este versículo coincide con la Vulgata. Bover-Cantera vierte: es el hombre quien engendra la desgracia, como los hijos del relámpago levantan su vuelo; Nácar-Colunga: del hombre es de quien viene (el infortunio) como del fuego vuelan los chispazos.

8. Acudiría a Dios: Consejo ocioso, pues Job ora constantemente. Todas las lecciones del Oficio de Difuntos están tomadas de la sublime oración de Job.

9 ss. Todo este discurso parece contener muchas verdades porque coincide con otros pasajes de la Escritura (cf. 1 Corintios 3,19). Pero no ha de tomarse como doctrina de Dios, porque su intención no es recta, y el Señor lo condena al final, como también a los otros dos amigos de Job (cf. 42,7 ss.). Como se ve, abundan en la dialéctica de Elifaz argumentos que tomados por si solos son exactos, pero aplicados a Job resultan como una bofetada en la cara de un inocente.

13. Cf. Salmo 93,11 y nota.

19. Locución proverbial. El número siete significa la plenitud.

23. “Las interpretaciones dadas al pasaje son múltiples. Dhorme explica que tener pacto o alianza con las piedras del campo es estar asegurado de que ellas no invadirán el terreno para impedirle produzca” (Bover-Cantera).

JOB 6

1. Las palabras de Elifaz no han logrado calmar a Job, al contrario, lo dejan perturbado más que antes. “De ahí que reaccionara con acerbo vigor, sosteniendo tener razón en quejarse, afirmando su inocencia y vituperando a sus amigos por la falta de compasión. Ésta es la idea principal de este discurso que expresa también una penosa sorpresa: en vez de consolarme habéis agravado mi dolor; habéis frustrado mi esperanza” (Fillion).

5 ss. Job quiere decir: si estuviese bien, no me quejaría. Nadie aborrece a su propia carne, dice San Pablo. Por donde vemos que el dolor no es virtud en sí mismo, como tal vez lo crean los faquires o los estoicos. Lo que da valor a la Pasión de Cristo es la amorosa obediencia con que sufrió. Véase Lucas 22,42; Filipenses 2,8-9.

10. El Santo: Dios. El consuelo de Job consiste en no haberse opuesto nunca a la voluntad divina. Véase 4,5 y nota. La Vulgata traduce: Y seria éste mi consuelo, que afligiéndome con dolor no me perdonaría, ni yo me opondría a las palabras del Santo.

11 ss. Bellísima confesión, propia de la verdadera humildad e infancia espiritual (ver 7,11-12). Todos los grandes amigos de Dios han tenido este espíritu, de una manera muy especial el santo rey David. Nótese el fuerte contraste con el audaz estoicismo que Dios confunde (Marcos 14,29-30). Cf Salmo 68 y notas.

15 ss. Llama a sus amigos hermanos y les aplica la impresionante figura del torrente que cuando se derrite la nieve pasa con gran brío, pero luego se seca y no riega el país en el verano, que es cuando hace falta. De la misma manera carecen de consuelo las palabras presuntuosas de los amigos.

19. Elifaz era oriundo de Temá o Temán (véase 2,11 y nota). Sabá, región de Arabia.

20 s. Se refiere a las caravanas que esperan hallar agua en el torrente y quedan frustradas. Así los amigos le fallan en la hora del dolor.

26. El sentido es: ¿Queréis censurar las palabras escapadas en la desesperación, y las que lleva el viento? Cf. 7,16 y nota.

27. Quiere decir: Os arrojáis sobre un huérfano, como los acreedores que se apoderan del hijo de su deudor.

JOB 7 

1 s. Milicia: La idea no es la de guerra, sino la del trabajo por un tiempo, y durante el cual suspiramos por el reposo (Crampón). “Pero el Señor otorga la gracia a sus fieles siervos, y lo que es aún más, como dice San Pablo (Romanos 8,28): «El hace que todo contribuya al bien de los que le aman» hasta el fin; todo: la gracia, las cualidades naturales, las contradicciones, las enfermedades, hasta el pecado, dice San Agustín, el pecado que Él permite en la vida de sus siervos, como permitió la negación de Pedro, para que se afiancen en la humildad y en el amor más acendrado” (Garrigou-Lagrange, Proverbios y Conf., III, 3). Cf. 1 Pedro, 1,6; 5,10.

5. Cf. 17,14 y nota.

6. Cf. 9,25; 16,23; 17,11; Salmos 89,4; 102,12; Isaías 38,12; 40,6.

7 ss. Vuelve aquí a orar, con la debilidad de un niño que se queja. Este espíritu agrada al Padre Celestial, como lo vemos en los Salmos. Lo que Él aborrece es la soberbia que blasfema, o la soberbia que quiere ser fuerte confiando en sí misma. Véase versículo 21.

11. No tendré ya escrúpulo en lamentarme. Admiremos en esto la blandura de Dios.

12. Igual pequeñez que en 6,12.

16. Job desiste de desear la muerte violenta (versículo 15), pues de todos modos no vivirá ya mucho porque la vida se le escapa de entre las manos. La desesperación es todo lo contrario al espíritu de Job, el cual llega al colmo del dolor y lo dice, pero mantiene siempre la confianza en que Dios se dejará aplacar, y no pone límite a su esperanza, como vemos en 13,15 s.

17. ¿Qué es el hombre para que tanto le estimes? Es lo que debemos preguntarnos, con el santo Job, todos los días, siempre que nos compenetramos de la grandeza de Dios y de su magnificencia y la comparamos con nuestra miseria, nuestra pequeñez, nuestra flaqueza, nuestra mezquindad. “Sobrepasa la medida de nuestra comprensión el que Dios se ocupe de cada uno de nosotros, y sin embargo lo hemos experimentado mil veces en nuestra vida. Dios se comporta con sus creaturas como si toda su solicitud se concentrara sobre ellas, y particularmente sobre el hombre, y como si pensara únicamente en la felicidad de éste mismo, cuidándolo y guiándolo; facilitándole todo lo que necesita; poniendo en su camino cuanto podría serle útil; colmándole de alegrías y consuelos y prodigándose para hacerle entender Su amor, como si cada alma fuese el único y exclusivo objeto de su divina providencia” (Elpis).

20. Guardador de los hombres: He aquí uno de los más hermosos nombres de Dios, un fino atributo de su paternidad. ¡Y lo formula el hombre más atribulado del mundo, que ya no tiene esperanza de vivir! Admiremos también en esto la inquebrantable fe de Job. San Gregorio ve aquí expresada la fe en el Salvador esperado.

21. Los versículos 16-21 se emplean en la Liturgia en el Oficio de Difuntos. Este final contiene una sublime doctrina sobre la gracia, pues es como si dijera: Si acaso he pecado, ¿qué otra forma hay de limpiarme, sino tu perdón? ¿Acaso sería yo capaz de purificarme a mí mismo? Cf. 14,4; Salmo 50,9; Juan 13,8, etc.

JOB 8

1. El discurso de Baldad toma, y con mayor dureza, el mismo punto de partida que Elifaz: la culpabilidad de Job. Sobre suhita véase 2,11.

3. Baldad no puede concebir la misericordia de Dios, y la mira como si fuera contraria a su justicia. Jesús condena este espíritu en el hermano del hijo pródigo (Lucas 15,25 ss.) y en los obreros de la primera hora (Mateo 20,13 ss.). Dios, dice Santo Tomás, no obra nunca contra la justicia, pero sí más allá de la justicia. Nunca da de menos, pero si da de más (Salmo 77, .37 y nota). En Denz. 1014 puede verse cómo, según el Papa San Pío V, el premio es siempre superior a nuestros méritos.

5 s. Pretende Baldad de nuevo que Job tiene que convertirse. Sobre esta base falsa y desprovista de caridad, prosigue todo su discurso. Cf. 4,7 ss. y nota.

14. Texto inseguro. Vulgata: A él mismo no le contentará ya su estolidez; Nácar-Colunga: se apoya en una casa que se arruina; Champon: su confianza será quebrantada.

22. Cf. Salmos 34,26; 108,29.

JOB 9

2. En su respuesta, el piadoso paciente se refiere a la justicia, majestad y sabiduría de Dios, ante quien nadie puede afirmar ser justo. Cf. 4,17 y nota; Salmos 129,3; 142,2, etc.

7. Encierra las estrellas, es decir, hace que no luzcan, las entenebrece. Alusión al eclipse del sol.

9. Las constelaciones del cielo austral; literalmente, las cámaras o habitaciones del sur. Cf. 38,31.

13. Los auxiliares de Rahab: Alude en forma poética a un monstruo. San Jerónimo vierte: los que llevan sobre si el orbe. El sentido etimológico del vocablo Rahab es irritado, agitado. De ahí que se lo traduzca a veces por soberbio. Significa también a Egipto. Cf. 26,12; Isaías 30,7.

15. Altísimo concepto de un alma religiosa: aunque creyera estar en lo justo, jamás me pondría frente a Dios de potencia a potencia. Es la espiritualidad del Salmo 50.

20. Véase 1 Corintios 4,4. El sentido es que, ya sea por la fuerza, ya por la razón, nadie puede medirse con Dios (Vaccari). Quiere decir que si Él fuera malo o cruel, de nada valdrían nuestras justificaciones. Se deduce, pues, la más consoladora doctrina de la entrega, total y confiada, en las manos paternales y amorosas de Dios.

23. Él se ríe: Vulgata: No se ría: “En todo el libro, dice San Jerónimo, no hay palabra más audaz que ésta.” Vemos aquí señalado, con la viveza propia de la discusión, un hecho que se presenta simplemente a nuestra vista, en las guerras, terremotos, etcétera, donde todos parecen caer por igual, como dice el versículo 22. Es éste un secreto de Dios (cf. Lucas 13,1-5). Pero la fe inconmovible que hemos de tener en la misericordia y el amor de Dios que nos ha dado su Hijo, nos dice que nada se hace que no sea para nuestro mayor bien, ya temporal, ya eterno, como lo vemos en el mismo Job. Cf. Sabiduría 3,1 ss.; 4,7 ss.; Hebreos 12.

31. Fango: Vulgata: inmundicias: Es siempre el concepto de la nada del hombre, que no puede defenderse ante Dios sin atenerse a su misericordia.

32. Él no es un hombre como yo: Véase Isaías 45,9; Jeremías 49,19; Romanos 9,20.

33. Profundo pensamiento: entre Dios y nosotros no puede haber pleito que se entregue al fallo de un tercero; el arreglo tiene que ser directo. Pero hoy tenemos un Abogado y Mediador que defiende nuestra causa ante el Padre: Cristo Jesús. Cf. 1 Juan 2,1 s.; Hebreos 7,25.

34. Su vara: la fuerza de su brazo que me anonada y me impide esa libertad de espíritu que es necesaria para la oración.

JOB 10

1. Todo este capítulo ha sido incorporado al Oficio de Difuntos para dar expresión al completo abandono de las ánimas del Purgatorio. Cf. 5,8 y nota.

4 ss. Expresa el supremo argumento de nuestra impotencia que, frente al Infinito, no puede sino entregarse a su bondad. ¿Qué otra cosa podríamos decirle? He aquí el verdadero sentimiento de un cristiano en la hora de la muerte: abandonarse con filial confianza en los brazos paternales de Dios, diciéndole, como Jesús: ¡En tus manos encomiendo mi espíritu!

7. Es tal vez el pasaje más elevado y escondido de este maravilloso libro, pues parece que Job faltara a la doctrina que nos enseña a reconocernos pecadores (cf. 1 Juan 1,8 ss.; Lucas 13,5). Pero en el caso de Job es Dios mismo quien nos ha dicho desde el principio (1, 1) que Job era justo y sin pecado. De ahí que los amigos de Job parezcan a veces tener razón contra él, según las reglas generales, sin comprender que se trata de una misteriosa excepción. Cf. versículo 12 y nota.

10 s. Sobre este estado embrionario del hombre y la asombrosa dignación con que Dios se ocupa de nosotros, cf. 7,17; Salmo 138,13 y notas.

12. Ha conservado mi vida: El sentido es: ha guardado mi alma del pecado. He aquí la explicación de lo que parecía orgullo en el versículo 7. Job no niega su inocencia, sino que reconoce que ésta es obra de la gratuita misericordia de Dios, a quien por tanto corresponde todo el mérito y la gloria. Es el mismo espíritu del Magníficat, en que María conoce bien su propia nada, y al mismo tiempo reconoce que Dios ha hecho en ella grandes cosas.

13. Vulgata: Aunque encubras en tu corazón, estas cosas, sin embargo sé que de todas tienes memoria. Según la Vulgata el sentido sería: Aunque pareces olvidar tus antiguos favores, sé que eres bueno (Fillion). Según el hebreo, estas palabras parecen en Job un colmo de audacia. Pero vemos cómo todo conduce a un mayor triunfo final de la Providencia.

21 s. Describe la condición de la vida de ultratumba, sin distinción de buenos y malos (Santo Tomás). Es frecuente en el Antiguo Testamento esta alusión al “scheol”, lugar subterráneo a veces traducido por infierno (como en el Credo: “descendió a los infiernos”), y a dónde van los buenos (Salmo 15,10; 1 Pedro 3,18 ss.) y también los malos (Números 16,33; Salmo 54,16). Cf. 14,13; 19,25; 26,5 s.; 1 Samuel 2,6; Salmos 48,15 s.; 87,13; Eclesiastés 6,4; 9,5, etc. El nuevo Testamento completa esta doctrina.

JOB 11

1. Sofar sostiene la misma tesis que sus dos amigos Elifaz y Baldad, más los supera en reproches injustos. Sobre naamatita véase 2,11.

2 ss. Le atribuye mala fe. Quizá todos pensaríamos lo mismo si Dios no nos mostrase, precisamente en este libro, ese misterio de las almas, que sólo Él conoce. De ahí el consejo de no juzgar la conducta del prójimo (Mateo 7,1-5), lo cual no debe confundirse con el juicio respecto de las doctrinas, que debe hacerse a la luz de Dios (1 Juan 4,1 ss.; 1 Tesalonicenses 5,21) para poder guardarse de los falsos profetas (Mateo 7,15 ss.; 2 Timoteo 3,5; Santiago 3,12; Hechos de los Apóstoles 17,11; Juan 5,39, etc.).

4 ss. Todo esto parece buenísima doctrina, pero Sofar no comprende que no es éste el caso de Job, y no obra movido por la caridad (cf. 10,7 y nota). Cierto es que Dios está muy alto, pero Él se da a conocer a los rectos que reciben su Espíritu (1 Corintios 2,10 ss.; 2 Corintios 4,6; Lucas 10,21, etc.).

8. Scheol: Véase 10,21 s.; 19,25 s. y nota.

12. El sentido es oscuro. Puede significar: El hombre vano llega a ser sensato, cuando el pollino del asno montés se hace razonable, es decir, nunca. Otra versión: Hasta el loco comprendería (ante estas razones) y el pollino del asno montes se haría razonable (Crampón).

17. Así sucedió luego a Job (cf. cap. 42), pero no por las razones que cree Sofar.

18. Job nunca perdió la esperanza (cf. 13,15), pero la cifraba en la misericordia de Dios y no en sus propios méritos (7,7 ss.; 9,15 ss. y notas).

JOB 12

2. Sois hombres: Job habla en sentido irónico, como si dijera: ¿Vosotros sois acaso los únicos hombres capaces de pensar y hablar? “Se burla disimuladamente de Sofar, que comenzando muy hinchado y prometiendo de sí mucho, en cuanto habló nunca supo hablar a propósito” (Fray Luis de León).

3. ¿Quién ignora esas generalidades? Pero aquí hay un misterio de Dios. Cf. 10,7 y nota.

4. Hay muchas versiones diversas. Parece que Job atribuye a sus amigos (4,6; 5,1) burlas semejantes a las que recibió Jesús de sus enemigos a causa del abandono por parte del Padre (cf. Salmo 21,9; Mateo 27,43). San Próspero explica esta conducta de los malos hacia los buenos: Todos los que quieren vivir con piedad en Jesucristo, dice, deben disponerse a sufrir oprobios y burlas de parte de los impíos, a ser despreciados como insensatos que pierden los bienes presentes y no aspiran ni se aficionan más que a los futuros. Dios lo permite para aumentar el brillo de la corona de los buenos. Este desprecio, esta burla, redundará en perjuicio de los malos, cuando su abundancia se convierta en escasez y su ciego orgullo en confusión. (In Sent. et Epigram. c. 32).

5. ¡Ignominia al que sufre! etc.: Texto dudoso y muy discutido. Vulgata: Es antorcha despreciada en el concepto de los ricos, prevenida para el tiempo establecido. Bover-Cantera: Un hachón despreciable, a juicio del dichoso, adecuado para los de vacilante pie. Vemos aquí el criterio del mundo, diametralmente opuesto a las bienaventuranzas de Jesús (cf. Mateo 5).

6. No siempre la prosperidad es fruto de la virtud, y las pruebas no siempre provienen de la culpa. Es el misterio de que tratan los Salmos 36, 48, 72, etc. Dios permite muchas veces que los logreros y ladrones prosperen, “porque tiene reservado su castigo para la otra vida… Dios suele premiar con bienes temporales algunas obras buenas que a veces hacen los malos, y castigar con aflicciones y penas de esta vida las culpas o defectos en que incurren los que le sirven” (Páramo).

7 ss. Este cuadro de la grandeza de Dios no nos da más que una débil idea de Dios. Cuanto más nos aplicamos a conocerlo, más abismos de perfección descubrimos en Él. Por esto dice San Gregorio Nacianceno que cuanto más se trata de conocer a Dios, más se sustrae Él a las investigaciones, huyendo de tal manera en el mismo momento en que creemos alcanzarle, que levanta hasta los cielos a los que le buscan con amor (In Job). También la naturaleza hace las veces de una Biblia que nos da el conocimiento natural de Dios, así como las palabras con que Él se revela, nos dan el conocimiento sobrenatural de Él. Cf. Romanos 1,20; Denz. 2.145; Juan 1,18; 3,32; 6,46. Cf. también el discurso final de Dios en Job 38 ss.

11 ss. Mejor sabe el cuerpo discernir el sabor que el alma descubrir la sabiduría de Dios distinguiendo las palabras divinas de las mundanas. Job ensalza la providencia del Creador, para demostrar que Él no puede hacer injusticia al hombre. El piadoso paciente vislumbra la solución del problema del dolor, más todavía no logra encontrarla.

12. Esta es la regla. El versículo 20 nos muestra que Dios la altera cuando quiere. Cf. Salmo 118,100; Sabiduría 4,8; Proverbios 9,4; Lucas 10,21, etc.

14. El primer hemistiquio es aplicado contra los enemigos de Israel en Malaquías 1,4. Cf. Salmo 126,1. El segundo es uno de los atributos con que se presenta Jesús en Apocalipsis 3,7. Cf. Isaías 22,22.

15. Sobre este permanente milagro de las aguas véase Salmo 103,9 y nota.

18. La faja era distintivo de los reyes y magnates.

19 ss. Es la misma doctrina que nos da la Virgen María para descubrirnos el Corazón de Dios. Cf. Lucas 1,51 ss.; Salmo 112,7 ss. y nota.

22. Jesús lo demuestra en Mateo 10,27 y Lucas 12,3.

24. Muy pocas veces recordamos que también el corazón de los príncipes es manejado por Dios, según sus designios (cf. Proverbios 21,1; Ester 15,11; Nehemías 2,8; Jeremías 25,9). Vana es toda filosofía de la historia, que no se funda en esta verdad.

25. He aquí las señales de la reprobación, consecuencia del endurecimiento, que a su vez es, como dice San Agustín, la fuerza del desgraciado hábito del mal, que agobia el alma y no le permite resucitar ni respirar.

JOB 13

4. Médicos inútiles todos. Vulgata: secuaces de perversos dogmas. Job rechaza como mentira la afirmación de que las tribulaciones solamente pueden ser castigo del pecado. La sabiduría de Dios no necesita mentiras para su justificación. Cf. versículo 7.

5. Notable enseñanza sobre la virtud del silencio, que aun a los tontos sirve de sabiduría. Cf. Proverbios 17,28.

7. Argumento de extraordinario vigor para librarnos de un celo indiscreto o de una apologética demasiado humana. Es el que empleó San Agustín en su célebre discusión con San Jerónimo sobre la actitud de San Pablo en Gálatas 2,14.

8. Otra admirable lección para el que pretenda servir a Dios sin quitar de en medio la propia suficiencia (Lucas 9,23) y creyendo hacerle un favor como el fariseo del Templo (Lucas 18,11). Cf. Denz. 193.

10. El sentido es: Sois parciales y prevenidos contra mí, pretendiendo erigiros en jueces entre Dios y yo, empeñándoos en crear entre ambos un conflicto que no existe, pues yo estoy enteramente sumiso a su santa voluntad y confiado en su misericordia.

13. Callaos. Se ve que los amigos quieren interrumpirlo para defenderse.

14. Tomaré mi carne entre mis dientes: expresión metafórica; significa: expondré mi vida a la muerte. Lo mismo quiere decir: poner el alma en las manos (cf. Jueces 12,3; 1 Samuel 19,5), o sea, hablar con sinceridad absoluta, jugarse el todo por el todo, suceda lo que suceda.

15. Maravilloso remedio contra el escrúpulo y la falsa humildad. Job sabe que su corazón no le redarguye (cf. 1 Juan 3,21) porque todo lo espera de la gratuita misericordia sin alegar mérito alguno por su parte. Así es la fe de Abrahán (Romanos 4,17 ss.) y la de David (Salmo 50 y notas). Por eso agrega con seguridad (versículo 16) que Dios será su salvador. Cf. 4,17 y nota. “No fue baldía esta palabra de Job, dice Santa Teresita… Confieso que he tardado mucho tiempo en radicarme en este grado de abandono; ahora estoy asentada en él; el Señor paternalmente me ha recibido en sus brazos”. (Historia de un alma, XII).

JOB 14

1. Corto tiempo: Sin embargo, ese corto tiempo es una pequeña imitación de la eternidad (San Agustín, In Psalmo IX), y la eternidad es siempre la misma, dice Bossuet. Lo que el tiempo no puede remedar por su constancia, trata de imitarlo por la sucesión. Si nos quita un instante, nos da sutilmente otro parecido que nos impide echar de menos el que acabamos de perder. Así es como el tiempo nos engaña, ocultándonos su rapidez. De ahí que el Apóstol nos advierta: “Rescatad el tiempo”. (Éfeso 5,16.)

4 ss. El Papa San León Magno vierte de manera sintética, combinando ambos versículos: Ninguno es limpio de mancha, ni siquiera un niño cuya vida sobre la tierra sea de un sólo día. Lo mismo hace San Clemente Romano (I ad Corintium 17). Es la gran doctrina de la naturaleza caída y la necesidad absoluta de la Redención y de la gracia para nuestro libre albedrío “disminuido y deteriorado” (Denz. 199). “La naturaleza humana, aun cuando se mantuviese con aquella integridad en que fue creada, de ningún modo se salvaría por si misma sin la ayuda de su Creador” (Denz. 192). Cf. 7,21; 25,4; Salmo 142,2 y notas.

6. Los versículos 1-6 se leen como lección en el Oficio de Difuntos.

12. En el Antiguo Testamento todavía no aparecen revelados todos los misterios (Éfeso 3,8 ss.) acerca de la resurrección y el triunfo sobre la muerte, el cual fue fruto de la Redención de Cristo (Romanos 5,17; 1 Corintios 15,22 ss.). La muerte era un estado sin consuelo (10,21 y nota) y solamente algunos pocos iluminados conocían proféticamente la esperanza de una nueva vida. Job fue uno de éstos, como se ve a continuación.

13. Los versículos 13-16 se leen en el Oficio de Difuntos. En ellos se vislumbra la esperanza de la resurrección, que aparecerá clara en 19,25 s. Cf. 3,13. Scheol: Cf. 10,21 y nota. Los traductores han vertido esta palabra con distintos criterios, y entienden a veces sepulcro, a veces infierno (o abismo o tártaro, etc.), tomando, con preferencia, según observa un autor, el primer sentido cuando se trata de la muerte de hombres buenos y el otro cuando han sido nulos. De ahí que algunos modernos han optado por mantener los términos originales (scheol, griego nades), sin traducirlos. Es éste uno de los muchos puntos que, como dice la Encíclica “Divino Afflante”, quedan abiertos a la investigación de los estudiosos y que merecerían un análisis hecho con detenimiento y microscópica minuciosidad para conocer el exacto sentido de estas palabras. Véase 19. 25 s. y nota.

14. ¡Si el hombre pudiese morir y luego revivir! “Lo que Job sólo expresa aquí como un piadoso deseo, fue luego, gracias a Jesucristo, y en un grado incomparablemente más sublime, promesa divina, corroborada por las más seguras prendas” (Vaccari).

20. Véase versículo 12 y nota.

JOB 15

1. Empieza el segundo turno de discursos de los amigos de Job que formulan nuevos cargos, que no pueden ser más graves.

4. Elifaz quiere decir: Tú presumes de tus propias fuerzas y te has alejado del temor de Dios por lo cual no recurres por medio de la oración a la gracia del Creador. Fácil es observar por todo lo que precede (cf. 13,15 y nota), la enorme injusticia de esta acusación contra Job. El espíritu farisaico de los amigos no puede comprender la verdadera humildad y confianza filial.

10. Cabezas canas, es decir, sabios, hombres que tienen experiencia.

11. Alude a los discursos anteriores que pretendían consolarlo. Cf. 2,11; 4,5.

14. Nótese que Job se ha anticipado expresamente a este argumento. Cf. 14,4 y nota.

15. Santos: los ángeles. Véase 4,18 s. y nota.

21. Se refiere al remordimiento, sin recordar que eso es precisamente lo que Job no tiene. Contradicción con lo dicho en el versículo 4.

23. El día de las tinieblas: el día de la muerte. El impío siempre está rodeado de tinieblas (temores) aún al sentarse a la mesa.

29 ss. Bien sabemos cómo se equivocaron estas negras predicciones respecto de Job (cf. 42,7 ss.). Es muy propio del espíritu farisaico, falto de humildad y caridad, el presentarse así como maestros y querer moralizar a los verdaderos amigos de Dios, como hicieron con Cristo. Cf. 20,6; Mateo 9,11, etc.

33. Esto es: los hijos del impío perecerán viviendo aún su padre. Morir sin hijos equivalía a la maldición.

34. Que reciben regalos para torcer la justicia. Cf. 20. 26.

35. Figura frecuente en la Escritura. Véase Salmo 7,15; Isaías 59,4; Oseas 10,13.

JOB 16

1. Consolar es un arte dificilísimo. Lo enseñan solamente el dolor y la caridad. “Mientras los amigos de Job callaron por respeto a su dolor, todo fue bien; pero en cuanto empezaron a hablar, lo irritaron y lo molestaron; pues cayeron sobre él como representantes de la Ley, ceñudos, inclementes y sombríos, y ponderaron minuciosamente cada una de sus lamentaciones. Aún no han desaparecido estos enojosos consoladores, que tratan al que sufre con aire de superioridad” (Mons. Kepler).

8 s. Los versículos 8 y 9 ofrecen, como observa, Bover-Cantera, múltiples dificultades y han originado un sinnúmero de correcciones e interpretaciones. Algunos toman por sujeto el dolor, como quien dice: el dolor me ha agotado; otros introducen a Dios como causante (cf. 19,6 y nota). El versículo 9 reza en la Vulgata: Mis arrugas dan testimonio contra mí, y se levanta quien habla falsedad para contradecirme en mi cara; en la versión de Bover-Cantera: Me has llenado de arrugas, que se han hecho testigo (adverso mío), aliándose contra mí mi calumniador, que en mi misma cara depone.

11. Me hieren en las mejillas: Según los santos Padres alusión profética a la Pasión de Cristo, quien iba a ser abofeteado por sus enemigos.

12. También aquí es Job figura de Cristo abandonado y entregado por el Padre. Cf. Salmo 21,2; Mateo 27,46.

16. El saco o cilicio, en señal de luto. Lo mismo quiere decir cubrirse de ceniza.

18. La insistencia con que se declara inocente no obstante sus pruebas (10, 7 V nota) es otra alusión a la Pasión redentora. Cf. 42,16; Salmo 68,5 y nota.

19. No cubras: para que la sangre derramada clame a Dios por venganza como la sangre del justo Abel. Cf. Génesis 4,10 s.; Isaías 26,21; Ezequiel 24,7.

JOB 17

1. Los versículos 1-3 y 11-15 se leen en el Oficio de Difuntos.

3. Sé Tú mi fiador: Sublime lección de confianza, mucho más fácil desde que Cristo mismo se hizo nuestra caución y nuestro abogado ante el Padre. Cf. 1 Juan 2,1 s.; Romanos 8,34; 1 Timoteo 2,5; Hebreos 7,25; Catecismo Romano I 7, 6; II 2, 5, 18, 63; IV 7, 3; 14, 13.

5. ¡Mis amigos no tienen sabiduría para sí mismos, y pretenden enseñar a otros!

6. A quien se escupe en la cara. También esto se cumplió en Jesús. Cf. Marcos 14,55.

9. El verdadero justo no se escandalizará por ver la virtud perseguida, ni obrará como el pedregal de que habla Jesús. Cf. Mateo 13,21.

10. Algunas versiones ponen el signo de interrogación. Según otras Job no les dice “venid”, sino “venís”, reprochándoles que vuelvan a mortificarlo.

12. Me hacen pasar la noche sin dormir, por lo cual deseo que pronto venga el día (cf. Salmo 29,6 y nota). Puede también significar que los amigos llaman día a la noche, o sea verdad al error.

14. Todos podemos aplicarnos esta cruda verdad, como lo hace San Bernardo en su célebre fórmula: “¿Qué fui? –Semen pútrido. ¿Qué soy? –Saco de estiércol. ¿Qué seré? –Pasto de gusanos.” Y con todo, somos imagen de Dios y sus hijos de adopción en Cristo. Es el misterio que nos revela San Pablo en Éfeso 1,5. Véase allí la nota.

JOB 18

3. Baldad exagera. Job no pretende que sean bestias, sino que, como dice San Pablo, el hombre simplemente natural, no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios. Sólo las entiende el hombre espiritual, iluminado por la luz sobrenatural de la fe (1 Corintios 2,10-14).

4. Baldad reprende a Job como si se hubiese entregado a la desesperación. Nada más lejos de la verdad, siendo Job precisamente ejemplo de paciencia y de esperanza. Cf. 19,27 y nota.

13. El primogénito de la muerte: Es como si Job hubiera visto la guerra moderna, a la cual podría llamarse con razón “primogénita de la muerte”, porque todo lo que el mundo entiende por dolencias corporales, angustias y llagas, temblores del alma, miedo, espanto, desesperación, todo se junta y se acrecienta en la guerra hasta lo sumo, para caer sobre los pueblos como un huracán. “Ya no es uno solo el que lucha contra el dolor, sino pueblos en masa con todas sus fuerzas físicas y espirituales. Ya no es el individuo el que agoniza, sino naciones enteras. Entonces es cuando la virtud del sufrimiento experimenta sus más lamentables derrotas; y entonces es cuando celebra sus más gloriosos triunfos” (Mons. Kepler).

19. Muy otro fue el destino de Job, como vemos en 42,13 ss.

20. En el día (de su caída), o en el día en que se falló sentencia contra el pecador.

21. Esto lo dice un sabio oriental contra los hombres que no han querido conocer a Dios (cf. Romanos 1,19 ss.; Jeremías 9,3; 10,25; Salmo 78,6 y nota). Más terrible será ese juicio para los cristianos, que hayan despreciado gracias tanto mayores. Cf. 2 Tesalonicenses 1,8; 2,10 ss.; Hebreos 10,29.

JOB 19

3 s. Realmente asombra la insistencia en buscar y repetir los mismos argumentos contra Job. El sentido es: ¡Aunque hubiese yo pecado, sólo la soberbia puede moveros a hacer de maestros! Jesús nos da sobre esto una enseñanza definitiva: ¡no buscar la pajuela en el ojo ajeno! Mateo 7,1 ss.

6. Como si dijera: Sabed que es Dios el culpable. Golpe magistral en que Job acusa formalmente a Dios de injusticia según el criterio de los amigos, pues que está probando a un inocente. Así lo interpretaron también San Jerónimo y Santo Tomás. Admirable lección que nos enseña a no querer someter a nuestra limitada inteligencia la soberana libertad de Dios. Cf. 21,4 y nota.

9. Gloria: los honores y las riquezas que antes le correspondieron.

13. Véase 6,15 y nota. Recordemos el abandono de Jesús (Mateo 26,56; Marcos 14,50), profetizado en Salmos 68,9; 87, 9, 19, etc.

17. La expresión hijos de mis entrañas significa a los hermanos aludidos en el capítulo 42, 11 y no a los hijos de Job, los cuales ya no están en vida (cf. 1,19).

18 s. Notemos este magistral retrato de lo que es el mundo para los que sufren. Por eso Dios insiste tanto sobre el triunfo de éstos en su Reino. Cf. Salmo 71,2 y nota.

20. La enfermedad ha consumido todas mis carnes. Lo único que me queda son los huesos (cf. Salmo 101,6; Lamentaciones 4,8). Los versículos 20-27 forman parte del Oficio de Difuntos.

21 s. Admiremos la elocuencia de este llamado desgarrador, y observemos la coincidencia de Job con la queja de Jesús en Salmo 68,27 sobre aquellos que son crueles con los afligidos, añadiendo sus ofensas a las pruebas enviadas por Dios. Así fue para nuestro Redentor la flagelación, que Pilato pensó emplear para no condenarlo a muerte, y sólo fue un nuevo suplicio.

23 s. Job prepara solemnemente el ánimo de sus oyentes para la extraordinaria revelación que va a hacerles del misterio de la resurrección. El anhelo de perpetuar sus palabras se ha cumplido en estas Sagradas Escrituras, más duraderas que la célebre roca de Behistun donde Darío Hystaspes escribió sus hazañas sobre la piedra.

25 s. La tradición cristiana ve aquí expresada la esperanza en el futuro Redentor, que nos resucitará (1 Tesalonicenses 4,16; 1 Corintios 15, 23, 51, texto griego), y a quien veremos con nuestros propios ojos de carne (Apocalipsis 1,7; Zacarías 12,10; Juan 19,37; Mateo 24,30). San Jerónimo dice que ninguno antes de Cristo habló tan claramente de la resurrección como Job, el cual no sólo la esperó, sino que la comprendió, y proféticamente la vio en espíritu. Cf. 3,13; 14,13; Isaías 26,19. Es maravilloso este concepto de la resurrección de la carne, en pleno Antiguo Testamento, cuando los misterios del más allá estaban aún cubiertos con un espeso velo. Los destinos eternos del hombre no se manifiestan en el Antiguo Testamento sino de una manera gradual, como observa Vigouroux. Israel consideraba la muerte como un justo castigo del pecado, según el cual todos iban al “scheol” (en griego Hades), que la Vulgata traduce por infierno, pero que designaba a un tiempo el sepulcro y el lugar oscuro donde los muertos buenos y malos esperaban la resurrección traída por el Mesías, según lo vemos aquí y en la gran profecía de Ezequiel 37. Según esto, se explica que Israel no pusiera el acento sobre el distinto destino del alma y del cuerpo entre el día de la muerte y el de la resurrección. David dice varias veces a Dios que en la muerte nadie puede alabarlo. Se resignaban a ese eclipse total de la persona humana, hasta el día en que viniese la nueva vida traída por la Aparición gloriosa del Redentor que había sido prometido desde el Protoevangelio por la fidelidad indefectible de Yahvé. El dogma de la inmortalidad del alma separada del cuerpo, y del premio o castigo inmediato de aquélla a la muerte de cada uno, dogma que fue definido por el Concilio de Florencia (y anticipado ya en el de Lyon) incluyendo la visión beatífica, no era general entre algunos Padres, que se preguntaban, dice Vacant, si los justos gozarían de ella antes de la resurrección general. El mismo autor agrega: “San Justino, San Ireneo, Tertuliano, San Cirilo de Alejandría, San Hilario, San Ambrosio, y el mismo San Agustín pensaron que hasta entonces ellas no poseían más que una felicidad imperfecta, en un lugar que llaman ora infierno, ora paraíso, ora seno de Abrahán. Pero esta manera de ver fue abandonada poco a poco.” El concepto claro que hoy tenemos de esa visión beatífica del alma separada del cuerpo es, ciertamente, una preciosa verdad, que contiene una nueva manifestación de la divina misericordia. Pero no debe hacernos olvidar que en el Apocalipsis (6,10 s.) esas almas claman por la plenitud de su destino, la cual tendrá lugar cuando Cristo, trayendo consigo su galardón (Apocalipsis 22,12), retorne de los cielos “desde donde esperamos al Salvador, el Señor Nuestro Jesucristo, el cual transformará nuestro vil cuerpo para que sea hecho semejante a su Cuerpo glorioso” (Filipenses 3,20 s.). De ahí que San Pablo llame a la resurrección “la redención de nuestros cuerpos” (Romanos 8,23). Cf. Lucas 21,28. Sabemos, que resucitaremos, y esta esperanza se apoya en la resurrección de Cristo, verdad fundamental del Cristianismo, “llave de bóveda de la predicación apostólica”, pues “si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación, vana también vuestra fe… Si solamente para esta vida tenemos esperanza en Cristo, somos los más desdichados de todos los hombres. Mas ahora Cristo ha resucitado de entre los muertos, primicia de los que durmieron” (1 Corintios 15,14-20). “Lo primero y lo más importante, lo que debe llenar con santa pasión nuestra predicación sobre los Novísimos, es el anuncio de la resurrección de nuestra carne” (Rahner. Teología de la Predicación). Véase Isaías 26,19; Ezequiel 37,1-14; Daniel 12,2; 2 Macabeos 7,9; 12,43.

28. Véase Sabiduría 5,4 ss.

29. Muchas veces nos repite Dios que Él vendrá a sus amigos. Ver 1 Samuel 24,13; Salmo 9,20; 65,5; 108,1 y notas.

JOB 20

5 s. Sofar cuenta entre los impíos también a Job, a quien anuncia falsamente toda clase de males. Esa suficiencia orgullosa es precisamente lo que caracteriza al mismo Sofar. Cf. versículo 3. Pero él no piensa en aplicarse la lección que pretende dar a Job. Es de los que exponen la doctrina intelectualmente pero no la viven. Cf. el gran discurso de Jesús contra los fariseos y escribas en el capítulo 23 de San Mateo.

11. Vulgata: Sus huesos se llenarán de los vicios de su mocedad, y con él dormirán en el polvo; porque los malos hábitos que le dominan, cada vez se van arraigando más, y permanecerán con él hasta la muerte (San Gregorio Magno). Vemos, pues, que Sofar parte siempre de una falsa base, como si el juicio de Dios se realizase necesariamente en esta vida.

15. El veneno es la causa del vómito. El sentido literal es: el pecado hace que Dios le quite las riquezas.

16. Lengua de víbora es la suya, que no cesa de atormentar a un amigo de Dios.

26. Fuego no encendido: “Todos convienen en que se indica en este lugar la condición del fuego del infierno, que abrasa pero no alumbra, y como interpreta el M. León, se enciende sin ser soplado, y quema sin estar expuesto al aire. Véase el Crisóstomo y San Gregorio” (Scío).

JOB 21

1. Sorprende este empeño de Job por seguir hablando a quienes no lo entienden por falta de espíritu. Es que Dios ha querido dejarnos estas grandes lecciones por medio de su querido siervo. Como regla, la Sagrada Escritura nos enseña a huir de toda clase de disputas. Cf. Proverbios 18,6; 1 Timoteo 2,23; Tito 3,9.

2. Este consuelo: el consuelo que me deis y que consiste sencillamente en escucharme. Verdadera obra de misericordia es atender al afligido que se desahoga, y no, por el contrario, amargarlo con reproches.

4. No de un hombre. “Se trata en verdad de un enigma de la Providencia divina” (Knabenbauer). Cf. 19,6 y nota.

7. Job aduce contra las acusaciones de sus amigos un nuevo argumento, advirtiendo que muchas veces aquí abajo los injustos son felices, pero, en cambio, serán castigados en el día de la perdición (versículo 30). Sobre este problema véase Salmo 72 y sus notas; Jeremías 12,1 ss.; Hababuc 1,3.

13. Sin darse cuenta: Otros vierten; en un instante (Crampón, Bover-Cantera), tranquilamente (Nácar-Colunga). El sentido es: “No siempre castiga Dios a los malos en este mundo; hasta les envía una muerte apacible en la apariencia” (Cardenal Gomá, Biblia y Predicación p. 269). No conviene, pues, aplicar este pasaje a la vida aparentemente feliz de los impíos que mueren sin sufrir dolor, porque Dios les prepara una inesperada muerte. Sepulcro, en hebreo: scheol. Cf. 19,25 s. y nota.

14. Retírate de nosotros: Hoy se dice esto a Dios de mil maneras, pero con más cortesía, no tan directamente, porque somos hombres cultos. La ofensa es la misma. Es la impiedad, no de los pecadores que caen por frágiles, sino de los soberbios que creen no necesitar de Dios, o de los fariseos que prefieren las tinieblas a la luz (Juan 3,19; Salmo 35,4 y nota). Cf. el caso de los gerasenos que pidieron a Jesús que se retirase (Lucas 8,26 ss.).

19. ¿Dios castigará al padre en sus hijos? Job rebate tal aserto de Sofar (20,10) y de Elifaz (5,4). Sobre el sentido de Éxodo 20,5, cf. Ezequiel 18,20; Génesis 8,21; Lucas 12,48; 7,43; Mateo 9,11; 18,13 y Catecismo Romano III, 2, 36.

20 s. Al muerto no le importa el destino de su casa, pues ya no siente nada. Además, la prueba habría de ser en la propia carne, pues nadie suele escarmentar en cabeza ajena.

22. He aquí el fondo de la doctrina de Job y de toda la Sagrada Escritura: Dios es la perfecta Sabiduría y Bondad, y nos da sobradas pruebas de ello como para que pensemos bien de Él, y no lo juzguemos cuando no lo entendemos con la razón. Los pequeños lo entienden porque no lo juzgan sino que lo admiran como un niñito a su padre. Cf. Salmo 50,6; Romanos 8,7; 9,21; Sabiduría 1,1; Proverbios 9,9, etc.

23 ss. Continúa Job exponiendo el misterio de la prosperidad de muchos impíos, etc. (cf. 12,6 y nota) y lo hace con admirable crudeza de verdad. Dios no tiene nada que ocultar y no necesita de nuestras mentiras para que lo defiendan o le atribuyan una justicia al modo humano.

27 ss. Los amigos se empeñan en que hay justicia en este mundo, porque ellos son mundanos. Job no teme proclamar toda la verdad: preguntad y veréis que no es así (versículo 29). Por lo demás los cristianos sabemos que los amigos de Dios padecen persecución y odio (cf. Salmo 36,12; 111,9 s.; 118, 51, 74 y notas; Hechos de los Apóstoles 7,54; Juan 16,1 ss.; 2 Timoteo 3,12, etc.). Pero Dios hace suave el yugo dando gozo en las tribulaciones (Salmo 4,2; Romanos 5,3), las abrevia (Mateo 24,22; 1 Pedro 5,10), nos librará de ellas (Salmo 33,20; Lucas 21,36) y nos dará una gloria incomparablemente mayor (Romanos 8,18 ss.; Denz. 1014).

30 ss. El día de la perdición: No se refiere al juicio de Dios, y dice a la inversa: que (según lo muestran esos viajeros interrogados) los malos escapan en el día de la desgracia, y son enterrados con honor, etc. Nueva prueba de que Dios se reserva en secreto el destino eterno de los hombres, sin perjuicio de hacer alguna vez un escarmiento en esta vida, v. gr. en el diluvio y en Sodoma, etc., más el juicio definitivo se verá en la Parusía o Secunda Venida de Cristo (Lucas 17,26 ss.). Y aún San Pedro nos revela que los castigados en el diluvio con la muerte corporal, pudieron salvar sus almas, gracias a Cristo. Cf. 1 Pedro 3,19 s.; 4,6 y comentario de Fillion; Colosenses 1,20; 1 Corintios 5,5.

33. Leves le son los terrones del valle. Vulgata: Dulce fue él a las arenas de Cocito (río legendario del Hades griego).

34. Según esto, Job nos da a conocer aquí una vez más el mal espíritu que inspiraba a sus amigos: no sólo su error y la vanidad de sus pretendidos consuelos, sino también la falsa apariencia de virtud y el móvil falto de caridad. Es una lección importante en materia de discernimiento de espíritus. Cf. 4. 5 ss.; 11,3 y notas, y Tobías 2,12 y 15 donde el Espíritu Santo confirma este juicio sobre los amigos de Job y sobre la santidad de éste.

JOB 22

1. Por tercera vez comienzan los amigos de Job a acusarlo de iniquidad, invitándole al arrepentimiento y prometiéndole en tal caso multitud de bienes. Sofar ya no interviene porque está vencido.

2. Sofisma perverso con apariencia de virtud. Nadie merece menos que Job este reproche de jactancia farisaica, pues hemos visto su perfecta humildad.

6 ss. Aquí estamos ya en plena calumnia y juicio temerario. Cf. 29,12 ss.

9. Quiere decir: Te has apropiado con injusticia de los bienes de las viudas y huérfanos. Por los brazos de los huérfanos se entienden los tutores.

10 s. Falsedad manifiesta, pues el dolor de Job, aunque intensísimo, no va acompañado de los terrores que son propios del remordimiento en una conciencia doble. Al contrario, está, como hemos visto, lleno de esperanza (19,25 s. y nota), aún en los momentos en que Dios lo prueba con oscuridad de espíritu (23,15 ss. y notas), porque no duda del fin, pues Dios es misericordioso, como dice Santiago 5,11-13 s. Nunca había dicho esto el piadoso paciente. Vemos aquí descubierto el espíritu de los falsos profetas. Es el abismo de iniquidad de los fariseos que reprobaron en nombre de la virtud al que era la Fuente de toda santidad; en nombre de Dios, condenaron al que es su Hijo Unigénito. Jesús nos confirma esto en Juan 16,2.

16 s. Alude tal vez a los impíos del tiempo del diluvio. Cfr. 21,4; 21,30 y notas.

19. Se alegrarán de su ruina: Nunca dice esto la Escritura, sino al contrario (cf. Proverbios 17,5; 24,17). Habla del triunfo de los justos, de su alegría al ver la justicia final, y aún de que se burlarán de los soberbios que no confiaron en Dios. Pero no dice que se alebrarán de su ruina. Cf. Salmos 51,8 s.; 58,17; 63,11; 106,42, etc.

20. Alusión al fuego que devoró las ciudades de Sodoma y Gomorra.

22. De su boca: ¡Como si Dios estuviese hablando por la de ellos! Véase la terrible sentencia de Deuteronomio 18,20.

24. Vulgata: En vez de tierra te dará (Dios) pedernal, y en lugar de pedernal arroyos de oro. Quiere decir: Si tuvieras confianza en Dios serías colmado de riquezas. Esto se cumplió contra la esperanza de Elifaz, en el mismo Job (42,12).

29. Gran verdad es ésta (Mateo 23,12), pero Jesús le habría contestado con el refrán; ¡Médico cúrate a ti mismo! (Lucas 4,23). Cf. 15,29; 26,6, y notas.

JOB 23

2. Mi carga; literalmente: mi mano. Kittel propone su mano; Vulgata; la mano de mi llaga, pudiendo entenderse el texto actual así; “también hoy me quejaré amargamente; pues la mano de Dios en mí pesa por encima de mi gemido, es decir, no puedo resistir sin gemir” (Bover-Cantera).

3. Prueba de buena conciencia, pues los reos no desean encontrarse con su juez (Scío).

6. Job habla seguro de ganar el pleito entre él y Dios, apelando de su majestad a su justicia y misericordia. Es el espíritu que nos enseña constantemente David (cf. Salmos 16,2; 50,9 y notas). El que estudia el Evangelio (Juan 3,17 s.; 12,47; Lucas 9,56, etc.) comprende cómo el hombre gana el “pleito” con Dios (Santiago 2,13) y apela de Jesús Juez a Jesús Salvador.

10 s. Es el caso que plantea San Juan: la conciencia de Job le da testimonio de que no hay en él doblez; y aunque descubriera en su corazón mil miserias, sabe que Dios todo lo conoce y es superior a toda pasión humana; por lo cual nadie debe vacilar en presentarse a Él, cualquiera sea el estado en que se encuentre. Cf. 1 Juan 3,20 s.; Salmo 50,9; Juan 6,37; Hebreos 4,15 s. Sobre el crisol de la fe: ver 1 Pedro 1,7.

12. Es lo que dice David en Salmo 118,11. Pero Job era anterior al Sinaí. No puede, pues, referirse a esta Ley expresa, sino a la ley natural, o más bien a otras palabras que Dios le hubiese comunicado como solía hacerlo con los Patriarcas. Cf. 29 4; 42,5.

13. Lo que le place: Este concepto es repetido muchas veces por el Espíritu Santo para grabarnos no ya sólo la noción elemental de la divina omnipotencia, que se advierte por la simple naturaleza (Romanos 1,20), sino la noción, más elevada, de la absoluta libertad que Dios tiene para obrar según su puro beneplácito, sin estar sometido a ley alguna. Cuidemos, dice un antiguo comentarista de los Salmos, de no someter a Dios a nuestra ideología pretendiendo juzgar lo que está escondido en los designios del Ser soberanamente libre (Salmos 113 bis, 3; 134,6; Eclesiastés 8,3; Éfeso 1,11; Santiago 4,12). A nosotros nos basta saber, para nuestra insuperable felicidad, que su corazón nos ama como Padre (Salmo 102,13), por donde comprendemos que el amor es el móvil fundamental de cuanto Él hace o permite. Cf. Salmos 77,37; 91,6; 99,5 y notas.

15. Aquí Job confiesa que su ánimo mezquino (y así es el nuestro) no es capaz de confiar como debiera, si Dios mismo no le da esa fe (Denz. 178 s.) Job es santo (Tobías 2,12; Santiago 5,11) pero no por virtud natural, sino por la gracia que Dios le presta. No es raro que alguna vez aparezca desnuda su humana flaqueza, así como el valiente no es aquel que no siente el miedo, sino el que obra como si no lo sintiera. Tal es la lucha interior de todo hombre, como admirablemente lo muestra San Pablo, y en la cual sólo la gracia es capaz de hacernos triunfar (Romanos 7,14-25). Pero la gracia, dice Santo Tomás, no suprime nuestra naturaleza caída, sino que triunfa de ella, y así es cómo la gloria resulta para Dios (1 Corintios 1,29; 2,5. Éfeso 2,8 s.). Si el hombre llegara a tener virtud propia quedaría suprimido el dogma de Dios Salvador. Cf. Romanos 9,30 ss.; Filipenses 3,9, etc.

17. El sentido es que ese terror, en que Dios lo deja caer a ratos para probarlo, le pesa más que los males que lo abruman. Esto nos enseña que no hay angustia mayor que esa noche oscura del alma en que parece escaparse de entre las manos la confianza en Aquel que era todo nuestro bien. De ahí la necesidad de estar “radicados y fundados en el amor” que Dios nos tiene (Éfeso 3,17), o sea, apoyándonos en ese amor más infalible que el de una madre (Isaías 49,15), y no en el nuestro precario y falaz.

JOB 24

1. Este día es el día por excelencia, el día del juicio. Cf. Eclesiastés 12,14; Salmos 129,6; 118,81; 65,5; 72,11 y notas.

2. Job enumera en los versos que siguen (2-12) varias clases de injusticia, con el fin de demostrar que Dios no siempre da inmediato castigo al pecador.

12. Dios no atiende su oración: Vulgata: Dios no deja pasar esto sin castigo. Otros vierten: Dios no atiende al crimen (Crampón); otros: no les imputa delito de sangre (Ricciotti: cf. Deuteronomio 22,8; Jeremías 26,15). También David se conmueve ante este misterio (Salmos 72,2 ss.; 76 8 ss.), y, para ahuyentar la desconfianza, recuerda las pasadas misericordias de Dios (Salmos 62,7; 76,12; 118,62). San Pablo enseña que en la paciencia se adquiere la prueba de que Dios no nos abandona, y esta experiencia engendra la esperanza, la cual nunca falla, porque Dios nos ama. Cf. Romanos 5,3 ss.

13 ss. Muestra cómo el mal huye de la luz, tanto la espiritual (ver 21,14 y nota) como la física (38,16; Juan 3,20; Salmo 103,20 ss.).

15. Wetzstein afirma que este uso perdura en la Siria moderna. En el fondo parece que hubiera algo de ironía: también el avestruz perseguido esconde la cabeza bajo el ala, como si esto lo hiciese invisible. No hay tinieblas para Dios, dice el profeta David (Salmo 138,12).

16. Fuerzan las casas: la Vulgata dice horadan las casas. Es la misma expresión de Jesús en Mateo 24,43 y Lucas 12,39. El ladrón perfora de manera muy fácil las paredes construidas de barro. De ahí que Jesús aplique esta imagen a su futura venida imprevista. Véase Mateo 24,27; 26,64; Apocalipsis 1,7, etc.

18 ss. Texto oscuro y en parte estropeado. Crampón da como posible, la siguiente interpretación del original: Decís que el impío apenas pasa sobre la tierra y es pronto olvidado (versículos 18-21). Pues bien, no. El Señor prolonga sus días, y cuando al fin muere, no hace sino compartir la suerte común de los hombres.

23. El primer hemistiquio dice en la Vulgata: Dale Dios lugar de penitencia, y él abusa de esto para soberbia. “El pecado que no está destruido por la penitencia, arrastra pronto, con su propio peso, a otros pecados” (San Gregorio. Homilía XXIV in Ev.). La penitencia que consiste en un sincero arrepentimiento, es un freno; el que lo descuida, se precipita muy pronto en el abismo.

JOB 25

1. La brevedad del nuevo discurso de Baldad indica que los adversarios de Job han agotado los argumentos. Sólo queda pendiente el problema fundamental de la justificación del hombre ante Dios.

3. Su milicia: la milicia celestial.

4. ¿Acaso no es Job el primero en reconocer esto? (cf. 4,17; 9,2 y notas). Por eso ha dicho que quien lo preservó es Dios. Él da su gracia a los humildes (Proverbios 3,34; Santiago 4,6; 1 Pedro 5,5). El hombre justificado por Dios, por los méritos del Justo (Romanos 3,25 ss.), en cuya promesa creía Job (19,25), y cuya Sangre, aunque hayamos pecado, nos justifica (Romanos 4,5 ss.) mediante la fe, que, como lo define el Concilio Tridentino, “es el principio de la humana salvación, el fundamento y raíz de toda justificación” (Denz. 801).

6. Aquí terminan los discursos de los tres amigos que habían venido para consolar. Son un ejemplo de esos falsos consuelos que ofrece el mundo. ¿No han sido acaso puestos como un contraste? para movernos a buscar el consuelo y la paz sólo en Aquel que dijo: “Al que viene a Mí no le echaré fuera” (Juan 6,37). Porque, aunque nos duela confesarlo, la paz que el mundo nos da es falsa, y cuando no queremos admitirlo por deliberación, tenemos que aprenderlo por dolorosa experiencia.

JOB 26

5 ss. Dios se impone por sus obras; no necesita de la defensa humana. Los muertos: Vulgata: los gigantes, en hebreo: Refaím, vocablo que puede significar una y otra cosa. Véase Proverbios 9,18; Isaías 14,9. Se puede pensar en Luzbel y los ángeles caídos. Sobre el scheol (versículo 6) véase 19,25 s. y nota. Abismo, en hebreo Abaddón, otro nombre del scheol. Su significado es destrucción. En el Apocalipsis (9,11) se da este nombre al jefe del infierno, pues su principal oficio consiste en pervertir las almas.

7. Por septentrión entiende Fray Luis de León el cielo, y sigue: “Del cielo dice que le extiende, y de la tierra que la tiene colgada, y a la tierra colgada en nada, y al cielo extendido en vacío, que da a entender de Dios, ser tan sabio como poderoso. Porque el criar es poder, y el criar en la forma como crió es sabiduría grandísima; que a la tierra pesadísima sostiene como colgada en el aire, sin apoyo y sin arrimo ninguno, y al cielo tiene extendido, no en otro sujeto alguno, sino en el mismo vacío” (Explicación del Libro de Job). Sobre las maravillas de Dios en la naturaleza véase capítulos 28; 38-41; Salmo 103; Eclesiástico 42,15 ss. y 43.

11. Las columnas del cielo: los antiguos creían que el firmamento estaba asentado sobre columnas que salen del abismo.

12. Al monstruo: En hebreo: Rahab, monstruo, que representa el mar (véase 9, 13 y nota; Salmo 88,11 y notas).

13. La fugaz serpiente: Otra traducción: la tortuosa serpiente. Cf. la serpiente alada en Isaías 30,6. Es un monstruo semejante a Leviatán (cf. 3,8 y nota). En una tablilla de Ras Schamra del siglo XIV a. C. leemos: “¿No has tú dado muerte a Leviatán, la serpiente veloz y tortuosa? ¿No despedazaste sus siete cabezas?” Cf. Salmo 73,14. “La Septuaginta, el Siríaco y el Árabe, vierten: dio muerte al dragón apóstata, y la idea es confirmada por Isaías 27,1, donde se dice que Yahvé visitará (castigará) con su grande y fuerte y cortante espada a Leviatán, la Serpiente tortuosa, etc.” (Ricciotti). Cf. 2 Tesalonicenses 2,8; Apocalipsis 13,1 ss.; 19,21; 20,2 ss.

14. El trueno (37,2 y nota) es considerado repetidas veces como voz de Dios (Salmos 28,3; 76,19; 103,7; Eclesiástico 43,18; Isaías 29,6; Juan 12,29; Apocalipsis 4,5; 19,6). El único misterio que no se permite expresar a San Juan es el de las voces de los siete truenos (Apocalipsis 10,3 s.).

JOB 27

1. Exposición; literalmente parábola, o sea, razonamiento en forma de sentencias.

2. No me hace justicia: Sin embargo, el piadoso paciente no sólo no pierde la esperanza en ese Dios que así lo trata, sino que ratifica su repudio a toda iniquidad, por donde vemos la elevación de su espíritu, que obra el bien por rectitud y no por interés. Mucho importa tener esto en cuenta para comprender que el reproche que luego hará Dios a Job (capítulos 38 ss.) no afecta a su conciencia, sino a su falta de sabiduría, cosa que el mismo Job reconoce que ni él ni nadie puede adquirir si no se la da Dios. Cf. 28,12 ss. y nota.

3. El soplo de Dios en mis narices: Elocuente manifestación de que el acto creador de Dios en nosotros (Génesis 2,7) es continuo, pues si él cesara volveríamos a la nada (Salmo 103,30 y notas). Cf. 33,4; Isaías 2,22.

5 ss. La audacia de este lenguaje nos revela cuan admirable es la fortaleza del que nada funda en sí mismo y sí todo en el Señor. Cf. Salmo 50,9 y nota; Filipenses 4,13.

6. No sería creíble esta asombrosa declaración de absoluta inocencia en toda una vida, si el mismo Dios no nos hubiese certificado su verdad (1,1 ss.). Claro está que esto hace de Job un caso de excepción (1,3). Cf. 4,17; 1 Juan 1,8; 1 Reyes 8,46 y nota; 5. 50, 7; Denz. 195.

8 ss. Job se refiere a sus amigos, que no le comprendieron. Les predice la misma suerte que le habían pronosticado a él.

13. Después de haber mostrado la prosperidad de muchos malos, Job repite aquí las palabras de Sofar en su segundo discurso (20,29) para mostrar que solamente refuta a sus amigos en cuanto pretenden que todo el que sufre en esta vida lo debe a su maldad.

18. El injusto trabaja como la polilla, la cual, royendo la madera o el vestido donde está, destruye su propia casa. Lo mismo quiere decir la imagen de la cabaña. El que guarda las viñas se hace una cabaña y la deshace una vez que se ha terminado la vendimia.

19. Sobre el rico véase Salmo 48,18; 75,6; Eclesiástico 5,1; Lucas 16. 23: Santiago 5. 1 ss.

JOB 28

4. Este versículo dice en la Vulgata: Un torrente separa del pueblo peregrino a aquellos que olvidó el pie del hombre necesitado y que están en lugares inaccesibles. Scío ve en esto una profecía acerca del descubrimiento del Nuevo Mundo. El texto hebreo, aunque oscuro, no ofrece ninguna relación con América (como tampoco el célebre pasaje Abdías versículo 20) sino que describe el trabajo del hombre en las minas de metales en las entrañas de la tierra. Job pinta el afán de los hombres por las riquezas, y su ingenio para descubrir mil escondidos tesoros, en contraste con su absoluto descuido de la sabiduría (véase versículo 12). ¡Qué lección para este siglo de los grandes descubrimientos científicos... y de las grandes guerras! Sobre la sabiduría y su valor, cf. los maravillosos capítulos Sabiduría 6 ss.; Proverbios 8 s.; Eclesiástico 24.

5. Se refiere al insospechado misterio del fuego central oculto en esta mansa tierra que cultivamos.

9 ss. ¿No parece ser esto un cuadro de la ciencia moderna, orgullosa y desprovista de sabiduría? Cf. 30,4.

12 ss. La sabiduría, despreciada por los hombres (Baruc 3,14 ss.) y descuidada por la técnica (Eclesiástico 28,35 ss.) es la que asiste a Dios en todas sus obras y conoce todos sus secretos (véase Proverbios 8; Eclesiástico 24), como que es el mismo Verbo de Dios. Por Ella se insinúa ya en el Antiguo Testamento el Misterio de la Trinidad, además de las muchas profecías mesiánicas relativas al Hijo (cf. Salmo 2,7; Isaías 9,6; 7,14; 4,2; Miqueas 5,2, etc.).

15 ss. No se puede comprar la verdadera sabiduría, puesto que su precio es inconmensurable. “Enumeración interesante de diversos objetos que en aquel tiempo tenían un valor extraordinario” (Fillion). Oro de Ofir (versículo 16): Vulgata: los coloridos más ricos de la India. Es que en la antigüedad se identificaba el país de Ofir con la India. También entre los modernos hay quienes sostienen la misma hipótesis. En realidad Ofir es África, como lo prueba el nombre del continente negro, que es el adjetivo de Ofir.

22. Hemos oído hablar de ella: Hasta en el infierno y en la muerte resplandece la divina sabiduría.

27. Él la vio, en su Hijo Unigénito, por el cual hizo todas las cosas (Juan 1,3; Colosenses 1,16). Por eso observa San Gregorio Magno: Jesús, Hijo de Dios, es la Sabiduría encarnada, a la cual Dios contempló, porque Ella es espíritu; manifestó, porque es Verbo; preparó, porque es remedio; investigó (descubrió), porque es arcano. Esta encarnación de la Sabiduría fue expresamente anunciada por Baruc 3,38.

28. Sobre el primer hemistiquio véase Deuteronomio 4,6; Salmo 110,10; Proverbios 1,7; 3,7; 9,10; Eclesiástico 1, 16, 34; 12,13. Sobre el segundo, Proverbios 14,16; 16,16. Los dos hemistiquios se interpretan mutuamente y dicen lo mismo en forma distinta: la sabiduría consiste en vivir rectamente por temor filial a Dios, que es el primer grado del amor que a Él le debemos.

JOB 29

4. Éste guardaba mi morada: Otros: me visitaba familiarmente en mi tienda (Crampón). Cf. 23,12 y nota; 42,5.

6 ss. Expresiones metafóricas que pintan las enormes riquezas de Job y el extraordinario prestigio que gozaba entre los de su pueblo. A la puerta de la ciudad se reunían los magistrados ancianos y jueces para tratar los asuntos jurídicos, políticos y administrativos. Era el ayuntamiento, y al mismo tiempo el juzgado y parlamento de la comunidad.

12 ss. Muestra cómo su conducta fue precisamente lo contrario de lo que Elifaz le imputó calumniosamente (22,5 ss.).

15 ss. Bellísima fórmula que la liturgia aplica a los santos de la caridad fraterna.

18. Como la arena: Vulgata y Setenta: como la palmera; según una tradición talmúdica el ave fénix, que, según la creencia popular, se consumía con su nido y renacía de las cenizas (símbolo de la resurrección). San Clemente Romano (I ad Corintios 25) dice: “De su carne putrefacta nace cierto gusano que, nutrido por los humores del animal muerto, se reviste de plumaje”.

19. Imágenes de su prosperidad anterior. Cf. Salmo 1,3; Jeremías 17,8.

23. Figura de especial elocuencia en Oriente. Cf. Salmo 142,6 y nota.

24. Nunca dejaban de respetarme, ni siquiera cuando estaba alegre con ellos y me reía. “La estrecha unión de una gravedad santa y de una dulzura compasiva, pone a los príncipes y a los pastores de la Iglesia en estado de conducir debidamente a los pueblos a su cuidado” (San Gregorio Magno). Cf. Lucas 22,25 ss.; Juan 13,16; 1 Pedro 5,2 s.; 1 Tesalonicenses 2,11; 1 Timoteo 3,8 ss.; 5,17; 2 Timoteo 2, 4, 24 ss.; 1 Corintios 4,9 ss.; 9,19 ss.; 2 Corintios 1,23; 6,3 ss. etc.

JOB 30

1 ss. Vigorosa expresión para mostrar los altibajos de esta vida. Job no habla aquí de sus amigos, sino de la gente degenerada y expulsada de la comunidad humana, que vive de rapiña. Cf. 24,5 s.

4. Espiritualmente son así las almas que se alimentan de una pobre ciencia, despreciando la Sabiduría de que habló en el capítulo 28, y que Dios ofrece sin límites en su Palabra. Cf. Eclesiástico 24,39; Isaías 55,1 ss.

10. Vemos aquí una vez más a Job como figura de Cristo. Cf. Salmo 87,9; Isaías 50,6; Mateo 26,67; 27,30.

11. La Vulgata ofrece un texto absolutamente distinto: porque abrió su aljaba y me afligió, y puso freno en mi boca. Bover-Cantera vierte: pues él soltó su cuerda y me ha maltratado, lo mismo que quien arrancó de su rostro el freno; Nácar-Colunga: perdido todo respeto me insultan, rompen todo freno en mi presencia. Por estos ejemplos se ve que es prácticamente imposible encontrar el sentido exacto de este verso.

17. Los que me roen: los gusanos que comen la carne del gran paciente.

21. Dios no es cruel. Job, según San Gregorio Magno, no miraba a la calidad del Juez, sino a su propia imaginación afligida que así se le presentaba. En esto consiste la falta de Job, que le reprocha Eliú (capítulos 32-37) y el mismo Dios (capítulos 38-41). Pero no hay en ello blasfemia como pretende aquél (34,7). Así nos lo muestra Dios en 42,7 ss.

29. Chacales: Vulgata: dragones. Cf. la convivencia con los dragones en Isaías 13,21; 34,13; Jeremías 50,39 (Vulgata).

JOB 31

1. San Crisóstomo comenta este primer versículo, diciendo que Job, aunque no conocía la doctrina evangélica, la guardaba exactamente (véase Mateo 5,28). Por lo demás, el cuadro de las virtudes que en este capítulo se presenta, corresponde a los conceptos religiosos de los Patriarcas.

2. Bello y profundo concepto de que la pureza del corazón nos hace partícipes de la divina herencia. Es la sexta Bienaventuranza que promete Jesús: los limpios de corazón verán a Dios, desde ahora. Es la doctrina que San Agustín llama de la “mens mundata”.

7. El corazón: la voluntad; los ojos: los apetitos. Enorme enseñanza para aclarar la conciencia en las tentaciones y librar de escrúpulos. Los malos apetitos no se apartarán de nuestra naturaleza; pero ellos no implican pecado, sino al contrario, ocasión de merecer venciendo la tentación con la gracia que viene de arriba. Cf. Santiago 1,12; Efes. 6,11 ss.; 1 Pedro 5,9.

9 ss. El adulterio es, a los ojos de Job, un pecado tan grande que el adúltero merece en su mujer la misma afrenta que hizo a la mujer de su prójimo.

13 ss. Hay aquí, ante todo, una gran luz sobre la justicia social en tiempo de los patriarcas (véase Santiago 5,1-6; Levítico 19,13; Malaquías 3,5). También se nos muestra la misericordia como ley de Dios, obligatoria desde entonces. Cf. Eclesiástico 28,1-14; Salmo 108,16 y notas.

21. Dios aborrece la acepción de personas (2 Crónicas 19,7; Romanos 2,11; Santiago 2,1, etc.). Por los jueces: el sentido literal es en la puerta, pues en la puerta de la ciudad actuaban los jueces y magistrados.

24. He aquí la base para distinguir, según la Biblia, la mala riqueza de la otra. Cf. Eclesiástico 31,8; Salmo 111,3 y nota.

27. Besar uno su mano al mirar los astros era gesto de adoración y por ende idolatría.

31. Tanto San Juan Crisóstomo y otros Padres, como la Liturgia del Oficio del Santísimo Sacramento, aplican esto alegóricamente a la Eucaristía para señalar que el cuerpo de Jesucristo es nuestro alimento. El original dice literalmente: ¿Quién nos diera que pudiésemos saciarnos de sus carnes? O: ¿quién presentará a uno que de su carne no se haya saciado?

33. Esto es de capital importancia en la espiritualidad bíblica: todo está en la rectitud del corazón. Si hemos caído, Dios se apresura a perdonarnos apenas lo confesamos (véase Salmo 50 y notas); pero ¡ay! del que siendo pecador, como somos todos, pretende negarlo. En la economía cristiana se ve más aún la enormidad de este delito, puesto que el Cordero sin mancha pagó por nosotros y no se disculpó. Cf. Salmo 140,3 s. y nota; 1 Pedro 2,22 ss.; 1 Corintios 6,7; Mateo 5,39.

34. Falta aquí la segunda parte de la frase, que ha de suplirse: sea yo castigado por Dios. Véase la nota 38.

35. He aquí mi firma, literalmente: he aquí mi tav. La tav, o tau, última letra del alefato (alfabeto hebreo), tenía antiguamente la forma de una cruz y se usaba para firmar documentos. El sentido del versículo es: Dios sea mi Juez. He aquí mi defensa bien documentada.

36. Job concluye su discurso sin apartarse de un punto de vista que le impide la visión total de su caso, no obstante la hermosa rectitud de su corazón. Empeñado en probar su inocencia ante los amigos, porfía en que Dios haya de darle satisfacción como un tribunal de justicia humana. No concibe que el Señor pueda tener un móvil misterioso, que el mísero mortal no alcanza a penetrar. De ahí la paternal admonición que el mismo Dios le hace en la Teofonía final (capítulos 38 ss.) después del discurso de Eliú. Jesús nos ha mostrado que la suprema sabiduría consiste en no defenderse. Véase el versículo 33 y nota.

38. La mayoría de los expositores modernos convienen en que este pasaje (versículos 38-40) ha sido desplazado por error de copia, y debe ir antes de los versículos 35-37, que contienen la genuina conclusión del discurso.

JOB 32

2. El papel de Eliú es desarrollar el grandioso drama y dar al problema del dolor una solución mejor de la que dieron los amigos de Job y éste mismo. Muchos críticos modernos rechazan la autenticidad de este discurso porque Eliú no es citado en el prólogo ni en el epílogo, ni Dios le responde en la Teofanía, y porque su estilo es distinto y, su contenido no hace sino anticipar lo que luego dirá Dios. Los exégetas católicos, en cambio, defienden la autenticidad porque la explicación de Eliú es un eslabón imprescindible en el desarrollo del drama.

5. En el Oriente todavía hoy es costumbre que los jóvenes no hablen en presencia de los mayores sin antes pedir permiso. Estiman el cuarto mandamiento más que nosotros, los occidentales.

6. Le Hir observa que el dictamen de Eliú consiste en que Job necesitaba curarse de un defecto ignorado por él mismo y que debía descubrirse mediante la terrible prueba, según se ve ahora. En realidad Eliú juzga la actitud actual de Job y no su conducta pasada.

9. La blancura de los cabellos es venerable, dice San Crisóstomo, cuando los ancianos se conducen de una manera digna; pero cuándo se comportan como jóvenes desprovistos de prudencia y de gravedad, son incomparablemente ridículos y despreciables. Eliú se equivoca en negar la sabiduría de Job. El Libro de Job es el primero en la serie de los libros sapienciales de la Biblia, y lo es gracias a la sabiduría de su protagonista.

15 s. Eliú habla de los amigos de Job que, no sabiendo ya qué contestar, se dan por vencidos.

19. Véase esta misma imagen usada por Jesús en Mateo 9,17 para explicar la fuerza incontenible del Evangelio. Cf. Hechos de los Apóstoles 4,20. “Este espíritu encerrado en el interior del hombre, que pugna por salir, como el mosto sin respiradero que termina por romper la vasija, nos ofrece una concepción del principio interno de la palabra que habrá que tener presente al hablar del espíritu profético” (Enciso).

JOB 33

7. Quiere decir: no te asustes; podrás defenderte y justificar tus palabras, porque soy de la misma categoría que tú.

9 ss. Véase 9,21; 10,7; 12,4; 13,24; 16,17; 27,5 s.

13. Las palabras de Dios en 38, 2 y en 40, 2, lo mismo que la humilde confesión de Job en 40,4 s., parecen justificar este reproche.

14. De una manera... y también de otra: ¡Cuántas veces se oye la queja de que hoy en día “Dios ya no habla más a los hombres”! No es así, Dios “nos habló últimamente en estos días, por medio de su Hijo” (Hebreos 1,2), a quien tenemos que escuchar como lo dice el mismo Padre (Mateo 17,5). Aquí vemos cómo Dios hablaba a los hombres del Antiguo Testamento: por visiones (versículos 15-18), por medio de aflicciones y enfermedades (versículos 19-22), o por envío de un ministro (versículos 23-28). Es ésta una lección muy preciosa, que vemos probada por la Sagrada Escritura. “El pueblo de Israel oyó la voluntad de Dios por boca de sus jefes, y éstos por boca de los profetas, enviados del Altísimo; a Elías habló un ángel mientras dormía; a Agar abrió Dios los ojos para que encontrara la salvación para sí misma y para su hijo; Ana, la madre de Samuel, oyó en su aflicción la voz de un sacerdote; los reyes magos fueron guiados por una estrella, y el etíope por una palabra de la Escritura” (Elpis).

23. Eliú da a entender que él se cree enviado por Dios como ministro para enseñar a Job el recto camino. Según San Gregorio Magno el ángel es alegoría de Jesucristo, “el único mediador entre Dios y los hombres” (1 Timoteo 2,5).

JOB 34

3. ¡Elocuente comparación! Así como, el paladar no discierne los manjares si no los prueba, así también la oreja no examina las palabras si no escucha. De ahí la constante queja de Dios porque no se escuchan sus divinas palabras. Véase en Mateo 17,5 el único precepto que el Padre Celestial nos dio personalmente en el Evangelio. (“Escuchadle”).

5 ss. Véase 6,4; 9,17 y 21; 13,18; 27,6.

7. Quiere decir: Job insulta a Dios con la facilidad de quien bebe agua. Sobre esta falsa imputación véase 30,21 y nota.

14. Si Dios mirase al hombre con rigor, en el punto mismo retiraría hacía sí el espíritu que le dio. Es la profunda verdad que nos ensena el Salmo 103,29 ss.

17 ss. ¿Cómo te atreves a atribuir el crimen de injusticia a Dios, quien llama malvados a los reyes, y juzga sin acepción de personas? Esto último es una de las cosas que la Biblia nos inculca con la mayor insistencia. Véase en el Nuevo Testamento: Mateo 22,16; Marcos 12,14; Lucas 20,21; Hechos de los Apóstoles 10,34; Romanos 2,11; Gal. 2,6; Éfeso 6,9; Colosenses 3,25: Santiago 2,9; 1 Pedro 1,17.

21. Véase 2 Crónicas 16,9 y nota; Proverbios 5,21; Jeremías 16,17.

30. Sabemos que los malos gobernantes, como los malos pastores, suelen ser admitidos por Dios para castigar los pecados de un pueblo. Cf. Oseas 13,11; Zacarías 11,16; 2 Reyes 24,19 s. La Vulgata vierte: Él es Quien hace que reine un hombre hipócrita por los pecados del pueblo.

36. Ojalá: Vulgata: Padre mío: en sentir de San Jerónimo, Dios. Eliú pide a Dios que no levante su mano de Job hasta que éste reconozca la justa providencia del Señor. Sin embargo preferimos, con otros intérpretes, la traducción ¡ojalá!, fundándonos en el hecho de que en el Antiguo Testamento Dios nunca es llamado “mi Padre”, sino “Padre” o “nuestro Padre”, como que Yahvé era Padre de Israel. Fue Jesús quien nos hizo la asombrosa revelación de que su Padre lo es también de cada hombre (Juan 20,17, etc.), y nos mereció que el Padre nos llamase y nos hiciese hijos suyos (1 Juan 3,1), mediante la fe (Juan 1,12), amándonos como al Unigénito (Juan 17,23) y dándonos el Espíritu de ese Hijo, que nos mueve a llamarle Padre (Gal. 4,4-7).

JOB 35

2. No profirió Job tal blasfemia de llamarse más justo que Dios. Según Ricciotti. Eliú dice: ¿a esto llamas tú “mi justicia delante del Señor”? Alude a 31,35 s.

3. Falta en los Setenta. El problema está resuelto en Malaquías 3,13-18.

6 ss. Dios es tan alto que tú no puedes perjudicarle por tu iniquidad, ni serle útil por tu justicia. Son tus prójimos los que experimentan las consecuencias de tu conducta, pero no Dios. Esto prueba que sus mandamientos no contienen ningún capricho suyo –pues nada puede dañarle a Él– sino enseñanzas destinadas a nuestra felicidad temporal y eterna, e inspiradas por su amor paterno y su sabiduría. Cf. Salmo 24,8 y nota.

9 ss. Alude a la objeción que Job formula en 24,12 (cf. nota), y nos da este profundo tema de meditación: ¡qué prontos estamos para quejarnos del dolor, como animales que sólo oyen el instinto!, pero ¿quién piensa en admirar y agradecer tantas otras maravillas que nos da nuestro Padre Celestial? ¡Qué no daría un rico ciego si pudiera comprar a un pobre sus ojos! Y el que los tiene, ni se acuerda de ello. De ahí que Dios se muestre a veces sordo a nuestros gritos (versículo 12) aunque muy bien los recuerda su corazón para el tiempo oportuno (versículo 13). Eliú concluye que solamente la gran paciencia de Dios en tolerar tales quejas (versículos 14-15) explica el que Job haya podido proferirlas sin ser castigado (versículo 16).

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4 s. San Jerónimo (Vulgata) vierte: Porque en verdad no hay mentira en mis palabras y te haré ver que mi ciencia es sólida. Dios no desecha a los poderosos, siendo poderoso Él mismo.

7. Quiere decir que Dios coloca a los justos en el trono con los reyes. Hay muchas promesas semejantes en la Escritura, v. gr.; Sabiduría 5,17; Daniel 7, 9, 27; Mateo 19,28; 25,34; Lucas 22,28-30; Santiago 2,5; Apocalipsis 2,27-28; 3,21; 20,4, etc.

11. ¿Acaso no fue así con Job? Cf. 42,7.

16. Si Job aprovecha la lección de dolor (versículo 15), Dios lo libertará de la estrechez y le devolverá la felicidad que tuvo anteriormente.

18. No te pervierta la copia de sobornos: los dones no te desvíen a la injusticia (cf. Salmo 25,10). Otros lo entienden de los dones dados por Job a Dios, sea por haber sido justo, o por lo sufrido. Eliú da a entender que Job pudiese haber pecado a este respecto como el fariseo del Templo. Cf. Lucas 18,11 ss.

20 s. Texto oscuro e incompleto. Los intérpretes no han logrado darle sentido. Vulgata: No alargues la noche para que suban los pueblos por ellos. Guárdate de declinar hacia la iniquidad, pues ésta has comenzado a seguir después de tu miseria. Nácar-Colunga: No anheles, pues, tanto la noche de la muerte, que va arrebatando a unos tras otros. Guárdate de dejarte llevar a la iniquidad, aunque fuera la miseria quien te llevara. En todo caso se trata de un cargo muy infundado contra Job. Véase 1,21 s. y nota.

23. Tú has hecho mal: No dijo tal cosa Job. Sólo quiso saber demasiado.

24 ss. Habla de las obras de la creación a las cuales va a referirse en todo lo que resta de su discurso, como lo hará luego el mismo Dios en el suyo (capítulo 38 ss.). Véase también el capítulo 28. Hay que abrir los ojos para ver las maravillas de Dios en la naturaleza. Lo que los hombres llamamos prudentemente “ley natural”, no es otra cosa que “peón de albañil” que obra por mandato de Dios y ejecuta lo que Él dispone.

30. Otra traducción: ora se rodea de su luz, ora se esconde en el fondo del mar. Figura muy verdadera de cómo nuestra fe es probada en un continuo vaivén, entre los esplendores de la revelación y los misterios del “Dios escondido”. Cf. Isaías 45,15; 53,3; Job 37,21.

31. Las tempestades, al mismo tiempo que son un castigo para los pueblos, dan fecundidad a la tierra, siendo así la causa de que se alimenten los mortales.

32 s. La Vulgata trae otro texto de estos dos versículos: En sus manos esconde Él la luz y le manda que venga de nuevo. Le anuncia a su amigo que ella es posesión suya y que puede subir a ella. Bover-Cantera: Arma sus manos de rayos, y les ordena dar en un blanco. Le anuncia en su voz de trueno, y el ganado también al avecinarse la tempestad. Las diferencias de la traducción tienen su origen en la defectuosa forma del texto hebreo, lo cual obliga a los traductores a recurrir a conjeturas.

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2. Descripción poética del trueno, la voz de Dios. Véase 26,14 y nota; Salmos 28,3-9; 103,8.

3 s. Figura usada por Jesús en Mateo 24,27, para indicarnos cómo será su Retorno. Cf. Salmo 18,7.

7. Poner un sello significa terminar, cerrar. Dios obliga a los hombres a descansar durante las lluvias del invierno, para que todos conozcan su divina potestad. Así también el descanso dominical está destinado para que podamos crecer en el conocimiento de Dios. Sobre este conocimiento mediante la creación, ver: Romanos 1,20 y Denz. 2145.

9. Del norte: Entre nosotros se diría del sur, pues al norte está el ecuador.

13. Para corrección, o sea, para castigo. San Gregorio Magno compara las nubes con los predicadores del Evangelio, los cuales como nubes benéficas esparcen la lluvia de la buena doctrina por donde pasan.

15. La luz de sus nubes: los relámpagos. Otros interpretan: el arco iris. La descripción del poder de Dios es altamente poética. Ni siquiera podemos comprender el modo de ser ni las operaciones de la naturaleza y de sus leyes, impuestas por el Creador, hoy como en tiempo de Job. La Providencia divina sigue siendo un misterio impenetrable: ¿Sabes tú?... ¿Conoces tú?... ¿Puedes tú? Una sola cosa sabemos cierta: Él es el Todopoderoso, el Inaccesible, y sus juicios son rectos (versículo 23). De ahí la consecuencia para nosotros los hombres: “Humillaos bajo la poderosa mano de Dios para que Él os ensalce a su tiempo” (1 Pedro 5,6).

21. Así las tentaciones nos ocultan el sol de la fe; pero luego pasan y vuelve la luz. Cf. 36,30 y nota.

22. Sentido oscuro. Se refiere tal vez a las nubes de color de oro que son causa de la serenidad. En vez de áureo brillo se puede traducir oro (así la Vulgata).

JOB 38

1. Este capítulo parece confirmar la doctrina de Eliú, aunque no en cuanto prejuzga sobre la conciencia de Job. Dios mismo, el Eterno Padre, viene a terminar y decidir la contienda, hablando majestuoso desde la tempestad, como antes a Moisés en Éxodo 3,2. (Nótese el contraste con la suave forma de brisa en que se apareció a Elías para calmar su vehemencia, en 1 Reyes 19,9-12.) El Todopoderoso pinta en colores magníficos los milagros de la creación y lo inescrutable de sus designios. Al justo no quiere atormentarlo, sino acrisolarlo poniendo a prueba su virtud. He aquí la inteligencia final de este sublime libro que nos ha dado tanta doctrina espiritual. La sabiduría consiste en pensar bien de Dios (Sabiduría 1,1), y dar crédito a su bondad y su justicia, sin pretender explicarnos, como Job, designios que sobrepasan infinitamente a nuestra nada, como lo muestra aquí, en su ironía paternalmente socarrona, el divino discurso. Cf. 23,15; 27,2 y notas.

2. Parecería que se refiere a Eliú que acaba de hablar, pero Job comprende bien que es a él, como dice el versículo 1. Cf. 32,3.

3. Tú me instruirás: Con ello se ve más acentuada la ironía. Dios siente llegado el momento de hacer ostentación de su majestad para evitar que los hombres la deformen. Cf. Salmo 11,2 ss.

4. Dios usa aquí el argumento que Jesús dio a Nicodemo (Juan 3,12 s.): si nada sabemos de los misterios de Dios en el orden temporal de la naturaleza, ¿qué podremos adivinar de sus milagros en el orden espiritual? Queda así burlada y condenada toda construcción del espíritu humano acerca de estos misterios, que no se funde en los datos de la revelación, más allá de los cuales en vano pretenderemos penetrar por la investigación filosófica (1 Corintios 2,5; Colosenses 2,2-4, 7-8) los atributos ni los designios de Dios (1 Juan 4,16; Romanos 5,5; 1 Corintios 2,10 ss.), cuyos pensamientos, según nos revela Isaías (5,8 ss.), distan de los nuestros cuanto el cielo de la tierra. Cf. Salmos 91,6; 93,11; 77,37 y notas.

5. Extender la cuerda: sinónimo de medir o trazar los planos de una construcción. Tú lo sabes seguro: Dios le trata con ironía, en vez de preguntarle: “¿Sabes tú acaso?” ¡Hoy podríamos responder a esta pregunta afirmativamente! Porque se nos ha revelado que todo se hizo por el Verbo o Sabiduría de Dios (Eclesiástico 24), y ese Verbo se hizo carne (Juan 1,14) y conversó con los hombres (Baruc 3,38; Hebreos 1,1 s.). “¡Oh dignación infinita! ¡Oh misterio de amor!” (P. de Segor).

6. Sobre la piedra angular véase Salmo 117,22 y nota. Se hincan sus bases: Cf. Salmos 23,2; 103,5; 135,6.

7. Los hijos de Dios: los Ángeles, que con los astros alaban la obra creadora. ¡Nótese la asombrosa belleza lírica de este pasaje! Cf. 1,6; Salmo 88,7.

11. El orgullo de tus olas. Por donde vemos que ese fenómeno de las playas en que termina el mar, tan profundo en su centro, es una perenne lección de humildad que Dios nos da en la naturaleza. Cf. Salmo 103,9 y nota.

14. Cambia, etc.: Para que la tierra tome forma, como lo hace el barro bajo el sello (o molde) y se muestre adornada como de un vestido. Quiere decir, poéticamente, que la luz de la aurora es como una nueva creación que da forma y aspecto a la tierra, que la oscuridad parecía haber destruido a nuestros ojos. “¿No es esto, acaso –dice un poeta cristiano– lo que explica en los pájaros, al amanecer de cada nuevo día, ese coro universal de toda la selva, con que vuelcan, asombrados, su alegría sin límites?”.

15. Su luz: La luz de los malvados es la oscuridad. Cf. 24,13 y nota.

17. Vemos aquí un desafío y una burla para los que pretenden penetrar el más allá, sea por el ocultismo, o por la especulación puramente natural. Las puertas de la muerte (o del scheol: véase 19,25 s.; 26,6), se abrieron cuando Jesucristo descendió a los infiernos (Crisóstomo).

21. La ironía, dice Ricciotti, llega aquí al sarcasmo.

22. Cf. Salmo 32,7. Sobre la naturaleza y sus maravillas véase el Salmo 103 y sus notas. Cf. Éxodo 9,18; Josué 10,11; Isaías 28,17; Jeremías 10,13; Ez. 13,13.

28 ss. Fenómenos que los hombres han investigado y siguen investigando, pero cuanto más se aplican a escudriñarlos, más misteriosa se les presenta la naturaleza; y aunque se han abierto paso hacia los átomos, jamás alcanzarán a comprender toda la grandeza de Dios.

31. Alusión a constelaciones siderales, cuando en el mes de septiembre las Pléyades aparecen en su forma característica. En el mes de mayo desaparece el Orión. (Vulgata: Arcturo). Cf. 9,9.

32. Los signos del zodíaco, o los planetas. Bover-Cantera; la Corona (boreal); Nácar-Colunga: las constelaciones; Vulgata: el Lucero (cf. Salmo 109,3 y nota). Como se ve, es muy discutida la traducción del correspondiente vocablo hebreo. Lo mismo cabe decir del segundo hemistiquio: y guía la Osa con sus cachorros. Vulgata: o que se levante el Véspero sobre los hijos de la tierra. Otros identifican esta constelación con Aldebarán y las Híades menores. Será difícil llegar a una traducción segura y unánime, porque falta todo criterio para averiguar el verdadero sentido del substrato hebreo.

36. Setenta (traducción de Jünemann): ¿Quién ha dado a las mujeres de tejido sabiduría o bordadora ciencia? Vulgata: ¿Quién puso en las entrañas del hombre la sabiduría? ¿o quién dio al gallo inteligencia? Nuestra versión concuerda con la de Crampón y de Le Hir y tiene la ventaja de estar en armonía con el contexto.

37. Los odres del cielo: metáfora que señala la abundancia de la lluvia y las nubes cargadas de agua. Cf. Salmos 32,7; 37,13. En las casas orientales se conservaba el agua en odres o pellejos.

39 ss. Sobre el alimento de las fieras véase Salmos 103,21; 146,9 y notas.

JOB 39

1 ss. Siguen otros ejemplos, tomados del reino de los animales, para demostrar la admirable providencia de Dios. “Al leer estas palabras, parécenos estar oyendo al Autor y Conservador de nuestro ser, al que ha soldado, por decirlo así, nuestra esencia y nuestra existencia y quien la conserva y es causa de todo lo que de real y bueno hay en la creación” (Garrigou-Lagrange).

6 s. Aguda paradoja: ¡es asno y es salvaje, y con todo tiene domicilio y desprecia el tumulto de las ciudades!

9. El búfalo, o bisonte, no se deja domar como el buey. Cf. el dominio de Adán antes de la caída (Génesis 1,28; Salmo 8,8). Véase 40,23.

14. La hembra del avestruz, antes de salir del nido, cubre los huevos con arena, para que se calienten y salgan los polluelos.

18. Tanto este retrato del avestruz como el que le sigue, del caballo, son joyas literarias de incomparable belleza. Para verterlas en lengua moderna el traductor debería ser poeta.

25. Figura poética: El caballo está representado como si fuese un ser razonable que dice al jinete: vamos a la batalla.

26. Alusión a que muchas aves en otoño van al sur.

30. Nótese la semejanza con la frase de Jesús en Mateo 24,28, y Lucas 17,37. Cf. 9,26. Según el texto hebreo el capítulo 39 concluye con el presente versículo. Los versículos 31-35 equivalen a 40,1-5, del hebreo. Ha existido aquí una desordenación de los versículos, que Ricciotti propone solucionar con el siguiente orden, a nuestro entender satisfactorio: Los versículos 33-35, antes de 31-32; y en seguida de éstos, capítulo 40,3 ss., suprimiéndose los versículos 40,1-2, que son sin duda los versículos 38,1 y 3, aquí repetidos sin necesidad.

33. Según el orden indicado en la nota precedente, esta respuesta de Job adquiere su pleno y enorme significado: es una confesión ex abrupto, como de su alma abrumada por la elocuencia de Dios. El Padre Eterno le responde entonces, manteniendo su desafío (versículos 31-32) y continuándolo en 40,3 ss. antes de empezar su segundo discurso (40,10 ss.). La perfecta docilidad de Job es el más grande y bello de los ejemplos que se nos da en todo el libro, y confirma, con una prueba toda interior, la auténtica santidad del patriarca. Véase 42,1-6.

JOB 40

2 ss. ¡Cuántas veces queremos tener razón contra Dios! Cf. el remedio en Salmo 50,6 nota.

6. Ésta es la característica del mismo Dios, como vemos en Lucas 1,51 ss.

9. He aquí lo que faltó a Job: hacer a Dios ese homenaje de confesar que su sabiduría todo lo hace para nuestro bien, por amor. En Tobías 12,13 vemos que el justo necesita ser probado, y lo mismo enseña Jesús en Juan 15,2 (haciendo la admirable excepción del versículo 3). Con todo, Job no prevaricó en la prueba. ¡Dios no perdió la apuesta con Satanás! (véase 2,3 ss.).

10 ss. El Eterno Padre patentiza una vez más a Job la pequeñez del hombre, confrontándolo con dos animales gigantescos, el behemot y el leviatán. La crítica ha sostenido la interpolación de este pasaje pero sin demostrarla fundadamente. Por behemot (plural hebreo de bestia) entienden muchos expositores el hipopótamo, animal monstruoso que vive en el Nilo y otros grandes ríos del continente africano, y en egipcio era llamado pehemu, que quiere decir buey de agua. San Jerónimo y otros Santos Padres ven en él un tipo de Satanás o de uno de los demonios.

11. San Jerónimo cita este versículo en una carta a una noble dama romana, para explicarle la diferencia entre el mundo materialista y la vida espiritual. Dice el Doctor Máximo: “Tal vez me replicaréis que, siendo vos de noble alcurnia, criada en lujo, acostumbrada a dormir sobre colchones de plumas, no podréis absteneros del vino y de alimentos más regalados, ni, en una palabra, vivir conforme a estas leyes que estoy trazándoos. Muy bien, os contestaré aún más seco: ¡Vivid entonces según vuestra ley, ya que no podéis vivir según la ley de Dios! No os doy estos consejos porque Dios, Creador y Señor del universo, se deleite con el bramido de nuestras entrañas hambrientas y de nuestro vientre vacío, o con los ardores de nuestros pulmones fatigados, sino porque de otro modo no está salva la castidad” (A Eustoquia III, 11).

14. Le dio una espada: los colmillos. Otros expositores traducen: solamente Dios podrá herirlo con su espada.

17. Los lotos: planta acuática tropical, empleada como motivo en el arte egipcio. Vulgata: los sombríos, es decir, plantas sombrías.

20. Leviatán: un monstruo acuático. Tal vez piensa el autor en el enorme cocodrilo, que existe aún y antes abundaba en los ríos africanos. También éste, según los Santos Padres, es figura del diablo. Cf. 41,24 s.; Salmo 103,26; Isaías 27,1 y notas.

21. Meterle un junco: Así se hace también hoy con los peces, llevados al mercado. Un gancho, como se pone en las narices de los toros.

25. El cocodrilo no es artículo de mercado, y no se come su carne. ¿Quién podría apresarlo?

JOB 41

1. Hay muy diferentes versiones de este versículo. Vulgata: No como cruel lo despertaré, pues ¿quién puede resistir a mi semblante?

2. El apóstol San Pablo expresa este mismo concepto para fundar la libertad de Dios de hacer misericordia a quien quiere (Romanos 11,35). Cf. también Romanos 9,15 ss. y 1 Juan 4,10, donde el Evangelio enseña que la caridad consiste en que Él nos amó primero.

3. El divino Artista se digna hacernos ver las maravillas de su obra. La enseñanza de todo esto es: cuan insignificante resulta el hombre físicamente, frente al poder de estas bestias, y cómo toda nuestra superioridad ha de cifrarse en el espíritu, mediante la gracia divina que lo redime y lo eleva.

6. Compactas como un sello de piedra: Texto oscuro y estropeado. Vulgata: apiñado de escamas que se aprietan. Nácar-Colunga: compactas y cerradas como un guijarro. Bover-Cantera: que cerró un sello de piedra.

13. Tiembla el mismo espanto. Vulgata: delante de él va la miseria.

15. Duro como piedra: Los Padres usan esta metáfora para pintar el endurecimiento del pecador. El corazón del endurecido se encoge y llega a ser como una roca. Nada puede conmoverle, ni caricias, ni amenazas, ni promesas, ni favores, ni el aspecto de la miseria del prójimo, ni el castigo de Dios. Se asemeja en todo al corazón de leviatán, figura del diablo.

19. El hijo del arco: la flecha, o el flechero.

21. Vulgata: Debajo de él están los rayos del sol, y se echa sobre el oro como sobre lodo. El hebreo es más claro. Quiere decir: que aún el vientre del monstruo está cubierto de escamas agudas. La segunda parte del versículo alude a las huellas que las escamas dejan en el lodo.

23. Imagen bellísima. Se diría que el abismo tiene cabellos blancos. Sorprende este lenguaje de Dios, que no habla aquí de doctrina espiritual, ni nos descubre expresamente sus designios respecto de Job, sino que acentúa lo que Él ha querido mostrarnos en la Biblia de la naturaleza. Estas cosas palpables nos ayudan a pensar siempre bien de Él, a priori, aunque ignoremos sus planes. Esto es lo que más conviene a nuestra santificación, pues nos lleva al acto de fe y confianza.

24 s. En estos dos últimos versículos, que hacen pensar en la horrible bestia cuarta de Daniel (Daniel 7,7) quizá relacionada con el Anticristo (Apocalipsis 13), vemos acentuarse, bajo la figura de leviatán, la semblanza de Satanás. Nótese que éste, aunque permanece oculto durante todo el debate, es en realidad el verdadero adversario que lucha contra Job, como vimos en el prólogo de esta historia (capítulos 1 y 2), y el único causante de todos sus males, que el paciente atribuye a Dios (cf. Santiago 1,13; Lucas 13,16; 22,31, etc.). Más afortunados que Job, gracias precisamente al ejemplo que Dios nos da en él, nosotros aprendemos aquí que nuestro constante enemigo es el diablo, y que, en vez de querer sondear los designios de Dios cuando sufrimos, debemos pedirle que Él nos libre de ese leviatán mucho más fuerte que nosotros (cf. Salmos 58,4; 34,10; 17,18). Es lo que Jesús nos enseñó a pedir al final del Padrenuestro: “Líbranos del malo” o sea de Satanás (cf. traducción del P. Joüon, S. J., Verbum Salutis V). Job era figura de Cristo, en cuanto sufrió para que aprendiéramos a librarnos del enemigo. Sobre el misterio del diablo nos instruye muchas veces la Sagrada Escritura (Juan 8,44; 2 Corintios 11,14; Génesis 3,1 ss.; 1 Reyes 22,20-22; 1 Pedro 5,8; Mateo 13,19; Apocalipsis 12,9; 1 Tesalonicenses 2,18), así como de su derrota por Cristo (Mateo 12,22-29; Isaías 9,3 s.; Zacarías 3,2; Colosenses 1,12 s., etc.).

JOB 42

2. Sé que todo lo puedes: “En que muestra el grado de conocimiento en que Dios le había puesto con esta doctrina; porque en conocer que Dios lo puede y sabe todo, no conoce solamente que es en todo poderoso, sino también que es justo y santo en todas sus obras. Porque el que todo lo puede, a todo excede y vence; y el que es sobre todos, como arriba decíamos, no recibe ley a sí mismo; y así es siempre justo cuanto hace y ordena. Por manera que quien conoce y confiesa sumo poder en Dios, por el mismo caso conoce y confiesa suma bondad” (Fray Luis de León, Expos. de Job).

3. Sublime reminiscencia de aquellas palabras, que Dios le dijo en 38,2. Job nos muestra aquí una contrición perfecta; ni siquiera se excusa con el extremo dolor que le causa su enfermedad. Vemos aquí el misterio de la prueba de fe a que Dios nos somete para llevarnos a la sabiduría, como admirablemente lo explica el Eclesiástico 4, 18-21. Es el sometimiento que exige San Pablo en 2 Corintios 10,5, y el mismo Jesús en Mateo 16,24. Cf. Judit, 8,12 s.; 1 Pedro 1,7.

4. Es otra reminiscencia de lo que Dios le dijo antes. “El versículo es una combinación de 38,31 y 38,3 b. Parece como que Job va rumiando las reconvenciones de Dios y mezclándolas a sus reflexiones propias” (Bover-Cantera). Job guarda silencio, admirando la osadía que tuvo al querer juzgar lo que Dios hace. Es quizá el momento más patético de este incomparable drama espiritual.

5. Véase lo que dijeron de Jesús en Juan 4,42. Es el conocimiento experimental lo que le transforma. Cf. 23,12; 29,4.

6. Fórmula de oro para nuestra verdadera contrición. Cf. Salmo 50 y notas.

8 ss. ¡Sumerjámonos en este mar de caridad e inefable llaneza! Es este uno de los grandes documentos para descubrir cómo es el Corazón del Padre, cuya amorosa misericordia nos propone Jesús como ejemplo de toda perfección. Cf. Mateo 5,48 y Lucas 6,36.

11. Una kesita: Los Setenta y expositores modernos entienden por esto una moneda. Otros traducen: una oveja. Cf. Génesis 33,19.

14 s. Los nombres de las hijas son muy finos y significativos: Jemimá (paloma), Kesiá (perfume) y Keren Happuk (caja de antimonio con que las mujeres de Oriente se pintan los ojos). En Israel las hijas sólo heredaban cuando no había varones. Véase Números 27,3-8.

16. He aquí el último acto del drama: plena felicidad del que fue probado en la tentación. “La conclusión es manifiesta. Dios envía a los hombres las tribulaciones, no sólo para castigarlos por sus pecados, sino también para purificarlos como el oro en el crisol y hacerles progresar en la virtud. En esto consiste la purificación del amor, como lo llaman los grandes místicos cristianos” (Garrigou-Lagrange, Providencia y Confianza, III, 3). Job es figura de Cristo, no sólo en la pasión sin culpa (16,18 y nota), sino también en la oración (cf. las lecciones del Oficio de Difuntos, en que habla Job, con los Salmos del mismo Oficio, en que habla místicamente Jesús); en la esperanza de la resurrección (cf. 19,25 con Salmo 15,10 interpretado por los Apóstoles en Hechos de los Apóstoles 2,31 y 13,35), y finalmente en la glorificación y triunfo (Hebreos 1,6; 2 Tesalonicenses 1,10; Hebreos 2,9; Colosenses 3,4; Apocalipsis 19,11 ss., etc.). El Apóstol Santiago exhorta a los que sufren, a tener paciencia como Job y a confortarse viendo el fin de este maravilloso poema “porque el Señor es lleno de compasión y de misericordia” (Santiago 5,11).