INTRODUCCIÓN

En cuanto a los datos biográficos, Jeremías es el menos ignorado entre todos los profetas de Israel. Hijo del sacerdote Helcías, nació en Anatot, a 4 kilómetros al norte de Jerusalén, y fue destinado por Dios desde el seno materno para el cargo de Profeta (1, 5). Empezó a ejercer su altísima misión en el decimotercio año del rey Josías (638-608) es decir, en 625. Durante más de 40 años, bajo los reyes Josías, Joacaz, Joakim, Joaquín (Jeconías) y Sedecías siguió amonestando y consolando a su pueblo, hasta que la ciudad impenitente cayó en poder de los babilonios (581 a. C.).

Jeremías no compartió con su pueblo la suerte de ser deportado a Babilonia, sino que tuvo la satisfacción de ser un verdadero padre del pequeño y desamparado resto de los judíos que había quedado en la tierra de sus padres. Más cuando sus compatriotas asesinaron a Godolías, gobernador del país desolado, obligaron al Profeta, a refugiarse con ellos en Egipto, donde, según tradición antiquísima, lo mataron porque no cesaba de predicarles la Ley de Dios. La Iglesia celebra su memoria el 1° de mayo.

Jeremías es un ejemplo de vida religiosa, creyéndose que se conservó virgen (16, 1 s.). Austero y casi ermitaño, se consumió en dolores y angustias (15, 17 s.) por amor a su pueblo obstinado. Para colmo se levantaron contra él falsos profetas y consiguieron que, por mandato del rey, fuesen quemadas sus profecías. El mismo fue encarcelado y sus días habrían sido contados, si los babilonios, al tomar la ciudad, no le hubiesen libertado.

Su libro se divide en dos partes, la primera de las cuales contiene las profecías que versan sobre Judá y Jerusalén (capítulos 2-45), y la segunda reúne los vaticinios contra otros pueblos (capítulos 46-51). El primer capítulo narra la vocación del Profeta, y el último (capítulo 52) es un apéndice histórico.

Cuanto menos comprendido fue Jeremías por sus contemporáneos, tanto más lo fue por las generaciones que le siguieron. Sus vaticinios alentaban a los cautivos de Babilonia, y a él se dirigían las miradas de los israelitas que esperaban la salud mesiánica. Tan grande era su autoridad que muchos creían que volvería de nuevo, como se ve en él episodio de Mateo 16, 14. Los santos Padres lo consideran como figura de Cristo, a quien representa por lo extraordinario de su elección, por la pureza virginal, por el amor inextinguible a su pueblo y por la paciencia invencible frente a las persecuciones de aquellos a los cuales amaba.

JEREMÍAS 1

1 ss. Anatot, pequeña localidad, a pocos kilómetros al norte de Jerusalén, en los confines de la tribu de Benjamín, que juntamente con la de Judá integraba el reino de Judá, cuya capital era Jerusalén. El año decimotercero (versículo 2): Josías empezó a reinar el año 638 cuando tenía ocho años. El año decimotercero corresponde al año 626 o 625 a. C. Murió ese rey piadoso el año 608 en la batalla de Megiddó, después de haber destruido la idolatría (cf. II Paralipómenos 34, 1-7). Joakim (no confundir con Joaquín o Jeconías), hijo de Josías (versículo 3) reinó de 608 a 597; Sedecías, el último rey, de 597 a 587, año en que fue destruida Jerusalén y deportado su rey a Babilonia.

5. La vocación de Jeremías comienza por un diálogo entre Dios y el profeta, que muestra que éste desde antiguo había sido elegido como instrumento en manos de Dios, y que su vocación corresponde a un plan libérrimo del Señor, el cual elige a quien quiere (cf. Juan 15, 16; Romanos 9, 15 s.; Éxodo 33, 19). Nótese la gradación retórica de los términos conocí... santifiqué... he constituido. Los dos primeros expresan la voluntad predestinadora y salvadora de Dios, el tercero señala la realización de esa voluntad en el hombre. De este verso deducen San Agustín y otros Padres que el profeta, estando aún en el seno materno, fue purificado del pecado original, como más tarde el Precursor de Cristo, San Juan Bautista (cf. Lucas 1, 41).

6. Véase igual humildad y desconfianza de sí mismo, en Moisés (Éxodo 4, 10), y en Isaías (6, 5).

7 s. Dios refuta amablemente las objeciones a del joven profeta, le explica lo que significa ser enviado de Dios y le promete su auxilio contra los ataques de los enemigos. El verdadero profeta y predicador es necesariamente perseguido porque no se conforma con el mundo (cf. Mateo 10, 24 ss.).

10. Se cumplirán todas las profecías que pronunciares por orden mía, las buenas y las malas, de manera que serás como un constructor y destructor de reinos.

11. Una vara de almendro. El almendro es el primero de los árboles de la primavera, por lo cual es figura de la vigilancia. La metáfora quiere decir que Dios vela sobre el cumplimiento de los vaticinios de su profeta (versículo 12). La Vulgata vierte: una vara vigilante.

13. Una olla hirviente: el rey Nabucodonosor de Babilonia, el cual ha de venir desde el norte, por el país de Siria. Es llamado hirviente por el furor con que actuará como instrumento de Dios.

17 s. No les tengas miedo (cf. versículo 8): Hay un temor y un pudor que lleva a la muerte, y otro que lleva a la vida. La primera virtud que debe tener el profeta es no hacer caso de los juicios de los hombres. Por eso, “Dios les dio a los profetas un semblante como una ciudad de metal, como una piedra de diamante y como una columna de hierro, a fin de que no temiesen las injurias de su pueblo, sino que menospreciasen la desvergüenza de sus escarnecedores con frente serena y grave” (San Jerónimo, A Pamaquio). Efectivamente, los enemigos, entre los cuales se hallaban también sacerdotes, no consiguieron que el profeta callase antes de haber cumplido su trágica misión.

JEREMÍAS 2

1. Este primer vaticinio de Jeremías se dirige a Judá y contiene tres ideas principales: 1ª, el profeta recuerda a Israel los días felices de la liberación; 2ª, Dios les hace reproches por haberse olvidado de Él; 3ª, los acusa de haber elegido a otros dioses, impotentes ídolos. Estas ideas, generales van desarrollándose en los capítulos que siguen.

2. Comparación muy frecuente en la Sagrada Escritura: Israel es la esposa del Señor, por lo cual la apostasía se describe con preferencia bajo la imagen de fornicación (3, 1 ss.; Deuteronomio 32, 21; Ezequiel 16, 15; Oseas 2, 2 ss.; Santiago 4, 4 s., etc.). La juventud de Israel es su estadía en Egipto y en el desierto. Con gran delicadeza alude Dios a este pobre origen, que fue el del pueblo israelita todo entero, cuyos fundadores, los doce hijos de Jacob, eran “poquísimos y peregrinos en esa región” (Salmo 104, 12 s. y nota), ya que, como lo hace notar San Ireneo, en lugar de gozarse de las promesas hechas por Dios a Abrahán y a sus descendientes, pasaron extremas penurias (Génesis 42, 1 ss.), debiendo recurrir a Egipto hasta que “fue Jacob a vivir como peregrino en la tierra de Cam” (Salmo 104, 23). Y poco después, pasada la dinastía semítica de los hyksos, favorable a José (Éxodo 1, 8 ss.; Hechos de los Apóstoles 7, 18), empezó una constante persecución y miseria para el pueblo hebreo a medida que se multiplicaba en Egipto, y así fue por largos años, al menos 250. Tal era, pues, la ínfima situación de Israel cuando Dios resolvió salvar a su pueblo escogiendo a Moisés (Éxodo 3, 7 ss.), figura de Cristo en cuanto libertador (Isaías 61, 1 = Lucas 4, 18) y también en cuanto fue originariamente rechazado por su pueblo (cf. Hechos de los Apóstoles 7, 36 ss. y nota).

3. Cosa santa para Yahvé: Cf. Éxodo 4, 22; 19, 5 s. y notas. Siendo Israel la nación teocrática, pertenece por entero a Yahvé, así como son de Él todas las primicias de los frutos (cf. Levítico 23, 10; Oseas 9, 10). Quien toma las primicias para comerlas comete un sacrilegio (cf. Levítico 22, 10 y 16). De la misma manera, el que ataca al pueblo escogido, se levanta contra Dios será castigado por Él mismo.

5. Vanidad y vanos son sinónimos de idolatría e ídolos. Como el siervo anda tras su señor, así Israel anda tras los falsos dioses.

7. La profanación del país, que era heredad de Dios, y no propiedad de Israel, consiste en el culto de dioses ajenos que eran tratados como si fuesen los señores de la tierra de Dios. Véase Salmo 77, 58 ss. “Así también nosotros, cada vez que pecamos, destruimos el templo de Dios e injuriamos al que habita en nosotros” (San Agustín). En vez de tierra fértil dice San Jerónimo, según su costumbre, Carmelo, porque en hebreo una misma palabra significa tierra fértil y Carmelo.

8. Hasta muchos sacerdotes y profetas, que de un modo ejemplar deberían servir a Dios, se han plegado a Baal el dios de los cananeos. Véase Ezequiel 22, 25 s.

10 s. Kitim (nombre antiguo de Chipre) y Cedar (parte septentrional del desierto de Arabia) son representantes de los gentiles. ¿No os da vergüenza al ver que estos paganos no cambian sus dioses, y que tributan a sus ídolos mayor reverencia que vosotros al Dios vuestro, que es el Señor del cielo y de la tierra? Su Gloria (versículo 11): Gloria (en hebreo: Cabod): se usa como nombre de Dios.

13. Los ídolos son como pozos que no contienen agua. Son vanos y vanidad (versículo 5), ni pueden dar auxilio a nadie. Es la misma queja que profiere Jesús en Juan 5, 40. Él también, hablando con la samaritana, se compara a un manantial de aguas vivas (Juan 4, 13 s.; 7, 38).

14. Israel no es esclavo, sino el pueblo de Dios, pero por sus vicios ha llegado a ser presa de otras naciones, los asirios y babilonios. Véase Salmo 77, 61 ss. Vernáculo se llamaba el esclavo nacido en la casa de su amo.

16. Las ciudades de Menfis y Tafnis representan a Egipto, que era uno de los opresores que humillaban a Israel. Trasquilan tu cabeza; en señal de tu esclavitud. La Vulgata vierte: te estupraron hasta la coronilla de la cabeza.

18. El agua turbia designa el Nilo (en hebreo: Schijor). Las aguas del Río: el Éufrates. Alusión a la alianza de los reyes de Judá con Egipto y con Asiria. Ni el uno ni el otro podrá salvar al pueblo que se ha olvidado de su Dios. Véase Isaías 30, 2.

19. Abandonar a Dios es una cosa amarga. Es ésta una verdad tan profunda, que el mundo no puede comprenderla. Y sin embargo, los goces mundanos no son más que una gota de miel que se convierte en un mar de amarguras. Lo vemos por lo que sucede al que se entrega a un vicio, a la intemperancia, a la vanidad, a los deseos de la carne o a cualquier otro goce desmedido. Vista con los ojos de la fe, la alegría del mundo es, en muchos casos, una comedia que termina en una tragedia, la tragedia más triste que pensar se pueda, la muerte. El Catecismo Romano (IV, 14, 9) cita este pasaje para enseñarnos que, por los pecados mismos, aprendamos a dolemos de ellos, y para exhortarnos a mirar bien los males que se siguen del pecado.

20. Tu yugo, que en realidad es un “yugo suave”, como enseña Jesús en Mateo 11, 30, mas Israel es una ramera porque ha roto la fidelidad al Señor, su Esposo (versículo 2 y nota). No quiero servir: El pecado es rebeldía contra Dios; el pecador declara la guerra al mismo Señor, desnuda su espada, tiende su arco y lanza sus flechas contra el Omnipotente. “El pecador mata a Dios, cuando menos, con su deseo” (San Juan Crisóstomo). Véase 6, 16; Lucas 19, 17 y 24.

23. Aquel valle: el valle de Hinnom, donde se quemaban los niños en el culto cruel de Moloc (IV Reyes 23, 10; II Paralipómenos 28, 3; 33, 6; etc.). El nombre del valle, en hebreo Ge Hinnom, sirve en el Nuevo Testamento para designar al infierno (gehenna). Véase Mateo 5, 22; Marcos 9, 43.

24 s. Metáforas de crudo y elocuente realismo, muy propias para mostrarnos cómo Dios ve el fuego de la pasión. San Juan de la Cruz anota: “Como comúnmente dicen, el apetito es como el fuego, que echándole leña crece; y luego que la consume, por fuerza ha de desfallecer. Y aun el apetito es de peor condición en esta parte; porque el fuego, acabándosele la leña, decrece, mas el apetito no decrece en aquello que se aumentó cuando se puso por obra, aunque se acaba la materia, sino que en lugar de decrecer, como el fuego cuando se le acaba la suya, él desfallece en fatiga, porque quedó crecida el hambre y disminuido el manjar” (Subida del Monte Carmelo, I, 6). Es inútil (versículo 25): Así habla Israel, la viña selecta (versículo 21) después de haberse corrompido. Es el terrible destino de las almas indiferentes, peor que el de las frías (Apocalipsis 3, 15); destino peor que el de las corrompidas Sodoma y Gomorra (16, 48 ss.; Lucas 10, 12); peor que el de las paganas Tiro y Sidón (Lucas 10, 14); peor que el de los publicanos y las rameras (Mateo 21, 31). Es el destino inmensamente trágico de los privilegiados, de aquellos a quienes mucho se les dio y por tanto se les pedirá mucho (Lucas 12, 48), no para que sean héroes a lo humano, sino al contrario, para que sean pequeños (Mateo 18, 1 ss.; Lucas 1, 49 y nota) y fieles a Dios. Pensemos que, según esta maravillosa doctrina, no es difícil que el refinado intelectual o gran señor sea humilde de corazón delante de Dios, tanto o más que el más modesto servidor, considerando, con santa envidia, que a éste, para cumplir, le basta con su simple labor común, en tanto que los dirigentes responden por los demás (véase 9, 6; cf. Eclesiástico 3, 20; 7, 4; 31, 8 y notas). La Virgen María tenía conciencia de haber recibido más que nadie (Lucas 1, 49) y a pesar de eso, o mejor, gracias a eso, tenía más que nadie conciencia de ser simple “ancilla Domini” (Lucas 1, 48). Como paralelo de este pasaje véase el capítulo 16 de Ezequiel.

27. Leño y piedra: ¡considerados como dioses y llamados con el dulce nombre de Padre! Es el colmo de la locura, la renegación más detestable de la filiación divina.

31. Dios dio a su pueblo una tierra fértil (cf. versículo 7 y nota) y lo colmó de beneficios materiales. Tanto más debía éste mostrarle gratitud y obediencia, porque Dios no se mostraba para Israel como un simple dominador, sino como su dicha y su presea, según vemos en el versículo 32.

35. Antes decían: no quiero servir (versículo 20), y ahora repiten a coro: soy inocente... no he pecado. Lo mismo que hoy. “Para que nuestra confesión de haber pecado sea sincera, tenemos que reconocer nuestra culpa, de lo contrario nos asemejamos a aquellos que, encontrándolo muy natural, hasta se jactan de haber ofendido a Dios, de haber violado Su ley. Y es lo que cuesta: reconocer su propia culpa. La negamos instintivamente por nuestro innato orgullo, pues nos humilla el vernos débiles, llenos de defectos, dominados por pasiones. Si ya no nos podemos hacer mejores, entonces echamos la culpa al ambiente, a la debilidad física, a nuestro temperamento y así a Dios mismo” (Elpis).

36. Serás burlado de Egipto: El pueblo de Dios tenía que permanecer inmune de alianzas con otras naciones, porque toda alianza política era un acto de desconfianza hacia Yahvé, una apostasía religiosa. “Esta última era evidentemente la tesis del profetismo, que, como antes había sido enemigo de la política de colaboración con Asiria, ahora, alegando los desastres de aquélla, era enemigo de la colaboración con Egipto” (Ricciotti, Historia de Israel, número 522).

37. Con las manos sobre la cabera: gesto con que se expresa el dolor (II Reyes 13, 19). El Señor frustrará los esfuerzos de todos aquellos en que has puesto tu confianza.

JEREMÍAS 3

1. Véase Deuteronomio 24, 4. Es notable el paralelismo de este capítulo con el 16 de Ezequiel y el 2 de Oseas. El Señor muestra su extremo furor por la infidelidad de Israel, su esposa. Hay que mirar este episodio con los ojos de un marido ofendido. ¿Qué nos parecería una esposa que dijera al marido: tú, que eres tan bueno, déjame que me vaya con otro hombre? Aquí está, decimos, todo el problema del espíritu. Porque si el esposo la colma a ella de benevolencia dándole cuanto tiene y hasta su propio ser, ese mismo amor lo lleva a querer complacerse en ella; de modo que todo podrá permitirle y consentirle, menos ese desvío. Apliquémonos esto, que es una verdadera piedra de toque para saber si amamos a Jesús. ¿Es que para divertirnos y estar alegres sentimos la necesidad de irnos con ese “otro”, que es el mundo? ¿O es que Jesús está asociado a nuestra felicidad, de modo que lo busquemos para estar alegres y tomemos en manos su Evangelio, para gozarnos en su conversación, en su “sociedad”, como Él quiere (Juan 17, 13; Lucas 10, 39 ss.; I Juan 1, 3 s.), y no solamente cuando necesitamos algo de orden temporal, o cuando tememos la muerte? En el primer caso, somos como el rico del Evangelio (Lucas 18, 24 s. y nota), es decir, somos del mundo y no tenemos amor (I Juan 2, 1S), ni podemos tenerlo porque el amor es el Espíritu Santo, y sabemos que “el mundo no puede recibirlo porque no le ve” (Juan 14, 17), o sea, no piensa ni concibe que exista esa maravillosa realidad interior, porque está absorbido y “fascinado por la bagatela” (Sabiduría 4, 12). En el segundo caso, dichosos de nosotros, pues tenemos la bienaventuranza de los ricos que no han puesto su corazón en las cosas pasajeras (Eclesiástico 31, 8 y nota) y desprecian el mundo persuadidos de poseer, desde ahora, un bien infinitamente mayor (cf. Cantar de los Cantares 8, 7 y nota). “La vida sin amor no vale nada”, dice con gran verdad un proverbio popular. ¿Y qué es el amor sino esto? ¿Qué será sin esto, nuestra vida futura? ¿Concebiríamos acaso una felicidad eterna junto a un Dios cuyo trato hoy nos fuese desagradable? No obstante ello, vuélvete a Mí: Dios no es como un esposo implacable. Aunque ofendido por la infidelidad de la esposa, hace ostentación de su misericordia, mostrando que volverá a reconocer como suyo al pueblo contaminado por la idolatría. “Dios que rechaza al pecador acoge al penitente” (San Gregorio Magno).

2. Donde no te hayas prostituido, etc.: Alusión a la idolatría, que se llama prostitución y fornicación. Cf. Ezequiel 16, 16 y nota.

4. Padre mío: Cf. versículo 19; Sabiduría 14, 3; Isaías 63, 16; 64, 8. Dios acepta el título y nombre de Padre, porque siempre está dispuesto a perdonar. La única condición que pone es que su pueblo se arrepienta.

6. Israel: aquí el reino de las diez tribus. Se llama apóstata por su idolatría en los montes y bajo los árboles (véase 2, 20). Comienza con este versículo un nuevo discurso profético, con nuevas amenazas para el pueblo impenitente, pero al mismo tiempo con promesas consoladoras para el caso de su conversión.

12. Es como una invitación a las diez tribus de Israel, la nación rebelde deportada a Asiria (722 a. C.) que nunca volvió de la dispersión. Véase versículo 18; Isaías 27, 13; Ezequiel 37, 15-23; Zacarías 8, 13.

14. Convertíos, hijos rebeldes: No nos avergoncemos de aplicar esta exhortación a nosotros mismos. “Es preciso apresurarnos, dice el Doctor de Hipona, a emplear los medios que Dios nos da para nuestra conversión, temerosos de que nos falte el tiempo si tardamos.” Cf. la misma advertencia en el Eclesiástico (5, 8): No tardes en convertirte al Señor, ni lo difieras de un día para otro. “El que promete el perdón, no promete al pecador el día de mañana” (San Gregorio Magno).

15. “Apacentar es, ante todo, adoctrinar” (Pío X en “Acerbo nimis”, Encíclica acerca de la enseñanza de la Doctrina). Cf. I Corintios 1, 17. La ciencia y doctrina, de la cual habla el profeta, no es otra cosa que el conocimiento de Dios. San Agustín, en su libro de la Vida feliz, nos enseña prolijamente que la vida feliz consiste en conocer a Dios; y el Doctor Melifluo dice: “Conocer a Dios es la plenitud de la ciencia; la plenitud de esta ciencia es la plenitud de la gloria, la consumación de la gracia, la perpetuidad de la vida.” Cf. Juan 17, 3.

16. Profecía mesiánica que se cumplirá en la Nueva Alianza. “El Arca santa era el símbolo de la presencia de Dios, de quien se dice que estaba sentado sobre los querubines y de allí hablaba a Moisés (Número 7, 89). En los tiempos por el profeta prometidos toda la ciudad será trono de Dios. Esto significa que se manifestará con tantos prodigios y bendiciones, que las gentes todas se sentirán atraídas a ella (Isaías 2, 2 ss.). Clara señal del mesianismo” (Nácar-Colunga). Cf. Salmo 50, 21 y nota; Hebreos 8, 8 ss.; II Macabeos 2, 4 ss.

17. Se anuncia la Nueva Jerusalén, el reino del Mesías, en el cual se congregarán todas las naciones (Isaías 2, 2 ss.; Miqueas 4, 1 ss.; Zacarías 2, 14 a,; 14, 16 ss.; Apocalipsis 21, 2 ss.).

19. Una tierra de delicias: la tierra de promisión. Tiene aquí un sentido mesiánico, sobre todo en la versión de la Vulgata que habla de la gloriosa herencia de la multitud de las naciones. Para nosotros la tierra de delicias que apetecemos, es estar unidos eternamente con Cristo. Comentando este pasaje, dice Santo Tomás: “La patria celestial, nuestra herencia, está iluminada por la visión divina.”

23. Alusión al culto prohibido que se practicaba en tos collados. Véase versículo 6.

24. La ignominia, esto es, la idolatría y apostasía de Dios, que no trajo consigo más que la ruina del pueblo. La idolatría moderna, el capitalismo y materialismo, ¿no produce acaso los mismos frutos?

JEREMÍAS 4

1. Tus abominaciones (Vulgata: tus escándalos): los ídolos. Nótese la promesa condicional. Si Israel hubiera sido fiel, se habrían cumplido sin demora los esplendorosos anuncios de los profetas.

3. Acerca del significado de lo sembrado entre las zarzas véase la explicación de Jesús en la parábola del Sembrador (Mateo 13, 7 y 22). Cf. Oseas 10, 12; Joel 2, 13; Romanos 2, 28 s.; Colosenses 2, 11; y la predicación del Bautista (Mateo 3, 8 ss.). San Crisóstomo agrega: “Rompamos los corazones, para que si alguna mala yerba y engañoso pensamiento hay en nosotros, la arranquemos de raíz, y tengamos limpias las tierras para las semillas de piedad.”

6 s. El profeta hace alusión a los babilonios que han de venir desde el norte. Cf. 1, 15; 6, 1; 10, 22; 25, 9 etc.

10. Se refiere a los falsos profetas. Es frecuente en la Biblia el caracterizar a éstos como predicadores de una paz ilusoria para atraerse las simpatías. San Juan de la Cruz, tomando este pasaje en sentido místico, lo explica de la siguiente manera: “La paz que les prometía Dios, era la que había de haber entre Dios y el hombre por medio del Mesías que les había de enviar, y ellos entendían de la paz temporal; por eso, cuando tenían guerras y trabajos, les parecía engañarles Dios acaeciéndoles al contrario de lo que ellos esperaban.”

11. Un viento abrasador: el rey Nabucodonosor de Babilonia. Otros expositores refieren estas palabras al rey de Egipto. No para aventar: Los orientales avientan el trigo, mas en este caso el viento será tan fuerte que se llevará todo.

15. La invasión de los enemigos se realizará a través de los territorios del norte: Dan (Galilea) y Efraím (Samaría).

18. Dios insiste sobre esta explicación en 5, 25; 6, 19; 7, 19, etc. Los malhechores beberán el vino de la ira de Dios, dice San Juan en el Apocalipsis (14, 10). “El que peca mortalmente trabaja por la segunda muerte, es decir, por el infierno” (San Ambrosio).

19 s. Emocionante descripción de las angustias que sobrevendrán sobre Jerusalén al llegar la noticia de la invasión enemiga. El profeta Jeremías contempla como ya realizadas las calamidades que acaba de anunciar.

21. La bandera: los estandartes de los enemigos que invaden el país.

22. ¡Qué necio es mi pueblo! He aquí un ejemplo de la locura humana. Un pueblo que vivía de la extraordinaria benevolencia de Yahvé y se llamaba pueblo Suyo, va en pos de Baal y Astarté, pone su confianza en las “massebas”, estelas de Baal, y en las “ascheras”, árboles frondosos que simbolizaban a Astarté. El mundo moderno hace lo mismo, sólo han cambiado los nombres de los ídolos.

23 s. Los tremendos castigos se aplican primeramente al pueblo infiel, pero son, a la vez, una imagen del juicio final. Desolada y vacía: el hebreo emplea aquí la misma locución que en Génesis 1, 2 para señalar el desorden sumamente caótico. Véase Salmo 13, 2; Isaías 34, 11.

29. Al oír el ruido de las armas todos huirán para salvarse. Cf. las señales del último juicio en Mateo 24.

30. Se refiere a Jerusalén, que se adorna como una mujer para atraer a los amantes; esto es, a los pueblos con los cuales hizo alianzas, o tal vez, los dioses ajenos a los que se había entregado.

JEREMÍAS 5

1. Que practique la justicia: Véase la misma queja en 4, 23 y nota; Salmo 52, 4; Romanos 3, 10 ss. Yo la perdonaré: ¡Cuánto desea perdonarnos el Misericordioso, que desde su altísimo trono nos mira con ojos de Padre! Véase Salmo 85, 15, donde vemos su verdadera fisonomía retratada por el mismo Espíritu Santo. “Dios no se ocupa más que de mi salvación; éste es el motivo por que le veo enteramente decidido a guardarme como si se olvidase de todo lo demás y no quisiese ocuparse más que de mi” (San Agustín). Cf. 33. 8; Isaías 49, 15; Ezequiel 18, 32; Joel 3, 17.

2. Vive Yahvé: es la fórmula de jurar, para poner al Eterno por testigo del juramento.

3. No les dolió: La Biblia llama a este estado del alma: endurecimiento. “En vez de mirar al Oriente, que es Dios, el endurecido se vuelve al Occidente, dice San Agustín, es decir, hacia el mundo, el demonio; la muerte”. Hasta el fin tendrá Dios que insistir sobre esta rebeldía de la humanidad. Véase Apocalipsis 9, 21; 16, 9.

6. León, lobo y leopardo: nombres simbólicos de los enemigos que amenazan a Jerusalén.

10 ss. Apostrofe a los enemigos. El Señor los invita a castigar a Jerusalén, pero sin exterminarla por completo (versículo 18). El pueblo de Judá es comparado a una viña, como en Isaías 5, 1-7. Los profetas (versículo 13): se refiere a los aduladores que prometían a los gobernantes y al pueblo un porvenir feliz, paz y prosperidad.

14. Así como el fuego consume la leña, así será destruido el pueblo judío por las palabras (profecías) que Dios pone en boca del profeta.

15 ss. Esta nación es la de los babilonios, que acabará con el pueblo que ha abandonado a su Dios. Devorarán, etc. (versículo 17): “Enumeración tremenda de los males que los invasores causarán al país. No obstante ello, encontramos al fin (versículo 18) la promesa consoladora del principio (versículo 10)” (Fillion).

21. Tienen ojos y no ven. Esta fórmula de reproche es la más triste de todas, pues no tiene remedio, ve que no puede curarse la ceguera del que no quiere ver (cf. Salmo 35, 4 y nota). Jesús la toma de Isaías 6, 9 y la repite más de una vez en el Evangelio (véase Mateo 13, 14; Marcos 8. 18; Juan 12. 39 ss. y nota) presagiando a Israel, no ya una caída como ésta, sino la grande que dura ya veinte siglos y de la cual ésta sólo fue figura.

22 ss. El Señor recuerda su bondad con el pueblo ingrato. Es incomprensible que los judíos que lo debieron todo a su divino Protector, no le hicieran caso. Sin embargo, no seamos orgullosos. ¡Cuántas apostasías semejantes a las del pueblo judío pueden registrarse en el transcurso de la historia! San Pablo las anuncia expresamente en II Tesalonicenses 2, y el mismo Jesús en Mateo 24. Puse al mar por término la arena: Cf. Job 38, 8 ss.; Salmo 103, 9; Proverbios 8, 29. La lluvia temprana y la tardía (versículo 24): Estos dos períodos de lluvia, que dan al país la fertilidad, figuran en la Biblia como ejemplos de la bondad paternal de Dios. Cf. Salmo 146, 8.

31. Dios nos revela aquí uno de los peores males: la influencia destructiva de los falsos profetas y sacerdotes oportunistas que dejan la predicación de la verdad, y hablan lo que gusta al auditorio. “Los labios del sacerdote han de guardar la ciencia, dice Dios por boca del profeta Malaquías, y de sus labios se ha de aprender la Ley, puesto que él es el mensajero del Señor de los ejércitos” (Malaquías 2, 7). En los castigos descritos en el noveno capítulo del profeta Ezequiel, Dios exige que el juicio comience por los ministros del santuario (Ezequiel 9, 6). San Pedro repite esta amenaza en su primera Carta (I Pedro 4, 17). La dignidad de los sacerdotes es grande, pero grande es también el perjuicio que ellos causan en las almas cuando descuidan su sagrado ministerio y no predican la palabra de Dios. “Escudriñando las historias antiguas, escribe San Jerónimo, encuentro que la Iglesia ha sido desgarrada y han sido seducidos los pueblos por los malos sacerdotes” (In Cantar de los Cantares). Cf. 12, 10 s.

JEREMÍAS 6

1. El enemigo, que viene del norte, obliga a la población a huir hacia el sur, en dirección de Tecoa y Betkérem situadas ambas, al sur de Jerusalén. Las dos ciudades han de dar las señales para mostrar el camino a la ingente masa de los que huyen. El pasaje puede encerrar también una invitación a socorrer a Jerusalén. Hijos de Benjamín: La ciudad de Jerusalén formaba parte del territorio de Benjamín (cf. Josué 15, 8; 18, 16 y 28), mas en realidad fue ocupada por la tribu de Judá.

3. Habla irónicamente. Por los pastores ha de entenderse a los generales enemigos, por los rebaños los soldados. Antes venían a Jerusalén los pastores de Judá para vender sus ovejas; ahora vendrán hordas de enemigos a fin de destruirla.

4. Los enemigos se alientan mutuamente a tomar la ciudad. Santificaos para la guerra contra ella. La santificación de los guerreros se hacía mediante sacrificios y ciertas ceremonias (I Reyes 13, 9 ss.; 21, 5 ss.; II Reyes 11, 11; Ezequiel 21, 23-28).

9. El Señor exhorta a los destructores a proseguir su obra de una manera tan radical como el vendimiador que busca los últimos racimos.

10 ss. Su oído está incircunciso: Están sordos cuando se trata de oír la palabra de Dios. En vista de esta sordera Yahvé ya no puede contener su ira, sino que se dice a sí mismo: derrámala (versículo 11) sobre todos, chicos y grandes, hombres y mujeres. Cf. 4, 4; 5, 3 ss.; 7, 13; 35, 15, etc. y la amarga queja de San Esteban en Hechos de los Apóstoles 7, 51.

14 ss. Paz, paz: Es el típico lenguaje de los falsos profetas (cf. 4, 10; 5, 31 y notas). Pretenden curar las heridas del pueblo, asegurando: todo está bien; en vez de explicarle la Ley de Dios y exhortarlo a enmendar la vida. De la misma manera los impíos adormecen su conciencia diciendo en su corazón no haber pecado y estar en paz con Dios. Sin embargo: no hay paz, pues los impíos no tienen paz, como dice el Señor en Isaías 48, 22. Reprobados en cierto modo con anticipación, no encuentran el reposo que Dios tiene preparado a los hombres rectos (versículo 16). La tribulación y las angustias, dice San Pablo, son la dote de toda alma que obra mal (Romanos 2, 9). Hecha el alma razonable a imagen de Dios, nota San Bernardo, puede ocuparse de cosas diferentes de Dios; pero éstas no pueden satisfacerle.

17. Atalayas: en primer lugar los profetas, cuya misión consistía en estar alerta y señalar al pueblo los peligros. No queremos escuchar: Véase el “Non serviam” de 2, 20. En la parábola de las minas los servidores infieles dicen lo mismo en otras palabras: “No queremos que Ése reine sobre nosotros” (Lucas 19, 14).

20. No podéis aplacar a Dios con sacrificios e incienso a menos que os arrepintáis de vuestra doblez. Cf. Isaías 1, 11; Oseas 6, 6; Amós 5, 21 ss.; Eclesiástico 35, 4; Mateo 9, 13.

22 ss. Los versículos 22-24 dan un retrato de los enemigos, los babilonios (4, 6 y nota). En 50, 41-43 se hace la misma descripción acerca de los pueblos que van a castigar a Babilonia.

27 ss. Dios habla al profeta encargándole de probar los quilates de su pueblo. Todos son cobre y hierro, es decir, hombres crueles y obstinados. No hay plata en ellos: ningún justo, ningún temeroso de Dios, Véase 5, 1 y nota. Sopla furiosamente (versículo 29), como para indicar la infructuosidad de la predicación del profeta. La Vulgata vierte: faltó el fuelle, lo cual, según Scío, significaría que la voz de Jeremías quedó ronca a fuerza de predicar.

JEREMÍAS 7

1. Se cree que, exceptuando algunos fragmentos, las siguientes profecías (capítulos 7-20) fueron pronunciadas durante el reinado de Joakim (608-598), cuando la idolatría levantó de nuevo la cabeza.

3. Enmendad vuestra conducta, etc.: Dios no quiere la muerte del pecador (Ezequiel 18, 32) sino su conversión y salvación: “Estoy a la puerta y llamo; si alguno escuchare mi voz y me abriere la puerta, entraré a él, y con él cenaré, y él conmigo” (Apocalipsis 3, 20). “Dios, dice San Agustín, empieza por obrar en nosotros para excitar nuestro querer, y coopera concluyendo la conversión en los que la quieren. Nos previene para curarnos, nos acompaña en la salud para hacernos merecer. Nos previene hablándonos; nos sigue para nuestra glorificación. Nos previene para que vivamos en la piedad, nos acompaña para que vivamos con Él en la eternidad.”

4. El Templo... el Templo: Los falsos profetas confiaban en el Templo y creían que Dios no permitiría su ruina. Pensamiento carnal; pues Dios mira el corazón (versículo 3) y no el aparatoso culto exterior. San Jerónimo comenta este pasaje, diciendo: “Si el cielo y la tierra han de pasar, sin duda también pasarán todas las cosas terrenales. Los lugares de la Cruz y de la Redención sólo aprovechan a aquellos que llevan su cruz y resucitan cada día con Cristo, haciéndose así dignos de tan grande morada. Y los que claman: ¡Templo del Señor, Templo del Señor!, oigan lo que dice el Apóstol de las gentes: «El templo del Señor sois vosotros, y el Espíritu Santo mora en vosotros»” (A Paulino). Véase a conversación de Jesucristo con la mujer samaritana (Juan 4, 21 ss.).

11, Esta expresión “cueva de ladrones”, usada por Jesús en Mateo 21, 13, recuerda la costumbre de los ladrones de retirarse a lugares seguros, después de cometido el robo. Así se abusaba del Templo para cubrir las maldades con las apariencias de piedad.

12. En Silo estuvo el Arca de la Alianza en tiempo de Josué y de los Jueces (Josué 18, 1; Jueces 21, 19; I Reyes 1-4; Salmo 77, 60). Con todo, la ciudad fue destruida. Tampoco perdonará el Señor a Jerusalén que confía supersticiosamente en su Santuario.

15. Alusión al cautiverio de las diez tribus del reino de Israel, que aquí se llama Efraím, porque la tribu de este hijo de José predominaba sobre las otras.

18. Reina del cielo: Astarté, originariamente diosa de la luna, cuyo culto tomó gran incremento con las invasiones asirias. Las tortas que se le ofrecían simbolizaban el disco lunar. En la visión retrospectiva de Ezequiel vemos que las mujeres de Jerusalén adoraban también a Adonis, que representaba la verde flora de la primavera. Le lloraban en los meses de junio y julio para celebrar más tarde con orgías su resurrección (Ezequiel 8, 14). Cf. 44, 18.

20. El Señor no se contenta con solas reprensiones ni con las palabras conminatorias que tantas veces lanzara contra las continuas rebeldías e infidelidades de su pueblo. Un día se llena la medida de su paciencia y ya no se deja mover a piedad. La aplicación de esta norma divina al individuo la hace San Pablo en Romanos 2, 4: “¿O desprecias la riqueza de su bondad, paciencia y longanimidad, y no sabes que la benignidad de Dios te lleva al arrepentimiento?”

21. Ironía. Vuestros sacrificios no tienen otro objeto que el de comer carne y hacer convites. Aprovecháis un acto sagrado para satisfacer los apetitos de vuestro estómago.

23 ss. Escuchad mi voz. El Padre celestial, que dice estas palabras, las repite directamente en el Evangelio (Mateo 17, 5), dándonos allí como supremo mandamiento el de escuchar a Jesús. Vemos aquí que los preceptos de Dios no son órdenes tiránicas de su autoridad, sino enseñanzas paternales, para que seamos felices. Véase Salmo 24, 8; 39, 7 ss. y notas. Yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo: En estas palabras se cifran las relaciones de Dios con su pueblo, especialmente en los tiempos mesiánicos. San Juan ve la plena realización de esta promesa en la Jerusalén celestial (Apocalipsis 21, 3).

25. Mis siervos los profetas: Los llama siervos, porque son ejecutores de lo que oyen, aunque los hombres no les den crédito, como sucedió innumerables veces. A ellos les revela sus secretos planes, por amor nuestro, para que su cumplimiento no nos sorprenda. Aún respecto de la Parusía de Jesús, cuyo momento nadie sabe, y que vendrá como un lazo sobre la tierra, el mismo divino Profeta insiste en que todo nos lo predijo (Marcos 13, 23 y 37), y San Pablo anuncia que ella no será sorpresiva sino para los que no vivan en la luz (I Tesalonicenses 5, 1-3). De ahí la necesidad de conocer a los profetas (Eclesiástico 39, 1; I Tesalonicenses 5, 20), para poder obedecer a sus advertencias divinas, pues “el ser dócil importa más que el ofrecer la grosura de los carneros” (I Reyes 15, 22). De ahí que el propio Hijo de Dios citaba constantemente a los profetas, y se redujo Él mismo a la condición de siervo (Filipenses 2, 6-8). Tal es el nombre que Isaías le da en la segunda parte de su libro, porque su obediencia perfectísima, ansiosa de complacer amorosamente la voluntad paterna, se amoldaba a ello, según la expresión de San Justino Mártir, “como la arcilla se amolda a la voluntad del alfarero”. Él elevó a su verdadera e insuperable altura el concepto que hemos de tener de la obediencia a Dios, enseñándonos también a pedir al Padre que se haga su voluntad, no como quien se resigna a lo que ordena el más fuerte, sino como el niñito que no desea andar solo y quiere ir de la mano de su padre, sabiendo que éste puede y quiere siempre llevarlo a lo que más le conviene.

29. Era costumbre cortarse la cabellera en señal de duelo. Otro modo de expresar el dolor consistía en alzar el llanto en los collados.

30. Abominaciones: los ídolos. Véase 4, 1; IV Reyes 21, 5 ss.; Ezequiel 8, 6.

31. Tófet se llamaba un lugar situado fuera de los muros de Jerusalén, en el valle de Ennom o Hinnom, que desemboca en el del Cedrón, cerca de la fuente de Siloé. Allí se hallaba la estatua de Moloc, en cuyos brazos o interior se quemaba a los niños. Dios insiste en mostrar la bondad de su corazón, que jamás pudo aceptar como agradable la inmolación de los propios hijos. Cf. 19, 5-7; Levítico 18, 21: Deuteronomio 18, 10: IV Reyes 16, 3; Isaías 57, 9 y notas.

JEREMÍAS 8

1. “En este oráculo que abarca hasta el capítulo 10, hay trozos que no parecen ocupar el lugar que les corresponde, de donde nace la dificultad para ver el desarrollo del discurso” (Nácar-Colunga), Sacarán de sus sepulcros los huesos, etc.: Dispersar los huesos de un muerto representaba la más grande ignominia con que se podía contaminar la memoria de un hombre.

5. Se obstinan, y por eso ya no son capaces de convertirse. Es el pecado máximo, tantas veces llorado por el mismo Dios (cf. 3, 3; 5, 3; Salmo 51, 3; Proverbios 2, 14; 18, 3; Isaías 28, 15, etc.), quien no se cansa de invitarlos a la penitencia, como lo hará Cristo frente a los fariseos.

7. Véase Isaías 1, 3; Cantar de los Cantares 2, 12.

8. La pluma: textualmente: el estilo, porque escribían en tablas de cera con un estilete que tenía la forma de punzón. Escribas se llaman aquí los doctores de la Ley que por mantener las propias tradiciones (Lucas 11, 52; Mateo capítulo 23) torcían los preceptos en vez de enseñarlos rectamente.

10. Los versículos 10-12 faltan en la versión de los Setenta. Son repetición de 6, 12-15. Véase allí las notas.

11. El pueblo engañado por profetas mentirosos se construye un edificio de vanas esperanzas y falaces promesas. La falsa paz es en ellos como un leitmotiv. Véase 4, 10; 6, 14 y notas; Miqueas 3, 5. Así será también, según San Pablo, en los últimos tiempos. Cf. I Tesalonicenses 5, 3.

13. La población no tendrá uvas ni higos, porque los invasores van a comérselo todo y no permitirán a los sitiados salir de la ciudad para cosechar y vendimiar. Así lo explica San Jerónimo.

14 ss. Se pintan las horrorosas calamidades de la guerra que amenaza a la ciudad impía. Los habitantes están deliberando sobre el modo de defenderse, pero en realidad ya han perdido la esperanza. Agua de hiel por haber pecado: Comentando estas palabras dice el Doctor Máximo: “Dios da a los amantes de los goces del mundo una agua amarga, el agua de la maldición, y los llena de quebranto, a fin de que sepan por experiencia cuan duro y amargo es haber abandonado a Dios y haber provocado al Señor, que es la misma dulzura.” Cf. 2, 19.

17. Contra los babilonios no hay remedio. Su fuerza es incontenible, sus armas son venenosas como serpientes. No hay encantador que pueda dominarlas.

18 ss. Es un diálogo entre Dios y el profeta. Grita desde una tierra remota: se refiere al cautiverio. Su Rey: Dios.

22. La resina de los terebintos de Galaad se usaba como bálsamo. Para el pueblo renegado no queda otra medicina que la contrición (versículo 6). Observa a este respecto San Crisóstomo: “Solamente la contrición quita el pecado. Los otros pesares tienen un resultado muy diferente... Pero si, al contrario, sentís haber ofendido a Dios, vuestro sentimiento destruye vuestros pecados; vuestras lágrimas, al caer sobre las faltas, las borran.” La contrición, dice San Efrén, cura el alma, ilumina el espíritu y borra los pecados. El espíritu compungido es el sacrificio más grato a Dios: Tú no despreciarás, Señor, el corazón contrito y humillado (Salmo 50, 19).

JEREMÍAS 9

2. El santo profeta está tan sumido en dolor que no cree poder vivir más entre los hombres, por lo cual intenta huir a la soledad para entregarse a la aflicción de su corazón. Cf. Salmo 54, 8 y notas.

4. En 17, 5 ss. Jeremías insiste sobre esta saludable desconfianza en los hombres, que Jesús nos inculca repetidas veces en el Evangelio (Juan 2, 24 s.).

6 s. Dios probará a su pueblo enviándole castigos tremendos, a causa de lo que explica en el versículo 6. Jesús dice lo mismo en Juan 3, 19. Véase Isaías 48, 10; Zacarías 13, 9.

10. Siguen más detalles sobre la ruina completa del pueblo rebelde, cuyos merecidos infortunios provocan en el profeta este amargo llanto, que es una característica del dolor de Jeremías, empeñado siempre, como Moisés, en interponerse entre su amado pueblo y la justa ira de Dios.

14. Siguieron su corazón obstinado: Dios abandona al pecador en manos del demonio que lo esclaviza (Romanos 7, 14). El pecado mortal, dice San Ignacio de Antioquía, es un germen de Satanás que transforma al hombre en demonio. “Quien comete pecado, del demonio es; porque el demonio desde el principio continúa pecando.”

15. Ajenjo: castigos amargos. Siembran viento y siegan tempestad, dice Oseas (8, 7). El que siembra la iniquidad, recogerá males, dicen los Proverbios, y será destrozado con la vara de su furor (22, 8). Cf. 23, 15; Job 4, 8 s.; Salmo 36, 35 s.; 74, 9: Isaías 51, 17-22; Ezequiel 23, 31 ss.; Oseas 10, 13; Apocalipsis 14, 10; 16, 19.

17. Las plañideras: mujeres que ejercían el oficio de llorar por el muerto y elogiarlo con canciones. En la caída de Jerusalén habrá que llamar a las más diestras en llorar porque el luto no tendrá límites.

21. La muerte sube por nuestras ventanas, es decir, entra por las ventanas. “Trata el profeta de una tal devastación de las vidas humanas, que la muerte penetrará como por asalto en las viviendas. Será legítima la aplicación a la vida moral si se refiere el texto a la multiplicidad de formas con que el pecado puede hacer presa en nosotros” (Cardenal Gomá, Biblia y Predicación p. 274).

23. Notemos que Dios no nos prohíbe gloriarnos en absoluto. Esta admiración del propio ideal es una necesidad del espíritu humano, y Jeremías nos enseña aquí que hay un objeto legítimo en qué fundar nuestra gloría, y es el conocimiento del corazón de Dios, como dueño de la misericordia y fuente de nuestra justificación. San Pablo nos ofrece igualmente un objeto de gloria en la Cruz redentora de Cristo. Véase Gálatas 2, 20 s.; 6, 14.

24. El que se gloria, gloríese en... conocerme a Mí: Hoy día hay muchos que se glorían de no conocer a Dios. El prestigio exagerado que se ha atribuido a la inteligencia, por encima de la rectitud y bondad, hace que aún los más ignorantes afecten ciencia, y se avergüencen de ser hallados sin ella. Pero este rubor se convierte en lo contrario cuando se trata de Dios: se vuelve respeto humano (cf. Eclesiástico 4, 25 y nota), y entonces, los hombres se glorían de su ignorancia, con el agravante que éstos no son ya los tontos, sino los intelectuales, como aquel cuyo epitafio decía que salió de este mundo sin haberse preguntado nunca para qué había entrado en él. Y sin embargo, existe en muchos la preocupación por el misterio del más allá. Pero entonces lo buscan, o por el orgullo racionalista de una falsa filosofía, o por los mayores absurdos de la superstición, mostrando así cuan fuerte es en el hombre la sed del misterio (cf. Amós 8, 11 y nota). Todo lo investigan así, con curiosidad insaciable; todo, menos la Palabra de Dios, confirmada por el único Hombre que afirmó haber bajado del cielo (Juan 6, 33, 38, 42). ¡Ceguera, siempre diabólica, deformación mental y espiritual! Jesús la explica en dos palabras, diciendo: sus obras son malas, y el que obra mal odia la luz (Juan 3, 19 ss.). Sólo se librarán los sinceros, los que busquen rectamente la verdad, dispuestos a abrazarse con ella. Así lo enseña también Jesús (véase Juan 7, 17 y nota). Tal fue el caso de San Justino, en cuya Misa se lee I Corintios 1, 18 ss. para mostrar que él se desengañó, como San Pablo, de todas las sabidurías humanas, cuando descubrió la divina Palabra. Tal suele ser aún hoy el de tantos convertidos que, como dice Chesterton, encuentran finalmente, en la capillita de la esquina, lo que habían ido a buscar en la vuelta al mundo. Que hago misericordia: “Sabemos de cierto que Dios es infinitamente misericordioso e infinitamente justo, y que usa de la misericordia y de la justicia con soberana libertad y sin salirse en nada de la sabiduría. Si al buen Ladrón se le otorgó la gracia de la buena muerte, dice San Agustín, cosa fue de la misericordia divina. Si al mal Ladrón no le fue concedida gracia semejante, cosa fue de la justicia” (Garrigou-Lagrange).

25. Los circuncisos como los incircuncisos: Precisamente por la circuncisión los judíos se creían santos y exentos del castigo, pero vivían como los incircuncisos (Romanos 2, 25). ¡Cuidemos de que nuestro bautismo no sea una simple fórmula como aquella circuncisión! Véase Romanos 6, 4.

26. Que se rapan las sienes, es decir, que se cortan el cabello según cierto rito pagano. A los israelitas les estaba prohibida tal costumbre supersticiosa. Cf. 25, 23; 49, 32; Levítico 19, 27; 21, 5. Para los cristianos, véase lo que enseña San Pablo en I Corintios 11, 14 s.

JEREMÍAS 10

2. Las costumbres: la conducta inmoral de los gentiles. Las señales del cielo: los astros y sus constelaciones. Alusión a la astrología de los magos babilónicos que pretendían leer en las estrellas las cosas venideras. Dios defendía celosamente a su pueblo contra el contagio de la gentilidad, y las grandes calamidades de Israel le vinieron de envidiar las glorias mundanas del paganismo, despreciando el sublime privilegio de ser el elegido de Dios.

3. ss. Para ridiculizar la idolatría el profeta describe de manera sarcástica la fabricación de un ídolo (Isaías 44, 12 ss.; Baruc capítulo 6; Sabiduría capítulos 13-15).

9. Tarsis: ciudad situada en el extremo Occidente, probablemente en España. Ufaz: tal vez idéntico con el país de Ofir, de donde se traía el oro (III Reyes 9, 28).

15. Al tiempo de la visita, es decir, cuando Dios venga para castigarlos. Véase Isaías 10, 3; Lucas 19, 44; I Pedro 2, 12; 5, 6.

16 s. El Señor es la suerte de Jacob, es decir, la gran felicidad que le cupo en suerte (versículo 2 y nota), y no, una desventaja, como sería un Dios tiránico o un ídolo despreciable. Tu bagaje: Vulgata: tu ignominia, es decir, tus ídolos.

19 ss. Patéticas lamentaciones de Jerusalén (versículos 19-22), que será dispersada por culpa de sus pastores (versículo 21). Debo soportarlo: He aquí un lema para los días aciagos que nos tocan en el correr de los años. Debo soportarlo, no como cosa extraordinaria, casual o ilegítima, sino como la parte que me corresponde de la carga universal, y como un elemento de mi vida. Tampoco es cosa existente por sí misma, sino que está en íntima relación con la carga impuesta a mi pueblo y a todo el género humano. “Para mí y los míos, para mí y mi pueblo y todo el género humano, no puede ser indiferente cómo resuelvo el problema de mi dolor, ni si me muestro héroe o esclavo de él” (Mons. Keppler).

20. Describe la caída de la ciudad bajo la imagen de la destrucción de un tabernáculo, o tienda de campaña.

22. Se refiere a la invasión de los babilonios, que vendrán desde el norte. Véase 4, 15 y nota.

23. Vemos aquí cuán grande es la parte que Dios se reserva en la conducción de nuestra vida. Véase Salmo 36, 33; Proverbios 21, 1 y notas.

24. Israel se acoge al juicio de Dios, sabiéndolo paternal y misericordioso (Salmo 16, 2 y nota). La causa de nuestra reparación es tan sólo la bondad de Dios (San León).

25. Véase Salmo 78, 6 y la oración del Eclesiástico, capítulo 36.

JEREMÍAS 11

2. Este pacto: la alianza que Dios hizo con su pueblo en el monte Sinaí y que el pueblo renovó en el año 18 del rey Josías (621). Véase IV Reyes 23, 1 ss. Nótese la maldición que cae sobre el que ignora o descuida el Antiguo Testamento. ¡Cuánto más grave no será hoy esa sanción con respecto al Nuevo! Compárese con esta maldición la bienaventuranza que Cristo promete a los que oyen la divina Palabra (Lucas 11, 28; Apocalipsis 1, 3).

4. Horno de hierro: Egipto. Seréis mi pueblo: Es la “Carta Magna” de Israel. Cf. Éxodo 4, 22; 19, 5 s.

8. Todas las palabras, es decir, las maldiciones y castigos asentados en la Ley (Deuteronomio 28). De ahí que no se cumpliese entonces la promesa del versículo 5. Cf. 22, 18.

9. Una conjuración, esto es, la rebeldía contra el Señor, el culto de dioses ajenos y la alianza con pueblos paganos. No obstante la renovación del pacto con Yahvé (véase nota 2) siguen cometiendo infracciones contra la Ley.

13. A la ignominia: altares dedicados a los ídolos. El texto nombra especialmente a Baal, dios de los cananeos.

14. Vemos aquí que la condición que Dios pone para escucharnos, es que a nuestra vez lo escuchemos. Véase 7, 23 ss. No intercedas: Alude al ejemplo de Moisés que tantas veces intercediera por el pueblo en el desierto. Pero una vez Dios se le opuso, diciendo: “Déjame desahogar mi indignación contra ellos y acabarlos” (Éxodo 32, 10). Así también en este caso es inútil la intercesión del profeta porque Yahvé tiene ya decretado el castigo.

15. Amada mía: mi pueblo. Las carnes sagradas: los holocaustos y otros sacrificios ofrecidos en el Templo.

16. San Pablo reitera esta figura del olivo con respecto a Israel (Romanos 11, 17-24).

18. De los versículos 18-23 se sigue que los habitantes de Anatot, ciudad natal de Jeremías, maquinaron contra la vida de este profeta, sin duda alguna porque vaticinaba cosas contrarias a sus inclinaciones. “No hay profeta sin honra sino en su patria” (Mateo 13, 57).

19. El cordero es el profeta mismo. Es por eso que los Santos Padres ven en Jeremías una figura del Cordero de Dios que fue llevado a la Cruz (véase Isaías 53, 7 s.; Apocalipsis 5, 6). Este pasaje se usa en la liturgia de Pasión. Destrocemos el árbol con su fruto. Véase el admirable pasaje análogo en Sabiduría 2, 10-20. Otra lección: Echemos leño en su pan. El pan es para los Padres símbolo de Cristo, y el leño figura de la cruz. De ahí que en esta expresión vieran vaticinada la crucifixión de Cristo.

JEREMÍAS 12

1. Ante la prosperidad de los impíos apuntaba fácilmente en los labios de muchos la pregunta: ¿Por qué prosperan los malvados y sufren los buenos? También el profeta, perseguido, como acabamos de ver, contempla el abismo de la iniquidad humana y se pregunta, como David y como Job, el porqué del aparente triunfo del mal sobre la tierra. Véase Job 5, 17 s.; Salmos 36 y 72; Proverbios 3, 12 s.; Habacuc 1, 3; Malaquías 3, 13 ss.

2. Lejos de Ti está su corazón: Cf. 9, 8; Eclesiástico 15, 9 y nota.

5 s. Admiremos la actitud paternal de Dios, tan semejante a la que usó con Job en su discurso final (Job, capítulos 38-41). No satisface Él a Jeremías en su ambiciosa curiosidad de penetrar en los divinos designios; pero su misericordia le da la lección de confianza que él necesita para salir de su aflicción. Grabémonos para siempre esta enseñanza que los Proverbios (25, 27) expresan diciendo: “El que se mete a escudriñar la majestad, será oprimido por su gloria” (véase la nota respectiva y Eclesiástico 3, 22). Lo que Jeremías buscaba imprudentemente —como tanto suele hacerlo nuestra orgullosa inteligencia— no es otra cosa que aquella “ciencia del bien y del mal”, que nos costó la caída del Paraíso. En los matorrales del Jordán: Vulgata: en medio de la soberbia del Jordán; Crampón: contra los leones del Jordán.

7. Jesús confirma tremendamente estas palabras cuando se despide de la Sinagoga, diciéndole: “He aquí que vuestra casa quedará desierta” (Mateo 23, 38).

9. Hay en todo esto una sublime expansión de amor, digna del Cantar de los Cantares. Israel es para Yahvé preciosa como un ave multicolor, en la que se complace. Ahora será arrojada a las bestias. Una manifestación equivalente de esta ira celosa de Dios se encuentra con respecto a las naciones, en el Apocalipsis (19, 17 ss.).

10 ss. He aquí la causa de la decadencia de Israel: los falsos profetas, que adulan al pueblo con elogios falaces, y la falta de meditación de la palabra de Dios. “Lo que se ha de buscar ante todo en la Escritura es el alimento que sustentará nuestra vida espiritual y la hará adelantar en la vía de la perfección. Con ese fin San Jerónimo se acostumbró a meditar día y noche la Ley del Señor, y a alimentarse en las Sagradas Escrituras del pan descendido del cielo y del maná celestial que encierra en sí todas las delicias (Salmo 118). ¿Cómo podría nuestra alma prescindir de ese alimento? ¡Y cómo es posible que el sacerdote señale a los demás el camino de la salvación si él mismo descuida de instruirse por la meditación de la Escritura?” (Encíclica “Spiritus Paraclitus” de Benedicto XV). Véase 5, 31; 14, 13 y notas. Cf. 9, 12 ss.

14. Los malos vecinos son los gentiles. Como de costumbre, el corazón dolorido de Dios, después de amenazar a la esposa pérfida, se volverá contra los que la hicieron sufrir.

15 s. Pasaje mesiánico. Se reunirán los pueblos paganos con el pueblo judío y adorarán al verdadero Dios. Camino (versículo 16): la religión. En vez de religión y vida religiosa dice la Biblia camino, hasta en el Nuevo Testamento. Cf. Hechos de los Apóstoles 9, 2.

JEREMÍAS 13

1 ss. Se trata, según San Jerónimo, de una visión; según Santo Tomás, de un acontecimiento real. El cinturón representa al pueblo judío, ceñido a Dios tan estrechamente como el cinturón al cuerpo del hombre (versículo 11). Ello no obstante, caerá Israel en la más baja depravación. Es una figura semejante a la del ave multicolor, que explicamos en la nota al versículo 9 del capítulo anterior.

9. Destruiré la soberbia: Algún día llegaremos a comprender que toda obra es mala si no se funda en Dios, porque resulta tanto mayor rival y enemiga para disputarle la gloria al único Santo (“Tu solus Sanctus”), al único a quien le pertenece el mérito, como fuente que es de todo posible bien. De ahí que en toda la Escritura se fustigue, más aún que el pecado, la falsa virtud, pues ésa viene del peor de los pecados, que es la soberbia, ¿Qué otra cosa significa la severidad terrible de Jesús con los fariseos, contrastando con su infinita misericordia con los pecadores? De ahí que el “pecado”, del cual “convencerá al mundo el Espíritu Santo” (Juan 16, 8), no es el de las concupiscencias, sino la incredulidad; y no un ateísmo en general, sino la falta de aceptación de Jesús como Salvador: “por cuanto no creyeron en Mi” (ibíd. 9), es decir, la prescindencia de Él como si Él no nos fuese necesario para la virtud y el bien. ¿Dónde estaría entonces la gloria del Hijo, que el Padre quiere darle “sobre todo nombre”, si los hombres pudieran ser buenos sin recurrir a Él? Idéntico fue el pecado de Israel. “Por su incredulidad” se dio entrada a los gentiles (Romanos 11, 30). Y no fue ciertamente un ateísmo, sino al contrario: por razones religiosas y “en nombre del Dios bendito” Caifás declaró blasfemo e impostor a Jesús, el Hijo a quien Dios enviaba.

12 ss. Es la misma profecía bajo otra forma. Las vasijas rotas simbolizan a Jerusalén y al pueblo judío. “Dios llenará de vino y embriagará a todos los moradores de Jerusalén, sin excluir a los reyes, sacerdotes y profetas, para que vengan a chocar unos con otros y destruirse. A estas parábolas sigue una apremiante exhortación a la penitencia” (Nácar-Colunga).

16. Dad gloria a Dios: Alabadle, sobre todo cuando os mande pruebas y tribulaciones, “Porque el Señor castiga a los que ama y en los cuales tiene puesto su afecto, como lo tiene un padre con sus hijos” (Proverbios 3, 12).

17. Cf. 11, 14 y nota. Se retrata aquí el corazón sacerdotal de Jeremías, comparable al de Moisés (Éxodo 17, 11 s.; 32, 10 ss.; Número 14, 10 ss.) y al de Abrahán (Génesis 18, 22 ss.). Véase Salmo 105, 23 y nota. Jeremías rogaba por el pueblo aun después de muerto (II Macabeos 15, 14).

18 ss. Triste cuadro profético de la desolación de Jerusalén. La reina: la madre del rey, que ocupaba el primer puesto entre las mujeres del palacio (véase III Reyes 2. 19). Hasta las ciudades del mediodía de Judea, últimos refugios de los que huyen de Jerusalén, cerrarán sus puertas para los fugitivos.

21. Has amaestrado: Desacatando la voluntad de Dios, los reyes de Judá habían buscado la amistad de los pueblos paganos, y también despertado su codicia mostrándoles sus tesoros y toda su armería (Isaías 39, 2).

22. Alusión al tratamiento que sufrirán las mujeres deportadas. Serán sometidas a los trabajos más humillantes. Véase 47, 2 y nota; Ez: 23, 29. “Todas estas imágenes nos parecen a nosotros demasiado crudas, acostumbrados como estamos al uso de eufemismos, pero hay que tener en cuenta que los orientales son mucho más realistas que nosotros y que este realismo se refleja en su literatura” (Nácar-Colunga).

23. Esta gráfica expresión fue aplicada por el segundo Concilio de Nicea al célebre historiador Eusebio de Cesárea quien no obstante sus repetidas declaraciones de sumisión, insistió hasta el fin en su negación del “homousios”, desconociendo, como los arrianos, la consubstancialidad del Verbo con el Padre. Véase Hebreos 6, 4; 10, 26 ss.; Eclesiástico 26, 27; II Pedro 2, 20; Mateo 12, 45.

27. Adulterios, relincho, ignominia, fornicación, son expresiones que señalan la idolatría, la cual se consideraba como adulterio, porque Dios era el Esposo del pueblo de Israel. Véase 2, 23 s.

JEREMÍAS 14

1. Este capítulo muestra la miseria de la tierra cuando le falta la lluvia del cielo, así como el alma muere sin la lluvia de la gracia (véase Salmo 142, 6; Juan 15, 1 ss.). Es una oración ideal para tiempos de sequía.

7. El santo profeta intercede ante Dios, para que cese el flagelo. Nótese la verdadera contrición que se aprende en la Sagrada Escritura: lejos de negar la culpa o justificarla, se la confiesa para obtener el perdón de la paternal misericordia de Dios. Véase Salmo 50 y notas. Respetando tu Nombre, o, como otros traducen, por amor de tu Nombre. Véase sobre este resorte de la divina misericordia Éxodo 33, 19 y nota.

8 s. Dios había prometido continuas lluvias que fertilizaran la tierra prometida (Deuteronomio 11, 10 ss.). El profeta se lo recuerda filialmente. Esperanza de Israel, Salvador suyo: Dios. Algunos lo refieren a la letra al Mesías, “dando a entender, como que Jeremías y los demás judíos le invocan, para que por su Encarnación, trabajos y méritos se presente a su enojado Padre y libre a los israelitas de ser cautivados por los caldeos” (Scío).

11 s. Cf. 11, 14; 13, 17 y notas. Es la impenitencia la que impide el perdón. “Si permaneciendo en las maldades pensáramos redimirnos con promesas y sacrificios, vamos grandemente errados, teniendo a Dios por injusto” (San Jerónimo). Véase a ese respecto las terribles conminaciones del Señor en 6, 20; 7, 21; Isaías 1, 11 s.; Malaquías 1, 10.

13. Jeremías excusa al pueblo acusando a los falsos profetas que lo han inducido a la apostasía, como lo declaró el mismo Dios en 12, 10. Cf. 6, 14 y nota.

18. Tanto el profeta como el sacerdote: Los sacerdotes y profetas serán llevados al cautiverio, porque Dios los hace responsables de los males del pueblo. Véase el capítulo 23. “Grande es la dignidad de los prelados, exclama San Lorenzo Justiniano, pero mayor es su carga; colocados, en alto puesto, han de estar igualmente encumbrados en la virtud a los ojos de Aquel que todo lo ve; si no, la prepositura, en vez de mérito, les acarreará su condenación.”

19. Véase 8, 15; Isaías 59, 9 y 11.

21. El profeta vuelve a insistir, apelando al honor del nombre de Dios, que cifra su gloria en llamarse el protector de su pueblo. El solio de tu gloria: Jerusalén, por ser el lugar donde estaba el Templo.

22. Ninguna cosa creada tiene eficacia propia, sino la que Dios le presta directamente y en cada instante con su amorosa providencia que siempre está obrando (Zacarías 10, 1). Dar lluvia: En Palestina, más que en otros países, la lluvia es una bendición de Dios, símbolo de su superioridad sobre los ídolos. Véase el desafío hecho por Elías a los sacerdotes de Baal en III Reyes capítulos 17 y 18.

JEREMÍAS 15

1. Moisés y Samuel, porque eran muy santos e intercedieron por el pueblo (cf. 11, 14 y nota). Es admirable ver así canonizados por el mismo Dios estos grandes Santos del Antiguo Testamento.

4. El impío rey Manasés (693-639) favoreció la idolatría y la introdujo en el Templo (IV Reyes 21, 3 ss.).

9. Se le ha puesto el sol: Bella metáfora para indicar la muerte prematura de los amados hijos.

10. Hombre de contradicción: En esto también fue Jeremías figura de Jesucristo. Véase Lucas 2, 34; Isaías 8, 14.

12. El primer hierro simboliza a los judíos, que son duros, el segundo, o sea el del Aquilón, puede referirse solamente a los babilonios, aún más duros. Quiere decir, no habrá paz entre los dos pueblos. Fillion compara el primero con la súplica de Jeremías, el segundo con la inquebrantable voluntad de Dios de destruir al pueblo rebelde. El pasaje es muy oscuro y muy difícil de interpretar, como también los versículos que siguen.

14. Haré que pasen con tus enemigos: Vulgata: traeré tus enemigos. Véase 9, 16; 17, 4; 22, 28; Deuteronomio 28, 36; 32, 21.

16. Me alimenté: Inolvidable imagen, que muestra el ansia con que el alma fiel se apodera de las palabras divinas para asimilarlas y vivir de ellas. “Bienaventurados, dice Jesucristo, los que escuchan la palabra de Dios y la practican” (Lucas 11, 28). De ahí que San Bernardo se atreva a decir: “El título de madre de nada hubiera servido a María si no hubiese tenido la dicha de llevar a Cristo en su corazón antes que en su seno. María es, pues, más bienaventurada por haber comprendido la fe en Cristo que por haberle dado un cuerpo” (Sermo LXXIV). Cf. 12, 10 ss. y nota.

18. Como aguas que engañan; es decir, los ríos que no tienen agua cuando más se necesita: Imagen de la desesperación del profeta. En el versículo 20 vemos cómo el Padre Celestial consuela a su fiel servidor, prometiéndole su ayuda. Véase 1, 18 s.

19. Separando lo precioso de lo vil, la sabiduría divina de la humana, el hombre se eleva hasta convertirse en instrumento fidelísimo, o sea en la boca del mismo Dios. Tal es lo que enseña San Pablo al decir que el que quiera ser sabio se haga necio (I Corintios 3, 18), y lo que promete Jesús cuando dice que quien escucha a sus discípulos es como si lo escuchara a Él mismo (Lucas 10, 16). Esto que Dios exige a Jeremías es tanto más digno de meditación cuanto que se trata de un profeta que el mismo Dios había elegido.

20. Un fuerte muro de bronce: Cf. 1, 18. Más no te vencerán, porque Yo estoy contigo. “Así, y no de otra manera, y jamás de otra manera, se derrota al enemigo. El que pretende combatir con sus propias fuerzas está vencido antes de empezar el combate” (San Agustín, De Moribus).

JEREMÍAS 16

2. Ni tengas hijos; para que no los veas morir en la destrucción de Jerusalén. Se cree que Jeremías se conservó virgen hasta la muerte. “Se debe anotar asimismo... que si Dios mandó al profeta que no tomara mujer, se sigue indudablemente que el hombre puede vivir sin mujer en continencia, porque Dios no le mandó una cosa imposible” (Scío). Véase Mateo 19, 12.

5 ss. Se nota el derrumbe social en todo el país, porque Dios ha retirado de este pueblo su paz, su piedad y su misericordia. Sajaduras ni calvez: Alusión a las costumbres de los paganos que de esta manera expresaban el dolor. La Ley las prohibía. Cf. Levítico 19, 27 s.; Deuteronomio 14, 1; 26, 14; Isaías 22, 12; Ezequiel 7, 18; Amós 8, 10; Miqueas 1, 16. La copa de consolación (versículo 7). Cf. Proverbios 31, 6.

11. Quebrantando mi Ley.: La violación de la Ley de Dios ha sido causa de todos los grandes desastres de la humanidad, desde la expulsión del paraíso hasta las calamitosas catástrofes del mundo de hoy. Los que abandonan la ley de Dios, dice el profeta Baruc, se encaminan a la muerte (Baruc 4, 1). Y sin embargo, su yugo es dulce, y ligera su carga (Mateo 11, 30). “Dios no manda lo imposible, sino que al mandar nos advierte que hagamos lo que podemos, y que le pidamos la fuerza de hacer lo que no podemos, luego nos ayuda a hacerlo” (San Agustín). Cf. Fil. 2, 13i I Juan 5, 3.

13. Os arrojaré de este país, para llevaros a la cautividad, pero no para siempre (versículo 15).

16 ss. Estos pescadores y cazadores son los enemigos, los caldeos. Parece referirse también a las otras pruebas que Israel sufrirá antes de cumplírsele la promesa de los versículo 14 y 15, a la cual llama Crampón “vistazo mesiánico”. No faltan quienes ven en los pescadores una figura de los apóstoles, que en su mayoría eran pescadores y recibieron de Jesús el encargo de ser pescadores de hombres (Mateo 4, 19). “Y los doce pescadores se apoderan del mundo entero, lo sacan del océano del error, del crimen y de la idolatría.” Mis ojos están observando: Cf. II Paralipómenos 16, 9; Job 34, 21 s.; Proverbios 5, 21 y notas.

18. Abominaciones: sinónimo de ídolos. Cf. 13, 27 y nota. Es fácil condenar a Israel y sorprenderse por esta idolatría, pero no es tan fácil imaginar la seducción que significarían para sus ojos esos esplendores cultuales y mundanos que Dios llama fascinación (cf. Sabiduría 4, 12). Cuando San Pablo nos previene contra los ídolos, nos dice que huyamos, como quien habla de cosa muy peligrosa por lo atrayente (I Corintios 10, 14). Del mismo modo termina San Juan su gran Epístola (I Juan 5, 21). Además, hasta en el final del Apocalipsis, que es un libro escatológico, se habla del rechazo de los idólatras (Apocalipsis 22, 15), y el mismo Apóstol de los gentiles vuelve a decirnos que no nos asociemos con idólatras, pero no ya de los del mundo, sino de aquellos que “llamándose hermanos” son, sin embargo, paganos. (I Corintios 5, 11-13). Todo esto muestra que el peligro de idolatría es más fuerte del que sin duda imaginamos, como que ésta no consiste sólo en adorar groseros fetiches, sino también en toda forma de avaricia (Efesios 5, 5) o de prácticas supersticiosas, o en el apego insensato a nuestras propias obras, que también, aunque no queramos confesarlo, son ídolos (cf. Isaías 44, 20), y de la peor especie, puesto que, según la Sabiduría, son menos culpables los que adoran a los astros, “porque si caen en el error, puede decirse que es buscando a Dios y esforzándose por encontrarlo”. Véase Sabiduría 13, 6 y 11 y notas.

19. A Ti vendrán las naciones desde los confines de la tierra: los gentiles se convertirán a Yahvé en el reino de Jesucristo. Mentira y vanidades: los falsos dioses. Cf. versículo 20.

20 s. Reflexión más real de lo que parece. No solamente se construyen falsos dioses fabricando ídolos de palo y piedra, sino también, como observa San Agustín, formándose un falso concepto del verdadero Dios.

JEREMÍAS 17

1. Tanto se ha arraigado la idolatría que no se deja arrancar de sus corazones (IV Reyes capítulo 16). En los cuernos: Los altares estaban provistos de cuernos como el altar de los holocaustos. Véase Éxodo 27, 2 y nota; Levítico 4, 7.

2. Ascheras (Vulgata: bosques), es decir, ídolos de Astarté en forma de árboles o palos, que se erguían al lado del altar. Véase 2, 20; 3, 6; Jueces 2, 13 y nota.

3. En los lugares excelsos solía hacerse el culto de Baal. Baal significa Señor. Su culto se practicaba bajo varios nombres, p. ej. Baalfegor, Baalzebub (Beelzebul), Baalberit. etc.

5 ss. Es ésta una de las luces más grandes y fundamentales que nos da la divina revelación. A medida que ella nos hace crecer en la fe y en la admiración de Dios, nos quita toda ilusión humana sobre nosotros mismos y sobre nuestros semejantes en la naturaleza caída. Cf. Denz. 174-200. Véase Juan 2, 24 s.; II Paralipómenos 32, 8; Salmo 39, 5 y nota. “Ante el profético dilema, Judá se decidió por el «maldito el hombre que en el hombre confía». Empujado por los ejércitos caldeos marchó el pueblo camino del desierto, dejando atrás con la paz y abundancia de la Tierra prometida, su monoteísmo, su teocracia, sus esperanzas mesiánicas. Cuando el árbol vuelva a bañar sus raíces en las aguas del Jordán, se abrirá de nuevo un periodo de bonanza” (Asensio). Bienaventurado el varón que confía en Yahvé (versículo 7): Cf. Salmo 1, 1 ss.; Job 29, 19; Isaías 57, 13. El hombre que confía en Dios, saca de esta misma confianza el auxilio y la gracia para sobreponerse a todas las tribulaciones. “Si ponemos constantemente nuestros intereses en manos de Dios, no habrá demonio ni enemigo que pueda derribarnos” (San Antonio). Plantado junto a las aguas (versículo 8): El agua que vivifica las plantas era la imagen más elocuente en Israel (Salmo 142, 6 y nota).

9. San Pablo insiste sobre esta importante y olvidada verdad (Romanos 3, 4). Véase Salmo 115, 2.

10. Los riñones; es decir, los afectos, los pensamientos. Es una locución específicamente bíblica.

12. Retoma el pensamiento del versículo 5: Nosotros ponemos nuestra confianza en Dios, la esperanza de Israel.

13. Fuente de aguas vivas: Así se llama Jesús en Juan 4, 10 ss.; 7, 37 ss. Cf. Isaías 12, 3 y nota. Su Santidad Pío XII recuerda estas cortantes palabras en la Encíclica “Sumrmi Pontificatus”, al decir: “Un sistema de educación que no respetase el recinto sagrado de la familia cristiana, protegido por la ley santa de Dios... y considerase la apostasía de Cristo y de la Iglesia como símbolo de fidelidad al pueblo o a una clase determinada, pronunciaría contra sí mismo la sentencia de condenación y experimentaría a su tiempo la ineluctable verdad de la palabra del profeta: Los que se apartan de Ti, serán escritos en el barro.”

15. ¿Dónde está la palabra de Yahvé? ¡Qué se cumpla! Es impresionante la similitud de este pasaje con el de II Pedro 3, 3 ss. donde el Apóstol anuncia las dudas y burlas que habrá en vísperas de la segunda venida de Cristo, precisamente cuando esa Parusía esté más próxima. Idénticas burlas e incredulidad anuncia el mismo Señor, al decir que será como en los días de Noé y en los días de Lot (Lucas 17, 26-30), y al indicarnos que cuando sucedan estas cosas podremos saber que el reino de Dios está próximo (Lucas 21, 31) y que “Él está cerca, a las puertas” (Marcos 13, 29). “Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad!” (ibíd. versículo 37).

16. Texto y sentido oscuros. En vez de día aciago dice la Vulgata el día del hombre, expresión difícil de entender. “Significa probablemente el día que un hombre fija para un juicio, y por ende, el juicio mismo; después el favor, la protección de los hombres” (Vigouroux). Cf. I Corintios 4, 3.

17. El santo profeta toca el fondo del corazón de Dios al mostrarle que no desea mirarlo con miedo a Aquel que es su esperanza. “Muchas veces, cuando todo se cree perdido, está en verdad todo ganado y a salvo. Mucho de lo que somos, lo debemos, no a lo que hemos hecho, sino a lo que hemos padecido; no a lo que teníamos, sino a lo que nos faltaba... Si no se prensara la uva en el lagar, no habría vino” (San Agustín). “En lo grande y en lo pequeño es siempre cierto que los que siembran con lágrimas, con regocijo segarán” (Mons. Keppler, Escuela del Dolor, 84).

18. Sobre estas imprecaciones véase 18, 21 y nota. No son tanto expresión de deseos de venganza personal, sino del santo celo por la causa de Dios.

21. La profanación del sábado provoca la cólera de Dios. Los que trabajan el día del Señor o lo profanan con los mundanos, no tienen tiempo ni gusto de asistir a los cultos divinos. La santificación del sábado data desde la creación del mundo (Génesis 2, 3), y fue inculcada muchas veces por la Ley mosaica, pero tan mal practicada como hoy en muchas partes la observancia del domingo. Véase Isaías 56, 2 y 6; 58, 13; Ezequiel 20, 16; Nehemías 13, 15 ss.; Amós 8, 5, etc.

25 ss. Es muy notable esta promesa de que el trono de David habría continuado sin interrupción en caso de fidelidad al mandamiento del sábado. Cf. 22, 4; Salmo 88, 31; Isaías 35, 5 y nota. En realidad, la casa de David perdió el trono de Judá el año 587, cuando el rey Sedecías fue llevado al cautiverio. Después del cautiverio el Sumo Sacerdote empezó a tomar en sus manos, las riendas del gobierno.

JEREMÍAS 18

2. El fin de esta orden es mostrar al profeta el destino de su pueblo. La explicación la da el mismo Dios en el versículo 6. El alfarero es Dios; el barro, Israel; y también todos nosotros, como enseña San Pablo en Romanos 9, 20 ss. Cf. Sabiduría 15, 7; Isaías 45, 9, etc. “Las obras del soberbio van perdiéndose como agua en vasija rota” (San Gregorio Magno).

8. Santo Tomás expone esta doctrina mostrando que las profecías conminatorias llevan implícita la condición de que no se cumplirán en caso de arrepentimiento del pecador (Jonás 4, 11; Joel 2, 13; Judit 4, 8 ss.). Como observa San Jerónimo, “no se sigue de aquí que el hombre pueda convertirse a Dios o arrepentirse sin el socorro de la gracia. La reconciliación o justificación del hombre no tanta es obra de éste como de la gracia de Dios”. Yo me arrepiento: Aquí, como en Salmo 102, 13; Ezequiel 20, 44; 36, 23; Oseas 11, 8; Lucas 15, 11 ss., etc., hace Dios una íntima revelación de su corazón, que parece una debilidad, y que la prudencia humana hallaría sin duda de una pedagogía muy poco recomendable. Por fortuna para nosotros, Él no pide consejo a esos pedagogos, que desearían que Él no descubriese estas “imprudencias” de la excesiva bondad. El célebre orador Joaquín Ventura de Raulica, general de los Teatinos, decía con santa audacia desde su pulpito de París: “Si Dios no fuera bueno, yo no le serviría, por cierto: me buscaría otro.”

9. Vemos aquí que también las naciones y los reinos son obra de Dios, y no simples creaciones de hombres.

12. Es inútil (Vulgata: hemos desesperado): El sentido es: Tú predicas en vano; es demasiado tarde, estamos resueltos a seguir nuestro camino. Lo mismo está anunciado para los últimos tiempos, a pesar de las plagas del Apocalipsis (Apocalipsis 9, 21; 16, 9).

15. Por su propio camino: He aquí el ansia de vanidad que perdió a Israel, haciéndole preferir el engañoso brillo de los paganos (Salmo 105, 35 ss.).

18. Son palabras de los príncipes y sacerdotes, que decían: no necesitamos de ese profeta tan molesto; tenemos sacerdotes y profetas más a gusto nuestro. En Ezequiel 7, 26 veremos la vanidad de sus presuntuosas palabras, porque allí les dice Dios: “Vendrá calamidad sobre calamidad, y a un rumor seguirá otro. Entonces pedirán en vano visiones al profeta; y al sacerdote le faltará la Ley como a los ancianos el consejo.” Ataquémosle con la lengua: Nuevamente vemos aquí a Jeremías como figura del divino Cordero, víctima de los pecadores. Véase 11, 19; 15, 10 y notas.

21 s. Según el estilo de los profetas, estas graves imprecaciones no son más que un modo de predecir los males futuros de aquellos ingratos (Bossuet). Se explican por la indignación del profeta que lucha por Dios, y por la firme confianza en la justicia divina que, según anuncian las profecías del Antiguo Testamento, ha de castigar a los pecadores terriblemente. Son, pues, en cierto sentido, profecías contra los enemigos de Dios, puesto que el profeta es representante de Dios en cuyo nombre vaticina y predica. “Finalmente, y sobre todo, se ha de tener en cuenta que estas imprecaciones están dentro del marco del Antiguo Testamento, ley de premios y de castigos temporales, Ley de justicia, que llega hasta incluir la pena del talión, y no podemos aplicarles el criterio de la Ley nueva. Ley de gracia y misericordia, Ley de caridad” (Nácar-Colunga). Véase la nota 1 del Salmo 108.

22. Bandas armadas: los invasores caldeos.

JEREMÍAS 19

2. Valle del hijo de Hinnom, en hebreo Ge (Ben) Hinnom, donde los apóstatas solían sacrificar a los niños. Véase 7, 31 y nota. Este valle dio nombre a la Gehenna (Mateo 5, 22), lugar de maldición (versículo 3) y del infierno.

4. Han enajenado este lugar, por cuanto Dios debía ser mirado como propietario del país de promisión. Adorar a otros dioses significaba expulsar a Dios de su propiedad para transferirla a dioses ajenos.

5. Dios se empeña en mostrarnos aquí sus íntimos pensamientos, que son de paz y amor, y no de aflicción. Nada más perverso que atribuirle sentimientos mezquinos (Lucas 19, 21 ss.) y creer agradarle con actos de crueldad (7, 31; Deuteronomio 18, 10; IV Reyes 3, 27; 16, 3; Jueces 11, 35). Cf. Isaías 57, 9; Ezequiel 13, 22 y notas. En el versículo 11 vemos que el lugar de la inmolación de los niños se llamaba Tófet, situado en el valle del hijo de Hinnom (cf. versículo 2, 7, 32).

9. Palabra que se cumplió con motivo de los dos asedios de Jerusalén: el primero por Nabucodonosor en el año 587 a. C. (Lamentaciones 2, 20; 4, 10; Baruc 2, 3); el segundo lo hicieron los romanos en el año 70 d. C.

11. Ser enterrado en Tófet equivale a ser deshonrado. Allí estaba la estatua de Moloc y se hacían las inmolaciones de niños, por lo cual todo el lugar era impuro.

13. Las casas serán inmundas por los cadáveres de los que caerán por la espada de los babilonios, en castigo de la adoración de los astros (milicia del cielo) que se practicaba en los terrados.

15. Nótese la insistencia con que Dios señala, como causa de su cólera y sus flagelos, la falta de atención a sus divinas palabras. En Levítico capítulo 26 leemos los castigos que Dios había amenazado para este caso: “Si no me escucháis ni cumplís todos estos mandamientos; si despreciáis mis leyes y rechazáis mis preceptos, no haciendo caso de todos mis mandamientos y rompiendo mi pacto; mirad lo que Yo entonces haré con vosotros… Quebrantaré vuestra orgullosa fuerza y haré vuestro cielo como hierro y vuestra tierra como bronce… Traeré sobre vosotros la espada de la venganza que vengue mi pacto; y si os refugiareis en vuestras ciudades, enviaré la peste en medio de vosotros y seréis entregados en manos de vuestros enemigos... Comeréis la carne de vuestros hijos y también la carne de vuestras hijas, etc.” (Levítico 26, 1-39). Cf. Deuteronomio 28, 15 ss.

JEREMÍAS 20

1 ss. Se supone que el sacerdote Fasur le mandó dar los 40 azotes, que la Ley permitía (Deuteronomio 25, 2 s.), y le echó en el cepo, sujetándolo por el cuello los brazos y pies mediante grillos. La pena era muy dura, ya que el prisionero no tenía posibilidad de moverse. Véase 37, 14; 38, 1 ss. El profeta azotado es figura del divino Redentor.

6. De aquí se colige que Fasur era uno de los falsos profetas. Véase 14, 15 y 18, 18.

7 ss. Tú me sedujiste, Yahvé:Las maldiciones e imprecaciones que van en estos versículos no son sino enfáticas expresiones, muy usadas en Oriente para expresar un vivo dolor. Compárese estos improperios de Jeremías con los de Job 3, 3 ss.” (Bover-Cantera). El terror rodea al profeta por todas partes; acaba de ser azotado injustamente, solamente por haber anunciado la palabra de Yahvé, sus enemigos triunfan y el mismo Dios parece haberle desamparado. Si Jesucristo en la hora de su suprema angustia exclama: “¡Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?” (Mateo 27, 46; Marcos 15, 34); ¡cuánto más comprensibles son estas quejas tan duras y tan amargas en el profeta perseguido y desesperado! Esta persecución por causa de la palabra no fue exclusiva de él. “Yo les di tu palabra y el mundo les ha tomado odio”, dice Jesús al Padre (Juan 17, 14). Vemos inmediatamente el divino consuelo que halla Jeremías después de este filial desahogo. Pues la persecución es una de las ocho bienaventuranzas: “Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos seréis cuando os insultaren, cuando os persiguieren, cuando dijeren mintiendo todo mal contra vosotros por causa mía. Gozaos y alegraos, porque vuestra recompensa es grande en el cielo; pues así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros” (Mateo 5, 10 12).

14 ss. Lo que al profeta ocasionaba tales sentimientos, semejantes a los de Job 3, 3 ss., era el ver que sus profecías sólo servían para aumentar la iniquidad y el castigo de su pueblo. Todo este pasaje es un cuadro elocuentísimo del martirio que significa el apostolado. San Pablo nos lo muestra con no menor crudeza en I Corintios 4, 9 ss.; II Corintios 6, 4 ss.; I Tesalonicenses 2, 9.

JEREMÍAS 21

1. El acontecimiento aquí narrado sucedió durante el asedio de Jerusalén (588-587), por lo cual este capítulo iría mejor después del 37. El rey Sedecías era un juguete en manos de sus consejeros. “Tenía, por cierto, una veneración sincera al profeta, pero no quería demostrarla abiertamente por causa de los partidarios de Egipto, a los que permitió que encarcelaran a Jeremías, y sin embargo, envió a consultarle en secreto mientras se hallaba prisionero (37, 15 ss.); dejó que sus cortesanos, contra los cuales «el rey no era capaz de hacer nada» (38, 5), metieran al profeta en una cisterna para que se muriese de hambre; pero inmediatamente después, a la simple invitación de un palaciego, hizo que lo sacaran; le consultó ansiosamente de nuevo y a la vez le impuso, bajo pena de muerte, que no dijera a nadie que le había consultado (38, 5-26). Pero, a pesar de todo esto. Jeremías seguía su camino y a las consultas del rey respondía invariablemente diciendo que no se rebelara contra los caldeos” (Ricciotti, Historia de Israel, número 532).

5 ss. Yo mismo lucharé contra vosotros; es decir, que tanto los triunfos de Israel como sus derrotas eran obras de Dios. Obsérvese el contraste entre lo que Él quiere en este capítulo y en el 24 (la sumisión de Israel a Babilonia) y la resistencia sin cuartel que Él quería en el sitio de Betulia (Judit 8, 10 ss. y nota).

8. El camino de la vida y el camino de la muerte: Cf. Deuteronomio 30, 15 ss.; Ezequiel 20, 13. Notemos que aquí sólo se trata de la Ley de Moisés, ¿Cuánto más nosotros, beneficiarios de la Promesa y coherederos de Cristo, no hemos de resistir esa vil tendencia que no ve en el Evangelio sino severos preceptos? ¿Acaso nos parece un duro mandamiento cuando Jesús nos dice: “Al que viene a Mí no le echare fuera”? (Juan 6, 37). ¿O cuando nos revela que el Padre nos ama hasta haber dado por nosotros su Hijo? (Juan 3, 16). ¿O cuando nos declara que Él nos ama tanto como el Padre a Él mismo? (Juan 15, 9). ¿O cuando nos regala su conversación, haciéndonos saber que en esas palabras está la vida? (Juan 6, 63; Vulgata 6, 64). No hay aquí mandamientos, sino declaraciones de amor. He aquí el sumo secreto para la propia vida espiritual, y también la técnica del apostolado evangélico, enseñada y practicada por el mismo Jesús. Si el que está avergonzado y temeroso por sus culpas se entera de que Dios le está tendiendo los brazos, ¿cómo no va a cambiar de espiritualidad? Dios nos pone delante, como aquí vemos, los tesoros de su inmensa generosidad, el sumo bien, la vida eterna. No nos obliga a elegir el camino de la vida, pues respeta el libre albedrío nuestro; no le gustan obras sin recta intención, ni obediencia sin sumisión interna. Mas la historia prueba que el género humano se inclina a elegir la muerte, a ejemplo de los primeros padres y a consecuencia de la herencia que nos ha dejado Adán. Cf. Sabiduría 2, 24 y nota.

9. Véase 24, 5-10. Esta misteriosa voluntad de Dios que parece favorecer aquí al rey de Babilonia, se observará también en los días del Anticristo, a quien adorarán “todos los moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos, desde la fundación del mundo, en el libro de la vida del Cordero inmolado” (Apocalipsis 13, 8).

12. Casa de David: la dinastía de David, los reyes de Judá.

13. Habitadora del valle: Jerusalén, que por tres lados estaba rodeada de valles. Peña (que se alza) en la llanura, porque la ciudad se levantaba como una roca allanada; y el lugar donde estaba el Templo era una meseta artificialmente ensanchada. La Vulgata trae otra lección: fuerte y campestre (en vez de peña en la llanura).

JEREMÍAS 22

2. Este mensaje se dirige sin duda al rey Sedecías. Suena como una última exhortación a seguir las sendas de la justicia, antes de descargar los castigos.

4. Todo habría cambiado entonces en la historia de Israel. Es la última renovación que Dios hace de la promesa condicional hecha a Salomón. Véase 17, 25 y nota.

6. Galaad: país transjordánico, rico en bosques. Como la cima del Líbano: Alusión al palacio del bosque del Líbano, situado en el monte Sión. Véase III Reyes 7, 2 ss.

7. Destructores: el rey Nabucodonosor con sus ejércitos; él está consagrado para la guerra, encargado de Dios, instrumento de la ira del Señor (véase 6, 4). Tus cedros escogidos: los príncipes de Israel.

8. Véase Deuteronomio 28, 24; III Reyes 9, 8 s.

10. No lloréis al difunto: Se refiere al rey Josías, cuya muerte en la batalla de Megiddó (IV Reyes 23, 29 s.; II Paralipómenos 35, 20 ss.) fue señal de llanto general. El profeta quiere decir: No lloréis a los difuntos, pensad en vuestro destino. Cf. las palabras que Jesús dijo a las mujeres que lloraban (Lucas 23, 28).

11. Se refiere a Joakim (Sellum), sucesor de Josías, que murió en Egipto (IV Reyes 23, 30 ss.; II Paralipómenos 36, 1 ss.).

13 ss. Se trata del rey Joakim, hermano y sucesor de Joacaz, opresor del pueblo y constructor de suntuosos edificios (IV Reyes 23, 33 ss.). Vemos ya aquí cuan sagrado es para Dios el salario de los que trabajan. Cf. Santiago 5, 4-6. Sobre las leyes de Moisés véase Eclesiástico 24, 35 y nota. Me edificaré una casa (versículo 14): Algo semejante dice el rico insensato en la parábola (Lucas 12, 18).

16. Alude al piadoso rey Josías, padre de los impíos reyes Joacaz y Joakim. Dios explica por qué fue feliz.

18. Es un canto elegiaco. Las plañideras solían llorar exclamando: ¡Ay, hermano mío!, etc.

19. La Biblia no relata expresamente el cumplimiento de esta profecía. Joakim fue llevado prisionero a Babilonia. (Cf. 36, 30; IV Reyes 24, 6; II Paralipómenos 36. 8 ss.)

20. “La nación judía, nuevamente comparada a una mujer (cf. 21, 13, etc.), es invitada a ascender, dando gritos de angustia, a los montes al pie de los cuales los caldeos han de pasar en su marcha sobre Jerusalén” (Fillion). Basan: parte septentrional de Transjordania. Abarim: una montaña al sudeste de Palestina.

23. Por su situación geográfica la ciudad de Jerusalén era semejante a un águila que anida en los cedros del Líbano. El Líbano significa también la magnificencia y suntuosidad de la ciudad.

24. Sucesor de Joakim fue Joaquín o Jeconías (IV Reyes 24, 8 ss.; II Paralipómenos 35, 9 s.). Este rey fue llevado cautivo a Babilonia, junto con su madre y muchos otros (IV Reyes 24, 12 ss.). Jeremías narra su liberación en 52, 31 ss. Véase IV Reyes 25, 27 ss. y notas.

30. Estéril en el sentido de que sus hijos no serán reyes. Efectivamente, no hubo más reyes en Israel, frustrándose por su ingratitud las promesas condicionales tantas veces reiteradas por Dios (véase 22, 4 y nota; II Reyes 7, 12 ss.). Así se cumplió la profecía de Jacob (Génesis 49, 10), conservándose solamente la promesa infalible hecha a David (Salmo 88, 20-38), que habrá de cumplirse en la persona del Mesías (Lucas 1, 32) no obstante su rechazo por la Sinagoga.

JEREMÍAS 23

3 ss. Reuniré el resto: El “resto”, las “reliquias” del pueblo, y términos semejantes, tienen muchas veces en boca de los profetas un sabor mesiánico, y se refieren a la restauración de Israel, no a la mezquina restauración después de los setenta años del cautiverio babilónico, sino a una restauración relacionada con la conversión de Israel (cf. Deuteronomio 28, 68 y nota). No obstante la aflicción actual, dice el profeta, os resplandecerá un porvenir dichoso, con la venida del Mesías, el Vástago justo de la estirpe de David (versículo 5) que fundará un reino de paz y de justicia. El término profético Vástago justo, es empleado la primera vez por Isaías (4, 2), Jeremías vuelve a usarlo en 33, 15, y Zacarías en 3, 8 y 6, 12, siempre para designar al Mesías (Crampón). Véase también los Salmos 46-48; 71; 92-99; Isaías 7, 14; 11, 1 ss.; 16,5; 18,7; 32,. 1; 33,17; 34,4; 35, 5, etc. La profecía no se detiene en la primera venida de Cristo, sino que abarca hasta los últimos tiempos, pues en su primera venida Cristo no ejecutó el derecho y la justicia en la tierra (final del versículo 5), sino que se sometió a jueces viles e injustos, y padeció la muerte de los peores criminales. Según Hechos de los Apóstoles 15, 14-17 ha de esperarse aún su cumplimiento. Tampoco llamaba la nación judía a Cristo “Justicia nuestra” (versículo 6). Esta expresión, que corresponde al significado; nuestra salvación, es por sí misma una admirable profecía mesiánica. “Los pasajes en que Jeremías menciona directamente la persona de Cristo son bastantes raros; éste es uno de los más hermosos y de los más importantes. Cf. 30, 9; 33, 15-18” (Fillion). Pío XI cita este pasaje en la Encíclica “Quas Primas” para mostrar la Realeza de Cristo.

9 ss. Tremendo oráculo contra los sacerdotes y falsos profetas que procuraban frustrar la misión de Jeremías, por lo cual serán castigados más que el pueblo. Véase 12; 10; 14, 18 y nota.

11. Alusión a la idolatría que había llegado a practicarse en el mismo Templo (véase 7, 30; 32, 34; Ezequiel 8, 10; 23, 39, etc.). Se refiere también a la conducta de los sacerdotes y a su mal ejemplo. La dignidad de los sacerdotes- es grande, dice San Jerónimo, pero su ruina no es menos grande, si pecan. San Ambrosio dice que su conducta debe corresponder a su dignidad, para que; siendo el honor sublime, no sea la vida infame, y siendo la profesión divina, no sean criminales las obras, y el nombre no llegue a ser vano, y gravísimo el crimen.

13. Los profetas del reino de Israel (Samaría) propagaban, por cierto, el culto de Baal, pero no eran tan malos como los del reino de Judá que, a pesar de conocer la Ley de Dios y poseer el Templo, inducían al pueblo a la idolatría, llamada aquí adulterio (versículo 14) como en muchos pasajes de la Sagrada Escritura. Véase 13, 27 y nota; Ezequiel 16.

15. Véase 9, 15, donde se dirige la misma amenaza a todo el pueblo.

16 ss. Dios es el único que tiene derecho a hablar, y defiende celosamente ese derecho. Los falsos profetas simulan conocer los designios de Dios, como si asistieran a su consejo (versículo 18). En realidad no anuncian más que los deseos de su corazón y lo que gusta a los oyentes. Dios les formula una maldición mortal en Deuteronomio 18, 20; y Jesús nos previene muchas veces contra ellos, advirtiéndonos que los conoceremos por sus frutos (Mateo 7, 16). Para ello los desenmascara en el banquete del fariseo (Lucas 11, 37-54) y en el gran discurso del Templo (Mateo capítulo 23), y señala como su característica la hipocresía (Lucas 12, 1), esto es, que se presentarán no como revolucionarios antirreligiosos, sino como “lobos con piel de oveja” (Mateo 7, 15). Su sello será el aplauso con que serán recibidos (Lucas 6, 26), así como la persecución será el sello de los profetas verdaderos (ibíd. 22 s.). Sobre este mismo concepto, de la ortodoxia aparente e hipócrita, insisten todos los escritores inspirados del Nuevo Testamento. San Pablo dice que “mostrarán apariencia de piedad” (II Timoteo 3, 5) y que si “Satanás se transforma en ángel de luz”, no podemos extrañar que sus ministros se transfiguren en ministros de justicia y apóstoles de Cristo (II Corintios 11, 13-15). Cf. Ezequiel 13, 7 y nota.

19 s. El torbellino es imagen del juicio y castigo. Cf. Salmo 49, 2ss.; 75, 8ss.; 96, 2ss.; Isaías 13, 9 ss.; 24, 19 ss.; 66, 15; Ezequiel 32, 7; Joel 2, 30, etc. Al fin de los tiempos lo comprenderéis (versículo 20): Cf. 30, 24. Análoga indicación se hace a Daniel (Daniel 12, 8 ss.), lo cual debe ilustrarnos y consolarnos cuando hallamos que alguna profecía supera nuestro entendimiento. Véase 30, 24; Isaías 60, 22.

22. Asistido o mi consejo: La profecía de Amós nos enseña que Dios no obra sin revelar antes sus propósitos a los profetas. No puede haber mayor atractivo que éste, para que procuremos conocerlos, con lo cual el Señor promete aquí desviarnos de nuestros errores y vicios. Por donde se ve que las profecías encierran mucha mayor santidad de lo que solemos pensar (Amós 3, 7).

25. Dios a veces se manifiesta en sueños (Génesis 28, 12; 37, 5 ss.), mas en general expresa su voluntad por otros conductos, en particular por su palabra.

28. La paja significa la falsa profecía; el trigo la verdadera.

29. Es éste uno de los pasajes más elocuentes sobre el poder de la palabra de Dios, superior a toda especulación humana, y sobre la eficacia que tiene cuando se la usa rectamente. Cf. Isaías 55, 11 y nota; Daniel 2, 34 y 45; Oseas 6, 5; Hebreos 4, 12. Según San Crisóstomo, la palabra de Dios suple a los milagros. “La prueba es que San Pablo, admirado por todas partes como obrador de milagros, no por eso dejó de manejar la palabra. Y otro del mismo sacro coro apostólico nos exhorta a que atendamos a la fuerza y a la virtud de la palabra, diciendo: «Estad apercibidos para la defensa ante cualquiera que os pidiere razón de vuestra esperanza» (I Pedro 3, 15). Y los apóstoles todos no por otro motivo encomendaron en la ocasión que sabemos (Hechos de los Apóstoles 6, 2) a Esteban y sus compañeros el cuidado de las viudas, sino para dedicarse ellos más holgadamente al ministerio de la palabra... Y como los enemigos nos atacan por todas partes y sin tregua, no tenemos otro remedio que fortificarnos con la palabra divina, no sólo si queremos no ser alcanzados de los dardos de nuestros enemigos, sino también disparar nosotros certeramente contra ellos. Por lo cual, grande empeño tenemos que poner para que la palabra de Cristo habite en nosotros copiosamente” (De Sacerdocio, lib. IV). Pero no olvidemos que, como dice San Atanasio, “para el estudio de la verdadera inteligencia de las Escrituras es necesaria también una vida piadosa, un corazón puro y el ejercicio de las virtudes cristianas, a fin de que el espíritu por este camino, pueda alcanzar y comprender aquello que anhela, tanto cuanto es dado a la naturaleza humana alcanzar un conocimiento sobre Dios, el Logos. Sin esta rectitud de intención y sin esta imitación de la vida de los santos, nadie puede entender el lenguaje de los santos” (De Incarnatione Verbi).

33. Llaman carga las profecías de Jeremías porque no les agradaban. Carga es también un término que usan los profetas para designar las profecías conminatorias. Véase Isaías 13, 1; 14, 28; 15, 1; 17, 1; 19, 1, etc. Lo mismo que Jesús en Lucas 19, 22 y Mateo 23, 4, Dios se indigna aquí contra los que, pensando mal de su misericordia, no conciben palabras de Dios que no sean una carga, una amenaza o un pesado mandamiento, olvidando que toda la Sagrada Biblia es un inmenso mensaje de amor paternal (Hechos de los Apóstoles 15, 10).

JEREMÍAS 24

1. Se refiere a los acontecimientos relatados en IV Reyes 24, 12 ss. Carpinteros y herreros: Otra traducción: arquitectos e ingenieros. Como se ve, los vencedores de entonces procuraban ya impedir el rearme de los vencidos.

7. “¿Cómo se concilia esta profecía con el estado actual del pueblo judío? Las palabras que siguen lo dan a entender; pues el profeta anuncia que los judíos se convertirán a Dios de todo corazón, lo que en parte se verificó en la nueva Iglesia de Jerusalén, y acabará de cumplirse en la conversión de todos los judíos a la fe de Cristo” (Páramo).

8. Los higos buenos representan a los deportados con Jeconías a Babilonia (597); los malos, a los que quedaron en el país o se refugiaron en Egipto, pero no se convirtieron. Precisamente por eso serán rechazados mientras los que soportan con paciencia las penalidades del cautiverio agradan al Señor. Entre ellos se encuentran dos profetas: Ezequiel y Daniel. Véase 21, 9.

9. “Acumulación elocuente de sinónimos y eco de Deuteronomio 28, 25 y 27. Era necesario que sufriera todo el pueblo, porque todos eran culpables”, (Fillion).

JEREMÍAS 25

1. El año cuarto de Joakim: el año 605 ó 604. En este mismo año Jeremías recibió de Dios la orden de escribir las profecías en un libro (36, 1 s.).

4. Inclinar los oídos: He aquí la doctrina que Jesús expone en la parábola del Sembrador, mostrando que todo el que se interesa por la palabra de Dios, la entiende. “Si no entiendes, dice el Crisóstomo, es porque no amas.” Cf. 7, 23.

5. Véase 35, 15; IV Reyes 17, 13. Convertíos cada uno: El arrepentimiento les habría valido el perdón, así como Nínive quedó salvada cuando recurrió a la penitencia. El arrepentimiento borra los crímenes, calma la ira de Dios, transforma a los hombres, anula la maldición, abre a los pecadores el seno de Dios. Así se expresan los grandes Doctores sobre la contrición del corazón. Cf. Salmo 50 y notas.

9. Nabucodonosor es llamado aquí siervo de Dios, como en versículo 27, 6; 43, 10, por ser ejecutor de los planes divinos. También el rey pagano Ciro recibe el nombre de Ungido (Isaías 45, 1), como instrumento de Dios. Véase Ezequiel 29, 19 a.

11 s. Setenta años en cifra redonda. El reino neo babilónico o caldeo comenzó en 606 cuando Nabucodonosor derrotó a los asirios, y subsistió hasta el año 538 cuando los medos y persas conquistaron a Babilonia. Los setenta años del cautiverio coinciden con este espacio de tiempo, si se toma por punto de partida la primera deportación en el cuarto año de Joakim. Véase 29, 9 s.; II Paralipómenos 36, 21 y nota.

15 ss. La copa se toma aquí como imagen de la cólera del Señor. Cf. 23, 19; 49, 12; 51, 7; Salmo 59, 5; 74, 9; Isaías 51, 17 y 22; Apocalipsis 16, 1 ss., etc. Jeremías ha de pasar la copa a todos los pueblos que Dios le señala, primeramente a Jerusalén (versículo 18), “porque habiendo sido sus moradores más favorecidos del Señor, habían pecado más gravemente contra Él. Y aquí se echa de ver al mismo tiempo su grande misericordia y clemencia. Castiga primeramente con penas temporales a aquellos de quienes tiene mayor cuidado, para que, volviendo sobre sí, se conviertan a Él, y para acrisolarlos como el oro con el fuego de la tribulación y de las penas; y aquellos de quienes tiene menor cuidado, como son los réprobos, los castiga temporalmente con menos rigor, porque están reservados para las penas eternas” (Scío).

20. La mezcla de pueblos. Aquí se ve que la profecía se extiende más allá de Babilonia (cf. versículo 29), y significa una advertencia saludable para las naciones de todos los tiempos (versículo 31 ss.).

23. Los que se cortan los bordes del cabello: Otra traducción: los que se rapan las sienes, por ejemplo los beduinos y árabes que llevan cerquillo. Véase 9, 26; Levítico 19, 27 y nota.

26. Sesac es nombre criptográfico de Babel. San Jerónimo siguiendo a los rabinos explica este seudónimo por inversión de las letras del alfabeto (“atbasch”), que consiste en poner la última por la primera, la penúltima por la segunda, etc. Así sale el nombre de Sesac o Sesach en vez de Babel.

29 s. Por aquí se ve todo el alcance de esta grandiosa profecía, que no se limita solamente a la invasión de Nabucodonosor. Si Yahvé castiga tan severamente a su propio pueblo, ¿cómo podrán escapar al juicio las demás naciones? Se refiere en última instancia, al gran juicio al fin de los tiempos. Cf. Apocalipsis 19, 11-21. Como los que pisan el lagar: Como los pisadores de uva se animan mutuamente con canciones y gritos de alegría, así los enemigos se alentarán uno a otro para cumplir con su misión. Véase Isaías 16. 9; 63, 3 ss. Cf. 48, 33. Su Morada: el Templo. La Vulgata vierte: su hermosura.

38. La espada destructora: la espada de Nabucodonosor. La Vulgata trae otra lección: la ira de la paloma, que, según San Gregorio sería la ira de Dios, quien castiga con mansedumbre y amor paternal.

JEREMÍAS 26

2. En el atrio de la Casa de Yahvé; es decir, en el atrio exterior al que todos tenían acceso. El tiempo fue probablemente una de las grandes fiestas en que había mucha gente en la ciudad, lo cual dio más resonancia a las palabras del profeta.

3. Admiremos la paciencia del Omnipotente que desciende hasta hablar en estos términos, pues lo que Él quiere es “que todos los hombres sean salvos y lleguen al conocimiento de. la verdad” (I Timoteo 2, 4). Por eso exclama San Bernardo: “¡Oh, duros e intratables hijos de Adán, a quienes no puede enternecer ni una bondad tan grande, ni una llama tan viva, ni un amor tan ardiente!” (Sermón II de Pentecostés). El perdón que Dios ofrece a los hombres no significa la aprobación de lo que han cometido, sin embargo, será tan eficaz que el pecador arrepentido puede subir a un grado más alto de amor, como lo vemos en el caso de María Magdalena (Lucas 7, 47 y nota), lo cual es ya, una insuperable maravilla del Corazón divino; pero subirá precisamente por la humillación saludable, es decir, por la detestación del propio pecado. Porque Dios, como todo padre, no se fija en su propia ofensa (cf. I Corintios 13, 5), y sólo quiere que el hijo salga del estado de infelicidad que esa culpa le trae al mantenerlo alejado de la amistad paterna. Y salir de ese estado es aborrecer, o sea, precisamente condenar y odiar la propia culpa. Hecho eso, vemos, en el caso del Hijo Pródigo, que el Padre no se cuida de la reparación (Lucas 15, 20 ss.), sino que se precipita a abrazarlo aún antes que pueda hablar, y no solamente lo perdona gratis, sino que lo colma de obsequios y aun hace gran fiesta.

6. En Silo estaba el Arca de la Alianza en tiempo de los Jueces. Allí vivió Helí, y en sus primeros años también Samuel. Destruiré a Jerusalén así como he destruido a Silo, de modo que la ruina de la ciudad santa servirá de parábola o ejemplo de maldición. Véase 7, 12; I Reyes 1, 3; Salmo 77, 60 y notas.

8. Tal es la respuesta a la misericordia manifestada en el versículo 3. Jeremías se muestra una vez más como figura de Cristo (véase Juan 19, 6 y 15). Cf. 11. 19; 18, 18; 15, 10 y notas.

12 ss. Jeremías, lejos de defenderse, les da una prueba suprema de caridad, insistiendo en su divino mensaje de salvación. No se deja vencer por el mal (Romanos 12, 21), sino que ofrece en un acto de incomparable mansedumbre la vida a sus enemigos.

18. Se trata del profeta Miqueas, cuyo libro está en la colección de los Profetas Menores. Véase Miqueas 3, 12.

20. De Urías no nos han quedado escritos. Lo único que de él sabemos es que murió mártir por haber dicho la verdad. Véase lo que dice Jesús en Lucas 13, 34.

24. Este hombre intrépido es aquel Ahicam, cuyo padre había desempeñado un alto cargo en la corte del rey Josías (IV Reyes 22, 12). Su hijo Godolías fue constituido gobernador de Judea por Nabucodonosor después de la destrucción de Jerusalén. Véase 39, .14; 40, 6.

JEREMÍAS 27

1. Algunos manuscritos hebreos y la versión siríaca ponen el nombre del rey Sedecías, en vez de Joakim. Se trata efectivamente de Sedecías, como se ve en los versículos 3, 12, y el primer versículo del capítulo siguiente.

3. Los pueblos vecinos habían enviado mensajeros a Jerusalén para concertar una alianza y deliberar sobre las medidas a tomar contra los babilonios. La respuesta de Dios por intermedio del profeta consiste en la entrega de yugos a los embajadores. El acto era más que elocuente, pues todos sabían lo que significaba el yugo y a quién se refería el profeta aunque no lo dijo expresamente en los versículos 4 y siguientes.

5. Doy a quien me place: El Señor ostenta no solamente su intervención decisiva en el reparto de los reinos de la tierra, sino también su soberana libertad para darlos a quien quiere. Véase Romanos 9, 15 ss. y notas.

7. Falta en los Setenta. El reino neo babilónico o caldeo sólo se mantuvo durante sesenta y seis años, siendo sus reyes Nabucodonosor, Evilmerodac, Neriglisar y Nabunaid, quien hizo participar en el reino a su hijo Baltasar (Daniel capítulo 5).

9. Enumeración de diversas clases de falsos profetas. Soñadores: los que pretenden recibir inspiraciones en sueños. Magos, en sentido malo: embaucadores, farsantes. Mago, en el sentido primitivo, significaba entre los medos y persas al hombre sabio, filósofo y también médico, porque estas ciencias eran una sola, que consistía en averiguar cómo la voluntad de Dios se manifestaba en los fenómenos del cielo astral. De ahí que entre aquellos pueblos paganos consideraran a los magos como profetas y conocedores de los secretos divinos. De los medos y persas llegó esta institución a los babilonios, en cuyo ejército había muchos soldados de origen medo-persa. mas el contacto con Babilonia significa a la vez la decadencia de la institución; y en vez de buscar la voluntad de Dios los magos imitaban las maquinaciones de los adivinos y agoreros. El libro de Daniel nos muestra cuán grande era su autoridad en la corte del rey de Babilonia. En el Nuevo Testamento aparecen las dos ramas de los magos, los buenos ante el pesebre del Niño Jesús (Mateo 2, 1 ss.), y los malos en la figura de Simón Mago (Hechos de los Apóstoles 8, 9ss.).

10. Véase 25, 11 s. y nota.

12 s. Esta insistencia de Dios sobre la necesidad de someterse al más fuerte y evitar el inútil derramamiento de sangre, es un hondo motivo de meditación para la política cristiana, y podría evitar muchos males que vienen del orgullo patriótico mal entendido.

15. Véase 12, 10 ss. y nota; 14, 14; 23, 16 ss. y nota; 29, 9.

16. En la deportación del año 597, Nabucodonosor había llevado consigo al rey Joaquín (Jeconías) y los vasos de oro y plata (IV Reyes 24, 13), pero no los de bronce. Estos últimos serán también llevados a Babilonia (versículo 19). Cf. 28, 3; II Paralipómenos 36, 7 y 10; Daniel 1, 2 y notas.

19. Se refiere aquí el profeta a las columnas del Templo, y al mar de bronce, esto es, la gran pila de agua. Véase III Reyes 7, 15 ss. y notas; IV Reyes 25, 13.

22. Profecía de que los vasos serán devueltos al Templo, lo que se cumplió bajo Ciro después de la caída de Babilonia. Véase Esdras 1, 7; 6, 5; 7, 19. El día que Yo los visitare; es decir, “mire hacia ellos” (Biblia de Bonn). Vemos aquí el corazón paternal de Dios, quien anuncia a su pueblo escogido el carácter medicinal del castigo. Terminado éste, le manifestará de nuevo su benignidad y lo restaurará con tal que lo busquen a Él (29, 13). Cf. II Paralipómenos 36, 21.

JEREMÍAS 28

1. “Aquí tenemos, frente a frente, a este profeta soñador, que anuncia el fin de la primera cautividad, y a Jeremías, que obtiene una completa victoria sobre su adversario” (Nácar-Colunga). Véase 27, 9 y nota. Hananías es uno de los falsos profetas que inspirados en puros sentimientos nacionalistas solamente anunciaban lo que lisonjeaba al orgullo patriótico.

6. Hágalo así Yahvé, etc.: Como profeta de Dios, Jeremías no desea ni busca otra cosa que el cumplimiento de la palabra de Dios, y como patriota no puede anhelar más que el bien de su pueblo. No es la envidia la que le impulsa a oponerse a Hananías, sino el santo celo por Yahvé y el amor sincero a la patria.

8 s. Esto es: Hananías contradice a los profetas anteriores, p. ej., Isaías, Amos, Oseas, Miqueas, que vaticinaron guerras y calamidades. El profeta que predice la paz se condena a sí mismo, porque no se cumplirá su profecía. Véase Deuteronomio 18, 22 y nota. En el Nuevo Testamento tenemos la voz de San Pedro que en su segunda Encíclica caracteriza a estos aduladores y sus promesas halagüeñas con las siguientes palabras: “Estos tales son fuentes sin agua, nubes impelidas por un huracán. A ellos está reservada la lobreguez de las tinieblas. Pues profiriendo palabras hinchadas de vanidad, atraen con concupiscencias, explotando los apetitos de la carne, a los que apenas se han desligado de los que viven en el error. Les prometen libertad cuando ellos mismos son esclavos de la corrupción” (II Pedro 2, 17-19). Con este veredicto San Pedro no recomienda el pesimismo, que no es sino un miedo disfrazado; lo que el Príncipe de los apóstoles quiere es que abramos los ojos y distingamos entre los predicadores auténticos y los falsos.

10. Aquí se ve que Jeremías solía salir con una cadena al cuello, a manera de muda predicación que recalcaba sus palabras.

11 ss. El profeta de Dios se retira en silencio y sin proferir ninguna queja, mas el Señor no tarda en vengarlo (versículo 17).

14. Véase 27, 3 y nota. Cf. Deuteronomio 28, 48.

JEREMÍAS 29

1. Esta carta fue enviada a Babilonia a los primeros deportados que, a lo que parece, creían que el regreso se realizaría pronto. Jeremías les aconseja establecerse en Babilonia para largo tiempo (versículo 5). Los profetas: Habían sido llevados ya a Babilonia los profetas Ezequiel, Daniel y otros.

7. El bien (literalmente la paz) de la ciudad: Los deportados han de orar por esas ciudades y por Nabucodonosor, porque éste representaba para ellos la legítima autoridad. Véase 25, 9 y nota. San Pablo inculca la misma actitud frente a Nerón que perseguía a los cristianos. Dice el Apóstol de los gentiles a los cristianos de Roma: “Todos han de someterse a las potestades superiores, porque no hay potestad que no esté bajo Dios, y las que hay han sido ordenadas por Dios. Por donde el que resiste a la potestad, resiste a la ordenación de Dios; y los que resisten se hacen reos de juicio… Por tanto es necesario someterse, no solamente por el castigo, sino también por conciencia. Por esta misma razón pagáis también tributos, porque son ministros de Dios ocupados asiduamente en este asunto. Pagad a todos lo que les debéis: a quien tributo, tributo, a quien impuesto, impuesto; a quien temor, temor; a quien honor, honor” (Romanos 13, 1-7). Cf. Esdras 6, 10; I Timoteo 2, 2; I Pedro 2, 13 ss. y notas.

11. Pensamientos de paz: misericordia y clemencia. Cf. 27, 22; 30, 10; 46, 28; Isaías 55, 7; Efesios 2, 14; Filipenses 4, 7. Dios, expresa San Agustín, es todo para nosotros. Si tenéis hambre, será vuestro pan; si tenéis sed, será vuestra bebida: si estáis en las tinieblas, será vuestra luz; si estáis desnudos, os revestirá de inmortalidad. Dios, dice Santo Tomás, está más dispuesto a darnos que nosotros a recibir. Lo propio de la naturaleza de Dios, su inclinación, es dar. Es éste un punto importantísimo para la espiritualidad cristiana y el crecimiento en la fe y el amor, pues nadie se arrepentiría si dudara del perdón; Jesús revela que la situación del perdonado puede ser mejor que antes si ama más (Lucas 7, 42 s.), 13. Si me buscareis: La miseria del hombre consiste en no querer buscar a Aquel que es el único capaz de enderezar nuestro camino y fortificar nuestra vida. “Vivimos en veloz carrera: del trabajo al placer, del cine a las actividades deportivas, siempre tras de nuevas ocupaciones y cada vez mis absorbidos.” Es la Biblia la que nos despierta del aturdimiento y nos hace ver lo que somos y adónde vamos.

15. Tampoco en el cautiverio faltaba la peste de los falsos profetas que engañaban al pueblo haciéndole envidiar la suerte de los que habían quedado en Jerusalén. De ahí lo que agrega Jeremías en los versículos 16 ss. San Jerónimo parafrasea este verso diciendo: “Puesto que Yo, afirma Dios, haré estas cosas espontáneamente y tengo decretado vuestro retorno, pasado cierto tiempo, os engañáis en vano, creyendo que tenéis profetas en Babilonia.”

16 ss. Los versículos 16-20 faltan en los Setenta. Higos detestables (versículo 17): Véase la parábola de los dos canastos de higos en el capítulo 24.

23. Aquí termina la carta a los deportados. Lo que sigue no forma parte de la carta de Jeremías (Fillion).

24 ss. Vemos aquí un elocuente ejemplo del falso celo y envidia entre los predicadores (cf. Fil. 1, 15). Semeías insinúa a Sofonías que haga con Jeremías lo que hizo Joiadá con la impía reina Atalía (IV Reyes 11), es decir, que lo mate.

28. Niega el falso profeta que el destierro va a perdurar largo tiempo. Véase versículo 5, donde Jeremías en nombre de Dios dice lo contrario.

32. Ninguno de los suyos habitará, etc. Quiere decir: los hijos del falso profeta perecerán, y ninguno de ellos verá el reino del Mesías; lo que era considerado como la pena más grande para un israelita. “Dichoso seré yo, dijo el viejo Tobías, sí algunas reliquias de mi descendencia lograren ver el esplendor de Jerusalén” (Tobías 13, 20).

JEREMÍAS 30

1. Los capítulos 30 a 33 son la cumbre de las profecías de Jeremías. El profeta emplea aquí todos los recursos poéticos para pintar la gloriosa restauración de Israel y el esplendor de la nueva alianza que Dios hará con su pueblo. En cuanto al orden cronológico de los cuatro capítulos hay diversas opiniones. Se cree en general que el 32 es el primero, el 33 el segundo, el 30 el tercero, y el 31 el cuarto.

3. Israel y Judá, es decir, toda la descendencia de Jacob, no solamente las dos tribus del reino de Judá que existían en tiempo de Jeremías. “En esos tiempos dichosos los dos reinos de Israel y Judá formarán uno solo, como en el origen” (Fillion). El P. Páramo pone aquí la siguiente nota: “El profeta parece que habla principalmente de la libertad completa en que será puesto el pueblo de Israel cuando todo entero reconocerá al Mesías y entrará en su Iglesia por la fe; porque tan sólo una pequeña parte de la nación fue la que se convirtió en tiempo del Mesías. Tal vez por esto se añade en el versículo 24 que las cosas que aquí se dicen serán entendidas “al fin de los tiempos”. Es de notarse con San Jerónimo, que profetizaban las mismas cosas Jeremías en Jerusalén y Ezequiel en Babilonia. Véase Ezequiel 37, 24.

6. Locución metafórica que expresa la intensidad del dolor.

7. Este trágico augurio se dirige a las doce tribus (versículo 4; 3, 18), no pudiendo por tanto referirse a los cautivos de Babilonia que eran sólo Judá y Benjamín. Parece aludir a la última prueba del pueblo escogido, previa a la restauración del versículo 3. Cf. Ezequiel 22, 19 ss.; capítulo 38 s.; Sofonías 2, 1 s.; 3, 11 ss.; Zacarías 13, 8 s.; Romanos 9, 27; 11, 26; Lucas 21 24; Salmo 101, 21 y notas.

9. David había muerto ya hacía cuatro siglos. El profeta mira al vástago de David, el Mesías. Véase 23, 5; Ezequiel 34, 23; 37, 24; Oseas 3, 4; pasajes en que el Mesías lleva el nombre de David. Cf. Lucas 1, 32 s.; Hechos de los Apóstoles 3, 21 y 22 y notas. “Al convertirse toda la nación judía a la fe, entonces se verificará la reunión de todas las tribus en el reino de Jesucristo” (Páramo).

12. La ruina del reino de Judá es irreparable para los hombres; no obstante ello, el Señor compadecido de su pueblo lo curará (versículo 16 ss.).

13. No hay medicamentos para curarte: “Esto es, la ceguedad y dureza del pueblo judaico en no querer reconocer al Mesías, es de suyo incurable; se necesita un milagro de la gracia, el cual obrará Dios en su tiempo. Ver Romanos 11” (P. Réboli). Cf. Isaías 42, 16; 43, 23 ss.; 63, 5 y notas; Lamentaciones 5, 21 y nota. Cf. Lucas 1, 54.

18. La ciudad: en sentido estricto Jerusalén; en sentido más amplio, todas las ciudades de Judá.

21. Su príncipe, a quien aquí se hace referencia, es evidentemente Jesucristo. Cf. versículo 9 y nota.

22. Véase 24, 7; 31, 33; 32, 38; Éxodo 19, 5 s.; Levítico 26, 12; Ezequiel 11, 20.

24. Al fin de los tiempos: Cf. las notas al versículo 3; 23, 20; Isaías 60, 22; II Tesalonicenses 2, 7. Scío pone aquí esta nota: “Cuando venga el Mesías, y más cumplidamente en el fin del mundo, la experiencia misma y los hechos os harán creer que es verdad cuanto os he dicho, y penetraréis todo el sentido.”

JEREMÍAS 31

1. Todo este capítulo es de admirable belleza. Su idea fundamental es mesiánica, sirviendo los acontecimientos históricos como punto de partida para ilustrar la gloria y magnificencia del Reino mesiánico.

2. A su descanso: al país prometido. Véase Salmo 94, 11; Hebreos 3, 11; 4, 3 y 5.

3. Este texto es una exposición maravillosa del amor de Dios a su pueblo. Cf. Isaías 11, 4; 54, 7 ss.; Lucas 1, 54 s. y notas. Bien podemos aquí poner en boca de Israel como un “Cántico nuevo por las maravillas que Él hizo” (Salmo 97, 1 y nota), los afectos del Magníficat ante la asombrosa declaración de amor y las promesas que contiene todo este capítulo (cf. Ezequiel 16 y 37). Y también podemos, como en el Cantar (cf. la Introducción a dicho Libro), aprovechar y gozar, trasladándoles a nuestra alma, esos mismos sentimientos, como la novia elegida por el príncipe, que dijese a sus íntimas: “Soy feliz, amigas, soy feliz porque Él se ha fijado en mí. Él, tan bello, tan poderoso, tan magnánimo, y sobre todo tan bueno, se ha fijado en mí que no soy nada, que no le traigo más que mi persona dichosa y agradecida. Y ahora todos me llamarán afortunada, y rica, y princesa, y todo eso será por las maravillas que Él me ha hecho. Porque Él prefiere siempre a los débiles, y me ha elegido, de puro bondadoso, para poder protegerme al ver mi incapacidad. Porque ésa es la característica de su corazón: preferir a los que no son nada, y levantar al pobre del estiércol para ponerlo entre los príncipes” (Salmo 112, 7 y nota). Con amor eterno: Hay en Dios un amor infinito que desea comunicarse. “Dios es en las cosas espirituales lo que el sol en las cosas sensibles, dice San Gregorio Nacianceno. Así como el sol lanza por todas partes sus rayos bienhechores, a fin de iluminar, calentar, vivificar, fecundizar la naturaleza, así Dios derrama sobre todas las criaturas y especialmente sobre los ángeles y los hombres, los divinos rayos de su beneficencia a fin de ilustrarlos con la luz de su sabiduría, inflamarlos con su amor, vivificarlos con la vida de la gracia y la de la gloria” (Distich). El amor con que Dios ama a su pueblo, trae por consecuencia el perdón de la apostasía en que tantas veces incurrieron. “Esta idea del perdón es fundamental en la restauración del pueblo y del mundo. Porque, como el pecado excitó la cólera de Dios y trajo el castigo sobre los delincuentes, así a las bendiciones divinas es preciso que preceda la desaparición del pecado y la reconciliación. Pero hay una diferencia entre lo uno y lo otro: la cólera de Dios no se excita por sí, es el pecado del pueblo quien la excita; mas el perdón no tiene su causa en el hombre, sino en la bondad y misericordia de Dios. Como en el orden físico el hombre puede darse la muerte, pero es incapaz de volver a la vida, así en el orden espiritual puede acarrearse el castigo, pero no merecer la misericordia y el perdón” (Colunga). Véase Isaías 4, 2-4; 43, 22, 25; Miqueas 7, 18-20.

5. Véase Isaías 62, 9; 65, 21.

6. Efraím: el reino de Israel, que se había separado del Templo de Jerusalén haciéndose dos becerros en Betel y Dan, peregrinará de nuevo a Jerusalén, al Templo del Señor. Este pasaje significa que no habrá más cisma entre Israel y Judá. Véase la parábola de Ezequiel 37, 16gss.

7. El Primero de los Pueblos (Vulgata: contra caput gentium): Todos los pueblos se regocijarán cuando vuelva Jacob. Es obvio el sentido mesiánico. La jaculatoria final está desarrollada en la gran oración del Eclesiástico capítulo 36. El resto de Israel: término frecuentemente usado en los libros proféticos. Dios, aunque castiga los crímenes de su pueblo, no quiere destruirlo por completo, porque, como dice San Pablo, “las promesas de Dios son inmutables” (Romanos 11, 29). Un residuo se conservará y se convertirá, según el mismo Apóstol (Romanos 11, 26). Isaías expresa esta esperanza mesiánica, dando, por orden de Yahvé a uno de sus hijos el nombre de Schearyaschub, que significa: un resto volverá, o sea, se convertirá. Cf. 6, 13; 10, 21; 11, 11; Miqueas 5, 3; Sofonías 3, 13, etc.

9 s. El mismo Dios los conducirá, como un pastor, a la nueva Sión y los cuidará como un padre. En realidad Efraím no volvió del destierro, por lo cual esta profecía se cumplirá al fin de los tiempos, cuando las doce tribus se incorporen a la grey de Cristo. Véase Juan 10, 16; Isaías 40, 11; 66, 18; Ezequiel 34, 12 ss.

12. Los dones materiales son imágenes de las bendiciones mesiánicas. Véase Ezequiel 30, 30.

14. Saciaré, etc.: “El pueblo nuevo, tan piadoso como próspero, ofrecerá tal cantidad de sacrificios, que la parte reservada a los sacerdotes será riquísima. Cf. Levítico 3, 31-34. Por lo mismo la raza sacerdotal será bendecida de una manera particular” (Cardenal Gomá, Salterio, pág. 321).

15. Raquel, madre de José y Benjamín, está representada llorando la deportación de sus hijos al cautiverio. Pronto se gozará, al verlos volver a su país y al Dios de sus países. Ramá (Vulgata: en lo alto): hoy día Er-Ram, situada al norte de Jerusalén, campo de concentración de los judíos que en 587 fueron deportados a Babilonia (véase 40, 1). Raquel es introducida por el profeta como madre de todos los deportados y como madre de todo el pueblo, porque sus dos hijos, José y Benjamín, representan los dos reinos, aquél el reino de Israel, y éste el de Judá. San Mateo cita este texto aplicándolo a la degollación de los niños de Belén (Mateo 2, 18), pues lo que se cumplió en Ramá bajo Nabucodonosor fue una figura de lo que hizo Herodes en Belén.

18. Conviérteme y yo me convertiré: Es Efraím, representante del reino de Israel, el que expresa con estas palabras no sólo su arrepentimiento, sino también su confianza en Dios, el único capaz de concederle la gracia de la conversión. Pensamiento eminentemente cristiano, porque nadie se convierte por sus propias fuerzas; “pues Dios es el que, por su benevolencia obra en vosotros tanto el querer como el obrar” (Filipenses 2, 13).

20. Una vez más vemos, desde el Antiguo Testamento, la doctrina que Jesús había de exponer en la parábola del hijo pródigo (Lucas 15, 20) sobre los sentimientos paternales del corazón de Dios. Si no hemos desaparecido ya a causa de nuestros pecados, lo debemos a la misericordia del Padre (Lamentaciones 3, 22). Por esto decía San Agustín a Dios: “A tu misericordia, Señor, debo cuanto soy.”

21. Invitación de Dios a preparar el regreso de los cautivos. Lo primero será marcar el camino para que no se desvíen en el desierto que media entre Babilonia y Palestina. Jalones: Vulgata: amarguras.

22. La mujer rodeará al varón: “En esta mujer privilegiada, San Cipriano, San Jerónimo, San Agustín y la mayoría de los exegetas católicos han visto a la Virgen María” (Fillion). Véase Isaías 7, 14; Miqueas 5, 2 s. El varón aludido sería, entonces, Jesucristo. Crampón observa que esta opinión no es unánime entre los Padres, y se decide, con varios autores, por otra, según la cual Yahvé, que antes había inútilmente rodeado a Israel con su amor (Isaías 65, 2), será finalmente abrazado por esta esposa rebelde. En favor de esta interpretación se aduce la versión siríaca, que dice: la mujer amará tiernamente al hombre, y los textos de Isaías 64, 6-8; Ezequiel capítulo 16; Oseas capítulo 2; Jeremías 2, 2; 3, 8; 9, 2; 16, 15; 23, 8; 24, 6 s.; 29, 14; 30, 3; 31, 3-8, etc.

23. En los versículos precedentes Dios se dirigía a todas las tribus de Israel; en los versículos 23-25 habla solamente a Judá, La nueva Jerusalén se llama Morada de la justicia, y Monte santo, por ser morada del Mesías. Véase Salmo 64, 2 y nota.

25. Véase las palabras de Jesús en el Sermón de la Montaña (Mateo 5, 6).

28. Para edificar y plantar: Isaías (60, 22) dice que esto se hará en un instante cuando llegare su tiempo. “Desde entonces los judíos serán tan bendecidos cuanto habían sido antes castigados” (Fillion).

29. Locución proverbial, que quiere decir: los hijos son castigados por los pecados de los padres (Ezequiel 18, 2 ss.: cf. Éxodo 20, 5 y nota). Cada uno llevará en adelante la pena de su propio pecado.

31 ss. Haré una nueva alianza con la casa de Israel y con la casa de Judá: “Estos versículos forman el más hermoso pasaje de todo el libro” (Bover-Cantera). San Pablo renueva a los hebreos esta promesa de una nueva alianza en dos notables citas textuales (Hebreos 8, 8 ss. y 10, 16 s.). Cf. Isaías 59, 20 s.; Romanos 11, 25 ss. Según el Apóstol de los' gentiles la reprobación de Israel fue ocasión de nuestra admisión al Reino; mas una vez obtenido el perdón, el pueblo judío entrará de nuevo en la posesión de las promesas y formará parte del Reino de Cristo, como se ve en el pasaje citado. Cf, 32, 40, donde Dios promete a su pueblo “una alianza eterna”.

33. Pondré mi ley en sus entrañas: Fray Luis de León parafrasea este hermoso pasaje, diciendo: “No será menester que loe ahora yo lo que ello se loa; ni me será necesario que refiera los bienes y las ventajas grandes de aquesta gobernación, adonde guía el amor y no fuerza el temor; adonde lo que se manda se ama, y lo que se hace se desea hacer; adonde no se obra sino lo que da gusto, ni se gusta sino de lo que es bueno; adonde el querer el bien y el entender son conformes; adonde para que la voluntad ame lo justo, en cierta manera no tiene necesidad que el entendimiento se lo diga y declare” (Nombres de Cristo).

34. Cf. Isaías 54, 13. No tendrán ya que enseñar: La jerarquía enseñante de la Iglesia ha sido establecida por Cristo en persona y no se podría sin extremada violencia aceptar con respecto a ella una interpretación de este pasaje que implicaría, por una parte, suprimir el magisterio eclesiástico, como pretenden los partidarios del libre examen; y por otra parte, afirmar que ahora todos conocen al Señor, sin necesidad de enseñanza alguna. Esto sería, además, contradictorio con todas las instrucciones que los Sumos Pontífices han impartido a través de los siglos para la evangelización de los pueblos, y también con el contexto, pues el versículo 31 habla de Israel y de Judá (cf. 30, 3) y todo el capítulo contiene alusiones al pueblo judío que de una u otra manera participará de las bendiciones del conocimiento de Dios.

35 ss. Se refiere a la duración perpetua de la nueva alianza con Dios y encierra un profundo sentido mesiánico.

38 ss. La nueva Jerusalén no será mucho más grande que la destruida por Nabucodonosor, pero si más santa. La torre de Hananeel, mencionada también en Nehemías 3, 1; 12, 38; Zacarías 14, 10 estaba en la parte nordeste de la muralla; la puerta del Ángulo, en la parte occidental. Gareb y Goa (Vulgata: Goata) (versículo 39) son lugares desconocidos. El valle de los cadáveres y de las cenizas (versículo 40): el valle de Hinnom, al sur de la ciudad; el Cedrón, al este de la misma. Fillion distingue en esta descripción entre figura y realidad: “la figura es la Jerusalén material; la realidad es la Iglesia de Cristo, centro perpetuo de la Nueva Alianza”.

JEREMÍAS 32

1. Esto es, en el último año de su reinado, cuando la ciudad estaba sitiada por las tropas de Nabucodonosor (588-587). Véase 39, 1-18; IV Reyes 25, 1 y notas.

7. Anatot estaba ya en poder de los caldeos. El hecho de que Jeremías compre allí por mandato de Dios un campo, ha de tomarse como acto simbólico, para indicar que la vida normal pronto se restablecerá. Sobre la obligación de vender los campos sólo a los parientes, véase Levítico 25, 24 ss.; Rut 4, 6.

11. Los contratos solían hacerse en duplicado, a saber: en dos rollos, uno de los cuales se sellaba por afuera y se guardaba como matriz en una vasija de barro, mientras el otro estaba abierto (versículo 14) y servía para consultas. El primero sólo se abría ante los escribanos y únicamente cuando se daba un caso de duda o un pleito.

17. El profeta no comprende cómo se podría comprar casas y campos en territorio ocupado por el enemigo. Por eso pide a Dios le explique lo extraño del oráculo, recordándole los prodigios que Él hizo para con el pueblo de Israel (versículos 17-25).

18. Tú usas de misericordia: Cf. 31, 20 y 29; Éxodo 20, 5; 34, 7; Deuteronomio 5, 9 s.; Ezequiel 18, 2 ss. y notas.

26 ss. Dios contesta la pregunta de Jeremías, anunciándole la destrucción de la ciudad y explicándole el significado de la compra del campo como un anuncio de la liberación de Jerusalén (versículos 36 ss.). ¿Hay acaso algo imposible para Mí? Nos llena de gozo y aviva nuestra fe, el pensar que nuestro auxiliador y nuestro padre es el poderoso Señor que hizo el cielo y la tierra (Salmo 123, 8) y para el cual nada es imposible (Salmo 22 y notas; Job 42, 2; Zacarías 8, 6; Mateo 14, 36; 16, 26; Lucas 1, 37; Génesis 18, 14).

34 s. Alusión a la idolatría practicada por algunos reyes en el Templo y a la inmolación de niños en el valle del Hinnom. Véase 2, 23 y nota; 7, 31; Levítico 18, 21; 20. 2; IV Reyes 16, 3; 21, 4; etc.

36 ss. “Para Dios nada hay imposible. La ciudad será entregada a los caldeos, para satisfacer la justa cólera de Dios; pero luego el Señor reunirá a los deportados y hará con ellos una alianza eterna, que no será anulada. Las promesas de Dios, dice luego San Pablo, son sin arrepentimiento (Romanos 11, 29). Tiene palabra de rey, no se vuelve atrás. La infidelidad del pueblo no sorprende al que es omnisciente” (Nácar-Colunga). Les daré un mismo corazón: “La más perfecta unión interna y externa reinará entre los miembros de la nación santa, en lugar del cisma que la había dividido y debilitado durante tan largo tiempo” (Fillion). Alianza eterna (versículo 40); Véase 31, 31 ss. y nota. Ni dejaré de hacerles bien: Véase 5, 1; 29, 11; Isaías 49. 15 s.

44. La Sefelá: región costera entre Jafa y Gaza. Négueb: parte meridional de Palestina.

JEREMÍAS 33

1. Dios consuela a su fiel profeta que se halla preso en la cárcel, renovándole las promesas de restauración y asegurándole la futura venida de un Vástago justo (versículo 15).

3. Cosas grandes y ocultas: La Vulgata dice: cosas grandes y ciertas. Serán las que han de cumplirse en el restablecimiento de Jerusalén, y más todavía en el reino mesiánico. De estas cosas recónditas habla San Pablo en Efesios 3, 3 ss. y las llama “el misterio de Cristo”, que estaba “escondido desde todos los siglos en Dios, Creador de todas las cosas” (ibíd. versículo 9).

8. Les perdonaré: Dios está lleno de misericordia, no acaba del todo con el pecador (Salmo 77, 38) sino que le da ocasión para arrepentirse. Si Él que es el supremo Señor nos perdona y en cierto modo toma nuestra defensa, ¿quién podrá condenarnos? Por lo cual exclama San Pablo: Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de las misericordias y Dios de toda consolación (II Corintios 1, 3).

9. Es lo que expresa el Salmo 101 versículo 16, con referencia a la vocación de Israel entre las naciones.

11. A su primer estado: a la felicidad y prosperidad que reinaba en la época más gloriosa de la historia de Israel. Véase 7, 34; 16, 9.

13. Como el pastor se pone a la entrada del redil y cuenta una por una sus ovejas para ver si falta alguna, así tiene Dios cuidado de cada uno de los hijos de su pueblo. Véase lo que se dice del Buen Pastor en el Nuevo Testamento (Juan 10, 14; 17, 12; 18, 9).

15 ss. Todos estos versículos son netamente mesiánicos. El Mesías se llama aquí Vástago justo (Vulgata: pimpollo de justicia) porque su reino es un reino de justicia (véase 23, 3-5; Isaías 11, 5; Lucas 1, 75). Hay aquí un gran misterio. El Mesías Rey tan esplendorosamente anunciado en este y otros pasajes como gloria de Israel, fue para ella piedra de tropiezo, como lo expresa San Pablo en Romanos 9, 33, recordando a Isaías 8, 14. Véase Isaías 35, 5 y nota; Ezequiel 44, 5-16.

18. Un varón que delante de Mí ofrezca los holocaustos: “Estas promesas se refieren no al sacerdocio judío, hace tiempo extinguido, sino al eterno de Jesucristo, ejercido por sí y sus ministros” (Bover-Cantera). Cf. Hebreos capítulos 7-9.

20 s. Así como el día y la noche se suceden el uno a la otra, así se cumplirán las promesas respecto al Hijo de David y su reino. Véase sobre esta promesa II Reyes 7, 12 ss. Cf. 31, 35-37.

24. Las dos familias son la familia real de David y la sacerdotal de Aarón.

26. Tendré de ellos misericordia: Aquí, como en muchos otros lugares, puede sorprender que el Señor anticipe al culpable la seguridad de que será perdonado. No parece esto buena pedagogía, y diríamos que puede estimular al pecado. ¿Queremos acaso darle lecciones a Dios? Para evitar esta tentación véase (con sus notas) el capítulo 16 de Ezequiel, y especialmente Oseas 11, 8 s., donde el mismo Señor nos humilla saludablemente recordándonos, con majestad divina, que Él “no es un hombre”, o sea que en vano pretenderemos alcanzar con nuestro menguado juicio el abismo de un amor y de una bondad que contrasta con la iniquidad de nuestra caída naturaleza. Notemos desde luego, que Él nunca dice que no castigará, sino muy al contrario, amenaza a menudo con la venganza más terrible de su amor ofendido. Pero anticipa la noticia del perdón como un desahogo irresistible de tu Corazón amante. Jesús había de darnos la plena revelación de este misterio al decirnos que su Padre “y nuestro Padre” (Juan 20, 17) “es bueno con los desagradecidos y malos” (Lucas 6, 35). Con semejante noticia, fácil es ver, en esta anticipada promesa de perdón, una característica del corazón paterno, muy bien observada por Santo Tomás, y es que Él “no hace esa misericordia sino a causa de su amor”. Porque teme que el alma, dudando del perdón como Judas, como Caín caiga en la desesperación, que es lo peor de todo, porque es lo único irreparable. De ahí la inefable palabra de Jesús en Juan 6, 37: “Al que venga a Mí no lo echaré fuera ciertamente.” Y además, sabe ese Padre que su exceso de bondad transformará al fin muchos corazones, porque, como también observó el Angélico, “nada es tan eficaz para mover al amor, como la conciencia que se tiene de ser amado” (véase I Juan 4, 16 y nota). En la misma ingrata Israel veremos este fruto cuando ella vuelva a su Dios y cuando “lloren, como se llora a un hijo único”, por “Aquel a quien traspasaron”, según nos lo dice San Juan (19, 37) citando a Zacarías 12, 10.

JEREMÍAS 34

5. En paz: de muerte natural. El rey Sedecías murió, efectivamente, en el cautiverio de Babilonia. Véase 52, 11; Ezequiel 12, 13. Quemarán por ti. No se trata de la quema del cadáver, sino de los perfumes que se encendían con motivo del entierro. Véase II Paralipómenos 16, 14.

9. Según la Ley, los esclavos hebreos ganaban la libertad en el séptimo año (Éxodo 21, 2 ss.; Deuteronomio 15, 12 ss.). Como se ve, no habían cumplido con este precepto, por lo cual aquí prometen hacerlo, en forma de un voto.

11. Se arrepintieron, es decir, quebrantaron el pacto que habían hecho delante de Yahvé en el Templo (versículo 15). Lo anularon porque la situación política había cambiado con la llegada de un ejército auxiliar de Egipto que por un tiempo ocuparía a los caldeos. Tal es la fragilidad humana. Por eso confiesa San Agustín, dirigiéndose a Dios: “Si hieres, clamamos que perdones; si perdonas, de nuevo te provocamos a que hieras.” Pero más que fragilidad era esta conducta endurecimiento del corazón (cf. 19, 15), que trae consigo el más terrible de los castigos: la impenitencia, el rechazo de la gracia. De ahí que Dios no pudiera retener el brazo de su Justicia.

17. Elegir entre la espada, la peste y el hambre es también ejercicio de la libertad. Dios lo dice con sarcasmo, porque siempre se gloriaban de la libertad (cf. Juan 8, 33), que en realidad casi nunca poseían, y si la tenían no sabían aprovecharla. ¡Cuán terrible es esta libertad en que Dios los deja aquí, para que se aparten de Él y caigan en las peores calamidades! No hay prueba mayor que la de no ser probado (San Agustín). Véase Salmo 80, 13, donde Dios dice: “Por eso los entregué a la dureza de su corazón: para que caminaran según sus apetitos.” Un objeto de horror, etc.: Nácar-Colunga vierte: el vejamen de todos los reinos de la tierra.

18. Véase Génesis 15, 12 y nota; Éxodo 24, 6. La ceremonia de tajar en dos partes un becerro y pasar los dos contrayentes por medio de los trozos de la víctima, significaba que el que quebrantare el pacto correría la misma suerte.

21. Los babilonios habían levantado el sitio para combatir a los egipcios (cf. 37, 4). Vencidos éstos, volvieron a asediar a Jerusalén, como lo había predicho Jeremías.

JEREMÍAS 35

2. Los recabitas eran de descendencia madianita, del linaje de Jetró, suegro de Moisés. Se distinguían por el celo con que conservaban las costumbres antiguas y el culto de Yahvé. Su modo de vivir recordaba la sencillez del pueblo judío bajo Moisés en el desierto, pues renunciaban a casas, a las bebidas alcohólicas, a las comodidades en la manera de vivir, y al cultivo de campos y viñas, etc. Véase Levítico 23, 34; IV Reyes 10, 15 ss. y nota; I Paralipómenos 2, 55.

6. Jonadab, nuestro padre: “Éste es, dice San Jerónimo, aquel Jonadab, hijo de Recab, de quien se lee en el Libro de los Reyes que subió al coche con Jehú (IV Reyes 10, 15), e hijos suyos son los que, morando en los tabernáculos, a la postre, por la invasión del ejército de los caldeos fueron forzados a retirarse a Jerusalén; y ésta fue la primera cautividad, que dicen que sufrieron. Porque después de haber gozado de la libertad que hay en la soledad, fueron encerrados en la ciudad como en una cárcel.” El Doctor Máximo escribe estas palabras a San Paulino y agrega: “Os ruego mucho que, porque estáis atado con el vínculo de vuestra santa hermana (esposa) y no camináis con paso del todo libre; dondequiera que viváis, siempre huid de la muchedumbre de los hombres, de sus cumplimientos, visitas y convites como de unas cadenas de deleite.” De la misma manera nos enseña San Pablo que nuestra habitación está en el cielo (II Corintios 5, 1 ss., texto aludido en el Prefacio de Difuntos), por lo cual allí ha de estar también nuestra conversación (Filipenses 3, 20) donde se encuentra el Salvador cuya venida esperamos (Colosenses 3, 1 ss.). Nuestra vida debe ser un tránsito por el desierto, en tiendas de campaña, según el ejemplo de Abrahán que nos presenta el mismo Apóstol (Hebreos 11, 8 s.).

14 ss. Notemos los celos doloridos con que Dios se ve menos obedecido que los hombres. San Pablo usa esta misma comparación en Hebreos 12, 9. Cf. Isaías 48, 8 s. y nota. Convertíos cada cual de su mal camino: Véase 3, 14 y nota. Sobre este importantísimo tema escribe Bossuet: “El pecador que difiere su conversión porque cuenta con el tiempo, trata de engañarse, y el tiempo pasa rápidamente, porque, aunque eternamente varía, casi siempre presenta el mismo aspecto. Sólo largos años descubren su impostura. La debilidad, las canas, la alteración visible del temperamento, nos fuerzan a notar que una gran parte de nuestro ser se ha hundido y aniquilado, pero el tiempo, para engañarnos no nos despoja sino poco a poco; nos lleva tan dulcemente a los extremos opuestos, que llegamos a ellos sin pensarlo. Así es que la malignidad del tiempo hace correr insensiblemente la vida; y no pensamos en nuestra conversión. Caemos de repente y sin creerlo en los brazos de la muerte, y sólo sentimos nuestro fin cuando lo tocamos.”

JEREMÍAS 36

1. El año cuarto de Joakim corresponde al 605 o 604, de nuestra cronología.

3. Se convertirán tal vez... y Yo les perdonaré: Aquí se manifiesta de nuevo el corazón misericordioso de Dios. Cf. 31, 3 y nota. ¡Cuán grande es la clemencia de Dios para con nosotros con tal que nos volvamos a Él! (Eclesiástico 17, 28). “¿Qué es el pecado ante la misericordia de Dios? Una telaraña que desaparece para siempre al soplo del viento” (San Crisóstomo).

6 ss. Ve, pues, tú, y lee al pueblo, etc.: He aquí una enseñanza que nos ilustra sobre el papel de la Acción Católica. El laico no puede ejercer la función sacerdotal de celebrar el Sacrificio ni la de administrar los Sacramentos. Pero puede, como quiso Pío XI, participar en esta otra función de difundir las palabras de Dios entre el pueblo. Véase IV Reyes 23, 1 y nota; Nehemías 8, 1-12. Sobre el valor de esta palabra escrita véase lo que dice Jesús en Juan 5, 46 9. Cf. Baruc 1, 5 y nota. En un día de ayuno; porque en los días de ayuno se reunía mucha gente en el Templo. En efecto, fue proclamado un ayuno extraordinario (versículo 9) para pedir a Dios el favor de que los librase definitivamente de Nabucodonosor, el cual se había retirado después de humillar a Joakim.

18. Dictaba: La Vulgata agrega: como leyéndolas. Maldonado y Cornelio a Lápide ven en este pasaje una prueba de la inspiración divina de las profecías de Jeremías.

19. Ve y escóndete: La persecución por causa de la divina palabra no tardó en alcanzar a Baruc, como a Jeremías y a todos los fieles predicadores. Véase Salmo 15, 4; 118, 51 y notas. Mas la fuerza de la palabra se ve en el hondo efecto que aquí produjo, pues es el arma de Dios (Hebreos 4, 12) e instrumento de salvación (Romanos 1, 16).

23. Esta ira satánica contra el instrumento que guarda la sabiduría, recuerda la fábula de aquel hombre que rompió el espejo que le mostraba su fealdad. El apóstol Santiago compara la palabra con un espejo, y Jesús dice claramente que el mundo no puede amarlo, porque Él da testimonio de que sus obras son malas (Juan 7, 7; 3, 19).

26. Yahvé los ocultó: Así defiende Dios a los que anuncian su palabra. Los protege como a la niña de sus ojos, y si permite que sean perseguidos (versículo 19), Él mismo los libra amorosamente como a párvulos incapaces de defenderse. “Aunque mil caigan junto a ti, dice el salmista, y diez mil a tu diestra, tú no serás alcanzado” (Salmo 90, 7). Cf. Salmo 24, 14; 33, 20.

30. No tendrá quien se siente sobre el trono de David, es decir, no le sucederá ninguno de sus descendientes. Esta palabra del profeta se cumplió muy pronto. El hijo de Joakim, que se llamaba Joaquín o Jeconías, no pudo mantenerse en el trono. Sólo reinó tres meses (597 a. C.), y fue deportado a Babilonia. Véase 22, 25 ss.; IV Reyes 24, 8 ss. Le sucedió en el trono Sedecías, tío suyo, que fue el último rey de Judá y reinó diez años (597-587).

32. Dictó Jeremías por segunda vez los vaticinios que el rey había arrojado al fuego, y agregó algunos más, probablemente el de 22, 19 sobre el ignominioso fin de Joakim: “Será enterrado como un asno; le arrastrarán y le arrojarán fuera de las puertas de Jerusalén.”

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1. Sobre Sedecías véase 36, 30 y nota; IV Reyes 24, 17; II Paralipómenos 36, 10. De él dice el autor sagrado: “Hizo el mal delante de los ojos de Yahvé, su Dios, y no respetó a Jeremías, profeta, que le hablaba de parte de Yahvé. Se rebeló asimismo contra Nabucodonosor, el cual le había hecho prestar juramento en el nombre de Dios, y endureció su cerviz y su corazón para no convertirse a Yahvé, el Dios de Israel.” (II Paralipómenos 36, 12 s.)

5. El Faraón Hofra (Efree) de Egipto vino con un ejército a socorrer a Jerusalén, pero se retiró pronto y los caldeos pudieron reanudar el sitio de la ciudad.

12. Probablemente a Anatot, su ciudad natal, que se encontraba en el territorio de Benjamín, al norte de Jerusalén (cf. 1, 1; 11, 21). Bover-Cantera cree que lo que Jeremías quería, era hacer provisiones para el nuevo sitio que preveía.

14 s. También en esto es Jeremías figura de Jesucristo. Acusado falsamente responde con toda mansedumbre, lo cual no impide que lo prendan y lo sometan a la flagelación. Véase 11, 19; 18, 18; 26, 12 ss. y notas.

16. La casa de la mazmorra (Vulgata: la casa del lago) tal vez una cisterna, muy húmeda y malsana (cf. versículo 20), como la mencionada en 38, 6.

17. Secretamente, por miedo al pueblo y a los príncipes. ¡Qué pobre figura de monarca, ese último rey de Judá! En vez de gobernar, es gobernado por las masas. Cf. 38, 5 y 24 ss.

18. Véase 32, 3 s.; 34, 2 s.; 38, 17 s.

19. ¿Dónde están vuestros profetas? Nótese cómo los oráculos mentirosos de los falsos profetas han afianzado la autoridad de Jeremías.

21. La conducta del rey, por humana que aparezca es, como la de Pilatos, falta de toda rectitud. Por un lado llama al profeta a su casa para oír una palabra de Dios (versículo 17), por el otro, manda confinarlo en el atrio de la cárcel. Cada día un pan: La Vulgata agrega: además de la vianda.

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4. Notemos cuan largamente se prolonga esta situación que somete al profeta a la desconfianza de sus compatriotas, por predicarles lo que Dios les ordenaba para su verdadero bien. Es ésta quizá la mayor prueba de fidelidad: jugarse la propia reputación por obedecer a Dios. Aquí y en 26, 11 vemos que la resistencia a la palabra de Dios tiene a veces un seudo-fundamento patriótico.

6. El encarcelamiento de Jeremías tiene cinco fases. Primera, fue detenido al salir por la puerta de Benjamín y metido en la cárcel que había en la casa de Jonatán (37, 11-15). Segunda, el rey después de consultarle secretamente, le libra y dispone que sea guardado en el patio de la cárcel (37, 20). Tercera, el profeta es echado en la cisterna de Melquías (38, 6). Cuarta, un etíope consigue su liberación y el profeta es metido en el patio de la cárcel, de donde lo llevan a la presencia del rey que jura no quitarle la vida (38, 9-16). Quinta, Jeremías queda en el patio de la cárcel hasta el día en que es tomada la ciudad (38, 28).

7. Un eunuco extranjero es más humano y valiente que los ciegos políticos judíos. Recordemos que Nuestro Señor Jesucristo nos señala lo mismo en el ejemplo del samaritano caritativo (Lucas 10, 33 ss.). Cf. 39, 16.

15. No me vas a escuchar: Así dice Jesús a sus jueces en Lucas 22, 67 s. Efectivamente, el rey no escuchó a Jeremías (versículo 28). Véase en 39, 5 s. cuan cara le costó su incredulidad.

17 s. Jeremías explica ahora lo que había dicho en 37, 16.

19. El rey Sedecías. por lo visto, cree en la autenticidad de la profecía de Jeremías y querría seguir su consejo, pero también esta vez prevalece el temor que le impide hacer lo que la razón le aconsejaba.

22. Tus mejores amigos: Otra traducción: tus varones pacíficos, en sentido irónico. El profeta se refiere a los malos consejeros y falsos profetas que siempre anunciaban la paz. Véase 12, 10 ss.; 14, 13; 23, 16 ss. y notas.

26. En la casa de Jonatán se hallaba el pozo en que lo habían echado anteriormente. Véase 37, 14.

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1 s. Véase 52, 4-16 y IV Reyes 25, 1-21. El sitio de la ciudad se prolongó por espacio de dieciocho meses menos un día.

3, Entre los príncipes se nombra también Rabmag, cuyo nombre significa “jefe de los magos”, por donde se ve que en el ejército de los caldeos había magos que consultaban a los dioses. Cerca de la puerta media: Tal vez una puerta que separaba a Sión de la parte baja de la ciudad (Bover-Cantera).

4. El Arabá: aquí la depresión geológica al norte del Mar Muerto, donde corre el Jordán. El mismo nombre se da en la Biblia a la depresión al sur del Mar Muerto.

5 s. Riblá (Vulgata: Reblata), ciudad de la Siria septentrional, donde Nabucodonosor tenía su cuartel general. Le sacó los ojos (versículo 7): Dura costumbre de los vencedores asirios y caldeos que vemos aplicada también por los filisteos en el caso de Sansón (Jueces 16, 21). Fue descubierto un relieve asirio que representa al rey Asurbanipal cegando personalmente a algunos prisioneros mediante una lanza.

12. Los caldeos consideraban al profeta Jeremías como partidario y amigo suyo. En realidad no lo era, sino que anunciaba solamente la voluntad de Dios, sin miramientos políticos. La conducta del rey pagano, favorable a Jeremías, fue continuada por su general (40, 2 ss.). Es de notar que el mismo rey fue también propicio al profeta Daniel, como se ve en los primeros capítulos del libro de Daniel.

13. Los nombres no concuerdan con los del versículo 3. La diferencia se debe probablemente a los copistas.

14. Del patio de la cárcel: Cf. 38, 28. Godolías es el jefe del resto del pueblo judío. Los caldeos lo habían constituido gobernador del país conquistado. Sobre Ahicam véase 26, 24 y nota.

15 ss. Esta profecía fue dada a Jeremías antes de la toma de la ciudad. Se refiere al etíope Ebed Mélec que había librado al profeta (38, 7 ss.) y ahora se ve librado él mismo del peligro de muerte. También Jesús promete una recompensa especial a los que sostienen a un profeta: “El que hospeda a un profeta en atención a que es profeta, tendrá galardón de justo” (Mateo 10, 42). ¡Cuánto más el que salva la vida de un profeta!

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3. De aquí se desprende que el profeta no fue puesto en libertad inmediatamente, sino tan sólo en Ramá, ciudad situada a 8 kilómetros al norte de Jerusalén y lugar donde los caldeos reunieron a los cautivos para llevarlos a Babilonia.

6. Masfá, probablemente el actual Tell en Nasbe, a 12 kilómetros al norte de Jerusalén, centro religioso y político en tiempo de Samuel. Véase Jueces 20, 1; 21, 1; I Reyes 7, 5 ss.; III Reyes 15, 22; II Paralipómenos 16, 6. Y habitó allí en medio del pueblo que había quedado: Recuérdese que el profeta fue tratado como mal patriota y traidor, y aun como impío, porque anunciaba la caída de Jerusalén y también del Templo que los falsos profetas declaraban indestructible por ser de Yahvé (7, 1 ss.; 11, 21; 18, 18, 26, 7 ss., etc.). Ese mismo profeta comparte la suerte de la escasa población que ha quedado viva entre las ruinas, perdona a sus perseguidores y consuela a los afligidos. En el Libro de las Lamentaciones le oímos cantar las elegías inmortales sobre la caída de la Ciudad Santa y poco después le vemos acompañar el resto del pueblo que huye a Egipto. Muchos tomaban, quizás, su conducta como ilógica y falta de consecuencia. Es lo que siglos más tarde se reprochará a Cristo, con casi las mismas palabras, pues todo parece en Él “ilógico”, particularmente la doctrina del Sermón de la Montaña y el mandamiento de renunciar a la justicia y amar a los que nos odian (Mateo 5, 43 ss.). Y sin embargo, aquí está el arranque de toda vida cristiana. Sin las preocupaciones por cumplir esas cosas “ilógicas”, que nos enseña Jesús, no somos cristianos. Lo que más nos cuesta soportar son las mortificaciones que nos vienen del mundo que nos considera como tontos y locos. Jesús pasó por tal entre sus parientes (Marcos 3, 21 y 31 ss.), por endemoniado ante los doctores (ibíd. 22), por blasfemo ante el Sumo Sacerdote (Mateo 26, 25 ss.) y por criminal ante el pueblo que lo vio en el patíbulo (Lucas 22, 37). Si meditamos esto, empezamos a comprender cuán lejos estamos de seguir el ejemplo de Cristo.

9. Cf. IV Reyes 25, 24, donde se repite este mismo consejo, Godolías no hace sino lo que Dios había mandado por boca del profeta: obedecer al rey de Babilonia.

16. Godolías piensa caballerescamente de Ismael. Pronto vemos (41, 2 ss.) cuan imprudente es creer en los hombres que no apoyan su conducta en la voluntad de Dios.

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2. Véase IV Reyes 25, 25. Después del cautiverio los judíos instituyeron un día de ayuno para recordar este triste acontecimiento.

5. Los peregrinos que vienen del antiguo reino de Israel están vestidos de luto por la destrucción del Templo. Ismael simula igualmente luto para engañarlos (versículo 6). La barba raída: En Levítico 19, 27 s. Moisés prohibía esta forma de luto, lo mismo que las sajaduras, porque eran costumbres paganas y revestían carácter idolátrico. Cf. Deuteronomio 14, 1. En la Casa de Yahvé, es decir, en el Templo destruido ya por los caldeos.

8. La compasión interesada de Ismael recuerda el perdón que Saúl desobedeciendo a Dios concedió a Agag, rey de los amalecitas, para apoderarse de sus rebaños (I Reyes 15, 9).

9. Véase III Reyes 15, 22; II Paralipómenos 16, 5.

12. Gabaón estaba situada a 9 kilómetros al noroeste de Jerusalén. Allí se batió Abner, general de las tropas de Saúl, con el ejército de David (II Rey, 2, 13 ss.) y mató Joab a Amasá (II Reyes 20, 8).

17 s. Huyeron a Egipto, temiendo que Nabucodonosor tomase venganza no sólo de los asesinos de Godolías sino de todo el resto del pueblo. En Gerut-Camaam: No se sabe si se trata o no del nombre de una localidad. La Vulgata vierte: estuvieron peregrinos en Camaam; Nácar Colunga: en los apriscos de Camaam; otros: en las posadas de Camaam. Cf. II Reyes 19, 37 s.

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1 ss. Vinieron todos, chicos y grandes, a consultar a Jeremías, el padre del pueblo. Parece que en aquel tiempo se hallaba en Jerusalén reorganizando espiritualmente el pequeño resto que vivía entre los escombros. Lo buscan entre las ruinas y lo encuentran probablemente en aquel lugar donde estaba el Templo. Después de cumplirse todas las profecías de Jeremías ha aumentado tanto su prestigio que piden su intercesión ante Dios y prometen obedecerle en adelante a todo trance (versículo 6). Recuérdese la promesa de Pedro (Juan 13, 36 ss.). Vana promesa de un vulgo inconstante (43, 2) que tantas veces ha maquinado su muerte. Como intercesor Jeremías es figura de Cristo.

4. Ellos le habían dicho: tu Dios; el profeta les dice: vuestro Dios (versículo 13), para animar su fe y mostrarles que él no monopoliza la oración ni se interpone entre ellos y Dios, sino que, al contrario, está empeñado por acercarlos a Dios.

7 ss. Pasaje elegido para la Epístola de la Misa votiva en tiempo de guerra, a fin de avivar la fe del pueblo en ese triunfo que no se obtiene con los carros y caballos, sino solamente con la intervención de Dios (Salmo 32, 10-12).

14. El sonido de la trompeta era señal del estallido de la guerra. En Egipto creían estar fuera de la zona de las operaciones bélicas de Nabucodonosor. No pensaban que para Dios no existen distancias y que nadie puede esconderse de su vista. Cf. Salmo 138, 8 y nota.

18. Seréis objeto de execración, etc.: seréis citados entre los demás pueblos como ejemplo de la maldición divina. Cf. 18, 16; 24, 9; 26, 6; 29, 18; 44, 12, etc. y notas.

19. No vayáis a Egipto: Se refiere a Deuteronomio 17, 16. Tomad nota de que Yo os advierto el día de hoy: Es notable que el Señor no los mueva a ninguna iniciativa, sino, al contrario, a esa pasividad que es la más difícil prueba de la fe, porque nadie se resigna a ella si no tiene una confianza absoluta. Véase Isaías 30, 15 ss.; 40, 27 ss.

20. Os engañasteis a vosotros mismos. “Lo dijo Jeremías a los capitanes y al pueblo entero cuando, después de haber logrado conocer la voluntad de Dios, declararon falsa la profecía porque no concordaba con sus propios deseos. Lo podría decir también a los que hoy en día leen la Sagrada Escritura para conocer la voluntad de Dios y cuando ven que está en contra de sus juicios, de su modo de pensar y de su modo de vivir, dan vuelta a las palabras divinas hasta que salgan con la suya. Y si esto ya no es posible porque encuentran la verdad y la voluntad de Dios expresadas sin sombra de duda, pretenden hacer creer, a sí mismos y a los demás, que bajo estas palabras claras está escondido un simbolismo cuyo significado buscan a costa de la verdad, la cual esquivan a todo precio. ¿No fueron más sinceros los judíos que al abandonar a Jesús decían: «Dura es esta doctrina, quién puede escucharla»? (Juan 6, 61)” (Elpis).

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2. Es mentira: Así habla el corazón pervertido. En realidad, saben muy bien que Jeremías no miente y que nada le importa la impresión producida por sus palabras. Aunque le echaran en la cárcel por tercera vez, no cambiaría siquiera un ápice de lo que Dios le ha revelado. Quebrantan también, con su conducta, el juramento dado en 42, 5. Es que nada resulta más duro que perseverar en las opiniones de Dios cuando van contra los deseos del corazón.

3. Baruc, el secretario del profeta, es objeto inmediato de las acusaciones que en realidad se dirigen contra Jeremías.

6. Colígese de aquí y de 42, 9 ss. que el profeta fue arrastrado a Egipto contra su voluntad. Nótese el contraste con el versículo 2, donde le tratan de mentiroso. ¿De qué les sirve un profeta mentiroso? ¿Por qué le llevan consigo? ¿No es precisamente porque saben que su palabra es auténtica y que Dios está con él? Tenemos en este episodio un ejemplo de la inconsecuencia humana. Por una parte queremos ser fieles a la palabra de Dios, que nos atrae con sus divinas promesas; y por otra parte la rechazamos cuando no concuerda con nuestros intereses. En vano intentaremos servir a dos señores, a Dios y a los apetitos de la carne, pues, como dice Jesús, el que quiere servir a dos señores, “o tendrá aversión al uno y amor al otro, o, si se sujeta al primero, mirará con desdén al segundo” (Mateo 6, 24).

7. Tafnis: Cf. 2, 16; 44, 1. En Tafnis, situada en el delta del Nilo, residían en aquel tiempo los faraones.

9. Escóndelas con argamasa en el empedrado, etc.: Se trata aquí de una profecía simbólica, semejante a la del capítulo 13, donde el profeta recibe la orden de esconder un cinturón en la ribera del Éufrates (13, 1 ss.). El texto admite muchas traducciones si bien el sentido es siempre el mismo. La Vulgata dice: escóndelas en la bóveda que está debajo del muro de ladrillo a la puerta de la casa del Faraón; Bover-Cantera: escóndelas con mortero espeso en la obra de ladrillo que se halla a la entrada de la casa del Faraón.

10. Pocos años después Nabucodonosor invadió Egipto dos veces, la primera, en 572, la segunda, en 568. Mi siervo: sobre este título del rey de los caldeos, véase 25, 9 y nota.

12. Despiojará: Nada más gráfico que esta imagen del pastor que limpia su vestido de los piojos. La Vulgata trae otro sentido: se vestirá de la tierra de Egipto, es decir, ocupará el país como si fuese suyo.

13. Alusión a los obeliscos del templo del Sol en On. La Vulgata da a esta ciudad el nombre de Casa del Sol. Véase Isaías 19, 18. Los griegos la llamaban Heliópolis. On o Heliópolis se menciona ya en Génesis 41, 45. Estaba situada a pocos kilómetros al norte del Cairo y era centro del culto que los egipcios tributaban al Sol. Hoy día es un montón de ruinas, y de sus obeliscos, símbolos de los rayos del Sol, uno solo, de 66 pies de altura, ha quedado allí como testigo solitario de la gloria desvanecida. Otro de esos obeliscos fue llevado a Roma y está ahora ante la Basílica de San Pedro. Así el símbolo del sol está hoy dedicado al “Sol invictus” Jesucristo y ostenta en letras de oro las palabras: “Christus vincit, Christus regnat, Christus imperat.”

JEREMÍAS 44

1. Sobre Tafnis véase 43, 7 y nota. Migdol (Mágdalo), ciudad fronteriza que los arqueólogos ubican en la región del canal de Suez. Nof o Menfis, a 20 kilómetros al sur de El Cairo (cf. 2, 16; Isaías 19, 13). Patros: en egipcio p-to-res (país del sur), nombre del Alto Egipto. Jeremías se dirige a todos los judíos que vivían en el país de Egipto, no solamente a los recién venidos. Llama la atención la existencia de judíos en Patros, el extremo sur de Egipto. En el siglo V a. C. encontramos allí, en Elefantina, una colonia militar judía que disponía de un templo de Yahvé.

3 ss. En estos celos del amor de Dios vemos la razón por la cual Él tanto se oponía a que fuesen a Egipto. La idolatría de Israel siempre fue la causa de sus males, porque su divino Esposo la miraba como un adulterio. Véase Salmo 105, 19 y nota. No escucharon (versículo 5): Véase 25, 4; 35, 15.

11. Cf. 21, 10; Levítico 17, 10; 20, 5 s.; Amós 9, 4.

13 s. Los castigaré: la profecía se refiere a la invasión de Egipto por Nabucodonosor. Cf. 43, 10 y nota. Aun en este caso Dios no extingue todas las luces. Se salvarán algunos fugitivos (versículo 14), entre ellos Baruc, el secretario del profeta.

15. Las mujeres presentes allí en gran número: “Las costumbres judías no permitían que las mujeres se reuniesen en gran número excepto en las solemnidades públicas. Es, pues, probable que la reunión de la cual se trata aquí, era una de esas solemnidades” (Vigouroux).

17. La reina del cielo: la diosa Astarté de los fenicios (Istar de los asirios), a la cual las mujeres solían ofrecer tortas redondas y chatas como el disco de la luna. Cf. 7, 18 y nota. Véase las excusas de las mujeres en el versículo 19. Además daban culto a Adonis, como vemos en Ezequiel 8, 14.

26. En Egipto no será pronunciado más el Nombre de Dios, pues los judíos idólatras, refugiados en Egipto, perecerán, y los piadosos dejarán el país obedeciendo la palabra del Señor (versículos 14 y 28). Dios nos enseña aquí que Él se retira de los que se retiran de Él, como Jesús lo hizo en Gerasa (Lucas 8, 37). El peor castigo del desamor es el endurecimiento del corazón, la obstinación y ceguera espiritual. No hay peligro más grande que esa libertad que tanto defendemos.

30. El rey Hofra, perdió la vida en la lucha con su rival Amasis. Con este capítulo terminan los oráculos de Jeremías relativos al pueblo judío. Su actividad entre los fugitivos, sobre todo su predicación contra la idolatría, le valió, según una tradición judía, el martirio en Egipto.

JEREMÍAS 45

1. Véase la orden de Dios de escribir las profecías de Jeremías en un libro (36, 2). Parece que Baruc se llenó de temor al ver cómo el rey quemaba el primer ejemplar escrito de las profecías de Jeremías (36, 20 ss.). Creía que le matarían, porque era amanuense del profeta, el cual se hallaba en la cárcel y no podía publicar las profecías de otra manera.

4. Voy a desarraigar lo que he plantado: Cf. 1, 10 y Eclesiastés 3, 1 ss. y nota.

5. La promesa que Dios da a Baruc muestra que Él no ha reprobado los lamentos del profeta. Veamos en el Salmo 68 y notas las quejas que David pone en boca de Jesucristo. Pero Dios, dice el mismo Real Profeta, está al lado de los que tienen el corazón atribulado (Salmo 33, 19). “Tú hieres, y das la salud; Tú conduces hasta él sepulcro y resucitas, sin que nadie pueda sustraerse de tus manos” (Tobías 13, 2). Recuérdese la fiel y valiente actitud de Baruc en el capítulo 36. Te daré la vida como botín: locución hebrea, que quiere expresar la gratuidad de la salvación. Véase la misma expresión en 21, 9; 38, 2; 39, 18; Filipenses 2, 6.

JEREMÍAS 46

2. En Cárquemis (Circesium), junto al Éufrates, los babilonios vencieron en el año 605 el ejército del rey Necao de Egipto, que antes había ganado la batalla de Megiddó que costó la vida al rey Josías de Judá (IV Reyes 23, 29 ss.; II Paralipómenos 35, 20).

3 s. Inutilidad de las armas cuando Dios no las quiere. Cf. Salmo 32 y notas. Uncid los caballos (versículo 4): los carros de guerra constituían la fuerza principal de los egipcios. Véase Éxodo capítulos 14 y 15; Isaías 36, 9 y notas.

5 ss. Empieza la descripción profética de la derrota de los egipcios en Cárquemis. El hebreo usa el pretérito profético.

7. Como el Nilo: La Vulgata dice: como una riada. El sentido es el mismo. El profeta alude al inmenso número de los egipcios que salen a campaña y se hinchan como el Nilo cuando sale de su cauce.

8. Destruiré la ciudad: la ciudad enemiga contra la cual marcha el ejército egipcio; es decir, Babilonia.

9. Etíopes, libios y lidios: tropas auxiliares de Egipto.

10. Día de venganza: Cf. Salmo 117, 24 y nota.

11. Sobre el bálsamo de Galaad véase 8, 22. Tan vanas son las medicinas como lo fueron las armas del versículo 3.

13 s. Sobre las expediciones de Nabucodonosor a Egipto véase 43, 10 y nota. Sobre Migdol, Nof (Menfis) y Tafnis (versículo 54) véase 43, 7; 44, 1 y notas.

15. Tu Toro: La versión griega de los Setenta dice: ¿Por qué cayó tu Apis? Alusión sarcástica al culto del toro (Apis) en Egipto, que tenía su santuario en Menfis. Su andar y la manera de exteriorizar su apetito, especialmente cuando comía de las manos de los visitantes, se tomaban por oráculos del dios Ptah, cuya encarnación el buey representaba. Todo Egipto hacía duelo cuando una de estas bestias moría. Nótese que toda esta grande indignación del Señor contra Egipto es a causa de esa idolatría con que se contaminaba su amada Israel. De la misma manera se indigna Jesús contra los que causan escándalo (Mateo 18, 7).

16. Espada destructora: La Vulgata vierte: la espada de la paloma. Véase 25, 38 y nota.

17. Ha dejado pasar el tiempo: Es una interpretación dudosa. La Vulgata dice: el tiempo trajo tumulto. La versión de los Setenta conserva este texto en palabras hebreas, que Condamín traduce literalmente: ruido demasiado tarde. Otra traducción: está perdido.

18. Dios exalta con términos magníficos a Nabucodonosor porque será su instrumento para castigar a otros pueblos. Cf. 25, 9; 43, 10 y notas.

19. La profecía sobre Nof (Menfis) se cumplió al pie de la letra, siendo hoy su lugar una soledad, cubierta de la arena del desierto.

20. Alusión a la adoración de vacas sagradas en Egipto. La vaca representaba a las diosas Isis y Hathor. Un tábano, es decir, Nabucodonosor, que viene del Norte.

25. Amón de No. Amón (Rah) era el dios del sol, cuyo santuario se hallaba en No-Amón. San Jerónimo creía que No era el nombre de Alejandría; de ahí la versión de la Vulgata: la multitud tumultuosa de Alejandría. En realidad no existía Alejandría en tiempos de Jeremías, pues la ciudad fue fundada más tarde por Alejandro Magno en el siglo IV. La ciudad de No es la homérica Tebas, famosa por sus cien puertas. En el siglo XIV antes de Cristo No fue escenario de la reforma religiosa de Amenofis IV, el cual destronó al dios Amón e introdujo un monoteísmo que culminaba en la figura del dios Aton. “El odio contra aquel dios le llevó a cambiar su primer nombre de Amenofis, que recordaba el nombre execrado (Amón está satisfecho), por el de Ikhnaton, que encerraba el nombre del dios dilecto (Aton está satisfecho); poco después, y por la misma razón, abandonó la capital, Tebas, trasladándose a la nueva ciudad fundada por él mismo y denominada Akhetaton (Horizonte de Aton), en lo que es hoy Tell el-Amarna, a unos 300 kilómetros al sur del Cairo” (Ricciotti, Historia de Israel, número 34). Bajo el reinado de Tutankhamón, sucesor de Amenofis, los sacerdotes de Amón lograron restablecer el culto de su dios y eliminar los efectos de la reforma monoteísta de Amenofis.

27. Siervo mío Jacob: Véase Jeremías 30, 10; Isaías 42, 1 y nota.

28. Con equidad: Vulgata: con juicio, esto es, con moderación, con misericordia. En medio de su ira aparece la suavidad del amor paternal para con Israel. Jamás se encrudece tanto la ira de Dios, que no esté suavizada por su misericordia. Véase 10, 24; 29, 11; 30, 10 s.; Lamentaciones 3, 22; Efesios 2, 4.

JEREMÍAS 47

2. Aguas que avanzan del Norte: el ejército de los caldeos.

4. Caftor: San Jerónimo vierte: Capadocia. Los filisteos traen su origen de la isla de Caftor o Creta (Deuteronomio 2, 23; Amós 9, 7). De ahí que juntamente con los filisteos, se mencionan a menudo los cretenses, p. ej. en el nombre de la guardia personal de David, “los feleteos y cereteos” (los filisteos y cretenses). Cf. III Reyes 1, 38.

5. Cortarse los cabellos y lastimarse con cuchillos eran entre los paganos las grandes manifestaciones de dolor. Véase 9, 26; Levítico 19. 27 s.; Deuteronomio 14, 1; III Reyes 18, 28; Isaías 15, 2. Resto de los gigantes: Otra traducción, resto de los valles.

JEREMÍAS 48

1. Los moabitas se mostraron como enemigos del pueblo judío desde Moisés hasta el tiempo en que habla el profeta. Merecen, pues, la ruina que se les predice en este tremendo oráculo. Los lugares aludidos se encuentran todos al oriente del Mar Muerto. Nebó, aquí nombre de una ciudad, y no del dios Nebo.

2. Madmén: San Jerónimo traduce según el sentido etimológico: la silenciosa.

7. Camos, dios nacional de los moabitas. Cf. Número 21, 29; Jueces 11, 24; III Reyes 11, 7.

8. El devastador: el rey de los caldeos. Lo mismo en los versículos 15 y 32.

9. Dad alas a Moab, etc.: Vulgata: dad flores a Moab, porque floreciente saldrá. Es preferible el texto masorético porque concuerda mejor con el contexto.

10. Sobre esta condenación de la tibieza véase el apóstrofe a Laodicea (Apocalipsis 3, 14 ss.). Ocioso parece declarar que no ha de verse aquí una doctrina guerrera, sino el celo por las cosas de Dios. En tal sentido dice también Jesús que hemos de odiar a padre y madre para ser sus discípulos (Lucas 14, 26).

11. El vino nunca trasegado no se depura. Vemos aquí que las pruebas son necesarias para las naciones lo mismo que para los individuos. Véase Isaías 25, 6; Sofonías 1, 12. San Jerónimo observa que Dios quita muchas veces a los pecadores las dulzuras de sus pecados, a fin de que, no habiendo querido conocer a Dios en la prosperidad, lo conozcan en la adversidad. “Cuando el Señor, dice San Agustín, permite o hace que seamos experimentados por las tribulaciones, muestra entonces que es misericordioso.”

13. Los males vendrán sobre los moabitas por su idolatría. Confiaban en su dios Camos, así como los israelitas en el becerro que el rey Jeroboam había erigido en Betel (III Reyes 12, 26 ss.).

20. Arnón: río principal de Moab que desemboca en el Mar Muerto.

25. El cuerno de Moab: El cuerno es símbolo de la fuerza. Cf. el término “cuerno de nuestra salud”, p. ej. en Salmo 17, 3 y en el Benedictus (Lucas 1, 69). De ahí que también se use para expresar el socorro que nos viene de Dios.

26. Los moabitas han de beber el cáliz de la ira de Dios, hasta que embriagados con ella vomiten y sean el escarnio de otros pueblos. Véase Isaías 51, 17 ss.

27. Dios defiende no sólo la suerte de Israel sino también su honor, y se constituirá en vengador de su pueblo. Véase Joel capítulo 3.

30. Dios se complace en humillar ese espíritu de suficiencia humana, que entre los paganos pasaba por virtud y heroísmo. Es éste un constante contraste entre la Biblia y el mundo, que explica, sin duda, en buena parte, el olvido de las Sagradas Escrituras.

31. Empieza aquí una elegía sobre la ruina de Moab que termina con una profecía acerca de su restauración (versículo 47). Kir-Heres: Vulgata: Muro de ladrillos. La Vulgata traduce así lo que significa el nombre de la ciudad de Kirheres o Kirharéset, llamada también Kir Moab, hoy día El Kerak. Véase versículo 36; Isaías 15, 1; 16, 7.

33. Campo feraz: Vulgata Carmelo. No se trata del monte Carmelo, que está en el noroeste de Palestina, sino de los campos fértiles, que en hebreo tienen el nombre de Carmelo. Cf. Isaías 10, 18; 16, 10. Gritos de alegría, en hebreo hedad. Sobre el sentido de esta palabra véase Isaías 16, 9 y nota. Cf. 25, 30.

37. Cabeza calva... barba rapada... sajaduras: Sobre estos ritos paganos véase Levítico 19, 27 a. y nota. Cf. 47, 5.

45. Una vez caída la ciudad de Hesbón no hay impedimento que pueda resistir. Jeremías cita en este lugar un refrán que se lee en Número 21, 28 s. Hijos del tumulto: los moabitas. El oráculo contra Moab se cumplió cinco años después de la caída de Jerusalén.

47. Haré que vuelvas en los últimos días: Lo mismo dice el profeta en 49, 6 de los ammonitas y en 49, 39 respecto a los elamitas. Fillion refiere este anuncio a los tiempos mesiánicos.

JEREMÍAS 49

1. Los ammonitas eran enemigos hereditarios de Israel, lo mismo que los moabitas (capítulo 48). Los ammonitas habían invadido poco a poco las ciudades de las tribus de Gad, Rubén y mitad de Manasés, que habitaban al oriente del Jordán. Cf. IV Reyes 15, 29; Amós 1, 13. Melcom: dios principal de los ammonitas.

2. Rabbat, llamada también Rabbat Ammón, capital de los ammonitas, hoy día Ammán. Israel heredará a sus propios herederos: heredar ha de tomarse en el sentido de desposeer: los israelitas desposeerán a los ammonitas, los cuales les hablan quitado este territorio. Dicho territorio forma hoy día el reino de Transjordania, que vive en latente estado de guerra con el nuevo reino de Israel (Erets Israel).

3. Melcom va al cautiverio, como Camos (48, 7). Cf. Isaías 46, 1; Amós 1, 15.

4. Hija rebelde: Se refiere a la capital de los ammonitas. La Vulgata vierte: hija delicada.

7. Los idumeos (edomitas) abrigaban odio constante contra el pueblo de Israel, lo que les valió muchas amenazas de los profetas (Amós 1, 11 ss.; Joel 3, 19, y Abdías). Teman: nombre de un nieto de Esaú (Génesis 37, 11) y de una región idumea, cuyos habitantes pasaban por sabios (Job 2, 11; Baruc 3, 22). Ni siquiera ellos encontrarán remedio para Edom, Cf. Salmo 136, 7 y nota.

8. Esaú es el padre de los idumeos (Génesis 36, 1). Dedán: una tribu árabe, cuyas caravanas atravesaban el país de Edom.

10. Cf. Abdías 6; Isaías 17, 14; Malaquías 1, 3.

12. Los que no estaban condenados a beber el cáliz: El cáliz significa la calamidad, como en el Apocalipsis (15, 5 ss,). Los que no estaban condenados, o sea, los israelitas por ser el pueblo de Dios. Si Israel no fue perdonado, a causa de su idolatría, ¿cómo serán perdonados los otros pueblos que jamás se convirtieron a Dios?

13. Bosra, importante ciudad de Edom, aquí representante de toda la nación. Cf. Isaías 63, 1 y nota; Ezequiel capítulo 35.

19. El león es el rey de Babilonia, que a manera de un león hambriento se arrojará sobre Edom y devastará todo el país. A quien Yo escogiere: Yahvé es dueño absoluto de todos los países, porque suya es la tierra (Éxodo 19, 5). El decreta la destrucción de un reino y la fundación de otro, sin dar cuenta a nadie. En el presente caso el escogido es el rey de los caldeos, instrumento elegido por Dios para castigar a todos los pueblos vecinos.

20. Serán arrastrados hasta los débiles de la grey, etc. Texto dudoso. Vulgata: Si no los derribaren los zagales del rebaño, si no destruyeren su habitación juntamente con ellos. Bover-Cantera: En verdad, los arrastrarán por tierra los zagales de la grey; ciertamente será asolada con ellos su morada. Nácar-Colunga: En verdad que serán conducidos por lo más ruin del rebaño, y a su vista se espantarán los pastizales.

23 s. Hamat y Arfad, las dos ciudades principales de la Siria septentrional; Damasco, capital de la Siria meridional.

25. Alusión a la hermosura y fertilidad de la región de Damasco, regada por las aguas de los  ríos Amaná y Farfar. Véase IV Reyes 5. 12.

27. Benhadad: nombre de tres reyes de Damasco, enemigos de Israel.

28 ss. Cedar designa a los nómadas, descendientes de Cedar, hijo de Ismael, que vivían en tiendas en el desierto entre Mesopotamia, Arabia y Siria, es decir, al oriente de Palestina (cf. Génesis 25, 13; Cantar de los Cantares 1, 4). Hasor: lugar desconocido y seguramente distinto de la localidad del mismo nombre situada en Galilea. Los hijos del Oriente: sinónimo de árabes. A ellos se les quitarán las tiendas (versículo 29), porque no tienen casas, ni puertas, ni cerrojos (versículo 31).

32. Los que se rapan las sienes: Cf. 47, 5; 48, 37.

34. s. Los elamitas que habitaban al este de Babilonia estaban ya en parte sometidos al imperio babilónico y eran sus tropas auxiliares. El arco de Elam: Alusión al arma en cuyo manejo se distinguían loa elamitas. Cf. Isaías 22, 6.

39. Haré volver a los cautivos de Elam: Esto se cumplió en tiempos de Ciro, y en sentido espiritual en tiempos de Cristo, pues entre los que oyeron a San Pedro en la fiesta de Pentecostés y se convirtieron, se hallaban también elamitas (Hechos de los Apóstoles 2, 9).

JEREMÍAS 50

1. Este capítulo y el siguiente profetizan la destrucción de Babilonia y, como es frecuente en las profecías, contemplan los acontecimientos históricos más inmediatos, como figura de sucesos mesiánicos y escatológicos, según puede verse comparándolos con los capítulos 17 y 18 del Apocalipsis. La ruina está profetizada también en Isaías capítulos 13 s. y 45-47.

2. Bel y Merodac (Marduk), los ídolos principales del panteón babilónico.

3. El pueblo que viene del norte, son los medos y persas, que medio siglo más tarde conquistaron el reino neo babilónico. Cf. Daniel 5, 30 y nota.

4 ss. Sobre la reunión de Israel con Judá y la nueva alianza véase 3, 18; capítulo 31; 33, 14 ss.; Ezequiel 37, 15 ss., etc. “Aquí (versículo 5) se habla también de la alianza entre Dios y todos los hombres hijos de Abrahán, según la fe, de que fue mediador Jesucristo” (Páramo).

7. Los enemigos se tienen por excusados porque creían hacer bien en destruir una nación rebelde contra su Dios. Para entender el sarcasmo de este versículo conviene leer el sorprendente discurso de Aquior (Judit 5), donde este pagano recto y sagaz sintetiza toda la historia de Israel y muestra cómo sus triunfos o calamidades le vienen siempre de su Dios, según su fidelidad o idolatría. Pero este Dios que así prueba paternalmente a su pueblo, no autoriza a otros a que lo hagan, y amenaza con extraordinaria severidad a todos los que hacen sufrir a Israel. Cf. 49, 7 y nota. Morada de justicia: Vulgata: hermosura de justicia.

8. Sobre la huida de Babilonia véase 51, 6 y 43; Isaías 48, 20; 52, 11; 55, 12; sobre la necesidad de salir de la Babilonia apocalíptica cf. Apocalipsis 18, 4 7 nota. En sentido espiritual Babilonia es el mundo, del cual dice San Juan: “No améis el mundo ni lo que esta en el mundo” (I Juan 2, 15). “¡Huye del mundo!, dice San Agustín, si quieres ser puro. Huye de las creaturas, si quieres poseer al Creador. Que te parezca vil toda creatura para que el Creador sea la dulzura de tu corazón.”

9. No vuelven vacías: dan en el blanco.

11. Mi herencia: el pueblo de Israel, escogido y amado de Dios, a pesar de sus ingratitudes.

12. Vuestra madre, a saber, Babilonia, la ciudad más grande de entonces. Tenía un perímetro de 18 kilómetros y sus muros estaban protegidos por 250 torres.

15. Cf. Salmo 136, 8 s. y nota.

16. La espada destructora: Vulgata: la espada de la paloma. Véase 25, 38 y nota; 46, 16. Cf. Salmo 136, 8 y nota.

17. Los asirios llevaron cautivos a los del reino de Israel (722 a. C.), los babilonios a los del reino de Judá (587 a. C.). Cf. IV Reyes 17, 6: 18, 13; 24, 10 ss.

20. Véase 3, 17; 31, 34; Isaías 32, 17 s.; 60, 10 ss., etcétera.

21. Exhortación dirigida a los enemigos de Babilonia. Se refiere en primer lugar a Ciro que fue instrumento de Dios para castigar a los caldeos y dar libertad a Israel Véase Esdras 1, 1 y nota. En vez de tierra de rebeliones dice la Vulgata: la tierra de los que dominan. Bover-Cantera conserva el término hebreo: país de Meratáyim, y lo explica en el sentido de “país de doble contumacia o rebeldía”. El códex N dice: a sinu pérsico. Sus habitantes que merecen castigo: Bover-Cantera: los habitantes de Peqod.

23. Martillo de toda la tierra, porque los reyes caldeos subyugaron a todas las naciones desde Persia hasta Egipto. Babilonia fue tan severamente castigada por ser la ciudad más orgullosa. “El orgullo es el principio de todo pecado” (Eclesiástico 10, 15), por lo cual es también un manantial de innumerables vicios y la raíz de muchísimos males. “Más vale ser loco que orgulloso” (San Juan Crisóstomo). Véase Salmo 72, 6; Proverbios 16, 5; Eclesiástico 10, 14 s. y nota. Santiago 4, 6.

26. ¡Cómo se ha cumplido esta profecía! Babilonia está en ruinas hasta el día de hoy. Solamente los arqueólogos de países europeos la visitan de vez en cuando para indagar sus rastros.

29. Se sublevó ya contra Dios en los albores de la humanidad en la construcción de la “torre de Babel” (Génesis 11), y más todavía en la destrucción del primer Templo de Jerusalén. Cf. Apocalipsis 17, 6.

34. Libertador, en hebreo “goël” (Redentor): véase 51, 36; Isaías 51, 22; 59, 20.

36. Impostores (Vulgata: adivinos): Los babilonios estaban orgullosos de sus artes mágicas y astrológicas. Sus adivinos se creían capaces de pronosticar acontecimientos futuros, mas no pudieron pronosticar la ruina de su ciudad.

41 ss. Véase 6, 22-24, donde este texto se aplica a los babilonios que marchan contra Judá. Aquí se aplica a los reyes que van a destruir a Babilonia.

44 ss. Véase 49. 19-21. donde las mismas amenazas son dirigidas contra Edom.

JEREMÍAS 51

1. Texto dudoso. Contra los moradores de Caldea: San Jerónimo vierte: sobre sus moradores que alearon su corazón contra Mí. Es ésta la traducción literal. Las letras que Corresponden a “alzaron su corazón contra Mí” han de leerse, según los rabinos, con aplicación del alfabeto mágico (atbasch). De esta manera se da el nombre de Caldea. Cf. el nombre de Sesac que corresponde a la misma regla (versículo 41; 25, 26 y nota).

5. Israel no es como una viuda que no tenga protector. El Santo de Israel, Dios, protegerá a su pueblo como el esposo a la1 esposa.

6. Véase en la nota al Salmo 136, 8 el notable paralelismo de este capítulo con lo relativo a la Babilonia del Apocalipsis.

7. Babilonia era un cáliz de oro en la mano de Yahvé: El cáliz es símbolo de la ira y del castigo. Quiere decir, que la ciudad de Babilonia era el instrumento de la ira de Dios que desolaba y oprimía a muchas naciones, mas al fin le toca a ella beber el cáliz que daba de beber a otros. Ésta es la suerte de los grandes de este mundo: ser instrumento en Su mano, y después desaparecer como si jamás hubiesen existido. Cáliz de oro se llama Babel por sus inmensas riquezas. Véase 25, 15; 49, 12; Isaías 45, 2 s. y nota.

8. Bálsamo: Se dice esto en sentido irónico. Véase 8, 22; 46, 11.

13. Alude a las muchas aguas del Éufrates que bañan la ciudad. Cf. Apocalipsis 17, 1 y 15. La medida de tus rapiñas: Bover-Cantera vierte: la medida del corte (de tu vida), y pone la siguiente nota: “literalmente «el codo» de medir, en el cual ha de cortarse el hilo de tu vida, bajo cuya imagen se expresa el violento final al quedar llena la medida de las usuras y ganancias ilícitas de Babilonia”.

15 ss. Los versículos 15-19 son casi idénticos con 10, 12-16.

20 ss. Me serviste de martillo; y no lo sabías. Te imaginabas ser brazo y eras solamente instrumento en manos de Aquel que gobierna los destinos de los pueblos. Cf. nota 7. Dios nos da en estos versos una admirable lección sobre la Providencia que en ningún instante deja de dirigir sola y como le place, la historia del género humano. “Ilumina a una nación con la antorcha de la fe, mientras deja a otra en las tinieblas de la infidelidad, sin que ésta tenga derecho de quejarse ni la otra de enorgullecerse. Dios concede también a cada uno la medida de la gracia y de dones sobrenaturales que juzga a propósito, sin que nadie tenga derecho a pedirle cuenta de su conducta.” Cf. Salmo 144, 17.

25. Monte se llama Babilonia por sus muros, cuya altura era inmensa (según Herodoto), y especialmente por el regio alcázar que parecía un monte.

27. Ararat: Armenia. Mení: región del Cáucaso. Asquenaz: país septentrional. De ahí que hoy día los judíos que viven en los países del norte se llamen askenasim, mientras los que vienen de España llevan el nombre de sefardim o sefarditas. Un jefe: El texto hebreo ha conservado un vocablo sumerio (tifsar) que significa jefe militar o civil.

28. Consagrad contra ella los pueblos: porque es una guerra santa de Yahvé. Por eso han de purificarse antes los guerreros.

33. Una era... trilla... cosecha: Alusión a la ruina de Babilonia, que será trillada como se trilla el trigo. Cf. Joel 3. 13: Apocalipsis 14. 7 s. y 15.

34 s. Son palabras de Jerusalén que desea que Dios vengue la sangre derramada por Nabucodonosor.

36. Su mar: la red de sus canales, hasta hoy no reparados. Aquí, como en el versículo 24, Dios destaca su carácter de vengador de sus amigos, para que en la tribulación esperen confiados a que llegue su hora. Véase 50, 34; Salmo 9, 20; 65, 5; 108, 1; Proverbios 24, 29 y notas.

37. Objeto de pasmo. Véase 50, 39; Isaías 13, 19; 21, 4; Apocalipsis 17, 6; 18, 2.

41. Sesac, nombre de Babilonia según el alfabeto mágico. Véase 25, 26 y nota.

44. Arrancaré de su boca lo que ha engullido. Alusión a la voracidad del dios principal de Babilonia. Según Daniel 14, 2 se ofrecían a Bel día por día cuarenta ovejas, seis cántaros de vino y doce medidas de flor de harina; cosas que en realidad formaban la comida de los sacerdotes.

48. Los cielos y la tierra: Notable coincidencia con Apocalipsis 18. 20; 19, 1 ss.

53. Cf. 49, 16; Amós 9, 2; Abdías 4.

58. El espesor de los muros era de 17 ½ metros y la circunferencia de 18 kilómetros. Véase 50, 12 y nota.

59. El profeta vuelve al tiempo de Sedecías. “Poco después de las embajadas de los reyes a Jerusalén y del oráculo del yugo (capítulo 27). Sedecías debió ir a Babilonia a sincerarse ante Nabucodonosor. Sería entonces cuando Jeremías envió estos vaticinios a los de la primera deportación” (Nácar-Colunga).

63. Figura semejante usa el apóstol San Juan en Apocalipsis 18, 21.

JEREMÍAS 52

1. Este capítulo es un apéndice añadido para demostrar el cumplimiento de las profecías acerca de la ruina de Jerusalén. Corresponde a IV Reyes 24, 18-25, 30. Véase allí las notas.

9 s. En el correspondiente pasaje de los Libros de los Reyes (véase nota al versículo 1) faltan estos detalles. Cf. 32, 4.

12 s. Es el cumplimiento de lo anunciado en 34, 22 y 37, 7. Véase 39, 12 ss.

15 s. Véase 39, 9 s.

20. Era imposible pesar el bronce: Tan grande fue el botín que hicieron. Cf. III Reyes 7, 15 ss. y 47; IV Reyes 16, 17.

23. Texto dudoso: Bover-Cantera vierte: Las granadas eran noventa y seis, al aire. Por su parte, Nácar-Colunga: Las granadas eran noventa y seis, pendientes.

31. Evil-Merodac, en babilónico Amilmarduk, fue sucesor de Nabucodonosor. Levantó la cabeza de Jeconías (cf. IV Reyes 25, 27-30), es decir, le dio la libertad, aunque lo guardase en palacio. Esta benevolencia del rey de Babilonia para con el rey de Judá procedía, según tradición judía, de que habían hecho amistad en la cárcel donde aquél había estado encerrado por su padre. Gracias a esto se conservó con Jeconías la estirpe de David, tal como el Evangelio nos la presenta en la genealogía de Jesús (véase Mateo l, 12 ss.; Lucas 1, 32).