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CAPÍTULO 1
1. Sobre las cuestiones introductorias véase la Introducción al Pentateuco.
5. Cf. Génesis 46, 26, donde resultaron sesenta y seis. Aquí se incluyen Jacob, José y sus dos hijos.
8. Un nuevo rey, esto es, una nueva dinastía que no se sentía vinculada a la casa de Jacob como los reyes hyksos que eran de raza asiática. Los egipcios abrigaban además el temor de que los israelitas fuesen un serio peligro en caso de guerra, ya que vivían en una región fronteriza.
11. Según Flavio Josefo los judíos edificaron para los Faraones las pirámides. Mas, en realidad, éstas son anteriores a la permanencia de Israel en Egipto. Ciudades almacenes, llamadas así porque servían para almacenar las provisiones. Pitom, más tarde Heroónpolis en las cercanías del canal de Suez, al oeste de Ismailía. La posición de Ramesés es todavía discutida. Flinders Petrie cree haberla encontrado en el Wadi Tumilat, unos treinta kilómetros al oeste del canal de Suez, mientras que otros la identifican con Zoan o Tanis. Son muy numerosas las construcciones de aquel tiempo, erigidas casi todas por Ramsés II (1292 1225 antes de Cristo).
15. Se mencionan sólo dos parteras, no porque fuesen las únicas de un pueblo tan numeroso, sino porque estas dos, temiendo a Dios más que al rey, no ejecutaron la injusta orden. Las parteras tenían que matar a los niños en el instante del nacimiento, para que sus madres creyesen haberlos dado a luz muertos.
21. Les dio numerosa prole; literalmente: les edificó casas. Expresión semejante encontramos en Deuteronomio 25, 9; Rut 4, 11 ss.; II Reyes 7, 11; III Reyes 2, 24.
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CAPÍTULO 2
2. “Cuando la madre de Moisés supo que iba a ser madre, tuvo que estremecerse. Lo que antes la había llenado de júbilo ahora la llenaba de espanto, pues sabía que esta vida que sentía despertarse es su seno estaba condenada a ser destruida. Pasó nueve meses de angustias, nueve meses de esperanza que la criatura fuera una mujer… pero fue un varón. Y lo vio tan lindo que no pudo convencerse que Dios se lo había dado para que fuera matado. Creyó, creyó contra toda esperanza como Abrahán (Romanos 4, 18) y al esconderlo tuvo la esperanza de que Dios lo salvara” (Hebreos 11, 23).
10. El nombre de Moisés es de origen egipcio y significa: “sacado del agua”, o, según otros “hijo”. El futuro caudillo fue instruido en todas las ciencias de los egipcios y llegó a ser poderoso en palabras y obras (Hechos 7, 22). La divina Providencia dispuso así, a fin de que la educación egipcia le sirviese para salvar al pueblo hebreo. San Pablo atribuye esta obra a la fe de Moisés, diciendo: “Por la fe, Moisés, siendo ya grande, rehusó ser llamado hijo de la hija del Faraón, eligiendo antes padecer aflicción con el pueblo de Dios que disfrutar de las delicias pasajeras del pecado, juzgando que el oprobio de Cristo era una riqueza más grande que los tesoros de Egipto” (Hebreos 11, 24-26).
12. Según San Agustín y Santo Tomás, Moisés obró ya como el libertador elegido por Dios. Lo mismo dice el Espíritu Santo por boca de San Esteban en Hechos 7, 24 s. No lo juzguemos, pues, con nuestro pobre criterio. Moisés fue elegido por Dios como se ve en el Salmo 105, 23. En el mismo Salmo, v. 30, se dice que Fineés aplacó a Dios con un acto que también parecería cruel a los hombres. Cf. Números 25, 7.
15. Lo supo el Faraón: “Parece que Moisés, siendo hijo adoptivo de una princesa, no tendría tanto que temer de su hazaña; pero desde su adopción eran pasados cuarenta años y las cosas podían haber cambiado mucho en la corte. Además, la Providencia le llevaba por caminos ocultos a la realización de sus altos destinos” (Nácar-Colunga). Madián, región del desierto, situada entre la península de Sinaí y Arabia, al norte del golfo de Akaba. Los madianitas eran hijos de Abrahán y de su segunda mujer, Keturá.
18. Ragüel, llamado Jetró en 3, 1, era príncipe y sacerdote a la vez, como Job y Melquisedec. Ragüel significa “pastor de Dios”, esto es, sacerdote; Jetró significa “excelencia”. Uno de los dos nombres debe ser un título.
21. La permanencia en el desierto de Sinaí fue para Moisés el mejor medio de formación práctica, un complemento provechoso de la educación intelectual recibida en Egipto. Un caudillo como él, no sólo necesitaba conocimientos intelectuales, sino también, y más aún, las virtudes que se adquieren en el desierto: intrepidez, valentía, sagacidad en los peligros, abnegación. La vida oculta de Moisés es figura de la vida oculta de Cristo.
22. La Vulgata agrega a este versículo una noticia relativa a otro hijo de Moisés.
25. Los reconoció como suyos, es decir, se apiadó de ellos. Cf. 4, 22 y nota.
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CAPÍTULO 3
1. Jetró, llamado Ragüel en 2, 18. Véase allí la nota que explica los dos nombres. Horeb: otro nombre del monte Sinaí, situado en la parte sur de la península del mismo nombre.
2. Sobre el Ángel de Yahvé véase Génesis 48, 15 s. y nota. De los dos términos “Yahvé” y “Ángel de Yahvé” este último designa a Yahvé en cuanto se manifiesta; aquél, en cambio, a Dios como el Ser absoluto. La Vulgata traduce aquí: “el Señor”, en vez de “el Ángel de Yahvé”. Cf. Hechos 7, 30.
5. Muchos pastores conocían esa zarza en el desierto, pero únicamente Moisés vio en ella al Ángel de Yahvé. Es porque Moisés se había acostumbrado a vivir retirado del mundo, meditar en Dios y confiar en Él en todos los trances de su destierro. Dios ama a los que aman la soledad; por eso los grandes profetas del Antiguo Testamento, el Precursor y el mismo Jesús buscaban la soledad para estar con Dios. Santa Teresa opina que Moisés no escribió todo lo que vio en la zarza, sino solamente lo que quiso Dios que dijese; y cree la Santa que “si no mostrara Dios a su alma secretos con certidumbre, para que viese y creyese que era Dios, no se pusiera en tantos y tan grandes trabajos; mas debía entender tan grandes cosas dentro de los espinos de aquella zarza, que le dieron ánimo para hacer lo que hizo por el pueblo de Israel” (Moradas VI, 4, 7). En la zarza ven los Padres una figura de la Virgen Santísima: “Así como esta zarza hace resplandecer el fuego y no se quema, así la Virgen María ha dado al mundo la luz, sin perder la virginidad” (San Gregorio de Nisa). Lo mismo expresa la Liturgia en el Oficio de la Virgen: “En la zarza que Moisés vio que no se quemaba, reconocemos tu virginidad digna de todo elogio”.
6. El Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob: En esta triple enumeración ven algunos Padres revelado el misterio de la Trinidad. En Abrahán ve San Buenaventura la figura del Padre; Cristo es figurado por Isaac, que llevaba al cuello la leña, figura de la cruz; el Espíritu Santo, por Jacob, fecundo en procrear, pues el Espíritu es el que en la Creación fecunda las aguas. Cf. Génesis 1, 2; 18, 2; 19, 1 y notas.
11. Lo mismo dijeron Jeremías (Jeremías 1, 6), y otros profetas. Esta hermosa desconfianza de sí mismo es lo que atrae sobre los pequeños la predilección de Dios, que elige a los débiles para confundir a los fuertes. Véase I Corintios 1, 19-31.
12. Serviréis a Dios en este monte: Se trata de una señal futura como en Isaías 7, 14. El sentido es: “Verás de una manera evidente la verdad de lo que digo, en el día en que me ofrezcas un solemne sacrificio en este mismo monte”.
14. El nombre que Dios adopta para manifestarse es en hebreo Yahvé, que quiere decir: El que es, el Ser por excelencia, el “ens a se”, el Eterno. No hay nombre que signifique mejor la pre excelencia absoluta de Dios sobre todos los seres creados. El nombre de Yahvé no era completamente nuevo, encontrándose ya el mismo concepto de Dios en el nombre “El viviente y que me ve” (Génesis 16, 14). De ese nombre de Dios se han descubierto recientemente formas arcaicas: Yahu, Yah, Yo (esta última forma parte del nombre de Jocábed, madre de Moisés). Véase también Apocalipsis 11, 17; “Que eres, que eras y que has de venir”. Los judíos no se atrevían a pronunciar el majestuoso nombre, por lo cual ponían las vocales de Adonai (Señor) bajo las consonantes de Yahvé, el “Tetragrámmaton”, pronunciándolo como Adonai, procedimiento que en el siglo XIV d. C., cuando ya no se conocía la razón de la vocalización, dio lugar al nombre de Jehová, el cual no es más que Yahvé con las vocales hebreas de Adonai. En el Nuevo Testamento, con el envío de su propio Hijo, el Verbo Amor, Dios nos reveló su nombre de Padre, del cual nos dice Jesús: Dios es caridad” (I Juan 4, 8). Cf. Juan 17, 26.
22. Despojando así a los egipcios, como tomando despojos en justa guerra a los enemigos y no cometiendo hurto (Santo Tomás). Véase 12, 36 ss. Dios era perfectamente dueño de hacer, sin dar cuenta a nadie, cuanto le dictaba su infinita sabiduría Cf. Salmo 104, 14 y 44; 135, 17 ss.; Sabiduría 10, 15.
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CAPÍTULO 4
10. No desde ayer ni desde anteayer: modismo hebreo que quiere decir: desde hace mucho tiempo.
13. Te ruego que mandes, etc. La respuesta de Moisés quiere expresar: manda a quien quieras, pero prescinde de mí. Aquel que has de mandar: En sentido típico los santos Padres explican estas palabras al Mesías, quien es el Enviado por excelencia.
16. Él hablará por ti, es decir, como tu representante. De aquí viene la palabra “profeta”, que etimológicamente significa a aquel que “habla en lugar de otro”. Véase 7, 1, donde Aarón es llamado profeta.
21. Endureceré su corazón: Así habla Dios y no tengamos miedo de que Él peque. Pues, “de quien Él quiere tiene misericordia, y a quien quiere lo endurece” (Romanos 9, 18). Dios habría podido castigar al Faraón de mil maneras, pero prefirió castigarle “negando la misericordia”, como dice San Agustín. Semejante castigo cayó, según San Pablo, sobre aquellos que Dios “entregó a la inmundicia en las concupiscencias de su corazón” (Romanos 1, 24); lo cual, como observa Santo Tomás, no hizo empujándolos al mal, sino abandonándolos, retirando de ellos su gracia. Por esta misma razón pedimos en la sexta petición del Padrenuestro: “Y no nos dejes caer (literalmente: no nos introduzcas) en la tentación” (Mateo 6, 13). Cf. 9, 12; Jueces 9, 23; Salmo 80, 13 y notas.
22. El primogénito, no por propia virtud sino por la libérrima voluntad de Dios, que eligió a Abrahán para hacerlo padre de un pueblo escogido (cf. 19, 5; Deuteronomio 14, 1). Es a la voluntad del Señor a la que sí debe la elección de Israel como predilecto de entre todos los pueblos, pues es Él quien lo redime de la esclavitud de Egipto con brazo extendido (Éxodo 6, 6); y ellos forman su Reino, aunque la historia de su caída, que aún perdura, es otro ejemplo terrible, como el de Esaú, que renunció a los dones espirituales y por eso es llamado “profanador” (Hebreos 12, 16).
24 ss. La Biblia es el libro de los misterios divinos. Uno de esos misterios es la circuncisión que Dios impuso a Abrahán como marca de la Alianza y que como vemos aquí, Moisés descuidaba en su propio hijo. De ahí la venganza divina, a la cual Moisés escapó sólo por la prudencia de su mujer que circuncidó inmediatamente al hijo. La razón de la ira de Dios es evidente, pues un caudillo de Israel que no observaba la ley de la circuncisión, el sello del pacto con Dios, era algo imposible. No menos misterioso es el rito de tocar las piernas (del marido) y las palabras de la mujer: Tú eres para mi un esposo de sangre. Con la sangre del hijo redime Seforá a Moisés y subsana lo que faltaba a su matrimonio; es como si lo tomara de nuevo por marido, por lo que el texto hebreo dice literalmente “desposado”. Después de cumplir el rito de la circuncisión Yahvé soltó a Moisés, el cual pudo volver a Egipto para hacerse cargo de su misión.
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CAPÍTULO 5
2. He aquí los primeros indicios del endurecimiento del Faraón (cf. 4, 21 y nota); la incredulidad y soberbia. “Todo soberbio, dice San Bernardo, se hace superior a Dios. Dios quiere que se haga su voluntad, y el soberbio quiere que se haga la suya propia” (Serm. IV in Vig. Nat.). Ese endurecimiento causará al Faraón y a todo su pueblo una larga serie de castigos (cap. 7 ss.).
3. Camino de tres días: Según Flinders Petrie, es un término técnico, que los egipcios usaban para decir: dirigirse a la península de Sinaí. Cf. 8, 27.
7. La paja servía para mezcla con el barro, lo que daba más consistencia a los ladrillos. La crueldad consiste en que los israelitas, a pesar de perder mucho tiempo en buscar paja, tenían que hacer la misma cantidad de ladrillos que antes.
16. Siendo tu propio pueblo el que tiene la culpa, es decir, los egipcios. La Vulgata traduce: y se obra injustamente contra tu pueblo, refiriéndose a los hebreos. Los escribas hebreos quieren decir: no se nos da el material necesario, nos tratan con golpes, y además nos echan la culpa a nosotros.
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CAPÍTULO 6
2. Yahvé: La Vulgata dice: Adonái (el Señor), siguiendo probablemente un manuscrito que decía Adonái en vez de Yahvé. Sobre esta costumbre véase 3, 14 y nota.
3. Es muy interesante esta explicación de Dios sobre el uso de su nombre. Los modernos racionalistas encuentran una contradicción entre este pasaje y el texto masorético del Génesis, donde se ve que los patriarcas usaban el nombre de Yahvé (Génesis 4, 26; 9, 26; 15, 7 y 8). Los antiguos, que conocían el texto sagrado mejor que nosotros, no veían ninguna contradicción. Evidentemente quiere Dios destacar aquí el carácter exclusivo que este nombre tendrá en adelante para los israelitas, después de haberles Él explicado su verdadero significado en 3, 14. Cf. Génesis 2, 4 y nota.
7. Es la adopción solemne de Israel como pueblo de Dios (cf. 4, 22), en forma de adopción colectiva, no de cada alma individualmente como en el Nuevo Testamento, donde la adopción de hijo de Dios se realiza por la inserción vital en Jesús (véase Éfeso 1, 5 y nota). Es ésta una de las principales particularidades del Reino de Dios del Antiguo Testamento. Nácar-Colunga caracteriza este versículo muy acertadamente en una nota que dice: “Dos cosas encierra este versículo: Las relaciones entre Yahvé y su pueblo, y el conocimiento experimental que el pueblo debe tener de la protección de su Dios. En estos dos quicios gira la historia de Israel. Por eso estas ideas se hallan repetidas en los profetas hasta el Apocalipsis de San Juan (21, 3)”.
12. Incircunciso de labios: Los hebreos tomaban a menudo el vocablo “incircunciso” en sentido metafórico: defectuoso, imperfecto, impuro (cf. v. 30; 4, 10). Véase Deuteronomio 10, 16; Hechos 7, 51 y notas.
14. La genealogía que sigue tiene por objeto dar a conocer el abolengo de Moisés y Aarón como futuros jefes del pueblo; por eso no abarca todas las tribus de Israel.
20. Su tía: Vulgata y Setenta dicen: su prima hermana.
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CAPÍTULO 7
1. Moisés es constituido en dios del Faraón, esto es, juez. Cf. 4, 16; donde la palabra “dios” se usa en el mismo sentido. Tu profeta: tu representante, el que habla en lugar tuyo.
3. Yo endureceré. Véase 4, 21 y nota.
11. La tradición judía, citada por San Pablo en II Timoteo 3, 8, ha conservado los nombres de dos de los hechiceros; Jannes y Mambres. Sus prácticas pueden explicarse como prestidigitación, sin excluir los influjos del demonio.
14. Sobre esta primera plaga véase Sabiduría 11, 5 ss. El fin de las plagas era acreditar a Moisés ante el Faraón y convencer a éste de que el Dios de Israel era más poderoso que los dioses de Egipto. Una vez convencido, tendrá que dar libertad a los israelitas. No obstante, Dios tuvo que mandar diez plagas tremendas para ablandar el corazón endurecido del rey. ¿No es ésta también nuestra actitud ante Dios, que es Padre lleno de amor y misericordia? ¿Creemos con fe viva y operante que Él no se complace en hacernos sufrir, sino que cuando nos hace sufrir alguna aflicción en la carne o en el espíritu, lo único que busca, es nuestro bien espiritual? Cuando nos alejamos de Jesús, que es la Vida, el Padre se ve obligado a enviarnos la prueba del dolor, para evitarnos males mayores. ¡Ay del que huye de esta amorosa corrección paterna! (Hebreos 12, 6 ss.): Porque Dios nos ama con celos (Santiago 4, 5) y es terrible para el que desprecia su gracia (Hebreos 10, 30 s.).
25. Quiere decir que esta plaga duró una semana entera.
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CAPÍTULO 8
1 ss. En este capítulo corresponden los versículos 1-11 a los versículos 5-15 de la Vulgata, los versículos 12-15 a los versículos 16-19 y los versículos 16-28 a los versículos 20-32.
10. Para San Agustín, las ranas son una imagen de los hombres locuaces, especialmente de los herejes, faltos de sabiduría, que hacen mucho ruido e infectan con su mal olor a todo el mundo.
12. Esta tercera plaga, la de los mosquitos, perdura en cierta manera hasta hoy y parece imposible deshacernos de ella. Es de notar que la Palestina antigua, según parece, no era molestada por este insecto, mientras que hoy día es también una plaga para Tierra Santa.
15. El dedo de Dios: el poder de Dios; según San Agustín, el Espíritu Santo. (Cf. “Digitus paternae dexterae” en el himno “Veni Creator Spiritus”). Esta expresión (en latín: Digitus Dei est hic) ha pasado a ser un proverbio en el lenguaje cristiano, para indicar la intervención evidente de la Providencia.
17. Tábanos: Algunos traducen: escarabajos.
22. Llama abominación a los animales que los egipcios adoraban supersticiosamente, así corno la Biblia generalmente da el nombre de abominación a los ídolos paganos (cf. Deuteronomio 18, 9; 29, 17; III Reyes 4, 24; IV Reyes 21, 11, etc.). Los egipcios daban culto precisamente a aquellos animales que los israelitas tenían que ofrecer a Yahvé (toro, vaca, carnero).
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CAPÍTULO 9
6. Todo el ganado: “No se ha de entender esto en sentido absoluto, pues en seguida narrará el autor sagrado que muchos animales perecieron por el granizo” (Heinisch). Cf. v. 19 ss.
12. Yahvé endureció el corazón del Faraón. Véase 4, 21 y nota. No quiere decir que el hombre no tenga libre albedrío, sino que el rey, abusando de la libertad que Dios le había dado, se obstinó, y mereció que Dios le castigase con endurecimiento y ceguedad de corazón. “Terrible escarmiento y ejemplo espantoso del estado deplorable de un alma a quien Vos, Dios mío, abandonáis y dejáis en las manos de su consejo; y a quien no ablandan vuestros castigos, ni mueven vuestras misericordias” (San Agustín). San Pablo explica este estado del alma en II Tesalonicenses 2, 10-12, donde habla de “los que han de perderse en retribución de no haber aceptado para su salvación el amor de la verdad, por lo cual Dios les manda poderes de engaño”. Véase allí la nota.
16. Para que sea celebrado mi nombre: Otra lección: para que Yo muestre en ti mi poder. Así cita San Pablo este pasaje en Romanos 9, 17.
22 ss. Véase la descripción de esta plaga en Sabiduría 1«, 16 ss.
27. Yahvé es el justo: Notable confesión de un pecador tan empedernido, que endurece su corazón con cada nuevo milagro que Dios le muestra para convertirse. Si Dios es justo ¿por qué sigue rehusando obedecerle? “Es fácil temer la pena, pero esto no es temor de Dios” (San Agustín). Rechazar las obras evidentemente divinas y obstinarse en la senda del mal, es, según San Atanasio y San Ambrosio, pecar contra el Espíritu Santo; pues estas obras de la bondad y santidad de Dios son un don especial del Espíritu Santo. Cf. Mateo 12, 31, donde Jesús declara que tal pecado no se perdona.
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CAPÍTULO 10
2. Las grandes cosas que Yo hice en Egipto: Texto diversamente traducido. Los Setenta vierten: cuántas veces me he burlado de los egipcios. Vulgata: cuántas veces he desmenuzado a los egipcios.
10. Sea Yahvé con vosotros: Tiene sentido irónico en boca del Faraón que no pensaba en dejarlos salir.
13. El viento solano, o sea el viento del Este. Según los Setenta sería el viento sur.
15. Véase Sabiduría 16, 9. El profeta Joel describe una plaga semejante (Joel 1, 1 ss.; 2, 2 ss.). Cf. también Apocalipsis 9, 7.
21. Véase Sabiduría 17, 2 ss.
27. La obstinación del Faraón nos debe servir de escarmiento. Tantas veces ha prometido dejar salir al pueblo, pero pasada la plaga, se endurece cada vez más su corazón. Así también el pecador que resiste al llamamiento de la gracia, no sólo sigue en el pecado, sino que al fin pierde la gracia de convertirse. Dios puede perdonar y perdona todos los pecados, con tal que el pecador tenga un arrepentimiento sincero, pero no perdona y no puede perdonar a los que no quieren ser perdonados. Véase 9, 27 y nota.
29. La tierra es de Yahvé: Cf. 19, 5; Job 38, 6: Salmos 23, 2; 103, 9; 135, 6.
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CAPÍTULO 11
2. Véase el cumplimiento en 12, 36. Sobre el carácter de este pedido véase 3, 22 y nota.
3. Es el mismo Espíritu Santo quien prodiga a Moisés este elogio. Cf. Deuteronomio 34, 10. Estos grandes santos del Antiguo Testamento han de ser también objeto de nuestra devoción, como nos enseña la Iglesia al invocar en las letanías de los Santos a todos los santos Patriarcas y Profetas.
5. Los molinos de mano se componían de dos pequeñas piedras, la de abajo fija, y la de arriba móvil y provista de un asidero, mediante el cual las esclavas le daban vuelta para moler el trigo.
7. Ni siquiera ladrará un perro; a la letra: aguzará su lengua. “Este detalle del perro mudo es para dar a entender a los israelitas que no padecerán la menor molestia en personas ni animales, pues reinará entera paz en su salida de Egipto” (Bover-Cantera).
8. Esta profecía de Moisés se cumplirá muy pronto. Véase 12, 31 y 33.
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CAPÍTULO 12
1. Este mes: el mes de Abib o Nisán (marzo-abril), en contraposición a la costumbre que observaban, al parecer, hasta entonces, de comenzar el año nuevo en otoño.
5. Véase Levítico 22, 17-25.
8. Panes ácimos: panes sin levadura. El pan sin levadura era un símbolo de la pureza de costumbres y recordaba al pueblo que era un pueblo santo y debía estar libre de corrupción moral. La levadura simboliza el pecado, los ácimos la sinceridad y verdad (I Corintios 5, 8). “La razón principal que hacia proscribir el pan fermentado durante la octava de Pascua y en las ofrendas, era que la fermentación es una manera de putrefacción” (Vigouroux). Este concepto que se encuentra en todo el Antiguo Testamento, arroja luz sobre el significado del fermento en las parábolas de Jesús (Mateo 13. 33). ya que el Nuevo Testamento toma su terminología del Antiguo. Hierbas amargas: “La pascua de Cristo se come con ingredientes amargos”, dice San Jerónimo, y añade: “En las cosas de Dios no puede haber mero deleite; no le agrada dulzura alguna que no vaya sazonada con un gramo de austera verdad”.
11. El cordero pascual es imagen del Cordero de Dios inmaculado que quiso sacrificarse en la cruz y se nos ofrece por alimento en la Eucaristía. Como el cordero pascual libró a los israelitas del Ángel exterminador que traía la muerte, así Jesucristo nos rescató del poder del diablo y de la muerte eterna. De ahí que en el Nuevo Testamento Jesús sea llamado "Cordero" (Juan 1, 29; I Corintios 5, 7). El cordero pascual era un sacrificio real, una combinación de sacrificio pacifico y sacrificio por el pecado. Así también Cristo murió por nosotros como un sacrificio de pecado en la Cruz, y se nos da como oblación de paz en la Eucaristía. Cf. v. 46 y nota. Ceñidos, etc.; listos para marchar, porque para el viaje solían ceñir la túnica con un cinturón (véase Lucas 12, 35). Pascua, del hebreo Pesach, que significa “paso” (del Ángel exterminador).
15. Será exterminado: Véase v. 19 y Génesis 17, 14. Era la pena más grave, que perseguía también el fin profiláctico de impedir el contagio del resto del pueblo.
22. La aspersión de las puertas con sangre, no se hace sólo para distinguir las casas israelitas de las egipcias; tiene, además, carácter expiatorio, porque el cordero pascual es tipo del sacrificio de Jesucristo (I Corintios 5, 7). En el tazón: La Vulgata vierte en el umbral.
29. Esta última plaga que descargó sobre Egipto, fue más terrible que las otras de modo que el Faraón no solamente permitió la salida de los israelitas, sino que los expulsó en toda forma (v. 31). En esto se manifiesta que Dios es más fuerte que los fuertes del mundo y cómo al fin siempre sale con la suya (Lucas 1, 51 s.).
36. Cf. 3, 22; 11, 2 y notas.
37. Sobre Ramesés véase 1, 11 y nota. Sucot parece ser el nombre hebreo de Pitom (1, 11) o de una -ciudad vecina que se llamaba Teku. Seiscientos mil: ¿Es esta una cifra aritmética, o simbólica, a la manera de otros muchos números de la Biblia? ¿Se trata tal vez de una interpolación de los copistas? Hummelauer reduce el número a 6.000. Otros buscan la solución en una falsa interpretación de una sigla antigua, fundada en el sistema asirio-babilónico sexagesimal. Algunos recurren al expediente de dar otro sentido a la palabra hebrea “mil” (élef), pues este mismo vocablo significa también grupo, de manera que se puede traducir 600 grupos (en vez de 600.000). Sea lo que fuere, hasta que se aclare el asunto, hemos de tomar las cifras en su valor aritmético, pero parece ser éste uno de los puntos de los cuales dice el Papa Pío XII en la Encíclica “Divino Afflante” que necesitan nuevo estudio de parte de los intérpretes católicos.
38. Mucha gente de toda clase. Otra traducción: una turba de gente, es decir, esclavos, refugiados y pobres de otros pueblos. Cf. Números 11, 4; Levítico 24, 10 s.
40 s. Según Génesis 15, 13 y Hechos 7, 6 solamente 400 años, tal vez como cifra redonda. En los 430 años está incluida la estancia de Abrahán, Isaac y Jacob en Canaán. Lo mismo vale decir de Gálatas 3, 17. En cuanto al éxodo, este aconteció, según algunos, hacia el 1440 a. C. durante el reinado de Amenofis II (1448-1420). Con esta fecha concuerdan las cartas de Tell el-Amarna, escritas alrededor del año 1400 a. C. que hablan muchas veces de los “chabirí” (hebreos) como invasores de Canaán, precisamente en aquella época, si bien su identidad con los hebreos sigue discutida. Actualmente los exégetas, y especialmente los egiptólogos, se inclinan a fijar la salida de los israelitas en el siglo XIII, o sea, doscientos años más tarde, bajo el reinado de Merneptah (1225-1215) o Ramsés II (1292-1225). Así Vincent, Mallon, Sanda, Ricciotti. Las escuadras de Yahvé (y. 41), o sea, el ejército de Yahvé: el pueblo de Israel, llamado así porque Dios era su caudillo. Cf. v. 51.
46. La orden dada por el Señor de no quebrantar los huesos completa el simbolismo del cordero pascual como figura de Jesucristo, al cual no se le quebró ningún hueso (Juan 19, 31-37). Véase Números 9, 12; Salmo 33, 21.
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CAPÍTULO 13
2. Los primogénitos son propiedad de Dios; esta idea es antiquísima en la humanidad, y se establece expresamente como ley en el v. 1 de este capítulo. No obstante ello, Dios no quiere el sacrificio de los primogénitos, como algunos pueblos paganos creían, sino solamente su rescate. La obligación de consagrar los primogénitos a Dios se compensaba por una ofrenda de dinero (cinco siclos de plata). Este rito había de cumplirse de generación en generación y te cumplió también en Jesús (Lucas 2, 28). Cf. Levítico 27, 26; Números 8, 16 s. Desfilaba, pues, por decirlo así, una procesión perenne de primogénitos delante del Señor, representantes de todo el pueblo, que así reconocía perfectamente el señorío de su Dios, quien “exigía este tributo particularmente a los varones, para hacerse reconocer como jefe de todas las familias de Israel y para que en las personas de los primogénitos, que representaban el tronco de la casa, todos los demás niños fuesen consagrados a su servicio. De suerte que por esta ofrenda los primogénitos eran separados de las cosas comunes y profanas y pasaban a la categoría de las cosas santas y consagradas” (Bossuet, Sermón sobre la Purificación de María).
4. En el mes de Abib: Véase 12, 2 y nota.
9. De ahí la costumbre de los judíos de ceñir a la frente y a la mano izquierda cedulitas o filacterias conteniendo palabras de la Ley. Cf. Números 15, 38; Deuteronomio 6, 8; 11, 18 ss.; 22, 12; Mateo 23. 5.
17. Si hubieran tomado el camino de la costa hacia el país de los filisteos, éstos los habrían derrotado; y desalentados habrían vuelto a Egipto. “Esta es la imagen de lo que hace Dios con un alma en los principios de su conversión. Ve que acaba de entrar en una nueva vida, y que es todavía flaca; por lo que no permite que sea tentada, sino de manera que pueda fácilmente resistir a la tentación haciendo que salga de ella con ventaja y aprovechamiento” (Scío).
19. Véase Génesis 50, 25.
20. No se conoce la situación de Etam. Los modernos creen que corresponde al nombre egipcio Khetam, que significa fortaleza.
21 s. Yahvé iba al frente de ellos. En 14, 19 se llama al conductor divino Ángel de Yahvé. Cf. Génesis 16, 7; 28, 10-19; 31, 11 y notas. La columna de nube, que de noche era columna de fuego, es otro gran misterio del Antiguo Testamento. Según San Judas, se esconde en ella el Verbo eterno, el Enviado –pues esto significa Ángel– del Padre que rescató al pueblo de la esclavitud de Egipto (Judas v. 5) y lo acompañó en la columna de nube hasta su entrada en la tierra prometida. Se descorre aquí por un momento el velo que en el Antiguo Testamento cubre la actividad del Verbo, “sin el cual nada se hizo de lo que ha sido hecho” (Juan 1, 3). Cf. Salmo 77, 14; 104, 39; Sabiduría 10, 17; 19, 7; I Corintios 10, 1; Col. 1, 16. Esta explicación no es moderna, sino antigua. La presenta San Isidoro en la Pequeña Defensa de la Fe, cap. 1, y la sostienen Eusebio y otros Padres. Según esta opinión, el que desde el comienzo de la creación se aparecía a los hombres, revestido de la apariencia humana, no era el Padre o el Espíritu Santo sino el Hijo. San Isidoro dice, p. ej. en el lugar citado, refiriéndose a Éxodo 23, 20: “¿Quién es este Ángel a quien Dios entrega su potestad y su nombre? ¿Alguna otra potestad angélica? Esto es imposible creer; porque ¿quién hay en el cielo que pueda igualarse con el Señor? ¿Quién entre los hijos de Dios es semejante a Él? (Salmo 88, 7). Pues el que no se le iguala en la naturaleza no podrá tampoco igualársele en el nombre. Es, pues, este el mismo Hijo, que fue enviado por el Padre y que se aparecía visiblemente a los hombres” Cf. 17, 6; 23, 20 y notas.
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CAPÍTULO 14
2. Fihahirot, Migdol y Baalsefón, tres ciudades que hasta ahora no han sido identificadas con precisión. De ahí que tampoco se pueda determinar con seguridad el lugar donde los israelitas cruzaron el mar.
11. Véase 17, 3. Lo que más duele a Dios es este constante desconocimiento de sus bondades. Los Salmos 104-106 nos dan un compendio de las maravillas que el Señor obró por su pueblo. Cualquiera de nosotros que mirando hacia atrás repase su vida, puede comprobar lo mismo: un sinnúmero de favores del Padre celestial y la constante ingratitud nuestra.
14. Yahvé peleará por vosotros: “Cuando el pueblo de Israel vio acercarse a los egipcios que eran más numerosos y más fuertes, más poderosos y mejor armados que él, cuando vio que ni siquiera podía huir porque el camino le estaba cerrado, cuando en su desesperación y en su impotencia se dirigió a Moisés, éste le dijo: “Yahvé peleará por vosotros”. Es una palabra dicha también para nosotros cuando nos vemos en peligro. Quisiéramos vencer, salir victoriosos con fuerzas propias, pues esto halaga a nuestra vanidad. Y si el enemigo nos vence, estamos dispuestos a creer en su omnipotencia, en la omnipotencia del mal. Triunfa así otra vez la vanidad. Hoy en día se habla tanto de la infancia espiritual... Quién ha visto jamás que un niñito en caso de peligro quiera pelear con el enemigo. ¿No se echa acaso confiadamente en los brazos siempre abiertos de su padre y espera, quedo, que él pelee y venza al enemigo?" (Elpis). Véase Salmo 117, 12.
20. “Admirable cosa es que siendo tenebrosa se alumbra la noche para dar a entender que la fe, que es nube oscura y tenebrosa para el alma (la cual es también noche, pues en presencia de la fe, de su luz natural queda privada y ciega) con su tiniebla alumbra y da luz a la tiniebla del alma, porque así convenía que fuese semejante el maestro al discípulo” Cf. San Juan de la Cruz, Subida al Monte Carmelo, II. 3, 3).
22. Sobre el lugar donde los israelitas pasaron el mar, hay varias hipótesis: una opta por el brazo del Mar Rojo al sur de la actual ciudad de Suez, pero tropieza con la dificultad de que este lugar está muy lejos del camino hasta ahora seguido por los israelitas. Otra prefiere los Lagos Amargos situados a unos 30 kilómetros al norte de Suez y muy cerca del campamento de Israel. El Gran Lago Amargo formaba entonces –así dicen los propugnadores de esta hipótesis– parte del Mar Rojo y tenía una anchura de 12-15 kilómetros Una tercera hipótesis localiza el paso de los israelitas en la región del lago Timsah, situado al norte de los Lagos Amargos, a unos 70 kilómetros al norte de Suez. Una cosa queda indiscutible, y es el carácter milagroso del paso del Mar Rojo. “Estos acontecimientos han quedado grabados en el espíritu de los israelitas. A través de la historia, los legisladores, los profetas, los salmistas y los sabios tienen presentes los portentos de la salida de Egipto y especialmente el paso del Mar Rojo, y unas veces cantan las alabanzas de Dios libertador, y otras recuerdan al pueblo sus favores y protección, para moverle al agradecimiento y al cumplimiento de su Ley” (Nácar-Colunga).
31. San Pablo, los santos Padres y la Liturgia ponen el paso del Mar Rojo en paralelo con el santo Bautismo: “Porque no debéis ignorar, hermanos, que nuestros padres estuvieron todos a la sombra de aquella nube, que todos pasaron el mar, y que todos, bajo Moisés, fueron bautizados en la nube y en el mar” (I Corintios 10, 1 y 2). Moisés, quien conduce a su pueblo por el mar y el desierto hacia la tierra prometida, es figura de Cristo, quien nos conduce a la verdadera tierra prometida.
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CAPÍTULO 15
1. Este cántico, que se reza en Laudes de jueves es una sublime acción de gracias en que Moisés tributa alabanzas a Yahvé por los grandes prodigios que hizo en el paso del Mar Rojo. Es a la vez un solemne reconocimiento del Reinado de Dios como lo expresa el versículo 18: “Yahvé reinará por siempre jamás”. “La Biblia, dice Donoso Cortes, contiene los modelos de todas las tragedias, de todas las elegías y de todas las lamentaciones; contiene también el modelo inimitable de todos los cantos de victoria. ¿Quién cantará como Moisés, del otro lado del Mar Rojo, cuando cantaba la victoria de Jehová, el vencimiento del Faraón y la libertad de su pueblo?” (Discurso sobre la Biblia).
8. Soplaron tus narices: Antropomorfismo. Significa el viento (cf. 14, 21), y metafóricamente la ira.
11. Entre los dioses: Se sobreentiende: los dioses paganos. La Vulgata vierte: entre los fuertes.
13. Con este versículo comienza la segunda parte del cántico que en general se toma como una descripción profética de la entrada y establecimiento del pueblo escogido en Palestina. La morada de tu santidad: el Sión con el Templo. Guiaste-condujiste, etc. Nótese el pasado en lugar del futuro, porque el profeta ve realizado ya lo que anuncia proféticamente.
17. Por el monte de tu herencia ha de entenderse el monte Sión, la ciudad de Jerusalén, y en sentido más amplio, todo el país de Canaán.
20. María, profetisa, es figura de la Virgen Santísima, tanto por el nombre como por su cooperación en la realización de los designios de Dios. En su himno sobre la salvación del pueblo israelita se puede ver una anticipación del Magníficat.
21. Es el primer versículo del cántico de Moisés (v. 1). Parece que María lo repite con el coro de las mujeres en forma de estribillo tras cada estrofa.
22. Sur, idéntico con Etam (13, 2; Números 33, 8). “La región en que penetraron los israelitas, salidos de Egipto, era la estepa, no propiamente el desierto. No era una extensión de arena sin límites; era más bien un territorio de configuración accidentada, baldío y deshabitado, árido en su mayor parte, pero no estéril, en el que aquí aparecía una fuente y allá un oasis” (Ricciotti, Historia de- Israel, núm. 237).
23 ss. Mará: tal vez idéntico con el actual Ayin Musa. Los Padres ven en este leño que endulzó las aguas amargas, un símbolo de la Cruz, que endulza las penas de esta vida, si nos unimos a las que Jesús padeció por nosotros. Cf. Eclesiástico 38, 4-6.
27. La ruta de Mará y Elim era la que seguían los egipcios para llegar a las minas del Sinaí. Elim suele identificarse con el Wadi Garandel, rica en agua y palmeras, a unos 75 kilómetros al sur de Mará. La palmera es la reina del desierto. Delitzsch, uno de los mejores conocedores del Oriente, dice de ella: “Nada cautiva tanto la vista como el encanto y la majestad de la palmera en el oasis, esta reina entre los árboles de la planicie con su orgullosa y alta diadema de hojas, con su mirada dirigida a las lejanías, la cara frente al sol su verdor y virtud vegetativa que constantemente se está renovando desde la raíz –un símbolo de vida en medio de un mundo de muerte–”.
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CAPÍTULO 16
1. El desierto de Sin, situado entre Elim y el Sinaí, no puede localizarse exactamente. Unos lo buscan en el interior de la península de Sinaí; otros, en cambio, cerca del Mar Rojo.
3. Cada día: Dios quería que su pueblo viviese “al día” para mostrarles que el pan cotidiano venía de Él. Éste será también el sentido del “cada día” en la cuarta petición del Padre Nuestro (Lucas 11, 3; cf. Mateo 6, 11).
13. Las enormes bandadas de codornices no son cosa extraordinaria en aquella región. Todos los años, estas aves atraviesan la península de Sinaí para regresar al norte. Dios dirigió las bandadas de aves hacia el lugar donde acampaban los israelitas. Cf. Salmo 104, 40.
15. ¿Qué es esto? La Vulgata pone la palabra hebrea “manhú” y lo explica agregando: Esto quiere decir ¿Qué es esto? De “manhú” se formó la palabra de maná (v. 31). Hasta ahora han fracasado todos los intentos de explicar el maná como fenómeno natural. Según el contexto se trata de un manjar milagroso. Esto es tan evidente, que lo reconocían aun los fariseos que hablaban con Jesús (Juan 6, 31). El tamarisco que algunos consideran como producente del maná, exuda, es verdad, una especie de resina o goma de color amarillento y blanco, mas no hubiera bastado para alimentar todo un pueblo durante tan largo tiempo.
16. Un gomor, la décima parte del efa, o sea 3,6 litros (v. 36). El hebreo dice: un ómer.
18 ss. San Pablo en II Corintios 8, 14 s. explica esto en el sentido de que la abundancia de los ricos ha de emplearse para suplir la indigencia de los pobres. Es muy importante esta enseñanza que nos defiende contra la desconfianza en la Providencia. Jesús la reitera con divina elocuencia en el Sermón de la Montaña (Mateo 6, 25-33). Contra la pasión de atesorar, cf. I Timoteo 6, 8-10.
23. Por aquí y el versículo 30 se ve que el sábado se celebraba ya antes de la legislación del Sinaí (capítulo 20 ss.), la cual lo supone y confirma. Su institución ha de verse en el relato de la Creación (Génesis 2, 2) donde el autor sagrado revela que Dios bendijo el séptimo día y lo “santificó”, es decir, lo reservó para Él. De ahí que el pueblo de Israel descansara después de sus seis días de trabajo en memoria del séptimo día, en que Dios “descansó” después de la Creación. Más tarde la ley del sábado fue extendida también a la tierra, cuyos campos tenían que descansar cada siete años. Cf. 23, 10; Levítico 25, 1 ss.; Deuteronomio 15, 1 ss.
31. Como granos de cilantro, o coriandro. Números 11, 7 agrega: y su color como el color del bedelio (cf. Génesis 2, 12).
33. Cf. Hebreos 9, 4. El vaso con el maná que se guardaba en el Tabernáculo, recordaba a los israelitas el alimento milagroso que Dios les proporcionara en el desierto, y era una advertencia de que no sólo del pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (Deuteronomio 8, 3; Mateo 4, 4).
35. El maná fue como Jesús mismo declara (Juan 6, 49), figura de la Eucaristía. Venía del cielo todos los días y servía de alimento en el camino por el desierto. Igualmente Jesucristo baja del cielo todos los días en el momento de la consagración, y se nos da por alimento en el desierto de la vida. “Manjar de Ángeles” lo llama el autor sagrado del libro de la Sabiduría (16, 20). Cf. Salmo 77, 25. “Este pan sólo lo comen los que dejan a Egipto y sus deleites y caminan hacia la tierra de promisión” (Páramo).
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CAPÍTULO 17
6. En la roca de la cual Moisés sacaba el agua ve San Pablo a Jesucristo (I Corintios 10, 3 s.). Nada más bello que descubrir en el Antiguo Testamento esta actividad anticipada del Mesías, de la cual hemos visto un ejemplo en 13, 21 y nota. “Ante la vista de los antiguos cristianos el Señor glorificado se presentaba como el Redentor, el conductor del nuevo pueblo, la Roca del desierto, aparecida ahora en la carne, de la que brota el Agua viva, en cuyas ondas beben, con alegría, los cristianos. Es el Cristo que hace brotar de su corazón las fuentes vivificadoras, el Espíritu Santo, el Espíritu que nos hace partícipes de la filiación” (Rahner). “Del pecho de la Roca, dice Orígenes, desciende el Agua del Espíritu. Del costado traspasado del Crucificado, como otrora de la Roca de Moisés, nace un manantial. La roca fue golpeada y dio una fuente de agua: golpeado el costado del Señor, desde la Cruz, dejó brotar los torrentes del Nuevo Testamento... Y si el Señor no hubiese sido traspasado, si no hubiesen brotado de su costado sangre y agua, todos sufriríamos aún la sed del Logos de Dios”.
7. Masá, significa tentación; Meribá, querella o contradicción. Así se llama aquel lugar a causa de la murmuración del pueblo. Cf. el Salmo 94 de la Vulgata, donde estos dos nombres son traducidos etimológicamente. Véase también Salmo 80, 8; Hebreos 3, 8. Conducta semejante del pueblo desagradecido vemos en 14. 11; 15, 24; 16, 3; Números 20, 2 ss.
8. Los amalecitas vivían en los oasis de la región norte de la península de Sinaí.
11 ss. Admirable tipo de caudillo que se juega todo entero por su pueblo: figura de Cristo mediador entre Dios y los hombres. Observa muy bien San Agustín: “Venzamos también nosotros por medio de la Cruz del Señor, que era figurada en los brazos tendidos de Moisés, a Amalec, esto es, al demonio, que enfurecido sale al camino y se nos opone negándonos el paso para la tierra de promisión”. Los Padres y maestros de espiritualidad se fundan en este pasaje para mostrar el poder de la oración.
14. Escribe... en un libro: He aquí la primera orden de Dios en lo que se refiere a la Biblia escrita. No hay duda de que antes de Moisés los relatos bíblicos fueron, transmitidos por tradición oral, por lo menos en gran parte. “Los modernos tenemos que hacer un gran esfuerzo para reconstruir y valorar la importancia que tuvo la memoria entre los pueblos antiguos. La desmesurada producción gráfica actual, manual y mecánica, casi ha atrofiado esta facultad de nuestra vida social, de manera que parece inverosímil el empleo extensísimo y metódico que hacían de ella los antiguos” (Ricciotti, Historia de Israel, número 189). Todos sabemos que los poemas homéricos durante muchos siglos fueron transmitidos por los rapsodas, cantores populares, y que también el Corán, el libro sagrado de los musulmanes, no fue escrito por Mahoma, sino varios años después de la muerte del “profeta”. Entre tanto quedó confiado a la memoria de sus discípulos, hasta que más tarde, cuando comenzó a extinguirse aquella primera generación, se vio la necesidad de fijarlo por escrito.
15. Yahvé Nisi significa “bandera de Yahvé”. La explicación la da el versículo siguiente.
16. Yahvé peleará con Amalec: En adelante la guerra contra Amalec será una guerra santa, porque esta nación manifestaba un odio extraordinario contra el pueblo de Dios. Saúl recibió la orden de aniquilarla por completo (I Reyes 15, 2 s.). Cf. Deuteronomio 25, 17 ss.
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CAPÍTULO 18
2. Después del acontecimiento relatado en el capítulo 4, 20 ss. Seforá se había retirado a casa de su padre. Es posible que Moisés se lo haya aconsejado para que las preocupaciones por la familia no le dificultasen su misión.
5. El monte de Dios: el Horeb o Sinaí.
7. Preguntarse mutuamente por la salud es la forma oriental de saludar.
11. En aquello mismo... los ha castigado: Esta es la regla general de la divina justicia: Por aquellas cosas en que uno peca, por esas mismas es atormentado (Sabiduría 11, 17).
12. Jetró, a pesar de ser pagano, adoraba al verdadero Dios (v. 11) y le ofrecía sacrificios, como Melquisedec en tiempos de Abrahán. Este acontecimiento nos hace pensar en la bondad de Dios que mantenía la lámpara de la fe en algunos paganos. Es un fenómeno que un misionero, el P. Wiener, después de cuarenta años de estudio y actividad misionera en China, ve realizado todavía hoy en no pocos chinos que le parecían adoctrinados por el mismo Espíritu Santo. Ese mismo misionero afirma que jamás los antiguos chinos estuvieron sin Dios. (Miss. Cath. 1934 y Pinard de Boullaye, Conferencias de 1934).
21. “De ahí resulta que el que tiene oficio de hacer buenos a los demás, conviene que no sólo haya aprendido la ciencia de ser bueno, cultivándola en su persona con todo esmero, sino también la haya convertido en hábito por el frecuente ejercicio. Por cuya causa se lee que el Señor (Jesús) puso primero por obra lo que después había de enseñar” (San Buenaventura, Las Alas del Serafín).
25. La nueva organización del pueblo y los consejos que Jetró propuso, muestran la sabia distinción entre los asuntos de mayor importancia, o sea los espirituales, y los de orden temporal. Jesús había de delimitar claramente ambas potestades en Lucas 12, 14 y Mateo 22, 21. Es de notar que en adelante las tribus israelitas eligen ellas mismas a los ancianos. Moisés no instituyó un régimen aristocrático, sino un gobierno popular, hoy diríamos democrático, democrático en el mejor sentido de la palabra.
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CAPÍTULO 19
1. Ese mismo día: el primer día del tercer mes. El Sinaí, idéntico con el Horeb, se encuentra, según la opinión común (que remonta hasta el siglo VI d. C), en la parte meridional de la península del mismo nombre. La cumbre más alta, el famoso monte de Santa Catalina mide 2.600 metros. Las otras son el monte Safsafeh (1.994 m.), el Dschebel Musa (2.244 m.) y el Dschebel Serbal. Todos éstos se disputan el honor de haber sido el escenario de la promulgación del Decálogo. La tradición judía y algunos modernos (Nielsen, Musil, Lucas) buscan el monte Sinaí u Horeb más al norte, en el país de Madián, o en Seír y Farán. Cf. Deuteronomio 33, 2; Jueces 5. 4; Hababuc 3, 3; Gálatas 4, 25.
5 s. He aquí una nueva etapa en la formación del Reino de Dios. Por libre beneplácito elige el Omnipotente al pueblo de Israel, lo declara “propiedad particular suya” y lo constituye como “reino de sacerdotes” y “nación santa”. Es, pues, el sentido del pacto del Sinaí, separar a Israel de todos los demás pueblos, hacerlo pueblo santo, antorcha de fe entre las naciones, darle carácter sacerdotal y concederle existencia nacional solamente en sentido limitado, es decir, en cuanto ellos reconozcan a Él como Rey; a Él solo, pues es un Dios celoso. Cf. 20, 5; 34, 14 s.; Dios. Cf. Zacarías 9, 14. San Pedro aplica la idea del sacerdocio y de la realeza a los cristianos, los que, mediante el bautismo son sacerdotes y reyes, por ser injertados en Jesucristo (I Pedro 2, 9). Igual expresión se usa en Apocalipsis 5, 10.
13. La trompeta, no la de hombres, sino la de Dios. Cf. Zacarías 9, 14. También San Pablo habla de la “trompeta de Dios” en I Tesalonicenses 4, 16.
18. Si Dios se manifiesta de tan imponente manera es para convencer al pueblo de su inaccesible majestad y grandeza e infundirle un santo temor. Los rayos y llamas simbolizan la santidad de Dios; la nube y el humo, su incomprensibilidad; el retumbo del trueno y el formidable sonido de la bocina, su poder; el temblor de los montes, su altísima majestad, ante la cual hasta los ángeles tiemblan.
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CAPÍTULO 20
2 ss. El Decálogo, la Constitución del Reino de Dios, perfeccionada por Jesucristo, nos ha sido transmitido en dos versiones: Deuteronomio 5, 6-21 y aquí en Éxodo 20, 2-17. Yahvé se presenta como Señor absoluto y no admite otros dioses o señores, pues éstos no son, en realidad, dioses ni señores (I Corintios 8, 5 s.; Gálatas 4, 8), porque Él es “un Dios celoso” (vers. 5). En otro lugar veremos que Yahvé se considera no solamente como Señor, sino también como Esposo de Israel y lo ama con amor nupcial. Los derechos de Dios sobre su pueblo tienen un fundamento jurídico, bien comprensible para los israelitas, porque ellos son su propiedad, su adquisición peculiar (19, 5), rescatada por Él mismo de la servidumbre de Egipto.
4. Como se desprende del v. 5 (“no te postrarás ante ellas”), esta prohibición se refiere a todas las representaciones que podrían disminuir el culto que se debe a Dios. Quiere, sobre todo, preservar de la idolatría, porque fácilmente hubieran tomado la imagen por realidad, como lo hacían los paganos con sus ídolos. Cf. el ídolo de Micas en Jueces cap. 17 y notas y la Epístola de Jeremías en Baruc, capítulo 6. Véase las notas a los versículos 1 y 26 de Baruc 6. Por las cosas que hay arriba en el cielo, han de entenderse los cuerpos celestes, cuya adoración era corriente entre los babilonios y otros pueblos del Oriente. Cuando no se trataba de adoración, permitía Dios hacer esculturas e imágenes, por ejemplo, de los querubines que estaban encima del Arca de la Alianza, y de los toros que sostenían el mar de bronce en el Templo. El mismo Moisés hizo una serpiente de bronce (Números 21, 8).
5 s. Un Dios celoso: Desde el Pentateuco (cf. Deuteronomio 4, 24 y nota) hasta los profetas (cf. Nahúm 1, 2) el Señor recibe el epíteto de Dios celoso, que expresa tan claramente la índole de sus relaciones con Israel. Ese divino Esposo manifiesta infinitas ternuras para su esposa mística, y así como castiga severamente su infidelidad, la defiende también contra todos a los enemigos. Hasta la tercera y cuarta generación: Cf. Deuteronomio 5, 9-10; Jeremías 32, 18 ss. Es éste uno de los pasajes más difíciles del Antiguo Testamento. Aunque nos hace ver que la misericordia de Dios es infinita –esto quiere decir el término “hasta mil generaciones”– aborda el tema del castigo colectivo, el cual resulta demasiado duro a la inteligencia humana, si bien la historia conoce muchos casos en que los hombres lo han practicado, especialmente después de haber ganado una guerra. Tenemos en la Sagrada Escritura varios ejemplos de culpa y castigo colectivos (cf. Josué 22, 16 ss.; Jueces capítulos 19-21; 11 Reyes 21, 1-14), pero muchos más casos de castigo individual (Números 12, 1 y 9-10; 16, 35; II Reyes 12, 14, etc.) y la promesa de Dios en Ezequiel 18, 20: “No pagará el hijo la maldad de su padre, ni el padre la maldad de su hijo”. Esta es la regla que Dios, en su infinita bondad, observa para con nosotros, y que arranca a Santa Teresa las palabras: “Bendita sea tanta misericordia y con razón serán malditos los que no quisieren aprovecharse de ella” (Moradas, I, 4, 9). Sin embargo no podemos negar que todos formamos un cuerpo y sufrimos juntos las consecuencias del pecado de Adán y de muchos pecados de nuestros antepasados y contemporáneos. San Gregorio y otros Padres aplican nuestro pasaje a los hijos que heredan la iniquidad de sus padres; así entienden las palabras “los que me odian”. Pero siempre que lo permita la justicia usa Dios de misericordia, hasta mil generaciones, o, como traducen algunos, hasta la milésima generación (cf. 34, 6 s.). Por lo cual dice el Catecismo Romano: “Luego recordará el Párroco cuánto sobrepuja la bondad y misericordia de Dios a la justicia, pues airándose hasta la tercera y cuarta generación, extiende hasta millares su misericordia” (III, cap. 2. n. 36). En su nota a 34, 6, Nácar-Colunga da a este pasaje su más profundo sentido, diciendo: “No cabe la menor duda de que este pasaje es la declaración de 3, 14, y que, por consiguiente, el nombre divino de Yahvé, en su sentido histórico literal, significa la presencia de Dios en medio de su pueblo y su asistencia continua para ejercer la justicia si el pueblo obra mal, y la misericordia si se mantiene fiel a Dios. Si Santo Tomás dice que en las palabras de San Pablo: quod inquirentibus se remunerator sit, se halla encerrada toda la obra de la divina Providencia en orden a la salvación de los hombres, no menos podemos decir del nombre de Yahvé, interpretado en la forma en que aquí lo hace Dios mismo”. Cf. 34, 5 ss. y nota.
7. No tomarás el nombre de Dios en vano: No sólo se prohíbe la blasfemia, vicio tan difundido entre los pueblos cristianos, sino también esas faltas de respeto cuando tomamos los nombres sagrados de Dios y Jesús como simple interjección. En esto deberíamos imitar al antiguo Israel, que no osaba pronunciar el Nombre inefable de Yahvé (cf. 3, 14 y nota), pues el solo hecho de tomar el Nombre del Señor sin pensar siquiera en Él, convirtiéndolo en una simple exclamación, como otro diría “por Júpiter” o “por Baco”, muestra hasta qué punto llega la despreocupación por la divina Realidad que representan, siendo cosa sabida que en la Biblia el nombre se identifica con la persona misma. Este abuso de las palabras santas que se usan como términos cuya etimología se ha olvidado llega no raras veces al punto de tomarlas para ofender a Dios, o bien usándolas sin el debido respeto, como hacen aquellos que a propósito de cualquier futileza empiezan con la expresión: por Dios, como si fueran a decir algo piadoso.
8 ss. Cf. Génesis 2, 2 s. y nota. Según tradición apostólica (cf. I Corintios 16, 2) para los cristianos es el domingo el día consagrado a Dios. Dios quiere que este día sea un día de descanso y de adoración. Por eso la Iglesia ha ordenado que todos los católicos, si no media un grave impedimento, santifiquen el dominio oyendo misa. Una moda destructora se ha implantado en nuestro ambiente mundano. No sólo se ha hecho del día de descanso un día de trabajo, de negocios y ferias, sino también de diversiones profanas, bailes y deportes; y como si el domingo no fuese suficiente, se ha llegado a aprovechar las noches antecedentes para realizar reuniones y fiestas que terminan a la madrugada del domingo y a sus asistentes no dejan tiempo de asistir a la misa. Estas costumbres no serian tan maléficas si los profanadores del domingo, fuesen paganos, pero se trata en muchos casos de cristianos tibios, neopaganos, que a los ojos de Dios son más detestables que los verdaderos paganos. “El domingo debe volver a ser el día del Señor, de la adoración y glorificación de Dios, del Santo Sacrificio, de la oración, del descanso, del recogimiento y de la reflexión, de la alegre unión en la intimidad de la familia. Una dolorosa experiencia muestra que, para no pocos, aun entre aquellos mismos que trabajan honesta y asiduamente durante toda la semana, el domingo ha llegado a ser el día del pecado” (Pío XII en la alocución a los hombres de Acción Católica Italiana, el 7 de setiembre de 1947).
12. San Pablo destaca que éste es el primero (y único) mandamiento del Decálogo a cuyo cumplimiento Dios nos estimula con una promesa (Éfeso 6, 2 s.). La tierra es, como dice San Jerónimo, figura de la tierra de los vivientes, el cielo.
17. Se han descubierto muchos códigos de leyes que tienen cierta semejanza con las del Sinaí, por ejemplo, la legislación de los egipcios, babilonios, sumerios, hititas. Esto prueba que el Decálogo es la codificación de la ley natural y no constituye una legislación totalmente nueva. Dios ha escrito los diez mandamientos en el corazón de todos los hombres, y todos pueden conocerlos con sólo oír la voz de su conciencia. Están, pues, sometidos a los diez mandamientos todos los nombres (Romanos 1, 19).
19. No hable Dios con nosotros: Es sintomático este miedo del pueblo escogido. Tiene más miedo cuanto más cerca está de Dios; su ideal es un Dios distante y abstracto, que no hable tan fuerte. Este miedo a Dios no es otra cosa que miedo a la responsabilidad. Por eso encuentran siempre buena acogida los que amortiguan la voz del trueno del Todopoderoso con apaciguamientos y atenuantes humanos. “Solamente la infancia espiritual puede conocer a Dios y oír al pie del Sinaí el retumbar del trueno, el resonar de trompas, ver relámpagos y no tener miedo”.
22. Este versículo es el comienzo de una colección de leyes, que abarca los capítulos siguientes hasta el final del capítulo 23. Su objeto es explicar y aplicar los principios religiosos y morales del Decálogo.
25. Dios no ama el lujo. Su altar debía ser muy sencillo, de piedras no labradas, semejante a los altares de los patriarcas.
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CAPÍTULO 21
2 ss. Un israelita podía ser reducido a servidumbre a causa de un delito (22, 3). o por no pagar las deudas (Lucas 25, 39), pero gozaba del privilegio de poder librarse cuando corría el séptimo año. Véase Deuteronomio 15, 12. De los vv. 20 y 21 se colige, que ni siquiera el esclavo extranjero estaba abandonado. Según los versículos 26 s. el esclavo recobraba la libertad también en el caso de que lo hiriera el dueño.
6. Lo llevará ante Dios, al santuario, para dar más solemnidad a la ceremonia. El texto hebreo dice “Elohim”, que puede también significar “dioses”. De ahí la traducción: ante los dioses, es decir, ante los jueces, que algunos intérpretes prefieren. Cf. 22, 8 s.; Salmo 81, 6; Juan 10, 34, donde la palabra Elohim tiene el mismo sentido. Arrimándolo a la puerta, etc.: “rito cuyo significado es evidente: en adelante este esclavo formará, por decirlo así, parte integrante de la casa. La costumbre de horadar la oreja del esclavo era, según parece, muy difundida en la Antigüedad. Los clásicos la mencionan a menudo” (Fillion).
7 ss. La Ley de Moisés procura asegurar a las hijas sus derechos y salvarlas de malos tratos. Por lo demás es claro, que las leyes y costumbres matrimoniales de entonces no corresponden al ideal que vemos en el Nuevo Testamento. De estos versículos se sigue que la Ley mosaica no prohibía la poligamia. De ello deja constancia Jesús en Mateo 19, 8.
14. Lo arrancarás hasta de mi altar. Quiere decir, que este tal no gozará del privilegio de asilo. Véase el caso de Joab en III Reyes 2, 28 ss.
23 ss. Esta dura ley, que se llama ley del talión refrena la venganza (San Agustín) y dispone que el castigo no debe ir más allá de la ofensa, como es costumbre de los hombres. Jesús la sustituyó una vez por todas por la moral del Sermón de la Montaña (Mateo 5, 38), que nos prescribe perdonar y amar a nuestros enemigos como Dios lo hace con nosotros. Este perdón que damos es la medida del que recibiremos, como lo dice el Padrenuestro. Cf. el ejemplo de David en Salmo 7, 5 y nota.
32. Treinta siclos hacen medio kilo de plata, aproximadamente. Cf. los treinta siclos (monedas de plata) que los Sumos Sacerdotes pagaron por la entrega de Jesús, como si fuese un esclavo (Mateo 26, 15).
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CAPÍTULO 22
3. Durante el día hay más posibilidades de defenderse del ladrón y pedir auxilio; de ahí que no sea lícito matarlo. Debe restituir: La Vulgata dice: y él morirá.
8. Se presentará ante Dios: Otra traducción: ante los jueces. Lo mismo en el versículo siguiente. Véase 21, 6 y nota.
16. La dote: Antes de casarse entregaba el esposo al padre de la esposa una suma de dinero (según Deuteronomio 22, 29 cincuenta siclos de plata) u otros regalos. Esto no significaba de ninguna manera la compra de la mujer. En Génesis 24, 53 se dan los regalos a la madre y al hermano de la novia.
18. La hechicera: La Vulgata: los hechiceros. Cf. I Reyes 28. 3 ss.
20. Exterminado: en hebreo: anatematizado, literalmente: consagrado a Dios para ser consumido como un sacrificio. De ahí el significado de destruir, extirpar. Cf. Levítico 20, 1-5; 27, 28 s.; Números 25, 1 ss.; Deuteronomio 13, 12 ss.
21. Nótese la marcada misericordia con los extranjeros que no existía entre los pueblos paganos. Cf. 23, 9 y 12.
22. “Es impresionante el lenguaje de la Ley sobre los desvalidos, y más lo es todavía el de los profetas. Cf. Deuteronomio 24, 17; 27, 19; Salmo 93, 6; Isaías 1, 17, 23; Jeremías 5, 28; Ezequiel 22, 7; Santiago 1, 27” (Nácar-Colunga).
25. Cf. Levítico 25, 35; Deuteronomio 23, 19 s.; Nehemías 5, 1 ss.
27. En ningún pueblo antiguo y ni siquiera en los modernos hay legislación tan humana y tan social. El pobre necesita el vestido para abrigarse del frío nocturno. Retenérselo equivaldría a dañarle la salud. Cf. Deuteronomio 24, 17; 27, 19; Isaías 1, 17 y 23; Jeremías 5, 28; Santiago 5, 1 ss.
28. Contra Dios: otra traducción: contra los jueces. Véase 21, 6 y nota.
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CAPÍTULO 23
2. El número crecido de los que practican una cosa, no califica ni autoriza como bueno lo que en sí mismo es malo, ni puede servir de excusa para el pecado (San Agustín). De ahí la persecución que padece todo verdadero discípulo de Cristo (II Timoteo 3, 12). Porque Él no vino a traer la paz sino la espada (Mateo 10, 34).
3. En la legislación de Moisés ocupa un lugar preferente el pobre que vive del trabajo: de sus manos y de la divina Providencia (cf. v. 11; 22, 22 y nota; Levítico 19, 9 s.; 23, 22; Deuteronomio 24, 12 ss.). Por eso llama la atención este precepto del v. 3, que no parece favorecer al pobre. Quiere decir que no siempre tiene razón el pobre. Si su causa es injusta no hay que favorecerlo. Es, pues, el sentido de los versículos 2 y 3; no te dejes llevar por prejuicios, guarda como juez la imparcialidad y juzga con la misma medida a los ricos y a los pobres.
6. Tu pobre: ¡Qué cariño se revela en esta palabra! Todo pobre es mío, porque es mi hermano, hijo del mismo Padre celestial. ¿No es como si oyéramos las palabras de Cristo? (Mateo 5, 21 ss.; 5, 43 ss.; 22, 34 ss.)
11. El significado social del año sabático es tan grande como su significado religioso. Al día de descanso corresponde el año de reposo, cuyo fin es reservar todos los frutos del año séptimo para los pobres. Aparte de esto, el año sabático estimulaba a los israelitas a poner su confianza en la providencia de Dios y no apegar el corazón a los bienes terrenales. Ningún pueblo gozaba de una institución tan social y humana (cf. Levítico 25, 3 s.).
14. ss. Véase 13, 5 ss.; 34, 18 ss.; Levítico 23, 15 ss. Son las fiestas de Pascua (Ácimos), Pentecostés (fiesta de la siega), y de los Tabernáculos (fiesta de la recolección de los frutos tardíos). Para Israel revestían estas tres fiestas también un carácter histórico. La Pascua era la conmemoración de la salida de Egipto; la fiesta de los Tabernáculos recordaba la estancia en el desierto, y la de Pentecostés la promulgación de la Ley del Sinaí.
17. Tres veces al año, es decir, en las tres fiestas principales antes mencionadas: Pascua, Pentecostés y Fiesta de los Tabernáculos, Cf. 34, 23 s.
19. Se prohíbe cocer el cordero en la leche de su madre, no sólo porque parece poco delicado, sino más bien para evitar prácticas supersticiosas. Otros intérpretes opinan que aquí se prohibía sacrificar corderos que todavía estaban mamando. Algunos Padres refieren estas palabras, en sentido típico, a Cristo, a quien Herodes no podrá quitar la vida en la degollación de los niños de Belén. De todas maneras es una idea delicadísima, que nos inculca nobles sentimientos aun para con los animales. Cf. 34, 26; Deuteronomio 14, 21.
20. Un Ángel: Vulgata: Mi Ángel. Según Fillión, el mismo Yahvé; según otros, Jesucristo. De las palabras “En él está mi nombre” (v. 21) puede deducirse que este Ángel es resplandor del Padre (Col. 1, 15; Hebreos 1, 3), por lo cual se llama a veces Dios (Génesis 18, 1 ss.). Aunque San Justino y San Agustín ven en el Ángel a Josué, cuyo nombre hebreo es idéntico con Jesús, creemos, sin embargo, más conveniente ver en este Ángel al Hijo de Dios. Dice al respecto San Isidoro; “Cristo, en cuanto se considera su generación divina, es llamado Hijo de Dios; en cuanto se lee que fue enviado por el Padre como mensajero a nuestros padres es considerado o llamado Ángel” (Pequeña defensa de la fe, cap. 1). Véase sobre esta sublime idea 13, 21 s. y nota.
23. Véase 3, 17; 33, 2; Deuteronomio 7, 22; Josué 24, 11.
24. Piedras de culto: Los cananeos erigían en los “lugares altos” columnas de piedra en honor de Baal, las que en hebreo se llaman massebah. Los israelitas imitaron más tarde este culto idolátrico.
31. El Mar de los filisteos: el Mediterráneo. El desierto: Arabia Pétrea. El río: el Éufrates.
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CAPÍTULO 24
4. Doce piedras, en recuerdo de la aparición de Dios. Cf. Génesis 28, 18.
6. Derramar la sangre de las victimas significa sellar la Alianza que Dios está haciendo con el pueblo. También la Nueva Alianza fue sellada con sangre, con la preciosísima Sangre del Cordero Inmaculado. El altar de la Nueva Alianza es la cruz, y el banquete del Nuevo Testamento es la última Cena, la mesa eucarística. La diferencia entre la Nueva Alianza y la Antigua consiste en que ésta era letra, mandamientos, temor, mientras aquélla es vida, gracia, amor. “Porque la Ley fue dada por Moisés, pero la gracia y la verdad han venido por Jesucristo” (Juan 1, 17). Los que siguen la Alianza Antigua, permanecen siervos, sometidos al miedo y terror (Romanos 11, 10); los que creen en la Nueva son hijos de la adopción y del amor filial (Éfeso 1, 5; Gálatas 4, 4-7).
10. “No vieron a Dios en su esencia, cosa imposible en esta vida mortal... sino en una figura simbólica, en una nube o tenue envoltura, tal vez en figura humana –pues se habla de los pies– pero en forma tan excelsa y gloriosa que reconocieron el simbolismo, y nunca llegaron a imaginarse que Dios tuviese figura humana” (Schuster-Holzammer).
11. A pesar de ver a Dios no murieron, sino qué comieron y bebieron. Era creencia común que nadie podía ver a Dios sin morir. (Cf. 33, 20: Génesis 16, 13; 32, 30; Jueces 13, 21 s.)
18. Aun en esto es Moisés figura de Cristo, cuya vida pública se inició con un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches (Mateo 4, 2).
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CAPÍTULO 25
1. Con este capítulo empieza una colección (capítulos 25-31) que da normas respecto de la construcción del Santuario, es decir, del Arca, de la mesa, del candelabro, de la tienda sagrada, del altar, de los ornamentos sagrados, etc.
5. Pieles de tejón: Bover-Cantera vierte: pieles de “tajas” y pone como nota: “Estas pieles de color violeta son las del dugong o vaca marina, anfibio común en el Mar Rojo”. Acacia, no la nuestra, sino una especial que crece en la península de Sinaí y se llama seial o tortilis.
7. Sobre el efod y el pectoral véase 28, 6 ss. y 28, 15 ss.
11. Si así debió ser el Arca que contenía las tablas de la Ley, ¿qué honor merecen nuestros sagrarios? San Jerónimo explica a Santa Eustaquia el sentido místico del Arca diciendo: “La esposa de Cristo es el Arca del Nuevo Testamento, interior y exteriormente dorada, custodia de la Ley de Cristo. Y como en aquella del Antiguo Testamento no había otra cosa más que las tablas de la Alianza, así en vos no haya ningún pensamiento extraño. Sobre este propiciatorio quiere entronizarse el Señor, como sobre Querubines... Os suelta de los cuidados mundanos, para que dejando las pajas y ladrillos de Egipto, sigáis a Moisés en el yermo y entréis en la tierra de promisión”.
16. El Testimonio: las dos tablas de la Ley, por lo cual el Arca de la Alianza se llama también Arca del Testimonio (v. 22). En esto se fundó la antigua y piadosa costumbre de guardar en los Tabernáculos, junto a la Hostia divina, las Sagradas Escrituras.
17. El propiciatorio o tapa del Arca, debe su dominación a su destinación ritual, puesto que el Sumo Sacerdote lo rociaba con sangre en el gran día de la Expiación (Levítico 16, 14 ss.) para aplacar la justicia divina. Se llamaba también oráculo porque allí daba Dios sus respuestas (cf. v. 22). El propiciatorio puede considerarse como la parte más santa del Arca. Esto se deduce también del hecho de que era de oro, mientras que el Arca era sólo de madera recubierta de oro. En el propiciatorio hemos de ver el lugar sobre el cual descansaba la gloria de Dios. Lleva por lo mismo en la teología rabínica el nombre de "sehekinah", lo cual significa morada o presencia (de Dios). (Sekiná: “gloria” en la Enciclopedia de la Biblia (Ediciones Garriga). Shekkinnah: en hebreo es un nombre propio: “Claridad de Dios”, Apocalipsis 21, 3. 11; 22, 23. En Hebreos 9, 5 el Hijo es llamado “destello de la gloria”) El Arca era “escabel de los pies” de Yahvé (I Paralipómenos 28, 2; Salmo 98, 5; 131, 7). Sobre ella, y precisamente entre los dos querubines, estaba Él, “sentado” (véase nota 18); allí se aparecía (Levítico 16, 2) y hablaba con Moisés (v. 22; Números 7, 89). El carácter esencialmente amorfo del culto yahveísta no permitía la imagen plástica de la Divinidad, “pero en vez de la representación tenía la localización; en vez de la cosa divina poseía el lugar divino, es decir, el Arca de la Alianza o del Pacto” (Ricciotti, Historia de Israel, núm. 252).
18. Véase 37, 7 ss. Los querubines representan algo como el trono de Dios (I Reyes 4, 4; II Reyes 6, 2; III Reyes 6, 23 ss.; Salmos 17, 11; 79, 2; Isaías 37, 16; Ezequiel I, 5 ss.). En la actitud de los querubines que miraban hacia el propiciatorio se expresa la adoración. En Génesis 3, 24 los vemos como guardianes del paraíso. También los pueblos paganos conservaban una idea de esos espíritus celestes, aunque los representaban en parte como animales. Véase Génesis 3, 24 y nota.
30. Los panes de la proposición eran una ofrenda perpetua de panes ácimos. Cada sábado se los retiraba y se los reemplazaba por otros frescos. Los sacerdotes tenían que comer los panes viejos dentro del Santuario. Véase Levítico 24, 5-9. Su sentido típico es que debemos acercarnos a Dios con “los ácimos de la sinceridad y verdad” (I Corintios 5, 8) y darle gracias continuamente por el alimento corporal y espiritual. La mesa con los panes es también imagen de la mesa eucarística. Cf. Juan 6, 33 ss.; 12, 24.
39. Además de iluminar el santuario, el candelabro de los siete brazos tenía significado simbólico. La luz es figura de Cristo (Juan 1, 7 ss.); los siete brazos simbolizan los siete dones del Espíritu Santo; el aceite es la fe y la gracia que alimentan la vida cristiana (véase Apocalipsis 1, 12 s.; Hebreos 8, 5). Un talento de oro, o sea, casi 50 kilogramos; según otros, 25 kilogramos.
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CAPÍTULO 26
1. El Tabernáculo era la habitación de Dios entre los hombres. Su parte principal consistía en el “Sancta Sanctorum” o “Santo de los Santos”, llamado también “Santísimo”, cuyo interior era completamente oscuro para simbolizar que Dios es un Ser invisible. Sólo el Sumo Sacerdote podía entrar en él una vez al año, el día de la Expiación. Delante del Santísimo se hallaba el “Santo”, que era accesible a todos los sacerdotes. En el Santísimo se conservaba el Arca de la Alianza, y dentro de ella las tablas de la Ley; había allí un vaso con el maná y la vara de Aarón (Hebreos 9, 4). Véase 25, 21; III Reyes 8, 9; II Paralipómenos 5, 10. En el Santo se hallaban el altar del incienso, la mesa de los panes de la proposición y el candelero de oro. Todas estas cosas sagradas, y el mismo Tabernáculo eran “bosquejo y sombra de las cosas celestiales” (Hebreos 8, 5).
6. La Morada: la morada de Dios, el Tabernáculo. cf. v. 9.
18. Négueb: así se llama el extremo meridional de Palestina. De ahí que la Biblia tome esta palabra como sinónimo de sur.
24. Texto oscuro. Algunos dan como probable que “los dos tablones o postes angulares tenían doble espesor que los demás y resultaban cuadrados, Sobresaliendo un tanto sobre los dos lados exteriores; se elevaban hasta el primer anillo (por arriba) donde se le unían los primeros travesaños” (Bover-Cantera).
30. El Tabernáculo es figura del templo cristiano, en el cual Dios ha elegido su habitación entre los hombres. El Sancta Sanctorum recuerda el Sagrario donde Jesús está presente día y noche bajo la especie del pan. El vaso del maná está reemplazado por el copón que encierra el verdadero pan del cielo (Juan 6, 32); las tablas de la Ley, por el Evangelio, que antiguamente se conservaba en la Iglesia junto al Santísimo.
33. Este velo que separaba el Santo del Santísimo del Templo, se rompió en la muerte de Jesús, lo cual simbolizaba el fin del Antiguo Testamento y el reemplazo de su culto por el Sacrificio de la Cruz. Cf. Mateo 27, 51 y nota.
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CAPÍTULO 27
1 ss. Este altar, es decir, el altar de los holocaustos, servía para el sacrificio matutino y vespertino, que era consumido por el fuego. De ahí su nombre. Además se ofrecían en él otros sacrificios, prescritos y privados. Su lugar era en el medio del atrio, delante de la puerta del Santo, de manera que San Pablo pudo establecer un paralelo entre él y el lugar donde Cristo murió: fuera de la puerta de la ciudad (Hebreos 13, 12). Los cuernos sobresalientes de los cuatro ángulos del altar de los holocaustos, no son puro adorno, sino que significan, en el simbolismo bíblico, el poder de Dios. Véase la expresión “cuerno de salud” en Salmo 17, 3 y Lucas 1, 69, donde “ésta metáfora –tomada del arma defensiva de los animales cornudos para significar fortaleza, poder, protección– pudiera traducirse parcialmente en nuestro idioma por yelmo o casco protector” (Prado, Salterio, p. 110).
8. Hueco: la parte hueca se llenaba de tierra y piedras, de modo que esto último formaba, como en los tiempos de los patriarcas, el altar propiamente dicho. San Juan de la Cruz lo explica en sentido místico, diciendo: “Que por esto mandaba Dios que el altar donde se habían de hacer los sacrificios, estuviese de dentro vacío para que entienda el alma cuan vacía la quiere Dios de todas las cosas, para que sea digno altar donde esté su Majestad”. (Subida al Monte Carmelo, 1, 5).
9. Négueb, o sea, la parte meridional. Al atrio tenía acceso todo el pueblo; su significado simbólico consiste, por eso, en representar al pueblo de Dios, mientras el Tabernáculo representa la casa de Dios.
20. Aceite puro: ¡El mejor aceite! demos a Dios lo mejor de nuestro ser: el corazón. Él nos ha dado lo mejor del Suyo: su propio Hijo (Juan 3, 16). Continuamente: Todos los días, a la tarde (v. 21), las lámparas debían sacarse y limpiarse y luego volverse a colocar. Esas lámparas son figuras de la lámpara que en las iglesias cristianas arde ante el Santísimo.
21. Tabernáculo de la Reunión: La Vulgata vierte: Tabernáculo del Testimonio. Significa aquí la primera parte del Tabernáculo, el Santo, “fuera del velo que pende delante del Testimonio”, o Santísimo. El velo es el que se halla entre el Santo y el Santísimo. Cf. 26, 33 y nota.
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CAPÍTULO 28
1. Nótese cómo Dios llama al sacerdocio a quienes quiere. Véase Marcos 3, 13; Juan 15, 16; Hebreos 5, 4. Cf. II Paralipómenos 26, 18; Salmo 104, 26.
6. No conocemos exactamente la forma del efod. Parece que tenía forma de escapulario que se sujetaba al talle por un cinturón, pero no llegaba a las rodillas. Era la prenda oficial del Sumo Sacerdote, cuando actuaba como mediador entre Dios y el pueblo. Por eso llevaba grabados los nombres de las doce tribus de Israel. Un efod de lino que no servía para el culto, se menciona en I Reyes 2, 18 y II Reyes 6, 14. Se usaba el efod también en sentido idolátrico (Jueces 8, 27; 18, 18).
15. El pectoral (o racional) del juicio se parecía a la actual bolsa del corporal. El nombre “racional del juicio” le fue dado porque mediante él el Sumo Sacerdote consultaba a Dios (véase v. 30). El nombre “pectoral” le viene de que el Sumo Sacerdote lo llevaba sobre su pecho.
17 ss. Cf. las piedras preciosas de los doce fundamentos del muro de la Jerusalén celestial en Apocalipsis 21, 19 ss.
30. El nombre de Urim y Tummim (“luces” y “perfecciones”), quiere decir que servían para conocer la voluntad divina. Por eso algunos intérpretes modernos se inclinan a ver en ellos suertes sagradas, piedras o varillas que estaban dentro de la bolsa del pectoral y por medio de las cuales el Sumo Sacerdote averiguaba la verdad. San Jerónimo y otros expositores antiguos creen que estas palabras “Urim y Tummim” no eran más que una inscripción hecha en el pectoral. Otros opinan que una de las dos piedras o varillas daba respuesta afirmativa, y la otra, negativa. “Dios manifestaba ordinariamente sus voluntades por medio del Urim y el Tummim. hasta que se construyó el Templo de Jerusalén. Desde entonces suscitó el Señor profetas, a quienes acudía el pueblo para conocer la voluntad divina en lo tocante a asuntos de Estado, religiosos y particulares” (Bover-Cantera).
35. También los reyes orientales tenían campanillas de oro en la orla de sus vestidos.
36. Santidad a Yahvé, esto es, santo o consagrado a Yahvé.
39. Cf. la misma descripción de los vestidos del Sumo Sacerdote en Eclesiástico 45, 9 ss.
41. Los consagrarás: literalmente: les llenarás las manos. Llenarle a alguno las manos es un hebraísmo que significa entregarle un cargo.
43. Estatuto perpetuo: “San Agustín observa que estas leyes para el sacerdocio levítico fueron eternas, no en sí mismas, sino en la verdad de Jesucristo figurada en ellas (Quaest. 24). Así también el sacerdocio de Aarón se llama perpetuo y duradero, como de color de jacinto” (Páramo).
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CAPÍTULO 29
4. Los lavarás con agua, lo cual significa simbólicamente la regeneración (cf. Tito 3, 5). Cristo, cuyo tipo era Aarón, no necesitaba ningún lavado para purificación, aunque se sometió al bautismo de Juan porque quiso cumplir lo que estaba prefigurado en Aarón, y sobre todo porque había tomado sobre si nuestros pecados (cf. II Corintios 5, 21; Gálatas 1, 4; I Pedro 2, 24).
6. La diadema de santidad, en la cual estaban grabadas las palabras “Santidad a Yahvé”. Cf. 28, 36 y nota.
7. De ahí que la Iglesia use también el óleo en la ordenación de los sacerdotes. Nótese que Moisés, sin ser sacerdote, consagra a Aarón. Lo hizo por orden de Dios.
9. Por ley perpetua, en el sentido de que había de durar hasta la derogación de la Ley Antigua, o sea porque el sacerdocio judío era figura del sacerdocio eterno de Jesucristo. Cf. 28, 43 y nota; Hebreos capítulos 7-10.
10. Poner las manos sobre la víctima significaba cargar sobre ella los pecados y ofrecerla a Dios en expiación de las culpas propias. Se cree que con esta ceremonia se hacía la confesión de los pecados.
18. Quemar la víctima en holocausto, es símbolo de la completa entrega a Dios y a la vez reconocimiento de su absoluto dominio sobre todas las creaturas. Olor grato, porque era figura del Cordero Jesús, en quien el Padre tiene puestas todas sus complacencias (Éfeso 5, 2).
24 ss. Lo mecerás: otra traducción: los mecerás, o los agitarás. Cf. v. 26. El texto habla en v. 27 de la “pierna de la elevación”, o pierna alzada, para expresar que las ofrendas se mecían con las manos hacia arriba y abajo y hacia los cuatro vientos. La ceremonia muestra a las claras que la función principal de los sacerdotes consistía en levantar las ofrendas a la presencia del Señor. La antigua interpretación judía entiende la elevación en el sentido de que Moisés, con sus manos puestas debajo de las manos de los nuevos sacerdotes, las haya mecido, presentando así a Dios los sacerdotes mismos como ofrenda.
29. Después de él para sus hijos: No se conoce con exactitud el rito de la consagración de los sacerdotes posteriores a los tiempos de Moisés. Sin embargo, es cierto que en el periodo anterior al cautiverio babilónico se ungía a cada Sumo Sacerdote y se le imponían las vestiduras pontificias (Levítico 21, 10; Números 20, 26-28). Después del cautiverio no se los ungía más; simplemente tenían que ponerse las vestiduras pontificales y ofrecer un sacrificio (Steinmueller, Introducción, p. 335).
33. Para su expiación: La voz hebrea “expiar” significa literalmente “cubrir (los pecados)”. Cf. Salmo 31, 1, donde el Salmista felicita al hombre a quien se cubrió el pecado. San Pablo, que cita al Salmista en Romanos 4, 7, lo interpreta diciendo que todos hemos sido justificados “mediante la Redención que es por Cristo Jesús, a quien Dios puso como instrumento de propiciación, por medio de la fe en su sangre, para que aparezca la justicia suya, por haberse disimulado los anteriores pecados en la paciencia de Dios” (Romanos 3, 24-26). Dios “cubre” borrando.
40. La décima parte (de un efa), o sea, 3,6 litros. El hin era la sexta parte del efa.
41. Entre las dos tardes: modismo hebreo que señala el intervalo de media luz entre, la puesta del sol y la oscuridad.
45. Cf. 19, 5 s. y nota. “Esta presencia de Yahvé en medio de su pueblo de que tanto habló la Ley es de la mayor importancia en la religión mosaica y recibe en los Profetas y en los Salmos una explicación mesiánica, que luego completan los apóstoles con la explicación de los más altos misterios de la revelación evangélica (Éxodo 25, 8; Levítico 26, 12; III Reyes 8, 27 ss.; Jeremías 7, 3. 7; Ezequiel 45, 7. 9; Zacarías 2, 41; 8, 3; Romanos 8, 9; II Corintios 6. 16; II Timoteo 1, 14; Apocalipsis 21, 3; Juan 1, 14)” (Nácar-Colunga).
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CAPÍTULO 30
1. El altar de los inciensos estaba “delante del velo” (v. 6), o sea, en el Santo. El incienso simboliza en el Apocalipsis las oraciones de los fieles (Apocalipsis 8, 3 s.), que son el fruto de los labios y un “continuo sacrificio de alabanza” (Hebreos 13, 15).
6. El Arca del Testimonio: el Arca de la Alianza. El Testimonio es la Ley que se guardaba en el Arca. Véase 27, 21 y nota.
12 s. El pueblo de Israel pertenecía a Dios y sólo Él tenía el derecho de hacer el censo. Si un caudillo o rey lo hacía por propia iniciativa caía sobre él una plaga como en el empadronamiento hecho por David (II Reyes 24, 15). En el v. 13 impone Dios un tributo para que reconociesen su pleno dominio. Recuérdese el medio siclo o didracma en tiempo de Jesucristo (Mateo 17, 27). El siclo grande o del Templo pesaba 16,37 gramos.
17. La pila de bronce: No se da en la Biblia una descripción clara de este lavabo, pero parece que se componía de dos partes: “La parte superior tenía forma de caldera para contener el agua; y la inferior servía de jofaina que podía ser usada por los sacerdotes para lavarse las manos y los pies antes de entrar al Tabernáculo, y también para limpiar la carne de las víctimas del sacrificio, los vasos del mismo, y los vestidos si se manchaban. La parte superior tenía probablemente dos aberturas para dejar salir el agua; la base era cuadrada o redonda y de altura moderada” (Steinmueller, Introducción General a la Sagrada Escritura, p. 304).
19. Esta purificación recordaba a los sacerdotes que sin pureza del alma no se podían acercar a Dios.
23 s. Los nombres de las plantas aromáticas que aquí se mencionan, son traducidos de diversas maneras. No hay duda de que se trataba de un óleo preciosísimo. Véase 27, 20 y nota.
29. Quedará santificado: término hebreo cuyo significado es: el que tocare una cosa consagrada a Dios, se consagra a sí mismo al servicio de Dios y tiene que ser restituido a su estado anterior por medio de varias ceremonias.
38. Es una lección para los que buscan en el culto religioso lo que agrada a los sentidos, por ejemplo, la música y la elocuencia profana. Hay que cultivar lo interior más que lo exterior, pues Dios quiere ser adorado en espíritu y verdad (Juan 4, 23 s.).
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CAPÍTULO 31
2 ss. He llamado por su nombre: he elegido. El mismo Dios eligió y llamó a los hombres más capacitados para la construcción del Santuario y su moblaje, y los llenó de espíritu divino. ¡Alégrense los artistas, a veces tan desconocidos y despreciados! Es Dios quien inspira al artista y le dota de habilidad y maestría para servicio suyo. Religión y arte han de hermanarse de nuevo como se hermanaron en la Edad Media para crear las catedrales góticas. Si hoy día el arte se ha alejado de Dios y anda errando de una extravagancia a otra, es porque ha olvidado su origen divino. Cf. v. 6; 35.31.
12 ss. Moisés no se cansa de inculcar la ley de la santificación del sábado, al cual corresponde en el Nuevo Testamento el domingo como día de la resurrección del Señor Jesucristo. Cf. 20, 8 ss.; Números 15, 36 y notas.
18. Escritas por el dedo de Dios: Así como la Ley antigua fue escrita por el dedo de Dios en tablas de piedras, del mismo modo la Nueva Ley está escrita por el Espíritu Santo en tablas de carne en el corazón de los hombres (cf. II Corintios 3, 3) y es Ley del Espíritu de vida (Romanos 8, 2). Sobre la diferencia entre ambas Leyes véase Gálatas cap. 3.
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CAPÍTULO 32
1. Tan grande es su superstición, que no vacilan en sacrificar sus alhajas como precio de este adulterio para con Dios, que tanto los había colmado de favores. Véase cómo el Señor, lleno de celos, echa en cara a Israel su infidelidad en el incomparable capítulo 16 de Ezequiel.
4. Ídolos de becerros y toros eran entre los pueblos paganos muy frecuentes, como símbolo de la fuerza de sus dioses. En sentir de Aarón, esta imagen representaba al Señor (v. 5). Es posible que fuese una imitación del toro sagrado (Apis) de Egipto. La cobardía del Sumo Sacerdote Aarón es un ejemplo de la fragilidad humana. ¿Quién osará después de esto apoyarse en las propias fuerzas? Cf. la negación de Pedro en Mateo 26, 6 ss.
6. Cf. nuestra nota en I Corintios 10, 7.
7. El Señor ya no dice: “mi pueblo”, sino “tu pueblo”, porque éste ha apostatado. ¡Cuántas veces no se ha reiterado la misma apostasía en la historia de Israel! Véase Salmo 105, 19 s.
10. Déjame, etc. “Esta manera dé hablar es de mucha honra para Moisés, y muy propia al mismo tiempo de la bondad de aquel Señor, que le da a entender cuánto apreciaba y honraba su amistad” (Scío). Dios sugiere a Moisés que se ponga de por medio y aparte de su pueblo el castigo, como si dijera: “Mira cuánto valimiento tienes conmigo; conseguirás todo cuanto quisieres a favor del pueblo” (San Gregorio Magno). Cf. Números 14, 13 ss.; Ezequiel 22, 30 y nota.
14. Se arrepintió: Se aplacó movido por la oración de Moisés. “Nada es tan poderoso como el hombre justo cuando ora” (San Crisóstomo). Por eso dijo el Señor en cierta ocasión a Jeremías que no intercediera con sus oraciones por los rebeldes para que Él no se viese obligado a escucharlo. Hay que aprovechar esta inclinación del corazón paternal de Dios que se deja desarmar por nuestras súplicas y se complace en ceder a nuestros pedidos. Adoremos ese abismo insondable de la bondad de Dios. Dijo que iba a castigar, y dejó de ejecutar el castigo, para que los pueblos vean la paciencia y el amor con que Él trata a su pueblo. Cf. Números 14, 18 ss. y nota.
19. Moisés rompió las tablas no en un ataque de cólera, sino más bien en señal de que había sido quebrantado el pacto con Dios. San Agustín ve aquí una figura de la caducidad de la Antigua Alianza que será reemplazada por la Nueva en Cristo. Fray Luis de León dice lo mismo en otras palabras: “Por cuanto ellos le habían dejado por adorar un metal. Él los dejaría a ellos y abrazaría a la gentilidad, gente muy pecadora y muy despreciada. Porque sabida cosa es, así como lo enseña San Pablo (Romanos 9, 32), que el haber desconocido a Cristo aquel pueblo, fue el medio por donde se hizo aqueste trueque y traspaso, en que él quedó desechado y despojado de la religión verdadera, y se pasó la posesión de ella a las gentes” (Nombres de Cristo).
20. Nótese el desprecio con que Moisés trata el ídolo. Bebiendo los polvos del becerro, comprendían mejor cuan vana era su idolatría.
24. Salió este becerro: excusa infantil. ¡Como si el fuego por casualidad hubiera producido un becerro sin colaboración de Aarón! Así hablamos nosotros cuando pretendemos tapar nuestros pecados y fingir una justicia que no poseemos. Con razón dice San Pablo, citando el Salmo 115, 2: “Todo hombre es mentiroso” (Romanos 3, 4), mas “el Señor mira el corazón” (I Reyes 16. 7).
25. Pues Aarón les había dado, etc. La Vulgata vierte este paréntesis de otra manera: porque Aarón le había despojado (al pueblo) por la asquerosa abominación, y lo habla puesto desnudo en medio de los enemigos.
28. Tres mil: según la Vulgata, veinte y tres mil. La cita de I Corintios 10, 8 no se refiere a este pasaje, sino a Números 25, 9. Este acto de celo por la causa de Dios aseguró a la tribu de Leví la dignidad de ser la tribu escogida para el sacerdocio.
29. Texto dudoso. El hebreo dice: Consagraos, en vez de: os habéis consagrado, como dice la Vulgata.
32. Bórrame de tu libro, el libro de la vida. Cf. Salmo 68, 29; Isaías 4, 3; Dan. 12, 1; Éfeso 2, 19; Filemón 3, 20; Apocalipsis 3, 5; 13, 8; 17, 8; 21, 27. Moisés nos da aquí un admirable ejemplo de caridad pastoral. Antes de que fuese castigado el pueblo, desea el hombre de Dios ser borrado del libro de los vivientes. “Quiere perecer con los que perecen y no se contenta con sola su propia salvación. Porque la gloria del rey es la muchedumbre de su pueblo” (San Jerónimo, Carta a Gaudencio). El mismo amor admiramos en San Pablo (Romanos 9, 3). Pero más admirable aún es la bondad de Dios que se deja aplacar por los ruegos de Moisés y no castiga a Aarón que tenía mayor culpa que el pueblo. Dice al respecto San Cirilo de Jerusalén: “Después del pecado no le prohibió a Aarón el que llegase a ser Sumo Sacerdote; y a ti, que vienes de los gentiles, ¿te va a prohibir que te salves? Haz tú igualmente penitencia, y no se te negará la gracia. Muéstrate irreprensible, porque Dios es verdaderamente misericordioso, y no bastarían todos los siglos para contar sus misericordias. Y aunque se juntasen todas las lenguas no podrían explicar ni una mínima parte de su bondad” (Cateq. II sobre la penitencia).
34. El día de mi visitación: el día de la venganza cuando llegue para castigaros.
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CAPÍTULO 33
1 ss. Tú y el pueblo que sacaste de Egipto: Es como si Dios se distanciara del pueblo escogido y negara ser su libertador. El Amor ofendido rehúsa conducir Él mismo a los que eran dignos de ser consumidos (v. 5). Dios iba delante de su pueblo en la columna de nube y fuego (23, 20 ss.), pero por su infidelidad se habían hecho indignos de tal fervor. Es por eso que Moisés insiste (v. 12 ss.) en que Dios siga conduciendo a su pueblo.
7. El Tabernáculo que Moisés coloca lejos del campamento no es idéntico con el que, según Éxodo 25, 1 ss., había de construirse, sino con el pabellón primitivo en que Dios solía hablar a Moisés. La separación del Tabernáculo significa un castigo para el pueblo apóstata, una especie de excomunión.
11. Cara a cara, o sea, familiarmente, como con un amigo, no por sueños o visiones, como con los otros profetas y hombres de Dios. ¡Admiremos la llaneza de nuestro Padre celestial! ¡Qué benevolencia tendrá hoy para con nosotros, que somos hermanos de su Hijo Jesús! “Desde que con sus manos soberanas plasmó el barro de nuestro cuerpo y le vivificó con el aliento de su espíritu, hasta el incomprensible prodigio de su convivencia substancial con el hombre en Jesucristo, Hombre-Dios, y de las inefables comunicaciones del Dios encarnado con los demás hombres sus hermanos: cum homínibus conversatus est (conversó con los hombres)” (Cardenal Gomá).
12. Te conozco por tu nombre: Expresión de especial amistad y familiaridad. Cf. 31, 2 y nota.
14. Mi Rostro: Yo personalmente. Descanso: se entiende, en la tierra de promisión. Yahvé promete conducir a Moisés, quien pide a Yahvé que no solamente lo acompañe a él sino a todo el pueblo. Dios promete también esto en el versículo 17.
18. Después de haber conseguido el cumplimiento de su pedido Moisés sigue pidiendo y se atreve a decir a Dios que salga de la obscuridad y se muestre en su esencia divina; cosa imposible para hombre mortal, como se ve en el v. 20.
19. Mi bondad: Otros traducen: mi bien, o, mi hermosura, o, mi gloria. Preferimos la primera traducción, porque lo que Dios quiere manifestar aquí es su misericordia, como se nota en la segunda parte del versículo: haré merced... usaré de misericordia… San Pablo cita este texto en Romanos 9, 15 para explicarnos el misterio de nuestra elección, la que no es fruto de nuestros méritos sino un acto de la bondad de Dios. “Esta idea la repiten en otra forma los profetas cuando, anunciando la vuelta de Israel del destierro y su restauración en la patria, insisten en que no por los méritos del pueblo, sino por el nombre de Yahvé. por su misericordia, hará el Señor esta grande obra” (Nácar-Colunga). Vislumbramos aquí un gran misterio, que cuesta creer: Dios no concede la gracia sino por amor de sí mismo, para gloria de su nombre (Isaías 48, 9; Jeremías 14, 7; Ezequiel 20, 14 y 22; 36, 21). De ahí que Yahvé, al mostrar su bondad, pronuncie su nombre, que es, en este caso, su “bondad libremente favorecedora y piadosa” (Bover-Cantera).
20. Ni siquiera Moisés pudo ver a Dios, aunque tantas veces hablaba con El “cara a cara” (v. 11). Cualquier resplandor de la divina majestad es inmenso. Los débiles ojos humanos no podrían soportarlo, y el cuerpo se desplomaría como si lo tocara el rayo. Contentémonos, pues, con la esperanza “hasta la aparición de nuestro Señor Jesucristo, al que a su tiempo hará ostensible el bendito y único Dominador (el Padre), el Rey de los Reyes y Señor de los señores, el único que posee inmortalidad y habita en una luz inaccesible, que ningún hombre ha visto ni puede ver. A Él sea honor y poder eterno. Amén” (I Timoteo 6, 14-16).
23. Mis espaldas: Lenguaje antropomórfico, como si dijera: Tú verás solamente un reflejo de mi gloria.
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CAPÍTULO 34
5 ss. Según la Vulgata es Moisés quien pronuncia el nombre de Yahvé y exclama: Yahvé, Yahvé, etc. Tenemos aquí retratada la fisonomía del Padre celestial, cuyos rasgos esenciales son la clemencia y la bondad. Esta bondad de Dios nada tiene que ver con la debilidad, pues la debilidad de un padre sería para mal de su hijo, y Dios anhela sobre todas las cosas nuestro bien, al punto de poner en ello toda su gloria (véase Juan 17, 2 y nota). Él es, pues, paciente y fuerte a la vez. Y cuando ve que no respondemos a la bondad, su mano se vuelve terrible. ¿Cómo no amar a ese Padre, si realmente creemos en su bondadosa paternidad? Y si no lo creemos, ¿cómo creeremos que fue capaz de darnos su Hijo? (Juan 3, 16; I Juan 3, 16; 4, 9). En el v. 7 se nos revela, como en 20, 5 s., el entrelazamiento entre la divina justicia y la divina misericordia y las maravillas de esta última. En realidad vivimos todos de su infinita misericordia. Hay que grabarse en el alma este concepto que es fundamental en la espiritualidad cristiana y que la Biblia acentúa de mil maneras. Cf. Salmo 129, 3; 142, 2; I Juan 1, 8, etc. San Pablo en Romanos 3, 23 ss. lo reitera para explicar el asombroso alcance del misterio de la Redención, obra del amor gratuito de Dios.
10. No es otra cosa que la renovación de la Alianza, puesto que la primera fue rota por la apostasía del pueblo en 32, 1 ss.
13. Las piedras idolátricas, en hebreo massebah, tenían la forma de un cipo o pequeña columna y estaban colocadas en los “lugares altos” o santuarios. Ascheras: plural de Aschera, nombre de una diosa cananea, representada por un tronco de árbol o un palo. En los lugares altos estaban las ascheras junto a los cipos, representando éstos la divinidad masculina, aquéllas la femenina. Cf. Jueces 6, 28.
14. Un Dios celoso: Véase 19, 5 s. y nota. Los versículos 14-26 son un resumen del Código de la Alianza. Cf. 20. 2 ss.; 13, 12 s.; 23, 12 ss.
15. En vez de idolatrar se usa en hebreo el verbo fornicar. La alianza con Dios es como un matrimonio, y adorar a dioses ajenos es, por eso, adulterio, fornicación espiritual, tanto más cuanto que el culto de los ídolos está acompañado de graves excesos de lujuria. Véase Deuteronomio 7, 4; I Reyes 8, 7 s.
22. La fiesta de las Semanas: Pentecostés, llamado así porque se celebraba una semana de semanas (50 días) después de Pascua. La fiesta de la recolección: la fiesta de los Tabernáculos.
23. Véase 23, 17 y nota.
26. Véase 23, 19; Deuteronomio 14, 21 y notas.
28. Cuarenta días y cuarenta noches: para expiar los pecados de su pueblo. Por ayuno se entiende en el Antiguo Testamento el ayuno total sin beber siquiera una gota de agua, no el ayuno de hoy que permite el beber y hasta el comer. En esto fue Moisés una figura de Jesucristo, quien igualmente ayunó cuarenta días y cuarenta noches (Mateo 4, 2).
29. Su rostro se había hecho radiante, despedía rayos de luz, que eran el reflejo de la luz divina que Moisés vio en el monte. La exégesis judía traducía “cuernos” en vez de rayos, tomando la palabra hebrea en su sentido concreto, y también la Vulgata traduce “cornuta”. De ahí viene la poco reverente costumbre de creer que Moisés tenía cuernos (cf. la escultura de Miguel Ángel), cosa bastante rara en tan grande servidor de Dios, a quien vemos aparecer junto a Cristo glorificado en la Transfiguración (Mateo 17, 3). Véase en II Corintios 3, 7-8 la preciosa observación de San Pablo sobre este pasaje.
33. Este velo tenia, según San Pablo, un significado simbólico, siendo imagen de la ceguedad del pueblo judío (II Corintios 3, 13-14).
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CAPÍTULO 35
4. Aquí comienza la descripción de las obras del Santuario que fueron ejecutadas según las indicaciones de los caps. 25-31. Véase allí las notas correspondientes.
7. Pieles de tejón: Véase 25, 5 y nota.
12. El velo entre el Santo y el Santísimo.
21. Ejemplo de celo por el decoro de la casa de Dios. Cf. Salmo 25, 8 (que se reza en la Misa) y I Paralipómenos 29, 6 ss.
31. ¡Qué bien dice Moisés que los artistas reciben de Dios sus aptitudes artísticas y un don especial del Espíritu de Dios! Véase 31, 2 ss. y nota.
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CAPÍTULO 36
1. Para este capítulo cf. 26, 1-37 y las notas respectivas.
5. Regalan para el Tabernáculo mucho más de lo que se necesitaba. No hay elogio mejor para un pueblo que su generosidad para con la casa de Dios. Cf. 35, 21-29.
8. Sabios de corazón. Corazón, en hebreo, significa también el entendimiento, la mente, las facultades intelectuales.
24. El lado del Négueb, o sea, hacia el sur. Négueb se llamaba la región meridional de Palestina.
27. Hacia el occidente; literalmente hacia el mar. Véase v. 32.
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CAPÍTULO 37
1. Para los versículos 1-9 cf. 25, 10-20 con las notas respectivas.
10. Para los versículos 10-16 véase 25, 23-30 y sus notas.
17. Sobre el candelabro véase 25, 31-39 y notas.
24. El talento pesaba 3.000 siclos, o sea, 49 kilos; según otros cálculos: 42 y medio, o sólo 25 kilogramos.
25. Sobre el altar del incienso que se llamaba también altar de los perfumes, véase 30, 1-5 y notas.
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CAPÍTULO 38
1. Sobre el altar de los holocaustos véase 27, 1-8 y notas.
8. Véase 30, 17-21. Había en la antigüedad espejos de bronce, de estaño y de plata. Aquí se trata de espejos de bronce. No se sabe cuáles eran los trabajos de las mujeres que servían a la entrada del tabernáculo. Eran tal vez porteras. Según los intérpretes antiguos servían a Dios con oraciones y ayunos, como la profetisa Ana. Cf. I Reyes 2, 22 y nota; Lucas 2, 37. Cierto está que las mujeres nunca podían entrar en el Templo. Por eso se hizo más tarde para ellas el atrio de las mujeres, que estaba más lejos del Santuario que el de los hombres.
9. Sobre el atrio véase 27, 9-19 y notas.
26. El número de 603.550 está de acuerdo al número de israelitas de veinte años para arriba; número que concuerda con el censo de Números cap. 1. Cf. Números 1, 45 s. y nota. Cada uno tenía que pagar medio siclo. El siclo grande equivalía a 16,37 gr., el siclo ordinario a 8 gr. El talento tenía 3.000 siclos. El origen de tantas riquezas se explica por el procedimiento relatado en 12, 36 y los ahorros de los israelitas durante su estadía en Egipto.
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CAPÍTULO 39
1. Sobre los ornamentos sacerdotales véase cap. 28, 1-5 y 40-43.
8. Sobre el pectoral véase 28, 15 ss. y notas; sobre el efod, 28, 6 ss. y notas.
22. Véase 28, 31 53.
43. Moisés los bendijo: Hoy día diríamos: los felicitó. También en esto se nota en la cultura moderna el laicismo y antropocentrismo. El hombre espiritual (Romanos 12, 1-2) relaciona todo con Dios.
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CAPÍTULO 40
2. El día primero del primer mes de que se habla aquí, es el primero de Nisán del año siguiente a la salida de Egipto, o sea, nueve meses después de la llegada al Sinaí. Cf. v. 17.
15. Les conferirá el sacerdocio sempiterno: Solamente el Sumo Sacerdote recibió en adelante consagración (véase 29, 29 y nota), los demás sacerdotes no fueron ungidos, sino que recibieron la dignidad sacerdotal en virtud de su origen de una familia sacerdotal.
20. El Testimonio: las dos tablas de la Ley, testigos perpetuos de la Alianza que Dios hizo con su pueblo en el Sinaí. Véase 25, 16 y 21. Cf. 16, 34.
34. La nube que había conducido a los israelitas y que se había colocado provisionalmente sobre el Tabernáculo que Moisés había erigido fuera del campamento, se trasladó a este nuevo Tabernáculo, lo que indica que Dios tomó posesión de su Santuario. Véase en II Paralipómenos S, 14 la misma expresión respecto del Templo de Salomón, y en Ezequiel 43, 2, respecto del nuevo Templo proféticamente visto por Ezequiel.