INTRODUCCIÓN

El nombre de este libro: “El Eclesiástico”, es debido al constante uso que de él se hacía en la Iglesia, especialmente en la instrucción del pueblo y de los catecúmenos que iban a ser bautizados. Basta este nombre para mostrarnos el aprecio que la Iglesia tenía de su utilidad como arsenal de doctrina y de piedad; y para darnos idea de lo familiarizados que estaban los fieles en los tiempos de fe, con el conocimiento de este divino tesoro de sabiduría. El nombre de “Libro de Jesús, hijo de Sirac”, o “Sabiduría de Sirac”, le viene de su autor Jesús (Josué), descendiente de un cierto Sirac (50, 29) que vivía en Palestina al comienzo del siglo II a. C.

El libro fue escrito por los años 200-170 a. C.

El autor se sirvió de la lengua hebrea, de la cual el libro fue traducido al griego, en Egipto, por su nieto, que llevaba el mismo nombre que el abuelo. La traducción se emprendió en el año 38 del rey Ptolomeo Evergetes II, es decir, en 132 a. C.

San Jerónimo conocía todavía el texto hebreo, pero poco después éste se perdió. Recién en nuestros días, en 1896-1900, fue hallado en una sinagoga de El Cairo un manuscrito que contiene más de la mitad del texto hebreo. Ello muestra, por otra parte, que este Libro deuterocanónico, aunque no forma parte del canon judío, fue tenido siempre en grande estima por Israel, cuyos maestros lo citan hasta hoy como fuente de suma autoridad. Las diferencias textuales de las versiones antiguas son muy numerosas y hemos procurado señalarlas brevemente en lo posible.

El objeto del Eclesiástico es enseñar la sabiduría, es decir, las reglas para hallar la felicidad en la vida de amistad con Dios. De ahí que se le ha llamado “tratado de ética a lo divino”, es decir, expuesto no en forma sistemática sino con esa pedagogía sobrenatural que San Pablo llama “mostrar el espíritu y la virtud” de Dios (I Corintios 2, 4), siendo de notar que la palabra “moral” (del latín mores: costumbres), tan usada posteriormente, no figura en la Sagrada Escritura. Para ilustrar su doctrina, recorre finalmente el autor en los capítulos 44-50 la historia del pueblo escogido, presentándonos con elogio los varones sabios y justos desde Abrahán hasta Simón, hijo de Onías. Termina con una oración y una maravillosa exhortación para que todos aprendan y aprovechen de la sabiduría que a todos se brinda gratuitamente para saciar la sed del corazón.

El libro no está compuesto según un plan lógico, por lo cual su división no puede hacerse rigurosamente. Ello no obstante, señalamos aproximativamente como útil orientación para el lector, las diez secciones que propone Peten:

I) 1, 1-4, 11: Elogio de la Sabiduría; deberes para con Dios, para con los padres, para con el prójimo, para con los pobres y oprimidos.

II) 4, 12-6, 17: Ventajas de la sabiduría; prudencia y sinceridad en el obrar. La amistad.

III) 6, 18-14, 21: Ventajas de la sabiduría. Contra la ambición. Reglas de conducta acerca de varias categorías de hombres. Confianza en Dios. Hombres de los que hay que desconfiar. Contra la avaricia.

IV) 14, 22-16, 23: Frutos de la sabiduría. El pecado y su castigo.

V) 16, 24-23, 38: Himno al Creador. Templanza en el hablar y disciplina de la lengua. Diferencia entre el necio y el sabio.

VI) 24, 1-33, 19: Himno a la Sabiduría. Las mujeres. Honestidad en los negocios. Educación de los hijos. Salud y templanza. El temor de Dios.

VII) 33, 20-36, 19: Los esclavos. La superstición. Culto falso y verdadero. Oración por la salvación de Israel.

VIII) 36, 20-39, 15: Elección de los mejores. Templanza. Relaciones con el médico. Culto de los muertos. Estudio de la Sabiduría.

IX) 39, 16-43, 37: Loa de la Divina Providencia. La vida humana, sus penas y alegrías. Castigos de los impíos. Verdadera y falsa vergüenza. Himno a Dios Creador.

X) 44, 1-50, 23: Elogio de los Padres.

Sigue un apéndice que comprende dos partes: a) la oración de gratitud del autor (51, 1-17); b) un poema alfabético de invitación a la busca de la sabiduría (51, 18-38).

No hay palabras con qué expresar el bien que pueden hacernos, para la prosperidad de nuestra vida, estas enseñanzas cuya inspirada omnisciencia prevé todos los casos y resuelve todas las dificultades que nos puedan ocurrir.

Junto a estos libros sapienciales, palidece y aparece superficial y a menudo vacía y falsa toda la psicología de los moralistas clásicos, griegos y romanos. Con respecto a las características propias de cada uno de estos santos Libros, conviene ver las Introducciones a los Proverbios, al Eclesiastés y a la Sabiduría. En el presente Libro se nos dan gratuitamente consejos que pagaríamos a peso de oro si vinieran de un maestro famoso.

El Sabio va escrutando, como en un laboratorio, todos los problemas de la vida humana, y ofreciéndonos su solución. ¿Puede haber favor más grande? Porque no se trata de esas soluciones de la pura razón, o de la ciencia positiva que cada época y cada autor han ido proponiendo, o imponiendo orgullosamente, como definitivas conquistas de la filosofía... hasta que llegaba otro que las destruyese y las negase para proclamar las suyas, tan relativas o deleznables como aquéllas.

No; el laboratorio del moralista que aquí nos alecciona, está iluminado por un foco nuevo. Los pensadores de hoy lo llamarían intuición. Para los felices creyentes (Lucas 1, 45) hay un nombre más claro, un nombre divino: el Espíritu Santo, que habló por los profetas, “qui locutus est per Prophetas”.

La intuición, que ahora se propone como una fuga ante el fracaso del racionalismo, ¿qué es, que puede ser, sino un modo disimulado de admitir que Dios obra en nosotros, por encima de nosotros y sin necesidad de nosotros, así como no nos necesitó para crearnos. ¿O acaso esa intuición —reconocida superior al raciocinio porque éste muchas veces es falaz y deformado por las pasiones— no sería sino un instinto puramente humano y biológico? En tal caso, habremos de reconocer a los animales como los modelos del hombre en sabiduría… (y a fe que bien podrían ser nuestros maestros en cuanto se refiere a la ordenación de sus apetitos, que en el hombre están en rebeldía). Si nuestro ideal en cuanto a espíritu se contenta con tal instinto de intuición es que los “post-cristianos” de hoy están muy por debajo de la intuición del pagano Sócrates que al menos reconocía en su interior el soplo de un “demonio”, en griego: espíritu, como agente de sus inspiraciones.

En vano David nos lo advertía hace tres mil años, hablando por su boca el mismo Dios: “Yo te daré la inteligencia. Yo te enseñaré el camino que debes seguir... no queráis haceros semejantes al caballo y al mulo, los cuales no tienen entendimiento” (Salmo 31, 8 s.). En vano, decimos, porque los hombres no aceptaron ese magisterio de nuestro Creador, y prefirieron el de las bestias, como lo expresa también otro Salmo de los hijos de Coré, diciendo: “El hombre, constituido en honor, no lo entendió. Se ha igualado a los insensatos jumentos y se ha hecho como uno de ellos” (Salmos 48, 13 y 21).

Estas reflexiones pueden servirnos como claroscuro para apreciar mejor, frente a nuestra triste indigencia propia, el tesoro de verdad, de enseñanzas, de soluciones infalibles, que la bondad de Nuestro Padre Dios pone en nuestras manos con este Libro, tan poco leído y meditado en los tiempos modernos. Agreguemos que esta sabiduría práctica del Eclesiástico, no es como un tónico o néctar de excepción, reservado sólo para los que aspiran a lo exquisito. Es un alimento cotidiano, al que hemos de recurrir sistemáticamente los que vivimos “en este siglo malo” (Gálatas 1, 4), los que creemos que San Juan no miente al decir que “el mundo todo está poseído del maligno” (1 Juan 5, 19). Jesús confirma esto en forma tremendamente absoluta, diciendo que a ese Espíritu Santo, que “enseña toda verdad” (Juan 16, 13) porque es “el Espíritu de la Verdad” (ibíd. 14, 17), “el mundo no lo puede recibir porque no lo ve, ni lo conoce” (ibíd.).

Siendo el Eclesiástico uno de los libros deuterocanónicos, nos hemos servido del texto (corregido) de nuestra edición de la Vulgata, añadiendo en las notas las variantes más importantes del griego y hebreo.

PRÓLOGO DEL TRADUCTOR GRIEGO*

Muchas y grandes cosas se nos han enseñado en la Ley, y por medio de los Profetas, y de otros que vinieron después de ellos; de donde con razón merecen ser alabados los israelitas por su erudición y doctrina; puesto que no solamente los mismos que escribieron estos discursos hubieron de ser muy instruidos, sino que también los extranjeros pueden, asimismo, llegar a ser muy hábiles, tanto para hablar como para escribir. De aquí es que mi abuelo Jesús, después de haberse aplicado con el mayor empeño a la lectura de la Ley y de los Profetas, y de otros Libros que nos dejaron nuestros padres, quiso él también escribir algo de estas cosas tocantes a la doctrina y a la sabiduría, a fin de que los deseosos de aprender, bien instruidos en ellas, atiendan más y más a su deber, y se mantengan firmes en vivir conforme a la Ley.

Os exhorto, pues, a que acudáis con benevolencia, y con el más atento estudio, a emprender esta lectura, y que nos perdonéis si algunas veces os pareciere que al copiar este retrato de la sabiduría, flaqueamos en la composición de las palabras; porque las palabras hebreas pierden mucho de su fuerza trasladadas a otra lengua. Ni es sólo este libro, sino que la misma Ley y los Profetas, y el contexto de los demás Libros son no poco diferentes de cuando se anuncian en su lengua original.

Después que yo llegué a Egipto en el año treinta y ocho del reinado del rey Ptolomeo Evergetes, habiéndome detenido allí mucho tiempo, encontré los libros que se habían dejado, de no poca ni despreciable doctrina. Por lo cual juzgué útil y necesario emplear mi diligencia y trabajo en traducir este libro, y así en todo aquel espacio de tiempo, empleé muchas vigilias y no pequeño estudio en concluir y dar a luz este libro, para utilidad de aquellos que desean aplicarse, y aprender de qué manera deben arreglar sus costumbres los que se han propuesto vivir según la Ley del Señor.

 

*El prólogo no forma parte del libro inspirado, sino que fue compuesto y añadido por el traductor. Es de notar la observación de este sobre lo difícil que es traducir con exactitud los libros santos. De ahí la gran conveniencia de recurrir a los textos originales, según lo señala Pío XII en la magistral Encíclica “Divino Afflante Spiritu” del 30 de setiembre de 1944. El rey Ptolomeo Evergetes es el segundo de este nombre que reinó de 145 a 117 a. C. (con su padre ya desde 170).

ECLESIÁSTICO 1

1. Existe antes de los siglos: es decir, se identifica con la segunda de las divinas Personas, el Verbo eterno (versículo 5) que siempre estuvo “apud Deum”, exactamente como lo dice Juan 1,1. El Eclesiástico nos da así la misma doctrina que el Libro de la Sabiduría y los otros Libros Sapienciales (Proverbios 8,22; Sabiduría 7,26, etc.), y confirma aquí terminantemente que no puede existir la sabiduría creada en el hombre (versículo 4), si no procede de su única fuente, que es aquella sabiduría increada de Dios. Lección fundamental contra todo orgullo humano. Comparadas con la sabiduría divina, todas las ciencias son “cisternas rotas” (Jeremías 2,13). Por eso San Ambrosio recomienda “beber grandes sorbos en las fuentes del Antiguo y Nuevo Testamento, porque en cada Testamento se bebe a Cristo” Cf. versículo 5 y nota.

5. Falta en los mejores códices griegos (lo mismo que los versículos 7, 14, 17-19, 23 [segunda parte], 26 y 27). Pero el Salmo 118 que es todo un himno a la Ley de Dios, confirma este concepto de que los mandamientos no son órdenes despóticas sino corrientes de sabiduría, esto es, enseñanzas de felicidad.

9. Es la respuesta a las preguntas de los versículos 2 y 3. Véase capítulos 42,15 ss. y 43; el discurso de Dios en Job 38 ss. y el Salmo 103. La numeró y la midió: Véase Proverbios 16,11; Sabiduría 11,21.

10. La comunicó a los que le aman. El amor lee entre líneas. Imaginemos que un extraño lee en una carta ajena este párrafo: “Cuida tu salud, porque si no, voy a castigarte”. El extraño pone los ojos en la idea de este castigo y halla dura la carta. Mas vino luego el destinatario de ella, que era el hijo del remitente de la carta, y al leer esa amenaza de su padre, de castigarle si no se cuidaba, se puso a llorar de ternura viendo que el alma de aquella carta no era la amenaza sino el amor siempre despierto que le tenía su padre, pues si le hubiera sido indiferente no tendría ese deseo apasionado de que estuviera bien de salud. La carta que Dios nos escribió es la Sagrada Escritura (San Gregorio). Contiene también amenazas pero son amenazas paternales escritas para nuestra salud, y el que ama al Padre Celestial las lee como aquel hijo que se puso a llorar al ver la tierna preocupación de su padre.

15. La aman luego que la ven: La miel no puede parecer amarga al que la prueba. He aquí la gran luz que nos da toda la Escritura: conocer para poder amar, y amar para poder servir (Gálatas 5,14; Romanos 13,10; 1 Corintios 13). El conocimiento es el camino hacia el amor (Juan 17, 3, 6, 17 y 26). Se trata, claro está, del conocimiento espiritual o sabiduría, que viene de la Palabra divina, y no de un conocimiento puramente exterior y superficial.

16. Véase Proverbios 1,7; 9,10; Eclesiástico 12,13; Salmo 110,10 y notas. En el seno materno: ha de entenderse esto de aquellos dones especiales que Dios concede a algunos desde el seno de su madre o desde la cuna, con los que desde luego muestran inclinación a la piedad (Job 31,18): así como, por el contrario, en el Salmo 57,4 se dice de otros que han sido enajenados y embotados desde el seno de su madre. Otros lo aplican a la predestinación, así como Jeremías fue santificado (Jeremías 1,5) y San Pablo separado (Gálatas 1,15) desde el seno de su madre (Scío). Sobre la predestinación véase lo que dice San Pablo en Romanos 8,29 s.

26. Falta en el griego. Girotti lo considera una compilación de los versículos 17, 21 y 24.

28. En hebreo: Al impetuoso fuera de razón no faltará castigo, porque el empuje de su ímpetu lo hará precipitarse. Vaccari deduce de aquí la diferencia entre el moralista ligero, que a todos quiere imponer su pretendida sabiduría, y el verdadero sabio que espera el tiempo oportuno para insinuar su doctrina.

30. Retendrá sus palabras. Otra traducción esconderá su palabra. Un proverbio árabe manda girar tres veces la lengua antes de hablar.

31. Las máximas de la buena conducta; de modo que María sabrá ser buena Marta cuando llegue la ocasión.

34 s. Lo que le agrada: Véase Sabiduría 9,10 y nota. No olvidemos que en saber lo que agrada a Dios, consiste todo. La fe y la mansedumbre: Dios colma de bendiciones al que confía en Él (cf. Salmo 32,22 y nota) y es manso (Salmo 36,11).

36 ss. Sobre el corazón doble, tan abominable ante Dios, véase Juan 1,47; Santiago 1,6-8; 4,8; Sabiduría 1, 2 y 5 y notas; Mateo 5,23 s.

39. Revelando, etc.: Véase lo que dice Jesús en Lucas 12,2 s.: “Nada hay oculto que no haya de ser descubierto, nada secreto que no haya de ser conocido. En consecuencia, lo que hayáis dicho en tinieblas, será oído en plena luz, y lo que hayáis dicho al oído en los sótanos, será pregonado sobre los techos”.

ECLESIÁSTICO 2

1. Desde el Antiguo Testamento se nos enseña que las luchas y tentaciones son pruebas de la fe. Si las llevamos con paciencia nos purifican y nos unen más fuertemente con Dios. Si el alma, dice, San Gregorio, se une vigorosamente a Dios, las amarguras se convierten en dulzura, y toda aflicción es para ella un descanso (Lib. V. Moral.). Cf. Ester 13,18; Proverbios 3,12; Sabiduría 3,5; 11,11; Santiago 1,2 ss.

2. Ten paciencia: Scío vierte: sufre; Bover-Cantera: muéstrate firme; Nácar-Colunga: soporta con paciencia. La Vulgata expresa todo esto con la sola palabra lapidaria: ¡sústine!, que debería estar en el escudo de todos los que luchan bajo la bandera de Cristo. ¡No agites tu espíritu! Suavísima norma que nos muestra con qué caridad nos ama Dios. La sabiduría está en la serenidad confiada, que sabe aguardar la salud que viene de Dios (Lamentaciones. 3,22-26) y orar (Santiago 5,13). esperando que Él obre (Salmo 36,5 y nota), sin entregarse a los escrúpulos e inquietudes con que Satanás quiere llevarnos a la desesperación. Esa difícil pasividad es mayor acto de fe que cualquier actividad insensata y febril. Cf. Tobías 2,12 y nota.

3. Este versículo ha sufrido muy diversas versiones. Scío: Aguarda si tarda Dios, únete con Dios y sufre para que a lo postrero crezca tu vida. Nácar-Colunga: Adhiérete a Él y no te separes, para que tengas buen éxito en tus postrimerías. Bover-Cantera: Pégate a Él y no te alejes, para que crezcas en tus últimos momentos. Todas las versiones hacen pensar en la suerte final y la vida eterna.

5. Véase 4,18 ss.; Sabiduría 3,6; 1 Corintios 3,13; 1 Pedro 1,7. Los hombres aceptos, es decir, los hombres gratos a Dios.

9 s. Esperad en Él, etc.: Hebreo y griego: esperad bienes y gozo y misericordia. El versículo 10 no figura en los originales y parece puesto para añadir la caridad a la fe (versículo 8) y a la esperanza (versículo 9). Nótese la impresionante repetición del comienzo de estos versos y de los versos 18 ss.: los que teméis al Señor.

11. Los antiguos decían: “Historia discimus”: la Historia es Maestra en enseñarnos lo que aguarda a quienes no obedecen a Dios. Véase Salmo 36,25; 62,7 y notas.

12. “Al que viene a Mí no le echaré fuera” (Juan 6,37).

14. Por dos senderos: Es lo mismo que: “Ninguno puede servir a dos señores”, dice el Señor único (Mateo 6,24).

18. Es la gran promesa de Juan 14,23. El que no ama no tiene fuerza (ibíd. versículo 24). El amor consiste principalmente en soportar las penalidades de la vida. “Los que llegan a la perfección, nunca piden al Señor que los libre de tribulaciones y pruebas, sino que las ansían y aprecian tanto como los hijos del siglo aprecian las riquezas, el oro y las piedras preciosas. Saben que especialmente en tiempos de tribulación y tentaciones es fácil enriquecerse” (Santa Teresa de Jesús).

19. Lo que es agradable: No todo es cuestión de obligación cuando se trata de un Padre (1,34). Véase 7,40 y nota.

20. Santificarán sus almas: en griego: se humillarán delante de Él. La primera de las gracias, dice San Bernardo, es el temor de Dios. El que lo recibe y obedece a sus inspiraciones, detesta toda iniquidad... Sin aquella gracia, que es el principio de la piedad, ningún bien se desarrolla ni se multiplica. Como la falsa seguridad es el manantial de todas las iniquidades, así el temor del Señor es el principio, la base y la custodia de todos los bienes” (‘Los Dones del Espíritu Santo’, c. 1).

22. s. En hebreo sigue al versículo 20 y dice, al revés: Arrojémonos en las manos de Dios y no en las de los hombres, porque cuanto Él es, etc. Las palabras si no hacemos penitencia, parecen añadidas y “cambian todo el sentido, en contraste con el versículo 23” (Bonacorsi). David expresó igual confianza en la suavidad de Dios (2 Samuel 24,14), y nos reveló que su misericordia es tan alta como el cielo (Salmo 102,11).

ECLESIÁSTICO 3

3. Dios quiso honrar al padre, hasta el punto de hacerlo objeto del cuarto mandamiento. El que lo violare perecerá. Véase Mateo 15,4; Éxodo 20,12; 21,17; Deuteronomio 5,16; Levítico 20,9; Proverbios 20,20.

7. Larga vida: Esta es la promesa especial de qué habla San Pablo en Éfeso 6,2 s. Es que se trata de algo especialmente agradable a Dios según vemos en Colosenses 3,20. La sociedad humana, tal cual Él la quiso en el pueblo escogido, era esencialmente patriarcal. La dignidad paternal no sólo se funda en el sumo derecho natural de haber dado gratis a los hijos la vida y su subsistencia, sino que también es una imagen y representación de la Paternidad divina (Éfeso 3,5), creadora, conservadora, amante y misericordiosa (Salmo 102,13). Jesús, salvación dada por el mismo Padre, se nos ofrece a cada paso de su Evangelio, como modelo de Hijo de ese Padre, al que se complace en estar sometido (Juan 4,34; 12,49; 14,28; 1 Corintios 15,28). Luego nos lo da por Padre nuestro (Juan 1,12 s.; 20,17); y entonces el Padre nos da el mismo Espíritu de Jesús para que podamos amarlo como Él lo amó (Gálatas 4,6).

9. “Oh, hijos, dice San Ambrosio, alimentad a vuestro padre, alimentad a vuestra madre. Aunque hayáis alimentado a vuestra madre, no le habéis podido pagar todavía los dolores y las angustias que por vosotros ha sufrido; no le habéis dado alimentos que compensen los que, por un tierno afecto, os ha ofrecido cuando os criaba… Se ha privado de alimentos que tal vez le gustaban; por vosotros ha aceptado manjares que le repugnaban; ha velado y llorado por vosotros. ¿Podríais abandonarla en la necesidad? ¡Oh, hijos! ¡qué terrible juicio se os prepara, si no cuidáis a vuestra madre!”

11. Afirma las casas. Les da prosperidad. En Israel esta bendición paterna era cosa primordial, y confirmada por Dios (cf. Génesis 27,7 y 28 s.; 49,2 ss. y notas). En hebreo: La bendición del padre hace firme la raíz, y la maldición de la madre arranca la planta.

12. No es gloria tuya; porque es tu misma sangre. Bella lección de honor, aplicada por Corneille en “El Cid”. Muestra cuan necia es la vanidad del joven que quiere superar a su padre como si se tratase de un rival. Es lo contrario de lo que hizo Jesús. Cf. versículo 7 y nota.

13. Padre sin honra: en la versión griega se lee madre.

16. Los defectos de la madre: la vejez, las enfermedades, los defectos psíquicos.

19. El segundo hemistiquio se traduce en hebreo así: serás más amado que el hombre que trae presentes.

20. ¡Cuanto más grande! Jesús puso a esto un comentario vivo cuando dijo: “Yo estoy entre vosotros como un sirviente” (Lucas 22,27), y nos lavó los pies para que lo imitáramos (Juan 13,14), y se aniquiló, como olvidándose de su divinidad (Filipenses 2,3) para que la gloria fuese del Padre (versículo 7 y nota). María igualmente, se dice “esclava” (Lucas 1,38) y proclama su nada propia (ibíd. 48) precisamente cuando se ve elevada a una grandeza por la cual todas las generaciones la llamarán dichosa. ¡Ay de los que se creen dignos de honores por hallarse colocados en alta posición! Véase 7,4 y nota.

24. No escudriñes las cosas superfluas: Queremos saber lo que Dios quiere que ignoremos, y queremos ignorar lo que Él quiere que sepamos. La curiosidad imprudente induce al error, máxime cuando se trata de cosas que son superiores a nuestros sentidos y a nuestra inteligencia. Creemos comprender lo que comprendemos mal, o lo que no comprendemos. Así sucede con la mayor parte de los filósofos modernos que, a pesar de tenerse por maestros del género humano, no tienen otra suerte que la de ser refutados por sus propios discípulos. Son sepultureros que entierran a otros sepultureros.

27. Cf. Proverbios 5,8 y nota. El corazón empedernido desprecia las riquezas de la bondad de Dios. Conforme a su dureza se atesora “ira para el día de la cólera y de la revelación del justo juicio de Dios” (Romanos 2,5), es decir, para el día del juicio.

28. Sigue dos caminos: Cf. 2,14.

33. Dios sostendrá al que hace limosna para que no caiga o le levantará de su caída (San Juan Crisóstomo). Véase (Mateo 5,7; Tobías 4,11 a.; 12,8 s. y notas.

34. Todos somos mendigos de Dios; pero para que Dios reconozca a los suyos, reconozcamos a los nuestros. ¿Con qué cara os atreveréis a pedir a Dios, si no queréis socorrer a vuestro semejante? (San Agustín). Sin misericordia para los pobres es imposible conseguir misericordia (San Cipriano).

ECLESIÁSTICO 4

1. No defraudes al pobre de su limosna; en griego: de su sustento. De aquí se ve que el pobre no ha de ser considerado como un hombre molesto, sino que tiene para ser socorrido un verdadero derecho. “Por esto cometemos una especie de robo si les negamos lo que para ellos es necesario y a nosotros nos sobra. Los Padres de la Iglesia jamás han dado otra explicación a este texto” (Vigouroux. Polyglotte). Esto no es sólo consecuencia del derecho a la vida en el orden natural, sino que también es correlativo del mandamiento del amor, síntesis de toda Ley divina (Mateo 22,36-40; Romanos 13,8-10). Por pobres han de entenderse todos los que no tienen lo necesario para sí y para su familia. La Sagrada Escritura no cesa de recomendar la limosna y la misericordia con el pobre (Mateo 5,7; 23,23; Lucas 6,36; Romanos 12,8; Colosenses 3,12; Santiago 2,13; Salmo 36,26; Tobías 4,7; Isaías 58,10; Daniel 4,24; Oseas 12,6; Zacarías 7,9, etcétera).

8. Paga tu deuda: Esto es más que dar limosna. Hay gentes que no se niegan a dar una limosna, pero no se acuerdan de las deudas que han contraído con otros, o dan limosna con dinero ajeno. Esto no es sino otra forma de defraudación y robo.

12. Infunde vida: en griego: ensalza. En hebreo: instruye. Va delante de ellos. Véase Sabiduría 6,14 ss.

15. El Santo es Dios (o su Hijo Jesús a quien la Iglesia llama “Tu solus Sanctus”). Véase Lucas 18,19. Dios ama a los que la aman: He aquí el secreto para ser predilecto del Padre: amar la sabiduría, lo cual es lo mismo que amar al Hijo (Juan 16,27), pues Jesús es la Sabiduría en persona. Véase 1,1 y nota.

16. Los santos juzgarán el mundo. Véase Lucas 22,29 s.; Apocalipsis 2,26 ss.; 20,4. Cf. 1 Corintios 6,2 s.

17. Los hijos, imitando a sus padres, heredarán la sabiduría de ellos, y con eso queda confirmada la posteridad.

18 ss. Vemos aquí el maravilloso proceso de Dios con el alma para elevarla en la vida espiritual. El Nuevo Testamento nos muestra que para avanzar en este proceso, hay que superar el escándalo que al principio nos produce Cristo con su doctrina, tan opuesta a la sabiduría humana (Marcos 14,27; Mateo 11,6; 13,21; 1 Corintios 1,23; Salmo 118,38-40 y nota). Conseguimos esto cuando renunciamos a juzgar a Dios (2 Corintios 10,5) y nos entregamos totalmente a Él recibiendo su Palabra con la docilidad de un niñito (Marcos 10,15).

22. Si se desviare: Véase la doctrina de Jesús en Lucas 9,62.

25 s. El Eclesiástico piensa en los israelitas que, por vivir entre paganos, estaban expuestos a temer las burlas. La mala vergüenza es el respeto humano (versículo 31). La buena y la gloriosa es la que todo lo desafía con la fe confiada y el amor puesto en Cristo.

27. Texto depravado; falta en el original. O es tal vez glosa.

28. Pocas veces nos mueve Dios a hablar, porque la sabiduría suele estar en retirarse (versículo 34; Santiago 3,2; Proverbios 17,27). Pero ¡ay de los que tienen cargos de responsabilidad y callan por consideración a las personas, a los intereses o a la prudencia humanal Véase Romanos 1,16; 2 Timoteo 4,2; Isaías 58,1; Jeremías 3,12; Ezequiel 13,5 ss.; 34,1 ss.

31 s. No te rindas a nadie para pecar, etc.: en griego: no te sujetes a hombre insensato, ni resistas al poderoso (al Todopoderoso). Esto sería como tener vergüenza de que el médico viera nuestra enfermedad (véase Mateo 9,12; Salmo 31,1-5 y notas). Pero, como dice en el primer hemistiquio, no manifiestes los asuntos de tu conciencia a cualquier hombre.

34. Cf. 32,9; Proverbios 29,20; Santiago 1,19. Precipitado... remiso: “Penoso contraste: pronto en el hablar, remiso en el obrar. El autor sagrado pone frente a frente dos vicios que en hecho de verdad suelen ir por lo común emparejados: palabrería y holgazanería. A quien anda bien ocupado en trabajar no le sobra tiempo para charlar. Ni suele ir nunca sola la palabrería: la acompaña la murmuración, la estima de sí mismo, el desprecio de los demás. Hay quien, sentando cátedra de oratoria, deja correr su lengua en magníficos, ampulosos períodos, criticando a unos, descabezando a otros, rechazando sistemas, proponiendo reformas, mostrando a gobernantes y a gobernados el camino que han de seguir si quieren salvar la nación, fuera del cual irán a dar consigo al profundo abismo. Risum teneatis, amici!” (Fernández, Flor. Bibl. IX, p. 37).

35. La caridad cristiana encuentra su primer campo de actividad en la propia casa, en el trato diario con nuestros familiares y servidores. Prójimo es ante todo el que nos está próximo.

ECLESIÁSTICO 5

1. Véase 40,1; Proverbios 10,2. A los que ponen su confianza en las riquezas, dice el Señor: “¡Insensato! esta misma noche han de exigir de ti la entrega de tu alma” (Lucas 12,20). Riquezas inicuas: adquiridas injustamente. Tal vez de este pasaje provengan las palabras “riquezas de iniquidad” en Lucas 16,9 (véase Proverbios 10,2). Al tiempo de la venganza: en el día del juicio. Véase 12,4; Proverbios 11,4; Isaías 34,8; Jeremías 46,10; 51,6; Ezequiel 7,19; Sofonías 1,18; Romanos 2,5.

5. No se trata de dudar del perdón (Salmo 102,12). Si la conciencia nos da testimonio de estar contrita (1 Juan 3,21; Eclesiastés 9,1 y nota), dudar de la misericordia sería impedirla, pues el Padre celestial la concede solamente cuando confiamos en ella (Salmo 32,22 y nota; Lucas 15,20). El sentido es, pues: teme recaer después del perdón. En efecto, Jesús enseña que tal situación es peor que la de antes. Véase 26,27; Mateo 12,45; Hebreos 4,6; 10,26; 2 Pedro 2,20. Sin embargo, “no quieras estar sin temor”, como aquí insinúa el Eclesiástico al pecador, “y esto por tres razones: la primera, para tener siempre ocasión de no presumir; la segunda, para tener materia de siempre agradecer; la tercera, para que le sirva de más confiar para más recibir” (San Juan de la Cruz. Cántico Espiritual XXXIII).

6. Importa mucho no entender mal este pasaje, pues nada podría ser peor que dudar de la misericordia divina, cuyo carácter infinito –como observa Fillion– es lo más real que existe (véase Salmo 32,22; 76,10 y notas). Se trata aquí de la burla (especie de sacrilegio, dice el mismo Fillion) que pretexta la misericordia pero que no cree en ella, pues si creyera en el amor de Dios lo amaría, como enseña San Juan y explican San Agustín y Santo Tomás. Nótese que el texto no dice “no creas”, sino “no digas”, esto es, no pretendas hipócritamente. Lo mismo ocurre con la célebre expresión: “Peca fuertemente y cree más fuertemente”, la cual, si alguna vez fue dicha, encerraría una contradicción in terminis, puesto que, según la misma doctrina paulina de la justificación por la fe, ésta, si es viva, obra por la caridad (Gálatas 5,6) en la cual está la plenitud de la Ley (Romanos 13,10) o sea todo lo contrario del pecado.

7. Misericordia... indignación: Dios habla siempre en este lenguaje, que no es el de los jueces de la tierra, sino el de un Padre que ama (Juan 5,22; 3,17; 8,15; 12,47; Lucas 12,10). Él desea siempre perdonar, y cuando castiga, lo hace como una venganza (versículo 9) del amor despreciado (Ezequiel 33,11; Proverbios 1,26 y nota).

11. Se convence reo: griego: así hace el pecador de lengua doble, o sea, que unas veces afirma lo que otras niega. San Pablo nos previene contra esta versatilidad, de la cual sólo puede librarse el que ha unificado su pensamiento identificándolo con el que Cristo nos da a conocer en todas sus palabras (Éfeso 4,14).

12. En griego: Sé firme en tu convicción y tu palabra sea la misma.

16. En griego: No seas (llamado) chismoso y no armes lasos con tu lengua.

18. A los pequeños y a los grandes: El griego y el hebreo: no peques ni en lo chico ni en lo grande. Jesús da sobre esto una luz inmensa, asegurándonos que el que es fiel en lo poco, lo será en lo mucho. Esto nos despeja incalculablemente la vida espiritual, atrayéndonos al encanto de las pequeñas virtudes. No dijo Él: ¡sed gigantes!, sino ¡sed niños! Véase 19,1 y nota; Lucas 16,10; Mateo 25,23.

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2. Véase Romanos 12,16; Filipenses 2,3. El número de los que se dejan llevar por la altivez es infinito, y no sin razón el Eclesiástico la llama “locura”. ¡Qué cosa más detestable y más digna de castigo que el orgullo del hombre que se levanta ante un Dios que se hizo hombre! San Crisóstomo compara el orgullo con las tempestades del mar. “Este crimen ciega el espíritu; no hay mal que le iguale; hace del hombre un demonio, un insultador, un blasfemo y un perjuro” (Homilía ad populum).

3. Tus frutos: tus buenas obras. El árbol seco es figura del hombre que no produce obras de amor (Juan 15,1 ss.; 1 Corintios 13).

5. La lengua graciosa, etc. En griego: la lengua suave es rica en amabilidades (Crampón). El texto hebreo dice: los labios graciosos (multiplican) a los que nos saludan. Jesús es modelo de suavidad (Mateo 11,28) y San Pablo recomienda toda amabilidad (Filipenses 4,8; Éfeso 6,4, etc. Cf. Proverbios 15,1). Claro está que ésta ha de ser fruto de la caridad (Gálatas 5,22) y no simple cortesía mundana por conquistar simpatías para si mismo. “Más que amable ser amante”. Cf. 4,28; Proverbios 22,1 y notas.

7. He aquí una regla bien fundamentada en la Sagrada Escritura: no confiar en los hombres, sino solamente en Dios; pues el amigo puede trocarse en traidor y enemigo. En Juan 2,24 s. nos dice el Evangelista que Jesús no se fiaba de los hombres, “porque a todos los conocía, y no necesitaba de informes acerca del hombre, porque conocía por si mismo lo que hay en el hombre”.

11 ss. El sentido del texto griego y hebreo es: Parecerá constante, pero si llegas a ser humillado, él estará contra ti y se retirará de tu presencia. Cf. Ovidio: Elegía X.

16 s. He aquí la única unión durable entre los hombres: la comunidad del espíritu, mediante la caridad que es el vínculo perfecto (Colosenses 3,14). Sin ella no duran ni los lazos de la sangre, ni los del afecto sentimental. Véase 13,19; 25,2; 37,15; 40,23 y notas.

18 s. Doctrina: es aquí sinónimo de sabiduría, como las palabras disciplina, ciencia, inteligencia, prudencia. Véase la Introducción a este Libro. Acerquémonos a la sabiduría desde la juventud, porque la juventud está más cerca de la inocencia y es más apta para servir a Dios. Es la edad más querida de Dios. El que sirve a Dios en la juventud difícilmente lo deja en la edad avanzada. Los que llegan a una buena vejez, pueden cosechar lo que han sembrado en la juventud (versículo 19). Esperemos con paciencia, como el labrador que, cuando siembra, no sabe si comerá de los frutos. Cf. Santiago 5,7.

21 s. Jesús explica el por qué en Juan 3,19. Cf. Proverbios 1,7 y 29; 9,7 y notas.

23. Como su nombre: sinónimo de oscuridad o misterio (1 Corintios 2,7). Según otros: disciplina (hebreo: musar).

25. Véase versículo 30. Hay que entregarse a la sabiduría como un prisionero que ya no goza de libertad. La humillación de sí mismo, la sumisión y perfecta entrega a la sabiduría es la condición indispensable para alcanzarla. Véase la palabra del Señor en Mateo 11,25 y 2 Corintios 10,5. Esto es lo que más cuesta al hombre y lo que hace que sea poco leída la divina Escritura. “Libremos nuestro cuerpo del pecado, y se abrirá nuestra alma a la sabiduría. Cultivemos nuestra inteligencia mediante la lectura de los Libros santos, que nuestra alma encuentre allí su alimento de cada día” (San Jerónimo).

26. Véase Proverbios 2,10; 3,17; 22,18 y nota.

31. Versículo diversamente traducido: La Vulgata dice literalmente: porque en ella está la belleza de la vida y sus prisiones son ligaduras de salud. Nácar-Colunga: Es ornamento de oro, y sus ataduras son cordón de jacinto. Bover-Cantera: Follaje de oro será su yugo; y sus lazos, hilados de púrpura violeta. Los judíos llevaban cordones de jacinto en sus mantos para recordar la Ley del Señor (Números 15,18).

35 s. “Frecuenta la reunión, de los ancianos, dice San Buenaventura, porque no es cosa muy segura emprender la lucha uno solo contra Satanás” (Sermón del Domingo III de Cuaresma). Véase 8,9; 9,21; 27,13. Israel nos da el ejemplo de este amor a las enseñanzas de los ancianos, de los cuales huye la frívola juventud de hoy (versículo 21 y nota). Los proverbios de alabanza: en griego: las máximas de la Sabiduría. Este texto forma el aleluya de la misa de San Ireneo, que recogió para la tradición católica esas enseñanzas de los ancianos que éstos habían oído a los Apóstoles. Véase 24,44 y nota.

37. Estudiemos el Salmo 118, que íntegramente trata el mismo tema. “La Ley de Dios, dice San Gregorio, es un espejo en el cual se miran constantemente las almas santas descubriendo las manchas que en ellas puedan existir”.

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2. Previene contra las malas compañías. Véase Proverbios 1,15 y nota.

3. Siete veces más: Cifra redonda, que significa multitud. Torres Amat vierte multiplicadas. El sentido es: “No siembres en el campo de tu corazón malos deseos, después de haber echado en él los surcos de los malos hábitos (Gálatas 6,8). porque la mala semilla de los vicios arroja frutos muy copiosos de pecados, y de penas que les corresponden” (Scío).

4 ss. El sabio teme la tremenda responsabilidad de las alturas (Sabiduría 6,6 y nota). San Agustín, comentando 1 Timoteo 3,1, donde se trata de la dignidad episcopal, hace notar que San Pablo dice obra, y no honra. Véase 3,20 y nota.

5 Véase Job 9,20; Eclesiastés 7,17; Lucas 18,11.

8. Literalmente: no ates dos pecados: el sacrificio expiatorio sea sincero y no resulte un nuevo pecado (cf. Salmo 108,7). En la Nueva Ley hemos de aprovechar dignamente el Sacramento de la Confesión, la contrición perfecta (véase Salmo 50 y notas), y los sacramentales, comprendidos en el verso latino: “orans, tinctus, edens, confessus, dans, benedicens”, o sea: a) oración (principalmente el Padrenuestro); b) agua bendita, ceniza, unciones; c) pan u otros alimentos benditos (1 Timoteo 4,5); d) confíteor; e) limosnas u otras obras de misericordia; f) bendiciones y exorcismos.

11. Dios no mira a la muchedumbre de los dones y ofrendas sino al corazón. El amor a Dios con todo corazón vale más que todos los holocaustos (Salmo 50,18; Marcos 12,13). Véase Sabiduría 9,10 y nota.

15. Ante el maestro, el discípulo ha de escuchar y no disertar. La misma regla de conducta han de observar los jóvenes en presencia de un anciano. Ni repitas en tu oración las palabras: Es la misma regla que nos dio Jesús: “Cuando oráis no abundéis en palabras, como los paganos, que se figuran que por mucho hablar serán oídos. Por lo tanto no los imitéis, porque vuestro Padre sabe qué cosas necesitáis, antes de que vosotros le pidáis” (Mateo 6,7-8). En vez de hacer muchas palabras, escuchemos las palabras que Dios nos dice, especialmente en los Salmos. Y cuando adoramos a Jesús, oculto en el Sagrario, podemos hacer que Él nos hable desde las páginas de su Evangelio. Véase Salmo 84,9; Proverbios 1,23 y notas.

16. Vemos aquí que el desprecio de los trabajos rurales, que hoy recarga miserablemente las ciudades, es contrario al plan de Dios (Génesis 2,15). “En la ciudad hay violencia y discordia”, dice el Salmista (Salmo 54,10). No olvidemos que el primero que fundó una ciudad fue Caín (Génesis 4,17).

19. El fuego y el gusano: el infierno eterno según Marcos 9,47; Judit 16,21.

21. Véase Malaquías 2,14 ss. Previene a los judíos contra el divorcio (Deuteronomio 24,1; Mateo 19,7-9). Sobre la esposa, cf. versículo 28; 25,11; 26,1-3 y 19; Proverbios 12,4; 18,22; 31,10 ss. y notas.

22. Véase Levítico 19,13.

23. Todo esclavo hebreo recibía la libertad en el año sabático y no se le despachaba con las manos vacías. Cf. Deuteronomio 15,12 ss.

26. Su honestidad: literalmente: su cuerpo. No les muestres, etc. Es decir no seas tolerante poniendo buena cara a todas las licencias que quieran tomarse. ¡Qué lección para los padres modernos! “No son padres, exclama San Bernardo, sino asesinos”. Véase por ejemplo en Deuteronomio 22,5, algo que Dios declara abominable y que hoy ya es cosa corriente.

28. Véase Deuteronomio 24,1 y nota.

33 ss. Ofreciendo la espaldilla: Se refiere a aquella parte de la víctima que correspondía a los sacerdotes (Levítico 7,32). Lo mismo en el versículo 35. El griego dice: Teme al Señor, honra al sacerdote y dale su parte como esta mandado desde el principio: los sacrificios por el delito con la ofrenda del espaldar, el sacrificio de la oblación y las primicias (versículo 33-35). Y purifícate, etc.: no figura en el griego ni hebreo. Con lo poco: Había ofrendas menores de los pobres. Véase p. ej. Lucas 2,24 y Levítico 12,8. María Santísima ofreció éstas.

37. Véase el ejemplo de Tobías (Tobías 2,3-7) y el elogio del Ángel (Tobías 12,12).

38. No dejes de consolar a los que lloran (Romanos 12,15). Véase también Mateo 5,5.

39. Véase Mateo 25,36. donde Jesús considera todo esto como hecho a Él. En la segunda parte el hebreo dice: serás amado de él (del enfermo). El griego: serás amado de Dios. Esto parece lo más exacto según la Doctrina.

40. Postrimerías, o novísimos: el hebreo y el griego dicen: el fin (Deuteronomio 32,29). El Profeta Jeremías (12,11) señala como causa de la desolación de la tierra, el que nadie recapacite en su corazón (Sabiduría 4,12). El Evangelio, a cuya luz debemos interpretar esta sabia norma nos enseña que el fin puede presentarse cuando menos pensamos, con la Parusía de Cristo, que será súbita como el relámpago (Mateo 24,27), imprevista como un ladrón en la noche (1 Tesalonicenses 5,2; 2 Pedro 3,10; Apocalipsis 3,3 y 15,15), y objeto de burla por parte de muchos (2 Pedro 3,3 ss.; Lucas 17,26 ss.), por lo cual hemos de esperarlo despiertos (Marcos 13,35 ss.) y atentos a las señales (Lucas 21,28), y entonces no nos tomará de sorpresa (Lucas 21,36; 1 Tesalonicenses 5,4; Apocalipsis 3,10). También el Evangelio al prevenirnos para ese fin por la parábola de las Vírgenes (Mateo 25,1 ss.), nos enseña que en aquéllas la lámpara de la fe no pudo mantenerse encendida sin el óleo de la caridad (Gálatas 5,6), por lo cual no se trata aquí del “temor servil, que es fruto de la fe informe” (Santo Tomás). Jesús señala claramente la necesidad del amor para cumplir los mandamientos (Juan 14,24) ya que “el primero y el mayor” de entre ellos es precisamente el de amar (Mateo 22,38). Véase 2,18 y nota.

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2. No sea que te mueva una querella. En griego: para que no te oponga su peso, o sea su oro con el cual podrá sobornar a los jueces (versículo 3).

4. Leña en su fuego: el locuaz aprovechará cada palabra tuya para seguir hablando.

5. Cada día oímos por la calle cómo se habla contra la dignidad de la madre.

6. Véase 2 Corintios 2,7; Gálatas 6,1. Esto es fundamental según el Evangelio. Nuestra caridad tiene por modelo, dice Jesús, la misericordia del Padre que perdona (Lucas 6,36). Si no obramos como Él, no seremos perdonados (Mateo 6,14 s.; Santiago 2,13), pues nadie puede justificarse por sí mismo ante Dios (Salmo 129,3 y nota). ¡Ay de aquel que rechaza a un arrepentido! Véase 28,1 ss.

7. Cf. Levítico 19,32; Tobías 4,16; Sabiduría 4,8 s.; Proverbios 16,31. De nosotros se hacen viejos, y seremos tratados del mismo modo como nosotros tratamos a los viejos. Hay una ley de talión en este sentido, que se cumple automáticamente, sin juez y sin alguacil. Nuestros hijos nos darán el mismo honor que nos ven tributar a nuestros padres. “A propósito de esto, ¿no convendría desde ahora ir labrando las coronas de la virtud y de la sabiduría que han de coronar una dichosa ancianidad? No se labran estas coronas en el invierno de la vida. Al borde de la sepultura sólo se tejen coronas fúnebres” (Gentilini).

9 ss. Véase 6,35; 9,21; 37,15; 39,2 s. Una de las virtudes características de los ancianos es, sin duda, su sabiduría práctica. No se dejan llevar por las ilusiones de la juventud, son más discretos en las palabras y más prudentes en sus consejos. “La vejez, dice San Isidoro, lleva consigo muchas ventajas, porque nos libra de poderosos y crueles tiranos, pone un freno a los deleites, rompe la impetuosidad de la concupiscencia, aumenta la sabiduría y da maduros y prudentes consejos” (Lib. I in Hexam. c. VII). De ahí la institución del “senado” (de “senex” = anciano) en los pueblos antiguos y también en el pueblo hebreo (cf. Números 11,21 ss.). Roboam perdió el reino de Israel por haber seguido el consejo de los jóvenes y no el de los viejos (1 Reyes capítulo 12).

13. Reprender a un pecador obstinado es a veces lo mismo que irritarlo e instigarlo a pecar más. En general, el hombre malo se vuelve contra los que lo corrigen, como enseña Jesús en Mateo 7,6. Demos a esas almas, cuando es pos0ible, el conocimiento espiritual de Dios, que puede transformar su corazón (Juan 17,3; Colosenses 1,6; 2,2; Éfeso 4,23) más que reconvenciones morales, pues bien saben ya ellos que pecan. Nadie deja el amor al pecado si no halla otro amor mayor que lo atraiga (Mateo 13,44 y 46; Lucas 12,34).

15. Véase 29,4 y 9 s. El poderoso no pensará en devolvértelo porque no te teme.

17. Lo que cree justo: hebreo: a su placer. El griego dice: porque fallarán a favor de él.

20. El secundo hemistiquio en griego: porque él no puede guardar palabra (no puede callarse).

21. El texto griego dice: delante de un extraño no hagas nada secreto.

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1. Véase 26, 8. Admirable psicología de los celos, que a veces provocan lo que pretendían evitar. El marido enseñe la continencia con su ejemplo (Lactancio). Véase Números 5,11 ss.

4 ss. Véase Proverbios capítulo 7 y notas. Hoy hay que huir hasta de los periódicos, que reservan hojas enteras para representar a mujeres de poca virtud.

5. Véase Job 31,1.

8 Los vestidos de lujo y los vanos adornos no convienen más que a las prostitutas y a las mujeres impúdicas, dice San Cipriano (De Habitu Virgine). San Pedro, en su primera encíclica, exhorta a las mujeres a llevar una vida casta y llena de reverencia y les dice: “Vuestro adorno no sea de afuera; no consista en rizaros los cabellos, ornaros de joyas de oro o ataviaros de vestidos, sino que sea un adorno interior del corazón, que consiste en la incorrupción de un espíritu manso y suave, precioso a los ojos de Dios” (1 Pedro 3,3 s.).

10 s. Los versículos 10 y 11 faltan en la versión griega.

13. Bover-Cantera vierte: No sea que inclines hacia ella tu corazón y que, perdiendo la vida, resbales hacia la tumba. Nácar-Colunga: no se incline hacia ella tu corazón y seas arrastrado a la perdición.

16. Véase los Salmos 36; 48; 72,2 y 19. Cf. Jueces 9 45; 2 Samuel 15,10.

17. En griego: no te complazcas con el placer de los impíos porque no permanecerán inmunes hasta la muerte. Véase Proverbios 11,21.

20. Conversas con la muerte; esto es, arriesgas la vida en el trato con los poderosos del mundo. Basta y sobra con los peligros de Satanás. Véase 1 Pedro 5,8; 2 Corintios 2,11; Éfeso 6,12. San Jerónimo comenta este pasaje en sentido ascético, y advierte a Santa Eustoquia: “Más vale ignorar alguna cosa con seguridad que aprenderla con peligro. Considerad que andáis en medio de muchos lazos tendidos para haceros caer, y muchas vírgenes probadas, de una castidad insospechada, perdieron la corona de sus manos casi en el umbral de la muerte… Si acaso hallareis a alguna doncella algo débil en la fe, acogedla, brindadle vuestro cariño, y su castidad sea vuestra recompensa. Si, por el contrario, alguna, simula deseos de virginidad para huir de la servidumbre (del matrimonio), a esa tal leed con franqueza lo del Apóstol: “Más vale casarse que abrasarse”. Pero como de una pestilencia huid de aquellas jóvenes y viudas que, ociosas y curiosas, andan por las casas de las matronas, y las cuales, perdido el pudor de sus frentes, superan hasta a los parásitos del teatro… No tienen otro cuidado que comer y beber y lo que es anexo a esto. Esta clase de mujeres suele dar consejos como éste: «Mi cachorrita, gozad de vuestros bienes, y vivid mientras viváis...». Pero luego de haber llevado una vida viciosa quieren casarse en Cristo, siendo condenadas por haber violado su fe primera”.

23. Toda tu conversación: Meditemos esto. Desgraciadamente, ¡cuán pocos son los que se entretienen comentando las Palabras de Dios, que son lo más interesante, bello y dulce que existe! Véase Sabiduría 8,16; Salmo 1,2; 118,97 y notas; Colosenses 3,16; Éfeso 5,19, etc.

24. Versículo diversamente traducido. El final falta en griego y hebreo.

ECLESIÁSTICO 10

1. Juez, en sentido de rey, jefe, gobernante de un pueblo. Véase Salmo 71,2 y nota.

2 s. Sabios principios que se aplican a lo político y a lo religioso. Cf. Job 34,30 y nota.

4. Grande motivo de consuelo y de esperanza para orar por la patria.

5. Al escriba: Otros; al legislador. Torres Amat: al que enseña a otros su ley. Scío traduce escriba y pone esta nota: “ministro, sabio en la ley, haciendo que gobierne o que asista a su príncipe con sus buenos consejos y sea en el pueblo como un oráculo”.

6. Nótese una vez más, en pleno Antiguo Testamento, la ley del perdón, que es básica de toda caridad. Véase capítulo 28; Proverbios 20,22 y nota.

7. El segundo hemistiquio en griego y hebreo; la injusticia peca contra ambos (Dios y el hombre). Cf. Proverbios 16, 5.

8. He aquí otra luz de enorme interés para la filosofía de la historia. La caída de Roma, dice Lucano en la Farsalia, fue obra de la lujuria, que más terrible que las armas, venció al mundo.

10. El avaro es un idólatra. “Sabed, dice San Pablo a los Efesios, que ningún fornicador, o impúdico, o avariento, lo cual viene a ser una idolatría, será heredero del reino de Cristo y de Dios” (Éfeso 5,5). “Que aunque es verdad que los bienes temporales de suyo necesariamente no hacen pecar, pero porque ordinariamente con flaqueza de afición se ase el corazón del hombre a ellos y falta a Dios (lo cual es pecado), porque pecado es faltar a Dios, por eso dice el sabio: Que no estarás libre de pecado. Que por eso Jesucristo Nuestro Señor llamó a las riquezas, en el Evangelio, espinas, para dar a entender que el que las manoseare con la voluntad, quedará herido de algún modo (Mateo 13,22 y Lucas 8,14)” (San Juan de la Cruz, Subida al monte Carmelo, III, 17).

14 s. Alude al pecado de Eva y Adán, que procedió de la soberbia de querer ser como Dios, según le prometía la mentira de Satanás (Génesis 3). A esta soberbia precedió (versículo 22) el apartarse de Dios (versículo 14) o sea el pensar mal de Él por falta de fe y confianza (cf. Sabiduría 1,1 y nota), prefiriendo creer a una víbora que acusaba calumniosamente al Creador, y admitiendo la posibilidad de que Él, a quien todo le debían, fuese capaz de engañarlos. San Pedro confirma esto enseñándonos que a Satanás sólo resistimos si estamos “fuertes en la fe” (1 Pedro 5,8 a.). En cuanto a los pecados actuales de concupiscencia, no nacen ordinariamente de la soberbia, la cual es más grave que ellos. La prueba está en la benignidad con que Jesús los perdonaba, en tanto que era implacable con los fariseos, pues sabemos que “Dios resiste a los soberbios” (Santiago 4,6; 1 Pedro 5,5). El texto griego del versículo 15 dice, a la inversa, que los pecados son el principio de la soberbia, sin duda porque el alma empedernida en ellos, no queriendo ni pensar en convertirse (Salmo 35,4), rechaza la luz, según lo enseña Nuestro Señor en Juan 3,19, y termina defendiendo su conducta. Cf. Salmo 140,4 y nota.

17 s. Lo repite la Virgen (Lucas 1,52), aunque Ella parece haberse inspirado en el cántico de Ana (1 Samuel 2), y no en este pasaje, lo cual sería interesante por tratarse de un libro deuterocanónico. Véase 1,1; 5,1; Sabiduría 7,26 y nota.

22. “Ni la soberbia ni la ira provienen de la naturaleza del hombre según salió de las manos del Creador; son vicios que ocasionó el pecado original. Otros lo traducen del modo siguiente, a lo cual da margen la expresión griega: No cae bien al hombre la soberbia, sino a las bestias fieras e irracionales, ni la cólera es propia del hombre nacido de mujer, la cual es débil, mansa y pacífica” (Páramo).

23. El griego: ¿Cuál es el linaje honroso? El linaje del hombre. ¿Cuál es el linaje honroso? El linaje de los que temen al Señor. ¿Cuál es el linaje sin honra? El linaje del hombre. ¿Cuál es el linaje sin honra? El linaje de los que traspasan los mandamientos. Quiere decir que, de suyo, la humanidad no es ni honorable ni despreciable. Todo depende de su actitud para con Dios. Las profecías sobre esto no son halagüeñas, sino todo lo contrario. Cf. Mateo 24,12; Lucas 18,8; 2 Tesalonicenses 2,3; Apocalipsis 13,4; 19,19; 20,7.

28. Véase Proverbios 29,21 y nota.

29. ¡Gran lección! El que es presumido en el éxito y se atribuye el mérito, que sólo a Dios pertenece (Isaías 26,12), es siempre el más cobarde en la angustia cuando le falta el estímulo de su amor propio satisfecho. Ténganlo presente los padres y educadores que creen formar caracteres a base de estimular el orgullo. Sin la humildad cristiana no hay hombre que valga nada (versículo 23). “La serpiente, observa el Santo Doctor de Hipona, sabe que, perdidos por el orgullo, solamente podemos volver, a Dios por la humildad”.

34. Véase 25,4 y nota, y como contraste Tobías 4,23. El segundo hemistiquio dice en griego: El que es sin honra en la riqueza, ¡cuánto más lo será en la pobreza!

ECLESIÁSTICO 11

1. Ejemplos: José en Egipto; David pastor y rey; Daniel y sus compañeros en Babilonia, etc. (Génesis 41,40; Daniel 6,3).

2. No alabes: El don de simpatía que derrochan algunas personas debe ponernos en guardia para no caer en sus redes. Véase 9,4; 6,5; Proverbios 31,30; 5,8.

4. No te gloríes: el hebreo dice a la inversa: no desprecies el vestido de un mísero, etc. Véase 1 Samuel 16,7; Hechos 12,21 s.; 2 Corintios 10,10; Santiago 2,1 ss. Sólo las obras del Altísimo son admirables, así como sólo Él es bueno (Lucas 18,19), sólo Él es sabio (Romanos 16,27) y sólo su nombre debe ser glorificado. Quien medita esto, adquirirá una fuerte y saludable aversión a recibir los homenajes y alabanzas que tanto se prodigan los hombres entre sí.

5. Véase 1 Samuel 15,28; 17,1 ss.; 2 Reyes 18,13 ss.; Salmo 48,7; 51,3; Proverbios 25,14; 27,1; Isaías 10,15 etc.

7. La más dolorosa de nuestras humillaciones es la de ver que nos habíamos equivocado reprendiendo a otro –quizás un sirviente, quizás la propia esposa– por cosas que no había cometido, ¡Cuánto dolor podemos causar por nuestra ligereza si no tenemos la obsesión de la caridad!

10. Si te hicieres rico. En griego: si te embarazas con muchas cosas. San Pablo lo explaya admirablemente en 1 Timoteo 6,9 s.; véase 27,1; 31,1-11; Salmo 61,11, etc. El sabio huye de los “grandes negocios” y no amontona riquezas, porque sabe que el mucho dinero es un tirano que oprime a su propio dueño. Por mucho que corras, no te escaparás. Texto oscuro. Puede significar: no te librarás de las consecuencias de tu locura (Bover-Cantera). Otra versión: si no buscas, no hallarás. Nácar-Colunga: por mucho que corras no llegarás.

13. Véase Lucas 1,53; Salmo 39,4 (segundo hemistiquio).

14. Véase Job 1,21; 2,10. Los males: es decir, las pruebas que luego se vuelven bienes (Romanos 8,28). Dios no puede ser autor del mal (Santiago 1,17). Pobreza y riqueza: El sabio rectifica aquí muchos juicios que todo lo atribuyen al esfuerzo del hombre. Véase Mateo 6,25-34.

15 s. Faltan en el griego, pero no en el hebreo, el cual en vez de ciencia dice más exactamente conocimiento (cf. Salmo 118,34 y nota). Pasaje de gran importancia para mostrar que si todo lo debemos a Dios en nuestra naturaleza y en los bienes materiales (versículo 14 y 23), mucho más aun hace Él por nosotros en el orden de la gracia. Véase Salmo 36,5; Proverbios 2,8; 20,12 y 24; 21,1 y notas; Isaías 26,12; Hechos 15,12; Romanos 7,18; Filipenses 2,13; 2 Corintios 9,8; Colosenses 1,29; 1 Tesalonicenses 2,13; 5,24; 2 Tesalonicenses 3,5; Hebreos 13,21.

17. Permanece: Véase Romanos 11,29. Irá creciendo: porque la fe es planta viva (Mateo 13, 1 ss.). Estancarse sería morir (Éfeso 4,15; Colosenses 1,10; 2,19; 1 Pedro 2,2; 2 Pedro 3,18). Continuamente: literalmente: eternamente. “La gracia es la semilla de la gloria”.

18 ss. Véase la parábola del rico insensato en Lucas 12,16-20. “Así ocurre con todo aquel que atesora para sí mismo y no es rico ante Dios” (ibíd. versículo 21). Cf. Salmo 38,7; Eclesiastés 4,8 y notas.

21. En tu pacto: en tu condición y vocación, sin inquietarte por las novedades. Jesús vivió treinta años en el taller de Nazaret. Otros traducen: en tu alianza (con Dios). Véase Salmo 1,2 y nota.

22. Confía en Dios: es el tema predilecto del Rey Profeta. Véase sobre todo los Salmos 22 y 36 con sus notas.

26. Véase 17 y nota. Ejemplos de presunción: el Faraón, Aman (Ester 3,5 ss.), Nabucodonosor (Daniel 4,30), Baltasar (Daniel 5,20).

30. ¡Valiosa lección! Véase Juan 5,44; Salmo 148,13 y nota. “Como el marino no puede hablar de la felicidad de un viaje hasta llegar al puerto, así no puede juzgarse de la prosperidad de la vida de un hombre hasta que Dios no descubra con su juicio qué aprecio hace de ella” (Nácar-Colunga).

31. Véase 12,1 y nota.

ECLESIÁSTICO 12

1 ss. Capítulo fundamental, cómo todo lo que se refiere a la caridad. Coincide con el Salmo 40,2 y contrasta con el “Haz bien y no mires a quién”, máxima mundana que muchos creen evangélica. Notemos cuan admirable es la Biblia en su sabiduría que nos libra de escrúpulos. Después de inculcarnos mil veces la excelencia de la limosna, la hospitalidad, etc., nos previene contra los engaños de la maldad humana. Cf. Gálatas 6,10 y nota.

2. Gran recompensa: El amor al prójimo sólo vale y merece en cuanto viene del amor a Dios (1 Corintios 13), y este amor nos mueve evidentemente a preferir a los verdaderos amigos de Él. Esto es lo que Cristo mira como hecho a Él mismo. Cf. Mateo 10,40; 25,40; Lucas 6,32.

4. Él dará su merecido, etc. Esto nos libra de la presunción de creer que somos los llamados a suprimir de la tierra todos los dolores, los cuales suelen ser permitidos por Dios para prueba y provecho del que sufre. La caridad es espiritual y no sentimental, porque cuenta con la actividad de Dios, que alimenta aún a los pájaros y lo da todo por añadidura al que busca su Reino (Mateo 6,33). Claro está que puede haber excepciones, como el caso de Job. Por eso decimos que la caridad es espiritual y no puede encerrarse en reglas fijas porque “el espíritu sopla donde quiere” (Juan 3,8). El que ama, sabe cómo debe obrar (Gálatas 5,18). De ahí la norma de San Agustín: “Ama y haz lo que quieras.” Porque el que es movido por el amor siempre desea dar mientras pueda.

6 s. Al humilde: Dios odia al pobre soberbio (véase 25,4 y nota). Impide que se le dé de comer: en hebreo: no le des armas de guerra, no sea que te combata con ellas (véase lo que Jesús enseña en Mateo 7,6). El Sermón de la Montaña nos manda amar a nuestros enemigos. Aquí se trata de los enemigos de Dios. Véase Apocalipsis 2,6; Salmo 118,113; 138,22. Claro está que esto no significa juzgar la persona del prójimo (Mateo 7,1; Lucas 6,37) sino examinar los espíritus (1 Juan 4,1; 1 Tesalonicenses 5,21; 2 Juan 10; 1 Corintios 5,9; 2 Tesalonicenses 3,6 y 14).

10. Véase 19,24; 27,14; 27,25 ss. y 36,21. Hay que estar alerta para no ser sorprendido. Por el orín se conoce la corrupción de un vaso de metal. Así podremos siempre descubrir con certeza la falsa amistad: es aquella que tiene apariencias de mansedumbre. “Más blando que manteca es su rostro, dice David, pero su corazón es feroz; sus palabras, más untuosas que el aceite, son espadas desnudas” (Salmo 54,22).

13. La misma naturaleza nos muestra que la manzana picada pudre la buena, y no es ésta la que sana a aquélla. Es el sentido que en la Sagrada Biblia tiene la levadura, de la cual basta un poco para corromper toda la masa. Véase 1 Corintios 5,6 ss.; Gálatas 5,9; Lucas 12,1; Mateo 24,33; Números 9,1; 2 Reyes 23,9, etc.

19. Véase 13,31. Meneará su cabeza, etc., burlándose de tu infortunio. Es lo que hicieron con Jesús. Véase Salmo 21,8; Jeremías 18,16; Lamentaciones 2,15; Mateo 27,39; Marcos 15,29.

ECLESIÁSTICO 13

1. Los ejemplos del vicio se apoderan del alma, la impulsan y la transforman. Sería un prodigio estar en medio de las llamas y no ser consumido por ellas o no sentir siquiera el ardor del fuego (San Cipriano). “Mientras tratamos las cosas del siglo y nuestra alma está atada con el cuidado y la solicitud de nuestras pasiones y rentas, no podemos libremente pensar en Dios” (San Jerónimo a Lucino).

3. La olla de barro (el pobre) se rompe cuando choca con el caldero de hierro (el poderoso).

4. Bramará: hebreo: se jactará. Callar: hebreo: pedir perdón. Es clásico el caso de la pobre doncella que, por obtener un empleo de un poderoso cede a sus atropellos. Él se alabará entre los amigos por su conquista, y ella quedará deshonrada. Tal es la moral que el mundo llama “del honor”.

8. El rico te instiga a que le retribuyas la invitación al banquete, lo cual te cuesta todos tus bienes.

9. “Osa, y luego espera”, dice el lema de la casa de Saboya para expresar que el triunfo es de los audaces y de los que saben esperar. ¡Cuánto más confiada no ha de ser nuestra espera, que no se apoya en nuestra pobre siembra sino en la generosidad paternal de un Dios! Véase Salmo 36,5 y nota.

10 s. Hermosísimo concepto. El verdadero humilde ante Dios (versículo 9) no es servil ante los hombres. Véase la conducta de San Pablo en Hechos 16,37 s.; 25,10 s.

19. Los animales nos dan ejemplo (Isaías 1,3; Jeremías 8,7). Así como la creatura ama a lo que se le parece, Dios creador nos ama también a nosotros, porque participamos de la naturaleza divina (2 Pedro 1,4).

20. Con su semejante: es decir, nuestro amigo será aquel que tiene algo de común con nosotros. Véase 6,16; 25,2 y notas.

21 s. Véase 2 Corintios 6,14 ss.; 2 Tesalonicenses 3,6 y 14; Romanos 16,17; 2 Juan 10. Así se explica que los amigos de Dios sientan el deseo de huir del mundo. Véase Salmo 54,7-12; 1 Juan 2,16; 5,19; Gálatas 1,4. Perro (versículo 22) parece tener el mismo sentido que en Deuteronomio 24,18 y Apocalipsis 22,15, es decir, impúdico, fornicario. El griego dice entre la hiena y el can.

26. El segundo hemistiquio es oscuro y no corresponde a la ley del paralelismo que se observa en la poesía hebrea. Bover-Cantera vierte: y sus palabras torpes son halladas hermosas; Nácar-Colunga: aunque diga necedades le dan la razón.

30. Buenas son las riquezas en manos del que no tiene pecado: “Restricción muy legítima; para mostrar que las riquezas de ninguna manera son condenadas en sí mismas y que no basta ser pobre para ser perfecto” (Fillion). Cf. 31,8 y nota.

31. Véase 26,4; Proverbios 15,13. Dios nos enseña aquí un modo de conocer a los hombres. Pero en otros pasajes nos previene también sobre el disimulo. Véase 12,10; 19,26 y notas.

32. El segundo miembro del verso dice en griego: y el hallazgo de parábolas (sentencias) cuesta mucha reflexión (cf. Eclesiastés 12,12); en hebreo: y el hablar entre dientes es señal de pensamientos trabajosos (Vaccari), o sea, de doblez.

ECLESIÁSTICO 14

1. ¡Difícil cosa! Véase Santiago 3,2 ss. Sobre el segundo miembro, véase Salmo 1,1 ss. El que no posea esta rara bienaventuranza, podrá gozar siempre otra igual, que es la de ser perdonado. Véase Salmo 31,1 ss.; Romanos 4,7; Lucas 7,47.

2. Se refiere a la tristeza que proviene de la culpa. En griego: o quien su alma no condena. Véase 19,17; 25,11.

3 ss. Nadie más pobre que el avaro, pues queriendo ser muy rico vive tan miserablemente como si nada tuviera. Véase versículos 6 y 15; 11,20; Proverbios 13,22; 22,16; 28,8 y 10; Eclesiástico 5,12 ss. Para otros amontona: ¡Qué ironía! ¡Oh, si los multimillonarios de hoy supieran en qué manos van a parar sus riquezas! ¡Y si las monedas de oro encerradas en las cajas fuertes de los bancos pudiesen contar la historia y el destino de los que fueron sus dueños! ¿No tendrían acaso envidia al centavo de la viuda si supieran su aparición en el Evangelio? (Marcos 12,41 ss.).

6 ss. Notemos el espíritu de generosidad que reina siempre en la Sagrada Escritura. Véase Nehemías 5,14 ss.; 8,10; Mateo 6,25 ss.

8 ss. Estas sabias reflexiones se refieren a la avidez con que el avaro mira envidiosamente hacia los bienes de otro, como codiciables, mientras desprecia los propios que tiene delante.

11. Véase Eclesiastés 5,17; Proverbios 3,9.

12. El tercer miembro falta en griego y hebreo. Ir al sepulcro: No hables con el avaro de la muerte. “Eres dueño de muchas tierras, le dice San Basilio. ¿Qué adquirirás después? Cinco pies de tierra”. ¡Qué desilusión prepara la muerte a los que atesoran sin pensar en el fin! La Bruyère que algo conocía el mundo, describe la suerte de ellos con estas palabras: “A los treinta años se piensa en hacer fortuna, y a los cincuenta comienza a hacerse; en la vejez se echan los cimientos del edificio, y la muerte sorprende cuando entran en acción los pintores y vidrieros”.

13. Alarga tu mano hacia el pobre: He aquí el lema para la contaduría de todo hombre rico: Haz bien al pobre, y el Padre de los pobres te recompensará. “Dios reconoce la imagen de su bondad allí donde encuentra el cuidado de los pobres” (San León). Véase Salmo 9,10 y 13; 10,14; Romanos 12,8; 2 Corintios 9,7.

14. Véase Proverbios 14,24 y nota; Fil. 3,1: “Alegraos en el Señor”.

16 ss. Sobre estos conceptos, véase Eclesiastés 9,7-10.

18. Véase Isaías 40,6; Santiago 1,10; 1 Pedro 1,24.

19. Homero expresa esta misma imagen: “La generación de los hombres es como la de las hojas”.

22. Sobre las bienaventuranzas de la sabiduría, véase Sabiduría 7,11 y nota. El texto de este versículo Difiere bastante en las versiones. Bover-Cantera vierte: Dichoso el varón que medita sobre la sabiduría y se ocupa en la ciencia. Nácar-Colunga: Dichoso el hombre que medita la sabiduría y atiende a la inteligencia. Sabiduría, ciencia e inteligencia son sinónimos y se refieren al conocimiento de la Ley de Dios. Sobre justicia véase 15,1 y nota.

24 s. “La casa de la Sabiduría es el Reino de los Cielos; sus ventanas son las divinas Escrituras” (Scío). La puerta es Cristo, como Él mismo nos lo enseña en la parábola del Buen Pastor (Juan 10).

ECLESIÁSTICO 15

1. La justicia, en el lenguaje bíblico es: a) la rectitud según la voluntad divina (Salmo 4,6 y nota); b) la justificación que nos viene de Dios por Cristo (Romanos 3,21 ss.; Filipenses 3,9); c) la limosna p. ej. 7,10; 12,3. Los versículos 1-6 se emplean en la Epístola de la fiesta del Apóstol San Juan, cuyo Evangelio es el de la Sabiduría Encarnada.

2. Le saldrá al encuentro: Véase Sabiduría 6,14-17.

3. Véase Juan 6,27. Como el pan y el agua son lo más necesario para la vida del cuerpo, así el alma se alimenta con los dones de la sabiduría, la que le comunica la verdadera vida.

5. Es el Introito de la misa “In medio Ecclesiæ aperuit”, de los santos Doctores. No significa que ellos abrieron su boca sino que la sabiduría se la abrió. Véase 21,20. Llenándole... de gloria. Falta en el texto griego. El manto de gloria simboliza la belleza espiritual de que Dios reviste a los justos. Véase Salmo 20,6 y nota.

9 s. Hay una falsa religiosidad que alaba a Dios solamente con la boca, pero no cumple sus mandamientos. Cf. Isaías 29,13; Jeremías 9,8; 12,2. ¡Qué repugnancia sentimos nosotros cuando nos alaban personas de cuya falta de sinceridad tenemos pruebas ciertas! ¡Cuánto menos le gustará al Altísimo la alabanza hipócrita!

11. Me falta (la sabiduría): Griego y hebreo: falto, es decir, peco. No hagas: Hebreo: No hace Él lo que detesta. Profunda explicación: Dios no puede hacer lo que Él mismo odia. Cf. Santiago 1,13 s.

12. Impíos: Vaccari traduce con buen humor: Gente bribona.

13. No puede ser amada: Hebreo: No deja Él que suceda esto a los que le temen. El Padrenuestro nos confirma que es Dios quien nos libra de caer en la tentación. Véase Romanos 14,4; 16,25; Judas 24.

14. En manos de su consejo, lo cual supone que el hombre tiene la libertad de elegir entre el bien y el mal, entre la vida y la muerte (versículo 17 y 18). Adán escogió la muerte (Sabiduría 2,24 y nota). Desde entonces la voluntad del hombre está debilitada y no es capaz de ninguna obra buena en el orden sobrenatural ni de cumplir los mandamientos sino mediante la gracia del Espíritu Santo que nos viene por el Redentor (Juan 1,16 s.; 15,5). “Haciendo lo que quería, dice San Agustín, llegaba adonde no quería llegar”.

15 s. Sobre los mandamientos, véase Salmo 24,8 y nota. El versículo 15 falta en los originales.

17. Véase Deuteronomio 30,15 y 19; Jeremías 21,8. De ahí la necesidad de formar la voluntad y la inteligencia para que sepan elegir y seguir lo bueno. Los mismos paganos han comprendido ya la importancia del libre albedrío. “Nada hay, dice Séneca, tan difícil y arduo que no pueda ser vencido por el espíritu humano, y que no se haga familiar por una meditación sostenida” (De ira, II, 12). El filósofo pagano no conocía la gracia, que no nos deja nunca. “Dios, dice San Gregorio, nos da por medio de su gracia los buenos deseos; pero nosotros, con los esfuerzos de nuestro libre albedrío, nos valemos de los dones de la gracia para hacer reinar en nuestra alma las virtudes” (Moral.). La libertad depende de la gracia.

20. Véase Salmo 33,16 y 19 y notas.

22. Falta en el original. Se ve que ha sido agregado como una bella meditación sobre el versículo siguiente (16,1): Así como el hombre no ha de alegrarse en los muchos hijos si son malos, tampoco a Él le es grato eso.

ECLESIÁSTICO 16

1. Nótese el contraste con el Salmo 127 donde se pinta la felicidad del padre que tiene buenos hijos, retoños de su casa, sentados a su mesa, porque “así será bendecido el hombre que teme al Señor” (ibíd. versículo 3 y 4).

5. Ejemplos: Jacob y sus hijos que pueblan todo un país mientras los cananeos son destruidos. Hallamos aquí una lección de buena política demográfica, y una tremenda amenaza al neomaltusianismo, que socava la existencia de los pueblos cristianos, por lo cual los paganos, a pesar de las muchas conversiones al cristianismo aumentan proporcionalmente más que los cristianos. (Cf. Génesis 38,9 s.).

7. Véase 21,10. La ira de Dios se enciende especialmente cuando la rebeldía de los pecadores asume un carácter colectivo. El predominio de los malos suele entonces arrastrar a muchos otros, según está anunciado para los últimos tiempos (Mateo 24,10-25). De ahí cuan tremendo será el juicio de las naciones. Véase Salmo 109,5 s.; Joel 3,1 ss.; Sofonías 3,8; Apocalipsis 11,18; 16,9; 17,15; 19,15 ss. y notas.

8 ss. Se refiere a los gigantes del Génesis (6,4) que murieron en el diluvio; a la catástrofe que sobrevino a Sodoma. la ciudad de Lot (Génesis 19); a los egipcios, cuyo ejército quedó anegado en el mar Rojo; a los cananeos que fueron destruidos, y a los seiscientos mil israelitas rebeldes en el desierto (Números 14,23).

15. Véase Mateo 10,42; Romanos 2,6. La recompensa de la misericordia llegará pronto (versículo 14). Decía San Juan Bosco que, como los pobres son los dueños del Reino, según lo enseñó Jesús (Lucas 6,20), tenemos que comprarles un lugar en él mediante las obras de misericordia. Véase 4,1 y nota. El griego se refiere a la misericordia con que Dios nos recompensa. Cf. Denz. 1.014.

16. Véase 23,25 s.; Salmo 93,7; 18,3 y 7; Isaías 29,15 s.; Jeremías 23,23; Ezequiel 9,9; Daniel 13,20.

20. En medio… el corazón: esto es; no reflexiona en todas estas grandes verdades. Véase 7,40; Salmo 106,43 y notas.

21. Aquella tormenta: Véase versículo 7 y nota; Apocalipsis 16,18-21; Mateo 24,29; Isaías 13,10; Ezequiel 32,7; Joel 2,10; 3,15; Marcos 13,24; Lucas 21,25.

22. Sobre el primer miembro, véase Job 38,4 y nota. A todos se ha de pedir cuenta finalmente. Sobre el juicio de los muertos véase Apocalipsis 20,12 ss.; Juan 5,28 s. Nácar-Colunga vierte; Si miento a escondidas, ¿lo sabrá? ¿Conocerá también mis obras de justicia? ¿Qué puedo esperar por vivir atado por la Ley?

25. Véase Salmo 50,8 y nota.

27. Ni se hayan: Hebreo: Ni se haya (Dios). Véase Juan 5,17. Las creaturas nos dan ejemplo de fidelidad a su misión. Sólo el hombre es nota discordante en el concierto de la naturaleza.

29. En griego: Jamás desobedecerán su palabra: sigue hablando de las cosas creadas.

30. Véase Salmo 64,10; 103,1 ss. y notas.

ECLESIÁSTICO 17

1. Después de destacar la Sabiduría de Dios en la naturaleza, pasa a la descripción del hombre, rey de la creación. Véase Génesis 1,27; 2,7.

4. Véase Génesis 1,28; 9,2; Salmo 8,6-8 y notas.

5. Una ayuda: Eva (Génesis 2,18). Esto falta en griego y en hebreo.

6. Los bienes y los males, o sea, el bien y el mal: es decir que Adán podía pecar aún sin el árbol de la ciencia del bien y del mal (Génesis 2,17), pues que Dios le había infundido ese conocimiento. Su orgullo consistió precisamente en querer juzgar por sí mismo, esto es, en desconocer que nada es bueno o malo sino en cuanto agrada o desagrada al Divino Hacedor.

7. Su ojo: la luz del entendimiento humano. Otros traducen: dirigió su ojo (su favor) sobre los corazones de ellos.

9. La ley de vida: cuyo cumplimiento les garantizaba una vida feliz y sin muerte (Sabiduría 1,13 y nota). Sobre los mandamientos, que son ante todo instrucciones para nuestra felicidad, véase 15,16; Salmo 80,12 ss.; 102,7; 142,8; etc.

12. El amor a su prójimo, porque así como el cuerpo se disuelve cuando sale el alma, de la misma manera las virtudes abandonan el alma cuando falta la caridad. Sin amor al prójimo no hay amor a Dios, y sin amor a Dios no hay salvación. Cf. Éxodo 20,12-17; Levítico 19,18; Mateo 22,39; 1 Juan 3,10 y 14 y notas.

15. Sobre esta extraordinaria predilección del amor de Dios, véase Éxodo 19,5; Deuteronomio 7,6; 32,9; Isaías 19,25; Jeremías 10,16; 2 Macabeos 1,26, y los Salmos 77; 104-106, etc.

16 s. Sigue hablando de Israel (Vaccari). Los versículos 17 y 18 están repetidos en 29,17 s. (véase nota).

18. No se puede hacer de la limosna un elogio más alto. Jesús lo ratificará en Mateo 25,40. Véase 29,15; Tobías 4,7; Isaías 28,12. Cf. 49,13. “La limosna es la amiga de Dios, siempre está en su presencia”, dice San Crisóstomo.

19 s. Se levantará para juzgar y dar a cada uno según sus méritos y precipitar a los impíos en lo más profundo del infierno. Los enviará al profundo de la tierra falta en el texto original. El premio de la verdad (versículo 20): el cumplimiento de las divinas promesas según la fidelidad de Dios. Verdad, en la Escritura, significa también fidelidad. Sobre la contrición véase Salmo 50 y notas. Sobre Israel (versículo 15 ss.) cf. Ezequiel 37,21 ss.; Romanos 11,25.

23. Abominable: según Dios; lo cual no coincide con el mezquino criterio humano. Véase por ejemplo Deuteronomio 22,5; Lucas 16,15; cf. Salmo 96,10.

25 s. Entra en la compañía del siglo santo: Algunos entienden por “siglo santo” la eterna bienaventuranza. El texto original se refiere más bien al lugar de todos los muertos, en hebreo scheol, en griego Hades (cf. Job 19,25 s. y nota). Bover-Cantera vierte: ¿Quién loará al Altísimo en el scheol, en lugar de los vivos y de aquellos que pueden tributarle homenaje? El Eclesiástico no conocía todavía las verdades del Evangelio que arrojan plena luz sobre el más allá; creía que los difuntos esperaban en un lugar oscuro (scheol) la resurrección sin poder alabar a Dios (cf. Salmo 29,10; 87,12; 173,17; 114,9; 145,4). De ahí la exhortación a alabar a Dios antes de morir (versículo 26 s.).

28. Este sublime elogio, que es nuestro máximo consuelo, resuena en cada página de la Biblia. Cf. Salmo 85,11 y nota; 135, etc. ¿Qué es el pecado ante la misericordia de Dios? pregunta San Crisóstomo. Una telaraña que desaparece para siempre al soplo del viento.

30. La segunda parte en hebreo: ¿Y el hombre, que es compuesto de carne y sangre? Esto es: ¿Cuánto más se eclipsará?

31. Aquel: En hebreo parece aludir a Dios. En griego, al sol (versículo 30). Polvo y ceniza: Véase Génesis 3,19.

ECLESIÁSTICO 18

3 s. Cf. el himno a la eterna sabiduría de Dios en Romanos 11,33-36.

5. Véase 39,26. Bueno es recordar esto para no caer en la frecuente tentación de dar a Dios lecciones. El que halla en Él algo que enmendar, está mostrando que no tiene fe, pues no es concebible un Dios sometido a nuestro juicio. Amemos todo cuanto Él hace: frío, calor, lluvia, nada sucede sin su voluntad amante y sapientísima. Vale más esta obediencia que los sacrificios. Cf. Eclesiastés 4,17; Proverbios 30,6 y notas.

6. Absorto, En griego: perplejo, es decir, incapaz de juzgar tanta maravilla que nos sobrepuja y nos aplasta, porque sentimos el abismo de nuestra propia nada frente al trono inconmovible de Aquel que habita en las alturas. Cf. 24,32-39; Proverbios 25 27; 1 Timoteo 1,17 y notas.

7. El sentido es: ¿Para qué sirve? Dios no lo necesita (Salmo 15,2; Job 22,3; 35,6 s. y notas). El hombre bueno no aumenta la santidad de Dios, ni el malo le quita gloria. Véase Job 7,17.

8. Sobre la duración de la vida, véase Salmo 89,4 y 10; 2 Samuel 19,32 ss. Al patriarca Jacob le parecen sus 130 años “pocos y trabajosos” (Génesis 47,9).

9. Dios aguanta: Meditemos esta asombrosa doctrina, que es fundamental para la espiritualidad: Dios juzgará, sí, un día por medio de su Hijo Jesucristo “constituido Juez de vivos y de muertos” (Hechos 10,42; Romanos 14,9). Juzgará, pues, a los vivos y juzgará a los muertos también, como enseña San Pedro (1 Pedro 4,5-6). Pero, entretanto, Jesús nos dice que “ni el Padre juzga a nadie” (Juan 5,22), ni el Hijo tampoco (Juan 8,15), y que Él no vino a juzgar sino a salvar (Juan 3,17; 12,47). La divina revelación está llena de textos concordantes. Si Dios juzgase desde ahora, no subsistiría un solo hombre (Salmo 129,3) y todos estaríamos ya en el infierno, porque todos hemos pecado (1 Reyes 8,46) y nadie puede aparecer justo ante Él (Salmo 142,2). Esta doctrina de la paciencia de Dios (Sabiduría 11,24), que ahora no hace justicia sino misericordia, es el objeto principal de muchos Salmos, tanto los que muestran la actual prosperidad de los pecadores (Salmo 36; 38; 72; etc.) cuanto los que nos recuerdan, como el Miserere (Salmo 50), la misericordia inagotable que, lejos de juzgar como juez, prodiga el perdón a todo el que lo quiere. Véase Sabiduría 11,25 y nota.

10 ss. Aquí, como en el versículo 9, vemos que la causa de la predilección con que Dios nos prodiga sus bondades, no está en nuestras excelencias, según parecería lógico, sino a la inversa: en nuestras miserias. “Tal es el misterio de la misericordia, que en vano pretenderíamos entender si no estudiamos el Corazón amabilísimo de Dios, tal como Él mismo nos lo descubre en sus palabras”. Véase Génesis 3,21; Salmo 102,13 y notas; Lucas 5,31; 15,1 ss.; 19,10; Éfeso 2,4, etc.

15. Notemos la divina delicadeza de esta máxima. “Cuán grande sea la tentación de ser maestro y juez nos muestra la conducta de los amigos de Job” (cf. Job 4 5 ss. y nota). Santiago nos advierte: “No queráis hacer de maestros” (Santiago 3,1). Cf. Mateo 7,1 s.; Romanos 14,4 y 10; 1 Corintios 4,5.

17. La palabra vale más que el don: He aquí una limosna que todos podemos dar.

19. Véase Mateo 5,25. El sentido, según el hebreo, es: antes de juzgar y reprender a otros (versículo 18) mírate a ti mismo. Jesús enseña que cuando pretendemos ver una paja en el ojo ajeno, hay en el nuestro una viga que nos impide ver (Lucas 6,42).

20. Es la norma a que ha llegado la medicina moderna: vale más prevenir que curar. Aplicada a la vida espiritual esta regla quiere decir: evita la ocasión de pecado y examínate todos los días para que estés preparado cuando venga el Juez. No postergues tu conversión de un día a otro.

22. En griego y hebreo estos dos versículos se refieren al voto no a la oración. Justificarte: vivir como hombre justo. En el griego cumplir el voto.

24. Apremiante llamado a contemplar los misterios de los últimos tiempos. Véase 7,40; 59,1 y notas.

27. El que ama la palabra de Dios no caerá en escándalo (Salmo 118,165) porque vive en la desconfianza de sí mismo. Meditemos la magnitud de esta enseñanza frente a los tiempos pavorosos que Jesús anuncia en Mateo 24,24.

29. Más claro en griego y hebreo: Los que captan las sabias palabras, se hacen sabios ellos mismos y derraman como lluvia las máximas perfectas. ¡Gran razón para movernos a la lectura de los Sagrados Libros! Véase 2 Timoteo 3,16.

30. Apártate de tu propia voluntad, puesto que, como escribe Santa Teresa de Jesús, “en pocas cosas quiere nuestro Señor que haga mi voluntad” (Cartas DXXXI).

33. En griego: no te empobrezcas, haciendo banquetes con dinero prestado y si nada tienes en tu bolsillo. Bover-Cantera vierte: No seas glotón ni ebrio, sin tener nada en la bolsa.

ECLESIÁSTICO 19

1. Poco a poco se arruinará: “Y así una imperfección basta para traer otra, y aquélla otras. Y así casi nunca se verá un alma que sea negligente en vencer un apetito, que no tenga otros muchos, que salen de la misma flaqueza e imperfección que tiene en aquél” (San Juan de la Cruz. Subida del Monte Carmelo, I, 11). Sobre la suma importancia de lo pequeño en el plan de Dios, véase 5,18 y nota; Mateo 13,32. Cf. Proverbios 9, 4 y nota.

2. Así cayeron David, Salomón, Sansón y tantos otros (9,9; Proverbios 20,1; 31,3 ss.). Aunque fueseis de hierro, dice San Isidoro, os derretiríais si os hallaseis en medio del fuego. Si os exponéis al peligro de las malas compañías, no estaréis mucho tiempo seguros.

4. El que cree de ligero: Nótese que la Biblia, que tanto nos lleva a la sencillez de corazón, en manera alguna enseña la ingenuidad que se deja engañar. En Mateo 10,16 Jesús nos enseña el contraste entre la confianza que hemos de tener en Dios y nuestra desconfianza en los hombres (6,7; Proverbios 26,25; Salmo 115,2; Denz. 174 ss.). Contra su propia alma: es decir: el que peca, contra sí mismo peca. Véase Salmo 7,14; Proverbios 1,18 y notas. El pecado se hiere a sí mismo, dice San Juan Crisóstomo.

5. Sofoca la malicia: Concuerda con lo enseñado por Jesús: el que tiene ansia por hablar no está movido por el buen Espíritu. Véase Mateo 5,37; Proverbios 10,19 y nota. “Encadenad vuestra lengua, dice San Bernardo, si queréis ser buenos cristianos, porque sin este freno en la lengua, la religión es vana”.

7 ss. Según el griego y hebreo, se refiere a los chismes y díceres de la gente. Véase 20,1 ss.; Salmo 33,14; Proverbios 17,9; Santiago capítulo 3. Hay aquí involucrado un grandísimo problema de caridad cuando se trata, no ya sólo de la indiscreción, sino de la murmuración. Si has pecado no lo propales (versículo 8): En hebreo: a menos que hayas pecado (en callar), no lo propales (lo que oíste). La versión de la Vulgata encierra también una provechosa instrucción contra la falsa humildad. Nuestras miserias se han de confesar a Dios, a su ministro o a algún consejero sabio, pero no al mundo, que carece de toda caridad y se valdría de nuestra confesión para dañarnos.

10. “¿Qué significa sepúltala en tu pecho?”, pregunta San Crisóstomo, y contesta: “Apágala, entiérrala, no consientas que salga ni que se mueva; pero sobre todo cuida y no toleres que otros hablen mal… Si los delatores aprendieren que los rechazamos más que a los acusados, al fin desistirán de esa su mala costumbre y se convertirán del pecado; después alabarán y pregonarán que hemos sido sus curadores y bienhechores... Huyamos de la murmuración, sabedores de que todo esto es un abismo del diablo y una cueva de intrigas” (Homilía III de las Estatuas).

13 ss. Corrige: Otros: reprende; Nácar-Colunga: habla. Esto es para aclarar antes de juzgar y sobre todo de condenar. Véase 20,1; Levítico 19,17; Mateo 18,15; Lucas 17,3; Gálatas 6,1.

18. Véase sobre esto 1,11; 1,16 s.; Salmo 110,10; Proverbios 1,7; 9,10; Eclesiastés 12,13 y notas. Nótese la identificación de la sabiduría con el temor de Dios.

22 s. Dios aborrece la astucia, que contiene doblez de corazón (cf. Sabiduría 1,5; Proverbios 11,1-3 y notas). Véase Mateo 6,16.

24. En griego: (el hipócrita) baja la cabeza, se finge medio sordo, pero cuando menos lo advirtieres te sorprenderá (para hacerte mal). Véase 12,10 y nota; 26,12.

26 s. Véase 13,31; Proverbios 17,24 y notas; Isaías 3,9. Por el semblante es conocido el hombre: “No digas, dice San Agustín, que vuestra alma es pura si tenéis ojos impúdicos. Ojos impuros anuncian un alma corrompida”.

28. En griego y hebreo este versículo es el 1 del capítulo 20 y enseña más brevemente, cómo debemos callar ante la reprimenda infundada, y dar lugar a que pase el mal humor de quien nos ofende y que luego quizá se arrepentirá de ello. La réplica nuestra lo empeoraría todo. “Jesús callaba” (Mateo 26,63) dándonos el sumo ejemplo de perdón de las injurias. Véase 8,6; 10,6; 28,1 ss. y notas.

ECLESIÁSTICO 20

1. El segundo hemistiquio según el hebreo y griego: El que confiesa (su culpa), se ahorrará el daño. Cf. 19,13 y nota.

2 s. El original expresa un concepto diferente, según el cual, tan vano como ese intento del eunuco impotente, es el de quien pretenda, por la fuerza, imponer una virtud o convertir a otro. “La virtud (justicia en sentido general) está en la voluntad y no en el acto externo” (Vaccari).

4. Véase 21,7. Voluntario, es decir, no por flaqueza o ignorancia.

6 ss. Véase 19,5 y nota; Proverbios 10,19. “Atad vuestra lengua, para que no se entregue a excesos, no profiera palabras impuras y no se cargue de pecados” (San Ambrosio). El saber callar es, generalmente, más difícil que el saber hablar; por eso el hombre callado es sabio ante Dios, si su silencio es fruto del recto pensar, mientras que el hombre locuaz, hoy día representado por muchísimos ejemplares, es una peste para el género humano.

7. Véase en Juan 7,6 la sátira de Jesús a sus parientes mundanos.

9. Según el hebreo y el griego, quiere decir: hay desgracias que son para nuestro bien, y, a la inversa, prosperidades que nos resultan dañosas (versículo 11).

10. He aquí el contraste entre lo que damos al mundo y lo que damos a Dios.

12. Es ésta una sentencia expresada en el dicho popular “lo barato sale caro”. Scío lo refiere al avaro que compra lo más vil y después, cuando lo ha de usar, halla que no le sirve y tiene que comprar una y otra vez inútilmente. Tiene también importancia por su relación con la caridad. Nos enseña que, si pretendemos pagar a vil precio forzamos al vendedor a darnos cosas de mala calidad, que luego redundan en nuestro propio daño.

13. El que guarda su lengua, se libra de mil peligros y enemigos. “Estén vuestras palabras sazonadas con la sal de la gracia, de suerte que sepáis cómo habéis de responder a cada uno” (Colosenses 4,6).

14. Tienen muchas miras: en hebreo; sus ojos son siete: esto es, esperará de ti mucho más.

15. En vez de dar poco y echarlo muchas veces en cara tenemos que aprender el arte de añadir florecitas de alegría a las dádivas que distribuimos y abrir la boca, no como un volcán (texto original; pregonero), sino para consolar y confortar, o mejor, debemos hacernos ingeniosos en el arte de esparcir silenciosamente semillas de alegría en la vida de nuestra familia y en la de aquellos con los cuales estamos en contacto.

17 ss. En el texto original es el necio quien habla para proclamar que nadie le agradece dignamente sus grandes beneficios. El final del versículo 18 expresa cuan burlada será esa pedantería. El versículo 19 no existe en griego ni hebreo.

18. Lengua traidora.

20. Según el griego es peor caer con la lengua que caerse al suelo, pues de aquello vendrá nuestra ruina. Véase Proverbios 12,13; 18,7; Santiago 3,22. Véase Proverbios 26,7 y 9.

23. Y padece tormentos, etc. En griego: en su descanso no sufrirá remordimientos. Esto es: gracias a la pobreza se librará del pecado y del remordimiento. Véase Lucas 18,25.

25. Por vergüenza promete más de lo que puede cumplir. Así, sin necesidad ni provecho, se acarrea un nuevo enemigo.

30. En griego falta el segundo miembro, y el tercero dice: El que es acepto a los grandes, se hace perdonar su injusticia. Apliquemos a Dios esta verdad mundana: ¡hagámonos amigos del Hijo para que el Padre nos perdone nuestras culpas! Véase Lucas 16,9.

33. Jesús lo confirma en Mateo 5,15; 10,27; Lucas 8,16; 11,33. Véase 4,28 y nota.

ECLESIÁSTICO 21

2 s. Te morderá: Así dice el texto griego. El traductor latino tradujo: te recibirá. Esto es, el pecado te atraerá y hará que caigas cada vez más. El Eclesiástico compara el pecado con la serpiente venenosa, cuyas acometidas son ocultas y mortales. Lo compara asimismo con los efectos que producen los dientes del león (versículo 3) que despedazan sin dejar nada de la víctima. El sentido es: quien transige con el pecado está perdido, pues el diablo no tiene piedad de nadie. También San Pedro compara a Satanás con un león que busca cómo devorarnos, y agrega: “Resistidle firmes en la fe” (1 Pedro 5,8 s.). Cf. Proverbios 5,8 y nota.

6. Véase 4,6; Éxodo 3,9; 22,23; Job 34,28; Salmo 33,7; Santiago 5,4.

9. El invierno es el tiempo más impropio para reunir piedras y construir casas. Según otros: como el que junta piedras en vez de leña para calentarse. Nácar-Colunga vierte: para su sepultura.

11. “Ancha es la puerta y espacioso el camino que conduce a la perdición” (Mateo 7,13). Véase Génesis 37,35; Proverbios 7,27; 14,12; 16,25.

12. La sabiduría se muestra en el perfecto conocimiento de la voluntad de Dios y en el cumplimiento de lo que le agrada (1,34; 2,19; 4,15 y notas). Es la que lleva al amor, como lo explica Jesús en Juan 14,21: “Quien ha recibido mis mandamientos y los observa, ése es el que me ama”. Véase 27,10 y nota, y la admirable luz que Jesús da en Juan 7,17.

15. En griego al revés: Hay una prudencia que produce mucha amargura. Es la prudencia humana que la Escritura condena implacablemente (Santiago 3,15; Romanos 8,5-7; 1 Corintios 2,14, etc.) aunque el mundo la elogia como gran virtud.

16. Fuente perenne de vida es la ciencia de Dios, es decir, su conocimiento (cf. Juan 17,3). La ciencia que no conoce a Dios, hincha, como dice el Apóstol (1 Corintios 8,1), por donde vemos que para llegar a la fuente de vida, debemos ser humildes, hacernos vacíos para poder recibir.

18. Es la paradoja que señalamos en la nota a Proverbios 9,7. Véase 6,21 y nota.

22. (El versículo 24 es continuación de éste.) ¡He aquí planteado el problema básico de toda alma frente a Dios! Si pensamos que Él es un tirano, forzosamente miraremos como odiosas y pesadas esas instrucciones con las cuales su amor de Padre quiere darnos la verdadera vida (Juan 10,10; 20,31). De ahí que la primera enseñanza que nos da la Sabiduría consiste en creer que Dios es bueno (Sabiduría 1,1). La Didascalia de los doce Apóstoles (26, 23, 4) dice que los hombres “no quisieron obedecer a nuestro Señor y Maestro, porque creyeron que su palabra era dura como el hierro” (cf. Juan 6,60; Vulgata 6, 61). Entretanto, Él nos dice que es su Verdad la que nos hace libres (Juan 8,31 s.) y que su yugo es una carga liviana (Mateo 11,30). Véase 4,18 ss. y nota.

23. Sobre risa y bromas, véase Proverbios 22,10; Eclesiastés 7,4 ss. y notas.

26 s. Nótese cómo Dios nos enseña aún las normas de buena educación (31,12).

28. Oigamos a este respecto las palabras de San Agustín: “Puesto que elegís lo que queréis comer, elegid también lo que debéis decir. Hablad con vuestras obras más bien que con vuestra lengua”.

29. Véase 8,22; Proverbios 10,14; 14,33. Admirable fórmula para distinguir entre la indiscreción (20,23) y la sinceridad y conservar la franqueza sin decir demasiado. El Espíritu Santo nos la da aquí, diciendo que el corazón de los necios está en su boca, y la boca de los sabios está en su corazón. Es decir que el uno está todo vertido hacia afuera, el otro, en cambio, atiende a lo interior recordando que “sobre toda cosa guardada hemos de guardar el corazón” (Proverbios 4,23). El que así obra no será indiscreto, pues “la boca habla, dice Jesús, de la abundancia del corazón” (Mateo 12,34). Entonces nuestra franqueza será siempre plena delante de Dios y no tendrá más límites que la justa desconfianza que Él nos enseña a tener en todo ser humano (empezando por nosotros mismos), teniendo con ellos “la prudencia de la serpiente” mientras con Él podemos conservar “la sencillez de la paloma” (Mateo 10,16), para “no dar el pan a los perros ni las perlas a los cerdos”, según la fuerte expresión del divino Maestro (Mateo 7,6).

30. Diablo: Satán. En hebreo significa originariamente acusador, calumniador, lo mismo que el vocablo griego diablo.

31. Y será... hasta el final del versículo falta en el texto original.

ECLESIÁSTICO 22

1. Apedreado: en griego y hebreo: comparado. Igual confusión entre ambos verbos hay en el versículo 2.

6. Un discurso fuera de tiempo es música en un duelo: “Por eso dice San Jerónimo, dejando las artes de la retórica y las pueriles ambiciones de aplausos, me acojo a la Sagrada Escritura, donde está la verdadera medicina de nuestras llagas y los seguros remedios de nuestros dolores; donde la madre recibe devuelto a su único hijo resucitado del féretro (Lucas 7,12-15); donde a la muchedumbre fue dicho: «La doncella no está muerta sino sólo dormida», y Lázaro, de cuatro días difunto, a la voz del Señor, salió del sepulcro” (A Juliano). El azote y la instrucción son sabiduría. Vemos que el castigo corporal suele ser necesario en la educación de los hijos. Cf. 30,1; Proverbios 22,15; 23,13; 29,15.

9. ¿Quién es éste? Es decir, mostrará que no se ha enterado de nada.

11. Entre estos consejos llenos de sabia experiencia, y aún de sabrosa ironía, Dios nos da aquí un pensamiento de gran consuelo ante la muerte de los que amamos: Sin perjuicio de rogar por ellos, hemos de creer que reposan, y no ponernos a cavilar sobre los juicios de la divina Misericordia. “Las lágrimas se evaporan; las flores se marchitan; la oración va a Dios” (San Agustín). Cf. la oración litúrgica: Réquiem aeternam...

18. Imprudente, fatuo, insensato, loco, necio, tonto, etc. son sinónimos de impío, malo, pecador.

19 ss. Compara al sabio o justo con un edificio que resiste al viento, como dice el Señor: “Cualquiera que escucha mis enseñanzas y las practica será semejante al hombre cuerdo que fundó su casa sobre piedra” (Mateo 7,24).

21. Bover-Cantera vierte: Estacas colocadas en lugar alto y a contraviento no pueden sostenerse, y anota: “Debe de referirse este versículo a las empalizadas que usaban para la protección de las viñas, que colocadas en alto ofrecerían escasa resistencia”.

23. Falta en el texto griego y dificulta el sentido del pasaje. En cambio allí se muestra cómo el corazón, débil en sí, será afirmado por el apoyo consciente de las enseñanzas de la sabiduría. Tal es el inmenso valor de la palabra de Dios en el orden de la conducta (cf. Vaccari). Véase 2 Timoteo 3,16 s.

29. En su herencia: es decir, en los días de su prosperidad. Véase cómo se aplica Jesús este concepto en Lucas 22,28 s.

30. ¡Cuántos homicidios comienzan por pequeñas disputas de juego!

31. Saludar: griego: defender. Sabré sufrirlos: es agregado de la Vulgata.

33. Comienza aquí una hermosa oración que abarca hasta el capítulo 23,6 y enseña cómo necesitamos el favor de Dios que nos preserve del pecado. Véase Salmo 140,3; Santiago 3,2.

ECLESIÁSTICO 23

1. A la indiscreción de mis labios. Versión perifrástica. El texto dice: al consejo de ellos. Se podría pensar en los necios y malvados de que trata el capítulo anterior, pero mejor será enlazar este versículo con el último del capítulo antecedente y referirlo a la actividad de los labios.

4. Sus pensamientos: Está tratando de los pensamientos del propio corazón, que son nuestros peores enemigos. Véase Salmo 80,13; Romanos 1,24 y notas.

9. Es hombre perfecto el que no peca con la lengua (Santiago 3,2). “Sea pues vuestro modo de hablar: sí, sí; no, no; lo que pasa de esto proviene del Maligno” (Mateo 5,37).

10. Vemos, pues, cómo debemos combatir no sólo el vano juramento, sino también la mala costumbre, harto difundida, de mezclar el Nombre de Dios en las expresiones vulgares. Sabido es que los judíos tenían tanto respeto al nombre de Dios, que no se atrevían a pronunciarlo, sino que lo sustituían por otros nombres. Véase Éxodo 3,14 y nota.

13. “Jurar en falso es muy dañoso, jurar con verdad es peligroso; y no jurar es lo seguro” (San Agustín). Igual doctrina se nos enseña sobre los votos en Eclesiastés 5,3 s. Véase la gran lección de San Pedro en Mateo 26,35.

15. Se refiere a la blasfemia, cuyo nombre los judíos casi no osaban pronunciar, por lo cual decían “bendecir” en vez de maldecir y blasfemar (cf. Job 2,9; 1 Reyes 21,13). El castigo de la blasfemia era la pena de muerte (Levítico 24,14; Mateo 26,65).

18 s. Alude a los que se avergüenzan de sus padres en presencia de los grandes. Aunque uno se vea elevado a una gran dignidad debe abrigar sentimientos de amor y respeto hacia sus padres por más pobres que ellos sean. El que los desprecia, se desprecia a sí mismo, y el que los respeta, será respetado. Platón, el célebre filósofo pagano, enseña que los hijos deben respetar a sus padres como dioses de la tierra (Dial. II de Legib.); y tiene razón, porque después de Dios el hombre no tiene bienhechores más grandes que los padres, que son para él los representantes del Padre celestial. Cf. Éxodo 20,12; Proverbios 6,20 ss.; 15,20; 23,22; Éfeso 6,2 s.

21. Dos especies, etc.: sobre esta forma de expresión, véase 25,1; Proverbios 6,16; 30,15, etc.

22 ss. Según Vaccari el hebreo alude a “tres especies de pecados contra el pudor, de gravedad creciente; solo, con mujer libre o con mujer casada”. Véase Proverbios 6,27-35.

28 s. Admirable descripción de la omnisciente y omnímoda providencia de Dios. “Señor, dice San Agustín en los soliloquios, Tú consideras mis pasos y mis caminos; noche y día velas para custodiarme y todo lo observas. Tú ves todos mis pensamientos y todas mis acciones, como si, olvidando el cielo y la tierra, sólo te ocupases de mí”. Todas las cosas están presentes ante Dios y fueron conocidas de Él ya antes de ser creadas (versículo 29); porque para Dios no hay pasado ni futuro; para Él ni pasan los tiempos pasados ni llegan los futuros. Cf. Salmo 93,11 y nota.

30 s. Este tal: es decir, el adúltero, le apedrearán, según prescribe la Ley (Levítico 20,10; Deuteronomio 22,22). El versículo 31 falta en griego.

35. Así murió el fruto del pecado de David (2 Samuel 12,14). Es experiencia histórica que la raza adulterina tiene poca o ninguna posteridad.

38. El que se gloría, gloríese en el Señor, dice San Pablo (2 Corintios 10, 17). La honra más grande consiste en servir al Rey de los reyes, que es la misma grandeza, la divina y suprema majestad. Los que sirven a Dios, no necesitan de monumentos que conserven su memoria, antes obtendrán una honra eterna y una memoria indestructible e infinita. Notemos también que ya desde el Antiguo Testamento se acentúa la suavidad paternal del yugo de Dios (cf. Mateo 11,30). Servir a Dios es reinar, dice la Iglesia en la espléndida Misa de San Ireneo (28 de junio).

ECLESIÁSTICO 24

1. Hasta aquí es el Eclesiástico el que alaba a la Sabiduría. Ahora nos invita a oír cómo Ella misma en un lenguaje de sublimidad sobrehumana, relata su origen divino y los dones con que Dios la ha dotado. Véase Proverbios capítulo 8; Sabiduría capítulo 7 y 8.

2. Los escuadrones de Dios: son la milicia celestial, los ángeles. En griego: Ella (la Sabiduría) se glorificará delante de la Majestad de (Dios).

3 s. Faltan en griego y hebreo. Son como una aclaración de lo ya dicho en los versículos 1 y 2 sobre el pueblo. Los santos y los escogidos: el pueblo de Israel (versículo 11 y nota), y, en sentido profético la Iglesia, esposa del Cordero (Apocalipsis 19,6-9). Véase Salmo 21,28 ss.; 68,36 s. y nota.

5. Empieza aquí a hablar la Sabiduría misma, como Verbo eterno del Padre. Véase el prólogo del Evangelio según San Juan y Proverbios 30,4 y nota; Colosenses 1,15, etc. La boca del Altísimo: su espíritu, su inteligencia, su palabra. Oigamos cómo un escritor pagano explica este misterio: “Del mismo modo, dice Séneca, que los rayos del sol, al bajar a la tierra permanecen en el sol que los envía, el grande espíritu viene para hacernos conocer las cosas divinas, conversa con nosotros, pero permanece unido a su origen” (Epístola 41). Mejor que el filósofo pagano lo explican San Juan y San Pablo. Todo el Evangelio de San Juan y su primera Carta no son otra cosa que un comentario a este misterio. “Os anunciamos, dice el Discípulo dilecto, la vida eterna que estaba en el Padre” (1 Juan 1,2). Cf. Sabiduría 8,1; Colosenses 1,17; Génesis 1,1 y notas).

6. La luz indeficiente: falta en griego y hebreo, pero expresa un concepto muy exacto: El Verbo era la Luz (Juan 1,9). Jesús lo confirma (Juan 8,12; 12,46). Y la vida, que en Él estaba, se nos comunica a los hombres en forma de luz (Juan 1,4). Esta luz, que vivifica, está en las palabras que Él habló (Juan 6,63 y 68; Vulgata 6,64 y 69; 17,17; 2 Timoteo 1,10) y que nos dejó en su Evangelio para que ellas nos hiciesen creer en Él (Juan 20,31; Lucas 1,4; Romanos 10,17) y creyendo seamos hechos hijos de Dios como Él (Juan 1,12 s.).

11. Sujeté... pequeños: agregado de la Vulgata. La heredad del Señor: el pueblo de Israel, Véase versículo 13-16.

12. Las palabras: Reposó en mi tabernáculo que se leen en algunas fiestas de la Virgen, no son una profecía de la gestación de Jesús en el seno de la Virgen. Aquí se trata, además, de otro problema. El texto griego no dice: “reposó en mi tabernáculo”, sino “fijó mi tabernáculo”, esto es, lo fijó en Israel, como lo expresan claramente los versículos que siguen: “Y me dijo: Habita en Jacob, y sea Israel tu herencia” (versículo 13); “y así fijé mi estancia en Sión y fue el lugar de mi reposo la Ciudad Santa” (versículo 15). Esta y otras muchas diferencias textuales, tan frecuentes en este Libro, deben enseñarnos a ser muy cuidadosos antes de sacar consecuencias por pura complacencia sentimental. Véase la nota 24.

14. Recibí yo el ser: La divina Sabiduría se hizo hombre en el tiempo, pero ya existía antes, desde la eternidad (Proverbios 8,22 y nota). Y en el tabernáculo, etc.: He aquí el Sacerdocio eterno de Cristo (Hebreos 5,6; Salmo 109,4). Es decir, que también el culto era obra de la Sabiduría, la cual oficiaba como Sacerdotisa (Vaccari) en los sacrificios y ceremonias, ya desde el Tabernáculo de Moisés (Éxodo capítulos 25-28) y luego en el Templo (1 Samuel 6). Cuando se encarnó, siguió rogando al Padre por nosotros y por nuestras obras (Juan 17,9, 20 y 24), y también por sus verdugos (Isaías 53,12; Lucas 23,34). Y todavía hoy continúa sin cesar “intercediendo por nosotros” a la diestra del Padre (Romanos 8,34; Hebreos 7,25), hasta su retorno triunfante en que “transformará nuestro vil cuerpo y le hará semejante al suyo glorioso” (Filipenses 3,20 s.).

15. Véase 36,15. “El griego tiene una variante delicada: En la ciudad amada: Jerusalén, la ciudad querida entre todas por el Señor. Véase Salmo 86,2; 131,13” (Fillion). Sobre el Monte Sión, véase Salmo 64,2.

16. El pueblo glorioso, la porción de mi Dios, la herencia, la multitud de los santos: sinónimos para señalar al pueblo escogido (Salmo 105,5 y nota), donde el Verbo ya obraba místicamente desde antes de encarnarse. Y mi habitación fue, etc., es propio de la Vulgata.

17. Sión: griego: Hermón, la cumbre del Antilíbano.

23. Véase la imagen de la vid en Juan 15,1 s.

24. Los versículos 24 y 25 faltan totalmente en el hebreo. La aplicación que la Liturgia hace a la Santísima Virgen de éste y otros textos relativos a la Sabiduría increada, es puramente acomodaticia, como puede verse también en Proverbios 8,27 y nota. El sentido espiritual de esas aplicaciones nos recuerda que María es quien aprovechó más plenamente las enseñanzas de esa Sabiduría divina que había de encarnarse en Ella (Lucas 2,19 y 51; 11,28). “La Virgo Sapientísima”, lejos de atribuirse a sí misma el ser la Sabiduría, nos dice al contrario que es la esclava del Señor (Lucas 1,38); que Él es su Salvador y puso los ojos en la nada de su sierva (ibíd. 1,48) y que, si todas las generaciones la llamarán dichosa, es porque en Ella hizo grandes cosas el único que posee en propiedad el Poder, la Santidad y la Misericordia (ibíd. 1,49 ss.) y que elige a los humildes para exaltarlos y a los hambrientos para saciarlos.

25. Falta en el texto original. La gracia del camino, es decir, la gracia de conocer la verdad y de atinar con el camino que lleva a ella. Virtud; fortaleza.

29 s. El contraste de este pasaje con Juan 4,13 s., contiene una enseñanza magnífica: La sabiduría, al mismo tiempo que quita la sed de vanagloria y el hambre de las bellotas que ofrece el mundo, nos despierta un ansia insaciable por penetrar cada vez más en los pensamientos de Dios que Él nos descubre en la Escritura (fe), y una ambición sin límites por alcanzar su amistad (caridad) y sus promesas (esperanza). El Divino Padre se complace al ver que sus hijos aprecian así sus dones, y entonces los aumenta cada vez más. Véase Salmo 80,10 y nota; Daniel 9,23; 10, 11 y 19, y el tremendo anuncio de Amos 8,11 s.

31. Los que me esclarecen; o sea, “los que me dan a conocer a los demás, especialmente a los pequeñuelos, y a los hambrientos que piden el pan de la divina palabra. Véase San Bernardo, Sermón 39, sobre el Cantar de los Cantares”. (Páramo). Coincide con Daniel 12,3.

32. Aquí retoma la palabra el Eclesiástico para exponer cómo la Sabiduría se manifiesta en la Ley de Moisés, y para esclarecer algunos puntos. El libro de la vida, el Testamento del Altísimo, son expresiones que señalan las Sagradas Escrituras, en particular la Ley de Moisés y los Profetas.

34. “Este versículo y parte del anterior faltan desgraciadamente en el griego” (Fillion). El Rey fortísimo que saldrá de la estirpe de David, es Cristo (2 Samuel 7,16). Puso: falta el sujeto: Dios.

35 ss. Rebosa: el Libro de la Ley (versículo 32). Fisón y Sehón o Gihón (versículo 37) son ríos del Paraíso (Génesis 2,11 ss.). El Tigris y el Éufrates (versículo 36) se mencionan aquí no sólo por su abundante agua sino más bien por su relación con el Paraíso (Génesis 2,14). Es muy de notar el elogio que Dios hace aquí de las leyes de Moisés como llenas de sabiduría aun en sus disposiciones de orden temporal. No puede sorprendernos que así sea, tratándose de la única legislación civil, penal, social y política dictada por el mismo Dios. Lo que si sorprende es la poca atención que a ella se ha prestado en las instituciones jurídicas posteriores, tanto del Derecho Romano como en el moderno. Véase Éxodo 21 ss.; Levítico 24 s.; Números 35 s.; Deuteronomio 11 ss.; Nehemías 9,38; Salmo 80,4 y las notas respectivas.

38. En griego y hebreo: El primero (que la ha estudiado) no acaba de conocerla perfectamente, y el último tampoco la agotará. Véase 18,5 s.; Salmo 138,6 y notas. ¡Qué inmenso consuelo el saber que tenemos en las Escrituras un mar sin orillas (versículo 39), cuya exploración jamás se agota y que por tanto no puede nunca hastiarnos, pues nunca llegaremos a encontrarle el límite, como a los demás libros! ¡Qué estímulo para despertar en los estudiosos el amor a los estudios bíblicos que los Sumos Pontífices recomiendan cada día más a sacerdotes y laicos!

39. Esto nos muestra que la doctrina divina está llena de secretos de santidad y no es simplemente la de un juez que premia o castiga.

41 ss. Según la Vulgata habla la Sabiduría (véase versículo 32). Vaccari, según el hebreo (y también el griego), hace notar que quien habla en este grandioso pasaje, podría ser el mismo autor del Eclesiástico, el cual dice que empezó queriendo sacar un canal del océano de la Ley y los Profetas, para regar tan sólo su jardín, es decir, su propia alma; pero que luego le llegó por ese arroyo tal abundancia de sublime doctrina, que su río desbordó hasta hacerse mar (véase Ezequiel 47,5), esto es, lo llevó a querer comunicar a todos (versículo 47) en este Libro, los tesoros que él había recibido. Tal es el fruto apostólico que da siempre el estudio de las Escrituras. La predicación, dice Santo Tomás, consiste en trasmitir a los otros lo que hemos aprendido de Dios; “Contemplata aliis tradere”. Véase 33,16-18.

44. Este versículo y el 47 forman respectivamente el Ofertorio y la Comunión en la Misa de San Ireneo, Obispo y Mártir, “llamado el Padre de la Teología católica y áureo anillo que une el Evangelio a la doctrina de los Padres”.

45. “Parece una profecía del descenso de Cristo a los infiernos” (Scío). Los que duermen: los muertos.

46. Hasta el siglo santo: según el hebreo y el griego; a los siglos o generaciones venideras. Véase 33,18; 51,35.

47. Para mí solo: Si es Cristo quien habla aquí como Sabiduría personificada, cuadra muy bien con su misión, porque Él no buscó su propia gloria sino que se sacrificó por la salvación de todos.

ECLESIÁSTICO 25

2. Se explica la complacencia de Dios porque la armonía entre los hombres, sean amigos, hermanos o cónyuges, requiere una tolerancia recíproca, que no puede existir sin la virtud de la caridad, la cual es “la vida de la fe, la fuerza de la esperanza y la medula de todas las virtudes” (Ricardo de San Víctor). Véase 13,19. Sobre la bendición a la familia cristiana véase Salmo 127.

4. El pobre soberbio es más culpable que el rico (véase 10,34), pues ha sido librado de los tremendos peligros de éste (Marcos 10,23 ss.) y ha recibido la bienaventuranza de la pobreza (Lucas 6,20 s.), y no obstante la saludable humillación de la prueba, la ha rechazado (véase 12,1 ss. y nuestro estudio sobre el Libro de Job y el dolor). El viejo fatuo. En griego: un viejo adúltero.

5. Lo que no juntaste: se refiere a la sabiduría (Proverbios 22,6) y no a la acumulación de riquezas (Mateo 6,25 y ss.).

9. Nueve cosas, o sea nueve clases de personas estimo felices. Aquél es el más feliz que es fiel a Dios (versículo 13 ss.).

11. Una mujer juiciosa. La Biblia fundamenta a la mujer en el seno de la familia, y no en la vida pública. El papel que ella ejerce en la intimidad, mejor dicho, en el santuario de la familia, como esposa y madre, es tan trascendental que nadie puede sustituirla, ni el marido, ni los hijos, ni el Gobierno, ni la Iglesia. Ella es la raíz de la cual brotan las futuras generaciones, que serán buenas si la raíz es buena, y malas si la raíz es mala (cf. Mateo 7,18). La actividad pública de la mujer no consiste en dejar su propio pequeño reino y disputar al hombre el trabajo público, sino en formar a los hijos, y si se quiere, también al marido, que son los exponentes del espíritu que la madre y esposa siembra en el hogar. El término “juiciosa” que el Sabio aquí usa, es un poco vago, pero se perfila y concreta si lo comparamos con otros términos empleados en la Biblia. “Esta mujer juiciosa”, es la misma mujer buena, excelente, corona (Proverbios 12,4) y tesoro (Proverbios 18,22) del esposo, más valioso que las perlas (Proverbios 31,10), capaz de crear con su virtud y prudencia el suave ambiente de paz y de alegría que tonifique el alma del esposo y dé a sus días felices duración doblada” (Asensio, Ester Bibl., 1945, p. 242 s.). Sobre el resto del versículo véase 26,1 ss.; 14,1; 19,16; Eclesiastés 10,12; Tito 2,8; Santiago 3,2; 1 Pedro 3,10. El hebreo añade: El que no ara con buey y asno juntos: Esto era prohibido por la Ley (Deuteronomio 22,10) y representa la mezcla de buenos y malos (Levítico 19,19; 2 Corintios 6,14).

12. A oídos que escuchan: Es la incomparable dicha del apostolado. Véase Daniel 12, 3.

13 ss. He aquí el tema fundamental de los Libros sapienciales: el temor de Dios que es “el principio de su amor” (versículo 16). Es lo que dice San Pablo en Gálatas 5,6: La fe obra por la caridad. Cf. Salmo 33,12 ss.; Proverbios 1,7 y especialmente Eclesiastés 12,13 y nota.

17. La suma malicia: Cf. las mujeres de Salomón (1 Reyes 11,4 ss.), Dalila (Jueces 16,1 ss.), Jezabel (1 Reyes capítulo 21), Atalía (2 Reyes 11,1), Herodías (Mateo 14,3 ss.).

22. Porque la víbora guarda el veneno en la cabeza.

23 ss. Véase como contraste Proverbios 31,10 y notas.

26. “El que tiene por mujer a una perversa, sepa que tiene la paga debida a sus propios pecados” (San Juan Crisóstomo).

28 s. Ni codicies: En griego y hebreo: no la desees, pues es esclavitud, ignominia y vergüenza que la mujer sustente al marido.

33. Véase Génesis 3,6. Este pecado es el origen y la razón profunda y religiosa de la posición de la mujer, que hoy se quiere olvidar. Dios le dijo expresamente, en castigo: “Estarás bajo la potestad de tu marido, y él te dominará” (Génesis 3,16). “No permito a la mujer que enseñe, ni tome autoridad sobre el marido… Adán no fue engañado, sino la mujer engañada incurrió en la prevaricación” (1 Timoteo 2,12 ss.). Cf. Éfeso 5,23.

35 s. En griego son un solo versículo: Sepárala: por el divorcio, conforme a la Ley. Cf. 7,21 y nota.

ECLESIÁSTICO 26

1 ss. Véase el retrato de la mujer buena en el capítulo 31 de los Proverbios. “La mujer, dice San Basilio, debe conducirse tan perfectamente en sus modales, en su .porte y en toda su persona, que los que la encuentren, viendo en ella una viva imagen de Dios, la saluden por respeto, admirando sus virtudes y venerando su presencia”.

3. Sobre esta verdad tan importante para los jóvenes véase Proverbios 19,14 y nota, y como ejemplo el Libro de Tobías que debería ser el mejor amigo de los futuros esposos.

6. Delación de una ciudad: en hebreo: la murmuración, esto es, cuando el venticello del descrédito cunde por todas partes contra un inocente.

8. Sobre los celos véase 9,1 y nota.

12. Véase otros signos para conocer a las personas por su exterior: 12,10; 19,24 y notas.

13 ss. Sobre la guarda severa de las hijas véase 7,26 y nota. ¡Qué diría el Eclesiástico si conociera las modas y los bailes de hoy y las costumbres en las playas, donde las hijas exhiben su carne y se ejercitan en la inmodestia de los ojos! Abrirá la aljaba a cualquiera saeta (versículo 15): “Expresión velada que indica el abandono de la impúdica” (Bover-Cantera).

21. ¡Cuán hermoso estímulo encierran estas palabras del Espíritu Santo! Bien vemos que el destino que Dios impuso a la mujer (25,33 y nota), no le impide ser la luz y alegría de su hogar.

22. El candelabro sagrado: Véase Éxodo 25,31-39; 26,32.

23. En griego y hebreo: pies elegantes sobre talones firmes; esto es, la gracia de la belleza apoyada sobre una sólida honestidad. Es decir, que no se condena la belleza sino cuando es buscada como objeto de pecado. Cf. 25,28 y nota.

24. Falta en el texto original.

27. Sobre este punto importantísimo véase 5,5 y nota.

28. De la lengua, falta en griego y hebreo. El tabernero será fácilmente culpable de la corrupción de otros, pues su interés está en hacer que haya muchos bebedores. Hoy puede aplicarse esto a tantas empresas, espectáculos, revistas, editoriales, que viven del escándalo y se enriquecen con el pingüe negocio de explotar los vicios y debilidades humanas. Véase 27,11 y nota.

ECLESIÁSTICO 27

1 s. Véase 25,4 y nota. Por causa de la miseria: el hebreo y griego dicen por dinero. Se refiere, como lo que sigue, a los peligros morales a que se hallan expuestos los negociantes (véase 11,10; 26,28; Proverbios 30,8 y notas). Sólo la ley de Dios, que es de amor y justicia, como propia de un padre que no vende a sus hijos el alimento, puede suprimir, mediante la caridad, ese espíritu de lucha en que la prosperidad de unos se labra sobre la ruina de otros. Véase 38,25 ss. y notas. El versículo 3 es agregado.

5 ss. Texto oscuro. Bover-Cantera vierte: Al zarandear el harnero queda la cascarilla; así la basura del hombre en la reflexión; Nácar-Colunga: Zarandeando la criba quedan las granzas; así los defectos del hombre cuando se le remueve. Otros lo refieren al mucho hablar, que es lo que descubre los defectos, así como el tamiz pone en evidencia los desperdicios. De ahí que la prueba o tentación del hombre está en el hablar (versículo 7), y que no deba juzgársele antes de oírlo (versículo 8). “No juzguéis por las sospechas, dice San Crisóstomo; no juzguéis antes de estar seguros si lo que refieren es real; no condenéis a nadie antes de imitar a Dios, que dice: Bajaré y veré (Génesis 18,21)”.

9. Si vas en pos de la justicia: “No está el amor de Dios en tener lágrimas, ni estos gustos y ternura que por la mayor parte los deseamos y nos consolamos con ellos, sino en servir con justicia y fortaleza (Santa Teresa, Vida IX, 13). Con ella moraras... apoyo: es propio de la Vulgata.

10. Véase 21,12 y nota; Sabiduría 1,4. Verdad y santidad son correlativos (Juan 17,17). “El que tiene esta luz me ama porque el amor sigue a la inteligencia. Cuando más se conoce, más se ama, y este aumento de amor hace crecer el conocimiento” (Diálogos de Santa Catalina de Sena).

11. Esto es: seremos inevitablemente vencidos si no “vigilamos y oramos” (Marcos 14,38), “fuertes en la fe” (1 Pedro 5,8).

12. Como el sol: falta en griego y hebreo.

14. Hacen gala: Véase 13,4 y nota. Más exactamente parece aludir a que esa risa desvergonzada revela un alma que se goza en el pecado. Es otro dato para conocer a los hombres por su exterior (véase 12,10 y nota).

17 ss. Sobre la amistad véase 22,27; 19,10; 42,1; 6,16; 13,19; 25,2; Proverbios 11,13; 26,19, etc.

23 s. Estos dos versículos son más cortos y más claros en el texto original, y dicen: Una herida puede ser vendada y para la injuria hay reconciliación, mas quien revela un secreto pierde la esperanza.

27. ¡Lo que Dios más odia! No lo olvidemos. Véase 1,36; Sabiduría 1,5 y notas.

28 ss. El traidor se castiga a sí mismo por las consecuencias de su pecado. Proverbios 26,27; Eclesiástico 10,8; Salmo 7,16; 9,16; 34,8, etc.

ECLESIÁSTICO 28

1. Doctrina fundamental. “Mía es la venganza y Yo les daré el pago a su tiempo”, dice el Señor en Deuteronomio 32,35. Cf. 8,6; 10,6; 19,28; Mateo 6,14; 7,2; Marcos 11,25; Romanos 12,19; 1 Tesalonicenses 5,15; 1 Pedro 3,9. Es Él quien vengará terriblemente a sus amigos oprimidos. Véase Salmo 65,5; 108,1 y notas.

2 s. Verdadero y elocuentísimo anticipo de la quinta petición del Padrenuestro. “Perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”. Si guardamos rencor, pronunciamos nuestra condenación en la oración dominical que recitamos todos los días. “Nadie que tenga enemistades sea tan audaz para acercarse a Dios y orar” (San Crisóstomo). “El que ejerce la caridad tiene a Dios dentro de sí mismo, pero el que odia, tiene al demonio” (San Basilio). “Aguarda un juicio sin misericordia al que no usó de misericordia; la misericordia se ufana contra el juicio” (Santiago 2,13).

6. Véase 7,40 y nota.

7. El texto griego dice: Acuérdate de la corrupción, y de la muerte y observa los mandamientos.

9. No hagas caso: Esto es, no lo consideres, no pongas tu vista en ello, para no caer en la tentación de juzgar al prójimo. “No juzguéis para no ser juzgados; no condenéis para no ser condenados; perdonad para ser perdonados” (Lucas 6,37). El P. Joüon traduce esto último diciendo: “Absolved y seréis absueltos” lo cual va más lejos que perdonar los agravios propios, y abarca todas las culpas ajenas. San Pablo lo confirma en Romanos 14,4-13.

14. ¡Admirable sentencia! La misma boca puede atizar el litigio o pacificarlo. Jesús llama bienaventurados a los pacíficos, que son los que siembran la paz (Mateo 5,9).

19. Mujeres varoniles: Parece haber una alusión, pero no podemos referirla como hacen algunos, al acto de Abrahán en Génesis 21,10 ss., pues Dios se lo mandó expresamente en el versículo 12 y el Apóstol de las Gentes lo cita en Romanos 9,7 ss., y Gálatas 4,21 ss.

20. Notemos que no sólo condena al calumniador, sino también al que lo escucha (versículo 28). Y aún enseña al calumniado a no hacer caso. Véase Salmo 108,28 y nota.

25. De ahí que muchos lleven almas muertas en cuerpos vivos. Es que su lengua “está llena de veneno mortífero” (Santiago 3,8). Sobre los estragos de la lengua calumniadora véase Santiago 3; Job 5,21; Salmo 139,4; Proverbios 18,8 y nota.

28. Sabido es que San Agustín mandó escribir en su comedor el siguiente dístico: Quisquis amat dictis absentum rodere vitam, hanc mensam vetitam noverit esse sibi, que en buen castellano quiere decir: Sépase que a esta mesa no puede sentarse quien critica a los ausentes.

29. Funde tu oro y tu plato: El texto griego dice: guarda tu oro y tu plata.

ECLESIÁSTICO 29

1. El segundo miembro nos da una luz de doctrina preciosísima: Si ejercitamos la misericordia, Dios nos promete que nos haremos capaces de cumplir todos los otros mandamientos, que quizá hoy nos parecen pesados. Es que la perfección según Dios se confunde con la misericordia (cf. Mateo 5,48 con Lucas 6,36). Y así esta virtud, fruto de la caridad, que es la plenitud de la Ley (Romanos 13,8-10; Gálatas 5,14; Mateo 22,39; 25,34 ss.), resulta ser la madre de otras virtudes morales, como lo expresa el lema que San Isidoro propone a los Obispos: “Poner su castidad al amparo de la caridad”.

2. Como se ve, no se trata, en este capítulo, de los préstamos dados con el fin de que produzcan creces, porque esto se llama en la Sagrada Escritura usura, y estaba prohibido. Dar a usura es, según San Ambrosio, procurar matar al prójimo. Dar préstamos era, por consiguiente, un puro acto de caridad, y no un negocio, como hoy.

7. Hallazgo, se refiere aquí al acreedor. En el versículo 4 se trata del deudor. Son dos agudos rasgos de psicología.

10 ss. A éstos exhorta el Sabio a cumplir con los deberes de la caridad para con el prójimo no obstante su ingratitud (Lucas 6,31-36). Mejor es perder la suma prestada que esconderla inútil debajo de una losa (versículo 13). Véase Deuteronomio 15,8; Mateo 5,42.

14. Dios es el único Banquero que ofrece hasta el ciento por uno (Mateo 19,21 y 29).

15. Véase 17,18; Tobías 4,11. Encierra tu limosna en el seno del pobre; es decir, en vez de oro y plata, pon en tu caja las bendiciones que te dan los pobres. Es una dicha poder dar. Para San Crisóstomo la gracia de la limosna es igual a la gracia de los milagros, de la curación de los enfermos, de la resurrección de los muertos, de la expulsión de los demonios, y añade: No sólo ha ordenado Dios la limosna para auxilio de los indigentes, sino también para aumentar los bienes de los que dan. Véase Mateo 6,19 s.; 19,21.

16 ss. De los versículos 17 y 18 sólo se conservan los números, porque son un agregado, repetición de los versículos 17 y 18 del capítulo 17.

20. Ha expuesto por ti su vida. Toda verdadera virtud humana ha de ser como un eco de las de Jesús, el Único que las tuvo todas en propiedad (Juan 1,16; 1 Juan 2,29; 3,7). ¡Y Él es quien expuso y entregó su vida por sus amigos! Véase Juan 15,13.

21. Los versículos 21 y 23 faltan en el texto griego.

26. El pecador se ofrece fácilmente para fiador, sin duda porque no piensa cumplir. De ahí sus riesgos y castigos.

28. Clara condenación del nudismo. Nótese que fue el mismo Dios quien hizo el vestido para Adán y Eva después del pecado (Génesis 3, 10 y 21). Véase 39,31, donde se añaden como cosas esenciales para la vida: fuego, hierro, sal, leche, miel, vino y aceite. Sobre la casa, véase Proverbios 27,8 y nota.

30. Conténtate: Véase lo que dice San Juan Bautista en Lucas 3,14. Cf. Proverbios 30,8 y nota.

33 s. Son palabras dirigidas por el dueño de casa a un huésped que no es de su agrado. Quiere decir, el huésped es explotado por los que ejercen la hospitalidad, no de buena gana, sino forzosamente. Haz lugar a otro más honorable que tú: Véase lo que dice Jesús en la parábola de los primeros puestos (Lucas 14,9).

ECLESIÁSTICO 30

1. Sobre el castigo corporal de los hijos véase versículo 12; 22,6; Proverbios 22,15; 23,13; 29,15. Para que no llame, etc., es propio de la Vulgata.

2. Será honrado en él: Es lo que muchos padres no quieren comprender. El fruto de la buena educación necesita tiempo para madurar, y muchas veces los padres no son sus usufructuarios. Aprendamos esa ley divina, y si vemos a un hijo bien educado o a un hombre de valer, no comencemos a alabarle a él, sino a sus progenitores, en primer lugar a la madre, porque a las madres no se les levanta monumentos de piedra; tienen un monumento vivo en sus hijos.

7. Por las almas: traducción literal de la voz griega: peri psyjón. El sentido es: Quien trata blandamente a su hijo, tendrá que vendar las heridas que éste se causará. Y a cada grito de dolor del hijo se conmoverán las entrañas del padre.

11. No disimules sus locuras; literalmente: no descuides sus pensamientos, esto es, preocúpate de su vida interior.

12. Sobre la severidad en la educación véase nota 1. Hay aquí una gran luz para los padres. ¿Quién puede pretender que sabe educar sin apoyarse en Dios? Muchos se dejan cegar por los “cariños que matan”, o castigan en proporción a la molestia que les causa la falta y no a su gravedad. Otros obtienen aparentemente gran resultado estimulando el amor propio de los hijos, sin ver que el móvil de sus actos ya no es la virtud sino la soberbia. Dios nos advierte aquí que no hay educación posible sin la humildad, para lo cual debemos enseñarles a meditar la Palabra de Dios (Deuteronomio 11,19; Salmo 77,3 s. y nota; Isaías 38,19; Joel 1,3). San Pablo suaviza la severidad de estos castigos en Éfeso 6,4 y Colosenses 3,21. Cf. Hebreos 12,7 ss.

18 ss. Sobre un sepulcro: Véase Deuteronomio 26,14 y nota. El texto original refiere claramente los versículos 18-21 a la inutilidad de los bienes, sin salud para aprovecharlos. El versículo 20 alude simplemente al que está enfermo.

22. Vemos aquí condenado lo que Hello llamaba “la pasión de la desdicha”, esa cavilación pesimista que es incompatible con la fe en la sabiduría paternal de Dios, y con la misericordia de la ley a que estamos sometidos. El admirable elogio de la alegría, que sigue luego, es el mejor mentís para los que miran el cristianismo como “la derrota al pie del Crucifijo”. Véase 32,4 ss. y nota.

23. Un tesoro inexhausto de santidad: ¿No es esto lo que se nos enseña a pedir ya en el Salmo 50, 10 y 14? No quiere Jesús que pongamos nuestra felicidad en la posesión de determinados bienes, que pueden no convenirnos, y por eso Santiago enseña que a veces pedimos y no recibimos (Santiago 4,3); sino que pidamos el don del gozo espiritual, que es en sí mismo alegría inalterable como la de aquel “hombre feliz que no tenía camisa”. Cf. Juan 16,24; Filipenses 4,4 y nota.

26. San Francisco de Sales (Filotea IV. 12) dice de la tristeza que al lado de los dos arroyos buenos que nacen del manantial de la tristeza, nacen también seis muy malos, y los llama: congoja, pereza, indignación, celos, envidia e impaciencia. Los dos buenos son, según él, la misericordia y la penitencia. Sobre la sabiduría considerada como serenidad, véase el Salmo 36 y notas.

27. Se guisan con esmero: hebreo y griego: le aprovechan.

ECLESIÁSTICO 31

2. El secundo hemistiquio es más exacto en el texto hebreo: y quitan el sueño más que una grave enfermedad.

5. Porque la avaricia es idolatría (Éfeso 5,5; Colosenses 3,5), injusticia y opresión (Proverbios 28,20; Miqueas 2,2). raíz de todo mal (1 Timoteo 6,10) y excluye del cielo (1 Corintios 6,10; Éfeso 5,5; Judit 11). Véase 11,10. “El amor a las riquezas es un veneno, una enfermedad incurable, un fuego inextinguible, un tirano” (San Crisóstomo).

7. Leño de tropiezo, esto es ídolo. Véase Mateo 6,24; Colosenses 3,5.

8 ss. Es éste uno de los más admirables pasajes de la Escritura, puesto que resuelve un problema que perturba no pocas veces a quienes han heredado muchos bienes y tenido suerte en sus negocios. Si recordamos el paso de Mateo 19,24, donde Jesús compara la situación espiritual del rico con un camello que debe pasar por el ojo de una aguja, comprendemos cómo muchos pierden el ánimo sintiéndose ricos. Aquí nos muestra el Espíritu Santo en qué consiste el ojo de la aguja: en asegurar los bienes en el Señor (versículo 11), o sea, en dar limosnas y obrar con rectitud (versículo 10 y 11). Hay muy pocos hombres capaces de enfrentar la prueba de la prosperidad (cf. Lucas 18,25) y evitar los escollos de la riqueza, la cual ofrece al rico mil ocasiones de pecar y explotar la necesidad del prójimo; sin embargo, hay para él una pequeña, pero segura esperanza de pasar por el ojo de la aguja si hace buen uso de sus riquezas y se considera como depositario y administrador de bienes que en última instancia pertenecen a Dios. Cf. el ejemplo de David (2 Samuel 7,18 y nota), del emperador San Enrique, del rey San Luis, de Santa Paula y otros muchos santos que repartieron sus inmensas riquezas para asegurarse la felicidad que Jesús nos ha prometido en la primera bienaventuranza del Sermón de la Montaña (Mateo 5,3). Cf. 3,20; 13,30; 25,4; Deuteronomio 8,11 ss.; 1 Timoteo 6,9 y notas. La Liturgia que aplica estos versículos a algunos santos (Epístola del Común de Confesores), ha cambiado el “Beatus dives” por “Beatus vir”.

10. En griego y hebreo sigue la interrogación: ¿Quién ha podido violar la ley y no la ha violado? ¿Hacer el mal y no lo ha hecho?

11. Oigamos la voz de San Crisóstomo. “Si os gusta vivir en la memoria de los hombres, os indicaré el medio. Poned vuestros tesoros en las manos de los indigentes, en vez de emplearlos en amontonar piedras y en construir edificios esplendidos, casas de campo y salas de baños. Así viviréis eternamente; vuestro recuerdo permanecerá en la memoria de Dios y os producirá innumerables riquezas, dándoos gran crédito cerca de Dios”.

12. Véase en 21,26 más normas de buena educación.

15. El sentido es: el ojo envidioso del que te invitó o del vecino (en la mesa) derrama lágrimas al mirarte comiendo los exquisitos manjares. Por eso no te le anticipes a servirte aquello en que él ha puesto el ojo, no sea que tu mano choque con la suya.

18. Esta pequeña norma dada para los banquetes, es también una sabia enseñanza general, contenida en la “regla de oro” de Jesús: Hacer para con los demás todo lo que quisiéramos ver hecho para con nosotros (Mateo 7,12).

19. Mucho comer: el griego parece referirse al no masticar ruidosamente.

22. Vino, falta en el griego y hebreo.

25. Vomita, según la costumbre de algunos pueblos antiguos, p. ej. los romanos. Puede traducirse también con el griego: paséate al aire libre. El hebreo coincide con la Vulgata.

28 s. Se refiere a los que son pródigos en convidar a su mesa. Véase Nehemías 5,18 sobre la virtud de la magnificencia.

30. No los provoques: condena la necia fórmula del “tomo y obligo”. En griego y hebreo: No te hagas el bravo con el vino, es decir, como si fueras capaz de beber mucho.

32. Vida tranquila: El latín trae: Aequa vita (vida igual) en lugar de Aqua vitæ (agua de vida) que es el texto hebreo. Serás sobrio, y así prolongarás tu vida (cf. 29,28; 37,34). “La sobriedad es madre de la salud, de la sabiduría, de la castidad, de la santidad y de la longevidad, mientras que, por el contrario, la gula es madre de las enfermedades, de la locura, de la impureza, de la iniquidad y de la muerte prematura.” De ahí la apremiante advertencia de San Pedro: “Sean sobrios” (1 Pedro 5,8).

33. Así también el griego y hebreo. Scío vierte: el hombre que decae por el vino.

34. Sentido oscuro. Falta en el griego.

35 ss. Sobre el vino y la alegría véase 40,20; Proverbios 31,6; Salmo 103,15 y notas; sobre la embriaguez Proverbios 23,20 y 24 ss.; 31,4; Romanos 13,13; Éfeso 5,18.

41 s. Esto es, ni provocarlo imprudentemente a la disputa, ni afligirlo torpemente en su alegría. Admiremos una vez más la sabiduría y nobleza de las enseñanzas bíblicas, brotadas todas del verdadero espíritu de caridad.

ECLESIÁSTICO 32

1. Simposiarca, textualmente rey (del convite); así se llamaba al que presidía el banquete. Le solían dar una corona de flores y una porción especial (versículo 3). Véase Juan 2,8.

4 s. Conversar en la mesa era la prerrogativa de los ancianos. Los jóvenes escuchaban y solamente hablaban cuando eran preguntados (versículo 10); costumbre que todavía hoy se observa en familias cultas de Oriente (véase 6,35 y nota). No faltaba música en los banquetes, ni Dios la condena (versículo 7 s.; 30,22; 32,15 y notas). En todo vemos la suavidad de Dios que mira complacido nuestro bienestar, siempre que no pongamos en ello el corazón, como hace el mundo, despertando sus celos de Padre amante (véase Salmo 105,19 y nota).

6. Donde no hay quien escuche: en griego: donde se escucha (la música); en hebreo: según unos: donde se bebe; según otros: donde se canta.

9 ss. Escucha en silencio: Cf. 4,34 y nota; Proverbios 29,20; Santiago 1,19. “No adelantarse a responder; no precipitarse en el hablar. Saber prestar paciente oído, señal es de fuerza y de cordura: de fuerza porque se enfrena el ímpetu; de cordura, porque se soslaya el peligro de falsear el pensamiento” (Fernández, Florilegio Bíblico IX p. 36). Hay pocas reglas tan olvidadas como ésta y la otra, que se da a los jóvenes (versículo 10 ss.), de no hablar sino excepcionalmente y excusando su juventud e ignorancia. Véase Santiago 1,26. San Antonio decía constantemente: “Contén tu lengua”; y San Francisco de Asís: “El silencio inflama el corazón de amor a Dios”.

14. Granizo: el griego: trueno. Como éste sea acompañado del relámpago, así el rubor, signo de modestia en el joven, va despertando simpatía y estimación hacia él.

15 ss. Muestra que los juegos y esparcimientos son lícitos a la juventud y agradables a Dios como signos de ese espíritu infantil que Él ama con predilección. De ahí que la sana alegría de los juegos aleje del pecado (30,22) debiendo llevarnos a bendecir a Dios por su bondad (versículo 17). Todas estas reglas, que parecen profanas, son la genuina aplicación a la vida social, del espíritu del Decálogo, cuyo fiel cumplimiento haría de la tierra un paraíso. Véase 24,22 y nota.

19. Se escandalizará el hipócrita, y hallará en la misma Ley santa ocasión de ruina. Es el escándalo farisaico tantas veces anunciado por Jesús, que se llamó Él mismo “piedra de tropiezo” (Mateo 11,6; 13,21 y 57; 15,12; 24,10; Romanos 9,33; 1 Pedro 2,8; Salmo 68,23; 117,22 y nota).

21. Ejemplos, esto es, excusas para cubrir sus pecados. Véase Salmo 140,4 y nota. Sobre la característica del insensato, que consiste en aborrecer la enseñanza, véase 6,21; 21,18; Proverbios 1,7 y 29; 9,7 y notas.

25. Admirable paralelo: No exponerse al atractivo del pecado, porque caeríamos en él (3,27; 9,4 y notas); ni presumirse capaz de grandes heroísmos y promesas, porque caeríamos como le sucedió al apóstol San Pedro (Mateo 20,33). Véase 1 Corintios 7,5; Proverbios 20,25 y nota. El mejor y más grande de los reyes es el que puede mandar a sus pasiones, dice Sócrates.

26. Véase 33,20; Miqueas 7,5; Mateo 10,36.

27 s. Véase versículo 20. Hay aquí una altísima ley de libertad espiritual (2 Corintios 3,17; Gálatas 2,4; Santiago 1,25; Juan 8,32), que es precisamente para los rectos de corazón que confían en Dios (versículo 28) y no en su propia alma, como darían a entender algunas traducciones (véase Gálatas 5,13; 1 Pedro 2,16; Salmo 117,6 y nota). El apóstol San Pablo enseña que la conciencia es ley aun para los paganos que no conocen la Ley (Romanos 2,14 s.). Así se explica que algunos paganos pudiesen ser tan gratos a Dios en sus oraciones y obras. Véase Hechos de los Apóstoles 10,1-4 y notas.

ECLESIÁSTICO 33

1. Nada malo le sucederá: He aquí una magnífica promesa para los que temen al Señor. “El temor de Dios, dice San Crisóstomo, nos hace firmes e inquebrantables, proporciona tal alegría, que nos hacemos insensibles a todos los males, porque temiendo a Dios como merece, y confiando en Él, se adquiere el principio mismo de la dicha y el manantial de toda alegría”. Cf. 1,16; Salmo 30,20; 110,10; Proverbios 1,7; 9,10; Eclesiastés 12,13 y notas.

3. Y la Ley será fiel para con él: Otra grande promesa, que vale más aun para la Ley de la gracia. Dichoso el que es fiel a la doctrina de Jesucristo, pues los que siguen sus huellas, tendrán la fuerza de apartarse de todo mal y alcanzar la felicidad eterna. “Dulces y alentadoras deben resonar siempre en nuestros oídos las palabras con que el Maestro divino saludará al siervo fiel, al ponerle en posesión del reino del Padre celestial: Euge, serve bone et fidelis… y corearán los bienaventurados: Euge, Euge…” (Gentilini). El texto griego dice: y para él la Ley es digna de fe como el oráculo de Urim; es decir, como los oráculos que el Sumo Sacerdote daba mediante los “Urim y Tummim” (Éxodo 28,30; Levítico 8,8).

4. En griego abarca al que pregunta y al que responde: Prepara tu discurso, y serás escuchado; reúne tu saber y responde.

5. Es la falta de unidad mental de los que no viven de fe. Véase Éfeso 4,14; Romanos 1,17.

7. En los versículos 7-15 se trata del problema de la desigualdad entre los hombres según la omnímoda libertad de Dios. Hay en este pasaje un notable paralelismo con Romanos 8,30 ss, y 9,14-33 (véase también Sabiduría 15,7; Jeremías 18,6). Nótese de paso la imposibilidad de los sistemas sociales igualitarios (versículo 10 y 11).

15. Contra el mal está el bien: Es el cumplimiento de la parábola de la cizaña (Mateo 13,24 ss.). Aprendamos ante todo a no escudriñar, sino a admirar el misterio de que Dios permita que los malos ataquen a los buenos. Dios forma e instruye a los buenos por medio de los malos, como observa acertadamente San Agustín, y ejercita a los que deben gozar de la libertad eterna por medio del poder transitorio de los que han de ser condenados al fuego eterno. Por esto nadie felicite al hombre que prospera en esta vida, porque los caminos de Dios son inescrutables, y es muy posible que el pecador prospere en esta vida para ser castigado en la eternidad. “Dios, dice San Gregorio, castiga ciertas faltas y deja otras impunes, porque si no castigase a nadie, no se creería que Dios se ocupa de las obras humanas; y si castigase a todos, de nada serviría el último juicio” (Homilía in Job). Pareadas y... opuesta. Véase 42,25. He aquí una gran luz para entender el plan de Dios en los misterios de la creación (el día y la noche, etc.), y también en las cosas del espíritu: Antiguo y Nuevo Testamento; Israel y las naciones; pecado y Redención; Venida de Cristo doliente y Venida triunfante, etc. Véase Eclesiastés 3.

16 ss. Después de los santos Profetas y Hagiógrafos, el Eclesiástico, último libro del Antiguo Testamento, recoge algo de su sustancia moral. Véase 24,44 ss. y nota.

19. La asamblea, textualmente: la Iglesia, esto es, el pueblo escogido de Israel, en sentido espiritual, todos nosotros.

20. Recordemos esta norma de viril firmeza. Ella significa mantener el orden instituido por Dios desde el principio (Génesis 1,26; 2,18; 3,16; 1 Corintios 11,3; 14,34; Éfeso 5,22 s.; 1 Timoteo 2,11 s.; Colosenses 3,18; 1 Pedro 3,1) y nos defiende contra nuestra debilidad, causa de innumerables males (véase 1 Samuel 2,36 y nota).

21. El segundo hemistiquio dice en el griego: No te enajenes a ninguna carne, es decir, no renuncies a tu autoridad ni a tu propiedad en favor de otro. Véase 22,6 y nota; 32,26.

23. En todas tus cosas mantén la superioridad: Conserva tu dominio sobre tus bienes para no quedar a merced de los demás. “Pase como acomodación verbal el sentido de: «Procura ser el primero en todas las obras»” (Cardenal Gomá, Biblia y Predicación p. 173).

25 ss. En Proverbios 29,21 y nota, se explican estas sabias normas, que a primera vista parecen duras, pero que están llenas de caridad y sabiduría para el verdadero bien de los esclavos de aquel tiempo (versículo 30). Véase también Proverbios 26,3; 29,19 y notas.

29. Según Ezequiel 16,49 la ociosidad fue el vicio de Sodoma, por donde se comprende su depravación. “Así como una tierra que no ha sido sembrada ni plantada, produce toda clase de malas hierbas, así cada vez que el alma nada tiene que hacer se entrega a actos perversos” (San Crisóstomo, Homilía VII in 2 Corintios).

31. “Este verso nos muestra otro espíritu, que no es el de la sociedad pagana, aunque todavía no es la voz de San Pablo a Filemón (8-20), ni a los Colosenses (4,1), o a los Efesios (6,59)” (Nácar-Colunga). Fiel: falta en el griego. A costa de tu sangre: locución rabínica; con dinero. O también: exponiendo quizá tu vida para tomarlo prisionero en la guerra (cf. Números 31,26; Deuteronomio 21,10).

ECLESIÁSTICO 34

2. Persigue al viento: Elocuente locución hebrea, que el Eclesiastés emplea como estribillo para designar la vanidad de las aspiraciones de los hombres. Cf. Eclesiastés 1,14 y 17; 2,11 y 26; 4,4 y 16; 6,9, etc.

3. Los sueños no muestran cosas reales, sino que son fantasmas, quimeras, puras semejanzas de cosas, exceptuando los casos en que Dios se manifiesta en ellos (versículo 6). La imagen... puesta delante: esto es, la del espejo que parece tan real y sabemos que no lo es (Proverbios 27,19). Recordemos el admirable símil de Santiago 1,23.

5. Las adivinaciones erróneas: como las practican los embusteros para engañar a los supersticiosos. Había legión de ellos, especialmente en Egipto. Véase Éxodo capítulo 7 ss.

6. Dios se manifiesta a veces a los hombres por medio de sueños, pero no sin darse a conocer en forma indudable (Génesis 20,3; 37,5; 41,1; Números 12,16; 1 Samuel 28,6; Mateo 1,20; 2,13 y 19).

8. “Opone a la falacia de los sueños la certeza de la palabra infalible de Dios” (Vaccari). Tenemos aquí el criterio en materia de profecías: estudiar confiadamente las que Dios nos ofrece en las Sagradas Escrituras, y desconfiar de las de origen privado. Véase 39,1; Proverbios 1,6 y notas. “No despreciéis las profecías”, dice el Apóstol de los Gentiles, pero añade: “Examinad todas las cosas, y ateneos a lo bueno” (1 Tesalonicenses 5,20). “Dios nos ha dado ya en la revelación pública reconocida por la Iglesia, en la Escritura y en la Tradición, todos las verdades que necesitamos para nuestra salvación y para nuestra santificación. Si necesitásemos algo más, Dios nos lo hubiese dado ya también. El centro de nuestra vida espiritual no puede ser otro que Jesucristo, y tal como nos lo presenta la Iglesia católica en el Evangelio” (P. Stachlin, Razón y Fe, julio-agosto 1949, p. 97 s.).

9. Cf. 4,18; Sabiduría 3,5 y notas; Santiago 1,2-4 y 12; 1 Pedro 4,12; 5,8 s.

11. Este versículo es propio de la Vulgata. Sobre el valor ascético de la tentación véase Santiago 1,2s.; Tobías 12,13; 2 Corintios 12,7; 1 Pedro 1,6. En la tentación se prueba la virtud, así como en la llama se purifica el oro. “Cuando sois tentados, dice San Ambrosio, sabed que se os prepara la corona inmortal”.

12. Palabras significa en el hebreo también cosas, hechos, acontecimientos. Aquí tal vez se pone en vez de costumbres.

14. Texto oscuro. Es buscado, etc.: El texto griego dice: Se mantiene vivo el espíritu de los que temen al Señor. Es decir, vive por la gracia que se da a los que buscan, temen y aman a Dios. Cf. Mateo 7,7; Salmo 102,11 y 13 y notas.

16. ¡No temer por nada! Incomparable promesa de serenidad y paz, que se hace desde esta vida a los amigos de Dios. Véase Salmo 22,4; 111,7 s.; Proverbios 3,23 ss.; 28,1; 1 Pedro 3,14.

19. Le temen: en griego: le aman (Proverbios 1,7 y nota). Véase la preciosa declaración de Dios en Isaías 66,2.

21 ss. Irrisiones: Vemos aquí cuan terrible cosa, y cuan insensata, es pretender burlarse de Dios obsequiándole con lo que Él abomina, ya se trate de obras (Juan 16,2) o de doctrina (Sabiduría 9,10 y nota). No acepta los dones de los impíos (versículo 23): Cf. 2 Macabeos 9,13 sobre la oración de Antíoco, a la cual faltaba rectitud.

25. Hombre sanguinario: San Juan aplica esta misma idea al que odia a su hermano (1 Juan 3,15). Aquí la vemos aplicada a los que quitan al pobre el sustento o no le pagan el jornal. La Sagrada Escritura inculca enérgicamente la obligación de pagar con puntualidad el salario de los obreros e intima a los amos refractarios los más graves castigos. Cf. Levítico 19,13; Deuteronomio 24,14; Tobías 4,15; Santiago 5,4.

27. Imagen de la dualidad que existe en el hipócrita de corazón doble (27,25; Sabiduría 1,5 y nota; Mateo 12,25). “Tú pides y haces pedir a Dios por los sacerdotes alguna gracia, mas el pobre oprimido por ti, pide al Señor que vengue los agravios que le haces. ¿Piensas que Dios te oirá a ti y no al pobre?” (Páramo).

30 s. He aquí la triste situación del alma que no sale de la vía purgativa. El Nuevo Testamento la pinta aún más grave (Lucas 11,24 ss.; Hebreos 6,4 ss.; 2 Pedro 2,20 ss.), pues puede llegar a la apostasía (Hebreos 10,26 y 31). Un remedio que Dios señala y la Iglesia proclama para llegar a la vía unitiva del amor que libra del pecado, es la vía iluminativa de la sabiduría que viene de la Palabra de Dios (véase el gran misterio que Jesús revela en Juan 17,3 y 17), mediante la cual el Espíritu Santo transforma el corazón del hombre. Véase Salmo 18,8; 118,11 y notas; 1 Reyes 8,46; 1 Juan 2,4; 3,6; 4,4-8.

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1 ss. “Es interesante esta sección por el concepto espiritual que nos da del culto divino, muy en armonía con el Salmo 50,8-15” (Nácar-Colunga). Sobre las normas que siguen véase 34,21 ss.; 1 Samuel 15,22; Salmo 4,6; Isaías 1,10-20; Jeremías 7,3; 26,13; Oseas 6,6; Mateo 9,13 y notas.

5. El versículo 3 anticipa este concepto que muestra hasta dónde llega la misericordia de Dios que computa como reparación el simple cumplimiento del deber. Véase Salmo 50,11 y 19; Proverbios 12,12 y notas.

6 s. Véase Éxodo 23,15; 34,20; Deuteronomio 16,16. La Ley de Moisés comportaba la obligación de ofrecer víctimas, todas ellas acompañadas de justicia, obediencia y misericordia, como acabamos de ver. “Los justos son amigos de Dios; por el lazo de la caridad y de las virtudes le hablan familiarmente; y Él les oye y les atiende” (San Gregorio).

8. Engrasa el altar: Es la justicia, o sea la rectitud de corazón, lo que hace el sacrificio pingüe y agradable a Dios.

11 ss. Dios ama al que da con alegría (2 Corintios 9,7). Véase Tobías 4,9; Hebreos 13,17; Filemón 14. Siete veces más (versículo 13): Jesús va hasta ofrecer el céntuplo (Mateo 19,29; Marcos 10,30). Cf. Salmo 111,9 y nota.

14 s. Sobre las víctimas defectuosas véase Levítico 22,21; Deuteronomio 15,21; sobre bienes adquiridos por medios ilegales, 34,21 ss. y nota; sobre la acepción de personas, Deuteronomio 10,17; 2 Crónicas 19,7; Job 34,19; Sabiduría 6,8; Hechos 10,34; Romanos 2,11; Gálatas 2,6; Colosenses 3,25.

17 ss. Véase las palabras de Jesús en Lucas 18,7 ss. y las de Santiago (1,27).

21. La oración del humilde traspasará las nubes, etc. Y no se apartará hasta que la mire el Altísimo. De todo lo que la Biblia dice de la oración, es éste el rasgo más consolador. La humildad da alas a la oración; sin las alas de la humildad la oración no puede levantarse, porque Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes (Santiago 4,6). La oración del justo, dice San Agustín, es la llave del cielo; la oración sube, y la misericordia de Dios baja. Cf. Salmo 21,25; 50,18; 101,18.

22 s. Vemos cómo también las naciones serán juzgadas. Alude especialmente a los enemigos del pueblo judío, como se ve en la oración del capítulo siguiente. Véase Salmo 109,5 s. y nota.

24. De Adán: de los hombres herederos de su pecado. Falta en el texto original.

26. De la tribulación; o sea, de la opresión (de Israel). Sobre la hermosa figura de la lluvia, véase Salmo 142,1 y nota.

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1. Para comprender esta plegaria por el pueblo de Israel, hay que tener presente, como observa Crampón, que fue escrita después de la vuelta de Babilonia, por lo cual no puede referirse a aquel cautiverio, sino que en el tiempo en que se escribió el Eclesiástico (dos siglos antes de Jesucristo), los israelitas de las diez tribus, y también muchos judíos continuaban dispersos entre las naciones paganas, y aun los de Palestina estaban sometidos a opresores extranjeros, principalmente a los reyes de Siria y Egipto, continuando luego su dependencia con la ocupación de Jerusalén bajo Pompeyo (63 a.C.). Así se estableció la opresión romana que regía en tiempo de Jesús, y que se consumó luego, como Él mismo lo predijo (Lucas 19,43 y 21,6; Mateo 24,2; Marcos 13,2), con la destrucción de Jerusalén y del Templo por Vespasiano y Tito el año 70, y la dispersión de los judíos que durará hasta su conversión total (Romanos 11,26). Los versículos 1 a 16 se rezan en Laudes de Sábado, y en la Misa votiva por la Propagación de la fe se llega hasta el versículo 19, siendo admirable cómo la Santa Iglesia hace suya la oración de Israel, así como en la Misa “contra paganos” se reza la oración de Mardoqueo (Ester 13,88 ss.). Cf. Salmo 101,29 y nota.

2. Las naciones: los gentiles. Es de notar que el Eclesiástico no pide el exterminio de los pueblos paganos, opresores de Israel, sino su conversión y santificación, y la manifestación de Dios entre ellos. “De dos maneras se manifiesta Dios en los hombres: en forma positiva y negativa. En los suyos por Su presencia, en los pecadores por Su ausencia; en los suyos por su santificación, en los pecadores por su castigo. Los suyos, son el Sí de Dios, los pecadores el No. Cuando no unimos nuestro sí con el de Dios, frustramos Sus designios” (Elpis).

4 s. “Dios ha mostrado su santidad en Israel al castigar sus pecados sujetándolo al dominio extranjero. Con librarlo ahora, mostraría su poder en los gentiles, castigándolos por el mal hecho a Israel y a su religión” (Vaccari).

6 ss. Los prodigios, hechos al librar a Israel de Egipto y del cautiverio babilónico. San Bernardo aplica este pasaje a la Encarnación del Verbo, diciendo: “Señor, añadid otra maravilla a vuestras maravillas; renovad vuestros prodigios y cambiadlos; pues vuestros antiguos milagros están como olvidados y despreciados por su número y continuación. Es verdad que el acto de levantarse y ponerse el sol, la fecundidad de la tierra y el cambio de las estaciones son milagros, grandes milagros, pero los vemos tantas veces, que no nos fijamos en ellos. Renovad vuestros milagros, cambiad vuestras maravillas”. Y Dios lo hizo así “En Jesucristo y en María Dios hizo prodigios desconocidos en los siglos; ha trastornado el orden del mundo y de todas las cosas. Una mujer concibe a un Hijo, hombre por su ciencia; niño por la edad, Verbo eterno por su persona. Dios por su naturaleza, nacido de una Virgen en el tiempo, lleno de gracias, teniendo el dulce nombre de Jesús y siendo el Salvador. ¡Cuántos milagros en este gran misterio de la Encarnación!” (Homilía. IV en la Vigilia de la Natividad).

10. El sentido es, según el hebreo: Apresura el término y haz llegar la fecha establecida: Vaccari lo explica diciendo: “El término de la opresión: el tiempo establecido en tus decretos para dar la salud final a tu pueblo (ideas y expresiones tomadas del mesianismo profético). Cf. Daniel 8,19; 9,25; 11,27-35.

13. En hebreo la segunda parte dice: y dales la posesión como antiguamente. Se refiere a “la posesión de la tierra prometida, como antiguamente, cuando tenían su dominio absoluto, independiente” (Vaccari). A raíz del cautiverio asirio las diez tribus del reino de Israel, cuya capital fue Samaría, vivían en la dispersión entre los gentiles, de donde no volvieron; y de las dos tribus de Judá gran parte había dejado su país y el resto sufría las vejaciones de reyes paganos. Sobre la reunión de las doce tribus, véase Salmo 105,47 y nota; Ezequiel 16,53; 20,40; 37,15-23; 39,25 ss.; Jeremías 3,18; 31,1 y 31 (citado en Hebreos 8,8); 33,14 ss.; Isaías 27,13; Zacarías 8,13 etc.

14. Has tratado como a primogénito tuyo. En hebreo: lo llamaste (Bover-Cantera: apellidaste) primogénito tuyo, Cf. Éxodo 4,22 y nota.

15. Sobre Jerusalén véase 24,15 y nota.

17. El primer miembro dice en hebreo: Da testimonio a la primera de tus obras. “La primera de las obras de Dios en dignidad e importancia era la elección de Israel con las consiguientes prerrogativas y las proféticas promesas de un espléndido porvenir” (Vaccari).

18. El Eclesiástico alude aquí, como en 48,10, a las profecías sobre la restauración de Israel. Cf. Salmo 113B,1 s. y nota; Jeremías 30,3; 31,31-36; Oseas 3,4-5; Amos 9,14 ss.; Miqueas 4,6 s.: Zacarías 8,22 s., 14,8 ss.

19. La bendición que dio Aarón: la versión hebrea: tu favor.

23. El hombre es el que ha de proceder con precaución en la elección de su futura esposa, mientras que la doncella ha de casarse con el elegido de sus padres. Se refiere a las costumbres de Oriente. Hoy, desgraciadamente, los padres ejercen poca influencia en este importantísimo asunto. Reflexionen los jóvenes sobre esta enseñanza divina infalible, y, reconociendo sabiamente la falta de luces propias en esa edad inexperta, no procedan, sin consejo de padres o prudentes, a comprometer su corazón por pasajeros impulses juveniles en un asunto en que se juega la vida entera, y aun tal vez la eternidad. Si en materia de negocios consultan, no pueden creer que en esta otra puede seguirse la simple inclinación que suele ser puramente sensual, aunque lleve el dulce nombre de amor. Sobre la mujer ejemplar véase Proverbios 31,10 ss. y notas.

24. Un afecto superior a todos: Esto nos explica por qué Dios eligió en el Cantar de los Cantares la forma de un epitalamio: porque nada puede darnos idea de su infinito amor tanto como ese afecto que es tan intenso en el hombre. “El solo pensar que Jesús siente hacia nosotros esa benevolencia sin límite, ese atractivo y esa gama de afectos que mueven el corazón de un enamorado, basta para llenarnos de felicidad. Pero hay que creerlo de veras”.

25. En hebreo: Si a esto (a la belleza), añade suavidad de lenguaje, su marido no tiene igual entre los hombres.

28. Según el hebreo y el griego es a la inversa: ¿quién se fía de un ladrón, etc.? Pues así es el que no tiene casa, etc. Aconseja el matrimonio, que entre los hebreos revestía especial importancia (Jueces 11,35 y nota). Jesús y San Pablo descubren otro camino para los llamados que aspiran a lo mejor (Mateo 19,10-12; 1 Corintios 7,7 ss.; 31 ss.).

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5. Fina ironía: El escudo, en vez de la espada, pues no le importa defender al amigo sino protegerse a sí mismo.

6. En hebreo: No te olvides de tu compañero en el combate, y no le pases por alto en el reparto del botín.

8 ss. Todo el que es consultado, esto es, muy pocos tienen la humildad de declararse incompetentes para aconsejar. Además, mientras tú crees que te aconsejan por tu bien, lo harán según su interés, y aun te dirán que vas bien cuando vas mal, y te pondrán tropiezos, espiando luego tu caída para aprovecharse de ella.

12 ss. Ironía. Si no quieres ser defraudado, no hables con ciertas personas sobre ciertas cosas que son ajenas a su competencia u opuestas a su espíritu.

15 s. ¡Precioso consejo! Descubrir un alma así es el mayor bien de la vida. Dios no lo negará al que se lo pide con rectitud. Véase 25,2; 6,35 y notas. Ejemplo de esto es la unión que San Pablo tenía con Timoteo (Filipenses 2,19 ss.).

17 ss. Un corazón de buen consejo: Debe notarse que, según toda la economía doctrinal de la Biblia, esto sólo puede referirse al hombre espiritual, y en manera alguna cabe mirarlo como un consejo de confiar en sí mismo a la manera de los estoicos, como si nuestra naturaleza no estuviese depravada. Véase 2 Corintios 11,14 s.; 1 Juan 2,20 s. y 27; 4,13; Salmo 93,11 y nota. El versículo 20 lo aclara todo al confirmar que, a cuanto hagamos o pensemos, debe precederlo la palabra de Dios, a la cual David llama antorcha de mis pies (Salmo 118,105 y nota). Así podía San Pablo invocar el testimonio de su propia conciencia “por el Espíritu Santo” (Romanos 9,1).

19. “Agregar la oración a los consejos, sean exteriores o interiores; en efecto, Dios es el mejor de todos los consejeros” (Fillion).

21 ss. No vale nada: Tal puede ser el caso de uno que tenga el don de profetizar, como un carisma dado por Dios en beneficio de otras almas, y no sepa aprovecharlo para la propia (Mateo 23,3; 1 Corintios 9,27). El cuadro opuesto se halla en los versículos 25 ss., que encarecen el gran valor de la sabiduría, tanto en sí misma cuanto para el apostolado (Daniel 12,3; 1 Corintios 14,12 ss.). Los versículos 23 s., son un paréntesis sobre la vaciedad de los sabios según el mundo. Véase Kempis III, 43.

27. Colmado de bendiciones, porque el sabio ve las cosas así como son en sí mismas (San Bernardo), y lleva a otros al conocimiento de Dios, quien es la fuente y el fin de toda sabiduría.

28. Véase 36,13 y 18. Se refiere a los innumerables días prometidos a Israel por los profetas (Tobías 13,12; Jeremías 33,17-26; Ezequiel 37,28; Oseas 2,19, etc.), para mostrar que, no obstante la fugacidad de nuestra vida, la memoria del sabio no perecerá. Véase Salmo 111,7; 101,24 s. y nota.

30 ss. Todo el pasaje se refiere a la moderación en los alimentos. Se ha de usar la comida por necesidad, no por placer (San Ambrosio). Los excesos de la mesa embrutecen al hombre y le hacen incapaz para entender y atender las cosas de Dios (Romanos 13,13). “Sed sobrios y vigilad, porque vuestro enemigo, el demonio, anda girando como león rugiente alrededor de vosotros” (1 Pedro 5,8).

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2. De Dios viene toda medicina: en griego: la curación o la ciencia de curar. El honor debido al médico, se funda en que es instrumento de Dios, como lo es también el poder civil (Romanos 13,1). El nombre del ángel Rafael, que curó a Tobías, significa en hebreo: medicina de Dios. Cf. versículo 4 s.

5. Dios endulzó las aguas de Mará por medio de un madero (Éxodo 15,23 s.). De lo cual se sigue que las cosas creadas, como las medicinas, plantas, etc., están dotadas de virtudes que han recibido del Creador. Los grandes efectos producidos por causas muy humildes y pequeñas, como las dosis homeopáticas, son cosa muy conforme a la Biblia. Cf. Ezequiel 47,12; Apocalipsis 22,2.

7 s. La última parte del versículo 7 pertenece al versículo 8. El sentido es: gracias o esos remedios volverá la salud y no desaparecerán las creaturas de Dios, porque su paz se extiende sobre la tierra (Salmo 144,9). El concepto de bendición ha de aplicarse a las creaturas, no a la tierra como tal. Cf. Génesis 3,17; Romanos 8,19 ss.

9 s. Texto que debería estar a la vista de los enfermos en todos los hospitales. El doctor Fritz Lachmann, profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén, hace notar que los médicos no eran conocidos en Israel en los primitivos tiempos de fe, y que la primera vez que aparece el título de “rofé”, médico, se refiere a simples embalsamadores (Génesis 50,2). La enfermedad era mirada como un anuncio de la muerte (1 Reyes 15,23; 2 Crónicas 16,12 y notas). La Legislación de Moisés sobre la lepra o “zaraat” tenía más bien carácter social (Levítico capítulos 13 y 14), y esta plaga solía mirarse como un castigo de Dios (Números 12; Deuteronomio 24,8 s.) y era asunto de incumbencia sacerdotal (Deuteronomio 17,8). Ruega al Señor... apártate del pecado, porque la primera causa del desequilibrio de la salud física es el desorden moral traído por el pecado (cf. Génesis 3,16-19).

11. En memoria, como dice Moisés en Levítico 2,2: “para recuerdo y olor suavísimo”, esto es, para hacer presente tu petición ante Dios.

13. El texto original dice: Hay un tiempo en que el éxito está en sus manos (Bover-Cantera); hay ocasiones en que logra acertar (Nácar-Colunga); es decir, no siempre, como se ve en Marcos 5,26.

14. El médico, el farmacéutico y el enfermero, han de saber que no sólo de ellos depende la curación del enfermo. Por lo cual deben rogar a que Dios ayude su arte y su técnica, así como también el enfermo ha de acudir a la oración, la mejor medicina en todas las enfermedades (versículo 9). Dios mismo nos muestra que de Él vienen la enfermedad y la salud (Deuteronomio 32,39; Job 5,18) y promete que Él quitará las pestilencias del pueblo por la oración y el arrepentimiento (2 Crónicas 7,13 s.). El primer enfermo (no leproso) curado que aparece en la Biblia es el rey Ezequías (siglo VIII a.C., por obra de un milagro (2 Reyes 20; Isaías 38).

15. Caerá en manos del médico. Los Libros históricos de la Biblia, narran, con sorpresa, que el rey Asá, sufriendo una dolorosa enfermedad, ni aun en su dolencia buscó al Señor sino a los médicos 2 Crónicas 16,12), como confirmado que antes que éstos hay que buscar a Dios. La providencia del Padre Celestial, para no tener que condenar en la vida futura (cf. Lucas 16,25), envía pruebas que purifican, o castiga al pecador con una sensible o larga enfermedad, y aun con la muerte, como hizo con los del Diluvio (1 Pedro 3,20; 4,6; 1 Corintios 5,5).

16 ss. Éste es, sin duda, el origen del luto. Los judíos eran muy expresivos en las manifestaciones del dolor.

20. Texto difícil. El sentido parece ser que la tristeza ha de pasar cuando llevan el cadáver al sepulcro, porque nuestra vida depende del estado de nuestro corazón.

22. No se vuelve: Se deduce de aquí la falacia del espiritismo. Cf. Isaías 8,19 s. No ayudarás a él; se refiere al muerto en sentido material, porque no tiene ningún provecho de tu tristeza.

23. Palabras que nos dicen nuestros muertos; muy apropiadas para un epitafio. Hugo de San Víctor observa que la Escritura no dice mañana, sino hoy, ya que muchos mueren cada día y nadie está cierto de vivir el día de mañana. Los romanos ponían: “Hodie mihi; cras tibi”. El refrán popular expresa, a la inversa, lo que hemos de pensar los vivos: “Hoy por ti, mañana por mí”.

24. Es el mayor argumento para consolar al que de veras ama: saber que la persona amada está mejor que aquí abajo, y aun que se la puede favorecer con oraciones (2 Macabeos 12,43).

25. De aquí la fórmula de muchos santos: “Vacare Deo”, dedicarse a Dios, adherir a Dios, disfrutar de Dios. Es el ocio santo, que suele escandalizar al mundo; “la buena parte” que eligió María (Lucas 10,42) y que permite escuchar las palabras que nos ha dicho Dios (39,1; Isaías 30,15; Salmo 1,1 ss.). San Gregorio recuerda a los que han de dirigir almas, que no podrán hacerlo sin larga meditación de las Escrituras. Véase 2 Timoteo 2,4.

26 ss. La dificultad que tienen para adquirir la sabiduría los que están aferrados a los negocios o trabajos temporales, se muestra en repetidas expresiones: pone su gloria” (versículo 26), “aplica su corazón” (versículo 27); “tiene su corazón atento” (versículo 28), etc. Es lo qué enseña Jesús al decirnos que nuestro corazón estará allí donde está nuestro tesoro. Marta no podrá alcanzar el privilegio de María, mientras piense que su propia actividad es lo mejor. Lo enseña también Jesús en la parábola del vino nuevo (Lucas 5,37 ss.). En cambio, si los humildes artesanos ponen su corazón en conocer las palabras de Dios, sepan que Él revela a los pequeños lo que oculta a los sabios (Lucas 10,21).

35 ss. Considerando que las muchas ocupaciones temporales obstaculizan la sabiduría (27,1 y nota) y aún pueden hacer muy difícil la salvación (Lucas 18,25; Santiago 5,1; 1 Timoteo 6,9), el sumo acierto consiste en entregarse de propósito al estudio de la sabiduría revelada en las Sagradas Escrituras, como se ve en 39,1 ss. Para que no temamos empobrecernos con esto, Jesús hace la asombrosa promesa de Mateo 6,33: “Buscad primero el reino de Dios y su justicia y todo lo demás se os dará por añadidura”.

38. Moral: El latín dice: disciplina: el hebreo y el griego: justicia. La palabra moral es de origen latino (de mores: costumbres) y no figura en la Biblia.

39. Aplicando, etc.: En el griego y el hebreo estas palabras encabezan el capítulo 39 y se refieren, inversamente de la Vulgata, al sabio de que va a tratarse en adelante.

ECLESIÁSTICO 39

1. He aquí el concepto que Dios tiene del verdadero sabio, bien diferente del que tiene el mundo. Es aquel que medita las Sagradas Escrituras y dedica su tiempo al estudio de los Profetas. Véase 7,40; 18,24; 34,8; Salmo 118,162; Proverbios 1,6 y notas; Isaías 21,12; 34,16; Sabiduría 8,5; Ester 11,12; 1 Tesalonicenses 5,20; Apocalipsis 1,3, etc. La Sagrada Escritura es un océano sin fondo. La profundidad de tus Escrituras, Señor, es admirable, exclama San Agustín; no pueden considerarse sino con temor, temor de respeto y temor de amor. En la Sagrada Escritura, dice San Gregorio, nada el humilde cordero, y se ahoga el orgulloso elefante, es decir, los pequeños y humildes entienden mejor la palabra de Dios que los que presumen de su ciencia y cultura (cf. Mateo 11,25; Lucas 10,21). Papías, discípulo de San Juan y Obispo dé Hierápolis, hizo grandes viajes y gastó muchísimo dinero para recoger de la boca de los discípulos de Jesús todas las palabras del Redentor que no están en el Evangelio; y llenó cinco libros de los cuales desgraciadamente se han conservado solamente unos pocos fragmentos. También San Jerónimo, el Doctor Máximo en Sagradas Escrituras, hizo viajes a Constantinopla y a Alejandría, para ilustrarse y buscar soluciones a las dificultades que se le ofrecían en la interpretación de los textos bíblicos. En Constantinopla se entrevistó con San Gregorio Nacianceno, y en Alejandría con Dídimo.

2 s. Parábolas, la forma literaria en que los sabios y profetas presentaban las enseñanzas más importantes y que usaba el mismo Jesucristo, es reconocida como el mejor método de enseñar cosas espirituales, porque las cosas que no se ven necesitan de imágenes y figuras concretas, tomadas de la vida del pueblo, de la naturaleza o de la historia, que las hagan “visibles” y comprensibles. Las parábolas o semejanzas son, por decirlo así, el lenguaje de lo invisible. De ahí la importancia trascendental que tienen en la enseñanza religiosa. El Proverbio (versículo 3) es una parábola abreviada, una semejanza en miniatura.

6 ss. Estos versículos figuran en la Epístola del Común de Doctores.

9. La verdadera sabiduría es fruto de la oración (Santiago 1,5; 3,17). Santo Tomás de Aquino solía interrumpir su trabajo y pasar a la oración, cuando sentía que le faltaban luces.

11. He aquí el lema del predicador, según la fórmula de Santo Tomás: “Transmitir a otros lo contemplado en la oración”. Cf. Proverbios 1,20.

12. El pescador Pedro, dice San Crisóstomo, resplandeció aún después de su muerte, con un fulgor más brillante que el sol.

15. Si descansare; o sea, pasando a mejor vida. Las expresiones “descansar” y “dormir” significaban ya en la antigüedad el “sueño” de la muerte. De ahí el nombre de cementerio que los primeros cristianos daban a las necrópolis. Cementerio viene del verbo griego “koimasthai”, que significa dormir.

16. Me siento poseído, etc. En el texto griego: estoy henchido como luna llena. ¡Magnífica plenitud del Espíritu Santo! A veces el tiempo no es propicio para estas explosiones del celo, y entonces debemos, como dice San Pablo, ser moderados para con los hombres, pero siempre podemos conservar ese sagrado entusiasmo para con Dios, cuyo exceso de amor por nosotros nos urge a corresponderle (2 Corintios 5,13 s.).

17. Una voz: textualmente: en una vos dice (el Espíritu). Estos líricos acentos son recordados en la Liturgia de la Virgen, en cuyo Magníficat (Lucas 1,46 ss.) parece resonar un eco de estas alabanzas.

22. Alusión al paso del mar Rojo (Éxodo 14,21; 15,8). Lo mismo en el versículo 29.

23 ss. Preciosa enseñanza sobre la Providencia, y sobre la Ley de amor que la gobierna. Véase 18,5 ss.; Romanos 8,28.

27. Su bendición es como un rio que inunda: La bondad de Dios es verdaderamente un río inmenso que sale del trono del Altísimo y corre hasta el centro de la tierra, y todo lo riega, fecundiza y vivifica. Corre sin cesar y penetra también en el alma que, más que la naturaleza, está sedienta del riego de la divina gracia. Corre a través de los siglos y nos inunda con las aguas que incesantemente salen de la Cruz, para limpiarnos del pecado.

30. Jesús nos confirma esta bondad del Padre, que no excluye de sus bienes ni aun a los que son malos. Véase Mateo 5,45; Lucas 6,35.

31. Es notable cómo en estos alimentos se contienen, según la medicina moderna, cuantas, proteínas, hidratos de carbono, grasas, sales y vitaminas necesita el hombre.

32. Véase 2 Samuel 22,26; Salmo 17,26. El vino es un ejemplo: tonifica a los sobrios y daña a los ebrios.

34 s. Según el griego y el hebreo los versículos 33 y 34 se refieren a los vientos. En el tiempo de la consumación (de que habla San Pedro en Hechos 3,20 s.; 2 Pedro 3,11 ss., y San Pablo en 1 Corintios 3,13; Éfeso 1,10; 1 Tesalonicenses 5,3, etc.), todas las creaturas serán instrumentos para castigar a los enemigos de Dios (Sabiduría 5,18-21 y notas). Libres ya de la corrupción a que hoy están sujetas, contra su voluntad, por causa del hombre (Génesis 3,17 s.), participarán de la gloria de los hijos de Dios (Romanos 8,19 ss.), y todas ellas alabarán a su Creador (Salmo 144,10 y nota).

38. Meditado: a la luz de la fe y bajo la inspiración del Espíritu Santo, que destinaba este Libro a formar parte de la Sagrada Biblia. La simple razón jamás habría bastado para producir este monumento de sabiduría, que penetra también en lo profético.

39 s. Todas las cosas creadas salieron buenas de manos del Creador (Génesis 1,4, 10,25, etc.). Por eso, no las critique el hombre, pues él es el culpable de que hoy pese una maldición sobre ellas (Génesis 3,17). San Teófilo (Apología 2, 17) dice a este respecto: “Cuando el hombre vuelva a aquella que era su naturaleza, y no peque más, también las fieras volverán a su antigua mansedumbre”. Cf. Isaías 11,6; 65,25; Oseas 2,18.

ECLESIÁSTICO 40

1. Consecuencia de la naturaleza caída que heredamos. El carácter universal de estas miserias debe servirnos de consuelo (1 Pedro 5,9), junto con la “bienaventurada esperanza” (Tito 2,12 s.; Santiago 5,7 ss.). En nuestro libro sobre Job y el problema del dolor hemos tratado detenida-mente esta materia.

2. Notemos a este respecto la indecible felicidad de los que hoy vivimos bajo la Ley de la Gracia. El miedo a la muerte cede en el cristiano a la perspectiva de que Jesús vendrá para juzgar a los vivos y a los muertos. Véase 41,1 y nota; 2 Pedro 3,10; Lucas 21,28; 1 Tesalonicenses 4,13-17; Filipenses 3,20 s.; 1 Corintios 15,51 ss. (texto griego); Job 7,1 ss.; 14,1 ss. “Los justos, dice San Agustín, se arman de paciencia para vivir, y encuentran delicias en la muerte. La Iglesia hace orar a los sacerdotes todos los días el “Nunc dimittis”: ahora, Señor, despides a tu siervo” (Lucas 2,29 ss.).

6 s. La miseria del hombre es tal que ni aún durante el sueño llega a librarse de ella.

8. No hay peor suplicio que los remordimientos de la mala conciencia. La Biblia nos lo muestra, desde el caso de Caín (Génesis 4), hasta el suicidio de Judas. Un notable escritor francés, Ernesto Hello, señala el contraste entre este remordimiento, sin esperanza, y el arrepentimiento, o contrición del Hijo Pródigo. Cf. Isaías 66,2; Lucas 15,20 ss.

11. Véase 41,13; Génesis 3,19.

12 s. Se acabarán. Véase 2 Pedro 3,13; Isaías 65,17; 66,22; Salmo 71,12 y nota. Cf. Proverbios 17,23; Isaías 5,23; 33,15; Ezequiel 13,19; Amós 2,6, etc.

14. Se alegrará el que acepta el cohecho, pero perecerá con el dinero de iniquidad. Otros entienden que se alegrará el que sabe abrir su mano con generosidad (Deuteronomio 15,7 s.).

15. Harán ruido corno raíces viciadas. El texto original es más claro y dice que las raíces de los malvados están sobre roca escarpada, es decir que no pueden extenderse ni tienen agua.

18. El texto original de este versículo dice: Una vida con vino y licores es dulce, pero a ambas cosas sobrepuja el que halle un tesoro (la sabiduría). Sobre el vino véase 31,35; Salmo 103,15; Proverbios 31,4 y notas.

23. Magnífico elogio del matrimonio, considerado como la más perfecta forma de la amistad. La experiencia demuestra, empero, que ésta no existe si la unión de los cónyuges no se funda en la unidad de espíritu y en la caridad, sino solamente en los fugaces atractivos humanos. Véase 6,16; 25,2 y notas.

24. Es de admirar con gozo esta divina promesa, según la cual el que practica la misericordia no necesita de auxilios humanos, pues el mismo Dios se anticipará a prodigárselos. Véase 29,15; Proverbios 16,6; Eclesiastés 11,1.

29 ss. Vigorosa condenación de la mendicidad. Claro está que no se refiere a la virtud evangélica de la pobreza, tan alabada por Cristo como despreciada por el mundo, sino al vicio de los que hacen del pedir una profesión, a veces más lucrativa que el trabajo por la falta de discernimiento de parte de los que dan. Cf. 25,4 y nota.

ECLESIÁSTICO 41

1 ss. ¡Luminosa meditación! Comentando este pasaje dice el Doctor Místico: “Les es amarga su memoria; porque como aman mucho la vida de este siglo y poco la del otro, temen mucho la muerte. Pero el alma que ama a Dios, más vive en la otra vida que en ésta, porque más vive el alma donde ama que donde anima, y así tiene en poco esta vida temporal”. Si la muerte duele en la proporción a lo que se deja, feliz del que guarda su corazón sin enterrarlo en lo que perece. “Es doble muerte la del hombre rico; pues su alma debe separarse, no solamente del cuerpo sino también de las riquezas, a las cuales amaba como a su cuerpo” (San Crisóstomo). Sobre la esperanza cristiana véase (versículo 3 s.) que la muerte es dulce al hombre necesitado y decrépito. Pero mucho más dulce es la muerte para el que ama a Dios y tiene ansias de desatar todas las ataduras terrenales y estar con Cristo, “lo cual es, sin comparación, mejor” (Filipenses 1,23). En Lucas 12,4 Jesús enseña a no temer la muerte.

7. Diversamente traducido. Bover-Cantera vierte: No hay reprensión por la vida en el scheol, y agrega en la nota “que en el scheol no caben ya reproches, acusación y cargo de la vida vivida. Cf. Eclesiastés 9,10”. Según Nácar-Colunga dice el Eclesiástico que en la otra vida ya no habrá disputas sobre la duración de la vida.

13. Cf. Génesis 3,19. En tierra se convertirá: En griego: volverá de la tierra a la tierra. En el hebreo: de la nada a la nada. De la maldición a la perdición: ¡Espantosa suerte! caer desde las manos de la maldición en los brazos de la perdición eterna”. (Gentilini).

14 s. Véase Proverbios 22,1; Eclesiastés 7,2 y notas. San Crisóstomo enseña que una reputación duradera no se adquiere por medio de grandes monumentos, columnas y títulos, sino con virtudes heroicas, y principalmente con la caridad y la limosna, porque todo esto es vano y caduco, pero las virtudes son algo duradero y estable.

17. Jesús lo confirma en Marcos 4,21; Lucas 8,16, etc., añadiendo que en su doctrina no hay ninguna sabiduría esotérica o secreta que no pueda llegar a todas las almas.

21 ss. Enumera a continuación una serie de cosas malas de las cuales hay que avergonzarse. Véase en el próximo capítulo las obras de las cuales el hombre no ha de avergonzarse. Hay en todo esto un admirable código de conducta individual, social y política.

23. En el lugar donde mores. En el texto griego (avergüénzate) del robo en el lugar donde habitas.

24. Comer con los codos encima del pan: quiere decir: yo no doy nada a nadie. Expresión gráfica del egoísmo.

27. Cf. Mateo 5,28. No solicites a su criada, o sea, como interpreta Scío, no la trates con demasiada familiaridad.

28. Véase 19,7 y nota.

ECLESIÁSTICO 42

2. Dios nos enseña, al mismo tiempo que la más blanda caridad con las personas, una absoluta firmeza en la doctrina, aun sabiendo que por ella hemos de ser objeto de burla (Gálatas 2,5). ¡Ay del que se avergonzare de Jesucristo! Véase Mateo 24,10; 26,31; Marcos 8,38; Lucas 7,23; Romanos 9,33.

3. En el texto griego: (No te avergüences) por cuentas con compañeros y pasajeros ni por particiones de herencia y bienes. Es decir, la amistad no impide que arregles con tus amigos las cuentas, porque como dice el refrán, cuentas claras conservan la amistad, o como dice otro adagio: cuentas claras honran caras.

5. El primer miembro puede traducirse (con el griego). (No te avergüences) de no hacer distinción en la venta y con los mercaderes, es decir, de no hacer fraude. Sobre el castigo corporal como medida conveniente en la educación, véase 22,6; 30,1 y nota. Dios asimila en esto los siervos a los propios hijos.

6. Textualmente: Sobre la mala mujer bueno es el sello.

8. En el griego: (No te avergüences) de corregir al anciano que es sospechoso de liviandad.

9 s. Las hijas solían ser casadas por el padre, el que por consiguiente tenía la responsabilidad por la formación y educación de ellas, y aún por la felicidad del futuro matrimonio.

13. Así de la mujer la malicia del hombre. En el texto griego: así de una mujer la malicia de la otra.

15. Las enseñanzas de la Sabiduría terminan aquí con un nuevo y estupendo himno de alabanzas al Señor por las maravillas de la creación como obra de la divina Palabra. El sabio va recorriéndolas una tras otra hasta el fin del capítulo 43. La conservación del mundo es una creación continua. “Semejante conservación equivale a una creación de cada instante. Así como al ponerse el sol desaparecen los rayos que despedía alrededor suyo, de la misma manera caería el mundo en la nada de que fue sacado, si Dios cesase de obrar. Es lo que nos dice el Rey Profeta. Por la palabra del Señor se fundaron los cielos, y por el espíritu de su boca se formó todo su concierto y belleza (Salmo 32,6)”. Cf. Salmo 18,2-7; Baruc 3,35.

16. “Pensamiento magnífico. Todo lo que el sol contempla todos los días en su carrera gigantesca, está lleno de la gloria de Dios” (Fillion).

19. Las señales de los tiempos: los astros (Génesis 1,14), que señalan día y noche y las estaciones del año. El sentido es: lo pasado y lo venidero, lo visible y lo invisible (33,8 s.). Dios hace gala muchas veces de ser el Único que conoce lo futuro y que nos lo revela. Véase Juan 16,13; 1 Pedro 1,11 s.; Apocalipsis 1,1.

25. Véase 33,15 y nota.

26. ¿Quién se saciará de contemplarla? Las delicias que experimentamos al contemplar la obra de Dios, aumentan el apetito de poseerlo y contemplarlo a Él mismo eternamente. Preguntado en el momento de su muerte Santo Tomás, sobre si necesitaba algo, respondió: “No necesito nada, porque pronto lo tendré todo y gozaré del bien supremo y único”.

ECLESIÁSTICO 43

1. Es este uno de los pasajes, relativamente escasos, en que se presenta a Dios como soberano autor y fuente de la belleza (cf. Salmo 95,6 y nota), ¡Qué invitación para contemplar las maravillas del crepúsculo y de la aurora, etc., que el Divino Padre prepara cada día para nosotros, y que tan poco solemos aprovechar y agradecer, prefiriendo casi siempre las pobres obras del arte humano!

2. Le anuncia: glorifica al Señor. Véase Salmo 18,2 ss. y notas.

6 ss. En hebreo la voz iarej (luna) significa también mes. La luna indicaba a los antiguos los meses y los años, y a los israelitas también las fechas religiosas (Números 28,11; 1 Samuel 20,5 y 24). Hoy todavía la fecha de la fiesta de Pascua se rige por la luna. Véase 24,35; Salmo 80,4; 103,19 y notas, por donde se ve qué interés esto tiene para el calendario.

9. Un ejército: las estrellas, que muchas veces son llamadas “milicia celestial”. Cf. Génesis 2,1; Deuteronomio 17,3; Isaías 34,4; Jeremías 8,2; Sofonías 1,5, etc.

11. El Santo: Dios. La descripción de las maravillas de la creación tiene su paralelo en los Salmos. Véase especialmente los Salmos 8, 18, 103, 106, 148. Véase allí las notas.

12. San Buenaventura ve en el arco iris figurado a Cristo, y dice: “Así como el arco natural tiene su origen en una nube llena de rocío al ser atravesada por el rayo recto, quebrado y reflejo del sol, del mismo modo, y en realidad, Cristo, Sol de justicia, es causa y origen de todo conocimiento humano… porque Él, en cuanto Verbo encarnado, es origen de la fe, origen del conocimiento racional, iluminando el entendimiento, y origen de la contemplación, traspasando el afecto al Padre” (Sermón en la fiesta de la Anunciación de la Virgen).

17. Ábrego es el nombre del viento que sopla entre poniente y mediodía.

21 s. Descripción poética de la naturaleza del agua, de la nieve y del hielo. Este se asemeja a una loriga de manera que el agua parece cubierta como con una coraza.

23 s. Habla del verdor de los montes que se marchita, como se ve señaladamente en los ardientes veranos de Palestina y Egipto (véase versículo 4 donde parecería aludir a la extraordinaria fuerza del sol de montaña, que hoy se ha descubierto en los rayos ultravioletas). Contra ese ardor manda Dios las nubes y el rocío que lo atemperan (versículo 24), como aquella nube que acompañó a Israel en el desierto. Véase Salmo 104,39 y nota.

26. Véase Salmo 106,23 ss.

29. En griego es más breve y expresivo: Él es el todo. Así dice San Pablo que lo veremos al final, cuando hasta el Hijo “quedará sujeto al que le sujetó todas las cosas, a fin de que en todas las cosas Dios sea todo” (1 Corintios 15,28). Por las Sagradas Escrituras sabemos que Él está dando a todos la vida, el aliento y todas las cosas (Hechos 17,25) y que “dentro de Él vivimos, nos movemos y existimos” (ibíd. 28). La suma de cuanto se puede decir: según el texto griego es más bien: el resumen de este discurso. Hoy, gracias al Nuevo Testamento sabemos del Padre mucho más que del Creador. Los misterios antes ocultos (Éfeso 3,9; Colosenses 1,26) se nos revelaron en Cristo, enviado y don del Padre, qué nos mereció el hacernos hijos como Él (Juan 1,12).

30 ss. “Cuanto puedas, tanto atrévete, pues Él es mayor que toda alabanza, y no eres capaz de alabarlo bastante” (Santo Tomás, en el himno eucarístico Lauda Sion). “El Señor es grande y digno de suma alabanza; su grandeza es insondable”, dice el Real Profeta en el Salmo 144 (versículo 3). “Por más que se diga, se vea y se sepa de Dios, esta vista, estas palabras y estas ciencias no son, en realidad, lo que una gota de agua en el océano” (San Cipriano. Quod idola non sunt dii).

ECLESIÁSTICO 44

1. Desde aquí hasta el capítulo 50 versículo 26 se agregan los elogios de los varones ilustres del pueblo de Dios. Su fin es mostrar cuántas y cuan grandes cosas la Sabiduría de Dios obró en ellos y por ellos, para que la gloria sea dada toda a Él, único a quien pertenece. Véase Hechos 14,2; 15,12; Éfeso 2,9; Salmo 20,6; 148,13 y notas. Sobre este pasaje tenemos un fragmento de Orígenes que dice: “Así como el sol, la luna y todos los astros del firmamento brillan constantemente a los ojos de todas las creaturas que están debajo del cielo, así también las señales de la virtud de los santos y sus generosos combates resplandecen maravillosamente, y siempre ante todo el mundo, y dan a todos la regla del bien y el ejemplo de la piedad y de la santidad”. Los versículos 1-15 forman la Epístola de la Misa Común de Confesores Pontífices.

3. Como profetas que eran; “porque anunciaban misterios grandes, y no sólo de paso, sino con espíritu verdaderamente profético, lo que Dios interiormente les inspiraba” (Scío). Quiere decir que, si los patriarcas eran profetas, tenemos que corregir la opinión, muy común, de que el oficio principal del profeta consistiera en anunciar acontecimientos futuros. Profeta es, como dice el nombre, el que habla en nombre de Dios, hoy diríamos, el que predica la palabra de Dios, o como lo define San Pablo, el que edifica, exhorta y consuela (1 Corintios 14,3). De ahí que el mismo apóstol diga a los corintios: “Codiciad el don de la profecía” (1 Corintios 14,39). Según esto, todo predicador y misionero que anuncia la palabra de Dios sin restricción y sin acomodación, y la anuncia siempre y en toda su amplitud, es un profeta. ¡Ojalá haya muchos profetas en sentido paulino!

5. V. g.: los Salmos, que tenían melodías, y los otros cánticos que se hallan en la Biblia. Véase 47,10 ss.; 1 Reyes 4,32; 1 Crónicas 15,19; 2 Crónicas 7,6; 35,15; Esdras 10,24; Nehemías 12,35. Este amor al canto litúrgico se ve también en San Pablo (Éfeso 5,19).

6. Pacíficos: Recordemos la conducta de Abel (Génesis 4), de Abrahán con su codicioso sobrino Lot (Génesis 13,9 ss.), de Isaac (Génesis 26,17 ss.), de Jacob (Génesis 32,13 ss.), de Moisés (Números 12,3).

9. Puede entenderse de los que se olvidaron de Dios, y por eso no eran dignos de ser mencionados en las Escrituras.

12. Una sucesión santa: un linaje temeroso de Dios. En las alianzas: las que Dios hizo con ellos.

16. Alude a Génesis 5,24. Véase Hebreos 11,5. Los Santos Padres trasmiten en sus escritos la misma tradición, según la cual Henoc (cf. 49,16), vendrá con Elías (cf. 48,10) para predicar, aquél a los gentiles y éste a los judíos, si bien no todos coinciden en que ellos sean los dos testigos de Apocalipsis 11,3. Véase Judas 14.

17 s. Instrumento de reconciliación de los hombres con Dios. Noé fue en esto figura de Jesucristo. El versículo 18 muestra hasta qué punto Dios hizo valer esa mediación (Génesis 6,1-9, 17). También este pasaje es usado en el Común de Confesores Pontífices.

19. Véase Génesis 8,21; 9,11.

20. Sobre Abrahán véase Hebreos 11,8 ss.; Génesis 12,1; 17,19; 25,10 y notas. Padre de muchas gentes: Así le llama también San Pablo, señalando que este nombre le fue dado por haber creído y esperado contra toda esperanza humana (Romanos 4,3 y 18).

21. En su carne: es decir, en la circuncisión, con la cual fue confirmado el pacto entre Dios y Abrahán. Fue hallado fiel, cuando el Señor le mandó sacrificar a su hijo Isaac (Génesis 15,18; 17,10 ss.; 22,1 ss.).

22. Gloria en su descendencia: Prometiéndole que de su familia nacerá el Mesías (Génesis 22,15 ss.). Véase sobre esta promesa el verso final del Magníficat según el texto griego (Lucas 1,55).

23. De mar a mar: desde el Mediterráneo hasta el mar Muerto. El río: Éufrates. Es la promesa que recuerda la Virgen en Lucas 1,55. Cf. Salmo 131,11; Isaías 41,8.

24. Véase Génesis 17,19; 26,3-5; 26,24.

26. Le dio la herencia (Génesis 28,13 s.; 32,8 s.) si bien no la recibió en vida, pues, como observan los Santos Padres, tuvo que emigrar a Egipto. (Génesis 42,1; 43,1; 46,1 ss.).

ECLESIÁSTICO 45

1. Los versículos 1-6 se usan en la Epístola de las Misas de San José y del Común de Abades.

2. Semejante a los santos, es decir, igual en gloria a los santos patriarcas Abrahán, Isaac y Jacob. Las horrendas plagas: con que Dios castigó a los egipcios (Éxodo 8,31; 9,33; 10,18 s.).

3 s. Véase Éxodo capítulo 3; 33,18 ss.; 34,5 ss.; Números 12,3 y 7. Por su fe: Jesús nos enseña que Dios nos santifica mediante la verdad (Juan 17,3 y 17).

5. Le hizo entrar en la nube, cuando en el monte Sinaí le entregó las tablas de la Ley (Éxodo 20,21; 24,15 ss.).

8. Un pacto eterno; en hebreo: un estatuto perpetuo (según la versión de Vaccari). Véase Éxodo 29,9; Números 25,13.

9 ss. Describe los vestidos sagrados que usaba el Sumo Sacerdote. Véase Éxodo capítulo 28 y 39; Sabiduría 18,24 y nota.

12. Las palabras: “de varón sabio, dotado de verdadera prudencia”, han de traducirse (según Crampón): del racional de juicio (con los) Urim y Tummim. El racional o pectoral era la prenda que el Sumo Sacerdote llevaba sobre el pecho, y que contenía los Urim y Tummim, por medio de los cuales solía consultar a Dios. Véase Éxodo 28,30 y nota; Levítico 8,8. Cf. 33,3 y nota.

18. Alude a la consagración de Aarón (Levítico capítulo 8). Le llenó las manos, dándole partes de los sacrificios (Levítico 8,25 ss.). Llenar las manos es sinónimo de consagrar. Véase Éxodo 28,41 y notas; Levítico 8,12, etc.

19. Eterno: en cuanto este sacerdocio era figura del de Jesucristo, único sacerdote sempiterno (Hebreos 7,21 ss.; Salmo 109,4 y nota). Véase también versículo 8 y nota.

21. Los testimonios: la santa Ley de Dios, sus revelaciones y promesas (cf. Salmo 118, 24, 99, 129, 144, etc.). Los sacerdotes eran responsables por la instrucción religiosa del pueblo y lo son también hoy. “Nuestros padres, dice San Crisóstomo, nos engendran para la vida presente, pero los sacerdotes nos engendran para la vida eterna”.

22. Véase Números 16,1-35.

27. Véase Números 18,20 y 35,1 ss. Los sacerdotes y levitas no recibieron parte alguna en la repartición de la tierra prometida, sino que Dios mismo quiso ser su porción y herencia. Porción: en griego: clero. De ahí el nombre de clero para los sacerdotes que han de vivir alejados de los negocios seculares (38,25 ss. y notas; 2 Timoteo 2,4). El sacerdote desinteresado, bienhechor, desprendido de los bienes de la tierra, atrae las almas y las lleva al cielo. El sacerdote tibio, empero, y el que busca dinero y honores, peca, y su pecado es más grave que el de los laicos, pues su profesión es ocuparse de Dios y de las almas. “No llevéis bolsa ni alforja, ni calzados”, dijo Jesús a sus discípulos (Lucas 10,4), es decir, renunciad a la comodidad y a lo que hoy se llama vida burguesa. Esos pocos hombres abnegados llevaron la fe por el mundo entero, dice San Crisóstomo, y exclama: “¡Ved, cuan poco es nuestro valor, y cuan grande nuestra culpable cobardía! Nosotros, tan numerosos, no podemos atraer a las restantes naciones, siendo así que deberíamos bastar para mil mundos” (Homilía III sobre los Hechos).

29. Esto fue cuando Fineés se levantó contra los israelitas que pecaban con las mujeres madianitas (Números 25,1-13). Véase Salmo 105,30 s. y nota. Cf. Números 25,12 y nota.

31. A él y a su linaje: Después de estas palabras, el texto griego y hebreo expresan que la herencia del rey (trono) sólo pasa de hijo a hijo, en tanto que la de Aarón (sacerdocio) se extiende a toda su descendencia. Y añaden un apostrofe a los grandes sacerdotes para que bendigan al Señor, y Él ponga sabiduría en sus corazones para gobernar a su pueblo con justicia, etc. Vaccari hace notar que en tiempo del autor (dos siglos a.C.) ellos tenían la supremacía de la nación, habiendo cesado la autoridad civil de la dinastía davídica. Es decir que se había vuelto al tiempo anterior a los reyes, o sea al régimen más teocrático. Y éste es el que imperaba, corrompido por los fariseos, en tiempo de Jesús, y aún de San Pablo, como éste lo muestra al aplicar en Hechos 23,1 ss. el texto de Éxodo 22,28. Dios mostró su desagrado cuando el pueblo escogido quiso tener un rey (véase el notable capítulo 8 de 1 Samuel). En cambio Jesús dio las bases para la distinción de ambos poderes, el religioso y el civil (Mateo 22,21; Lucas 12,14; Juan 18,36).

ECLESIÁSTICO 46

1. Jesús, hijo de Nave: Josué hijo de Nun, sucesor de Moisés en el gobierno del pueblo y en el espíritu profético (cf. Números 12,25 s. y nota). Su nombre significa: Dios es salvador.

2. Los escogidos de Dios: el pueblo israelita. La herencia: la tierra prometida.

3. Levantado su brazo; contra la ciudad de Hai. Cf. Josué 8,26.

5 ss. Sobre tales milagros véase 48,26 y Josué 10,6 ss.

9. Josué y Caleb resistieron a los otros diez exploradores y a todo el pueblo que murmuraba contra el Señor (Números 13,31-14, 9).

11. La montaña: la región montañosa alrededor de Hebrón, la cual dio Josué a Caleb y sus hijos. Véase Josué 14,10 ss.

13. Los jueces. que después de muerto Josué juzgaban, o sea, gobernaban, al pueblo de Israel. Sus nombres y proezas se cuentan en el Libro de los Jueces. Este elogio abarca colectivamente a todos ellos, que fueron suscitados por el Señor (Jueces 2,16). No fue pervertido; esto es, no se entregó a la idolatría. Véase Jueces 2,17; 8,27; Sabiduría 14,12; Levítico 20,5; Números 15,39.

14. Reverdezcan sus huesos: Llama la atención esta expresión que se repite en 49,12. Bover-Cantera la explica como fórmula con que se bendecían los cuerpos de los muertos en el Señor. Según Scío se indica y recomienda la esperanza de la futura resurrección.

16. Samuel ungió a dos reyes: Saúl y David (1 Samuel capítulos 8-10 y 16).

19. Cordero inmaculado: en el texto griego: un cordero que aún mamaba. Así se dice en 1 Samuel 7,9. Samuel ofreció ese cordero cuando los filisteos acometieron a los israelitas en Masfá, y se hace notar que el Señor oyó sus ruegos. Así escucha el Padre Celestial cuanto le pedimos en nombre del Divino Cordero (Juan 15,16; 16,23).

22. Su ungido: el rey Saúl (1 Samuel 12,3). A la manera del santo Profeta, San Pablo hace también ostentación del sumo desinterés que conviene a todo sacerdote, según el mandato expreso de Jesús (Hechos 20,34; 1 Corintios 4,12; 1 Tesalonicenses 2,9; 1 Tesalonicenses 3,8; Mateo 10,8).

23. Confirma la realidad de la aparición de 1 Samuel 28,3-25, en que Saúl consulta a la pitonisa de Endor y oye la voz del profeta Samuel que le anuncia la derrota y la muerte. “Este sentido sirve para hacer ver que se tenía fe viva de la inmortalidad del alma” (Páramo).

ECLESIÁSTICO 47

2. Como la grosura, es decir, la mejor parte de la víctima, la porción que se ofrecía a Dios.

3 ss. Sobre estas hazañas del joven David léase 1 Samuel 17,34 y 17,40 ss.

6. Porque invocó al Señor: He aquí la razón y el resumen de los grandes privilegios de David y de los elogios extraordinarios que Dios le prodiga (versículo 9).

7. Diez mil. Así cantaban las mujeres de Israel atribuyendo a David la victoria sobre los filisteos (1 Samuel 18,7).

9. En todas sus obras: Nótese la elocuencia de este testimonio, que es como una canonización del santo rey, dada por el mismo Espíritu Santo. Ella es confirmada en 49,5; Hechos 7,46 y 13,22, en favor de este feliz amigo de Dios, que supo ser pequeño y confiar en Él no obstante su debilidad, y del cual Jesús se complace en llamarse descendiente (Mateo 21,9; Lucas 1,32; Marcos 11,10; Apocalipsis 22,16). Véase también 1 Samuel 13,14; 16,13; 1 Reyes 11,32 y 34; Salmo 88,21, etc., y el prólogo al Libro de los Salmos. Con palabras de suma alabanza: Bover-Cantera vierte: exclamando ¡Gloria!

11. Sobre la organización davídica del canto véase 1 Crónicas capítulo 25 y notas.

13. Véase 2 Samuel 7,12-17; 11,2 ss.; 12,13; Salmo 17,51; 88,25-30. Para siempre: En Jesucristo descendiente suyo (Lucas 1,32; Isaías 9,7; Jeremías 23,5 ss.; Daniel 7,14; Miqueas 4,7, etc.).

14. Aquél: su padre David.

15. Alusión al nombre de Salomón, que significa Pacifico. “En atención a David y sus virtudes, Dios contuvo por algún tiempo a los enemigos de Israel, para que Salomón pudiera reinar en paz” (Fillion).

18 ss. Véase 1 Reyes 10,27; 2 Crónicas 1,15; 9,13 y 27. La abundancia de su riqueza en sabiduría, más preciosa que el oro (cf. 51,36) corría parejas con la opulencia de sus caudales (versículo 20) que también procedían de aquélla (Sabiduría 7,11).

21. Salomón al fin de su vida se entregó a los placeres y fue seducido por mujeres extranjeras, que lo indujeron a la idolatría (1 Reyes 11,1-13; Proverbios 31,3).

23. Jeroboam, el primer rey de las diez tribus que se separaron de Roboam, hijo de Salomón, era de la tribu de Efraím (1 Reyes 12,1 ss.).

24. Los nietos de su escogido: es decir, los descendientes de David, por amor al cual Dios prometió no apartar su misericordia de Salomón. Véase 2 Samuel 7,13 ss.; Salmo 88,31-38 y notas.

28. Con el consejo que le habían dado a Roboam los jóvenes amigos (1 Reyes 12,10 s.). Sólo le quedaron fieles las tribus de Judá y Benjamín.

30. Por sus pecados fue destruido el reino de Israel y sus habitantes fueron conducidos a Asiria en 722 a.C. o sea, 135 años antes del cautiverio de Judá en Babilonia (2 Reyes 17,6 y nota; 25,8 ss.).

ECLESIÁSTICO 48

1. Como ardientes teas, por el celo en que ardía por el honor de Dios sin temor a los hombres. Elías es siempre el profeta de fuego (versículo 3 y 9), inflamado de santo celo por la causa de Dios (1 Reyes 17,1; 18,21 y notas). De ahí que lo persiguiese la envidia (versículo 2). Véase Juan 15,19.

3. Véase 1 Reyes capítulo 17. Hizo bajar fuego: Dos veces sobre los soldados y una vez en el sacrificio en el monte Carmelo (2 Reyes 1,9 ss.; 1 Reyes 18,38).

5 s. Véase 1 Reyes 17,17 ss.; 21,21; 2 Reyes 1,4 y 16, etc. En virtud de la palabra del Señor, o sea, el Verbo que es la Vida (Juan 1,4) y resucita a los muertos (Juan 5,21). ¿Cuánto más no transformará las almas esa Palabra, que es la santidad misma?

7. Véase 1 Reyes 19,1 ss. Horeb es sinónimo de Sinaí.

8 s. Véase 1 Reyes 19,15 ss.; 2 Reyes 9,1 ss.; 2 Reyes 2,11.

10 s. El profeta Elías volverá al fin (Malaquías 4,6). Esta segunda venida de Elías se cumplió ya en cierto modo en San Juan Bautista (Mateo 17,11 ss.). Según los santos Padres, la segunda venida del gran profeta no solamente convertirá a los judíos, sino que hará florecer también en la Iglesia la antigua piedad. Como aquí se anuncia, también restablecerá Elías las tribus del pueblo de Israel. Cf. 36,13; Mateo 19,28; Lucas 22,29 s. Tú estás escrito: es decir, “determinado en las Escrituras santas, para aplacar a Dios antes de su furor en la destrucción final del mundo, increpando a su tiempo al pueblo, y reconciliando a Dios con Israel, su hijo, y restituyendo el reino israelítico” (Jünemann).

12. Notable testimonio de la inmortalidad del alma. El texto griego dice: ¡Felices los que te verán y estarán adornados por el amor! Porque también nosotros ciertamente viviremos.

14. Profetisa su cuerpo: es decir, obró milagrosamente, resucitando a un muerto al solo contacto con su cuerpo (2 Reyes 13,21). Cf. 49,18.

16. Ni se arrepintió. Véase 2 Crónicas 36,14, ss. y nota. Lo mismo sucederá en los tiempos del fin (Apocalipsis 9,21; 16,9).

19. Su ciudad: Jerusalén. Véase 2 Crónicas 32, 3, 4, 30. Condujo el agua: hizo un canal subterráneo desde la fuente Gihón (hoy día fuente de María) hasta la piscina de Siloé (2 Reyes 20,20; 2 Crónicas 32,30). Una inscripción descubierta en 1880, que hoy se halla en Constantinopla, da cuenta de ese prodigioso trabajo, ejecutado muy rápidamente, trabajando los obreros desde ambos extremos, lo cual produjo una desviación que se solucionó haciendo un codo. Se atribuye a esa inscripción, la fecha de 704 a.C. que coincide con el reinado de Ezequías. Véase en 2 Reyes 18,27 cómo Senaquerib se burlaba de la Jerusalén sitiada, creyendo que perecería de sed, sin sospechar que existía este acueducto. El mismo lo imitó luego para llevar al interior de Nínive las aguas del río Gómel por un conducto subterráneo que acaba de ser descubierto.

20 ss. Sobre Senaquerib y su expedición contra Jerusalén, véase 2 Reyes capítulo 18 y 19; 2 Crónicas 32,1 ss.; Isaías 37,1 ss.

26. Véase 2 Reyes 20,1 ss.; Isaías 38,8. Algunos afirman que este retraso de una hora, sumado al que se operó por el milagro de Josué (46,5) produjo un día que aparece como sobrante en el Calendario.

27. Vio los últimos tiempos: “Vio Isaías lo que había de suceder al pueblo de Israel y a todo el mundo en los últimos tiempos, y en particular lo perteneciente a las dos venidas del Mesías” (Scío). Esta importante revelación nos ayuda a descubrir el alcance de muchos misteriosos anuncios de Isaías, y explica que si esas profecías no se han cumplido aún, a pesar de ser del Antiguo Testamento, es porque se refieren a los tiempos finales (cf. por ejemplo Isaías 59,20, citado por San Pablo en Romanos 11,26; o también Jeremías 31,31 ss., citados en Hebreos 8,8 ss.). Ello muestra que el Antiguo Testamento no es un libro exclusivamente de los judíos, sino que forma parte de la revelación cristiana, lo mismo que el Evangelio, donde Jesús lo cita a cada paso (cf. Pío XI, Encíclica “Mit Brennender Sorge”; Nehemías 13,1 y nota). Véase Isaías 66,10.

ECLESIÁSTICO 49

1. Sobre Josías, rey de Judá y restaurador del culto, véase 2 Reyes capítulo 22 y 23; 2 Crónicas capítulo 34 y 35. Su obra principal fue la destrucción de los altares de los ídolos.

5. A excepción de David: Sobre esta admirable absolución véase 47,9 y nota.

8. Se refiere a los babilonios que destruyeron la Ciudad Santa en 587 a.C. (2 Reyes 25,8 ss.) en castigo de los crímenes de los reyes y del pueblo.

9. Alude al profeta Jeremías consagrado desde el seno materno (Jeremías 1,4), pero maltratado por el rey y el pueblo (Jeremías 37,14 ss.; 38,4 ss.). Para trastornar, etc.: Véase Jeremías 1,10.

10. Sobre ese espectáculo de gloria véase Ezequiel 1,4 ss. El hebreo dice; él menciona también a Job… que practicó todos los caminos justos (Ezequiel 14,14 y 20). Como observa San Jerónimo, Ezequiel profetizaba en Babilonia las mismas cosas que Jeremías en Jerusalén. Cf. Jeremías 30,3 y nota.

12. Se refiere a los doce Profetas Menores que están en la Biblia. Reverdezcan: Cf. 46,14 y nota. Se salvaron a sí mismos por la virtud de la fe. Otras traducciones según el hebreo y el griego: y le aseguraron (a Jacob) mediante la promesa de salud (Bover-Cantera). o: le confortaron con una segunda esperanza (Nácar-Colunga), es decir, con la esperanza y la fe en el Mesías.

13. Véase Esdras 3,2; Ageo 1,12; 2,24.

14. Jesús, (o Josué), el Sumo Sacerdote que después del cautiverio babilónico, juntamente con Zorobabel, dirigió la reedificación del Templo (Esdras 3,2; Zacarías 3,1). Destinado para gloria sempiterna: esto es, como observan los expositores, porque tendría el sumo honor de recibir al Mesías (Ageo 2,8), si bien el mismo Jesús debía luego anunciar (Mateo 24) su tremenda destrucción por los romanos, que se produjo el año 70 y dura todavía. Cf. Ezequiel capítulo 40-48.

15. Véase Nehemías 3,1-31; 6,15.

16. Sobre Henoc, que vivió antes del Diluvio y fue arrebatado de la tierra porque agradó a Dios, véase Génesis 5,24. Cf. 44,16 y nota.

17. Véase en Génesis capítulos 37 ss. la maravillosa historia de José.

18. Visitados: El texto griego dice guardados (cf. Génesis 50,24 s.; Éxodo 13,19). Profetizaron después de su muerte: es tal vez un agregado tomado de 48,14.

19. Sobre Set véase Génesis 4,25; 6,1; sobre Sem, Génesis 5,31. El hebreo y el siríaco añaden a Enós, primero que invocó el nombre del Señor (Génesis 4,26). Las palabras por razón de su origen faltan en el hebreo y el griego. Nótese de todas maneras la magnanimidad con que Dios lo trata aquí, no obstante su pecado (cf. 1 Timoteo 2,13), por lo cual hemos de guardarnos de despreciarlo, o de creer que nosotros en su lugar hubiéramos obrado mejor.

ECLESIÁSTICO 50

1. Se trata del Sumo Sacerdote Simón II, hijo de Onías II, que vivió hacia el año 200 a.C. Sus acciones heroicas se narran en el llamado III Libro de los Macabeos. La casa: así se llama en hebreo el templo del Señor. Onías es forma griega derivada del hebreo Johanán o sea Juan.

6 ss. En doce imágenes se traza el elogio de un digno Pontífice, acentuando con estos símbolos todo lo que el buen sacerdote y pastor ha de ser para el bien de la grey, y especialmente para la sana doctrina (1 Timoteo 3,2; Tito 1,7; Hechos 20,28 ss.). Nótese el contraste con lo que Jesús había de enrostrar a los fariseos en Lucas 11,46-54 y Mateo capítulo 23. Cf. Jeremías 8,8 s.

8. Y como el árbol del incienso, etc.: Otra traducción: como la vegetación del Líbano en días de verano.

13. Las porciones de los sacrificios que el Sumo Sacerdote tenía que ofrecer (Levítico 3,16; 4,16 ss.) o las ofrendas que le correspondían.

16. Extendía las manos: igual hace hoy el sacerdote, en el “Hanc igitur” de la Misa, sobre las especies que han de convertirse en la divina Víctima, como imponiendo sobre Jesús-Hostia la pesada carga de nuestras culpas. Véase en Números 15,5; 28,7; Génesis 49,11; Deuteronomio 32,14; 1 Macabeos 6,34, etc., estos ritos de exquisito simbolismo como figuras del Sacrificio Eucarístico.

18. Para recuerdo: para que Dios se acordase de su pueblo. La Liturgia de Israel era muy ruidosa, como todas las manifestaciones de los pueblos orientales. Véase 45,11; Esdras 3,13 y nota.

21. Al Señor altísimo: el texto griego simple y hermosamente: al Misericordioso. Véase 51,4 y nota.

22. Recuerda la solemne ceremonia de la bendición del pueblo. El Sumo Sacerdote, cuando bendecía al pueblo, pronunciaba tres veces el nombre de Dios. Véase en Números 6,23 ss. esa admirable fórmula trinitaria, en cuyo segundo término se invoca sobre el pueblo el Rostro de Dios y su Misericordia (en el hebreo Gracia), cosas ambas que se confunden con el Verbo Encarnado (Hebreos 1,3; Juan 1,17 s.; Éfeso 2,4 s.); en tanto que el tercero implora una nueva efusión del Rostro Divino y de su paz, que es don del Espíritu Santo (cf. Juan 14,16 y 26; Gálatas 5,22; Romanos 14,17).

26. El texto hebreo agrega aquí un augurio a los sacerdotes para que el Señor les prolongue sin fin los favores que hizo a Simón (versículo 6 ss.) y el pacto que prometió a Fineés (45,30).

27. Véase Proverbios 6,16 ss. y nota.

28. En el monte Seír vivían los idumeos, descendientes de Esaú y enemigos del pueblo de Israel, como lo fueron también los filisteos. Por el pueblo insensato, han de entenderse los samaritanos, cuyo centro era Siquem. Los llama insensatos porque mezclaban la verdadera religión con la idolatría (2 Reyes 17,24-41).

29. Restauró: reiteró la sabiduría de los antiguos, tal cual está asentada en los libros sagrados.

30. El que practica: El texto hebreo dice: el que medita. La práctica viene precisamente de esa meditación. Cf. Salmo 118,11 y nota.

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1. Esta bellísima oración se inspira en los Salmos, especialmente en el Salmo 17 y su paralelo, el himno de acción de gracias del rey David (2 Samuel capítulo 22). La Iglesia la emplea en el Común de Vírgenes Mártires.

4. Nada más precioso que asociar (como aquí se nos enseña), la misericordia al Nombre mismo de Dios (50,21 y nota). Él se reveló a Moisés como el Ser por antonomasia (Éxodo 3,14), pero hoy, después del Evangelio, sabemos mucho más, pues se nos han revelado los secretos escondidos desde los siglos (Colosenses 1,26) y aún a los ángeles (Éfeso 3,9 s.). El mayor de todos es el que nos descubre que Dios es Amor (1 Juan 4,8 y 16). A este Nombre, que mejor indica su corazón de Padre, se añade, dice un autor, a manera de apellido o atributo esencial, la misericordia, según lo vemos comparando Lucas 6,36 con Mateo 5,48 y lo confirman innumerables textos como Éfeso 2,4. Ya desde el Génesis se nos muestra esa característica del Padre que se inclina con preferencia sobre la miseria (Génesis 3,15; 8,21 y notas), según había de enseñarlo Jesús, especialmente en la parábola del hijo pródigo (Lucas 15,11 ss.) y David muchas veces (Salmo 77,37 s.; 102,13 y notas). Cf. Mons. Guerry “Hacia el Padre”.

7. Infierno, en hebreo scheol: la muerte, el sepulcro. Lo mismo en el versículo 9. Véase 17,25; Salmo 6,6 y notas.

11 s. Acordarnos de las misericordias pasadas es uno de los grandes secretos que nos da la Escritura para sostenernos en la confianza (Salmo 76,11 ss.; 62,7 y notas; Romanos 5,1-4) y librarnos de la tremenda duda (Salmo 72,2; 76,8 y notas).

14. Señor, Padre de mi Señor: Parece una notable luz sobre el Mesías, Hijo de Dios, más explícito todavía que la del Salmo 109: “Dijo el Señor a mi Señor”.

17. Aquí comienza, en el texto hebreo, una letanía de alabanzas con el estribillo “porque es eterna tu misericordia”. Cf. Salmo 117,1-4; 135,1-26.

18. Errante: más que al sentido moral parece aludir a los viajes que para instruirse hizo el autor de este libro sagrado. Véase 34,12; 39,5. Empieza aquí un pasaje de los más estupendamente ricos en doctrina acerca de la sabiduría, que recuerda los mejores de Salomón. Es en hebreo un poema alfabético que cierra el libro, como el de Proverbios 31,10 a 31. Cf, Sabiduría capítulo 7.

26. Mi ignorancia: He aquí el inevitable punto de partida para elevarse a la sabiduría: La persuasión y confesión de la propia ignorancia, impotencia y maldad. Dios recompensó copiosamente su humildad y le hizo feliz, concediéndole ese don de la sabiduría, con el cual nos vienen todos los demás bienes (Sabiduría 7,11). Así es como la verdadera felicidad consiste en levantar el corazón a las cosas celestiales (San Agustín).

27. La hallé en el conocimiento, esto es, el conocimiento sobrenatural de Dios, en el cual consiste la verdadera fe y la vida eterna (Juan 17,3). y no, como algunos traducen, en el conocimiento propio, que era un simple ideal pagano (véase Salmo 118,37 y nota). El querer conocer la sabiduría es ya una certeza de tenerla, según nos dice el mismo Dios (Sabiduría 6,12-21).

28. Fui dueño de mi corazón: ¡Suma conquista! El corazón liberado por la verdad (Juan 8,32), se adhiere al único Bien verdadero, con amor de preferencia, esto es, espontánea y desinteresadamente, porque desprecia los otros afectos. Entonces puede “amar a Dios sobre todas las cosas”, yendo derecho a Él como una flecha, sediento de Él “como el ciervo desea la fuente” (Salmo 41,2). El que así domina su corazón vale más que un conquistador de ciudades (Proverbios 21,22). No es otro el secreto que nos da Jesús en las parábolas del tesoro escondido y la perla preciosa (Mateo 13,44 ss.).

32. Ardiendo de sed, es decir, que así estamos todos sin saberlo. ¿Qué son sino eso todas nuestras inquietudes y ansias de felicidad? Dios nos llama aquí la atención sobre ello, y a continuación nos ofrece gratis el remedio. El misterio de iniquidad es lo que nos aparta de aprovecharlo. Véase la terrible profecía de Amos 8,11 ss.

33. Sin dinero: Así se ofrece el más grande de los bienes. Cf. Isaías 55,1 ss. ¿Quién querrá comprar poco?

34. Su yugo: Yugo adorable que nos hace felices; ¿qué enamorado no desea el yugo del himeneo? “Yugo suave”, que en vez de pesar alivia (Mateo 11,29 s.) y que consiste en negar nuestro orgulloso entendimiento razonador (2 Corintios 10,5) para poder entender lo que sólo se revela a los pequeños (Lucas 10,21), y para creer y seguir las paradojas de Aquel que, antes de imponerlas, demostró ser el Hijo de Dios: paradojas que sólo parecen tales a los que no creen en Su amor. Cf. Salmo 112,7 y nota.

35. ¡Privilegio de los que confían! Nótese el contraste con Ageo 1,6.

36. Véase 47,18 ss. y nota.

37. Dice a este respecto un maestro de la vida espiritual: “Toda aflicción, o preocupación nuestra es, simplemente y necesariamente, una falta de fe, pues no puede haber problemas para nosotros si creemos que Dios existe y es nuestro Padre y protector amante, omnipotente y bueno, como Él no cesa de repetírnoslo en las Escrituras”.