DEUTERONOMIO 1

1. Sobre la introducción al Libro del Deuteronomio véase la nota introductoria al Pentateuco. Al otro lado del Jordán: al oriente de Tierra Santa, en el Araba, es decir, en la depresión del valle del Jordán, la cual tiene su continuación al sur del Mar Muerto hasta el golfo de Akaba. Suf: nombre hebreo del Mar Rojo. Disahab: San Jerónimo traduce, según la etimología: donde hay muchísimo oro. Lo que sigue en este libro, es virtualmente una segunda promulgación de la Ley que hizo Moisés antes de entrar los israelitas en la tierra prometida. La promulgó “en gracia de aquellos que, o no habían aún nacido, o no tenían uso de razón la primera vez que fue promulgada; y también para imprimirla profundamente en el corazón de los hijos de Israel, antes de separarse de ellos por la muerte que veía cercana” (Páramo).

2. Horeb: otro nombre del Sinaí. El Deuteronomio prefiere el nombre de Horeb, y solamente una vez dice Sinaí (33, 2). Seir: Edom. al sudoeste del Mar Muerto. Cadesbarnea: localidad situada en la parte norte de la península de Sinaí, donde los israelitas acamparon desde el envío de los exploradores (Números capítulo 13) hasta el fin de su peregrinación por el desierto, es decir 38 años.

7. Montaña de los amorreos: la montaña de la Palestina, donde vivían los amorreos (Josué 5, 1). Sefelá: la región costera entre Jafa y Gaza, a lo largo del Mediterráneo. Négueb: parte meridional de Palestina. El río Éufrates: según Nácar-Colunga, “una glosa añadida por los copistas imbuidos en los vaticinios mesiánicos (Salmos 71, 8-11; 88, 26; Zacarías 9, 10)”.

9. Véase Éxodo 18, 13-26.

17. No hagáis acepción de personas: “Nuestra religión, dice San Jerónimo, no sabe hacer distinción de personas; no examina las condiciones, sino los sentimientos de cada cual; juzga al noble y al jornalero, al amo y al esclavo, según sus costumbres, y la gran nobleza ante Dios consiste en que seamos ricos en virtudes”. La gran importancia que Dios da a este precepto se ve por la insistencia con que lo repite en el Antiguo y Nuevo Testamento (16, 19; Levítico 19, 15; I Reyes 16, 7; II Paralipómenos 19, 7; Juan 7, 24; Santiago 2, 1; I Pedro 1, 17, etc.). Él obra así y quiere que le imitemos.

19 ss. Véase Números capítulos 13 y 14.

28. Hijos de Enac o enaceos: gigantes. Véase Números 13, 22 y nota.

31. Este versículo y el 39 revelan ya el misterio más grande del cristianismo, que es, dice Pío XII, el misterio del corazón de Dios, o sea su amor paternal hacia nosotros. De ahí brota la doctrina de la infancia espiritual, con la cual Santa Teresa del Niño Jesús reveló al mundo, según Benedicto XV, el secreto de la santidad. Véase Proverbios 9, 4; Isaías 66, 12-13; Mateo 18, 3-4, etc. Nótese el contraste entre esa actitud de Dios y la desconfianza de los hombres.

37. Alude al castigo que Dios pronunció contra Moisés (Números 20, 12). La murmuración del pueblo en las “Aguas de la contradicción” fue causa de que Moisés dudara de la misericordia de Dios. El buen pastor cayó allí por sus ovejas. El Espíritu Santo mismo lo explica así en el Salmo 105, 32-33.

DEUTERONOMIO 2

1 ss. Cf. Números 20, 14-21.

4. El rey de Edom (Seír) les negó el paso (cf. Números 20, 14 ss.). Los hijos de Esaú: Los edomitas, que eran descendientes del patriarca Isaac. De ahí que los llamen hermanos.

7. Y no te ha faltado nada: “¡Y ese pueblo, durante cuarenta años, siempre pensaba que carecía de algo! Un temor imaginario lo perseguía y lo hacía murmurar”.

8. Por el camino del Arabá; es decir, esa parte del Araba que hoy se llama Wadi el Arabá y se extiende desde el Mar Muerto hasta el golfo de Akaba, donde se hallaban las ciudades de Elat y Esionguéber. Elat daba antiguamente al golfo su nombre: golfo elanítico. Cf. 1, 1 y nota.

9. Los moabitas eran parientes de los israelitas por su descendencia de Lot, sobrino de Abrahán. Ar, llamada también Ar Moab, o Ir Moab, situada a orillas del Arnón, era su capital.

10. Sobre los emitas véase Génesis 14, 5; sobre los enaceos 1, 28 y nota.

11. Gigantes; en hebreo Refaím o Refaítas. Cf. 3, 11; Génesis 14, 5 y notas.

12. Sobre los horreos véase Gen, 14, 6 y nota.

19. También los amonitas eran hijos de Lot, como los moabitas (véase versículo 9 y nota).

23. Caftoreos: Vulgata: capadocios. Caftor es el nombre antiguo de Creta. Los caftoreos (cretenses) aquí mencionados, son los filisteos que habitaban la costa entre Jafa y Gaza (cf. Génesis 10, 14; Jeremías 47, 4; Amós 9, 7). Más tarde, en tiempos de David, formaban ambos una tropa especial, la guardia real, los “cereteos y feleteos” (II Reyes 8, 18).

24. Véase Números 21, 21-30. Toda la historia de Israel muestra que sus triunfos le fueron dados por Dios cuando no confió en sí mismo, sino en Él. Cf. Salmos 32, 16 s. y 43, 4.

34. Exterminio, en hebreo “chérem” (anatema), que significa la destrucción completa. Como ejemplo véase la guerra contra los madianitas (Números capítulo 31). Cf. Levítico 27, 28 s. y nota.

36 s. El Arnón: afluente oriental del Mar Muerto, Galaad: región septentrional de Transjordania. Yaboc: tributario del Jordán desde el Oriente, hoy día Nahr ez-Zerka.

DEUTERONOMIO 3

1 ss. Véase Números 21, 31-35. Sobre Basan véase Números 21, 33 y nota.

2. Antes de que de hecho alcanzasen el triunfo, ya lo tenían, porque Dios se lo daba. Es ésta una figura de la gracia. Por, los méritos de Cristo se nos ha dado la fuente de todas las gracias. Hace falta ahora que las aprovechemos mediante la fe y los sacramentos. Ya en posesión de la gracia santificante, participación de la misma vida divina, es preciso que tomemos conciencia de ella, que conozcamos nuestra grandeza de cristianos, como decía León Magno, y vivamos de acuerdo con ella. Cf. Romanos 6, 3 ss.

8. El Hermón (Antilibano), llamado también Sirión (Salmo 28, 6) o Sanir (Cantar de los Cantares 4, 8). es el límite septentrional de Transjordania, el Arnón el límite sur.

11. Cama: otros traducen sepulcro, o sarcófago. Las medidas son, si tomamos el codo ordinario, de 4,05 por 1,80 metros. No son de extraordinario tamaño estos sepulcros, cuyo nombre científico es “dolmen” (plural “dólmenes”). El P. Fernández, quien vio muchos de ellos en Transjordania, antiguo territorio de Og y de los gigantes, llamados Refaím (cf. Génesis 14, 5; Deuteronomio 2, 10), describe su forma más común de esta manera: “Consiste en cuatro grandes lastras de piedra colocadas verticalmente y dispuestas de modo que formen una especie de caja rectangular, cubierta con otra grande piedra; los intersticios se cerraban con piedras pequeñas... La piedra que sirvió de puerta, y que era al mismo tiempo uno de los cuatro lados de la caja, se ve ordinariamente yacente en el suelo” (Flor. Bibl. XII, 24 s.). Rabbat, capital de los amonitas. En tiempo helenístico se llamaba Filadelfia; hoy Ammán, capital de Transjordania.

17. Arabá: Véase 1, 1 y nota. Kinéret: el lago de Genesaret. Cf. Números 34, 11. Mar Salado: Mar Muerto. El Fasga: montaña al este del Mar Muerto en la región septentrional de Moab. Cf. Números 23, 14.

26. Véase 1, 37 y nota. Cf. 31, 2.

29. Betfegor (casa de Fegor), más tarde ciudad de la tribu de Rubén, frente a Jericó.

DEUTERONOMIO 4

1. Para que viváis: Véase la queja de Jesús: “Vosotros no queréis venir a Mí para tener vida” (Juan 5, 40). Dios no necesita de nosotros, ni de nuestros obsequios (Salmo 15, 2). Si nos da una ley, es porque la necesitamos (a causa de nuestra ignorancia y maldad), para ser felices como Él quiere que seamos.

2. No añadáis... ni quitéis; pues es palabra de Dios, y no de hombres. Cf. las tremendas maldiciones que San Juan fulmina contra los que se atrevan a adulterar el texto del Apocalipsis, añadiéndole o quitándole palabras (Apocalipsis 22, 18 s.).

3. Véase Números 25, 1 ss.

6. En esto consistirá vuestra sabiduría: Es ésta una franca condenación, no de la inteligencia, pero si del intelectualismo que no se encauza en la Ley del Señor. La verdadera sabiduría consiste en cumplir los eternos mandamientos de Dios. Es lo que en otros pasajes se llama el “temor del Señor” (Job 28, 28; Salmo 110, 10; Proverbios 1, 7; 9, 10; 15, 33; Eclesiástico 1, 16; 1, 34; 19, 18). Esta sabiduría practica constituye la base y el punto de arranque de toda espiritualidad, con tal que se funde en el conocimiento de Dios (Juan 17, 3), porque sin el recto conocimiento del Dios Uno y Trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, el hombre se desvía y cae en esas exterioridades y formulismos que son todo lo contrario de la sabiduría. Es lo que Jesús censura tantas veces en los fariseos.

8. ¿Qué nación hay tan grande? La grandeza de Israel no consistió en sus armas, ni en su poder político o económico, sino exclusivamente en su carácter de pueblo elegido, que gozaba de una legislación divina, aunque por regla general la descuidaba y despreciaba. “Cierto que esta Ley era un preceptor severo (Gálatas 3, 24), pero conducía al pueblo a Cristo, no con castigos solamente, sino también con alegría” (Mons. Keppler). Como los israelitas, estamos también nosotros ciegos frente a los favores del Señor, pues son demasiado numerosos, y la ingratitud es el vicio humano por excelencia. Leyes y preceptos tan justos: ¿No es también ingratitud el que hayamos olvidado los valores jurídicos de la legislación israelita que sin duda era la mejor del mundo antiguo? Dice al respecto un jurista: “El valor jurídico de la Biblia en cuanto a la legislación de Israel se refiere, daría lugar a un libro envidiable de extraordinario interés, cuya lectura no nos cansaríamos de sugerir a los juristas estudiosos y a las Universidades y centros de cultura como tema de tesis o de premio. La triste caída de Israel fue causa de que se menospreciara sus tesoros al extremo de que el derecho romano, base del actual, apenas tenga dos o tres puntos en materia penal, que denuncien un rastro de la legislación mosaica”. Cf. por ejemplo la ley de la restitución de las posesiones (Levítico 25, 13 ss.).

11. Véase Éxodo capítulos 20-23.

19. Dios abandonó a los gentiles a la idolatría más ignominiosa (Romanos 1, 24 ss.; Gálatas 5, 19; Efesios 4, 19), la que se propagaba cada vez más por el mundo. Solamente los israelitas conservaban, por especial favor de Dios, el monoteísmo. Pueblo de su herencia: cf. Éxodo 4, 22; 19, 5 y notas.

24. Véase 5, 9. Es ésta una verdadera definición de Dios, que anticipa lo que nos dice San Juan: Dios es amor (I Juan 4, 8). Todo amor es celoso: lo da todo, pero no puede soportar el desvío. Por eso dice el Cantar de los Cantares (8, 6) que el amor es fuerte como la muerte y los celos son duros como el infierno. Véase Hebreos 12, 29: Santiago 4, 5; Éxodo 19, 5 s.; 20, S; 34, 14.

27. No viviréis mucho tiempo en ella: Alusión profética al cautiverio de Asiria y Babilonia.

29. Buscarás o Yahvé: Cf. III Reyes 8, 47 ss.; Daniel 6, 10.

30. Se refiere a la conversión de los judíos, anunciada por San Pablo para los últimos tiempos (Romanos 11, 25). Véase Baruc 4, 28 s.

40. Para siempre: Éste es uno de los pasajes en que los judíos fundan sus derechos a la posesión de Palestina.

41 ss. Véase 19, 1-10; Números 35, 9-15.

48. En vez de Sión ha de leerse tal vez Sirión, que es el monte Hermón. Cf. 3, 9; Salmo 28, 6.

49. El mar del Arabá: El Mar Muerto.

DEUTERONOMIO 5

3. Se refiere al pacto del Sinaí, hecho no con los patriarcas, sino solamente con Moisés y su pueblo. Entre los oyentes del discurso de Moisés, se encontraban muchos que en su juventud habían presenciado el acontecimiento del Sinaí. Sólo habían muerto los adultos, que eran los que habían murmurado.

4. “Dios se hacía sensible al pueblo en el Sinaí; hablaba, pero sus palabras sólo las entendía el profeta, quien las comunicaba al pueblo. Después cesó la visión, que infundía terror al pueblo, y Moisés subía adonde estaba Dios y comunicaba al pueblo las disposiciones divinas (Éxodo 19, 16 ss.; 20, 18 ss.; Hechos de los Apóstoles 7, 38 s.). San Pablo nos dirá luego (Gálatas 3, 19) que la Ley fue dada por ministerio de los ángeles, por mano del mediador que fue Moisés” (Nácar-Colunga). Moisés es por eso figura de Jesucristo que nos consiguió una alianza mejor (Hebreos 8, 6).

6 ss. El texto de los diez mandamientos es casi el mismo que en Éxodo 20. Véase allí las notas.

9 s. “No por esto se debe acusar a Dios de injusticia, sino más bien alabar su misericordia y sabiduría, por cuanto castigando con penas temporales a los nietos de los que le ofendieron con sus enormes delitos, pone a la vista de los otros un saludable escarmiento para impedir que caigan en semejantes excesos” (Scío). Cf. Éxodo 4, 24; 20, 5 s.; 34, 6 s. y notas.

12 ss. Sobre el sábado véase Éxodo 16, 23 ss.; 20, 8 ss.; 31, 13 s.; Levítico 19, 3; Jeremías 17, 21 s.

24. Se creía comúnmente que debía morir aquel a quien Dios se manifestase cara a cara. (Éxodo 19, 21; 33, 20 y 23; Jueces 13, 22; I Reyes 6, 19 ss.; Isaías 6, 5). Fúndase este temor en la idea de la infinita majestad de Dios.

29. Véase la amarga queja de Jesús en Mateo 23, 37; Lucas 19, 42.

DEUTERONOMIO 6

4 ss. Este pasaje (versículo 4-9), que los hebreos llaman “Schma” (Oye), es para ellos el centro de la doctrina, y ocupa en sus oraciones el lugar que entre los cristianos tiene el Padrenuestro. En vez de Yahvé dicen Adonái. He aquí el punto céntrico de la Biblia: el gran mandamiento del amor a Dios que, como nos enseña Cristo, es inseparable del amor al prójimo. Por eso lleva el nombre del máximo y primer mandamiento (Mateo 22, 38). Dios quiere ser amado porque Él nos ama inmensamente. Todo el que ama quiere ser correspondido. En este amor está toda la Ley (Mateo 22, 40; Romanos 13, 10). El que ama podrá cumplirla toda y hallará “el yugo suave” (Mateo 11, 30). El que no tiene amor no la puede cumplir.

8 s. Los fariseos del tiempo de Jesús, tomando al pie de la letra, estos dos versículos, ponían en cajitas los textos de Deuteronomio 6, 4-9 y 11, 13-21; Éxodo 13, 1-10 y 11-16, y los ceñían a la mano izquierda y a la frente. El Nuevo Testamento los llama “filacterias”, es decir, palabras despertadoras (Mateo 23, 5). Conforme a esto, los judíos colocaban también capsulitas con estas palabras en las jambas y en las puertas de sus casas y, tocándolas al entrar y salir, recitaban el versículo 8 del Salmo 20. Acerca de este rito dice Lesétre, en el Dict. de la Bible IV, col. 1.057 s., que los judíos escribían las palabras mencionadas sobre un trozo de pergamino, en letras hebreas cuadradas, formando veinte y dos líneas. En el reverso del pergamino se escribía el nombre de Dios, “Schaddai”; se enrollaba el pergamino y se lo encerraba en una caña o tubo de madera provisto de una abertura, por donde apareciese la palabra “Schaddai”. Se suspendía la filacteria así formada, en el marco derecho de la puerta de entrada de la casa y de las puertas de las habitaciones. En el Templo sólo se fijaba un pergamino en la puerta de Nicanor. San Jerónimo exhorta al sacerdote Nepociano a evitar esas exageraciones farisaicas y no llevar ni sotana muy larga ni filacterias, y sigue: “Oh, ¡cuánto mejor y más perfecto sería llevarte la ley en el alma que no en el cuerpo y tener a Dios en nuestro favor y no la vista y aprobación de los hombres! En esto viene a condensarse toda la enseñanza del Evangelio; esto pretenden enseñarnos la Ley y los profetas y toda la doctrina sagrada y apostólica. Más vale tener todo esto en el corazón que en el cuerpo” (Ad Nepot. 13). Cf. 11, 18-20; Éxodo 13. 9 y 16; Números 15, 38 y notas).

13. A Él solo servirás, porque no puedes servir a dos señores (Mateo 6, 24); no puedes beber del cáliz del Señor y del cáliz del demonio, ni participar en la mesa del Señor y en la del demonio (I Corintios 10, 28 ss.). Jesús cita esta palabra en Mateo 4, 10. Por su nombre: en tiempo de Jesucristo ya no juraban por el nombre del Señor, porque no se atrevían a pronunciarlo, sino por el cielo, por el trono de Dios, por la ciudad Santa, etc. (cf. Mateo 5, 33 ss.).

15. Un Dios celoso: Dios nos ama con celos (Santiago 4, 5), y llama adúlteros a los que quieren compartir su amor con la amistad del mundo (Santiago 4, 4; I Juan 2, 15; Lucas 16, 13). Cf. Éxodo 20. 5; 34, 14.

16. Cf. Mateo 4, 7, donde Jesús cita este pasaje. Tres veces rechaza Cristo las tentaciones de Satanás con palabras de este libro. Véase 6, 13 y 8, 3. Masá: Cf. Éxodo 17, 1-7.

19. Cf. Éxodo 23, 27 ss.; 34, 11.

DEUTERONOMIO 7

2. La orden de aniquilar las siete naciones obedece a los designios de Dios, quien quiso castigarlas por sus crueldades, perversidades y maldades (cf. 9, 4) y apartar de su pueblo el peligro de la idolatría; peligro tan grande que ya en el desierto se hicieron un becerro de oro para adorarlo (versículo 16). Admiremos la misericordiosa predilección de Dios para con los suyos (Romanos 9, 14-16) y guardémonos de querer juzgarlo (ibíd. 20).

4. Véase Éxodo 34, 15 y nota; Josué 23, 12; III Reyes 11, 2; Esdras 9, 2.

5. Piedras de culto, en hebreo massebah; Vulgata: estatuas. Cf. Éxodo 23, 24. Ascheras: troncos y ramas de árboles que representaban a la diosa de la fecundidad. La Vulgata vierte: bosques.

6 ss. En estos versículos se nota con toda claridad la idea del Reino de Dios. Es un reino santo, sacerdotal (Éxodo 19, 6; 15, 17-18), gobernado por el mismo Dios por medio de sus enviados: Moisés, los profetas, jueces y reyes, a quienes el pueblo ha de obedecer como a portavoces de Yahvé. La causa de la elección de Israel no consistió en sus méritos, ni en su número o valor, sino en el amor de Dios hacia él, pues las relaciones de Yahvé con Israel no son sólo las de Creador a creaturas, sino las de Padre a hijos (32, 9-14). Israel es el primogénito entre los pueblos (Éxodo 4, 22). El Señor fue quien lo redimió de la esclavitud de Egipto, con mano potente y brazo extendido (5, 15), dándole como herencia la tierra de promisión. En él fundó su reino, quedando Él mismo su Rey supremo; despertó en su medio, jueces y profetas, y con infinita paciencia lo preparó como tipo y figura del reinado universal de Dios que había de fundar Jesucristo. Todos estos privilegios eran otras tantas pruebas de su amor paternal para con su pueblo,

13 ss. Las bendiciones son temporales y materiales, porque su objeto es todo el pueblo. Además hay que tomar en cuenta la imperfección religiosa y moral del pueblo, incapaz de estimar los bienes puramente espirituales (cf. Santo Tomás. Suma Teológica I-II, 9, 99, a. 6).

22. Cf. Éxodo 23, 29. Por falta de habitantes irían aumentando las bestias feroces, ya que Palestina estaba bastante expuesta a las bestias del desierto (cf. Jueces 14, 5; I Reyes 17, 34; II Reyes 23, 20; III Reyes 20, 36, etc.).

26. Cf. la historia de Acán, narrada en Josué 7. Véase también Jueces 8, 27.

DEUTERONOMIO 8

2. Para conocer lo que había en tu corazón: He aquí, explicada por el mismo Dios, la razón de nuestras pruebas y su eficacia para descubrir la rectitud del corazón. Véase I Pedro 1, 7; Salmo 16, 3. Dice a este respecto la Imitación de Cristo: “La tentación no hace al hombre flaco, mas demuestra que lo es.”

3. Dios no tiene necesidad de pan para dar de comer a los hombres; puede alimentarlos, mediante su palabra, con cualquier cosa, p. ej., con el maná. En Mateo 4, 4 Jesucristo emplea esta cita para confundir al tentador. Véase 6, 16.

4. ¡Admirable providencia del Padre Celestial! Jesús insiste sobre ella en el Sermón de la Montaña para aumentar nuestra fe (Mateo 6, 25 ss.). “No contentos con tornar estas palabras en sentido netamente literal, los rabinos suponían que los vestidos crecían con quienes los llevaban” (Fillion). Una piadosa tradición afirma que también la túnica inconsútil que el Señor usó, fue siempre la misma que María Santísima le hiciera en su infancia, y que creció con Él, conservándose siempre inmaculada.

9. Tierra cuyas piedras son hierro: “Parece aludir al basalto, piedra dura y negra, semejante al hierro (cf. 3, 11), muy frecuente en Palestina septentrional sobre todo. Sin embargo, la Transjordania posee también minas de dicho metal, como las de Punón o Piñón” (Bover-Cantera).

11 ss. ¡Qué bien conoce Dios el corazón del hombre! ¿Quién no ve retratada aquí su propia infidelidad? (cf. Juan 2, 24 s.). Ante tantas muestras del amor de Dios a su pueblo, que nos arrebatan el corazón por su delicadeza, y ante, los males que habían de acarrearse los israelitas por el abuso de los dones divinos, y muy principalmente por la soberbia de creerse ellos merecedores de tantas bondades, tiembla el corazón de Moisés y los pone en guardia, para que no se olviden del Autor y Dador de las bendiciones. En efecto, la tentación de engreírse en tiempos de prosperidad es muy grande. ¿Quién es capaz de enfrentar seguro y humilde los peligros de la riqueza? “¿Quién es éste?, y le elogiaremos, porque hace maravillas”, dice el Eclesiástico (31, 9). Y si confrontamos el paso del camello por el ojo de la aguja, que Jesús mismo indicó a los ricos (Mateo 19, 24), con la bienaventuranza de los pobres, de los que lloran y de los perseguidos, entonces recogeremos sabiamente el consejo de San Pablo: “El que piensa estar en pie mire que no caiga” (II Corintios 10, 12), y recibiremos amorosamente la prueba de las manos paternales de ese Dios a quien nuestros dolores le duelen más que a nosotros, según Él mismo repite muchas veces (II Reyes 24, 16; Mateo 14, 14; Marcos 6, 3; Mateo 24, 16).

15. Escorpiones: La Vulgata añade: y dipsades; una especie de víboras que, según opinión de los antiguos, producían por su picadura sed insaciable. De ahí su nombre de dipsades, que en griego significa causantes de sed. Cf. Números 21. 6 ss.

DEUTERONOMIO 9

2. Véase Números 13, 32 y nota.

4 ss. No por su justicia, es decir, no por propios méritos ni por sus buenas obras ganan los israelitas el país prometido, sino para que Dios, mediante ellos, castigue a otros pueblos y a fin de que para su pueblo se cumplan las promesas de misericordia. Véase Efesios 2, 8. “Opus est miserentis Dei”. como dice San Agustín, citando a San Pablo (Romanos 9, 16).

7 ss. Véase Éxodo capítulo 32; Salmo 105, 19 ss.

14. Cf. Números 14, 12.

18. Este segundo ayuno de cuarenta días y cuarenta noches es, según opinión de la mayoría de los expositores, el mismo que se menciona en Éxodo 34, 28. De lo contrario, Moisés hubiera ayunado tres cuarentenas. Cf. versículo 25.

22. De los lugares se llamó el primero Taberá (Incendio), por el fuego que Dios envió cuando se quejaron (Números 11, 1-3); el segundo, Masá (Tentación), porque tentaron a Dios, murmurando por la falta de agua (Éxodo 17, 1-7); el tercero, Kibrot-Hataavá (Sepulcros de la concupiscencia) por el apetito insaciable de comer carne (Números 11, 33 s.).

28. No sea que digan, etc.: Moisés toca la fibra más tierna del Corazón paternal de Dios: su amor al pueblo escogido y el honor de Su nombre. Véase sobre este punto Éxodo 32, 12; Números 14, 18 ss.; Ezequiel 20, 8 y notas.

DEUTERONOMIO 10

6 ss. Véase Números 33, 30 s. y 38; 20, 28. La muerte de Aarón y los otros acontecimientos relatados hasta el versículo 9, sucedieron más tarde; Moisés los narra aquí como testimonios de lo que quiere comprobar en el capítulo 10, 1-10: la misericordia de Dios que perdona.

13. Para bien tuyo: ¿No es éste un anticipo del Evangelio, con sus bienaventuranzas (Mateo 5) y sus promesas de felicidad aun en esta vida? Cf. Juan 13, 17; 16, 24; 17, 13, etc.

14. Dios insiste aquí en que comprendamos el amor paternal que nos tiene. La desigualdad infinita que va de Él a nosotros muestra que no puede ser amor de estimación, sino de pura y gratuita misericordia. Nada es más precioso que saber esto, pues si por una parte nos coloca en estado permanente de saludable humillación, por la otra dilata nuestro corazón en una confianza que no tiene límites.

16. Cf. Romanos 2, 29 y nota. “La circuncisión del Corazón no es otra cosa que la obediencia a la Ley divina, igual que la circuncisión de los oídos. Es una idea frecuente en los profetas, con que nos explican el verdadero contenido de la circuncisión de la carne” (Nácar-Colunga). Cf. Levítico 26, 41; Jeremías 4, 4; 9, 26; Ezequiel 44, 7; Hechos de los Apóstoles 7, 51.

17. La expresión Dios de los dioses es como un superlativo; equivale a decir: el único Dios. Cf. 4, 35. Señor de los señores llama el Nuevo Testamento a Cristo triunfante en su Parusía (Apocalipsis 19, 17).

20. Cf. 6, 13; Mateo 4, 10; Lucas 4, 8.

22. Cf. Génesis 46, 27; Éxodo 1, 6; Hechos de los Apóstoles 7, 14 y notas.

DEUTERONOMIO 11

6. Cf. Números capítulo 16.

10. La tierra de Egipto no tiene lluvias; su proveedor de aguas es el Nilo. del cual recibe toda el agua necesaria para el cultivo de los campos. Palestina, en cambio, es un país regado por el mismo Dios que manda todos los años dos periodos de lluvias, la primera en los meses de noviembre y diciembre, la segunda poco después (cf. versículo 14). De esta manera los israelitas se acordaban siempre de la amorosa providencia de Dios.

18. Sobre vuestro corazón, etc.: Acerca de la explicación rabínica de este versículo y del versículo 20 véase la nota a 6, 8 s.

21 ss. Nunca pudieron cumplirse plenamente estas bendiciones a causa de la incredulidad del pueblo. Sin embargo es posible que se cumplan en la conversión de Israel que San Pablo anuncia en Romanos 11, 26; pues “los dones y la vocación de Dios son irrevocables” (ibíd. versículo 29).

29. Garizim... Ebal: Según Eusebio y San Jerónimo, Moisés habla de dos montes que se hallarían en las cercanías de Jericó; los intérpretes modernos sostienen con razón que se trata de los dos montes que están junto a Siquem. Moisés alude probablemente a aquel acontecimiento cuya realización se describe en Josué 8, 30 ss. Cf. también 27, 11.

30. Camino del occidente: Así se llama aquí la carretera internacional que atravesaba de norte a sur toda la Palestina occidental y servía de arteria para el tráfico entre Egipto y los países de Asia. Arabá: El valle del Jordán. Junto al encinar de Moré: Vulgata: junto al valle que se extiende y entra bien lejos. Cf. Génesis 12, 6.

DEUTERONOMIO 12

2 s. Los pueblos cananeos no tenían templos, sino solamente lugares de culto, los llamados “lugares altos”. Sus dioses principales eran Baal, en cuyo honor se erigían pequeñas columnas de piedra, llamadas “massebas” y Astarté (Venus), a la cual los cananeos dedicaban “ascheras”, es decir, árboles frondosos cortados y fijados en la tierra. La Vulgata traduce ascheras por bosques (versículo 3). Cf. 7, 5; Éxodo 23, 24.

6. En oposición a los cananeos que ofrecían los sacrificios en los montes y collados, los israelitas tendrán un solo centro de culto, el lugar que Dios escogiere para el Tabernáculo. Cf. 14, 23-25; 15, 20; Éxodo 20, 24-26; Levítico 14, 11 ss.

7. Bien vemos en todo este capítulo cómo Dios quiere la felicidad del hombre, y se la da a los que le aman y confían en Él como verdaderos hijos. Véase 10, 12 y 14, 1. Cf. Levítico 3, 1 y nota.

12. Los Levitas no poseían territorio como las otras tribus; por consiguiente llevaban una vida muy pobre, particularmente en tiempos de relajamiento religioso, cuando la gente no pagaba los diezmos, y en los días de grandes calamidades cuando el suelo no daba sus frutos. De ahí la insinuación de invitarlos a los banquetes sacrificiales. Cf. versículo 19; 14, 27 y 29; 16, 11; Números 18, 21; 35, 2 s.

15. Véase Levítico 17, 1-7. No obstante la centralización del culto se toleraban excepciones. La ley del Levítico 17 podía ser fácilmente observada cuando vivían en el desierto y tenían sus tiendas alrededor del Tabernáculo, pero sería poco práctica para la gente esparcida por toda la tierra prometida. De ahí que Moisés mitigara la exigencia de llevar todos los animales ante el Tabernáculo para sacrificarlos, pero aun esto se practicaba más tarde como costumbre piadosa.

16. No comáis sangre: Cf. 15, 23; Génesis 9, 4; Levítico 7, 26; 17, 10.

23. Cf. versículo 16; Levítico 17, 11 y notas. La sangre no se comía, porque se la consideraba como el asiento de la vida, la cual pertenece a Dios. Bellísimo precepto, ciertamente dentro del orden natural. La Ley de Cristo, enteramente espiritual (Juan 4, 23 ss.; 6, 63 y notas) ya no se preocupa, o sólo transitoriamente, de estas cosas materiales. Cf. Hechos de los Apóstoles 15, 29; Colosenses 2, 16 ss. y notas.

30. Moisés se refiere aquí a la opinión antigua de que cada país tenía sus propios dioses, que reclamaban cierto culto aun de parte de los conquistadores (cf. IV Reyes 17, 25-28). Fue esta falsa creencia la que pobló enormemente el Olimpo de los pueblos paganos.

32. Sin añadir ni quitar nada: Si Cristo cambió la Ley, lo hizo porque ya antes la había cumplido por la caridad, la cual es la plenitud de la Ley (San Agustín). Cf. 4, 2; 18, 20; Josué 1, 7; Proverbios 30, 6; Apocalipsis 22, 18.

DEUTERONOMIO 13

3. Os prueba Yahvé: Aquí se ve cómo lo que se prueba en las tentaciones es nuestra fe, según dice San Pedro (I Pedro 1, 7). Por eso él mismo nos enseña que para resistir al diablo hay que ser “fuertes en la fe” (ibíd. 5, 9). La prevención contra los magos y falsos profetas, y las amenazas que siguen, son comprensibles por el influjo pernicioso que éstos ejercen sobre las. masas. Cf. las palabras de Cristo contra los falsos profetas devastadores de su Iglesia (Mateo 7, 15 ss.; 24, 24), y lo que dicen sobre ellos San Pablo (II Tesalonicenses 2, 10 ss.) y San Juan. Este declara que es ya la última hora, y que muchos se han hecho anticristos (I Juan 2, 18 s.); lo que significa que no necesitamos esperar a los falsos profetas como un acontecimiento futuro.

9. Debes matarle: Tal es el horror que Dios tiene a los falsos profetas. Cf. 18, 20. Tu mano será la primera: Cf. 17, 7; Hechos de los Apóstoles 7, 58 s. Esta rigurosidad se explica por la peligrosidad de los falsos maestros, que se presentan ante el pueblo como ovejas, es decir, con apariencia de piedad (II Timoteo 3, 5) y como los más fieles servidores de Dios, de modo que hasta la gente piadosa cae en las redes de su elocuencia. Llama la atención el contraste de este pasaje con la parábola de la cizaña (Mateo 13, 29 s.) donde el Padre celestial da libertad a los malos hasta el juicio final. Es porque en la parábola de la cizaña se trata de los que no son de la Iglesia, aunque viven juntamente con los discípulos de Cristo, en el campo del mundo, mientras aquí Moisés habla de los que pertenecen al mismo pueblo teocrático, y por ende tienen más influencias sobre el pueblo poco formado.

13. Hijos de Belial: “Etimológicamente Belial significaba «sin valor» y por extensión, malicia, mal. En el Nuevo Testamento ha llegado a ser sinónimo de Satanás” (Vigouroux, Polyglotte, I p. 907). Cf. II Corintios 6, 15 y nota.

17. Todo lo relacionado con la idolatría se castigaba _ con las penas más duras. Ni siquiera estaba permitido usar los muebles o utensilios de las casas de los idólatras. De lo contrario no se habría conservado intacta la religión de Israel. Cf. Éxodo 32, 26, ss.; Números 25, 4 s.

DEUTERONOMIO 14

1 s. Sois hijos de Yahvé: La filiación divina, el más alto de los dones que nos ha conquistado Jesús se nos anticipa aquí desde el Antiguo Testamento. Es lo que recuerda el apóstol San Pablo a los Gálatas: “Todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús” (Gálatas 3, 26; 4, 6; Efesios 5, 1 y 6). El hacer sajaduras en el cuerpo y cortar el cabello de cierta manera, era rito de luto entre los paganos que rodeaban a Israel. Véase Levítico 19, 27 y nota. Un pueblo santo: Cf. versículo 21; Éxodo 19, 6; Levítico 11, 44; I Pedro 2, 9 y notas.

4 ss. Véase Levítico 11, 2 ss.

21. Cf. Éxodo 23, 19; 34, 26. Cocer el cabrito en la leche de su madre, estaba prohibido, puesto que los pueblos paganos lo hacían por idolatría; según otros, por ser crueldad. Véase Levítico 22, 27 y Deuteronomio 22, 6.

22 ss. Sobre los diezmos véase Levítico 27, 30-33; Números 18, 21-32; Deuteronomio 12, 17-19; 26, 12-15. Aquí se trata de los diezmos, que por la larga distancia no podían llevarse al Santuario. Los diezmos de los frutos de la tierra constituían el sustento principal de los levitas. De ahí las disposiciones de los versículos 27 y 29. El diezmo del diezmo de los frutos pertenecía a los sacerdotes.

26. Notemos cómo Dios no se complace en el sufrimiento del hombre, sino que Él mismo promete y prodiga la abundancia a los que aceptan ser sus hijos.

28. Sobre este diezmo véase Deuteronomio 26, 12 ss.

29. Nótese la continua preocupación del legislador por los pobres, lo que es como un anticipo del Evangelio (Mateo 22, 39). Para que Yahvé, tu Dios, te bendiga: Véase como ilustración lo que anuncia el profeta Malaquías (Malaquías 3, 10).

DEUTERONOMIO 15

1. Cf. Levítico 25, 2 ss. y nota. Según algunos, la remisión de las deudas en el año sabático no era completa, sino sólo un aplazamiento de pago. A tal interpretación se opone el versículo 9, que muestra el espíritu de esta admirable institución, que es de una transcendencia social incalculable, cuya sabiduría no ha sido alcanzada después por pueblo alguno.

4. ¡Cuán lejos de eso está hoy la humanidad, orgullosa de su progreso técnico y material! Sólo en los tiempos apostólicos se llegó a esto, como fruto del Evangelio plenamente vivido (Hechos de los Apóstoles 4, 32-37). Véase versículo 11 y nota.

6. Prestarás a muchas naciones: Cf. 28, 12. donde igualmente se agrega que la promesa es condicional. Nácar-Colunga pone aquí la siguiente nota: “Podría alguien pensar que con estas palabras se autoriza a los hebreos para ejercer la usura con los extranjeros. No hay tal. Este versículo promete la bendición de Dios a Israel por la observancia de la Ley, y el autor sagrado da a esa bendición la forma acomodada a las circunstancias, que aquí son las de los versículos anteriores. Es lo que observamos en los profetas con las bendiciones mesiánicas, que toman infinitas formas de expresión, según las circunstancias en que se halla el profeta (28, 12, 44; Isaías 23, 17 s.; 60, 6 ss.; Ageo 2, 8).

8. Véase Mateo 5. 42; Lucas 6, 34-35.

11. Trasciende aquí maravillosamente la economía divina que permite que siempre haya pobres, para que no nos falte la ocasión de abrir la mano y cumplir el gran mandamiento del amor al prójimo. También Jesús afirma que siempre habrá pobres (Mateo 26,11); y para estimularnos a socorrerles se identifica Él mismo con ellos (Mateo 25, 34 ss.).

12 ss. Otra conquista de progreso social, mayor que las leyes de jubilaciones y pensiones de hoy, porque estaba fundada en la caridad de Dios. Cf. Éxodo 21, 2; Levítico 25, 13 ss.; Jeremías 34, 14 y nota.

19. Según Números 18, 15 ss., los primogénitos del ganado pertenecían a Dios, y parte de ellos a los sacerdotes. Moisés adapta esta ley a nuevas circunstancias, extensión del país, etc., indicando las normas, según las cuales tendrán que consagrar a los primerizos.

23. No comerás su sangre: Cf. 12, 16 y nota.

DEUTERONOMIO 16

1. Cf. Éxodo 23, 14 s.; 34, 18ss.; Levítico 23, 5 ss.; Números 28, 16 s. Abib: Así se llamaba el primer mes del año litúrgico (marzo-abril). Más tarde su nombre era Nisán.

2. De aquí deducen algunos que se empleaban también, en lugar del cordero pascual, ovejas y vacas. San Agustín observa acertadamente que Moisés habla de los sacrificios pacíficos que se ofrecían durante la semana de Pascua.

10. La fiesta de las Semanas: Pentecostés. Cf. Éxodo 23,16; 34,22; Levítico 23, 9 ss.; Números 28, 26 ss.

11. Véase 14, 29; Números 18, 21 y notas.

13. Véase Éxodo 23,16; 34,22; Levítico 23, 33 ss.; Números 29, 12 ss.

15. Entrégate a la alegría, porque la alegría es inseparable del amor a Dios. “Servid al Señor con alegría”, dice el salmista (Salmo 99, 2), y en el Nuevo Testamento San Pablo nos exhorta en el versículo más corto de la Biblia a alegrarnos siempre (I Tesalonicenses 5, 16). “Aquel que recuerda a un excelente amigo, dice San Crisóstomo, recubra valor y siente su corazón lleno de alegría con tan dulce recuerdo. Quien trae a su memoria la idea de aquel Dios tan bueno, que se dignó amarnos tiernamente, ¿cómo puede estar triste, o sentir alguna impresión siniestra o temer algún peligro?” (Hom. 26 Epist. ad Hebreos).

16. Tres veces al año: Cf. Éxodo 23, 17; 34, 23.

19. Véase 1, 17 y nota. “Es preciso que el juez escuche y falle con los ojos cerrados, es decir, sin distinción de personas. Obrar de otra manera, es tener un alma venal o apasionada, y despreciar el honor, la fe y la justicia.”

21 s. Se trata aquí de las "ascheras" o troncos de árboles erigidos en honor de Astarté, y en el versículo siguiente de las "massebas", monumentos de piedra en honor de Baal. Cf. 7, 5; 12, 2; Éxodo 23, 24; Jueces 2. 13; Baruc, capítulo 6 y notas.

DEUTERONOMIO 17

3. El ejército del cielo: las estrellas. Cf. Génesis 2, 1 y nota.

6. Jesús cita este pasaje en Juan 8, 17 y San Pablo en II Corintios 13, 1 y Hebreos 10, 28.

7. Jesús invoca este pasaje en Juan 8, 7, cuando dice a los testigos que arrojen la primera piedra sobre la adúltera. Cf. 13, 9 y nota.

8. Entre sangre y sangre: o sea, en caso de homicidio. Entre herida y herida: Vulgata: entre lepra y lepra.

9. Tratándose de un régimen teocrático correspondía también al Sumo Sacerdote el cargo de supremo Juez. Le asistía un consejo que conocemos después del cautiverio bajo los nombres de “La Gran Sinagoga”, “Sinedrio”, “Sanedrín” o “Concilio”. Se componía del Sumo Sacerdote como presidente y de setenta asesores.

11. Según la ley que ellos te enseñaren: Los levitas y sacerdotes estaban encargados de adoctrinar al pueblo (Levítico 10, 11). Por eso tenían que estudiar el divino Libro y adquirir la “ciencia”, como se lee en el libro del profeta Malaquías; “Los labios del sacerdote, han de guardar la ciencia” (Malaquías 2, 7), esto es, la verdadera sabiduría. “El sacerdote, dice San Jerónimo, guardará la ciencia de manera que se parezca a una saludable y sabia biblioteca donde cada cual puede tomar lo que necesita.”

12. Al hombre moderno le parece duro quitar la vida a quien no obedezca al sacerdote o al juez, pero hay que tener en cuenta que en el pueblo hebreo el sacerdocio y el gobierno estaban tan íntimamente unidos, que todo acto de desobediencia contra uno de los dos poderes amenazaba la existencia de ambos. El que abandonaba la ley civil, negaba con ello la ley de Dios y era considerado como un incrédulo y apóstata, merecedor de la pena de muerte (versículo 7 y nota). Cf. Números 15, 30.

14 ss. Cf. Jueces 21, 24; I Reyes 8. Previendo el deseo del pueblo de tener un rey, como los otros pueblos, anticipa Moisés disposiciones sobre la elección y los derechos de rey. La prohibición de multiplicar la caballería (versículo 16) tiene su fundamento en que el rey debe confiar más en Dios que en los caballos y carros de guerra (Salmo 32, 16 ss.). Además los caballos se criaban en Egipto, de manera que era de temer que se estrechasen los lazos con un país idólatra. Previene también contra el número excesivo de mujeres, tal como el que poseían los reyes paganos, pero sin prohibir la poligamia. Tan sólo Cristo restableció la unidad e indisolubilidad del matrimonio (Mateo 19, 8 s.).

18 s. Una copia: Vulgata: un Deuteronomio, o sea, un duplicado de la Ley. Nótese que el rey está obligado a tener consigo el Libro sagrado, y leer en él todos los días. Así lo han entendido los grandes reyes cristianos: Carlomagno, San Luis, rey de Francia, Alfonso el Sabio. ¡Qué abundancia de felicidad se derramaría sobre los pueblos si los gobernantes y los parlamentos se inspiraran en las sabias doctrinas de la Sagrada Escritura!

DEUTERONOMIO 18

1. San Jerónimo aplica estas palabras a los sacerdotes de la Iglesia y los exhorta a no buscar las ganancias e intereses del siglo, ni tener más bienes que cuando comenzaron a ser clérigos. “Digo esto, continúa el Doctor Máximo, porque hay algunos que como monjes han venido a ser más ricos de lo que eran como seglares; y clérigos hay que bajo la bandera de Cristo pobre poseen riquezas que no tuvieron bajo la del demonio rico y engañador. La Iglesia gime de ver en su gremio ricos a los que antes el mundo tenía por pobres mendigos... Huid como de una pestilencia contagiosa del clérigo negociante, que de pobre se ha hecho rico y de hombre oscuro convertido en glorioso” (Ad Nepot.). Cf. 10, 9; Números 18, 20 y 23; 26, 62; I Corintios 9, 13; I Timoteo 6, 8.

7. Prestará servicio en nombre de Yahvé: Quiere decir que el levita podrá ganar su sustento, yendo al lugar del Tabernáculo y participando en los convites sagrados. Por regla general, los levitas vivían en sus ciudades, y sólo algunos, según el turno, servían en el Templo.

10. Pasar a su hijo por el fuego: Se refiere a la perversa costumbre de quemar niños en honor de Moloc. Cf. Levítico 18, 21; 20, 2; IV Reyes 16, 3; 21, 6; Salmo 105, 37 s.; Isaías 57,5; Jeremías 7, 3 1 ; 19,5; 32, 35; Ezequiel 16, 21; 23, 37.

11. Cf. Levítico 19, 27 y nota.

13. Sé escrupuloso: sé perfecto. Cf. Génesis 17, 1 y nota. “Dichoso es, dice San Jerónimo, el que se santifica cada día progresando, y no considera el bien que ayer hizo, sino el que tiene que hacer hoy para adelantar. El santo está siempre dispuesto a subir, y el pecador a bajar, y así como el hombre perfecto se perfecciona cada día más y más, el pecador desmerece progresivamente” (In. Psal. 83).

15. “Oráculo con razón famoso, del cual el Nuevo Testamento trae varias interpretaciones auténticas, San Pedro (Hechos de los Apóstoles 3, 22) y San Esteban (Hechos de los Apóstoles 7, 35) lo aplican directamente a Nuestro Señor Jesucristo” (Fillion). Cuando Felipe fue llamado al apostolado, dijo: “Hemos encontrado a Aquel de quien escribió Moisés” (Juan 1, 45). El mismo Salvador se refiere a la profecía de Moisés en Juan 5, 45 ss. No cabe duda de que la profecía se cumplió en Jesucristo. Así como Moisés fue el legislador de la Ley Antigua, Jesucristo lo es de la nueva (San Agustín). Véase Juan 1, 17; Hechos de los Apóstoles 3, 22; 7, 37 y notas.

20. Cf. 12, 32; 13, 9 y notas. Nada aborrece tanto el Señor como la deformación de la doctrina, que tiende a convertir, como dice San Jerónimo, el Evangelio de Dios en Evangelio del hombre. Por esto el Papa Benedicto XV exhorta enérgicamente a que no se prediquen “cosas que no tienen de sagrado más que el lugar donde se pronuncian” (Encíclica Humani Generis Redemptionem).

22. No le temas: No hagas caso del falso profeta. Véase las palabras de San Pablo en Gálatas 1, 9: “Cualquiera que os anuncie un Evangelio diferente del que habéis recibido sea maldito.” Cf. Mateo 7, 15; Juan 5, 43; 7, 18; Hechos de los Apóstoles 20, 29; II Corintios 11, 13 s.; I Timoteo 3, 5; 4, 3; II Pedro 3, 3 s.

DEUTERONOMIO 19

2. Eran seis las ciudades de refugio; tres en Transjordania y tres en Cisjordania. De estas últimas habla Moisés en el versículo 9. Cf. 4, 43; Números 35, 11 ss.

3. Prepararás el camino, que lleva a la próxima ciudad de refugio. Es de notar que sólo el matador involuntario gozaba del derecho de refugiarse en una de esas ciudades, (cf. versículo 12).

6. El vengador de la sangre: El pariente más próximo del que había sido muerto.

15. Lo que antes (Deuteronomio 17, 6; Números 35, 30) estaba prescrito para ciertos casos, aquí se hace regla general, porque uno solo podía fácilmente calumniar a otro, mientras que dos o tres testigos son mayor garantía para evitar sentencias injustas. San Pablo recomienda la misma norma cuando se trata de un presbítero, puesto que los sacerdotes más que otras personas son el blanco de acusaciones anónimas. “Contra un presbítero, intima el Apóstol al obispo Timoteo, no admitas acusación si no es por testimonio de dos o tres testigos” (I Timoteo 5, 19).

20. Véase un concepto análogo en I Timoteo 5, 20, donde el Apóstol dice: “A aquellos que pequen, repréndelos delante de todos, para que los demás también cobren temor.”

21. Alude a la ley del talión (Éxodo 21, 24), derogada por Cristo en el Sermón de la Montaña (Mateo 5, 38 ss.) y sustituida por la ley de la caridad.

DEUTERONOMIO 20

1. Caballos y carros: los israelitas temían la superioridad de los pueblos vecinos, los que poseían carros de guerra, esa poderosa arma, los tanques de entonces (Éxodo 14, 7; Josué 17, 16; Jueces 1, 19; 4, 3; I Reyes 13, 5). Por eso Dios les promete luchar por ellos, con tal que tengan confianza en Él, Cf. versículo 4; 17, 14 y nota; Salmo 32, 16 ss.

4. ¡Yahvé va a pelear por su pueblo! ¡Qué promesa más estupenda! Sin embargo, ¡cuántas veces la olvidaron! Isaías tuvo que inculcarla de nuevo ante el peligro asirio (Isaías 7, 4 ss.), y Jeremías no se cansa de recordarla en tiempos de Nabucodonosor. Llena de confianza la recoge y la enseña Judit para confortar a los ancianos de Betulia (Judit 8, 10 ss.). Así también nosotros en los combates espirituales hemos de implorar y esperar la ayuda de Dios, sin la cual nada podemos (San Agustín).

6. No ha comenzado a disfrutarla: Cf. Levítico 19, 23 ss. “Los frutos de los primeros años pasaban por impuros, los del cuarto año eran consagrados al Señor. Después de esto, la viña y sus frutos estaban puestos en el rango de las cosas comunes y ordinarias” (Vigouroux, Polyglotte I, pág. 935).

7. Meditemos con la debida admiración estas tres excepciones de los versículos 5-7, que parecerían el colmo de la insensatez en nuestro siglo incrédulo. Son un verdadero alarde de confianza en la Providencia. En cuanto a los tímidos (versículo 8), el pasaje tiene un alto sentido espiritual, como se ve en Apocalipsis 21, 8. Véase Jueces 7, 3; I Macabeos 3, 56.

12. ss. Estas leyes de guerra comparadas con las de otros pueblos son extraordinariamente humanas. La extirpación de los pueblos cananeos (versículo 17) que parece estar en contradicción con el carácter humanitario de la Ley de Moisés, se debe únicamente a un especial mandato de Dios, quien quiso preservar a los israelitas de la idolatría de aquellos pueblos. “En semejante guerra, dice San Agustín, el ejército no se ha de tener por autor de ella, sino por ministro y ejecutor.” ¡Líbrenos Dios de escandalizarnos de lo que Él en su sabiduría infinita ha mandado en la Ley antigua!

DEUTERONOMIO 21

1 ss. Todas estas ceremonias nacen de la convicción de que la sangre derramada clama a Dios, y que el homicidio, en caso de no encontrarse el asesino, debe expiarse de un modo simbólico con la sangre de un animal. El rito de la expiación era muy apropiado para dar una idea del horror con que debía mirarse el homicidio, y del castigo que merecía su autor. Los ancianos lavan sus manos para expresar su inocencia. Véase el análogo gesto de Pilatos en Mateo 27, 24.

11 ss. La “mujer amada” es para San Jerónimo figura de la sabiduría profana, a la que debemos conquistar para hacerla cristiana. Dice el santo Doctor: “Si amareis a la mujer cautiva, esto es, la sabiduría del siglo, cautivo vos mismo de su hermosura, raedle la cabeza y arrancadle su deshonesta compostura de palabras, y limpiadla con el salitre del profeta (Jeremías 2, 22); entonces, descansando con ella, podéis cantar: «su mano izquierda está debajo de mi cabeza y con su diestra me abraza», hecho esto, la cautiva os dará mucha prole y de moabita se hará israelita" (A Pamaquio).

12. Se raerá la cabeza, en señal de luto, porque tiene que abandonar a su pueblo, lo cual equivale a morir para su tribu y acogerse al pueblo israelita.

21. “La constitución patriarcal del Israel antiguo exigía conservar fuerte la autoridad paterna, y por esto aquí la Ley se muestra dura con los hijos rebeldes; aunque ya se deja entender que con tan buenos abogados como eran el amor del padre y el de la madre la aplicación de la ley rarísima vez tendría lugar” (Nácar-Colunga). Si en el Antiguo Testamento los hijos rebeldes son castigados con la pena de lapidación, fácil es de ver cuán abominable es ante Dios la transgresión del cuarto mandamiento y cuan falso es el concepto moderno de las relaciones entre padres e hijos. Cf. Levítico 20, 9; Proverbios 10, 18; 30, 17.

23. Un colgado es objeto de la maldición: ¡Y pensar que Jesucristo llevó sobre sí el pecado (II Corintios 5, 21) y se sometió voluntariamente a esa maldición de la cruz para constituirla en señal de Redención (Gálatas 3, 13)! “Jesucristo, dice San Agustín, ha querido morir así para que sus discípulos no sólo no temiesen la muerte en sí misma, sino que dejasen de tener horror a todo género de muerte. No temáis las afrentas, las cruces, ni la muerte, pues si estas cosas dañasen al hombre no tendría que sufrirlas el que ha sido rescatado por el Hijo de Dios” (In Psalm. 140).

DEUTERONOMIO 22

1 ss. Véase Éxodo 23, 4-5.

5. La mujer que se viste de hombre, y viceversa, el hombre que se viste de mujer, no solamente violan las buenas costumbres, sino que hacen una cosa abominable delante de Dios; la mujer, porque se despoja del mejor amparo de su pureza; el hombre, porque da a conocer que padece de sentimientos perversos. La Biblia eterna condena las costumbres de nuestros tiempos.

6. Una vez más vemos aquí la misericordia de Dios extenderse hasta los animales. Véase 14, 21.

9 ss. Aunque no entendemos la razón de estas prohibiciones, vemos, sin embargo, que inculcan la idea de que toda mezcla de cosas desiguales es algo anormal, en especial la mezcla del pueblo israelita con otros pueblos. Lo mismo simboliza la prohibición de vestirse de ropa de lana mezclada con lino (versículo 11). Cf. Levítico 19, 19; II Corintios 6, 14 ss.

12. Véase 6, 8; Números 15, 38 y notas. Cf. Mateo 23, 5.

22. Véase Ley. 20, 10 y nota; Juan 8, 5.

23. Aun después de celebrar esponsales, la novia permanecía por algún tiempo en casa de sus padres, pero las faltas que cometía durante este tiempo se consideraban como adulterio, y se castigaban como tales. Véase Mateo 1, 18 y 19 y notas. Obsérvese el alto grado de la moralidad israelita, y el hecho de que el hombre que pecaba con la mujer estaba sometido a la misma pena de muerte que ella.

30. Véase 27, 20; Levítico 18, 8; 20; 11; I Corintios 5, 1 ss.

DEUTERONOMIO 23

1. La comunidad de Yahvé: el pueblo de Israel. 3. Esta ley se aplicaba solamente a los hombres. Cf. Rut. 4, 13; Nehemías 13, 1. Los amonitas y moabitas deben su origen al incesto de las hijas de Lot. De ahí su exclusión perpetua.

7 s. Los idumeos eran descendientes de Esaú, hijo del patriarca Isaac.

18. Los pueblos circunvecinos admitían la prostitución cultual. En sus santuarios podían instalarse rameras (hieródulas), que fornicaban con los peregrinos y les cobraban por ello dinero. Había también hieródulos, que aquí se llaman “perros”, como en el Apocalipsis (Apocalipsis 22, 15) y tal vez en Eclesiástico 13, 22. En otros lugares se les da el nombre de afeminados (I Corintios 6, 9). Cf. III Reyes 15, 12; 22, 47. Este rechazo que Dios hace del dinero obtenido a costa del pecado, muestra cuán abominables son para Él muchas de las llamadas fiestas de caridad, donde se baila y se estimula el vicio del juego y de la bebida so capa de amor a los pobres.

19 s. Interés: Algunos traducen usura. En el Antiguo Testamento “interés” y “usura” significan una misma cosa y estaban prohibidos ambos modos de obtener ganancias mediante los préstamos. Solamente al extranjero se le podía pedir intereses, pero no al conciudadano. Esto habría sido una violación del amor al prójimo, violación que hoy, desgraciadamente, no se la considera como tal. Hay quienes han interpretado mal este texto como si Moisés permitiera la usura con los extranjeros. Lo que autoriza Moisés es dar préstamos a interés a los extranjeros, pero no préstamos usurarios. El carácter social de esta ley descuella tinto más cuanto que los otros pueblos permitían tomar intereses. La Ley babilónica de Hammurabi p. ej. la reconoce como institución legítima. Los Santos Padres desaprueban formalmente el préstamo a interés. Cf. 15, 3; Éxodo 22, 25; Jeremías 25, 36 s. y notas.

21. Véase Números capítulo 30.

25. Arrancar espigas: La Vulgata agrega y desgranarías. Cf. Mateo 12, 1.

DEUTERONOMIO 24

1. El matrimonio instituido por Dios en el paraíso, era indisoluble, como el mismo Jesucristo lo atestigua (Mateo 19, 8 s.). Junto con la idea de la unidad del matrimonio se perdió también la de su indisolubilidad, de modo que Moisés, al dar legislación moral, a su pueblo, tuvo que tolerar el divorcio “a causa de la dureza de vuestro corazón” (Mateo 19, 8). Sin embargo lo limitó al caso de hallarse en la mujer “algo vergonzoso”, es decir un pecado contra la castidad matrimonial o cualquier otro acto de impureza. Así lo explicaba en tiempo de Jesucristo la escuela de Schammai, mientras la escuela de Hillel permitía el divorcio aún en los casos de simple desavenencia. A pesar de la tolerancia del divorcio, la indisolubilidad del matrimonio era considerada por la Ley y los Profetas como el ideal á alcanzar. El Eclesiástico previene contra una separación por liviandad (Eclesiástico 7, 28), y Malaquías condena decididamente todo divorcio “porque Yahvé fue testigo entre tú y la esposa de tu juventud” (Malaquías 2, 14 ss.).

6. El molino de mano consistía en dos pequeñas muelas, una superior, y otra inferior, que se completaban. El molino de mano era necesario diariamente para la preparación de la harina. Quien tomaba la piedra de molino a su prójimo, le quitaba un objeto indispensable para la vida.

7. Véase Ezequiel 27, 13; Apocalipsis 18, 13 y nota.

9. Véase Números 12, 1 ss.

10 ss. No entrarás en su casa; para que no obres con arbitrariedad ni saques cosas necesarias para la vida. En el derecho romano existía la prohibición de embargar al deudor los muebles indispensables y los instrumentos de trabajo, institución que ha pasado al derecho moderno con el nombre de beneficio de competencia. Moisés va más lejos al prohibir su entrega en prenda, lo cual no debía impedir el préstamo, según se deduce de 23, 20 15, 7-10; etc. Es la perfección jurídica más alta que ha alcanzado la humanidad: un derecho que está al servicio de la moral y de la religión. Cf. Éxodo 22, 26 s.

13 ss. Inspirada en el amor de Dios y del prójimo la Ley de Moisés da principios detallados para amparar al pobre. Entre las disposiciones más conmovedoras, sin duda, figura la de devolver al pobre la prenda antes de caer la noche, y la de pagar al jornalero el jornal antes de ponerse el sol. Observa al respecto San Agustín: “Así el acreedor ejercitaba la misericordia y el deudor tenía un continuo recuerdo de la deuda que debía pagar”, ¡Cuántas maldiciones!, ¡cuántas luchas sociales se evitarían, y cuántas bendiciones se derramarían sobre nosotros, si tuviéramos en cuenta estas santas disposiciones! Véase Éxodo 22, 26; Levítico 19, 13; 23, 22; Tobías 4, 15; Santiago 5, 4.

16. Véase IV Reyes 14, 6; Ezequiel 18, 20.

19 ss. Véase Levítico 19. 9 s. y nota; 23, 22.

DEUTERONOMIO 25

3. Más tarde se aplicaban sólo 39 azotes para no exceder el número permitido por la Ley; medida de precaución para el caso de que se equivocase el que contaba los azotes (cf. II Corintios 11, 24).

4. El Apóstol San Pablo cita esta ley humanitaria, probando con ella que los ministros del Señor tienen derecho al sustento si anuncian el Evangelio (I Corintios 9, 14; I Timoteo 5, 18).

5. Es la célebre, institución del levirato, que se menciona en Mateo 22, 24 ss. y Marcos 12, 19, y que existió como práctica aún antes de Moisés (Génesis 38, 8). Esta ley se inspiraba en la idea de continuar la vida en los hijos y verlos como herederos de la propiedad de la familia. Además de eso, en el pueblo israelita tenía un sentido mesiánico. Quien quedaba sin hijos, se veía privado de la esperanza de que el Mesías naciera de su linaje.

9 s. Le escupirá en la cara, en señal de desprecio (Números 12, 14; Isaías 50, 6; Mateo 26, 67; 27, 30). Sacarle a uno los zapatos significaba entregarlo a la pobreza, y pedir que Dios se encargara de castigarlo por su comodidad. Tenemos un caso semejante, aunque un poco distinto, en Rut 4, 7-10.

13 ss. Quiere decir: No hagas fraude, empleando falsas pesas y medidas. Cf. Levítico 19, 35 s.; Proverbios 11, 1.

18. Cf. Éxodo 17, 8 ss. Sobre la ejecución del mandato de Dios, de exterminar a los amalecitas, véase I Reyes 15, 2-34; 30, 9-18.

DEUTERONOMIO 26

1 ss. Las primicias se ofrecían a Dios en reconocimiento de los beneficios que todo el pueblo recibía de su benigna mano año tras año y día por día. Hasta los pueblos paganos daban las primicias a sus dioses y santuarios. Por eso Santo Tomás considera la ofrenda de las primicias como una obligación de la Ley natural. Cf. Números 18, 8 ss.

5. Un arameo errante: Se refiere a Abrahán, quien nació en el seno del pueblo arameo, y antes de llegar a Canaán vivió como nómada en el país de los arameos (Mesopotamia en hebreo “Padán-Aram”). También el patriarca Jacob vivió allí mucho tiempo (cf. Oseas 12, 12). La Vulgata trae otro texto: el sirio perseguía a mi padre. Ese sirio (o arameo) sería Labán, que persiguió a Jacob (Génesis capítulos 30 y 31).

12 s. Véase 1.4, 28. Es un diezmo especial en favor de los pobres, entre los cuales figuran siempre en primer lugar los levitas.

14. Para un muerto: Ha de entenderse de las ofrendas que se daban a los muertos, a manera de los paganos, y de los banquetes que se hacían en memoria de los difuntos (Tobías 4, 18; Eclesiástico 30, 18; Jeremías 16, 7; Ezequiel 24, 17; Oseas 9, 4). Tocar las cosas santificadas (diezmos) estaba prohibido en tiempos de luto y en estado de impureza legal.

18 s. Cf. 7, 6; 14, 2; 29, 13; 32, 10 ss.; Éxodo 4, 22; 19, 5 s., y notas. Pueblo particular: Esto se cumplió en los israelitas, pero mucho más todavía en el pueblo del Nuevo Testamento, pueblo santo y redimido por la sangre de Cristo (Romanos 9, 24).

DEUTERONOMIO 27

2 ss. Véase Josué 8. 30-35.

6. Piedras toscas: Compárese este deseo de Dios con la orgullosa suficiencia de los que prefirieron fabricar ladrillos y fueron confundidos (Génesis 11, 3). Cf. Éxodo 20, 25; Josué 8, 31.

11 ss. Cf. 11, 29 y nota. Seis tribus han de estar en el monte Garizim para responder con un Amén a las bendiciones, y seis en el monte Ebal para confirmar las maldiciones, mientras los sacerdotes con el Arca estarán en el medio, anunciando en alta voz las maldiciones y bendiciones. El Garizim está al Sur, el Ebal al Norte de Siquem. Entre ambos montes se extiende el valle donde ha de realizarse la impresionante escena. Nácar-Colunga observa que no han faltado piadosos comentaristas que han visto en esta escena como un anuncio y figura del juicio universal. El Garizim (división) significaría “las ovejas, que aquel día estarán a la diestra de Jesucristo; el Ebal (abismo), por el contrario a los cabritos o condenados que estarán a la izquierda de Jesús”. Dejando de un lado las etimologías, que son muy dudosas, nada ha de oponerse a tal comparación.

17. Cf. 19, 14.

20 s. Véase Levítico 18, 8; 18, 23.

26. San Pablo cita esto para señalar la superioridad de la Ley de la Gracia (Gálatas 3, 10). Cf. Santiago 2, 10.

DEUTERONOMIO 28

1 ss. Este capítulo tiene su paralelo en Levítico capítulo 26. Las bendiciones que se anuncian a continuación, tendrán su pleno cumplimiento a condición de que el pueblo siga practicando los mandamientos de la Ley. De lo contrario se convertirán en maldiciones (versículo 15 ss.; cf. Daniel 9, 11). Sólo de este modo se comprende la historia y el destino de Israel.

4. Bendito el fruto de tu seno: Cf. las palabras de Santa Isabel en Lucas 1, 42.

5. Tu canasto y tu artesa: Vulgata: tus graneros y tus sobras.

6. Tu entrada y tu salida: Todos tus pasos, en sentido moral y religioso: tu conducta. Cf. 31, 2; Salmo 120, 8; Hechos de los Apóstoles 1, 21.

9. Pueblo santo suyo: Cf. 29, 13; Éxodo 19, 5 s. y nota.

12. Véase 15, 6 y nota.

13. No faltan quienes buscan en estas palabras una predicción del dominio mundial de la raza hebrea y las ven cumplidas en la posición actual de los judíos, su enorme influencia y superioridad financiera sobre otras naciones, pues con el dinero se puede estar siempre “encima” y nunca “debajo”. Y hasta se ganan las guerras. Sin embarco, no hay fundamento exegético para tal interpretación de la profecía. Es sólo una promesa condicional, cuya realización depende, según Moisés (versículo 14 s.) del fiel cumplimiento de la Ley antigua, la cual, como todos sabemos, es cumplida sólo en parte por los judíos modernos, si es que la cumplen. Pues les falta el centro del culto mosaico, el Templo y los sacrificios.

17. Véase versículo 5 y nota.

23. El sentido es: Dios no enviará lluvia ni rocío.

27. La úlcera de Egipto, una especie de lepra. Véase la sexta plaga de Egipto (Éxodo 9, 9).

35. Cf. Isaías 1, 5 s.

36. Profecía que se cumplió con motivo del cautiverio babilónico (587 a. C). muchos siglos después de la muerte de Moisés (IV Reyes 25, 6 s.).

42. Los insectos: Otros traducen: la langosta; Vulgata: añublo.

49. Vaticinio sobre la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor (587 a. C.) y por los romanos (70 d. C.). El águila era la insignia romana. El gran caudillo con mirada profética ve los futuros destinos de su pueblo hasta en los mínimos detalles. Todo lo que profetizó se cumplió al pie de la letra y sigue cumpliéndose en la actual dispersión de Israel y en su milagrosa subsistencia entre las naciones sin confundirse con ellas. Cf. Isaías 26, 20 ss.; 28, 11; 33, 19; Jeremías 5, 15; 14, 18; 48, 40; 49, 22; Hababuc 1, 8.

53. Cf. Levítico 26, 29; IV Reyes 6, 28; Lamentaciones 4, 10; Baruc 2, 3; Flavio Jasefo, Bell. Judit 7, 8.

54. Mirar con malos ojos: Es un hebraísmo que significa ser avaro. Tan inaudita será la angustia que los padres no sólo comerán la carne de sus hijos, sino que, además, la reservarán para sí solos a fin de que nadie comparta con ellos la espantosa comida.

65 s. Un corazón tembloroso, por estar en un continuo peligro. Como pendiente de un hilo (versículo 66) por la inseguridad de su existencia. “Es amenaza de muerte al judío infiel. Fuera mala acomodación la que se hiciera para exhortar a la meditación de Jesús clavado en la cruz” (Cardenal Gomá, Biblia y Predicación. pág. 269).

68. ¡Qué cumplimiento tan tremendo dieron los romanos a esta maldición, cuando, después de la destrucción de Jerusalén, llevaron al resto de los judíos a Egipto, para venderlos como esclavos! (Flavio Josefo). Así, pues, los judíos andarán dispersos y errantes entre todos los pueblos del mundo, hasta que suene la hora de su conversión y restauración, de la que tantas veces hablan los profetas, San Pablo y el mismo Jesucristo. Cf. 30, 3; Isaías 10, 21 s.; 11, 11 s.; 59, 20 s. comparar con Romanos 9, 27; 65, 1 s.; Jeremías 23, 3 y 8; 30, 3; 31, 31-34; Ezequiel 37, 21-25; Amós 9. 15; Miqueas 4, 6 s.; Zacarías 8, 22 s.; Lucas 21, 24; Hechos de los Apóstoles 15, 16 s.; Romanos capítulo 11; II Corintios 3, 16; Efesios 2, 12 s. (véase la explicación de estos pasajes en la “Revista Bíblica”, 1949, número 53). La subsistencia del pueblo judío durante 2.000 años no deja de ser un milagro. Todos los pueblos, menos el judío, se asimilan a otros pueblos cuando pierden su patria y son derramados sobre todos los países. Se ha observado que, por ejemplo, en los Estados Unidos después de 20 ó 30 años, ya no se puede distinguir a los hijos de los inmigrantes europeos. Parecen todos fundidos en el crisol americano. Solamente los judíos conservan todos los caracteres de su raza. “Se agrupan entre sí. se sostienen, se ayudan mutuamente para conseguir las mejores colocaciones. Dotados de una fuerte inteligencia práctica, forman una «pequeña nación» en las grandes naciones donde viven provisoriamente” (Chasles). ¿No es éste, acaso, un hecho asombroso? No menos asombroso es el regreso de los judíos al país de sus padres y el restablecimiento del reino de Israel en Tierra Santa, hecho que actualmente presenciamos y que es probablemente el preludio de su sumisión a Cristo, ya que Jesús en su discurso escatológico relaciona el fin del tiempo de los gentiles, que según San Pablo coincide con la conversión de Israel (Romanos 11, 25), con la terminación de la dispersión (Lucas 21, 24). Por San Pablo sabemos también que la conversión de los judíos constituirá una riqueza para el mundo entero (Romanos 11, 12) y una como resurrección de entre muertos (Romanos 11, 15). De ahí que el Apóstol de los gentiles nos exhorta a no jactarnos de ser usufructuarios “de la raíz y la grosura del olivo” (Romanos 11, 17), que son los judíos. Son a ellos los “amados”, a causa de los padres, los Patriarcas, puesto que “los dones y la vocación de Dios son irrevocables” (Romanos 11, 28 s.). Es, pues, un grave error, medir a Israel como se mide a otros pueblos. Su porvenir y su destino no están sometidos a las leyes de la experiencia humana, sino que obedecen únicamente a las promesas que Dios les hizo, no por ser ellos el más excelente de los pueblos, ni en recompensa de méritos y obras, sino para que el designio de Dios se cumpliese conforme a Su elección (Romanos 9, 11) y se pusiese de manifiesto Su infinita misericordia, que elige a quien quiere (Romanos 9, 19). Por consiguiente el problema judío, que a los cristianos ocupa casi más que a los mismos judíos, no se soluciona considerando solamente los factores humanos que determinan la vida de los pueblos; Israel es el “hijo primogénito” de Dios (Éxodo 4, 22) y goza de tantas promesas “irrevocables” (Romanos 11, 29), que ante su historia se estrellan las leyes de la historia.

DEUTERONOMIO 29

1. Esta nueva alianza se formalizó más tarde en Canaán con Josué (Josué 8, 30 ss.). la primera fue hecha en el Sinaí, que aquí lleva el nombre de Horeb.

4. En castigo del pecado, el Señor negó a los israelitas la gracia de entender los designios de Dios. No son, pues, excusables, porque los juicios de Dios, aunque ocultos, son justísimos (San Agustín). Cf. Isaías 6, 9; Mateo 13, 14; Lucas 8, 10; Hechos de los Apóstoles 28, 26 s., etc.; Efesios 4, 18.

5 s. Cf. 8, 4. No habéis comido pan, etc. Alusión al maná con el cual Dios los alimentaba en el desierto.

9. Para poder cumplir las palabras de Dios es menester conservarlas y recordarlas. Así lo explica el Salmo 118, 11, al decir: “Guardé tus palabras en mi corazón para no pecar contra Ti”. De aquí el inmenso valor que tiene la Palabra, para transformar nuestra vida espiritual. Cf. Salmo 1, 2-3. Jesús hace de esto la mayor de las bienaventuranzas, la que se aplica ante todo a su Santísima Madre (Lucas 2, 19 y 51).

11. Cf. Josué 9, 23 y 27.

13. Pueblo suyo: Cf. 28. 9; Éxodo 4, 22; 19, 5 s. y notas.

19. La borrachera terminaría en sed: Este versículo ha sufrido muy diversas traducciones. Bover-Cantera vierte: de suerte que habría de arrancarse lo regado con lo seco; Nácar-Colunga: De modo que se una la sed a la gana de beber; Vulgata: acaba la borracha con la sedienta. Cornelio a Lápide y otros expositores toman las palabras de la Vulgata como un refrán, cuyo sentido sería: los borrachos, es decir, los malvados, consumen o echan a perder a los sedientos, esto es, los sencillos. Así como en la parábola del Sembrador las espinas ahogan la semilla, y así como los amores del mundo sofocan la Palabra de Dios para que no pueda dar su fruto en nuestro corazón, así también la hartura de las pasiones apaga la sed de lo espiritual, esa sed que crece con la sabiduría (Eclesiástico 24, 29). Cf. Amós 8, 11 s.

20. No le perdonará, sino que tomará venganza por las almas sencillas que le ha quitado y que son las que Él más ama. Es el caso del escandaloso, al que Jesús condena con extraordinaria severidad (Mateo 18, 6).

29. Las cosas reveladas son para nosotros: Tal es el inmenso tesoro que Dios nos regala en este sagrado Libro y que nos permite exclamar con David: “Tu me revelaste los secretos y ocultos misterios de tu sabiduría” (Salmo 50, 8). Véase con qué maravillosa amplitud confirma Jesús este concepto en Juan 15, 15.

DEUTERONOMIO 30

3. Se cumplió esta profecía después del cautiverio de Babilonia y se cumplirá de nuevo en el regreso definitivo de Israel a Tierra Santa y en su conversión a Cristo. Véase 28, 68 nota. “Por muchos y graves que sean los castigos con que por sus pecados aflija Dios al pueblo, siempre acaba por prevalecer la misericordia y por cumplirse las divinas promesas en el resto de los salvados. Este concepto que después tanto desarrollan los profetas, está íntimamente ligado con el plan de la Redención por el Mesías” (Nácar Colunia).

6. Circuncidará tu corazón, es decir, te santificará. Ésta es una evidente y absoluta promesa de la gracia del Salvador, dice San Agustín, porque Dios promete hacer lo que suele mandar que se haga. Cf. 10, 16; Génesis 17, 10 ss. y notas.

7. He aquí una condenación del antisemitismo corriente. En él pueden caer sólo los que ignoran la Biblia, en la cual se descubre a cada paso el amor de Dios hacia el pueblo escogido (Romanos 11, 28), que no ha caído para siempre (Romanos 11, 11) Cf. 28, 68.

11 ss. El cumplimiento de los mandamientos no es tan difícil, puesto que pueden ser entendidos y cumplidos por el hombre con la ayuda de la gracia. Si San Pedro (Hechos de los Apóstoles 15, 10) llama a la Ley un yugo que no podían soportar los padres, piensa en la Ley sin la gracia. Cf. Romanos 10, 5-10, donde se explica la maravilla que obra en nosotros la fe en Cristo, superior a la Ley Antigua. Véase Mateo 11, 30, donde Jesús declara que su yugo es excelente y su carga liviana.

15 ss. Nótese la claridad con que aquí se enseña la existencia del libre albedrío del hombre y, por ende, la responsabilidad que cada uno tiene de sus actos. Cf. versículo 19.

20. Porque Él es tu vida, etc.: ¡Que concepto tan admirable! Cuando Dios nos manda que nos apeguemos a Él, nos manda que seamos felices. “Los mandamientos que nos prohíben tantas cosas, se reducen a impedir que seamos infelices” (Scío).

DEUTERONOMIO 31

6. Citado en Hebreos 13, 5. Cf. Josué 1, 5.

9. Esta Ley a que se hace referencia es, probablemente, el presente libro, el quinto de los libros de Moisés, que se llama Deuteronomio.

10. La última recomendación de Moisés es la de leer al pueblo la Palabra de Dios. La última recomendación de Jesús fue igualmente que se predicara el Evangelio. Véase cómo Esdras cumple la recomendación de Moisés, leyendo públicamente la Ley al regreso de Babilonia. Todos lo entienden y celebran por ello gran fiesta (Nehemías 8). Lo mismo hace el sacerdote Helcías, dando este libro al rey de Judá, el cual por haberlo leído lloró en la presencia de Dios y fue oído por Él (I Reyes 22, 3 s.; II Paralipómenos 34, 14 ss.). Cf. Levítico 25, 2 y nota.

19. Este cántico: el cántico que sigue en el capítulo 32. Los israelitas deben aprenderlo de memoria, porque les pone delante la inmensa bondad de Dios y la ingratitud de su pueblo; los pecados y los escarmientos de sus padres, de una manera tal que pueda servir de testimonio para los hijos de Israel. Ningún israelita en adelante podrá excusarse, diciendo: yo no conozco la Ley; todos desde la niñez la conocerán por medio de este cántico. Cf. Josué 4, 6 y nota. En la Vigilia de Pentecostés (Oración de la tercera profecía) nos dice la Liturgia que “también a nosotros nos instruyó Dios por Moisés mediante su cántico”.

26. Al lado del Arca, de la Alianza. Cf. III Reyes 8, 9. Solamente las tablas del Decálogo estaban en el Arca; la Ley y el resto de los libros sagrados estaban al lado del Arca, es decir, en el lugar augustísimo del Tabernáculo, como si Dios quisiera demostrar su voluntad de que se le diera un mismo culto a Él y a su Palabra escrita. “Si el mismo Dios quiso que su antigua Ley se colocara en lugar santísimo para que fuera honrada y se exhibiera «in testimonium» ¿hacemos demasiado sí honramos a la Nueva Ley, colocándola en lugar preferente en nuestras casas, para que permanezca allí «in testimonium» para nosotros?” (Zerwick, S. J.). Cf. Josué 24, 26; I Reyes 10, 25.

DEUTERONOMIO 32

1. El cántico de Moisés —así se llama este capítulo— es una joya de la poesía hebrea, no sólo por la perfección del lenguaje, sino también por el tema de eterna actualidad que en él se desarrolla. “Le anima la inspiración profética, más aún que el entusiasmo lírico. Moisés contempla anticipadamente a los hebreos instalados en la Tierra de promisión, descubre y expone su negra ingratitud y los castigos que ésta atraerá sobre ellos. Toda su historia pasada y futura se resume en estas breves, páginas. Dios, siempre fiel y bienhechor, el pueblo siempre rebelde y abusando de los divinos beneficios; he aquí el alma de este cántico” (Cardenal Gomá, Salterio, pág. 478). La Iglesia lo ha incorporado al Breviario Romano (Oficio del sábado).

4. Roca: nombre muy apropiado para demostrar la fidelidad de Dios. Cf. Génesis 49, 24 y nota. Con su fidelidad contrasta la infidelidad del pueblo hebreo.

5. Literalmente: pecaron contra Él indignamente sus no-hijos, generación mala y perversa. Los “no-hijos” son los israelitas; pues por su ingratitud e infidelidad perdieron el privilegio de ser el pueblo elegido.

8. Cf. Hechos de los Apóstoles 17, 26. Fijó los límites de los pueblos: Dios desde un principio preparó para su pueblo la tierra de Canaán.

10. Recuerda los cuarenta años que pasaron los israelitas en el desierto, instruidos y cuidados por su Dios.

11. Véase la figura análoga que emplea Jesús en su discurso del Templo (Mateo 23, 37).

12. Yahvé solo lo conducía: La Iglesia pone este texto en la Misa de Santa Teresa del Niño Jesús, para destacar su admirable espiritualidad infantil, hecha toda de abandono y confianza en el amor misericordioso del Padre Celestial.

15. Yeschurún: nombre lleno de cariño; significa el recto, el justo. La Vulgata vierte: el amado. Cf. 33, 5 y 26. Te hinchaste: ¿Quién de nosotros no se ve retratado en este reproche? La misma queja formula el Señor por medio de Jeremías: “Han engordado y se han puesto rollizos, traspasaron mis palabras pésimamente; no hacen justicia al huérfano y salen triunfantes, ni atienden la causa de los pobres. ¿No he de castigar esto?, dice Yahvé” (Jeremías 5, 28 s.). Roca de su salvación: Vulgata: Dios su salvador.

21. Aquellos que no son pueblo: los gentiles. Moisés predice que los pueblos gentiles serán llamados a entrar en el reino de Dios. Es el misterio que San Pablo trata en Romanos capítulo 11. La infidelidad del pueblo judío traerá como consecuencia la admisión de los pueblos paganos, que para los judíos eran un “no-pueblo”, una masa desordenada, excluida del Reino de Dios y destinada a la perdición. Véase los pasajes paralelos en 28, 68 nota.

22. Infierno; literalmente scheol, lugar de los muertos. Lo más hondo del infierno es el lugar de los condenados. Cf. Mateo 25, 41; Marcos 9, 48; II Tesalonicenses 1, 8; Apocalipsis 14, 10 s.; 19, 20; 20, 10; 21, 8.

24. La ardiente fiebre, la amarga pestilencia: Vulgata: las aves a crueles picotazos. Cf. 28, 21.

27. Dios no va a aniquilarlos por completo, porque los enemigos no verían en ello el dedo de Dios; al contrario, lo interpretarían como el triunfo de sus dioses sobre el Dios de Israel. ¿No parece ser esto un “pretexto” de su corazón paternal para perdonar una vez más a los hijos ingratos?

28. Lo que les espera: Es propio de los hijos del siglo, olvidar las postrimerías, no pensar en las cosas futuras para hacérselas favorables y asegurarse la felicidad duradera, que solo de Dios viene. “En todas tus acciones recuerda tus postrimerías, y no pecarás” (Eclesiástico 7, 40). Cf. Isaías 47, 7.

32. Continúa la descripción de los enemigos bajo la imagen de la vid. La vid auténtica es Israel (cf. Isaías capítulo 5), sus enemigos son semejantes a uvas venenosas.

34. Sellado entre mis tesoros: El castigo de los enemigos está sellado, esto es, bien guardado como en una caja de hierro. No escaparán, la venganza los alcanzará.

35. Cf. Romanos 12, 19; Hebreos 10, 30.

37. Lenguaje irónico que Dios usa con los israelitas apóstatas.

39. Él da muerte al orgullo de nuestro hombre viejo, para darnos nueva vida según la fe en su Hijo (Romanos 6, 4; Efesios 4, 24; Colosenses 3, 10).

43. Donoso Cortés llama a Moisés el más grande de los poetas, no solamente por este poema y algunos otros que la Biblia trae bajo su nombre, sino por la grandeza del tema. “Homero, dice, nos hace asistir al choque violento de la Europa y del Asia, Moisés nos pone delante de las maravillas de la creación; Homero canta a Aquiles, Moisés a Jehová; Homero desfigura a los hombres y a los dioses; sus hombres son divinos y sus dioses humanos; Moisés nos muestra sin velo el rostro de Dios y el rostro del hombre. El águila homérica no subió más alta que las cumbres del Olimpo, ni voló más allá de los griegos horizontes. El águila del Sinaí subió hasta el trono resplandeciente de Dios, y tuvo debajo de sus alas todo el orbe de la tierra… Entre la epopeya homérica y la bíblica, entre Homero y Moisés, hay la misma distancia que entre Júpiter y Jehová, entre el Olimpo y el cielo” (Discurso sobre la Biblia).

47. Si estas palabras del Antiguo Testamento son la vida y la dan, ¡cuánto más las palabras del Evangelio! De las que dijo Jesucristo: “Lo que da la vida es el espíritu; las palabras que Yo os he dicho, espíritu y vida son” (Juan 6, 63).

51. Aguas de Meribá, o Aguas de la Contradicción, donde Moisés, dudando de la misericordia de Dios, dijo exasperado: “¿Por ventura podremos sacaros agua de esta peña?” (Números 20, 10 s.; 27, 14).

DEUTERONOMIO 33

1. La bendición que Moisés, antes de morir, imparte a las tribus de Israel, es análoga a la de Jacob (Génesis capítulo 49). El texto es obscuro y admite en algunos versículos diversas interpretaciones.

2. Sinaí, Seír y Farán indican la región donde Dios se manifestó s los israelitas de una manera especial. Fundándose en este y otros pasajes, la tradición judía localiza el monte Sinaí en Seír y Farán, es decir, en el nordeste de la península de Sinaí. Por santas miríadas se entienden los ángeles. Las centellas de fuego son los mandamientos que Dios pronunció en medio del fuego en aquel monte, con la estupenda magnificencia que se describe en Éxodo 19. Cf. Éxodo 10, 1 y nota.

3. Sentados a tus pies cada uno recibe tu palabra: Cf. 32, 47. La Palabra de Dios da la vida al que la busca y se reconoce necesitado de ella (véase Sabiduría 6, 18, ss.). Todos tenemos esa necesidad (Eclesiástico 51, 32), y hoy más que nunca (Amós 8, 11). Pero no todos lo reconocen (Santiago 1, 5 s.). El que desea la sabiduría, la halla fácilmente porque ella se le anticipa (Sabiduría 6, 13 ss.), y con ella le vienen todos los bienes (ibíd. 7, 11). Por eso María de Betania tuvo la mejor parte (Lucas 10, 42). porque cumplió este precepto de “sentarse a los pies” de Jesucristo, la Sabiduría encarnada. Este versículo ha sido traducido de diversas maneras. Bover-Cantera, verte: Amó también a los pueblos; bajo de su mana son sus santos, y tus palabras recogen de tus pies alrededor. Nácar-Colunga: Ha hecho gracia a su pueblo. Todos sus santos están en su mano, que reanudando su marcha a pie prosiguieron por en medio del desierto.

5. El fue rey en Yeschurún: Ese rey es Moisés. Así lo interpretan la mayoría de los expositores. Sin embargo, en ningún otro lugar de la Escritura se habla de la realeza de Moisés, por lo cual parece que se trata de Dios, libertador de su pueblo. Sobre Yeschurún véase 32, 15,

6. Acerca de Rubén véase Génesis 49, 4 y nota.

7. Profecía sobre la futura importancia de la tribu de Judá, de la cual saldrá el rey David, figura del Mesías. Cf. Génesis 49, 8 ss.

8. Leví es la tribu del mismo Moisés. Su distinción consiste en los “Urim” y “Tummim”, en la Vulgata “perfección” y “doctrina”, mediante los cuales los Sumos Sacerdotes, hijos de Leví, consultaban a Dios (Éxodo 28, 30 y nota). El varón santo es Aarón y sus sucesores. Masá: cf. Éxodo 17, 2 ss.; Deuteronomio 6, 16. Meribá: cf. Números 20, 13 y 24.

9. Se alaba el santo celo de la tribu de Leví, que no perdonaba a los hermanos cuando se trataba de castigar la apostasía, por ej., en la adoración del becerro de oro (Éxodo 32, 25-29) y cuando Finés desenvainó la espada contra los idólatras y fornicarios (Números 25, 7 ss.).

10. El sentido es: los levitas enseñarán al pueblo la Ley de Dios y ofrecerán incienso y sacrificios. Efectivamente fue éste el privilegio de la tribu levítica en los siglos posteriores hasta la venida de Cristo. Delante de Ti: Vulgata: por tu favor.

12. Alusión a Betel (Casa de Dios), situada en Benjamín, y tal vez al Templo que se erigirá en los confines de Benjamín, pues en la repartición del país, Jerusalén tocó en suerte a Benjamín. Entre sus hombros: entre sus colinas.

13. Los hijos de José, es decir, las tribus de sus hijos: Efraím y Manases, que recibieron la parte más fértil de Palestina. Es por eso que el autor sagrado emplea imágenes que significan la fertilidad de esa región. Es a la vez una alusión a los nombres de José y Efraím, el primero de los cuales significa “aumento”; el segundo, “fertilidad”.

15. Montes antiguos... collados eternos: Véase la explicación en Génesis 49, 26 nota.

16. Véase Éxodo 3, 2 ss. Príncipe de sus hermanos: Vulgata: nazareo entre sus hermanos. Cf. Génesis 49, 26 y nota.

18 s. Se refiere a las riquezas del mar y de las llanuras de Esdrelón, donde Zabulón e Isacar han de recibir su herencia. La montaña (versículo 19) es quizá el Carmelo, según otros, el Tabor, que fue, con toda probabilidad, el monte de la Transfiguración de Jesús.

20. Alusión a la gran extensión de Gad en Transjordania, y al papel que desempeñarán los gaditas en la conquista de Cisjordania (Josué 4, 12).

22. Cachorro de león: alusión profética a Sansón y a las conquistas que más tarde hiciera Dan en las tierras de Basán.

23. El mar: el lago de Genesaret. El Mediodía: la región meridional del mismo lago.

24. Baña su pie en aceite: Vivirá en abundancia, gracias a sus fértiles olivares.

25. Tus cerrojos: Vulgata: su calzado. Moisés pasa por alto a Simeón que tampoco recibió bendición de Jacob y que poco a poco desaparece de en medio de Israel.

26. Yeschurún: el pueblo de Israel (véase 32, 15). La Vulgata dice: el Dios del Rectísimo.

27. Debajo de ti están los brazos eternos: Dejémonos caer con decisión en tan acogedores brazos.

28. La fuente de Jacob: el pueblo israelita, que vive en paz y seguridad dentro de las fronteras de su país, protegido y salvado por el mismo Yahvé, su escudo y auxilio (versículo 29).

DEUTERONOMIO 34

1. Cf. 3, 27. Es evidente que este último capitulo que relata la muerte de Moisés, fue añadido por otro autor inspirado. Desde el monte Nebo puede verse toda la tierra prometida, desde el Hermón hasta el Négueb y Segor (versículo 3), situada en la región del Mar Muerto. El mar occidental: el Mediterráneo.

5 s. La muerte de Moisés, y su sepultura por el mismo Dios, es “uno de los misterios históricos que nos ha dejado el Antiguo Testamento, parecido a la desaparición de Enoc y al rapto de Elías en el carro de fuego” (Nácar-Colunga). Según San Judas hubo un altercado entre San Miguel y Satanás por el cuerpo de Moisés (Judas versículo 9). Algunos Padres opinan que Moisés no murió, y que por eso pudo asistir, juntamente con Elías, a la Transfiguración de Jesús (Mateo 17, 3). En tal caso su sepultación por mano de Dios significaría su traslado. El Eclesiástico dedica al gran profeta el capítulo 45, 1-6. Moisés es figura de Cristo, por cuanto fue mediador de la Antigua Alianza. Lo es también como profeta (Deuteronomio 18, 15; Hechos de los Apóstoles 3, 22 s.). como intercesor (Éxodo 17, 1 ss.; 32, 31 ss.; Hebreos 7, 25; I Juan 2, 1 s.), como caudillo (Deuteronomio 33, 5; Isaías 55, 4; Hebreos 2, 10), como libertador (Éxodo 3, 7 ss.; Hechos de los Apóstoles 7, 25), como Maestro (Deuteronomio 33, 4; Isaías 61, 1; Lucas 4, 18). y como Cristo fue también él rechazado por Israel (Éxodo 2, 11 ss.; Hechos de los Apóstoles 7, 25; 28, 28). La vara de Moisés representa la Cruz, instrumento de la Redención y signo de nuestra salvación, y los milagros que el caudillo del pueblo de Dios obró en el desierto, son figuras del Redentor (por ejemplo, el agua pura de la roca, la serpiente de bronce). La Iglesia venera al gran profeta y celebra su fiesta el 4 de septiembre. El Santoral cristiano conmemora igualmente muchos otros santos Patriarcas y Profetas del Antiguo Testamento.

9. Lleno del Espíritu: Cf. Números 27, 18 y nota. La imposición de las manos para infundir el Espíritu Santo se usó también en el Nuevo Testamento por los Apóstoles (Hechos de los Apóstoles 6, 6; 8, 17) y se usa en la Iglesia en la administración de los Sacramentos del Bautismo, Confirmación y Orden Sagrado.

10. Cara a cara: Véase Números 12, 8 y nota.