2 REYES 1

1. Sobre las cuestiones introductorias véase el III libro de los Reyes.

2. Beelzebul, que significa “Baal” (señor) de las moscas, era nombre del ídolo de Acarón, una de las cinco ciudades de los filisteos. Ese ídolo representaba la exuberante fecundidad de la naturaleza, que se muestra en las moscas. Opinan algunos que por medio de ellas se daban oráculos a los consultantes. Los judíos usaban el nombre para designar al príncipe de los demonios (Mateo 10, 25; 12, 24; Marcos 3, 22; Lucas 11, 15). El texto griego dice Beelzebul, lo que significa: Baal del estiércol.

8. Cubierto de una piel velluda. Vulgata: un hombre peludo. Se puede pensar también en un hombre vestido con túnica tejida de pelos. Este vestido y el cinto de cuero son semejantes a la zamarra de San Juan Bautista (Mateo 3. 4). Estos dos grandes predicadores predicaban penitencia no sólo con la boca, sino también con las obras.

12. Dios hace siempre nuevos milagros para acreditar de nuevo a su profeta, quien a causa de la persecución había buscado amparo en una cueva.

15. Nótese cómo aquí y en el Versículo 3, Elías no obra por iniciativa propia, sino que se apoya en la palabra de Dios. De ahí la nueva prueba de fortaleza que da, frente al rey este hombre cuya timidez vimos en III Reyes 19, 3.

2 REYES 2

3. Los hijos de los profetas: Cf. III Reyes 20, 35 y nota. “Eran verdaderas congregaciones, organizadas perfectamente, establecidas por lo común cerca de los lugares de veneración religiosa especial, y a cuyos miembros se les daba el nombre de «hijos de los profetas»; «hijos en el sentido semítico de socio de una corporación»” (Ricciotti, Historia de Israel, número 422). Sin embargo, el espíritu sopla donde quiere (Juan 3, 8). De ahí que los grandes profetas no recibieran su formación en las “escuelas de los profetas”, sino que fueran llamados al cargo de profetas directamente por Dios.

9. Doble porción de tu espíritu: Los profetas son “hombres del Espíritu”. El Espíritu de Dios viene de ellos de tal manera que no es más el profeta el que habla sino el Espíritu del Señor. Eliseo pide doble porción de espíritu porque se siente en sentido espiritual primogénito de Elías, y los primogénitos tenían doble porción de herencia (Deuteronomio 21, 17). Santo Tomás entiende por duplicado espíritu el don de profecía y el don de milagros, de los cuales Eliseo obró mayor número que su maestro. Véase Eclesiástico 48, 13-15.

11. La milagrosa subida de Elías al cielo ha ocupado mucho a los Padres de la Iglesia. Dice, por ejemplo, San Ambrosio: “Elías fue recibido en el cielo con su cuerpo en un carro de fuego, es decir, por medio de los ángeles que son espíritu y fuego ardiente”. El carro de fuego significa el alma fogosa del gran profeta, el mayor después de Moisés, y, por decirlo así, el segundo Moisés. Elías volverá para predicar penitencia y preparar los corazones para la segunda venida de Cristo (véase Malaquías 4, 5; Apocalipsis 11, 3). Ya apareció por segunda vez en cierto sentido, en el precursor de la primera venida de Cristo, San Juan Bautista (Mateo 11, 13 s.; 17, 11 s.). De ahí que Jesús aplique a este misterio la fórmula. “Quien tiene oídos oiga” (Mateo 11, 15). Según un principio hermenéutico de San Jerónimo se esconde en tales casos bajo el velo de la letra un sentido oculto que se nos invita a escudriñar (cf. Mateo 13, 9 y 43; 24, 15; Marcos 4, 9 y 23; 7, 16; 13, 14; Lucas 8, 8). “Es decir, se insinúan en el caso dos sentidos, el uno literal, y el otro místico o espiritual de buena ley, en sus especies de típico, simbólico, parabólico y demás. Y según esto en la expresión «él es Elías» (Mateo 11, 14), bajo la letra que alude al gran profeta, tenemos indicado al gran Bautista, que es un Elías en espíritu. Es solución que, como sabemos, dio ya San Gregorio (Homilía 7 in Ev.), y no hay por qué enmendarle la plana en este punto” (Ramos García, Estudios Bíblicos, 1949, pág. 114). Elías es bajo muchos aspectos, figura de Cristo: se retira al desierto, ayuna cuarenta días, come el pan maravilloso de los Ángeles, símbolo de la Sagrada Eucaristía, y es llevado milagrosamente a los cielos. Cf. su gran elogio en Eclesiástico 48, 1-12 y I Macabeos 2, 58.

12. Carro de Israel y su caballería. Vulgata: Carro de Israel y conductor suyo; lo que quiere decir que Israel perdía en Elías a su conductor espiritual. Dos grandes personajes ha deparado Dios al pueblo escogido, como especiales protectores, no obstante sus muchas ingratitudes: el Arcángel San Miguel y Elías. Ambos caudillos tienen reservada una acción decisiva para los últimos tiempos en los esplendorosos misterios de la conversión prometida a Israel (Romanos 11; Daniel 10, 21; 12, 1 ss.; Apocalipsis 12, 7 ss.; Eclesiástico 48, 1 ss.; Malaquías 4, 5; Mateo 17, 11; Apocalipsis 11, etc.).

13. El manto que se le habla caído a Elías. “El profeta Elías, corriendo hacia el Reino de los cielos, no puede ir con capa, y deja sus vestiduras al mundo inmundo” (San Jerónimo. Ad Julián.). San Crisóstomo aprovecha este detalle para elogiar la pobreza de Elías quien no dejaba otra cosa que su áspero vestido de profeta. “Dime, dice el santo Doctor, ¿quién más pobre que Elías? Pero por esto superaba a todos los ricos, porque siendo tan pobre, eligió la misma pobreza por la opulencia de su alma... Que si hubiese apreciado las cosas materiales, no habría poseído sólo el vestido tosco; pero así condenó la vanidad de la vida y despreció todo el oro como vil lodo para no tener nada más que aquel único vestido. Mas con todo el rey necesitaba del pobre, y el que tenia tanto oro, ansiaba las palabras de quien no poseía más que su zamarra” (Homilía II de las Estatuas).

14. ¿Dónde está ahora Yahvé?: Eliseo, testigo de la ascensión de Elías, se quejaba, porque estaba solo; los apóstoles admiraron también la ascensión de su Maestro, pero sin sentirse abandonados, porque esperaban la venida del Espíritu Santo.

18. Lección contra el celo indiscreto que, con apariencia de buena voluntad, esconde un porfiado apego a la propia opinión.

21. La sal no fue el medio físico para hacer potable el agua, sino solamente un signo simbólico. Como la sal sazona los manjares, su uso simboliza lo sabroso y delicioso del agua después de la intervención del profeta. La Iglesia se refiere a este milagro en la bendición del agua. La fuente donde el profeta hizo el milagro, se llama hoy “Fuente del Sultán” (Ain es-Sultán). Nace al pie de la Jericó antigua y provee de agua potable a toda la ciudad.

23. Los idólatras de Betel (III Reyes 12, 29) enseñaron a sus hijos esta burla. Eliseo la toma como un insulto hecho a Dios, y el Señor ratifica terriblemente su maldición (San Crisóstomo). De todos modos es ésta una fuerte lección para los niños –o adultos– burlones, que so pretexto de diversión o buen humor suelen faltar a la caridad y aun al respeto debido a la Majestad divina. Cf. Eclesiastés 7, 7.

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4. El rey Mesó se erigió en aquel tiempo (798 ó 797 a. C.) un monumento de piedra, en el cual se atribuye triunfos sobre Amrí y Acab, reyes de Israel, y se exalta a si mismo diciendo que Israel ha perecido para siempre. El monumento, descubierto en 1869, es conservado en el Museo del Louvre. Es la primera inscripción hebraica que llegó hasta nosotros. Fue encontrada por un misionero (Klein) y publicada por Clermont Ganneau.

9. Para atacar a los moabitas por la espalda tomaron el camino del desierto, dando vuelta al Mar Muerto por el sur, donde no había agua.

13. He aquí una prueba de cómo hablaban los profetas con los reyes y poderosos. Los falsos profetas, en cambio, recurrían a la adulación (cf. III Reyes 22, 6 ss.) y recibían grandes regalos.

15. El instrumento de música servía para elevar el corazón a Dios y prepararle para el espíritu profético (San Gregorio Magno). La música calma el ánimo excitado del profeta y lo dispone a recibir la revelación (cf. Sto. Tomás, Suma Teológica II-II, q. 172, a. 3). Cf. I Reyes 16, 23. Para los falsos profetas la música servía de instrumento de autosugestión, como lo observamos hoy todavía en los derviches. Particularmente estos seudoprofetas que no tenían vocación y cursaban un seminario de profetas, imitaban los métodos de autosugestión y sobre todo las prácticas extático-frenéticas de los profetas de Baal.

23. Esta es sangre: Observa al respecto el Padre Lagrange: “Los que han visitado las orillas meridionales del Mar Muerto saben que extraños colores cambian a veces el aspecto de las cosas. Nosotros hemos visto el Mar Muerto verdaderamente rojo en la tarde del 1° de noviembre de 1897. Los moabitas, seguros de que no había agua en el campo de Israel, tomaron por sangre el agua enrojecida por la aurora.”

25. Kir Haróset (Vulgata: Los muros de ladrillo), probablemente idéntica con Kir Moab, actualmente El-Kerak. En el oráculo sobre la ruina de Moab, la ciudad se llama Kir Hares (Isaías 16, 11).

27. SI sacrificio de su propio hijo, ofrecido al dios Moloc, parecía al supersticioso rey moabita el último recurso para aplacar a su cruel ídolo y ganar la victoria. Los israelitas horrorizados por el desesperado sacrificio, levantaron el sitio y abandonaron el país, devastado, en el cual un ejército ya no podía vivir.

2 REYES 4

1. El acreedor tenía el derecho de vender al deudor y sus hijos o emplearlos como siervos hasta el séptimo año (Levítico 25, 14).

2. La Vulgata agrega: para ungirme. Los hebreos acostumbraban ungirse; el omitirlo era prueba de luto o penitencia. Cf. Mateo 6, 17.

7. El aceite de la viuda se detuvo porque no cabía más en los vasos. Así da también Dios sus dones a cada uno según su capacidad individual. Al que tiene menos fuerzas le da más, y el que tiene mucho recibe poco. La Virgen nos enseña que la abundancia será para los hambrientos (Lucas 1, 53; cf. I Reyes 2, 5; Salmo 33, 11). San Agustín ve en el aceite un símbolo de la caridad. “Ved, dice el gran Doctor, a aquella viuda de que nos habla el libro de los Reyes: En tanto que tuvo aceite en su propia vasija no tuvo bastante ni para ella ni para sus acreedores. Así el que sólo se ama a sí mismo, no puede ni bastarse ni pagar lo que debe por sus pecados. Pero cuando empieza a derramar el aceite de la caridad en los vasos del prójimo, entonces tiene suficiente para sí mismo y paga las deudas que ha contraído. Tal es la naturaleza de la caridad cristiana y fraternal, que se aumenta con sus dones y cuanto más se derrama más se acrecienta. Si dais el pan de la caridad, os quedará entero, y aunque lo partieseis con todos los hombres, nada os faltaría” (Sermón 206).

10. Para albergar a los huéspedes, se solía habilitar un cuarto sobre el techo de la casa, la cual, por regla general, no tenía más que un piso. Este aposento se llamaba “cenáculo”. Cf. el Cenáculo de Jerusalén (Hechos 1, 13 y nota). Esta familia es colmada de bendiciones, desde que hospedó al varón de Dios. Jesús promete premio especial al que recibe a un profeta o a un justo por ser tales, es decir, por ser amigos de Dios (Mateo 10, 41).

14. Lo más grande a que podía aspirar la mujer israelita era tener un hijo, del cual esperaba podría salir el Mesías. Es sobre todo por eso que la esterilidad era mirada como un oprobio. Véase I Reyes 1 y 2; Jueces 11, 37; Lucas 1, 25.

23. De aquí se colige que los temerosos de Dios del reino de Israel que no tenían acceso al Templo de Jerusalén, se reunían en día de sábado y en las fiestas con los profetas que vivían en su país.

31. No ha despertado: Los Padres ven en el báculo una figura de la inutilidad de la Ley, que no podía dar la vida. Fue necesario que el Hijo de Dios se encarnase, reduciéndose a nuestra naturaleza humana como Eliseo se encogió sobre el cuerpo del niño. Lo mismo hicieron Elías (III Reyes 17, 21) y San Pablo (Hechos 20, 10). En Hebreos 11, 35 el Apóstol deja constancia de que estas resurrecciones fueron obra de la fe.

38. Admiremos en la sobriedad de este relato la incomparable elocuencia de la divina Escritura, donde no hay palabra de más, ni de menos. El que se acostumbra a la lectura bíblica, difícilmente se deja seducir por los escritos de los hombres.

39. Coloquíntidas, plantas de la familia de las cucurbitáceas, cuyos frutos, en forma de naranja, producen vómitos y cólicos, por lo cual el pueblo la llama “hiel de la tierra”, o “hierba de la muerte”. “El varón de Dios no se enojó contra los cocineros, porque no estaba acostumbrado a una mesa mas regalada. Echó solamente un poco de harina encima y mitigó de esta manera el sabor amargo en virtud del mismo espíritu con que Moisés endulzó las aguas de Mará” (San Jerónimo a Eustoquia).

42. Primicias: viviendo en el reino de Israel y no pudiendo llevarlas al Templo de Jerusalén, las ofrecía a los profetas del Señor.

43. El criado responde de la misma manera que los apóstoles a Jesús en la primera multiplicación de los panes (Juan 6, 5 ss.).

2 REYES 5

1 ss. Eliseo es el gran taumaturgo entre los profetas. Los numerosos milagros que Dios hizo por medio de él, tenían por objeto acreditar la verdadera religión y desacreditar el culto de Baal. Por la curación de un extranjero, Naamán de Damasco, el nombre de Dios se propaga aún entre los pueblos paganos, entre los cuales había siempre hombres justos y gratos a Dios, pues como dice San Pedro, “en todo pueblo le es acepto el que le teme y obra justicia” (Hechos 10, 35).

5. El siclo grande pesaba 16,83 gr., el talento 58 o 26 kilos.

6. Según los conceptos de los reyes totalitarios de Oriente, el príncipe de un país tiene también poder sobre los profetas. Por eso dirige el rey de Siria al de Israel la extraña petición de curar a su general leproso.

10. El profeta no atiende personalmente a Naamán, para poner a prueba la fe del enfermo, cuya protesta cede ante la sabia observación del Versículo 13.

14. La ablución en el Jordán no produjo por si misma la curación sino que tuvo carácter simbólico. Jesucristo emplea el mismo símbolo en la curación de un ciego (Juan 9, 7 y 17). El número siete era un número sagrado que simbolizaba la idea de la plenitud y perfección (cf. Lucas 14, 7 y nota). El caso de Naamán es citado por Jesús en Lucas 4, 27.

16. No aceptó nada: a pesar de ser tan pobre como hemos visto en 4, 38 ss.

17. El general sirio cree que cada dios tiene su propio territorio, por lo cual se lleva una porción de tierra para fundamento de un altar en honor del Dios de Israel. Naamán es figura de los gentiles que han de abrazar la religión de Cristo.

18. Parece que el profeta soluciona este caso de conciencia en sentido afirmativo y otorga, al menos en forma tácita, la autorización pedida, teniendo en cuenta que la participación de Naamán en el culto idolátrico era sólo un acto exterior (Menochius, Cornelio a Lapide, etc.). Hoy todavía los cristianos de Damasco muestran la casa de Naamán en las ruinas de una iglesia.

19. Estaba ya a cierta distancia. Vulgata: era entonces la mejor estación del año.

20. Sacar ventaja, enriquecerse gratis: he aquí lo que es el móvil de sus ingeniosos esfuerzos. Y todo le sirve para labrarse la propia ruina. Cf. lo que enseña San Pablo (I Timoteo 6, 9) y la norma que da Cristo (Mateo 10, 8).

27. Giecí no había dado importancia a su mentira, pues sabía que Naamán estaba dispuesto a regalar una fortuna por el hecho de verse curado de la lepra. Así, considerando que su amo no aceptaba nada, no tuvo reparo en pedir algo que para Naamán fuese insignificante. Desde luego no quiso manifestar este pedido suyo a su amo y, por eso, negó que se había ausentado para encontrar a Naamán. De ahí que la codicia de Giecí mereciera el castigo de la lepra, que es símbolo del pecado. Su conducta era, además, apta para poner en peligro la fe del neo convertido. “Comete un delito de simonía vendiendo de algún modo la gracia de la curación que su amo había hecho gratuitamente” (Scío).

2 REYES 6

5. Cf. 4, 38 ss. A eso llegaba la pobreza de estos hombres de Dios; ni siquiera disponían de un hacha propia. Pero disponían del poder de Dios para hacer milagros. Cf. el caso de San Pedro en Hechos 3, 6.

6. En este leño que hace flotar el hierro vemos la eficacia de la Cruz en que Cristo, por su mérito, levanta al hombre hundido por la culpa (San Ambrosio).

16. “¿Dónde están, exclama San Ambrosio, dónde están los que dicen que las armas de los hombres son más poderosas que las oraciones de los Santos?” (Sermón 86). Dios nos pone aquí de lleno ante la realidad sobrenatural, para ejercitar fuertemente nuestra fe. La afirmación de Eliseo, de tener mucho más ejército que el rey Benhadad, parece una broma risible, ¡Acabamos de ver que no tenían ni un hacha! (Versículo 5). Sin embargo, en realidad invisible, había allí mismo una fuerza inmensa. ¡Oh, si nuestra fe fuese siquiera como un grano de mostaza! (Lucas 17, 6). “Nuestros ojos no se fijan en las cosas visibles sino en las invisibles, porque las cosas visibles no duran más que un tiempo, y las invisibles son eternas” (II Corintios 4, 18).

18. La ceguera no fue absoluta, sino sólo una ilusión óptica, de manera que al ver los objetos no podían conocerlos. Así opina San Agustín.

25. El cabo contenía 2 litros más o menos. El asno era animal legalmente impuro (Levítico 11, 25), cuyo consumo demuestra la más extrema necesidad, como se ve en los versículos 28 ss.

28. Para que le comamos: Véase Levítico 26, 29; Deuteronomio 28, 53.

30. El cilicio: el áspero saco que usaban los penitentes y los que estaban de luto.

33. En vez de “emisario” ha de leerse, según Crampón: el rey. (Nova Vulgata: “apparuit rex, qui veniebat ad eum”. Nótese la blasfemia contra Dios, con la cual el rey pretende justificar su conducta con Eliseo, ¡Cuántos hay que en vez de humillarse saludablemente ante las pruebas, acusan de crueldad al Padre celestial! En el siguiente capítulo veremos una vez más, cómo el Señor responde a nuestras ingratitudes con nuevos favores.

2 REYES 7

1. La medida, en hebreo, el sea. El sea tenía 12, 14 litros. “Parece como si el profeta hubiera esperado que las cosas llegasen al último para traer el remedio por donde menos podía esperarse” (Nácar-Colunga).

2. Cf. Versículo 17 ss. Nada ofende tanto a Dios como el dudar de su palabra. Compárese la desconfianza de Zacarías (Lucas 1, 18 ss.) con la fe de María Santísima (Lucas 1, 14 ss.).

3. Los leprosos estaban excluidos de la convivencia con los demás hombres (Levítico 13, 46) y tenían que vivir fuera del poblado, en el campo. Siendo el campo ocupado por los enemigos, se vieron obligados a retirarse hacia las murallas de la ciudad. De esos pobres y despreciados se sirve Dios para salvar un pueblo, a fin de que todos sepan que la salvación no viene de la fuerza humana ni de la multitud de caballos y carros de guerra (cf. Salmos 19, 8; 32, 17; 146, 10).

6. Los heteos, un gran pueblo del Asia Menor, que desde antiguo tenía colonias en Palestina, las que con el tiempo se sometieron al pueblo hebreo. Cf. II Reyes 11, 3. Mientras Israel dudaba de Dios, Él hizo en su favor este milagro portentoso.

12. Estúpida suficiencia de un descreído que no tardará en verse confundido.

16. El autor sagrado relata con todos sus detalles este final, para que se nos grabe profundamente esta lección de fe.

2 REYES 8

1. Yahvé ha llamado el hambre: El hambre, la guerra y la peste son como ministros de Dios, siempre apercibidos para partir a la primera orden y cumplir su voluntad. La familia de la sunamita se libra del hambre gracias a los servicios caritativos que prestara al varón de Dios (cf. 4, 10). En versículo 6 vemos se le dará otro beneficio más.

10. Es como si dijera: Sanarás de la enfermedad, pero morirás de otra manera. Se cumplieron en cierto sentido ambas profecías, pues el rey no murió de su enfermedad, sino ahogado por Hazael (versículo 15).

11. Texto muy oscuro, porque falta el sujeto de la frase. En general, se creé que es Eliseo, el cual, como dice la Vulgata, se turbó hasta mudársele el color del rostro. Sin embargo, creemos que la primera parte del versículo se refiere a la turbación de Hazael. Bover-Cantera vierte: Y (Eliseo) quedó como petrificado y se turbó en extremo, y el varón de Dios rompió a llorar. Nácar-Columba: Puso sus ojos sobre Hazael y los fijó en él, hasta hacerle enrojecer; luego se puso a llorar.

15. Es de suponer que Hazael ya antes de hablar con Eliseo tuviera el propósito de matar al rey. Todo lo que hizo el profeta muestra que Dios había elegido a Hazael como instrumento para castigar a Israel.

17. Véase II Paralipómenos 21, 5 ss.

18. Joram de Judá estaba casado con Atalía, hija de Acab y hermana de Joram de Israel.

19. Una lámpara: un descendiente. Dios había prometido a David darle posteridad perpetua. Véase II Reyes 7, 12-16; III Reyes 9. 4 ss.

24. Véase su horrible muerte en II Paralipómenos 21, 15 ss. Según allí vemos no fue sepultado en el sepulcro de los reyes, pero si en la ciudad de David.

25. Véase II Paralipómenos 22, 1 ss.

26. Hija: en el sentido de nieta.

2 REYES 9

8. Todos los varones: Cf. I Reyes 25, 22 y nota; III Reyes 14, 10; 16, 11; 21, 21.

13. El cambio de opinión de los capitanes se debe a la palabra del profeta. Antes, cuando no comprendían su actitud, lo consideraban como mentecato; ahora se dan cuenta que se trata de una cosa que viene de Dios. Sobre el macizo de las gradas. Vulgata: a semejanza de un tribunal. La escena tiene semejanza con la del domingo de Ramos, cuando la gente aclamara a Jesús (cf. Mateo 21, 8; Juan 12, 13).

14 s. Cf. 8, 28 s. El versículo 16 es la continuación del versículo 13.

18. ¿Es pacífica tu venida? El texto hebreo dice solamente ¿Paz?, lo cual puede significar también: ¿va todo bien?

22. Las fornicaciones: en el lenguaje bíblico: la idolatría.

25. Sentencia, literalmente carga. Así se llama en hebreo la profecía conminatoria de III Reyes 21, 21 ss.

26. Como se desprende de aquí, fueron matados también los hijos de Nabot, probablemente para que no pudieran ser vengadores del asesinato de su padre. Acab y Jezabel quisieron asegurarse en el trono, eliminando a todo posible vengador. Lo mismo hace ahora Jehú, extirpando a todo el linaje de Acab y Jezabel (cf. cap. 10).

27. Casa del huerto: tal vez nombre de una localidad, idéntica según parece con En Gannim, hoy día Dchenin.

30. Jezabel muestra cierta grandeza. Sabiendo que todo está perdido, se pinta los ojos y se adorna para morir como reina. Quizás esperaba con ello impresionar a Jehú y evitar la muerte que el profeta le había amenazado (III Reyes 21, 23).

31. Jezabel compara irónicamente a Jehú con Zambrí, que destronó a su señor y sobrevivió a su victoria siete días (III Reyes 16, 9 ss.).

34. El inexorable ejecutor de la justicia divina quiere ser generoso con la muerta, porque era hija de rey. Jezabel era hija del rey de Tiro, mujer del rey Acab de Israel, madre de Joram, rey de Israel, suegra de Joram, rey de Judá, y abuela de Ococías, rey de Judá.

2 REYES 10

2. Era costumbre de los reyes confiar la educación y alimentación de sus hijos a familias de buena condición. Jehú invita a los tutores a defenderse a sí mismos y a los hijos del rey. Con ello explora hábilmente su posición política.

10. Ha caído por tierra: dejó de cumplirse. Jehú se considera como instrumento de Dios y se empeña en mostrar que su lucha contra la casa de Acab corresponde a los vaticinios anunciados por los profetas.

11. Sus sacerdotes; o sea. sus ministros y funcionarios. Cf. II Reyes 8, 18 y nota.

13. Hermanos: en sentido más amplio: parientes.

15. Este Jonadab hombre justo, encabezaba la familia de los recabitas, descendientes de los cineos (Jueces 1, 16; Génesis 15, 19), hombres austeros que no vivían en casas sino bajo toldos, como los israelitas en el desierto, ni tomaban vino ni cultivaban campos. Eran celosos servidores del verdadero Dios y enemigos del culto de Baal. Más tarde, en tiempos de Jeremías, se retiraron ante la invasión de los caldeos y se refugiaron en Jerusalén. “Esta fui la primera cautividad que dicen haber sufrido. Porque después de haber gozado de la libertad que hay en la soledad, fueron encerrados en la ciudad como en una cárcel” (San Jerónimo a Paulino). Cf. el gran elogio de los recabitas en Jeremías capítulo 35.

19 ss. No nos corresponde juzgar la conducta de Jehú con nuestro criterio humano, pues está de por medio la voluntad de Dios, que “hace todo cuanto quiere” (Salmo 113, 11) sin someterse al juicio de nadie. El degüello de los sacerdotes de Baal, que recuerda el de Elías en el Carmelo (III Reyes 18, 19 ss.), es mencionado en el Versículo 28 como un mérito de Jehú, en contraposición a sus faltas, referidas en el Versículo 29, entre las cuales no se incluye de manera alguna la crueldad contra los sacerdotes idólatras. Los versículos 30 y 31 confirman este criterio y los versículos 15 y siguientes nos muestran la recta conciencia de Jehú en este punto, propia de quien obra movido por Dios, como lo hizo David en muchos de sus actos, que nos parecen crueles y que sin embargo Dios aprobó.

29. Los becerros de oro significaban para muchos israelitas un viejo culto tributado a Dios, por lo cual el rey que había extirpado el culto de Baal quiso tolerarlos. Obraba, además, por razones políticas, temiendo que sin esto el pueblo se volverla a la casa de David. Dios condena expresamente este acto de Jehú en el Versículo 31. Véase III Reyes 12, 25 ss.; 13, 32 ss. Cf. Jueces 18, 30 y nota.

30. Véase 15, 12.

32 s. Así se cumplió lo que Eliseo había vaticinado en 8, 12. Cf. Amós 1, 3-5. En una inscripción cuneiforme del año 742 a. C, grabada en un obelisco negro, que se conserva en el Museo Británico de Londres, aparece Jehú pagando tributo al rey Salmanasar III de Asiria.

2 REYES 11

1. Con este capítulo reanuda el escritor sagrado la historia del reino de Judá. Sobre los acontecimientos relatados en los Versículos 1-20 véase II Paralipómenos 22, 10-12; 23, 1-21. Atalía, en vez de dejar el mando, recurrió al extremo de matar a sus propios hijos y nietos. Sin embargo, la hija de Jezabel y propagandista de Baal, no pudo mantenerse en el trono. “En su frialdad calculadora se había equivocado en un punto, el haber pensado que en Jerusalén y en el reino de Judá, el nacionalismo, el yahveísmo y la justicia eran tres sentimientos ya tan muertos que debían tolerar a una reina de aquella especie” (Ricciotti, Historia de Israel, número 467).

4. Los centuriones de los carios y de la guardia real. Vulgata: los centuriones y soldados. Los carios, pueblo del Asia Menor, eran famosos soldados. Aquí parece más bien tratarse de los cereteos (cretenses), que, juntamente con los feleteos (filisteos) formaban la guardia real. De ahí que la Vulgata diga en el versículo 19 cereteos en lugar de carios. Cf. I Reyes 8, 18; III Reyes 1, 38.

6. Texto difícil. La puerta de Sur: Sur es una palabra hebrea, cuya etimología es dudosa; tal vez signifique una localidad. Contra cualquier ataque: otra traducción: por turno, alternativamente. La Vulgata la toma como nombre propio: la casa de Mesa. Muchos autores dudan de la autenticidad del versículo, porque interrumpe el contexto entre los versículos 5 y 7. Si lo dejamos aparte, el sentido es más claro. Durante la semana estaban dos grupos de las fuerzas militares en el palacio, y un grupo en el Templo. El sábado el orden era al revés. Los dos grupos del palacio hacían servicio en el Templo, y el destacamento que estaba en el Templo iba al palacio. Joiadá juntó los tres destacamentos a la hora del relevo, cuando la reina estaba sin guardias.

12. El Testimonio: el libro de la Ley, por la cual Dios hacía conocer su voluntad. Cf. Deuteronomio 17, 18.

16. La puerta de los caballos: situada en el ángulo sudeste de la explanada del Templo. Se cree que allí se hallaban las caballerizas del rey en tiempo de Salomón.

17. Joiadá, según II Paralipómenos 24, 20, padre de aquel Zacarías que fue apedreado en el atrio del Templo, se llama en Mateo 23, 35, Baraquías, que significa “Bendición de Dios”, nombre honorífico que mereció por la nueva alianza que hizo con Dios (San Jerónimo).

2 REYES 12

1. Compárese este capítulo con II Paralipómenos 24, 1-27.

2. Después se corrompió (II Paralipómenos 24, 15 ss.). Con esto se ve lo que vale el consejo y la dirección de un hombre verdaderamente sobrenatural. Si cuidamos mucho de que sea bueno el médico a quien confiamos la salud del cuerpo, ¡cuánto más este otro!

3. Habla de los sacrificios ofrecidos a Dios, que todavía se hacían en los lugares altos, fuera del Templo de Jerusalén, el cual, según la Ley, era el único lugar destinado para los sacrificios.

8. En este episodio el Espíritu Santo nos enseña a administrar debidamente las limosnas dadas para la Casa de Dios y el culto. Por haberlas empleado en propio provecho se les quita a los sacerdotes el derecho de administrarlas. Cf. I Timoteo 6, 5, donde San Pablo habla de los que piensan que la piedad es una granjería.

16. Cf. Levítico capítulos 5 y 6.

20. En Betmilló, a la bajada de Silá: Texto dudoso. Vulgata vierte: en la casa de Mello, a la bajada de Sella. Betmilló es probablemente idéntico con el baluarte “Miló” que protegía a la Ciudad de David por el lado occidental. Cf. II Reyes 5, 9 y nota.

21. Según II Paralipómenos 24, 25, Joás fue sepultado en la Ciudad de David, pero no en los sepulcros de los reyes.

2 REYES 13

4 s. En cada página de las Sagradas Escrituras podemos ver cómo la misericordia de Dios no se cansa de perdonar las ingratitudes de los suyos cuando se muestran arrepentidos. No se dice quien fue el libertador (Versículo 5). Tal vez debe atribuirse la liberación a la intervención del rey Adadnirari III de Asiria, que llevó un ataque contra Damasco y así libró a Judá de su enemigo más poderoso. Otros piensan en Jeroboam II, rey de Israel, quien humilló a los sirios. Esto no impidió que el pueblo persistiera en sus mismas maldades (cf. Eclesiástico 43, 16). Lo más triste es que así será hasta el fin de los tiempos, según puede verse en Ap. 16, 9, 11 y 21; 19, 19; 20, 7.

6. La aschera: el árbol sagrado, símbolo de Astarté. Vulgata; el bosque. Cf. III Reyes 14, 23 y nota.

14. Joás visita a Eliseo. “El rey, a pesar de la imperfección de su conducta religiosa (Versículo 11), comprendía que el santo profeta era uno de los mejores sostenes de su reino; y estaba desolado porque temía perderlo” (Fillion). ¡Paire mío!, etc.: Así llamó Eliseo a Elías en 2, 12.

17. Al oriente: contra Siria. Afee, ciudad situada en la llanura de Esdrelón (Jesreel), conocida por las batallas allí libradas contra Israel. Cf. III Reyes 20, 26 y nota.

19. Dios habla un lenguaje cuya inteligencia depende de la disposición del corazón del que lo oye. Joás no entendió que se trataba de poner a prueba su confianza, y el profeta se indigna ante su falta de fe (Scío). No otra cosa es lo que Jesús nos reprocha constantemente a todos (Mateo 6, 30; 8, 26; 14, 31; 16, 8; etc.).

20. Es ésta la última noticia que tenemos de la vida del gran profeta de Israel. Eliseo es figura de Jesucristo en la multiplicación de los panes, en la curación de Naamán el leproso, y particularmente por la resurrección del hijo de la sunamita, y esta otra resurrección que aquí se narra. En su heroica lucha por los derechos de Dios, Eliseo es además, modelo de los sacerdotes de la nueva Alianza. Su elogio se hace en Eclesiástico 48, 13 ss.

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1 ss. Cf. II Paralipómenos 25, 1-28; 26, 1 ss.

6. Véase Deuteronomio 24, 16. Tal es la ley para los hombres. En cuanto a Dios, véase Éxodo 20, 5 y Catecismo Romano, Parte III, capítulos 2, 35 y 36.

7. El valle de las Salinas (cf. II Reyes 8, 13) se halla al sur del mar Muerto. La ciudad de Petra, en hebreo Seta, situada al sur del mar Muerto, entre éste y el golfo de Acaba, era capital de los idumeos, y más tarde de los nabateos.

9. Amasías aspira a reconquistar las diez tribus, perdidas en otro tiempo por Roboam. El rey de Israel le contesta orgullosamente con una fábula que recuerda la de Joatam (Jueces 9, 7ss.).

13. La puerta de Efraím estaba en el lado norte de la muralla; la puerta de la Esquina, en el ángulo noroeste.

19. Laquís, al sudoeste de Jerusalén, hoy Tell el-Hesy. Ha adquirido gran notoriedad por las recientes excavaciones. Cf. Josué 10, 3. Allí acampó Senaquerib en su expedición contra Jerusalén (18, 14).

21. Azarías lleva en II Paralipómenos 26, 1, el nombre de Ocias.

22. Elat: situada en la costa septentrional del golfo de Acaba (golfo elanítico) del Mar Rojo.

25. Hamat o Emat, hoy día Hama, la ciudad más importante de Celesiria. Mar del Arabá: Vulgata: Mar del desierto: Mar Muerto.

26. “Bella reflexión, del narrador, idéntica a las de 13, 4-5 y 23; muestra cómo estos grandes triunfos de Jeroboam son obra de la misericordiosa bondad de Dios para con su pueblo” (Fillion).

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5. Se narra en II Paralipómenos 26, que el rey pretendió usurpar la dignidad de Sumo Sacerdote, ofreciendo él mismo el incienso en el Santuario, y cuando los sacerdotes se le opusieron, los amenazó con el incensario, por lo cual Dios le castigó con la lepra. La lepra se consideraba comúnmente como un castigo de Dios. En una casa aislada; literalmente: en una casa de libertad. “Es quizás un eufemismo, o tal vez haya de entenderse «exento de los cuidados del cargo de rey», como otros quieren. Es así llamada porque los enfermos que la ocupaban, como separados del mundo, se consideraban exentos de deberes para con la sociedad” (Bover-Cantera).

7. Según II Paralipómenos 26, 23. Azarías, por ser leproso, no fue sepultado en los sepulcros de los reyes, sino en un campo situado cerca de los mismos.

12. Se refiere a la profecía de Elíseo (10, 30).

18. Que había hecho pecar a Israel: Este reproche, repetido muchas veces contra la idolatría de Jeroboam (III Reyes 12, 25 ss.), nos hace ver el amor inmenso y lleno de celos que Dios tiene a su pueblo. De ahí que Él llame a la idolatría fornicación y adulterio (cf. Jeremías 3). Vemos también cuan espantoso es el pecado de escándalo, según lo confirmó Jesús en Mateo 18, 6.

19. Ful es nombre babilónico del rey asirio Teglatfalasar III, uno de los elegidos por Dios para humillar la soberbia de Israel. Véase capítulo 17. En una inscripción cuneiforme aparece entre los príncipes tributarios de Ful, también Manahén de Israel.

29. Como se ve, caen grandes partes del norte de Israel en poder de los asirios, entre ellas también la tribu de Neftalí, a la que pertenecía Tobías (Tobías 1, 1 s.). La caída de Samaría se consuma en 17, 6 por obra de Salmanasar y Sargón.

33 ss. Cf. II Paralipómenos 27, 1-9.

35. La puerta superior. Vulgata: la puerta más alta, o sea, la puerta que separaba el atrio de los sacerdotes del exterior septentrional.

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1. Un relato paralelo a este capítulo se encuentra en II Paralipómenos 28, 1-27.

3. Hacer pasar a un hijo por el fuego significaba inmolarlo al dios Moloc, ídolo de los ammonitas. Por regla general se mataba al niño antes de quemarlo. Los talmudistas hablan de una estatua ardiente, en cuyos brazos se colocaban vivos los niños. La estatua se levantaba en el valle de los hijos de Hinnom (Hebreo: Ge-Hinnom), valle que limita a Jerusalén por el sudeste. Más tarde los judíos emplearon el nombre del valle, cambiándolo en gehenna, nombre del infierno en los libros del Nuevo Testamento. Cf. 3, 27; Levítico 18, 21; Deuteronomio 12, 31; Jueces 11, 35 y notas. En Jeremías 19, 5, Dios manifiesta su indignación contra tales monstruosidades cometidas so capa de piedad.

5. Véase Isaías 7, 1 y 7, 10 ss., donde se revela al perverso Acaz el misterio de la maternidad virginal de la madre del Mesías.

6. Judíos. Se refiere a los del reino de Judá. Sale aquí por primera vez el nombre “judío” en la Sagrada Escritura.

7. Envió mensajeros a Teglatfalasar, etc.: Así se explican las palabras que el rey dirigiera al profeta Isaías, y la respuesta de éste (Isaías 7, 13 ss.).

9. Kir (Vulgata: Cirene), región situada entre Babilonia y la Media. La caída de Siria en poder de los asirios, que se halla narrada por el mismo Teglatfalasar en una inscripción cuneiforme, sigue a la caída parcial de Israel (15, 29) y precede a su caída definitiva.

10. Ese altar que Acaz vio en Damasco, fue probablemente un altar que los conquistadores asirios habían erigido en honor de uno de sus dioses. Para Acaz se trataba de ganar la amistad del rey de Asiria, y no la de Damasco.

15. El altar grande: el altar nuevo hecho según el modelo del de Damasco. El altar de bronce, es decir, el altar auténtico, estará “a disposición” del rey, para ser colocado en un rincón o utilizado como material viejo. En adelante este altar no aparece más.

16. Insiste el autor sagrado en esa obediencia ya señalada, para destacar más la vileza de ese sacerdote que por agradar al rey se burla de Dios. ¡Cuán espantosa es su responsabilidad! Cf. el contraste con la sublime conducta de Aquimelec frente a Saúl (I Reyes 22, 14 ss.).

18. El pórtico del sábado. Así Crampón. Vulgata: el Musac; Bover-Cantera: el paseo cubierto del sábado. Sentido oscuro. Se trata al parecer de un pórtico, en el que el rey solía asistir a las ceremonias de la celebración del sábado. (Véase Ezequiel 46, 1).

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3. Salmanasar V, que en 727 sucedió a Teglatfalasar III.

4. Sua es el rey Save o Schebak de Egipto que subió al trono en 722 a. C.

6. Los críticos racionalistas sostienen que la caída de Samaría no debe considerarse como un castigo, sino como consecuencia del contacto con los poderosos reinos vecinos. Acusan al autor sagrado de haber escrito con prejuicio, prefiriendo el reino de Judá al de Israel. “Esta apreciación de los racionalistas no tiene en cuenta los hechos históricos y desconoce el carácter de la historiografía sagrada, la cual, haciendo caso omiso del desarrollo de la historia profana, investiga en la del pueblo escogido las leyes divinas que rigen el mundo” (Schuster-Holzammer). Importa mucho hacerse una idea clara de la caída de Samaría. Las diez tribus del reino de Israel caen en el cautiverio de Asiria, para nunca más volver a su tierra (Versículo 23), permaneciendo hasta hoy en la dispersión (diáspora), a diferencia de la tribu de Judá, que fue llevada cautiva a Babilonia (capítulos 24 y 25) para volver al cabo de 70 años y reconstruir a Jerusalén, según se narra en los dos libros de Esdras y Nehemías. Estos datos históricos sirven para comprender las profecías, v. gr. el capítulo 3 de Jeremías, donde Dios distingue las dos familias de Judá e Israel y finalmente anuncia el regreso de ambas unidas. Véase sobre este hecho y su cumplimiento nuestro artículo “El problema judío a la luz de la Sagrada Escritura” (Revista Bíblica 1949, pág. 99-106). La fecha de la caída de Samaría y del reino de Israel es el año 722 a. C. Habor es un afluente del Éufrates; Halah y Gozan es la zona atravesada por el río Habor. Los medos vivían en la parte norte de la Persia.

9 s. Lugares altos: lugares de culto donde se ofrecían sacrificios a Baal y a Astarté. Baal estaba representado por columnas de piedra (massebas) y Astarté por árboles o ramas de árboles (ascheras). Cf. III Reyes 14, 23; 15, 13; 16, 33.

12. Ídolos, literalmente: inmundicias, nombre bíblico de los falsos dioses. El autor sagrado termina la historia del reino de Israel afirmando que su caída fue originada por la apostasía del culto del verdadero Dios. Debe leerse con suma atención todo este admirable capítulo, que es una síntesis de la filosofía de la historia de Israel. La hora de Judá no tardaría en sonar (21, 12-13).

13. Los profetas que predicaron en el reino de Israel fueron: Ahías (III Reyes 14, 2), Jehú (16, 1), Elías, Miqueas (22, 8), Elíseo, Jonás (IV Reyes 14, 25), Obed ((II Paralipómenos 28, 9), Oseas y otros.

16. La milicia del cielo: los astros.

17. Cf. 16, 3; Levítico 18, 21; Deuteronomio 12, 31; 18, 10; Jeremías 19, 5.

23. Cuando se escribieron los libros de los Reyes, las diez tribus del reino de Israel no habían vuelto del cautiverio, ni volvieron después.

24. Colonos gentiles provenientes de regiones situadas en Mesopotamia y Siria. Sefarvaim: tal vez idéntica con la ciudad babilónica de Sippar. “Era esto un verdadero trasiego de pueblos. De estos pueblos orientales y los pocos israelitas que habían quedado en la patria salió luego la nación samaritana” (Nácar-Colunga).

26. Notable confesión de parte de esos paganos. Véase III Reyes 5, 7 y lo que Jesús dice del centurión romano (Mateo 8, 10). “Entre esta mezcla de razas tuvo lugar un hecho muy normal dentro de la mentalidad oriental. Estando vigente el principio de que cada región tenía su Dios local, su numen loci, estas poblaciones, extrañas y ajenas entre sí, acabaron por venerar —pues estaban en Samaría— al Dios de Samaría, esto es, a Yahvé” (Ricciotti, Historia de Israel, núm. 457).

28. El sacerdote instructor habría estado, según Fillion, al servicio del becerro de oro erigido allí por Jeroboam (III Reyes 12, 29). De ahí el desastroso resultado de su predicación y la de los sacerdotes del Versículo 32, elegidos entre los hombres más viles.

29. Como se ve, se hizo en Samaría una mezcla de cultos; por un lado se adoraba al Señor; por el otro fueron introducidos ídolos y cultos paganos de toda clase, de manera que el Dios de Israel era considerado como uno de los muchos dioses, cuyo culto se practicaba en el país, aunque perdieron poco a poco su influencia los dioses ajenos, llegando a predominar una especie de culto de Yahvé. Los samaritanos erigieron en el monte Garizim. por mano de Sanbalat, gran enemigo de los judíos, un templo semejante al de Jerusalén, donde instituyeron el culto de Yahvé. En tiempos de Cristo ya no eran del todo paganos, sino más bien cismáticos (Juan 4). Sin embargo, su origen .medio pagano, que aquí vemos, explica la prevención que sobre ellos tenían los judíos. Véase la instrucción que Jesús da a la samaritana en Juan 4, 22.

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4. Sobre los lugares altos, piedras de culto y ascheras véase 17, 9 s. y nota. Hemos visto que ni siquiera los mejores reyes (cf. III Reyes 3, 3; 22, 44 y notas) se atrevieron a destruir los lugares altos, porque en ellos se daba también culto a Yahvé. Destruyeron solamente las piedras de culto (massebas) y las ascheras. Ezequías es el primero que hace una purificación total del país. Nohestán significa “bronce”. Así llamaba el pueblo a aquella serpiente de bronce que trajo la salvación a los israelitas en el desierto (cf. Números 21, 6 ss.). Con el tiempo el pueblo idólatra adoraba esa reliquia, por lo cual el rey manda destruirla. La serpiente de bronce nada tiene que ver con la creencia de otros pueblos en el poder curativo de la serpiente. Una tal creencia es extraña a la tradición bíblica. Si la serpiente en el desierto salvó a los israelitas, fue por la fe en Dios, quien es el único que puede salvar. En este sentido alude Jesucristo ante Nicodemo a la significación típica de la serpiente levantada en el desierto (Juan 3, 14). Cf. Números 21, 8 a. y nota.

9 ss. Es un resumen del capítulo precedente.

13. Cf. II Paralipómenos 32, 1 ss. La invasión de Senaquerib tuvo lugar alrededor del año 700 a. C.

14. Laquís, a sólo 60 kilómetros al sudoeste de Jerusalén.

17. Tartán, Rabsarís y Rabsacés no son nombres propios, sino títulos de dignatarios. Tartán significa “jefe del ejercito”; Rabsarís, jefe de los príncipes; Rabsacés, jefe de los coperos. El acueducto es un canal subterráneo de 512 metros, que llevaba las aguas de la fuente de Gihón (hoy fuente de la Virgen) a la piscina de Siloé. Ese es el lugar en que Isaías tuvo su célebre encuentro con el rey Acaz (Isaías 7, 3). Fue explorado en los años 1909-1911 y dio muy importantes resultados arqueológicos.

21. Egipto no estaba en condiciones de socorrer a Ezequías, porque toda la parte meridional de Judá hasta la frontera con Egipto, estaba ya en poder de los asirios. Isaías proclamaba incesantemente cuan vano era esperar en Egipto (Isaías 20, 1-5; 30, 1-8; 31, 1-4).

22. El pagano cree que Dios estaría indignado por la destrucción de esos altares, cuando es todo lo contrario. El gran triunfo que Dios va a dar a Ezequías se debe sólo a su inquebrantable fe en Dios.

25. Rabsacés habla, más que a los embajadores, al pueblo que está sobre la muralla. De ahí que mencione el nombre de Yahvé e invoque una seudo profecía. Los representantes de Exequias reconocen el efecto fatal de las palabras de Rabsacés en el pueblo hambriento, por lo cual le piden que se sirva del idioma arameo que el pueblo no entendía (Versículo 26). El arameo o siríaco era entonces la lengua diplomática del Oriente.

34. Se refiere a ciudades y regiones conquistadas por los asirios, que habían deportado a sus habitantes a otros países. La política de los reyes consistió en desarraigar a los pueblos vencidos y mezclarlos con otros. De esta manera esperaban crear una nación grande y fuerte. Lo mismo hicieron con las religiones y dioses vencidos. Sin embargo decayó su poderío como el de los otros pueblos. Léase el capítulo 10 de Isaías, donde el profeta pinta el orgullo del rey de Asiria que dijo: “Reuní bajo mi poder toda la tierra, y no hubo quien moviese un ala, ni abriese el pico ni piase” (Isaías 10, 14).

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1 ss. Véase II Paralipómenos 32, 16 ss.

2. Es la primera vez que aparece el profeta Isaías en los Libros de los Reyes, si bien había actuado ya bajo los tres reyes anteriores (Isaías 1,1) y también durante el reinado de Ezequías, quien desgraciadamente desoía los consejos políticos que le daba el profeta. De ahí que se retirara por un tiempo del rey, el cual seguía su política equivocada, anti-asiria y pro-egipcia, hasta que el rey de Asiria llegó a las puertas de Jerusalén, y la alianza con Egipto resultó una funesta desilusión (cf. Isaías 30, 1-3 y 7). “Pero el alma de Isaías era demasiado grande para dejarse dominar de sentimientos mezquinos. Olvidando las injurias, y no mirando a los pasados desdenes, se adelanta magnánimo; y cuando todos tiemblan, él solo se mantiene sereno; y cuando monarca, políticos y cortesanos se empequeñecen y andan confusos sin saber qué partido tomar, surge entonces gigante la excelsa figura de Isaías” (Fernández, Flor. Bíblica II, p. 32).

3. Locución proverbial, que señala la gravedad de la situación.

4. Al Dios vivo: Cf. Génesis 16, 14 y nota. El resto que aún queda: Los demás fueron llevados cautivos en la primera invasión (18, 13). A ésta se refiere la inscripción que citaremos más adelante (nota al Versículo 14).

7. Alusión a noticias que recibió el rey de Asiria y las cuales le obligarán a volver a su país.

9. Tarhaca, rey de la 25ª. dinastía egipcia, llamada de Etiopía. Fue más tarde vencido por Asarhaddón, rey de Asiria.

14. La extendió: como para ostentarle el insulto que estaba dirigido a Él (Versículo 16). Pronto veremos el resultado de las blasfemias del rey asirio y de la oración de Exequías. Ezequías muestra que la Ciudad Santa estaba en sumo peligro. En una inscripción cuneiforme descubierta recientemente (el prisma hexágono de Taylor), se jacta el rey Senaquerib: “De Ezequías, el judío, sitié y conquisté 46 ciudades fuertes e innumerables ciudades pequeñas. Tomé como botín 200.150 personas, hombres y mujeres, viejos y jóvenes; al rey (Ezequías) le encerré como a pájaro en jaula, en su residencia de Jerusalén.” Ezequías habla perdido virtualmente todo su país menos la ciudad de Jerusalén (cf. 18, 13).

21. Hija de Sion: Jerusalén.

23. Así habla el asirio también en Isaías 10, 13 s. Cf. Isaías 14, 13 a.; Ezequiel 28, 2 ss.; 31, 2 ss. En sus mis amenos bosques: literalmente: en el bosque de su Carmelo. Carmelo es aquí apelativo y no nombre de la montaña.

24. Los ríos de Egipto. Vulgata: las aguas encerradas.

25. El profeta anuncia el cumplimiento de los divinos designios respecto de Senaquerib. Ha llegado el momento de ejecutarlos, para mostrar a los oprimidos que en el cielo vive un vengador.

29. Te sirva de señal: Para probar la fe de Ezequías, Dios le da una señal futura. Hay casos semejantes en la Escritura, por ej. Éxodo 3, 12; Isaías 7, 14 ss.

35. ¡185.000 muertos! “Tal fue el éxito de aquella lucha, de aquel pugilato entre la potencia del imperio asirio, con sus tropas aguerridas, con sus formidables instrumentes de guerra, y el reino de Judá débil y casi indefenso, pero amparado y protegido por el Señor de los ejércitos, presente en el monte santo de Sión” (Fernández. Flor, Bíblico II; p. 42). El ejército de Senaquerib queda aniquilado por un portentoso milagro. Claramente queda establecido que fue obra del Ángel del Señor, Ángel exterminador como el que destruyó en una noche a los primogénitos de Egipto (Éxodo 12, 12), y a los mismos israelitas a raíz del censo de David (II Reyes 24, 15-19) (Fillion). Véase Eclesiástico 48, 24. El historiador griego Herodoto habla de una plaga de ratones que habría obligado a Senaquerib a levantar el sitio. Podría esto referirse a una peste con que Dios habría castigado a los asirios, porque ya los antiguos consideraban a los ratones como causa de la propagación de la peste. Cf. I Reyes 5 y 6.

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1 ss. Véase II Paralipómenos 32, 24 ss.

2. La tristeza del rey se explica porque tenía entonces 40 años y no le había nacido aún heredero.

5. Te sanaré. Vulgata: te he sanado: ¡Cuánta confianza y consuelo debe darnos este pasaje, que nos describe el corazón del Padre celestial para con los enfermos! Apenas había Ezequías presentado su ruego, e inmediatamente muestra Dios prisa por escucharla y sanarlo. Así obraba siempre Jesús, cuyo corazón es una imagen perfecta del Corazón del Padre. El Espíritu Santo nos mueve a imitar la fe de este enfermo para obtener la salud. Cf. Eclesiástico 38, 9; Santiago 5, 14; Salmo 102, 3. Nótese el contraste con la conducta del rey Asá, quien en su enfermedad no recurrió al Señor (II Paralipómenos 16, 12). En Isaías 38, 9-20 tenemos el admirable cántico de agradecimiento por esta curación.

7. Si bien se usaban los higos para curar úlceras, sin embargo se trata aquí de una curación milagrosa porque se realizó de repente. La aplicación de higos era más bien un acto simbólico.

11. La realidad de este milagro se afirma en Eclesiástico 48, 26 e Isaías 38, 8. San Ambrosio dice: “Este retroceso del sol miraba la persona del Mesías, que como sol de justicia da luz a los del Antiguo y Nuevo Testamento.”

13. El mensaje de Berodac Baladán de Babilonia tuvo por principal objeto ganar a Ezequías para una conjuración contra el enemigo común: los asirios. Berodac Baladán se levantó varias veces para sacudir el yugo de los asirios, pero sin resultado. En vez de Berodac-Baladán ha de leerse Merodac Baladán.

14. Dios reprende al rey por su ostentación para con los paganos (II Paralipómenos 32, 25-26), a los cuales Ezequías había mostrado todos los recursos utilizables para la guerra.

17. “Oráculo maravilloso, no solamente porque menciona por primera vez el nombre del lugar del cautiverio de los judíos, sino sobre todo porque en aquella época Babilonia no era más que un simple vasallo de Nínive y, humanamente hablando, nadie podía prever su victoria y predominio. Tanto más milagroso resulta el cumplimiento de la profecía, que se aplica sobre todo a la ruina de Jerusalén (24, 12 ss.; 25, 7; Daniel 1, 3, etc.).

19. La humildad del rey (cf. Daniel 3, 31) aplaca a Dios como en el caso de Salomón (III Reyes 11, 12) y de Josías (II Paralipómenos 34, 28).

20. Sobre el acueducto véase 18, 17 y nota.

21. Véase el elogio que el Eclesiástico tributa a Ezequías (Eclesiástico 48, 19 ss.).

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1 ss. Véase II Paralipómenos 33, 1 ss. Sobre el culto idolátrico mencionado en estos versículos véase 17, 9 s.; 18, 4; Éxodo 20, 4; Levítico 18, 21; Deuteronomio 16, 21; III Reyes 14, 23, etc., y notas. En estas circunstancias tuvo que hundirse la religión y el culto de Yahvé. “Y se hundió de hecho bajo Manasés, hijo y sucesor de Ezequías. Jamás hubo en el pueblo hebreo un contraste más estridente entre dos monarcas sucesivos que el que hubo entre Ezequías y Manasés. Era un niño de doce años cuando fue rey, y se preocupaba más de sus juguetes y diversiones que del Yahveísmo o Antiyahveísmo. Si después de esto su reinado se inspiró en el Antiyahveísmo más rabioso y en el sincretismo más desenfrenado, la responsabilidad inicial pertenece a sus familiares, preceptores y ministros de los que Manasés fue el hijo espiritual” (Ricciotti, Historia de Israel, número 500).

12. Véase Catecismo Romano III, capítulo 2, 35 s. Este anuncio terrible recuerda el de Jesús sobre la destrucción de Jerusalén por los romanos (Mateo 24, 21 s.), y los vaticinios del Señor sobre los horrores de los tiempos que precederán a su Parusía o segunda venida; tiempos en que apenas habrá fe en la tierra (Lucas 18, 8), y que tanto se parecen a los actuales. Cf. II Tesalonicenses 2, 3 ss.; II Timoteo 3, 1-5; 1 Juan 2, 18 y notas.

13. Imágenes, que quieren decir: Jerusalén será destruida de la misma manera que Samaría (cf. 23, 27). Véase Lamentaciones 2, 8; Amós 7, 7 ss.

16. Se cree que el impío rey mató, entre otros, también al profeta Isaías, aserrándolo con un serrucho de madera. Cf. Hebreos 11, 37. En II Paralipómenos 33, 12 leemos la conversión de este rey perverso, lo cual da ocasión a San Cirilo de Jerusalén para destacar la eficacia del arrepentimiento (Catequesis II).

18. Según II Paralipómenos 33, 11 ss. y fuentes asirias. Manasés fue conducido prisionero a Babilonia, donde se convirtió e hizo penitencia. Vuelto a Judá combatió la idolatría. La oración del rey convertido te encuentra entre los Apéndices de la Vulgata, si bien no forma parte de los libros canónicos de la Biblia según el Concilio de Trento.

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2. También aquí llama la atención el contraste entre padre e hijo (cf. 21, 1 ss. y nota). Del santo Ezequías nace el monstruo Manasés, quien a su vez engendra al pésimo Amón, quien fue padre del piadoso Josías. En todo esto se ve que la piedad no es un mueble de familia, que se transmite de una generación a otra. Hay que educar a cada generación de nuevo.

8. Los racionalistas sospechan que hubo un fraude por parte del Sumo Sacerdote quien, según ellos, habría compuesto el mismo el libro. Suposición absurda. Como se ve, encuentra el rey en el libro los capítulos sobre las sanciones divinas (cf. Levítico capítulo 26; Deuteronomio capítulo 28) y cumple en adelante con los preceptos de la Ley (cap. 23). Por precaución consulta a la profetisa Huida, que confirma las profecías que Isaías anunciara en un caso semejante (20, 17). En II Paralipómenos 34, 14 se agrega, “el libro de la Ley del Señor por mano de Moisés”. Por eso los exégetas católicos ven, en ese “Libro de la Ley”, el Deuteronomio (cf. Deuteronomio 17, 18 ss.) o todo el Pentateuco, es decir, el ejemplar que, según Deuteronomio 31, 26, había de ser guardado junto al Arca de la Alianza y que, según parece se perdió en tiempos del impío rey Manasés.

14. La profetisa Huida: Había profetisas en Israel. La más célebre fue Débora (Jueces 4, 4). Profetisas fueron asimismo María, hermana de Moisés (Éxodo 15, 20), y en tiempos de Isaías su misma mujer (Isaías 8, 8). En el Nuevo Testamento aparece una sola profetisa, Ana (Lucas 2, 36). En el segundo barrio de Jerusalén: Vulgata: en Jerusalén en la Segunda. Nácar-Colunga: en el otro barrio de la ciudad. Como se ve, la ciudad estaba dividida en distritos. Cf. Nehemías 3, 9 y 12.

2 REYES 23

1. Véase II Paralipómenos 34, 29 ss. Apenas hallado el tesoro de la divina Palabra, se apresura el santo rey a hacer que ésta sea leída a todo el pueblo, sin excluir a los menores (cf. Lucas 10, 21). De aquí vino la inmensa obra de saneamiento espiritual hecha por Josías (Versículo 24). Lo mismo se hizo en tiempos de Esdras (cf. Nehemías 8), en que se leía en el Libro de la Ley hasta 4 veces por día (ibíd. 9, 3). Véase también el capítulo 36 de Jeremías, sobre la lectura de la palabra de Dios ante el pueblo (Versículo 6-7), y la persecución del impío rey Joaquim que rompió el libro y lo quemó (Versículo 23 y 27). El Concilio de Trento, sesión 5, con fecha 17 de junio de 1546, ordenó que sea explicada al pueblo cristiano la Sagrada Escritura, a fin de que no quede abandonado ese tesoro celestial de los sagrados libros que el Espíritu Santo entregó a los hombres con suma liberalidad (Enchiridium Bíblicum 50-57).

4. Aschera, o sea, Astarté, diosa de la fecundidad. Véase III Reyes 15, 13 y nota. El ejército del cielo: los astros. Cf. Éxodo 20, 4. Betel era la ciudad profanada por el becerro de oro y otras abominaciones; lugar adecuado para las cenizas de los ídolos.

5. Los signos del zodiaco. Vulgata: los doce signos.

6. Sobre los sepulcros de la plebe; como signo de desprecio. En el antiguo Oriente cualquier persona honesta tenía su sepulcro en su propio campo. Solamente los muy pobres eran sepultados en un cementerio común, el cual era tenido por impuro.

7. Prostitutos: Vulgata: afeminados. Otros traducen: hieródulos, perros. Véase Deuteronomio 23, 17 s.; III Reyes 14, 24 y nota. Pabellones: Algunos vierten: mantos, velos, túnicas. Vaccari sospecha que había alguna relación entre estos “pabellones” y la prostitución cultual.

8. Sátiros (Vulgata: las puertas), en hebreo Seirim (cf. Levítico 17, 7 y nota), que según creencia popular tenían figura de machos cabríos, y vivían en el desierto. Desde Gabaá: Antes del, cisma de las diez tribus se decía: de Dan a Bersabee. Gabaá estaba a pocos kilómetros al norte de Jerusalén.

10. Tófet: un lugar inmundo en el valle de los hijos de Hinnom o Ge-Hinnom (gehenna), al sur de Jerusalén, donde estaba la estatua de Moloc. Cf. 16, 3 s.; Levítico 18, 21; Josué 15, 8; Mateo 5, 22 y notas.

11. Parvarim o Parvarim. Vulgata: Pharurim. Crampón: las dependencias. Eran los edificios anexos al Templo (cf. I Paralipómenos 26, 18). El culto del sol era especialidad de los asirios y babilonios. “El dios sol, según creencia de los antiguos, es llevado sobre un coche sobre el cielo. Tal vez se trate de exvotos de metal. Con todo no sería extraño que se tratase de verdaderos caballos, que fuesen mantenidos en la proximidad del Templo. En este caso estarían destinados a tirar el coche del sol en las procesiones” (Landersdorfer).

13. Al sur del monte de la Perdición. Vulgata: al lado derecho del monte del Escándalo, situado al sur del monte de los Olivos. Allí estaban los templetes que Salomón había erigido para sus mujeres paganas. Cf. III Reyes 11, 7. De ahí su nombre, que se ha conservado hasta hoy.

16 ss. Véase III Reyes 13, 1-32, donde se anunciaron estos sucesos, unos 300 años antes del nacimiento del rey Josías.

19. No obstante haber sido conquistada Samaría por los asirios (capítulo 17) cuyo reino ahora estaba en decadencia.

21 ss. Véase más detalles en II Paralipómenos 35, 1-19.

24. Terafim, dioses tutelares, semejantes a los que en Roma se llamaban “lares” y “penates”. Cf. Génesis 31, 9 y nota. Abominaciones: significa lo mismo que ídolos. Como se ve, toda esta purificación del culto se debe a la lectura del libro sagrado.

29. Megiddó, ciudad que dominaba la llanura de Esdrelón (Jesreel). Era un punto estratégico de primer orden y campo clásico de batallas. Allí Tutmosis III de Egipto (siglo XV a. C.) logró triunfar sobre una confederación de pueblos asiáticos, y en tiempos de los Jueces derrotaron los israelitas en ese mismo lugar a Jabín y Sisara. Necao pasaba por el territorio de Palestina para ayudar a sus aliados, los asirios, y Josías intentaba prohibírselo. El Apocalipsis localiza en la montaña de Megiddó (en hebreo Armagedón) la gran batalla contra el Anticristo (cf. Apocalipsis 16, 16 y nota).

30. Véase el magnífico elogio de Josías en Eclesiástico 49, 1 ss. “Jeremías que compuso una lamentación a la muerte del rey (II Paralipómenos 35, 25), dedicó también una endecha a la derrota de los egipcios en Carquemís (Jeremías 46). Pero derrotado y todo por los caldeos, Necao volvió por Jerusalén, se llevó cautivo al rey Joacaz, que el pueblo se había dado, y puso en el trono a Joakim, a quien cambió el nombre en señal de soberanía sobre él” (Nácar-Colunga). Cf. 24, 17.

36. Véase II Paralipómenos 36, 4-8.

2 REYES 24

1. Nabucodonosor, rey de Babilonia, destruyó en 606 a. C. el reino de los asirios, ocupó después toda la Siria, y triunfó sobre Necao, rey de Egipto, en Carquemís (cf. 23, 30 y nota). De Jerusalén llevó Nabucodonosor muchos cautivos, entre ellos al profeta Daniel.

2. Se acerca el fin para el pequeño reino de Judá que se había atrevido a meterse en la política internacional, en vez de confiar en su único protector. Cf. Jeremías 27, 6. Dios se vale de los paganos para castigar a su pueblo escogido.

6. Joaquín, llamado Jeconías (Mateo 1, 11).

8. Véase II Paralipómenos 36, 9-10.

11. Este asedio de Jerusalén tuvo lugar el año 598 a. C. y terminó con la segunda deportación de judíos a Babilonia, entre los cuales se hallaba- el profeta Ezequiel.

14. Artesanos y herreros: Cf. I Reyes 13, 19 y nota.

15. Cf. Ester 2, 6 y 11, 4.

16. El rey recobró la libertad después de 37 años de cautividad (véase 25, 27).

17. La figura de Sedecías, el último rey está bien retratada en el Libro de Jeremías. “Como hombre era un cerebro mediocre y un espíritu adocenado, sin grandes prendas y sin grandes defectos, y parece que hasta la edad de veintiún años cuando se halló colocado en el trono, se mantuvo discreta y oportunamente alejado de la vida pública. Después ya en el trono, pensó con el cerebro de otros, decidió con el criterio de los demás, quiso su ruina y la de su reino en vista de los errores de otros. Los más numerosos, o por lo menos los que chillaban con más fuerza, acababan por atraérselo; les seguía, pero volvía atrás por un miedo constante de ir por mal camino, y buscaba otro diverso” (Ricciotti, Historia de Israel, número 53l).

2 REYES 25

1. Para sacudir el yugo de los babilonios Sedecías se levantó confiando en la ayuda del rey de Egipto, y sin hacer caso del consejo del profeta Jeremías, el cual le había profetizado la caída (Jeremías 37, 2).

3. Cf. Lamentaciones 4, 10; Baruc 2, 3; Ezequiel 5, 10. Según Jeremías 39, 2 y 52, 6 ese mes era el 4° del año 587.

4. Entre los dos muros; esto es, en la parte sudeste de la ciudad, cerca de la piscina de Siloé.

6. Rebla (o Riblá); Vulgata: Reblata, ciudad de Siria, donde Nabucodonosor tuvo su cuartel general durante la expedición contra Jerusalén. Desde Moisés estaba anunciado este castigo (Deuteronomio 28, 36) “por no haber servido al Señor”.

8 ss. Los episodios de la caída de Jerusalén figuran ampliamente en Jeremías, capítulos 39, 40 y 52. ¡A esto quedó reducida la predilecta de Dios, donde Él había puesto sus delicias y su único Templo! Peor aún fue la destrucción de Jerusalén por los romanos el año 70 d. C, a causa de no haber aceptado el Evangelio. Entonces empezó la desolación de Israel, que dura hasta hoy (Mateo 24, 2 ss.; Lucas 21, 24; Miqueas 3, 12; Oseas 3, 4), en espera de los tiempos que le anunció San Pablo (Romanos 11) y los Profetas (Oseas 3, 5; Isaías 27, 9-13; 54, 6; Jeremías 23, 6; 30, 3-24; 31, 10; 50, 4).

13. El mar de bronce, o sea, el gran recipiente de agua. Sobre los objetos aquí mencionados, véase III Reyes 7, 15 ss.

17. Según II Macabeos 2, 4 ss. el profeta Jeremías llevó el Tabernáculo y el Arca a una cueva del monte Nebo, para esconderlos hasta que Dios se compadeciese del pueblo judío y lo congregase de nuevo.

21. Jeremías había anunciado que este cautiverio duraría 70 años (Jeremías 25, 3-11).

22 ss. Véase Jeremías capítulos 40-42.

27 ss. Según una antigua tradición rabínica Evilmerodac, estuvo en la cárcel por orden de su padre; y allí hizo amistad con Joaquín. Sea de ello como quiera, Dios conservó este vástago de David y su descendencia (Salatiel, etc.) a quienes conocemos como antepasados de Jesucristo según la genealogía legal de Mateo (1, 12 ss.).