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INTRODUCCIÓN
Los Libros III y IV de los Reyes que en algunas versiones se llaman libros I y II de los Reyes (porque los dos libros que preceden se llaman a veces libros de Samuel), han de considerarse como continuación de esos dos libros históricos a los cuales se agregan.
Empiezan con el advenimiento de Salomón al trono y cierran con la caída del reino de Judá, abarcando, por consiguiente, más de cuatro siglos (X-VI a. C.).
El primero, a saber el Libro III (3°) de los Reyes, trae en su primera parte la historia de Salomón (Capítulo 1-11), en la segunda la de los reinos de Judá e Israel hasta el rey Ococías de Israel (Capítulo 12-22).
El Libro IV describe la historia de los dos reinos hasta la destrucción de Samaría y del reino de Israel (Capítulo 1-17), refiriendo luego los acontecimientos que siguieran en Judá, hasta el cautiverio babilónico.
No es el objeto de estos libros ofrecernos una historia exclusivamente política. Lo que el autor quiere mostrar es cómo los reyes observaron o no las normas de la Ley y de qué manera Dios cumplió sus promesas y amenazas. A la posición que toma cada rey respecto de la Ley, corresponde su suerte personal y la de su reino. Aquel rey es grande, que cumple la Ley, aquél es pequeño e impío, que la descuida. Éste es el esquema según el cual cada rey es juzgado.
El autor debe haber sido uno de los profetas. Según la tradición judía fue Jeremías, con lo cual coinciden algunos ilustres exégetas modernos. En todo caso, ha de reconocerse el parentesco de estilo entre el libro de Jeremías y estos dos de los Reyes.
El tiempo de la composición de los dos libros ha de fijarse entre el año 562 y el año 538 a. C. Pues el autor menciona la liberación del rey Jeconías acaecida el año 562, pero no el fin del cautiverio (año 538).
El autor ha tenido a su disposición fuentes escritas, los anales de los reyes de Judá, citados por él 15 veces, y los anales de los reyes de Israel citados 11 veces. De estas fuentes ha entresacado lo que creía conveniente para su objeto.
Un problema para los exégetas es la cronología de los dos libros. Consiste ella en indicar la edad del rey que sube al trono y la duración de su reinado, y, además, su sincronización con el reinado del rey contemporáneo de Israel o de Judá, respectivamente. Pero si se suman los años de los reyes de Judá con los del reino de Israel desde el cisma hasta el cautiverio de Israel, resulta una diferencia de 19 años. Para solucionar esta dificultad se han propuesto varios sistemas.![]()
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3. Hallaron a Abisag sunamita: “Si en esta historia miráis sólo la corteza de la letra, que, como dice San Pablo, mata, ¿no os parece una ficción burlesca o una farsa grosera?” (San Jerónimo a Nepociano). El mismo Doctor observa acertadamente que el rey tomó a Abisag por esposa. Por eso fue imputado a Adonías como delito el pedirla para sí en matrimonio (2, 24 s.). Las viudas del rey no podían contraer segundo matrimonio, después de muerto su marido. El Doctor Máximo ve en Abisag una figura de la sabiduría que acompaña al hombre en su vejez. Este episodio, que recuerda por su pureza el divino poema del Cantar de los Cantares, es un testimonio final que Dios da a favor de David, su amigo predilecto.
5. Adonías, ahora el primogénito, porque los hermanos mayores habían muerto (II Reyes 13, 32; 18, 14). No había ley de sucesión al trono en Israel. El padre determinaba cuál de sus hijos había de sucederle. En nuestro caso el preferido entre los hijos fue Salomón; Adonías, empero, confiando en los derechos de la primogenitura y aprovechando la vejez de su padre se preparaba desde hacía tiempo para alzarse con el reino mediante un golpe de Estado. Le ayudaban Joab y Abiatar, uno de los dos Sumos Sacerdotes de entonces (cf. 2, 27).
9. Junto a la piedra de Sohélet, es decir, junto a la piedra de la serpiente. Según Vincent había un sitio pedregoso, al sudeste de la ciudad, sobre el cual pasaba un camino de serpentina hasta la fuente de Rogel, llamada hoy día Bir Eyub, y situada en el valle del Cedrón al sudeste de la ciudad (Josué 15, 7; II Reyes 17, 17).
21. Betsabee teme, no sin razón, que Adonías, al ascender al trono, mate, según costumbre oriental, a su hijo Salomón para desembarazarse del competidor.
33. Sobre mi mula, para indicar que Salomón era sucesor de David. Gihón (hoy día: Ain Sitti Miriam), es nombre de una fuente que nace al pie de la ciudad de David, a 600 u 800 metros al norte de la fuente de Rogel, donde estaba Adonías con sus partidarios.
38. Los cereteos y feleteos (cretenses y filisteos): la guardia real (véase II Reyes 8, 18).
39. Del Tabernáculo que David había erigido en el monte Sión para el Arca de la Alianza (II Reyes 6, 17). Había dos Sumos Sacerdotes en tiempo de David: Abiatar, del linaje de Itamar (I Reyes 22, 20 ss.), y Sadoc. Este último oriundo del linaje de Eleazar, estaba antes en Gabaón, donde se hallaba todavía el antiguo Tabernáculo y el altar de los holocaustos.
47. Se prosternó, es decir, adoró a Dios en su cama, como lo hizo Jacob (Génesis 47, 31).
50. El altar servía de asilo para los refugiados. En los cuatro ángulos superiores del altar había cuernos. (Éxodo 29, 12; Levítico 4, 7 ss.).
53. Se postró ante el rey, pidiéndole perdón y rindiéndole homenaje. Como se ve, Salomón inicia su reinado con un acto de clemencia y perdón para su rival.
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1 REYES 2
3. Como están escritos: Notable observación, que atestigua la existencia de la Ley de Moisés. Para que Salomón pueda ser fiel y tener éxito en todo, David le recomienda lo que está escrito en los sagrados libros. ¡Cuánto más vale esto para nosotros, los que tenemos hoy todo el tesoro del Antiguo y Nuevo Testamento! “¿Cómo podríamos vivir sin la ciencia de las Escrituras, a través de las cuales se aprende a conocer a Cristo, que es la vida de los creyentes?” (San Jerónimo, Epístola a Santa Paula.)
4. Esta promesa se explaya en el Salmo 88. Porque Israel no guardó fidelidad, lo que era la condición puesta por Dios (6, 11-13), la plenitud de su cumplimiento sólo será en Cristo (Isaías 55, 3).
5. David se creía responsable de la sangre que Joab había derramado alevosamente, asesinando primeramente a Abner y después a Amasá (II Reyes 3, 22 s.; 20, 8 ss.).
7 ss. Cf. II Reyes 19, 36. David aunque había perdonado los agravios personales que Semeí había lanzado contra él, ahora en trance de muerte, y sin odio alguno, indica al nuevo rey su deber de castigar las ofensas dirigidas contra la sagrada majestad del ungido del Señor (cf. II Reyes 16, 5 ss.).
10 s. Se durmió con sus padres: Puede traducirse también: fue a descansar con sus padres. Véase Génesis 25, 8. En esta locución se expresa la fe en la inmortalidad del alma. No obstante el tremendo pecado de II Reyes 11 y el de II Reyes 24, Dios da testimonio definitivo de la santidad de David, al decir que él halló gracia en Su presencia (Hechos de los Apóstoles 7, 46); que fue hombre según Su Corazón, que hizo todas Sus voluntades (Ibíd. 13, 22); que observó Sus mandamientos y preceptos (III Reyes 11, 34). Por eso le dio gloria en todas sus acciones (Eclesiástico 47, 9). En los Salmos “alabó David al Señor con todo su corazón (ibíd. versículo 10) y estableció cantores enfrente del altar… puso decoro en la celebración de las fiestas, y hasta el fin de su vida dio magnificencia a cada tiempo, haciendo que se celebrase el Santo Nombre del Señor” (ibíd. versículo 11 y 12). También en la política fue David un hombre fuera de lo común. Aunque no logró allanar las diferencias entre las tribus de Israel, sin embargo, merced a la perspicacia política de que se hallaba dotado, fue capaz de contenerlas dentro de un cuadro común, que se mantuvo durante su reinado y el de su sucesor, a pesar de algunas tentativas de sublevación. David, cuyo nombre se cita 60 veces en el Nuevo Testamento, es por muchos aspectos figura de Jesucristo, especialmente en las persecuciones que sufrió, y en su subida al monte de los Olivos, pero no menos en sus victorias y triunfos sobre sus enemigos. Los profetas le dan al Mesías el nombre de David (cf. Jeremías 23, 5; Ezequiel 34, 23; 37, 24; Oseas 3. 4), y su reino es tipo del reino mesiánico (cf. Lucas 1, 32). El sepulcro de David (Hechos de los Apóstoles 2, 29) se conocía hasta los tiempos de San Jerónimo, mas durante la dominación mahometana el lugar cayó en el olvido. Sin embargo los mismos mahometanos veneran un llamado “sepulcro del Profeta David” en la casa que los cristianos consideran como el Cenáculo. “David, dice acertadamente Ricciotti, fue sobre todo un rey de acción; su sucesor, Salomón, fue sobre todo un rey de representación; el jugo vital que se había concentrado en el tronco monárquico de David hizo que floreciera Salomón, y la posteridad —como siempre sucede en la historia— admiró entusiasmada la flor, pensando tan sólo raras veces en el túrgido tronco que la había producido” (Ricciotti, Historia de Israel, núm. 382).
24. Cf. 1, 53. Salomón conoce bien que en el pedido de Adonías se encierra una -encubierta pretensión al trono, por lo cual pronuncia inmediatamente la sentencia de muerte. Según costumbre oriental, el que toma la mujer del rey muerto manifiesta que es su sucesor (cf. II Reyes 16, 21 ss.). Como se ve, los primeros actos de Salomón consistieron en dar cumplimiento a las recomendaciones de su padre moribundo.
27. Cf. I Reyes 2, 31; 3, 12 ss.
28. Cf. 1, 50 y nota. Lo mismo hizo Adonías en su primera sublevación. Joab no puede reclamar para sí el derecho de asilo, puesto que sus homicidios eran premeditados (Éxodo 21, 14 y nota; Núm. 35, 6-29; Deuteronomio 4, 42; 19, 2-13).
34. En el desierto, esto es, en el desierto de Judá, cerca de Belén, donde estaba sepultado su padre y su hermano Asael (II Reyes 2, 32).
35. Al sacerdote Sadoc lo puso en el lugar de Abiatar: Con esto se cumplió el vaticinio de I Reyes 2, 35. Cf. 1, 39 y nota. Es de notar que la profecía de Ezequiel reconoce como únicos sacerdotes a los hijos de Sadoc, de la familia de Eleazar, hijo de Aarón. Cf. Ezequiel 40, 46; 44, 15 y notas.
46. Después de este versículo sigue en los Setenta una perícopa que falta en el hebreo y en la Vulgata.
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1. Salomón, a diferencia de su padre, fue sobre todo un diplomático. El casamiento con una hija del rey de Egipto trajo consigo ventajas políticas, pero, por otra parte, aunque no estaba directamente prohibido por la Ley (cf. Éxodo 34, 16; Deuteronomio 7, 5). constituía un acto de irreverencia a la religión de Israel. El Faraón era probablemente Siamón o su sucesor Psusenés II, que pertenecían a la 21ª. dinastía (tanitica).
2. No habla el autor de las alturas consagradas a los Ídolos cananeos, tantas veces mencionadas en la Sagrada Escritura, sino de aquellas en que los israelitas ofrecían sacrificios (cf. I Reyes 9, 12) a Dios porque no había Templo en Jerusalén. San Agustín dice que esto no era prevaricación contra la Ley, sino solamente una imperfección en lo tocante al culto divino. David sacrificaba en Gabaón, donde estaba entonces el Tabernáculo y el altar de los holocaustos (I Paralipómenos 21, 29; II Paralipómenos 1, 3). Además se hallaba un altar en Jerusalén, construido por David en la era de Areuna (II Reyes 24, 25).
7. Ser un niño: Nada le agrada tanto a Dios como la infancia espiritual. Delante de Él todos debemos ser niños. Véase la nota sobre “hyotesía” en Efesios 1, 5. Cf. Mateo 18, 3-4; 19, 14; Lucas 10, 21; Sabiduría 6, 6; Isaías 28,9.
8. Un pueblo grande, etc. “El reino que Salomón había heredado de su padre, era de una extensión enorme. Sus términos alcanzaban desde el torrente de Egipto hasta el Éufrates. Entre sus vasallos se hallaban príncipes y podía equipararse a los monarcas más poderosos del Oriente” (Vigouroux, Polyglotte).
11. Esta revelación en que Dios nos descubre su criterio respecto de nuestra oración, es importantísima para enseñarnos a orar. El Señor promete ante todo el buen espíritu (Lucas 11, 13), y lo demás se da por añadidura (Mateo 6, 33), pues bien sabe Él que lo necesitamos (Mateo 6, 7). Cf. Santiago 1, 5; Sabiduría 7, 11. Lo que vale ante Dios es el espíritu, “la carne para nada aprovecha” (Juan 6, 63; Vulgata 6, 64). La carne es siempre flaca y busca las cosas materiales. En el Nuevo Testamento nos enseña Jesucristo en qué consiste la auténtica espiritualidad: en conocer a Dios y a su Hijo y Enviado Jesucristo (Juan 17, 3). Cada nueva noción de Dios que descubrimos en la Sagrada Escritura, nos perfecciona en la espiritualidad, acrecienta nuestra fe, y nos acerca al divino Padre, quien cumple en todos lo que dijo a Salomón: “Aun lo que no pediste te doy” (versículo 13), porque conoce nuestras necesidades (Mateo 6, 32) mejor que nosotros. Por eso no tengamos miedo de que pidiendo a Dios cosas sobrenaturales empobrezcamos materialmente y perdamos lo necesario para la vida.
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1 ss. Encontramos aquí, como en las leyes de Moisés, las más valiosas lecciones de ciencia política. Así gobernaba el hombre más sabio que jamás hubo en el mundo. David había establecido ya cierto número de funcionarios que tenían la obligación de suministrar las provisiones para la familia del rey y para toda la corte real (I Paralipómenos 27, 25 ss.). Salomón ensanchó notablemente no sólo el cuerpo de funcionarios administrativos, sino también el volumen de provisiones. El sacerdote (versículo 2), es decir, el Sumo Sacerdote. Sacerdote y amigo del rey: dos títulos. Cf. II Reyes 8, 18 y nota.
8 ss. Los distritos de los doce encargados no coinciden con las fronteras de las tribus; corresponden más bien a las necesidades administrativas y económicas.
21. El río por excelencia, o sea, el Éufrates.
22. Un coro contenía 364 litros. Este enorme consumo diario da una idea de la opulencia fantástica del reino de Salomón.
24. Tafsah, situada a orillas del Éufrates; se llamaba Thapsacus en tiempos helenísticos. Gata, ciudad de los filisteos, en la frontera de Egipto.
26. Cf. II Paralipómenos 9, 25. Los muchos caballos significaban un peligro para Israel (cf. Deuteronomio 17, 16).
31. Etán, de la familia de Ezrah o Zerah, de la tribu de Judá, quizás el autor del Salmo 88. Cf. también I Paralipómenos 15, 17 y 19. Hernán, tal vez el mismo que compuso el Salmo 87. Cf. I Paralipómenos 25, 1 y ss.
32. Proverbios; Vulgata: parábolas, es decir, sentencias o pequeñas narraciones alegóricas, en que se daba una enseñanza religiosa o moral. Una parte de los proverbios de Salomón se ha conservado en el Libros de los Proverbios y en el Eclesiastés.
33. Desde el cedro... hasta el hisopo: desde la planta más grande hasta la más pequeña. ¡Cuántas cosas ignora nuestra civilización orgullosa, que eran conocidas por Salomón! Véase en Job los capítulos 37 ss., que nos enseñan el abismo de la ignorancia humana.
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1. Tenemos en este capítulo un ejemplo de cómo Salomón supo desarrollar el intercambio de mercaderías con los países vecinos, especialmente con los fenicios y su rey Hiram, con el cual ya su padre David habla entablado relaciones amistosas.
6. No faltaban bosques en Palestina, según vemos en I Reyes 22, 5 s. y según nos dice el nombre de Cariatyearim (ciudad de los bosques), pero no proporcionaban maderas de construcción, por lo cual los israelitas no tenían experiencia en esa industria. El Líbano, que recibió su nombre de las nieves que cubren sus altas cumbres, es la cordillera que corre paralelamente a la costa del Mediterráneo, como frontera entre Fenicia y Siria. Su cumbre más alta se eleva hasta más de 3.000 metros de altura. En el Antilíbano la cumbre más alta es el Hermón, que alcanza 2.759 metros de altura. Los sidonios: los habitantes de Sidón (hoy día Saida), a 35 kilómetros al norte de Tiro, y en sentido más amplio los habitantes de Fenicia.
7. Es de admirar esta expresión de alegría y de piedad en un rey idólatra. Cf. 10, 9.
14. Con mucha caridad se establece que los obreros queden libres algunos meses para ocuparse de su hogar y de sus negocios. Aquí, como en las leyes de Moisés, resplandece la verdadera sabiduría de un gobierno.
18. Los giblios: habitantes de la ciudad fenicia de Gebal, situada al norte de Beirut. Los griegos la llamaban Biblos, nombre que se trasladó al papiro, cuyo mercado central era esta ciudad. De ahí el nombre griego de “biblos” por libro, y el nombre de “Biblia” por la Sagrada Escritura.
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1. El lugar escogido para el Templo fue el llamado Moria (cf. Génesis 22, 2). la colina que era la continuación septentrional del Ofel y ocupaba el nordeste de la Ciudad Santa. “El sitio lo ocupa hoy el lugar sagrado de los musulmanes Haram esch-Scherif, una explanada de 400 metros de largo y 321 de ancho, obtenida en parte artificialmente, mediante construcciones de relleno, al nordeste, al sudeste (lado del Cedrón), y al sudoeste (lado del Tyropoeon). En el centro de la explanada se alza hoy la Qubbet es-Sakhra, “Cúpula de la roca”. El nombre «Mezquita de Omar», que se le aplica comúnmente, es falso, pues ni se trata de una mezquita, ni de una construcción de Omar. La construcción cubre la «roca», considerada también sagrada por los musulmanes, de 17,94 metros de largo y 13,19 de ancho, que se eleva del suelo de 1,25 a 2 metros. Se puede considerar con serios fundamentos que fue sobre esta roca sagrada sobre la que reposaba el altar y que fue anteriormente el altar de David; no es inverosímil que esta misma roca haya sido primitivamente, un santuario de los jebuseos de Sión” (Ricciotti, Historia de Israel, número 390). El año cuatrocientos ochenta: Esta fecha corresponde al año 968 a. C. El mes de Zif (no Cio), segundo del año santo, y octavo del civil, corresponde a nuestro abril-mayo. Cuatrocientos años más tarde, este Templo fue incendiado por Nabuzardán, general de Nabucodonosor, rey de Babilonia (IV Reyes 25, 9). El segundo templo edificado en la misma plataforma por Zorobabel a la vuelta del cautiverio (Esdras 3 ss.), fue ampliado por Herodes el Grande y sólo quedó del todo terminado el año 64 d. C., o sea, solamente seis años antes de su total destrucción en la toma de Jerusalén por los romanos. Ambos Templos fueron muchas veces profanados por propios y extraños.
2. Se usaba en la construcción del Templo, según II Paralipómenos 3, 3, la “medida antigua”, el codo grande, que era de 52,5 cm. ó 55 cm., según se tomaba la medida egipcia o la babilónica. Sobre lo que sigue, véase II Paralipómenos 3, 3-13.
5. El Santísimo o Sancta Sanctorum del Templo; véase versículo 10 y nota.
10. El relato de la construcción del Templo ofrece ciertas dificultades, ya por la diversidad de los textos y traducciones, ya por los términos técnicos, cuya significación precisa es a veces incierta. Sirvan para mejor comprensión los datos siguientes, que sacamos de Schuster-Holzammer: El Templo propiamente dicho fue construido en sus líneas generales a semejanza del Tabernáculo de Moisés. Cf. Éxodo capítulos 36 ss. Le precedía por la parte oriental un pórtico; por los otros tres lados le rodeaban edificios accesorios de tres pisos, que se describen detalladamente en los versículos 5-10. El Templo en sentido propio se componía del Sancta Sanctorum o Santísimo (cf. versículo 16), en hebreo “debir” (Vulgata: Oráculo), que tenía 20 metros de largo, 20 de ancho y 20 de alto. Separado de éste por una pared de dos codos de espesor, y delante de él, se hallaba el Santo. El techo del Templo y de los edificios anexos, era de madera de cedro y estaba provisto de una barandilla. Delante de la entrada del pórtico se alzaban dos columnas de bronce, las cuales remataban en capiteles ricamente adornados, de 5 codos de altura; su altura total era de 23 codos (12 metros). Dos grandes atrios rodeaban el Templo. El exterior para el pueblo, y el interior, 15 gradas más elevado, para los sacerdotes; ambos con el suelo enlosado y circundados por sendos muros. Adosados interiormente a los del septentrión y del mediodía, se veían numerosos edificios de varios pisos, donde se alojaban los sacerdotes, levitas, empleados del Templo, etc., y se guardaban las provisiones. A las mujeres les estaba prohibido el acceso a esos edificios.
20. Esta fabulosa riqueza, que recuerda la del Tabernáculo (Éxodo capítulos 36 ss.), nos enseña a amar la belleza de la casa de Dios y el lugar donde reside su gloria. Cf. el Salmo 25, 8, que rezamos con el sacerdote en el Lavabo de la Misa. Si los cristianos aprovechamos esta enseñanza de nuestro Dios, que es la fuente de toda belleza, cuidaremos de cumplir los preceptos de la Liturgia a este respecto, guardándonos de imponer nuestras fantasías en la decoración, forma de los altares, imágenes, etc., y nos abstendríamos de cosas carentes de buen gusto y anti litúrgicas, como por ejemplo, velas que no sean de cera, floreros llamativos, adornos ordinarios y todo lo que sea vano e indecoroso para la casa de Dios.
22. Este altar es el de los perfumes, del cual se habla también en el versículo 20.
23. Sobre los querubines véase Génesis 3, 24; Éxodo 25, 18; Ezequiel 1, 5 ss. y notas.
27. La Casa interior: el Santísimo del Templo. Cf. nota 10.
38. El mes de Bul corresponde a nuestro octubre noviembre.
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2. La casa se llamaba del Bosque del Líbano, no sólo por estar construida con cedros del Líbano, sino porque imitaba en cierto modo al monte Líbano. David había construido una casa más modesta (II Reyes 5, 11).
8. En Éxodo 34, 16 y Deuteronomio 7, 3 se prohíben sólo los matrimonios con los pueblos cananeos. ¿Por qué edificó Salomón un palacio para la egipcia? “El texto sagrado no nos dice cuál haya sido la causa de otorgar esta distinción a la egipcia. Podemos razonablemente suponer que fue para mostrar cuánto estimaba este parentesco con el Faraón, y acaso por escrúpulos religiosos de la princesa, que también los egipcios tenían mucho del espíritu fariseo” (Nácar-Colunga).
10. Piedras de diez codos, o sea, de cinco metros de largo. “Bloques de hasta 5,50 metros de largo se encuentran aun hoy en el llamado muro de las Lamentaciones, como también en algunos sitios del muro que rodea al Templo. Es muy posible que ellos pro vengan de Salomón” (Landeradorfer).
12. En el Templo que existía en tiempo de Jesús se conservaba el nombre de Pórtico de Salomón (Juan 10, 23).
15. Cf. II Paralipómenos 3. 15-17; Jeremías 52, 20.
21. Jaquín significa: Él (Dios) asienta (el Templo); Bóaz: la fortaleza está en Él (Dios).
23. Un mar; es decir, la concha de agua que se llama también mar de bronce; servía para las abluciones de los sacerdotes y el servicio del Templo. Cf. IV Reyes 25, 13; II Paralipómenos 4, 2; Jeremías 52, 17.
24. (Coloquíntidas: “manzana de Adán”, serían adornos redondos).
26. Dos mil batos: 728 ó 788 hectolitros (1 hectolitro = 100 litros). En los LXX varios de estos versículos están invertidos. Lo mismo sucede con muchos otros en los capítulos 4 a 7.
27. Diez basas, para otras tantas pilas de agua. Las basas se movían sobre ruedas de bronce (II Paralipómenos 1, 6). Pilas análogas a las que se describen aquí, se han encontrado en santuarios paganos, p. ej. en Creta.
40 ss. Cf. II Paralipómenos 4, 11-5, 1.
46. Para las fundiciones se eligió el valle del Jordán, porque allí habla el material necesario para los moldes. Sucot, ciudad de la Transjordania. Cf. Génesis 33, 17. Sartán: cf. Josué 3, 16. Donde hay tierra arcillosa: otra traducción: en el vado de Adom.
47. Deja de pesarlos: Cuando se trata de la gloria de la Casa de Dios, la generosidad no debe tener límites. Una iglesia pobre en un barrio opulento es una acusación hecha piedra, que da testimonio público y perenne contra sus habitantes.
51. El piadoso deseo de David (II Reyes 7, 2), demorado por expresa disposición de Dios (II Reyes 7, 12-13), se realiza así como el Señor lo había anunciado, y los fondos recogidos por el santo Rey Profeta son aprovechados como él lo deseaba, aunque después de sus días. Así enseña Jesús que uno es el que siembra y otro el que recoge (Juan 4, 37); pues ninguna semilla se pierde cuando ha sido puesta por el amor de Dios. Cf. 8, 7-20.
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1 ss. Cf. el relato paralelo en II Paralipómenos, capítulo 5.
2. La fiesta del mes de Etanim: la fiesta de los Tabernáculos, que se celebraba en el mes de Etanim o Tischri, correspondiente a septiembre-octubre. Cf. Levítico 23, 33 ss.
9. “Este recuerdo de un hecho histórico contiene la clave del simbolismo del Arca. Existía la costumbre de colocar en el templo, bajo los pies de la estatua de la divinidad, los textos de los pactos de alianza entre reyes o naciones, como para hacer que el Dios fuera testigo o garante de la observación bilateral de los mismos. Un tratado entre Ramsés II y los hititas contiene una cláusula especial a este respecto. La costumbre se hallaría aquí en el simbolismo del Arca: Yahvé estaba «sentado» sobre los querubines del propiciatorio; a sus pies, dentro del Arca, se había depositado el texto del pacto mediante el cual hizo alianza con la nación de Israel. De donde le viene el nombre de Arca del pacto o de la alianza” (Ricciotti, Historia de Israel, número 253).
10. La nube significa la presencia de Dios (Éxodo 29, 43; 40, 34; Núm. 9, 15), que toma posesión de su Casa. La nube quedará allí hasta poco antes de la destrucción del Templo. El profeta Ezequiel ve en visión cómo Yahvé abandona el Templo y se retira de la Ciudad Santa, porque el pueblo rompió la Alianza (Ezequiel 11, 22 s.). El Santísimo del Templo no recibía luz, como tampoco la recibía en el Tabernáculo de Moisés. Es de notar que también en los templos griegos había al fondo un departamento oscuro, el “ádyton”. Sobre el regreso de Dios a la santa morada del Templo véase Ezequiel 43, 1 y nota.
12 s. Los versículos 12 y 13 en los Setenta no están en este lugar; se los encuentra, en cambio, después del versículo 53, al final de la oración de Salomón, en esta forma: “Entonces habló Salomón respecto de la casa que había terminado de edificar: Yahvé puso el sol en el cielo, pues dijo que Él quería morar en la oscuridad. Por eso te he edificado una casa digna para Ti para morar allí para siempre. Así está escrito en el Libro del Cántico”. Este “Libro del Cántico” parece, según dice Bover-Cantera, el antiguo Cántico de Yasar “Libro del Justo”, mencionado en Josué 10, 13 y II Reyes 1, 18.
21. La Alianza: las dos tablas de la Ley, guardadas en el Arca (versículo 9), que eran la expresión de la voluntad de Dios. Cf. Éxodo 25, 16 y 21; Deuteronomio 10, 2 y 5.
23. De todo corazón: He aquí la clave del progreso espiritual. Cuanto mayor sea nuestro ardor y nuestra fidelidad, tanto más aumenta la gracia, porque el Padre da, dice Jesús, al que tiene para que tenga abundancia (Mateo 13, 12). “Es que la gracia nace de la gracia, los progresos sirven para los progresos, los méritos para los méritos, los triunfos para los triunfos”, mientras los que no aman, pierden aun lo poco que tienen.
25. Nunca te faltará, etc.: Promesa segura en cuanto a la dinastía davídica. El Señor confirma su promesa en igual forma en 9, 4 ss.
27. San Esteban, hablando a los judíos inclinados al culto externo, repite este concepto en Hechos de los Apóstoles 7, 48 s. y cita a Isaías 66, 1. Lo mismo dice San Pablo a los atenienses (Hechos de los Apóstoles 17, 24), para acentuar la doctrina del culto espiritual que Jesús enseñara a la samaritana (Juan 4, 21 ss.). En el Nuevo Testamento, en que la Iglesia está edificada sobre la firme piedra de Pedro (Mateo 7, 24; 16, 18; Juan 1, 42), el Verbo encarnado está presente en nuestros templos por la maravilla del misterio eucarístico. Pero, como dice Santa Teresa de Lisieux, no baja Jesús del cielo para quedarse en los templos de piedra; está allí para habitar en el corazón del nombre, que es donde Él halla sus delicias (Proverbios 8, 31) y para obedecer al Padre (Salmo 39, 8; Hebreos 10, 5 ss.). Por eso dice San Pablo que el Templo de Dios en que Él habita, somos nosotros (I Corintios 3, 16-17; 6, 19; II Corintios 6, 16; Efesios 2, 20-22; Hebreos 3, 6).
31. Por las siete peticiones de la oración que sigue, y a la que algunos llaman el “Padrenuestro de Salomón”, se ve que el rey sabio al comienzo de su reinado era muy devoto y seguía los pasos de su padre David. La oración revela un concepto elevadísimo de Dios y de su inmensidad, justicia y misericordia. La primera de las siete súplicas que Salomón formula en el día de la inauguración, se refiere a los casos en los cuales el acusado se podía salvar solamente por un juramento delante del Tabernáculo.
35. Hacia este lugar: hacia el Templo y la Ciudad Santa. Sobre esta costumbre dice Seto: “Los judíos que estaban distantes de Jerusalén observaban la religiosa costumbre de volverse hacia esta ciudad para hacer su oración. El salmista exhorta a los siervos de Dios a que le bendigan por las noches, levantando las manos hacia su Santuario (Salmo 133, 3). Daniel, desterrado en Babilonia, abría tres veces al día las ventanas de su cuarto, y poniendo sus rodillas en tierra hacía oración vuelto hacia Jerusalén. Y por un movimiento semejante, aunque más espiritual y más sublime, los primeros cristianos, cuando oraban, tenían la costumbre de mirar hacia el Oriente, para acordarse de aquel Sol naciente que vino de lo alto a visitarnos y alumbrarnos.” Es interesante que los musulmanes han conservado esa costumbre de dirigirse en la oración hacia el centro de su religión, Meca, por lo cual tienen en sus mezquitas un nicho (“mihrab”) que les indica la dirección a tomar. Cf. Daniel 6, 2.
41 ss. También el extranjero: “Rasgo admirable, digno de ser asociado a lo que dice la Ley de Moisés sobre los extranjeros. Cf. Éxodo 22, 21; Levítico 25, 35; Núm. 15, 14-16; Deuteronomio 10, 19; 31, 12” (Fillion). La oración de Salomón suena como una profecía acerca de los gentiles en los tiempos mesiánicos. Según los profetas, una de las señales de los tiempos mesiánicos es que el Templo servirá de lugar de oración para todos los pueblos (Isaías 2, 2 ss.; 56, 6s.).
44. La ciudad que Tú elegiste: Jerusalén. Véase la nota 35.
46. “No hay hombre que no peque”. Cf. II Paralipómenos 6, 36; Proverbios 20, 9; Eclesiastés 7, 21; I Juan 1, 8 y notas. Importa mucho formarse un concepto en esta materia. Nadie puede justificarse por sí mismo delante de Dios (Salmo 142, 2), y nadie es capaz de evitar el pecado por sus solas fuerzas. De ahí que nadie pueda decirse puro (Proverbios 20, 9) y el que esto dice se engaña (I Juan 1, 8). Por eso nos dice Jesús que sin Él no podemos nada (Juan 15, 5). Pero si es cierto que nada podemos por nosotros mismos, en cambio lo podemos todo en Aquel que nos conforta (Filipenses 4, 13), pues la misericordia de Dios se extiende a todos los hombres (Sabiduría 11, 24). “Si le place de un perseguidor hace un instrumento escogido (Hechos de los Apóstoles 9, 15), y así manifiesta las riquezas de su misericordia y de su gracia (Efesios 1, 6), ora convirtiendo a los pecadores, ora ejercitando en la paciencia a los justos para que lo sean más y resplandezcan como lumbreras a los ojos de los hombres (Santiago 2, 4; Filipenses 2, 15). Someteos, pues, a tan sabias disposiciones, y no seáis impacientes como los siervos de la parábola (Mateo 13, 23-29); pedid antes bien que se cumpla en todo la voluntad de vuestro Padre celestial (Mateo 6, 10)” (Eschoyez, Imitación de Cristo, I, 16).
51. Horno de hierro: imagen de la dura opresión en Egipto.
63. No nos sorprende el gran número de los animales sacrificados si tenemos en cuenta que todo el pueblo comía de los sacrificios durante dos semanas (versículo 65).
65. La entrada de Hamat o Emat (Siria) señala el límite septentrional del reino de Salomón. El límite meridional coincidía con el Arroyo de Egipto, hoy día Wadi el-Arisch, en la frontera entre Palestina y Egipto. Quiere decir lo mismo que el término proverbial: desde Dan hasta Bersabee.
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1 REYES 9
1 ss. Véase el relato paralelo en II Paralipómenos 7, 11-22.
4. Cf. 8, 25. La promesa hecha a David quedó firme para cumplirse en Cristo (Eclesiástico 24, 34); Salomón sólo la recibe bajo la condición de ser fiel. La amenaza que Dios formula en el versículo 7, se confirma en 11, 11, si bien en forma especialmente misericordiosa por amor de David.
9. Las amenazas se cumplieron a la letra en él pueblo judío, y aun hoy día podría dárseles esta explicación que el mismo Dios da de lo mucho que padecen. San Agustín observa al respecto: Todo el culto exterior, como los edificios soberbios, los vasos de oro y plata, los ornamentos preciosos, no puede agradar a Dios, si no va acompañado de un culto interior que se inspira en la fe, la esperanza y la caridad. Cf. Isaías 42, 24 s.
13. Tierra de Cabul: nombre que etimológicamente suena como “tierra sin valor”. La cesión de una parte de Galilea a un rey pagano manifiesta las dificultades financieras de Salomón en aquél tiempo. Según 5, 9 ss. Salomón tenía que entregar a Hiram anualmente veinte mil coros de trigo y veinte coros de aceite.
15. El Milló: fortificación situada al sudoeste de la explanada del Templo. Véase II Reyes 5, 9 y nota. Hasor, situada en el extremo norte de Galilea. Megiddó entre Haifa y la llanura de Esdrelón, entre Samaría y Galilea. Guézer: a 40 kilómetros al oeste de Jerusalén, hoy día, Tell ed-Dschéser.
17. Véase II Paralipómenos S, 5 ss. Bet-horón: situada al oeste de Jerusalén, en el camino de Jerusalén a Jafa.
18. Tadmor: Palmira en el desierto entre Damasco y Mesopotamia. Algunos creen que se trata de Hasasón-Tamar, situada en el desierto al sudoeste del Mar Muerto (cf. Génesis 14, 9). Salomón fortificó estos lugares no solamente por razones estratégicas, sino también para proteger las rutas internacionales de comercio.
26 s. Esionguéber, hoy día Acaba, puerto del golfo elanítico (o de Elat) del Mar Rojo. Ofir (versículo 27): país desconocido, célebre por su oro: según unos la Arabia meridional; o Sofir en la costa oriental de África, según otros. No faltan quienes lo buscan en América. La ecuación Ofir = Perú es insostenible, ya que Perú recibió su nombre recién por Pizarro. A nuestro parecer Ofir es el nombre del cual se ha tomado el adjetivo “África”, que hoy designa a todo el continente negro. El oro de ese continente se encuentra en la región de la Confederación Sudafricana, donde han sido descubiertos restos de una antigua ciudad minera. El nombre significa probablemente brillo, y se debe al resplandor del metal que los comerciantes orientales allí encontraron, de manera que África significaría, según la etimología, el continente resplandeciente.
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1 REYES 10
1 ss. Véase II Paralipómenos 9. 1-12. Llevan el nombre de Sabá dos regiones de Arabia, una en el norte, la otra en el sur. A esta última llegaron los sabeos en el siglo VIII a. C., al ser echados del norte por los asirios. Los sabeos eran comerciantes y servían de intermediarios en el comercio entre Palestina y Siria con los pueblos del Mar Rojo y de la India. Es de suponer que la reina vino del norte de Arabia. Llegó tal vez con el propósito de estrechar los lazos comerciales entre los dos países, pero en primer lugar para admirar la sabiduría de Salomón. Le propuso cuestiones oscuras —el texto dice “enigmas”— según la costumbre de los orientales, que con preferencia transmiten las enseñanzas en proverbios y parábolas. Jesucristo alaba la solicitud de la reina, “porque vino de las extremidades de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón; y hay aquí más que Salomón” (Lucas 11, 31). Por eso se levantará ella en el día del juicio como acusadora “de esta generación”, así como también se levantarán los ninivitas para condenar a los incrédulos (Lucas 11, 32). Una leyenda inventada posteriormente hace descender a los reyes de Etiopía de una unión de Salomón con la reina de Sabá.
5. Nótese la preocupación por el bienestar de los servidores, cosa que no se veía entre los paganos. De ahí la especial admiración de la reina. Cf. Proverbios 31, 21.
8. Y oyen tu sabiduría. “No es el único texto que hace de la sabiduría como la piedra angular para la bienaventuranza del hombre. En los libros sapienciales esta idea se robustece: de la sabiduría que es teoría y práctica, ciencia y buen juicio, se hacen arrancar cuantos elementos integran la felicidad humana” (Asensio. Estudios Bíblicos 1945, p. 244).
9. Una vez más los gentiles admiran y alaban al Dios de Israel. Ci. 5, 7.
10. Un talento equivalía a 26 kilos, más o menos. Veinte talentos son, pues, media tonelada. Los príncipes orientales acostumbraban hacerse mutuamente ricos obsequios. Salomón responde a la generosidad de la reina (versículo 13).
11. Los versículos 11 y 12 han de agregarse al final del capítulo precedente.
14. Véase II Paralipómenos 9, 13 ss.
17. Una mina = 50 siclos, o sea 800 gramos.
22. Tarsis: probablemente una ciudad de España, tal vez idéntica con Tartessus. Según algunos, una ciudad del Norte de África o de la Cerdeña. Una flota de Tarsis, quiere decir, barcos tan grandes como aquellos que los fenicios usaban para sus viajes a Tarsis. Una característica del reinado de Salomón es el desarrollo del comercio con el extranjero, desarrollo que le llevó a explotar, juntamente con el rey Hiram de Tiro, las minas de la tierra enigmática de Ofir (cf. 9, 26 y nota).
26 ss. Cf. II Paralipómenos 1, 14 ss. Salomón introdujo en el ejército hebreo la caballería y los carros de guerra. David rehusaba hacerlo porque esto no correspondía a la voluntad de Dios, quien exigía que su pueblo confiara en Él y no en los caballos y carros armados (cf. Deuteronomio 17, 16: Salmos 19, 8; 32, 17 y notas).
28. Texto inseguro. San Jerónimo vierte: Y se compraban para Salomón caballos de Egipto y de Coa. Los negociantes del rey los compraban en Coa y los tratan al precio concertado. Coa es un país de Asia Menor, probablemente Cilicia. En vez de Egipto (en hebreo: Misraim) leen algunos Musri (país vecino a Cilicia). “De allí traía Salomón los caballos para su ejército y para los príncipes vecinos. Con semejante tráfico hacía sin duda un buen negocio, y esto parece ser lo que el autor sagrado quiere decirnos. El caballo era poco conocido en Palestina hasta la época de Salomón; en su lugar se usaba el mulo” (Nácar-Colunga).
29. Los heteos tenían el centro de su reino en el Asia Menor. Su capital se ha descubierto en las ruinas de Boghazköi; sus inscripciones hasta ahora no han sido descifradas por completo, sino tan sólo en parte.
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1 REYES 11
1 ss. Salomón, por quien se manifestó la misma Sabiduría, se apartó de ella por amor carnal. ¡Qué suerte más trágica! Poseer gran número de mujeres equivalía a gran poder. El autor sagrado no censura a Salomón por la poligamia, permitida por la Ley, sino por tomar mujeres paganas que lo indujeron a la idolatría. No hemos de creer que llegó a perder tan completamente el sentido, que se persuadiese que había alguna divinidad en los ídolos; pero sí que, no queriendo disgustar a sus mujeres, les daba juntamente con ellas un culto exterior de adoración, al modo que Adán condescendió con Eva por no causarle pesar (San Agustín). La debilidad mental del rey sabio era tal vez consecuencia de su vejez y de la consunción de sus fuerzas por el excesivo trato con las mil mujeres que tenía (versículo 3). Por eso el Eclesiástico dice que perdió el dominio sobre su cuerpo (Eclesiástico 47, 21). San Gregorio explica su desastrosa caída por la falta de “la vara de la tribulación”. El pecado de Salomón atrajo la ruina a su casa, pues excitó los celos de aquel Dios tan generoso con él, y que le habría perdonado de haberse arrepentido como lo hizo su padre al rey David (II Reyes, capítulo 12).
5. Abominación: nombre. que la Biblia da a los ídolos.
9. Dos veces: Cf. 3, 5; 9, 2.
14 ss. Dios preparó los instrumentos para castigar a Salomón. Precisamente el rey de Egipto, suegro de Salomón, fue el elegido para proteger al más encarnizado enemigo de Salomón.
23. El rey de Damasco era vasallo de David. Cf. II Reyes 8, 3 ss.
26. Efrateo: de la tribu de Efraím.
27. Sobre el Milló véase II Reyes 5, 9 y nota. La hondonada es probablemente el valle de Tyropoeon, que separaba la colina del Templo de la ciudad occidental y que, como muestran las excavaciones, fue rellenado casi completamente.
28. La casa de José eran las dos tribus de Efraín, y Manasés.
32. La tribu de Judá, a la cual estaba incorporada la de Benjamín. Aquí como en los versículos 4, 12, 13, 32, 34, 36. etc., vemos reaparecer incesantemente la predilección admirable de Dios por su amigo David, aquel rey de corazón de niño.
36. Una lámpara: un descendiente. No obstante la defección de Salomón, subsiste la promesa sempiterna que sólo ha de cumplirse en Cristo Rey Cf. II Reyes 14, 7.
38. La promesa hecha a Jeroboam es condicional como la dada a Salomón, y fallará igualmente por su infidelidad. Cf. 13, 34; 14, 10 ss.
40. Sesac (o Scheschonk) fundó una nueva dinastía en Egipto y saqueó la ciudad de Jerusalén en 928.
42. Cuarenta años: de 970-930. Alcanzó la edad de 60 años. Salomón “no supo escoger de entre las civilizaciones extranjeras, que le encantaban, aquellos elementos que estuvieran en armonía con los gustos profundamente arraigados de sus súbditos; dejó de ser un príncipe hebreo, para hacerse semejante a los déspotas magníficos del oriente. Éste fue probablemente su mayor error, pues así perdió de vista el destino de Israel, del cual había sido constituido custodio. Este destino no era adquirir riquezas y gloria, dones que llegan alguna vez por añadidura, sino conservar intacto el depósito de la verdadera religión, viviendo según la Ley de Dios y desarrollándose según la tradición de los padres” (Desnoyers, Historia del pueblo hebreo, III, 155 s.).
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1 REYES 12
1 ss. Véase II Paralipómenos 10, 1 ss. El acto solemne de la proclamación tuvo lugar en Siquem. porque Roboam conocía sin duda las tendencias separatistas de las tribus del Norte. La petición del pueblo (versículo 4) era justa. No rehusaban reconocer a Roboam como rey, sólo pedían una disminución de los exorbitantes impuestos y prestaciones personales que Salomón les había exigido. También en la forma de presentar la reclamación se mantenían dentro de los límites justos y moderados.
10. Mi meñique, etc.: refrán que quiere decir: mi poder es mayor que el de mi padre Salomón.
11. Escorpiones; también nombre de un látigo con puntas de hierro. Solamente gente sin experiencia puede dar tan insensato consejo. Los nuevos consejeros, compañeros de las diversiones de Roboam, no tenían ningún interés por atender las necesidades del pueblo. “Mientras ellos gozaban de comodidades y placeres, nada les importaban los gemidos y la miseria de los pobres y desvalidos. Esos infatuados idólatras de sí mismos, orgullosos despreciadores de los demás, en esa forma aconsejaron a Roboam” (Fernández. Flor. Bibl. IX, p. 14).
16. ¿Qué parte tenemos nosotros con David? Son palabras que expresan la separación de la casa de David, hijo de Isaí. Va a consumarse el gran cisma de las diez tribus, la separación entre Israel y Judá que se perfilaba ya en II Reyes 19, 43.
19. El nuevo reino de Israel abarca diez tribus, porque la tribu de Manasés se cuenta por dos. A la casa de David, es decir, al reino de Judá, queda la tribu de Judá con Benjamín. La tribu de Simeón ya no se cuenta más porque se encuentra absorbida dentro de la tribu de Judá. La tribu de Leví no poseía territorio y vivía dispersa en medio de las demás tribus.
25. Fanuel: situada al otro lado del Jordán sobre el río Yaboc (cf. Génesis 32, 30 s.).
29. Son primeramente razones políticas las que llevan a Jeroboam a la idolatría. La unión cultual con el Templo de Jerusalén habría amenazado la unidad de su reino. Betel era un lugar sagrado desde los tiempos de los patriarcas (Génesis 12, 8; 28, 22), y muy apropiado para enajenar al pueblo del Templo de Jerusalén. Cf. Amós 3, 14 y nota. Dan tenía un ídolo desde los tiempos de los Jueces. Cf. Jueces 18, 30 y nota.
31. Los lugares altos constituían otro obstáculo a la centralización del culto en Jerusalén, dispuesta por la Ley (Deuteronomio 12, 13). Las fiestas que se celebraban en los lugares altos, a imitación de las fiestas cananeas, eran muy atractivas y permitían toda clase de libertinaje. Jeroboam escogió la hez del pueblo para el ministerio sagrado, puesto que los levitas no se prestaron para la idolatría. Cf. Jueces 2, 13 y nota.
32. Una fiesta: la fiesta de los Tabernáculos. Jeroboam la hace celebrar un mes más tarde. Cf. Levítico 23, 34; Núm. 29, 12 ss.
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1 REYES 13
1 ss. Jeroboam se arroga el sacerdocio como lo hizo Saúl (cf. I Reyes 14, 34 ss.). Dios le anuncia al instante su reprobación. Cf. versículo 34. La amenaza se cumplió trescientos años más tarde, cuando Josías, rey de Judá, destruyó el altar de Betel y quemó los restos de los sacerdotes idólatras (IV Reyes 23, 16). He aquí una de las muchas profecías bíblicas cuyo cumplimiento, presente a nuestros ojos, es un móvil precioso para robustecer nuestra fe siempre mezquina.
6. Suplica a Yahvé por mí: este humilde ruego conmovió el corazón paternal de Dios, pues con ello el rey reconocía la autoridad del que Dios había enviado. “Porque Jeroboam dijo «suplica», el profeta le curó, ¿y Cristo no podrá sanarte a ti?” (San Cirilo de Jerusalén Catequesis II).
9. Algo como excomunión. Los fieles nada podían tener de común con los infieles, porque “¿qué comunión puede tener el que cree con el que no cree? ¿Y qué transacción puede haber entre el templo de Dios y los ídolos?” (II Corintios 6, 15 s.).
19. La desobediencia del profeta al precepto de Dios es castigada con la muerte (versículo 24), si bien la aceptación de ésta le habrá permitido salvar su alma, según opina San Agustín. Lección que nos enseña la fidelidad absoluta a la Palabra de Dios, a quien debemos obedecer más que a los hombres (Hechos de los Apóstoles 4. 19 y 5, 29). Antes que vacilar un ápice en la fidelidad a la verdad revelada hay que preferir la muerte (Hebreos 11, 36-38), aunque un ángel del cielo viniese a predicarnos otro Evangelio (Gálatas 1, 8). No debemos olvidar que Satanás se muestra como ángel de luz (II Corintios 11, 14) y que en los últimos tiempos, que según San Pablo son los nuestros (I Corintios 10, 11), surgirán muchos falsos profetas y seducirán a muchos (Mateo 24, 4, 5 y 11).
24. Como vemos en I Reyes 17, 34, había en aquel tiempo leones en Palestina. Se cumple aquí lo anunciado por el profeta en el versículo 21. La infidelidad no impide recibir el don de profecía, pues éste no es dado para el profeta, sino para los demás. No es “gratia gratum faciens”, sino “gratia gratis data” (San Tomás).
32. El reino de Israel se llama de Samaría por anticipación. En realidad, la ciudad de Samaría, que dio nombre al país, se fundó más tarde (cf. 16, 24).
33. Constituyó como sacerdotes; literalmente: llenaba las manos de ellos. En esto consistía el rito de la consagración. Cf. Éxodo 28, 41 y nota. Vislumbramos ya la debilidad del nuevo reino. Se aleja de Dios y se encamina hacia la idolatría, la que en el pueblo escogido es castigada con mayor severidad que en los gentiles, los que no tienen conocimiento del Dios verdadero. La ira de Yahvé no tardará en descargarse sobre el pueblo apóstata.
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1 REYES 14
2. Silo pertenecía al dominio de Jeroboam. Había, pues, aun profetas del verdadero Dios en el reino del impío rey. “Corriendo tiempos tan turbios y aciagos, despertó Dios a sus grandes profetas, para que hicieran resonar en Judá el eco de su palabra y sacaran de su profundo olvido y hondo letargo a los reyes idólatras, a los sacerdotes ociosos y a aquellas bárbaras muchedumbres, dadas a sediciones y tumultos. Jamás en ningún pueblo de la tierra, antiguo ni moderno, hubo una institución tan admirable, tan santa y tan popular como la de los profetas del pueblo de Dios” (Donoso Cortés, Discurso sobre la Biblia).
10. Todos los varones: Nácar-Colunga: a todos cuantos a Jeroboam pertenecen. La Vulgata traduce literalmente del hebreo: mingentem ad parletem, lo cual Torres Amat traduce por: hasta los perros. En realidad la profecía se refiere a los hombres, y no a los perros. Cf. I Reyes 25, 22 y 34.
13 s. En las recientes excavaciones realizadas en Tirsá, la residencia de Jeroboam, se ha encontrado el esqueleto de un niño cuidadosamente sepultado. ¿Será acaso éste el hijo de Jeroboam? Dios salvó al hijo porque hace misericordia a quien le place, sin que nadie pueda pedirle cuenta (Éxodo 33, 19, citado por Romanos 9, 15). El cumplimiento de la profecía respecto de la casa se narra en 15, 27 ss.
15. El rio: el Éufrates. Alusión profética al cautiverio: Ascheras: ídolos de Astarté.
17. Tirsá: residencia de Jeroboam situada a 16 kilómetros al norte de Siquem, mencionada ya en el libro de Josué (12, 24) como una de las ciudades cananeas, identificada hoy por Roland de Vaux con las ruinas de Tel Farah. Cf. Cantar de los Cantares 6, 4.
19. El libro de los anales de los reyes de Israel no se ha conservado. Tampoco el libro de los anales de los reyes de Judá, que se cita en el versículo 29.
23. Piedras de culto, en hebreo massebah, o sea, cipos erigidos en honor de Baal. Ascheras: cf. versículo 15. Sobre el culto de Baal y Astarté véase Éxodo 23, 24; 34, 13; Deuteronomio 7, 5; Jueces 2, 13 y notas. En vez de aschera traduce la Vulgata constantemente bosque, porque la aschera, el símbolo de Astarté, consistía en un tronco o rama de árbol.
24. Prostitución cultual de hombres: Vulgata: hombres afeminados. La Biblia los llama a veces “perros”. En honor de sus dioses se prostituían, cerca de los santuarios, también hombres. (Véase 22. 47; Deuteronomio 23, 18; II Reyes 23, 7; Oseas 4, 14; Apocalipsis 22, 15). “Sobre esta materia las inscripciones asirias y fenicias nos han transmitido muchos detalles… y quedan, referente a la Siria, las indicaciones de Luciano, no menos significativas (De Dea, Syria), las de Eusebio (Vita Constantini III, 55; en Migne P. G. 20, 1120 s.), y de muchos más. La seducción fascinadora que ejercían siempre los cultos cananeos, especialmente sobre los israelitas, se debe en gran parte a estas artes conocedoras de refinadas lascivias y de frenesí contagioso que poseían las personas sagradas” (Ricciotti, Historia de Israel, núm. 108).
25. Véase II Paralipómenos 12, 1-12. Sesac nos dejó en el templo de Tebas (Karnak) un relieve, en que enumera 165 ciudades conquistadas por él en Palestina.
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1 REYES 15
1. Abiam: en II Paralipómenos 11, 20 y 13, 2 se llama este rey Abía.
2. Abisalom: idéntico con Absalón. Hija ha de tomarse, tal vez, en sentido lato: nieta. Cf. II Paralipómenos 13, 2, donde Maacá es llamada hija de Uriel de Gabaá.
4. Por amor de David, y sobre todo de Jesús, figurado en aquél y único objeto de las complacencias de Dios (véase San Agustín sobre Salmo 131, 19). Una lámpara: un descendiente Cf. 11, 36 y nota. La sola familia de David reina en Judá hasta el fin (casi cuatro siglos), mientras que en Israel hay hasta 9 cambios de dinastía en 200 años.
5. Alude al pecado de David con Betsabee, esposa de Urías, a quien hizo perder la vida (II Reyes 11).
9. El año veinte de Jeroboam: Como se ve (cf. versículo 1, 25, 33, etc.) tenemos en este capítulo una cronología especial, que es propia del III y IV libro de los Reyes. Consiste en indicar en qué año del reinado del rey de Israel comenzó a reinar el nuevo rey de Judá, y viceversa (véase Introducción).
13. Ídolo abominable, o sea, obsceno. Aschera, o sea, Astarté, diosa de la fecundidad, cuyo símbolo era el árbol sagrado, o troncos y ramas de árboles. Cf. 14, 23 y nota. San Jerónimo traduce este versículo de la siguiente manera: Además echó de si a Maacá, para que no fuese princesa en los sacrificios de Príapo y en el bosque que le había consagrado; y arruinó su caverna e higo pedazos el obscenísimo ídolo y lo quemó en el torrente Cedrón. Príapo es en la mitología greco-romana el dios de la obscenidad, hijo de Baco y de Astarté.
16. Cf. II Paralipómenos 16, 1 ss. Hubo guerra, etc.: Los dos nuevos reinos se hostilizaron mutuamente (cf. versículo 6 y 7), y sintiéndose el de Judá más débil hizo alianzas con reyes paganos, a los cuales entregaba como sueldos los tesoros de la Casa de Dios (versículo 18 y 19). Así hicieron durante siglos, hasta que, al fin, los asirios y babilonios acabaron con los dos reinos desunidos. Triste consecuencia del cisma, de la falta de mutua inteligencia y armonía religiosa. Ramá, hoy día Er-Ram, a 8 kilómetros al norte de Jerusalén.
19. No obstante algunos méritos reconocidos de Asá, el Señor le reprocha esto, no sólo por tratarse de los tesoros del Templo, sino particularmente por haber confiado en el auxilio de los hombres en vez de buscar el de Dios (II Paralipómenos 16; 7 ss.). Cf. también II Paralipómenos 16, 12.
22. Todos, sin excepción alguna, tenían que trabajar en la fortificación de Gabaá (hoy Dscheba, a 9 kilómetros al norte de Jerusalén) y de Masfá (hoy Tell en-Nasbe, al norte de Gabaá).
23. Cf. en II Paralipómenos 16, 12 cómo murió este rey por haber confiado mis en la ciencia humana que en la bondad de Dios.
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1 REYES 16
11. No dejándole varón alguno: sobre el término hebreo que corresponde a esta traducción véase 14, 10 y nota. Cf. I Reyes 25, 22.
19. A causa de sus pecados: San Jerónimo vierte: en sus pecados; lo cual indicaría que se condenó.
24. La nueva capital Samaría estaba situada a 12 kilómetros al noroeste de Siquem. en un monte de 443 metros de alto, rodeado de fertilísimos campos y viñedos. Su posición e importancia la pinta Isaías (28, 1) llamándola “corona de soberbia de los embriagados de Efraím”. La ciudad fue destruida por los asirios (722 a. C.), y una segunda vez por Juan Hircano en 109 a. C. Herodes la reconstruyó en honor de Augusto y le dio el nombre de Sebaste (Augusta), hoy día Sebastiye. Fue sepultado allí, según la tradición, San Juan Bautista, sobre cuya tumba los cristianos levantaron una iglesia, de la cual subsisten solamente las ruinas.
33. Una aschera. Véase 14, 23; 15, 13 y notas.
34. Véase la maldición de Josué en Josué 6, 26, que aquí se cumple al pie de la letra. Según Bover-Cantera se trataría de los hijos del rey Acab, muertos durante la reconstrucción de Jericó o sacrificados conforme a la costumbre cananea, que exigía el sacrificio de un niño al poner la primera piedra de una ciudad. Otros exégetas ven con más probabilidad en los niños sacrificados a los hijos de Hiél.
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1 REYES 17
1. Como otro Melquisedec aparece repentinamente el profeta Elías. Nada dice la Sagrada Escritura de su familia ni de su vocación al duro cargo de profeta que desempeñó con una intrepidez nunca vista en el reino de Israel. Tesbita: de Tesbe o Tisba, ciudad de Galaad, hoy Mar Elías, que significa San Elías.
9. Sarepta, hoy Sarafand, ciudad de Fenicia, al norte de Tiro. La viuda pagana, a la cual fue enviado el profeta, representa, en sentir de San Agustín, la Iglesia de los gentiles, “Ecclesia gentium” que formamos nosotros, llamados misericordiosamente, desde la orfandad del paganismo, a compartir la herencia del pueblo escogido Israel. Cf. Efesios 2, 12 ss.; Romanos 11, 17 ss.
15. La viuda de Sarepta es uno de los grandes ejemplos bíblicos de lo que es la fe, semejante a la de Abrahán. Sin ninguna garantía visible, y apoyada sólo en el crédito que ella da a la palabra de Elías, no vacila en dar a éste lo único que tenía para no morir de hambre ella y su hijo. Ni siquiera sospecha del aparente egoísmo del profeta, que pretende comer antes que ella. ¡Oh lección admirable y digna de ser recordada cada día y a cada instante! Porque lo que nos falta siempre es eso: la fe, el dar crédito a Dios sin dudar, sin temer que fallen sus promesas, como no le fallaron a Abrahán, ni a esta viuda, ni a nadie que haya puesto en el Señor su confianza. Comentando este pasaje, dice San Jerónimo: “La viuda de Sarepta, a punto de morir de hambre juntamente con sus hijos, obtuvo comida para alimentar al profeta; de manera milagrosa se llenó la alcuza de aceite, y el que había venido para comer, dio comida... En nuestros días muchos parecen expresar, aunque no con palabras sino por sus obras y su vida: Fe y misericordia no tengo; pero lo que tengo, plata y oro, no te lo doy” (A Eustoquia). Imitador de aquella noble viuda de Sarepta fue San Exuperio, obispo de Tolosa, del cual dice San Jerónimo que, “padeciendo él mismo, daba de comer a otros, y teniendo el rostro pálido por sus ayunos, sufría por el hambre de los demás y daba toda su hacienda a las entrañas de Cristo, que son los pobres” (A Rústico). Reconozcamos cuán lejos estamos de esa fe, y pidámosla con ansia al Único que puede darla, diciendo como los Apóstoles a Jesús: “¡Auméntanos la fe!” (Lucas 17, 5). “Felices cuantos confían en Él” (Salmo 2, 13).
18. La buena mujer está convencida de que por no haber tratado al profeta con el debido respeto, Dios la castigaba con la muerte de su hijo. Vuelve a hacer un acto de fe en Dios, entregando sin vacilar el niño al santo varón, y el Señor que ya había premiado su fe con el milagro de los alimentos vuelve a premiarla con el milagro de la resurrección.
20. “Sencilla pero ardiente súplica del profeta, que de una manera admirable hace valer su derecho a ser atendido, mostrando que es para Dios una cuestión de honor el compadecerse de la viuda que con tanta generosidad ha recibido al enviado de Yahvé” (Fillion).
21. Tendiéndose tres veces sobre el niño, como para hacer pasar su propia vida al cuerpo muerto del niño: imagen admirable, dice San Agustín, de lo que hizo el Verbo Divino para la resurrección espiritual del hombre. De manera semejante se comporta el profeta Elíseo en IV Reyes 4, 34, y San Pablo en Hechos 20, 10.
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1 REYES 18
1. En el tercer año: Según Lucas 4, 25, la sequía duró tres años y medio. Para solucionar la dificultad, hay que tomar como años completos, a la manera de los judíos, los últimos meses del año primero, y los primeros del último. La sequía se extendió, pues, sobre 19-20 meses. Compárese el cómputo de los tres días de Cristo en el sepulcro, los cuales se suman del mismo modo.
3. En plena corte de Acab, cuya maldad superó a la de todos (21, 25), Dios conserva fiel el corazón del mayordomo Abdías, mostrándonos que la maldad del mundo no puede quitarnos su amor (Romanos 8, 35; Gálatas 1, 4). “Este Abdías era lo que su nombre significa: un verdadero siervo de Yahvé, uno de los siete mil que no habían doblado su rodilla ante Baal (19, 18)” (Nácar-Colunga).
12. Hay en la Biblia varios ejemplos de traslado por el Espíritu de Dios. El profeta Ezequiel fue trasladado dos veces por el Espíritu (Ezequiel 3, 14 s.; 11, 1) y otras veces más “en visión” por el mismo Espíritu. Cf. también Daniel 14, 35.
19. El monte Carmelo es una montaña que sale desde Samaría avanzando, en forma de promontorio, hasta el mar Mediterráneo. Su altura máxima es de 552 metros. El lugar donde Elías se encontró con los falsos profetas, se halla, si seguimos la tradición, en el extremo sudeste del monte, donde más tarde se levantó una iglesia y se conserva todavía hoy el sitio en el nombre de El Muhraka, que quiere decir: lugar de la combustión, o del sacrificio. El Carmelo era, desde antiguo, lugar preferido de los anacoretas, hasta que en el siglo XII San Bertoldo y su sucesor Bucardo los reunieron bajo una regla común, la de los Carmelitas, que conservan allí su casa madre. Debajo del altar mayor del convento actual, se ve la gruta del profeta Elías (Schuster-Holzammer).
21. Esta célebre expresión de Elías plantea el íntimo problema de la sinceridad para con Dios, que es lo único que Él nos pide: no tener dolo, como dice Jesús de Natanael (Juan 1, 47). Dios se manifiesta a quien lo busca con sencillez de corazón. Si no le damos el corazón amándolo con un amor de preferencia —esto es, “sobre todas las cosas”, como exige el primero de los mandamientos— en vano queremos ofrecerle otras prácticas. El Señor detesta al que lo alaba mientras su corazón está lejos de Él (Mateo 15, 8 y 9: Isaías 29, 13). Por eso el Apóstol Santiago (4, 8) nos urge a dejar el ánimo doble, y San Juan nos enseña que el amor del Padre no reside en aquel que ama al mundo (I Juan 2, 15; cf. Lucas 16, 13). Jamás podrán ir juntas la verdad y la mentira, las cosas del espíritu y las de la carne. No podemos disfrutar del cielo y vivir según la tierra. La fluctuación de nuestros afectos viene de la fluctuación en nuestras ideas, pues es sabido que “la voluntad sigue a la inteligencia”. El Apocalipsis enseña que a los tibios Dios los vomita de su boca. Esta terrible frase, que Dios dirige a la Iglesia de Laodicea (Apocalipsis 3, 16), está citada en la primera Encíclica de Pío XII con referencia a la época presente.
28. Era propio del rito pagano sajarse con cuchillos en honor del Ídolo; costumbre que tiene aún su paralelo en los ritos de los derviches mahometanos, faquires de la India y varias tribus salvajes. La Ley lo prohibía (Deuteronomio 14, 1). Véase Jeremías 16, 6.
32. Dos medidas, en hebreo, dos satos. El sato contenía entre 12 y 13 litros.
40. Fueron muertos, según disponía la Ley, por haber cometido el crimen de idolatría (Deuteronomio 13, 6 ss.). El recuerdo del tremendo castigo se mantiene en el nombre del arroyo Cisón que corre por el norte del Carmelo y se llama hoy “Nahr el Mukatta”, es decir, arroyo de la matanza.
43. El número 7 tiene en muchos pasajes un significado simbólico y místico. Cf. IV Reyes 5, 10; Salmo 118, 164; Proverbios 24, 16; Mateo 18, 22, etc.
44. Pequeña como la palma de la mano de un hombre. En la nubecilla ven algunos Padres una figura de la Santísima Virgen, la cual también apareció imperceptiblemente, llevando en su purísimo seno al Salvador tanto tiempo deseado por la humanidad. Elías, orando para que cayera lluvia sobre la tierra, es figura de Jesucristo quien intercedió ante el Padre para que descendiera la lluvia de la gracia sobre la humanidad caída.
46. Elías es también figura del Bautista: ambos son precursores, es decir, corren delante de otro. Aquí Elías hace simbólicamente con el rey lo que Juan hará con el Mesías (Lucas 1, 17; Malaquías 4, 6; Mateo 11, 14).
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1 REYES 19
4. ¡Basta, ya, oh Yahvé!: El profeta se había consumido en santo celo y luchado contra los falsos profetas y sacerdotes de Baal (capítulo 18), mas ahora el desaliento se apodera de él al ver que ha trabajado en vano. “Elías pidió la muerte para no tener que ver más cómo el pueblo de Israel ofendía al Dios que siempre lo había colmado de bondad y había hecho con él una alianza a la cual fue infiel; al Dios que le había hecho promesas sublimes en las cuales no creyó y le había mandado profetas que le reprochaban su infidelidad y su ingratitud y a los que mató.”
8. El monte Horeb es el mismo monte que el Sinaí. El pan milagroso con que se alimentó el profeta, es figura de la Eucaristía, que nos sostiene en la peregrinación de esta vida. El ayuno de cuarenta días (sobre el significado del número 40 véase II Reyes 5, 1 ss. nota) es semejante al de Moisés en aquel mismo monte, donde recibió la Ley. Igual paralelismo entre ambos personajes vemos en el Tabor (Mateo 17, 17); donde Moisés representa la Ley, y Elías, los profetas. Al bajar del monte de la Transfiguración Jesús anuncia la vuelta de Elías como precursor de su segunda venida al fin del siglo, así como el Bautista lo había sido de la primera (cf. Malaquías 4, 5). De ahí que muchos creen que Elías ha de ser uno de los dos testigos que vendrán al fin (Apocalipsis 11), y que él promoverá la conversión de Israel. Véase Zacarías 4, 3 y 14. No así Allo, Buzy y otros.
9 ss. Esta teofanía tiene mucha semejanza con la de Éxodo 33, 18-23 y comparte con ella, a lo que parece, el mismo escenario. La aparición de Dios en la brisa suave y apacible enseña al profeta a suavizar su temperamento fogoso e imitar al Padre celestial, quien es benigno y paciente con los pecadores, pues el celo debe ir unido con la mansedumbre.
11. Yahvé no estaba en el terremoto (Vulgata: non in commotione Dominus). “A la manifestación de Jehová suele preceder una manifestación sensible: aquí es, primero, el viento; Jehová no está en el viento; luego una sacudida o terremoto; tampoco está aquí el Señor. Non in commotione. Ya se ve cuan lejana y mal traída es la acomodación corriente de este texto” (Cardenal Gomá, Biblia y Predicación p. 269).
15 s. Otro consuelo para Elías: dos nuevos reyes castigarán los pecados dé Acab y Jezabel, y un nuevo profeta aparecerá en Israel. De estas tres misiones dadas a Elías, las dos primeras serán cumplidas por su discípulo Eliseo (IV Reyes 8, 7-19; 9, 1-6).
18. San Pablo cita esta promesa del Señor como divina respuesta al celo dolorido de Elías, y aplica esa hermosa esperanza a la futura conversión de todo Israel, que él mismo nos anuncia para los últimos tiempos (Romanos 11, 3 ss.). Le han besado. Los paganos tenían la costumbre de besarse la mano al pasar junto a una estatua como para trasmitirle el beso. Cf. Job 31, 27. De esta costumbre pagana viene, como observa Vaccari, la palabra “adorar” (de os, oris = boca, y la preposición ad).
19 s. Le echó su manto encima; acto simbólico para invitarle a hacerse cargo de la misión profética. La vocación de Eliseo recuerda en mucho la de los apóstoles (véase Mateo 9, 9; Juan 1, 35 ss.). En cuanto al último punto (versículo 20), el Evangelio es más categórico (Mateo 10, 37; Lucas 9, 57-62; 14, 26).
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1 REYES 20
1. En los LXX este capítulo viene después del 21.
10 s. Los dos reyes usan expresiones hiperbólicas y proverbiales. Benhadad quiere decir: mis toldados son mil veces más numerosos que los tuyos y destruirán a Samaría sin dificultad alguna. El rey de Israel contesta con otra locución proverbial, que significa: No se canta victoria antes de la batalla.
13. Un profeta: Este, como los aludidos en los versículos 22, 28, 35, etc., fue sin duda uno de los salvados por Abdías (cf. 18, 4).
20. La humillación del rey de Siria por medio de algunos criados de Israel, es la respuesta de Dios a aquel rey orgulloso que confiaba en sus fuerzas bélicas; es a la vez una advertencia a Acab para que no atribuya la victoria a sus propias fuerzas.
23. “Todos los pueblos orientales, a excepción de los judíos, atribuían sus victorias y sus derrotas al poder o a la debilidad de sus dioses” (Vigouroux, Polyglotte). También creían que cada lugar tenía su dios tutelar. En versículo 28 el Dios de Israel reivindica de nuevo, como en 18, 35, su título de único Señor de todo el universo. Todo nos lo da el Padre, hasta su propio Hijo, su Espíritu Santo y la participación de su naturaleza divina y de su misma felicidad eterna e infinita. Pero el honor es para Él solo. Así lo dice Él mismo en Isaías 42, 8 y 48, 11; y así lo enseña San Pablo en I Timoteo 1, 17, Cf. Salmo 148, 13 y nota.
26. Afec, ciudad de la llanura de Jesreel (Esdrelón), situada entre Samaría y Galilea. Cf. I Reyes 29, 1.
31. Saco es en la Biblia nombre de cilicio. Era un paño áspero con que se vestían los que estaban de luto o hacían penitencia. Cf. Génesis 37, 34; Jonás 3, 6.
34. Basares; literalmente calles. La concesión de bazares en una ciudad extranjera significaba cierto control económico y apoyaba la influencia política del concesionario. De esta manera se formó en la capital siria una colonia israelita, lo cual no contribuyó poco a depravar la religión de Israel. De ahí la oposición de los profetas (versículo 35 ss.).
35. Uno de los hijos de los profetas: Así se llamaban los discípulos de los profetas que vivían juntos en una escuela de profetas. Cf. I Reyes 10, 10: 19, 18 ss.; IV Reyes 3, 2; 4, 38; 6, 1. Aquí se trata probablemente del profeta Miqueas (cf. 22, 8).
36. Hay aquí una doble e importante lección moral. El acto de herir a su compañero –cosa ordinariamente mala– era aquí buena, pues así lo quería el Señor. A la inversa, la clemencia de Acab con el rey vencido –cosa ordinariamente buena– fue mala en este caso, según se ve más adelante. Hemos de aprender así que la suprema norma de todo bien es, exclusivamente, la voluntad de Dios, único Autor y Dueño del universo y primera fuente de toda verdad y justicia.
40. Para dar a conocer al rey que había merecido un castigo, el profeta hace uso de un artificio semejante al de Natán (II Reyes 12, 1 ss.), de manera que el rey pronunciando la sentencia contra el profeta se condena a sí mismo.
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1 REYES 21
2. Dame tu viña: “¡Oh rico avaro!, exclama San Ambrosio, comentando este pasaje: ¡No sabes cuan pobre eres tú, que dices ser rico! Cuanto más tienes, más codicias; y aunque alcances la opulencia, te parece que todavía no tienes bastante. El oro alimenta la avaricia, y no la apaga. La codicia tiene innumerables grados; cuanto más alcanza más quiere alcanzar; cuanto más sube, de más alto viene a caer.
3. La Ley insinuaba no vender la herencia paterna, excepto en caso de extrema necesidad, y entonces con el derecho de reclamarla en el año jubilar (Levítico 25, 13 ss.; Núm. 36, 7 ss.).
9. Promulgad un ayuno: “¡Abominable crimen predicar el ayuno para cometer un homicidio!” (San Juan Crisóstomo). “Como mujer inteligente y despótica, halla pronta salida al negocio. Manda convocar un día de penitencia por los males que sufrían o que podían amenazar. Era ocasión de que todos hicieran examen de su conducta y confesión de sus pecados ante Dios; lo era también de delatar el crimen de alguno que pudiera sospecharse fuera causa del mal. Nabot iba a ser la víctima expiatoria, que traería la remoción de la supuesta calamidad” (Nácar-Colunga).
10. Hijos de Belial: es decir, hombres malvados. El mismo soborno de testigos falsos y la misma acusación de blasfemia contra Dios y de rebeldía contra el César, hallamos en la Pasión del Divino Redentor.
13. La Ley disponía para el pecado de blasfemia la pena de muerte (Levítico 24, 16).
19. La profecía se cumplió en Acab mismo (versículo 38), y más aún en su hijo Joram (IV Reyes 9, 21 ss.).
20. Aquí vemos nuevamente la fortaleza del fogoso profeta (18, 15 y 19, 13).
21. Todos los varones: Sobre la correspondiente locución hebrea véase 14, 10; 16, 11; I Reyes 25, 22 y notas. Vulgata: hasta los perros.
24. Véase el cumplimiento de este vaticinio en IV Reyes 9, 33 ss.
29. “Donde vemos que, porque se mudó Acab el ánimo y el afecto con que estaba, mudó también Dios su sentencia. De donde podemos colegir, para nuestro propósito, que aunque Dios haya revelado o dicho a un alma afirmativamente cualquier cosa en bien o en mal, tocante a la misma alma o a otras, se podrá mudar en más o menos, o variar, o quitar del todo, según la mudanza o variación de afecto de la tal alma o causa sobre que Dios se fundaba” (San Juan de la Cruz. Subida del Monte Carmelo, II, 18). “Si Dios detiene su ira ante la sombra y apariencia de la penitencia, dice San Gregorio Magno, ¡cuán eficaz no será el arrepentimiento verdadero!” Y San Ambrosio escribe: “Caer en el pecado es propio de nuestra miseria, arrepentirse es acto de virtud.” ¡Tal es la magnanimidad de Dios, que nos computa como un mérito lo que apenas parece la más elemental obligación!
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1 REYES 22
2 ss. Véase II Paralipómenos 18, 2 ss.
6. Se trata aquí de profetas de Baal. El único profeta del Señor era Miqueas (versículo 8). Este mismo es sin duda el que apareció en 20, 35 ss.
15. Miqueas alude en tono irónico a las profecías de los falsos profetas. De ahí que el rey le conjure en nombre del Señor para que diga toda la verdad.
17. Esta visión profética quiere decir: Israel y su rey serán derrotados. El símil de las ovejas sin pastor, es usado por el mismo Jesús cuando se compadece de las multitudes (Mateo 9, 36).
19 ss. Por faltarles el Espíritu de Dios que es Espíritu de profecía (I Corintios 12, 10) y garantía de la verdad, los profetas de Baal no acertaron a encontrar el pensamiento divino. La ausencia del Espíritu de Yahvé los llevaba necesariamente a entregarse al espíritu de la mentira, que es Satanás. Pero vemos también que el espíritu maligno no puede engañar a nadie sin el permiso de Dios. Recuérdese el caso de Job 1, 12. El engañar es la función por excelencia de Satanás, la primera que la serpiente ejerció con nuestra madre Eva (Génesis 3), y la última que ejercerá en los días del Anticristo con toda clase de prodigios mentirosos (II Tesalonicenses 2, 9-12). Por eso Jesús le llama mentiroso y padre de la mentira (Juan 8, 44). Muchas preciosas lecciones nos da la Biblia para precavernos de los falsos profetas. Véase Mateo 7, 15; II Corintios 11, 14; Jeremías 8, 10; 23, 32; Deuteronomio 18, 20; Zacarías 13, 3; 13, 11 ss.; II Pedro 2, etc.
26. Hijo del rey: La Vulgata vierte: Hijo de Amelech, que etimológicamente significa lo mismo.
30. Se disfrazó porque temía que se cumpliera la profecía de Miqueas. Según el versículo 32 parece que hubo perfidia en Acab, quien así había procurado que Josafat fuese atacado en lugar suyo, como efectivamente sucedió.
41 ss. Véase II Paralipómenos 20, 31 ss.
44. No se dice a quién ofrecían los sacrificios y el incienso; probablemente a Yahvé, y no a los ídolos de los cananeos. Sin embargo, estaba prohibido ofrecer sacrificios fuera del Santuario de Jerusalén.
47. Los hieródulos. Vulgata: los afeminados. Véase 14, 24 y nota.
49. Sobre Ofir véase 9, 26 s. y nota.